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“Creer que Jesús el hijo de José, es el Hijo de Dios, dador de vida eterna”, por Consuelo Vélez

domingo, 11 de agosto de 2024
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De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del domingo XIX del Tiempo Ordinario 11-08-2024

Los judíos hablan del Jesús que conocen entre ellos, el hijo de José, y Jesús habla de su Padre del cielo al que Él muestra con sus signos

Jesús invita a los judíos a que se dejen enseñar por Dios quien les está hablando a través suyo

Con Jesús, el Padre les revela el verdadero pan vivo que da la vida para siempre

Creer en Jesús es entender el signo de Dios que Él nos transparenta con toda su vida.

Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Y decían: “¿No es este Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: ¿He bajado del cielo?”

Jesús les respondió:

+ “No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae y; y yo le resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios ése ha visto al Padre.
En verdad, en verdad les digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo”.

(Jn 6, 41-51)

Continuamos este domingo con el discurso del pan de vida del capítulo 6 del evangelio de Juan. Pero aquí, Jesús ya no va a hablar a la multitud -como lo hizo en el evangelio del domingo pasado- sino a los judíos, es decir, especificando quiénes son sus interlocutores.  Y comienza invitándolos a no “murmurar de Él. Jesús conoce que ellos que, aparentemente lo siguen, en el fondo, no acaban de creerle y, lo expresan, con la frase que de distinta manera repiten los cuatro evangelios: “no es este Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos?”. Recordemos que Mateo (13, 55-56) y Marcos (6, 3) se refieren a “no es este el hijo del carpintero”. En cambio, Lucas (4, 22) y Juan se refieren al hijo de José. Lo que es cierto es que están hablando a dos niveles muy distintos. Los judíos hablan del Jesús que conocen entre ellos, el hijo de José, y no acaban de entender lo que Él les está revelando. Jesús habla de su Padre del cielo al que Él muestra con sus signos.

Jesús continúa refiriéndose a lo que está escrito en los profetas. En realidad, es una cita de Isaías (54,13) que dice: “todos tus hijos serán discípulos de Yahveh y será grande la dicha de tus hijos”. En el texto de Juan, Jesús la interpreta de manera libre, diciendo: “serán todos enseñados por Dios”. Invita con esto a los judíos a que se dejen enseñar por Dios quien ahora les está hablando a través suyo.

El evangelista Juan usa la expresión “en verdad, en verdad les digo” para destacar los dichos importantes de Jesús. En esta ocasión les vuelve a mostrar que el pan que comieron sus padres en el desierto, no era el pan de vida que ahora se les revela porque sus padres, aunque comieron de ese pan, murieron. Con Jesús, el Padre les revela el verdadero pan vivo que da la vida para siempre. Y utiliza una expresión “es mi carne” que abre el significado del signo al pan eucarístico, del que explícitamente nos ocuparemos el próximo domingo.

En conclusión, la fuerza está en el creer en Jesús, siendo capaces de dejarlo de ver simplemente como hijo de alguien que conocen y reconocerlo como el Hijo del Padre del cielo quien es la fuente de vida para siempre. Pero, como dijimos el domingo pasado, un creer que no es una idea, una doctrina, una verdad de fe -como se suele decir- que tantas veces se queda en conceptos abstractos sin ninguna incidencia en la vida. Creer en Jesús y reconocerlo como hijo del Padre es entender el signo que Jesús nos transparenta con toda su vida. Es creer que actuar como Jesús actúo, es ser hijos en el Hijo, hijos del Dios Padre/madre que nos hace hermanos y hermanas a todos los seres humanos. De ahí que el pan de vida es la fraternidad/sororidad real que engendra el creer en el Jesús de la historia, asesinado por las autoridades de su tiempo, pero resucitado por Dios, abriendo para los discípulos que se han dejado enseñar por Jesús, la vida para siempre.

(Foto tomada de: https://www.infoans.org/es/secciones/fotonoticias/item/11108-india-el-dbds-lleva-ayuda-a-11-mil-pobres-en-las-aldeas-de-gujarat)

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Maná del cielo: El beneficio espiritual de las quejas.

lunes, 5 de agosto de 2024
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IMG_6583Maná caído del cielo


La publicación de hoy es de Michaelangelo Allocca, colaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el decimoctavo domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Si ha leído alguna de mis reflexiones sobre las Escrituras en este blog, probablemente no le sorprenderá saber que he impartido un curso llamado “Humor y espiritualidad” varias veces; Nadie que me conozca personalmente se sorprende en absoluto. Tampoco debería sorprender que la primera lectura de hoy aparezca generalmente en mi curso.

Escuchamos acerca de Dios proporcionando maná en el desierto. El humor no está en la alimentación milagrosa (aunque la caza masiva nocturna de codornices proporciona algunas imágenes cómicas), sino en lo que la provoca. La historia comienza con “toda la comunidad quejándose contra Moisés y Aarón”, algo comprensible para un viaje de cuarenta años a través de territorio desconocido; imagínese cualquier viaje largo en automóvil con niños.

El elemento cómico está tanto en el estilo como en el contenido de la queja. La queja básica – “tenemos hambre” – es comprensible, pero preste mucha atención a cómo se expresa:

“¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, mientras nos sentábamos junto a nuestras ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos! ¡Pero tuviste que llevarnos a este desierto para que toda la comunidad muriera de hambre!”

Observe cómo la clásica apertura en lenguaje de rabieta “Ojalá estuviera muerto” realza lo irrazonable de la queja. Luego observe el contraste que están haciendo: “¡¡¡TENÍAS que arrastrarnos hasta aquí para morir de hambre, en lugar de dejarnos contentos y llenándonos la cara en Egipto!!!”

Es un poco difícil imaginar a alguno de estos quejosos diciendo esto con cara seria. Todo el éxodo comienza porque Dios escucha y responde a los gritos de los israelitas, que suplican ser liberados de la dolorosa opresión que han estado sufriendo durante muchos años en esclavitud. El lamentable sufrimiento descrito, los suspiros y gemidos por el rescate divino, no se parecen en nada a la comodidad cómoda y a las cenas de filete chuletón de todo lo que puedas comer por las que parecen sentir nostalgia en sus quejas actuales.

No hace falta decir que Dios vuelve a escuchar sus gritos y responde con alivio, quizás sonando un poco gruñón: “Ahora haré llover pan del cielo” tiene connotaciones de “¿Quieren comida? Les daré comida, está bien…

Los evangelios obviamente muestran que la respuesta de Dios continúa en la persona de Jesús; más obviamente, en la historia del evangelio del fin de semana pasado sobre Jesús alimentando milagrosamente a miles de personas.

Pero como vemos en las lecturas de hoy, el mismo síndrome de memoria increíblemente corta del pueblo de Dios continúa. La historia del evangelio comienza con la multitud persiguiendo a Jesús a través del mar de Galilea después de que éste desapareciera tras el episodio anterior (Juan 6,1-15, evangelio del domingo pasado) cuando multiplicó los panes y los peces. Esta acción demuestra claramente su fe en Jesús y su deseo de seguirlo – y sin embargo, unos pocos versículos después de la conversación, cuando Jesús les pide que crean en él, ellos responden: “¿Qué señal puedes hacer para que podamos ver y creer en tí?» (Imagina el gesto de incredulidad de Jesús)

Estas son las mismas personas, más de 5.000 personas, que Jesús acaba de alimentar con el equivalente a un cubo de ocho piezas del Coronel. Y por eso lo siguieron hasta el otro lado del mar. La ironía se vuelve aún mayor, porque en el momento en que piden una señal, hacen la comparación obvia de qué señal quieren: “Nuestros antepasados comieron maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”. Seguramente una persona entre esta multitud, recordando que sus antepasados fueron alimentados milagrosamente en el desierto, habría notado: a) les acababa de suceder lo mismo; yb) también estaban reviviendo la memoria absurdamente selectiva de sus antepasados.

Por más fácil que sea reírse de las debilidades del pueblo de Dios en las Escrituras (aunque, espero, reconocerlas como nuestras propias debilidades), en realidad encuentro que la risa es espiritualmente útil: estoy bastante seguro de que el humor de las Escrituras está ahí para recordarnos que es un rasgo necesario, saludable y dado por Dios.

Como católico gay, encuentro la espiritualidad de un sano sentido del humor quizás incluso más esencial que mis hermanos heterosexuales, y también aprendo algo irónico de estos textos: quejarse, dentro de lo razonable, puede ser algo espiritualmente positivo. Cuando miramos más allá de la divertida desorientación de la gente en las historias de hoy, también vemos que Dios rescató a los israelitas porque los escuchó clamar. Su insatisfacción con su vida actual en Egipto les hizo pedir a Dios un futuro mejor, y la respuesta fue ««. Abundantemente. De manera similar, las personas que siguen a Jesús quieren algo más que su status quo actual y puede que no obtengan una respuesta que tenga sentido inmediato, pero obtienen Su atención y compasión.

Nosotros, en la comunidad católica LGBTQ+, también necesitamos encontrar una respuesta mejor que la resignación o la desesperación por ser vistos como miembros poco completos o indignos por muchos en nuestra Iglesia. Los hijos de Israel clamaron pidiendo ayuda y fueron escuchados. Los seguidores de Jesús siguieron siguiéndolo, sin importar cuán confundidos estuvieran a veces, y siempre encontraron la compasión de Aquel a quien buscaban.

Estas historias y otras similares me ayudan a encontrar el humor y la paciencia necesarios para creer, como lo hicieron mis antepasados, que mis quejas también serán escuchadas y contestadas. “Pedid y recibiréis”, nos dicen. Sin embargo, no se especificó el tono de voz para la pregunta.

—Michaelangelo Allocca, New Ways Ministry , 4 de agosto de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Nostalgia de eternidad”. 18 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,24-35)

domingo, 4 de agosto de 2024
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fishes and loaves mosaic of Tabgha Cuando observamos que los años van deteriorando nuestra salud y que también nosotros nos vamos acercando al final de nuestros días, algo se rebela en nuestro interior. ¿Por qué hay que morir, si desde lo hondo de nuestro ser algo nos dice que estamos hechos para vivir?

El recuerdo de que nuestra vida se va gastando día a día sin detenerse hace nacer en nosotros un sentimiento de impotencia y pena. La vida debería ser más hermosa para todos, más gozosa, más larga. En el fondo, todos anhelamos una vida feliz y eterna.

Siempre ha sentido el ser humano nostalgia de eternidad. Ahí están los poetas de todos los pueblos cantando la fugacidad de la vida, o los grandes artistas tratando de dejar una obra inmortal para la posteridad, o sencillamente los padres queriendo perpetuarse en sus hijos más queridos.

Aparentemente, hoy las cosas han cambiado. Los artistas afirman no pretender trabajar para la inmortalidad, sino solo para la época. La vida va cambiando de manera tan vertiginosa que a los padres les cuesta reconocerse en sus hijos. Sin embargo, la nostalgia de eternidad sigue viva, aunque tal vez se manifieste de manera más ingenua.

Hoy se intenta por todos los medios detener el tiempo dando culto a lo joven. El hombre moderno no cree en la eternidad, y por eso mismo se esfuerza por eternizar un tiempo privilegiado de su vida actual. No es difícil ver cómo el horror al envejecimiento y el deseo de agarrarse a la juventud llevan a veces a comportamientos cercanos al ridículo.

Se hace a veces burla de los creyentes diciendo que, ante el temor a la muerte, se inventan un cielo donde proyectan inconscientemente sus deseos de eternidad. Y apenas critica nadie ese neorromanticismo moderno de quienes buscan inconscientemente instalarse en una «eterna juventud».

Cuando el ser humano busca eternidad, no está pensando establecerse en la tierra de una manera un poco más confortable para prolongar su vida lo más posible. Lo que anhela no es perpetuar para siempre esa mezcla de gozos y sufrimientos, éxitos y decepciones que ya conoce, sino encontrar una vida de calidad definitiva que responda plenamente a su sed de felicidad.

El evangelio nos invita a «trabajar por un alimento que no perece, sino que perdura dando vida eterna». El creyente se preocupa de alimentar lo que en él hay de eterno, arraigando su vida en un Dios que vive para siempre y en un amor que es «más fuerte que la muerte».

José Antonio Pagola

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“El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed”. Domingo 04 de agosto de 2024. Domingo 18º de tiempo ordinario

domingo, 4 de agosto de 2024
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43-ordinarioB18 cerezoDe Koinonia:

Éxodo 16,2-4.12-15: Yo haré llover pan del cielo.
Salmo responsorial: 77: El Señor les dio un trigo celeste.
Efesios 4, 17.20-24: Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios.
Juan 6,24-35: El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed.

La primera lectura, del Éxodo, nos recuerda cómo el desierto es la carencia de todo. A toda persona le llega de vez en cuando su desierto: la situación crítica en la que parece que no se encuentran soluciones de ayuda para sobrevivir a tan crítica situación. Al pueblo de Israel le era muy provechoso el tener que estar en el desierto donde todo falta, para que pudiera experimentar el portentoso modo que Dios tiene para ayudar a los que en Él confían. En el desierto el Pueblo de dios aprende a experimentar la condición de “pobre”, de “necesitado de todo” del auxilio de Dios. Esto le será útil para el crecimiento de su fe y de su esperanza en las ayudas milagrosas. En la península del Sinaí hay un arbusto llamado “tamarisco”. Produce una secreción dulce que gotea desde las hojas hasta el suelo. Por el frío de la noche se solidifica y hay que recogerla de madrugada antes de que el sol la derrita. ¿Sería esto lo que Dios le proporcionó a su pueblo, multiplicándolo claro está, de manera prodigiosa? Lo cierto es que los israelitas consideraron siempre la aparición de este alimento como una demostración de la intervención milagrosa a favor de su pueblo. Lo llamaron “maná”, porque los niños al comerlo preguntaban: “¿qué es esto?, “lo que en su idioma se dice: “Man-ah?”. También es llamado por los salmos “pan del cielo” (Sal 78) y el libro de la Sabiduría dice que, “sabía a lo que cada uno deseaba que supiera” (Sab16,20). Jesús dirá que el Verdadero Pan bajado del cielo será su cuerpo y su sangre. O sea que este maná milagroso del desierto era un símbolo y aviso de lo que iba a hacer Dios más tarde con sus elegidos, dándoles como alimento el cuerpo de su propio Hijo divino.

La segunda lectura continuada de la carta a los Efesios pide a los creyentes que se dejen renovar por el Espíritu Santo y pasen de un modo de obrar no digno del ser humano, a un modo de obrar digno de quien tiene fe en Cristo. Pide que abandonemos nuestro estilo anterior de vida pecaminosa y marchemos en adelante por un nuevo camino de vida cristiana. Se nos invita a no dejarnos guiar por esta “vaciedad de criterios”. En estos pocos versículos continúa la exhortación a buscar la unidad y a vivir dignamente la propia vida cristiana, guiada y fundamentada en un verdadero conocimiento de Cristo. Pablo desarrolla este argumento jugando con la antítesis del ser humano viejo y el ser humano nuevo (Col 3,9-10; 1Cor 5,7-8). Elegir la novedad, lo nuevo, es elegir a Cristo. Esto significa romper con el viejo ser humano pecaminoso, con el pecado del mundo, para estar dispuestos a una continua renovación en el Espíritu, a vivir en la justicia y santidad y ser justos y rectos. Este texto es una clara respuesta a quienes piensan que el cristianismo simplemente es una cosa del pasado.

El evangelio de hoy, de Juan, el discurso del pan de vida, se desenvuelve en tres afirmaciones lógicamente sucesivas, y la primera que presenta este texto es: el real o verdadero “pan del cielo” no es el maná dado una vez por Moisés, contrariamente a lo que la gente pensaba (v.31). Es literalmente el pan que ha bajado del cielo. Dios, no Moisés, es quien da este pan (v.32). Jesús ha realizado signos para revelar el sentido de su persona (domingo anterior), pero la gente sólo lo han entendido en la línea de sus necesidades materiales (6,26.12). Jesús ha querido llevarnos a la comprensión de su persona, porque sólo a través de la fe pueden entender quien es él y sólo así podrá donarse a ellos como comida: pero para hacer esto es necesario trabajar o procurar por un alimento y una vida que no tienen término y que son dones del Hijo del hombre (v.27). Los judíos piensan de inmediato en las obras (v.28; Rm 9,31-32), pero Jesús replica que sólo una obra deben cumplir: creer en él (v.29; Rm 3,28), reconocer que tienen necesidad de él, como se tiene necesidad del alimento material. Al considerar la exigencia de Jesús muy grande es por lo que piden una demostración de los que afirma realizando una señal que al menos se compare con aquellas realizadas por Moisés (vv. 30-31), pues aquellas que acaba de realizar (6,2) no se consideran suficientes. Jesús responde afirmando que es más que Moisés, pues en él (Cristo) se realiza el don de Dios que no perece. Su pan se puede recoger (6,13), el maná se pudrió (Ex 16,20).

“Yo soy el pan de vida” es una fórmula de fuerza extraordinaria, parecida a aquellas otras que sólo a Jesús se podría atribuir: “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy el buen pastor”… el que viene a Jesús no tendrá hambre ni sed, no necesita de otras fuentes de gozo para saciar sus anhelos y aspiraciones. Jesús es fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego y de paz. Jesús es el lugar y fundamento de la donación de la vida que Dios hace al ser humano. En Jesucristo, Dios está por completo a favor del ser humano, de tal modo que en él se le abre su comunión vital, su salvación y su amor, y en tal grado que Dios quiere estar al lado del ser humano como quien se da y comunica sin reservas. En la comunión con el revelador –Cristo- se calma tanto el hambre como la sed de vida que agitan al ser humano. Leer más…

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París bien vale una misa (Dom 18 TO, Jn 6, 24-36): Eucaristía, carne de Dios

domingo, 4 de agosto de 2024
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IMG_6571Del blog de Xabier Pikaza:

« Sólo un humano puede saciar a otro humano, dándole así vida»

Esta frase (Paris vaut bien une messe) se atribuye a Enrique de Borbón y Navarra, que, tras duras guerra de religión, dejó el calvinismo y se convirtió al catolicismo, para ser coronado rey de Francia en Paris,el 25 de julio  del 1593, iniciando una dinastía de borbones, que siguen reinando en España

La frase “París bien vale una misa” parece apócrifa,   pero está en el fondo de un tipo de política social y religiosa, que ha llegado hasta los juegos olímpicos de París 2024, inaugurados, bajo la imagen ambigua de una Cena que suscitó la protesta de muchos católicos.

Imágenes. No me parece oportuna poner la de los juegos Paris 2024. Pongo una imagen confesional (Catacumbas, Roma antigua) y otra de crítica social (Buñuel, Viridiana, 1961)

Dios se hace carne, “cena” de Dios, Jn 6,24-35.

Quizá Enrique IV no pronunció esas palabras, ni los organizadores de los  juegos Paris 2024 quisieron herir a los cristianos, pero el tema de fondo  (carne de Dios) es muy importante para todos los cristianos.   Muchas cosas han cambiado desde entonces, no sólo en Francia, sino en todo el mundo  y a pesar del mayor ecumenismo y tolerancia del  momento actual hay signos como el de la imagen de la Cena de los juegos qu3  debieron haberse evitado, a  no ser que se quiera entrar al fondo del tema, como hace el evangelio del domingo.

“En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, cuándo has venido aquí?» Jesús contesto: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»

Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo.»» Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre”.

Yo soy el pan de vida

IMG_6572Jesús no dijo “Soy el que soy” en absoluto (Ex 3, 14, sino yo soy el pan (ho artos), es decir, el alimento (en hebreo: lejem), aquello que hace vivir, añadiendo  ho dsôn, es decir, el pan que está vivo (en hebreo, hayyim), como el mismo Dios que es HayHayyim, Viviente, la Vida.

Ciertamente, el pan empieza siendo alimento biológico y signo de riqueza material (y dede poder social), y por eso Jesús puso como primer mandato “dar de comer al hambriento” (Mt 25, 31-46), pero, cuando el Diablo quiso arreglar todos los problemas del mundo a través del pan de la economía material comprada y vendida, Jesús le respondió “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios” (Mt 4, 4), para que los hombres la compartan. Hay un pan externo que puede volverse principio de poder de unos sobre otros. Pero hay un par de vida compartida, en gratuidad, pan de afecto  y comunicación personal

                        Desde esta perspectiva podemos y debemos afirmar que la vida y alimento de un  ser humano  es otro ser humano, y que el único pan que le sacia es otro ser humano, en forma de vinculación  social y familiar. Hay Eucaristía (somos  Cena de Dios) allí donde nos damos y acogemos mutuamente, alimentando a los demás con nuestra vida.

 Este es el tema del discurso del «pan de vida» de Jesús en Cafarnaúm, que sigue a las multiplicaciones.  En un sentido,  el relato de Juan resulta más tradicional que el de los sinópticos pues ha destacado el carácter mesiánico y político del signo, de forma que sus beneficiarios que se han alimentado con los dones de Jesús quieren tomarle y coronarle rey, traduciendo su  «milagro» en forma de poder eclesial y alimenticio (cf. Jn 6, 14).

 Sólo un humano puede saciar a otro humano, dándole así vida

IMG_6573Ser hombre de verdad (mesías de Dios) implica convertir la vida en «carne» (pan de vida) para otros El hombre se alimenta de comida, leche y pan, fruta, cereales etc.,  pero sobre todo de alimento humana: Por el cuidado de padres y formadores hemos crecido, por su amor somos los que somos, de forma que no sólo nos alimentamos juntos (compartimos comida), sino que vivimos unos de la vida de otros.

Pan del cielo. Ellos dijeron a Jesús:¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?   Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios el que baja del cielo y da la vida al mundo (Jn 6, 30-34).

Somos pan de Dios unos para otros; pero a veces en vez de ser fuente de vida para otros somos causantes de su muerte. La humanidad sólo tiene sentido y futuro si nos hacemos eucaristía unos para otros, ofreciéndoles no sólo palabra, sino comunión de vida. De esa manera, en esa línea, para ser fuente de vida en amor para otros vino Jesús y actuó como mesías de Dios sobre la tierra.

Hambre de Dios. Entonces dijeron al  Señor: danos siempre de ese pan. –  Jesús les dijo: Yo soy el pan vivo (=de vida). El que venga a mí, no tendrá hambre,  el que crea en mí, no tendrá nunca sed (Jn 6, 35).

             Jesús es Pan viviente que sacia un hambre distinta de humanidad, hambre de comunión y perdón, hambre de resurrección. Hay millones de hombre y mujeres que viven con hambre de pan material, pero muchos más tienen hambre de humanidad, de acogida, respeto, dignidad (Mt 25, 31-46).

Más que cuerpo compartido la eucaristía de Jesús, es «carne». Algunos murmuraban de él, porque había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo, preguntando: ¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede  decir ahora: He bajado del cielo? – Jesús les respondió:  No murmuréis entre vosotros…. Yo soy el pan de vida. Vuestros   padres comieron el maná en el desierto y murieron….  Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré, es mi carne para vida del mundo (Jn 6, 41-51).

            El tema de fondo es la «carne» (vida más honda de amor, respeto mutuo, perdón, entendimiento). Ciertamente, hombres y mujeres comen pan externo y se alimentan mientras siguen en el mundo de alimentos materiales, de plantas y animales. Pero sólo les sacia una comida humana, el cuerpo y sangre (carne) de otros seres personales, como supo Jesús cuando decía, el día de la Cena: Comed: esto es mi Cuerpo.

            Nosotros somos el más hondo alimento del mundo, el más necesario. De  la madre y padre vive el niño, del amor vive el amigo, de la solidaridad de otros vivimos…  vida de los seres humanos se vuelve así amor, cuerpo mesiánico centrado y culminado en Cristo, cuerpo compartido de la humanidad entera (1 Cor 12-14).

Disputa sobre la carne de Jesús.– Discutían entre sí algunos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? – Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros… Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.  El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Como el Padre viviente me ha enviado, y yo vivo por el Padre, el que me coma vivirá por mí (Jn 6, 52-57). Si no dais vuestra vida en comida a los otros, si no os alimentáis de amor mutuo, palabra de afecto, de ayuda mutua, todos acabaréis destruyéndoos.

Esta es la revelación de la Eucaristía, de la “última cena” de la humanidad… Esta es la cena en que unos dan vida a los otros. Ciertamente, Cristo dice “esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”, pero en Cristo y con Cristo, como mesías total han de decirlo todos los creyentes, unos a los otros, pues cada uno está (existe) en sí mismo en la medica que se da y existe en los otros.

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Eucaristía e inmortalidad. Domingo 18. Ciclo B.

domingo, 4 de agosto de 2024
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fraccic3b3n-del-pan-3Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Cuántos miles de veces has comulgado desde que hiciste la Primera Comunión? ¿Se ha convertido ya en rutina, aunque seas consciente de su importancia? Hablando de otro tema: ¿qué piensas de la otra vida? ¿Eres de los que dicen: «El pobrecito se ha muerto», como si fuera una desgracia sin remedio? A menudo preferimos no hacernos estas preguntas. Es más cómodo esconder la cabeza, como el avestruz. Pero el autor del cuarto evangelio (san Juan o quien sea) disfruta amargándonos la vida.

El debate sobre el pan de vida

Este domingo y los tres siguientes se lee el «Debate sobre el pan de vida», que continúa el tema de la multiplicación de los panes y los peces. El inconveniente de dividir el debate y sus consecuencias en cuatro domingos es que se pierde su fuerte tensión dramática. Por ello, considero importante ofrecer una visión de conjunto, aunque haya que anticipar datos de los próximos domingos.

Los interlocutores del debate

Los interlocutores de Jesús, aunque resulte extraño, cambian: al principio son los galileos que se beneficiaron del milagro de la multiplicación de los panes; cuando el debate adquiere un tono polémico, son los judíos quienes «critican» a Jesús y «discuten entre ellos». Pero su reacción final, cuando termina de hablar Jesús, no se cuenta. El protagonismo pasa a muchos de sus discípulos [de Jesús], que «se escandalizan» y lo abandonan. Al final, solo quedan los doce.

Los tres puntos principales del debate

Los debates y discursos de Jesús en el evangelio de Juan, aunque largos y complicados, se pueden resumir en pocas ideas. En este podemos distinguir tres, estrechamente relacionadas.

  1. La «vida eterna» (vv.27.40.47.54), «la vida» (v.33.53), «vivir para siempre» (v.51.58). Es un tema obsesivo del cuarto evangelio, que comienza afirmando que «el Verbo era vida» y lo ejemplifica en la resurrección de Lázaro, donde Jesús se muestra como «la resurrección y la vida». Recuerda lo que decía Miguel de Unamuno: «Con razón, sin razón, o contra ella, lo que pasa es que no me da la gana de morirme».
  2. Esa vida eterna se consigue comiendo «el pan de la vida» (v.35.48.51), «el verdadero pan que da la vida al mundo» (v.33.51), «el pan que ha bajado del cielo» (v.41.50.58). Al que come de ese pan, Jesús «lo resucitará en el último día» (vv.39.40.44.54).
  3. Los dos temas anteriores están muy vinculados al de la fe en Jesús: «lo que Dios quiere es que creáis en el que ha enviado» (v.29); «el que cree en mí nunca tendrá sed» (v.35); «el que cree en mí tiene la vida eterna» (v.47). Por eso, los discípulos que abandonan a Jesús lo hacen porque «no creían» (v.64); en cambio, los Doce, como afirma Pedro, «hemos creído y sabemos que tú eres el santo de Dios» (v. 69).

Por consiguiente, al hablar del «pan de vida», la fuerza capital recae en «la vida», esa vida eterna a la que Jesús nos resucitará en el último día. Igual que la comida no es un fin en sí misma, sino un medio para subsistir, el pan eucarístico está directamente enfocado a la obtención de la inmortalidad. Quien comulga, como algunos corintios, sin creer en la otra vida, no es consciente de la estrecha relación entre eucaristía y vida eterna.

El desarrollo del debate y sus consecuencias

En el texto litúrgico (que suprime el pasaje 6,36-40) podemos distinguir tres grandes partes (domingos 18, 19, 20), centradas en el diálogo entre Jesús y los presentes en la sinagoga de Cafarnaúm. Todo termina con la reacción tan distinta de muchos discípulos y de los Doce (domingo 21).

La primera parte (domingo 18), que desarrollaré luego, termina con una revelación inimaginable por parte de Jesús: «Yo soy el pan de vida», «el que baja del cielo y da la vida al mundo».

La segunda (domingo 19) comienza con la reacción crítica de los judíos ante la pretensión de Jesús de haber bajado del cielo. Imposible: conocen a su padre y a su madre. Pero él termina con una afirmación más desconcertante aun: «el pan que yo daré es mi carne».

La tercera (domingo 20) empalma con la afirmación anterior: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Los judíos llevan razón. Parece imposible, absurdo. Jesús no lo explica ni matiza. Insiste en que comer su carne y beber su sangre es la única forma de conseguir la vida eterna.

Con lo anterior termina del debate, sin que se diga cómo reaccionan los judíos. Pero sí se indica la reacción de los discípulos (domingo 21), distinguiendo entre el escándalo de mucho de ellos y la respuesta positiva de los Doce.

Notas al debate

  1. Aunque las ideas puedan resultar claras, son difíciles de aceptar. La reacción normal de los oyentes es que les están tomando el pelo, que Jesús está loco, o que es un blasfemo. Una persona a la que conocen de pequeño, igual que a su familia, tiene que haberse vuelto loca para decir que ha bajado del cielo, que es superior a Moisés, que quien viene a él no tendrá nunca hambre ni sed, que es preciso comer su cuerpo y beber su sangre, como si ellos fuesen caníbales.
  2. Jesús recurre a la ironía («me buscáis porque os hartasteis de comer»), al escándalo (rebajando la importancia del maná) y a expresiones simbólicas desconcertantes (comer su carne y beber su sangre). Con ello pretende lo contrario que los políticos actuales: que solo lo siga un grupo selecto, aquellos que «le trae el Padre». Este enfoque desconcertante del cuarto evangelio se basa probablemente en la experiencia posterior a la muerte de Jesús, y pretende explicar por qué la mayoría de los judíos no lo aceptó como enviado de Dios.
  3. El debate no reproduce lo ocurrido al pie de la letra, es elaboración del autor del cuarto evangelio. Él sabe que sus lectores, su comunidad, entenderá rectamente los símbolos. Cuando Jesús dice que «mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida», que hay que comer su cuerpo y beber su sangre, saben que no se trata de comer un trozo de su brazo o beber un vaso de su sangre; se refiere a la eucaristía, al pan y la copa de vino que comparten.
  4. Desde un punto de vista pastoral, si el tema ya era complicado y escandaloso para muchos discípulos, los teólogos se han encargado de complicarlo aún más con el concepto de «transubstanciación». El que tenga dificultades sobre este punto podría acogerse a las palabras finales de Pedro: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios». Y que los teólogos sigan discutiendo.

1ª lectura (Ex 16, 2-4.12-15)

Ya que el evangelio hace referencia al don del maná, se lee la versión del libro del Éxodo, que lo une al de las codornices (pan y carne). Hay otra versión muy distinta del maná, nada milagrosa, en el libro de los Números 11,7-9. En este relato, el pueblo está harto de no comer más que maná. Y se añade: «El maná se parecía a semilla de coriandro con color de bedelio; el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite. Por la noche caía el rocío en el campamento y encima de él, el maná».

Sin embargo, la versión que terminó imponiéndose fue la milagrosa, de un alimento que envía Dios desde el cielo, no cae los sábados para respetar el descanso sabático, todos recogen lo mismo, sabe a galletas de miel, y es tan maravilloso que hay que conservar dos litros en el Arca de la Alianza. Estos detalles han sido suprimidos en la versión litúrgica, que, sin embargo, mantiene a las codornices; podría haberlas dejado volando y nadie las echaría de menos.

En aquellos días, la comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:

-¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad.

El Señor dijo a Moisés:

-Mira, haré llover pan del cielo para vosotros; que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba, a ver si guarda mi instrucción o no. He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios.

Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento, y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto una polvo fino, como escamas; parecido a la escarcha sobre la tierra. Al verlo, los hijos de Israel se dijeron: «¿Qué es esto?». Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: «Es el pan que el Señor os da de comer.»

El maná y el pan de vida (Jn 6, 24-35)

La introducción ha suprimido muchos datos. Después de la multiplicación de los panes y los peces, los discípulos se marchan en la barca mientras Jesús se retira al monte huyendo del deseo de la gente de hacerlo rey. Por la noche, cuando la barca está en peligro por un viento en contra, Jesús se aparece caminando sobre el agua, sube a la barca y al punto llegan a tierra. Lo anterior se ha suprimido. El relato comienza cuando la gente advierte la ausencia de Jesús y de los discípulos y va a Cafarnaúm en su busca.

Empieza entonces el largo debate. La sección de hoy consta de cuatro intervenciones de la gente (tres preguntas y una petición), seguidas de cuatro respuestas de Jesús.

Todo comienza con una pregunta muy sencilla: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús, en vez de responder a la pregunta, hace un suave reproche («me buscáis porque os hartasteis de comer») y les habla del alimento que dura hasta la vida eterna. Lo lógico sería que la gente preguntase cómo se consigue ese alimento; en cambio, pregunta cómo pueden hacer lo que Dios quiere. Y Jesús responde: lo que Dios quiere es que crean en aquel que ha enviado. Los galileos captan que Jesús habla de creer en él, y adoptan una postura más exigente: para creer en él deberá realizar un gran prodigio, como el del maná. Con la referencia al maná le ponen a Jesús el tema en bandeja. Enfrentándose a la tradición que presenta el maná como «pan del cielo» y «pan de ángeles», Jesús dice que el maná no se puede comparar con el verdadero pan del cielo, que no se limita a saciar el hambre, sino que da la vida al mundo. Los galileos reaccionan de forma parecida a la samaritana: «Señor, danos siempre de ese pan». La respuesta de Jesús no puede ser más desconcertante: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás ¿Cómo reaccionará la gente? La solución el domingo próximo.

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

-Maestro, ¿cuándo has venido aquí?

Jesús les contestó:

-En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna; el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios.

Ellos le preguntaron:

-Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?

Respondió Jesús:

-La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado.

Le replicaron:

-¿Y qué signo haces tú para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo».

Jesús les replicó:

-En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.

Entonces le dijeron:

-Señor, danos siempre de este pan.

Jesús les contestó:

-Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.

«El hombre comió pan de ángeles» (Sal 77)

El salmo alaba al Señor por su poder al alimentar al pueblo con el maná e introducirlo en «las santas fronteras» de la tierra prometida. Pensando en las palabras de Jesús, debemos alabarlo, no por aquel milagro pasado, sino por darnos cada día el verdadero pan del cielo.

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Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. 04 de agosto de 2024

domingo, 4 de agosto de 2024
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d-xviii

“…lo encontraron al otro lado…”

(Jn 6, 24-35)

Lo primero que llama la atención es cómo la gente busca a Jesús y a sus discípulos. Pero está búsqueda ¿a qué se debe? Jesús se lo dice, me buscáis porque os he dado de comer. Continúa el texto: “lo encontraron al otro lado”, y esto es llamativo porque nosotras buscamos a Jesús en nuestro lado donde sabemos movernos y sentimos seguridad, donde el territorio es conocido y el mapa está trazado.

Sin embargo Jesús pasa al otro lado, y es a lo que nos enseña. Jesús cruza desde la zona de confort al espacio de la novedad, de la sorpresa, de lo diferente. Nos hace buscarle en otro contexto, fuera de los márgenes, en un estado distinto. Para comprenderlo en lo que es, en la profundidad de su mensaje y de su vida.

Y la siguiente pregunta: “Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?”. Y Jesús se adelante y les dice: No me busquéis porque puedo saciar vuestro hambre físico, sino porque puedo saciar vuestro hambre espiritual.

Yo soy el pan vivo, un pan que llena cada vez que se consume. Un pan triturado en el dolor y hecho entrega para dar vida.

Ser su cuerpo y rompernos en una entrega diaria. Sabiéndonos llenas de ese alimento que plenifica porque lleva a un encuentro en la totalidad que somos.

Es una mínima cantidad de alimento para un máximo de Presencia, porque lleva la totalidad de la entrega.

En la entrega no hay medida, hay esencia. No puedo darme por partes. No puedo calcular lo que me doy, porque eso no es entrega, eso es cálculo.

La entrega no mide, es donación total, y eso hace Jesús en cada partícula del pan, entregarse totalmente. Dona la totalidad que es, para que al recibirlo formemos el cuerpo de la común unión de ser todos en Él.

Al recibir el pan de vida recibimos, en un encuentro sin fronteras, la posibilidad de ser uno con Él. Siendo cuerpo, siendo entrega, siendo vida.

Oración

Ayúdanos a experimentar cada día ese encuentro en la partícula de lo pequeño para vivirte a lo grande.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El único alimento para la vida es Jesús.

domingo, 4 de agosto de 2024
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pictures-of-jesus-last-supper-949848-wallpaperDOMINGO 18 (B)

Jn 6,24-35

Seguimos en el c. 6 del evangelio de Juan. Hoy afrontamos ya directamente la discusión con los judíos. En todo caso, este capítulo plantea una discusión larga y dura, en la que Jesús va concretando y profundizando las exigencias del seguimiento. Se va acentuando la distancia a medida que Jesús va concretando el significado de su discurso. El proceso será: Entusiasmo, duda, desencanto, desilusión, oposición, rechazo, abandono. De lo que Jesús predicó hemos pasado a predicarle a él, olvidándonos de sus exigencias.

El diálogo es un montaje (seguramente tomado de una catequesis de iniciación que duraba varios años) que permite a Juan dejar muy clara la diferencia entre el verdadero seguimiento y la búsqueda de beneficios materiales. El relato pone en boca de Jesús lo que aquella comunidad consideraba las claves del seguimiento. No contesta a la pregunta, ¿cómo y cuándo has llegado aquí?, sino a las verdaderas intenciones de la gente, llevando el diálogo a su terreno. Lo que tiene importancia es el compromiso de entrega, al que quiere llevarlos.

Me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. La “señal” era una invitación a compartir, pero ellos vieron solo en ella la satisfacción de sus necesidades. Esa búsqueda de Jesús no es correcta, solo pretenden seguridades para su falso yo. Jesús va directamente a lo esencial y desenmascara su intención de buscar el bien material. No le buscan a él sino el pan que les ha dado. No le buscan por conseguir un futuro más humano. Esas palabras, critican el seguimiento de todos los tiempos. Todas las religiones manipulan a Dios para ponerlo a nuestro servicio.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que dura dando Vida definitiva. Esta propuesta de trabajar por la Vida es el resumen de todo su mensaje. Vale lo mismo para aquel tiempo que para hoy. Trata de advertir de la facilidad que tiene el hombre de malograr su vida enredándose en lo puramente material o dejándose llevar por lo material, por lo que satisface los sentidos, los apetitos, las pasiones, el placer sensible. La búsqueda del verdadero pan exige esfuerzo y renuncia. Es un camino de lucha, de superación, de purificación, de regeneración, de muerte y nuevo nacimiento (bautismo).

El alimento que perdura lo da Dios gratuitamente. Jesús descubrió ese don y desplegó su verdadera Vida. Sin alimento no puede haber vida. Por eso hay que escucharle cuando habla de otro tipo de comida que es la que nos salva. También hay que trabajar por el alimento que perece, pero no debe ser el objetivo único de nuestra vida. Los judíos muestran un cierto interés por ese nuevo alimento, pero es puramente superficial, porque lo interpretan como otro modo de conseguir seguridades. Acostumbrados a moverse a golpe de preceptos, preguntan a Jesús por las normas, incapaces de imaginar a Dios que da todo gratis.

Éste es el trabajo que Dios quiere, que prestéis adhesión al que él ha enviado. Conocer lo que Dios espera de nosotros, parecería el verdadero camino, pero ese interés es solo aparente. En realidad, no nos interesa demasiado lo que Dios quiere. Lo que de verdad nos interesa es lo que nosotros queremos. Para garantizar seguridades, hemos fabricado un Dios a medida. De todas formas, Jesús les dice lo que Dios espera de ellos: que le presten su adhesión. La discusión entre fe y obras queda superada drásticamente: confiar en Jesús.

Pero inmediatamente viene la institución y nos dice: lo que Dios quiere es esto y aquello; que no es más que lo que les interesa a los dirigentes de turno. Jesús no vino a dar nuevas normas morales sino a enseñarnos el camino de la verdadera Vida. Lo que tengo que “hacer”, lo tengo que descubrir yo, no me tiene que llegar de fuera como programación, no tengo que ser un robot al que le han introducido un programa. Lo que Dios quiere es que lleguemos a nuestra plenitud, y el “mapa de ruta” está en nuestro interior, no fuera.

A Dios le importa más lo que somos que lo que hacemos. Mostramos nuestra ceguera cuando estamos preocupados por lo que Dios quiere que hagamos o dejemos de hacer. Solo una cosa es fundamen­tal: confiar. Esto es lo que pide Jesús a sus oyentes. Creer no es aceptar una serie de verdades teóricas y quedar tan tranquilos. Tergiversamos esa confianza cuando la convertimos en esperanza de que Dios cumpla nuestros deseos. Confiar es aceptar la voluntad de Dios, no venida de fuera, sino como inserta en la raíz de nuestro ser.

¿Qué señal realizas tú para que viéndola te creamos? La exigencia de una señal es la demostración de que no creen. Estarían dispuestos a aceptar un Mesías, semejante a Moisés, que demostrara su valía a base de prodigios. El maná estaba considerado como el mayor de los milagros. Exigen de Jesús que legitime sus pretensiones con otro prodigio igual o mayor. Pero la Vida que Jesús promete no viene de fuera y espectacularmente; está ya en cada uno y se manifiesta en lo cotidiano como amor desinteresado, como preocupación por el otro.

No os dio Moisés el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Aquello no era más que un símbolo. La realidad está en Jesús, verdadero pan del cielo, que alimenta la verdadera Vida. Recordemos que los rabinos consideraban la Torah como el pan que Dios les había otorgado. Ahora es Jesús la única Ley que salva. Danos siempre pan de ese. Reacción aparentemente sincera, pero equivocada. Le llaman Señor; creen en sus palabras; esperan que satisfaga sus anhelos; pero no le dan su adhesión sincera.

Yo soy el pan de Vida. En todos los discursos que encontramos en este evangelio, se hace referencia a la Vida. Se trata de una realidad que no podemos explicar con palabras, ni meter en conceptos humanos. Solo a través de símbolos y metáforas podemos indicar el camino de una vivencia, que es lo único que nos llevará a descubrir de qué se está hablando. “Yo soy en Juan es la suprema manifestación de la conciencia de lo que era Jesús. Cada uno de nosotros debemos descubrir lo que verdaderamente somos, como lo descubrió Jesús.

El que viene a mí no pasará hambre, el que cree en mí no pasará nunca sed. ¿Qué significa, “ir a él, creer en él?” Aquí radica todo el meollo del discurso. No se trata de recibir nada de Jesús, sino de descubrir que todo lo que él tenía lo tengo yo. Lo que Jesús quiere proponer es que los seres humanos descubrieran que se podía vivir desde una perspectiva diferente, que alcanzar la plenitud humana significaba el descubrir lo que Dios es en cada uno y una vez descubierto ese don total (Vida), respondiéramos como respondió Jesús.

Lo que propone Jesús está en contra de toda lógica. Nos está diciendo que el pan que da Vida no es el pan que se come, sino dejarte comer como pan. Si te conviertes en pan como él, entonces, ese darte, se convertirá en Vida. Jesús no invita a buscar la propia perfección, sino a desarrollar la capacidad de darse a sí mismo. Solo dándote, superarás el egoísmo y alcanzará plenitud. Yo soyes la clave de la comprensión de Jesús en el evangelio de Juan. Lo que pongamos después del ‘yo soy’ no tiene importancia. Aquí añade pan, VIDA.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¿Qué obras realizas?

domingo, 4 de agosto de 2024
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Jn 6, 24-35

«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti?…

Muchos de los que escucharon a Jesús no creyeron en él y no le siguieron. Los doctores lo tenían por impostor. Los fariseos por un impío que no guardaba el sábado, ni ayunaba ni se recataba de comer con pecadores. Los sacerdotes se sintieron tan amenazados por el entusiasmo que causaba en la gente su doctrina, que cuando subió a Jerusalén lo quitaron de enmedio en menos de una semana. Sus familiares lo tenían por loco. Los que le siguieron porque vieron en él la mejor versión del mesías que esperaban, le abandonaron cuando quisieron hacerle rey y él los dejó plantados.

Pero hubo mucha gente que le siguió hasta el final; que abandonó sus tradiciones milenarias más sagradas (como la circuncisión o el sábado) y se dejó embriagar por su vino nuevo y poderoso. Y nos podemos preguntar: ¿Qué señales vieron en él para que rompiesen con el pasado y le siguiesen entusiasmados?…

La respuesta es que Jesús les fascinaba porque daba esperanza a los marginados a quienes todos consideraban aborrecidos de Dios, porque les hablaba de Dios como jamás nadie les había hablado y le entendían, porque estaba al servicio de todos y nunca se cansaba de curar y de enseñar, porque les prestaba toda su atención, porque era consecuente con lo que decía… y por tantas cosas más.

Ésas eran sus señales.

La señal de las primeras comunidades nos la desvela Lucas en “Hechos” cuando dice que en ellas no había pobres. Estaban tan comprometidas con el evangelio, tan empapadas de evangelio, que no podían permitir que alguno de sus hermanos pasase necesidad. Y aunque las autoridades los perseguían, la gente los respetaba y los admiraba… y sus comunidades no dejaban de crecer.

Nosotros vivimos en un mundo desesperanzado, sumido (aunque intente ignorarlo) en una profunda crisis de sentido; un mundo necesitado de alguien que le devuelva la esperanza y le ofrezca unos valores a la altura de nuestra condición humana. Y en este contexto nos podemos preguntar, ¿qué testimonio estamos dando “nosotros la Iglesia”? ¿cuál es nuestra señal?… La mejor señal sería que el mundo viese que allí donde hay cristianos hay más justicia y menos necesidad, y, por eso, ésa es la misión que hemos aceptado aquellos que tenemos la osadía de llamarnos cristianos.

Decía Ruiz de Galarreta que el lema del cristiano podría ser «máximo compromiso, máxima confianza». Máximo compromiso con la misión; no hay límite en lo que se espera de nosotros, y máxima confianza, porque quien puede juzgar nuestros fallos es nuestra madre.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Orientados hacia la providencia.

domingo, 4 de agosto de 2024
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IMG_6515El texto joánico de Juan 6,24-35 resume el centro de todas las acciones cristianas en la fe en Jesús: “Trabajen no por el alimento perecedero sino por el que permanece para la vida eterna” (v. 27). El trabajo humano suele estar orientado a cubrir las necesidades, en particular la alimentación. El texto juega entonces entre la necesidad y el trabajo y el esfuerzo que se orientan a dar permanencia de vida eterna. Se reubican las orientaciones: el trabajo no mira solo a la subsistencia sino a la eternidad y el esfuerzo no es únicamente activo sino receptivo por la fe y que aspira a “conseguir el alimento que les dará el hijo del hombre”.

Esta comprensión funciona como una diana de sentido, mientras se va gestando el reino que quedó escenificado en los versículos anteriores del comienzo del capítulo sexto, donde el mismo Jesús provee de pan y pescado en abundancia. El relato se ahonda aún más en clave de providencia al presentar el maná como el alimento que Dios proveyó en el camino por el desierto. Dios no solo liberó, sino que cuidó y alimentó a su pueblo. Jesús, como la presencia de Dios actual y actuante, también provee de comida y de una comida especial que es referido como un pan de eternidad: “el pan de Dios es el que da vida al mundo” (33). El texto acaba con la rotundidad de la providencia: “El que a mí viene nunca pasará hambre y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed” (35). Curiosa, cuanto menos curiosa, es esta relación entre la fe y el cuidado recíproco, entre la donación y la percepción de plenitud.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta
Dibujo realizado por: Fr. Félix Hernández Mariano ( descargar la imagen )

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El alimento de la vida.

domingo, 4 de agosto de 2024
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IMG_6454Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

4 agosto 2024

Jn 6, 24-35

El ser humano, de manera consciente o no, anhela aquello que alimenta la vida. En realidad, en todo lo que emprende, va buscando vivir y vivir en plenitud. En el proceso, debido a mil factores, puede ocurrir de todo: adormecer el anhelo, evadirlo, compensarlo o confundirse y adentrarse en una dirección equivocada. Pero el anhelo seguirá siempre ahí, buscando el alimento que colma toda hambre y el agua que sacia toda sed.

El evangelio de Juan -el más alejado del Jesús histórico, así como el más cargado de simbolismo, y nacido en un entorno gnóstico- tiene como objetivo presentar a Jesús como la respuesta total al anhelo humano. Conocer a Jesús y entregarse a él -eso es creer, en este evangelio- es el camino de la salvación, es decir, de la plenitud anhelada.

El gnosticismo, más allá de etiquetas interesadamente descalificadoras, más allá también de corrientes y elucubraciones carentes de base, y tal como su nombre indica, sitúa el conocimiento (gnosis) como la piedra angular de la liberación radical del ser humano. Pero no se trata de un conocimiento mental al alcance únicamente de unos cuantos iniciados, sino de aquel conocer que se designa como sabiduría o comprensión vivencial y experiencial. Se trata de un “conocimiento sentido”, que se experimenta como un “ver”, para el que todo ser humano sin excepción está capacitado.

La comprensión nos permite alcanzar un conocimiento directo e inmediato; todo lo demás no pasará de ser un perezoso conocimiento de segunda mano. Lo que ocurre en el evangelio de Juan es que reduce la comprensión a una creencia, es decir la personaliza con exclusividad en la figura de Jesús. Sin embargo, más allá de esa identificación creyente, lo único capaz de responder al anhelo humano es la comprensión de lo que somos. Todo lo que no sea esto, se reducirá a un conocimiento de segunda mano y, por ello mismo, más o menos alienante.

El “pan de vida”, de que habla el evangelio, no se halla fuera de nosotros; es lo que somos en profundidad. Los discípulos de Juan lo percibieron en Jesús, pero parecieron olvidar algo básico: lo que es Jesús, lo somos todos.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El consumismo es volver a la «olla» de Egipto

domingo, 4 de agosto de 2024
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w800px_24774-192654-recetas-del-mundo-egipto-ful-medamesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Continuamos escuchando el cp 6 del Evangelio de San Juan: la multiplicación de los panes, JesuCristo como pan de vida, Eucaristía.

01. Éxodo

        La primera lectura del libro del Éxodo evoca el duro camino de las tribus hebreas por el desierto hacia la libertad.

      El pueblo está cansado y tiene nostalgia de la esclavitud de Egipto. Al menos allí teníamos una olla de carne para comer, pero tú, Moisés, nos has sacado al desierto a sufrir. ¡Ojalá hubiéramos muerto allí!

        Es lo que, de cuando en cuando, escuchamos y vivimos en nuestras conversaciones políticas: “en tiempos de la dictadura vivíamos mejor…”

        Es el miedo a la libertad, que decía y escribía Eric Fromm.  Preferimos un buen sueldo, una “buena olla” a ser libres y trabajar por la libertad.

        ¿No ha desaparecido la libertad de la escena social y eclesial? ¿La libertad no ha quedado reducida a una papeleta en una urna cada tres o cuatro años?

       Hoy en día parece que lo tenemos más fácil, pues tenemos más medios, más cosas, (aunque hay muchas familias que lo pasan mal) pero como vida personal ¿no habremos bajado muchos escalones? Vivir de determinadas maneras, comer cualquier pan es como pretender apaciguar la sed bebiendo agua del mar…

        Preferimos la esclavitud del consumismo, del materialismo a la búsqueda y el camino hacia la libertad.

        La libertad nos da miedo. El dinero, el consumismo, la comodidad son enemigos de la libertad.

        Si por ser libres nos va a disminuir el sueldo, se acabó todo idealismo. A mí que me den un buen sueldo, “la olla de Egipto”, y déjame en paz de idealismos y libertades, etc.

         Incluso en la religión sentimos miedo de la libertad: me buscáis porque habéis comido hasta hartaros.

         Antiguamente, más o menos por los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX, se decía que había curas de “Misa y olla”… ¿Y hoy?

02.- Trabajad por el pan que no perece

         Es cierto que tenemos necesidad de pan material.

         Leíamos en el Éxodo que Dios les da maná y codornices… El pan material es necesario, pero no solamente de pan vive el hombre y quien vive solamente de pan, muere.

         Y esto es así porque el hambre del ser humano no se sacia solamente con gastronomía o con el Basque culinary center.

        Evocando personajes de la literatura española quizás podríamos decir que no estamos en el momento del idealismo un tanto iluso de D Quijote, pero al fín y al cabo idealismo, sino que estamos en la “olla” de Sancho Panza.

         Pero el ser humano es algo más que materialidad y corporeidad, es algo más que biología.

       Una cuestión a pensar con más detenimiento no es tanto que el momento cultural actual deseche o elimine el mundo cristiano o religioso, sino que dice que el ser humano es pura biología y el ser humano no tiene dimensión espiritual ni alma y, por tanto,  no tiene sed sentido, de futuro, de vida definitiva.

        Tenemos hambre de otras realidades como el amor, el sentido de la vida, la serenidad, la felicidad, la verdad, la libertad…

        Y para saciar tal hambre y sed no basta con el pan material, con el dinero

JESUS-PAN-DE-VIDA

03.- Yo soy el pan de vida.

       Durante varios domingos seguidos venimos escuchando el capítulo sexto de San Juan: el pan de vida.

       Dios está cerca de nosotros y nos ofrece el pan de vida: Jesús.

      Quien se acerca a JesuCristo no vuelve a tener hambre: Yo soy el pan de vida), ni sed: Yo soy el agua que salta hasta la vida eterna.

      Comer solamente del alimento que perece es volver a la “olla” de Egipto

       Necesitamos pan, sí, pero no solamente pan, mucho menos consumismo

       Jesús se nos ofrece como pan de vida. No se trata de la mera materialidad del rito, sino que alimentarse de criterios de Cristo, de vivir, comer, educar  conforme al Señor. Eso nos da vida.

        Jesús como pan de vida no es el elixir de la eterna juventud, una magia que da vida.

        Quien venga a mí, no tendrá hambre.

        Cristo es el pan de vida. Pero no se trata, al menos no exclusivamente, de tomar un poco de pan en la Eucaristía. El pan de vida de Cristo son las bienaventuranzas, la solidaridad, el amor, el respeto, la justicia.

        Cuando comemos de ese pan (de esos criterios) tenemos vida en el amplio sentido de la palabra: respetamos a todos los hombres y pueblos, no matamos, cuidamos de los ancianos, enfermos, ayudamos a crecer a los niños, repartimos en pan, el trabajo, la cultura.

        Sigamos celebrando la Eucaristía desde el “Pan de vida”

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre»

 

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«Creer en Jesús ‘pan de vida’ es reconocer en sus palabras y obras la presencia de Dios entre nosotros», por Consuelo Vélez

domingo, 4 de agosto de 2024
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Creer-Jesus-reconocer-presencia-Dios_2691940783_17220590_660x371De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del domingo XVIII del Tiempo Ordinario 04-08-2024

Jesús es el pan de vida y solo quien cree en el signo, que es Jesús mismo, está entendiendo el querer de Dios y el obrar de Dios

Es muy importante darles carne, historia, realidad a las palabras del evangelio del Juan, porque al ser más teológico que los otros evangelistas, nos pueden llevar a quedarnos en ideas y no bajarlas a la realidad

Creer en Jesús es creer en el Hijo del hombre, hecho ser humano y porque reconocemos en Él, al Hijo de Dios entre nosotros, le seguimos allí donde Él vive, haciendo lo que Él hizo

Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron:

-“Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?”

Jesús les respondió:

+ “En verdad, en verdad les digo: ustedes me buscan no porque han visto señales, sino porque han comido de los panes y se han saciado. Obren, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre porque a éste es a quien el Padre, Dios; ha marcado con su sello.

Ellos le dijeron:

-“¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?”

Jesús les respondió:

+ “La obra de Dios es que crean en quien él ha enviado”.

Ellos entonces le dijeron:

– “¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer”.

Jesús les respondió:

+ “En verdad, en verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo; es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”.

Entonces le dijeron:

– “Señor, danos siempre de ese pan”.

Les dijo Jesús:

+ “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre y el que crea en mí, no tendrá nunca sed”. (Jn 6, 24-35)

Este mes vamos a continuar con el evangelio de Juan, concretamente el capítulo 6, donde Jesús se revela como pan de vida. Por eso, tal vez todos estos domingos, insistiremos en algunos aspectos, porque cada domingo expone una parte de este capítulo. En este domingo, después de la multiplicación de los panes que lo comentamos el domingo pasado, Jesús se ha ido a la otra orilla para huir de las multitudes que lo quieren hacer rey. Pero hasta allí llegan preguntándole cuándo ha llegado allí. Jesús no contesta lo que le preguntan, sino que directamente les explica lo que ellos, parece, aún no han entendido. Jesús les dice que no lo buscan por el signo realizado en la multiplicación de los panes sino por el pan material que los ha saciado. Comienza, entonces, a profundizar en el significado de “signo que tuvo la multiplicación de los panes y que la gente no acaba de entender. Ese pan trasciende su significado material -no porque se desprecie lo material, a los hambrientos hay que saciarlos y, justamente, a quién diera de comer a un hambriento, como dice el evangelio de Mateo (25, 35) Dios lo pondrá a su lado, en el último día. Hago esta aclaración de lo material porque vivimos bastante dicotomía entre nuestra vida real de cada día y lo que llamamos la vida espiritual. Esta vida en el espíritu se vive en el aquí y ahora de nuestra existencia cotidiana, en el mundo que construimos, en la justicia social que apoyamos.

Volviendo al significado del «signo del pan”, Jesús continúa diciendo que ese pan que Moisés dio a sus antepasados en el desierto, en realidad fue Dios quien se los dio y ahora, ese mismo Dios, se los está dando, en su misma persona. Jesús es el pan de vida y solo quien cree en el signo, que es Jesús mismo, está entendiendo el querer de Dios y el obrar de Dios. Precisamente a Jesús le preguntan ¿qué obras haces para que creamos? Y su respuesta se refiere a lo que él es: todo su obrar es el pan que da vida, sus palabras y obras -que ya las hemos venido señalando en los anteriores evangelios- curar enfermos, hablar con mujeres, expulsar demonios, etc., son las obras de Dios porque traen la vida al mundo, la vida a las personas concretas a las que su acción llega.

El texto revela esa indecisión que también refleja nuestra vida cristiana. Parece que creemos y reconocemos en la persona de Jesús -en sus palabras y obras, insisto, para no pensar en un Jesús desencarnado, sacado de nuestra realidad, que Él es el enviado de Dios y por eso le piden que les de ese pan. Pero Jesús sabe que esas palabras o buenas intenciones que muchas veces manifestamos, con facilidad las dejamos de lado y seguimos anclados en el pan material, es decir, en vivir en la lógica del anti reino y no en la lógica de los valores del reino. Por eso les repite que Él es el pan de vida y quien crea en Él no tendrá hambre y no tendrá sed.

Es muy importante darles carne, historia, realidad a las palabras del evangelio del Juan, porque al ser más teológico que los otros evangelistas, nos pueden llevar a quedarnos en ideas y no bajarlas a la realidad. Creer en Jesús es creer que con su vida nos revelo quién es Dios, cómo es Dios y cuál es su deseo sobre la humanidad. Y si lo creemos, la consecuencia lógica es hacer lo que Él hizo, amar como Él amó, ponerse del lado de los últimos cómo Él lo hizo, trabajar por hacer presente el reino a través de la justicia y el asegurar la vida digna para todos. Creer no es creer en ideas o en realidades sobrenaturales. Creer en Jesús es creer en el Hijo del hombre, hecho ser humano y porque reconocemos en Él, al Hijo de Dios entre nosotros, le seguimos allí donde Él vive, haciendo lo que Él hizo.

(Foto tomada de: https://pnuestrasenoradetorcoroma.arquibogota.org.co/centro-de-informacion/articulos/yo-soy-el-pan-de-vida)

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La generosa lonchera (tartera) del niño con cinco pequeños panes y dos peces secos

lunes, 29 de julio de 2024
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fNCYa8pD_400x400La publicación de hoy es del colaborador invitado Benjamin Oh, fundador y copresidente de Rainbow Catholics InterAgency for Ministry, un organismo que reúne a grupos católicos que apoyan a la comunidad LGBTIQA+ en Australia. También es copresidente de Equal Voices, la organización ecuménica nacional australiana LGBTIQA+.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el decimoséptimo domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Hace casi dos décadas, mientras hablábamos y soñábamos con formar nuestra propia familia, mi pareja y yo nos preguntábamos qué clase de mundo compartiríamos con nuestros hijos. Las personas LGBTIQA+ de nuestra cohorte crecimos escuchando que no éramos “suficientes” porque nuestras diferencias (ya fuera nuestra orientación sexual, nuestra identidad de género o incluso el color de nuestra piel) nos convertían en personas de segunda clase. Nos hacían sentir que no había suficiente para todos.

Las lecturas de las Sagradas Escrituras de este domingo nos señalan los milagros que son posibles cuando tenemos una fe que expande nuestra imaginación para no poner límites a la providencia divina y crear un mundo generoso y hospitalario. La bondad de Dios se manifiesta a través de quienes se atreven a amar más allá de sus miedos y ser generosos más allá de sus inseguridades. Somos capaces de hacer que ocurran milagros con Dios y con nuestro prójimo.

En lugar de aceptar una distopía de escasez de bondad, las personas queer han respondido con una imaginación queer sagrada similar a la historia del Evangelio de hoy, que a menudo llamamos “los cinco panes y los dos peces”, o un título que prefiero mucho más: “el niño generoso con una lonchera de cinco panecillos y dos peces secos”.

Cuando apenas había ejemplos generosos, historias positivas o buenas noticias sobre las realidades LGBTIQA+ para las masas, las personas LGBTIQA+ vulnerables ofrecieron sus propias historias (sus realidades vulnerables vividas y su florecimiento humano básico) para calmar los corazones ansiosos y alimentar las mentes de esas personas hambrientas, limitadas, sin educación y con miedo a lo queer.

Esta historia del Evangelio coloca a un niño vulnerable como el líder silencioso. Nos pide que prestemos atención a lo que Dios hace con los ignorados y los insignificantes. La historia del milagro se centra en la vulnerabilidad y la generosidad de un niño para proponer una forma alternativa de relacionarse con Dios y la comunidad.

Jesús pide entonces a los miles que se relajen literalmente en los pastos verdes, no como extraños, sino como un grupo de ovejas, ovejas que crecieron juntas en el mismo rebaño, descansando seguras y siendo alimentadas por la providencia de Dios el pastor, como se describe en el Salmo 23. Apoyándonos en el amor ilimitado de Dios y la generosidad del prójimo, podemos expandir la pequeñez que somos y multiplicar lo poco que tenemos para el bienestar de los demás.

RuPaul Charles, quizás la drag queen más famosa del mundo, dijo que “somos una extensión del poder que creó este universo. Si entendemos eso, entonces todo es posible”. En otras palabras, no creamos en los especuladores del odio, la escasez y el alarmismo que nos venden, sobre todo cuando se usa como excusa para “diferenciar” a nuestros vecinos. Cuando estamos abiertos a la sorprendente bondad de las personas y a la imaginación de Dios, pueden suceder cosas asombrosas.

IMG_6442Sabemos por los cuatro relatos del Evangelio que sobraron muchas cosas, pero que nada de eso se desperdició (Juan 6:13, Marcos 6:43, Mateo 14:20, Lucas 9:17). Este detalle contrasta con los banquetes derrochadores y las grandes reuniones de las sociedades opulentas y superficiales, donde las sobras a menudo se tiran a la basura sin rendir cuentas ni preocuparse por las personas y por la Tierra. Este relato extraño del Evangelio tiene quizás más relevancia que nunca para desafiar nuestras realidades sociales, económicas, políticas, ecológicas y espirituales actuales. Debemos vivir no solo de manera generosa, vulnerable y relacional, sino de manera consciente, sencilla y humilde, sin desperdiciar nunca las bendiciones que tenemos.

Jesús da lo que algunas personas podrían llamar un final anticlimático, pero tal vez sea la parte más radical de toda la historia. A diferencia de las personalidades egocéntricas que podemos ver en los medios de comunicación, que reivindican un papel heroico o mesiánico, dando la bienvenida a las fanfarrias y al triunfalismo de los fanáticos y aduladores, Jesús, consciente de que la gente buscaba un profeta, un solucionador de problemas, modela un tipo diferente de reino queer, retirándose a la presencia contemplativa de Dios, el soberano infinito.

La segunda lectura litúrgica de hoy se hace eco de la acción de Jesús al recordar a los seguidores que vivan “con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros por el amor, esforzándose por preservar la unidad del espíritu mediante el vínculo de la paz” (Efesios 4:1-6).

Reflexionar sobre esta historia del niño con una lonchera con cinco panecillos y dos pescados secos nos da quizás algunas ideas de qué tipo de mundo podríamos construir con todos los seres humanos y compartir con todos nuestros hijos. Podemos imaginar un mundo diferente, en el que podamos construir un reino terrenal en el que podamos arriesgarnos unos a otros sin caer en la tentación insegura del miedo, de los falsos profetas que buscan el enriquecimiento personal y de los reyes dictatoriales y extravagantes. Nuestra humanidad compartida, que se preocupa por los demás y cuida la Tierra de manera sostenible, proporcionará más que suficiente para que todos vivamos con generosidad y bondad. Si tenemos fe para conectarnos con nuestra humanidad más profunda y vivir vulnerables en relaciones para el amor y el beneficio mutuo, podríamos comenzar a reparar las fracturas de nuestro amado mundo y florecer juntos en abundancia.

—Benjamin Oh, 28 de julio de 2024

Fuente New Ways Ministry

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29.7.24. Tenía Marta una hermana, llamada María. Dos mujeres, toda la iglesia

lunes, 29 de julio de 2024
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IMG_6445Del blog de Xabier Pikaza:

El  estudio de las mujeres al comienzo de la iglesia apenas ha empezado.  Hoy 29.7.24,  octava de Magdalena (22.7.24) y fiesta de Marta, es buen para recordar unidas a las dos hermanas, María, que «podría» ser la misma Magdalena  y otras que es Marta, que tenía una hermana llamada María.

Marta y María (en este orden) son “hermana” de sangre (humanidad) y aparecen, en el evangelio de Lucas y en el de Juan como síntesis de toda la iglesia en camino (Lucas 10) y en  esperanza de resurrección  (Juan 11).La iconografía medieval presenta a lo tres hermanos como primeros apóstoles, «obispos» de la iglesia de occidente.

“Historia de fondo”. Una tradición compartida por Lucas y Juan

Quien lea con atención los dos últimos evangelios (Lucas y Juan) advierte pronto que son muy-muy diferentes y que, sin embargo, recogen tradiciones semejantes, no sólo en el relato de la pasión que es donde más se notan, sino en “historias” muy parecidas, entre las que destaca la de Marta y María, que no sólo acogen en su casa/iglesia, en gesto de servicio y escucha al Jesús amigo-amigo con sus seguidores (Lucas 10), sino que lloran juntas, cada una a su manera, por su hermano/amigo enfermo Lázaro (que es evidentemente Jesús) apareciendo así como primeros testigos/animadores de la Iglesia cristiana, hasta el día de hoy, fiesta de Santa Marta, a quien en general hemos preferido olvidar, para construir así una iglesia a nuestra imagen y semejanza.

IMG_6446Empecé a descubrir y “dibujar” la bellísima trama de las relaciones de Marta y María entre sí y con Jesús, colaborando en un libro “en clave de mujer” sobre el evangelio de Lucas…, dirigido por Isabel Gómez-Acebo, y en compañía de unas colegas y amigas que representan el mejor pensamiento teológico hispano del siglo XX-XXI.

Comencé a escribir entonces una “historia teológica” sobre la identidad y relaciones de estas dos primeras hermanas de la iglesia. No he logrado terminarla todavía. Pero si los años me dan una tregua, con Mabel que es Marta y María, quiero terminarla. Aquí van algunas ideas de lo que podría ser la historia y actualidad de Marta y María, hoy día grande de Santa Marta

 Dos mujeres, toda la iglesia. … Dos “hermanas”, amigas de Jesús, ninguna casada ni monja al estilo posterior. No las veo ni como solteras de celibato, ni como casadas de matrimonio, en el sentido posterior del términos, sino como mujeres, hermanas de “comunidad/iglesia: dos amigas de Jesús ninguna casada. He tratado de ellas varias veces, tanto en RD como en FB, tanto por separado como unidas, pero la obra que empecé entonces (año 1999) no la he terminado todavía, a pesar de haber escrito algunas obras que quizá sobran.

Conforme a una tendencia comprensible de la espiritualidad intimista y monacal, el pasaje   que trata de Marta y María (Lc 10, 38-42) se ha entendido por siglos como expresión privilegiado de un Jesús maestro que ofrece su palabra interior a dos mujeres contemplativas, para ayudarles en el crecimiento espiritual. Éste es uno uno de los grandes arquetipos de la historia cristiana, representada por dos mujeres hermanas, que crean una casa para acoger en ella a a Jesús y a sus seguidores” que van de camino, ofreciéndolos   le ofrecen lo que tienen: servicio exterior, escucha interna.

Mientras iban ellos de camino, Jesús entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió. Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, estaba afanada (distraída) con mucho servicio; y acercándose [a El, le] dijo: Señor ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, te preocupas y estás perturbada por muchas cosas; una [sola] cosa es necesaria; en efecto, María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada (Lc 10, 38-42)

La interpretación tradicional de este relato resulta arquetípica y, por su misma fuerza evocadora ha logrado extenderse de esa forma  desde antiguo: en ella se han visto reflejados y valorados los devotos espirituales de cierto judaísmo (como Filón había destacado en su Vida contemplativa), lo mismo que los antiguos pensadores griegos o los nuevos virtuosos de la religión de oriente (hindúes, budistas, taoístas…). Todos ellos han sabido y saben que en el principio de la perfección se encuentra la necesidad de una vida interior, centrada en la escucha de la palabra del Señor. Desde este fondo se iluminan varios rasgos de la escena:

(1) Jesús Huésped ¿Un hombre en la casa de dos mujeres? ¿Signo masculino de la nueva y más alta humanidad? ¿Por qué signo masculino). La tradición evangélica (cf. Mc 6, 6-13 par), re-elaborada por Lc (9, 1-6; 10, 1-11) sabe que la misión cristiana está vinculada con las casas donde se recibe a Jesús o a sus mensajeros… casas que están representadas por mujeres.

(2) Las hermanas representan dos formas de acogida positiva, aunque una (la escucha) parece mejor que la otra (el servicio). En su mismo enfrentamiento, ellas expresan las dos tareas principales de la humanidad: vida activa y contemplativa, trabajo servil y liberal… Son dos “hermanas” (dos mujeres libres, pero vinculadas entre sí, por una sororidad superior.

(3) Jesús es Maestro interior, Mesías que ofrece a los hombres su Palabra. En esta línea se puede recordar la insistencia del judaísmo en escuchar y cumplir la Ley, que los cristianos identifican con la vida y palabra de Jesús.

      IMG_6447      Todos esos elementos están presentes en el texto, pero Lc 10, 38-42 ofrece algunos rasgos que desbordan ese enfrentamiento de acción-contemplación, para situarnos ante un dato nuevo, específicamente cristiano, de presencia de Jesús y de complementariedad eclesial de sus discípulos.

 (1) Servicio de Marta. De un modo normal solemos pensar en los trabajos de tipo doméstico: limpiar la habitación del huésped, preparar la comida, servir la mesa. Así tomamos a Marta como una simple criada. Pero el sentido principal de servir (diakonein) en el Nuevo Testamento y sobre todo en Lucas consiste en realizar una tarea ministerial en nombre de y por encargo de la comunidad.

(2) Dos mujeres que son toda la iglesia. La visión tradiciona ha presentado a Marta como servidora-criada (tareas materiales) y a María como contemplativa-pasiva (escucha y ora en silencio). Sobre ambas mujeres, la criada y la monja/contemplativa pasiva, se eleva la autoridad ministerial de los varones (sacerdotes) que realizan la tarea oficial de la iglesia. Pues bien, esta visión destruye el mensaje radical del texto, que ha querido simbolizar en estas dos mujeres al conjunto de la iglesia.

(3) Marta y María son hermanas, pero más en línea eclesial que carnal (cf. Lc 8, 19-21; cf. Hech 1, 15; 11, 29; 15, 3…). El texto no insiste en ningún momento en que sean hermanas carnales, en la línea del Evangelio de Juan cap.  11, donde ellas tienen un tercer hermano varón, que es Lázaro, muerto y el resucitado, que en algún sentido es Jesús….

(4) Ellas son  son servidoras o ministros de una comunidad cristiana que recibe a Jesús (a sus delegados). Marta ha recibido a Jesús y se afana por realizar su servicio, aunque el agobio de las muchas acciones puede separarle de la atención a la palabra en la que todas esas tareas encuentran su cimiento (cf. Lc 6, 46-49). Por su parte, Maríaescucha la palabra, pero no con el fin de quedar callada, sino para cumplir lo que ha escuchado (cf. 8, 21).

(5) Conflicto y complementariedad. No hay oposición entre servicio externo (acción) y escucha interna (contemplación). El servicio (especialmente a los pobres) no es en Lucas una tarea secundaria, subordinada a la contemplación, sino verdad y centro de todo el evangelio. En ese fondo se sitúa la tensión del texto, que relacionamos con otro pasaje de Lucas (Hech 6) donde se oponen y complementan los Doce (que ahora serian María) y los Siete (que ahora serían Marta).

 En un primer nivel, Hech 6 ha destacado la importancia de los Doce (que no pueden abandonar la palabra por las mesas); pero en otro nivel ha ratificado los Siete, mostrando no sólo que sus ministerios son inseparables (los siete son también predicadores), sino que la Palabra sólo puede extenderse allí donde se mantiene el servicio a las viudas y a las mesas de los pobres. Esos dos aspectos aparecen también en Lc 10. Pero los matices cambian. Hech 6 destacaba la importancia de los servidores frente a los contemplativos (ministros de la Palabra). Por el contrario, Lc 10, 38-42 defiende a los contemplativos (María) frente a unos servidores que parecen centrarse sólo en la organización social de la iglesia. Desde ese fondo se entiende la respuesta de Jesús:

«¡Sólo una cosa es necesaria, María ha escogido la mejor parte!» (10, 41-42). No rechaza ni condena a Marta (no la expulsa de su ministerio), pero le recuerda el riesgo de dispersión en que se encuentra: su afán por el servicio (organización eclesial y perfección externa de las obras) puede separarle de la raíz de la Palabra, de la fuente del Señor. Este es el peligro de unas obras que al desligarse de la raíz del evangelio pueden convertirse en nuevo legalismo. María, en cambio, sabe que sólo una cosa es necesaria: escuchar y seguir a Jesús y buscar el reino (cf. Lc 12, 31 y 18, 22; Mt 6, 33). Pero esa única cosa necesaria no puede entenderse en un nivel de pura contemplación, sino de acogida total de Jesús.

           En ese sentido se añade que María ha escogido la mejor parte… (Lc 10, 42). No está condenada como mujer al servicio que le imponen los varones, no es una esclava del sistema patriarcal o del lugar que ocupa en la casa. He hecho una opción, ha escogido, en gesto personal que le vincula con Jesús, a través de la palabra. Hay unos servicios que se pueden imponer. La palabra, en cambio, no se impone, sino que abre un espacio de libertad y de acción para María. Jesús respeta su elección y ratifica su gesto de escucha: de esa forma la valora. Frente a la mujer persona-esclava de unas obras de servicio, impuestas desde fuera, ha destacado Jesús a la mujer-persona que es capaz de dejarse transformar por la Palabra.

Marta y María simbolizan y encarnan así todas las tareas de la iglesia como casa donde se acoge y escucha la palabra. En una línea patriarcal (usual en otro tiempo) se podría suponer que María sólo puede escuchar, de un modo pasivo y silencioso, sin decir luego palabra (en la línea de 1 Cor 14, 34-35); por su parte, Marta sólo puede realizar servicios de criada, sometida a unos varones que son quienes realizan los grandes ministerios eclesiales. Pero esa visión de una escucha que no lleva a la autoridad de la palabra y de un servicio puramente servil (no ministerial), sin acceso a la Palabra, va en contra del evangelio. Unidas en la casa de la iglesia, Marta y María son signo de todos los ministerios cristianos, lo mismo que los Siete y los Doce de Hech 6.

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“El gesto de un joven”. 17 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,1-15)

domingo, 28 de julio de 2024
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17_to_b-600x441De todos los hechos realizados por Jesús durante su actividad profética, el más recordado por las primeras comunidades cristianas fue seguramente una comida multitudinaria organizada por él en medio del campo, en las cercanías del lago de Galilea. Es el único episodio recogido en todos los evangelios.

El contenido del relato es de una gran riqueza. Siguiendo su costumbre, el evangelio de Juan no lo llama«milagro», sino «signo». Con ello nos invita a no quedarnos en los hechos que se narran, sino a descubrir desde la fe un sentido más profundo.

Jesús ocupa el lugar central. Nadie le pide que intervenga. Es él mismo quien intuye el hambre de aquella gente y plantea la necesidad de alimentarla. Es conmovedor saber que Jesús no solo alimentaba a la gente con la Buena Noticia de Dios, sino que le preocupaba también el hambre de sus hijos.

¿Cómo alimentar en medio del campo a una muchedumbre? Los discípulos no encuentran ninguna solución. Felipe dice que no se puede pensar en comprar pan, pues no tienen dinero. Andrés piensa que se podría compartir lo que hay, pero solo un muchacho tiene cinco panes y un par de peces. ¿Qué es eso para tantos?

Para Jesús es suficiente. Ese joven sin nombre ni rostro va hacer posible lo que parece imposible. Su disponibilidad para compartir todo lo que tiene es el camino para alimentar a aquellas gentes. Jesús hará lo demás. Toma en sus manos los panes del joven, da gracias a Dios y comienza a «distribuirlos» entre todos.

La escena es fascinante. Una muchedumbre, sentada sobre la hierba verde del campo, compartiendo una comida gratuita un día de primavera. No es un banquete de ricos. No hay vino ni carne. Es la comida sencilla de la gente que vive junto al lago: pan de cebada y pescado en salazón. Una comida fraterna servida por Jesús a todos gracias al gesto generoso de un joven.

Esta comida compartida era para los primeros cristianos un símbolo atractivo de la comunidad nacida de Jesús para construir una humanidad nueva y fraterna. Les evocaba al mismo tiempo la eucaristía que celebraban el día del Señor para alimentarse del espíritu y la fuerza de Jesús: el Pan vivo venido de Dios.

Pero nunca olvidaron el gesto del joven. Si hay hambre en el mundo, no es por escasez de alimentos, sino por falta de solidaridad. Hay pan para todos, falta generosidad para compartirlo. Hemos dejado la marcha del mundo en manos de un poder económico inhumano, nos da miedo compartir lo que tenemos, y la gente se muere de hambre por nuestro egoísmo irracional.

José Antonio Pagola

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“Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron”. Domingo 28 de julio de 2024. Domingo 17º de tiempo ordinario.

domingo, 28 de julio de 2024
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42-ordinarioB17 cerezoDe koinonia:

2Reyes 4,42-44: Comerán y sobrará.
Salmo responsorial: 144: Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
Efesios 4,1-6:Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo.
Juan 6,1-15: Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

2Re 4, 42-44

La actividad profética de Eliseo tuvo lugar en el Reino del Norte. Eliseo es un profeta taumaturgo, a través de sus milagros intentó conducir al pueblo a Dios. En la liturgia de hoy se nos presenta la multiplicación de los panes. Aunque parece que no van a alcanzar para tanta gente, al repartirlos alcanza y sobra. La fuerza de este pan es más de orden espiritual: basta un poco de pan compartido con gusto y con alegría, para sentir su fuerza y su energía.

Ef 4, 1-6

Este texto es una exhortación a la unidad. Pablo desde la prisión suplica a los Efesios que vivan de acuerdo con la vocación a la que han sido llamados y se esfuercen por mantener la unidad, ya que han recibido un mismo bautismo. El reconocimiento de la paternidad de Dios nos lleva a reconocer en los demás a nuestros hermanos.

Una intachable conducta de vida corresponde a la vocación que han recibido los que antes eran gentiles. La vida digna del llamamiento a la esperanza se muestra en el hecho de que los miembros de la Iglesia guarden la unidad obrada por el Espíritu en el único cuerpo.

Se habla de la relación con la Iglesia y en la Iglesia como comunión que los abraza. La desintegración de la unidad es señal de desesperanza de los miembros de la Iglesia. Presupuestos internos para la unidad son: tener en más estima a los otros que a sí mismo, saber apreciar los dones que Dios ha dado a los demás, pensar y sentir unánimemente… Todo esto presupone apartarse de todas las formas de ambición. La humildad y la modestia desempeñan un gran papel donde hay amenaza contra la unidad. La mansedumbre, la apacibilidad, la dulzura son comportamientos con el prójimo que alejan toda clase de riñas, evitan la acritud y el sentimiento de superioridad. La paciencia es un rasgo esencial del amor, hace posible y salvaguarda la unidad de la paz.

El llamamiento que se hace a los que antes eran gentiles es un llamamiento hacia los otros, a respetar el espacio interno y externo, a permitirles que sean ellos mismos y a poderles apreciar en el amor. El Espíritu es el poder que crea y conserva la unidad y esta unidad es la que hay que guardar.

Jn 6, 1-15

Mucha gente acudía a escuchar a Jesús. A veces venían de lejos, y era lógico que vinieran preparados para pasar unos días. Venían atraídos por la fama de los milagros y señales que realizaba. Jesús aprovecha el momento para dar una lección a sus oyentes. Comienza preguntándole a Felipe que con qué comprarían panes para dar de comer a la multitud. Felipe le dice que no bastarían doscientos denarios. Andrés le dice que hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero que eso no es nada para tanta gente. Es la misma pregunta que el criado le hace a Eliseo.

Jesús enseña que la dinámica del Reino es el arte de compartir. Quizá todo el dinero del mundo no fuese suficiente para comprar el alimento necesario para los que pasan hambre… El problema no se soluciona comprando, el problema se soluciona compartiendo.

La dinámica del mundo capitalista es precisamente el dinero. Creemos que sin dinero nada se puede hacer y tratamos de convertirlo todo en dinero, no sólo los recursos naturales sino también los recursos humanos y los valores: el amor, la amistad, el servicio, la justicia, la fraternidad, la fe, etc. En el mundo capitalista nada se nos da gratuitamente, todo tiene su precio, todo se tasa y se comercializa. Se nos ha olvidado que la vida acontece por pura gratuidad, por puro don de Dios.

Jesús en esta multiplicación de los panes y de los peces parte de lo que la gente tiene en el momento. El milagro no es tanto la multiplicación del alimento, sino lo que ocurre en el interior de sus oyentes: se sintieron interpelados por la palabra de Jesús y, dejando a un lado el egoísmo, cada cual colocó lo poco que aún le quedaba, y se maravillaron después de que vieron que al alimento se multiplicó y sobró. Comprendieron entonces que si el pueblo pasaba hambre y necesidad, no era tanto por la situación de pobreza, sino por el egoísmo de los hombres y mujeres que conformados con lo que tenían, no les importaba que los demás pasaran necesidad. El gesto de compartir marca profundamente la vida de la primeras comunidades que siguieron a Jesús. Compartir el pan se convierte en un gesto que prolonga y mantiene la vida, un gesto de pascua y de resurrección. Al partir el pan se descubre la presencia nueva del resucitado.

Si somos hijos de un mismo Padre como reconoce Pablo en la lectura que hemos hecho, no se entiende por qué tantos hombres y mujeres viven en extrema pobreza mientras unos cuantos viven en abundancia y no saben qué hacer con lo que tienen. En el mundo actual es mucho el dinero que se invierte en guerra, en viajes extraterrestres, en tratamientos para adelgazar. Los que tienen el capital crean condiciones cada vez más injustas y pretenden hacer más dinero, explotando los recursos que quedan, aunque destruyan todo y acaben con las condiciones de vida sobre la tierra. Ningún ser humano debiera morir de hambre, pues la tierra tiene suficiente para albergarnos a todos. Los cristianos no debemos olvidar el compartir: ésta es la clave para hacer realidad la fraternidad, para reconocernos hijos de un mismo Padre. Cuando se comparte con gusto y con alegría el alimento se multiplica y sobra. La multitud, al ver lo que Jesús ha hecho, intenta llevárselo para proclamarlo rey pero Jesús huye solo a la montaña. Leer más…

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Jesús alimenta a su comunidad y prepara un discurso. Domingo 17. Ciclo B

domingo, 28 de julio de 2024
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, el evangelio de Marcos nos presentaba a Jesús enseñando al pueblo, reunido de muy distintos lugares. Inmediatamente después, lo presenta alimentándolo mediante la multiplicación de los panes y peces. Pero este relato no se ha toma hoy de Marcos, sino de Juan, porque los cuatro domingos siguientes los dedica la liturgia a la lectura del discurso del pan de vida, que solo cuenta Juan.

Jesús y Eliseo

            IMG_6394Es raro que Juan coincida con los Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) en algún relato. Este de la multiplicación de los panes y los peces es uno de los pocos casos. Y los cuatro evangelios toman como punto de referencia el milagro atribuido a Eliseo en el Antiguo Testamento. Este profeta, rodeado de una comunidad de unos cien hombres, muy pobres, recibió un día como regalo veinte panes de cebada y cierta cantidad de espigas. Teniendo en cuenta las dimensiones de los antiguos panes, no era demasiado difícil sacar un bocadillo para cada uno. Al criado le parecen pocos; pero, en contra de sus dudas, comieron todos y sobró.

En aquellos días un hombre llegó de Baal Salisá, trayendo al hombre de Dios el pan de las primicias, veinte panes de cebada y espigas nuevas en su alforja. Eliseo ordenó:

Dalo a las gentes para que coman».

Pero su criado replicó:

¿Cómo voy a poner esto delante de cien hombres?».

Él dijo:

Dalo a la gente para que coman, pues esto dice el Señor: Comerán, y sobrará».

Se lo sirvió y comieron; y sobró, como había dicho el Señor.

            El milagro de la multiplicación de los panes y los peces está calcado sobre el de Eliseo, pero aumentando las dificultades. En vez de cien personas son cinco mil (según Mc, Lc y Jn; Mt añade «sin contar mujeres y niños», lo cual obligaría a pensar en unos veinte mil). Y en vez de veinte panes, Jesús sólo dispone de cinco.

            A pesar de todo, igual que Eliseo dijo: «comerán y sobrará», los comensales de Jesús comen «todo lo que quisieron» y, para demostrar la abundancia, se recogen doce canastos de sobras de los cinco panes.

            Queda claro el poder superior de Jesús. Pero los Sinópticos añaden un detalle importante: este milagro ocurre «en un lugar desierto», y esto trae a la memoria la marcha del pueblo por el desierto, cuando Dios lo alimenta con el maná. Jesús, nuevo Moisés y superior a él, también alimenta a su comunidad (quizá por eso Mt hace mención expresa de las mujeres y niños). Jn desarrollará en el discurso posterior la relación con el maná y con Moisés.

La multiplicación de los panes y peces según Juan

Después de esto, se fue a Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima a la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar Jesús ;os ojos y ver que venía mucha gente, dice a Felipe:

“Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?”

Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó:

-”Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.”

Le uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:

“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero qué es eso para tantos?”

Dijo Jesús:

-“Haced que se recueste la gente.

Había en un lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los partió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

-“Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.

Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía:

”Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.

Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

A pesar de las semejanzas, el relato de Juan ofrece notables diferencias con el de los Sinópticos.

  1. La indicación temporal falta en los Sinópticos: «Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.» De este modo, Jn relaciona la multiplicación de los panes con la fecha de la muerte de Jesús. Jn no cuenta la institución de la Eucaristía, pero este milagro, ocurrido en la misma fiesta, simboliza la idea de que Jesús alimenta a su pueblo.
  2. La preocupación por la gente no parte de los discípulos, sino de Jesús. En los Sinópticos, son ellos quienes se acercan a decirle que despida a la gente para que se busque algo de comer. En Jn es el mismo Jesús quien toma la iniciativa preguntando a Felipe cómo resolverán el problema.
  3. Lo anterior demuestra que los discípulos descargan la responsabilidad en el pueblo: son ellos los que tiene que buscarse de comer. En cambio, Jesús se encarga de darles de comer.
  4. Para dejar clara la dificultad del problema, Felipe indica lo que costaría alimentar a esa gente: 200 denarios. El denario era el jornal de un campesino; 200 denarios suponen una cantidad muy grande para un grupo que vive de limosna, como el de Jesús.
  5. La relación entre el milagro de Jesús y el de Eliseo queda especialmente clara en Juan, ya que, mientras los Sinópticos hablan simplemente de «cinco panes», Juan indica que son «panes de cebada», como los que regalan a Eliseo.
  6. El momento culminante difiere de manera notable. Los Sinópticos dicen que Jesús «levantando los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos para que los repartieran a la gente». Tres acciones (alzar la mirada, bendecir, partir), pero quienes reparten el pan a la gente son los discípulos. En Jn, Jesús solo realiza una acción, dar gracias (euvcaristh,saj); pero lo más importante es que es él mismo quien distribuye el pan a todos los presentes. Es claro que se trata de un dato simbólico. Un camarero para cinco mil personas es imposible. Jn quiere indicar que, en la eucaristía, es Jesús mismo quien nos alimenta.
  7. Mateo, al contar este milagro, omite la referencia a los peces en el momento de la multiplicación, para subrayar la importancia del pan como símbolo eucarístico. Juan lo sugiere de forma distinta. La orden de Jesús: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda», la refieren los discípulos sólo a los panes, no se preocupan de los peces. Es probable que estas palabras de Jesús reflejen la práctica litúrgica posterior, cuando se pensó que el pan eucarístico no podía ser tratado como otro cualquiera.
  8. La reacción del pueblo y la de Jesús. En los Sinópticos, la gente no es consciente del milagro ocurrido. En Juan, el pueblo se sorprende de lo hecho por Jesús y deduce que es el profeta esperado, semejante a Moisés, que alimentó al pueblo en el desierto. A primera vista, extraña que identifiquen a ese «profeta que iba a venir al mundo» con el futuro rey de Israel. Pero Flavio Josefo habla de profetas que se presentaban en el siglo I con pretensiones regias, mesiánicas. La intención del pueblo es claramente revolucionaria, nombrar un rey que los gobierne distinto del César romano, un rey que los libere. Pero Jesús no comparte ese punto de vista y huye. «Mi reino no es de este mundo», dirá a Pilato.

Un milagro que continúa en un discurso

            En los Sinópticos, el milagro está cerrado en sí mismo. En Juan, el milagro supone el punto de partida para el largo discurso que se leerá en los próximos domingos. Es importante recordar este detalle al comentar el texto: se puede subrayar la preocupación de Jesús por la gente, su poder infinitamente superior al de Eliseo, el simbolismo eucarístico, la oposición de Jesús a un mesianismo político… pero hay que dejar claro que el relato es sólo la puerta a un discurso. «Ahora viene lo bueno».  El milagro de los panes sirve para presentar a Jesús como el verdadero pan de vida.

Receta para conseguir la unidad (2ª lectura: Efesios 4,1-6)

El domingo pasado, la carta a los Efesios recordaba que Dios reconcilió a judíos y paganos mediante la muerte de Jesús. Pero esa unidad puede resquebrajarse fácilmente. Nos solo entre los dos pueblos, sino también dentro de las comunidades del mismo origen. La experiencia de veinte siglos lo demuestra. Pablo, desde la cárcel, aconseja las actitudes que ayudan a mantener la unidad: humildad, amabilidad, comprensión, sobrellevarse mutuamente, esforzarse en mantener el vínculo de la paz. Así se llegará a ser un solo cuerpo y un solo espíritu, basados en «un Señor, una fe, un bautismo». Este texto recuerda, con palabras muy distintas, el gran deseo de Jesús en su despedida, según el evangelio de Juan: «Padre, que todos sean uno, como tú en mí y yo en ti». Y, en relación con el evangelio, nos recuerda que somos uno todos los que comemos el mismo pan.

 

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Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 28 de julio de 2018

domingo, 28 de julio de 2024
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d-xvii

Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente dijo a Felipe: -¿Con qué compraremos panes para que coman estos?”

(Jn 6, 1-15)

Estos relatos de las multiplicaciones de los panes tienen un cierto peligro. Nos puede suceder a nosotras como les sucedió a aquellas gentes que comieron hasta saciarse. ¿Qué nos puede ocurrir? Que busquemos a Dios para que nos solucione la vida.

Pero la intención de Jesús es otra. Jesús está interpelando a sus discípulos:  “¿con qué compraremos panes para que coman éstos?”

Es una pregunta incómoda, hasta diría que es del todo molesta. Dan ganas de contestar como lo hizo Caín. Con otra pregunta: ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?

Es incómoda y molesta porque quiere hacernos vivir “levantando los ojos”. Solo cuando levantamos los ojos vemos a las demás personas. Mientras llevamos la mirada baja solo nos vemos a nosotras mismas. Y si la bajamos un poquito más entonces lo que vemos es nuestro ombligo.

La contemplación asidua de nuestro ombligo nos lleva a vivir pensando exclusivamente en nosotras mismas. En “mi” felicidad, “mi” autonomía, “mi” comodidad, “mis” derechos…

Este es el motor de nuestra sociedad de consumo. La sociedad del “bien estar”. Esta sociedad necesita individuos cada vez más centrados en sus propias necesidades, cada vez más recelosos de los demás.

Nuestra vieja Europa es una antigua y virtuosa contemplativa del propio ombligo, y quienes vivimos aquí somos hijas de esta madre. Llevamos en nuestro ADN muchos genes exclusivistas. Toda una información genética que nos hace difícil vivir levantando los ojos.

A fin de cuentas eso de levantar los ojos trae consigo muchos problemas. Si levantamos los ojos vemos a quienes huyen de países en guerra, pero también vemos a quienes huyen del hambre. Al levantar los ojos vemos a un sinfín de personas utilizadas como objetos sexuales. Si vivimos con los ojos levantados vemos a los niños soldado, a los trabajadores explotados… en fin, que al levantar la mirada vemos la injusticia de nuestra propia comodidad. Y entonces se nos complica la vida.

Nos pasa como al bueno de Andrés, que ve que tiene cinco panes y dos peces, “pero ¿qué es eso para tantos?”

No tenemos, todavía, la audacia de Jesús. ¿Quién se atreve a dar las gracias y repartir lo que tiene? Nos da miedo. Miedo a hacer el ridículo y miedo a quedarnos sin lo que teníamos.

Hoy es Santa Marta. Ella también tuvo miedo a quedarse sola sirviendo. Pero el trato con Jesús convirtió su miedo en confianza. “-Sí, Señor, yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir a este mundo.” (Jn 11, 27)

Oremos

Complícamos la vida, Trinidad Santa, llena nuestros ojos, nuestra mirada con los rostros de todos tus hijas e hijos. Haznos así hermanas y hermanos. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La gente busca la solución de sus problemas.

domingo, 28 de julio de 2024
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multiplicacion_panesDOMINGO 17º (B)

Jn 6,1-15

El domingo pasado nos dejaba el relato evangélico de Marcos ante la multiplicación de los panes. En su lugar, la liturgia inserta, a partir de este domingo, todo el c. 6 de Jn. Es el más largo y denso de todos los evangelios y que nos va a ocupar cinco domingos. Con diversos símbolos, nos dice quién es Jesús para nosotros, si de verdad queremos seguirlo. Partiendo de la multiplicación de los panes, elabora toda una teología del seguimiento. En el fondo, se trata de un proceso de iniciación catequética, que en la comunidad duraba varios años y que, al final, obligaba a tomar una decisión definitiva: el bautismo o abandonar.

Como siempre en Juan, todo son símbolos. El pan es el signo del alimento espiritual. El monte es el lugar donde habita la divinidad. Jesús subió al lugar que le es propio. Sentarse es el símbolo de enseñanza rabínica. Estaba cerca la Pascua”, no es un dato cronológico, sino teológico. La gente no sube a Jerusalén, como era su obligación. Busca en Jesús la liberación, que el templo no puede darles. Proclamarle Rey es buscar seguridades. En los próximos domingos iremos viendo los demás símbolos empleados en el capítulo.

El dinero es lo que había desplazado a Dios del templo, utilizado por el sistema opresor, es el causante de la injusticia. Comprar pan, es obtener un bien necesario para la vida, a cambio de dinero, inventado para dominar. El vendedor dispone del alimento; lo cede solo bajo ciertas condiciones dictadas por él. La vida no está al alcance de todos, sino mediatizada por el poder. Jesús no acepta tal estructura, pero quiere saber si sus discípulos la aceptan. Felipe no ve solución. Doscientos denarios era el salario de un año.

El dinero sigue siendo hoy la causa de toda desigualdad. Todo tiene un precio. La gratuidad ha desaparecido de nuestra sociedad. Seguimos ante la encrucijada de compartir gratuitamente o el egoísmo feroz, pero no tomamos la decisión definitiva. No tomar el camino espiritual es dejarnos llevar por el hedonismo, la búsqueda de placer a cualquier precio y la huida de todo dolor. En el mejor de los casos, nos empeñamos en ir por dos caminos opuestos al mismo tiempo. Nuestra religión nos lleva a la esquizofrenia sistémica.

Andrés muestra una solución distinta. Habla de los panes y los peces, que descubre como algo de lo que se puede disponer. El muchacho (muchachito, doble diminutivo) representa al insignificante grupo de los discípulos. Los números simbólicos 5+2=7 indican totalidad. Todo se pone a disposición de los demás. Al ser de cebada, pone en relación este episodio con el de Eliseo. Eliseo dio de comer a cien, con veinte panes. Jesús da de comer a cinco mil con cinco. La propuesta de Andrés es la adecuada pero no hay medios suficientes.

Haced que se recuesten. Comer recostado era signo de hombres libres (las mujeres y los niños no contaban para nada). Jesús quiere que todos se sientan personas con su propia responsabilidad. No quiere servidumbres ni dependencias de ninguna clase. Aquí está ya apuntando a la falsa interpretación que van a hacer del signo. El lugar (con artículo determinado) era el modo de designar el templo. Dios no está ya en el templo sino donde está Jesús. La mucha hierba, signo de la abundancia de los tiempos mesiánicos.

Pronunció la acción de gracias (eucaristhsaV=eucaristizó). Este dato tiene mucha miga. Se trata de conectar la comida con el ámbito de lo divino (los sinópticos hablan de elevar la mirada al cielo). Se reconoce que el alimento es don de Dios a todos; nadie puede apropiárselo para después sacar provecho de su venta. Una vez liberado del acaparamiento egoísta, todos tendrán acceso a ese bien necesario. Su finalidad primera, alimentar, se eleva para convertirlo en signo de Vida. Solo en este nuevo espacio es posible el compartir.

Recoged los pedazos que han sobrado. Lo sobrado no tiene sentido de resto, desperdicio, sino de sobrante, sobreabun­dante. En la Didaché se llama al pan eucarístico “los trozos” (klasma). Deben recogerlos porque la comunidad tiene que continuar la obra de la entrega. Otra gran diferencia con la experiencia del Éxodo. El maná no duraba de un día para otro; lo que Jesús ofrece tiene valor permanente y hay que cuidarlo. Recordemos que en los Hch se llama a la eucaristía “la fracción del pan”. No es pan, sino pan partido.

Llenaron doce canastas. «doce» hace referencia a las doce tribus de Israel, como símbolo del pueblo que había acompañado a Moisés. Jesús es el nuevo Moisés, el profeta que tenía que venir al mundo. Se trata de un profeta como Moisés que haría los mismos prodigios que él, ahora en beneficio de sus seguidores. Solo buscan su interés y están incapacitados para reconocer la novedad de Jesús. Siguen esperando una salvación material. Más tarde se establece la distinción entre el alimento de Jesús y el maná.

Quieren hacerle rey. No han entendido nada. La multitud queda satisfecha con haber comido, no necesita ni espera nada más. La identificación con Jesús y su mensaje no les interesa. Jesús quiere liberarles, ellos prefieren seguir dependiendo de otro. Jesús les pide generosidad; ellos prefieren recibir sin comprometerse a nada. Quiere asociarlos a su obra; ellos pretenden descargar en él su responsabilidad sin compromiso alguno. La solución que Jesús propone es compartir todo con todos. La salvación no está en que alguien solucione mi problema sino en estar dispuesto a dar a los demás lo que uno tiene y lo que uno es.

Se retiró a la montaña él solo. Es importante notar la doble imagen: Jesús sube a lo más alto, lo divino, mientras los discípulos bajan a lo más bajo, el mar. Ante la total incomprensión de la gente, Jesús no tiene alternativa, se vuelve al monte (lugar de la divinidad). Completamente solo, como Moisés después que el pueblo traicionó a Dios, haciéndose un ídolo. Este paralelo con Moisés muestra la gravedad de lo sucedido. Haciendo de Jesús un Mesías poderoso, repiten la idolatría de los israelitas en el desierto. En ambos casos quieren adorar a Dios bajo la falsa imagen que ellos habían hecho de Él.

Jesús pudo escapar de la pretensión de aquella gente, pero de nosotros, no puede escapar y lo hemos proclamado rey del universo. Debemos examinar los motivos que nos mantienen unidos a Jesús. ¿Por qué somos cristianos? ¿Por qué venimos a misa? Yo os lo voy a decir: Para asegurarnos sus favores aquí abajo y, además, garantizar una eternidad dichosa en el cielo. ¡Poco han cambiado las cosas! También nosotros seguimos sin querer saber nada del servicio y la entrega a los demás. El evangelio sigue sin estrenar.

Seguimos poniendo lo espiritual al servicio de lo material. No nos interesa lo que Dios quiere sino nuestro placer. Solo nos interesa que Dios se ponga a nuestro servicio. Si todos los que nos llamamos cristianos empezáramos a compartir, como Jesús nos pide, se produciría la mayor revolución de la historia humana. Si esperamos a compartir cuando hayamos cubierto todas nuestras necesidades, nunca compartiremos nada. La técnica del capitalismo es precisamente aumentar las necesidades a medida que se van satisfaciendo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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