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“Cuidadoras”: un documental sobre el encuentro de mujeres trans y adultos mayores

jueves, 24 de julio de 2025
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La diversidad en el mundo de los cuidados contada en un documental argentino sobre mujeres trans que accedieron por la ley de cupo laboral al geriátrico público Santa Ana.

Fuente Agencia Presentes

1 de julio de 2025
Maby Sosa
Edición: Ana Fornaro

BUENOS AIRES, Argentina. Los recuerdos, la vida, las risas, la ternura, la melancolía. Todo confluye en las paredes del geriátrico público Santa Ana, en San Andrés, provincia de Buenos Aires. Allí es donde se filmó Cuidadoras un documental dirigido por Martina Matzkin y Gabriela Uassouf, que retrata la labor de tres mujeres trans en un hogar público para personas mayores.

Las cuidadoras son Luciana, Maia y Yenifer y en la película se registran desde sus primeros días en el hogar. Muestran también cómo, con el correr del tiempo, van familiarizándose con las personas residentes y con su oficio.

Cuidadoras  se estrenó en junio en el cine Gaumont y seguirá en cartel en la primera semana de julio. Luego viajará a Rosario, Tandil y Santa Fe.

Un trabajo formal

Por primera vez Luciana, de Mataderos, Maia, de Salta y Yenifer, de Paraguay, acceden a un empleo formal. Antes de eso, ejercieron el trabajo sexual. Es un tema de charla: lo poco que se gana como cuidadora en comparación de su trabajo anterior. En el momento del documental, el ingreso de ellas era poco. Tres años después, es mucho menos. Sin embargo, ellas continúan dedicándose a la tarea.

Las cuidadoras entraron al hogar por la posibilidad que daba en ese momento el cupo laboral trans de aplicar a trabajos del Estado”, explica la productora de Rocío Pichirelli. Junto a las directoras, Martina y Gabriela, fueron parte de la gestación y organización de un trabajo articulado para lograr la formación de personas trans en cuidado de adultos mayores.

Esa formación se hizo en conjunto con la Asociación Civil Mocha Celis, Cruz Roja, la Universidad 3 de Febrero, la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores y la Secretaría para la Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) que hoy está completamente desfinanciada. La misma suerte corre el Hogar Santa Ana actualmente en una situación crítica.

El Santa Anta es uno de los pocos hogares públicos que tenemos en nuestro país. Gracias a toda esta articulación pudimos primero hacer el curso para que las chicas se formaran en cuidados de adultos mayores. Y luego de eso, las pasantías. Algunas en ese hogar y otras en PAMI donde algunas compañeras siguen trabajando”, cuenta Pichirelli.

La vida en el hogar

Las directoras eligieron contar casi exclusivamente lo que pasaba dentro del hogar Santa Ana. De las cuidadoras no se sabe mucho más de lo que cuenta la película a través de la interacción entre ellas, entre otrxs profesionales, y por supuesto con las personas que cuidan.

En algún momento barajamos salir un poco más del hogar. De hecho, filmamos algunas cosas, pero nos dimos cuenta que era interesante centrarnos en ese lugar, en esa especie de cápsula donde sucede el encuentro. En donde cada una y cada uno carga, trae su historia. Y lo que en esa comunidad se va formando. Nos pareció más rico y más interesante quedarnos ahí adentro”, dice Martina Matzkin.

La historia del documental se apuntaló haciéndose eco de lo que muchas compañeras trans pedían durante la pandemia, y era la posibilidad de un oficio, de cambiar. De dar un timonazo en la vida. Y así esa articulación entre la sociedad civil y el Estado logró un curso nuevo para que hoy existan esas cuidadoras. Termina siendo más importante lo que queda como algo de vida que lo que queda en la pantalla”, agrega Gabriela Uassouf.

Un contradiscurso de amor

Una de las residentes le habla a Maia en masculino. Su compañera la corrige. Maia sonríe y se suelta el pelo. Usarl pronombre adecuado es todavía uno de los desafíos en esta sociedad. Sin embargo, no parece generar mayores tensiones en el desarrollo del vínculo de ellas con sus cuidadxs.

No es la primera vez que le dicen mal el pronombre, es lo común. Lo extraño es que alguien diga bien el pronombre, incluso con su expresión de género”, dice la productora sobre esas escenas. “Buscamos rescatar que los errores pueden tenerlos cualquiera. A mí, seguramente, cuando sea vieja y haya una identidad de vanguardia, probablemente me cueste”, agrega Uassouf.

Tanto para las directoras y las productoras, el objetivo de la película es generar un debate. “Hay una realidad y es que las compañeras que están frente a cámara y tan generosamente compartieron su historia y le pusieron al cuerpo les resulta muy difícil con la valoración económica magra que resulta su trabajo, el sostenerlo. Entonces hay que seguir empujando por espacios sanos de trabajo, de proyección hacia adelante para personas trans y para personas cis”, dice Matzkin.

Es un momento de ataque directo y bastante bruto a las políticas públicas exitosas. Pero siguen existiendo los espacios de la sociedad civil, donde se generan y se piensan ideas o alternativas de vida. La calidad humana sigue estando, la de las cuidadoras, la de los residentes, las personas que se forman. Esos queremos defender y seguir sosteniendo”, agrega Pichirelli.Se trata de destruir desde discursos de odio, pero también muchas veces esos discursos de odio están sustentados por mentiras y por desinformaciones. Entonces, de pronto dar testimonio de cosas que funcionan, reír, ver, conocer, acercarse, tener empatía, creo que puede generar un contradiscurso”, aporta Matzkin.

Hablar de lo importante

Vos tenés que dar todo en la previa. Eso es lo importante”, le dice a Alicia a Maia, quien está tendiendo la cama. En los primeros encuentros, Alicia elige los temas de amor para relacionarse con su cuidadora, Maia. A las semanas, Maia llega y le cuenta con fluidez cómo van sus relaciones.

A Alicia siempre le pintaba hablar de amor, era un poco consejera. Pero, además, resultaba gracioso que le diera consejos de amor a Maia y que ella escuche con tanta paciencia. Hasta que finalmente así encuentra un eco en Alicia para contar algunas cosas. Para nosotras fue escuchar cuáles eran las charlas que se daban naturalmente y empezar a elegir o empezar a pulir por dónde contar una historia”, explica Uassouf.

Hubo una selección y seguimiento de esas historias. Fue observar con detenimiento la realidad y tratar de adivinar para dónde iba.”

Trabajar de cuidadora es para mí maravilloso

Yennifer Franco Pereira es paraguaya y es la única de las tres cuidadoras del filme que habla guaraní. Si algo caracteriza sus intervenciones en el documental, además de la ternura, es la complicidad. Junto a Vicky, una exbailarina de danzas folklóricas cuyo sueño (ahora cumplido) era protagonizar una película, escucha folklore argentino. Pregunta, escucha y busca más música para seguir charlando. Más tarde, ella también aparecerá en el jardín del Hogar Santa Ana, sentada junto a una de las mujeres. Las dos se ríen, tiran migas a las palomas y hablan en guaraní.

Esa escena, dice Yenifer es de sus favoritas. “Me gusta cuando le doy de comer a las palomas con una residente. Ella, por el Alzheimer avanzado, estaba dejando de hablar en castellano y usaba cada vez más el guaraní. Y como yo sé también hablarlo, nos podíamos comunicar”, cuenta a Presentes.

Yenifer fue una de las chicas trans convocadas por la producción de la película para ser parte del documental. “Me parece tan importante contar de nuestro trabajo ya que en la sociedad aún hay mucha gente que nos juzga por nuestra condición sexual y creen que no somos capaces de trabajar como cualquiera otra persona”, comenta.

Trabajar de cuidadora es para mí maravilloso”, dice a Presentes. “Cuidar una vida no suena tan fácil, pero es algo que a mí me encanta hacerlo. Tengo una excelente relación laboral con les viejes y día a día veo en ellos el aprecio y agradecimiento. Eso me hace sentir tan bien y segura de mí misma. Más allá que me guste tanto mi trabajo es algo fundamental para sostenerme como hacemos todes”.

Todos vamos a llegar a viejos

El trabajo de cuidadora, por ahora, no alcanza para sacarse de encima todos los prejuicios que tiene la sociedad con las personas travestis y trans.

A mí me sigue señalando la gente. Cuando voy al trabajo tan temprano y son personas que van a trabajar igual que yo, escucho tantas indirectas e insultos. Eso pasa día tras día. Me indigna, pero siempre trato de ignorar las ofensas de la gente ya que en mi trabajo tengo que llegar tranquila y con mucha empatía. No me permito que me afecte el prejuicio de gente ignorante”, agrega.

Tres años después de filmado el documental, Yenifer sigue eligiendo ser cuidadora.

“En el trabajo sigo aprendiendo, llevo la experiencia de trabajar en equipo y el dialogar todos los días con todos mis compañeros de trabajo para facilitar nuestro quehacer diario”. Todavía, relata con cierto enojo, “hay mucha discriminación Yo creo que hay discriminación hacia nosotras, sobre todo en los barrios más vulnerables

Nos podemos dar el lujo de llegar a viejas, cosa que otras no”, dice Luciana, una de las protagonistas en el film. La idea de las adultas mayores trans es todavía un enigma para una población que tiene una expectativa de 40 años de vida.

Imaginate que nos tengan que asistir a nosotras”, responde Maia a Luciana. Para Yenifer también es un enigma y reconoce que, aunque hay discriminación en las vejeces es diferente. “Es distinta la discriminación porque, en definitiva, todos vamos a llegar a viejos”.

Cuidadoras está en cartel en el Cina Gaumont, Av. Rivadavia 1635, (CABA) hasta el miércoles 9 de julio a las 14.15 y 18.30

También tendrá funciones en el cine El Cairo, de Rosario, el jueves 3 de julio a las 20.30 y el domingo 6 a las 22.30.

En Tandil, se verá el domingo 6 y el martes 8 de julio a las 18 en el Espacio Incaa Unicen Tandil

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Convirtieron su casa de Mar del Plata en un refugio para personas trans

jueves, 20 de marzo de 2025
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Son sobrevivientes y activistas y crearon «Hogar Dignidad Trans«, un espacio de resistencia y cobijo hecho a pulmón que les valió el reconocimiento del Papa Francisco
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Fuente Agencia Presentes

6 de marzo de 2025
Sandra López Maidana
Edición: Ana Fornaro

Desde febrero de este año funciona Hogar Diginidad Trans, un proyecto pionero en Mar del Plata. En este momento alberga de manera permanente a cuatro personas y se proyecta la apertura de un Espacio de Tránsito que brindará refugio temporal a otras tres. Este espacio no sólo es un refugio, sino también un símbolo de lucha por los derechos básicos y la dignidad de la población travesti-trans.

La casa, ubicada en la calle Bordabehere 1767, Barrio San Cayetano en el centro de la ciudad, tiene un valor histórico. Desde 1986 es el hogar de Marcela, una mujer trans que llegó expulsada de Tandil en el marco de la represión policial y los códigos contravencionales de la época. A pesar de las adversidades, Marcela abrió las puertas de su casa para convertirlo en un espacio de contención y esperanza para quienes enfrentan las mismas luchas que ella vivió.

Pasados los años y la falta de oportunidades, la casa sufrió los embates que la dejaron en un estado ruinoso. Una de sus antiguas habitantes, Maju Burgos, volvió hace cuatro años a Mar del Plata y le propuso buscar ayuda para arreglar la casa. Marcela se hace llamar Bordabehere de apellido por estar identificada con su lugar de residencia. Maju contó a Agencia Presentes: «Nunca se pudo domar esta casa, siempre quedó todo por la mitad, pero a regañadientes aceptó”.

Ahí comenzó la búsqueda de Maju de recursos para restaurar la casa y construir el sueño del refugio temporal.

Maju

IMG_0283Maju Burgos es una mujer trans de 43 años y empleada en el sector público al que accedió por el cupo trans que ella misma militó junto a la agrupación Mujeres Trans Argentinas. Nació en Azul, localidad de la provincia de Buenos Aires, y la expulsaron de su hogar cuando tenía 12 años. “Mi vieja me expulsó, me echó a la miércoles. Venía de una familia muy violenta. Se notaba mi identidad a muy temprana edad y ellos no supieron manejarlo, no quisieron aprender, era otra época. No lo justifico en absoluto, todo lo contrario, ya no tengo vínculos con ellos. Durante algunos años fue una relación que traté de sostener por una dependencia emocional. Las travas estamos solas. Traté de sostener una familia que no existía y pude cortar el vínculo total gracias a la terapia, a la medicación y a la meditación también porque practico budismo”.

Viajó a Mar del Plata con una compañera que al poco tiempo decidió volverse al pueblo, por lo tanto Maju se quedó sola en un hotel cercano a la terminal vieja de ómnibus de la ciudad. Empezó a prostituirse. Tenia la ropa que traía del campo, jardineros y zapatillas, y una figura de preadolescente.

En ese interín conoció a Marcela y su casa, que tenía pequeñas habitaciones donde vivían otras travestis trans. «Yo le hinché a Marcela porque quería ir a vivir con ella pero ella me decía que no había lugar y era cierto. Además era un momento muy complicado, las chicas que estaban en prostitución las llevaban presas, (artículos 68 y artículo 92 en esta jurisdicción). Uno por usar vestimenta femenina y otro por escándalo en la vía pública. Y por ahí el escándalo era comer una empanada acá como estoy haciendo ahora. La sola presencia representaba un escándalo. Yo les insistí tanto que iba a tomar mate todos los días a la casa como si estuviera en el campo, iba a la mañana cuando las chicas volvían a dormir. Al final aceptó que fuera, que podía dormir en un sillón cama en una cocina que hoy es mi cocina”.

IMG_0285De sus convicciones y su búsqueda de dignidad para su vida y la de sus compañeras se transformó en militante activista. “Somos seres políticos, nuestra identidad travesti trans es política y política como transformación. Desde este lugar accedemos a la militancia o al activismo y a muchas de nosotras es lo que nos salva. Nos salva crear redes con el feminismo, crear redes desde el transfeminismo como decía Lohana, como decía Diana para poder posicionarnos no solamente en un lugar de ciudadanas de primera, sino también poder tener herramientas para poder construir para otras, para otros y para otres. Para ser transformadoras de realidades y poder transformar nuestra propia vida. Poder transformar la realidad de otras personas que estén atravesadas por la violencia, por la estigmatización y por la exclusión. Además por la falta de oportunidades que lamentablemente ha sido el norte durante todo el recorrido de nuestra vida”.

El encuentro con la hermana Mónica

IMG_0286Con estas herramientas la llevó a investigar por dónde empezar y a quién primera consultó fue a Mónica Astorga Cremona, una monja carmelita que acompaña desde hace 20 años a las compañeras trans de Neuquén. Creó el primer complejo habitacional para adultas trans en esa provincia. El predio cuenta con doce departamentos, realizado con aportes de la provincia y Nación y tuvo el aval y la felicitación del Papa Francisco.

Mónica le dijo que empezara por diseñar un flyer para compartir por redes. “Esto fue en 2021, -recuerda Maju- ¿Quién te ayuda al salir de la pandemia? Porque pensamos que íbamos a salir mejores, que íbamos a ser seres de luz y ¡nada! Empezamos a recibir ayuda, pero era muy poco. En eso llegó una compañera que se llama Noni que a través de una parroquia que seguía a Mónica por redes nos vino a ver y nos contó que hacía electricidad y además trabaja en un Hospital de acá de Mardel. Nony Mariani se transformó en una presencia clave dentro del equipo porque donó trabajo, tiempo, oreja, y pudo traer y coordinar a los trabajadores de la construcción. Además por su trabajo actual ayuda a gestionar los trámites del hospital de las chicas: “las lleva, las trae. Es fundamental. No se podría haber hecho nada sin Noni”.

Nada es imposible

Maju no dejó de buscar ayuda. Un día pensando en cómo encontrar más auspicios para la obra le dijo a Marcela que le iba a escribir al Papa Francisco. “Conseguí el mail en abril del ‘21 y en junio me respondió. Me contesta con un mail divino, de puño y letra. Lo hace así y su secretario escanea la carta y la pega al mail. Me contestó muy cálidamente y que podíamos contar con su ayuda. Fue muy linda, me pone “querida Maju” y mientras te lo cuento mirá (muestra su brazo con piel de gallina) yo no soy católica, soy budista, pero es un referente y con la historia que nosotras tenemos… Me acordé de mi infancia, recordé cuando mi vieja me echó y ahora me está contestando el Papa. Y me dije, “bueno ya está, me puedo ir de este mundo tranquila porque nada es imposible””.

IMG_0287En estos días de manera casual le tocó atender en la oficina donde trabaja al nuevo obispo de Mar del Plata que aún no había asumido (Monseñor Ernesto Giobando, que asumió el 22 de febrero). Lo conocía de cuando vivió en Capital Federal, y habían organizado encuentros con Mujeres trans argentinas donde también partició  la hermana Mónica. “Siempre tuvimos muy buena onda así que quedamos que iba a ayudarnos en lo que se pudiera”.

La adultez trans

IMG_0288Producto de otras casualidades, en su lugar de trabajo Maju atendió a una chica que trabajaba en Anses. Maju le contó la realidad de Marcela, que a sus 60 años no había podido jubilarse. La mujer la ayudó y fue el primer trámite de jubilación para una persona trans en esa oficina de Anses de Mar del Plata.

No puede ser que no tengamos adultas trans. Como dice Marlene, es un genocidio. No puede ser que en Mar del Plata puedas contar con los dedos de una mano las minas arriba de 50 años. Es un escándalo. Y no es que las travestis no existen o que no existieron. Acá había parva de travestis. Acá había travestis pateando por la noche, en la movida artística, durante muchísimos años. El sistema prostibulario o el trabajo sexual era muy grande en Mar del Plata. Veníamos de todos lados de la provincia y de la Argentina porque esta era una plaza muy grande. ¿Dónde están todas esas compañeras? Se murieron. No llegaron muchas ni a disfrutar del mar”.

Maju cuenta que Marcela pasó 30 años sin ver el mar, porque le quedó el estigma de otros tiempos. En Mar del Plata no podía pasear por la peatonal ni ir a la playa.Ese disfrute se nos privó. El solo hecho de nuestra presencia escandalizaba. La sola visibilidad trans travesti era un escándalo, atravesado por los códigos contravencionales de la época”.

 

Sin embargo confía en que el cambio de miradas y de políticas de los últimos años va a generar un quiebre más profundo, a pesar de los retrocesos actuales. “Se ha producido un quiebre generacional con respecto al promedio de vida que lo vamos a ver seguramente en unos años. Porque no es lo mismo las jóvenas que hoy están ingresadas en un colegio, que hoy están acompañadas por sus padres, que están acompañadas por un sistema de salud que a pesar de las políticas neofascistas que hoy están asomando la cabeza, las políticas nuevamente de estigmatización, de patologización hacia nuestras identidades. Pero que a su vez ya hemos creados redes con médicos de apoyo que vienen trabajando hace más de 25 años con nuestra población, esas niñeces, esas adolescencias esas pibas, esas mujeres que ya están en la facultad que ya se recibieron no van a tener el promedio de vida que tienen hoy de menos de 40 años. Ese umbral va a cambiar”.

El Hogar, una realidad y un proyecto

Parte de la obra está terminada. Hoy junto a Marcela y a Maju conviven otras dos compañeras.

Claudia de 56 años dejó Santiago del Estero para establecerse en Mar del Plata. Pasados los tiempos de precariedad y exclusión laboral hace pocos meses consiguió su primer empleo formal como encargada de atención al público en un kiosco, un logro que representa un cambio significativo en su vida.

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IMG_0290Luciana, la más joven del grupo, migró desde la provincia de Buenos Aires después de su transición en busca de nuevas oportunidades de estudio y trabajo. El año pasado logró completar un curso de informática y actualmente trabaja en el centro de la ciudad en un local de comidas rápidas y entretenimiento para niños, demostrando que el acceso a la educación y el empleo son claves para el desarrollo personal y social.

El proyecto del Hogar Dignidad Trans está enfocado en la restauración de la casa, que cuenta con cuatro departamentos. Tres de ellos ya son habitables, mientras que el cuarto aún necesita ser terminado. El cierre de este proyecto contempla la finalización del Espacio de Tránsito, destinado a albergar a tres adultas trans en situación de vulnerabilidad. Actualmente, este espacio solo cuenta con las paredes levantadas y el techo, quedando pendientes todas las terminaciones interiores, instalaciones eléctricas, plomería, revestimientos, pisos y equipamiento básico. La construcción de este espacio es fundamental para seguir brindando contención y apoyo a quienes más lo necesitan.

El Hogar Dignidad Trans no es solo un refugio; es un proyecto que representa resistencia, resiliencia y la búsqueda incansable de igualdad y oportunidades.

La culminación de las obras y las mejoras pendientes requieren apoyo. Cada aporte, por pequeño que sea, contribuye a que más personas trans puedan acceder a un espacio seguro y digno.

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