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Archivo para Domingo, 9 de julio de 2023

Silencio hablado…

Domingo, 9 de julio de 2023
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SILENCIO HABLADO

Si amar es mi costumbre,
la tengo mal sabida:
llena de muchedumbre,
sola de mí mi vida.

La guerra fue mi lumbre;
mi madre, la partida.
Velo mi mansedumbre
como una espada herida.

Derramando palabras,
de mis silencios vengo
y a mis silencios voy.

Y en Tus silencios labras
el grito que sostengo
y el silencio que soy.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera
Editorial Sal Terrae, Santander 1986

***

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

– “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

*

Mateo 11,25-30

***

 

Este es el más bello canto de amor filial que jamás se haya entonado en la tierra. El Hijo de Dios lo ha cantado, lejos de la casa paterna, lejos de la patria celestial, como los devotos israelitas durante el destierro elevaban a Dios salmos de conmovedora nostalgia. Desde su corazón de pobre e Hijo cariñoso, Jesús, exultando en el Espíritu, eleva al Padre este himno de júbilo que revela el sentimiento de extrema pequeñez y confianza con el que, en cuanto Hombre, se dirige a Dios, el Omnipotente, el Creador del cielo y de la tierra. Jesús es el “pequeño” por antonomasia al que le han sido revelados los misterios del Reino de los Cielos. Para hacerse “pequeño”, Jesús se he despojado de su gloria divina, y nosotros, para llegar a ser pequeños, en el sentido evangélico, tenemos que despajarnos del hombre viejo, del pecado. Jesús se ha despojado de la gloria divina y ha asumido nuestra condición humana; nosotros tenemos que despojarnos de nuestra falsa grandeza, de nuestro orgullo, y seguirlo. El Espíritu Santo, cuando toca las cuerdas del corazón, las hace sensibles a las vibraciones de la gracia y suscita en ellas un canto divino, la música del amor Sin embargo, Jesús no canturrea solo ni para si; quiere atraer con su cántico a todos los hombres dispersos y reunirlos y restituirlos; para eso ha venido, junto a Dios, como hijo. Su canción se convierte en una inmensa sinfonía cósmica.

*

A. M. Canopi,
Il vangelo de la vita nuova,
Milan 2000, 35

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“Dios se revela a los sencillos”. 14 Tiempo ordinario – A (Mateo 11,25-30)

Domingo, 9 de julio de 2023
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34_TO-14_A_1698200Un día, Jesús sorprendió a todos dando gracias a Dios por su éxito con la gente sencilla de Galilea y por su fracaso entre los maestros de la ley, escribas y sacerdotes. «Te doy gracias, Padre… porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». A Jesús se le ve contento. «Sí, Padre, así te ha parecido mejor». Esa es la manera que tiene Dios de revelar sus «cosas».

La gente sencilla e ignorante, los que no tienen acceso a grandes conocimientos, los que no cuentan en la religión del templo, se están abriendo a Dios con corazón limpio. Están dispuestos a dejarse enseñar por Jesús. El Padre les está revelando su amor a través de él. Entienden a Jesús como nadie.

Sin embargo, los «sabios y entendidos» no entienden nada. Tienen su propia visión docta de Dios y de la religión. Creen saberlo todo. No aprenden nada nuevo de Jesús. Su visión cerrada y su corazón endurecido les impiden abrirse a la revelación del Padre a través de su Hijo.

Jesús termina su oración, pero sigue pensando en la «gente sencilla». Viven oprimidos por los poderosos y no encuentran alivio en la religión del templo. Su vida es dura, y la doctrina que les ofrecen los «entendidos» la hacen todavía más dura y difícil. Jesús les hace tres llamadas.

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados». Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que sienten la religión como un peso y a los que viven agobiados por normas y doctrinas que les impiden captar la alegría de la salvación. Si se encuentran vitalmente con Jesús, experimentarán un alivio inmediato: «Yo os aliviaré».

«Cargad con mi yugo… porque es llevadero y mi carga, ligera». Es la segunda llamada. Hay que cambiar de yugo. Abandonar el de los «sabios y entendidos», pues no es ligero, y cargar con el de Jesús, que hace la vida más llevadera. No porque Jesús exija menos. Exige más, pero de otra manera. Exige lo esencial: el amor que libera y hace vivir.

«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». Es la tercera llamada. Hay que aprender a cumplir la ley y vivir la religión con su espíritu. Jesús no «complica» la vida, la hace más simple y humilde. No oprime, ayuda a vivir de manera más digna y humana. Es un «descanso» encontrarse con él.

José Antonio Pagola

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“Soy manso y humilde de corazón”. Domingo 09 de julio de 2023. Domingo 14º de tiempo ordinario

Domingo, 9 de julio de 2023
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37-OrdinarioA14Leído en Koinonia:

Zacarías 9,9-10: Mira a tu rey que viene a ti modesto
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Romanos 8,9.11-13: Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis
Mateo 11,25-30: Soy manso y humilde de corazón

La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas, administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Juda. El pueblo quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos añorados de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume esta propuesta y la lanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.

Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la justicia y su carácter pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad, no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin embargo, Israel se estrelló con la ambición de algunos grupos minoritarios y poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora. Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencias posibles y se le negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista, solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, los pobres de Yahvé no tuvieron la posibilidad de dar vida a su proyecto por falta de posibilidades económicas, de apertura política y de libertad religiosa.

El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, apasionado por hacer realidad la Utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay en él el más mínimo asomo del militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las pretensiones del imperio romano, ni del sacerdote excelso que con sus extraordinarias dotes santificadoras transformaría el Santuario de Jerusalén, ni del gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos, la violencia incontenible.

Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, valores como el pacifismo y la humildad eran urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.

Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él, era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir la alternativa, a demostrar al mundo que «otras maneras de organización eran posibles», que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas. Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga abominable y el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedir a cualquiera que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que la ‘ley del revólver’ es un destino inexorable. No podemos pedir mansedumbre a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para ‘progresar’ en la vida.

Jesús quiere una comunidad en la que los lazos de solidaridad, afecto y respeto hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del Reino. Una comunidad en la que los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones interhumanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir la vida en plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad.

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9.7.23. Venid a mí todos los cansados y oprimidos… Amor de Cristo, en forma de mujer (Dom 14 TO. Mt 11, 25-30)

Domingo, 9 de julio de 2023
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IMG_9999Del blog de Xabier Pikaza:

Este evagelio condensa el mensaje de vida y amor de Jesús, formulado en parte desde el Q (cf. Lc 10, 21-22), con elementos desarrolados por el 4º Evangelio (un aerolito caído del cielo de Juan). Pero sólo Mateo lo ha formulado en su forma actual, como centro y compendio de su mensaje.

Es un testimonio fundamental de la tradición cristiana, como indicaré evocando sus nueve aportaciones principales para explicarlas después con cierto detalle a partir de Comentario de Mateo.

| X.Pikaza

Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y aplastados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde/pequeño de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”

Nueve aportaciones:

  1. Trasfondo, contra las ciudades galileas, centradas en su poder
  2. Confesión de fe. Revelación de Dios a les pequeños (nêpioi), que no son sim más lossencillos
  3. Contra la falsa sabiduría del poder, revolución social y sapiencial de los pobres.
  4. Invitación a la vida, contra el riesgo de agotamiento, angustia de los hombres. Vivir en un mundo cansado
  5. Invitación al “alzamiento”: Levantarse, superar la carga (fortion) de la vida.
  6. Amor de Padre/Madre, primero de todos los amores
  7. Amor de mujer/persona, deseo de Dios atracción de su sabiduría “carnal” (en forma de mujer)
  8. Manso y humilde (pequeño), corazón divino de la vida humana
  9. Tomar el yugo, cargar el peso de la vida. Aprender a vivir, la única terapia

Introducción, contexto (Mt 11, 20-24)

Éste es el pasaje introductorio, el contexto en que Mateo ha introducido la revelación de Jesús. No es el evangelio de su éxito, sino de su fracaso:

11, 21 ¡Ay de ti, Corazaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en vosotras…. Y tú, Cafarnaúm ¿te vas a encumbrar quizá hasta el cielo? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.

Ésta es la amonestación más significativa que la comunidad Q (cf. Lc 10, 12-15) ha dirigido a las ciudades del entorno de Galilea por no haber recibido el evangelio. Jesús y/o sus discípulos realizaron en ellas sus signos mesiánicos, para abrir un camino de Reino, desde los más pobres, con una propuesta de cambio en la vida económica y social. Pero esas ciudades les han rechazado, de manera que Jesús (Q, Mateo) les ha emplazado ante el juicio De Dios [1].

 Estas ciudades   aparecen así comparadas con Tiro y Sidón (ejemplos de maldad proverbial) y con Sodoma, ciudad del entorno del Mar Muerto, destruida según tradición por el fuego del cielo, a causa de su intensa maldad (Gen 18). [2] En especial destaca el destino de Cafarnaúm (comparada con Babel/Sodoma), ciudad dode Jesus habitaba, pero que e no se había convertido, no había aceptado su mensaje y el de sus enviados (11, 20; cf. 10, 15). Los portadores de la misión del Q, retomada aquí por Mateo, poseen una fuerte conciencia de elección. Oponerse el mensaje de Jesús significa para ellos rechazar al mismo Dios, corriendo el riesgo de perderse.

  1. Yo te confieso Padre. La revelación de Jesús a los pequeños, pobres, aplastados (11, 25-30)

Este pasaje proviene también del Q (cf. Lc 10, 21-22) y tiene profundas resonancias joánicas, de forma que a veces se le ha visto como un aerolito caído del horizonte o entorno del cuarto evangelio e introducido en la tradición sinóptica. De todas formas, no es un texto extraño en Mateo, sino que responde bien a su trama, en el espacio de una intensa controversia de Jesús contra las ciudades galileas que no han creído en su mensaje (11, 20-24) y contra los fariseos que siguen aferrados a una forma “no misericordiosa” de entender la ley del sábado (cf. 12, 1-14).

En ese contexto, tomado del Q, Mateo ha insistido en la revelación de Dios a los pequeños, por encima de la pretendida grandeza de las ciudades galileas y de los maestros rabínicos. Mateo la introduce tras el envío de los discípulos a Galilea (Mt 10) y tras la condena de las tres ciudades (Corozaín, Betsaida, Cafarnaúm…), que han querido elevarse sobre el cielo, rechazando a Jesús y a sus enviados, como muestran las tres partes del pasaje:

Alabanza (11, 25-26).Proviene de la tradición pascual de la iglesia, que descubre y confiesa a Jesús, muerto ya y resucitado, como revelador del Padre. Pero, en su tenor original, evoca y actualiza la experiencia histórica de Jesús:

11 25 Yo te confieso, Padre, Señor de cielo y tierra, pues has ocultado esto a sabios y entendidos, y lo has revelado a los pequeños. 26 Sí, Padre, pues que esta ha sido tu voluntad [3].

 Frente a los sabios y entendidos, representados por los galileos de 11, 20-24, se sitúan ahora los pequeños (nhpi,oi), que han acogido el evangelio. Así lo descubre Jesús, y da gracias al Padre por ello. Éste ha sido su descubrimiento mesiánico: La revelación de Dios en los pequeños, y no en las orgullosas ciudades de Galilea, ni en los sabios del judaísmo rabínico.

Leído de esa forma, ese pasaje nos sitúa ante un misterio divino y una revolución hmana: la manifestación de Dios rompe la dinámica religiosa de sabiduría y grandeza de las ciudades galileas(presumiblemente orgullosas por su conocimiento de la Escritura y por su forma de entender el judaísmo). En contra de ellas, eleva Jesús, por gracia de Dios, a los pequeños que escuchan su Palabra. Frente al círculo cerrado de los sabios y entendidos (avpo. sofw/n kai. sunetw/n) que se buscan a sí mismos y se creen suficientes, ratifica el Dios de Jesús el valor de los pequeños, en gesto de admiración exultante, revelándose por ellos como Padre.

En este principio se vinculan la hondura y universalidad, la profundidad y amplitud del evangelio de Mateo, que aparece así como portador de una revelación que no “cabe” en un pueblo de grandes y sabios. Este pasaje destaca así la autoridad de Dios Padre, a quien Jesús reconoce y alaba por su acción salvadora, en la línea del Éxodo, desvelando así su Nombre originario (cf. Ex 3, 14): Kyrios/Yahvé (¡Soy el que Soy!) del cielo y de la tierra, liberador sacral de los hebreos, siendo, al mismo tiempo, Padre que acoge y eleva a los pequeños. Éstas palabras (¡pues has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos…!) deben situarse en la historia de las comunidades cristianas de Galilea, que, en un momento de conflicto, entre el 40 y 70 dC, tendieron a desligarse del movimiento de Jesús, de forma que no pudo haber una “galilea cristiana”.

La manifestación del Dios de Jesús rompe la dinámica de sabiduría representada por las ciudades galileas, presumiblemente orgullosas por su conocimiento de las Escrituras, explicadas por los maestros fariseos que empezaban a misionar en la zona, oponiéndose a los discípulos de Jesús. Pues bien, frente a los “grandes fariseos” que operan en esas ciudades, rejudaizando Galilea de un modo rabínico, eleva Jesús a los pequeños que escuchan su Palabra, mostrando así que el Kyrios/Yahvé de la tradición judía es el Padre y defensor de los pobres, por encima de una sabiduría entendida como privilegio de una Ley propia de sabios y entendidos.

 El Dios grande (justificación del orden establecido) no necesita ser Padre (en el sentido de Jesús), porque es más bien Señor, Justo Juez, responsable de un orden y justicia de talión, dando a cada uno lo suyo (de acuerdo a lo que sabe y tiene). Por el contrario, el Dios de los pequeños tiene que ser y es Padre. Fundándose en el Dios de su seguridad nacional y legal, los galileos han rechazado a Jesús, pero él alaba a Dios Padre a través de los pobres, a quienes recibe en amor, ofreciéndoles su más alto conocimiento [4].

Revelación paterno- filial (11, 27).

Ese Dios de los pequeños se define ahora como Padre de Jesús, a quien se revela en plenitud. No estamos ya ante Moisés, un hombre de gran importancia, pero que recibe y ofrece una Ley que no se identifica con él. A diferencia de eso, la verdad de Dios se identifica con el mismo Jesús, como indica esta parábola más honda del mutuo conocimiento entre Padre e Hijo. Jesús no es sabio en la línea de los maestros de las ciudades galileas, ni es prudente en la línea de los expertos rabinos, sino que es y actúa como Hijo de Dios y Revelador del Padre, manifestándose de un modo total a (y en) los pequeños.

En esa línea, el conocimiento que Jesús tiene y transmite se identifica con su ser de Hijo. No es el resultado de un estudio especial (como el de los nuevos sabios galileos), ni una comprensión mas minuciosa de la Ley, sino una experiencia de filiación, que él puede y quiere compartir con todos aquellos que le escuchan y acompañan, empezando por los pequeños. Ésta es su transformación, la más sencilla (¡volver al principio de la vida!), la más fuerte de todas.

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Mejor ser sencillo que sabio. Domingo 14 TO. Ciclo A

Domingo, 9 de julio de 2023
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imageDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Sabios y sencillos (Mateo 11,25-30)

             En aquel tiempo, exclamó Jesús:

            Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.

            Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

            Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

El pasaje de este domingo contiene una acción de gracias, una enseñanza y una invitación.

Acción de gracias. Jesús ve que la gente se divide ante él, y las cataloga en dos grupos. El de los “sabios y entendidos“, que tienen una sabiduría humana, y por eso se escandalizan de Jesús o lo rechazan. Son especialmente los escribas, que dominan las Escrituras tras muchos años de estudio; también los fariseos, muy unidos a los escribas, que siguen sus enseñanzas y se consideran perfectos conocedores de la voluntad de Dios. Pero están también los “sabios y entendidos” desde un punto de vista humano, los que se consideran capacitados para criticar a Juan Bautista y a Jesús aunque no hayan estudiado teología.

Por otra parte, está el grupo de la “gente sencilla”, sin prejuicios, a la que Dios puede revelarle algo nuevo porque no creen saberlo todo. Pescadores, un recaudador de impuestos, prostitutas, enfermos… Esta gente acepta que Jesús es el Mesías, aunque no imponga la religión a sangre y fuego; acepta que es el enviado de Dios, aunque coma, beba y trate con gente de mala fama; se deja interpelar por su palabra y enmienda su conducta. Esto, como la futura confesión de Pedro, es un don de Dios. La capacidad de ver lo bueno, lo positivo, lo que construye. Los sabios y entendidos se quedan en disquisiciones, matices, análisis, y terminan sin aceptar a Jesús.

Enseñanza. En pocas palabras tenemos un tratadito de cristología, centrado en lo que tiene Jesús y en lo que puede revelarnos. Lo que tiene, se lo ha dado el Padre. El mejor comentario se encuentra en el cuarto evangelio, donde se dice que el Padre ha dado a Jesús los dos poderes más grandes: el de juzgar y el de dar la vida. A estos dos poderes se añade aquí el de revelar al Padre. Estas personas sencillas, a través de Jesús, van a conocer a Dios como Padre, no como un ser omnipotente o un juez inexorable. Él se lo revelará, porque es el único que puede hacerlo.

Invitación. Pero esta revelación del Padre no es algo abstracto, teórico. Es un respiro para los rendidos y abrumados por el yugo de las leyes y normas que les imponen las autoridades religiosas. Los rabinos hablaban del “yugo de la Ley”, al que los israelitas debían someterse con gusto y con deseo de agradar a Dios. Pero ese yugo se volvía a veces insoportable por la cantidad de mandatos y prohibiciones, y por la idea tan cruel de Dios que transmitían. En cambio, el yugo de Jesús pone a la persona por delante de la Ley, como lo demostrarán los dos relatos inmediatamente posteriores, centrados en la observancia del sábado.

Resumen. Estos versículos contienen un dinamismo muy curioso: el Padre revela al Hijo, el Hijo revela al Padre, pero el gran beneficiado es el hombre que acoge esa revelación; se ve libre de una imagen legalista, dura, agobiante, de Dios y de la religión. Su piedad, al hacerse más divina, se hace más humana.

Un rey sencillo, pero de inmenso poder (Zacarías 9,9-10)

El hecho de que Jesús se presente como «manso y humilde» trae a la memoria la promesa de un rey «modesto, montado en un asno», anunciado por el profeta Zacarías. Estamos, probablemente, a finales del siglo IV a.C., poco después de que Alejandro Magno haya pasado por Palestina camino de Egipto. A la imagen grandiosa del monarca macedonio, montado en su caballo Bucéfalo, contrapone el profeta la imagen de un rey de apariencia modesta, montado en un burro, pero de enorme poder, capaz de llevar a cabo lo que otros profetas habían atribuido al mismo Dios: sin necesidad de ejército (destruirá los carros de guerra de Efraín y la caballería de Jerusalén, romperá los arcos de los guerreros) instaurará la paz y dominará desde el Éufrates hasta el fin del mundo. Un rey excepcional, casi divino.

Los evangelistas relacionarán este texto con la entrada de Jesús en Jerusalén. En el contexto de este domingo, pretende reforzar la imagen de un Jesús manso y humilde, que no instaura la paz en las naciones sino en los corazones.

Así dice el Señor:

Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén;

mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso;

modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. 

Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén,

romperá los arcos guerreros,

dictará la paz a las naciones;

dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.

«Te ensalzaré, Dios mío, mi rey» (Sal 144)

            El salmo elegido para este domingo reúne bien las dos lecturas. Recoge la imagen del rey, pero no destaca su poderío militar ni su dominio universal, sino su clemencia, misericordia, piedad, bondad. «Es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas». Igual que Jesús, que alivia a cansados y agobiados, el rey prometido «sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan». Por eso, la reacción que debemos tener al escuchar las palabras del evangelio es la de bendecir al Señor Jesús día tras día, por siempre.

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09 Jul Domingo XIV de Tiempo Ordinario. Ciclo A

Domingo, 9 de julio de 2023
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D-XIV

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a las sabias y entendidas y las has revelado a la gente sencilla.”

(Mt 11, 25-30)

Los evangelios no nos dicen explícitamente en ningún momento que Jesús riera o sonriera. Pero si agudizamos la vista y el oído nos encontramos con la sonrisa y la risa de Jesús.

Por ejemplo, en este fragmento del evangelio. Jesús siente la alegría y la complacencia al descubrir que la gente sencilla comprende la manera de ser de Dios. La gente humilde se abre al Reino. Jesús lo sabe y alaba al Padre. ¿Cómo?, ¡con una sonrisa en los labios!

¿Quién no se alegra cuando le sucede algo bueno? Por eso el evangelio de hoy nos ofrece la imagen de Jesús sonriente, con el rostro iluminado, compartiendo alegría con las gentes sencillas que lo están escuchando.

Y es que nos puede suceder que a fuerza de ver imágenes de Jesús en las que aparece serio, incluso en algunas parece que enfadado, acabemos olvidando que Jesús también sonreía. Se alegraba. Bendecía. Y probablemente se echaría unas risas con sus amigas y amigos.

Además, es imposible pensar que un Dios que ha creado cosas tan hermosas y es Amor, no tenga en su rostro una amplia sonrisa.

Tampoco parece muy creíble que a Jesús se le hubiera acercado mucha gente si hubiera ido por la vida con cara de pocos amigos.

Al final del evangelio de hoy Jesús invita a quienes están cansadas y agobiadas a acudir a él. Jesús quiere ser nuestro descanso y nuestro alivio. Nos ofrece su humildad y su sonrisa como lugar de nuestro descanso.

Estés como estés. Cansada o aliviada. Te invito a hacer un sencillo ejercicio. Imagínate a lo largo del día de hoy que Jesús te acompaña con su sonrisa. Cuando te acuerdes de Dios, acuérdate también de su sonrisa. Seguro que a lo largo del día acabas sonriendo más de una vez. Incluso puede que provoques alguna sonrisa.

Oración

Trinidad Santa, sonrisa compañera. Haznos imagen y semejanza de tu alegría.

 

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios ni esconde ni revela nada a nadie.

Domingo, 9 de julio de 2023
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priestelsicariodedios5

DOMINGO 14 (A)

Mt 11,25-30

En el evangelio de hoy hay tres párrafos bien definidos. El primero se refiere a Dios. El segundo, a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero, hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. Los dos primeros se encuentran también en Lucas, pero en el contexto del éxito de los 72 y la intervención del Espíritu. En la primera comunidad cristiana todos eran personas sencillas, que no podían gloriarse de nada. ¿Qué hubiera dicho Jesús después de Constantino?

Te doy gracias, Padre, porque…” Lo importante no es la acción de gracias en sí sino el motivo. Jesús no puede afirmar que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que, el Dios de Jesús no puede ser aceptado más que por la gente sencilla y sin prejuicios. Los engreídos, los sabios, tienen capacidad para crearse su propio Dios. Los “sabios y entendidos” eran los especialistas de la Ley. Su conocimiento de Dios les daba derecho a sentirse seguros, poseedores de la verdad. No tenían nada que aprender, pero eran los únicos que podían enseñar.

¿Quiénes eran los sencillos? “El “nepios” griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. No tenía capacidad de razonamientos y les faltaba la mínima preparación para desplegarla. Para la élite religiosa, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley, y por lo tanto no podían cumplirla. Los sencillos eran los “sin voz”, “la gente de la tierra”, los descartados.

Estas cosas son las experiencias de Dios que Jesús vivió y que nos quiere transmitir. No se trata de conocimiento sino de experiencia profunda. “Todo me lo ha entregado mi Padre…” Ese conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no se niegue a nadie. El error de nuestra teología fue creer que conocíamos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, ya sabíamos lo que era Jesús. El texto dice que la única manera de conocer a Dios es aproximarnos a Jesús, haciendo nuestra la experiencia de Dios que él tuvo.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. La imagen de yugo se aplicaba a la Ley, que, tal como la imponían los fariseos, era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones, además de las tradiciones que eran innumerables y sumían a la gente en la imposibilidad de cumplirlas. Para los fariseos, la Ley era lo único absoluto. Jesús dice lo contrario: “El sábado está hecho para el hombre…”. La principal tarea de Jesús es liberar al hombre de las ataduras religiosas.

Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Jesús libera de los yugos y las cargas que oprimen al hombre y le impiden ser él mismo. No propone una vida sin esfuerzo; Sería engañar al ser humano que tiene experiencia de las dificultades de la existencia. Sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. No es el trabajo exigente lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna plenitud. Lo que hagamos a favor del hombre traerá plenitud y felicidad.

Jesús propone un “yugo” pero no de opresión que vaya contra el hombre, sino para desplegar todas sus posibilidades de ser más humano. Jesús quiere ayudar al ser humano a desplegar su ser sin opresiones. El yugo y la carga serían, como el peso de las alas para el ave. Claro que las alas tienen su peso, pero si se las quitas, ¿con qué volará? El motor de un avión es una tremenda carga, pero gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones nos permiten avanzar.

Lo que acabamos de leer es evangelio (buena noticia). No hemos hecho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó totalmente este evangelio, y se recuperó “el sentido común”. Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente lo que nos dice Jesús, que nunca nos lo hemos creído. Dios no comparte con el hombre el conocimiento, sino su Vida. Sin conocer la evolución pueden disfrutar de buena salud.

Si Dios se revela a la gente sencilla, ¿Qué cauces encontramos en nuestra institución para que sean escuchados? ¿No estamos haciendo el ridículo cuando seguimos siendo guiados por los “sabios y entendidos” que se escuchan más a sí mismos que a Dios? A todos los niveles estamos en manos de expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de prohibirnos pensar por nuestra cuenta. Recordad la frase del catecismo: “doctores tiene la Iglesia…”.

Jesús no propone una religión menos exigente. Esto sería tergiversar el mensaje. Jesús no quiere saber nada de religiones. Propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda es la que puede dar sentido a la existencia, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Todo lo que nos lleve a plenitud, será ligero. Este camino de sencillez no es fácil.

Cansados y agobiados eran los que intentaban cumplir la Ley, pero fracasaban en el intento. De esa frustración abusaban los eruditos para oprimirlos. Nada ha cambiado desde entonces. Los entendidos de todos los tiempos siguen abusando de los que no lo son y tratando de convencerles de que tienen que hacerles caso en nombre de Dios. Pío IX dijo: “solo hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que tienen la obligación de obedecer”. Ningún jerarca repetiría esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa manera.

Descubramos en qué medida separamos la fe de la vida, la experiencia del conocimiento, el amor del culto, la conciencia de la moralidad. Los predicadores seguimos imponiendo pesados fardos sobre las espaldas de los fieles. Nuestro anuncio no es liberador. Seguimos confiando más en los conocimientos teológicos, en el cumplimiento de normas morales y en la práctica de ritos, que en la sencillez de sabernos en Dios. Seguimos proponiendo como meta la “Ley”, no la Vida.

La gran carencia de nuestra comunidad hoy es la falta de experiencia interior. Por esa situación nunca se podrá superar condenando a los que se atreven a discrepar de la doctrina oficial o imponiendo normas que tratan de zanjar cuestiones discutibles. Lo que hay que enseñar a los cristianos es a vivir la experiencia de Jesús. Solo ahí encontraremos la liberación de toda opresión. Solo teniendo la misma vivencia de Jesús, conseguiremos la libertad para ser nosotros mismos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Los sabios y los sencillos.

Domingo, 9 de julio de 2023
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Mt 11, 25-30

«Te doy gracias Padre porque has ocultado estas cosas…»

A Jesús le siguieron los que sintieron necesidad de él… y solo ellos participaron de la buena Noticia. Le siguieron los que se sentían rechazados por la gente respetable y abandonados por un Dios que les enviaba calamidades por sus pecados. Le siguieron los pecadores públicos, los pobres, los enfermos y lisiados, los humildes y sencillos; los que no poseían tesoros en la Tierra y no podían sentir apego por ellos.

Lo rechazaron los que no sintieron esa necesidad… y se perdieron la buena Noticia. Lo rechazaron los doctores y letrados cuya soberbia intelectual les impedía admitir nada que dijese o hiciese aquel carpintero de la impía Galilea. Lo rechazaron los sacerdotes y los poderosos que no podían permitir que nadie pusiese en riesgo su poder, los acomodados que se sentían satisfechos tal como estaban, los santos que dedicaban su vida al cumplimiento de la Ley y lo consideraron desde el principio un impostor: «Éste no es de Dios, porque…»

Y lo rechazamos nosotros, porque nuestro espíritu ilustrado nos empuja a dar mayor crédito a los dictados de nuestra razón que a las palabras de aquel carpintero que (al fin y al cabo) vivió y murió en un tiempo lejano y una región remota que nada tienen que ver con nosotros. No se trata de un rechazo generalizado, sino circunscrito a los ambientes más intelectualizados de la Iglesia. Tampoco es un rechazo frontal, sino más bien una evolución de la fe hacia posiciones selectivas, ahormadas a nuestra idiosincrasia, que poco o nada tiene que ver con aquella fe de nuestros mayores que se manifestaba en una confianza plena en Jesús.

Ya no partimos del evangelio para buscar la verdad. Partimos de una verdad que previamente hemos elaborado por nuestra cuenta, y desde esa verdad interpretamos el evangelio. El resultado es que hemos acabado poniendo en tela de juicio al Dios de Jesús, sus referencias a la vida tras la muerte y otras muchas cosas que antes se daban por supuestas. Incluso sus criterios de vida han perdido parte de su vigor, pues hemos descubierto que los podemos encontrar en otros maestros que han ofrecido su sabiduría en muchos lugares de este mundo.

No es por tanto de extrañar que hoy pongamos a Jesús en cuarentena y nos afanemos en buscar nuevos modelos distintos del suyo; que nos acerquemos al evangelio, no como quien se siente necesitado de él, sino desde esa autosuficiencia tan propia de nuestro tiempo que, por una parte, nos incapacita para penetrar en él a través de una lectura desde la fe, y por otra, nos lleva a descalificar la fe de las personas sencillas capaces de creer en Jesús sin nuestro cúmulo de cortapisas.

Es razonable pensar que son los “sabios” los que mejor conocen “la verdad”, pero leemos el texto de hoy, y vemos a Jesús dar gracias al Padre por haber revelado “estas cosas” a los sencillos y haberlas ocultado a los sabios… Y ante ello sólo tenemos dos opciones; ignorar sus palabras, o replantearnos la forma de acercarnos al evangelio, porque es probable que nos estemos perdiendo la buena Noticia; como se la perdieron los doctores de Israel.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer otro comentario sobre este evangelio publicado en fe adulta, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Ocultar y revelar.

Domingo, 9 de julio de 2023
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jezus-ci-pomozeCOMENTARIO AL EVANGELIO Mt 11, 25-30

9 de julio de 2023

Seguimos recorriendo el camino litúrgico de la mano de Mateo; este es un evangelio muy eclesial, elaborado en un momento conflictivo para recuperar la tradición de una iglesia judeo-cristiana. El peligro más potencial de la Iglesia era encerrar a Jesús en un espacio religioso centrado en Jerusalén. Posiblemente, después de tantos siglos, nos sigue resultando conocido este intento de exclusivismo religioso. Ahora bien, la gran contribución de Mateo es este relato decisivo que aporta pruebas incuestionables para mostrar y demostrar que Jesús es el Mesías; un mesianismo que recrea una nueva imagen de Dios y de ser humano. Desde esta clave, el texto que hoy nos ocupa, es una clara evidencia de este propósito.

Os invito a refrescar los versículos anteriores en los que Jesús no parece haber tenido mucho éxito con su predicación; es muy directo al expresar incomodidad porque su generación no ha aceptado el mensaje del Bautista, tampoco el suyo.  Por ello, se atreve a comenzar el relato con una plegaria de bendición, típica del judaísmo, para dejar claro cómo hay que situarse para poder aceptar y comprender su misión. No es precisamente una plegaria reconciliadora sino llena de valentía y con cierto tono provocador y polémico. Contrapone los “sabios y entendidos” frente a los “sencillos y pequeños”, es decir, las élites religiosas de Israel, rabinos y fariseos, que se indignaban por su predicación en favor de los olvidados de la sociedad y de los que buscan vivir la fe desde la simplicidad y la libertad. “Pequeño, sencillo, niño” no es lo opuesto a adulto sino a una mente compleja, racional, rígida, frente a la docilidad, naturalidad y libertad de quien vive desde lo más profundo su existencia.

Parece que Jesús maneja esta frustración conectando con su identidad más profunda, la de ser Hijo. Así continúa el relato de este evangelio. Sin la consciencia de este vínculo, Jesús sería un profeta más, un rabino, un líder socio-religioso que busca arreglar la vida de las personas. Sin embargo, la pretensión no es arreglar la vida de nadie sino revelar el espacio divino de cada ser humano, ese espacio en el que somos en autenticidad, donde la única ley es la libertad frente al yugo pesado que los maestros de la ley imponían al pueblo sencillo. La sensación que va dejando este discurso de Jesús es toda una danza entre dos acciones: ocultar y revelar.

Jesús avanza en su valentía y concluye con una invitación definiendo su liderazgo que parece ser diferente al de los “expertos”. Su liderazgo,  a diferencia de los maestros de la Ley, es más guía que no impone un yugo que aplasta sino una nueva relación que libera y conduce a una plenitud que nada tiene que ver con el fundamentalismo: Venid conmigo aquellos que os agobia vivir la fe y la vida de una manera dogmática y fanática, basada en el miedo, el pecado, la superficialidad, el concepto religioso, la ideología, las creencias impositivas,  sino una fe y una vida basada en un vínculo de filiación que no se destruye ni por el mal, ni el sufrimiento, ni la muerte, ni el pecado. Un vínculo que es descanso en medio de la montaña rusa que es la vida.

Y, por último, Jesús recupera una de las Bienaventuranzas que más evidencia una vida conectada a lo esencial: la mansedumbre. Jesús se autodefine como manso y nos aconseja vivir así. Nada tiene que ver con ser flojos, débiles, ingenuos, silenciosos. La mansedumbre no es perder el derecho a la disensión y al desacuerdo, sino vivir desde la madurez, el equilibrio, la coherencia, la fuerza interior, el ser de una pieza, pero sin violentar, sin imponer, sin pactar con lo que oculta el verdadero sentido de la vida y los verdaderos lazos que nos humanizan.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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El buen lugar de la Gratitud

Domingo, 9 de julio de 2023
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IMG_9983Domingo XIV del Tiempo Ordinario

9 julio 2023

Mt 11, 25-30

Cuando hay comprensión experiencial o profunda, la gratitud fluye. En ausencia de comprensión, únicamente podrá vivirse, en el mejor de los casos, cuando lo que acontezca resulte favorable a los intereses del yo o ego. Porque este no puede dar gracias por nada que lo frustre o que lo ponga en peligro.

La comprensión se traduce en dos certezas, que van de la mano: no somos el yo que nuestra mente piensa -con lo cual nos liberamos de su tiranía, así como de la lectura que hace de las cosas-, sino que somos uno con la totalidad, con la consciencia o la vida -con lo cual, somos situados en la aceptación profunda que culmina en la rendición a lo que es y en la gratitud incondicional-.

El yo -la mente- no solo no puede dar gracias por aquello que lo frustra; ni siquiera puede entender la gratitud en tales circunstancias. ¿Cómo dar gracias por algo que me hace mal?, ¿cómo dar gracias en una situación de injusticia flagrante?

Lo que ocurre es que, tal como se vive desde la comprensión, la gratitud no se parece en nada a lo que la mente entiende con ese nombre. Y aquí aparece una paradoja exquisita: la gratitud nace de la comprensión -solo es posible vivirla desde ahí- y, al mismo tiempo, al activarse, nos conduce precisamente a ese mismo lugar. Este es precisamente el poder de la gratitud: nos transforma por dentro, transportándonos al “lugar” de la comprensión; nos libera de la errónea consciencia de separatividad y nos sitúa en la consciencia de unidad.

Y lo que sucede en ese lugar es que se agranda nuestra mirada para poder ver en profundidad. La mente solo alcanza a ver la “superficie” de lo real, por lo que hace una lectura indefectiblemente reduccionista. La comprensión permite ver más allá, en una paradoja siempre presente.

No se da gracias por la injusticia ni por lo que hace daño. Se ve desde otro lugar, en una mirada que tiene en cuenta, no solo datos aislados -como hace la mente-, sino el tapiz completo, la totalidad en su conjunto. Visto desde ahí, caes en la cuenta de que “todo es como tiene que ser” y “todo será como tenga que ser”, aunque sin olvidar nunca la paradoja de que, en el nivel de las formas, todo es mejorable.

Pero no será la mente -la mirada mental– quien se percate de ello. La paradoja únicamente se resuelve en la comprensión no-dual, es decir, desde una mirada transpersonal o espiritual capaz de captar y de abrazar los dos polos de lo real, el plano profundo y el plano de las formas.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Cristo nos libera del yugo de la religión

Domingo, 9 de julio de 2023
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IMG_9984Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Dios es Padre.

    Cinco veces aparece en el Evangelio de hoy la expresión “Padre” para dirigirse Jesús a Dios.

    Seguramente que todas las religiones tienen un buen concepto de Dios. El Dios de Jesús, nuestro Dios es Padre…

Sin embargo, el centro de muchos modos de vivir el cristianismo no es de paternidad, ni de amor, sino que predomina la ley, la religión, lo que hemos de cumplir, lo que Dios exige para tenerle aplacado.

Al Dios de la religión no se le ama, se le teme y se procura “tenerle a raya”.

El Dios de Jesús es Padre. Es el centro del cristianismo.

02.- Padre de los sencillos, no de sabios y entendidos.

Dios es Padre especialmente de los pobres y sencillos

Jesús da gracias a Dios porque ha revelado lo que es la vida, las cuestiones decisivas de la vida a la gente sencilla, a los pequeños.

Los sabios y entendidos, (los “enterados”) tienen un tono de prepotencia y altanería. Hay gente que cree saberlo todo, entienden de todo, mandan en todo: lo mismo da en política, que en economía, que en las intrigas eclesiásticas o en la vida cotidiana. Muchos líderes viven con un gran complejo de superioridad y altanería.

Puede que tengan poder, dinero, ciencia, cargos, pero solamente tienen eso: dinero y poder, pero no sabiduría.

Son los sencillos, los pequeños los que tienen esa “sabiduría silenciosa” propia del pobre y del humilde. Es una sabia ignorancia. Son los sencillos los que tienen la mirada limpia, el corazón y las intenciones honradas y saben escuchar.

Cuántas personas son sencillas en la vida: en la familia, en la vida comunitaria y monacal, en el trabajo, en las misiones, en las aulas, en el cuidado de ancianos, enfermos, etc…

03.- Entre cansancios y canseras.

En muchos momentos la vida está embargada por “cansancios o canseras” (o por los dos).

Por mil motivos y circunstancias a veces a uno le pesa y le cansa la existencia.

El cansancio es producido por el trabajo, por el esfuerzo. Y tiene una solución más o menos sencilla: el descanso, algunos días de vacaciones, la alimentación, el sueño…

La cansera es más sutil y nos afecta más íntimamente. La cansera afecta a lo más profundo del alma. La cansera se produce cuando una situación personal, laboral, o el yugo eclesiástico o religioso o político, cansan, desmoralizan y hieren el alma.

04.- El yugo del que JesuCristo nos libera. [1]

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón… Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. (Evangelio).

    ¿Cuál es la carga de la que Cristo nos libera?

¿Cuál es el yugo llevadero y la carga ligera de Jesús? ¿Por qué Él y sólo Él puede dar descanso a nuestra alma?

El ser humano se ve agobiado por el yugo de la religión: de la norma, de la ley, del dogma o la doctrina, del rito, del poder…

Jesús nos libera del penoso y pesado yugo de la casuística leguleya religiosa judía (AT), que siempre se hace presente en la historia de la Iglesia, como un constante Guadiana.

Cristo nos libera de este yugo, que causa el “esquema religioso“.

La carga de la que nos quiere liberar es la carga de la religión, es decir, del yugo de la ley, impuesto en su tiempo al pueblo por los maestros religiosos, por los hombres sabios e inteligentes, como Él los llamaría con palabras nuestras, por los escribas y fariseos, como habitualmente les llamamos. [2]

El yugo de Jesús es amable, libre y liberador, es el amor.

El yugo de Jesús está por encima de toda religión. Lo que les invita a aprender de Él es la victoria sobre la ley de los sabios y de los inteligentes, y la ley de los escribas y fariseos. [3]

También nosotros vivimos bajo la ley, bajo una ley que es religión y bajo una religión que es ley.

La ley de la religión es el gran esfuerzo del hombre por domeñar su angustia, su desasosiego y su desesperación.

Mucha gente de tradición cristiana vive todavía bajo el peso de la ley de la religión con su carga de culpabilidad, pecado, condenación, legalismo

La ley religiosa exige que el hombre acepte unas ideas y unos dogmas, que crea en determinadas doctrinas y tradiciones, cuya aceptación le garantizan su salvación de la angustia del desespero y de la muerte. Entonces el hombre procura aceptar todas esas cosas, aunque tal vez se le hayan hecho extrañas y dudosas. Bajo la exigencia religiosa, trabaja y se fatiga para creer cosas en las que ya no puede creer. Finalmente, intenta huir de la ley de la religión. [4]

Jesús nos libera del yugo de la religión. El yugo de Cristo es liberador. El yugo de Jesús es suave, su carga ligera porque es libertad (el hombre es anterior a la ley) y es amor.

Cuando experimentamos esta presencia suave de Jesús en nosotros, nos sentimos inmersos en una paz profunda que es superior infinitamente a la pequeña satisfacción del cumplimiento de la ley.

Jesús no es el creador de una religión, sino el vencedor de toda religión. Jesús nos libera de toda religión: en Jesús dominamos el desasosiego de la existencia.

Los maestros religiosos nos llaman a la religión. El cristianismo nos llama al Nuevo Ser. En Jesús, el Nuevo Ser,  la Verdad y el Bien nos han asido. Jesús nos llama.

Cuando oigáis la llamada de Jesús, olvidad todas las doctrinas cristianas, olvidad vuestras propias convicciones y vuestras dudas particulares. Si alguna vez Le seguís, olvidad toda la moral cristiana, vuestros logros y vuestras dudas particulares. Nada se os pide -ninguna idea de Dios, ninguna bondad especial propia, ni que seáis religiosos, ni que seáis cristianos, ni siquiera que seáis sabios, ni que os atengáis a una moral. Lo que se os pide es tan sólo que os abráis a lo que se os da y que queráis aceptarlo: al Nuevo Ser, el ser de amor, de justicia y de verdad que se manifiesta en Aquel cuyo yugo es llevadero y cuya carga es ligera. [5]

05.- Venid a mí todos los que estáis cansados de la vida, que yo os aliviaré.

Cargad con mi yugo, que es suave y mi carga ligera y encontraréis descanso. Cristo no se refiere a que “su religión” es una “buena oferta” en el supermercado de las muchas religiones; no se refiere a que el cristianismo sea una religión de “manga ancha” en la que todo fuese más fácil y llevadero. Más bien hace referencia a que el encuentro con Cristo -expresión y revelación de Dios Padre- es descanso, calma en la vida, en la ley, en el pecado y en la muerte.

El encuentro con Cristo, con el Mesías manso y humilde que viene humilde y modestamente, ese encuentro produce paz, serenidad y calma en la vida, en lo más hondo de la existencia humana.

Los problemas en la vida seguirán. El mal y el pecado, la enfermedad, las dictaduras de todo tipo seguirán, el sufrimiento, la muerte harán siempre buena carrera y nos harán sufrir, pero no nos angustiarán, no nos agobiarán, porque vivimos en la libertad y el amor de Dios Nada te turbe, nada te espante, solo Dios basta.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré.

[1] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 149-161. Este texto lo escogió Tillich para su confirmación.

[2] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 152.

[3] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 152.

[4] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 153.

[5] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 160.

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