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16.6.24.El reino de Dios se parece…. ¿A qué se parece? Palabra de Jesús, parábolas

Domingo, 16 de junio de 2024

Jesús-y-sus-discípulos-Del blog de Xabier Pikaza:

Palabra viene de parábola, lenguaje simbólico y figurado, conversación abierta. No es lo ya dicho, sino lo que estamos diciendo, para niños, para ancianos, para pobres, para todos…  Nadie queda excluido. El Reino de Dios se parece, la vida es como…

¿Seguimos hablando, pensando, cantando?  ¿Me ayudáis y descubrimos juntos el sentido de la vida, sin excluir a nadie, sin pontificar sobre nada.

Hay siempre un lugar y un momento en el corro de las parábolas. Entremos hoy en la conversación de Jesús según el evangelio de Marcos.

No enseñaba de memoria, no daba lecciones. Se fijaba, escuchaba, proponía, matizaba, creando en la calle una escuela de vida.

Marcos 4,26-34 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”

Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.” Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Jesús, mesías de palabras…

              Jesús conocía el mensaje central de la Escritura, pero no se ha limitado a repetir sus argumentos ni ha discutido sus aplicaciones con otros rabinos, sino que   ha proclamado la llegada del  Reino (palabra de Dios) de un modo directo, entrando apelando a la conciencia de cada uno, desde el contexto de los campesinos y prescindibles de Galilea, expresando así la Palabra de Dios.

La sorpresa del pensamiento. Más allá de la lógica. Las parábolas son relatos breves, de carácter figurado, que nos introducen en la realidad desde una perspectiva imprevista, rompiendo el orden usual normal del pensamiento discursivo. Ellas expresan el poder creador del pensamiento, que es capaz de situarse de un modo paradójico ante el  misterio de la realidad (que es Dios).

Las parábolas se cuentan en formas distintas en  muchos pueblos y culturas, donde se vinculan con  enigmas y cuentos,  koan y las paradojas, con los poemas breves ylas adivinanzas,   apólogos y  alegorías y otras composiciones de la literatura oral más que de la escrita.

Tienen algo de juego y enigma, de curiosidad y eclosión imaginativa y han sido especialmente cultivadas en el mundo oriental y en el contexto de la Biblia, donde se afirma que Salomón, sabio por excelencia, fue autor de tres mil proverbios y de cien poemas (cf. 1 Rey 4, 32; cf. también Prov 1, 1; 10, 1; Eclo 1, 1; cf. 12, 9).

Normalmente, las mejores parábolas y enigmas de la Biblia no son obra de reyes, sino de personas que están fuera de las estructuras del poder, de manera que ellas pueden pensar más libremente y mostrar la otra cara de la realidad, rompiendo las redes del sistema. Entre los autores de parábolas antiguas podemos citar a Natán (2 Sam 12, 1-4), a la mujer sabia de Técoa (2 Sam 14, 2-7) o a Jotán, autor del apólogo famoso sobre el rey de los árboles (cf. Jc 9, 8-15).

Jesús, una puerta de parábolas que se abre

En el judaísmo del siglo I d. C. había otros narradores de parábolas, pero no conocemos a nadie que, entonces o después, se tuviera unos temas y modos de narrar como los haya podido comparar con Jesús, que no ha sido letrado de escuela o de corte, o escuela. P sino mensajero de un Reino (Palabra de revelación) cuyo impacto él ha descrito en forma de parábolas que ha proclamado en plazas y campos, para introducir a los  hombres y mujeres en el “mundo de la palabra”, que es mondo de sorpresa y comunicación.

 (1) Jesús ha creado parábolas de tierras y plantas, evocando el lago donde faenan los pescadores (Lc 5), el campo donde siembran los labriegos (Mc 4, Mt 13), de la semilla que crece por sí misma, y del grano de mostaza (Mc 4), o d el trigo y la cizaña que se mezclan das en la tierra (Mt 13), la de higuera estéril… (Mc 11).

 Jesús ha contado también parábolas que evocan trabajos y afanes: una mujer que amasa el pan con levadura (Mt 13) o que busca la moneda que ha perdido (Lc 15),; hay también un un comerciante experto en perlas finas (Mt 13), un agricultor acomodado que contrata jornaleros (Mt 20) y de un viñador y sus renteros (Mc 12).

 (3) Las parábolas de Jesús no son relatos ejemplares de piedad, sino llamadas de atención, ante la hora de Dios, es decir, ante la llegada del Reino con personajes ambiguos: administradores injustos (Mt 18; Lc 16), reyes crueles (Mt 22) o esposos desconsiderados (Mt 25), levitas y sacerdotes que abandonan al herido del camino (Lc 14). Ellas recogen así la vida real de los hombres y mujeres de su tiempo, situando ante esa misma vida el don y tarea del Reino.

En general, las parábolas evocan experiencias desconcertantes y en casi todas ellas late un rasgo que desconcierta, una paradoja que rompe los esquemas usuales de la vida: Un comerciante que vende su hacienda para comprar una fina perla (Mt 13, 45: ¿de qué vive después?), un padre que recibe y vuelve a dar sus bienes (anillo) al hijo pródigo que había dilapidado los bienes anteriores (Lc 15), un propietario  que envía   entrega a su hijo querido, sin armas ni defensa, poniéndole en manos de los duros viñadores que le matan (Mc 12), un sembrador que malgasta su semilla en el camino y entre zarzas (cf. Mt 4). Ellas evocan así la sorpresa de la vida, que nos sobrepasa y nos hace capaces de pensar de un modo distinto, en fidelidad a la tierra, sin un posible recurso a la evasión; pues bien, en ese trasfondo  presenta Jesús su mensaje de Reino.

Una tabla de parábolas.

Como he dicho, las parábolas sacuden al oyente y le capacitan para situarse de otro modo ante la realidad. Parecen hablar de un mas allá, como en el caso del rico Epulón (Lc 16) y del juicio del Hijo del Hombre (Mt 25), pero en realidad están hablando del más acá: El Epulón debe ayudar al pobre Lázaro, el rico ha de alimentar al hambriento, aquí y ahora, desplegando de esa forma el Reino. Jesús ha ido trazado así su itinerario de Reino, superando las seguridades oficiales y abriendo rutas desde la ley y el te felicidad y fidelidad. Éstas son algunas de sus parábolas, con las preguntas que suscitan (y con su paradoja):

    Distinguir parábolas que son propias de Jesús…  y parábolas que han sido creadas por la comunidad. Una tabla aproximada:

Parábolas iniciales… de siembra y decisión:

  1. Semilla para para que germine  (Mt 4, 5-6). ¿Por qué sembrar en terrenos baldíos?
  2. Mujer que amasa el pan (Mt 13, 33). ¿No es peligroso andar con levadura? La levadura es como una semilla de transformación: Transforma, hace crecer, pero puede corromperlo todo. Hay que saber poner la levadura
  3. Campo con tesoro (Mt 13, 43). ¿Es honrado comprar ese campo, engañando a su amo?
  4. Comerciante en perlas finas (Mt 13, 45). ¿De que vivirá si vende todo y al fin sólo tiene una perla?
  5. Grano de mostaza (Mc 4, 31. ¿Puede el Reino nacer de algo tan pequeño?

Parábolas de separación… 

  1. Oveja perdida (Lc 16, 4-6). ¿No es arriesgado abandonar a las 99 restantes?
  2. Padre del hijo pródigo (Lc 15, 11-32). ¿No es injusto el padre con el otro hermano?
  3. Administrador que engaña al amo (Lc 16, 1-12). ¿Cómo será modelo un hombre tan corrupto
  4. Construir una torre, hacer una guerra (Lc 14, 28-32). ¿No son gestos de pura política?

 Parábolas finales y de discusión

  1. Banquete del rey para los pobres (Lc 14, 16-24). ¿No deshonroso sentarse con los pobres?
  2. Amo y viñadores (Mc 12, 1-10). ¿No es ciego y cruel el amo al enviar indefenso a su hijo?
  3. Parábolas de la comunidad:
  4. Noche sin pesca (Lc 5, 1-8). ¿Por qué echar de nuevo las redes?
  5. Siembra que crece por sí misma (Mc 4, 26-27). ¿Para qué sirve el trabajo?
  6. Trigo y cizaña: campo mezclado (Mt 13, 25-31). ¿Por qué dejar que crezca la cizaña
  7. Higuera estéril (Mc 11, 13-21). ¿Qué culpa tiene para que la maldiga
  8. Rico Epulón y Lázaro mendigo (Lc 16, 20-31). ¿Se salva el pobre sólo porque es pobre?

Parábolas de tardanza y retribución

  1. Diez vírgenes y novio (Mt 25, 1-13). ¿Por qué no comparten las prudentes el aceite?
  2. Amo que regresa tarde (Mc 13, 34-37). ¿Por qué le ha dado todo poder al mayordomo?
  3. Rey y talentos (Mt 25, 13-24). ¿No es egoísta y sanguinario con los menos capaces?
  4. Obreros esperando en la plaza (Mt 20, 1-15). ¿No es injusto pagar lo mismo a todos?
  5. Pastor que separa ovejas y cabras (Mt 25, 31-46). ¿Cómo se identifica el rey con los pobres?

Las parábolas expresan, de algún modo, una experiencia personal activa de Jesús y destacan las implicaciones de un mensaje que se ofrece, pero no se impone,abriendo un espacio de conocimiento y comunicación, dirigido a la llegada del Reino de Dios. Ellas no se entienden desde el exterior, como si fueran un teorema de geometría, sino sólo entrando en su interior, pues la palabra sólo es palabra (sólo tiene sentido) allí donde se dice, se acoge, se comparte y se realiza, en un camino de transformación personal.

Algunos tomaron a Jesús como un ingenuo, poeta fracasado, contador de cuentos vanos, de historias que se pierden, pues las lleva el viento. Pero aquellos que de verdad le escucharon (y le escuchan) saben que sus palabras superaban el orden oficial del templo, la seguridad de los sacerdotes, la razón de los escribas, poniendo a los campesinos y pobres de Galilea (y a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI) ante el gozo y tarea del Reino; ellas son palabra que ilumina el sentido y la tarea (la urgencia) del Reino que llega. Por eso, ellas no pueden entenderse en un sentido general, sino cuando se convierten en fuente de compromiso activo al servicio del Reino.

Parábola central, el sembrador.

Las parábolas nos introducen en una nueva dimensión de la experiencia, aprendiendo a mirar las cosas de un modo personal, no porque lo digan otros, sino porque lo vemos nosotros, en comunión con los demás. Ellas no ofrecen una enseñanza general (válida de igual modo, por siempre), ni son una enseñanza, sino una invitación a penetrar en el interior de la Palabra del Reino. Podemos suponer que le han preguntado: ¿Quién eres, qué haces? Jesús responde:

 Salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que al sembrar cayó semilla en el camino, y vinieron los pájaros y la comieron. Otra parte de semilla cayó sobre un terreno pedregoso que no tenía tierra suficiente; y brotó pronto, porque la tierra era poco profunda; y cuando salió el sol quemó las plantas, que por no tener buenas raíces se secaron. Otra parte cayó entre espinas; y crecieron las espinas y ahogaron la semilla y no dio fruto. Otra parte cayó en tierra buena y dio fruto…El sembrador siembra la palabra (Mc 4, 3-4.14).

  Austeramente describe Jesús una siembra de cereal, algo que sus oyentes entienden sin más. Todo es normal, prosa sin adornos de templo o palacio, algo fácil para todos. Pero pronto descubrimos un problema: El buen labriego sólo siembra tierra preparada y no desperdicia ni un grano en caminos, piedras y zarzales, mientras que éste parece ir derrochando semilla; es evidente que se trata del sembrador de la Palabra de Reino. Conforme a la lógica del mundo, hay tierras no apropiadas para el grano;  pero la parábola nos pone ante una lógica más alta, la del Dios, Palabra creadora, que siembra en toda tierra, la de Jesús que expande por doquier el Reino.

Lo que importa es la forma de contarlas, lenguaje compartido.

El lenguaje de la ciencia demuestra, la ley ordena, las parábolas, en cambio, abren un camino concreto de Reino, en este preciso momento, un camino que sólo pueden comprender aquellos que lo aceptan. Por eso, ellas no han sido “terminadas” de un modo unívoco por Jesús, ni pueden entenderse en actitud pasiva, sino que abren un espacio de comunicación para que el oyente las asuma y así se vuelva agente (encarnación) de la Palabra, esto es, del Reino.

  ¿Debe el padre recibir al hijo pródigo y volverle a dar la herencia después que la ha gastado, en detrimento del buen hijo que ha quedado en casa? ¿Es justo el patrono que paga al eventual de la hora undécima lo mismo que al trabajador de doce horas?

La respuesta que demos a esas preguntas deriva del poder del Reino que ellas transmiten. Como he dicho, las parábolas no demuestran, sino que incitan, es decir, impulsan al compromiso, de forma que sólo así se comprenden, en la medida en que las convertimos en principio de una nueva forma de actuar  (cf Mc 4, 10-12 par). Quizá haya que decir que el mayor “regalo” para el hermano mayor es que el menor vuelva (por encima de una posible pérdida económica), y el mayor regalo para los trabajadores de las doce horas debe consiste en saber que los trabajadores de una sola hora reciben también la misma paga.

Las parábolas expresan el sentido del Reino como Palabra activa, que nos capacita para entender y actuar en libertad, desde la voz de Dios. Al introducirnos en las parábolas, nosotros mismos nos hacemos y somos agentes del Reino Por eso, los sabios del mundo, amenazados por ellas, tienden a domesticarlas, convirtiéndolas pronto en una alegoría, una enseñanza objetiva, que sirve para expresar aquello que siempre existe,  al servicio del sistema.

Las parábolas no provienen de una casta mejor de sacerdotes (mito), ni de filósofos (como Platón), ni de letrados (como cierto judaísmo o cristianismo posterior), ni han fundado un sistema escolar o legal, ni ratifican el poder superior de unos expertos sobre el resto de la sociedad, sino que se dirigen de manera directa a cada uno de los hombres (oyentes), en el mismo espacio de opresión donde habitaban, en tiempos de Jesús, los artesanos y oprimidos de Galilea.

Por ser Palabra, las parábolas nos enseñan a entender y cambiar la realidad, pero sólo en la medida en que nos dejamos trasformar por su movimiento de vida, situándonos en un nivel de gracia, esto es, de Reino. Ellas expresan la urgencia momento actual, pues Dios está sembrando su Reino, por medio de Jesús, precisamente ahora, en la tierra de los campesinos y artesanos galileos, de manera que ellos (los más pobres) pueden y deben transformarlo todo. En ese sentido seguiremos viendo a Jesús como parábola de todas las parábolas[2].

[2] Hay diversos tipos de palabras. (1) La palabra mítica nos sitúa ante aquello que siempre ha sido y que volverá a ser de nuevo, en círculos de eterno retorno. (2) La palabra filosófica, de tipo platónico, nos lleva a contemplar las ideas eternas, en clave de sabiduría supra-temporal. (3) Lapalabra de ley  traza aquello que los hombres han de realizar, conforme a su lugar, dentro del todo. (4) La palabra de Jesús (que se trasmite en forma de parábolas) contiene una experiencia original de gracia y compromiso, es decir, de felicidad creadora, que nos permite superar lo que hay (lo siempre dado), para crear algo nuevo (lo que ella dice), haciéndonos así creadores.

  Poeta de Dios para los pobres, para niños, para todos

 Lujo para ricos era muchas veces la belleza en un mundo donde todo se compra y vende, se calcula y almacena como objeto de consumo, de manera que sólo algunos privilegiados podrían cultivarla y disfrutarla, mientras que al pueblo le daban panem et circenses, puro pan y circo, como decían los romanos. Lujo para ricos sigue siendo el arte oficial del sistema neo-capitalista, para consumo de masas que sólo ven aquello que el mercado avala y muestra: su pan y circo están pensados de un modo especial para aquellos que lo pagan o sirven al sistema. Pues bien, en contra de eso, Jesús fue poeta de pobres (expulsados, hambrientos), para abrir sus ojos y desatar sus oídos, curando a los enfermos y ofreciendo a los expulsados la belleza de la creación (cf. Lc 4, 18-20; Mt 11, 2-6 par).

Fue poeta y profeta universal, no de libros elitistas, que los rabinos investigan con finura experta, ni de palacios o castillos de gobernadores o reyes, donde sólo pueden acudir los grandes, sino de escuela abierta, junto al mar de Galilea, donde ofreció a los marginados su experiencia de gracia.

            Jesús decía ¡abrid los ojos! Este es el principio de su estética: mirar y admirarse, dejando que las cosas (pájaros y lirios) digan su mensaje, antes de todas las palabras.

Salomón era un artista rico: construyó templo y palacio, gastó una fortuna en adornarlos. Pero ¿de qué servía eso si no supo escuchar la voz del pájaro en el aire, ni contemplar los colores del lirio que vive y que muere cada día sobre el campo? ¿De qué le valió, finalmente, si no supo contemplar en gratuidad la vida, escuchando en el fondo de todas las cosas aquella voz que dice: ¡no os preocupéis!

− La belleza es gratuidad, se ofrece de balde, igual que el verdadero pensamiento. El diablo de Mt 4, 7 par ofrecía ‘pan y milagro’ (circo) a los humanos, para entretenerles, comerciando con ellos para al fin utilizarles. Pero los hambrientos (y especialmente los niños) no viven solamente de pan ‘sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’, esto es, de un amor y una belleza que no puede comprarse ni vencerse, porque es riqueza que da vida..

             Así nos ha llevado Jesús a la belleza que es confianza y gratuidad del pobre (de todo ser humano) ante la Vida, abriéndonos los ojos del Reino, superando los sistemas económicos, sociales, incapaces de dar vida. Un conocimiento que nos hace capaces de nacer, este es el mensaje de Jesús[1].

Parábola bella: el arte del Mesías

El arte griego parecía más vinculado a la imagen del poeta y al icono-estatua que expresan el valor de las ideas eternas que se elevan como ideal definitivo (universal) sobre los humanos. Por el contrario, el arte israelita se expresaba mejor en la palabra del profeta que anuncia la presencia de Dios para los hombres, aunque luego corre el riesgo de cerrarse en un sistema de ley nacional que investigan los escribas hermeneutas. Pues bien, Jesús ha vuelto al origen de todo arte, especialmente a través de sus parábolas que expresan y crean vida en la medida en que se dicen y comparten, abriendo un espacio de comunicación que no se puede objetivar en una estatua o templo, en una ley o sacrificio, pues son palabra que se siembra y muere, a fin de que otros puedan existir por ella, superando todo sistema o mercado elitista de verdades. Lógicamente, le han llamado iluso y peligroso.

Algunos le tomaron como iluso poeta fracasado. Parecía contar cuentos que pasan y se pierden, pues los lleva el viento, como los tejedores de palabras que se dicen para olvidarse. Pero vino la cruz, tiempo de realismo y de poderes fácticos, y desapareció la ilusión. Otros le llamaron loco peligroso, contrario al orden social establecido; era un demagogo, poeta de una revolución anti-sacral muy peligrosa para el judaísmo; no podían decir públicamente las cosas que él decía en una sociedad bien asentada en los valores de la religión oficial y la política. Por eso, fue necesario condenarle a muerte.

Pero los que de verdad atienden le han visto como poeta de Dios. Muchos esperaban la venida del Mesías rey, Hijo de Hombre celestial, Juez de jueces. Pero los cristianos confían en Jesús, Poeta-Profeta, sembrador de Palabra de vida para los humanos (cf. Jn 1, 14).  Otros artistas construyen objetos: estatuas, poemas exteriores… Jesús, en cambio, ha querido modelar personas, belleza viva que acoge, escucha, responde. No le han importado las estatuas, ni los poemas objetivos, sino simplemente los hombres capaces de escuchar a Dios y buscar su reino. Por eso ha sido artista de personas, sembrador de vida humana. Gen 1 supone que Dios lo creó todo a través de su Palabra. Así crea Jesús

La parábola de vida es bella, ni una palabra falta, ni una sobra. Austeramente describe Jesús lo que sucede a la semilla, empleando experiencias normales de la agricultura, ejemplos que se entienden de inmediato. Todo es cotidiano, sin erudición clasista de corte o palacio. Pero en su fondo descubrimos una paradoja que desafía todas las convenciones sociales, poniendo en movimiento la vida de aquellos que la escuchan, de manera extraña, transparente, dialogada.

 − Es extraña, paradójica. Un agricultor “legal” siembra sólo en buena tierra y no ‘desperdicia’ grano alguno entre las piedras y las zarzas. En cambio, el agricultor de esta parábola se empeña en sembrar sobre suelos que no están preparados, ni pueden prepararse, pues son inapropiados (camino, pedregal, zarzal). Desde una perspectiva económica, está desperdiciando semilla. Pero en otra perspectiva, él muestra su lógica más alta, enseñándonos así que no podemos definir de antemano lo que es buena y mala tierra, ni poner coto a la Palabra, puesto que ella es creadora y es capaz de trasformar el mismo suelo de los hombres con su Vida.

Es trasparente, hay que ver más allá….Dios siembra su palabra por medio de Jesús, en gesto copioso de generosa gratuidad. El hombre legalista o de sistema, que busca eficacia y calcula, piensa de antemano y escoge la tierra adecuad. Sabe donde están las espinas y piedras; por eso no malgasta la semilla. Jesús, sembrador de parábolas del Reino, ofrece su Conocimiento de vida, como poeta que crea regalando Palabra a toda tierra. De esa forma expresa la lógica de la gratuidad y la abundancia, actuando como sembrador de Palabra de Reino.

La parábola es palabra dialogada, hay que escuchar siempre al otro de manera que los mismos oyentes deben asumirla y entenderla (interpretarla) con su vida. En eso se distingue de una estatua, que está ya terminada, como realidad objetiva, y de un discurso o libro de teoría, que dice por sí mismo lo que dice, de manera que el lector ha de acogerlo de un modo pasivo. En contra de eso, las parábolas no han sido terminadas por Jesús, ni pueden entenderse en actitud pasiva, pues ellas pertenecen a la Vida, para que el oyente se introduzca en ellas con dinamismo creador.

Una gran paradoja es la vida, tiene muchos matices

             Esta palabra de belleza y vida es paradójica, trasparente, dialogal y Jesús se manifiesta a través de ella como artista de siembra dialogada. No emplea imágenes herméticas, ni signos de sabiduría elitista, sino que mira donde todos miran: hacia el lago donde lanzan su red los pescadores, hacia el campo donde siembran los labriegos, sobre el monte donde guardan su rebaño los pastores, de manera que esos mismos signos se convierten en parábola de Reino o Vida para sus oyentes. Jesús se ha fijado en el padre que da su herencia al hijo pródigo, para acogerle después, cuando vuelve sin nada, en las muchachas que esperan al novio, dormidas unas, otras despiertas, en la mujer que amasa el pan o busca la moneda perdida en las esquinas de la casa. Habla también de arrendatarios y obreros, de reyes y siervos, de personas que hacen guardia por miedo a los ladrones e igualmente de perlas y tesoros… (cf. Mc 4; Mt 13; Lc 15).

Sus palabras pertenecen a la prosa admirada de la vida y así pueden entenderlas todos; pero él las cuenta y dice de tal forma que inmediatamente descubrimos en el fondo de ellas un misterio, algo que nosotros mismos debemos asumir y compartir, pues de lo contrario no entendemos ni vivimos de ellas (cf. Mc 4, 10-12)[2]. Una demostración matemática se formula y sirve, con independencia de que el discípulo la acoja. La parábola, en cambio, sólo es bella y tiene sentido en la medida en que el discípulo la entiende y hacer suya, respondiendo, dialogando, en un proceso donde parábola y vida se entrelazan.

Por eso, las parábolas están abiertas no sólo para los oyentes, que deben penetrar en ellas si quieren entenderlas, sino para el mismo Jesús que las ha dicho, suscitando un proceso de enriquecimiento significativo que le abre y nos abre hacia Dios y hacia el Reino, definiendo así nuestro destino. Jesús no busca oyentes pasivos, que le escuchen y se vayan, sino que se vuelve encontradizo con los hombres y mujeres de su entorno, abriendo con ellos un diálogo de vida y gratuidad comprometida. De esa forma pone en marcha un poema en el que nosotros debemos introducirnos, una parábola que se identifica al fin con nuestra propia vida, trenzada y arraigada sobre el Reino. No ha contado parábolas para divertir a curiosos o desocupados, como bufón de corte que puede decir inconveniencias, sino que despliega por ellas su tarea de Reino, en gesto de sorpresa y revelación:

Jesús sorprende, como sorprende la vida.Donde todo parecía normal introduce un signo más alto de llamada, pidiendo a los oyentes que decidan: ¿Debe arrojar el sembrador semilla entre las zarzas: Mc 4, 3-9? ¿Puede el padre recibir al hijo pródigo, en detrimento del buen hijo legal: Lc 15, 11-32? ¿Es justo el patrono que paga al jornalero tardío lo mismo que al primero: Mt 20, 1-16 ¿Puede el comerciante astuto vender toda su hacienda por comprar la perla hermosa, sin pensar en la comida de sus hijos: Mt 13, 45-46?

− Jesús revela dando vida. Las parábolas nos abren a la lógica de Dios que es gratuidad, don abundante de vida, por encima del talión del mundo. Frente a la ciencia que demuestra las cosas por buen razonamiento, ellas superan y rompen la lógica del juicio, diciendo su palabra en un nivel de gratuidad originaria. Por eso, no expresan algo que existía previamente, sino que lo hacen existir, haciendo a los hombres capaces de crearlo.

 Las parábolas penetran de esa forma en la trama de la vida de sus oyentes, a quienes invitan a comprometerse, de manera que sólo las comprenden aquellos que las acogen y recrean.   Ellas son como el vino, que sólo se sabe saboreándolo, como el amor o la maternidad, que sólo se descubren y gozan asumiendo su proceso compartido (cf. Mc 4, 10-12 par). Generaciones de doctores han pasado ante estas y otras parábolas sin hallar una respuesta, pues quieren conocer sin comprometerse, saber sin saborear. Sólo aquellos que deciden entrar en su dinámica descubren que ellas son verdaderas. Por eso, la hermenéutica racionalista resulta al fin insuficiente, pues Jesús, como poeta excelso, sólo cuenta su secreto a quien dialoga con él y le acompaña, mostrando así que la verdad implica compañía personal, creación y comunión de vida.

Jesús, parábola de Dios: el arte de vivir.

Jesús aparece en la raíz del evangelio como parábola viva, arte supremo que sólo se entiende dialogando con él, asumiendo su destino. Así viene a mostrarse así como argumento radical de todas las parábolas, que son sabiduría de Reino. Entre ellas ocupa un lugar fuerte la del buen samaritano (Lc 10, 25-37), donde Jesús compara el Reino de Dios a un extranjero “impuro”, que supera los sistemas de legalidad y latrocinio sacral-nacional (sacerdotes y ladrones parecen asociados, igual que en la palabra sobre el templo: cf. Mc 11, 17), para ofrecer vida al caído del camino. Más “biográficas” son todavía otra dos: (del banquete y de los viñadores). Empiezo con la primera

El templo contra la viña

Un hombre plantó una viña… y se la confió a unos arrendatarios. Y llegado el tiempo envió a un sirvo a los agricultores, para que le dieran de los frutos de la viña. Pero agarrándolo le hirieron y le enviaron vacío… Y de nuevo envió otro siervo… y otro siervo… y muchos siervos a los que hirieron y mataron. Tenía aún un hijo querido, y le mandó al final, diciéndose: “respetarán a mi hijo”. Pero aquellos labradores se dijeron: “Este es el heredero, matémosle y será nuestra la herencia. Y tomándole le mataron… ¿Qué hará el dueño de la viña?… (Mc 12, 1-12 par).

     Esta parábola constituye la expresión más perfecta de la biografía de Jesús, que se ha enfrentado con los sacerdotes del templo, que han secuestrado los frutos de la vida o viña (don de Dios) y no quieren compartirlos con los pobres y necesitados. Ella cuenta simbólicamente la historia pasada (asesinato de los profetas) y anticipa la futura (asesinato del hijo), pero dejándola abierta, pues no le han matado todavía y su muerte podría evitarse, si los sacerdotes (y el resto de las autoridades) renunciaran a la propiedad exclusiva de la viña y empezaran a compartirla con otros.

El tema de fondo es el conocimiento de la viña, esto es, de la vida: los propietarios han secuestrado a su favor la viña del Reino y para mantener su propiedad (hecha sistema) están dispuestos a matar; Jesús lo sabe y denuncia su actitud, poniendo así en riesgo su propia vida, entrelazada con la trama de la parábola. Ciertamente, la parábola no demuestra, pues si lo hiciera no sería parábola, ni belleza, ni dejaría en libertad a los sacerdotes; pero hace algo mucho más profundo: anticipa y advierte, abriendo un camino, para que cada uno pueda situarse y responder, como indican las mismas respuestas que ofrece el texto (cf. Mc 12, 9-12). De esa forma, la belleza se identifica con la vida, el arte con el artista, que es Jesús, poeta y mártir, porquera hombre de parábolas, no de enseñanza de templo.

Jesús ha visto el templo de Jerusalén como patología anti-estética, engaño de un arte grandioso y multiforme al servicio de la opresión, mentira y muerte. Poemas y cantos, sacrificios animales y contratos de dinero se elevaban sobre el santuario admirable (¡mira qué piedras, que edificaciones!: Mc 13, 1), dominado por el sistema y sus poderes destructores (‘cueva de bandidos’: Mc 11, 27). El arte se sacralizaba así para oprimir a los devotos. Con los grandes creyentes de Israel (Amós, Isaías, Jeremías), proclamó Jesús su palabra de juicio y condena en contra de esta suma perversión del arte, en gesto que inspira toda la estética cristiana (cf. Mc 11, 12-26).

Ejemplos de parábolas  

  1. El lago donde lanzan su red los pescadores (Lc 5)
  2. El campo donde siembran los labriegos (Mt 13)
  3. Siembra que crece por sí misma (Mc 4)
  4. Trigo y cizaña: campo mezclado (Mt 13)
  5. La mujer que amasa el pan :levadura (Mt 13)
  6. El comerciante que busca buenas perlas
  7. Grano de mostaza (Mc 4)
  8. Higuera estéril (Mc 11) ¿Alegoría?
  9. Tesoro escondido, compra el campo
  10. El monte donde guardan su rebaño los pastores…
  11. El padre que reparte la herencia (Lc 15)
  12. Administrador injusto (Lc)
  13. Rico Epulón y Lázaro mendigo
  14. Constructor de torre, rey que hace guerra (Lc)
  15. Un hombre que da un banquete.
  16. Diez muchachas que esperan novio (Mt 25)
  17. Amo que regresa tarde (Mc 13)
  18. Dar a los que más ganan
  19. Los viñadores son violentos

 Cada una de las 19 parábolas es una paradoja. 

  1. Los pescadores no han pescado nada en toda la noche
  2. El labrador siembre en todos los campos aunque parezcan estériles
  3. ¿Para qué vale el trabajo si crece la planta trabajes o no?
  4. No arranquéis la cizaña ¿distinguís bien las plantas?
  5. El reino es peligroso, como la levadura. Si no quieres tener problemas no hagas nada
  6. Si vende todo para comprar la perla ¿Qué comerás después?
  7. ¿Para qué vale un reino tan pequeño como el tuyo?
  8. ¿Maldecir una higuera?  No maldigáis, dice Jesús
  9. ¿Es honrado comprar un campo con tesoro engañando al amo anterior?
  10. No es engañar a la 99 ovejas buenas… dejarlas solas ante el posible lobo
  11. ¿No traiciona el padre al hijo bueno cuando acoge al pródigo?
  12. ¿Ganaos amigos con riqueza injusta? ¿Cómo se entiende?
  13. ¿El pobre es sin más bueno?
  14. Si dejo todo ¿Qué hago?…
  15. ¿No crea vagos un Jesús que les deja sin hacer nada hasta la noche?
  16. Las diez vírgenes….¿Novio polígamo? ¿las que no tienen aceite?
  17. ¿No está dando mal ejemplo el amo que premia a los ricos y castiga a los pobres?
  18. ¿No es injusticia pagar lo mismo a los que trabajan mucho y a los que casi no trabajan nada
  19. ¿Cómo les mando el amo a su Hijo desarmado para que le maten los malos viñadores…?

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