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“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”

Domingo, 8 de enero de 2023
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KÉNOSIS

Entra en picado
por aquella kenosis
que el Verbo aventuró
desnudamente,
de abismo en abismo,
hasta el foso fecundo de la muerte.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae, 1986

***

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

“Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”

Jesús le contestó:

– “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere.”

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía:

“Este es mi hijo, el amado, mi predilecto.”

*

Mateo 3,13-17

***

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Fred, lo que quiero decirte es que eres amado, y lo que espero es que tú puedas escuchar estas palabras como te fueron dichas, con toda la ternura y la fuerza que el amor puede darles. Mi único deseo es que estas palabras puedan resonar en cada parte de tu ser: tú eres amado.

El máximo regalo que mi amistad pueda hacerte es el don de hacerte reconocer tu condición de “ser amado”. Puedo hacerte este don sólo en la medida en que lo quiero para mí mismo. ¿No es ésta la amistad: darnos uno al otro el don de “ser amados”? Sí, es la voz, la voz que habla desde lo alto y desde dentro de nuestros corazones, que susurra dulcemente y declara con fuerza: «Tú eres el amado, en tí me complazco». No es ciertamente fácil escuchar esta voz en un mundo lleno de otras voces que gritan: «No eres bueno, eres feo, eres indigno; eres despreciable, no eres nadie… y no puedes demostrar lo contrario».

Estas voces negativas son tan fuertes y tan insistentes que es fácil creerlas. Ésta es la gran trampa. Es la trampa del rechazo de nosotros mismos. En el curso de los años, he llegado a darme cuenta de que, en la vida, la mayor trampa no es el éxito, la popularidad o el poder, sino el rechazo de nosotros mismos. Naturalmente, el éxito, la popularidad o el poder pueden ser una tentación grande, pero su fuerza de seducción deriva a menudo del hecho de que forman parte de una tentación mayor, la del rechazo de nosotros mismos. Cuando se presta oídos a las voces que nos llaman indignos y no amables, entonces el éxito, la popularidad o el poder son fácilmente percibidos como soluciones atractivas. Pero la verdadera trampa, repito, es el rechazo de nosotros mismos.

*

H. J. M. Nouwen,
Tú eres mi amado: la vida espiritual en un mundo secular,
Madrid s.f.

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“Escuchar la propia vocación”, Bautismo del Señor – A (Mateo 3,13-17)

Domingo, 8 de enero de 2023
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20160WLos relatos evangélicos no se detienen demasiado en la descripción del bautismo de Jesús. Dan más importancia a la experiencia vivida por él en aquella hora, y que es, sin duda, determinante para su actuación futura.

Jesús no volverá ya a su casa de Nazaret. Tampoco se quedará entre los discípulos del Bautista. Animado por el Espíritu, comenzará una vida nueva, totalmente entregada al servicio de su misión evangelizadora.

Podemos decir que la hora del bautismo ha sido para Jesús el momento privilegiado en el que ha experimentado su vocación profética: ha sido consciente de vivir poseído por el Espíritu del Padre, y ha escuchado la llamada a anunciar a sus hijos e hijas un mensaje de salvación.

Escuchar la propia vocación no es asunto de un grupo de hombres y mujeres, llamados a vivir una misión privilegiada. Tarde o temprano, todos nos tenemos que preguntar cuál es la razón última de nuestro vivir diario y para qué comenzamos un nuevo día cada amanecer. No se trata de descubrir grandes cosas. Sencillamente, saber que nuestra pequeña vida puede tener un sentido para los demás, y que nuestro vivir diario puede ser vida para alguien.

No se trata tampoco de escuchar un día una llamada definitiva. El sentido de la vida hay que descubrirlo a lo largo de los días, mañana tras mañana. En toda vocación hay algo de incierto. Siempre se nos pide una actitud de búsqueda, disponibilidad y apertura.

Solo en la medida en que una persona va respondiendo con fidelidad a su misión va descubriendo, precisamente desde esa respuesta, todo el horizonte de exigencias y promesas que se encierra en su quehacer diario.

Vivimos con frecuencia un ritmo de vida, trabajo y ocupaciones que nos aturde, distrae y deshumaniza. Hacemos muchas cosas a lo largo de la vida, pero ¿sabemos exactamente por qué y para qué? Nos movemos constantemente de un lado para otro, pero ¿sabemos hacia dónde caminar? Escuchamos muchas voces, consignas y llamadas, pero ¿somos capaces de escuchar la voz del Espíritu, que nos invita a vivir con fidelidad nuestra misión de cada día?

José Antonio Pagola

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“Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él”. Domingo 08 de enero de 2023. Bautismo del Señor

Domingo, 8 de enero de 2023
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09-navidada5-cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero.
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Mateo 3,13-17: Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él.

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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Pikaza

Domingo, 8 de enero de 2023
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Segunda epifanía: Bautismo de Jesús. Ciclo A

Domingo, 8 de enero de 2023
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bautismo-de-cristo-pietro-perugino-2-renacimientoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Hace dos días celebrábamos la primera manifestación de Jesús, en Belén, a los paganos. Hoy celebramos la segunda, a todos, en el Jordán, mediante la voz del cielo. Entonces nos decían que Jesús es el rey de los judíos; hoy, Dios Padre nos dice que es su Hijo amado, su predilecto.

El bautismo de Jesús (Mateo 3,13-17)

En el relato de Mateo podemos distinguir tres momentos: el diálogo con Juan, la venida del Espíritu y la voz del cielo.

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole:

– Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?

Jesús le contestó:

– Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto».

Comienza Mateo informando del viaje de Jesús al Jordán para ser bautizado por Juan. Su información no puede ser más escueta. ¿Cómo se enteró Jesús de la actividad del Bautista? ¿En qué momento de su vida? ¿A qué edad? ¿Qué lo impulsó a ir en su busca? El evangelista no dice nada. Ni siquiera advierte al lector del profundo contraste existente entre Jesús y el personaje anunciado poco antes. Juan ha anunciado a uno más fuerte e importante que él, que trae un bautismo con Espíritu Santo y fuego, dispuesto a separar el trigo de la paja, a guardar lo bueno y quemar lo malo. Jesús no hace nada de eso: se pone en la cola de los pecadores, esperando su turno para confesar los pecados y ser bautizado.

El diálogo con Juan es exclusivo del evangelio de Mateo. Cuando Marcosescribió su evangelio, el hecho de que Jesús fuese bautizado por Juan no planteaba problemas. Sin embargo, Mateo entrevé en esta escena un auténtico escándalo para los cristianos: ¿cómo es posible que Jesús se ponga por debajo de Juan y se someta a un bautismo para el perdón de los pecados? Para evitar ese posible escándalo, introduce un diálogo entre los dos protagonistas, poniendo de relieve el motivo que aduce Jesús: «está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere». Deja claro lo que para él será más importante a lo largo de su vida: cumplir la voluntad de Dios. Al mismo tiempo, aprendemos que su actuación será en ocasiones sorprendente, un misterio que nunca podemos penetrar del todo y que incluso puede provocar escándalo en las personas mejor intencionadas. Desde la primera escena, Jesús nos está desconcertando.  

Precisamente en el momento de la mayor humillación tiene lugar su mayor exaltación. A diferencia de Marcos, que cuenta el episodio como una experiencia personal de Jesús (solo él ve rasgarse el cielo, bajar al espíritu y solo él oye la voz del cielo), Mateo distingue una experiencia personal (ve rasgarse el cielo y descender al espíritu) y una proclamación pública («Este es mi Hijo amado, mi predilecto»). La filiación divina no es una novedad para Jesús sino para los presentes, para nosotros.

La venida del Espíritu sobre Jesús tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Al venir sobre Jesús se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según dijo Juan Bautista.

La voz del cielo. En las palabras «mi Hijo amado, mi predilecto» resuenan textos muy distintos. Cuando Dios pide a Abrahán que sacrifique a Isaac lo llama «tu hijo, tu hijo amado» (Gn 22,2). Cuando un salmista se dirige al rey en nombre de Dios durante la ceremonia de entronización le dice: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy» (Sal 2,7). Pero estas palabras, unidas al don del Espíritu, recuerdan sobre todo a Is 42,1-4, que Mateo aplicará más tarde a Jesús: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él pondré mi Espíritu» (Mt 12,18-21).

Estas resonancias sugieren ideas muy importantes a propósito de Jesús. Dios ve su relación con él tan íntima como la de un padre (Abrahán) con su hijo (Isaac). Su filiación divina tiene también una connotación regia, ya que Sal 2,7 recoge lo dicho por Dios a David a propósito de Salomón: «Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo» (2 Sm 7,14). Y por ser el amado, el predilecto, se le encomienda una misión universal, implantar la justicia en las naciones, pero sin llamar la atención. Sin gritos ni amenazas, sin quebrar la caña cascada ni apagar el pabilo vacilante, conseguirá «que las naciones esperen en él» (Is 42,1-4 según traduce Mateo 12,18-21). Con ello, la voz del cielo anuncia no solo la intimidad de Jesús con Dios y su dignidad regia, también la misión encomendada y la forma en que la llevará a cabo.

En algún momento, el lector del evangelio podrá sentirse escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la vida, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)

Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.»

Las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Isaías (42,1-4.6-7).

El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)

La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús: «Pasó haciendo el bien». Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

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Bautismo del Señor. Ciclo A. 08 enero, 2023

Domingo, 8 de enero de 2023
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Bautismo

 

“Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: -Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.”

(Mt 3, 13-17)

Con la fiesta del Bautismo cerramos el tiempo de Navidad. ¡Y qué rápido nos ha crecido el chiquillo!

Hoy nos encontramos a Jesús respondiendo a las grandes preguntas existenciales: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Qué sentido tiene la vida?

Y encuentra la respuesta en esa voz profunda que toda persona puede oír si se regala el silencio necesario. Esa voz que nos recuerda que la materia prima de la que estamos hechas es divina. Está en bruto y necesita ser pulida, purificada y moldeada, pero nuestra esencia es divina, nos trasciende y nos conecta con la plenitud.

Por eso, cuando conectamos con esa voz inevitablemente los cielos se abren, nuestros estrechos horizontes se ensanchan y empezamos a vernos y a ver con una luz que nos hace descubrir maravillas.

Ese es el momento vocacional que experimenta toda persona humana. El punto de inflexión vital, después del cual, nuestra vida toma un cauce, un camino. Ese momento solo tiene un pequeño defecto: que solo dura un “momento”.

Después toca vivir de confianza, toca caminar con menos luz y menos brillo, a ratos incluso en una densa oscuridad. Pero ese momento, si sabemos volver a él, puede ser la luz necesaria para atravesar cualquier noche.

El mismo Jesús escucha tres veces una voz que le recuerda quién es y qué debe hacer. Una en el bautismo al empezar, otra en la trasfiguración cuando se encuentra confundido y crece la hostilidad hacia él, y la última en la agonía de la cruz, cuando el centurión que le ve morir exclama:

“- Verdaderamente, este es Hijo de Dios.”

Tener clara nuestra vocación no nos garantiza que no tendremos dificultades, no. Tener clara nuestra vocación nos ayuda a atravesar cualquier dificultad y enfrentar incluso la muerte con tal de dar respuesta.

Oración

Envíanos tu Santo Espíritu, que descienda sobre nuestros corazones y podamos oír la voz que nos recuerda nuestra identidad: Tú eres mi Hija, mi Hijo, amada.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Lo importante de Jesús es obra del Espíritu.

Domingo, 8 de enero de 2023
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BAUTISMO DE JESUS

DOMINGO 1º (A) Bautismo de Jesús

Mt 3,13-17

Empezamos el tiempo ordinario del año litúrgico. A lo largo de este año vamos desgranando las narraciones más importantes de Mateo. Es lógico que empecemos con el primer relato importante de esa andadura, el bautismo. Los especialistas dicen que el bautismo es el primer dato de la vida de Jesús que podemos considerar, con una gran probabilidad, como histórico. Sin duda fue muy importante para Jesús. Fue también muy importante para los primeros cristianos que intentaron comprender su vida, porque el bautismo deja claro que el motor de toda la trayectoria humana de Jesús fue el Espíritu.

La hondura de la fiesta la marcan las dos primeras lecturas. Ahí descubrimos que va más allá de la narración de un hecho más o menos folclórico. Isaías hace un cántico al libertador del pueblo oprimido que la primera comunidad cristiana identificó con Cristo. Pedro hace un resumen muy certero de la vida de Jesús. En las tres lecturas se habla del Espíritu como determinante de la presencia salvadora de Dios. La presencia de Dios en la historia se lleva a cabo siempre a través de su Espíritu. Dios no puede ser causa segunda. Actúa siempre desde lo hondo del ser y sin violentarlo. Por eso decimos que actúa como Espíritu.

Aunque el bautismo de Jesús fuera un hecho histórico, la manera de contarlo nos lleva más allá de una crónica de sucesos. Cada evangelista acentúa los aspectos que más le interesan para destacar la idea que va a desarrollar en su evangelio. Lo narran los tres sinópticos y Hechos alude a él varias veces. Juan hace referencia a él como dato conocido, lo cual es más convincente que si lo contara. Dado el altísimo concepto que los primeros cristianos tenían de Jesús, no fue fácil explicar su bautismo por Juan. Si a pesar de las dificultades de encajarlo, se narra en todos los evangelios, es que era una tradición muy antigua.

El relato del bautismo intenta concentrar, en un momento, lo que fue un proceso que duró toda la vida de Jesús. La mejor demostración es que en los sinópticos está relacionado con las tentaciones. Ni en uno ni en dos momentos quedó definitivamente clara su trayectoria. No tiene lógica que un simple bautismo marque el punto de inflexión en su vida. Aceptar el bautismo de Juan era aceptar su doctrina y su actitud vital.

En el brevísimo diálogo entre Jesús y Juan, Mateo expresa que Jesús rompe todos los esquemas del mesianismo judío. No es el bautizar a Jesús lo que le cuesta aceptar al Bautista, sino el significado de su bautismo. Es muy probable que Jesús fuera discípulo de Juan y que no solo se vio atraído por su doctrina, sino que formó parte del grupo de seguidores. Solo después de ser bautizado, desde su propia experiencia interior, trasciende el mensaje de Juan y comienza a predicar su propio mensaje, en el que la idea de Mesías y Dios, que el Bautista había predicado, queda notablemente superada.

Con sus constantes referencias al AT, Mateo quiere dejar claro que toda la posible comprensión de la figura de Jesús tiene que partir del AT. La manera de hablar es totalmente simbólica. Lo que nos cuentan pasó todo en el interior de Jesús. Lucas nos dice: “y mientras oraba…” Los demás evangelistas lo dan por supuesto, porque solo desde el interior se puede descubrir el Espíritu que nos invade. Jesús no solo la acepta, sino que se quiere comprometer con las ideas del Bautista. Todo ello prepara a Jesús para una experiencia única. Se abre el cielo y ve claro lo que Dios espera de él.

Jesús no fue un extraterrestre de naturaleza divina que estaba dispensado de la trayectoria que cualquier ser humano tiene que recorrer para alcanzar su plenitud. No nos tomamos en serio esa experiencia humana de Jesús. Pero los primeros cristianos tomaron muy en serio la humanidad de Jesús. Hablar de que Jesús hizo un acto de humildad al ponerse a la fila como un pecador, aunque no tenía pecados, es pensar en un acto teatral que no pega ni con cola a una personalidad como la de Jesús.

A este relato nos acercamos con demasiados prejuicios: El primero, olvidarnos de que Jesús era completamente humano y necesitó ir aclarando sus ideas. En segundo lugar, nuestro concepto de pecado y conversión no tiene nada que ver con lo que se entendía entonces. Entendemos la conversión como un salir de una situación de pecado. Lo que se narra es una auténtica conversión de Jesús, que no supone una situación de pecado sino una toma de conciencia de lo que significa para el hombre alcanzar su plenitud.

Dios llega siempre desde dentro, no de fuera. Nuestro mensaje “cristiano” de verdades, normas y ritos, no tiene nada que ver con lo que vivió y predicó Jesús. El centro del mensaje de Jesús consiste en invitar a todos los hombres a tener la misma experiencia de Dios que él tuvo. Después de esa experiencia, Jesús ve con claridad que esa es la meta de todo ser humano y puede decir a Nicodemo: “hay que nacer de nuevo”.

El bautismo de Jesús tiene muy poco que ver con nuestro bautismo. El relato no da ninguna importancia al bautismo en sí, sino a la manifestación de Dios en Jesús por medio del Espíritu. Fijaos que Mateo dice expresamente: “apenas se bautizó, Jesús salió del agua…”. Marcos dice lo mismo: “apenas salió del agua…” Y Lucas: “y mientras oraba…”. La experiencia tiene lugar una vez concluido el rito del bautismo. En los evangelios se hace constante referencia al Espíritu para explicar lo que es Jesús.

La alusión a los cielos que se abren es la expresión de la esperanza de todo el AT. (Is 63,16) “¡Ah si rasgasen los cielos y descendieses!” La comunicación entre lo divino y lo humano, que había quedado interrumpida por culpa de la infidelidad del pueblo, es desde ahora posible gracias a la total fidelidad de Jesús. La distancia insalvable entre Dios y el Hombre queda superada para siempre. La voz la oyó Jesús dentro de sí mismo y esa presencia le dio la garantía absoluta de que Dios estaba con él para llevar a cabo su misión.

Estamos celebrando el verdadero nacimiento de Jesús. Y éste sí que ha tenido lugar por obra del Espíritu Santo. Dejándose llevar por el Espíritu, se encamina él mismo hacia la plenitud humana, marcándonos el camino de nuestra propia plenitud. Pero tenemos que ser muy conscientes de que solo naciendo de nuevo, naciendo del Espíritu, podremos desplegar todas nuestras posibilidades humanas. No siguiendo a Jesús desde fuera, como si se tratara de un líder ni aceptando su doctrina y sus leyes, sino entrando como él en la dinámica de la vivencia interior. Ser cristianos es repetir en nosotros el proceso de deificación de Jesús.

La presencia de Dios en el hombre tiene que darse en aquello que tiene de específicamente humano; no puede ser una inconsciente presencia mecánica. Dios está en todas las criaturas como la base y el fundamento de su ser, pero solo el hombre puede tomar conciencia de esa realidad y vivirla. Esto es su meta y el objetivo último. En Jesús, la toma de conciencia de lo que es Dios fue un proceso que no terminó nunca. En el bautismo se nos está hablando de un paso más, aunque decisivo, en su toma de conciencia.

 

Meditación

Jesús vio que el Espíritu bajaba sobre él.
Ésta es la experiencia máxima de un ser humano.
Teniendo en cuenta que Dios no tiene que venir de ninguna parte,
descubrir el Espíritu en lo hondo de mi ser,
es el segundo nacimiento que Jesús pide a Nicodemo.
Con esa experiencia, comienza otra Vida que es la verdadera.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Gnosticismo.

Domingo, 8 de enero de 2023
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Mt 3, 13-17

«Éste es mi hijo, el amado, mi predilecto»

En Jesús hemos visto que somos hijos y herederos, y esta concepción del ser humano está presente en todo el evangelio con constantes referencias al Padre. Y ya sabemos que esto no pasa de ser una analogía, pero es la analogía que eligió Jesús para mostrar nuestra relación con la divinidad y nuestro papel en el mundo. El corazón de la buena Noticia, lo que puede dar sentido a nuestra vida, es que Dios, nuestro Padre, no necesita nada de nosotros, pero que tiene hijos que sí nos necesitan…

Esta idea de Dios y del ser humano, pronto se vio influenciada por filosofías previas al cristianismo que tradicionalmente han aprovechado los fundamentos de las grandes religiones para acomodar sus principios y captar fieles. A estas filosofías parásitas se las conoce con el nombre común de gnosticismo, y su capacidad para mimetizarse con la religión a la que parasitan, se refleja muy bien en la influencia que tuvieron en las primeras comunidades cristianas; especialmente en las comunidades joaneas.

¿Pero qué es el gnosticismo?…

El gnosticismo es un sistema filosófico-religioso que enfatiza el conocimiento espiritual (la gnosis) por encima de las enseñanzas y tradiciones propias de la fe religiosa. En el caso del cristianismo, esto se traduce en que el mensaje y la praxis de Jesús quedan relegados a un segundo término en favor de un conocimiento superior de nuestra realidad que se obtiene directamente en nuestro interior.

Ni la fe ni las obras salvan (o liberan, o lo que cada uno quiera entender por salvar), sino que es ese conocimiento trascendental de nuestra realidad y de la realidad de Dios lo que produce la salvación; es decir, lo que permite al iniciado resolver todos los problemas relativos a la divinidad, el hombre y el mundo, porque está basado en la participación directa de lo divino.

El neo-gnosticismo suele apelar a la tradición mística cristiana como su antecedente directo, pero no es lo mismo. Para aquellos místicos, la intuición de Dios en lo más profundo de su ser era la forma de dar cauce a su fe, pero el gnosticismo actual sustituye la fe por la gnosis. De hecho, la importancia que desde el gnosticismo se da a practicar —o no— una vida evangélica varía según las diversas corrientes gnósticas, pero en todos los casos es algo secundario.

Por tanto, estamos hablando de un movimiento iniciático donde los iniciados saben que los seres humanos no somos lo que creemos ser —o lo que tradicionalmente ha dicho la filosofía o la religión—, mientras que los no iniciados vivimos en la ignorancia de nuestra auténtica realidad y la realidad de Dios.

En la actualidad hay Iglesias gnósticas con sus ritos y creencias, pero el gnosticismo también ejerce su influencia en ambientes intelectuales del cristianismo, en cuyo caso siempre se presenta como vanguardia; como nuevo paradigma hacia el que debemos caminar.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Bautismo del Señor.

Domingo, 8 de enero de 2023
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bautismo-jesusJesús se pone en la cola… (Mt 3,13-17). Inmersas en el Bautismo de Jesús.

Jesús, a pesar de ser el Hijo de Dios y el Liberador de la humanidad, se pone en la cola, como uno de tantos, para hacerse bautizar, pasa por los mismos trámites rutinarios que sus contemporáneos, tomando sobre sí la condición del ser humano infiel y pecador.

En el mundo antiguo el significado del agua era el de fuente de vida y de muerte. Nacemos a la vida “rompiendo aguas” desde el útero materno. El agua es imprescindible para el normal desarrollo de la vida humana. Pero también es fuente de muerte cuando se producen, inundaciones, maremotos, crecidas de ríos o, por el contrario, cuando la sequía provoca la pérdida de cosechas, hambrunas, éxodos de población, enfermedades y muerte. La encíclica Laudato Si, del papa Francisco, aborda ampliamente este reto.

El agua es, pues, un símbolo elemental y universal de vida y de muerte. Esta experiencia tan humana simboliza que hacerse cristiano es morir a una forma de vida contraria a Dios, vieja, y renacer a una vida nueva, en Dios. Por eso, hasta el siglo XIV, el bautismo era de inmersión de adultos; a partir de entonces se convirtió en efusión.

Para la comprensión del bautismo cristiano es preciso tener en cuenta la importancia del agua en los grandes acontecimientos de la historia de la salvación. Así, recordamos los relatos de la creación (Gen 1,2), de Noé (Gen 6,9), la liberación del pueblo de Israel a través del mar Rojo (Ex 14), la llegada a la tierra prometida y el paso por el Jordán (Jos 3). Es decir, el agua estaba íntimamente asociada a la relación del pueblo de Israel con su Dios. Con Juan Bautista, el bautismo era la señal y el gesto por el que los hombres y mujeres expresaban la conversión interior y su esperanza en Áquel que va a venir, que está al llegar (Mt 3). “Yo os bautizo con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo” (Mc 1,8).

Desde el principio, se tenía la certeza de que Jesús había querido esta forma de entrar en la comunidad de los llamados por Dios. En su bautismo el Espíritu Santo desciende y el Padre designa a Jesús para su obra mesiánica: “Este es mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto” (Mt 3,17), recogidas por los tres sinópticos. Hecho que acontece en su interior, sin ninguna señal exterior perceptible por los sentidos. El cielo abierto y la paloma nos hablan de esa comunicación íntima de Dios Trinidad con Jesús, la Palabra hecha carne.

Jesús confiere al bautismo un significado mucho más profundo que el de la purificación o lavado. El acontecimiento del Jordán no sólo es una manifestación de la divinidad de Jesús, sino un testimonio del Dios Trinidad. Jesús es ungido por el Espíritu como sacerdote, rey y mesías, pero le constituye también en templo espiritual, templo del Espíritu, morada de Dios entre los hombres. Este acontecimiento profético culmina en la cruz. De hecho, en referencia a la muerte que se le venía encima, Jesús dice: “Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!” (Lc 12,50). La presencia del Espíritu Santo, hace de toda la existencia humana de Jesús un puro “bautismo”, es decir, una opción radical de fidelidad al Padre y el compromiso de búsqueda del Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33). “Su relación con Dios estará hecha de deslumbramiento, asombro, pura receptividad y dependencia filial” (D. Aleixandre)

Todos los bautizados estamos llamados a compartir este bautismo y a realizar en nuestras vidas el empeño profético a favor de la justicia que Cristo representa. Aquí no hay diferencia alguna entre la consagración del varón o de la mujer ni debe uno sentirse más comprometido que el otro en ese empeño de vida cristiana. Es la fuerza del Espíritu, la que hace vivir a la Iglesia descendiendo sobre la comunidad de apóstoles y discípulos (varones y mujeres). El Espíritu hace de nosotros/as testigos acreditados, profetas y evangelistas de la esperanza, pues dice el Señor: “Derramaré mi Espíritu sobre todo hombre, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas” (Jl 3,1-5; Hch 2,17)

El bautismo supone acoger el “hágase en mí según tu Palabra, según tu sueño” desde toda la eternidad. Recibir con asombro la paradoja de su anuncio: “Tú eres mi hijo/a, amado/a”, te llamo por tu nombre, te quiero así como eres. Eres bendecido/a, y cuento contigo para edificar mi reino. Desde esa fe-confianza podemos poner en práctica lo que proclama la segunda lectura: “Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Él envió su mensaje a los israelitas anunciando la paz que traería Jesús el Mesías, que es Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”  (Hch 10,34-38). Es decir, el bautismo implica la superación de todo nacionalismo, de todo racismo, de todo clasismo, de todo clericalismo, de todo aquello que discrimina por razón de sexo, raza, etnia, cultura, clase social…

El planteamiento que cabe hacerse, desde el punto de vista de nosotras, mujeres que hemos recibido el bautismo del agua y del Espíritu, que compartimos con el hombre la misión profética y que nos alimentamos del mismo pan y del mismo cáliz, es si, por razón de ser mujer, nuestra acción debe quedar limitada a una pastoral “de apoyo, secundaria”, en lugar de poder desarrollar nuestro carisma específico como bautizadas y ungidas.

El antiguo himno bautismal citado por Pablo, anuncia que las barreras de raza, clase y sexo han sido superadas por una nueva identidad: “Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo habéis sido revestidos. Ya no hay distinción entre judío o no judío, entre esclavo o libre, entre varón o mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,27-28).

El bautismo es el sacramento que nos llama al discipulado de iguales. El compromiso, la sinodalidad y la corresponsabilidad en la ekklesía de las mujeres [1], constituyen la praxis de vida de la vocación cristiana. Son la encarnación de una nueva Iglesia sinodal y solidaria con los oprimidos y los más pequeños de este mundo, la mayor parte de los cuales son las mujeres y los hijos que dependen de ellas.

Urge recuperar el profundo significado de la cena de Betania (Mc 14,3-9) y dar cumplimiento a la palabra del Señor, pues lo que Jesús señaló como “memorial”, no tiene por qué quedar olvidado.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

[1] E. A. Johnson, La que es. El misterio de Dios en el discurso teológico feminista, Herder, 2002.

Fuente Fe Adulta

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“El Hijo amado” en la cola de los pecadores”. Fiesta del Bautismo de Jesús.

Domingo, 8 de enero de 2023
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09B741B6-A898-498E-9630-BB53C33FADECFiesta del Bautismo de Jesús

8 enero 2023

Mt 3, 13-17

A las primeras comunidades cristianas les costaba explicar por qué Jesús se habría hecho bautizar, cuando en realidad tal práctica iba destinada a los “pecadores” necesitados de perdón y conversión. La incomodidad que les provocaba ese hecho dio lugar a las diferentes explicaciones con las que intentaron justificarlo, en un intento de hacer comprensible lo que rechinaba con su creencia: ¿Cómo el “Hijo de Dios” podía colocarse en la cola de los pecadores?

Más allá del dato histórico -ningún evangelista hubiera inventado algo que chocaba frontalmente con la fe de aquellas comunidades-, una lectura simbólica (espiritual) de ese hecho nos permite reconocerlo como una descripción de nuestra situación. El “Hijo de Dios” en la cola de los “pecadores” es una expresión de nuestra propia paradoja: la Plenitudexperimentándose -viviéndose- en formato de carencia.

Nuestra personalidad es un agregado impermanente, inestable y carenciado: tiene fecha de nacimiento y de caducidad. Nuestra identidad es permanente, estable y plena: no ha nacido y no morirá.

La sabiduría reconoce la paradoja y valora los dos polos de la misma, aun advirtiendo que el acierto consiste en vivir las circunstancias de nuestra persona permaneciendo conscientemente conectados con nuestra verdad profunda.

La consciencia toma en cada uno de nosotros la forma de un personaje particular. La ignorancia hace que nos identifiquemos y reduzcamos al personaje que nos toca “representar”, tomando todo lo que nos sucede de manera “personal”, como si en ello se jugara la suerte de nuestro destino. De ese modo, nos vemos sometidos a una existencia de confusión y de sufrimiento. La comprensión, por el contrario, nos libera de aquella identificación, permitiéndonos descansar en la consciencia que somos. Nuestro personaje seguirá viéndose afectado por lo que ocurre y seguirá sintiendo el dolor que acompaña a la impermanencia, pero podremos acoger todo ello desde aquel “lugar” donde todo está bien, donde siempre estamos a salvo.

¿Vivo consciente de la paradoja que me constituye?

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Jesús carga con la culpa de la humanidad y desciende con ella al Jordán.

Domingo, 8 de enero de 2023
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icono-bautismo-de-jesusDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

 01.-  Relato de revelación

    El Bautismo de Jesús supone el comienzo de la actividad pública de Jesús.

  El Bautismo de Jesús -y después la Transfiguración- son la experiencia que aquellos cristianos tienen de que Dios nos habla por medio de Jesús. Jesús es la Palabra: Éste es mi hijo amado, escuchadle.

    Y lo más importante que un padre puede decirle a su hijo es que le quiere. Es lo que Dios dice a Jesús: eres mi hijo amado.

02.- Cuando la geografía se hace teología.

    2.1. Las aguas bautismales del Jordán

   La depresión del río Jordán es de unos 400 metros. (Es la mayor depresión geográfica del mundo). Pero esta cuestión tiene poco o ningún interés humano y cristiano.

   De todos modos la depresión del Jordán podemos interpretarla como el “hundimiento” de Jesús en el pecado de la humanidad y en el perdón, el bautismo de la humanidad en Jesús.

    Jesús, que no tuvo pecado, descendió a nuestras depresiones, y nos liberó.

    Benedicto XVI -fallecido hace unos días- hizo una lectura hermosa de este pasaje en su libro “Jesús de Nazaret”:

    Jesús había cargado con toda la culpa de la humanidad: entró con ella en el Jordán. [1]

    San Pablo lo dirá de otro modo: Jesús, siendo de condición divina, se despojó de sí mismo y se hizo uno de nosotros, se hizo uno de tantos. (Flp 2,6-7)

   Jesús no solamente se hace hombre, sino que se hace pecado. Durante toda su vida Jesús será amigo de pecadores y publicanos. Jesús se sumergió en las “aguas turbulentas” de la humanidad.

    Los humanos somos siempre limitados, a veces como Pedro nos hundimos en las aguas del mar de la vida. Pero también en esas situaciones y en las peores condiciones somos hijos amados de Dios

    2.2. Los cielos se abrieron

      Los cielos estaban cerrados para el ser humano.

     Por Cristo (Bautismo y Transfiguración) se abrieron, se rasgaron los cielos. El viejo sistema, la vieja religión, el velo del Templo se rasgó a la muerte de Xto. (Mt 27,50).

    Se abrieron los cielos. Cuando JesuCristo está entre nosotros y nos hace hijos de Dios, los cielos se abren y desciende el espíritu de amor sobre nosotros. Con la presencia de Cristo los cielos se abren para la humanidad que ha descendido con el Señor a las aguas del Jordán (más tarde Jesús será elevado a la cruz).

     Los cielos, la casa de Dios Padre está abierta para todos.

    Es frecuente escuchar cuando una persona muere: “donde quiera que estés…”. ¿Y dónde va a estar? Pues en los cielos que se abrieron en el acontecimiento del río Jordán y los cielos se abrieron para todos.

03.- Este es mi hijo amado

    Jesús es lo que Dios nos quería decir a la humanidad. Jesús es la última Palabra de Dios. Y esa Palabra que Dios empeña es amor. Dios no es el gendarme del mundo y de la humanidad: Dios es amor (1Jn 4,7-9).

    Jesús es el Hijo Amado de Dios.

  • Que JesuCristo es hijo amado de Dios significa que Dios le quiere. Dios es amor.
  • Ser cristiano en consecuencia es ser y sentirse hijo amado de Dios, querido por Dios y esta condición de hijos amados no nos la quita nadie nunca. (el hijo pródigo es hijo amado siempre). Dios nos ama.

Este es mi Hijo amado, escuchadle

[1] J. Ratzinger, Jesús de Nazaret, Madrid, 2007, 31-47, aquí, 40.

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