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Un joven gay de Ecuador, brutalmente asesinado a puñaladas por un militar con quien se había citado.

Lunes, 24 de agosto de 2020

índiceJavier Viteri de 22 años murió por las 89 puñaladas que le asestó un hombre. La Fiscalía investiga el hecho como un asesinato, pero los defensores de derechos LGBTI piden que se juzgue como un delito de odio.

Terrible noticia la que nos llega desde Ecuador, donde un chico gay de 22 años, Javier Viteri, ha sido brutalmente asesinado en lo que a todas luces parece ser un crimen de odio. Cuando Javier le comentó a sus padres que era homosexual, estos reaccionaron internándolo en una clínica para «curar» su orientación, y después le echaron a la calle. El pasado 28 de mayo, el joven concretó una cita con un militar en Arenillas —el cantón de la Provincia de El Oro donde residía— y, apenas treinta minutos después, fue brutalmente asesinado por el susodicho hombre, quien le asestó 89 puñaladas en todo el cuerpo y huyó rápidamente del lugar.

Javier Viteri, un joven gay que trabajaba como auxiliar de medicina en el consultorio Médico Odontológico Salud y Vida en Arenillas (Ecuador), soñaba desde pequeño con estudiar en la universidad para convertirse un día en médico cirujano.

Javier Viteri nació en Santa Rosa, pero toda su vida vivió en Arenillas. Fue hijo de Javier Viteri y Bielka Alburqueuqe. El fallecido era el mayor de dos hermanos. Sus estudios primarios los realizó en el centro educativo Santo Tomas de Aquino y los secundarios en el colegio Militar Héroes del 41. Actualmente realizaba en preuniversitario en la Universidad Católica de Cuenca.

Tenía 22 años y llevaba seis meses viviendo en un pequeño apartamento alquilado en el centro del Cantón Arenillas, en Ecuador. El pasado 28 de mayo estuvo chateando en la aplicación Messenger de Facebook con un militar llamado Hilmar Corozo, y pasó un rato jugando a los videojuegos con tres amigos que habían ido aquel día a su casa.

Un par de horas después, Hilmar soldado en el cuartel de las Fuerzas Armadas BI Constitución— le comentó a Javier que a las diez de la noche iba a ir a visitarle. Aquel anuncio alegró a la joven víctima, que le pidió entonces a sus amigos que se sentaran un rato fuera de la casa, mientras él se veía con su visita. Media hora después de que Hilmar entrara a la casa de Javier, sus amigos vieron salir corriendo del apartamento al militar, que llevaba con él la mochila que uno de los colegas de la víctima había dejado en su casa. Pensando que podía tratarse de un ladrón, los tres jóvenes salieron detrás de Hilmar y recorrieron varias manzanas intentando alcanzarlo pero no lo lograron, pasaron por el parque Las Mercedes, un hombre en moto los ayudó a intentar atrapar a Corozo pero no lo alcanzaron. “Estábamos a unos 30 metros aproximadamente de la entrada al departamento, esperando que Slater termine con su visita y seguir jugando play station, pero luego de unos 25 a 30 minutos observamos que salió el individuo que ingresó, llevaba consigo unas mochilas, por lo que, le habían llamado la atención”, explicó a los policías Roiman Tene, amigo del fallecido. “Yo ya estaba cansado, los perros ladraban”, dijo Royman Tene en la audiencia  realizada el 28 de mayo de 2020. En el trayecto Corozo tiró la mochila y Tene la  recogió. Cansados, decidieron regresar a casa de Javier, sin sospechar aún que su amigo había sido asesinado.

 

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Al llegar al edificio, consiguieron que unos vecinos les abrieran el portal y entre los tres lograron forzar la cerradura de la puerta del apartamento, ya que ninguno de ellos tenía la llave. Cuando accedieron al interior, encontraron horrorizados el cadáver de Javier, que estaba en ropa interior, a solo unos pasos de su cama y cosido a puñaladas.

Al recibir la alerta el ECU – 911, coordinó la emergencia con personal de la Dirección de Delitos Contra la Vida y Muertes Violentas (Dinased), que llegaron para realizar el levantamiento del cadáver. En la parte exterior de la vivienda, se encontró prendas de vestir como una bermuda tipo jean azul y un par de zapatos deportivos color lila, que tenia manchas rojas. En la calle también hallaron zapatillas con sangre. «La escena era macabra. El perpetrador le ha propinado muchas heridas con arma blanca, tanto en la parte de su cuello, como en su espalda o su caja abdominal. Hubo mucha sangre en el lugar», indicó el coronel William Posso, jefe del Comando de Policía de El Oro, justo después de que la Policía Nacional se personase en el domicilio y se procediera al levantamiento del cadáver. La autopsia reveló que Javier había recibido 89 puñaladas.

Los agentes de criminalística que examinaron el apartamento de Javier encontraron en él tres cuchillos con restos de sangre, dos preservativos usados y lubricante. El presunto asesino, de diecinueve años de edad, fue detenido poco después en el fuerte militar de Arenillas.

Los agentes conocieron que el sospechoso se encontraba en el cuartel militar. Lograron conocer que al celular Kevin Sánchez Viteri, primo del fallecido, llegaban todos los mensajes de las redes sociales de Javier Viteri, pues le dio sus contraseñas. Kevin mostró que su primo escribió la misma noche del miércoles 27 de mayo con un ciudadano de nombres Hilmar Corozo, con la finalidad de encontrarse en el departamento.

Precisamente, los agentes mostraron la foto de Corozo a los testigos y ellos lo reconocerían como la persona que persiguieron. Esto motivó a los agentes a realizar un allanamiento y capturar a un ciudadano, que fue identificado como la persona que salió del departamento.

En poder del detenido decomisaron cuatro celulares, además en su cuerpo y en el área del baño se localizaron otras manchas rojas.

El capitán Marco Egas, jefe de la Dinased de El Oro, indicó que encontraron el celular de Javier, principal indicio para incriminarlo. Egas, explicó que están investigando la relación que llevaba Javier con Hilmar, “pero nosotros estamos poniendo como asesinato por robo, porque se halló el celular de la víctima”, dijo el jefe policial.

Se presume que no era la primera vez que el conscripto visitaba a Javier en su cuarto, al parecer tenían algún tipo de relación sentimental, aunque aunque esto será investigado por la policía.

El fiscal Sixto Minga investiga el caso. Corozo tenía que declarar el 11 de junio en la fiscalía, pero no asistió. Michael García, abogado de la familia Viteri, cree que no lo hizo por estrategia de su defensa. Parte de la evidencia que revisa el fiscal Minga son las páginas de Facebook y los celulares de Viteri y Corozo. Viteri, de 22 años, era un hombre homosexual. Pedro Gutiérrez, abogado experto en derechos de la comunidad LGBTI, dice que su asesinato es un mensaje simbólico sobre lo que significa ser un hombre gay y enfrentar la discriminación y la violencia que aún hay en el Ecuador.

En un principio, el fiscal Sixto Minga, encargado de investigar el caso, acusó al detenido de robo agravado con muerte subsecuente. Por su parte, el juez dispuso el inicio de la instrucción del caso por el delito de asesinato y dictó prisión preventiva para el detenido.

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No obstante, son varias las instituciones, grupos de activistas y asociaciones LGTBI de Ecuador que consideran que existen indicios suficientes para hablar de un crimen de odio por homofobia, y piden que Hilmar sea juzgado como tal. «La Defensoría del Pueblo insta a las autoridades competentes, en especial a la Fiscalía, a que las investigaciones pertinentes consideren los hechos expuestos como un delito de odio, de conformidad con la legislación penal ecuatoriana. Así también, se exhorta a que las y los funcionarios encargados de las investigaciones realicen su trabajo de forma imparcial, sin prejuicios ni estereotipos de género o por orientación sexual», señalaba la Defensoría del Pueblo a través de un comunicado publicado en su web.

Por otra parte, integrantes de la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGBTI ha solicitado la pena máxima para el presunto autor del asesinato. Consideran que debido a las 89 puñaladas recibidas no se trataría simplemente de un caso de robo, como inicialmente informaron las autoridades judiciales de la provincia de El Oro, sino más bien de un “crimen que muestra saña, odio y menoscabo por una persona que tenía una orientación sexual diferente a la normada”, explican en un comunicado. Por ello solicitan que en este caso se aplique la pena máxima de 26 años de prisión.

Sobre el joven asesinado, la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGBTI detalla que de acuerdo a declaraciones de sus vecinos y amigos fue muy maltratado por sus familiares, lo internaron en autodenominadas ‘clínicas de reconversión’ y finalmente lo expulsaron del hogar.

Viteri murió a pocos días que comience junio, el mes del orgullo gay, y de cumplirse los 51 años de que la Policía allanara el Stonewall Inn, en Greenwich Village, Nueva York, golpeando a los clientes y provocando protestas que duraron cinco días. Ahí se forjaron los movimientos por los derechos de la población LGBTI en Estados Unidos. En Ecuador, en el mes del orgullo se celebra la aprobación del matrimonio igualitario en 2019.

Fue un gran paso: hace apenas 22 años la homosexualidad dejó de ser un delito en el país, aunque la despenalización se dio porque el Tribunal de Garantías Constitucionales consideró a las personas homosexuales como enfermos mentales que no podían ser juzgados penalmente. Pero a pesar de la gran victoria, la violencia y discriminación contra las personas de las comunidades LGBTI persisten.

Gutiérrez dice que el robo de la mochila podría distraer de lo que verdaderamente ha pasado: una persona fue asesinada porque su orientación sexual era homosexual. Según un documento de la Alianza de los Derechos Humanos Ecuador, conformada por más de 20 organizaciones defensoras de derechos, “este caso no puede ser subregistrado por parte del Estado”: la muerte de Viteri es un delito de odio.

Un delito de odio es un acto de violencia física o psicológica de odio contra una persona por su nacionalidad, etnia, lugar de nacimiento, edad, estado civil, identidad cultural, discapacidad, estado de salud, vivir con VIH, por su condición migratoria, identidad de género u orientación sexual. Según el Código Integral Penal, si provoca la muerte, la sanción es de 22 a 26 años de prisión. La sentencia por asesinato es la misma, pero Pedro Gutiérrez dice que juzgar la muerte de Viteri como un acto de odio ayudaría a entender la violencia por prejuicio y la persistencia de la homofobia en la sociedad ecuatoriana.

La violencia y asesinatos a personas LGBTI no empiezan ni terminan con Javier Viteri. Danilo Manzano, activista LGBTI y director de la organización Diálogo Diverso, dice que la muerte de Viteri se hizo mediática pero hay muchos actos de odio que nadie conoce. En 2019 hubo 11 asesinatos a personas de la población LGBTI, tres intentos de asesinato y 4 casos de secuestro y tortura, según un informe de la Asociación Silueta X.

Además, el informe dice que 2019 fue un “año de terror” porque superó en un 500% los datos recopilados en años anteriores. Stephano Espinoza, del colectivo Guayaqueercity, dice que la noticia de la muerte de Viteri se conoció  luego de tres o cuatro días por las redes sociales —mientras tanto, hubo un silencio completo en los medios de comunicación.

Entre los actos de odio que no se conocen porque tampoco se denuncian (o si se denuncian las investigaciones no avanzan), están el caso de una persona homosexual a quien en mayo de 2013 la despidieron de su trabajo por su orientación. En Manta, en noviembre del mismo año, a una persona transgénero le impidieron el ingreso a un lugar público por cómo iba vestida. Un hombre homosexual de 18 años fue detenido por policías en noviembre de 2012 y abandonado en las afueras de Quito. Casos como estos se repiten sin que nos enteremos.

Los actos de odio hacia la población LGBTI también se cometen dentro de sus familias. Según, Pedro Gutiérrez, una de las primas de Viteri contó que en su adolescencia, la familia lo internó en una clínica de deshomosexualización “es algo que el abogado ni la familia se han pronunciado, ni han dicho nada” dice Gutiérrez. En Ecuador está prohibido el funcionamiento de clínicas de “conversión” pero en la clandestinidad todavía atienden. En estos lugares las personas sufren torturas, golpes, insultos y hasta violaciones en intentos de volverlos heterosexuales.

Descansa en paz, Javier.

Fuente Agencias/GK/Dosmanzanas

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