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«Biblia y Homosexualidad.» Por Enric Capó.

lunes, 17 de febrero de 2014
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AdamSteveTheSinDel blog Homoprotestantes:

Una primera lectura de la Biblia nos lleva a la conclusión de que en ella nos hallamos ante una condena absoluta de la homosexualidad. En el A.T. encontramos pasajes muy fuertes que prohíben enérgicamente las relaciones sexuales entre hombres; e, incluso, llegan a castigarlas con la pena de muerte. “Si alguien se acuesta con otro hombre como se hace con una mujer, cometieron gran perversión; ambos han de ser muertos” (Lev 20,13). No es, pues, extraño que muchos cristianos estén totalmente en contra de esta práctica sexual y que algunos lleguen a aplicar el castigo que establece el libro del Levítico. En los EEUU son miles las víctimas del fanatismo religioso contra los homosexuales. Recuerdo unas fotografías, que me enseñaron allí, del escenario del asesinato de un homosexual. Había sido asesinado en el comedor de su casa y en una de las paredes de la habitación donde se encontraba el cadáver, podía verse la cita escrita a mano de Lev. 20,13. Parece que esto lo justificaba todo.

A la misma conclusión llegamos cuando leemos el Nuevo Testamento. La primera lectura de los pasajes de Romanos 1,26-27, y otros parecidos (1 Co 6,9; 1Tim 1,8-10; Judas 1,7), nos confirman en la condenación de las relaciones homosexuales: “así que Dios los ha dejado a merced de pasiones vergonzosas. Sus mujeres invierten el uso natural del sexo y se entregan a prácticas antinaturales. Y lo mismo los hombres dejan las relaciones naturales con la mujer y se abrasan en el deseo de los unos con los otros. Hombres con hombres cometen acciones infamantes, y en su propio cuerpo reciben el castigo que merece su extravío”. Los pasajes son tan claros y explícitos que parece que no dejan resquicio alguno para aceptar cualquier práctica homosexual.

Sin embargo, una segunda lectura, más pausada i cuidadosa, de los mismos textos, nos suscita dudas sobre las conclusiones a las que hemos llegado en la primera lectura.

La primera duda se refiere a si el pasaje del Levítico nos afecta a nosotros los cristianos. Nos damos cuenta de que los versículos que citamos del libro del Levítico pertenecen a la porción del libro que se denomina “Código de Santidad” (Capítulos 17 al 26) en el que se dan instrucciones al pueblo de Israel, de muy diferente índole, que nosotros, los cristianos, no nos sentimos obligados a observar. Por ejemplo, prohibiciones diversas a las que no hacemos caso: comer sangre, bajo pena de ser extirpado del pueblo (17,10), sembrar un campo con dos clases de semilla o llevar ropas hechas con dos clases de tejidos (19,19), rapar en redondo la cabeza o recortarse la barba (19,27), comer animal muerto o quien haya sido despedazado por las fieras (22,8) etc. Por otra parte se da permiso –cosa que nosotros no aceptamos- para comprar y vender esclavos (25,44-46), o se castiga con la muerte al blasfemo (24,14). Entre todas estas prohibiciones está la de “acostarse con varón como con mujer”. ¿En qué difieren las prohibiciones? ¿Debemos obedecerlas todas o, por el contrario, olvidarlas como cuestiones que se referían a un pueblo y a una época, pero que no nos afectan?

La segunda duda se refiere a si nosotros, que vivimos en el siglo XXI, estamos hablando el mismo lenguaje de la Biblia y entendemos las palabras que usamos de la misma forma. Tanto en los pasajes del Antiguo Testamento como en los del Nuevo, la prohibición de relaciones sexuales entre hombres está en el contexto de los hombres malvados que corrompen la creación “como no tienen interés en conocer a Dios, Dios mismo los ha dejado a merced de una mente pervertida que les empuja a hacer lo que no deben. Rebosan injusticia, perversidad, codicia, maldad; son envidiosos, asesinos, embaucadores, malintencionados, etc. etc. (Ro 1,28-29). Es decir, la práctica de la homosexualidad se sitúa en el contexto de los vicios sexuales y de la corrupción de costumbres. Así, en el pasaje de 1ª Corintios 6, se les condena junto a los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los ladrones, los borrachos, etc. Asimismo en el pasaje de 1 Tim 1,8-10, se los asimila a los parricidas y matricidas, los fornicarios, los mentirosos y perjuros, etc. Y así en otros pasajes. Podríamos, pues, concluir que en la Biblia se condena la promiscuidad sexual y toda clase de vicio homo o heterosexual, pero que en ningún pasaje se contempla la posibilidad del amor y la fidelidad entre miembros del mismo sexo.

Y creo que esto debe ser subrayado y tenido en cuenta en nuestra segunda lectura de la Biblia. Porque, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento se menciona la homosexualidad como lo que en su estado puro realmente es: una peculiaridad de la naturaleza que no tiene nada que ver con las perversiones sexuales mencionadas en la. El homosexual no es un vicioso al que se debe castigar, como lo ha sido a lo largo de la historia, sino un ser humano que afectiva y sexualmente se comporta de forma diferente a los que llamamos heterosexuales. Por tanto, es totalmente injusto aplicar los pasajes que hemos mencionado a aquellos hombres y mujeres que, aún siendo del mismo sexo, se sienten atraídos entre ellos, se enamoran, se aman y deciden vivir juntos en la fidelidad “hasta que la muerte nos separe”. Esto no es perversión, ni vicio, sino otra forma de amar , ciertamente atípica, pero no por esto menos lícita ni menos digna de respeto.

Enric Capó

Este artículo se publicó en la revista Lupa Protestante en Abril de 2009.

Biblia, Espiritualidad , , ,

«Marcos, Dios te ama», por Carlos Osma.

viernes, 31 de enero de 2014

Interesante artículo publicado en Homoprotestantes:

  Hace dos días me envió un mensaje, en realidad era sólo una frase donde me preguntaba si había una iglesia cristiana gay en Barcelona. Al final hemos quedado hoy cerca de casa para conocernos y hablar un poco. He llegado cinco minutos tarde, él ya estaba allí, nos hemos dado la mano y para romper el hielo le he preguntado si hoy había tenido clases. Me ha dicho que no, que hoy no. Tendrá veintitantos, le cuesta mirarme a la cara y le noto muy nervioso. Mientras nos acercamos a un bar cercano vamos hablando de sus estudios, de la beca que le ha traído a Barcelona y de que no volverá a su ciudad hasta dentro de dos años. Por como me lo ha dicho no sé si esto último le parece bueno o malo, pero he preferido no preguntárselo.

Al llegar al bar nos sentamos y pedimos una cerveza cada uno, creo que le ha hecho gracia que pida una cerveza, me ha comentado que en su país los cristianos no suelen beber alcohol. Después, cuando la camarera se ha ido, ha explicado que no vive bien el hecho de ser gay y cristiano, que ha hecho todo lo posible por dejar de ser gay, y que durante meses se ha sometido a una terapia de reconversión. Me ha mirado fijamente a los ojos por primera vez y me ha preguntado cómo puede una persona hacer compatible su fe y su orientación sexual. Y me lo ha preguntado como quien se está hundiendo en el mar y grita que necesita un salvavidas. Le he tocado el hombro con la mano y le he dicho: Marcos, Dios te ama.

Siempre me pasa lo mismo, todo esto me hace retroceder mil años, y me acuerdo de todas las cosas que a mí me hubiera gustado escuchar cuando estaba al otro lado de la mesa. Si hubiese sido valiente le hubiera dado un abrazo, pero no lo he sido, y sólo me he atrevido a ponerle la mano sobre el hombro. Le he pedido que se olvide de las condenas que ha escuchado desde que era niño, de todos los mensajes negativos sobre su forma de amar y desear y que se pregunte qué hay de malo en lo que él siente; en enamorarse de otros hombres. Intentaba que viera que su odio a sí mismo no nace de cómo él es, sino de una ideología a la que no le gusta la gente distinta. Pero me ha sido imposible, es incapaz de mirarse a sí mismo sin las lentes de la homofobia.

“Nunca me he enamorado”, me ha dicho después. Ha cogido carrerilla y ha empezado a nombrar toda una serie de prejuicios sobre la homosexualidad: que los homosexuales nunca pueden ser felices, que son infieles, que uno de ellos se comporta como una mujer…. “Marcos Dios no sólo te ama como eres, sino que quiere que seas así. Él te ha hecho tal y como eres, y cuando huyes de ti mismo, estás huyendo de Dios también. No encontrarás a Dios en esos mensajes que no te aceptan”. Ha vuelto a bajar la cabeza y me ha dicho que no siente que Dios le ame así, se ha creado un silencio tenso, y ha añadido: “he intentado suicidarme varias veces”. Le he tocado el brazo derecho con la mano y he dicho: “la homofobia te está matando, pero Dios puede salvarte… de eso va en realidad el cristianismo, de vida y salvación”.

Creo que mis palabras han rebotado contra un muro que él no ha construido pero que lo está asfixiando. De pronto ha recitado un texto de la Biblia de memoria: “ no yacerás con hombre como con mujer” , y le he respondido que la Biblia tiene miles de versículos en los que Dios quiere hablarle, no sólo cuatro. Que para muchos heterosexuales la homosexualidad aparece en la Biblia sólo cuatro veces, pero que para los homosexuales cada uno de los versículos de la Biblia están dirigidos a ellos. Y que en esos versículos Dios les guía y les muestra su amor, no una condena absurda. Le he explicado que leer la Biblia al pie de la letra es suicida, y que en realidad nadie lo hace. No le ha convencido, así que le he recomendado que si quiere cumplir al pie de la letra el texto que había citado, podía mantener sexo de pie. Se ha reído por primera vez.

No es la primera vez que me pasa algo parecido, y me siento impotente. No sé cuál es la manera de romper esa red diabólica en la que Marcos está atrapado. Ojala todo fuera más fácil y con sólo unas palabras se lograsen borrar todas las mentiras que impiden a personas como Marcos sentirse amadas por Dios. Pero la realidad siempre es más complicada.

Hemos estado hablando durante dos horas y media, hay veces que me atendía con interés, otras en las que no entendía lo que le decía. Pero Marcos ha escuchado desde antes de tener uso de razón, que Dios no le quiere. Y lo ha oído de labios de su padre, de su madre, de sus hermanos, del pastor y de cada uno de los miembros de su iglesia. Nuestras dos horas y media siento que son como una gota de verdad en un mar de engaño. Pero no me he dado por vencido, y antes de que nos despidiéramos le he vuelto a decir: “Marcos Dios te ama, y te ama como eres, piensa en todo lo que hemos hablado”. Me ha dicho con una sonrisa que lo haría, y después ha vuelto sólo a su mundo, mientras yo volvía a mi vida.

La homofobia no es un tema, la homosexualidad no es una postura teológica. Quienes se siguen moviendo en esas coordenadas, que tristemente son mayoría incluso en las iglesias más progresistas, no saben en realidad de qué están hablando. La homofobia es una ideología criminal que destruye la vida de muchas personas, y que crucifica a quienes se oponen a ella. La homofobia es la negación de la realidad que hace que muchas personas vivan humilladas, escondidas o relegadas a un segundo plano, en nombre de una ideología heteronormativa que muchos llaman voluntad divina. Y la homofobia es un pecado que mata, todavía hoy, en una ciudad moderna y cosmopolita como Barcelona. Quien relativiza el drama se aleja del evangelio.

Marcos, si lees esto, que no se te olvide: Dios te ama.

Carlos Osma

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Homofobia/ Transfobia., Iglesias Evangélicas , , ,

«La familia según San Marcos», por Carlos Osma.

martes, 28 de enero de 2014
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Interesante artículo publicado en Homoprotestantes:

Es bastante habitual, cuando pensamos en la familia de Jesús, que vengan a nuestra mente las tradicionales imágenes de un bebé en la cuna de un pesebre, rodeado de su madre María, y su padre José. Pero por poco que observemos, nos damos cuenta de que Jesús llamó familia a otro tipo de relaciones, no necesariamente biológicas. Por eso me gustaría reflexionar sobre la visión de la familia que se desprende del evangelio de Marcos, a partir de palabras como padre, madre, hija, hijo, hermana o hermano. Y de las relaciones que aparecen en el evangelio entre Dios, Jesús y sus seguidores.

Comienza el evangelio afirmando que Jesús es el Hijo de Dios(1). En otros momentos es Dios mismo quien llama a Jesús Hijo amado(2), e incluso los demonios quienes le reconocen su filiación divina(3), aunque Jesús les mande callar. Pero nadie más se atreve a decirlo, hasta que al final de la tercera parte, cuando la acción se sitúa en Jerusalén y el desenlace fatal está próximo, Jesús se lo confirma al sumo sacerdote(4). Casi al terminar el evangelio, el centurión, al lado de la cruz en el momento de la muerte de Jesús, será la primera persona que le reconocerá como Hijo de Dios(5).

Parece claro que el evangelio de Marcos utiliza la relación paterno-filial para subrayar la relación única de Jesús con Dios. Podríamos pensar que esta manera de expresarla no tiene su origen en el Jesús histórico, ya que sólo la encontramos en boca de Jesús una vez. Pero si tenemos en cuenta que el secreto mesiánico es característico de Marcos, y que hay muchas tradiciones diferentes e independientes que dicen que Jesús afirmaba ser El Hijo de Dios, podemos suponer que ésta era su autocomprensión(6). Además observamos que en Getsemaní la expresión utilizada por Jesús es “Abba”, palabra de origen arameo que utilizaban los niños para dirigirse a sus padres, algo no muy usual para referirse a Dios, y que tiene visos de remitir al Jesús histórico. Por lo tanto es lógico pensar que Jesús mostró a Dios como su Padre cercano.

Por otro lado observamos que en este evangelio no aparece el padre biológico de Jesús. A diferencia de otros familiares, éste parece no existir. Se han propuesto varias posibilidades, incluso un oficial romano(7), pero la más aceptada es que José, su padre, habría muerto antes de que Jesús comenzara su ministerio.

No aparece la relación padre/hijo referida explícitamente a Dios y los discípulos, sin embargo dos veces viene referida a Jesús y otro ser humano(8). En ambas ocasiones Jesús parece blasfemar mostrándose como algo más que un hombre, ¿está la comunidad marcana comparando la relación Dios-Jesús, con la de Jesús-seguidores? ¿O realmente Jesús se sentía padre de sus discípulos?

Las relaciones humanas entre padre/hijo o madre/hija aparecen recogidas por ejemplo en dos casos de milagros o exorcismos(9). En ambas los progenitores interceden por sus descendientes, siendo capaces de enfrentarse a los condicionantes sociales e incluso a la muerte, por el bien del hija/o. El padre y la madre están con su hijo/a hasta el final, su fe, intercede por ellos. Aunque la fe es un elemento principal, salta a la vista que las relaciones familiares también juegan un papel relevante. Este padre y esta madre que se comportan de forma ejemplar, ayudan a potenciar las estructuras familiares del siglo primero. Sin embargo existe una tensión muy grande entre estos textos, y la llamada de Jesús a sus discípulos que parece romper la estructura de la familia(10). Santiago y Juan, como otras mujeres y hombres, dejan su familia para seguir a Jesús. “Con esta llamada a abandonar todo, Jesús desafió los valores del parentesco(11)”. Y como es de suponer, produciría un conflicto entre sus seguidores y sus familias. Éstos se ponen en movimiento y salen de la seguridad que les ofrecía el entorno familiar y la comunidad de la que formaban parte, para convertirse en discípulos.

Pero entonces: ¿Qué sentido tiene esta tensión entre reforzar las estructuras familiares o relativizarlas? ¿A qué se debe? ¿Reflejan diferentes formas de seguimiento? ¿Proviene una de la comunidad marcana y la otra del mismo Jesús o de discípulos no “establecidos”? Quizás la tesis de Theissen, de que el evangelio de Marcos intenta adaptar tradiciones de los primeros carismáticos itinerantes para que sirvan de base practica para las comunidades locales, pueda ayudar a responder estas preguntas(12).

Se dice claramente en el evangelio que la madre de Jesús se llamaba María(13), y que en algún momento, quizás porque se decía que Jesús tenía un espíritu impuro, intentó venir a por él junto a sus hermanos y hermanas(14). Es destacable la manera en que Jesús la ignoró, dando la espalda a sus obligaciones como hijo, y más si María era viuda. A partir de aquí no volveremos a saber nada de ella. Él, que en una discusión con los fariseos les echó en cara que no honrasen a su padre y su madre(15), se atreve a desentenderse de la suya. Jesús con su comportamiento parece ponerse en contra de la ley de Dios, optando por la marginación y el desplazamiento a los ojos de quienes formaban su familia “natural”.

Parece claro que junto a sus discípulos, Jesús construye una nueva forma de familia, que entra en conflicto con la familia tradicional del momento. Así parece indicarlo Marcos cuando dice que Jesús reconocía como hermano, hermana y madre únicamente a quienes decidieron dejarlo todo para seguirle(16). Éste será el grupo humano que les otorga identidad, y no su antigua familia. En esa nueva forma de familia se reconocen todos como hermanos y hermanas, lo cual refleja una organización igualitaria que afirma únicamente la primacía del necesitado, de los últimos(17). El hecho de que se hable de los doce discípulos como un grupo más cercano a Jesús, podría ser histórico según algunos autores; esta elección podría mostrar la conciencia jesuática de sentirse enviado a las doce tribus de Israel. “Sin embargo, no sólo los Doce sino todos los discípulos participan en la misión de Jesús(18)”. Una misión en la que ninguna persona está por delante de otra.

Y si Jesús utilizó el modelo de familia de sustitución para dar un nuevo contexto a sus seguidores, tiene sentido pensar que bajo esa identificación, propusiera a Dios como Padre. Un Padre que no responde al modelo patriarcal del momento, sino que se atreve a salir de los roles masculinos de la época. En las parábolas, “Jesús presenta padres y amos de casa… que parecen como débiles y nada viriles porque eligen la compasión y el amor por encima del honor(19)”. En esta familia Jesús sería otro hermano más, y el Hijo Primogénito del Padre, a través de él, el resto de discípulos entraban en relación con el Padre. Ahora, sí se deduce que Dios es Padre de cualquier mujer u hombre que le siga independientemente de su origen judío o gentil. No existe para el evangelista ningún condicionante que impida entrar en esta nueva forma de familia iniciada por Jesús, sólo la llamada y el seguimiento decidido, el ponerse en camino hacia el Reino de Dios que viene. Sólo la fe que espera en Jesús, como la de una mujer extranjera(20).

Es cierto que el evangelio de Marcos nace en el contexto de una comunidad cristiana que mayoritariamente ya no sigue el modelo del discípulo “itinerante”, y quizás esto haga que en algunos momentos las estructuras familiares “tradicionales” aparezcan reforzadas. Sin embargo, aún para esta segunda generación de cristianos, convertirse al cristianismo suponía una ruptura con su entorno más cercano. Posiblemente por eso se refleja en Marcos con tanta claridad, que la llamada de Jesús significó también para los primeros discípulos el abandono de todas las cosas(21), entre ellas la familia y sus ideas sobre ella. Pero su decisión de ir tras Jesús, tenía la promesa de recibir cien veces más en este mundo(22), puesto que pasarían a formar parte de una nueva forma de familia, que no tenía su origen en la voluntad de hombres, sino de Dios. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , ,

Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.

lunes, 27 de enero de 2014
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Ya que, debido al incidente que nos tiene preocupados, no hemos podido trabajar en el blog durante esta semana, traemos hoy este precioso texto que hemos conocido gracias a Homoprotestantes ya que el objetivo de la UNIDAD de todos los cristianos bajo el ÚNICO pastor que es Jesús, el Cristo, es una carrera de fondo en la que no podemos desfallecer.

Semana de Oración para Unidad de los Cristianos
Is 49, 3.5-6/Sl 39/1 Co 1, 1-3/Jn 1, 29-34

¿Quién no ha experimentado nunca el efecto balsámico que tienen unas palabras de confianza, de coraje, de ánimo en un momento determinado de nuestra vida? Especialmente aquellas palabras que nos hacen sentir que nuestro trabajo no es en vano, que lo que hacemos – a pesar de nuestras humanas limitaciones y que aquello mismo que estamos haciendo no sea para enmarcarlo –, tiene valor para alguien, aunque sólo sea para una persona. Quien jamás ha recibido tales palabras sabe muy bien la sed que anida en su alma por oírlas alguna vez. Y eso aunque uno sepa, de tantas veces que se lo han dicho, que debe hacer las cosas para el Señor sin esperar ningún humano agradecimiento a cambio. Cuando esta palabra de ánimo, de reconocimiento, llega es como el agua fresca cuando uno tiene sed; es como el bálsamo que suaviza y cura cualquier herida.

Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso. Parece que Dios nos conoce bien, ¿no? Que conozca perfectamente que también nosotros, de vez en cuando, necesitamos oír estas palabras de ánimo y fuerza. Porque justamente es la palabra que el profeta recibe de parte de Dios para su pueblo: Estoy orgulloso de ti. Y la Palabra de Dios no es palabra muerta, en todo caso somos nosotros los que ahogamos esta Palabra o la hacemos improductiva. La Palabra de Dios es palabra viva, que invita siempre a no quedarnos contentos, a no sentirnos “sobraos”; sino que es una palabra dinámica, cargada de poder para seguir adelante, para no quedarnos anclados en tiempos pasados, aquellos que siempre pensamos que fueron mejores que los que ahora nos toca vivir.

Nos llega esta Palabra también hoy a nosotros. A todos y a cada uno de nosotros, porque Dios no hace acepción de personas. Dios te dice hoy a TI: hombre o mujer, niño o adolescente, joven, adulto o anciano, soltero, casado o viudo: Tú eres mi siervo, mi sierva, de quien estoy orgulloso. En la medida en que nos vayamos comportando como lo que somos en realidad, hijos e hijas de Dios, iremos escuchando esta palabra: Estoy orgulloso de ti… y no necesitaremos escuchar otras extrañas palabras lisonjeras y vacías que no vienen de Él. Y esta Palabra también nos llega en esta semana en la que desde ayer hemos empezado a orar, como solemos por estas fechas, por la Unidad de los Cristianos. Creo que podemos oír y tomar esta palabra de parte de Dios como su reconocimiento a todos los esfuerzos llevados a cabo desde las diferentes Iglesias, Comunidades eclesiales y denominaciones cristianas, esfuerzos hechos para acogernos mejor entre nosotros, para poder entendernos mejor desde las distintas realidades, por todo aquello que ha implicado de crecimiento y conocimiento mutuos… Con todo, justamente en este sentido, nos llega esta Palabra de la misma forma que plasma el texto de Isaías que hemos oído proclamar: Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob… te hago luz de las naciones. La Palabra nos empuja a seguir adelante, a no dormirnos, a no pensar que ya está todo hecho… sino a seguir trabajando para que tanto el escándalo de la división como la tentación de la uniformidad puedan desaparecer pronto de nuestros respectivos horizontes.

¿La solución? Hacer caso al Bautista: seguir mirando TODOS hacia el mismo lugar, hacia quien de verdad es el centro: ¡Éste es el Cordero de Dios! No podemos hacer otra cosa (si es que queremos prosperar en esta labor ecuménica común a los cristianos y cristianas de nuestro siglo XXI), que mirar al Único capaz de borrar nuestras diferencias superficiales, al Único capaz de sanar nuestras heridas históricas, nuestras grandes incomprensiones, que mirar a JESÚS para poder escuchar algún día, esperamos no muy lejano, todos juntos (como la gran familia que por el bautismo ya somos) un gran y rotundo: TÚ ERES MI SIERVO, DE QUIEN ESTOY ORGULLOSO.

Autor: Fray Ángel de Ara-Coeli

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , ,

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