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El amor conyugal.

domingo, 3 de octubre de 2021
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los_amores_oscurosMc 10, 2-16

«Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»

Sin ánimo de interpretar el texto, sino de reflexionar sobre él, vemos que la respuesta de Jesús va, como siempre, mucho más allá de la pregunta planteada: «¿Le es lícito a un hombre divorciarse dándole acta de repudio a su mujer? … Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre»… Tradicionalmente hemos caído en el error de pensar que Dios une por medio del sacerdote y a través del rito matrimonial, pero no es así. La unión ya existía desde mucho antes de llegar a la ceremonia, y esa unión que proclama el oficiante es en unos casos obra de Dios… y en otros no.

Dios une en el amor, y el amor conyugal es probablemente la experiencia que más nos acerca a Dios; su mejor reflejo; lo que más nos ayuda a intuir su esencia. Es por ello que esta unión siempre se ha considerado un sacramento; es decir, un hito excepcional en el encuentro con Dios. Nos equivocamos al identificar el sacramento con la ceremonia; la ceremonia es solo el signo, el sacramento es la vida en común de los esposos.

Esta unión basada en el amor es indisoluble, y el hombre no puede separarla porque es mucho más fuerte que él. Pero no debemos olvidar que el amor no es el único vínculo que lleva a una pareja al pie del altar, pues las hay que llegan unidas por el dinero, la conveniencia social, los intereses familiares o la mera atracción física… No parece que Dios haya tenido mucho que ver en ellas, y por tanto serán efímeras (a no ser que de ese primer vínculo surja el amor).

Tampoco todo lo que parece amor es amor. Muchas parejas se casan muy enamoradas y luego fracasan, y la causa está en que el enamoramiento se parece mucho al amor —Fromm lo define como una intoxicación por amor—, pero no es amor, y por tanto, no basta y produce uniones precarias… Entonces, ¿cómo distinguir el amor verdadero de lo que no lo es?

El amor se manifiesta en un deseo de la felicidad del otro, en sentirse bien si el otro está bien aun cuando esto suponga sacrificio propio. Porque amar es básicamente dar, no recibir. La esfera más importante del dar es el dar de sí mismo y cuando se da así, no se puede dejar de recibir; de hacer de la otra persona un dador, y compartir ambos la alegría de lo que han creado (Fromm).

El enamoramiento es pasión —somos pasivos ante él— y el amor es esencialmente acción, y por ello, el salto del uno al otro requiere esfuerzo, trabajo, respeto y compromiso… No es gratis, pero cuando se logra, todo esfuerzo parece poco.

Un último apunte. La Iglesia  se basa en el texto del evangelio de hoy para defender a ultranza el ideal del matrimonio indisoluble basado en el amor. Y es un ideal admirable que se funda en una de las manifestaciones humanas más positivas y humanizadoras como es el amor conyugal. Pero un ideal es un ideal, y no es bueno convertirlo en una exigencia cuya quiebra lleve aparejada un alejamiento de Dios y de la Iglesia.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Igualdad del hombre y la mujer.

domingo, 3 de octubre de 2021
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NO VIVIMOS EL PLAN DE DIOS DESDE LA CREACIÓN Y ASÍ NOS VA

Vaya por delante que es únicamente por el compromiso adquirido con Fe Adulta de comentar la liturgia de este domingo, que me dispongo a escribir unas letras porque si por mí fuera, no gastaría ni tinta ni esfuerzo en comentar unas lecturas en las que tenemos que emplear un montón de tiempo en explicar lo que no quieren decir, y entresacar el auténtico mensaje de liberación y de vuelta a los orígenes al principio de la Creación.

Por eso, resulta muy doloroso, y quienes establecen los textos bíblicos para las lecturas litúrgicas tendrían que saberlo, volver una y otra vez a escuchar esos pasajes que no nos proporcionan un juicio moral de Jesús ante situaciones como el divorcio, porque ese no era en ningún momento su propósito, y sin embargo nos vuelven a recordar que no vivimos el ideal por el que fuimos creados: la igualdad, la mutualidad, la complementación entre los sexos.

La cuestión del evangelio del domingo se centra en la pregunta con doble intención por parte de los fariseos a Jesús sobre si le está permitido al marido repudiar a la mujer. ¿Por qué le hacen esa pregunta si saben que la ley mosaica lo permite? ¿Qué quieren, que Jesús diga que no, y “pillarle” contradiciendo la ley de Dios dada a Moisés?

Para darles respuesta Jesús se remonta al Génesis (parte del texto que se nos presenta como primera lectura de la liturgia de hoy) Gn 2: 18-24. “Dios los hizo varón y hembra por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y serán los dos un solo ser; de modo que ya no son dos, sino un solo ser”.

Por lo obstinados que sois”… les dice Jesús os dejó escrito Moisés ese mandamiento. El plan de Dios era otro muy distinto…pero el egoísmo, la búsqueda de placer instantáneo, la falta de compromiso real en una relación de amor maduro lleva a “destrozar” la vida de tantas mujeres que a lo largo de la historia han sido y siguen siendo tratadas como objetos.

Jesús, con su predicación del Reino de Dios, cimienta las relaciones humanas en el amor, en el entendimiento mutuo, en el respeto y en el servicio bien entendido. Precisamente Jesús nos presenta a un Dios Abba que está por encima de la ley y los preceptos: la ley mata, el espíritu da vida.

Resulta imposible reconciliar el Dios ley y el Dios Abba de Jesús. Son dos lenguajes tan diferentes, dos experiencias tan distintas que solo pueden llevar al conflicto.

¿Buscamos en Jesús respuestas a cuestiones concretas que tienen que ver con las decisiones morales? Jesús apela a nuestra conciencia, a nuestra dignidad, de manera personal. No hay una ley que aplique a todos los casos por igual.

Y además, ¿cómo vamos a entender esa pregunta hoy cuando en aquellos tiempos la mujer era vista como propiedad del marido, su alianza de matrimonio era algo acordado entre dos varones: él y el padre de la novia? Se podía deshacer de ella como quien se deshace de algo que ya no le sirve. ¿Cómo podemos usar este texto para decir que en nuestra religión no aceptamos el divorcio? ¿Tenía entonces la mujer alguna posibilidad de romper el compromiso con su marido?

Recientemente, ante la noticia de la vuelta de los talibanes al gobierno de Afganistán después de tantos años de guerra, el mundo occidental se ha puesto en pie y reaccionamos entre otras cosas a su “maltrato y abuso” de las mujeres.

Las mujeres estamos cansadas de tener que defender nuestros derechos con respecto a los varones en múltiples áreas de nuestras vidas y cómo no, en la iglesia católica. Sí, puntualizo en la iglesia católica, porque otras iglesias cristianas hace tiempo que se han dado cuenta de que el patriarcado ha dominado durante demasiados siglos nuestras culturas y también ¡cómo no!, nuestra manera de hacer iglesia. No es que otras comunidades lo tengan ya todo conseguido, pero desde luego sus decisiones responden más a los signos de los tiempos que las nuestras.

No podemos admitir en pleno siglo XXI que las mujeres sigamos sufriendo el “dominio” de los varones. Sin embargo, nos deberíamos preguntar en nuestras comunidades cristianas, ¿cómo vivimos la igualdad, la mutualidad, la paridad entre mujeres y hombres? ¿Se hace real el mensaje de Jesús de liberación de cargas culturales, religiosas, tradiciones en lo que se refiere a los ministerios, las tomas de decisiones? LAS MUJERES DECIMOS QUE NO. El plan de Dios desde el principio de la creación no lo vivimos… y así nos va.

Carmen Notario, SFCC

Fuente espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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La verdad, realidad y tarea.

domingo, 3 de octubre de 2021
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66800546-02F8-4F14-9CF2-87DC5F4D3E83Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

3 octubre 2021

Mc 10, 2-16

Suele ser habitual que los seguidores de una religión –en particular, de las llamadas “religiones del libro” o teístas– absoluticen los textos fundantes de la misma. El motivo es creer que tales textos provienen directamente de Dios mismo. El riesgo grave –dejando aparte las peleas internas motivadas por la existencia de interpretaciones diferentes– es caer en algún tipo de fundamentalismo que pretende someter la realidad presente a la exigencia de aquellos textos, erigidos en criterio absoluto de juicio.

En realidad, el riesgo es triple: en primer lugar, porque el fundamentalismo ignora en la práctica el cambio social y cultural, con las consecuencias que ello implica. En segundo lugar, porque exige una heteronomía que puede llegar a ser alienante, al promover la adhesión a unas creencias, en lugar de estimular la búsqueda autónoma que responda lo más adecuadamente posible a cuestiones presentes. Y, en tercer lugar, porque esa misma adhesión previa a unos textos concretos actúa como factor de separación e incluso de enfrentamiento con otras personas y grupos que no comparten su creencia.

Solo una actitud fundamentalista puede sostener la pretensión de hablar sobre cuestiones como el divorcio o la homosexualidad a partir de textos de hace dos mil años. Desde ella, los exegetas -o “interpretadores” de los textos- se enzarzan en discusiones tan estériles como interminables.

La verdad no cabe en la mente… ni es posible encerrarla en ningún texto escrito, por más que se proclame “revelado”. Esa es nuestra paradoja: somos verdad, pero no podemos poseer la verdad. El mismo Jesús, hombre sabio, dijo “Yo soy la verdad”, pero nunca dijo “Yo tengo la verdad”. Y eso es aplicable para todos nosotros: nuestra identidad profunda es verdad, bondad y belleza, una con todo lo que es; pero, en el día a día, hemos de ir “construyendo” -o descubriendo- la verdad en todo nuestro mundo personal. Por lo que, cuanto más en conexión vivamos con nuestra identidad profunda -en el silencio de la mente pensante-, más estaremos posibilitando que la verdad se abra camino a través de nuestra persona. A más identificación con el ego, más ignorancia y confusión; a más desidentificación, más verdad.

Por todo ello, frente al fundamentalismo y su pretensión de poseer la verdad, no encuentro palabras más sabias que las del poeta Antonio Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.

¿Soy capaz de cuestionar todas mis construcciones mentales?


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

 

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¿Y qué es lo que Dios ha unido?

domingo, 3 de octubre de 2021
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hqdefaultDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Afectividad – sexualidad.

Todos los humanos, hombres y mujeres, casados y célibes, quedamos emplazados en la vida ante estas cuestiones del amor, afectividad, sexualidad, amistad, familia, etc. Todos vivimos obligados a tomar decisiones ante la experiencia fundamental del amor-afectividad. Esta cuestión es de tal calado que de ella depende el equilibrio, la madurez y la felicidad de cada persona.

El amor es el campo donde más se sufre, se goza, se fracasa y también se realiza la persona humana.

  1. Ha cambiado mucho la sociología de la sexualidad y del matrimonio.

En 2019 se celebraron 165.578 bodas en toda España. 129.240 fueron civiles.

El 80 % de los matrimonios celebrados en España son civiles. (En el País Vasco el número de matrimonios civiles alcanza el 87,4%) Por tanto, solamente el 20% de los matrimonios son canónicos.

Por otra parte, en el plano de la sexualidad, afectividad, etc. estamos viviendo notables cambios culturales y sociológicos que -según me parece- no están del todo resueltos:

  • o El gran movimiento feminista está haciendo que el papel de la mujer haya cambiado y mejorado notablemente en la sociedad: en cuanto a respeto hacia su dignidad, trabajos y competencias fuera del hogar, fuente de economía. Esto planteará otros problemas, como cuál sea el·”rol” de hombre y mujer, ¿quién cuida los hijos? (¿terminarán en casa de ó con los abuelos?)
  • o La familia era amplia en la sociedad rural: en el caserío, en el pueblo rural las familias tenían muchos miembros, hijos, nietos, algunos tíos que quedaban “descolgados”. Hoy la familia es “mínima”, los pisos no tienen ni la amplitud del caserío, ni la vida más sencilla del mundo rural. El consumismo tampoco permite tener muchos hijos.
  • o La concepción de la sexualidad hoy en día es muy diversa a la que tradicionalmente hemos conocido: homosexualidad, transexualidad, etc. / LGBT es la sigla compuesta por las iniciales de las palabras Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero. Esta visión de la swexualidad “está ahí” en la sociedad, no sé si bien o mal resueltas.
  1. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

    Recojamos las palabras de Jesús: Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Bueno pero ¿qué es lo que Dios ha unido? Entendemos que Dios ha unido en amor a dos personas que se quieren.

Pero, ¿Qué hacer cuando -por las razones que fueren- desaparece el amor y no se quieren? No quedan sino los papeles, “papel mojado” decimos en castellano. Y Dios no mantiene una unión, que ya no es unión. Dios no pretende una unión meramente legal, unos papeles firmados, una “unión” que en muchos casos es un infierno. Dios no quiere infiernos para nadie.

Infidelidades profundas, desavenencias, enfermedades ocultas, conflictos, interferencias familiares, etc. pueden hacer que un matrimonio sea ya inviable.

Al menos la Iglesia debiera mostrarse comprensiva y bondadosa con quienes han visto fracasar su amor.

  1. Tras un accidente, todo el mundo tiene derecho a curarse.

    Tras un fracaso, tras una ruptura matrimonial, todo el mundo tiene derecho a recomponer y reestructurar su vida. Los separados / divorciados también. Y en el plano eclesial pastoral los divorciados / separados merecen un trato, un tratamiento mejor que el que la Iglesia les da.

El papa Francisco es muy consciente de ello:

«A veces la separación puede incluso ser moralmente necesaria cuando se intenta proteger al cónyuge más débil o a los hijos más pequeños de las heridas causadas por la prepotencia, la violencia, la humillación, la extrañeza y la indiferencia». (24.06.2015)

Pero no se han dado más pasos. Francisco lo tiene muy difícil para reformar esta y otras cuestiones

En todo caso, no seamos legalista ni en esto ni en nada y tengamos siempre misericordia con quien se ha divorciado o ha fracaso en su vida afectiva, matrimonial.

  1. Frivolidad y fidelidad.

    Los criterios y esquemas de vida con los que funcionamos tampoco ayudan mucho a pensar y preparar matrimonios y familias.

La confusión entre placer y felicidad, entre erotismo y amor, el desajuste entre eros y ágape, el deseo de una vida cómoda, rápida, etc. no contribuyen a una madurez personal y convivencial.

No todo en la vida es de color de rosa, ni es todo sencillo y feliz. La vida tiene momentos y etapas de esfuerzo y sufrientes. La convivencia es hermosa y dura al mismo tiempo. ¿Dónde y en qué pueblo, familia, comunidad, parroquia, etc. no hay discrepancias, conflictos y sufrimiento?

La vida es placer y muerte: eros y thanatos, decía Freud.

    En una sociedad tan erotizada, que vive o propone como “paraíso terrenal” casi exclusivamente el eros, es muy difícil ¿imposible? que se pueda vivir una madurez afectiva.

    Por otra parte quizás hemos olvidado la fidelidad, la lealtad a los compromisos adquiridos en la vida con nosotros mismos y con las personas: compromisos de matrimonio, de vocación, de responsabilidades, de fidelidad a los talentos que Dios nos ha dado.

    El ágape, el amor la entrega y la donación personal enmarca bien la amistad y el eros.

    Los divorcios y separaciones quizás disminuyan en la medida que el amor (ágape) forme parte también de la vida.

Permanezcamos en el amor

y que lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

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“Luchamos por la misma causa”. 26 Tiempo Ordinario – B (Marcos 9,38-43.45.47-48)

domingo, 26 de septiembre de 2021
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6677d1a5-6eab-44d2-9514-f184ded5f4b6Con frecuencia, los cristianos no terminamos de superar una mentalidad de religión privilegiada que nos impide apreciar todo el bien que se promueve en ámbitos alejados de la fe. Casi inconscientemente tendemos a pensar que somos nosotros los únicos portadores de la verdad, y que el Espíritu de Dios solo actúa a través de nosotros.

Una falsa interpretación del mensaje de Jesús nos ha conducido a veces a identificar el reino de Dios con la Iglesia. Según esta concepción, el reino de Dios solo se realizaría dentro de la Iglesia, y crecería y se extendería en la medida en que crece y se extiende la Iglesia.

Y sin embargo no es así. El reino de Dios se extiende más allá de la institución eclesial. No crece solo entre los cristianos, sino entre todos aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen crecer en el mundo la fraternidad. Según Jesús, todo aquel que «echa demonios en su nombre» está evangelizando. Todo hombre, grupo o partido capaz de «echar demonios» de nuestra sociedad y de colaborar en la construcción de un mundo mejor está, de alguna manera, abriendo camino al reino de Dios.

Es fácil que también a nosotros, como a los discípulos, nos parezca que no son de los nuestros, porque no entran en nuestras iglesias ni asisten a nuestros cultos. Sin embargo, según Jesús, «el que no está contra nosotros está a favor nuestro».

Todos los que, de alguna manera, luchan por la causa del hombre están con nosotros. «Secretamente, quizá, pero realmente, no hay un solo combate por la justicia –por equívoco que sea su trasfondo político– que no esté silenciosamente en relación con el reino de Dios, aunque los cristianos no lo quieran saber. Donde se lucha por los humillados, los aplastados, los débiles, los abandonados, allí se combate en realidad con Dios por su reino, se sepa o no, él lo sabe» (Georges Crespy).

Los cristianos hemos de valorar con gozo todos los logros humanos, grandes o pequeños, y todos los triunfos de la justicia que se alcanzan en el campo político, económico o social, por modestos que nos puedan parecer. Los políticos que luchan por una sociedad más justa, los periodistas que se arriesgan por defender la verdad y la libertad, los obreros que logran una mayor solidaridad, los educadores que se desviven por educar para la responsabilidad, aunque no parezcan siempre ser de los nuestros, «están a favor nuestro», pues están trabajando por un mundo más humano.

Lejos de creernos portadores únicos de salvación, los cristianos hemos de acoger con gozo esa corriente de salvación que se abre camino en la historia de los hombres, no solo en la Iglesia, sino también junto a ella y más allá de sus instituciones. Dios está actuando en el mundo.

José Antonio Pagola

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“El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Domingo 26 de septiembre de 2021. Domingo 26º de tiempo ordinario

domingo, 26 de septiembre de 2021
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53-OrdinarioB26 cerezoDe Koinonia:

Números 11, 25-29: ¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!
Salmo responsorial: 18: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
Santiago 5, 1-6: Vuestra riqueza está corrompida.
Marcos 9, 38-43. 45. 47-48: El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela

Una clave de comprensión para las lecturas de este domingo: «Nadie puede ser excluido del servicio que se realiza en nombre de Dios».

En medio de las tradiciones del pueblo israelita por el desierto, el libro de los Números nos presenta el relato del «reparto» del espíritu de Moisés, entre setenta miembros del pueblo. La intención es que Moisés no tenga que llevar la carga solo. Con esta decisión de Yavé, la responsabilidad queda repartida: cada uno de quienes han recibido «parte» del espíritu que estaba en Moisés debería ser profeta en el pueblo. Ahora bien, tendríamos que atenernos al contexto para intuir qué características implicaba la tarea de estos personajes.

El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por el desierto; la narración se centra en una dificultad que tiene el pueblo: llevan varios meses comiendo maná y ya se encuentran hastiados: «tenemos el alma seca» (v. 6), «no vemos más que maná» (v. 6b), y con esto viene la tentación de añorar el tiempo de abundancia de comida en Egipto. Por aquí podemos intuir la grave dificultad en que se halla Moisés, ¿cómo hacer para que el pueblo no siga pensando en Egipto? El desierto es el gran desafío. Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está la promesa de una tierra, una libertad, una vida digna, pero que hay que conquistar a precio de privaciones, sacrificios, esfuerzos.

El relato causa admiración porque Yavé monta en cólera… Es un recurso literario para introducir la preocupación de Moisés, que se expresa en una bella oración de intercesión por el pueblo. La solución que plantea Yavé es la adecuada: reunir setenta representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés; de esa manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y no sólo de Moisés.

El espíritu que se dona a todas estas personas viene a ser, entonces, profético; es decir, está en función de profetizar. Hay que asumir que esta actividad profética está orientada a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos, a entender lo que hay realmente detrás: Egipto y su abundancia de comida pero con su esclavitud que es lo contrario al plan divino, y lo que está por delante: un desierto inevitable, desafiante, mortal, pero al fin y al cabo, un medio que es necesario asumir para poder llegar a la tierra de la libertad, tierra de promisión. A cualquier persona del pueblo que, entendiendo las cosas así, «catequizara» a sus hermanos en este sentido había que verlo como profeta «autorizado» no porque hubiera estado necesariamente en la tienda del encuentro, sino por estar en comunión con el ideal de Yavé.

Ese parece ser el caso de Eldad y Medad. Ellos no estuvieron en el momento del reparto del espíritu y sin embargo estaban profetizando. Viene la reacción de Josué, el mismo que más tarde se encargará de guiar a su pueblo en los trabajos de conquista y ocupación de la tierra prometida. Josué no entiende todavía que todo el que influya de manera positiva en la conciencia del ser hermano, debe ser considerado profeta, y por eso aconseja a Moisés que lo prohíba (v. 28). Por su parte, Moisés ha captado muy bien que en el trabajo de liberación del pueblo, todos y todas tienen una gran tarea, y responde a Josué con palabras aparentemente duras, pero que en definitiva buscan también abrir la conciencia de su ayudante: «ojalá todo el pueblo fuera profeta» (v. 29); ojalá cada uno asumiera con verdadero empeño la tarea de concientizarse y concientizar a su semejante, a su prójimo, ¿no es eso justamente lo que Dios quiere y espera? A Josué pues, no le preocupaba mucho la necesidad de que cada miembro del pueblo tuviera una conciencia bien formada para continuar hacia adelante por el desierto; le preocupaba más defender lo «oficial», lo «autorizado» por Dios en la tienda del encuentro, es decir lo «instituido», la defensa de «los derechos de Dios».

En la misma línea, nos presenta el evangelio de Marcos para este domingo, una situación semejante con los discípulos de Jesús. Apenas transmitida por Jesús la lección sobre quién es el mayor (Mc 9,33-37), se produce un incidente que tiene que ver con la exclusividad de los miembros del grupo seguidor de Jesús. Juan le cuenta a Jesús que le han impedido a un hombre expulsar demonios en su nombre porque no se trataba de uno de los miembros del grupo (v. 38). No hay una pregunta, cómo hacer en casos semejantes, qué posición asumir, etc. La respuesta de Jesús es sabia, «nadie que obre un milagro en mi nombre puede después hablar mal de mí» (v. 39), y «el que no está contra nosotros, está con nosotros». En la tarea de construcción del reino nadie tiene la exclusiva. Tal vez los discípulos no tenían claro o no recordaban que su pertenencia al grupo de Jesús fue un don de pura gratuidad; ninguno de ellos presentó ante Jesús un concurso de méritos para ser elegido; fue Jesús quien se presentó ante ellos, se les atravesó a cada uno por su camino y los llamó, aun a sabiendas de que no eran ni los mejores ni lo más representativo de su sociedad. En ese sentido también otros y otras pueden seguir siendo llamados. En cada hombre y en cada mujer Dios ha sembrado las semillas del bien; cómo y cuándo esas semillas comienzan a germinar y dar frutos, eso es decisión de cada uno. A veces nos parecemos a Juan y al resto de discípulos, nos ponemos celosos de quienes sin pertenecer a la institución hacen obras mejores que las nuestras. Y sale inevitablemente la frase: «pero ése o ésa es de tal o cual religión, o de tal o cual grupo…». Anteponemos a la vocación universal de hacer el bien y a la práctica del amor, unos intereses mezquinos y unos criterios de autoridad y de exclusividad absolutamente rechazados por Jesús (cf. Mc 9,39)

El diálogo de Jesús con sus discípulos refleja la situación de la comunidad para la cual Marcos escribe su evangelio. Una comunidad quizás muy consciente de lo que eran las exclusiones, pero al mismo tiempo en peligro de ser exclusivista, con una excusa quizás aparentemente sana: «ser o no ser de los nuestros», «ser o no ser del camino», «estar o no estar en el proceso…», y en fin otras talanqueras que pretendidamente intentan justificarse con la excusa de defender la «pureza» de la fe o del «credo» o del «orden» o, en definitiva, de «defender los derechos» de Dios.

Pues bien, cuando se cae en el extremo de «defender» a Dios, o los «derechos» de Dios, lo que se logra en definitiva es minimizar a Dios, ponerlo en ridículo ante el mundo, y la consecuencia más inmediata, la que previó Jesús y quizás la que ya se veía en la primera comunidad, era la del escándalo a los más pequeños. A Jesús le preocupan los «pequeños», no sólo los menores de edad, sino los que apenas empiezan a intuir la dinámica del reino con la subsiguiente imagen de Dios que él propone.

Con todo, a través de los siglos, los peligros de la comunidad primitiva se convierten en hechos reales: cuántos creyentes promotores del bien, de la justicia y de la paz excluidos o en entredicho sólo porque «no eran de los nuestros», cuántos Josués y Juanes empeñados todavía en «defender» una pretendida exclusividad que, por supuesto, nadie posee, con lo cual lo único que logran es escandalizar cada vez más a muchos, haciéndoles creer que Dios es tan pequeño, que puede reducirse a los estrechos límites de un grupo o de una institución, aunque sus adeptos se cuenten por millares.

Si logramos tomar conciencia de que Dios es más grande que un grupo o una institución y que en ningún momento nuestra vocación es la de defender unos supuestos derechos de Dios, sino simplemente servir, ponernos en función de construir el Reino con y desde las múltiples posibilidades que ello implica dada la insondable riqueza del mismo espíritu, entonces jamás se nos ocurrirá pensar si éste o aquél es o no es «de los nuestros», sino mejor… ¡como cooperar más y mejor con aquél o aquélla que tan bien están luchando por construir aquí el Reino! Leer más…

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Dom 26.9.21 (Mc 9, 38-40): integrismo eclesial: Le impedimos hablar en tu nombre, porque no andaba con nosotros

domingo, 26 de septiembre de 2021
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quienes-son-los-cardenalesDel blog de Xabier Pikaza:

Así hablaban y hablan algunos “controladores” de Iglesia: Podrían contarse entre ellos algunos cardenales (no hace falta dar nombres), con obispos difíciles de catalogar, y miles de cristianos de a pie que quieren excomulgar a los que están fuera su grupo, exigiendo patente de ortodoxia y comunidad al mismo Papa Francisco.

Esos controladores tienen un “famoso” patrono, Juan Zebedeo, hermano de Santiago. Ambos habían exigido a Jesús los puestos de control de la iglesia (Mt 20, 20-28; Mc 10, 35-45), pero  Jesús les criticó y parece que se «convirtieron».

De todas formas, el evangelio hoy afirma que Juan Zebedeo y su grupo siguieron siendo “controladores apostólicos”, pues dijeron a Jesús que prohibiera y expulsara de su ministerio a un exorcista que hablaba en su nombre y hacía exorcismos, sin formar parte del “grupo Zebedeo”.

Jesús criticó a Juan y sus controladores,  pero sigue habiendo muchos de ellos todavía.Aquí no quiero ni puedo hablar de ellos, pues hay medios especializados que tratan de ellos, diciendo la forma en que se oponen incluso al Papa Francisco. Hablo más bien del “complot” integrista de Juan Zebedeo, conforme a mi comentario de Marcos.

Texto. Mc 9, 38-40

(a. Juan)38 Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos impedido, porque no nos sigue a nosotros.

(b. Jesús) 39 Jesús replicó: No se lo impidáis, porque nadie que realice en mi Nombre un gesto de poder podrá hablar luego mal de mí. 40 Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Introducción

Juan Zebedeo, muy unido a Pedro en principio de la iglesia (ambos aparecen unidos  sn Hech 3, 1-11; 4, 13-19; 8, 14; Gal 2, 9). quiere imponer su autoridad sobre un exorcista que actúa en nombre de Jesús, pero sin formar parte de su grupo (quizá podría ser Pablo, quizá Apolo, quizá el mismo Discípulo Amado).

El texto da a entender que los Doce siguen en la Casa central de la Iglesia (9, 33), donde pueden y deben resolver los problemas apelando a Jesús. Pues bien, entre ellos se plantea un caso no previsto, y así piden consejo a Jesús (¡al Jesús pascual!) o, mejor dicho, le comunican la solución que han tomado: ¡Han impedido que alguien (hombre o mujer) expulse demonios apelando al “nombre” de Jesús, porque no es de su grupo!.

     El texto anterior (Mc 9, 33-37) afirmaba que el más importante para el Reino (y la Iglesia) es el niño, y se oponía al peligro de una autoridad o jerarquía impositiva. Pues bien, en este nuevo texto (9, 38-40) Jesús rechaza un tipo de autoridad impositiva de un grupo oficial (de los Doce) sobre el legado mesiánico de Jesús[1]:

              De un modo sorprendente y decisivo, Jesús desautoriza y rechaza a este Juan  integrista (que parece el “segundo de a bordo” de la iglesia) y sigue presentando su proyecto, de un modo abierto, a todos los que quieran apelar a su “Nombre”, rompiendo así las estructuras de una iglesia “zebedea” (algo que está haciendo en este momento, otoño del 2023, el papa Francisco, contra cardenales y obispos zebedeos)[2].

9, 38. Juan: Se lo hemos impedido

38 Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos impedido, porque no nos sigue a nosotros.

            Aparece como representante de una iglesia bien establecida (con su estructura interna) y actúa en nombre de ella (se lo hemos impedido: ekôlyomen). Así aparece  como jefe de aquellos que no han entendido (o no han querido aceptar) la enseñanza anterior de Jesús, y quieren una iglesia de poder y control, centrada en ellos mismos. La palabra de Juan Zebedeo (se lo hemos impedido) parece reflejar un lenguaje legal, que encontramos también en Hech 8, 36.

Los mismos que buscaban antes los primeros puestos quieren ahora dominar y controlar el movimiento de Jesús, quien les ha dado el poder de expandir el evangelio, expulsando a los demonios y curando a los enfermos (Mc 6, 6b-13; cf. 3, 14-15). Es normal que se organicen, para cumplir mejor su tarea. No se les puede acusar porque quieran imponer condiciones y controles, impidiendo que otros, de fuera del grupo, utilicen el nombre de Jesús (9, 38)[3].

            De esa manera, según Marcos, los de Juan han querido convertirse en la primera iglesia oficial controladora. Humanamente, en clave social, hay que darles razón. Es como si hubieran inscrito en un registro religioso este nombre (Iglesia de Jesús), de forma que sólo ellos poseyeran el derecho de llamarse los del Cristo (cf. 9, 41). Lógicamente, ellos, los controladores, reaccionan con violencia, oponiéndose al exorcista ajeno (¡se los hemos impedido: ekôlyomen auton!), iniciando así un camino de imposición que se ha vuelto normal en largos trechos de historia cristiana.

Estos cristianos de Juan pretenden la exclusiva de Jesús, quizá por egoísmo (¡este camino es nuestro!), pero quizá también por mantener la pureza del nombre de Jesús y por identidad de grupo (¡sólo nosotros lo hacemos bien!). ¿No tendrán razón? ¿Para qué sirve una Iglesia o comunidad mesiánica si hay otros que apelan a Jesús y curan a los posesos (realizan su función) fuera de ella? Pero Jesús no es como estos cristianos de Juan: acaba de pedirles que acojan a los niños en su nombre (9, 37); por eso les dice ahora que acepten a los de fuera, si emplean el nombre de Jesús para obras buenas[4].

Este Juan es  jefe del grupo Zebedeo y  necesita que la iglesia de Jesús sea una estructura clara, con una identidad propia (como otros tipos de judaísmo), con poder sobre los bienes mesiánicos. Históricamente, este Juan ha sido (tras la muerte de Jesús) un hombre de la Iglesia de Jerusalén, compañero de Pedro, como supone Hch 3-4 y Gal 2, 9, un hombre de autoridad, que quiere imponer (extender) su poder no sólo en Samaria (cf. Hech 8, 14), sino también en Galilea, donde también le encontramos (probablemente), para «controlar» el despliegue de los exorcismos de Jesús

El exorcista “no comunitario” (que no forma parte de la comunidad de Juan) podría formar parte de los nazoreos de Galilea, donde han existido grupos de “cristianos” libres, personas que apelan a Jesús, pero no se integran dentro del modelo eclesial de Juan (o de Pedro y los Doce de Jerusalén). Podría ser también Pablo y su grupo, o Magdalena y las mujeres, o el Discípulo Amado.

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De amigos y enemigos. Domingo 26. Ciclo B

domingo, 26 de septiembre de 2021
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beber-agua-con-bicarbonatoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Jesús enseñaba a menudo a base de frases breves, que se pueden memorizar fácilmente; por ejemplo: «El Hijo del Hombre no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores». Los evangelistas reunieron más tarde esas frases, agrupándolas por el contenido o por alguna palabra clave que se repetía. Para comprender la primera enseñanza de hoy («el que no está contra nosotros está a favor nuestro», conviene comenzar recordando lo que cuenta la lectura del Antiguo Testamento.

Los celos de Josué y la amplitud de miras de Moisés (Números 11,25-29)

Este episodio se ha elegido porque recuerda bastante a lo que cuenta el evangelio. Durante la etapa por el desierto, Moisés se queja a Dios de que el pueblo es muy numeroso para que pueda él encargarse de todos los problemas. El Señor le responde que elija a setenta ancianos; hará bajar sobre ellos el espíritu y le ayudarán a cumplir su tarea. Así ocurre. Dos de los elegidos, Edad y Medad, no se presentan (siempre hay gente despistada y que llega tarde o no llega), pero más tarde empiezan a profetizar en el campamento. Josué, indignado, pretende que Moisés se lo prohíba. Pero la reacción de este es muy distinta de la que imaginaba.

En aquellos días, el Señor bajó en la nube habló con Moisés y, apartado algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos. En cuanto se posó sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar. Pero no volvieron a hacerlo.

Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad. Aunque eran de los designados, no habían acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:

       -Eldad y Medad están profetizando en el campamento.

Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino:

       -Señor mío, Moisés, prohíbeselo.

Moisés le respondió:

       -¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!

Este deseo de Moisés no se cumplirá de inmediato. Lo recogerá el profeta Joel, que anunciará la venida del Espíritu sobre hijos e hijas, ancianos y jóvenes, siervos y siervas (Joel 3,1-2), Y se hará realidad el día de Pentecostés.

Los celos de Juan y la corrección de Jesús (Marcos 9,38-43)

Josué, aunque indignado, no se atreve a prohibir a Eldad y Medad que profeticen. Juan es distinto, más radical e impulsivo. Con razón les puso Jesús, a él y a su hermano, el sobrenombre de «los hijos del trueno»). Por eso, le impide actuar al que expulsa demonios en nombre de Jesús, y se lo comenta lleno de orgullo.

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús:

     -Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir porque no viene con nosotros.

Jesús respondió:

     -No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre luego no puede hablar mal de mí. El que no está contra nosotros, está a favor nuestro.

Jesús, en vez de elogiar esa conducta, les hace caer en la cuenta de que han actuado de forma poco lógica: quien hace un milagro en nombre de Jesús no hablará mal de él. Luego añade una enseñanza general. Frente a la postura de ver enemigos por todas partes, enseña a ver amigos: «Quien no está contra nosotros, está a favor nuestro.»

¿Por qué han actuado los discípulos de ese modo? Si relacionamos el evangelio con la primera lectura de hoy, el motivo serían los celos; con el agravante de que Josué le dice a Moisés que se lo prohíba, mientras que los discípulos se atribuyen el poder de prohibir, sin contar primero con Jesús. El fallo de los discípulos radicaría en ese celo injustificado y algo mezquino.

Sin embargo, conviene tener en cuenta otra posible interpretación. Los discípulos justifican su conducta aduciendo que ese individuo «no viene con nosotros». Según ellos, hay que excluir a todo el que no los acompañe.

Debemos recordar que Jesús era un predicador itinerante, acompañado de los doce, de un grupo de mujeres y de otros discípulos más. Este grupo, muy radical, había renunciado al domicilio estable, a la familia y a las posesiones. En el contexto de esta vida tan dura, de tanta renuncia para seguir a Jesús, se entiende la insistencia de Juan y los discípulos en que ese «no viene con nosotros». No ha renunciado al domicilio estable, a la familia, a las posesiones, pero se permite echar demonios en nombre de Jesús.

Otras enseñanzas de Jesús (Mc 9,45.47-48).

Como ocurre a menudo, el evangelista aprovecha un episodio para introducir otras enseñanzas breves de Jesús. En este caso encontramos una que completa lo anterior, sobre los amigos, y otras que desvelan quién es el auténtico enemigo.

El valor de un vaso de agua (9,41)

Quien os dé a beber un vaso de agua en atención a que sois del Mesías os aseguro que no perderá su paga.

El episodio anterior terminaba con la enseñanza: “Quién no está contra nosotros está a nuestro favor”. Esta frase da un paso adelante. Habla del que toma una postura positiva ante los seguidores del Mesías, simbolizada en el gesto de dar un vaso de agua.

      El peligro de poner trampas a otros y a mí mismo (9,42-48)

En griego, el sentido básico de «escándalo» es el de «trampa», la tendida en el suelo, que hace caer a una persona o a un animal. Si recordamos que la vida cristia­na es un seguimiento de Jesús, un caminar detrás de él, se comprenden los dos peligros de los que habla el evangelio:

  1. a) Poner trampas a los pequeños (9,42)

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

Estas palabras resultan enigmáticas, porque no queda claro a quién se dirigen. ¿Quién puede escandalizar? ¿Un cristiano, o una persona ajena a la comunidad (escriba, fariseo, saduceo, pagano)? ¿Quiénes son los pequeños que creen: un grupo dentro de la comunidad o todos los cristianos? La historia de la iglesia y la vida corriente demuestran que todos los casos son posibles. El tropiezo puede ponerlo una persona no cristiana, con sus críticas y ataques a Jesús y su mensaje. Pero también cualquier actitud nuestra, cualquier palabra, que aparta a otros del seguimiento de Jesús, de la forma de vida que él propone, cae bajo su condena.

El gran peligro del escándalo no son solo las revistas porno­gráfica, las películas violentas, la droga, sino tantas cosas que se aceptan con naturalidad dentro de la Iglesia (lujo, vanidad, ambición, prestigio), incluso a los más altos niveles. Los casos de pederastia, que tanto angustian ahora a la iglesia, son un ejemplo actual de ese escándalo de los pequeños que, por ese motivo, como ha recordado recientemente el Papa Francisco, han dejado de creer en Jesús.

Jesús deja muy clara la gravedad del pecado al hablar de la condena que merece: ser arrojado al mar con una enorme piedra atada al cuello. Se refiere a la piedra superior del molino grecorromano, que giraba tirada por un asno, un caballo o un esclavo. Tirar al mar o al río era un castigo especialmente cruel, ya que el cadáver quedaba insepulto, algo terrible en la mentalidad judía y griega.

Estas palabras tan duras plantean un serio problema: ¿carece de perdón el escándalo? ¿No basta el arrepentimiento y la penitencia, ni siquiera de por vida? Negar la posibilidad de perdón iría en contra del evangelio. Pablo, que fue motivo de escándalo para tantos cristianos, no fue arrojado al mar con una piedra al cuello. Entregó su vida a propagar la fe en Jesús.

  1. b) Ponerme trampas a mí mismo (9,43-48)

Si tu mano te induce a pecar, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga.

Y si tu pie te induce a pecar, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies a la “gehenna”.

Y si tu ojo te induce a pecar, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Las diversas posibilidades las enumera Mc hablando de la mano, el pie y el ojo. Jesús ha dicho en otra ocasión que el peligro viene del interior del hombre. Ahora, esas tendencias negativas se ponen en marcha a través de lo que hacemos (la mano), del sitio al que nos dirigimos (pie), de lo que miramos (ojo). Sugerencias para hacer un examen de conciencia.

Para dejar clara la gravedad de lo que puede ocurrir, Jesús exhorta a cortar la mano o el pie, o sacarse el ojo. Estas palabras no hay que interpretarlas al pie de la letra, porque después de habernos cortado una mano y un pie, y habernos sacado un ojo, surgirían nuevas tentaciones y necesitaríamos seguir con la otra mano, el otro pie y el otro ojo. Y no entraríamos en la vida mancos, cojos y tuertos, sino ciegos y sin ningún miembro.

En el caso anterior, el castigo era sumergir en el mar; aquí, ir a parar a la gehenna, «al fuego inextinguible», «donde el gusano no muere y el fuego no se apaga». La gehenna como lugar de castigo se basa en la tradición apocalíptica judía; el gusano y el fuego, en unas palabras del libro de Isaías. A los pintores y a los predicadores les han dado materia abundante de inspiración, a menudo desbocada.

Reflexión final

En pocas palabras da Marcos abundante materia de reflexión y de examen sobre nuestra actitud ante los demás y ante nosotros mismos: ¿excluimos a quienes nos van con nosotros, a quienes consideramos que no viven un cristianismo tan exigente como el nuestro? ¿Valoramos el gesto pequeño de dar un vaso de agua, o nos escudamos en la necesidad de grandes gestos para terminar no haciendo nada? ¿Pongo obstáculos a la fe de la gente sencilla o de los menos importantes dentro de la iglesia? ¿Me voy tendiendo trampas que me impiden caminar junto a Jesús?

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Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. 26 de septiembre de 2021

domingo, 26 de septiembre de 2021
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“El que no está contra nosotros está a favor nuestro.”

(Mc 9, 38-43.45.47-48)

Esto es algo que muy pocas personas han descubierto en nuestra Iglesia. Por eso cuando nos encontramos con alguien que sabe “sumar”, que sabe incluir, nos quedamos asombradas.

No sé cómo será en otras sociedades, en otras culturas, pero la nuestra, y lo que he podido atisbar de las que nos rodean, nos enseñan a dividir.

Nos pasamos media vida dividiendo y separando. Dividimos y separamos a quienes son de una raza y otra. De una cultura y otra. Una ideología y otra. De una religión y otra. Una orientación sexual y otra.

Y con estas divisiones decidimos quiénes son buenos y quienes son malos. Quiénes son de los nuestros… Los buenos, por supuesto, son siempre los que pertenecen a mi grupo. Los demás que no se atrevan a tocar nada de lo nuestro.

Nos pasa lo mismo en la Iglesia. Nos enfada que la gente se vaya a hacer yoga o zen, queremos que vengan a misa. O en la vida consagrada nos enfada que otras congregaciones tengan vocaciones.

No nos alegramos si la gente no se encuentra con la imagen de Dios que tenemos nosotros. ¡Pobres de nosotros! Nos creemos que Dios es tan estrecho como nuestra mente o nuestro corazón.

Después de más de dos mil años todavía no comprendemos que “quien no está contra nosotros está a favor nuestro”.

Dios no nos quiere a todos iguales: del mismo color, las mismas ideas y las mismas sensibilidades. Si nos quisiera a todas iguales nos habría creado diferentes.

Diferentemente iguales. Sí, así nos quiere Dios. ¿Qué quiere decir esto? Pues que Dios nos quiere igualmente a todos. Seamos como seamos. Hagamos lo que hagamos. A todos nos ama igual, con la misma intensidad.

Somos iguales porque toda persona tiene una dignidad inviolable. Pero somos diferentes, diversos, variados… Porque solo en esa diversidad podemos alcanzar a reflejar lo que Dios es en su Totalidad.

El Dios en el que creemos los cristianos es Trinidad, es diversidad, es relación de diferentes. Por eso nuestra Iglesia solo se parecerá al Reino cuando crezca en pluralidad, inclusión y humildad.

Oración

Trinidad Santa, enséñanos a descubrir que en tu Amor todo ocurre “a favor” nuestro y que solo cuando amamos podemos convertir las diferencias en ventajas.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa 

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Todo gueto es un egoísmo amplificado.

domingo, 26 de septiembre de 2021
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ob_d6b70d_koder-la-joieMc 9, 38-48

El texto de hoy es continuación inmediata del que leímos el domingo pasado. Es Juan el que, sin hacer mucho caso a lo que acaba de decir Jesús, salta con una cuestión al margen de lo que se viene tratando en el evangelio. Este texto tiene un significado aún más profundo si recordamos que, en este mismo capítulo (Mc 9,14-29), justo antes del episodio que hemos leído el domingo pasado, se cuenta que los discípulos no pudieron expulsar un demonio.

Una vez más, Jesús tiene que corregir su afán de superioridad. Siguen empeñados en ser ellos los que controlen el naciente movimiento en torno a Jesús. Con el pretexto de celo, buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de un problema, planteado ya en la primitiva comunidad donde se escribe el evangelio. El resto de lo que hemos leído no es un discurso, sino una colección de dichos que pueden remontarse a Jesús.

No es de los nuestros. El texto griego dice: “porque no nos sigue a nosotros”. Este pequeño matiz podría abrirnos una perspectiva nueva en la interpretación. Solo pronunciar esta frase, supone alguna clase de exclusión y una falta de compresión del evangelio. Todo lo que nos hace diferentes como individuos es accidental y anecdótico. Unirnos a un grupo con la intención de ser superiores y más fuertes es un egoísmo amplificado.

Muchas veces me habéis oído hablar de las contradicciones del evangelio; pues hoy lo vemos con toda claridad. (Mt 12,30) dice exactamente lo contrario de lo que acabamos de oír a Mc: “El que no está con nosotros está en contra nuestra, y el que con nosotros no recoge, desparrama.” En Lucas encontramos las dos fórmulas, (10,50) y (11,23); así que no hay manera de desempatar. No hay contradicción, solo son contextos distintos.

La contradicción es aparente. El mensaje del Jesús no se puede meter en conceptos. La razón necesita crear opuestos para poder explicar la realidad. Solo se puede entender lo que es el frío en contraposición con lo que es el calor. Se entenderá lo que es el color blanco, solo cuando se tenga la idea de negro. La luz solo se puede comprender si tenemos en cuenta la oscuridad. Para poder afirmar algo como verdadero, tenemos que considerar lo opuesto como falso. En el orden espiritual las contradicciones quedan superadas en la unidad.

El que no está conmigo está contra mí, se refiere a que la pertenencia al Reino. Es una opción personal, no es lo natural, no viene dada por el ADN. Hay que hacer un verdadero esfuerzo por descubrirlo y entrar en él. Recordad las frases del evangelio: “El reino de los cielos padece violencia y solo los esforzados lo arrebatan”; y “estrecha y angosta es la senda que lleva a la vida y pocos dan con ella”. Para entrar en el reino hay que nacer de nuevo.

El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Quiere decir que del Reino no se excluye a nadie. Todo el que busca el bien del hombre, está a favor del Reino, que predica Jesús. Solo queda fuera el egoísta que rechaza al otro. La posesión diabólica era el paradigma de toda opresión. Expulsar demonios era el paradigma de toda liberación. Jesús anuncia un Dios que es amor y que no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores.

La pretensión de exclusividad ha hecho polvo las mejores iniciativas religiosas de todos los tiempos. Considerar absoluta cualquier idea de Dios como si fuera verdad definiti­va es la mejor manera de entrar en el integrismo, fanatismo e intransigen­cia. Monopolizar a Dios es negarlo. Poner límites a su amor es ridiculizarlo. Nuestra religión ha ido más lejos que ninguna otra en esa pretensión de verdades absolutas y excluyentes. Recordad: fuera de la Iglesia no hay salvación. Fuera de la Iglesia hay salvación. A veces, más que dentro de ella.

En una ocasión en que no los recibieron en Samaría, Santiago y Juan dicen a Jesús: ¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que les destruya? Jesús les dice: no sabéis de qué espíritu sois. Seguimos sin enterarnos del espíritu de Jesús. Seguimos pretendiendo defender a Dios, sin darnos cuenta de que estamos defendiendo nuestros intereses. No se trata de tolerar lo malo que hay en los otros. Se trata de apreciar en ellos lo que hay de bueno.

Entre el episodio de la primera lectura y el que nos narra el evangelio hay doce siglos de distancia, pero la actitud es idéntica. Desde que se escribió el evangelio hasta hoy han pasado veinte siglos, y aún no nos hemos movido ni un milímetro. Seguimos esgrimiendo el “no es de los nuestros”. Todo aquel que se atreve a disentir, todo el que piense o actúe de modo diferente sigue excluido. Incluso arremetemos contra todo el que se atreve a pensar.

El espíritu de Jesús va mucho más allá de lo que abarca el cristianismo oficial. Se ha acuñado una frase, “patrimonio de la humanidad”, que se podía aplicar a Jesús. Jesús no es propiedad de la Iglesia. El mensaje de Jesús no se puede encerrar en ninguna iglesia. Jesús intentó que todas las religiones descubriesen que el único objetivo de todas ellas es hacer seres cada vez más humanos. Cualquier religión que no tenga esa meta es simplemente falsa.

De la misma manera que la mente racional potenció el yo para garantizar la subsistencia biológica, el ser humano ha ido creando guetos que potencian ese objetivo de seguridad. Desde la familia a la nación, todas las instituciones tienen como objetivo que nos sintamos más seguros. La socialización ha sido un medio para el progreso humano y debe seguir siéndolo, pero se convierte en el mayor enemigo del hombre si se utiliza para ir contra los demás.

Para los seres humanos ha sido mucho más nefasta la idolatría teísta que el ateísmo. Las mayores barbaridades de la historia se han cometido en nombre de dios. Es un ídolo el dios que hace diferencia entre buenos y malos; el dios que depende de lo nosotros hagamos para estar de nuestra parte o en contra nuestra. Ese dios nos tranquiliza, porque si él hace eso, está justificado que nosotros estemos a favor de los nuestros y en contra de los que no lo son.

Que en el evangelio de Marcos, la causa de Jesús no coincida con la causa del grupo, es un toque de atención para nosotros. Jesús no es monopolio de nadie. Todo el que está a favor del hombre está con Jesús. Todo el que trabaja por la justicia, por la paz, por la libertad, es cristiano. Nada de lo que hace a los hombres más humanos es ajeno a Jesús. Es inquietante que todas las religiones hayan sido causa de las mayores divisiones y guerras.

 

Meditación

Aunque alguien se empeñe en estar en contra nuestra,
nosotros nunca debemos estar contra nadie.
Mi actitud no debe depender de la actitud el otro.
Si aún me cuesta aceptar al otro tal cual es,
es señal de que aún no he comprendido el evangelio.
Estoy esperando que cambie él para sentirme yo bien.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El escándalo.

domingo, 26 de septiembre de 2021
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Mc 9, 38-43

«El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar».

Antes de orar, ve a reconciliarte con tu hermano … Cuando te abofeteen una mejilla, pon también la otra … Perdonad setenta veces siete … Devolved bien por mal … No alleguéis tesoros en la Tierra … No podéis servir a Dios y al dinero … Amaros los unos a los otros … Amad también a vuestros enemigos … Convertíos en servidores de todos … Dad de comer al hambriento y de beber al sediento … Que vuestras buenas obras sean reflejo del amor del Padre … ¡Cuánto más dichosos seríais si aprendieseis a vivir con poco, si aprendieseis a sufrir, si fueseis pacíficos y misericordiosos, si trabajaseis por la paz y la justicia! … y si os persiguiesen por ello, todavía seríais más dichosos…

El evangelio nos propone un estilo de vida radicalmente distinto al que nos propone el mundo, porque los criterios de Jesús son los opuestos a los criterios del mundo. Las primeras comunidades eran consecuentes con estos criterios, eran respetadas por sus vecinos y se distinguían por su estilo fraterno de encarar la vida. Vivían a lo cristiano, y en “Hechos” se afirma que estas comunidades eran fértiles y no dejaban de crecer. Eran contagiosas. Respondían a la misión que Jesús encomendó a sus seguidores: «Id por el mundo y proclamad el evangelio a todas las gentes», y lo proclamaban con su simple actitud, con su forma de vida convincente.

A partir de entonces, el movimiento cristiano de ha visto sometido a mil perversiones y manipulaciones —de dentro y de fuera—, pero, a pesar de ello, siempre han existido personas y comunidades que han mantenido su auténtico espíritu, y su testimonio ha sido sin duda la causa de que, a día de hoy, perviva el seguimiento de Jesús. Sin ellos, ni siquiera le habríamos conocido. Como decía Ruiz de Galarreta: «Nuestro seguimiento de Jesús está llamado a ser testimonio: nuestra vida cristiana es «para que el mundo crea». Pero la otra cara de la moneda es que el mundo dejará de creer en Jesús si nuestro testimonio no es válido».

Y esto tiene su aplicación al evangelio de hoy, pues el escándelo al que se refiere Jesús consiste en impedir el acceso a Dios a aquellos cuya fe es más vulnerable —«estos pequeñuelos que creen»—. Y esto, claro está, se puede producir de muchas formas distintas. Hay personas que “pierden la fe”, o no se deciden abrazarla, como consecuencia de los escándalos mediáticos en los que se ve envuelta la Iglesia, pero también los hay que la pierden porque nuestro testimonio no invita a creer en quien nosotros decimos creer.

Y dicho esto, podemos dar carpetazo el evangelio de hoy señalando con el dedo a la jerarquía: «Estos son los que escandalizan», o podemos tomárnoslo en serio, mirarnos en primer lugar a nosotros mismos, y preguntarnos si nuestra vida invita a creer en Jesús o todo lo contrario.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí.

 Fuente Fe Adulta

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La veracidad a través de los hechos.

domingo, 26 de septiembre de 2021
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DOMINGO 26º T.O. (B)

(Mc 9,37-42)

“El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela”.

A nivel profundo nos comunicamos cuando expresamos vivencias o sentimientos; sólo entonces somos veraces. No basta afirmar verdades, sino ser veraces. La verdad está ligada a la conciencia, a la persona. Somos veraces en la medida que nos revelamos o nos entregamos, en tanto nos expresamos libremente.

Sin embargo, según el pensamiento occidental, el conocimiento consiste en extraer, separar de las cosas su esencia inmutable. Así, la verdad es lo que capta la mente en actitud distanciada, separada.

Ese tipo de conocimiento se ha alejado del modo de entender la verdad y de expresar la veracidad. Verdad equivale en la Biblia a fidelidad y se comprueba a través de los hechos. Es decir, la verdad no sólo se piensa sino que se hace, se practica. Se logra con fidelidad, en actitud comprometida.

Jesús fue veraz porque hizo/practicó la verdad. Incluso afirmó de sí mismo: «Yo soy la verdad». Amó hasta el extremo a su Abbá y se entregó por la justicia del Reino. A nivel humano le costó muy caro.

¿Quién de nosotros hoy, está dispuesto a practicar así la verdad? ¿Quiénes de los que ejercen el poder y poseen los recursos y los métodos para decir y practicar la verdad en este mundo desgarrado y dividido se dejan la vida construyendo verdad?: personas importantes, influyentes, políticos y gobiernos incapaces de llegar a consensos y ponerse de acuerdo con los opositores en temas esenciales para la normal convivencia de un país (educación, justicia, eutanasia, inmigración, mercantilización de los cuerpos de las mujeres, el paro, el desempleo…), clérigos que han ocultado el sufrimiento vivido por menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un número notable de éstos y personas consagradas, cristianos anónimos que decimos seguir a Jesús y no practicamos la justicia que Dios quiere.

En la primera lectura Moisés se lo recuerda a su ayudante Josué. “¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!”. El espíritu de Dios es luz y fuerza. El que lo recibe, sea quien sea, es su testigo en este mundo opaco y atormentado. Es don gratuito no para propio provecho sino para el servicio a los demás.

Sin embargo, no parecen abundar los Moisés (o las Miriam) que son testigos del espíritu. Seguimos, por poner un ejemplo, en la confrontación, en las discrepancias irreconciliables, en las mezquinas separaciones, en los nacionalismos excluyentes y manipuladores de la historia, en las medias verdades… mientras la humanidad está al borde del abismo en desigualdad económica y social, en violencia de todo tipo, en la degradación de la tierra y de los mares, en la droga que arruina y deshumaniza a los jóvenes o en el ínfimo esfuerzo pedagógico para superar los períodos negros de la historia que han provocado tanto desencuentro y tanta discordia.

Deberíamos evitar escandalizar o servir de tropiezo a aquellos que, aun sin saberlo, «no están contra nosotros». El espíritu de Dios penetra hondamente en el ser humano y conlleva la disponibilidad para la lucha concreta y determinada. Eso significa comprometerse en las causas urgentes y cotidianas que afectan a millares de personas.

«Si tu ojo, tu mano o tu pie te hace caer… córtatelo!«, porque también nosotros contribuimos a esa porción que obstaculiza el Reino, aquí y ahora.

Más allá de esa brecha que se empeñan en agrandar y profundizar, estamos llamados unos y otros a hacer emerger esos pequeños milagros de cada día. Si se me permite, en el documento preparatorio del Sínodo, bajo el lema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, se destacan, entre otros [1]:

– reconocer y apreciar la riqueza y la variedad de los dones y de los carismas que el Espíritu distribuye libremente, para el bien de la comunidad y en favor de toda la familia humana;

– examinar cómo se viven en la Iglesia la responsabilidad y el poder, y las estructuras con las que se gestionan, haciendo emerger y tratando de convertir los prejuicios y las prácticas desordenadas que no están enraizadas en el Evangelio;

– sostener la comunidad cristiana como sujeto creíble y fiable en caminos de diálogo social, sanación, reconciliación, inclusión y participación, reconstrucción de la democracia, promoción de la fraternidad social;

– la “tragedia global” de la pandemia del coronavirus, ha hecho detonar las desigualdades y las injusticias ya existentes: la humanidad aparece cada vez más sacudida por procesos de masificación y de fragmentación; la trágica condición que viven los migrantes en todas las regiones del mundo patentizan cuán fuertes son aún las barreras que dividen la única familia humana”, como ya se encargó de señalar Francisco en Laudato Si y Fratelli Tutti.

El texto trata de articular una respuesta que sirva para todos los rincones del mundo, el caminar “junto a la entera familia humana”, con otras religiones, los alejados o el mundo de la política, la cultura, la economía o la sociedad civil.

La finalidad del Sínodo, no es producir documentos, sino «hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar la esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos».

Hacer realidad ese anhelo: Que sepamos vivir, amar y respetar en tu nombre.

Shalom!

[1] RD, 07.09.2021, Jesús Bastante

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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Etnocentrismo y pluralismo.

domingo, 26 de septiembre de 2021
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D23F5A40-44C4-406D-83E8-B51216308477Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

26 septiembre 2021

Mc 9, 38-48

Podría decirse que un signo claro de avance de nuestra especie es el paso de una consciencia etnocéntrica a otra mundicéntrica. La primera, que ha imperado durante siglos y todavía perdura en gran medida, se caracteriza por una visión que gira alrededor del propio grupo (tribu, etnia, raza, pueblo, partido, ideología…), que es absolutizado, como referencia única de verdad y de bondad. Es verdadero lo que el grupo cree y es bueno lo que lo beneficia.

Mientras las personas se hallan en este nivel de consciencia, el diálogo es prácticamente imposible. Tanto la cerrazón al diálogo como el juicio y la descalificación del otro no nacen de la “maldad” de las personas, sino que son consecuencia del nivel de consciencia en que se encuentran. Por lo que, desde este punto de vista, podría decirse que son inevitables…, mientras perdure ese nivel de consciencia.

Desde él, quienes piensan diferente no pueden ser comprendidos; al contrario, es necesario obligarlos a cambiar. Por lo que cualquier propuesta o intento de comprensión será tachada, como mínimo, de “buenismo” condescendiente y radicalmente equivocado.

El fanatismo y la intolerancia nacen de una consciencia etnocéntrica, centrada en el propio grupo (o el propio ego) y se pone de manifiesto en las palabras que aparecen en el texto evangélico de hoy: “No es de los nuestros”. Porque no importa lo que el otro dice o hace sino, simplemente, que no pertenece a nuestro grupo.

La disputa política suele ser un campo donde es fácil advertir ese tipo de funcionamiento: no se valora –mucho menos se apoya– ninguna propuesta de otro partido…, porque no es de los nuestros. Con lo cual se hace evidente lo que mucha gente constata a diario: los partidos políticos no buscan el bien de la sociedad, sino sus propios intereses, entre los que destaca “quedar por encima” del rival (y ganar las próximas elecciones). Este modo de funcionar, que aparece también en otros ámbitos sociales, pone de relieve la extensión y la fuerza que todavía posee entre nosotros la consciencia mítica.

Por el contrario, el proceso de expansión de la consciencia permite asumir una perspectiva pluralista, que se caracteriza por la capacidad de comprender otras perspectivas, distinguir el “mapa” del “territorio”, reconocer la relatividad de todo modo de conocer….

Este nivel de consciencia más amplio (mundicéntrico, pluralista, integral) abre nuestro horizonte, nos libera de la necesidad de tener razón y constituye el fundamento profundo del respeto y la cooperación.

Globalmente, me parece que la humanidad camina desde una consciencia etnocéntrica a otra pluralista o integral. Sin embargo, esto no niega que en cualquier momento y en cualquiera de nosotros puedan activarse viejos registros tribales que nos coloquen en actitudes rígidas e intolerantes.

¿Qué hay en mí de intolerancia y de respeto?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Tomás Muro: «¿Fuera de la iglesia no hay salvación, o fuera de la salvación no hay Iglesia?»

domingo, 26 de septiembre de 2021
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cristo-cerezo-720_560x280Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

«Las ‘plantillas’ del Reino de Dios y la Iglesia no concuerdan exactamente»

«Toda persona sensata y de buena voluntad -creyentes y no creyentes- quiere el bien y trata de expulsar los demonios de su persona y de la sociedad»

«El exclusivismo y enquistamiento de cualquier clase que sea, no es cristiano»

«La Iglesia no coincide con el Reino de Dios. Las ‘plantillas’ del Reino de Dios y la Iglesia no concuerdan exactamente. La Iglesia trabaja, -o debe trabajar-, por el Reino de Dios: por la justicia, la paz, el bienestar de las personas, etc., pero la Iglesia no es el Reino»

«Muchas personas buscan la curación, la salvación por caminos que no son los nuestros, pero buscan la vida»

  1. Expulsar demonios.

Demonio y diablo[1] son términos griegos para significar el mundo del mal.

No es que el diablo exista como ser personal con tridente, echando humo y apestando a azufre, pero sí que hay realidades en la vida que, -dañada libertad humana-, pueden constituirse en diabólicas: el poder, el dinero, el placer: droga, erotismo, etc.

Ya de Magdalena habían salido siete demonios con lo que el número siete supone de plenitud. Hay circunstancias y situaciones en la vida en las que el mal se apodera de nosotros. En ciertos momentos, nos encontramos totalmente (siete) despistados en la vida.

 Al mismo tiempo no falta en el ser humano la tendencia al bien y a expulsar los muchos demonios que habitan nuestro mundo y nuestra propia persona.

Toda persona sensata y de buena voluntad -creyentes y no creyentes- quiere el bien y trata de expulsar los demonios de su persona y de la sociedad.

  1. Uno que no era de los nuestros también expulsaba demonios en tu nombre, v 38.

Uno que no era de los nuestros.

         El texto tiene una coloración eclesial. Ya en el grupo de Jesús y en la comunidad naciente comienzan los eternos líos de que estos “son de los nuestros”, los otros no, estos son de los “oficiales y seguros” del partido y estos otros de la Teología de la Liberación y medio heterodoxos. Estos son comunistas y estos otros de la Iglesia. Estos son católicos y aquellos protestantes o de otras religiones.

         Siempre tenemos tendencia a crear “guetos”, grupos sectarios, movimientos que se arrogan la verdad, etc.

El exclusivismo y enquistamiento de cualquier clase que sea, no es cristiano.

  1. Iglesia y Reino de Dios.

La Iglesia no coincide con el Reino de Dios. Las “plantillas” del Reino de Dios y la Iglesia no concuerdan exactamente. La Iglesia trabaja, -o debe trabajar-, por el Reino de Dios: por la justicia, la paz, el bienestar de las personas, etc., pero la Iglesia no es el Reino.

Muchas personas que no son ni están en la Iglesia trabajan también por los grandes valores del Reino de Dios. De modo que, “aunque no son de los nuestros, también expulsan demonios. No se lo impidáis”.

Lo importante es que “cunda” el bien, la justicia y la salud, no quién cura o quién profetiza.

         Lo decisivo no es “mi grupo”, ni las ideologías, ni tan siquiera las iglesias, lo decisivo es el “Reino de Dios para todo ser humano”: reino de justicia, de amor y paz.

La instancia crítica y última no es la Iglesia, sino el Reino.

Allá donde hay quien trabaja por estos grandes valores, allá está o se está haciendo presente el Reino de Dios.

  1. ¿Fuera de la iglesia no hay salvación, o fuera de la salvación, no hay iglesia?

El discípulo Juan, que en este momento es el portavoz del grupo, expresa el malestar de la “institución”. Les molestaba que aquella curación -y otras muchas que se dan en la historia- no estaba en el eje jerárquico-eclesiástico.

La salvación se había dado: aquel hombre endemoniado estaba curado, lo que pasa es que “no la controlaba mi partido”.

Desde hace décadas venimos viviendo y hablando de la descristianización y la marcha de la Iglesia del mundo obrero, de los jóvenes, de los intelectuales, más recientemente la ausencia de la mujer en la Iglesia

Muchas personas buscan la curación, la salvación por caminos que no son los nuestros, pero buscan la vida.

En el seno de la Iglesia hay salvación, hay carismas, gentes honestas, padres y madres creyentes, misioneros, “miles” de tareas de Cáritas, voluntariado, vida contemplativa, “publicanos y zaqueos”, hijos pródigos y “magdalenas”.

         Y fuera de los “límites jurídicos” de lo eclesiástico, también hay Iglesia y salvación. Santo Tomás decía que, la verdad, la diga quien la diga, viene del Espíritu Santo, viene de Dios. Jesús dijo lo mismo de otra manera del bien: el bien, lo haga quien lo haga, viene de Dios.

 En otras religiones y culturas encontramos vestigia Verbi: huellas de la Palabra (que decía el Concilio).

Dios regala su salvación, su vida y la curación a todos y siempre: Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen a la verdad (y a la vida) (1Tim 2,3-6)

Los efectos salvíficos del Reino se pueden experimentar al margen de lo eclesiástico.

Nadie tiene el label de garantía o la denominación de origen de la salvación de Dios ¿Quiénes somos nosotros para determinar dónde y a través de quién tenga que actuar Dios su salvación? La vida de Dios vuela y tú no sabes cómo:

El viento (el espíritu, la vida, la salvación) sopla donde quiere, y oyes su voz,  pero no sabes de dónde viene ni a dónde va.      Así es todo el que nace del Espíritu. (Juan 3,8)

Algunas reflexiones a partir del Documento preparatorio para el Sínodo sobre la “Iglesia sinodal”

  1. Un final esperanzador.

El pasaje del evangelio que hemos leído hoy es muy esperanzador: el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa.

Una cierta teología y muchos clérigos fácil y ligeramente nos envía al infierno por menos de nada.

Pero podemos pensar y acoger con esperanza que Dios es amor y el infierno para quien es un gran problema es para Él, para Dios Padre que quiere que todos nos salvemos.

En la vida podremos hacer poco, -quizás mucho-, de bueno. Aunque solamente demos un vaso de agua, Dios Padre nos lo agradecerá.

No se trata de cumplir con normas, ritos y preceptos sino con hacer un poco de bien en la vida. Dios nos lo agradecerá. Y tal agradecimiento (gracia) es el cielo.

[1] Demonio: daimonion: significa espíritu, divinidad (ser como dioses). Diablo: dia – ballein: arrojar a través de: dispersar, “despistar”.

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“Importantes”. 25 Tiempo Ordinario – B (Marcos 9,30-37)

domingo, 19 de septiembre de 2021
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Médico-atendiendo-a-paciente-en-un-hospital-imagen-ilustrativa.Ciertamente, nuestros criterios no coinciden con los de Jesús. ¿A quién de nosotros se le ocurre hoy pensar que los hombres y mujeres más importantes son aquellos que viven al servicio de los demás?

Para nosotros, importante es el hombre de prestigio, seguro de sí mismo, que ha alcanzado el éxito en algún campo de la vida, que ha logrado sobresalir sobre los demás y ser aplaudido por las gentes. Esas personas cuyo rostro podemos ver constantemente en la televisión: líderes políticos, «premios Nobel», cantantes de moda, deportistas excepcionales… ¿Quién puede ser más importante que ellos?

Según el criterio de Jesús, sencillamente esos miles y miles de hombres y mujeres anónimos, de rostro desconocido, a quienes nadie hará homenaje alguno, pero que se desviven en el servicio desinteresado a los demás. Personas que no viven para su éxito personal. Gentes que no piensan solo en satisfacer egoístamente sus deseos, sino que se preocupan de la felicidad de otros.

Según Jesús, hay una grandeza en la vida de estas personas que no aciertan a ser felices sin la felicidad de los demás. Su vida es un misterio de entrega y desinterés. Saben poner su vida a disposición de otros. Actúan movidos por su bondad. La solidaridad anima su trabajo, su quehacer diario, sus relaciones, su convivencia.

No viven solo para trabajar ni para disfrutar. Su vida no se reduce a cumplir sus obligaciones profesionales o ejecutar diligentemente sus tareas. Su vida encierra algo más. Viven de manera creativa. Cada persona que encuentran en su camino, cada dolor que perciben a su alrededor, cada problema que surge junto a ellos es una llamada que les invita a actuar, servir y ayudar.

Pueden parecer los «últimos», pero su vida es verdaderamente grande. Todos sabemos que una vida de amor y servicio desinteresado merece la pena, aunque no nos atrevamos a vivirla. Quizá tengamos que orar humildemente como hacía Teilhard de Chardin: «Señor, responderé a tu inspiración profunda que me ordena existir, teniendo cuidado de no ahogar ni desviar ni desperdiciar mi fuerza de amar y hacer el bien».

José Antonio Pagola

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“Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.”. Domingo 19 de septiembre de 2021. Domingo 25º ordinario

domingo, 19 de septiembre de 2021
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52-OrdinarioB25 cerezoDe Koinonia:

Sabiduría 2, 12. 17-20: Lo condenaremos a muerte ignominiosa.
Salmo responsorial: 53: El Señor sostiene mi vida.
Santiago 3, 16-4, 3:  Los que procuran la paz están sembrando paz, y su fruto es la justicia.
Marcos 9, 30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de Israel y nos presenta a la persona «justa» como el modelo de sabiduría. El modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque este es el camino auténtico y querido por Dios, no por ello, se puede realizar con simplicidad. La oposición no se hace esperar. Incluso, al interior de la familia o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.

La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto, nadie roba, ni asesina ni arruina la vida ajena si no está movido por algún tipo de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos sigamos considerando cristianos y vayamos a misa todos los días.

En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de formación de un buen discípulo. Jesús no quiere un grupo de fanáticos que le entonen vivas a su nombre, sino un grupo de personas responsables que sean capaces de asumir un proyecto. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia Jerusalén.

Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una estrategia pedagógica muy ingeniosa. Retoma la discusión de los discípulos que estaban concentrados no en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos burocráticos de un hipotético gobierno y reconduce la discusión mediante un ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas mas insignificantes de la cultura antigua. Por su estatura y edad no estaba en condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida religiosa. Jesús coloca a uno de esos pequeños en medio de ellos y muestra cómo el presente y el futuro de la comunidad está en colocar en el centro no las propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo doméstico e insignificante.

Eso que Jesús revelaba -con una paradoja- era muy serio: Jesús identificaba su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen derechos ni quien mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Padre. Nuevamente ponía la jerarquía de valores de la sociedad al revés o, mejor, al derecho. Una sociedad que mira sólo por los de arriba –o en la que las decisiones la toman los que están arriba o miran por los intereses de los de arriba- no garantiza ni el Reino ni la Vida; ésta sólo puede sobrevivir en un mundo que desde abajo mire por los de abajo, los que no tienen derechos. Leer más…

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19.9.21 Gerontocracia o parvulocracia: Jesús, Iglesia y niños (Mc 9, 33-37; TO 25)

domingo, 19 de septiembre de 2021
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81F1ADF9-F367-4B76-8810-FA7032B7B0C4Del blog de Xabier Pikaza:

Se dice que los judíos son judíos desde el vientre de la madre, por pueblo y familia, y de un modo especial los varones, marcados a los ocho días con un “corte” en el miembro masculino. Los cristianos, en cambio, se hacen, sin corte en el pene, mujeres y varones por igual, acogidos y educados en una “iglesia-cuna”, que les acoge y bautiza, ofreciéndoles espacio y camino de maduración en libertad y amor, en responsabilidad y esperanza de vida.

Es muy importante la “pequeña familia”, madre, padre, quizá hermanos, que acogen al niño/niña, con otros familiares y amigos que se comprometen de algún modo a cuidarle y educarle. Pero el niño (o niña), que nace como hijo de Dios, presencia divina en la tierra, sólo sé vuelve cristiano (mesiánico) desde el momento en que la acoge (le bautiza en su hogar-seno) una comunidad de creyentes, comprometidos a ofrecerle (¡no imponerle!) un camino de maduración, en la línea del evangelio (que es la buena nueva de la vida).

El primer problema y tarea de la Iglesia actual (2021) es si acoge, acompaña e impulsa a los niños en todo su camino educativo (hasta la adolescencia y madurez), como indica su primer sacramento (el bautismo). El problema no es que haya niños, sino familias y comunidades eclesiales que les acogen y “bautizan” de verdad, ofreciéndoles un bautismo (una iglesia-hogar), en unos tiempos como estos en los han crecido las dudas sobre la educación cristiana, en una iglesia en la que crece por un lado el cansancio y por otro un tipo de riesgo de “pederastia” (=educación destructora de los niños).

Teniendo eso en cuenta, expongo el tema con algo de miedo, pero con gran decisión, en la línea de mi Comentario de Marcos, pero en línea más concreta. Deseo buen domingo a los lectores, y mucho gozo bautismal si son cristianos.

| X Pikaza

Texto: Mc 9, 33-37

(a. Introducción). Llegaron a Cafarnaúm y, una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos callaban, pues por el camino habían discutido sobre quién era el más grande.

(b. Sentencia básica) Y sentándose llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser primero, sea último de todos y servidor de todos.

(c. Fundamento ) Luego tomó a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: Pues quien acoja a uno de los niños como estos éstos en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino a Aquel que me ha enviado.

Introducción. Tema base.

Este evangelio abre desde Jesús un proyecto y camino social de acogida y bautismo, gratuito y poderoso que ha de ser ofrecido por la Iglesia a los últimos del mundo, en especial hacia los más pequeños y necesitados, que son en primer lugar los niños, carentes de abrazo, de limpieza, de comida. Sin acogida, afecto y ayuda a los niños no hay vida, no puede haber evangelio

Este evangelio es la expresión más muerte de un proyecto de educación afectiva, de aprendizaje de abrazo.El evangelio es un «modo de querer», un compromiso de amor generoso. No basta la ayuda social externa, es necesario afecto que se expresa, de un modo privilegiado en el abrazo dirigido al niño (no para utilizarle de algún modo egoísta), sino para comunicarle, cuerpo a cuerpo, el cariño más hondo, haciéndole así capaz de amor. La iglesia es, según eso, programa y proyecto de abrazo.

Este evangelio implica un compromiso “social” y educativo de la Iglesia. Si una diócesis, una parroquia, no puede ofrecer como Jesús un proyecto y camino de crecimiento bautismal para los niños debería cerrarse ya, hoy antes que mañana. Los elementos anteriores (proyecto social, abrazo) resultan inseparables del compromiso «militante» de aquellos que quieren seguir a Jesús, que han de renunciar a todo poder de imposición, para ser  «amigos» y maestros de amor de los niños.

            Entendido así, este evangelio ofrece un intenso programa social de justicia afectiva (de abrazo) y organizativa (de servicio), en gesto de entrega de la vida, no de poder y de utilización social y sexual de los otros, sino de regalo de amor concreto, para que ellos (en especial los niños) puedan sentirse amados, acogidos… y crecer en libertad y esperanza de vida . Ésta es la raíz de toda anti-pederastia: que es interés y compromiso personal de amor, superando así (por elevación, no por negación) toda utilización de los niños.

Un evangelio bautismal

  Por eso, los cristianos, seguidores de Jesús, han de ser mujeres y hombres de justicia, de madurez afectiva desbordante (de abrazo) y de compromiso concreto a favor de los demás, desde el poder de la vida (que es el poder del evangelio), no desde el dominio de unos sobre otros.

Jesús resuelve el tema de un modo teórico (diciendo que quien quiera ser primero ha de hacerse servidor de todo), pero sobre todo de un modo práctico: Poniendo en el centro a los niños y añadiendo que el Reino de Dios sólo es posible allí donde los importantes son los niños.Jesús, un programa de vida para los niño.

 Éste es un evangelio de amor hecho justicia, que debe sonar como trueno en un mundo como el nuestro donde cada día mueren docenas de miles de niños de hambre, porque nosotros (los grandes) seguimos discutiendo sobre quiénes son (somos, hemos de ser), para mantenernos de esa forma los primeros (que nuestra economía sea la más poderosa del mundo).

Éste es un evangelio tierno, emocionante… pero suena como trompeta apocalíptica en un mundo (una Iglesia) donde seguimos utilizando a los niños en función de ideales sociales o sagrados, a través de diversos tipos de utilización afectiva, económica e incluso sexual, construyendo un mundo en el que millones de niños no podrán vivir en comunión afectiva, en esperanza de vida.

Este es un evangelio de transformación organizativa de la iglesia,, un evangelio dirigido a los que gobiernan las comunidades, que tienen la tentación de imponer su poder religioso sobre los demás… Pues bien, en contra de eso, en el principio de la Iglesia, Jesús nos ofrece este de transformación de la autoridad, para convertirla en servicio de justicia y de amor hacia los niños. Por eso es bueno que sigamos leyendo y comentando el evangelio.

9, 33-34. Introducción. Habían discutido en el camino

 Llegaron a Cafarnaúm y, una vez en casa, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos callaban, pues por el camino habían discutido sobre quién era el más grande.

Éste es un ejemplo claro de “disonancia” evangélica. Jesús dice una cosa, pero Pedro y los Doce entienden otra. Ellos avanzan con Jesús, y el mismo ritmo del camino (están en tê hodô, van a Jerusalén, lugar del cumplimiento mesiánico) les lleva a platear el gran problema, preguntando quién es más grande, pues el Reino debe implicar grandeza para sus portadores, es decir, un tipo de dominio sobre los demás.

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Unos discípulos torpes, miedosos y ambiciosos. Domingo 25. Ciclo B

domingo, 19 de septiembre de 2021
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25-T.O.BDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La confesión de Pedro («Tú eres el Mesías»), que leímos el domingo pasado, marca el final de la primera parte del evangelio de Marcos. La segunda parte la estructura a partir de un triple anuncio de Jesús de su muerte y resurrección; a los tres anuncios siguen tres relatos que ponen de relieve la incomprensión de los discípulos. El domingo pasado leímos el primer anuncio y la reacción de Pedro, que rechaza la idea del sufrimiento y la muerte. Hoy leemos el segundo anuncio, seguido de la incomprensión de todos (Mc 9,30-37).

             Segundo anuncio de la pasión y resurrección (9,30-31)

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».

La actividad de Jesús entra en una nueva etapa: sigue recorriendo Galilea, pero no se dedica a anunciar a la gente la buena nueva, se centra en la formación de los discípulos. Y la primera lección que les enseña no es materia nueva, sino repetición de algo ya dicho; de forma más breve, para que quede claro. En comparación con el primer anuncio, aquí no concreta quiénes serán los adversarios; en vez de sumos sacerdotes, escribas y senadores habla simplemente de «los hombres». Tampoco menciona las injurias y sufrimientos. Todo se centra en el binomio muerte-resurrec­ción. Para quienes estamos acostumbrados a relacionar la pasión y resurrección con la Semana Santa, es importante recordar que Jesús las tiene presentes durante toda su vida. Para Jesús, cada día es Viernes Santo y Domingo de Resurrección.

            Segunda muestra de incomprensión (Mc 9,32)

Pero ellos no entendían lo que decía y les daba miedo preguntarle.

Al primer anuncio, Pedro reaccionó reprendiendo a Jesús, y se ganó una dura reprimenda. No es raro que ahora todos callen, aunque siguen sin entender a Jesús. Marcos es el evangelista que más subraya la incomprensión de los discípulos, lo cual no deja de ser un consuelo para cuando no entendemos las cosas que Jesús dice y hace, o los misterios que la vida nos depara. Quien presume de entender a Jesús demuestra que no es muy listo.

La prueba más clara de que los discípulos no han entendido nada es que en el camino hacia Cafarnaúm se dedican a discutir sobre quién es el más importante. Mejor dicho, han entendido algo. Porque, cuando Jesús les pregunta de qué hablaban por el camino, se callan; les da vergüenza reconocer que el tema de su conversación está en contra de lo que Jesús acaba de decirles sobre su muerte y resurrección.

            Una enseñanza breve y una acción simbólica nada romántica (Mc 9,33-37)

Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntó:

-¿De qué discutíais por el camino?

Ellos callaban, pues en el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

-Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos.

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:

-El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

Para comprender la discusión de los discípulos y el carácter revolucionario de la postura de Jesús es interesante recordar la práctica de Qumrán. En aquella comunidad se prescribe lo siguien­te: «Los sacerdotes marcharán los primeros conforme al orden de su llamada. Después de ellos seguirán los levitas y el pueblo entero marchará en tercer lugar (…) Que todo israelita conozca su puesto de servicio en la comunidad de Dios, conforme al plan eterno. Que nadie baje del lugar que ocupa, ni tampoco se eleve sobre el puesto que le corresponde» (Regla de la Congrega­ción II, 19-23).

Este carácter jerarquizado de Qumrán se advierte en otro pasaje a propósito de las reunio­nes: «Estando ya todos en su sitio, que se sienten primero los sacerdotes; en segundo lugar, los ancianos; en tercer lugar, el resto del pueblo. Cada uno en su sitio» (VI, 8-9).

La discusión sobre el más importante supone, en el fondo, un desprecio al menos importante. Jesús va a dar una nueva lección a sus discípulos, de forma solemne. No les habla, sin más. Se sienta, llama a los Doce, y les dice algo revolucionario en comparación con la doctrina de Qumrán: «El que quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos». (El evangelio de Juan lo visualizará poniendo como ejemplo a Jesús en el lavatorio de los pies).

A continuación, realiza un gesto simbólico, al estilo de los antiguos profetas: toma a un niño y lo estrecha entre sus brazos. Alguno podría interpretar esto como un gesto romántico, pero las palabras que pronuncia Jesús van en una línea muy distinta: «El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre me acoge a mí…». Jesús no anima a ser cariñosos con los niños, sino a recibirlos en su nombre, a acogerlos en la comunidad cristiana. Y esto es tan revolucionario como lo anterior sobre la grandeza y servicio.

El grupo religioso más estimado en Israel, que curiosamente no aparece en los evangelios, era el de los esenios. Pero no admitían a los niños. Filón de Alejandría, en su Apología de los hebreos, dice que «entre los esenios no hay niños, ni adolescentes, ni jóvenes, porque el carácter de esta edad es inconsistente e inclinado a las novedades a causa de su falta de madurez. Hay, por el contrario, hombres maduros, cercanos ya a la vejez, no dominados ya por los cambios del cuerpo ni arrastrados por las pasiones, más bien en plena posesión de la verdadera y única libertad».

El rabí Dosa ben Arkinos tampoco mostraba gran estima de los niños: «El sueño de la mañana, el vino del mediodía, la charla con los niños y el demorarse en los lugares donde se reúne el vulgo sacan al hombre del mundo» (Abot, 3,14).

En cambio, Jesús dice que quien los acoge en su nombre lo acoge a él, y, a través de él, al Padre. No se puede decir algo más grande de los niños. En ningún otro sitio del evangelio dice Jesús que quien acoge a una persona importante lo acoge a él. Es posible que este episodio, además de servir de ejemplo a los discípulos, intentase justificar la presencia de los niños en las asambleas cristianas (aunque a veces se comporten de forma algo insoportable).

[El tema de Jesús y los niños vuelve a salir más adelante en el evangelio de Marcos, cuando los bendice y los propone como modelos para entrar en el reino de Dios. Ese pasaje, por desgracia, no se lee en la liturgia dominical.]

¿Por qué algunos quieren matar a Jesús? (Sabiduría 2,12.17-20)

El libro de la Sabiduría es casi contemporáneo del Nuevo Testamento (entre el siglo I a.C. y el I d.C.). Al estar escrito en griego, los judíos no lo consideraron inspirado, y tampoco Lutero y las iglesias que sólo admiten el canon breve. El capítulo 2 refleja la lucha de los judíos apóstatas contra los que desean ser fieles a Dios. De ese magnífico texto se han elegido unos pocos versículos para relacionarlos con el anuncio que hace Jesús de su pasión y resurrección. Es una pena que del v.12 se salte al v.17, suprimiendo 13-16; los tengo en cuenta en el comentario siguiente.

En el evangelio Jesús anuncia que «el Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres». ¿Por qué? No lo dice. Este texto del libro de la Sabiduría ayuda a comprenderlo. Pone en boca de los malvados lo que les molesta de él y lo que piensan hacer con él. «Nos molesta porque se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende, nos considera de mala ley; nos molesta que presuma de conocer a Dios, que se dé el nombre de hijo del Señor y que se gloríe de tener por padre a Dios». En consecuencia, ¿qué piensan hacer con él? «Lo someteremos a la afrenta y la tortura, lo condenaremos a una muerte ignominiosa. Él está convencido de que Dios lo ayudará, nosotros sabemos que no será así». Se equivocan. «Después de muerto, al tercer día resucitará».

Se decían los impíos: Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida. Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará.

Envidias, peleas, luchas y conflictos (Carta de Santiago 3,16-4,3)

Esta lectura puede ponerse en relación con la segunda parte del evangelio. En este caso no se trata de discutir quien es el mayor o el más importante, sino de las peleas que surgen dentro de la comunidad cristiana, que el autor de la carta atribuye al deseo de placer, la codicia y la ambición. Cuando no se consigue lo que se desea, la insatisfacción lleva a toda clase de conflictos.

Hermanos: donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabaja por la paz. ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

«El Señor sostiene mi vida» (Salmo 53)

El Salmo se aplica tan bien al justo del que habla la primera lectura como a Jesús. En ambos casos, «insolentes se alzan contra mí y hombres violentos me persiguen a muerte». Pero ambos están convencidos de que «Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida». El Salmo nos invita a acompañar a Jesús cuando piensa en su muerte y resurrección y a acompañar a quienes sufren, no a discutir sobre quién es el más importante.

 

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Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 19 de septiembre de 2021

domingo, 19 de septiembre de 2021
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Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.”

(Mc 9, 30-37)

Este evangelio de hoy da para mucho, aunque solo son siete versículos. Pero nos vamos a quedar con lo que más duele, porque nos mete el dedo en el orgullo.

Todas las personas nacemos con una “inflamación” del “yo” que podemos llamar “importantitis”. Todas. Sí, tú también. Tú que estás pensando que nunca te has sentido importante. Todas.

Ciertamente a unas personas se les nota más que a otras, pero todas tenemos ese poco, o mucho, de orgullo que en algún momento nos hace sentirnos mejores que las demás. Y a veces incluso necesitamos verificarlo.

En esas andaban los discípulos cuando Jesús les pregunta. Jesús les había estado hablando de lo que iba a pasar: “el hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán…” Ellos, sin embargo, aquejados de “importantitis” no había sabido escucharle y andaban el camino contrario de su maestro.

¿El más importante?

Les pasó a aquellos primeros discípulos, y a todas las discípulas y discípulos de después nos pasa lo mismo. Queremos ser importantes y si no podemos ser de “los importantes” del mundo, al menos ser más importantes que alguien.

Dios vino a regalarnos unas relaciones horizontales para que pudiéramos mirarnos a los ojos como hermanas y hermanos. Pero nuestro orgullo se incomoda, necesita algún privilegio.

Claro que decimos que todos somos iguales y que todos tenemos los mismos derechos. Eso nos lo ha grabado a fuego nuestra civilización de los “Derechos Humanos”.

Lo decimos, sobre todo, para recordarle al resto del mundo que respete nuestro derechos. Pero cuando lo que está en juego son los derechos de otras personas, y esos derechos podrían estropearnos nuestro “bien estar”… ¡cuidado! Aquí entramos en terreno peligroso.

Aquí salen miles de ejemplos y razones que ponen de manifiesto la “importantitis” que padecemos. Especialmente en los países “enriquecidos”. Por eso nos pasamos la vida, no discutiendo, sino aseverando lo importantes que somos nosotros… a la vez que negamos cualquier responsabilidad de cara a la pobreza de los “empobrecidos”.

Pero si nos vamos al terreno doméstico nos pasa lo mismo. Nos sentimos más importantes que nuestra hermana, o que nuestra pareja, o que nuestro compañero de trabajo. Siempre tenemos a alguien al que pisar para poder sobre salir un poco.

¿Cuando descubriremos que la importancia que necesitamos no nos la dará estar por encima de nadie sino al servicio de todos?

Oración

Humildad, derrama, Trinidad Santa, tu humildad sobre nosotras, que sea bálsamo que desinflame nuestra “importantitis”.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Solo el servicio al débil me hace plenamente humano.

domingo, 19 de septiembre de 2021
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El tema principal que leemos hoy es el mismo que leímos al del domingo pasado y que no comentamos. Jesús atraviesa Galilea camino de Jerusalén, donde le espera la Cruz. El evangelio nos dice expresamente que quería pasar desapercibido, porque ahora está dedicado a la instrucción de sus discípulos. Esa nueva enseñanza tiene como centro la cruz. Trata de convencerles de que no ha venido a desplegar un mesianismo de poder sino de servicio a los demás, pero no lo consigue. Todos siguen pensando en su propia gloria.

Este segundo anuncio de la pasión no deja lugar a dudas sobre lo que Jesús quiere transmitir. Los discípulos siguen sin comprender, aunque el domingo pasado nos decía que se lo explicaba “con toda claridad”. Si les daba miedo preguntar es porque intuían que no les iba a gustar. Esto nos muestra que más que no comprender, es que no querían entender, porque significaría el fin de sus pretensiones mesiánicas. Hasta que no llegue la experiencia pascual, seguirán sin entender la parte más original y decisiva del mensaje.

¿De qué discutíais por el camino? Jesús quiere que saquen a la luz sus íntimos sentimientos, pero guardan silencio porque saben que no están de acuerdo con lo que Jesús viene enseñándoles. Entre ellos siguen en la dinámica de la búsqueda del dominio y del poder. Tenemos que recordar que en aquella cultura el rango de las personas se tomaba muy a pecho y era la clave de todas las relaciones sociales.

Quien quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos”. El mismo mensaje del domingo pasado y en el episodio de la madre de los Zebedeos. No nos pide Jesús que no pretendamos ser más, al contrario, nos anima a ser el primero, pero por un camino muy distinto al que nosotros nos apuntamos. Debemos aspirar a ser todos, no solo “primeros”, sino “únicos”. En esa posibilidad estriba la grandeza del ser humano.

A veces los cristianos hemos dado la impresión de que para ser Él grande, Dios quería empequeñecidos. Jesús dice: ¿Quieres ser el primero? Muy bien. ¡Ojalá todos estuvieran en esa dinámica! Pero no lo conseguirás machacando a los demás, sino poniéndote a su servicio. Cuanto más sirvas, más señor serás. Cuanto menos domines, mayor humanidad. Quiere hacernos ver que el bien espiritual está por encima del material. Si me pongo en esta perspectiva nunca haré daño al otro buscando un interés egoísta a costa de los demás.

Acercando a un niño lo abrazó y dijo. No es fácil descubrir la conexión con lo que antecede. En tiempos de Jesús, los niños eran utilizados como pequeños esclavos. La palabra griega “paidion” es un diminutivo de “pais, que ya significa niño y también criado y esclavo. Sería el pequeño esclavo. En el contexto de la narración sería el chico de los recados que el grupo tenía a su disposición. Aquí descubrimos la relación con el texto anterior. El niño estaría en la escala más baja de los que se dedican a servir.

El que acoge a un niño, me acoge a mí. No se trata de manifestar cariño o protección al débil sino de identificarse con él. Al abrazarle, está manifestando que los dos forman una unidad, y que si quieren estar cerca de él, tienen que identificarse con el insignificante muchacho de los recados, es decir hacerse servidor de todos. Uno de los significados del verbo griego es preferir. Sería: el que prefiere ser como este niño me prefiere a mí. El que no cuenta, pero sirve a los demás, ese es el que ha entendido el mensaje de Jesús.

Y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. Este paso es muy importante: acoger a Jesús es acoger al Padre. Identificarse con Jesús es identificarse con Dios. La esencia del mensaje de Jesús consiste en esta identificación. Repito, el mensaje no consiste en que debemos acoger y proteger a los débiles. Se trata de identificarnos con el más pequeño de los esclavos que sirven sin que se lo reconozcan ni le paguen por ello. Esa actitud es la que mantiene Jesús, reflejando la actitud de Dios para con todos.

Llevamos dos mil años sin enterarnos. Y además, como los discípulos, preferimos que no nos aclaren las cosas; porque intuimos que no iban a responder a nuestras expectativas. Ni como individuos ni como grupo (comunidad o Iglesia) hemos aceptado el mensaje del evangelio. La mayoría de nosotros seguimos luchando por el  poder que nos permita utilizar a los demás en beneficio propio. Siguen siendo inmensa minoría los que ponen su vida al servicio de los demás y les ayudan a vivir sin esperar nada a cambio.

Hay dos maneras de servir: una es la del que somete al poderoso para conseguir su favor y aprovecharse de su poderío. Esto no es servicio sino servidumbre, y lejos de hacer más humana a una persona la envilece. Esta actitud es muy criticada por Jesús. En torno a todo poder despótico pulula siempre una banda de aduladores que hacen posible el despotismo. La diaconía significaba “servir a la mesa”. En cristiano indicaba el servicio a los más necesitados por los que no tenían obligación de hacerlo. Este servicio es el que humaniza.

Si es la esencia del mensaje ¿Por qué ha fracasado estrepitosamente? El domingo dijimos que no podía conocer a Jesús si no me conocía a mí mismo. Sin ese conocimiento, es imposible llegar a ser auténtico cristiano. Ahora bien, como llegar a conocerse a sí mismo es muy difícil, la iglesia trató de racionalizar el mensaje con propuestas externas: 1ª Es la voluntad de Dios. 2º Si lo cumples, Dios te premiará; si no lo cumples, te castigará.

A la 1ª hay que decir: esa pretensión es tan etérea y difusa que con la mayor facilidad se puede tergiversar y deteriorar sin advertirlo. Por otra parte, ¿Quién me asegura que esas exigencias son la voluntad de Dios? La 2ª es aún más burda. Bastaría caer en la cuenta de que es la misma técnica que utilizamos los seres humanos para domesticar a los animales: palo o zanahoria. ¡Cómo podemos pensar que Dios nos trata como animales!

Haríamos bien en superar la idea de un Dios antropomórfico con motivaciones iguales a las nuestras. Como no nos han conducido por el camino del conocimiento de nosotros mismos y el Dios que nos habían propuesto es absurdo, los cristianos nos hemos quedado en el chasis. Ni somos capaces de descubrir las exigencias del evangelio en lo hondo de nuestro ser, ni encontramos razones externas que nos motiven. Hemos quedado en la inopia.

Meditación

Si me doy a los demás hasta consumirme,
¿dónde colocaré los adornos (la gloria) que pretendo alcanzar?
Si estoy pensando en mí mismo, cuando me doy al otro,
¿qué clase de entrega estoy llevando a cabo?
En la medida que sirva a los demás sin esperar nada a cambio,
en esa medida me estaré acercando al ideal cristiano.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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