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Archivo para Domingo, 26 de junio de 2022

¿Inquieto?… “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.”

Domingo, 26 de junio de 2022

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Corral de muertos, entre pobres tapias,
hechas también de barro,
pobre corral donde la hoz no siega,
sólo una cruz, en el desierto campo
señala tu destino.
Junto a esas tapias buscan el amparo
del hostigo del cierzo las ovejas
al pasar trashumantes en rebaño,
y en ellas rompen de la vana historia,
como las olas, los rumores vanos.
Como un islote en junio,
te ciñe el mar dorado
de las espigas que a la brisa ondean,
y canta sobre ti la alondra el canto
de la cosecha.
Cuando baja en la lluvia el cielo al campo
baja también sobre la santa hierba
donde la hoz no corta,
de tu rincón, ¡pobre corral de muertos!,
y sienten en sus huesos el reclamo
del riego de la vida.
Salvan tus cercas de mampuesto y barro
las aladas semillas,
o te las llevan con piedad los pájaros,
y crecen escondidas amapolas,
clavelinas, magarzas, brezos, cardos,
entre arrumbadas cruces,
no más que de las aves libres pasto.
Cavan tan sólo en tu maleza brava,
corral sagrado,
para de un alma que sufrió en el mundo
sembrar el grano;
luego sobre esa siembra
¡barbecho largo!
Cerca de ti el camino de los vivos,
no como tú, con tapias, no cercado,
por donde van y vienen,
ya riendo o llorando,
¡rompiendo con sus risas o sus lloros
el silencio inmortal de tu cercado!
Después que lento el sol tomó ya tierra,
y sube al cielo el páramo
a la hora del recuerdo,
al toque de oraciones y descanso,
la tosca cruz de piedra
de tus tapias de barro
queda, como un guardián que nunca duerme,
de la campiña el sueño vigilando.
No hay cruz sobre la iglesia de los vivos,
en torno de la cual duerme el poblado;
la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño
de los muertos al cielo acorralados.
¡Y desde el cielo de la noche, Cristo,
el Pastor Soberano,
con infinitos ojos centelleantes,
recuenta las ovejas del rebaño!
¡Pobre corral de muertos entre tapias
hechas del mismo barro,
sólo una cruz distingue tu destino
en la desierta soledad del campo!

*

Miguel de Unamuno
En un cementerio de lugar castellano

***

La inquietud es cosa de los paganos, que no creen, que confían en su fuerza y su trabajo, y no en Dios. Todo el que se preocupa es pagano, porque no sabe que el Padre conoce todo o que necesita. Por eso quiere hacer por sí mismo lo que no espera de Dios. Más, para el que sigue a Jesús, la frase válida es: «Buscad primero el Reino y su justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura». Con esto queda claro que la inquietud por el alimento y el vestido está lejos de ser inquietud por el Reino de Dios, tal como nos gustaría pensar, como si el cumplimiento de nuestro trabajo por nosotros y nuestra familia, como si nuestra inquietud por el pan y la vivienda, constituyesen la búsqueda del Reino de Dios, como si esta búsqueda sólo se realizase en medio de tales inquietudes.

El seguidor de Jesús, después de una larga vida de discípulo, responderá a la pregunta: «¿Os ha faltado algo alguna vez?» diciendo: «Nunca, Señor». ¿Cómo podría faltarle algo a quien, en el hambre y la desnudez, la persecución y el peligro, está seguro de la comunión con Jesucristo?

*

Dietrich Bonhoeffer,
El precio de la gracia. El seguimiento,
Sígueme, Salamanca 1999, pp. 117-118.

***

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:

“Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”

Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno:

“Te seguiré adonde vayas.”

Jesús le respondió:

“Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.”

A otro le dijo:

“Sígueme.”

Él respondió:

“Déjame primero ir a enterrar a mi padre.”

Le contestó:

“Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.”

Otro le dijo:

“Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.”

Jesús le contestó:

“El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.”

*

Lucas 9, 51-62

***

 

La caridad no es, en primer lugar, el amor al prójimo o el amor a Dios: es esa situación objetiva de estar en comunión, en alianza, que se desarrolla después en todas las relaciones, en todas las situaciones, en todas las exigencias que constituyen la existencia de un hombre. Por eso, desde el punto de vista cristiano, no hay una alternativa entre la comunión con Dios y la comunión con el prójimo; lo que hay más bien es la necesidad de dejarse prender, de dejarse «herir» por todas las exigencias de esta comunión y no darla ni como absolutamente obvia, considerándola como un dato de hecho para quien se ocupa de otras cosas, ni dejarla sin significado, como si el significado consistiera más bien en hacer esto o lo otro, en comprometerse con ésta o con aquella otra situación […]. Así pues, no existe el hombre y un montón de modos de entrar en comunión con las personas; existe el hombre definido por esta comunión, que asume el modo auténtico de vivir y traducir todas las relaciones; o sea, que asume el modo de Jesucristo. Es como decir que existe un modo auténtico de vivir, de asumir la vida y la muerte, de sufrir, de gozar, de amar, de obrar, de hablar, de actuar, de comprometerse, de callar: y este modo es el de Jesucristo.

*

G. Moioli,
Va’ dai miei fratelli (Gv 20,17),
Milán 1996, pp. 39ss.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“Un Cristianismo de seguimiento”. 13 Tiempo ordinario – C (Lucas 9, 51-62)

Domingo, 26 de junio de 2022

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En tiempos de crisis es grande la tentación de buscar seguridad, volver a posiciones fáciles y llamar de nuevo a las puertas de una religión que nos «proteja» de tanto problema y conflicto.

Hemos de revisar nuestro cristianismo para ver si en la Iglesia actual vivimos motivados por la pasión de seguir a Jesús o andamos buscando «seguridad religiosa». Según el conocido teólogo alemán Johann Baptist Metz, este es el desafío más grave al que nos enfrentamos los cristianos en Europa: decidirnos entre una «religión burguesa» o un «cristianismo de seguimiento».

Seguir a Jesús no significa huir hacia un pasado ya muerto, sino tratar de vivir hoy con el espíritu que le animó a él. Como ha dicho alguien con ingenio, se trata de vivir hoy «con el aire de Jesús» y no «al viento que más sopla».

Este seguimiento no consiste en buscar novedades ni en promover grupos de selectos, sino en hacer de Jesús el eje único de nuestras comunidades, poniéndonos decididamente al servicio de lo que él llamaba reino de Dios.

Por eso, seguir a Jesús implica casi siempre caminar «a contracorriente», en actitud de rebeldía frente a costumbres, modas o corrientes de opinión que no concuerdan con el espíritu del Evangelio.

Y esto exige no solo no dejarnos domesticar por una sociedad superficial y consumista, sino incluso contradecir a los propios amigos y familiares cuando nos invitan a seguir caminos contrarios al Evangelio.

Por eso, seguir a Jesús exige estar dispuestos a la conflictividad y a la cruz. Estar dispuestos a compartir su suerte. Aceptar el riesgo de una vida crucificada como la suya, sabiendo que nos espera resurrección. ¿No seremos capaces de escuchar hoy la llamada siempre viva de Jesús a seguirlo?

José Antonio Pagola

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“Te seguiré adonde vayas.” Domingo 26 de junio de 2022. Domingo 13º ordinario

Domingo, 26 de junio de 2022

38-ordinarioC13 cerezoLeído en Koinonia:

1Reyes 19, 16b. 19-21: Eliseo se levantó y marchó tras Elías.
Salmo responsorial: 15: Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.
Gálatas 5, 1. 13-18: Vuestra vocación es la libertad.
Lucas 9, 51-62: Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas.

Narra la vocación de un profeta, Eliseo. Es un rico campesino. Estaba arando su finca con doce yuntas de bueyes cuando lo encuentra Elías. Éste le echa encima su manto y con esto adquiere sobre él como cierto derecho. Eliseo no sabe negarse; sacrifica la pareja de bueyes con que araba, abandona su familia y se pone al servicio de Dios. Se dan en el caso de Eliseo las condiciones de una vocación especial: llamada de Dios, respuesta a la llamada, ruptura con el pasado y nuevo género de vida al servicio de su misión.

Nunca como hoy el ser humano ha sido tan sensible a la libertad; el ser humano prefiere la pobreza y la miseria antes que la falta de libertad. Pablo dice con relación a este tema: el cristiano es libre: la vocación cristiana es vocación a la libertad, esta libertad nos la conquistó Cristo; la libertad se expresa y alcanza su plenitud en el amor; ante el peligro de que muchos seres humanos caigan en el libertinaje so pretexto de libertad, Pablo les advierte que la verdadera libertad, la que viene del Espíritu, libera de la esclavitud de la carne y del egoísmo.

El tema fundamental del evangelio es la presentación de tres vocaciones. Lucas las coloca en el marco del viaje de Jesús y sus discípulos hacia Jerusalén. Jesús, al que quiere seguirle le exige: despego de los bienes y comodidades materiales, pues el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar su cabeza; llamamiento de Dios; ruptura con el pasado y el presente, incluso con la propia familia, y seguimiento. Todo esto para que el discípulo quede libre y disponible para poder anunciar el Reino de Dios.

Las lecturas de hoy tienen un tema común: las exigencias de la vocación. En ellas descubrimos cómo subyace la necesidad del desprendimiento, de la renuncia, del abandono de las cosas y personas como exigencia para seguir a Jesús. Por eso, no existe respuesta a la llamada para ponerse al servicio del Reino de Dios, en aquellos que anteponen a Jesús sus condiciones o intereses personales.

El Evangelio nos dice que el desprendimiento exigido por Jesús a los tres candidatos a su seguimiento, es radical e inmediato. Se tiene, incluso, la impresión de una cierta dureza de parte de Jesús. Pero todo está puesto bajo el signo de la urgencia. Jesús ha iniciado “el viaje hacia Jerusalén”. Esta “subida” interminable (que ocupa 10 capítulos en el evangelio de Lucas) no se encuadra en una dimensión estrictamente geográfica, sino teológica: Jesús se encamina decididamente hacia el cumplimiento de su misión.

El viaje de Jesús a Jerusalén no es un viaje turístico. El maestro exige a los discípulos la conciencia del riesgo que comparte esa aventura: “la entrega de la propia vida”.

Se diría que Jesús hace todo lo posible para desanimar a los tres que pretenden seguirle a lo largo del camino. Parece que su intención es más la de rechazar que la de atraer, desilusionar más que seducir. En realidad, él no apaga el entusiasmo, sino las falsas ilusiones y los triunfalismos mesiánicos. Los discípulos deben ser conscientes de la dificultad de la empresa, de los sacrificios que comporta y de la gravedad de los compromisos que se asumen con aquella decisión.

Por tanto, «seguir a Jesús en radicalidad» exige:

– Disponibilidad para vivir en la inseguridad: “No tener nada, no llevar nada”. No se pone el acento en la pobreza absoluta, sino en la itinerancia. El discípulo lo mismo que Jesús, no puede programar, organizar la propia vida según criterios de exigencias personales, de “confort” individual.

– Ruptura con el pasado, con las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que atan y generan la muerte. Es necesario que los nuevos discípulos miren adelante, que anuncien el Reino, para que desaparezca el pasado y viva el proyecto de Jesús.

– Decisión irrevocable. Nada de vacilaciones, nada de componendas, ninguna concesión a las añoranzas y recuerdos del pasado, el compromiso es total, definitivo, la elección irrevocable.

Hoy como ayer, Jesús sigue llamando a hombres y mujeres que dejándolo todo se comprometen con la causa del Evangelio y, tomando el arado sin mirar hacia atrás, entregan la propia vida en la construcción de un mundo nuevo donde reine la justicia y la igualdad entre los seres humanos.

Por otra parte, observamos una nota de tolerancia y paciencia pedagógica en el evangelio de hoy. Un celo apasionado de los discípulos es capaz de pensar en traer fuego a la tierra para consumir a todos los que no acepten a Jesús… Llevados por su celo no admiten que otros piensen de manera diversa, ni respetan el proceso personal o grupal que ellos llevan. Jesús «les reprocha» ese celo. Simplemente marcha a otra aldea, sin condenarlos y, mucho menos, sin desear que les caiga fuego.

El seguimiento de Jesús es una invitación y un don de Dios, pero al mismo tiempo exige nuestra respuesta esforzada. Es pues un don y una conquista. Una invitación de Dios, y una meta que nos debemos proponer con tesón. Pero sólo por amor, por enamoramiento de la Causa de Jesús, podremos avanzar en el seguimiento. Ni las prescripciones legales, ni los encuadramientos jurídicos, ni las prescripciones ascéticas pueden suplir el papel que el amor, el amor directo a la Causa de Jesús y a Dios mismo a través de la persona de Jesús, tiene que jugar insustituiblemente en nuestras vidas llamadas.

Una vez que ese amor se ha instalado en nuestras vidas, todo lo legal sigue teniendo su sentido, pero es puesto en su propio lugar: relegado a un segundo plano. «Ama y haz lo que quieras», decía san Agustín; porque si amas, no vas a hacer «lo que quieras», sino lo que debes, lo que el Dios amado espera de ti. Es la libertad del amor, sus dulces ataduras.

Una homilía para la celebración de hoy también podrá enfocarse desde el núcleo de la libertad religiosa. Jesús no acepta la intolerancia de los discípulos, que quisieran imponer a fuego la aceptación a su maestro. Y Pablo nos recuerda la vocación universal (de los cristianos y de todos los humanos, y de todos los pueblos) a la libertad, a vivir sin coacción su propia identidad, su propia cultura, su propia religión… El Vaticano II tomó decisiones históricas respecto a la libertad religiosa. Las posiciones de “cristiandad”, de unión con el poder político, no son conformes con el evangelio. Y todo ello exige de los cristianos unas actitudes nuevas desde el fondo de nuestro corazón. Leer más…

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26.6.22. La mano en el arado, sin echar la vista atrás (Lc 9, 51-62. Dom 13 Ciclo C)

Domingo, 26 de junio de 2022

Scene 07/53 Exterior Galilee Riverside; Jesus (DIOGO MORCALDO) is going to die and tells Peter (DARWIN SHAW) and the other disciples this not the end.Del blog de Xabier Pikaza:

Volvemos al tiempo ordinario, Dom 13, Ciclo C, con una lectura esencial del evangelio de Lucas: (a) Jesús toma la decisión de proclamar el reino, subiendo a Jerusalén. (b) y lo hace de un modo “pacífico, sin luchar contra pueblos  o grupos que no le reciben. (c) Lucas desarrolla, en esa lìnea, en cuatro pasajes ejemplares la nueva tarea   de sus discípulos, trazando así la ruptura que exige su compromiso de reino.

Este evangelio parece escrito para nuestro tiempo: y define la necesidad de cambio radical de nuestra iglesia, año 2022, en un camino que parece vinculado al Papa Francisco, pero que encuentra grandes resistencias en otros llamados “discípulos, que en vez de seguir el camino de Jesús parecen seguir el camino de aquellos a quienes el evangelio presenta como opuestos a Jesús.

| X Pikaza Ibarrondo

Lectura: Lucas 9, 51-62

Introducción: (Éxodo o subida de Jesús: Cuando se cumplieron lo días de su éxodo o subida ) Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de su ascenso (subida), Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

  1. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”. Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
  2. Mientras iban de camino, le dijo uno: “Te seguiré adonde vayas. “Jesús le respondió: “Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.”
  3. A otro le dijo: “Sígueme. “Él respondió: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre.” Le contestó: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.”
  4. Otro le dijo: “Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. “Jesús le contestó: “Quien pone la mano en el arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.”

Introducción

El evangelio de Lucas se divide en dos partes centrales: (a): Actividad de Jesús en Galilea, con su mensaje y proyecto de Reino: Lc 4, 14–9, 50). (b) Ascenso o subida a Jerusalén para iniciar el reino: Lc 9, 51-19, 27).

La segunda parte comienza con una “introducción solemne”: “cuando se cumplieron los días de su ´éxodo o subida”,  esto es, los días de su gran salida, de su “salida” radical, de su ascenso a Jerusalén…

Actualmente (2022), por decisión del Papa Francisco, retomando el motivo de la salida/subida del Concilio Vaticano II, la iglesia católica puede y debe asumir y desarrollar los  cuatro elementos esenciales de esta salida/subida (que han sido en parte también desarrollados por  Mt 8, 18-22, siguiendo el esquema del Documento Q, el más antiguo de los textos escritos sobre el evangelio). S sus cuatro elementos esenciales marcan la tarea esencial de la Iglesia en este año 2022.

  1. Camino Zebedeo. Quieren extender o defender el Reino con “fuego” del cielo:

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: “Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?”. Él se volvió y les regañó: No sabéis de qué espíritu sois (D k etc.). Y se marcharon a otra aldea (Lc 9, 62-569.

             Santiago y Juan, zebedeos “ejemplares”, de  gran autoridad  en la iglesia quieren defender (e imponer su reino) realizando (imponiendo)r el camino de Jesús de un modo violento, a modo de cruzada militar, a sangre y fuego, en contra del espíritu de Jesús. Éstos los celotas de Jesús, los “cruzados”, gerreros o guerrilleros de Cristo, que quieren defender el evangelio apelando a la violencia, a las guerras santas, a las inquisiciones y dictados letales… Sigue habiendo en la iglesia muchos antiguos o nuevos “zebedeos”, que pueden tener “razón política” en plano de democracia impositiva, pero que son contrarios al evangelio.

¿Hay una iglesia que quiere extender su poder con fuego del cielo? ¿con cruzadas, con imposiciones legale, con formas de dominaciòn sagrada?

 2. Los zorros tienen madigueras, las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre…

D3F9F427-5091-449A-B1AA-B82F185E891DAlguien (Mt: un escriba) le dijo mientras iban de camino,: ¡Te seguiré dondequiera que vayas!Jesús le dijo: Los zorros tienen madrigueras y las aves del cielo nidos;     pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza (Lc 9, 57-58; Mt 8, 18-20). Éstos son los que buscan en Jesús un tipo de seguridad, prestigio y mando. Ponen el evangelio al servicio de sus propios intereses.

            El aspirante, a quien el paralelo de Mt define certeramente como escriba, busca poder. Parece que o tiene y quiere mantenerlo, ofreciéndose a Jesús como experto, intérprete del Libro, con un mando especial sobre los otros..

 Un escriba es hombre de honor en el judaísmo sinagogal: tiene un buen puesto y espera mantenerlo con Jesús, volviéndose autoridad mesiánica: los discípulos de un buen maestro destacan por su sabiduría y conocimiento, como supone la Misná (Abot) y como ratifica la misma iglesia que honra a sacerdotes y doctores. Pero Jesús separa honor y seguimiento, evocando probablemente un refrán: “los zorros tienen madrigueras…”.

            Los animales buscan y obtienen posesión-seguridad dentro del mundo, según principios cósmicos que reflejan la providencia de Dios, como el mismo Jesús sabe: “no os preocupéis…, mirad los pájaros del cielo” (Mt 6, 25-35 par). Sus discípulos, en cambio, deben superar ese nivel de seguridad y autoridad (poder) sobre los otros, abriendo un espacio distinto de comunicación, más allá de los esquemas de poder de las instituciones de este mundo. Jesús no necesita la autoridad de los escribas.

¿Hay una iglesia donde algunos (jerarcas o no) buscan nichos de poder, una iglesia para “medrar y dominar, para imponerse y lograr autoridad social sobre otros?

3. Deja que los muertos entierren a sus muertos

 (Jesús) dijo a otro: Sígueme. Pero él otro dijo: Señor, permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre. Él le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos.   Y tú ¡vete y anuncia el reino de Dios! (Lc 9, 59-60; Mt 8, 21-22)[1].

La tradición sinóptica sabe que el discípulo de Jesús debe ayudar a los padres necesitados (cf. Mc 7, 8-13; Mt 15, 3-6). Pero aquí, asumiendo una tradición de Jesús, el evangelio ha contrapuesto provocadoramente autoridad del reino y padre patriarcal. “Enterrar al padre” es más que un ritual funerario: es aceptar su autoridad, descubrirle como signo de Dios en un mundo jerárquicamente organizado, seguir al servicio de las leyes patriarcales. Jesús responde, en cambio:  Deja que los muertos entierren a sus muertos…  No ha venido a ratificar un tipo de autoridad patriarcal, sino a ofrecer a todos un camino de reino, en contra de un patriarcalismo clerical, masculino.

El padre patriarcal como fuente de poder social y religioso pertenece al mundo antiguo, al espacio de cosas que mueren (=de los muertos). Allí donde esa autoridad se impone no hay lugar para el reino: triunfa la genealogía de los poderes establecidos, triunfan los intereses cerrados del grupo que se sostienen y apoyan entre sí…, creando un mundo de influjos y poderes que excluye a los más pobres, es decir, los marginados, leprosos, enfermos, hijos ni familia, mujeres . Por eso, quedarse a enterrar al padre supone seguir cultivando ese mundo de exclusiones y “clases”, de autoridades impositivaa y jerarquías superiores, con una autoridad genealógica y familiar por encima de todos. Ese es un mundo que se reproduce para la muerte. Por eso, hay que dejar que los muertos entierren a sus muertos.

Tú, vete y anuncia el reino de Dios. Ciertamente, el reino incluye cariño gratuito y cuidado de los necesitados. Pero, precisamente por ello, rompe la estructura patriarcal, basada en el orgullo grupal (buenos padres, buenas familias) y en la nobleza genealógica, que la tradición posterior del cristianismo (de los códigos familiares de Col, Ef y 1 Ped a las pastorales) ha vuelto a sacralizar de alguna forma. Precisamente para anunciar el reino hay que superar ese padre patriarcal, descubriendo y cultivando la presencia de un Dios no patriarcal, cuyo amor se  abre hacia todos los necesitados y excluidos, que no tienen un padre que pueda defenderles. Así pasamos de padre encerrado en un talión intra-grupal (de familia autosuficiente) al Padre de la gratuidad universal, superando los esquemas elitistas de la tierra.

¿Vivimos de enterrar muertos, de mantener privilegios, de guardar ventajas anteriores? ¿Somos una iglesia de sepultureros más que de resucitados?

 4. Quien ha puesto la mano en el arado y sigue mirando atrás….

A7B9BB9D-DFEF-4FB2-94CE-8CCEAE3B0CBBOtro le dijo también: Te seguiré, Señor, pero primero permite que me despida de los de mi casa.Pero Jesús le dijo: Ninguno que ha puesto su mano en el arado y sigue mirando atrás,   es apto para el reino de Dios (Lc 9, 61-62).

             Esta unidad resume y amplía los tres  anteriores. Sabemos que el seguidor de Jesús no puede apelar a ninguna ventaja social (el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza: Lc 9, 58) ni familiar (no puede enterrar a su padre: Lc 9, 60), sino que debe recorrer hasta el fin su camino de Reino mantener su opción de un modo consecuente, en experiencia de nuevo nacimiento, sin poner la mano en el arado y seguir mirando atrás…, queriendo al mismo tiempo alcanzar la novedad del Evangelio, pero mirando hacia atrás, queriendo conservar los poderes jerárquicos antiguos, propio de una iglesia que emplea la violencia (tema 1), busca el poder (tema 2), sacraliza las tradiciones de poder patriarcal (entierra con honor s sus murtos: tema 3) y quiere ir adelante mirando hacia atrás.

 ¿Hemos puesto la mano en el arado… pero seguimos mirando siempre hacia un pasado muerto…? La iglesia actua, año 202 ¿vive miranal pasado. ¿Cómo puede abrir surco si no mira hacia el futuro de la nueva humanidad, del Reino de Cristo?

 Nota

[1] No precisamos las variantes de Mt (que sitúa el pasaje en clave de llamada) y Lc (contexto de subida a Jerusalén). En ambos casos, el motivo es claro, como han destacado M. Hengel (Seguimiento y Carisma) y E. P. Sanders (Jesus and Judaism). Tanto la cultura oriental y grecorromana como el judaísmo tomaban al padre como autoridad suprema, de manera que enterrarle (cuidarle, mantenerle y  reconocer su poder) constituía el primer deber social y religioso.

 

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Rechazo y seguimiento. Domingo 13 Tiempo Ordinario. CICLO C

Domingo, 26 de junio de 2022

Eliseo arando bueyesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Volvemos al tiempo ordinario, con un tema de enorme importancia y actualidad: la vocación a seguir a Jesús.

La vocación de Eliseo (Primer libro de los Reyes 19, 16b. 19-21)


            En aquellos días, el Señor dijo a Elías:

            Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén.

            Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió:

            Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.

            Elías le dijo:

            Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?

            Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

            Todo empieza con una orden de Dios a Elías: ungir como profeta a Eliseo. La unción, que se hacía derramando aceite sobre la cabeza, era típica de los reyes, y este es el único caso que recuerdo de la unción de un profeta. En la mentalidad mediterránea antigua, el aceite no solo era bueno para la comida; también se le atribuían cualidades curativas (por eso se ungía a los enfermos) y religiosas (la unción simboliza una relación especial con Dios).

            Elías cumple la orden, pero sin cumplirla. Va en busca de Eliseo, que debía ser hijo de un multimillonario porque está arando con doce yuntas de bueyes. En vez de ungirlo, le echa su manto por encima. Es la única vez que menciona la Biblia este gesto, pero debía ser conocido, porque Eliseo, después de un momento de desconcierto (que no se cuenta, pero se supone), sale corriendo detrás de Elías y se muestra dispuesto a seguirle. Sólo pone una condición: despedirse de sus padres.

            A Eliseo le parece una petición lógica, y se la concede. Pero la despedida no consiste en dar un beso a los padres. Es algo más solemne e incluye a toda la familia: mata la yunta de bueyes y organiza un asado para toda su gente. Sin prisas, porque unos bueyes no se matan en cinco minutos, ni la carne se prepara en un cuarto de hora, ni se come todo en un rato. Cuando termina la despedida, que pudo durar uno o varios días, Eliseo marcha con Elías y se pone a su servicio.

Rechazo y seguimiento (Lucas 9, 51-62)

            El fragmento elegido para este domingo consta de cuatro escenas muy breves. Las tres últimas están relacionadas por el tema del seguimiento de Jesús; la primera habla de lo contrario: el rechazo.

            Escena 1: el rechazo de los samaritanos

            Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron:

            ‒ Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?

            Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

            Samaritanos y judíos se odiaban desde el siglo X a.C., cuando el norte se separó del sur después de la muerte de Salomón. Pero el dinero es el dinero. Y los samaritanos actuaban del modo siguiente: a los galileos que atravesaban su territorio camino de Jerusalén no les vendían nada; pero en el viaje de vuelta a Galilea ya no había problema en venderles lo que necesitaran, pagándolo adecuadamente (es lo que ocurre en el evangelio de Juan, cuando los discípulos van a comprar pan al pueblo mientras Jesús habla con la samaritana).

            Como Jesús y los discípulos se dirigen a Jerusalén, es normal que no los reciban. Pero Santiago y Juan, que debían pasarse el día tronando (Jesús les puso de mote “los hijos del trueno”), le proponen vengarse haciendo que caiga un rayo del cielo y los consuma. Esta reacción, que nos resulta tan desproporcionada y extraña, se comprende recordando una tradición del profeta Elías. Una vez, el rey de Israel mandó un capitán con cincuenta soldados para que le dijese: “Profeta, el rey te manda que vayas a verlo”. Elías respondió: “Si soy profeta, que caiga un rayo y te mate a ti con tus hombres”. Y así ocurrió. El rey repite la orden con otro capitán y otros cincuenta soldados, que quedan tan chamuscados como los primeros. En el tercer intento, el capitán no ordena nada; se arrodilla ante el profeta y le suplica que perdone su vida y la de sus acompañantes. Elías accede y va a visitar al rey. La moraleja de este relato es que el profeta merece el máximo respeto; y quien no lo respete merece que lo mate un rayo caído del cielo. Así piensan Santiago y Juan. Jesús, el gran profeta, merece todo respeto; si los samaritanos no lo reciben, que caiga un rayo y los parta.

            Jesús, que supera a Elías en poder, lo supera también en bondad y ve las cosas de manera muy distinta. Lucas termina diciendo: Él se volvió y les regañó. ¿Cómo les regañó? ¿Qué les dijo? Algunos textos posteriores ponen en boca de Jesús estas palabras: “No sabéis a qué espíritu pertenecéis”, es decir, “no tenéis ni idea de cuál es mi forma de pensar y de sentir”. Y se marcharon a otra aldea.

            Es una pena que este texto, exclusivo de Lucas (no se encuentra en Marcos ni Mateo), no lo tuvieran en cuenta los que instituyeron la Inquisición, que es una forma de defender a Jesús mediante el fuego.

            Al rechazo de los samaritanos se contraponen tres casos de seguimiento. En dos ocasiones, el individuo se ofrece; en otra, es Jesús quien lo pide. En las tres queda clara la forma de vida tan dura de Jesús y de sus seguidores.

Escena 2ª: uno se ofrece a seguir a Jesús

Mientras iban de camino, le dijo uno:

            ‒ Te seguiré adonde vayas.

Jesús le respondió:

            ‒ Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

            La iniciativa parte del individuo, no de Jesús. Éste parece desanimar, subra­yando su pobreza y vida dura. No imagine que el segui­miento será fácil y coronado por el éxito humano.

            Escena 3ª: Jesús invita a otro a seguirlo

A otro le dijo:

            ‒ Sígueme.

Él respondió:

            ‒ Déjame primero ir a enterrar a mi padre.

Le contestó:

            ‒ Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.

            En este caso la iniciativa parte de Jesús. Se trata de una orden escueta y tajante, más de que una invitación: “Sígueme”. El otro pide permiso, como Eliseo, no para despedirse de sus padres, sino para enterrar a su padre.

            La respuesta de Jesús parece inhumana: “deja que los muertos entierren a sus muertos”. La costumbre judía era enterrar al difunto inmediatamente después de muerto (Hechos de los Apóstoles 5,6.7; 8,2). Por consiguiente, no se trata de que el protagonista de la escena esté velando a su padre y Jesús le ordene abandonar al difunto para seguirlo. Lo que pide es que le permita seguir viviendo con su padre hasta que muera; luego lo seguirá.

            Incluso así, las palabras de Jesús siguen siendo terriblemente exigentes. El que quiera seguirlo tiene que cortar radicalmente con la familia, como si todos hubieran muerto, para ir a anunciar el reino de Dios.

            Es posible que los evangelios estén reflejando en esta escena lo que le ocurrió al mismo Jesús. Su familia pensaba que estaba loco (Marcos 3,21), y una vez fueron todos a Cafarnaúm con intención de llevárselo a Nazaret a descansar. El evangelio de Juan (7,5) dice expresamente que “sus hermanos no creían en él” (aunque sabemos por el libro de los Hechos y las cartas de Pablo que, más tarde, sí lo aceptaron). En Jesús se cumplió plenamente la necesidad de considerar muerta a la familia para dedicarse a anunciar el evangelio.

            Escena 4ª: otro se ofrece con condiciones

Otro le dijo: Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.

Jesús le contestó: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.

            Este es el episodio que empalma mejor con la vocación de Eliseo. Las cosas importantes de la vida diaria, como despedirse de los padres, son compatibles con el seguimiento de Elías. No hay prisa de ningún tipo. Pero aquí está en juego algo mucho más importante y urgente.

Dos rasgos de la vida de Jesús

            A veces se comenta que estas personas no siguieron a Jesús. Lucas no dice nada. Por otra parte, esa cuestión es secundaria. Lo importante de los relatos de vocación y de segui­miento es que son relatos de “revelación” de Jesús, nos ayudan a conocerlo mejor. Algo queda claro: la dureza de su vida, desprovisto incluso de casa y familia.

            Volviendo a la primera escena, el rechazo de los samaritanos, podemos encontrar cierta relación con las tres siguiente. Jesús, que renuncia a todo por predicar el Reino de Dios, no recibe a cambio el agradecimiento y la aceptación de todos. Hay gente que lo rechaza. Pero eso no es motivo para desear su castigo.

Reflexión final

            Aparte del Padrenuestro, Jesús no insistió mucho a sus discípulos en qué debían pedir. Pero el evangelio de Juan pone en su boca una petición muy importante: “La mies es mucha, los obreros pocos. Pedid al Señor de la mies que mande operarios a su mies”. Este domingo es muy adecuado para recordar la necesidad de pedir por las vocaciones y ponerla en práctica.

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Domingo XIII del Tiempo Ordinario. 26 junio, 2022

Domingo, 26 de junio de 2022

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Él se volvió y les regañó” 

(Lc 9, 51-62)

¡Cuánta paciencia tuviste que tener con aquellos primeros discípulos tuyos! Ya llevaban un tiempo contigo, ya te habían visto hacer milagros, habían escuchado tus parábolas, te habían visto bendecir y ponerte de parte de los “últimos”, pero todavía no habían entendido nada, todavía seguían con la lógica estrecha de devolver con la misma moneda, aún les quedaba mucho por andar para comprender la novedad de la lógica del amor.

Por eso era necesario que te volvieras y los regañaras. Pero aquel día iba para largo, parecía de esos días en los que nadie entiende nada, y tú, como Buen Maestro corriges una y otra vez.

El seguimiento es algo serio, no basta la euforia del primer momento: “Te seguiré a donde vayas” (Lc 9, 57). Tampoco valen medias tintas: “…el que sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios” (Cfr. Lc 9, 62). Las condiciones para el seguimiento de Jesús no son muchas, pero son exigentes. Ser discípula o discípulo de Jesús es vivir como Él vivió.

Y la vida de Jesús y de quienes se aventuran tras sus huellas tiene poco que ver con la tranquilidad cómoda de sentirse bien con una misma. El seguimiento de Jesús no es un “sedante”, ni un “estimulante”, es VIDA.

Vida con luces y sombras, con contradicciones, con sufrimiento, con persecuciones, con incomprensiones, con estrecheces, con dolores… quien no quiera vivir la vida al 100% es mejor que opte por otro camino…: “el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza” (Lc 9, 58).

Aunque tampoco hay que creer que el seguimiento o la misma vida es un puro “sin sabor” o como se oye decir a veces: “estamos aquí para sufrir”, no.

La vida es más que sufrir y el seguimiento de Jesús no acaba en la cruz, pero la vida tiene sus sufrimientos y el seguimiento pasa por la cruz. La novedad, la diferencia entre pasar por la vida o vivirla al estilo de Jesús es añadirle amor y confianza.

Solo quien ama y confía puede comprometerse con fidelidad y vivir con esperanza. Solo quien ama y confía puede poner la mano en el arado mirando hacía la novedad del Reino.

Oración

Vuélvete y regáñanos, Maestro Bueno,

cuando se nos encoja la confianza,

se nos haga difícil el amor

y pierda intensidad nuestra esperanza. ¡Amén!

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Marginar, excluir o eliminar al otro nunca será cristiano.

Domingo, 26 de junio de 2022

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DOMINGO 13 (C)

Lc 9,51-62

Todos los evangelios proponen la subida de Jesús a Jerusalén como un marco teológico, pero Lucas le da un énfasis especial. Comienza con las frases programáticas que hemos leído hoy y termina con la expulsión de los vendedores del templo. En la trayectoria geográfica se esconde la trayectoria espiritual: Subida al Padre a través de la muerte. “Cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran a lo alto, también él resolvió ponerse en camino para encararse con Jerusalén”. La frase es un resumen de la vida de Jesús. Deja claro lo que va a pasar. Por desagradable que pueda parecer, es aceptado por Jesús.

Los samaritanos eran considerados herejes por los judíos, que no perdían la ocasión de humillarlos y despreciarlos. No es de extrañar que ellos a su vez, tomaran la revancha cuando podían. Si los enviados hubieran propuesto bien el mensaje de Jesús y hubieran comunicado las verdaderas intenciones de Jesús al subir a Jerusalén, les hubieran aceptado con los brazos abiertos. Nada más de acuerdo con sus intereses podían esperar los samaritanos. Alguien que fuera capaz de criticar tan duramente lo que se cocía en el templo, tenía que tener toda su aprobación. Pero seguramente les hicieron pensar en una subida “para hacerse cargo del reino”, que era lo que los discípulos esperaban.

Los Zebedeos piensan en un nuevo Elías, que había mandado bajar fuego del cielo que consumió a los emisarios del rey. Pretenden que Jesús haga honor a su condición de profeta poderoso. Otra tentación constante del hombre, poner a Dios de su parte contra todo aquel que le lleve la contraria. Jesús les “increpó” (el mismo verbo que emplea para expulsar demonios). A través de la historia, nos hemos comportado como Santiago y Juan. Siempre que ha tenido el poder suficiente, la Iglesia ha respondido con violencia contra todo el que no aceptara sus normas. Ni siquiera ha aceptado la libertad religiosa, que es un derecho básico de todo ser humano, hasta que ha perdido la capacidad de imponer su absolutismo.

Ni la Iglesia como institución ni cada uno de nosotros como individuos hemos hecho puñetero caso de la propuesta de Jesús. Primero contra los judíos, a quienes hemos machacado todo lo que hemos podido durante veinte siglos. Luego a los herejes que hemos seguido quemando vivos hasta hace cuatro días. Más tarde contra los musulmanes a quienes hemos hecho la guerra de todas las maneras posibles. La quema de brujas que ha masacrado a infinidad de personas inocentes. Y por fin la persecución de todo aquél que discrepara de la doctrina oficial que sigue todavía causando numerosas víctimas.

Se trata de responder a la pregunta: ¿Quién es Jesús? Si de verdad aceptásemos el espíritu de Jesús, la primera consecuencia sería la tolerancia. Jesús no impone nada, simplemente propone la buena noticia del Reino y deja en libertad para aceptarla o rechazarla. Su mensaje solo puede interesar a los que sienten que están oprimidos por realidades que no les dejan ser ellos mismos. Toda falta de identificación con el otro, supone una falta de identificación con el Dios de Jesús. Lo que nos separa de los demás, nos separa de Dios.

¿Dónde ha quedado la propuesta de Jesús de amar a los enemigos? No solo no hemos amado a los enemigos sino que hemos odiado y perseguido a los amigos, solo por no pensar o actuar como exigían las directrices oficiales. Aún hoy vivimos la oposición y el rechazo más radical entre los que creen que nada debe cambiar y los que piensan que el evangelio está sin estrenar y debemos hacer un esfuerzo por descubrir su esencia y vivirlo. Es verdad que si hoy seguimos hablando de Jesús es gracias a muchas personas que, a pesar de todas las contradicciones eclesiales, se han atrevido a vivir el espíritu de Jesús.

Esa exigencia no es un capricho de Dios, sino que la pide la misma naturaleza de la oferta de salvación que nos hace Jesús. Nuestra condi­ción de criaturas, y por lo tanto limitados, es la que nos obliga, una vez tomado un camino, a tener que abandonar todos los demás. La renuncia a aquello que me gusta, dejará de ser renuncia si lo hago con conocimiento y libertad, para convertirse en elección de lo mejor. No siempre, lo que me causa más placer, lo que menos me cuesta, lo que más me agrada, lo que me pide el ADN, es lo mejor para alcanzar la plenitud del ser humano. La vida es por naturaleza lucha y superación. Si desaparece la tensión interna es que ha llegado la muerte.

En las frases siguientes, Lucas presenta el seguimiento de Jesús como una renuncia. La utilización de este concepto es la mejor señal de que no hemos entendido nada. No se trata de renunciar, sino de elegir lo que de verdad es bueno para mi auténtico ser. Dios quiere nuestra plenitud. Tenemos que superar la idea de un Dios, que para ser Él más, tiene que humillar al hombre. No, la causa de Dios es la causa del hombre. Dios está identificado con su criatura; por lo tanto la mayor gloria de Dios es que la criatura llegue a su plenitud. No tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas; tenemos que amar a Dios en todas las cosas. Pero si las cosas ocupan el lugar de Dios, me estoy apartando de mi verdadera meta.

La 1ª máxima: Las zorras tienen madrigueras, los pájaros nido, pero el Hijo de Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. En el ambiente de itinerancia en el que se desarrolla esta parte del evangelio, no se hace hincapié en la pobreza, sino en la disponibilidad. El que quiera seguir a Jesús tiene que estar completamente libre de trabas. Ni siquiera la seguridad de un hogar debe impedirle estar dispuesto siempre para la marcha. No son las posesiones o las relaciones sociales lo que impiden el seguimiento sino el estar apegado a cualquier cosa que te impida ser realmente tú mismo.

La 2ª: Deja que los muertos entierren a sus propios muertos”. Es también radical, pero no debemos entenderla en sentido literal. Lo que le pide Jesús al aspirante no es no enterrar a su padre, que había muerto, sino que le dejara cumplir con el precepto de atender a su padre anciano hasta que muriera. Jesús antepone las exigencias del Reino a la obligación prescrita por la Ley de atender a los padres en su ancianidad. La Ley debe ser superada por una total disponibilidad hacia todos, no solo hacia los seres queridos. La enigmática respuesta de Jesús da a entender que él había pasado a la vida, pero que los que se quedaban en casa de su familia, permanecían en la muerte espiritual.

La 3ª: El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios”. Despedirse de su familia no debemos entenderlo como “decirles adiós”. En aquella sociedad despedirse significaba dedicar días o semanas a celebrar la separación. El significado es muy parecido al de la anterior, pero aquí se quiere resaltar la apertura integral a todos los seres humanos. Ya no hay particularismos, ni siquiera existe “mi familia”. Ahora toda la humanidad es mi familia. El círculo familiar suele ser la excusa donde camuflo un egoísmo amplificado que me impide darme a todos. El mal uso que se ha hecho de esta frase, sobre todo en ambientes de vocación, nos obliga a repensarla profundamente.

Meditación

¡No sabéis de qué espíritu sois!
La mayoría de los cristianos no nos hemos enterado.
Si te preocupa que alguien te rechace,
es que no has entendido lo que realmente eres.
Si aún somos capaces de rechazar al otro,
es que seguimos sin confiar en lo que somos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Invitados a más.

Domingo, 26 de junio de 2022

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Lc 9, 51-62

«El que echa mano del arado y sigue mirando atrás no sirve para el Reino»

Si pensamos que Jesús está formulando unas exigencias desmedidas para su seguimiento, acabaremos desmoralizados porque nos veremos incapaces de cumplirlas. Si pensamos que nos está invitando a apostar por él de forma radical porque es una apuesta segura, es posible que lo estemos entendiendo mejor.

La radicalidad es una constante a lo largo del evangelio, y buen ejemplo de ello es la parábola del tesoro escondido en el campo, que quien lo encuentra lo vende todo para comprarlo.

Pero la interpretación de este texto encierra un riesgo importante, y es ignorar que la clave de la parábola está en el «lleno de alegría»; está en comprender que quien lo encuentra lo vende todo, pero lo hace lleno de alegría porque lo demás deja de tener interés para él. Es un error frecuente entender el Reino como renuncia, como sacrificio para ganar un premio mayor. El Reino es abundancia, es plenitud, y si lo entendemos como carga es posible que nos estemos equivocando.

Encontramos esa misma radicalidad en el episodio del “joven rico”, cuyo diálogo con Jesús no tiene desperdicio. Dice el rico: “Guardo los mandamientos, pero ¿hay más?” … Y le contesta Jesús: “¿Qué si hay más? Claro que hay más; mucho más. Deshazte de todo cuanto tienes, vente con nosotros y verás lo que es bueno”.

El rico se marchó apenado, y no es extraño, porque la radicalidad del Reino suele producir vértigo. Para hacerla más llevadera, nosotros acostumbramos a distinguir entre tiempos sagrados (dedicados a Dios) y tiempos profanos (dedicados a nuestras cosas), entre lugares sagrados (como el templo) y lugares profanos (el mundo), pero Jesús nos está diciendo que todo es sagrado; que lo del César también es de Dios… Nos está invitando a cambiar el sentido global de la existencia; el enfoque general de la vida entera.

Cuando Jesús nos invita a dejarlo todo, nos está invitando a dejar de servir a las cosas y empezar a servirnos de ellas para construir el Reino. Como decía Ruiz de Galarreta: «Ni poseer, ni casarse, ni trabajar, ni descansar, ni disfrutar, ni esforzarse, ni dimensión humana alguna, está fuera de la categoría esencial; medios para el Reino». Y es que el evangelio no es un ligero barniz que se añade a lo humano, sino tomar a la persona desde lo más profundo, tal como es, y hacer posible que se oriente a Dios.

Una última reflexión. El fin último del ser humano es la felicidad, y Jesús nos invita a ser felices a su estilo. Si repasamos el evangelio con este enfoque caeremos en la cuenta de que todo en él nos está hablando de felicidad; de una felicidad que comienza en este mundo y es para siempre: «El ciento por uno en esta vida, y además la vida eterna», le dijo a Pedro.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fe Adulta

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¿Cataclismo o avanzar con decisión?

Domingo, 26 de junio de 2022

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Lucas 9,51-62

Siempre me ha resultado extraña la propuesta que Santiago y Juan, dos seguidores muy cercanos a Jesús y aquellos que conocen de cerca al maestro: “¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?” ¿Cómo se les ocurre querer enviar fuego para destruir al pueblo de Samaría? ¿No conocen a Jesús? ¿Qué esperan de él? ¿Cómo se ven a sí mismos?

Sin embargo, pensándolo bien, generalmente, ante los conflictos o situaciones de violencia, lo evidente es querer de que todo eso desaparezca, que el mal se disuelva de inmediato y que quede solo lo bueno, lo conocido, lo absolutamente verdadero. Si pudiéramos enviar fuego y destruir situaciones y personas que parecen contradecir nuestros caminos hacia Dios y hacia nuestra plenitud, seguramente lo intentaríamos.

Sin embargo, el camino decidido de Jesús señala otra forma de vivir el “reino”.  Es un reino de radicalidad y de fuerza, sí, pero no de destrucción y de muerte. Es un reino que se caracteriza, en este relato de Lucas 9,51-62, de varias maneras.

· La primera: “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.

El reino es un lugar donde afrontar, juntos, situaciones de crisis, de vulnerabilidad. No son espacios seguros, fáciles. Pero es posible habitar la vulnerabilidad mientras se va de camino y Jesús se mantiene firme y decidido.

· La segunda:Vete a proclamar el Reino de Dios”.

No es un reino que se quede entre los conocidos, sino que se abre a lo nuevo, a lo extraño, con palabra, comunicándose. El desafío está en anunciar, proclamar, hablar, comunicar.

· La tercera: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

El reino ocupa el primer lugar, y nada se interpone a su avance. Ni siquiera acciones factiblemente santas y buenas. Aquí es muy importante el discernimiento personal y sobre todo el comunitario. No es ni fácil ni evidente saber qué es lo que orienta al reino y lo que aleja.

Estas indicaciones que Jesús da a sus seguidores acontecen en un momento importante de su vida. Será él mismo quien deba probar en su propia carne esta dinámica del reino y sus implicancias. El relato comienza diciendo que Jesús toma la decisión de ir a Jerusalén, sospechando que le espera un desenlace dramático y terrible. ¿Por qué y para qué van a Jerusalén? Las procesiones a Jerusalén son parte de la piedad de todo buen judío. Esta peregrinación se realiza especialmente para la celebración anual de la Pascua. Lo que está claro es que Jesús y sus discípulos van en peregrinación y por ello los reconocen como judíos practicantes. Y los samaritanos los rechazan. Y los discípulos de Jesús no aceptan bien este rechazo. De hecho, quieren responder con la destrucción de estos pueblos al modo de un Dios vengativo, que hace “justicia” de modo radical: “¿quieres que digamos que baje del cielo fuego que acabe con ellos?”. La respuesta de Jesús hará que su modelo mesiánico previo entre en crisis.

Jesús los prepara, de esta manera, para habitar este reino de vulnerabilidad, de camino decidido pero también dramático, de palabra y anuncio y de respeto, incluso hacia quienes no parecen corresponderles. Así se presenta y describe el reino de Dios. No está lejos, sino entre nosotros. Aquí y ahora. En el camino.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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“Los nuestros”

Domingo, 26 de junio de 2022

D04A6EBD-1052-4B60-8E12-27C1BBB87B32Domingo XIII del Tiempo Ordinario

26 junio 2022

Lc 9, 51-62

Uno de los rasgos característicos del nivel de consciencia mítico -en el que la especie humana vivió durante milenios y algunos de cuyos reflejos siguen presentes entre nosotros- es la convicción de que la verdad pertenece al propio grupo, por lo que se descarta como falsa cualquier otra opinión. Y ello no debido a una “mala voluntad”, sino sencillamente como consecuencia de lo que ese nivel de consciencia permite ver.

La consciencia mítica bloquea la capacidad de asumir otra perspectiva. Con ello, hace radicalmente imposible cualquier intento de diálogo. Para quien se halla en el nivel etnocéntrico (mítico), solo hay una verdad, que es la del propio grupo (o del propio ego). En consecuencia, “los otros” no solo no pueden ser comprendidos, sino que es necesario obligarlos a cambiar (o “acabar con ellos”, como se lee en el texto que comento). Cualquier propuesta de comprensión de los otros será tachada, como mínimo, de “buenismo” condescendiente y radicalmente equivocado. Trataré de clarificarlo con un hecho reciente: cuando en uno de sus viajes, un periodista le preguntó por la actitud de la Iglesia hacia las personas homosexuales, el papa Francisco contestó: “¿Quién soy para juzgar?”. Ante esas palabras, grupos católicos fundamentalistas reaccionaron de inmediato: “No solo hay que juzgarlos, sino condenarlos porque están en el error. Y el error no tiene derechos”. Pues bien, esta reacción únicamente puede nacer de una consciencia mítica.

La consciencia mítica -aunque no solo ella- es una consciencia de separatividad, marcada por la vivencia de un dualismo extremo entre “los nuestros” y “los otros”. No es difícil constatar los resultados que tal consciencia ha producido a lo largo de la historia humana: separación, enfrentamiento, guerras, aniquilación de los otros…

Dado que el origen de la trampa no reside tanto en la voluntad, sino en el nivel de consciencia, parece obvio que únicamente la apertura a un nivel de consciencia más amplio -integral, pluralista, aperspectivista, mundicéntrico…- hará posible un nuevo modo de relación entre los humanos. La transformación radical es siempre hija de la comprensión. Solo una consciencia de unidad, que se corresponde a la realidad y supera las estrechas y reductoras lecturas mentales, permite dejar de hablar de “los nuestros” y “los demás”, para reconocernos todos en nuestra unidad básica, más allá de las diferencias en que nos experimentamos.

¿Qué tipo de consciencia predomina en mí?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Seamos libres (S Pablo) en los férreos sistemas eclesiásticos judaizantes

Domingo, 26 de junio de 2022

4DDBF30A-7CD9-4D8F-8D6A-35025425146FDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01.- Nota previa

Nunca ha dejado de leerse en la Eucaristía el evangelio del Señor. Tampoco hoy. Por eso las homilías suelen ser una explicación o comentario del Evangelio del día. Pero, a veces, en las Eucaristías, pasan de largo lecturas y textos de mucho calado cristiano. Es el caso de la carta de San Pablo a los Gálatas de la que hemos escuchado hoy un párrafo potente.

Por eso la homilía de hoy gira en torno al tema que San Pablo plantea en la carta a los Gálata: Para ser libres nos ha liberado Cristo.

  • 02.- Tensión entre ley y libertad.

    Desde el comienzo de la vida de la Iglesia ha existido tensión y -en ocasiones- conflictos entre la ley y la libertad.

    En los primeros años de la Iglesia, en las primeras décadas del nacimiento de la Iglesia se produjo un fuerte enfrentamiento entre los cristianos de origen judío, que querían mantener las normas y costumbres judías, la circuncisión, la abstención de comer determinados alimentos, etc. Por otra parte estaba el grupo cristiano proveniente del mundo pagano, cristianos de origen gentil

  1.     Los dos momentos álgidos en los que se refleja esta cuestión son:

02.1.- El enfrentamiento entre Pablo y Pedro en Antioquía:

11 Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le eché en cara, porque era de condenar.12 Pues antes que viniesen algunos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión.13 Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.14 Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? (Gálatas 2,11-14)

02.2.- Por otra parte está la Asamblea de Jerusalén, una especie de “concilio” en el que decidirán no imponer más cargas que las que se derivan del Evangelio

En el fondo laten dos visiones del cristianismo. Por una parte está la teología de Pablo: un cristianismo cimentado  en la fe, en la libertad, en la gracia, frente a la posición de los judaizantes (sobre todo la de Santiago, hermano del Señor y -en parte- la posición algo ambigua de Pedro). Los judaizantes querían imponer la ley, la circuncisión, no comer con cristianos de origen pagano, etc.

¿En estos momentos iniciales Pablo terminó derrotado? Probablemente. Por eso salió de Antioquía y apenas volvió muy de paso en una ocasión. De ahí que Pablo desplegara esa gran labor misionera, los viajes misionales que llegaron a Grecia, Roma, y muy posiblemente a Hispania (Tarraco-nova: Tarragona).

Pablo siempre será defensor de un cristianismo de la libertad, de la gracia, de la fe.

03.- Tendencia judaizante en la historia.

    La tendencia judaizante al legalismo, al sometimiento a la ley ha estado siempre presente en la Iglesia, también hoy.

Si nos fijamos hoy en día entre muchos católicos: obispos, cura y laicos predomina un cristianismo de sometimiento a la ley, sea en cuestiones de pensamiento teológico, en liturgia, en moral, etc.

El cumplimiento de la ley causa una cierta satisfacción, pero no “justifica”, no salva. La salvación nos viene del Señor, de la fe en Él, de la gracia,  no de nuestras obras.

El enfrentamiento al Concilio Vaticano II y al papa Francisco no es otra cosa que una actitud judaizante.

    Pero ya en el nacimiento de la Iglesia, en la Asamblea de Jerusalén tomaron una opción libre y sensata: no impongamos cargas que no provienen del evangelio.

¿Dónde está en el Evangelio que la mujer no puede desempeñar ministerios y tareas eclesiales? ¿Dónde impone el Evangelio la ley del celibato? ¿Dónde prohíbe el evangelio el control de natalidad (Humanae Vitae)?

La Iglesia es un espacio de pluralismo y libertad, de gracia no un implacable sistema de condena de todo lo que se mueve. El Derecho canónico no es la alternativa al Evangelio.

04.- Seamos libres.

    La libertad no es la mera posibilidad de escoger entre dos objetos “A ó B”. La vida y la libertad son algo más que un supermercado.

La libertad es algo más profundo que las meras libertades cívicas (que por otra parte, no es poco). La libertad es la capacidad de ser, la posibilidad que tenemos de construirnos o de destruirnos que tenemos las personas. En la libertad se ventila la propia persona desde unos criterios y valores. La libertad, como la justificación nos viene de los valores del reino: especialmente de la Verdad, la verdad os hará libres.

Hemos vivido tiempos y situaciones en el orden socio.político y eclesiástico en los que no había libertad -libertades-. No existía libertad de pensamiento, ni libertades políticas, ni libertades sindicales, etc. Sin embargo en aquellas situaciones había personas libres. Hoy en día tenemos derechos humanos, libertades políticas, etc., pero probablemente estamos muchos “esclavos” en la vida.

No os sometáis al yugo de la esclavitud del poder, de la ley, de la raza, del dinero, del placer, del odio y la venganza. Si os guía el espíritu de Xto, si os guía el Reino de Dios seréis libres, si nos guía la Verdad, la Libertad y la Igualdad no estaremos bajo el dominio de la ley, seréis libres.

Del Concilio Vaticano II a nuestros días se han ido apagando muchos criterios y actitudes de libertad: ya no se habla de libertad religiosa, ni de libertad de pensamiento, ni de evolución del dogma, ni de jerarquía de verdades, ni de la conciencia como norma de moralidad, ni de libertad y creatividad del espíritu litúrgico. Sin embargo, hay que ser libres también en los férreos sistemas eclesiásticos.

Seremos libres en la medida en que construyamos nuestra vida (o al menos lo intentemos) en el seguimiento de Cristo, trabajando con el arado en la mano en la mies del trigo y del pan de la humanidad

Tomemos libremente nuestras propias decisiones en la vida. No seamos esclavos de nadie y menos de la Iglesia.

Para ser libres nos ha liberado Cristo

 

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