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Domingo de Guzmán, un cristiano libre

Martes, 8 de agosto de 2023
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En la Fiesta de Santo Domingo de Guzmán, recordemos a este hombre providencial, amante de la pobreza y de la libertad en el compromiso…

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(imagen Saint Dominic of Guzman ora pro nobis by DCJBeeers)

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Nació en Caleruega (Burgos), en España, en 1172. Hacia 1196 se convirtió en canónigo del capítulo de la catedral de El Burgo de Osma (Soria). Acompañó al obispo Diego en una importante misión por el norte de Europa. Al pasar por el sur de Francia, vio claramente el daño que la herejía cátara estaba haciendo entre los fieles y maduró el designio de reunir a algunas personas que se dedicaran a la evangelización a través de la predicación pobre, estable y organizada del Evangelio.

Este proyecto, aprobado por vez primera por Inocencio III, fue reconocido definitivamente por Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Este último llamó «Hermanos Predicadores» a sus miembros. Domingo diseminó de inmediato a los hermanos que le siguieron por las regiones más remotas de Europa. Solía decir: «No es bueno que el grano se amontone y se pudra».

Precisó en dos congregaciones generales los fundamentos y los elementos arquitectónicos de su familia religiosa: vida en común pobre y obediente, la oración litúrgica, el estudio asiduo de la Verdad ordenado a la predicación, entendida como contemplación en voz alta, participación en la misión propia de la Iglesia, sobre todo en las tierras todavía no  evangelizadas.

Hombre genial, sabio, misericordioso, era «tierno como una madre y fuerte como el diamante»(Lacordaire). Murió en Bolonia el 6 de agosto de 1221. Gregorio IX lo canonizó el 3 de julio de 1234.

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“¿Cómo podré yo seguir estudiando en pieles muertas, en pergaminos, cuando hermanos míos en carne viva se mueren de hambre?”

“Con los pies descalzos salgamos a predicar”.

“Si alguien enseña a los frailes que faltar a las observancias es pecado, yo mismo iré sin demora por los claustros raspando todas las reglas con su cuchillo”.

“El trigo amontonado se pudre”.

“Tened caridad, conservad la humildad, poseed la pobreza voluntaria”.

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El primer modo de orar consistía en humillarse ante el altar como si Cristo, representado en él, estuviera allí real y personalmente, y no sólo a través del símbolo. Se comportaba así en conformidad al siguiente fragmento del libro de Judit: Te ha agradado siempre la oración de los mansos y humildes (Jdt 9,1 ó). Por la humildad obtuvo la cananea cuanto deseaba (Mt 15,21-28), y lo mismo el hijo pródigo (Le 15,11-32). También se inspiraba en estas palabras: Yo no soy digno de que entres en mi casa (Mt 8,8); Señor, ante ti me he humillado siempre (Sal 146,61). Y así, nuestro Padre, manteniendo el cuerpo erguido, inclinaba la cabeza y, mirando humildemente a Cristo, le reverenciaba con todo su ser, considerando su condición de siervo y la excelencia de Cristo. Enseñaba a hacerlo así a los frailes cuando pasaban delante del crucifijo, para que Cristo, humillado por nosotros hasta el extremo, nos viera humillados ante su majestad.

Mandaba también a los frailes que se humillaran de este modo ante el misterio de la Santísima Trinidad, cuando se cantara el Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. […]

Después de esto, santo Domingo, ante el altar de la iglesia o en la sala capitular, se volvía hacia el crucifijo, lo miraba con suma atención y se arrodillaba una y otra vez; hacía muchas genuflexiones, a veces, tras el rezo de completas y hasta la media noche, ora se levantaba, ora se arrodillaba, como hacía el apóstol Santiago, o el leproso del evangelio que decía, hincado de rodillas: Señor, si quieres, puedes curarme (Mt 8,2); o como Esteban, que, arrodillado, clamaba con fuerte voz: No les tengas en cuenta este pecado (Hcfi7,60). El padre santo Domingo tenía una gran confianza en l a misericordia de Dios, en favor suyo,  en bien de todos los pecadores y en el amparo de los frailes jóvenes que enviaba a predicar. […] Enseñaba a los frailes a orar de esta misma manera, más con el ejemplo que con las palabras.

*

I. Taurisano,
Il nove modi di pregare di san Dominico,
ASOP 1922, pp. 96ss.

 

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Domingo de Guzmán, un cristiano libre

Lunes, 8 de agosto de 2022
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En la Fiesta de Santo Domingo de Guzmán, recordemos a este hombre providencial, amante de la pobreza y de la libertad en el compromiso…

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(imagen Saint Dominic of Guzman ora pro nobis by DCJBeeers)

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Nació en Caleruega (Burgos), en España, en 1172. Hacia 1196 se convirtió en canónigo del capítulo de la catedral de El Burgo de Osma (Soria). Acompañó al obispo Diego en una importante misión por el norte de Europa. Al pasar por el sur de Francia, vio claramente el daño que la herejía cátara estaba haciendo entre los fieles y maduró el designio de reunir a algunas personas que se dedicaran a la evangelización a través de la predicación pobre, estable y organizada del Evangelio.

Este proyecto, aprobado por vez primera por Inocencio III, fue reconocido definitivamente por Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Este último llamó «Hermanos Predicadores» a sus miembros. Domingo diseminó de inmediato a los hermanos que le siguieron por las regiones más remotas de Europa. Solía decir: «No es bueno que el grano se amontone y se pudra».

Precisó en dos congregaciones generales los fundamentos y los elementos arquitectónicos de su familia religiosa: vida en común pobre y obediente, la oración litúrgica, el estudio asiduo de la Verdad ordenado a la predicación, entendida como contemplación en voz alta, participación en la misión propia de la Iglesia, sobre todo en las tierras todavía no  evangelizadas.

Hombre genial, sabio, misericordioso, era «tierno como una madre y fuerte como el diamante»(Lacordaire). Murió en Bolonia el 6 de agosto de 1221. Gregorio IX lo canonizó el 3 de julio de 1234.

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“¿Cómo podré yo seguir estudiando en pieles muertas, en pergaminos, cuando hermanos míos en carne viva se mueren de hambre?”

“Con los pies descalzos salgamos a predicar”.

“Si alguien enseña a los frailes que faltar a las observancias es pecado, yo mismo iré sin demora por los claustros raspando todas las reglas con su cuchillo”.

“El trigo amontonado se pudre”.

“Tened caridad, conservad la humildad, poseed la pobreza voluntaria”.

domingo-pies-cruz

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El primer modo de orar consistía en humillarse ante el altar como si Cristo, representado en él, estuviera allí real y personalmente, y no sólo a través del símbolo. Se comportaba así en conformidad al siguiente fragmento del libro de Judit: Te ha agradado siempre la oración de los mansos y humildes (Jdt 9,1 ó). Por la humildad obtuvo la cananea cuanto deseaba (Mt 15,21-28), y lo mismo el hijo pródigo (Le 15,11-32). También se inspiraba en estas palabras: Yo no soy digno de que entres en mi casa (Mt 8,8); Señor, ante ti me he humillado siempre (Sal 146,61). Y así, nuestro Padre, manteniendo el cuerpo erguido, inclinaba la cabeza y, mirando humildemente a Cristo, le reverenciaba con todo su ser, considerando su condición de siervo y la excelencia de Cristo. Enseñaba a hacerlo así a los frailes cuando pasaban delante del crucifijo, para que Cristo, humillado por nosotros hasta el extremo, nos viera humillados ante su majestad.

Mandaba también a los frailes que se humillaran de este modo ante el misterio de la Santísima Trinidad, cuando se cantara el Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. […]

Después de esto, santo Domingo, ante el altar de la iglesia o en la sala capitular, se volvía hacia el crucifijo, lo miraba con suma atención y se arrodillaba una y otra vez; hacía muchas genuflexiones, a veces, tras el rezo de completas y hasta la media noche, ora se levantaba, ora se arrodillaba, como hacía el apóstol Santiago, o el leproso del evangelio que decía, hincado de rodillas: Señor, si quieres, puedes curarme (Mt 8,2); o como Esteban, que, arrodillado, clamaba con fuerte voz: No les tengas en cuenta este pecado (Hcfi7,60). El padre santo Domingo tenía una gran confianza en l a misericordia de Dios, en favor suyo,  en bien de todos los pecadores y en el amparo de los frailes jóvenes que enviaba a predicar. […] Enseñaba a los frailes a orar de esta misma manera, más con el ejemplo que con las palabras.

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I. Taurisano,
Il nove modi di pregare di san Dominico,
ASOP 1922, pp. 96ss.

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‘Dones, carismas y frutos en Santo Domingo de Guzmán’, en el 800º aniversario de su muerte

Sábado, 22 de mayo de 2021
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imageNuevo libro en el Jubileo de Santo Domingo

Coincidiendo con el jubileo por el octavo centenario de la muerte del fundador de los dominicos, Edibesa publica esta obra, que trata una perspectiva novedosa en la literatura dominicana.

Su autor es Jesús ‘Chus’ Villarroel, OP: “Yo lo abordo todo con cariño y en la confianza de que la unción me acompañe y no desmerezca demasiado del modelo al que quiero escudriñar”.

Domingo de Guzmán, un cristiano libre

Cuando se cumplen los 800 años de la muerte de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores (dominicos), llega el libro ‘Dones, carismas y frutos en Santo Domingo de Guzmán’ (Edibesa), de Jesús ‘Chus’ Villarroel, OP.

El autor dominico se considera “no teólogo; a lo más, periodista del Espíritu”, “empírico y vivencial”, y “más acostumbrado a describir que a investigar”. Asegura haber escrito esta obra desde el cariño y el respeto: “Yo lo abordo todo con cariño y en la confianza de que la unción me acompañe y no desmerezca demasiado del modelo al que quiero escudriñar”.

La ilustración de la portada, que representa a Santo Domingo, es un dibujo de Ángel Medina, dominico terciario y pintor.

Clave novedosa

El libro comenzó a gestarse en 2016, en el octavo centenario de la fundación de la Orden, y ve la luz ahora. “Sobre Santo Domingo ya lo hemos leído todo, ya lo sabemos todo, ¿quién puede decir algo nuevo?”, se pregunta el propio autor.

Sin embargo, él ha dado con una clave novedosa en la literatura dominicana: ir más allá de los dones, que se han abordado en otras ocasiones, y prolongar hacia los frutos, carismas y bienaventuranzas.

“Espero que este libro ayude a muchos a conocer mejor la enorme personalidad carismática que albergaba su cuerpo magro y musculoso pero desgastado totalmente ya a los cincuenta años por Dios y por la Orden”, añade Villarroel.

Un libro con tres partes

La obra consta de tres partes. En la primera, Villarroel habla de los dones, un tema que pertenece a un rango altamente espiritual pero que no es ajeno a la Orden.

Se repasa el contexto histórico y cultural de la figura de Domingo y de los inicios de la Orden, y la inigualable aportación de Tomás a la teología, para adentrarse a continuación en los dones del Espíritu Santo como potencias motoras para acercarse a Dios y las virtudes teologales: sabiduría, inteligencia, ciencia, consejo, piedad, fortaleza, temor de Dios…

En la segunda parte se trata el asunto de los carismas. A diferencia de los dones, que son personales y sirven para el perfeccionamiento del creyente de manera individual, los carismas se dan para el bien común.

“Si Santo Domingo no hubiera sido una personalidad carismática, no nos hubiera trasmitido vida, ni la predicación en su boca tendría sentido alguno”, considera el autor. “La predicación, la intercesión, la sanación, el espíritu profético y tantos otros carismas fueron el vehículo para llegar al pueblo y sentirlo como algo vivo en su corazón”.

En la tercera parte se explica el fruto como aquello que tiene “un gozo o un disfrute o un gusto”. En Domingo, los gozos son los que provenían de los frutos gratuitos del Espíritu: la virginidad; la paz disfrutada al entregar al Espíritu Santo el inicio y la configuración de la Orden, la amistad con los demás, incluidas algunas mujeres; la “incorrupción de la carne”; la fe; la relación con la Virgen María, “su compasión, su amabilidad, sus lágrimas, su fuego en la predicación, su alabanza nocturna, su entrega durante el día al prójimo, su pobreza…”.

“Todas estas cosas son en él frutos del Espíritu porque, aunque su cuerpo sufriera, su espíritu se gozaba en todo ello a causa de Jesucristo, que era lo que él anhelaba por encima de todo”, asegura Villarroel.

Sobre el autor

Jesús Villarroel Fernández (Tejerina, León, 1935) es sacerdote dominico. Realizó los estudios de filosofía en Ávila y la teología en Alemania y Suiza, y obtuvo el doctorado de filosofía en la Universidad de Santo Tomás en Roma.

Durante mucho años fue profesor en los institutos de Filosofía y Teología de los Dominicos de Madrid y algunos cursos en la Universidad Pontificia de Salamanca. Dentro de la Orden dominicana ha sido prior y superior de varios conventos, así como formador.

Además, ha desempeñado diferentes labores pastorales en varias parroquias de Madrid. También ha trabajado con intensidad, durante 43 años, en la Renovación Carismática Católica, sobre todo en la predicación, y durante ocho años en la coordinadora nacional.

Ha publicado varios libros en los que recoge la experiencia espiritual que el Espíritu le ha regalado a la Iglesia por medio de la predicación de la gratuidad de la salvación como don de Dios.

Fuente Religión Digital

Biblioteca, General, Iglesia Católica , , , ,

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