Comentarios desactivados en “Luchar contra el mosquito tigre”, por Dolores Aleixandre.
De su blog Un grano de Mostaza:
Hay reacciones que debilitan nuestra confianza en que la Palabra es siempre de fiar
A veces reaccionamos ante ciertos textos del Evangelio como si nos hubiera picado un mosquito tigre inoculándonos un virus peor que el del Nilo que debilita nuestra confianza en que la Palabra es siempre de fiar: “Es injusto que los últimos jornaleros cobraran igual que los que llevaban deslomándose todo el día…”; “Intolerable el egoísmo de las chicas de la parábola que no compartieran su aceite…” , “Y el administrador aquel, menudo pájaro, solo alguien a quien se le ha ido pinza puede felicitarlo…”
El asunto sube de tono cuando el cuestionado es el propio Jesús: “Me indigna que se sigan leyendo esas palabras tan ofensivas contra una mujer”; “Yo creo que es un texto apócrifo, ¿cómo iba Jesús a llamar “perro” a alguien?”, “No soy antisemita pero suena a Netanyahu tratando así a los palestinos …”
Como la experiencia me enseña que la explicaciones eruditas solo les sirven a unos pocos y los consejos menos aún, me limito a contar mi propia reacción cuando esa listilla borde que se aloja en mi interior – y en el de cada cual, no se hagan los virtuosos- hace su aparición.
Primero busco la puerta de atrás del texto y desde ahí, planto un desafiante ataque frontal tipo: “Pues a mí me encanta que Jesús haga saltar por los aires el sistema perverso de la meritocracia y ponga el acento en el corazón bueno del Padre. Hay que ser un cernícalo para no darse cuenta de que el aceite simboliza lo esencial en la vida: con eso no se juega y no hay tiempo para andar trasteando con lamparitas. Y olé al administrador espabilado que convirtió a sus deudores en cómplices; ya quisiera yo para mí algo de su astucia.
¿Jesús y la cananea? Otro de mis textos favoritos. Qué preciosidad ver cómo se van derritiendo los prejuicios ultraconservadores de Jesús – humano como usted y como yo, no se olviden – . La mujer, listísima, sabe darle la vuelta a sus argumentos y con una estrategia genial logra encontrar el meeting point que la vincula con Jesús en una pasión idéntica que los hace coincidentes.
Comentarios desactivados en ¿Se ha quedado nuestra Iglesia sin vino para amar a los diferentes?
La reflexión de hoy es del padre Paul Morrissey, D. Min., un sacerdote fraile agustino que fue uno de los pioneros del ministerio gay en la Iglesia Católica de los Estados Unidos. Es autor de numerosos artículos para revistas y de tres libros, incluido el próximo Why I Remain a Gay Catholic: A Spiritual-Sexual Journey (Paulist Press, junio de 2025). Su página web, TouchedbyGod.net, tiene la intención de fomentar un diálogo sobre el don de la sexualidad.
Paul será el facilitador del próximo retiro de New Ways Ministry para sacerdotes, hermanos y diáconos gays, del 24 al 27 de marzo de 2025, cerca de Hartford, Connecticut. Para obtener más información, haga clic aquí.
Las lecturas litúrgicas del Domingo de la segunda semana del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.
En la película “Jesús de Nazaret”, hay una escena en la que se muestra a Jesús bailando en un círculo alegre con sus discípulos. Es una fiesta de bodas. Esta escena siempre ha sido una de mis imágenes favoritas de Jesús. En el Evangelio de hoy, nos encontramos con Jesús en una de esas bodas. Su madre también está allí.
Durante la celebración, María nota algo que podría ser embarazoso para los anfitriones de la fiesta. Hace un gesto hacia su hijo y dice: “Se ha acabado el vino”. Jesús responde un poco bruscamente: “Mujer, ¿cómo me afecta tu preocupación?” En otras palabras: “Estoy pasando un buen rato con mis amigos. No me molestes”. Aún más directamente, la llama “mujer”. Es como si fuera una dama más entre la multitud. Luego dice: “Mi hora aún no ha llegado”.
¿Qué significa o a qué se refiere “mi hora”? El Evangelio de San Juan a menudo se refiere a la “hora” de Jesús en el momento clave de su pasión en la cruz por nuestra salvación. En la fiesta de bodas, una etapa temprana de su vida pública, Jesús se muestra consciente de adónde lo llevará su llamado, tal vez resistiéndose a él, o tal vez no estando de acuerdo sobre el momento preciso de su comienzo. Es como si quisiera un poco más de tiempo para relajarse con sus amigos antes de que comience su pasión. O tal vez tenía otro comienzo en mente. Pero María simplemente ordena a los camareros: “Haced lo que Él os diga”.
¿Podemos confiar en que María sabe lo que se siente al “faltar algo” (como el vino)? ¿No tenía marido cuando quedó embarazada? ¿Creemos que sabe que “faltar algo” puede crear vergüenza y bochorno e incluso peligro debido a las reacciones de otras personas? ¿Y podemos confiar en que fue precisamente la sensibilidad de María en este asunto lo que la hizo señalar esta necesidad a su hijo, Jesús?
Jesús, incluso si siente que “no es su momento”, escucha la compasión de su madre y comienza su vida pública. Esta respuesta generosa puede dar un ejemplo a la Iglesia mientras aprende a vivir con las personas LGBTQ en su medio. Tal vez nosotros u otros hemos tenido la experiencia de un embarazo no deseado, como una sorpresa y hasta una vergüenza. “¿Cómo sucedió esto?”, nos hemos preguntado, imitando la respuesta de María en la Anunciación. Sin embargo, con el tiempo también hemos dicho en oración: “Hágase en mí según tu palabra”.
Esta imagen del matrimonio/nacimiento está presente en todas las palabras de las Escrituras de hoy. En la lectura de Isaías, leemos: “No me callaré… ¡No me quedaré callado!” (por amor a Sión). También, “Ya no te llamarán “abandonada” y “desolada”, sino “mi delicia”. Finalmente, “Como un joven se desposa con una virgen, tu Creador se desposará contigo, y como un esposo se regocija con su esposa, así se regocijará contigo tu Dios”.
Estas imágenes matrimoniales se refieren a Israel, y también incluyen a quienes seguimos el linaje espiritual de Israel, la Iglesia. Que el mundo sepa, proclama Isaías, que ya no estás abandonada ni desolada porque YHWH te ha tomado como su esposa. Se ha casado contigo. ¡Qué cambio! Qué mensaje para este domingo en el que celebramos una fiesta de bodas con la presencia de Jesús y María. Que nosotros y la Iglesia nos llenemos de alegría al despertar al abrazo matrimonial del amor de Dios por nosotros después de nuestro exilio.
Como personas LGBTQ, ¿podemos escuchar este mensaje para nosotros hoy? Tú también eres esta novia de Dios, ya no abandonada ni desolada, sino su deleite.
Y como iglesia, ¿podemos escuchar el mensaje de que si se puede hablar de Dios como “casándose” con su amada (Sión), entonces ¿por qué la jerarquía es tan incapaz de aceptar las relaciones homosexuales como signos del amor de Dios? Como iglesia, ¿somos tacaños? ¿Dudamos de la amplitud del amor de Dios? Tal vez estas carencias por parte de la iglesia sean una forma de interpretar lo que se quiere decir cuando escuchamos a María gritarle a Jesús: “Se han quedado sin vino”.
El salmo responsorial nos insta a seguir adelante y a salir al exterior con el mensaje: “Proclamad las maravillas de Dios a todas las naciones”. Sí, Dios nos ha desposado, a cada uno de nosotros como individuos y a toda la comunidad de la Iglesia. Con una alegría indescriptible –como en una fiesta de bodas donde de repente aparecen 120 galones de buen vino– entremos con él en su tienda nupcial mientras el jefe de camareros exclama: “Has guardado el mejor vino para el final”. Entonces, que comience el baile.
En la segunda lectura, San Pablo escribe a los corintios: “Hay diversidad de dones espirituales… pero uno y el mismo Espíritu que los produce”. Este es un mensaje maravilloso sobre la diferencia y los carismas que fluyen de esta realidad en la creación.
¿No es precisamente la conciencia de las personas LGBTQ de nuestra diferencia lo que es un carisma que traemos a la Iglesia? Después de muchas luchas y dolores de parto, hemos experimentado el amor del Creador por la diferencia. ¿No es esto algo para proclamar, aunque la Iglesia a menudo le tenga miedo? Por nuestra propia fidelidad y creencia en la presencia de Dios en nosotros, proclamamos a las iglesias cómo nuestros diferentes dones trabajan juntos para el bien de todo el Cuerpo a través del único Espíritu.
Por último, si como muchas personas hoy en día a veces sentimos que nos hemos “quedado sin vino” (es decir, sin alegría de vivir y sin confianza en nuestro amor “diferente”), ¿podemos creer que Jesús puede convertir el “agua” de nuestras vidas a veces insulsas en “vino”, el espíritu de fiesta, celebración y alegría que está en los corazones y las almas de las personas LGBTQ como uno de los dones espirituales de Dios para nosotros? La Iglesia necesita que este “espíritu nupcial” burbujee como el buen vino y lo envíe a la nueva aventura sinodal de esperanza, como nos ruega el Papa Francisco en su último y maravilloso período como nuestro Papa.
Comentarios desactivados en “Alegría y amor”, 2º Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)
Según el evangelista Juan, Jesús fue realizando signos para dar a conocer el misterio encerrado en su persona y para invitar a la gente a acoger la fuerza salvadora que traía consigo. ¿Cuál fue el primer signo?, ¿qué es lo primero que hemos de encontrar en Jesús?
El evangelista habla de una boda en Caná de Galilea, una pequeña aldea de montaña, a quince kilómetros de Nazaret. Sin embargo, la escena tiene un carácter claramente simbólico. Ni la esposa ni el esposo tienen rostro: no hablan ni actúan. El único importante es un «invitado» que se llama Jesús.
Las bodas eran en Galilea la fiesta más esperada y querida entre las gentes del campo. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas de boda y cantando canciones de amor. De pronto, la madre de Jesús le hace notar algo terrible: «no les queda vino». ¿Cómo van a seguir cantando y bailando?
El vino es indispensable en una boda. Para aquellas gentes, el vino era, además, el símbolo más expresivo del amor y la alegría. Lo decía la tradición: «El vino alegra el corazón». Lo cantaba la novia a su amado en un precioso canto de amor: «Tus amores son mejores que el vino». ¿Qué puede ser una boda sin alegría y sin amor?, ¿qué se puede celebrar con el corazón triste y vacío de amor?
En el patio de la casa hay «seis tinajas de piedra». Son enormes. Están «colocadas allí», de manera fija. En ellas se guarda el «agua» para las purificaciones. Representan la piedad religiosa de aquellos campesinos que tratan de vivir «puros» ante Dios. Jesús transforma el agua en vino. Su intervención va a introducir amor y alegría en aquella religión. Esta es su primera aportación.
¿Cómo podemos pretender seguir a Jesús sin cuidar más entre nosotros la alegría y el amor?, ¿qué puede haber más importante que esto en la Iglesia y en el mundo?, ¿hasta cuándo podremos conservar en «tinajas de piedra» una fe triste y aburrida?, ¿para qué sirven todos nuestros esfuerzos, si no somos capaces de introducir amor en nuestra religión? Nada puede ser más triste que decir de una comunidad cristiana: «No les queda vino».
Comentarios desactivados en “En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”. Domingo 19 de enero de 2025. 2º domingo del Tiempo Ordinario.
De Koinonia:
Isaías 62, 1-5: La alegría que encuentra el esposo con su esposa. Salmo responsorial: 95: Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. 1Corintios 12, 4-11: El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece. Juan 2, 1-11: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos.
La vida de Jesús se desarrolló dentro de la normalidad propia del ambiente cultural y la religiosidad de un judío del primer siglo de nuestra era. Los discípulos descubren a Jesús como un hombre normal, en un ambiente normal y sin ningún tipo de manifestaciones espectaculares o extraordinarias. Esta realidad de una vida normal en Jesús, hace que entre los discípulos y él no haya ningún tipo de distanciamiento, antes por el contrario, una vida verdaderamente humana como la de Jesús, hace que su experiencia del Dios sea más creíble y mucho más accesible a la conciencia y a la vida de los que le escuchan y le siguen. La actitud de Jesús, sin ningún tipo de pretensión, va revelando una nueva imagen y un nuevo concepto de Dios. Dios ha dejado de ser ese ser extraño y lejano, que atemoriza al ser humano, y toma la característica del Dios original de Israel, el Dios que camina con su pueblo.
Para la lógica del Evangelio de Juan, el Banquete es un tema fundamental en la teología del evangelio de Juan. La teología del banquete se abre con la misión de Jesús en Caná de Galilea, y se cierra con la última Cena, fundamento de la Eucaristía. El Banquete es por tanto un signo mesiánico, donde se anuncia la llegada del Reino y se presenta a Jesús, Soberano del Reino. Es un símbolo fundamental que explica en la cotidianidad la presencia del Reino en medio de la historia.
Las bodas de Caná están en el imaginario de los primeros cristianos y de todo la Iglesia a lo largo de la historia, por ese hecho inolvidable: en lo mejor de la boda, el vino se acaba. ¿Cómo es posible que no se haya previsto esta parte en la fiesta? La acción de Jesús de Nazaret frente a la falta de vino, hará que este relato de las bodas de Caná, quede inmortalizado en la simbología cristiana.
El milagro de las bodas en Caná de Galilea, no es simplemente por la falta de vino. El asunto es otro: el relato tiene que ser entendido en perspectiva de Reino, en dinámica de tiempo mesiánico. El texto indica, que había allí en un lugar de la casa, unas tinajas de piedra vacías, seis en total. El texto hace énfasis en que están vacías. Son tinajas destinadas para contener el agua de la purificación ritual de los creyentes judíos. Pero están secas. Este símbolo, indica la sequedad en que se encuentra el modelo religioso judío. En la visión de los cristianos primeros, que acabaron separándose del judaísmo, la ley judía, antes que ayudar, terminó dificultando la relación de Dios con su pueblo. Les resultaba una ley vacía, sin sentido, que sólo generaba cargas y no posibilitaba la libertad y la alegría. Las tinajas, destinadas a la purificación, eran un símbolo que dominaba la ley antigua. Ese modelo de ley creaba con Dios una relación difícil y frágil, mediatizada por ritos fríos y carentes de sentidos.
No se dice sin embargo que las tinajas estuvieran con agua. Son llenadas cuando Jesús lo ordena. Al estar llenas, las tinajas que no prestaban ya ningún servicio, más bien estorbaban en la vida normal de la gente, permiten una nueva manifestación del proyecto de Jesús: el agua está convertida en vino. ¿Qué nos indica ese signo? La ritualidad, el legalismo, la norma fría y vacía, es trasformada en vino, símbolo de la alegría, del gozo mesiánico, de la fiesta de la llegada del tiempo nuevo del Reino de Dios. Tenemos que acabar en nuestra vida y en la vida comunitaria, con los sistemas religiosos deshumanizantes, para lograr entrar en la dinámica liberadora, incluyente y festiva que Jesús inauguró.
¿Complicada esta interpretación? Efectivamente, es complicada, con la complicación que brota de un texto sofisticado, muy elaborado, con toda una trastienda de alusiones veladas y crípticos mensajes. Leer, proclamar, comentar el evangelio de Juan como si se tratara de una simple y llana historieta de unas bodas, en las que además Jesús funda el sacramento del matrimonio, sin más complicaciones… resultaría una lectura fácil y cómoda, pero sería profundamente carente de veracidad. Aunque sea más laborioso y menos grato, es mejor tratar a nuestros oyentes como adultos, y no ahorrarles la complejidad de unos textos que interpretados directamente a la letra nos llevarían solamente por caminos de fundamentalismo. Leer más…
Comentarios desactivados en 19.1.25. Bodas de Caná. Celebración de la vida (Jn 2, 1-12, Dom 2 TO)
Del blog de Xabier Pikaza:
Las bodas siguen siendo campo discutido en la iglesia:
(a) Si son sólo de hombre-mujer, o de dos seres humanos, varones o mujeres. Si hay sólo bodas o también divorcio.
(b) ¿Qué significa invitar que se hagan bodas por amor de Jesús, en oración, en un tiempo como éste, año 2025, cuando muchos viven en pareja sin casarse por la iglesia, llamando como testigo a Jesús o a la Virgen.
El tema es serio y así lo ha sentido el cuarto evangelio. Por eso, tras hablar de Juan Bautista (Jn 1), es decir, de los temas penitenciales y del agua del bautismo pasa a las bodas, un tema importante para este tiempo en que la gente sigue viviendo en pareja, pero quizá sin boda de Iglesia, esto es, sin invitar a Jesús. ¿Qué sentido tiene invitar o no invitar a Jesús ? ¿Qué sentido tiene la oración de bodas.
| Xabier Pikaza
No puedo responder a las preguntas anteriores sino comentar el texto de Jn 2, 1-12, evocando la celebración de unas bodas de buena Biblia, con la madre de Jesús presente como iniciadora y la transformación del agua de la Ley en vino del Reino, pasando así de las purificaciones legales a la experiencia Mesiánica del Reino de Dios que es buenas bodas (cf. Ap 20‒21).
Los temas de fondo son éstos:
La gente se casa y descasa, pero falta vino de vida y de fiesta en las bodas humanas
La Virgen y Jesús parecen más aguafiestas de mala ley que portadores de fiesta, impulsores de amor en libertad y en gozo de vino
La mayoría de los cristianos de antiguas iglesias no llaman a Jesús ni su madre a las bodas.
¿Tiene algo que decir sobre ese tema el Evangelio? Siga quien quiera plantear quizá mejor el tema
1A los tres días había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.3Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». 4Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». 5Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga».
6Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. 7Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron.
9El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo 10y le dice: Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora (Jn 2, 1-10).
No tienen vino
Había una boda en Caná de Galileay la Madre de Jesús se hallaba allí (Jn 2,1). Esta anotación causa cierta sorpresa. Podía parecer en el principio que, según el evangelio de Juan Jesús carecía de padres de la tierra, pues había provenido como Palabra de Dios (Jn 1, 1-18). Después se nos ha dicho casi de pasada que era el hijo de José de Nazaret, en afirmación cuyo sentido no quedaba claro (1, 45; cf. 6, 42). Pero el texto añade: La madre de Jesús estaba allí.
La Madre es importante, se la conoce por su título (cf. Jn 19, 25-27). Ella pertenece al espacio y tiempo de las bodas. No era necesario invitarla: ¡Estaba allí! Las bodas eran para ella un espacio normal (natural), forman parte de su preocupación y de su historia. No está fuera, como invitada, en actitud pasiva; está muy dentro, actuando como supervisora, atenta a lo que pasa y diciendo a Jesús: “No tienen vino·.
Jesús, en cambio, empieza siendo un invitado, viene de fuera, no pertenece al espacio de bodas antiguas: Él y sus discípulos son de un mundo aparte, están como de paso. Lógicamente, no se preocupan de los temas de organización, al menos en un primer momento. Esta es la paradoja de la escena: Jesús viene como por casualidad, pero luego actúa como guía y autor (proveedor) de vino de bodas.
Y faltando el vino le dijo la madre de Jesús: ¡No tienen vino! (2,3). Situemos los rasgos de esta frase. Lo primero es la carencia:¡faltando el vino! Todas las explicaciones puramente historicistas de ese dato quedan cortas: los novios serían pobres, se habrían descuidado en la hora del aprovisionamiento, habrían llegado (con los discípulos de Jesús) demasiados invitados, diestros bebedores… El mensaje y conjunto de la escena es demasiado importante como para contarlo a ese nivel. El tema es que hay bodas de y que falta vino.
Esa carencia es un elemento constitutivo de la escena en aquella situación de bodas. Hombres y mujeres se casan, celebran bodas, tienen hijos… Pero la madre de Jesús sabe que falta vino, gozo de fiesta, celebración, abundancia feliz. Hombres y mujeres se casan, forman casas, se relacionan, pero no son felices, de manera que pasan por la vida sin saberlo, sin saberse (saborearse), conocerse y comunicarse de un modo radical, como ha mostrado la parte anterior de este libro al tratar de la eucaristía de Jesús y del vino de las fiestas de la vida humana
Como si supera que su hijo es especialista en vida humana (eucaristía, comunión), la madre dice a Jesús “no tienen vino”, falta vida de evangelio. Esto es lo que sabe y dice la madre. Si Jesús no hubiera esta allí, si no hubiera sido invitado, no se hubiera notado a falta: ¡Por siglos y siglos los hombres se habían arreglado sin (buen) vino! Sólo ahora, cuando llega Jesús, se nota la carencia, la ruptura entre lo antiguo (bodas sin vino) y lo nuevo (vino de Cristo).
Daba la impresión de que nadie había descubierto esa carencia. Jesús está de incógnito. Rueda normalmente la vida y, al no tener más referencia, los esposos (y todos los invitados) se contentan con poco. Sólo la madre (estando Jesús allí) nota la falta, en gesto de vidente o profetisa, en una línea que se puede comparar con la de Juan Bautista. María pertenece al mundo antiguo, de bodas sin vino, pero sabe que su hijo forma parte de un mundo distinto con vino de boda en las bodas.
En esa línea, ella se puede comparar con Juan Bautista, que había descubierto y destacado la carencia de perdón a la vera del Jordán (río de purificaciones), para decir a todos que la respuesta era Jesús: ¡Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! (Jn 1, 29). Avanzando en esa línea, la Madre de Jesús ha descubierto que en las bodas falta vino (2, 3). Pero ella no ha empezado diciendo eso a los hombres; se lo dice a Cristo en palabra de riquísima advertencia, oración iluminación y velada petición (queriendo que Jesús remedie la carencia).
Para decir ¡no tienen vino! ha de estar (¡y está!) en las fronteras de la vida, en el lugar donde se pasa del día sexto de la creación antigua (bodas sin vino) al séptimo de la plenitud, del día segundo de la muerte al tercero de la resurrección. Por un lado, la Madre de Jesús es mujer del mundo antiguo, de las bodas sin vino, pero ella conoce y comparte los problemas y preocupaciones de aquellos que no logran gozar el verdadero matrimonio de la vida, el lugar donde debiera desplegarse el vino de las bodas. Ella sabe lo que falta y no lo puede conceder por sí misma, pero sabe que su hijo puede y le dice “no tienen vino.
Siendo mujer del mundo antiguo, ella es, al mismo tiempo, mujer del mundo nuevo: pues sabe que hay un vino distinto de bodas y sabe quién puede concederlo y así se lo dice. La impaciencia del Reino de Dios late en su vida y tiene que expresarla, diciendo a Jesús reverente: ¡no tienen vino! Esas palabras de oración condensan todas las formas de necesidad humana (incluyendo las que vio y destacó Buda en la India unos siglos antes: Hombres y mujeres enferman, envejecen y mueren sufriendo. ¿Cómo responder? ¿Hacerse monjes, casarse por un tiempo?). Buda se hizo monje y siguió caminando hasta la higuera de Benarés (junto al Ganges). Jesús ha ido a las bodas de Caná, donde está su madre, que sabe que en la sala del banquete hay seis vasijas de piedra para el agua de las purificaciones, pero que no hay vino [1].
Haced lo que él os diga (Jn 2, 5)La Madre conoce el problema, pero no puede resolverlo, no puede conceder por sí misma lo que Dios había querido conceder a los hombres, ahora que culmina el día séptimo de la creación!). Ella sabe que su hijo ha venido a traer plenitud al mundo y por eso le confía reverente ¡no tienen vino! (el vino de la Pascua del día 3º, cf. Jn 15: Yo soy la vid). Recordemos que Jesús no es novio, en contra de una perspectiva que muy pronto (cf. Ef 5) se hará común en el conjunto de la iglesia. Su Madre tampoco es esposa, es sólo iniciadora mesiánica del Cristo. Los esposos son dos desconocidos cuyo nombre no interesa recordar, dos cualquiera, todos los humanos, judíos y gentiles, que al buscarse y al casarse (para vivir) están buscando plenitud, felicidad, sobre la tierra.
Iniciadora mesiánica. Ella ha vivido, ha sufrido, conoce, Dios le ha confiado el encargo de educar al Hijo eterno en la vida de los hombres, y esa educación culmina precisamente ahora: desde su misma madurez, en el momento primero y más solemne de su iniciación, en el centro de la crisis y pecado (carencia) de la historia, tiene que enseñar y enseña al Cristo, su Hijo, aquello que los hombres necesitan (vino de bodas), algo que Jesús no pudo aprender en el templo (cf. Lc 2, 41-52).
María enseña a Jesús y parece que Jesús empieza protestando (no necesita que nadie le enseñe, ni su madre ni la mujer siro-fenicia de Mc 7), de manera que parece distanciarse de ella: ¿Qué hay entre yo y tú, mujer? ¡Aún no ha llegado mi Hora! (Jn 2, 4): ¡Qué nos importa a ti y a mí! ¿Qué tenemos en común nosotros?… Es normal que en una situación como ésta Jesús se distancie de su madre a quien llama, de forma significativa, mujer. Parece distanciarse, pero en realidad escucha, aprende y cumple lo que ella le pide:
– Se distancia de ella para marcar su propia su autonomía mesiánica: ¡El Hijo de Dios no depende de una madre de la tierra! Él tiene su propio tiempo y verdad, como aparece en el texto convergente de la sirofenicia (Mc 7, 27; cf. también Mc 3, 31-35). En un determinado nivel, la madre pertenece aún al pueblo israelita y Jesús tiene que romper con ella y superarla para ser auténtico mesías.
– Jesús la llama ¡Mujer! en palabra que, aludiendo al principio de la creación (Gén 1-3), ilumina y encuadra el sentido de la escena. La madre de Jesús es la verdadera Mujer/Eva de este día séptimo de la creación pascual; por eso, ella no puede apoderarse de la voluntad de Dios, ni encauzar la vida de su Hijo, pero su Hijo tiene que es escucharse, si es Hijo del Dios que escucha las peticiones de los hombres, como he puesto de relieve en la parte anterior de este libro, al centrarme en ese tema (oraciones de petición).
La alusión queda velada y debe interpretarse (recrearse) desde el fondo de lo que sigue. Estamos, sin duda, en un momento de suspense. El lector normal no habría esperado esta respuesta de Jesús; es más, la encuentra escandalosa. Pues bien, sólo penetrando en ese escándalo (que en perspectiva teológica resulta necesario)se entiende lo que sigue.
He situado este pasaje en el trasfondo de Mc 7, 24-30 donde Jesús y la madre pagana dialogan y aprenden (van cambiando) uno del otro, en diálogo también escandaloso: Jesús rechaza primer a la mujer, para escuchar y realizar después, en un nivel más alto, lo que ella le pedía, como Dios que escucha las peticiones de los hombres.
– Parece que Jesús rechaza aquello que su madre le ha pedido, marcando su propia independencia mesiánica, distanciándose de ella con palabras que parecen marcadas de dureza: ¿Qué tenemos que ver nosotros? (2,4)
– La madre a quien Jesús llama ¡mujer! acepta su respuesta y cambia de actitud. No puede exigir nada, no argumenta ni polemiza, pero tiene a su lado a los servidores, diáconos de las bodas, y como primera de todos los ministros de la iglesia les dice: ¡Haced lo que él os diga! (2, 5).
– Por su parte, Jesús, que parecía haberse distanciado de su madre, cumple luego, de modo distinto, por su propia voluntad, que lo que ella le pedía: ¡Ofrece vino abundante y muy bueno a los invitados de bodas! Así realiza y desborda el deseo más profundo de María (2, 6-10)
De manera paradójica, desde el mutuo movimiento de gestos y palabras, debe interpretarse la escena, como descubrimiento y más honda apertura de María. Precisamente allí donde pudiera parecer que la madre quiere dominar al Hijo (¡no tienen vino!) ella viene a presentarse como servidora de ese Hijo, pidiendo a los servidores de la boda que escuchen a Jesús y cumplan su voluntad (como en el Padre-Nuestro: Hágase tu voluntad).La palabra de María (¡haced lo que él os diga!) nos sitúa dentro de la teología de la alianza, conforme a la cual los antiguos judíos se comprometían a cumplir la voluntad de Dios (¡haremos todo lo que manda el Señor!: Ex 24, 3). Leer más…
Para la mayoría de los católicos, sólo hay una fiesta de Epifanía, la del 6 de enero: la manifestación de Jesús a los paganos, representados por los magos de oriente. Sin embargo, desde antiguo se celebran otras dos: la manifestación de Jesús en el bautismo (que recordamos el domingo pasado) y su manifestación en las bodas de Caná.
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino.” Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.” Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él diga.”
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua.” Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.” Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes si lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.”
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.
Imaginemos tres posibles lectores de este relato.
El cristiano sencillo y benévolo
El relato no le plantea problemas, le gusta. Le gusta que lo primero que hace Jesús en su vida pública no sea irse al desierto a ser tentado por Satanás (como cuentan Mateo, Marcos y Lucas) sino asistir a una boda, con los cinco discípulos que ya le acompañan. Le gusta que esté presente su madre y le divierte la pelea entre madre e hijo, porque él, por mucho que proteste, termina haciendo lo que ella quiere. Aunque hay que reconocer que exagera, porque seiscientos litros de vino son demasiados litros; además, de excelente calidad, como afirma asombrado el mayordomo. El lector sencillo está de acuerdo en que este milagro revela la gloria de Jesús y comprende que los discípulos creyesen en él. Lo único que no le gusta del todo es que al final no vuelva a mencionar a la madre de Jesús, que es, en realidad, quien lo obligó a hacer el milagro.
El creyente crítico
Está básicamente de acuerdo con el cristiano sencillo, pero le gustaría que el evangelista hubiera tratado con más detalle algunas cuestiones. ¿Por qué no llama a María por su nombre y se limita a hablar de “la madre de Jesús”? ¿Quiénes son los que se casan y por qué han invitado a la boda a ella, a Jesús y a sus amigos? Caná está muy cerca de Nazaret, a doce kilómetros, pero los de Caná dicen que “de Nazaret no puede salir nada bueno”. Debe de ser una familia especial, en buenas relaciones con los nazarenos, al menos con la familia de Jesús; y ser muy rica, porque en la casa hay seis tinajas de unos cien litros cada una (¿para qué querrán tanta agua?) y en la boda cuenta con un mayordomo y sirvientes. En cuanto a la falta de vino, le extraña que sea María quien se da cuenta, no el mayordomo; y que ella quiera que la gente siga bebiendo y fuerce a Jesús a resolver el problema. Una mujer sensata preferiría que bebiesen agua. Lo de la conversión del agua en vino prefiere no pensarlo demasiado. Algunos químicos dicen que eso es imposible, a pesar de que muchas bodegas los hacen continuamente. ¿Y cómo se enteran los discípulos de que Jesús ha hecho el milagro? ¿Lo ha contado el mayordomo? El evangelio termina diciendo que sus discípulos creyeron en él, pero no dice nada del mayordomo, ni del novio (la novia no tiene voz ni voto) ni de los invitados, que se bebieron el vino. ¿También ellos creyeron en Jesús? Al final, el creyente crítico se lía la manta a la cabeza, acepta el milagro y le pide a Dios que aumente su fe en Jesús, como hizo con los discípulos.
El conocedor del Antiguo Testamento
Comparte la fe del cristiano sencillo y comprende las preguntas del creyente crítico, a las que intenta ofrecer alguna respuesta.
Empezando por el principio, los evangelios no son biografía de Jesús, no pretenden contar con detalle todo lo que hizo y dijo. Lo que consideran secundario lo omiten tranquilamente. ¿Qué más da que el novio se llamase Isaac o Zacarías, fuera sobrino de María o amigo de José, que ya habría muerto porque no asiste a la boda?
A María no la llama por su nombre, sino por su título de “madre de Jesús”, igual que “la madre del rey” era el mayor título de una mujer en el reino de Judá. Y destaca, con cierto humor, su papel fundamental en este primer milagro de Jesús. A su petición, él responde mala manera, poniendo una excusa de tipo teológico: “todavía no ha llegado mi hora”. Pero a María le traen sin cuidado los planes de Dios y la hora de Jesús cuando está en juego que unas personas lo pasen mal. Y está tan convencida de que Jesús terminará haciendo lo que ella quiere que así se lo dice a los criados.
Juan es el único evangelista que pone a María al pie de la cruz, el único que menciona las palabras de Jesús: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre”. De ese modo, abre y cierra la vida pública de Jesús con la figura de María. Cuando pensamos en lo que hace en la boda de Caná, debemos reconocer que Jesús nos dejó en buenas manos.
Pero es también muy importante el simbolismo de la boda y del vino.
Para los autores bíblicos, el matrimonio es la mejor imagen para simbolizar la relación de Dios con su pueblo. Precisamente porque no es perfecto, porque se pasa del entusiasmo al cansancio, se dan momentos buenos y malos, entrega total y mentiras, el matrimonio refleja muy bien la relación de Dios con Israel. Una relación tan plagada de traiciones por parte del pueblo que terminó con el divorcio y el repudio por parte de Dios (simbolizado por la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia). Pero el Dios del Antiguo Testamento podía permitirse el lujo, en contra de su propia ley, de volver a casarse con la repudiada. Es lo que promete en un texto de Isaías:
“El que te hizo te tomará por esposa:
su nombre es Señor de los ejércitos.
Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor;
como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–.
La primera lectura de hoy, tomada también del libro de Isaías, recoge este tema en la segunda parte.
Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.
Para el evangelista, la presencia de Jesús en una boda simboliza la boda definitiva entre Dios e Israel, la que abre una nueva etapa de amor y fidelidad inquebrantables.
En cuanto al simbolismo del vino, otro texto del libro de Isaías habría venido como anillo al dedo:
“El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte
un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;
manjares enjundiosos, vinos generosos”.
Este es el vino bueno que trae Jesús, mucho mejor que el antiguo. Además, este banquete no se celebra en un pueblecito de Galilea, con pocos invitados. Es un banquete para todos los pueblos. Con ello se amplía la visión. Boda y banquete simbolizan lo que Jesús viene a traer e Israel y a la humanidad: una nueva relación con Dios, marcada por la alegría y la felicidad.
Tercera epifanía
El final del evangelio justifica por qué se habla de una tercera manifestación de Jesús. “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.” Ahora no es la estrella, ni la voz del cielo, sino Jesús mismo, quien manifiesta su gloria y hace que los discípulos crean en él. Al final del cuarto evangelio se dice: “Todo esto ha sido escrito para que creáis que Jesús es el Hijo de Dios y creyendo en él tengáis la vida eterna”. En la boda de Caná se pone la primera piedra de esa fe que nos salva.
Comentarios desactivados en 19 de Enero. Domingo II. Tiempo Ordinario
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: -Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.”
¿No había ningún fariseo en aquella boda?, para que se indignara y le dijera a la gente algo parecido a lo del episodio de la mujer encorvada (“seis días tenéis para venir a curaros…”). Algo así como: -“Otros recipientes tenéis para llenarlos de vino, dejad las tinajas de las purificaciones”.
Desde luego, si en esa casa había seis tinajas para las purificaciones, parece indicar que la gente que vivía allí era religiosa y cumplidora de la Ley. Pero nadie se queja, bueno, Jesús un poco, le dice a su madre que no ha llegado su hora. Todos los demás se callan. Solo abren la boca para beber vino.
Con todo, el gesto de Jesús es osado, casi escandaloso. En lugar de decirles a los siervos que traigan las jarras vacías del vino y las llenen de agua les hace llenar las tinajas de las purificaciones.
Bien pensado poco podría decirnos a nosotros que Jesús convirtió 600 litros de agua en vino, a regañadientes, en una boda. El sentido de ese gesto tiene un algo más. Y creo que los tiros tampoco van por el piadoso empeño de ver aquí el papel de intercesora de María.
El gesto de Jesús
El gesto de Jesús es mucho más subversivo pero se nos pasa desapercibido con tanto vino. Jesús convierte el agua de las purificaciones, de la Ley, en vino de fiesta. Y no para una fiesta religiosa sino para una fiesta “mundana”, humana. En una boda se celebra el amor humano, el inicio de una nueva familia.
Y es ahí donde Jesús transforma el agua de la Ley en vino de boda. El Dios de Antiguo Testamento que se ha cansado de repetir que el Templo se le queda pequeño, se escapa ahora también de la Ley y se mete en nuestras fiestas.
La novedad de Jesús no es que Dios venga a habitar en medio de su pueblo, eso ya era una realidad para el pueblo de Israel. Yahvé tenía su morada en medio de Israel. Israel tenía el Templo y la Ley. La novedad es que Dios en Jesús dice que Él es mucho más que el Templo y la Ley. Que a Dios no le podemos poner unos límites. Él ocupa TODO nuestro espacio, todos nuestros espacios.
Es más, nos está diciendo que Él quiere ser la alegría de nuestras fiestas. El vino abundante, desbordante, esplendido. Dios no quiere que se acabe nuestra fiesta.
Oración
Danos, Trinidad Santa, de ese vino para que nos embriaguemos de la alegría que viene de ti. Que sepamos entrar en la fiesta sin fin de tu Reino. Amén.
Comentarios desactivados en El agua-Ley se convierte en vino-Vida.
DOMINGO 2º (Boda de Caná) (C)
Jn 2,1-12
Celebramos la tercera de las manifestaciones de Jesús que durante siglos se celebraban el día de Epifanía. El evangelio que hemos leído, entendido literalmente, no tiene ni pies ni cabeza. Es absurdo que Jesús saque de la chistera un regalo para los novios. No, como todos los “milagros” narrados por este evangelista Juan, se trata de un signo que nos llevan a realidades profundas y decisivas para nuestra verdadera trasformación interior.
Es impensable que el mayordomo no hubiera previsto el vino suficiente, cuando era su principal cometido. Es difícil de entender que fuera una invitada la que se diera cuenta y se preocupara por solucionar el problema. Tampoco es lógico que sea Jesús el que solucione el problema. No es normal que en una casa particular hubiera seis tinajas de cien litros, dedicadas a las purificaciones. No tiene sentido que el maestresalas increpe al novio por haber dado el vino malo al principio. Era él, quien ordenaba qué vino se servía.
El relato no es una crónica de lo sucedido. Es fruto de una minuciosa y larga elaboración. No nos dice ni quiénes eran los novios ni qué relación tienen con Jesús. Lo que normalmente llamamos “el milagro” pasa casi desapercibido. Ni siquiera nos dice cuándo se convierte el agua en vino. Sería imposible separar lo que pudo suceder realmente de los símbolos que envuelven el relato. Lo que hoy nos cuenta este evangelio es teología. La clave para entenderlo es el trasfondo, la “hora” de la glorificación de Jesús en la cruz.
La boda era, desde Oseas, el signo más empleado por los profetas para designar la alianza de Dios con su pueblo. La idea de Dios novio y el pueblo novia se repite una y otra vez en el AT. La boda lleva inseparablemente unida la idea de banquete; símbolo de tiempos mesiánicos. El vino era un elemento inseparable del banquete. En el AT, era signo del amor de Dios a su pueblo. La abundancia de vino era la mejor señal del favor de Dios.
La Mujer es un misterio en este relato. Nos aporta un poco de luz la segunda carta del Tarot: la Sacerdotisa. Un mujer madura, pero en plenas facultades, que simboliza lo nuevo, la sabiduría. María no le llama hijo, ni Jesús le llama Madre. María, símbolo de la Alianza que está ya caducada. Jesús y los discípulos son el nuevo pueblo, que están allí de paso. Es completamente inverosímil que María pidiera a Jesús un milagro y menos aún que adelantara la hora de hacerlo. La hora para Juan es siempre la hora de la muerte de Jesús.
El vino es símbolo del amor entre el esposo y la esposa. En la boda, (Antigua Alianza) no existe relación de amor entre Dios y el pueblo. La Madre, por pertenecer a la boda se da cuenta de la falta. María representa al Israel fiel que espera en el Mesías. Jesús nace del verdadero Israel y va a dar cumplimiento a las promesas. El primer paso es mostrarle la carencia: «No tienen vino«. No se dirige al presidente, ni al novio. Se dirige a Jesús, que para Juan es el único que puede aportar la salvación que Israel necesita y espera.
Jesús invita a su madre a desentenderse del problema. No les toca a ellos intervenir en la alianza caducada. Está indicando la necesidad de romper con el pasado. Ella espera que el Mesías arregle lo ya existente, pero Jesús le hacer ver que aquella realidad no se puede rehabilitar. Jesús aporta una novedad radical. Juan está haciendo referencia a la «hora» (la cruz). Jesús invita a la esperanza, pero la realización no va a ser inmediata. El vino nuevo depende de aquella hora. Anunciar la hora significa que la salvación está cerca.
“Haced lo que él os diga”. Solo en el contexto de la Alianza, la frase puede cargarse de sentido. El pueblo en el Sinaí había pronunciado la misma frase: «Haremos todo lo que dice el Señor«. También el Faraón dice a los servidores: haced lo que él (José) os diga. Se ve con claridad que el trasfondo del relato y lo que quiere significar. Como en el AT, el secreto de las relaciones con Dios está en descubrir su voluntad y cumplirla.
Las tinajas estaban allí colocadas, inmóviles. Se ve el carácter simbólico que van a tener en el relato. El número 6 es signo de lo incompleto. El número de la perfección era el 7. Es el número de las fiestas que relata este evangelio. La séptima será la Pascua. Eran de piedra, como las tablas de la ley. La ley es inmisericorde, sin amor. La ley (imposible de cumplir) es la causa del pecado (falta de amor-vino). Jesús les hace tomar conciencia de que están vacías; es decir que el sistema de purificación en que confiaban era ineficaz.
Jesús ofrece la verdadera salvación, pero ésta no va a depender de ninguna ley, (tinajas). El agua se convertirá en vino fuera de ellas. «Habían sacado el agua«. La nueva purificación no se hará con agua que limpia el exterior, sino con vino que penetra dentro y transforma el interior del hombre. Solo después de beberlo se da cuenta el mayordomo de lo bueno que es. Esta presencia de Dios dentro de uno es la oferta original de Jesús.
Lo que sacan los criados de las tinajas es agua. El mayordomo (clase dirigente) no se enteró de la falta de vino. Significa que los jefes se despreocupan de la situación del pueblo. Les parece normal que no se experimente el amor de Dios, porque esa es la base de su poder. No conoce el don mesiánico, los sirvientes sí. El vino-amor como don del Espíritu, es el que, de verdad, purifica, lo único que puede salvar definitivamente.
El vino es de calidad. “Kalos” indica siempre excelencia. El maestresala reconoce que el vino nuevo es superior al que tenían antes. Pero le parece irracional que lo nuevo sea mejor que lo antiguo. Por ello protesta. Lo antiguo debe ser siempre lo mejor. Esta actitud es la que impidió a los jefes religiosos aceptar el mensaje de Jesús. Para ellos la situación pasada era ya definitiva. Toda novedad debe ser integrada en el pasado o aniquilada.
El último versículo es la clave para la interpretación de todo el relato. Nos habla del “primer signo” de una serie que se va a desarrollar durante todo el evangelio. Además, como signo, va a servir de prototipo y pauta de interpretación para los que seguirán. El objetivo de todos los signos es siempre el mismo: manifestar “su gloria”. Ya sabemos que la única gloria que Jesús admite es el amor de Dios manifestado en él. La gloria de Dios consiste en la nueva relación con el hombre, haciéndole hijo, capaz de amar como Él ama.
Dios se manifiesta en todos los acontecimientos que nos invitan a vivir. Dios no quiere que renunciemos a nada de lo que es verdaderamente humano. Dios quiere que vivamos lo divino en lo que es cotidiano y normal. La idea del sufrimiento y la renuncia como exigencia divina es antievangélica. El mensaje para nosotros hoy es muy simple, pero demoledor. Ni ritos ni abluciones pueden purificar al ser humano. Solo cuando saboree el vino-amor, quedará todo él limpio y purificado. Cuando descubramos a Dios dentro de nosotros, seremos capaces de vivir la inmensa alegría que nace de la unidad-amor. Que nadie te engañe. El mejor vino está sin escanciar, está escondido en el centro de ti.
Comentarios desactivados en Te doy gracias, Padre…
Jn 2, 1-12
«Haced lo que os dijere…»
Cuando se escribe el evangelio de Juan —a finales del siglo primero— hace ya mucho tiempo que los sinópticos están circulando por las comunidades cristianas, lo que significa que los hechos y dichos de Jesús son ya sobradamente conocidos por los fieles. Quizá por esta razón el cuarto evangelio se plantea como un gran tratado teológico y su estilo es tan distinto del resto de evangelios.
Juan –su comunidad– organiza el evangelio en torno a siete hechos milagrosos –siete signos– sobre los que desarrolla siete mensajes con una carga teológica tal, que resulta imposible reconstruir lo que realmente sucedió. Además no tiene ningún reparo en poner sus palabras (las palabras de Juan o sus seguidores) en boca de Jesús, lo que significa que no sabemos hasta qué punto sus textos tienen algo que ver con lo que en algún momento dijo Jesús, y sólo podemos conjeturarlo.
Lo que sí sabemos es que su evangelio cambia el estilo de Jesús; que se permite corregirle al sustituir su mensaje salvador, potente y sencillo, ofrecido a todos a través de sus parábolas, por unos conceptos elevadísimos para consumo de entendidos.
Lamentablemente los primeros teólogos de la iglesia también olvidaron su estilo, quisieron hacer del cristianismo algo más culto, más acorde con las tendencias de la época, y lo dotaron de una base conceptual basada en la filosofía griega y de unas leyes que tomaron del derecho romano. Olvidaron a Jesús, y el resultado fue que ya nunca se volvió a hablar de Abbá (sino de la primera persona de la santísima trinidad) y que la buena Noticia se convirtió en mala (el fuego del infierno).
Y esta tentación de apartarse de Jesús; de preferir nuestra sabiduría (u otras sabidurías) a la suya, siempre ha estado presente en la Iglesia, y siempre ha acabado mal. Las comunidades joaneas murieron víctimas del docetismo y el gnosticismo que se apoderaron de ellas, y el conjunto de la Iglesia dejó de ser fértil, adoptó los modos imperiales y pasó de perseguida a perseguidora.
La sabiduría de Jesús es la sabiduría de vivir. Nuestra sabiduría es entender la vida como él la entendió; es fiarse de él y jugarse la vida a sus criterios por encima de los nuestros; es sentirse necesitados de ellos. Un rasgo sobresaliente de su mensaje es que el Reino no está reservado a los cultos e iniciados, sino al alcance de todos, y principalmente de los más sencillos. Cualquier persona, por inculta que sea, se convierte en sabia siguiendo a Jesús.
«En aquella hora se llenó de alegría en el Espíritu Santo y exclamó: “Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla”»…
La sabiduría de Jesús no resplandece en las alturas de la sabiduría humana. La sabiduría de Jesús resplandece en los más sencillos de la Iglesia, y Jesús da gracias por ello.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
Comentarios desactivados en Caná ¿Una boda o una catequesis con símbolos?
Jn 2, 1-11
Caná era una aldea de Galilea. El evangelio de Juan la nombra varias veces; por ejemplo, después de expulsar a los mercaderes del templo o tras el encuentro con la samaritana.
La boda era uno de los acontecimientos más importantes de la vida social de Israel. Era una ocasión para hacer alianzas entre familias. Tras largas negociaciones, la boda marcaba el final feliz de un proceso. Otras veces se casaban personas con lazos de sangre, para que la herencia no saliera de la propia familia.
A veces, los padres de familia comprometían a sus hijos/as cuando todavía eran pequeños y esperaban a que tuvieran entre 13 años y 18 años para celebrar el matrimonio. Al casarse y tener hijos, la pareja engrandecía al pueblo y era cauce de la bendición de Dios.
La celebración podía durar una semana. Se reunían las familias, en un sentido muy amplio, las amistades y el pueblo. Los invitados solían aportar víveres para contribuir al gasto de comer y beber en abundancia durante esos días, en los que se suspendían los ayunos religiosos habituales.
El vino era imprescindible como bebida habitual, ante la dificultad de encontrar agua potable en los manantiales. En los viajes se solía llevar el cuerno de un animal lleno de vino, como si fuera una cantimplora (pensemos en texto del buen samaritano). Salvo que la pobreza lo impidiera, cada familia tenía en casa algunas cántaras de vino para su propio consumo.
Si tenemos en cuenta estas costumbres de la época, el texto presenta bastantes incoherencias:
a) Era impensable que en una boda en la que había mayordomo y sirvientes se acabara el vino. Era un honor endeudarse para celebrarla por encima de sus posibilidades.
b) En el caso de que se hubiera acabado el vino ¿tuvo que solucionar el problema una mujer invitada a la boda?
c) Las tinajas para guardar el agua solían ser de barro (como nuestros botijos), pero el barro podía guardar impurezas, por eso había también grandes tinajas de piedra que se consideraban más puras y apropiadas para conservar el agua que se utilizaba en las ceremonias de purificación ritual. ¿En una casa de una aldea había 6 tinajas, con 100 litros de capacidad cada una, para purificarse?
d) Nos presentan a una familia rica, con mayordomo y sirvientes. Si fuera un hecho histórico, ¿tendría sentido que el novio guardara el vino bueno para el final y el mayordomo no lo supiera?
e) ¿Por qué los invitados a la boda no cayeron rendidos a los pies de Jesús, tras hacer un milagro tan grande? ¿Por qué no hay ningún dato, fuera de este evangelio, teniendo en cuenta que 600 litros de agua convertida en vino no hubieran pasado desapercibidos? ¿Por qué los otros tres evangelistas ni siquiera nombran la boda de Caná?
Si nos acercamos al texto con las claves que utiliza Juan, a lo largo de su evangelio, descubrimos la riqueza que nos ofrece una lectura teológicay catequética.
El evangelio de Juan, entre los capítulos 2,1 y 12,50, presenta siete signos (traducidos como milagros), que forman un bloque llamado “Libro de los signos”. El evangelista nos anuncia que se está produciendo algo nuevo, una nueva creación, Y esta novedad es una Buena Noticia, mucho más importante y profunda que cambiar el agua en vino. Cada uno de los signos va acompañado de una explicación teológica, para que comprendamos mejor su sentido, y no nos quedemos en la superficialidad del relato.
Por ejemplo, el vino era uno de los signos que expresaba que habíallegado el tiempo mesiánico, tras unos siete siglos de espera. La presencia de Jesús, María y los discípulos son símbolo de la comunidad cristiana. Es decir, Juan nos anuncia un signo, en medio de la comunidad, en un contexto de celebración, de fiesta.
María ya no es sólo la madre de Jesús, tiene otra consideración, es un prototipo, es la madre universal. Es la mujer.
Para Juan “la hora” no se refiere al tiempo cronológico, sino a la hora de Dios, al momento apropiado (se utiliza el término kairós). Ni siquiera su madre puede marcar a Jesús esa hora, en la que tendrá que entregar su vida plenamente.
En la teología de Juan ya no tiene sentido el agua para purificarse, porque la purificación ritual ha dado paso a la celebración de la comunidad.
El versículo 11 nos da las claves teológicas para recuperar la Buena Noticia que encierra este texto: Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de los discípulos en él.
Hoy es preciso probar el vino nuevo, saborearlo. A lo largo de la Historia, muchos hombre y mujeres místicos describen la experiencia de bajar a lo más profundo de su ser, a una bodega en la que saborean un vino añejo y experimentan una comunión profunda con el Dios que les habita. Y nos invitan a tener esa experiencia.
En consonancia con otros textos del evangelio de Juan, vemos que ya no hay que ir al pozo a buscar el agua (diálogo con la samaritana). Ya no hay que llenar tinajas para la purificación, porque en nuestras propias entrañas hay un río de agua vivaque conduce a la vida eterna. Si quitamos el envoltorio de las costumbres, este texto nos ofrece claves para vivir el discipulado.
Comentarios desactivados en Novedad, Frescor, Vida.
Domingo II del Tiempo Ordinario
19 enero 2025
Parece probable que el llamado “relato de las bodas de Caná” hubiera sido, en su origen, una parábola con un objetivo claro: mostrar la persona y el mensaje de Jesús como novedad, fuente de vida y de alegría (a eso apunta la metáfora del «vino bueno»), frente a una religión ritualista y rutinaria, víctima de su propia normativa (simbolizada en el «agua de las purificaciones»).
Se trata de un proceso que se repite una y otra vez, y que puede resumirse en una palabra: esclerotización. Todo lo humano, incluso lo que parecía más vivo y novedoso en su momento, tiende a esclerotizarse, a medida que se institucionaliza y desconecta de la intuición original. El frescor primero se agosta en un proceso de rutinarización.
Si eso tiende a ocurrir con todo lo humano -en cualquier ámbito de nuestra existencia-, solo cabe un antídoto: mantener, de manera consciente, el contacto o la conexión con el Fondo o la Fuente que nos hace ser y que, lejos de cualquier idea de separación, constituye nada menos que nuestra identidad.
Todo lo recibido de fuera y, más en general, todo lo aprendido, antes o después, quedará convertido en “doctrina”, letra muerta incapaz de dar vida. Olvidada o incluso negada la intuición original, quedarán únicamente “mapas” que quisieron ser orientativos y creencias que prometieron lo que no podían dar.
La vida -con su sabor a novedad, frescor y alegría- no viene de la mano de mapas ni de creencias, sino de la conexión consciente con la propia Vida, el Fondo y la Fuente que nos renueva de manera incesante, en la experiencia sentida de que justamente eso es lo que somos en profundidad.
Comentarios desactivados en Boda Caná: las relaciones de Dios con su pueblo son de amor, no de piedra.
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- Algunas notas previas.
El Evangelio y la tradición de San Juan data de finales del siglo I, pasado el año 90. Es, por tanto, una escuela tardía y despliega una teología, una cristología muy desarrollada y delicada.
Si ningún evangelio es una biografía (vida) de Jesús, el de Juan lo es menos. Naturalmente que tiene elementos históricos, pero están elaborados como una sinfonía en la que se combinan diversos elementos para componer un “todo” espléndido.
Quizás hemos perdido la sensibilidad literaria (simbólica y poética), por lo que nos cuesta mucho trabajo adentrarnos en relatos como el que hemos escuchado hoy: las bodas de Caná.
Los signos en este evangelio de Juan no son golpes de magia o trucos escénicos. Los milagros son signos que tienen un sentido sacramental simbólico. Los signos son relatos que desentrañan su significado cristológico.
El ciego nos habla de Cristo como luz; la samaritana nos habla de Cristo como agua de vida eterna. La resucitación de Lázaro le sirve al evangelista para presentarnos a Cristo como resurrección y vida, etc.
Los significados simbólicos de Juan son polifónicos, de una gran riqueza. Cuando se toca un tema, resuenan muchos acordes, sonidos y evocaciones.
02.- Una boda.
Una boda es de los momentos más intensos y felices de la vida. Los que os habéis casado tenéis experiencia de ello: La boda es encuentro, amor, alegría, fiesta, ilusión, proyectos, esperanzas…
Quizás por esto la boda es figura de los tiempos mesiánicos. El banquete de bodas es un signo muy utilizado por Jesús: el Reino de Dios es como un banquete de bodas al que estamos invitados todos. (Mt 22,1-14).
El amor humano es el mejor símbolo que encontramos para expresar lo que Dios siente por nosotros, un Dios que nos quiere, un Dios Padre que nos mira siempre con ternura.
Y por esta razón las relaciones entre Dios y el pueblo (la humanidad) se expresan en la Biblia como unas relaciones de amor, de encuentro. En la mentalidad biblia se llama Alianza. Dios hace una alianza, un pacto y un encuentro de amor con su pueblo, con la humanidad.
Había, hay, pues una boda, Dios amaba y ama a su pueblo, a “su gente” tanto en Caná como en toda la historia de la humanidad.
03.- Vino.
Quizás porque Israel y Jesús eran mediterráneos, vieron en el vino (y en el trigo) un signo de abundancia y alegría. Esto está muy presente en la Biblia y también en la vida cotidiana.
El vino es un símbolo muy empleado en la Biblia y también por Jesús para hablar de la nueva situación del Reino: a vino nuevo, odres nuevos, (Mt 9,17). Esta es mi sangre…
La vida de Jesús transcurrirá entre comidas y encuentros, banquetes y bodas, multiplicación de los panes, la fiesta por la vuelta del hijo pródigo, etc.
El vino significa el espíritu de Jesús, su propia sangre entregada por nosotros.
Sin forzar las cosas podemos apreciar cómo San Juan prácticamente comienza su evangelio con el símbolo del amor, del vino y es el único evangelista que dice que en la cruz del costado brotó agua y sangre de redención.
No es muy complicado entender que el cristianismo es alimento, vida y alegría en todos los sentidos de la palabra.
04.- Una boda sin vino.
El relato que hemos escuchado es una boda en la que se han quedado sin vino. Es decir, se ha terminado la alegría y el amor y se han quedado en el más puro legalismo, nosotros diríamos que se han quedado solamente con los “papeles”, con el certificado jurídico… pero sin amor.
Los “papeles” en el evangelio de hoy (bodas de Caná) son las tinajas de piedra, que evocan las piedras de la ley del Sinaí.
Israel sustituyó el amor por las leyes.
Dios se había hecho ilusiones con su pueblo, con la humanidad, pero perdimos el amor y nos quedamos con los “papeles” en la mano, como tantos matrimonios. La religión se ha convertido en papel mojado: en piedra, en tinajas de piedra de agua para los ritos…
Y solamente tienen seis tinajas de piedra y agua.
Seis: número que significa imperfección (frente al 7 que es la plenitud. / El anticristo de es el 666).
Tinajas de piedra: que son una alusión a la ley de piedra del Sinaí.
Agua es el puro rito vacío, sin contenido.
¿No nos habrá pasado algo de esto también a nosotros en la Iglesia? ¿Nuestro cristianismo no se habrá quedado también exhausto, sin vida? Tenemos ritos, liturgias esclerotizadas, pero sin amor, sin espíritu.
Ya casi, como el maestresala, ni sabemos de dónde nos viene la alegría y la serenidad.
La alegría y viveza del cristianismo (y de la Iglesia) no vendrá por la mayor rigidez o permisividad de la ley, sino que la evangelización vendrá por el amor y el servicio.
¿No será el momento de volver al amor inicial?
05.- Nuevo vino. (Nueva Alianza): el maestresala y los sirvientes.
El segundo vino es mejor. La Alianza de JesuCristo es plenitud y Evangelio. El Sinaí y el Derecho Canónico dejan paso al Evangelio de JesuCristo.
Pero el maestre-sala (el sistema religioso) no sabía (¿No sabe?) de dónde viene la bondad, la alegría, el vino bueno… (S Juan suele emplear la ironía con frecuencia).
¿No tenemos siempre la tendencia judaizante, legalista -en el fondo miedosa- de volver una y otra vez al cumplimiento de la ley.
06.- La madre del Señor, la mujer, la iglesia y la hora
El evangelista S Juan nos ofrece un mosaico de luces que resultan de gran hondura e iluminación cristiana.
La madre
Resulta llamativo cómo el evangelio de Juan solamente menciona en dos ocasiones a la madre del Señor (sin decir nunca que se llamaba María) [1]. Las dos ocasiones son:
En las bodas de Caná
El Calvario: la cruz, (Jn 19,25)
Mujer
En los dos momentos Jesús llama a su madre (¿un tanto fríamente?): “mujer”:
Mujer, no ha llegado mi hora.
Mujer, ahí tienes a tu hijo, (Jn 19,26).
Es evidente la alusión al Génesis, a Eva: su nombre será mujer por ser la madre de los vivientes, (Gn 2,23). La madre de Jesús es la madre de la iglesia naciente y de los cristianos.
Agua y sangre
Otro universo simbólico es que en los dos momentos hay agua y vino-sangre: vida y espíritu. En Caná surge una nueva alianza, un nuevo vino. Del costado de Cristo en la cruz mana agua y sangre.
La hora
Finalmente, en Caná Jesús dice: todavía no ha llegado mi hora. Poco antes de llegar a la cruz: Jesús, sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, (Jn 13,1).
La hora en San Juan es una dinámica que cruza todo su evangelio, aparece más de veinte veces en este evangelio y en un movimiento ascendente y un tanto dramático,
2.4: Todavía no ha llegado mi hora.
4,21: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre aquí o allá.
4,23: Se acerca la hora, o mejor dicho, está aquí.
5,25: Se acerca la hora, o mejor ya ha llegado, en que los muertos escucharán su voz.
5,28; Se acerca la hora en la que escucharán su voz los que están en el sepulcro.
7,30: El arresto de Jesús fracasa, porque todavía no había llegado su hora.
8,20: Nuevamente fracasa el arresto de Jesús porque no ha llegado su hora 12,23: Ha llegado la hora en que el Hilo del hombre sea glorificado.
12,27: No te pido que me libres de esta hora.
13,1: Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre,
16,21: La mujer cuando da a luz.,. ha llegado su hora.
16,32: Se acerca la hora, o ya ha llegado, de que os disperséis.
17,1: Padre, ha llegado la hora, muestra la gloria de tu Hij0.
19,27: Desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son. El estilo del evangelio de Juan es un universo simbólico.
Los símbolos no son históricos, son reflejo de la verdad.
Sintámonos discípulos amados y desde ese momento en que nos sintamos queridos como el Discípulo amado.
Hagamos lo que él nos diga y
Desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.
[1] Si únicamente tuviésemos la versión de San Juan, no sabríamos que la madre de Jesús se llamaba María
Comentarios desactivados en “En Caná, comienzan los signos del reino rebosando de abundancia”, por Consuelo Vélez
De su blog Fe y Vida:
Comentario al evangelio del II Domingo del TO 19-01-2025
Las bodas de Caná servirá para hablar de los “signos” que realiza Jesús, a partir de los cuales quien le escucha creerá en él o no creerá
El evangelio de hoy nos invita a ponernos en camino de discipulado, reconociendo los signos de Dios en nuestra vida, en la historia que vivimos
Muchas realidades presentes de injusticia y dolor nos hacen difícil ver los signos del reino, pero al mismo tiempo, precisamente allí, donde hay tanta dificultad, no deja de brotar la esperanza, la solidaridad, la misericordia, haciendo real la presencia de Jesús en medio de su pueblo
Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda. Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dice:
–No tienen vino.
Jesús le responde:
–¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora.
La madre dice a los que servían:
–Hagan lo que él les diga.
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, con una capacidad de setenta a cien litros cada una.
Jesús les dice:
–Llenen de agua las tinajas. Las llenaron hasta el borde.
Les dice:
–Ahora saquen un poco y llévenle al encargado del banquete para que lo pruebe.
Se lo llevaron. Cuando el encargado del banquete probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde procedía, aunque los servidores que habían sacado el agua lo sabían, se dirige al novio y le dice:
–Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor. Tú, en cambio has guardado hasta ahora el vino mejor.
En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos.
(Jn 2, 1-11)
El evangelio de Juan solamente tiene el texto que consideramos el domingo pasado sobre “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, para hacer alguna mención de los orígenes de Jesús. Inmediatamente entra a considerar su ministerio. Después de llamar a los primeros discípulos, nos encontramos con este texto de las bodas de Caná que servirá para hablar de los “signos” que realiza Jesús, a partir de los cuales quien le escucha creerá en él -o no creerá- y de “su hora” que en este texto queda claro que aún no ha llegado, pero que llegará en Jn 12, 23 cuando está terminando su ministerio público y comience su persecución.
Por tanto, este relato de unas bodas sirve para mostrar los “signos” realizados por Jesús. En este caso, la que provoca que se realice este primer signo es María. Notemos el trato que tiene Jesús con su madre: la llama “mujer”, dando a entender que la relación que se manifiesta en este texto con ella, es la de discípula, antes que de madre. Lo que María constata es la carencia de vino que están teniendo en la boda y las palabras que dirige a los que servían de “hacer lo que Él les diga” muestra la confianza absoluta de ella como discípula frente a Jesús, al cual ha reconocido como Mesías.
Este primer signo nos habla de los tiempos mesiánicos que llegan con Jesús y la abundancia que ellos significan. De ahí, las tinajas “llenas hasta el borde” y el vino mejor guardado para el final de la fiesta. El hecho de ser una boda también nos remite al signo del banquete mesiánico, signo de los tiempos definitivos. El texto termina afirmando que los discípulos reconocieron la gloria manifestada en Jesús y creyeron en él. La segunda parte del evangelio de Juan ya no hablará tanto de signos sino de Jesús mismo hecho signo, con la entrega de su vida, gesto en el que sus discípulos podrán reconocer la manifestación de Dios en Jesús.
Por tanto, el evangelio de hoy nos invita a ponernos en camino de discipulado, reconociendo los signos de Dios en nuestra vida, en la historia que vivimos, y creyendo en Jesús y en su predicación como la buena noticia de los tiempos de abundancia que Él nos trae. Es verdad que muchas realidades presentes de injusticia y dolor nos hacen difícil ver los signos del reino, pero al mismo tiempo, precisamente allí, donde hay tanta dificultad, no deja de brotar la esperanza, la solidaridad, la misericordia, haciendo real la presencia de Jesús en medio de su pueblo. Nuestro discipulado se concreta en reconocer en esos signos la presencia actuante de Dios en la historia y con nuestra fidelidad hacer posible que la gracia sea abundante y muchas tinajas de agua se conviertan en vino y, no cualquier vino, sino el mejor: el de la gracia de Dios hecha historia entre nosotros.
Comentarios desactivados en “Las Bodas en Caná de Galilea: un esbozo contemplativo de mariología”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.
El relato está lleno de misterio, basta pensar en su comienzo: «El tercer día«, que tiene una profunda resonancia en el Nuevo Testamento. El tercer día es, en efecto, el día de la Resurrección, de la plena manifestación de la gloria. En este caso es también el tercer día de una gran semana, la de la primera manifestación de Jesús.
«Hubo una boda«. El hecho, así destacado, debe hacernos reflexionar. Es bueno señalar cómo todo el Evangelio es una invitación de boda: «El Reino de los cielos es como un rey que anuncia una gran fiesta para las bodas de su Hijo» (Mt 22, 2).
La encarnación misma es celebrada por la Iglesia como el banquete de bodas de Dios con toda la naturaleza. Y para Israel las mismas relaciones con Yahvé fueron cantadas por el pueblo como el matrimonio más elevado, la síntesis de todo otro amor humano. Incluso la escatología del mundo es narrada por Cristo en forma de congreso nupcial… El novio es el mismo Jesús; y toda la Iglesia, por tanto, esposa que espera a su amado en el camino de regreso.
Estas imágenes nos hacen comprender qué evocaciones suscita el lenguaje misterioso de Juan al situar una boda como primer episodio, haciendo emerger así el misterio de Cristo en esta realidad tan humana.
«Y estaba allí la madre de Jesús». El centro de la historia es María. Incluso Jesús y sus discípulos aparecen bajo una luz más matizada: «Jesús también fue invitado a la boda«. Para el evangelista la figura de la madre es sin duda central y es desde ella que la atención se proyectará luego sobre Jesús. El milagro, la manifestación de la gloria de Cristo, pasa por la madre.
El significado y la profundidad de los símbolos que contiene el relato impiden, en cierto sentido, expresarlo en palabras. Es un relato para ser disfrutado en la contemplación, dejándoos conmover interiormente por la fuerza del Espíritu. Contempla estos tres aspectos: María ve el todo en su conjunto; María siente empatía; María es intrépida.
1.- María ve el todo en su conjunto
En la historia del Evangelio, todos tienen algo que hacer, algunos en la cocina, otros en el servicio,… Sólo María ve el todo en su conjunto, tiene una visión general y comprende lo esencial que está sucediendo y lo esencial que falta. Éste es el espíritu contemplativo de María, su don de síntesis, la capacidad de atender a las cosas particulares. Ciertamente también ella debía tener algún compromiso… pero, sin embargo, presta atención a las cosas individuales y con una mirada atenta, contemplativa, profunda… capta la situación.
El don de la síntesis es típicamente femenino: saber ver el punto focal con la inteligencia del corazón, no mediante el razonamiento ni el análisis inmediato y preciso de todos los elementos.
María percibe el gemido inexpresado del mundo y lo expresa hasta con simplicidad: «Ya no tienen vino«. Ella es la única que dice esta palabra. Es probable que los demás lo hayan notado pero como en un sueño: ven que algo falla y al no saber qué hacer prefieren seguir fingiendo que no pasa nada.
La gracia de la fe cristiana es precisamente la de cultivar, incluso en las mil y una tareas, una visión de conjunto de las situaciones de la comunidad, de los grupos, de la Iglesia, de la sociedad, para poder captar con amor las dificultades , momentos delicados y darle voz, atenderlas con discreción y eficacia.
La fe cristiana tiene en sí misma este maravilloso don contemplativo: no es la pericia, la destreza para hacer esto o aquello, la especialización de las capacidades humanas, sino una percepción global, que sabe preservar el sentido de todo. Quizás sea difícil de expresar, pero es importante, incluso necesario, para la vida de la Iglesia.
En ese don está, de hecho, el don de gobierno, de eficacia, de planificación cuidadosa. El don contemplativo es algo más sutil, indefinible, que da unidad, gusto, sabor, consistencia. Es un don de María y, si faltara, la Iglesia correría el riesgo de convertirse en una sociedad de expertos, de personas competentes, de especialistas, donde cada uno lleva adelante su visión particular, quizás discutiendo con los demás y precisamente en nombre de su propia visión, capacidad, pericia…
El carisma de María es la mirada consoladora, que la hace estar atenta a todos los puntos dolorosos y dispuesta a expresarlos, a ayudar alertando a los responsables, pidiendo a los demás que intervengan. En Caná, de hecho, María no atiende directamente la necesidad del vino, sino que lo resalta, lo realza y lo confía a su Hijo.
Por eso pedimos a la Virgen que mire nuestros banquetes, el banquete que son nuestras comunidades, nuestras iglesias locales, nuestra Iglesia universal; y también mirar este banquete que es nuestra sociedad y prestar atención a lo que falta, poner en nosotros la mirada contemplativa benévola y sincera con la que Ella miró el banquete de bodas de Caná.
Pidamos a María que no permita que nuestros corazones se entristezcan por las pequeñas mezquindades privadas, sino que nos haga vibrar al unísono con el gran banquete de la humanidad, captando e interpretando la situación de todos aquellos que no tienen vino, pan, alegría, que no están involucrados en el banquete.
Cada uno de vosotros puede entonces preguntarse: ¿estoy tan preocupado por mi papel personal, por mi trabajo, que ya no tengo gusto por toda la vida de la comunidad, de la Iglesia, de la sociedad? ¿Soy tan tenaz e insistente en la realización de mi tarea particular que ya no comprendo cómo debe encajar en el conjunto de una mesa bien puesta en la que todos participan con amor y alegría? ¿Soy tan poco contemplativo que miro el árbol y me olvido del bosque?
2.- María empatiza
María, una vez completado su gesto contemplativo, pudo quedar satisfecha. Sin embargo, si lo hubiera hecho, no habría expresado su identificación con la situación. Habría hecho un análisis sociológico, estadístico,…, sin entrar en el problema. María, en cambio, entró en ello hasta casi merecer una reprimenda de Jesús.
«¿Qué tengo yo que ver contigo, mujer?». Ciertamente no es una expresión alentadora, sea cual sea el significado que se le intente dar. María la acoge porque se ha identificado con la situación como si fuera suya: «No tienen más vino» significa que no tenemos más vino. Significa hacerse uno con esos pobres cuyos nombres ni siquiera conocemos y de los que el relato evangélico no dice nada más.
En última instancia, el hecho de que a un banquete le falte vino no es tan sustancial. La gente podría haberse ido a casa igualmente satisfecha. La carencia que María nota, por tanto, no es esencial, no es una cuestión de vida o muerte: es una falta de bienestar, ese “no sé qué” que hace que las cosas vayan bien, y es precisamente lo que más a menudo nos falta. Muchas veces nos falta ese “no sé qué” de alegría, entusiasmo,…, que se necesitan para que las cosas vayan por el buen camino. ¡Cuántas veces echamos de menos este vino! La esencia de nuestra vida, los compromisos se desempeñan con atención y seriedad, los trabajos se realizan con eficacia,… ¡Sin embargo, falta «eso no sé qué» representado por el vino!
Descubrirlo es una gracia que debemos pedir a María porque no surge solo de los análisis sociológicos que realizamos. María puede ayudarnos a descubrir lo que falta, no para acusar ni recriminar, sino para sufrir y amar. Y ante todo puede ayudarnos a descubrir lo que nos falta, que no sabemos qué es: tal vez sean pequeñas cosas que extrañamos; pequeños perdones, pequeños sacrificios que vivir, pequeñas tensiones que tapar o pequeñas palabras que contener. Quizás nos falta un poco… para que el buen vino se manifieste.
El evangelista repite tres veces el adjetivo «bueno«: «Cada uno sirve el buen vino desde el principio… el menos bueno… el buen vino lo has guardado hasta ahora».
Puede haber un vino genuino y no bueno, tanto por la calidad de la uva como por la ingenuidad de quien lo elaboró. Jesús quiere el bueno, hecho de la riqueza que proviene de todo el complejo de la uva, del sol, del calor, de la tierra, de la preparación, del trasiego. Lo quiere tanto para nuestra vida, como para la plenitud de nuestra Iglesia, y para la alegría de nuestra sociedad.
El buen vino que Jesús quiere es sin medida, abundante: «Seis tinajas de piedra… cada una con dos o tres toneles» llenas hasta el borde. Nuestra vida espiritual, marcada quizás por la aridez o el cansancio, en su interior debe ser vino espumoso, sobreabundancia de Espíritu que nos nutre día y noche, sin abandonarnos jamás: no puede ser el fondo de un vaso que apenas sirve para saciar la sed.
3.- María es intrépida
Jesús no dice que Él proveerá, pero María dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga«. Sus palabras tienen, por así decirlo, un sentido bíblico probado desde hace mucho tiempo. Son, en efecto, las pronunciadas por el Faraón durante la hambruna en Egipto, cuando el pueblo carecía de todo: “Ve a José y haz lo que él te diga. El hambre dominó toda la tierra. Entonces José abrió todos los almacenes donde había grano” (Gen 41,55-56).
La figura de María se sitúa a la luz del hombre que sacia el hambre de un país entero: María es aquella a través de quien el poder de Jesús se manifiesta en la tierra para toda la humanidad. Está segura de su hijo porque es el Hijo de Dios.
Esta es quizás la certeza que más fácilmente no logramos mantener. Quizás notamos la falta de vino, quizás nos identificamos un poco tristemente con la sequedad de nuestras vidas, de nuestra comunidad, de nuestras iglesias locales… Sin embargo, al no cruzar el «vado de la fe«, nos detenemos en una amarga consideración de la situación o buscamos soluciones inadecuadas.
¡Cuántas veces tenemos la impresión, escuchando ciertos análisis y valoraciones, por ejemplo de la falta de vocaciones,…, de que los remedios se proponen sin convicción! Se necesitan remedios, es necesario planificar, hay que hacer algo y, sin embargo, no tenemos esa certeza que es la única que da fuerza a todas nuestras acciones: la certeza en Jesús. No creemos lo suficiente, nos falta ese salto de calidad que no consiste en buscar la llave del tesoro escondido sino en la seguridad en Jesús incluso en las cosas más simples, incluso en las expresiones más inmediatas de la vida.
Este esbozo para una mariología no quiere pasar por alto sino dar espacio a la contemplación. Podemos acercarnos a María a través de la lectura orante de la Palabra de Dios, la lectura de la Escritura en el Espíritu Santo.
No basta con aprender teóricamente esta lectura: es necesario desarrollarla. Aprenderla cordialmente significa practicar resaltando algunos aspectos o palabras del pasaje del Evangelio. Pero luego hay que releer las palabras, comparándolas entre sí, como hizo María, que «guardaba todas estas palabras en su corazón» (cf. Lc 2, 19.51). María es modelo de identificación e intrepidez porque es modelo de contemplación. Aquí reside uno de los secretos de la fe: ser fuente contemplativa.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
De su blog Beste aldera joan zen Jesus / Jesús se fue a la otra orilla
Comentarios desactivados en El bautismo de Jesús es su momento de “salir del armario”. También puede ser el nuestro.
El artículo de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland, una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religious publicado por New Ways Ministry.
Las lecturas litúrgicas de hoy del Domingo del Bautismo del Señor, están disponibles aquí.
Durante las últimas semanas, hemos estado celebrando la llegada de Jesús a este mundo como uno de nosotros. Hoy, celebramos su bautismo, su “salida” al mundo como adulto.
Jesús tiene 30 años cuando va a ver a Juan, que está bautizando en el desierto. Juan está advirtiendo a todo el que quiera escuchar que el Reino de Dios está cerca. Está llamando a las personas a arrepentirse de su pecado y volverse a Dios. Cuando se le pregunta cómo hacerlo, Juan les dice que den a los pobres y compartan su comida con los hambrientos.
Tenga en cuenta que Juan no está en el templo mientras predica. La Buena Noticia es proclamada a todos para que “todos vean la salvación enviada por Dios”, como nos recuerda la primera lectura litúrgica de hoy. En la predicación de Juan, nadie es considerado privilegiado ni exento de tomar una decisión personal de volverse a Dios.
Jesús acepta el mensaje de Juan y decide ser bautizado. Cuando lo hace, su verdadera identidad se revela cuando el Espíritu Santo desciende sobre él y se escucha una voz: “Tú eres mi amado; en ti tengo mis complacencias”.
La vida de Jesús cambia drásticamente después de eso. Su verdadera identidad ahora es conocida. ¡Ya no puede volver atrás!
Solo puedo imaginar lo que sintió Jesús en ese momento. ¿Aceptó las palabras de Isaías? “Aquí está mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco, en quien he puesto mi espíritu”. ¿Se sintió amado? ¿O estaba confundido por el mensaje del Espíritu? ¿Tenía miedo? Jesús era completamente humano. Supongo que estaba sintiendo muchas emociones después de esta experiencia y por eso se fue al desierto durante 40 días.
Recuerdo mi propio proceso de salir del armario. Definitivamente no me sentí elegida ni amada. Más que nada, me sentí traicionada. Había internalizado mucha de la homofobia que me rodeaba: en mi familia y amigos, en la escuela católica a la que iba y en la iglesia. No quería ser parte de una identidad LGBTQ+ para mí. Luché por comprender mi orientación sexual e identidad de género.
Sin embargo, a medida que crecí en mi identidad, descubrí a los Juanes Bautistas en mi vida que me invitaron a la plenitud y a reconocer que es en el desierto dentro de mí donde escucharé y conoceré a Dios. Me llaman una y otra vez a ser bautizada, a rechazar la negatividad interior y a abrazar el Evangelio. Abrí mi corazón al Evangelio y escuché que Dios está complacido conmigo como soy y que el Espíritu de Dios habita dentro de mí. Mi verdadera salida del armario se produjo cuando finalmente pude escuchar la voz de Dios en mi interior: «¡Tú eres mi Amado, mi elegido! Estás hecho a mi imagen y semejanza”. ¡Mi vida nunca ha sido la misma!
¿Quiénes son los Juan Bautistas en tu vida? ¿Puedes escuchar su desafío y sus afirmaciones para reconocer que Dios vino a traerte libertad y amor? ¿Qué necesitas hacer para aquietarte y poder escuchar la voz del Espíritu en tu interior? La Voz del Espíritu te habla: “Tú eres mi amado, mi elegido, en quien tengo complacencia”. ¿Puedes escucharla?
Comentarios desactivados en “No ahogar el amor solidario”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)
El amor es la energía que da verdadera vida a la sociedad. En toda civilización hay fuerzas que generan vida, verdad y justicia, y fuerzas que provocan muerte, mentira e indignidad. No siempre es fácil detectarlo, pero en la raíz de todo impulso de vida está siempre el amor.
Por eso, cuando en una sociedad se ahoga el amor, se está ahogando al mismo tiempo la dinámica que lleva al crecimiento humano y a la expansión de la vida. De ahí la importancia de cuidar socialmente el amor y de luchar contra todo aquello que puede destruirlo.
Una forma de matar de raíz el amor es la manipulación de las personas. En la sociedad actual se proclaman en voz alta los derechos de la persona, pero luego los individuos son sacrificados al rendimiento, la utilidad o el desarrollo del bienestar. Se produce entonces lo que el pensador norteamericano Herbet Marcuse llamaba «la eutanasia de la libertad». Cada vez hay más personas que viven una «no libertad confortable, cómoda, razonable, democrática». Se vive bien, pero sin conocer la verdadera libertad ni el amor.
Otro riesgo para el amor es el funcionalismo. En la sociedad de la eficacia lo importante no son las personas, sino la función que ejercen. El individuo queda fácilmente reducido a una pieza del engranaje: en el trabajo es un empleado; en el consumo, un cliente; en la política, un voto; en el hospital, un número de cama… En esta sociedad, las cosas funcionan; las relaciones entre las personas mueren.
Otro modo frecuente de ahogar el amor es la indiferencia. El funcionamiento de la sociedad moderna concentra a los individuos en sus propios intereses. Los demás son una «abstracción». Se publican estudios y estadísticas tras los cuales se oculta el sufrimiento de las personas concretas. No es fácil sentirnos responsables. Es la administración pública la que se ha de ocupar de esos problemas.
¿Qué podemos hacer cada uno? Frente a tantas formas de desamor, el Bautista sugiere una postura clara: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». ¿Qué podemos hacer? Sencillamente compartir más lo que tenemos con aquellos que viven en necesidad.
Comentarios desactivados en “Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 12 de enero de 2025. Bautismo del Señor
Leído en Koinonia:
Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo
Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.
Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.
El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.
El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.
Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…
Hace seis días celebrábamos la visita de los Magos de Oriente, cuando Jesús tenía unos dos años de edad, según Mateo. Hoy celebramos su bautismo, cuando tenía unos treinta años, según Lucas. Si exceptuamos la visita al templo de Jerusalén con doce años, de la infancia, adolescencia y vida adulta, hasta el bautismo, no sabemos nada.
El bautismo de Jesús (Lucas 3,15-16.21-22)
Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:
En aquel tiempo, como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajo el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma, y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.
Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.
La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.
La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.
El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.
El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)
Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura.
Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.
El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).
Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.
El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.
Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)
La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»
“Pasó haciendo el bien”. Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.
Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.
En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?
Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.
El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.
¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?
Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.
Oración
Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes