Thomas Merton y la Sagrada Escritura.
En este mes dedicado al estudio y reflexión de la Biblia, traemos este interesante post del Blog Amigos de Thomas Merton:

En la obra de Thomas Merton, la Sagrada Escritura no es simplemente un texto para estudiar o aplicar moralmente, sino una fuente viva de encuentro, conversión y contemplación. Aunque no dejó una teología bíblica sistemática, sus diarios, cartas y ensayos revelan una visión profundamente espiritual y existencial de la Escritura. Aquí te comparto algunas ideas clave que emergen de su pensamiento:
1. La Escritura como lugar de encuentro con Dios
Merton veía la Biblia como un espacio donde el alma se encuentra con el Misterio. No se trata de dominar el texto, sino de ser transformado por él. En Leer la Biblia, insiste en que la lectura debe ser orante, humilde y abierta a la acción del Espíritu.
2. Descubrimiento del Antiguo Testamento y los Profetas
En sus Diarios, Merton narra cómo el contacto con los Profetas lo sacudió interiormente. Isaías, Jeremías, Amós… le revelaron una voz ardiente, incómoda, profundamente humana y divina. Reconocía en ellos una crítica radical a la religiosidad vacía y una llamada a la justicia, que resonaba con su propia vocación contemplativa y profética.
3. Lectura contemplativa y monástica
Influido por la tradición benedictina, Merton promovía la lectio divina: leer, meditar, orar y contemplar. Para él, la Escritura no debía ser instrumentalizada ni reducida a ideas, sino saboreada lentamente, como semilla que germina en el silencio.
️ 4. La Palabra como semilla de identidad y santidad
En Nuevas semillas de contemplación, Merton escribe: “Las semillas que en todo momento planta la voluntad de Dios en mi libertad son las semillas de mi identidad, de mi realidad, de mi felicidad, de mi santidad”. La Escritura, entonces, no solo informa: forma, revela, fecunda.
5. Universalidad y apertura interreligiosa
Aunque profundamente cristiano, Merton veía en la Escritura una sabiduría que dialoga con otras tradiciones. Su estudio de textos orientales lo llevó a valorar el lenguaje simbólico, poético y místico de la Biblia. Esta apertura no diluye la fe, sino que la profundiza y la hace más hospitalaria.


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