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“Reorientar nuestra vida”. 1 Adviento – A (Mateo 24,37-44)

Domingo, 1 de diciembre de 2019
advientoNo siempre es fácil poner nombre a ese malestar profundo y persistente que podemos sentir en algún momento de la vida. Así me lo han confesado en más de una ocasión personas que, por otra parte, buscaban «algo diferente», una luz nueva, tal vez una experiencia capaz de dar color nuevo a su vivir diario.

Lo podemos llamar «vacío interior», insatisfacción, incapacidad de encontrar algo sólido que llene el deseo de vivir intensamente. Tal vez sería mejor llamarlo «aburrimiento», cansancio de vivir siempre lo mismo, sensación de no acertar con el secreto de la vida: nos estamos equivocando en algo esencial y no sabemos exactamente en qué.

A veces, la crisis adquiere un tono religioso. ¿Podemos hablar de «pérdida de fe»? No sabemos ya en qué creer, nada logra iluminarnos por dentro, hemos abandonado la religión ingenua de otros tiempos, pero no la hemos sustituido por nada mejor. Puede crecer entonces en nosotros una sensación extraña: nos hemos quedado sin clave alguna para orientar nuestra vida. ¿Qué podemos hacer?

Lo primero es no ceder a la tristeza ni a la crispación: todo nos está llamando a vivir. Dentro de ese malestar tan persistente hay algo muy saludable: nuestro deseo de vivir algo más positivo y menos postizo, algo más digno y menos artificial. Lo que necesitamos es reorientar nuestra vida. No se trata de corregir un aspecto concreto de nuestra persona. Eso vendrá tal vez después. Ahora lo importante es ir a lo esencial, encontrar una fuente de vida y de salvación.

¿Por qué no nos detenemos a oír esa llamada urgente de Jesús a despertar? ¿No necesitamos escuchar sus palabras?: «Estad en vela», «daos cuenta del momento que vivís», «es hora de despertar». Todos hemos de preguntarnos qué es lo que estamos descuidando en nuestra vida, qué es lo que hemos de cambiar y a qué hemos de dedicar más atención y más tiempo.

Las palabras de Jesús están dirigidas a todos y a cada uno: «Vigilad». Hemos de reaccionar. Si lo hacemos, viviremos uno de esos raros momentos en que nos sentimos «despiertos» desde lo más hondo de nuestro ser.

José Antonio Pagola

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“Estad en vela para estar preparados”. Domingo 01 de Diciembre de 2019. 1º de Adviento

Domingo, 1 de diciembre de 2019

01-advientoa1-cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 2, 1-5: El Señor reúne a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios.
Salmo responsorial: 121: Vamos alegres a la casa del Señor.
Romanos 13, 11-14. Nuestra salvación está cerca.
Mateo 24, 37-44: Estad en vela para estar preparados.

Hoy comienza el «año litúrgico», que no coincide con el año civil, ni con el curso lectivo, ni tal vez con el «ejercicio económico anual»… El año litúrgico es una periodización propia de la Iglesia católica.

Comienza con el tiempo de «adviento», uno de los varios que lo componen… «Ad-viento», apócope de «ad-venimiento», significa venida, llegada, y alude a «la venida de Cristo», que, bíblicamente hablando, son dos: la venida que ya tuvo lugar, que celebraremos en Navidad, y la futura, la llamada «segunda venida» de Jesús, «en poder y majestad», que, en la visión clásica tradicional, pondrá fin al mundo, inaugurará el «juicio final» o «juicio de las naciones», y abrirá la era definitiva, el «nuevo eón», la «vida eterna» beatífica para los salvados, y el sufrimiento eterno en el infierno para los «condenados». Todo ello, dicho en el lenguaje clásico tradicional religioso cristiano. Pero, ¿qué creemos hoy, realmente, de todo ello? ¿Cuánto de todo ello lo creemos sólo «simbólicamente», con un contenido de significado muy diferente del literal?

Los dos últimos capítulos del evangelio de Mateo forman el llamado «discurso escatológico» de Jesús. El evangelista pone en su boca y agrupa en estos capítulos los dichos «escato-lógicos», o sea, los que se refieren al final (del mundo). Ya sabemos hermenéutica bíblica y no vamos a entrar en el tema de la historicidad de esos dichos en cuanto efectivamente dichos (o no) por Jesús. Bien pudiera ser que Jesús expresara estas u otras ideas semejantes, porque Jesús estuvo inmerso en la mentalidad religiosa y cultural de su época -igual que dijo que Dios «hace salir el sol» sobre justos y pecadores, porque participaba de la visión cosmológica precopernicana-. Pero la pregunta importante es: ¿debemos creer nosotros hoy en esa «descripción del final» propia de aquella visión apocalíptica? ¿Creemos efectivamente que Jesús «vendrá de nuevo», tal vez «pronto», «como el ladrón», y con semejantes consecuencias?

Richard DAWKINS, que se ha hecho muy popular con su combate crítico a creencias religiosas sobrepasadas (que él cree que representan todavía la forma de creer de los cristianos inteligentes y actualizados de hoy), confiesa que queda «abatido alconstatar que el 50% de los estadounidenses cree que el mundo tiene apenas 6 mil años», y añade: «La única superpotencia mundial actual está a punto de ser dominada por electores que creen que el universo entero comenzó después de la domesticación del perro. Creen también que serán personalmente ‘arrebatados’ a las alturas celestrianes todavía en el tiempo de su vida, hecho que será seguido por un Armagedón muy bienvenido como heraldo de la segunda venida de Cristo». Sam HARRIS por su parte (Letter to a Christian Nation), aduciendo encuestas del Instituto Gallup, sustiene que «nada menos que el 44% de la población estadounidense está convencida de que Jesús va a volver para juzgar a los vivos y a los muertos, en algún momento de los próximos cincuenta años». «Imagine usted las consecuencias, si algún miembro significativo del gobierno estadounidense realmente creyese que el mundo está pronto a acabar de esta manera… El hecho de que casi la mitad de la población de EEUU crea en eso, en base simplemente a un dogma religioso, debe ser considerado una emergencia moral e intelectual». Dawkins, que prologa el libro de Harris, añade que hablar de una «emergencia moral e intelectual» tal vez es muy moderado.

Efectivamente, aunque hayamos olvidado historias pasadas de los muchos movimientos milenaristas de siglos pasados, hoy sabemos bien de consecuencias terribles que están teniendo en la actualidad las creencias religiosas que derivan en violencia y terrorismo por motivaciones religiosas verdaderamente apocalípticas, tanto de un signo como de otro. Las creencias religiosas, sobre todo su interpretación, no son un mero «asunto privado» de cada quien. Qué crean los norteamericanos electores del gobierno de la mayor potencia militar del mundo, para mí no es simplemente un «asunto privado» de ellos. Qué crean y piensen sobre el final del mundo y sobre la intervención y el dominio que Dios tiene sobre nuestro modo de gestionar este mundo, no es un asunto religioso privado del que la sociedad no deba preocuparse, porque, en determinadas circunstancias, puede llegar a ser verdaderamente «una emergencia moral e intelectual». Pensemos también en la cantidad de creyentes de pequeñas «iglesias libres» que se multiplican entre masas de población que viven en sectores de pobreza o miseria, y en las creencias fundamentalistas que difunden… ¿No son realidades de interés público, tal vez de salud pública, o incluso de «emergencia moral e intelectual»?

Casi con toda seguridad, los lectores de este comentario bíblico no están en esas penosas situaciones religiosas a las que acabamos de aludir. Pero es bien probable que no sepan bien qué decir ante el evangelio de hoy: ¿seguimos creyendo en una «segunda venida de Cristo»? Probablemente no creen en su inminencia, ni en su carácter «apocalíptico», ni en Armagedón y sus amenazas… pero no han decidido si seguir creyendo o no en «la segunda venida de Cristo». Mientras no lo decidan críticamente –o sea, mientras no personalicen su fe, en ese sentido– seguirán creyendo con la creencia tradicional (confiarán una parte importante de su vida a esa creencia), de que lo más profundo de la realidad es que es el plan de un Dios que quiso crearnos y ponernos una prueba, y que esa «segunda venida» será el paso a una vida eterna de premio o castigo por nuestra conducta moral en este mundo. Todo eso es lo que está implicado en la «segunda venida».

Ocasiones como ésta, del domingo que inaugura el Adviento, que pone ante nuestros ojos meditativos esa segunda venida, son, deberían ser, una ocasión para «agarrar el toro por los cuernos» y abordar estos temas, sin contentarnos con darles en la homilía simplemente varios «pases» litúrgicos que los utilizan simbólicamente, sin tener el coraje de responder a ninguna de las preguntas fuertes que pasan por la mente de los oyentes.

La esperanza ha sido considerada clásicamente como la virtud típica del Adviento, la dimensión de nuestra vida que cultivar especialmente en estas cuatro semanas. Como el pueblo de Israel y tantos otros pueblos, que vivieron la historia como un caminar iluminado por la esperanza del encuentro con Dios, el adviento nos invita a considerar nuestra vida como un caminar que no podemos sobrellevar sino con la fuerza de la esperanza. ¿Cuál es el peso de la esperanza en nuestra vida?

Tal vez, en el ambiente de nuestra ciudad o de los medios de comunicación… ya se ha instalado la publicidad navideña. Para el comercio, adviento significa bombardeo publicitario prenavideño, una navidad que, para ellos, no sería exitosa sin un aumento del consumo en todos los campos. Un cristianismo coherente no puede caer en en la trampa de tanto mensaje publicitario aparentemente religioso, que lo que pretende es solamente hacernos consumir.

La primera lectura, de Isaías, una de cuyas frases –la de la conversión de las lanzas en podaderas– figura en el vestíbulo del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, expresa bien la dimensión terrena de la utopía de esperanza que animaba a los profetas: un mundo reconciliado, en la paz de la convivencia y el trabajo, superadas las guerras y las preparaciones para las guerras –los arsenales de armas y las maniobras militares–. Por ser parte del Primer Testamento, a Isaías le falta la visión universalista: ni el «final» ni mucho menos el «fin» son que la Humanidad camine hacia el monte de Sión, sino simplemente hacia la Utopía de Dios, sea cual sea el monte sagrado de su religión.

Este primer domingo de Adviento, esta inauguración del nuevo ciclo litúrgico, con este planteamiento inicial del tema de la esperanza y de la imagen –un tanto chocante a nuestra sensibilidad– del fin del mundo y de la segunda venida de Jesucristo, pueden hacernos pensar. Así como el tema de la muerte personal (sus circunstancias, su acercamiento, su conveniente previsión) es un tema un tanto tabú en la sociedad occidental, también entre los cristianos de la actualidad resultan un tanto tabú estos temas que los textos litúrgicos del adviento nos plantean; no porque sean tabús, sino porque no sabemos bien qué decir. La expresión clásica y tradicional depende de un lenguaje mítico y precientífico hoy día casi inaceptable, y es necesaria una urgente actualización. Buena tarea para para este tiempo de Adviento, o incluso para todo el año litúrgico que hoy iniciamos. Leer más…

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1.12.19. Primer domingo de Adviento.Adviento del Papa Francisco

Domingo, 1 de diciembre de 2019

cuatro-velas-rojas-adviento-numeros_73661-55Del blog de Xabier Pikaza:

Cuatro bombas y cuatro promesas de vida

Comienza este Domingo (1.12.19) el Adviento del año litúrgico 2020, y lo hace  pasando de la amenaza del Juicio Final, con la destrucción del mundo, a la proclamación de la nueva y más alta esperanza, que se expresa en el nacimiento de la Vida, simbolizada en la Navidad de Jesús. Entendido así, el Adviento no es sólo un tiempo especial de liturgia cristiana, sino un tiempo universal de gozo y compromiso por la vida, como ha dicho el Papa Francisco en Japón.

Año tras año, desde el 2006, he venido destacando en blog los valores y tareas de Adviento, partiendo de sus representantes (Isaías, Juan Bautista y María), desde la perspectiva del pueblo de Israel, como testigo de una esperanza mesiánica abierta a toda la humanidad.

 Este año quiero iniciar el Adviento con los cuatro temas principales del pontificado de Francisco, a quien presento como Papa de Adviento, partiendo de las palabras y gestos que acaba de realizar en su visita a Japón, del 22 al 26 de noviembre de este año. Desde ese contexto destaco las cuatro “bombas” del Adviento, que deben convertirse en camino de nueva humanidad.

Comienzo así presentando  las dos lecturas fundamentales de este domingo para destacar r después el riesgo y esperanza de las cuatro “bombas” (atómica, social, ecológica, vital), con su riesgo de muerte y su promesa de vida.

Lecturas del Domingo 1 de Adviento:

Isaías 2,1-5: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: “Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.” Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.  Casa de Jacob: Caminemos a la luz del Señor.

Mateo 24,37-44: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos… Por lo tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

1 Primera bomba y riesgo: la energía atómica. 

Tarea de adviento: Convertir las espadas en arados  

PapaEl Papa Francisco ha proclamado su mensaje de paz en Hiroshima y Nagasaki, pidiendo a las naciones un desarme atómico conforme, conforme a las palabras de la primera lectura de este Domingo 1 de Adviento (Is 2, 2‒4) y conforme al mensaje de Jesús, para convertir así las armas de destrucción en instrumento de paz (arados, podaderas), al servicio del cuidado de la tierra y de la comida y concordia entre todos los hombres.

Esta es la primera tarea del Adviento, no sólo para el pueblo de Israel o para la Iglesia de Jesús, sino para todas las naciones y las religiones de la tierra. En este fondo se sitúa de una forma muy concreta la primera palabra de Dios a los hombres, según Gen 2-4: “El día en que comas del fruto del árbol del conocimiento del bien-mal, ese día, morirás”. 

El día en que intentemos explorar las posibilidades de nuestro conocimiento, aplicándolos a la estructura atómica de la realidad, para hacer la guerra y triunfar los unos sobre los otros, ese mismo día pereceremos.

Éste es el tema clave del Adviento, según Is 2, 2‒, el tema y tarea que el Papa Francisco ha proclamado al comienzo de este nuevo Año de Cristo 2020 como esperanza y exigencia de paz.

Vivimos, sin duda, en un mundo amenazado. La sabiduría de la naturaleza nos ha mantenido hasta el momento actual. No sabemos la sabiduría de nuestra cultura podrá mantenernos en el futuro, a no ser que cambiemos de un modo cualitativo nuestra manea de ser, como individuos, como grupos humanos, pasando de la lucha de todos contra todos, de la que habla el evangelio de este domingo, al situarnos ante el riesgo de un nuevo tipo de diluvio “atómico”.

Tarea de Adviento: La energía atómica, convertida en “bomba” sigue siendo el primer riesgo actual de la creación (de Dios y de los hombres). La tarea y esperanza primera de la humanidad actual será convertir esa “bomba” en principio y semilla de vida, al servicio de una humanidad fraterna, en amor y esperanza de vida (en camino de resurrección).

 2. Segunda bomba y riesgo, guerra universal.

Tarea de Adviento: Aprender y comenzar un camino de paz.

   camino La superación del riesgo “atómico” resulta inseparable de la “destrucción” de la guerra, tal como la planteaba Is 2, 2‒4. Una vez iniciada, la máquina de la guerra termina en Hiroshima y Nagasaki, como ha dicho el Papa Francisco en Japón. El único camino para superar la guerra y destrucción atómica es la superación de raíz de toda guerra, sea en su forma de violencia entre estados o entre grupos humanos, en línea más o menos “legal” o antilegal (de terrorismo).

            Sólo hay una forma de superar la guerra: El aprendizaje y camino de la paz, tal como Is 2 lo vincula con la “ley” mesiánica de Jerusalén, tal como Jesús lo formula en el Sermón de la Montaña (Mt 5‒7), tal como lo han propuesto otras religiones, desde el taoísmo al budismo. Se ha dicho que para preparar y mantener la paz hacen falta los ejércitos (si vis pacen para bellum). Pues bien, en contra de eso, tenemos que decir, con Isaías 2, con Jesús, con el Papa Francisco: Si quieres paz prepara la paz, es decir, la justicia, la concordia, el amor entre hombres y pueblos.

            Ciertamente, hay riesgo de terrorismo sobre el mundo… y hay que buscar formas de superarlo, en un plano económico y social, educativo y religioso, económico y personal. En contra de un “terrorismo” particular, los  privilegiados del sistema se defienden diciendo que el terror malo sólo se puede atajar con métodos de fuerza, con un tipo de “terrorismo o violencia legal”: más policías, más cárceles, mas seguridades exteriores. Pero de ese modo no se resuelve el problema, sino que se ensancha y profundiza. La humanidad sólo puede surgir y mantenerse en condiciones de libertad.

Si el control del sistema se hiciera absoluto cesaría el terrorismo de los marginales, pero acabaría con ello la libertad y vida humana: estaríamos condenados a movernos entre el riesgo del terror indiscriminado (con la destrucción del ser humano) o la creación de sistemas de seguridad cada vez más poderosos (que acaban destruyendo también a la humanidad). Optar por la vida implica optar por formas de vida en libertad y gratuidad, superando los riesgos de terror del sistema y de sus contrarios.

Tarea de Adviento. Sólo se puede superar la “bomba de la guerra” abriendo caminos nuevos de paz, en justicia y amor, en solidaridad económica e igualdad social. En esa línea, las grandes religiones, y en especial el judeo‒cristianismo han de entenderse y valorarse como “escuelas prácticas” de paz. Sólo un nuevo Nacimiento, una nueva Navidad puede hacernos hombres y mujeres de concordia, principio de una nueva humanidad.

3. Tercera bomba. Matar la vida el Planeta.

Del “pecado ecológico” al compromiso por la vida de todos en el mundo.

 De esta “bomba” (que el Papa Francisco ha descrito en su encíclica Laudato sí, 2015) ha tratado en especialel Sínodo para la Amazonia (del pasado mes de octubre 2019). Pues bien, el Papa Francisco ha vuelto a recordar la importancia de este compromiso ecológico en Japón, en este momento de “paso” entre el terror de la destrucción del planeta y la esperanza de la “nueva tierra”. Esta superación de la bomba, en línea ecológica, forma parte del programa de los profetas de Israel, cuando prometen la llegada de una tierra de fraternidad al servicio de los hombres, una paz entre el lobo y el cordero, entre los niños y la naturaleza (la serpiente etc.).

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¿Qué y cómo debemos esperar? Primer domingo de Adviento. Ciclo A

Domingo, 1 de diciembre de 2019

esperar-en-dios-versiculos-biblicosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Los textos bíblicos de los cuatro domingos de Adviento no constituyen propiamente una preparación a la Navidad, sino una introducción a todo el nuevo año litúrgico. Por eso abarcan etapas muy distintas: 1) lo que se esperó del Mesías antes de su venida; 2) su nacimiento; 3) su actividad pública, y las reacciones que suscitó; 4) su vuelta al final de los tiempos. Estas cuatro etapas se mezclan cada domingo y resulta difícil relacionar las distintas lecturas. Si buscamos un elemento común sería el tema de la esperanza: ¿qué debemos esperar?, ¿cómo debemos esperar?

  1. ¿Qué debemos esperar? La utopía de la paz universal

            La primera lectura (Isaías 2,1-5) responde a una de las experiencias más universales: la guerra. Israel debió enfrentarse desde su comienzo como estado a pueblos pequeños, a guerras civiles y a grandes imperios. Pero no sólo los israelitas era víctimas de estas guerras, sino todos los países del Cercano Oriente, igual que hoy día lo son tantos países del mundo.

            Podríamos contemplar este hecho con escepticismo: el ser humano no tiene remedio. La ambición, el odio, la violencia, siempre terminan imponiéndose y creando interminables conflictos y guerras. Sin embargo, la lectura de Isaías propone una perspectiva muy distinta. Todos los pueblos, asirios, egipcios, babilonios, medos, persas, griegos, cansados de guerrear y de matarse, marchan hacia Jerusalén buscando en el Dios de Israel un juez justo que dirima sus conflictos e instaure la paz definitiva.

            El texto de Isaías une, lógicamente, la desaparición de la guerra con la desaparición de las armas. En este contexto, hoy día es frecuente hablar de las armas atómicas, los submarinos nucleares, los drones de última generación. Quisiera recordar unos datos muy distintos, de armas mucho más sencillas.

            Se estima que en el mundo existe un arsenal de 639.000.000 de armas de fuego, la mitad de las cuales en manos de civiles, el resto a disposición de los cuerpos policiales y de seguridad, lo que supone un arma por cada diez personas.

            Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial (1945), unos 30 millones de personas han perecido en los diferentes conflictos armados que han sucedido en el planeta, 26 millones de ellas a consecuencia del impacto de armas ligeras. Estas armas, y no los grandes buques o los sofisticados aviones de combate, son las responsables materiales de cuatro de cada cinco víctimas, que en un 90% también han sido civiles (mujeres y niños en particular).

            Esta primera lectura bíblica nos anima a esperar y procurar que un día se haga realidad lo anunciado por el profeta: De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

  1. ¿Cómo debemos esperar? Vigilancia ante la vuelta de Jesús (Mateo 24,37-44)

La liturgia da un tremendo salto y pasa de las esperanzas antiguas formuladas por Isaías a la segunda venida de Jesús, la definitiva. En el contexto del Adviento, esta lectura pretende centrar nuestra atención en algo muy distinto a lo habitual. Los días previos al 24 de diciembre solemos dedicarlos a pensar en la primera venida de Cristo, simbolizada en los belenes. El peligro es quedarnos en un recuerdo romántico. La iglesia quiere que miremos al futuro, incluso a un futuro muy lejano: el de la vuelta definitiva de Jesús, y la actitud de vigilancia que debemos mantener.

            La actitud de vigilancia queda expuesta en dos comparaciones, una basada en el AT, y otra en la experiencia diaria.

            La primera hace referencia a lo ocurrido en tiempos del diluvio. Antes de él, la gente llevaba una vida normal, despreocupada. La catástrofe le parecía inimaginable. Lo mismo ocurrirá cuando venga el Hijo del Hombre. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

            La segunda comparación está tomada de la vida diaria: la del dueño de una casa que desea defender su propiedad contra los ladrones. El mensaje es el mismo: estad en vela.

            A propósito de estas comparaciones podemos indicar dos cosas:

            1) Ambas insisten en que la venida del Hijo del Hombre será de improviso e imprevisible; no habrá ninguna de esas señales previas que tanto gustaban a la apocalíptica (oscurecimiento del sol y de la luna, terremotos, guerras, catástrofes naturales).

            2) Las dos comparaciones exhortan a la vigilancia, a estar preparados, pero no dicen en qué consiste esa vigilancia y preparación; se limitan a crear un interés por el tema. Esta falta de concreción puede decepcionar un poco. Pero es lo mismo que cuando nos dicen al comienzo de un viaje en automóvil: «ten cuidado». Sería absurdo decirle al conductor: «Ten cuidado con los coches que vienen detrás», o «ten cuidado con los motoristas». El cristiano, igual que el conductor, debe tener cuidado con todo.

  1. ¿Cómo debemos esperar? Disfrazarnos de Jesús (Romanos 13,11-14)

            Pablo parte de la experiencia típica de las primeras comunidades cristianas: la vuelta de Jesús es inminente, «nuestra salvación está más cerca», «el día se echa encima». El cristiano, como hijo de la luz, debe renunciar a comilonas, borracheras, lujuria, desenfreno, riñas y pendencias. Es el comportamiento moral a niveles muy distintos (comida, sexualidad, relaciones con otras personas) lo que debe caracterizar al cristiano y como se prepara a la venida definitiva de Jesús. Ese pequeño catálogo podría haberlo firmado cualquier filósofo estoico. Pero Pablo añade algo peculiar: «Vestíos del Señor Jesucristo». Esto no es estoico, es típicamente cristiano: Jesús como modelo a imitar, de forma que, cuando la gente nos vea, sea como si lo viese a él. Creo que Pablo no tendría inconveniente en que sus palabras se tradujesen: «Disfrazaos del Señor Jesucristo». Comportaos de tal forma que la gente os confunda con él. Buen programa para comenzar el Adviento.

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Primer Domingo de Adviento. 01 Diciembre, 2019

Domingo, 1 de diciembre de 2019

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“Por esto estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”

(Mt 24, 37-44)

Aquí está de nuevo el Adviento llamando a nuestra puerta. Nos pilla casi “descuidadas”…

-Pero, no te quedes en la puerta, pasa. Estábamos algo despistadas, es verdad, pero te estábamos esperando.

Y entonces, el bueno del Adviento, entra, así como es él y empieza a prepararlo todo. Inquieto, alegre, un poco precipitado, a ratos “tremendista”, pero siempre tierno.

Esta semana el Adviento viene a prepararnos, desea que estemos preparadas, no vaya a llegar la Navidad y tenga que pasar de largo…

Bien, tenemos esta semana para prepararnos, para abrir esas cinco puertas que son nuestros sentidos y estar alerta.

Tener preparados nuestros ojos, bien limpios y abiertos para descubrir los mensajes ocultos de nuestro Dios Amor. Preparar nuestros oídos, evitando ruidos, buscando el silencio que nos abre a la Palabra. Tener preparado nuestro olfato, nuestra intuición, reconociendo ese olor que despierta en nosotras el Recuerdo de lo Conocido. Preparar nuestro tacto, con la piel suave y desnuda que nos permita acariciar la Vida Recién Nacida. Tener preparado nuestro gusto, con el paladar fino para gustar y degustar las delicias de la Buena Nueva.

Es lo que nos dice, con otras palabras, el evangelio de hoy, quizá con un tono apocalíptico que nos hiere un poco la sensibilidad, pero que aquellas primeras comunidades de mujeres y hombres entendían perfectamente.

No, no conocemos los tiempos de Dios, no sabemos cuándo irrumpirá en nuestra vida ni cómo lo hará, por eso tenemos que estar siempre preparadas, siempre listas, siempre atentas.

-Bienvenido Adviento, ponte cómodo, tenemos mucho de qué hablar.

Oración

Gracias, Dios Trinidad, por regalarnos este tiempo de Adviento que nos ayuda a tomarnos más en serio nuestra responsabilidad como cristianas, como portadoras de una Buena Noticia.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios está siempre ahí, no tiene que venir de ninguna parte.

Domingo, 1 de diciembre de 2019

hombre-sentado-biblia-campoMt 24,37-42

Hoy, comenzamos un nuevo año litúrgico. El tiempo de adviento se caracteriza por su complicada estructura. Por una parte recordamos el largísimo tiempo de adviento que precedió a la venida del Mesías. Esta es la causa de que encontremos en el AT tantos textos bellísimos sobre el tema. Fue un tiempo de sucesivas expectativas, porque las promesas nunca terminaban de cumplirse. Esas expectativas eran claramente equivocadas, porque suponían una intervención directa, externa y puntual de Dios a favor de un pueblo.

Por otra parte, tenemos la aparición histórica de Jesús. Se trata del punto de partida imprescindible para comprender nuestras expectativas como cristianos. Jesús hizo presente el Reino de Dios en su trayectoria humana. La primera e imprescindible referencia para nosotros es su vida terrena, porque es en su vida donde hizo presente el amor y desterró el odio. La preocupación por el “Jesús histórico”, que se ha despertado en nuestro tiempo, es el punto de partida para todo lo que podemos decir de Jesús teológicamente.

Jesús no sólo hizo presente el Reino, sino que hizo una propuesta a todos. Se trata de una oferta de salvación definitiva para el hombre. Él quiso indicar, a todos los seres humanos, el camino de la verdadera salvación. Celebrar el adviento hoy sería tomar conciencia de esta propuesta de salvación y prepararnos para hacerla realidad. Esa posibilidad de plenitud humana, debe ser nuestra verdadera preocupación. Ebeling dijo: lo más real de lo real no es la realidad misma, sino sus posibilidades. Jesús, viviendo a tope una vida humana, desplegó todas sus posibilidades de ser y propuso esa misma meta a todos.

Hay otro aspecto del adviento que es necesario tener muy claro. Al constatar, siglo tras siglo en la historia de Israel, que las expectativas no se cumplían, se fue retrasando el momento de su ejecución, hasta que se llegó a colocarlo en el final de los tiempos. Surgió así la escatología, un género literario que nos dice muy poco hoy día. Es sorprendente que ni siquiera la venida de Jesús se consideró definitiva para los cristianos. Es la mejor prueba de que la salvación que él propuso no nos convence. Por eso los cristianos sintieron la necesidad de una segunda venida, que sí traería la salvación que todos esperamos.

Armonizar todas estas perspectivas es muy complicado para nosotros. El tiempo anterior a Jesús, la vida terrena de Jesús, nuestra propia realidad histórica y el hipotético futuro escatológico nos pueden llevar a una dispersión que convierta el adviento en un batiburrillo que nos impida enfocar bien su celebración. Creo que lo más urgente para nosotros hoy, es centrarnos en hacer nuestro el mensaje de Jesús y vivir esa posibilidad de plenitud que él vivió y nos propuso. Partiendo de su vida, debemos tratar de dar sentido a la nuestra.

La visión de Isaías en la primera lectura, está muy lejos de ser una realidad. Es la utopía que puede mantenernos firmes dentro de una realidad que sigue siendo sangrante. La realidad no debe eliminar la esperanza de un mundo más humano. Debemos aferrarnos a la utopía de que otro mundo es posible. La esperanza se funda en que Dios no nos puede abandonar ni retirar la oferta de esa plenitud. Esa esperanza, a la que nos invitan las lecturas, no es de futuro sino de presente. La percibimos como de futuro, porque todavía no hemos hecho nuestras todas las posibilidades que tenemos a nuestro alcance.

Pablo nos repite que ya va siendo hora de espabilarse, pero seguimos portándonos como verdaderos insensatos. Seguimos caminando en una dirección equivo­cada. Las advertencias que hace Pablo a los romanos son las mismas que tendríamos que hacer hoy: nada de comilonas y borracheras, lujuria y desenfre­no, riñas y pendencias. El excesivo cuidado de nuestro cuerpo fomentará los malos deseos. El hedonismo, que pretende el placer inmediato, terminará por aniquilar nuestro verdadero ser.

Estar despiertos es la condición mínima para desarrollar nuestra humanidad. Creo que estamos bien despiertos para todo lo terreno y material. Esa excesiva preocupación por lo material, es lo que la Escritura llama “estar dormido”. Hoy empezamos el Adviento, preparación para la Navidad, pero los grandes almacenes, y todos los medios de comunicación ya hace casi un mes que han empezado su preparación. Menos de un 15% de nuestra sociedad escuchará unos minutos cada domingo el anuncio de que Jesús nace, frente a las muchísimas horas que va a soportar la propaganda consumista.

Descubrir lo que soy exige esfuerzo y dedicación. Alagar la parte instintiva es más fácil que espolear el espíritu. Los emperadores romanos ofrecían pan y circo a las masas para que no exigieran otras cosas. Hoy la oferta tranquilizante es fútbol y tele. Nuestra religión ha caído en la trampa de una salvación acomodada a nuestras apetencias, ofreciéndonos la eliminación del dolor, el pecado, la muerte. Como eso es imposible aquí y ahora, se ha proyectado la salvación para un más allá. No, Dios quiere nuestra plenitud, aquí y ahora.

Adviento no es solo la preparación para celebrar dignamente un acontecimiento que se produjo hace más de veinte siglos. El adviento debe ser un tiempo de reflexión profunda, que me lleve a ver más claro el sentido que debo dar a toda mi existencia. No hay tiempos más propicios que otros para afrontar un tema determinado. Soy yo el que tengo que acotar el tiempo que debo dedicar a los asuntos que más me interesan. Y lo que más me debía interesar, tal como nos lo advierte la liturgia, es mi verdadero ser, no mi falso yo.

Dios está viniendo en todo instante, pero solo el que está despierto se dará cuenta de esa presencia. Si no descubro esa presencia, mi vida puede transcurrir sin enterarme de la mayor riqueza que está a mi alcance. Dios no tiene que venir en ningún momento ni de ninguna parte, porque es la base y fundamento de mi ser. Lo que llamamos Dios está en mí como fundamento aunque yo no descubra su presencia. Pero como ser humano, mi más alta posibilidad de plenitud consiste precisamente en descubrir y vivir conscientemente esa realidad. Dios está en todo, pero solo el hombre puede ser consciente de esa presencia.

No tengo que esperar tiempos mejores para poder realizar mi proyecto humano. Si tengo que esperar a que Dios cambie algo o cambien los demás para encontrar mi salvación, no he descubierto lo que soy ni lo que es Dios. La salvación que Jesús propuso no está condicionada por circunstancias externas. Aún en las situaciones más adversas, está siempre a nuestro alcance. En cualquier momento puedo hacer mía esa salvación. En cualquier instante de mi vida puedo descubrir la plenitud. Si no soy capaz de descubrir mi salvación en esta situación en que hoy me encuentro, no seré capaz de descubrirla nunca.

El error en el que estamos instalados, es esperar que esa salvación venga de fuera en un próximo futuro. Dios no tiene futuro y está viniendo siempre y desde dentro. Aquí puede que esté la clave para cambiar nuestra mentalidad. Pero preferimos seguir pensando en el Dios todopoderoso que actúa a capricho y desde fuera. De esa manera no hay forma de hacer nuestro el Reino de Dios, que está ya dentro de nosotros. Hoy el evangelio nos advierte: si el encuentro no se produce es porque seguimos dormidos.

Meditación

Se trata de despertar, de tomar conciencia de las posibilidades.
Lo malo es poner el objetivo de tu vida en comilonas y borracheras.
Ni siquiera es preciso hacer daño a otros para impedir la plenitud.
El fallo está en vivir enredado en las cosas de este mundo.
“¡Caminemos a la luz del Señor!”

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Yo soy una estrella

Domingo, 1 de diciembre de 2019

accion-haz-algo-esperar-retribucion_1_1070025Cuando miras el cielo y fijas una estrella, si sientes escalofríos bajo la piel, no te abrigues, no busques calor, no es frío, es amor solo (Kahlil Gibran)

1 de diciembre. DOMINGO I DE ADVIENTO

Mt 24, 37-44

Y ellos no se enteraron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos

La venida inminente se debe entender no tanto como cercanía temporal, sino como cercanía teológica, una manera de suscitar la idea de que es necesario estar alerta ante los acontecimientos, y hacer gimnasia mental y física, un ejercicio que facilita el encuentro de la mente con el cuerpo y donde se serenan ambos, tampoco suele ser en ellos un hábito propiciante de esa cercanía tan necesaria y teológica, que les prevenga de diluvios y no se los lleve todos.

Hay personas a quienes los hechos les desbordan, y el árbitro les coge siempre en orsay y acaban siendo expulsados del campo, pues sus ideas se encuentran en extinción, como el lince ibérico -lynx pardinus-, endémico del Parque Nacional de Doñana, en Andalucía, (España).

El arca de Noé, no estaba lejos, pero se enteraron: fueron menos listos que aquellos animales, que invitados por el patriarca subieron a ella y se salvaron; probablemente porque, como subraya el escritor francés André Gide, París 1889:

“La sabiduría no viene de la razón sino del amor”

Y los que se dejan llevar por la razón y aparcan el sentimiento, son los que se lleva el diluvio a las montañas del país de Nadie sabe dónde.

Consecuencia: “Y ellos no se enteraron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos”, como dice Mateo.

En su último libro A la fuente cada día, Fray Marcos dice que el adviento es un tiempo de reflexión, que nos lleva a descubrir el sentido de la vida, y que, si no la desplegamos, nuestra vida puede transcurrir sin llegar a descubrir nuestra mayor riqueza. Lo cual, personalmente, me lleva a concluir que la paloma enviada por Noé para averiguar si las aguas del diluvio se habían ido, jamás volverá con un ramo de olivo en el pico, y no obstante no podía quedar embarrancada la esperanza, y un pino bien inhiesto apareció clavado en el monte Ararat donde el arca se había anclado, con la luz del alba brillando en la copa, y con su brillo iluminando el cielo despejado haciendo eco en el alma.

Quizás lo pronosticó Rafael Alberti en un poema, advirtiendo que todos podemos confundirnos y errar el sentido de la vida:

“Se equivocó la paloma, / se equivocaba; / creyó que el mar era el cielo, / que la noche la mañana”

Con frecuencia nos lazamos a volar sobre las alas y las olas diluviantes, sin chaleco salvavidas, y corriendo el gravísimo riesgo de ahogarnos en el mar de lo insensato, siempre dispuesto a devorarnos, por el infausto atrevimiento de no respetar el Non Plus Ultra de las Columnas de Hércules.

Un poeta libanés, Khalil Gibran dijo con voz de oro cargadas sus palabras:

“Cuando miras al cielo y fijas una estrella, si sientes escalofríos bajo la piel, no te abrigues, no busques calor, no es frío, es amor solo”, el amor de quien practicó y dijo que “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por os amigos”. Noé fue también muy sensato, aunque no dando la vida, sino fabricando una barca para salvar la suya, la de sus hijos y la de los animales.

India Arie, Denver 1975, compositora y cantante. Con ella y como ella no somos lo que parecemos, somos lo que llevamos dentro: divinidad definida y estrellas brillantes.

india-arie2

I AM LIGHT

I’m not the mistakes that I have made
or any of the things that caused me pain,
I am not the pieces of the dream I left behind.

I am not the color of my eyes
I am not the skin on the outside
I am not my age
I am not my race
My soul inside is all light.

I am divinity defined
I am the God on the inside
I am a star.

India Arie, Denver 1975, compositora y cantante.

MIS LIBROS

  1. PUBLICADOS

  1. VOLVER A LAS RAÍCES
  2. EN HIERRO Y EN PALABRAS
  3. SOLILOQUIOS
  4. NATURALIA
  5. EVANGÉLICO CUARTETO
  6. EL LEGENDARIO NUNDO DE LOS SENTIMIENTOS
  7. YO AMO EL PLANETA

  1. PENDIENTES DE PUBLICACIÓN

  1. CUADROS DE UNA EXPOSICIÓN
  2. EL ASNO DE APULEYO, dib
  3. VARIACIONES ENIGMA, dib
  4. EL BALLET DE LOS CIEN COMPASES, dib
  5. UN VIOLÍN EN LA ORQUESTA DEL UNIVERSO, dib
  6. SUEÑO EN GRANADA, dib
  7. LADIES AND GENTELMEN, dib
  8. ALAS DEL VIENTO, dib
  9. MÚSICOS, PINTORERS Y POETAS 2, dib, poem, 70 págs
  10. DIEZ X DIEZ
  11. UN VIOLÍN EN NEL UNIVERSO

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Noé y otras ludopatías.

Domingo, 1 de diciembre de 2019

hqdefaultComo sucedió en tiempos de Noé, sucederá también en los días en que venga el Hijo del hombre…” (Lc 17,26).

La noticia se había corrido como pólvora: “Noé tiene alzheimer”. “- No, es demencia senil” decían otros. “-Nosotros ya le veíamos raro hace tiempo”, añadieron los más enterados. Fuera lo que fuera, las señales eran alarmantes: una cosa es que, de siempre, le hubiera gustado el bricolaje, pero lo de ahora era otra cosa: había talado árboles hasta dejar un claro en medio del bosque, serraba madera haciendo listones y había comenzado a montar un armazón inmenso y extraño. “- Construyo un arca”, contestó secamente a los curiosos. “-Me lo ha mandado el Señor y tengo que calafatearla para que pueda flotar”. “-¿Cómo que flotar? Pero Noé, hombre, que se te ha ido la olla, que estamos a más de mil kilómetros del mar… ¿Es que piensas ir empujándola hasta la orilla?”. “-Va a haber un diluvio y punto. Lo ha dicho el Señor. No hay más preguntas”. Y ya no volvió a abrir la boca. “-Pobrecillo, qué pena da”, dijeron los más compasivos. Los más cínicos se acercaban de vez en cuando por allí para burlarse: “¿-Y para cuándo dices que llegan las lluvias?”; “- A mí resérvame un buen camarote, el de mi suegra puede estar cerca de las pocilgas”; “-¿Qué suplemento hay que pagar para llevar más de una pareja de gatos?”. Y Noé callado, impertérrito, construyendo el arca, como le había dicho el Señor.

Los discípulos conocían la historia de Noé y seguramente también el midrash en el que, al comentar el Génesis, los sabios alababan la obediencia de Noé que se arriesgó a creer que la palabra del Señor se cumpliría, a pesar de las burlas de sus vecinos. Y quizá pensaron más de una vez, cuando arreciaban las críticas en torno a ellos, que se estaba repitiendo lo de Noé y que iban a tener que acostumbrarse a que aquel Reino del que hablaba su Maestro tuviera algo de unarca-tierra-adentro.

Les cuestionaban los demás y se cuestionaban ellos mismos: ¿no era rarísimo dedicarse a tantas las causas perdidas, desvelarse por personas o grupos no cualificados ni rentables, carentes de influencia y de significación social o religiosa, desprovistos de influencia? ¿Qué garantía de futuro podía tener tanta atención a enfermos, mujeres, niños, publicanos, extranjeros? ¿No era un disparate juntarse con recaudadores de impuestos y prescindir de un escriba, del prestigio intachable de un fariseo, del poder de un saduceo o de la rectitud y el ascetismo de un esenio? En tiempos tan duros como los que estaban viviendo ¿no era una locura optar por “comportamientos débiles” de no apagar mechas vacilante ni quebrar cañas cascadas?

Tenían que construir “un arca-tierra-adentro” con la misma terca obediencia de Noé. Tenían que aguantar burlas por estar dejando atrás comportamientos seguros y familiares y avanzar por un camino desconocido e incierto sin más garantía que la palabra dada por Jesús.

También en nuestras pequeñas vidas en las que querríamos tener todo previsto y acomodado pueden entrar, como un torbellino de Adviento, el riesgo, la alarma y el sobresalto que provoca el juego. El mismo juego que Jesús se atrevió a jugar antes que nosotros.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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Deja de buscar, déjate encontrar.

Domingo, 1 de diciembre de 2019

wachsam-1030x687Domingo I de Adviento

1 diciembre 2019

Mt 24, 37-44

Entre los creyentes, el término “adviento” –“venida del Señor”– evoca la esperanza de una plenitud futura que habría de saciar todos nuestros anhelos. Es sabido que los primeros discípulos de Jesús –y, probablemente, él mismo– esperaban un final del mundo inminente. Eso es, al menos, lo que indican las palabras que Marcos pone en su boca: “Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto [la “venida del Hijo del hombre”] suceda” (Mc 13,30; Mt 24,34).

El texto que se lee en este primer domingo de Adviento pertenece al llamado género apocalíptico. Este género literario, recurriendo a imágenes y a palabras que parecen evocar catástrofes, se utiliza para hablar de un futuro que se entiende como “renovación” o novedad radical.

Más allá de las imágenes utilizadas, la intención parece clara: es una llamada a “despertar”, a “estar en vela”, a “estar preparados”

¿En qué consiste “despertar”? En comprender qué somos. Lo cual significa salir de la creencia que nos identifica con el yo separado para llegar a la comprensión de nuestra verdadera identidad.

El yo separado se define por la carencia. Y eso mismo es lo que hace que se proyecte hacia “fuera” y hacia el “futuro”, buscando ahí la plenitud de la que carece. Donde hay identificación con el yo habrá inexorablemente soledad, miedo y ansiedad. Porque lo que llamamos “yo” es un haz de necesidades y miedos, invencibles en tanto en cuanto nos mantengamos en esa creencia errada, que constituye la ignorancia radical o, si se prefiere simbólicamente, nuestro “pecado original”. Ahí se encuentra, en efecto, el origen de nuestra confusión y de nuestro sufrimiento.

Es evidente que la persona en la que nos experimentamos es sumamente débil, frágil y vulnerable: pura necesidad. Pero la personalidad no constituye nuestra identidad. La primera es, en todo caso, la “identidad” pensada –lo que pensamos que somos, lo que nos han transmitido–; la segunda es “Eso” inefable que compartimos con todos los seres y constituye el “misterio” último de todo lo real.

“Personalidad” e “identidad” constituyen los dos niveles en los que nos movemos. La sabiduría pasa por desplegar nuestra personalidad en conexión con la identidad profunda.

La pregunta “¿quién soy yo?” remite a mi persona. Sin embargo, la de “¿qué soy yo?” apunta a mi identidad. A aquello a lo que se refería sabiamente José Saramago cuando expresaba: “Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre; ese algo es lo que somos”.

Y si bien nuestra persona se define por la necesidad y la carencia, lo que somos realmente es plenitud. La comprensión de ello nos libera de la falsa creencia original y de la ansiedad que busca y proyecta fuera y en el futuro aquello que echa en falta.

A partir de ahí, dejamos de buscar y nos dejamos encontrar. Pero no por “alguien” que, desde fuera, nos salvara, sino por Aquello que somos en profundidad y que teníamos olvidado. Deja de correr ansiosamente y déjate “alcanzar” por aquello que eres.

Comprende qué eres y vive desde esa comprensión. Ahí se resume la invitación de Jesús: “Estad en vela”. El “Hijo del hombre” –otro modo de expresar nuestra identidad– “viene” –está viniendo–, pero no del futuro, sino de lo profundo.

¿Vivo buscando o dejándome encontrar por lo que soy?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Vivir lúcidamente, no a lo tonto

Domingo, 1 de diciembre de 2019

DROhGuWV4AAh_5TDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Noé.

Los tiempos cambian pero el ser humano se repite, al menos en muchos aspectos.

En tiempos de Noé pasaba lo mismo que nos ocurre hoy y siempre (al menos en cierto sentido): la gente comía, bebía, ahorraba, viajaba, se casaba, vivía de un modo un tanto inconsciente y se moría.

La gente se reía de Noé, porque el buen hombre estaba haciendo un arca, un barco, en pleno desierto: ¿para qué sirve una barca en el desierto? ¿Cuándo se han visto inundaciones en el Sahara?

Pero el diluvio llegó y arrastró al gentío que paseaba por las boutiques, por las playas y estaciones de nieve. Vivían, como hoy en una dulce estupidez.

Los diluvios y tsunamis llegan siempre en la vida y de las más variadas formas: enfermedades, rupturas matrimoniales, conflictos familiares, crisis de trabajo-paro, tensiones eclesiásticas, crisis del sentido de la vida, depresiones, de muerte. Y como no andemos espabilados, estos tsunamis nos llevan por delante sin enterarnos.

Las posibilidades son:

  1. vivir a lo tonto”, sin pensar, sin asumir la vida en su complejidad. Sería el “comamos y bebamos que mañana moriremos”, que ya decía San Pablo (1Cor 15,32). Por muy “Titanic” que sea el momento actual y seamos nosotros, también nos podemos hundir.
  2. quedarse atrancado en el sufrimiento y la amargura sin ver salida y, por tanto, sin esperanza. Dando vueltas a los problemas que no hacen sino hurgar en la herida sin curarla nunca y doliendo cada vez más.
  3. Caminar a la luz (Isaías), cayendo en cuenta del momento en que vivimos, despiertos del sueño (Romanos) y por tanto: Velad, estad despiertos, (Mateo).

El diluvio nos llega siempre.[1]

         Daos cuenta del momento en que vivís

  1. vivir a lo tonto: anestesia cultural.

La primera opción es claramente el capitalismo que pretende sumergirnos en una sedación crónica, cuando no en una marginación de los problemas, de las cuestiones más hondas del ser humano.

A este respecto podíamos aplicarnos lo que decía Ernst Bloch (neomarxista) ¿qué sentido tiene seguir “cocinando un plato” que no lo vamos a degustar definitivamente nunca?

No se permite que afloren las cuestiones fundamentales. Sobre todo los problemas del sentido de la vida, la muerte y las cuestiones éticas se pretenden resolver también por narcotización.

         Corta respuesta para cuestiones tan densas, Sancho.

  1. caminar despiertos y hacia la luz.

         Hay un refrán algo pesimista y un tanto corrosivo, como muchos otros proverbios: “vísperas de mucho, días de nada”. Pero, también podemos pensar que no estamos condenados a ser una “sinfonía incompleta”. La luz, la esperanza humanista y cristiana nos anuncian que hay futuro para todos.

         El barro del que estamos hechos los seres humanos es la esperanza y la nostalgia. Vivir es esperar. La esperanza rompe las desesperanzas, incluso el límite de la muerte.

Hoy en día vivimos en el club de los proyectos vivos y las esperanzas muertas. Pero solo se puede vivir humanamente con la esperanza como resorte estructural de la existencia.

El ser humano es esperante. La esperanza es una dimensión esencial a la condición humana. Las antropologías han definido en la esencia del ser humano de maneras varias. Hoy cabe que pongamos el acento en el ser humano como esperante. Vivir es esperar. La esperanza ha construido bien, serena y sensatamente la vida de los hombres y los pueblos. No es lo mismo vivir esperanzadamente que desesperadamente o en desesperación.

         La esperanza no es una virtud[2], como las demás, es una virtud contra las demás, escribía Charles Peguy, aunque en el fondo el pensamiento es de San Pablo: esperar contra toda desesperanza, (Rom 4,18). La esperanza amanece cuando nos embarga la noche de los fracasos y diluvios. Para quien todo se ha perdido, queda Dios.

La esperanza engrandece la vida, porque la abre hasta el infinito. Cuando todo se hunde y nos hunde, la esperanza renace.

         Pedro Laín Entralgo -médico humanista (1908-2001)-, lo decía brillante y esperanzadamente: el ser humano espera por naturaleza algo que no está en su naturaleza. No es una afirmación científica, ni siquiera lógica, pero es hondamente humana. Lo más profundo de mi ser es nostalgia y esperanza.

         Ser lúcido, vivir despiertos es vivir con la esperanza que escudriña el horizonte.

  1. Comencemos esperanzadamente el adviento.

         Comenzamos hoy el adviento (y el año litúrgico), el tiempo de la santa esperanza. La vida es un adviento continuo.

         La esperanza no se pone en cualquier cosa. La esperanza tiene su mirada puesta en el ser, en la ultimidad, en el Dios, que se nos hace presente en JesuCristo.

         Es bueno vivir las relaciones humanas en un tejido de respeto y confianza, pero la esperanza última descansa en Dios. Solamente en Dios descansa mi vida, (Salmo 61).

vivamos despiertos y atentos.

[1] ¿Habrá existido en la historia alguna persona que no haya atravesado por valles de tinieblas?

[2] Virtud: virtus en latín; significa fuerza, vitalidad.

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“Una Iglesia despierta”. 1 Domingo de Adviento – B (Marcos 13,33-37)

Domingo, 3 de diciembre de 2017

1609802_527682714013418_497079345_nLas primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar. Vivían tan atraídos por él que querían encontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.

Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. Con el tiempo, aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar Cristo, nos encuentre dormidos».

La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilad», «estad alerta», «vivid despiertos». Según Marcos, la orden de Jesús no es solo para los discípulos que le están escuchando. «Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: Velad». No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.

Han pasado veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta orden de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?

¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño? ¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?

¿No hemos de recuperar el rostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando, escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta de que una “Iglesia dormida” a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?

¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede liberar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?

José Antonio Pagola

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” Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”. Domingo 03 de diciembre de 2017. Domingo 1º de Adviento.

Domingo, 3 de diciembre de 2017

01advientoB1cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!.
Salmo responsorial: 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
1Corintios 1,3-9: Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Marcos 13,33-37: Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio… Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

 La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos (recuérdese el film La misión). Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día… Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos… Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos…

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina… sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» –que eso significa la palabra–, el «noch nicht Sein» como diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»… Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza… Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»… Lo real más real no es sin más lo real, sino las posibilidades de ser que lo que hoy es lleva consigo.

Después de los años 90 del siglo pasado, estamos en un tiempo en el que se dice que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura anti-utópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta la vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad… ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad… Ni siquiera es «el cielo»… ¡Es el Reino! No es otro mundo… es este mismo mundo… ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía: «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura anti-utópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé» en su boca aramea, Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta». Leer más…

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Dom 3.12.17. Ésta es la hora. Meditación de Adviento

Domingo, 3 de diciembre de 2017

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 1 Adviento, ciclo B. Mc 13, 33-36.Ha terminado litúrgicamente el año del Señor, con la llamada a juicio de Mt 25, 31-46. Hoy empieza el nuevo año del Señor, con sus cuatro domingos de preparación (Adviento).

Ésta es la hora de la promesa, como indicará esta meditación de Advientocon la palabra de llamada y esperanza: Despertaos:

− Una Palabra de Dios (y de aquellos que nos han llamado a esta vida ) nos ha traído al mundo, y por ella seguimos viviendo en esperanza, pues si no fuera así (sin esperar) habríamos muerto hace milenios.

− Pero vivimos y seguimos avanzando, sobre un foso de amenazas, pero también de bellísimas tareas , y por eso debe os despertar un año más y superar las tempestades y los riesgos, en un tiempo que sigue amenazado por la muerte.

La liturgia de este domingo primero de adviento se atreve proclamar de nuevo su esperanza, como una gran trompeta, que no llama ya para la muerte, sino para la vida, por encima de las cuatro bestias que un día como hoy descubrió en el horizonte el profeta Daniel (Dan 7), como friso de pavor en la pared de los imperios: Un león, un oso, un leopardo… (poder de violencia…)y finalmente una más fuerte que todas, la del hierro de la guerra sobre pies de barro.

images-1Perseguidos por esa gran bestia (¡barro somos, con armas de hierro pretende matarnos!), podemos detenernos un año más (viene 2018), para escuchar lallegada (el Adviento) del Hombre de Dios, conforme a la esperanza profética, recreada por Jesús, de manera que podemos y debemos despertar. Es el tiempo de la gran palabra: Despertaos.

Empieza así otra vez el Adviento y vamos a celebrar de nuevo la esperanza, marcada por la Venida de Dios en quien creemos, Dios del sol y de la tarde huidiza sobre el agua de la vida. Así lo proclama este evangelio, que extiende ante nosotros una vía de esperanza. La palabra de este tiempo es “velad”, es decir, despertaos (agrhypneite: salid del sueño), mantened vuestra esperanza ante la llegada del Hombre Nuevo, no dejéis que el miedo o el sueño os domine. Buen día a todos, buen Adviento. Llega Dios, es decir, debemos llegar nosotros mismos, como nueva humanidad.

Texto litúrgico ampliado: Mc 13, 28-36

No me quiero limitar al texto reducido de la liturgia (Mc 13, 33-36). Prefiero verlo en su entorno (Mc 13, 28-26), mirado desde todo Mc 13, el más duro y más consolador de todos los textos de esperanza cristiana, un pasaje lleno de guerras y enfrentamientos, de hambres y terrores, pero también de caminos abiertos y presencias activas.

Este capítulo recoge la palabra que Jesús dirigió a sus cuatro discípulos primeros (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), sobre el Monte de los Olivos, abriendo sus ojos, para que vieran el misterio de los tiempos (cf. Mc 13, 3-4).(El material de este comentario lo tomo de mi Evangelio de Marcos, Verbo Divino, Estella 2012)

a. (Está a las puertas)….
28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

b. (En esta generación, ya ha llegado)
30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

b’ (Ni Cristo sabe, ni lo sabe el Hijo)
32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

a’ (despertad)
¡Cuidado! Despertaos (agrhypneite: salid del sueño), porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!

Éste es el final del final

evangelio-de-marcosEl evangelio de Marcos ha dicho lo importante sobre la crisis de los tiempos, con la llegada del Hijo del Hombre, es decir, de la humanidad verdadera (Mc 13,24-27). Pero a fin de completar ese mensaje (¡viene el Hijo del Hombre!) en forma positiva, en clave de advertencia eclesial, este pasaje recoge dos palabras distintas pero complementarias.

(a) Por un lado la certeza de que hay Dios, y Dios mismo nos despierta, desde dentro, para que podamos asumir nuestra más honda realidad de humanos/divinos.
(b) Por otro lado la exigencia de que nosotros mismos salgamos del sueño en que estamos hundidos, un sueño de fantasías y violencias (Heidegger), de impotencias aprovechadas por los “opresores de turno”.

Esta es nuestra definición más honda: Somos seres que podemos despertar…

— (b) Todas estas cosas han de suceder en esta generación (13, 30).Ésta es una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico: en esta misma generación (en este tiempo que es el nuestro) se cumple ya todo. Estamos al fin de los tiempos, ante la Hora decisivo. El Evangelio de Marcos dirige esta palabra de Jesús a los lectores/oyentes de su evangelio. Ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas.

— (b’) Pero el día y la hora nadie sabe nada, ni siquiera Cristo, ni siquiera el Hijo de Dios, sino sólo el Padre (Mc 13, 32). Estas palabras han de tomarse absolutamente en serio: ni siquiera Cristo supo o calculó los tiempos; anunció y preparó la llegada de Dios, pero no anduvo fijando fechas. Esto significa que debemos evitar todo cálculo de tiempo; vivir en vigilancia, pero sin adivinanzas que no tienen sentido. El mismo Cristo deja el tiempo en manos de Dios Padre.

La culminación del tiempo es Dios (=nuestra vida en Dios)

Ante el misterio del fin (ante la hora) sólo existe una respuesta, sólo puede darse una palabra: ¡Estamos en manos del Padre, el único que sabe! Desaparecen todas las instancias de poder o ciencia, de lucha o angustia del mundo. Quedan en segundo plano los ángeles, lo mismo que los hombres y mujeres de la tierra, todo lo que pueden hacer o maquinar los poderes de la tierra. El mismo Hijo, a quien Dios ha dado su Espíritu y palabra (cf. Mc 1, 9-11), está a la escucha de Dios. En la raíz y meta de todo se halla el Padre, él solo es quien sabe.

Dios es Dios, ésta es la palabra, por tanto “despertad” (que Dios despierte en vosotros)

Pero, al mismo tiempo, sabiendo que todo se condensa en Dios, el evangelio nos sigue diciendo que estamos en la noche que precede a la aurora de la salvación. Como siervos vigilantes debemos mantenernos en el tiempo de tiniebla de este mundo, llenos de esperanza. Leer más…

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Súplica, realidad, vigilancia. Domingo 1º de Adviento. Ciclo B.

Domingo, 3 de diciembre de 2017

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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Cuatro semanas para prepararnos a recordar el nacimiento de Jesús? No. El Adviento es más que eso. No se trata de recordar romanticamente un hecho pasado, se trata de comprender a fondo lo ocurrido y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor.

Suplica (Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7)

La primera lectura nos sitúa siglos antes de la venida de Jesús. El pueblo de Israel se ve como un trapo sucio, como árbol de ramas secas y hojas marchitas. La situación no sería muy distinta de la nuestra. Pero el pueblo, en vez de culpar a los políticos, a los banqueros, al FMI, a Putin y a Trump, piensa que todo se debe a que Dios le oculta su rostro por culpa de sus pecados, porque nadie invoca su nombre ni se aferra a Él. Lo lógico sería que el pueblo prometiese cambiar de conducta, interesarse por Dios. Sin embargo, en vez de prometer un cambio le pide a Dios que sea él quien cambie: que recuerde que es nuestro Padre (la idea aparece al comienzo y al final de la lectura), que vuelva, rasgue el cielo y baje. ¿Cómo responderá Dios a esta petición?

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es Nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. iOjalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en e1. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

Realidad (1 Corintios 1,3-9)

La respuesta de Dios supera con creces lo que pedía el pueblo en la lectura de Isaías, aunque de modo distinto. Dios Padre no rasga el cielo, no sale a nuestro encuentro personalmente. Envía a Jesús, y mediante él nos ha enriquecido en todo y nos llama a participar en la vida de su Hijo. Por consiguiente, añade Pablo, “No carecéis de ningún don”. En una época de crisis, en la que tanta gente se lamenta, a veces con razón, de las muchas cosas de que carece, estas palabras pueden resultar casi hirientes: “No carecéis de ningún don”. Buen momento el Adviento para pensar en qué cosas valoramos: si las materiales, que a menudo faltan, o las que proporciona Jesús: la certeza de que Dios es fiel, está de nuestra parte y nos mantendrá firmes hasta el encuentro final con Él.

Hermanos: La gracia y la Paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado, el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Vigilancia (Marcos 13, 33-37)

No deja de ser irónico que precisamente el evangelio no hable de Dios Padre ni de Jesús. Se centra por completo en nosotros, en la actitud que debemos tener: “vigilad”, “velad”, “velad”. Tres veces la misma orden en pocas líneas. Porque el Adviento no es sólo recordar la venida del Señor, es también prepararse para el encuentro final con Él.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: !Velad!”

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Primer Domingo de Adviento. Ciclo B. 3 diciembre, 2017

Domingo, 3 de diciembre de 2017

1adviento

“Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos. ¡Velad!”

(Mc 13, 33-37)

¡Ya está cerca! Es lo que nos dice y nos repite este tiempo de Adviento. Es la cuenta atrás de algo querido y esperado. La emoción empieza a hacernos cosquillas en el corazón porque lo que esperamos, mejor dicho, a quien esperamos es bueno, ¡muy bueno!

Como sucede cuando esperas a alguien miramos el reloj una y otra vez, como si al mirarlo hiciéramos que el tiempo pasara más deprisa. Y repetimos con emoción: ¡Ya llega!, ¡Ya queda menos! ¡MARANATHA!

Es Jesús mismo quien, al empezar el Adviento, nos aconseja que estemos despiertas. ¡Velad!  El día de Navidad tiene fecha en el calendario, pero el momento en el que Él se va a hacer presente en nuestra vida no sabemos cuál es.

Nos puede sorprender en la oración, pero también en el autobús, en una enfermedad, o en la mirada de una persona querida.

No, no sabemos el día ni la hora. Tampoco el lugar. En este primer domingo de Adviento te invitamos a traer al corazón algún momento de encuentro con Dios que haya sido significativo en tu vida, ese momento, o momentos, que guardas como un tesoro.

Acércate a él, destápalo despacio, como quien saca un objeto valioso de su caja y contémplalo. Deja que haga vibrar tu corazón, que lo ponga en marcha para empezar este Adviento. No tengas prisa; saborea tu recuerdo. Y cuando termines, no lo guardes, déjalo visible. Sí, como un adorno navideño. O como ese objeto que solo tú y otra persona sabéis que tiene mensaje.

Los símbolos nos conectan con nuestra realidad más profunda, por eso ante ellos experimentamos algo más que recuerdos. Son aliento y confianza.

Oración.

Enciende, Trinidad Santa, en nuestro corazón, esos recuerdos de tu paso por nuestras vidas, para que nuestro corazón pueda ser un lugar acogedor en el que vengas a nacer.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Sólo el despierto descubrirá que vive.

Domingo, 3 de diciembre de 2017

jesus-meditando-600x400Mc 13, 33-37

Estamos en el día de Año Nuevo de la liturgia. Comenzamos con el Adviento, que no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. No habremos entendido el mensaje de Jesús, si no nos obliga a vivir en constante Adviento. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora (mitología). Lo verdaderamente importante es descubrir que está viniendo en este instante.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Según el relato bíblico. Dios les va prometiendo lo que ellos, en cada momento más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; a los hambrientos en el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; etc., etc. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. “He venido para que tengan vida y la tengan abundante.”

Según el AT Dios les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero para hacerles caminar según su voluntad. Tomado al pie de la letra sería ridículo. Dios no hace promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios son hechas por los profetas, como una estratagema para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad, que ellos interpretaban como castigo por sus pecados. Nada de lo que anunciaron los profetas, se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación de seguridades materiales. Hoy podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es “el que viene”. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándole a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de fuera, lo tengo ya dentro.

Vigilad. Para ver no solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despierto para afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida dormido, no pasa nada. Esto es lo que tendría que aterrarte; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es: o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuándo es el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por “tiempo”: “kairos” y “chronos”. Chronos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico, el momento oportuno para tomar una decisión. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos. Naturalmente que el hombre, como criatura se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es descubrir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿Esperamos nosotros esa misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con “poder y gloria”. ¿No os parece un poco ridículo? La médula de su mensaje es que la salvación, que Dios nos ofrece, está en la entrega y el don total.

Las primeras comunidades oraban: “Maranatha” (ven Señor). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. “Ya, pero todavía no”. “Ya” por parte de Dios, que nos ha dado ya la salvación. “Todavía no” porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque “todavía no” ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el ya. Eso no lo conseguiremos si seguimos dormimos.

Luchar por un mayor consumismo, y creyendo que en él está la verdadera salvación, sería una trampa. Descubrir ese engaño sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no funciona. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro ser humano. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

La religión me ofrece salvación, pero solo me salva de las ataduras que ella mismo me ha colocado. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser, mi individualidad, se desvanece.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser, que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo, que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cuál de las dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. También Dios sigue esperando.

Meditación

Para ver se necesita tener los ojos abiertos,
Pero también se necesita la luz.
Para nosotros la luz es Jesús.
Despertar solo depende de mí.
Puedo pasarme la vida entera dormido,
pero entonces no podrás culpar a nadie.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Una película dirigida a nadie

Domingo, 3 de diciembre de 2017

the-savior-suffers-in-gethsemane-_dsc0589-1800El amor da sentido a este mundo (Mónica Naranjo)

3 de diciembre, domingo I de adviento

Mc 13, 33-37

Que, al llegar de repente, no os sorprenda dormidos

El pueblo pide una teofanía, y el profeta Isaías la pide en arrebato: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes (Is 63, 19b) con tu presencia, como fuego que prende en los sarmientos o hacer hervir el agua!” (64, 1).

Cicatrices grabadas –(¿o filmadas, quizás?) – a sangre y fuego sobre la piel sensible de la Tierra. Penetrantes heridas que nos permiten ver el Evangelio con ojos de Proyecto salvador de Vida. Ojos de visión persistente y aguda, con aires de novedad y frescor de existencia“El amor da sentido a este mundo”, canta la artista Mónica Naranjo, protagonista de un videoclip rodado en la catedral de la Sagrada familia, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Barcelona, el coro Piug-reig y las gaitas Xuntanza de Cataluña: “Avui vull agrair la fie del sel, y amb tu celebrar que soc viu”. (“Hoy quiero agradecer la vida al cielo, y contigo celebrar que estoy vivo”). Un amor como el mostrado el pasado domingo 19 por el Papa Francisco en la Jornada Mundial de los Pobres, invitando a comer a 2500 menesterosos en Roma.

Quiso mantenerles alegres y despiertos, haciéndoles vivir durante un tiempo como la abeja que disfruta del néctar del pétalo de la flor y, al mismo tiempo, la fecunda. Y que, como dice el Evangelio: “Que al llegar Jesús, no os sorprenda dormidos” (Mc. 13, 36).

El inglés John Newton (17234-1807), comerciante de esclavos, y luego clérigo protestante, se hizo líder de la campaña parlamentaria para suprimir la trata de esclavos africana. Vio restañadas dichas cicatrices en su himno “Amacing Grace”, en el dolorido rostro de la esclavitud. Dice así:

“Sublime gracia del Señor que un infeliz salvó.
Fui ciego, mas hoy miro yo, perdido y él me halló. 

Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyentó.
¡Oh, cuán precioso fuera a mi ser al dar mi corazón!

En los peligros y aflicción que yo he tenido aquí,
su gracia siempre me libró, y me guiará feliz.

Y cuando en Sión por siglos mil, brillando esté cual sol,
yo cantaré por siempre allí, su amor que me salvó”.

(La violinista japonesa Ayako Ishikawa, tiene una versión preciosa del mismo, que puede audiovisualizarse en Internet).

Pablo Neruda lo cantó también de esta manera:

“Tengo deberes de mañana.
Trabajos de mediodía.
Debo abrir ventanas, echar abajo puertas,
romper muros, iluminar rincones.
Debo repartirme hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra”.

En definitiva, Una película sin destino particular, pero llena de esperanza, dirigida al mundo entero, como lo canta en esta Oda el poeta chileno:

ODA A LA CLARIDAD

No puedo
quedarme sentado.
Hasta luego.
Mañana
nos veremos.
Hoy tengo muchas
batallas que vencer.
Hoy tengo muchas sombras
que herir y terminar.
Hoy no puedo
estar contigo, debo
cumplir mi obligación
de luz:
ir y venir por las calles,
las casas y los hombres
destruyendo
la oscuridad. Yo debo
repartirme
hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Deterioro o evolución? ¿Vejez o gestación?

Domingo, 3 de diciembre de 2017

cosmosEmpieza el Adviento. ¿Para qué sirve el calendario litúrgico – los tiempos litúrgicos?

Si lo representamos gráficamente visualizamos un círculo donde empezando con el Adviento, recorremos los tiempos de la vida de Jesús, con sus celebraciones más importantes y los tiempos ordinarios que culmina con la celebración de Cristo Rey del Universo.

¿Acaso no es así la rueda de la vida? Tiempos de gestar, de dar a luz, de alimentar y cuidar de esa vida, tiempos ordinarios de vivir la rutina, el día a día buscándole el sentido a todo lo que ocurre en estos tiempos a veces áridos, o sin más. Otros, tiempos de persecución, de sufrimiento, de muerte, de enterrar y dejar ir, y tiempos de primavera en que la vida brota de nuevo. Y al final, de las etapas, un reconocimiento en los y las discípulas de que Jesús es el Señor, el “kerygma” de la comunidad cristiana.

Luego necesitamos tiempos de asimilar, de ser iluminados por dentro (Pentecostés: Él se hace presente, es el aliento de nuestra vida, de nuestra historia y de la del Universo, y por fin, empoderadas con esa Vida, llega el tiempo de trabajar, la misión, el envío en su nombre: las múltiples tareas en las que posiblemente los que leemos estos comentarios estamos involucrados pero, ¡observad! Cuán poco se nos consulta para tomar decisiones, para ir reformando la iglesia, desde abajo, para actualizarla y que diga algo al mundo de hoy.

Podemos decir que nos miramos en el tiempo litúrgico, como en un espejo, para entendernos desde las claves: “Jesús” y “comunidad cristiana”.

Buscando un icono de Adviento que me ayude a entrar e interiorizar este tiempo con su mensaje profético, me brota con fuerza el abrazo de Isabel y María. Mujeres embarazadas de la Vida, por obra del Espíritu. Mujeres bisagra entre el primer testamento y el segundo.

Isabel, mujer del Antiguo Testamento o primero, lo que llamamos la Ley, es estéril. Es decir, nos dice Lucas que el A.T. ha llegado a su fin, ya no puede engendrar más.

Nuestro texto de hoy, (Mc 13,33-37) típico de finales del año litúrgico, con lenguaje apocalíptico: “no sabéis cuando va a ser el momento” se refiere a la pasión del discípulo; “deja su casa” se refiere a la nueva comunidad. “Su autoridad” se refiere al Espíritu para borrar el pasado y comunicar vida. “Su tarea”, al modo personal de ejercer el servicio. “El portero,” a la comunidad en cuanto ha de abrir las puertas a todos. “Mantenerse despiertos”, a mantenerse fieles a las actitudes de Jesús y aceptar sus consecuencias…

Como decía, el texto de hoy adquiere vida, para mí, si lo leo desde el prisma del encuentro de Isabel y María, como icono de abrazar el pasado, para despedirlo, dejarlo ir, porque está estéril ya, y acoger el futuro, la comunidad de Jesús, que María está gestando. ¿Deterioro o Evolución? Depende de cómo se mire. Mejor interpretar que si dejamos con respeto ir lo viejo, evolucionamos, como el cosmos mismo, hacia un presente-futuro en continuo cambio, en continuo proceso hacia la Vida.

Isabel es bisagra porque está abierta. Zacarías representa lo viejo, lo incrédulo, por ello se le representa mudo, el primer testamento ya no tiene nada que comunicar. Su fe está dormida, anclada en un pasado. Isabel, aun siendo estéril biológicamente, queda llena del proceso de ir formando la vida que Dios ha querido regalarle.

¡Cuánta miga para nuestro hoy! “No os durmáis” nos dice Marcos, el sestear ralentiza la evolución. Si bloqueamos la energía de Dios, enmudecemos. No tenemos nada que decir. Y nos dedicamos a servirnos de las necesidades de los demás para sentirnos útiles, y justificar nuestra esterilidad.

Si seguimos mirando el pasado, la curia, envejecida y siempre con necesidad de renovación, paralizada, las parroquias cada vez con más espacio y el mundo cristiano no cristianizado, los que no están y tendrían que estar, los hijos que no aparecen por la iglesia…

Pero, la sabiduría del Adviento, mágico tiempo, nos va dando luz progresivamente indicándonos, de nuevo, que el camino es de Dios y éste me invita a dejar de dormitar, a ponerme en camino a la montaña donde Isabel me espera, porque ella como tú y yo está desconcertada por la vida que le sobrepasa.

El ponernos en camino, la apertura al misterio, el estar conectados, despiertos, abiertas al paso de Dios, permite que su energía desbloquee los tumores del alma, y siga la evolución de la comunidad cristiana, regalo y responsabilidad.

La iglesia necesita este Adviento. No es un tiempo de preparación para la Navidad, o sea de compras, de organización de comidas…sólo los y las que están despiertos son las vírgenes que engendran vida. Su inocencia les permite creer en el misterio.

Hoy la comunidad científica está revolucionada porque ha podido escuchar el eco del big bang o explosión original que dio origen a la vida.

Hoy la comunidad cristiana está a la escucha del paso de Dios, en nuestro mundo, en nuestra vida. Porque lo nuevo no viene de fuera, sino que lo sentimos y tocamos por dentro. “Manteneos despiertos, ahuyentad el sueño que no sabéis cuando va a ser el momento”.

¡Maranatha!

Magdalena Bennásar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

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Fuente Fe Adulta

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Quien deja de esperar, deja de vivir.

Domingo, 3 de diciembre de 2017

01advientob1Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

ADVIENTO.

Comenzamos el año litúrgico con el tiempo de Adviento formado por los cuatro domingos, las cuatro semanas en las que nos preparamos a celebrar la Navidad.

02. VELAD.

El ser humano vive humanamente en cuanto aspira y proyecta, es decir, en cuanto espera.
Podríamos definir al ser humano como aquel que continuamente espera y queremos salir de nuestras limitaciones hacia una vida más plena y mejor. Somos una inquietud radical hacia el futuro.

En lo profundo de nuestro corazón hay una extraña potencia que nos dice que, aunque nuestra vida está tocada por las limitaciones y la muerte, no obstante, la vida tiene sentido y tiene un futuro.

Vivimos nuestra propia existencia como llamados al futuro. Somos un proyecto humilde y sencillo a realizar.

03. ¿QUÉ SERÁ DE MÍ?

77b5b734c8bb1540513e7236a3a2f885La experiencia que tenemos de nuestra vida, del mundo y de la historia es la de ser cuestiones penúltimas (no últimas) y de aquí nace la aspiración a una realidad plena y definitiva.

Todo ser humano que viva despierto -velad- vive con la pregunta de ¿qué será de mí mañana, pasado mañana? ¿Qué será de mí mismo, de mi trabajo, de mis proyectos, de mis aspiraciones, de mi familia y de otros seres cercanos o lejanos? ¿Qué será de la sociedad, de los desarrollos políticos, qué será de la vida, del universo?

La cuestión del futuro está ligada inseparablemente a la vida humana.

Velar, vivir lúcidamente es vivir esperanzadamente.

04. LA SEDACIÓN DEL BLACK FRIDAY
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Si en otros tiempos no lejanos se vivió -vivimos- con una esperanza tortuosa, quizás hoy en día vivimos con la esperanza anestesiada, o simplemente sin esperanza.

Las grandes cuestiones de la vida han sido recortadas y la cultura de la sociedad actual en occidente vive narcotizada. La vida es un divertimento, una supuesta “black (negritud – noche) freeday (libertad, día de libertad)”.

Pero cuando, por las circunstancias que fueren, uno despierta del sueño de esa “noche mágica” de ofertas, descuentos, de vuelos y viajes de consumismos, tiene -tenemos- ante nuestros ojos los eternos problemas humanos: ¿qué sentido tiene todo esto, si es que tiene alguno? ¿Por qué tanto sufrimiento y dolor? ¿Y la muerte?

No vendamos el presente fascinante a precio de futuro absoluto.

04. LA ESPERANZA PROTEGE.

f9ab959dd76581dea4215cc491a54139La esperanza protege de la desesperación y libera de la esclavitud de la frustración y el fracaso.

El cristiano que espera vive libre, no esclavo de los totalitarismos del consumo capitalista. Quien espera procede de modo no neurótico, ni fanático, ni con ansiedad.

El futuro que vigilantemente esperamos es la alegría del presente. El“más allá” es la fuerza del “más acá”.

05. EVANGELIZAR ESPERANZA.

Llama la atención que la Iglesia y gran parte de sus preocupaciones pastorales en nuestros ámbitos estén en cuestiones y problemas muy secundarios y no comuniquemos a unas gentes tan deprimidas y adormecidas un poco de esperanza.

Se habla y se achaca mucho a la gente, a la sociedad de laicismo, de secularización, de postcristianismo, etc. Se condenan divorcios, homosexualidades, incluso independentismos (cardenal Cañizares y el obispo de Almería), pero el problema es muy otro. El problema es que la gente no tiene ni futuro, ni ganas de vivir. (En el País Vasco tenemos un suicidio cada dos días, y hay que pensar que los intentos de suicidio hay que multiplicarlos por diez. No olvidemos el problema de la depresión, que si es un problema médico, mucho más es un problema cultural y de criterios).

Evangelizar hoy en día entre nosotros podría ser comunicar confianza en el futuro, esperanza.

06. EL FUTURO ES DIOS.

acb6c736023e921f629777512eba108fLa solución es el Mesías, salvador. Y el futuro absoluto del hombre es Dios

Estamos comenzando el Adviento, que fortalece nuestra esperanza en el futuro absoluto. Nosotros no esperamos ya una navidad, un nacimiento de Jesús. Agradecemos la Encarnación de Dios en Jesús, pero nosotros miramos al futuro absoluto, esperamos y confiamos en nuestra conclusión en Dios.

Decía el filósofo alemán Martín Heidegger que solamente Dios puede salvarnos.

En las situaciones de crisis sociales, culturales, eclesiásticas o personales más profundas, escuchemos la Palabra: pronto viene el Señor, no hurgues más en la herida. Te salvaré no temas, hemos rezado-cantado en el Rorate.

Esta vivencia acontece en lo profundo de nuestro ser y después se traduce en la vida. Esta experiencia liberadora surge en la debilidad de la esperanza.

La esperanza es débil, es la virtud (virtus: fuerza) más humilde. La esperanza, como el grano de trigo, es humilde, sencilla, pero llena de vida.

Porque la esperanza es débil la podemos perder con alguna facilidad. De esto saben mucho los depresivos, los psiquiatras, los maestros de espiritualidad, posiblemente todos nosotros.

Esperemos atentamente contra toda esperanza.

VEN PRONTO, SEÑOR.

 

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“Con los ojos abiertos”. 1 Adviento – A (Mateo 24,37-44)

Domingo, 27 de noviembre de 2016

1-adv-a-600x1010Las primeras comunidades cristianas vivieron años muy difíciles. Perdidos en el vasto Imperio de Roma, en medio de conflictos y persecuciones, aquellos cristianos buscaban fuerza y aliento esperando la pronta venida de Jesús y recordando sus palabras: «Vigilad. Vivid despiertos. Tened los ojos abiertos. Estad alerta».

¿Significan todavía algo para nosotros estas llamadas de Jesús a vivir despiertos?

¿Qué es hoy para los cristianos poner nuestra esperanza en Dios viviendo con los ojos abiertos?

¿Dejaremos que se agote definitivamente en nuestro mundo secular la esperanza en una última justicia de Dios para esa inmensa mayoría de víctimas inocentes que sufren sin culpa alguna?

Precisamente, la manera más fácil de falsear la esperanza cristiana es esperar de Dios nuestra propia salvación eterna mientras damos la espalda al sufrimiento que hay ahora mismo en el mundo. Un día tendremos que reconocer nuestra ceguera ante Cristo Juez: ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, extranjero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos? Este será nuestro diálogo final con él si vivimos con los ojos cerrados.

Hemos de despertar y abrir bien los ojos. Vivir vigilantes para mirar más allá de nuestros pequeños intereses y preocupaciones. La esperanza del cristiano no es una actitud ciega, pues no olvida a los que sufren. La espiritualidad cristiana no consiste solo en una mirada hacia el interior, pues su corazón está atento a quienes viven abandonados a su suerte.

En las comunidades cristianas hemos de cuidar cada vez más que nuestro modo de vivir la esperanza no nos lleve a la indiferencia y el olvido de los pobres. No podemos aislarnos en la religión para no oír el clamor de los que mueren diariamente de hambre. No nos está permitido alimentar nuestra ilusión de inocencia para defender nuestra tranquilidad.

Una esperanza en Dios que se olvida de los que viven en esta tierra sin poder esperar nada, ¿no puede ser considerada como una versión religiosa de un optimismo a toda costa, vivido sin lucidez ni responsabilidad? Una búsqueda de la propia salvación eterna de espaldas a los que sufren, ¿no puede ser acusada de ser un sutil «egoísmo alargado hacia el más allá»?

Probablemente, la poca sensibilidad al sufrimiento inmenso que hay en el mundo sea uno de los síntomas más graves del envejecimiento del cristianismo actual. Cuando el papa Francisco reclama «una Iglesia más pobre y de los pobres», nos está gritando su mensaje más importante e interpelador a los cristianos de los países del bienestar.

José Antonio Pagola

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