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14.XII. Juan de la Cruz: Ya no guardo ganado, nueva iglesia enamorada

Miércoles, 16 de diciembre de 2020

san-juanXabier Pikaza siempre hace un buen acercamiento a la figura de Juan de la Cruz, el Mudejarillo…

La Iglesia Católica celebra hoy (por ayer) la fiesta de San Juan de la Cruz (=SJC), y el mejor “retrato” de su vida lo ofrece Cántico Espiritual B 28-29 (CA 19-20) donde presenta a a Iglesia como mujer libre, enamorada,  que no guarda ganado

SJC sabe por Jn 21 que en la iglesia está Pedro, pastor de ganado, a quien Jesús le preguntó ¿me amas? antes de pedirle que “guarde” sus ovejas. Pero, como el Discípulo amado, SJC no guarda ganado; simplemente ama. No tiene ganado que custodiar, sino amigos con quienes compartir amor.

Actualmente (2020) está en crisis un tipo de “ganado” de la iglesia: Las ovejas de oficio se van; los pastores se quedan sin rebaño… Por eso es bueno volver a SJC, que no quiso ser “pastor” (no guardo ganado…), sino amante/amado, testigo de un Cristo enamorado. Desde ese fondo comentaré las dos estrofas citadas del CB, que ofrecen la mejor biografía de SJC, y las más honda experiencia y misión de la Iglesia que es ejercicio y espacio de amor, algo que un tipo de iglesia-institución puede seguir olvidando.

Introducción

La iglesia es un “cuerpo” místico. Por eso, todo lo que dice SJC del amor enamorado tiene que aplicarse y se aplica al “cuerpo social” de una iglesia que no “guarda ganado” (no es un cuerpo de guardianes), sino que es un campo abierto de amor enamorado, entendido en forma de mística “corporal” (social) en el sentido más hondo de la palabra.

Desde ese fondo ofrezco, este 14. 12 una visión fundamental de la iglesia del amor, en la línea de SJC. Lo hago de una forma básica, comentando los diez versos de estas dos estrofas. El lector interesado podrá aplicarlas a la experiencia y camino de la Iglesia.

CB: 28. Mi alma se ha empleado

  • Mi alma se ha empleado /y todo mi caudal en su servicio;
  • ya no guardo ganado / ni ya tengo otro oficio,
  • que ya sólo en amar es mi ejercicio.

9788433033574 1. Mi alma se ha empleado… La Amante no ha buscado un empleo en el mercado laboral donde se compra y vende todo, sino que se ha dejado transformar “por la entrega que hizo al Amado de sí” (CB 28, 3). Un tipo de trabajador moderno ha tenido que vender su trabajo y su tiempo (y en el fondo su vida) para subsistir. En contra de eso, el alma enamorada no se vende, ni vende nada suyo, sino que se emplea y se aplica por amor, voluntariamente, para bien de su Amado (de sus amados, los hombres y mujeres con los que comparte su camino).

En general, los hombres actuales, que no tienen acceso directo a los trabajos de la tierra, en línea de agricultura de subsistencia, buscan un “empleo” (de implicare, implicarse), un trabajo estable dentro del gran sistema económico-social y/o de administración del Estado. En otro tiempo, un trabajo asalariado había parecido impropio de hombres libres (que vivían de sus tierras, y del trabajo de sus siervos). Pero en el tiempo de SJC los hombre y mujeres empezaban a definirse por su empleo… Pues bien, la Iglesia no tiene ni ofrece otro empleo que el del amor enamorado.

2. Y todo mi caudal en su servicio. El alma (=la persona) enamorada tiene un “caudal” de sentidos y potencias exteriores e interiores, con sus habilidades naturales y personales (CB 28, 4), y así las emplea para gozo del Amado: sus ojos para verle, sus labios para besarle, sus manos para acariciarle… Éste es el tesoro o capital que ella utiliza, entregándose al Amado, no para ofrecerle cosas, ni para conseguir ganancias exteriores, sino para hacerle feliz. Así actúa como sierva (al servicio del Amado), siendo al hacerlo totalmente libre, esto es, persona, dueña de sí, sin que nadie ni nada le obligue en un plano legal y laboral.

‒ La palabra caudal es un derivado de caput, cabeza (no de cauda, cola), y tiene el mismo sentido y origen que capital. Así, en principio significa aquello que resulta importante y abundoso, como el caudal de un río o como las águilas caudales. El capital de nuestro tiempo suele entenderse sólo como “dinero”. En contra de eso, el caudal o capital del alma enamorada es sólo su amor, al servicio del Amado (en quien se incluyen de algún modo todos los hombres de la tierra).

‒ Por su parte, la palabra servicio se relaciona con servus, siervo, y en principio alude a los trabajos que realizan los criados, a diferencia de los amos o señores que sólo efectuaban tareas libres (liberales), no serviles. Pero la modernidad ha superado esa distinción entre trabajos libres y serviles.. Todos somos servidores, unos de los otros… Pues bien, en la iglesia de Jesús no hay más servicio que el de amar a los demás.

 3. Ya no guardo ganado. Guardan ganado los pastores, boyeros o cabreros, vaqueros y ovejeros, defendiendo el rebaño de fieras y ladrones, para obtener beneficios (leche, carne, dinero). Entre ellos había vivido la Amante (cf. CB 2). Pero, tras beber en la interior bodega del Amado, ha perdido sus haberes, de forma que se ha hecho perdidiza, como seguirá diciendo (cf. CB 29).

El mundo actual vive obsesionado por la cantidad de ganado (caudal-capital) y por la seguridad: ha logrado producir ingentes bienes materiales, creando así una gran división entre los hombres (los que tienen, los que no tienen), de manera que los dueños de “ganado” han de guardarlo y se defienden de ladrones, que desean los mismos tesoros y buscan la manera de lograrlos (por robo violento o por nuevo reparto del ganado). La economía y política mundial guarda en esa línea unos ganados que no son ya animales (rebaños de ovejas y vacas, de cabras o cerdos…), sino un Capital monetario (en gran parte “virtual”) al servicio de sí mismo. Pues bien, el alma enamorada no guarda ganado, no vive para poseer, ni se esfuerza por defender lo que tiene de asaltantes, cuatreros o ladrones de caballos. No le preocupa la ganancia entendida en forma de posesión particular de bienes exteriores, de forma que no necesita guardia militar o policía.

 4. Ni ya tengo otro oficio. Un oficio (=opus) básico del mundo antiguo era guardar rebaños (de animales u hombres), con la ayuda de pastores, ejércitos y policías. Este sigue siendo un oficio principal de nuestro tiempo, a comienzos del siglo XXI: media humanidad parece atesorar “ganados” (bienes de consumo), guardándolos con técnicas de fuerza; y la otra mitad se afana en robarlos, en guerra sin fin, de deseos cruzados y odios crecidos.

Caminos XL_ejercicio de amor_PORTADA_5239-4.inddEn el campo socio-religioso existía ya en tiempo de SJC el “oficio” de la Inquisición, que se llamará después el Santo Oficio, para organizar, definir y “proteger” las verdades de la fe y buenas costumbres, conforme a un tipo de visión de la Iglesia. Hay en esa línea un opus Dei, oficio de Dios, que en tiempo de SJC se entendía en forma litúrgica (oficio divino de monjes) y administrativa (oficio divino de inquisidores y jerarcas de Iglesia, con gran poder). Pues bien, en contra de eso, la Amante de SJC dirá que ya no guarda ganado (cabras u ovejas), ni siquiera en un plano religioso, ni tiene oficio regulado o reglamentado desde fuera, por instituciones oficiales, pues sólo “en amor es su ejercicio”. Así aparece liberada para el amor, en gratuidad, sin lucha ni competencia contra otros.

 5. Que ya sólo en amor es mi ejercicio. El mundo moderno se ejercita en muchas cosas, de una forma organizada, con la ayuda de una administración y policía capitalista. Hemos aprendido a producir y para ello el sistema económico-social ha unido a millones de personas, como en una inmensa fábrica de objetos de consumo, de manera que los mismos hombres y mujeres (en especial los pobres, miles de millones) se convierten en puro objeto de consumo, al servicio del capital (del “ganado”). Hemos aprendido a producir (y quizá a guardar lo producido, al servicio de algunos privilegiados), pero no sabemos ni queremos compartir lo que tenemos y menos lo que somos.

Hemos aprendido a organizarnos de un modo eficaz, pero nos cuesta avanzar en amor, más allá de las programaciones que pueden imponerse. En contra de eso, el alma enamorada sólo tiene un ejercicio o tarea, que es Dios, para amarse en él unos a otros, por encima de las coordenadas de poder de esta sociedad clasista (de oficios al servicio del “ganado”). Ejercitarse en amor, ése es el sentido y tarea de la Iglesia.

CB: 29. Pues ya si en el ejido…

  • Pues ya si en el ejido /de hoy más no fue vista ni hallada,
  • diréis que me he perdido; /que andando enamorada,
  • me hice perdidiza, y fui ganada.

 1. Pues ya si en el ejido de hay más no fuere vista ni hallada… El ejido es “un lugar común donde la gente se suele juntar a tomar solaz y recreación y donde también los pastores apacientan sus ganados” (CB 29, 5). De ordinario se encuentra a la salida (exire, exitus, éxodo)del pueblo, como plaza exterior grande y abierta, con corrales de ganado y eras comunales, donde para trillar y limpia el trigo.

Pues bien, tras su experiencia radical de amor, retirada de un trabajo productivo, la “persona” enamorada viene allí, para decir a todos que ha salido de una iglesia de poder social, de autoridad política… Ya no quiere realizar  trabajos de guarda de ganado, no quiere ser funcionaria de una iglesia de poder…Los creyentes/amantes de la iglesia de Jesús no van por el “ejido” pidiendo y buscando amores de poder,  sino que se liberan para el amor gratuito. Ésta ha sido la experiencia más honda de SJC. Por un lado han querido expulsar (o ganar para su causa) los partidarios del Poder, para someterle a su estilo de trabajos y conventos. Pero, en un sentido mucho más profundo, él mismo quiere irse, buscando un exilio de amor, no sólo para él, sino para otras personas que quieran seguir su ejemplo.

 2. Diréis que me he perdido. La Amante había encargado a los pastores que dijeran al Amado “que adolezco, peno y muero” (CB 2), poniéndose en camino sin esperar respuesta, como suponiendo que ellos no podrían hallar al Amado, ni transmitirle su encargo. Ahora, en cambio, ella vuelve, porque piensa que debe darles razón de su cambio: Quiere que los pastores y el resto de las gentes que vienen al ejido conozcan y transmitan su experiencia. Habla “con perfecta osadía y determinación…, no mirando a lo que dirán o qué parecerá”, sin vergüenza alguna” (CB 29, 8).

Algunos piensan que ella debería seguir en el ejido, donde pastores y vecinos programan los trabajos comunales. Pero ya no acude (¡no guarda ganado!). ¿No será una desertora? ¿No será una fugitiva que abandona sus deberes, para vivir a su capricho, sin compartir vida y tarea  con otros? Es posible que le hayan acusado, que quieren exigirle que vuelva a los trabajos comunes. Pero ella no cambia, no se deja impresionar. Ha encontrado otro valor, ha iniciado otra experiencia (cf. perla del reino: Mt 13, 44-46) y deja (vende) todo aquello que tenía, no para abandonar a otros a su suerte, sino para iniciar y ofrecer para todos un camino de vida diferente.

 3. Que andando enamorada me hice perdidiza y fue ganado. Así culmina la inversión laboral (social) y eclesial de la estrofa anterior, y así podemos conocer las consecuencias de aquello que ha pasado en la interior bodega (CB 26-27), donde la Amante ha quedado transformada, perdiéndose y dejándose ganar para una vida en amor. Al perderse a sí misma, lo ha perdido todo, para así encontrarlo (=encontrarse) de un modo más alto, como dice Pablo en Flp 1, 21-26: “todo lo consideré pérdida…” (cf. Mt 16, 25: “el que perdiere su vida ese la ganará”).

En este momento de transformación cesan por amor todos los negocios y consideraciones anteriores, no para que el hombre deje de trabajar y se destruya a sí mismo como humano (¡se suicide como especie!), sino para trabajar de un modo más alto, elevando su protesta contra los intereses de un mundo que sólo busca seguridades, que todo lo compra y vende, en comercio de cuerpos y almas, en trabajo dirigido al poder y dominio sobre los demás. Pues bien, en contra de eso, la Amante sólo busca el don y gozo del amor, siendo ganada sino por el Amado[1]:

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Conclusión

La Amante se ha separado, según eso, del ejido, de la junta de pastores que administran el ganado, de manera que aparece como desertora; no la ven cuando miran, no la encuentran cuando buscan en los lugares donde se decide el orden violento de este mundo. En ese sentido, es una prófuga, pues abandona su puesto anterior, deja un vacío en los lugares de poder que frecuentaba, de tal forma que los mismos pastores que llevaban antes su mensaje “allá por las majadas al otero” (cf. CB 2), no pueden encontrarla.

¿No habrá traicionado a sus colegas pastora? La Amante responde que es todo lo contrario. Por eso vuelve y les confiesa su verdad, confiándoles su encargo, “diréis que me he perdido”.

(a) Antes de su encuentro de amor, ella les había encargado que dijeran al Amado, si le vieran por fortuna, “que adolezco, peno y muero” (CB 2); en cierto sentido, ella podía actuar así de por egoísmo, queriendo que los pastores la ayudaran.

(b) Ahora, tras el encuentro de amor, no les pide nada, sólo que digan que ha logrado aquello que anhelaba, a fin de que conozcan y puedan sumarse a su dicha, anunciando la ventura de su encuentro enamorado, más allá de los caminos sociales y eclesiales que van de las majadas al otero, sin atreverse a buscar de verdad, dejándose ganar por el Amado.

Ciertamente, no quiere transformar el mundo con sus obras (sus acciones exteriores), pues eso sería un gesto de poder, una señal de prepotencia, contraria a su decisión de amor, pero debe y quiere decir con su palabra y vida aquello que ha vivido, dando testimonio de su unión con el Amado (cf. CB 29,7-9), para que corra esta voz o buena nueva de renovación pascual. De esa forma se vuelve misionera del amor, como debieron hacerse las mujeres de la tumba vacío (cf. Mc 16, 1-8).

Ella no tiene más autoridad ni ministerio que su amor y el testimonio de su vida, un ministerio que para SJC es el más importante de la Iglesia, el más hondo, más transformador. Así quiere que todos conozcan la verdad de su nueva experiencia amorosa, ofreciendo su experiencia de amor. Así deben decir los que la escuchan que se ha perdido, que no sigue ya las costumbres honorables de su antiguo ejido (¡la Aldea Global de la Iglesia!), que se ha exilado de este mundo viejo. Ha dejado el orden social anterior, ha superado el nivel de las obras como tales, se ha hecho transgresora, y de esa forma se presenta y pronuncia su palabra como testimonio de evangelio[2].

Es significativo el tono profano de esta declaración por la que ella comunica su pérdida-ganancia en la misma calle, en el ejido, plazao campo comunal (las eras y majadas), donde proclama abiertamente su experiencia. Así anuncia su verdad, en la línea de Mt 16, 25: el que pierda su vida la ganará… De esa manera, las palabras más intensamente espirituales, más evangélicas (ganar y perder la vida), aparecen como testimonio de amor enamorado, en la plaza del mundo (ejido)[3].

NOTAS

 [1] He desarrollad este motivo, con el riesgo de “suicidio” de la especia humana si no ama en Teodicea. Itinerarios del hombre a Dios,Sígueme, Salamanca 2014. En ese contexto confiesa la Amante su ruptura: no pide nada al mundo viejo de las gentes del ejido; no pone pleitos, no exige compensaciones, no busca seguridades, pues sólo le importa el amor y de esa forma “ni cansa ni se cansa” (Dichos de Amor. Beas 18).

[2] Ésta es la buena noticia de su vida, la pascua que SJC desea transmitir a sus compañeros del mismo Carmelo y de la Iglesia, haciéndoles testigos de su decisión. Sabe que no puede servirse a dos señores (cf. Mt 6, 24; citado en CB 29,10). Por eso ha optado por Dios, perdiendo al ser ganado. Éstos son los tres momentos de su testimonio. (1) Que andando enamorada. No es él quien ha dado el primer paso, ha salido a su encuentro el Amado y le ha hecho “andar enamorado”. (2) Me hice perdidiza. Él misma ha querido hacerse encontrar por Dios  (cf. CB 29,10). (3) Y fui ganada. De esa forma ha culminado su camino, y ha ganado “dejándose ganar”, poniéndose en manos del Amado, para que él viva en su vida.

[3] En esa línea, esta mujer enamorada viene a presentarse como evangelista: ha descubierto el amor y lo proclama con su vida; ya no compite en el nivel de los trabajos por ganar, ni expandir externamente el poder de la Iglesia, sino sólo para amar, al servicio de todos. Más allá de los niveles anteriores, tanto sociales (producir, disputar por lo producido), como eclesiales (crear obras al servicio de la comunidad establecida), ha descubierto un gran campo de amor, ha iniciado un camino más alto de Vida, en la Vida de Dios, y en ella permanece.

Espiritualidad, General

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