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Disciplinas espirituales

domingo, 29 de marzo de 2015
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Paulo Trollo

Imagen: Paulo Trollo

ECLESALIA, 20/03/15.- En el evangelio que abría el tiempo de Cuaresma, Jesús nos invita a practicar de corazón las disciplinas espirituales de la oración, el ayuno y la limosna. Suena un poco raro hablar de disciplinas en pleno siglo XXI, como si el tema fuera medieval. No falta quien se ríe de todo esto, incluso entre creyentes, pero son un camino presente en todas las tradiciones religiosas y necesario para el crecimiento integral del cristiano.

La palabra “disciplina” viene de la misma raíz que “discípulo”. En su sentido más etimológico podríamos definirla como una práctica sistemática propuesta por un maestro a un discípulo para alcanzar la perfección en algún aspecto de su vida. Hay disciplinas deportivas, artísticas, científicas… Desde la óptica cristiana, ser discípulo de Cristo es seguirle, escucharle, amarle y practicar las disciplinas que nos propone.

El problema es que las disciplinas clásicas están muy denostadas debido a que fueron convertidas en la Edad Media por la Iglesia en leyes y obligaciones impuestas a los fieles (¡y a los infieles!) a la fuerza. Disfrazadas como penitencias, se presentaban como imprescindibles para obtener el perdón de Dios. Pero podemos redescubrirlas desde la libertad y el amor. Así veremos que son un regalo para nosotros, no para ganarnos el amor de Dios (que nos ama incondicionalmente), sino para celebrar el amor de Dios. Para agradecer su amor, quiero ser más libre, más justo, más amoroso.

En esta perspectiva, las tres disciplinas espirituales de la Cuaresma, oración, ayuno y limosna, encuentran su relación con las tres dimensiones del amor: a Dios, al prójimo y a uno mismo.

La oración nos ayuda a amar a Dios. La práctica de la oración y de todas las disciplinas asociadas a ella, como el silencio, la soledad, la reflexión, la “consciencia plena”, la meditación bíblica, la escritura de un diario personal, la participación en la liturgia de la comunidad, la lectura de un libro teológico,… me preparan y me ayudan a ponerme a tiro de la acción de Dios en lo profundo de mi ser. Cuando oro, conozco y amo más a Dios, intuyo su paso en mi día a día, alimento mi vida interior, soy menos superficial, me fijo más en lo que se me regala, doy gracias por estar rodeado de belleza aún en medio de la más terrible situación, empatizo con los que sufren, recargo mis pilas para ayudarles, soy consciente de mi debilidad y pequeñez a la vez que de mi maravillosa dignidad de hijo o hija de Dios.

La limosna nos ayuda a crecer en el amor al prójimo. Esta no es simplemente rascarse el bolsillo para dar unas monedas al pobre que está a la puerta del supermercado. Dar limosna es hacer todo aquello que me lleva a salir al encuentro del otro en sus necesidades: ser más consciente de la injusticia y la violencia, servir a otros, visitar al enfermo, restañar heridas afectivas, encontrar tiempo para hablar con nuestra familia de algún asunto que venimos postergando, fijarme más en lo bueno que hay en los demás, regalar piropos y alabanzas, ser miembro o voluntario de una oenegé… Es decir, no quedarme con dar, sino dar-me.

Finalmente, el ayuno nos lleva a amarnos más a nosotros mismos. Hay muchos tipos de ayuno, desde el que busca fines terapéuticos hasta políticos (Gandhi) o solidarios (Manos Unidas). El reto del ayuno espiritual es que, para ser efectivo, necesitamos encontrar de qué tenemos que ayunar o abstenernos. Para muchos, el ayuno clásico de la comida seguirá siendo un gran medio, pero para otros el ayuno difícil y preciso será, por ejemplo, dejar de ver tanto la televisión, apagar algunos días el móvil, librarse de una adicción o afecto desordenado, controlar la lengua y no hablar mal de otros, recuperar tiempos de silencio… En definitiva, el ayuno y la abstinencia nos llevan al autocontrol y la autoestima y son sinónimos de desengancharse, desintoxicarse, desconectar, desapegarse, desprenderse… Es decir, hacer todo lo que me lleve a ser una persona más equilibrada, autónoma y libre… que tiene más tiempo para amar a Dios y al prójimo.

¿Quién dice que todo esto está trasnochado? Justo al contrario: donde desaparecen la fe y la espiritualidad, brotan miles de escuelas de autoayuda que siguen ofreciendo las mismas soluciones antiguas disfrazadas o maquilladas como novedades. Véase en cualquier librería cuánto ocupa hoy la sección de Religión y cuánto la de Autoayuda o “Nueva Era”

No se trata de estar mirándonos al ombligo. Justo lo contrario: si queremos cambiar las estructuras injustas, si queremos enfrentarnos al mal sistémico, si creemos que otro mundo es posible, tenemos que empezar por nosotros mismos. Ayunar, dar limosna y orar…, tres sencillas propuestas para ser mejores. Si, además, se practican sin darnos importancia, mejor. No es preciso ir publicando en Facebook o el WhatsApp cada pequeño paso adelante. De hecho, nos dice Jesús: “Vuestro padre, que ve en lo secreto, os recompensará…”

JUAN YZUEL SANZ, juan@ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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40 días de ayuno contra el matrimonio gay.

viernes, 25 de abril de 2014
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noticias_file_foto_773298_1398330488El colectivo homófobo plantea iniciativas cada vez más originales, sin dejar de ser absurdas. En Estados Unidos, la Fundación de la Familia de Virginia ha hecho un llamamiento a todos los americanos para que tomen parte de un ayuno de 40 días de duración en apoyo de lo que ellos consideran “matrimonio tradicional” entre un hombre y una mujer, y en contra del matrimonio gay.

La llamada a la acción de esta pseudo organización se presenta con la finalidad de protestar contra el proyecto de ley que permitiría casarse a las parejas homosexuales, y de lo que consideran “filosofías paganas, un establecimiento de educación secular humanista y una industria del entretenimiento que está absolutamente determinada a acabar con el desarrollo de la decencia y la moralidad”.

El pasado 14 de febrero, la Justicia tumbó la enmienda constitucional al matrimonio igualitario que impedía a las parejas del mismo sexo poder casarse y que estaba vigente desde 2006 en el estado. Y esto les ha dolido a los de la Fundación. El temor a que la ola en favor de la igualdad que recorre Estados Unidos llegue a Virginia ha llevado a esta fundación a tener que emprender este tipo de medidas.

Esta singular forma de manifestación está prevista del 27 de agosto al 5 de octubre de 2014, y además del ayuno, los que la secunden también tendrán que “orar y arrepentirse” para completar la protesta. El día que terminaría este “huelga de hambre” coincide el comienzo de la sesión en la corte de justicia.

“Solo la Iglesia apoya el diseño de Dios para el matrimonio. Nuestros 40 días culminarán el 5 de octubre justo el día antes que la corte comienza su período de sesiones. No sabemos lo que el Señor va a hacer. Sabemos que Él es soberano. Pase lo que pase, debemos adoptar la actitud de los tres jóvenes hebreos que se negaron a inclinarse ante la imagen de oro en Babilonia”, explican en la Fundación.

“Nuestro estado y la nación se encuentran sumidos en un pantano de la confusión y pensamiento post-moderno, que no cree en los absolutos ni en la verdad. En ninguna parte es esto más evidente que en el debate actual sobre lo que constituye el matrimonio”, aseguran. “Nuestra gran tierra se ha convertido en un lugar que nuestros antepasados no podrían llegar a imaginar”, añaden.

La Fundación de la Familia de Virginia es una entidad relacionada con la Iglesia, como ellos mismos aseguran en su web.

Fuente Ragap

Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , ,

«¡¡ Nunca más !! – (La octava palabra)», por Jairo del Agua.

domingo, 13 de abril de 2014
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13522929955_6be504c32eLeído en su blog:

Me lo contó Longinos. ¿Recuerdas? El centurión romano que custodiaba con sus soldados a los ejecutados de aquel aciago día… El mismo que vio y oyó expirar al Señor. El mismo -dicen- que lo atravesó con su lanza.

Lo cuenta Marcos con patética cortedad: «Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró… El centurión que estaba frente a él, al ver que había expirado dando aquel grito, dijo: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios» (Mc 15,37).

Ese mismo centurión pagano, que hizo una auténtica confesión creyente, me lo contó tras convertirse al cristianismo. Lo que Jesús gritó fue: ¡¡Nunca más, nunca más!!

Nunca más juicios y condenas injustos. Nunca más religiones que matan. Nunca más sangre derramada. Nunca más torturas. Nunca más muerte o dolor por mi causa, porque yo vine a traeros la vida (Jn 10,10).

¿Y qué hemos hecho los cristianos durante siglos? Nos hemos echado encima infinidad de «cruces» o se las hemos cargado a otros. Hemos configurado una miserable ascética de dolor, prepotencia e irracional avidez de sangre. Desde la agresión al propio cuerpo (¿acaso no es también obra de Dios?) hasta el sometimiento de los creyentes con autoritaria y amenazante prepotencia que humilla, degrada, ofende, excluye y destroza… ¿Qué clase de «religión» es esa que destruye en vez de construir a las personas?

Hoy mismo se están convocando jordanas de «ayuno y oración» para conseguir tal o cual favor del Cielo. ¿A qué «dios insatisfecho» ganaremos con el hambre autoimpuesto? Otra vez la herencia judía. «¿No acabáis de entender ni de comprender? ¿Estáis ciegos? ¿Para qué tenéis ojos si no veis, y oídos si no oís?» (Mc 8,17). Es al revés: «Dad de comer al hambriento».
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AyunoNo creo más que en el ayuno terapéutico y racional, el que me lleva a cuidar el cuerpo con equilibrio y salubridad, obligación exigible a todo ser humano. Es más virtuoso y difícil cuidar el cuerpo que destrozarlo. ¡Cuánta religión perversa hemos divulgado!

No existe un «ayuno religioso» como moneda de cambio para obtener favores divinos o conseguir perdón. El Dios que me llama no se alimenta de ayunos, sacrificios o barbaridades auto lesivas. Eso es una ancestral superstición de los judíos y de sus religiones contiguas.

¡Pero si lo dice la antigua Escritura! «¿Acaso lo que yo quiero como ayuno es que alguien aflija su cuerpo, incline la cabeza como un junco y se acueste sobre cilicio y ceniza? ¿A eso le llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: Que se desaten las ataduras de la impiedad, que se suelten las cargas de la opresión, que se ponga en libertad a los oprimidos y se rompa todo yugo. Ayunar es partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne» (Is 58,5).

La auténtica y más ardua ascética es «vivir en orden» en las cuatro instancias de la persona (cuerpo, sensibilidad, yo cerebral y ser). La autoagresión es pura reliquia pagana: «¡Baal respóndenos!… Entonces gritaron más fuerte y se hicieron cortaduras, según su costumbre, con cuchillos y punzones hasta chorrear sangre por todo el cuerpo» (1Re 18,28).
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Flagelantes¿Qué hacen hoy día nuestros Pastores ante el bochornoso espectáculo de algunas procesiones y penitentes? ¿Acaso piensan que somos semejantes a los seguidores de Baal? Deberíamos reflexionarlo seriamente.

Cuando yo era un joven devoto y apasionado le pedí a mi madre un crucifijo pectoral para llevarlo siempre bajo mi ropa. Tras su soporte metálico le hice grabar: «Amor y Sacrificio». Me equivoqué. Debí haberla pedido que grabara: «Amor y Alegría». Todavía lo guardo para recordar mi inmadurez y la influencia de mis preceptores. El «ambiente humano» que nos rodea -sobre todo si es autoridad- tiene un enorme peso sobre nosotros.

Cuenta san Josemaría Escrivá, en alguno de sus libros, que su vocación se aceleró cuando vio pasar bajo la ventana de su casa a un fraile descalzo que iba dejando sus huellas sobre la nieve. Se equivocaba aquel misterioso fraile y pecaba de imprudencia, con la mejor intención sin duda. Es obligación, incluida en el quinto mandamiento, cuidar el propio cuerpo. De hecho, hay infinidad de enfermedades y dolores que se derivan del olvido de ese cuidado por parte nuestra o por parte de nuestros ancestros de los que heredamos la carga genética. ¡Vaya responsabilidad incluye ese «quinto» tan poco meditado!
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FanatismoEn el nombre de la «cruz» no solo nos hemos auto agredido sino que hemos herido a otros. Hemos iniciado guerras, torturado, matado, excomulgado… En el nombre de la «cruz» hemos juzgado, condenado, destrozado honras y famas… Ahí está la reciente advertencia del Papa sobre difamación y calumnia, pecados olvidados… No hemos oído el desgarrador grito de Cristo: ¡Nunca más cruces! ¡Nunca más herramientas de tortura y hundimiento del ser humano!

Porque la Cruz verdadera -el signo de los cristianos- es la síntesis espiritual de los valores del Crucificado. No la herramienta de tortura o la saña de sus asesinos o la falsa expiación por nuestros pecados. Lo dice clarísimamente Juan al comienzo de su evangelio. Lo proclama expresamente nuestro Señor antes de curar al ciego de nacimiento: «Soy la luz del mundo» (Jn 9,5).

Hemos imitado a los torturadores imponiendo «cruces». Hemos maximizado la cruz, se han escrito libros con títulos como «En la cruz está la vida» u otros eufemismos. No es verdad. En la cruz está la muerte y la crueldad de unos asesinos, que hemos enmascarado bajo conceptos como expiación, sangre redentora, cruento trueque por pecados… De ahí la exaltación del dolor hasta la saciedad. Sin embargo hemos postergado la Luz del dulce Maestro, el mensaje del Crucificado y Resucitado, mensaje de vida y felicidad, «bienaventurados»

Digámoslo alto y claro: El dolor es un mal o síntoma de un mal (físico o síquico). Reproducir dolores gratuitamente, por muy religiosos que sean los motivos, es un desorden sicológico que se llama «dolorismo» o «masoquismo». ¡Bastantes dolores irremediables conlleva el camino humano! Por eso no me interesan los «lignum crucis», ni las reliquias materiales de ningún tipo. Me interesa la herencia espiritual, aquella que debo integrar en mi vida.
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EmpalaosLos devotos del madero también besarían y honrarían una ametralladora, de haber sido condenado el Señor en otra época. La herramienta de muerte la pusieron los asesinos. Lo verdaderamente valioso es lo espiritual, lo que significa la Cruz, el mensaje de vida y para la vida, el reverso luminoso de la Cruz, el seguimiento de esa Luz.

Si no eres capaz de distinguir esas dos partes, la material y la espiritual, de nada te sirve llevar una cruz al cuello u honrarla en la iglesia. Y la traicionas cuando te haces fabricar amuletos de oro y piedras preciosas en forma de cruz.

Me asustan esos santos con nombres truculentos y penitencias estrambóticas. No me atraen nada esas Congregaciones con nombres penitenciales y sangrientos. Comprendo que fue el fruto de otras épocas. Pero cuánta afición al dolor, al sacrificio, a la sombra de la cruz, a la herramienta de tortura, hemos cultivado en nuestra católica historia. Y cuánta memoria seguimos haciendo por irreflexiva inercia. Leer más…

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