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“Teología de la ¿prosperidad?”, por Cristina Inogés Sanz

viernes, 21 de marzo de 2025
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IMG_0267Pues sí, la ‘teología de la prosperidad’ ha llegado. Siempre ha estado, pero no tan visible. Ya la tenemos entre nosotros y no de cualquier modo y manera. La tenemos gobernando el mundo a través de seres sin escrúpulos, egoístas y mezquinos, sin más horizonte que ellos mismos, interpretaciones realmente personales de la Biblia y, lo que lo más sorprendente, expresado por boca de un católico converso llamado James David Vance, vicepresidente de los Estados Unidos.

Lo llamativo y peligroso es lo que propugna la ‘teología de la prosperidad’. Entre otras lindezas, dice que si eres rico es porque has actuado bien y Dios te premia y, si eres pobre, es porque has actuado mal y Dios te castiga. Así, sin anestesia.  Es como una especie de contrato con Dios, al menos con el Dios que ellos se imaginan. El poder personal tiene gran importancia en esta falsa creencia de la biblia y de la fe. Es pura doctrina de telepredicador, y sus seguidores, suelen ser avariciosos, codiciosos y ambiciosos sin límites.

Esta teología está condenada por católicos y protestantes, pero el dios Mammon, el dios de la avaricia, sigue estando muy presente en algunos que consideran la riqueza y el poder sobre los demás, la única religión.

Que en este momento esto sea doctrina política, pinta un panorama realmente preocupante y, sus primeras consecuencias, las estamos viendo en las deportaciones de “sin papeles” a Venezuela y Guantánamo. ¿Cómo se puede hacer coincidir esta idea de que el migrante no blanco no es digno de nada, cuando estás casado con una mujer de ascendencia india y religión hindú, que colaboró en el Proyecto de Asistencia a Refugiados Iraníes? También puede hacérsela pregunta en otro sentido, ¿cómo has cambiado tanto para estar casada con alguien, y tener hijos –mestizos-, que actúa tan contrariamente a lo que tú viviste y representas, aunque nunca fuiste pobre?  Comprendo que son cuestiones personales, pero, cuesta encajar algunas piezas.

Nos cuesta reconocerlo, pero, lo que nos molesta de verdad, en general, es la pobreza más que el color o la religión. Mientras seas rico, sé lo que quieras en el resto de tu vida.

No es que me interese especialmente la vida del vicepresidente de los Estados Unidos, pero, por curiosidad, busqué la fecha en la que se había incorporado a la Iglesia católica por el bautismo, 2019. Pensé que no hacía tanto y entonces me planteé: ¿qué le han enseñado y quién le ha acompañado en el proceso de preparación para el bautismo, para derivar en esta ideología tan lejana de la fe? Porque me niego a creer que alguien, desde el inicio del proceso, haya llevado deliberadamente a este tremendo error de interpretación de la fe a una persona.

La desunión de Estados Unidos, del país y de su Iglesia -algunos obispos han tenido mucho que ver en esta deriva-, puede ser más contagioso de lo que nos imaginamos. Construir cuesta una vida. Destruir, unos minutos. Y, mientras, los fanatismos crecen, las intolerancias se hacen más fuertes, los ricos son más ricos y los pobres cada vez más pobres. Ni los primeros son más buenos y mejores seguidores de Dios, ni los segundos más malos y peores creyentes en Dios.

Nos vamos a tener que emplear a fondo para que nadie crea que Dios solo ama a los ricos y poderosos. Nos vamos a tener que emplear a fondo para hacer presente al Dios de la misericordia.

A cualquiera que apoye estos discursos y crea que son maravillosos porque nombran a Dios y dicen que hay que recuperar los valores del cristianismo, que piense en el evangelio y vea si casa bien lo de despreciar al pobre con adorar a Dios. Aunque, por cierto, sea lo que también propugna algún movimiento en la Iglesia católica, cuyos seguidores aplauden estas ideas. Es lo que tiene que no te dejen pensar y que seas incapaz de verlo.

Fuente Vida Nueva

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“La fe samaritana de Harris y la cultural de Vance”, por Jesús Martínez Gordo

sábado, 17 de agosto de 2024
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IMG_6485Una común matriz cristiana envuelta en notables diferencias

Para K. Harris, su interés por la justicia social y el activismo en favor de los derechos civiles encuentra sólido fundamento en la histórica Iglesia bautista de la tradición negra a la que pertenece. Como resultado de ello, su fe es samaritana porque en ella hay un lugar preferente para los últimos de nuestros días y, a la vez, un puesto reseñable para la utopía, el mesianismo o la liberación de los parias de todos los tiempos

Para JD Vance solo la tradición católica es capaz de salvar a Estados Unidos de la decadencia en la que se encuentra. Su catolicismo, se apunta, es muy americano, es decir, distante tanto del Vaticano como del catolicismo global y, a la vez, cercano a los libertarios de Silicon Valley y a los líderes e ideólogos católicos de las “guerras culturales” libradas en la era de Nixon y en los pontificados de Juan Pablo II o Benedicto XVI

La apuesta de muchos y relevantes demócratas por Kamala Harris -la hasta ahora vicepresidenta, de 59 años- ha desencadenado este giro, convirtiéndola en objeto de una frontal -y, cuando menos, irritante- crítica por parte del segundo de D. Trump: el país, ha dicho, no puede seguir siendo gobernado por “un puñado de señoras con gatos y sin hijos, que se sienten desgraciadas con sus propias vidas y con las decisiones que han tomado y, por eso, quieren hacer que el resto del país también se sienta desgraciado”.

Repasando las biografías de los dos, me he dado cuenta de que, en medio de esta refriega -y otras que, sin duda alguna, se sucederán- hay un punto de conexión entre ambos. Y, a la vez, ¡cómo no!, de radical desacuerdo: su fe cristiana y la diferenciada comprensión de lo que cada uno entiende que es el corazón de la misma.

Algo de esto ya se ha evidenciado estas últimas semanas entre los cristianos franceses, con ocasión de las recientes elecciones parlamentarias: mientras una buena parte de ellos, refugiándose en la llamada “inseguridad cultural” reivindicaban las raíces cristianas de Francia frente al crecimiento del islamismo o al reverdecer de la versión más autoritaria y beligerante de la laicidad, otra parte de los mismos -a los que me atrevo a llamar “samaritanos”- entendían que el núcleo de la fe cristiana no se jugaba tanto en términos de lucha y poder cultural, cuanto de compromiso liberador en favor de los parias; y, más en concreto, de los que llegan a sus fronteras solicitando ayuda para poder trabajar y salir adelante.

Una «cristiana mestiza«

Pero, regresando a lo que se está cociendo en los EEUU, es cierto, en primer lugar, que K. Harris y J. D. Vance tienen en común la fe cristiana. No en vano, la actual vicepresidenta ha sido tipificada por algunos medios de comunicación social como una “cristiana mestiza” tanto por su estrecha relación con prácticas religiosas cristianas, hindúes y judías (actualmente está casada con un abogado de dicha religión) como, sobre todo, por su adscripción a una iglesia bautista de la tradición negra.

Y, en sintonía con ella, J. D. Vance tambien es un cristiano que ha abrazado el catolicismo, después de haber sido iniciado por su familia en el cristianismo bautista y pentecostalista y tras haberse adherido -durante su época de estudiante universitario- al ateísmo.

Sin embargo, tambien es cierto, en segundo lugar, que la común matriz cristiana viene envuelta en notables diferencias. Para K. Harris, su interés por la justicia social y el activismo en favor de los derechos civiles encuentra sólido fundamento en la histórica Iglesia bautista de la tradición negra a la que pertenece. Como resultado de ello, su fe es samaritana porque en ella hay un lugar preferente para los últimos de nuestros días y, a la vez, un puesto reseñable para la utopía, el mesianismo o la liberación de los parias de todos los tiempos.

Por ello, memoria y liberación son dos de las claves que pueden ayudar a entender el programa y algunas de las decisiones que adopte en el futuro esta “cristiana mestiza”, en el caso de que llegue a la Casa Blanca. Pero tambien, son las referencias que muy posiblemente la van a traer no pocos dolores de cabeza; en particular, si se tienen presentes las claves que -a diferencia de la suya- presiden la fe “cultural” de J. D. Vance.

Un católico distante del Vaticano

Para el segundo de D. Trump solo la tradición católica es capaz de salvar a Estados Unidos de la decadencia en la que se encuentra. Su catolicismo, se apunta, es muy americano, es decir, distante tanto del Vaticano como del catolicismo global y, a la vez, cercano a los libertarios de Silicon Valley y a los líderes e ideólogos católicos de las “guerras culturales” libradas en la era de Nixon y en los pontificados de Juan Pablo II o Benedicto XVI. Nada que ver con el catolicismo social del siglo XX o con el cristianismo liberador de Francisco. De ahí que, por ejemplo, no se canse de defender que “necesitamos deportar a todas las personas que invadieron nuestro país ilegalmente”.

En realidad, sostiene el profesor M. Faggioli -a caballo entre Italia y EEUU-, abrazar la fe para J. D. Vance “es una forma de disidencia cultural, una disidencia que, ciertamente genuina, puede llevarse bien en una alianza con los neopaganos y tecnócratas antirreligiosos de Silicon Valley que gobiernan el mundo. Y que, se atreve a pronosticar, si se le deja expedito el camino, puede acabar cambiando la Iglesia católica, al menos, en su país. Los estadounidenses, cristianos o no, quedan avisados. Y con ellos, nosotros; nos guste o no.

Fuente Religión Digital

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