15.8.18. María (1). Mujer histórica, símbolo del cristianismo
Celebramos el próximo 15, el día de la “dormición” o “asunción” de María, la más importante de sus fiestas en la Iglesia de occidente.
En ese contexto, en la línea de otras postales que he dedicado en este blog a su figura, quiero presentar nuevamente algunos rasgos de su historia, como mujer concreta (madre y seguidora de Jesús) y de su memoria creyente (María de la fe) en el principio de la Iglesia, partiendo de la misma Biblia.
La visión mariana de la Iglesia ha sido obra de la gente, más que de la reflexión de los teólogos o de algún tipo de planificación jerárquica. Gran parte del pueblo cristiano antiguo (y moderno) se ha identificado de algún modo con María, la mujer histórica, la madre de Jesús, convertida en gran símbolo cristiano.
Seguirán tras esta dos «postales», que quieren ofrecer una pequeña mariología de verano, desde la perspectiva católica, en el hemisferio norte. Irán dedicadas a todos los que, manteniendo de un modo agradecido la memoria de María, que fue una mujer «gebira» (como verá quien siga leyendo), llegando a ser quizá el signo más importante de la iglesia católica en los últimos siglos, como han dicho, con evidente exageración algunos protestantes, que nos acusan (a los católicos) de ser papistas y mariólatras.
Será bueno saber lo que puede haber detrás de esa acusación, desde una perspectiva de María. Posiblemente, los católicos debemos saber lo que implica María en nuestra forma de vida cristiana, pero también han de saberlo (y aprender) muchos protestantes. Buenos días de víspera del Día de María 2018.
Será bueno pre-sentir lo que ella (María) puede seguir ofreciendo como judía histórica y como cristiana originaria a la vida y tarea del evangelio en este siglo XXI.
Imagen 1: La Virgen de la aldea (de Chagall, pintor judío)
Imagen 2: María y el niño (una mujer oriental)
1. Quién fue, los datos principales de una vida.
Fue una mujer histórica, que vivió en Nazaret de Galilea, y después (presumiblemente), tras el asesinato de Jesús, en Jerusalén, entre el 20 a.C. y el 40/50 d.C., dentro de un contexto cultural, social y familiar muy definido. No ha sido un puro signo sagrado, una idea general (eterno femenino), ni una diosa, sino una mujer, madre discutida y seguidora de Jesús, pretendiente mesiánico judío, crucificado el año 30 d.C.
Hubo a su lado otras mujeres (en especial María Magdalena), pero sólo su recuerdo ha sido cultivado y recreado de un modo tan fuerte en la historia posterior del cristianismo. Los seguidores de Jesús no sólo la han recordado, sino que han agrandado su figura, con una intensidad única en la historia de occidente.
Tuvo una vida compleja, de manera que se relaciona no sólo con el judaísmo (en cuyo seno nace y vive), sino con la historia de Jesús (con quien se relaciona de forma materna y dramática) y con el principio de la Iglesia. No hay ningún otro personaje del Nuevo Testamento (ni siquiera Pedro, ni María Magdalena) que haya recogido (catalizado) en el arco de su vida tantos rasgos y aspectos como ella. Éstos son los datos principales de su historia:
1. Fue judía galilea, del Mediterráneo oriental, de comienzos de nuestra era, y, como otros miles de mujeres, vivió en unas condiciones de sometimiento femenino, bajo el cuidado y vigilancia de sus padres, y después de su marido. Fue creyente y encarnó su vida la tradición de las madres mesiánicas judías, que confiaron en el Dios de su pueblo y revivieron la esperanza de una salvación nacional, pero el canto de Lc 1, 47-56 la presenta vinculada con los pobres de todas las naciones. En esa línea se ha podido decir que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer y de mujer judía .
2. Fue esposa de José, un “descendiente de David”, nazoreo de Galilea, un hombre comprometido al servicio de la libertad nacional de su pueblo judío, en unas condiciones duras de sometimiento social y militar, bajo el dominio de los reyes herodianos, vasallos Roma. A Jesús, el hijo de José, le llamarán “el nazoreo”, pero no directamente por su madre, sino por José, su “padre”. Vivió en ese contexto de compromiso de liberación nacional.
3. Fue madre de Jesús, pretendiente mesiánico judío, de una línea al parecer “nazorea” , pero con rasgos propios y muy significativos, dentro de un ambiente de duro enfrentamiento cultural y social. Tuvo probablemente otros hijos de los que habla Mc 6, 1-6, que al parecer no estaban de acuerdo con la pretensión mesiánica de Jesús, lo que fue causa de duros enfrentamientos en la familia. Todo nos permite suponer que estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública, de manera que debió que actuar como “gebîra” o mujer de autoridad sobre su familia. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús “el hijo de María”.
4. Su relación con Jesús fue compleja, y parece que al principio no aceptó su mesianismo, permaneciendo así al lado de sus otros hijos, que tampoco la aceptaban (como supone no sólo Mc 3, 31-35 y 6, 1-6, sino Jn 7, 1-9). En ese contexto ha de entenderse su posible presencia ante la cruz, donde Jesús murió condenado como pretendiente mesiánico (Jn 19, 25-27; cf. Mc 15, 50); sea como fuere, ella acabó siendo “cristiana”.
5. Se integró en la iglesia o comunidad de los discípulos de Jesús, con el resto de sus hijos (cf. Hch 1, 13-14), viniendo a jugar así un papel importante en la comunidad, que le recuerda de un modo crítico (rechazando su “pretensión” de imponer sus derechos sobre Jesús: cf. Mc 3, 31-35), pero también en un sentido ejemplar y edificante, de tal forma Lc 1-2 y en algún sentido Jn 19, 25-27 la presentan como modelo de cristiana.
6. Finalmente, María ha sido “creída” dentro de la iglesia. Por razones que algunos suponen evidentes, y que otros piensan que se deben precisar y justificar, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT. En esa línea, Lucas le llama “gebîra”, Madre del Señor (cf. 1, 43) y afirma que la llamarán bienaventurada todas las generaciones (Lc 1, 48).
2. Historia e interpretaciones
Entre los primeros grupos que han ido formando la iglesia de Jesús, su Madre ha sido recordada e interpretada en líneas distintas, y su imagen ha quedado reflejada en algunos de los textos más significativos del Nuevo Testamento. En ese aspecto podemos hablar y hablaremos de una mariología de la historia y de varias mariologías de la fe:
− Una mariología de la historia. No son muchas las cosas que de ella sabemos en un nivel de pura historicidad factual, pero son muy importantes. Estas parecen (resumiendo lo antes dicho), las más significativas. 1) Era una mujer judía, de familia creyente y significativa, de Nazaret de Galilea; se llamaba María y estaba casada con José. 2) Fue madre de Jesús, con quien se vinculó de forma dramática; pero tuvo también una familia más extensa, compuesta por varones y mujeres que el Nuevo Testamento llama normalmente hermanos de Jesús y que parecen ser hijos de María. 3) Tras la muerte de Jesús, ella perteneció a su comunidad de seguidores, y ejerció un papel importante dentro de la iglesia, que la ha recordado.
− Varias mariologías: María de la fe. Los textos del Nuevo Testamento y de la primera iglesia no recuerdan a María por afán historicista, sino porque ha formado parte del misterio de una fe, que se centra en Jesús, su hijo, y que se expresa y configura de formas distintas en las comunidades. En principio, no existe una fe mariana (o mariología) única y normativa, que pudiera imponerse sobre todos los creyentes, sino diversas formas de mariología y fe mariana, que se diversifican según los lugares y formas de vida de las comunidades, según el Nuevo Testamento. Este fenómeno no ha sido a veces suficientemente valorado y define a nuestro juicio todo el tema. Pero esas mariologías pueden vincularse y se vinculan en el credo de la iglesia cuando afirman que Jesús «concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María». Leer más…



























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