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A causado mucho sufrimiento la idea de que “no es de los nuestros”

domingo, 29 de septiembre de 2024
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DOMINGO 26º (B)

Mc 9,38-48

Es Juan el que, sin hacer caso a lo que acaba de decir Jesús, salta con una cuestión al margen de lo que se viene tratando en el evangelio. Este texto tiene un significado aún más profundo si recordamos que, es este mismo capítulo (Mc 9,14-29), justo antes del episodio que hemos leído el domingo pasado, se cuenta que los discípulos no pudieron expulsar un demonio.

Una vez más, Jesús tiene que corregir su egoísmo. Quieren ser ellos los que controlen el naciente movimiento. Solo buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de un problema, planteado ya en la primitiva comunidad donde se escribe el evangelio. El resto de lo que hemos leído no es un discurso, sino una colección de dichos que pueden remontarse a Jesús.

No es de los nuestros. El texto griego dice: “porque no nos sigue a nosotros”. Este pequeño matiz podría abrirnos una perspectiva nueva en la interpretación. Solo pronunciar esta frase supone alguna clase de exclusión y una falta de compresión del evangelio. Todo lo que nos hace diferentes como individuos es accidental y anecdótico. Unirnos a un grupo con la intención de ser superiores y más fuertes es un egoísmo amplificado.

Muchas veces me habéis oído hablar de las contradicciones del evangelio; pues hoy lo vemos con toda claridad. (Mt 12,30) dice exactamente lo contrario de lo que acabamos de oír a Mc: “El que no está con nosotros está en contra nuestra, y el que con nosotros no recoge, desparrama.” En Lucas encontramos las dos fórmulas, (10,50) y (11,23); así que no hay manera de desempatar. La vedad es que no hay contradicción, solo contextos distintos.

La contradicción es aparente. El mensaje del Jesús no se puede meter en conceptos. La razón necesita crear opuestos para poder explicar la realidad. Solo puede entender lo que es el frío en contraposición con lo que es el calor. Entenderá lo que es el color blanco, solo cuando tenga la idea de negro. La luz solo se puede comprender si tenemos en cuenta la oscuridad. Para poder afirmar algo como verdadero, tenemos que considerar lo opuesto como falso. En el orden espiritual las contradicciones quedan superadas en la unidad.

El que no está conmigo está contra mí, se refiere a que la pertenencia al Reino es una opción personal, no es lo natural, no viene dada por el ADN. Hay que hacer un verdadero esfuerzo por descubrirlo y entrar en él. Recordad las frases del evangelio: “El reino de los cielos padece violencia y solo los esforzados lo arrebatan”; y “estrecha y angosta es la senda que lleva a la vida y pocos dan con ella”. Para entrar en el reino hay que nacer de nuevo.

No dejaremos de excluir mientras no tomemos conciencia de lo que somos. No somos mónadas aisladas sino todos uno en el UNO. No hay bueno ni malo, solo personas que saben lo que son y personas que lo ignoran. No hay un dios que premia a los buenos y castiga a los malos. En la medida que pensamos en un dios que discrimina, ¿qué podemos hacer nosotros?

El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Quiere decir que del Reino no se excluye a nadie. Todo el que busca el bien del hombre, está a favor del Reino, que predica Jesús. Solo queda fuera el egoísta que rechaza al otro. La posesión diabólica era el paradigma de toda opresión. Expulsar demonios era el paradigma de toda liberación. Jesús anuncia un Dios que es amor y que no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores.

La individualidad es una trampa de nuestro ego. Nada está separado de nada. No hay “yo” ni hay tú. Todos somos uno. Cuando me empeño en excluir me estoy deshaciendo a mí mismo. El otro es una parte de mí que se expande. Dios nos ve a todos en Él y no distingue unos de otros porque para Él todos somos exactamente iguales. Es ridículo pensar que yo estoy más cerca de Dios que el otro. O peor todavía, que Dios está más cerca de mí que del otro.

Considerar absoluta nuestra idea de Dios como si fuera verdad definiti­va, es la mejor manera de entrar en el integrismo, fanatismo e intransigen­cia. Monopolizar a Dios es negarlo. Poner límites a su amor es ridiculizarlo. Nuestra religión ha ido más lejos que ninguna otra en esa pretensión de verdades absolutas y excluyentes. Recordad: fuera de la Iglesia no hay salvación. Fuera de la Iglesia hay salvación. A veces, más que dentro de ella.

En una ocasión en que no los recibieron en Samaría, Santiago y Juan dicen a Jesús: ¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que les destruya? Jesús les dice: no sabéis de qué espíritu sois. Seguimos sin enterarnos del espíritu de Jesús. Seguimos pretendiendo defender a Dios, sin darnos cuenta de que estamos defendiendo nuestros intereses. No se trata de tolerar lo malo que hay en los otros. Se trata de apreciar en ellos lo que hay de bueno.

Entre el episodio de la primera lectura y el que nos narra el evangelio hay doce siglos de distancia, pero la actitud es idéntica. Desde que se escribió el evangelio hasta hoy, han pasado veinte siglos, y aún no nos hemos movido ni un milímetro. Seguimos esgrimiendo el “no es de los nuestros”. Todo aquel que se atreve a disentir, todo el que piense o actúe de modo diferente sigue excluido. Incluso arremetemos contra todo el que se atreve a pensar.

El espíritu de Jesús va mucho más allá de lo que abarca el cristianismo oficial. Se ha acuñado una frase: “patrimonio de la humanidad”, que se podía aplicar a Jesús. Jesús no es propiedad de la Iglesia. El mensaje de Jesús no se puede encerrar en ninguna iglesia. Jesús intentó que todas las religiones descubriesen que el único objetivo de todas ellas es hacer seres cada vez más humanos. Cualquier religión que no tenga esa meta, es simplemente falsa.

De la misma manera que la mente racional potenció el yo para garantizar la subsistencia biológica, el ser humano ha ido creando guetos que potencian ese objetivo de seguridad. Desde la familia a la nación, todas las instituciones tienen como objetivo que nos sintamos más seguros. La socialización ha sido un medio para el progreso humano y debe seguir siéndolo, pero se convierte en el mayor enemigo del hombre si se utiliza para ir contra los demás.

Para los seres humanos ha sido mucho más nefasta la idolatría teísta que el ateísmo. Las mayores barbaridades de la historia se han cometido en nombre de dios. Es un ídolo el dios que hace diferencia entre buenos y malos; el dios que depende de lo que nosotros hagamos para estar de nuestra parte o en contra nuestra. Ese dios nos tranquiliza, porque si él hace eso, está justificado que nosotros estemos a favor de los nuestros y en contra de los que no lo son.

Que en el evangelio de Marcos, la causa de Jesús no coincida con la causa del grupo, es un toque de atención para nosotros. Jesús no es monopolio de nadie. Todo el que está a favor del hombre está con Jesús. Todo el que trabaja por la justicia, por la paz, por la libertad, es cristiano. Nada de lo que hace a los hombres más humanos es ajeno a Jesús. Es inquietante que todas las religiones hayan sido causa de las mayores divisiones y guerras.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El escándalo según Jesús.

domingo, 29 de septiembre de 2024
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circonstance_vieMc 9, 38-43

«El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen…».

Jesús ignora toda cuestión metafísica y en ningún momento se refiere a Dios como creador o todopoderoso. Es más, Dios deja de ser un juez justo y misericordioso para convertirse en “Abbá”; y todos los demás atributos que los hombres hemos asignado a Dios son para Jesús secundarios. Y Abbá no significa Padre Todopoderoso y Eterno, como solemos traducir, sino que significa papá. Es el término con que los niños pequeños se dirigen a su padre; la forma más cariñosa de relación entre ellos.

Por eso el corazón de la buena Noticia es Abbá; la madre que nos ha engendrado por amor y nos quiere con locura; el padre que se esfuerza por sacarnos adelante a pesar de las pasiones que estropean nuestra vida.

Pero esta concepción de Dios choca frontalmente con el espectáculo atroz del mal en el mundo, y sólo la fe en Jesús permite creer en contra de toda evidencia racional. Si nosotros los cristianos creemos en Abbá es porque lo hemos visto reflejado en Jesús, pero quienes no le conocen, sólo podrán creer en Él si lo ven reflejado en nosotros: «Que vuestras buenas obras sean reflejo del amor del Padre». Cuando alguien descubre a Abbá siente la necesidad de compartirlo, y esa necesidad fue tan fuerte en Jesús que le llevó a la muerte en la cruz. Pero su obra no podía quedar inacabada y su último mensaje fue el compromiso con la misión: «Id por el mundo y proclamad la buena Noticia a todas las gentes».

 Por tanto, un cristiano es un “enviado por Jesús con su misma misión”; la misión de cambiar el mundo; de humanizarlo. No se concibe un cristianismo de espaldas a la misión. No tiene ningún sentido. Sobra. Las primeras comunidades proclamaban el evangelio con su simple actitud, con su forma convincente de vivir, con su estilo fraterno de encarar la vida, y eran contagiosas, eran fértiles y no dejaban de crecer. Como decía Ruiz de Galarreta:«Nuestro seguimiento de Jesús está llamado a ser testimonio: nuestra vida cristiana es “para que el mundo crea”. Pero la otra cara de la moneda es que el mundo dejará de creer en Jesús si nuestro testimonio no es válido».

Y esto tiene su aplicación al evangelio de hoy, pues el escándelo al que se refiere Jesús consiste en impedir el acceso a Dios a aquellos cuya fe es más vulnerable –«estos pequeñuelos que creen»–. Y esto, claro está, se puede producir de muchas formas distintas. Hay quienes “pierden la fe” (o no se deciden a abrazarla) como consecuencia de los escándalos mediáticos en los que se ve envuelta la Iglesia, pero todavía son más, posiblemente muchos más, los que la pierden porque nuestro testimonio no invita a creer en quien nosotros decimos creer.

Y dicho esto, podemos dar carpetazo a este evangelio señalando con el dedo a la jerarquía: «Estos son los que escandalizan», o podemos tomárnoslo en serio, mirarnos en primer lugar a nosotros mismos, y preguntarnos si nuestra vida invita a creer en Jesús, en Abbá, en la buena Noticia… o todo lo contrario.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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No escandalicemos.

domingo, 29 de septiembre de 2024
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cn26tn-bbCOMENTARIO AL EVANGELIO Mc 9, 38-43. 45. 47-48

29 de septiembre de 2024

Jesús, a partir del capítulo 8 del evangelio de Marcos, comienza un discurso más radical y clarificador sobre cómo debe ser el perfil de quien decide unirse a su movimiento mesiánico. Los discípulos no terminan de comprender la identidad y la misión de su Maestro; muestran poca inteligencia para digerir y aceptar los acontecimientos que van llegando. Jesús anuncia su final y no parecen ser conscientes del desenlace que traerá la máxima revelación de su mensaje. En este contexto se ubica el evangelio de hoy. Este texto nos propone dos escenarios que podrían darse en el seguimiento a Jesús, quizá dos desafíos que nos despegan del verdadero sentido de nuestra existencia creyente.

En los primeros versículos no parece que los discípulos se posicionen bien con respecto al mensaje de Jesús; se consideran diferentes y por encima de los demás movimientos que también existían en Palestina. Su percepción era la de ser un grupo poseedor de una nueva verdad. Es una tentación comprensiblemente humana pero no por ello justificable: el riesgo del fundamentalismo. Los discípulos reprochan a Jesús que algunos expulsan demonios en su nombre, pero no forman parte del equipo. Esta posición se ha estirado hasta nuestros días, sin duda. Quizá sea una llamada a buscar lo esencial de nuestra vida cristiana de una manera más creíble y menos rígida.

Sabemos que existen personas que no están con nosotros en cuanto a vínculos institucionales, pero su visión del ser humano, de la sociedad, de su misión en ella, son convergentes con un humanismo cristiano, aunque carezca de signos religiosos. Tendemos a juzgar por no pertenecer a esta familia, por no realizar determinadas prácticas, ritos, celebraciones, creencias. Incluso los que nos creemos en una posición más integradora, nos incomoda el pluralismo y la diversidad de formas para vivir la fe. Sin embargo, Jesús parece ir por otro lado.

La nueva humanidad que él desea no está basada en un sentido de pertenencia a base de signos externos, ideologías o discursos similares, sino en la humanización de nuestro mundo. Jesús rompe las fronteras institucionales e ideológicas para reconocer que toda persona que “echa demonios” es decir, que colabora para superar y erradicar el mal en el mundo, está de su parte; más bien, Jesús está de parte de ellas.

Y esta liberación del mal tiene que ver con el segundo escenario de este texto que conecta con la coherencia y el escándalo que supone vivir al margen del Amor. En definitiva, la gehenna, el abismo, es el laberinto de una vida centrada en uno mism@. La erradicación del mal ha de ser tan radical como expresa Jesús a través las metáforas que utiliza: cortar la mano, cortar un ojo, cortar un pie, al fin y al cabo, cortar, arrancar, o lo que es lo mismo, eliminar todo lo que en nuestra vida nos lanza a vivir al margen de una vida auténtica y basada en el Amor. No hablamos del amor que se da en las superficies de nuestra persona, sino ese Amor que es el origen de nuestra existencia y que es capaz de crear y liberar otras existencias.

Cortar la mano que hace daño, la que cierra el puño y no se abre para dar y recibir, la mano manipuladora para hacer su santa voluntad y no para dejar ser y respetar; la mano que toca para poseer, acumular y no para acariciar la realidad con compasión. Cortar el pie que se estanca y bloquea todo avance para seguir el camino hacia la plenitud. Cortar el ojo que mira por el rabillo para no comprometerse, el ojo que mira para otro lado y niega tantas situaciones dramáticas de nuestras gentes y de nuestro planeta; En definitiva, cambiar la mirada para percibir con realismo el momento que nos toca vivir y afrontarlo con confianza, con una mirada limpia, sanadora y profunda que recupere la dignidad de todo y de tod@s.

Te propongo que te pares unos minutos y realices un chequeo para ver cómo están tus marcadores sobre los niveles de fundamentalismo, sobre tu mirada hacia el interior y exterior, sobre los pasos que vas dando y cómo tocas la realidad que te toca vivir. No debemos escandalizar por nuestras incoherencias.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Tolerancia e hipérboles

domingo, 29 de septiembre de 2024
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IMG_7673Domingo XXVI del Tiempo Ordinario

29 septiembre 2024

Mc 9, 38-48

Ante este texto -seguramente una colección de dichos agrupados aquí por el propio evangelista-, el lector no puede menos que sorprenderse, al ver el contraste entre la actitud de tolerancia hacia quienes “no son de los nuestros” y las amenazas subsiguientes contra los que escandalizan a los pequeños o los que “caen” de distinto modo. ¿Cómo se pasa de la tolerancia compasiva a la condena más absoluta? La respuesta, probablemente, se encuentre en el hecho de que, o bien se han unido palabras dichas en diferentes contextos, o bien esas palabras no procedan del Jesús histórico, sino de algún responsable de aquellas primeras comunidades.

La actitud de tolerancia es llamativa, incluso subversiva, porque busca romper un funcionamiento tribal bien arraigado en los grupos humanos, por el que se divide a las personas en función de su pertenencia o no al propio grupo: “los nuestros” y “los otros”. Tal división marcará, a su vez, la actitud y el comportamiento que habrá de mantenerse ante unos y otros: el criterio decisivo es que la persona en cuestión sea vista o no como de “los nuestros”; quien no lo es, queda excluido.

El escándalo -que en el contexto del evangelio de Marcos es ambición de grandeza– se produce siempre que se hace tropezar o caer a otros. No tiene que ver tanto con lo que se dice -como ha insistido habitualmente la jerarquía eclesiástica, en su empeño por mantener lo que consideraban “ortodoxo”-, cuanto con lo que se hace. A quienes provocan que “los pequeños” (los últimos, los que no cuentan) caigan -queden paralizados, sean marginados o se les impida avanzar en su propio desarrollo- habría que hacerlos desaparecer. Es lo que subraya el texto con la imagen de la piedra de molino, una hipérbole bien del gusto oriental.

Como hipérboles son también las frases relativas a cortar la mano o el pie y a sacar el ojo. Porque no han faltado personas que, agobiadas por un hondo sentimiento de culpabilidad, las han tomado en sentido literal, con resultados trágicos.

De acuerdo con la antropología bíblica, la mano simboliza la actividad; el pie, la orientación en la vida o la conducta; el ojo, los deseos. Lo que el texto propone -de nuevo, por medio de hipérboles- es modificar aquellas conductas, orientaciones y deseos que no vayan por el camino del amor y del servicio. Porque ese es el camino que permite “entrar en la vida”, es decir, vivir en plenitud.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El Reino de Dios es más amplio y hermoso que lo eclesiástico.

domingo, 29 de septiembre de 2024
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cristo-cerezo-720_560x280Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Expulsar demonios.

Demonio y diablo son términos míticos que significan el mundo del mal. No es que el diablo exista como ser personal con tridente y echando humo. Pero sí que hay realidades en la vida que, mal gestionadas por nuestra libertad humana dañada, pueden constituirse diabólicas: el poder, el dinero, el alimento, la bebida, el placer: droga, erotismo, etc.

        Tal vez pueda resultar un poco pesimista pero, allá donde está el ser humano puede hacerse presente el mal, lo diabólico en sus formas más variadas. Ya de Magdalena había salido siete demonios con lo que el número siete supone de plenitud. Hay momentos en la vida en los que el mal se apodera  de nosotros casi completamente.

        La cuestión es que Jesús expulsaba diablos, sanaba el mal físico o psíquico de la gente.

El texto evangélico de hoy nos presenta a los discípulos indignados porque habían visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

02.- Fuera de “los nuestros también hay verdad y bien”.

En la primera lectura (Números) dice algo parecido: Eldad y Medad, dos ancianos que no habían sido elegidos para profetizar, pero que, sin embargo, el Espíritu se posó sobre ellos y se pusieron a profetizar, lo cual le molestó al arrogante Josué, que inmediatamente le pide a Moisés que les prohíba profetizar.

Es lo que hemos escuchado en el evangelio: uno que no era de los nuestros, uno que no era de la Iglesia, expulsaba demonios (hacía el bien), lo cual molesta a aquel grupo orgulloso y con pretensiones de poder, que eran los doce.

Sin embargo Jesús no se siente molesto porque otros que no son del grupo hagan el bien: No se lo impidáis, porque el que no  está contra nosotros, es de los nuestros…

Algo de esto es lo que dijo con fuerza el concilio Vaticano II cuando defendió y promulgó la libertad religiosa … (libertad religiosa tan mal acogida entre nosotros y en no pocos sectores ultramontanos del clero y de la vida política). Pero es evidente que Dios quiere a todos los seres humanos, estén dentro o fuera de la Iglesia …

También hay verdad y bien en otros ámbitos distintos o fuera de la Iglesia.

¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta. ¡Ojalá que muchas personas expulsaran los demonios de la sociedad!

03.- Cristianos anónimos.

        Fuera del grupo de Jesús había personas que trataban de expulsar demonios, es decir de hacer el bien. El apóstol Juan, que significa “trueno”, indignado como los discípulos se lo quieren impedir. Sin embargo Jesús abre caminos y perspectivas: No se lo impidáis, porque también ellos trabajan por el Reino.

        Personas que hacían el bien y expulsaban demonios había en tiempos de Jesús y hoy.

        Decía Mahatma Gandhi

Estoy seguro de que si Cristo volviera, bendeciría la vida de muchos que jamás han oído hablar de Él, pero con su vida han constituido un ejemplo vivo de las virtudes practicada por Cristo: la virtud de amar al prójimo más que a sí mismo, la de hacer el bien y no hacer el mal a nadie.

        De otra manera, Rahner  denominaba a esta multitud de personas que hacen el bien como “cristianos anónimos”. En toda la historia y por todo el mundo existe gente, que es verdaderamente cristiana, incluso sin saberlo y sin haber oído nunca hablar de JesuCristo, sin tener el nombre de cristiano. Muchas personas africanas, lejanos pueblos y tradiciones asiáticas, que no saben de Jesús, están muy cerca de Él, son cristianos sin nombre, “cristianos anónimos”.

        Incluso entre nosotros mismos: nos lamentamos de la fuga de muchas personas de la Iglesia. No tengamos duda de que entre ellos hay personas que también expulsan demonios. ¿Qué duda cabe que muchos científicos, médicos, psiquiatras, etc. tratan de expulsar los demonios de las enfermedades y males? Sin duda que entre los políticos que se sientan en el escaño parlamentario hay quienes quieren el bien para sí, para los suyos, sus familias, su pueblo.

        Coloquialmente solemos decir: “hay gente buena en todas partes”. ¡Pues claro!

04.- Amplitud de la Revelación, de la Verdad y del Bien.

        Josué, los discípulos de Jesús sienten la tentación de impedir que aquella gente expulsara tales demonios, sencillamente porque no eran del grupo, de la Iglesia, del partido, etc.

        Jesús remonta el vuelo y se sitúa en otro plano: no se lo impidáis. La verdad y el bien están por encima de las ideologías, de las Iglesias y de los grupos; el bien  está por todo el mundo.

        Decía Santo Tomás que: la verdad –la revelación- venga de (por) donde venga, viene de Dios.

        Por todos los rincones del mundo y de la historia hay esparcidas semillas del Reino de Dios (vestigia Vebi, decía el concilio Vaticano II), sin que podamos entender quién las haya sembrado.

La sementera de Dios es el mundo entero, la humanidad entera

05.- Algunas conclusiones

  • Hemos de pensar -y de buen corazón- que Dios ha hablado y habla siempre a toda la humanidad, a todos los pueblos y culturas.

En el África profunda, animista – espiritista, Dios ha hablado y está hablando por la creación, por la conciencia, por su cultura, por su música, por el amor, por la vida y la muerte. En las religiones orientales Dios habla en su contemplación, en su quietud y misticismo.

En nuestra propia conciencia Dios nos habla y nos guía.

Dios ha hablado siempre, también antes de Jesús, antes de la Biblia.

Dios habla siempre.

  • También hoy hay muchas personas que buscan el Bien y la Verdad. No se lo impidáis.

Muchas veces nos desasosegamos porque mucha gente se ha ido de la Iglesia, o no ha estado nunca en ella. Pero, si estas personas honestamente, buscan también el Bien y la Verdad, no están contra, sino a favor del Reino de Dios, es motivo de alegría, porque hay gente que no es de los nuestros pero aman el Reino.

  • Cristo es la Revelación plena. Creemos que La Palabra y la revelación de Dios se hicieron presentes en Cristo Jesús. Y todo nuestro cristianismo está centrado sensatamente en Él.

Pero esto no es un canto ni a la vagancia y abandono teológicos, ni al desprecio a otras culturas y religiones.

Esta es una cuestión candente: la apertura del cristianismo y el diálogo con otras culturas, iglesias y religiones, no solamente cristianas, sino no cristianas, diálogo con la ciencia, con el mundo.

  • El criterio último es el Reino de Dios.

El criterio último del cristianismo y de la vida es siempre el Reino de Dios, no las instancias intermedias. Lo que importa es la expulsión de los demonios, no el triunfo de las mediaciones. Tengamos como criterios en la vida:

     Uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está con­tra nosotros está a favor nuestro.

        El evangelio de hoy puede dar la vuelta a aquel principio teológico que aprendíamos:

¿Fuera de la Iglesia no hay salvación o fuera de la salvación no hay Iglesia?

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“La vivencia histórica de la fe, determina la esperanza escatológica”, por Consuelo Vélez

domingo, 29 de septiembre de 2024
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IMG_7720De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del domingo XXVI del Tiempo Ordinario 29-09-2024

Lo importante es “hacer el bien” y mientras esto se haga, no se va en contra de Jesús y, por tanto, no hay por qué impedirlo

La llamada es a entrar en el reino de la vida, aunque sea con limitaciones (sin la mano, el pie o el ojo) antes que creerse perfecto y ser arrojado a la gehena.

Nuestra fe, no es para un más allá, sino que, comenzando aquí, llegará a su plenitud en la eternidad.

Juan le dijo:

-Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.

Pero Jesús dijo:

+ No se lo impidan, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros. Todo aquel que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no perderá su recompensa.
Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar.
Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Mas vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehena, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pacado, córtatelo. Mas vale que entres cojo en la Vida que, son los dos pies, ser arrojado a la gehena. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Mas vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehena, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.

(Mc 9, 38-43.45.47-48)

El evangelio de este domingo presenta dos temas que no parecen tener mucha conexión. Tal vez la conexión es estar en una unidad literario de Marcos en la que muestra los valores contraculturales del Reino frente a la sociedad.

El primer tema se refiere al dicho “el que no está conmigo, está contra mí”, que aparece en todos los sinópticos, pero en contextos distintos. En Lucas (11, 23) y Mateo (12, 30), el contexto es de la acusación que le hacen a Jesús de estar expulsando demonios en nombre de Belzebú. Jesús les dice que un reino no puede estar dividido contra sí mismo. En Marcos, se refiere a que están expulsando demonios en su nombre, algunos que no son del grupo. En los dos casos, lo central es “hacer el bien” y mientras esto se haga, no se va en contra de Jesús y, por tanto, no hay por qué impedirlo.

Pero recordemos que expulsar demonios en la biblia no se refiere a los exorcismos de las películas de Hollywood. Se refiere a liberar a las personas excluidas por alguna razón, especialmente de tipo psicológico, e integrarlas de nuevo a la comunidad. Pues bien, en la misión que los discípulos realizan, no deben impedir que otros realicen los mismo porque hacer el bien no depende de la pertenencia a un grupo sino del bienestar y liberación que se produzca. Hacer presente el reino es lo importante y quien lo hace, no está en contra de Jesús.

El segundo tema son cuatro perícopas que empiezan con “Y”. Corresponden al género literario exhortación que incluyen una conclusión en forma de amenaza. La primera se refiere a “Y el que escandalice a un pequeño de los que creen, más le valdría ponerse una piedra de molino y arrojarse al mar”. No se refiere a los niños, sino a los que escandalicen a los miembros que están comenzando a formarse en su fe. Por tanto, están describiendo una situación de la comunidad. Pero la consecuencia de producir ese escándalo es enviarlos al mar que, como imagen bíblica, se refiere al lugar de los demonios. Es por tanto un dicho escatológico.

Las otras tres perícopas se refieren a partes del cuerpo como símbolo de que pueden hacer pecar (mano, pie, ojo). En los tres casos es mejor entrar sin un miembro del cuerpo a la Vida que ir con los dos a la gehena. Recordemos que la gehenna se refiere al valle de Hinnûm, donde originalmente se realizaban sacrificios humanos y, posteriormente, se quemaba basura. Al fuego se tira lo que no sirve. Por eso, la gehena es una imagen escatológica que no se está refiriendo a un lugar sino a la conciencia de que aquello que no sirve se arroja al fuego. En otras palabras, la llamada es a entrar en el reino de la vida, aunque sea con limitaciones que mantenerse perfecto y ser enviado a la gehena.

En conclusión, todos estos temas nos llaman a la fidelidad a los valores del reino, al compromiso con hacerlos posible y a la conciencia escatológica de que la vivencia histórica de la fe, determina la esperanza escatológica. Nuestra fe, por tanto, no es para un más allá, sino que, comenzando aquí, llegará a su plenitud en la eternidad.

 (Foto tomada de: https://boosco.org/www/2020/02/05/marcos-6-7-13-llamo-a-los-doce-y-los-envio-de-dos-en-dos/)

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Quien reciba uno como este en mi nombre, a Mí me recibe

lunes, 23 de septiembre de 2024
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IMG_7667La reflexión de hoy es del colaborador de Bondings 2.0 Diácono Ray Dever.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el vigésimo segundo domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Dos pasajes de los Evangelios muestran a Jesús interactuando con niños: la historia conocida en la que les dice a sus discípulos que dejen que los niños se acerquen a él, y la historia menos conocida pero probablemente más relevante que tenemos en la lectura de hoy del Evangelio de Marcos (Mc 9,30-37).

Como sucede con muchos relatos de los Evangelios, esta historia comienza con los discípulos discutiendo lo que han estado escuchando y experimentando con Jesús. En este caso, se trata de la discusión demasiado conocida sobre quién de ellos es el más grande, una tentación muy humana que probablemente surge en nuestras propias vidas de vez en cuando. Es en este contexto en el que Jesús se dirige a un niño para compartir una enseñanza poderosa.

Cuando se analizan las historias más conocidas de los Evangelios sobre dejar que los niños se acerquen a Jesús, el énfasis se pone a menudo en esas cualidades propias de los niños que pueden conducir a la fe: confianza, apertura, inocencia. Pero en este contexto, que Jesús se dirija a un niño tiene un significado muy diferente. En la sociedad de la época, un niño era alguien que carecía totalmente de derechos legales y de estatus social, una entidad virtualmente nula y de poco valor, dependiente de otros para su propia supervivencia. En una discusión sobre quién era el más grande entre ellos, un niño sería francamente la última persona en entrar en la conversación.

Pero Jesús da vuelta la conversación cuando dice que si alguien quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Yendo más allá, coloca a un niño en medio de ellos, un niño que estaba tan al margen de la religión y la sociedad como se puede estar, y declara que quien reciba a un niño como este en su nombre, lo recibe a él.

Hoy, por supuesto, el lugar de los niños en la sociedad y la religión es significativamente diferente de lo que era en la época de Jesús, pero ciertamente no faltan otros que son los “niños” de hoy, que son marginados y tratados como personas que de alguna manera son “menos que” en algún aspecto. Las personas LGBTQ de fe están muy familiarizadas con el espectro constante del prejuicio y las diversas formas de discriminación con las que deben lidiar mientras simplemente buscan encontrar una comunidad de fe acogedora y practicar su religión con la misma dignidad dada por Dios que cualquier otra persona.

Mientras escribo esto, mi familia se acerca al primer aniversario de la boda de nuestra hija del medio, la primera de nuestros tres hijos en casarse. No tenemos más que recuerdos maravillosos de ese bendito y hermoso día de otoño en la zona rural de Wisconsin. La fiesta de bodas de familiares y amigos, incluida nuestra hija transgénero, reflejó la maravillosa diversidad de la creación de Dios. Desafortunadamente, la perspectiva de que cualquier miembro de la fiesta de bodas se sintiera menos que bienvenido, incluso en una parroquia nominalmente amigable con los LGBTQ, fue suficiente para que la pareja decidiera casarse fuera de la iglesia, una decisión que entendí y apoyé.

Es difícil imaginar lo que Jesús, que trajo a ese niño en medio de los primeros discípulos, tendría que decir sobre la situación actual, en la que todavía se hace sentir a demasiadas personas como si estuvieran excluidas de nuestra comunidad de fe, como si fueran de alguna manera menos que aquellos que piensan que son los más grandes entre nosotros. O tal vez no sea tan difícil si podemos abrazar verdaderamente el significado de esas palabras misericordiosas y poderosas de Jesús en el Evangelio de hoy: el que reciba a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe.

—Diácono Ray Dever, 22 de septiembre de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“¿De qué discutimos por el camino?”. 25 Tiempo Ordinario – B (Marcos 9,30-37)

domingo, 22 de septiembre de 2024
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46_25-TO-B_1708575Según el relato de Marcos, hasta por tres veces insiste Jesús, camino de Jerusalén, en el destino que le espera. Su entrega al proyecto de Dios no terminará en el éxito triunfal que imaginan sus discípulos. Al final habrá «resurrección», pero, aunque parezca increíble, Jesús «será crucificado». Sus seguidores lo deben saber.

Sin embargo, los discípulos no le entienden. Les da miedo hasta preguntarle. Ellos siguen pensando que Jesús les aportará gloria, poder y honor. No piensan en otra cosa. Al llegar a su casa de Cafarnaún, Jesús les hace una sola pregunta: «¿De qué discutíais por el camino?», ¿de qué han hablado a sus espaldas en esa conversación en la que Jesús ha estado ausente?

Los discípulos guardan silencio. Les da vergüenza decirle la verdad. Mientras Jesús les habla de entrega y fidelidad, ellos están pensando en quién será el más importante. No creen en la igualdad fraterna que busca Jesús. En realidad, lo que les mueve es la ambición y la vanidad: ser superiores a los demás.

De espaldas a Jesús y sin que su Espíritu esté presente, ¿no seguimos discutiendo de cosas parecidas?: ¿tiene que renunciar la Iglesia a privilegios multiseculares o ha de buscar «poder social»?, ¿a qué congregaciones y movimientos hay que dar importancia y cuáles hay que dejar de lado?, ¿qué teólogos merecen el honor de ser considerados «ortodoxos» y quiénes han de ser silenciados como marginales?

Ante el silencio de sus discípulos, Jesús se sienta y los llama. Tiene gran interés en ser escuchado. Lo que va a decir no ha de ser olvidado: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». En su movimiento no hay que mirar tanto a los que ocupan los primeros puestos y tienen renombre, títulos y honores. Importantes son los que, sin pensar mucho en su prestigio o reputación personal, se dedican sin ambiciones y con total libertad a servir, colaborar y contribuir al proyecto de Jesús. No lo hemos de olvidar: lo importante no es quedar bien, sino hacer el bien siguiendo a Jesús.

José Antonio Pagola

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“Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.” Domingo 22 de septiembre de 2024. Domingo 25º ordinario

domingo, 22 de septiembre de 2024
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52-OrdinarioB25 cerezoDe Koinonia:

Sabiduría 2, 12. 17-20: Lo condenaremos a muerte ignominiosa.
Salmo responsorial: 53: El Señor sostiene mi vida.
Santiago 3, 16-4, 3:  Los que procuran la paz están sembrando paz, y su fruto es la justicia.
Marcos 9, 30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de Israel y nos presenta a la persona «justa» como el modelo de sabiduría. El modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque este es el camino auténtico y querido por Dios, no por ello, se puede realizar con simplicidad. La oposición no se hace esperar. Incluso, al interior de la familia o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.

La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto, nadie roba, ni asesina ni arruina la vida ajena si no está movido por algún tipo de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos sigamos considerando cristianos y vayamos a misa todos los días.

En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de formación de un buen discípulo. Jesús no quiere un grupo de fanáticos que le entonen vivas a su nombre, sino un grupo de personas responsables que sean capaces de asumir un proyecto. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia Jerusalén.

Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una estrategia pedagógica muy ingeniosa. Retoma la discusión de los discípulos que estaban concentrados no en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos burocráticos de un hipotético gobierno y reconduce la discusión mediante un ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas mas insignificantes de la cultura antigua. Por su estatura y edad no estaba en condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida religiosa. Jesús coloca a uno de esos pequeños en medio de ellos y muestra cómo el presente y el futuro de la comunidad está en colocar en el centro no las propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo doméstico e insignificante.

Eso que Jesús revelaba -con una paradoja- era muy serio: Jesús identificaba su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen derechos ni quien mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Padre. Nuevamente ponía la jerarquía de valores de la sociedad al revés o, mejor, al derecho. Una sociedad que mira sólo por los de arriba –o en la que las decisiones la toman los que están arriba o miran por los intereses de los de arriba- no garantiza ni el Reino ni la Vida; ésta sólo puede sobrevivir en un mundo que desde abajo mire por los de abajo, los que no tienen derechos. Leer más…

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Unos discípulos torpes, miedosos y ambiciosos. Domingo 25. Ciclo B

domingo, 22 de septiembre de 2024
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25-T.O.BDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La confesión de Pedro («Tú eres el Mesías»), que leímos el domingo pasado, marca el final de la primera parte del evangelio de Marcos. La segunda parte la estructura a partir de un triple anuncio de Jesús de su muerte y resurrección; a los tres anuncios siguen tres relatos que ponen de relieve la incomprensión de los discípulos. El domingo pasado leímos el primer anuncio y la reacción de Pedro, que rechaza la idea del sufrimiento y la muerte. Hoy leemos el segundo anuncio, seguido de la incomprensión de todos (Mc 9,30-37).

Segundo anuncio de la pasión y resurrección (9,30-31)

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».

La actividad de Jesús entra en una nueva etapa: sigue recorriendo Galilea, pero no se dedica a anunciar a la gente la buena nueva, se centra en la formación de los discípulos. Y la primera lección que les enseña no es materia nueva, sino repetición de algo ya dicho; de forma más breve, para que quede claro. En comparación con el primer anuncio, aquí no concreta quiénes serán los adversarios; en vez de sumos sacerdotes, escribas y senadores habla simplemente de «los hombres». Tampoco menciona las injurias y sufrimientos. Todo se centra en el binomio muerte-resurrec­ción. Para quienes estamos acostumbrados a relacionar la pasión y resurrección con la Semana Santa, es importante recordar que Jesús las tiene presentes durante toda su vida. Para Jesús, cada día es Viernes Santo y Domingo de Resurrección.

Segunda muestra de incomprensión (Mc 9,32)

Pero ellos no entendían lo que decía y les daba miedo preguntarle.

Al primer anuncio, Pedro reaccionó reprendiendo a Jesús, y se ganó una dura reprimenda. No es raro que ahora todos callen, aunque siguen sin entender a Jesús. Marcos es el evangelista que más subraya la incomprensión de los discípulos, lo cual no deja de ser un consuelo para cuando no entendemos las cosas que Jesús dice y hace, o los misterios que la vida nos depara. Quien presume de entender a Jesús demuestra que no es muy listo.

La prueba más clara de que los discípulos no han entendido nada es que en el camino hacia Cafarnaúm se dedican a discutir sobre quién es el más importante. Mejor dicho, han entendido algo. Porque, cuando Jesús les pregunta de qué hablaban por el camino, se callan; les da vergüenza reconocer que el tema de su conversación está en contra de lo que Jesús acaba de decirles sobre su muerte y resurrección.

Una enseñanza breve y una acción simbólica nada romántica (Mc 9,33-37)

Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntó:

-¿De qué discutíais por el camino?

Ellos callaban, pues en el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

-Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos.

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:

-El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

Para comprender la discusión de los discípulos y el carácter revolucionario de la postura de Jesús es interesante recordar la práctica de Qumrán. En aquella comunidad se prescribe lo siguien­te: «Los sacerdotes marcharán los primeros conforme al orden de su llamada. Después de ellos seguirán los levitas y el pueblo entero marchará en tercer lugar (…) Que todo israelita conozca su puesto de servicio en la comunidad de Dios, conforme al plan eterno. Que nadie baje del lugar que ocupa, ni tampoco se eleve sobre el puesto que le corresponde» (Regla de la Congrega­ciónII, 19-23).

Este carácter jerarquizado de Qumrán se advierte en otro pasaje a propósito de las reunio­nes: «Estando ya todos en su sitio, que se sienten primero los sacerdotes; en segundo lugar, los ancianos; en tercer lugar, el resto del pueblo. Cada uno en su sitio» (VI, 8-9).

La discusión sobre el más importante supone, en el fondo, un desprecio al menos importante. Jesús va a dar una nueva lección a sus discípulos, de forma solemne. No les habla, sin más. Se sienta, llama a los Doce, y les dice algo revolucionario en comparación con la doctrina de Qumrán: «El que quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos». (El evangelio de Juan lo visualizará poniendo como ejemplo a Jesús en el lavatorio de los pies).

A continuación, realiza un gesto simbólico, al estilo de los antiguos profetas: toma a un niño y lo estrecha entre sus brazos. Alguno podría interpretar esto como un gesto romántico, pero las palabras que pronuncia Jesús van en una línea muy distinta: «El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre me acoge a mí…». Jesús no anima a ser cariñosos con los niños, sino a recibirlos en su nombre, a acogerlos en la comunidad cristiana. Y esto es tan revolucionario como lo anterior sobre la grandeza y servicio.

El grupo religioso más estimado en Israel, que curiosamente no aparece en los evangelios, era el de los esenios. Pero no admitían a los niños. Filón de Alejandría, en su Apología de los hebreos, dice que «entre los esenios no hay niños, ni adolescentes, ni jóvenes, porque el carácter de esta edad es inconsistente e inclinado a las novedades a causa de su falta de madurez. Hay, por el contrario, hombres maduros, cercanos ya a la vejez, no dominados ya por los cambios del cuerpo ni arrastrados por las pasiones, más bien en plena posesión de la verdadera y única libertad».

El rabí Dosa ben Arkinos tampoco mostraba gran estima de los niños: «El sueño de la mañana, el vino del mediodía, la charla con los niños y el demorarse en los lugares donde se reúne el vulgo sacan al hombre del mundo» (Abot, 3,14).

En cambio, Jesús dice que quien los acoge en su nombre lo acoge a él, y, a través de él, al Padre. No se puede decir algo más grande de los niños. En ningún otro sitio del evangelio dice Jesús que quien acoge a una persona importante lo acoge a él. Es posible que este episodio, además de servir de ejemplo a los discípulos, intentase justificar la presencia de los niños en las asambleas cristianas (aunque a veces se comporten de forma algo insoportable).

[El tema de Jesús y los niños vuelve a salir más adelante en el evangelio de Marcos, cuando los bendice y los propone como modelos para entrar en el reino de Dios. Ese pasaje, por desgracia, no se lee en la liturgia dominical.]

¿Por qué algunos quieren matar a Jesús? (Sabiduría 2,12.17-20)

El libro de la Sabiduría es casi contemporáneo del Nuevo Testamento (entre el siglo I a.C. y el I d.C.). Al estar escrito en griego, los judíos no lo consideraron inspirado, y tampoco Lutero y las iglesias que sólo admiten el canon breve. El capítulo 2 refleja la lucha de los judíos apóstatas contra los que desean ser fieles a Dios. De ese magnífico texto se han elegido unos pocos versículos para relacionarlos con el anuncio que hace Jesús de su pasión y resurrección. Es una pena que del v.12 se salte al v.17, suprimiendo 13-16; los tengo en cuenta en el comentario siguiente.

En el evangelio Jesús anuncia que «el Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres». ¿Por qué? No lo dice. Este texto del libro de la Sabiduría ayuda a comprenderlo. Pone en boca de los malvados lo que les molesta de él y lo que piensan hacer con él. «Nos molesta porque se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende, nos considera de mala ley; nos molesta que presuma de conocer a Dios, que se dé el nombre de hijo del Señor y que se gloríe de tener por padre a Dios». En consecuencia, ¿qué piensan hacer con él? «Lo someteremos a la afrenta y la tortura, lo condenaremos a una muerte ignominiosa. Él está convencido de que Dios lo ayudará, nosotros sabemos que no será así». Se equivocan. «Después de muerto, al tercer día resucitará».

Se decían los impíos: Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso: se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende contra la educación recibida. Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará y lo librará de las manos de sus enemigos. Lo someteremos a ultrajes y torturas, para conocer su temple y comprobar su resistencia. Lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues, según dice, Dios lo salvará.

Envidias, peleas, luchas y conflictos (Carta de Santiago 3,16-4,3)

Esta lectura puede ponerse en relación con la segunda parte del evangelio. En este caso no se trata de discutir quien es el mayor o el más importante, sino de las peleas que surgen dentro de la comunidad cristiana, que el autor de la carta atribuye al deseo de placer, la codicia y la ambición. Cuando no se consigue lo que se desea, la insatisfacción lleva a toda clase de conflictos.

Hermanos: donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabaja por la paz. ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

«El Señor sostiene mi vida» (Salmo 53)

El Salmo se aplica tan bien al justo del que habla la primera lectura como a Jesús. En ambos casos, «insolentes se alzan contra mí y hombres violentos me persiguen a muerte». Pero ambos están convencidos de que «Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida». El Salmo nos invita a acompañar a Jesús cuando piensa en su muerte y resurrección y a acompañar a quienes sufren, no a discutir sobre quién es el más importante.

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Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 22 de septiembre de 2024

domingo, 22 de septiembre de 2024
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Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.”

(Mc 9, 30-37)

Este evangelio de hoy da para mucho, aunque solo son siete versículos. Pero nos vamos a quedar con lo que más duele, porque nos mete el dedo en el orgullo.

Todas las personas nacemos con una “inflamación” del “yo” que podemos llamar “importantitis”. Todas. Sí, tú también. Tú que estás pensando que nunca te has sentido importante. Todas.

Ciertamente a unas personas se les nota más que a otras, pero todas tenemos ese poco, o mucho, de orgullo que en algún momento nos hace sentirnos mejores que las demás. Y a veces incluso necesitamos verificarlo.

En esas andaban los discípulos cuando Jesús les pregunta. Jesús les había estado hablando de lo que iba a pasar: el hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán…” Ellos, sin embargo, aquejados de “importantitis” no había sabido escucharle y andaban el camino contrario de su maestro.

¿El más importante?

Les pasó a aquellos primeros discípulos, y a todas las discípulas y discípulos de después nos pasa lo mismo. Queremos ser importantes y si no podemos ser de “los importantes” del mundo, al menos ser más importantes que alguien.

Dios vino a regalarnos unas relaciones horizontales para que pudiéramos mirarnos a los ojos como hermanas y hermanos. Pero nuestro orgullo se incomoda, necesita algún privilegio.

Claro que decimos que todos somos iguales y que todos tenemos los mismos derechos. Eso nos lo ha grabado a fuego nuestra civilización de los “Derechos Humanos”.

Lo decimos, sobre todo, para recordarle al resto del mundo que respete nuestro derechos. Pero cuando lo que está en juego son los derechos de otras personas, y esos derechos podrían estropearnos nuestro “bien estar”… ¡cuidado! Aquí entramos en terreno peligroso.

Aquí salen miles de ejemplos y razones que ponen de manifiesto la “importantitis” que padecemos. Especialmente en los países “enriquecidos”. Por eso nos pasamos la vida, no discutiendo, sino aseverando lo importantes que somos nosotros… a la vez que negamos cualquier responsabilidad de cara a la pobreza de los “empobrecidos”.

Pero si nos vamos al terreno doméstico nos pasa lo mismo. Nos sentimos más importantes que nuestra hermana, o que nuestra pareja, o que nuestro compañero de trabajo. Siempre tenemos a alguien al que pisar para poder sobre salir un poco.

¿Cuando descubriremos que la importancia que necesitamos no nos la dará estar por encima de nadie sino al servicio de todos?

Oración

Humildad, derrama, Trinidad Santa, tu humildad sobre nosotras, que sea bálsamo que desinflame nuestra “importantitis”.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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El servicio no es una imposición, sino la más profunda exiencia humana.

domingo, 22 de septiembre de 2024
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DOMINGO 25º (B)

Mc 9,29-37

El tema principal que leemos hoy es el mismo que leímos al final del domingo pasado y que no comentamos. Jesús atraviesa Galilea camino de Jerusalén, donde le espera la Cruz. El evangelio nos dice expresamente que quería pasar desapercibido, porque ahora está dedicado a la instrucción de sus discípulos. Esa nueva enseñanza tiene como centro la cruz. Trata de convencerles de que no ha venido a desplegar un mesianismo de poder sino de servicio a los demás, pero no lo consigue. Todos siguen pensando en su propia gloria.

Este segundo anuncio de la pasión no deja lugar a dudas sobre lo que Jesús quiere transmitir. Los discípulos siguen sin comprender, aunque el domingo pasado nos decía que se lo explicaba “con toda claridad”. Si les daba miedo preguntar es porque intuían que no les iba a gustar. Esto nos muestra que más que no comprender, es que no querían entender, porque significaría el fin de sus pretensiones mesiánicas. Hasta que no llegue la experiencia pascual, seguirán sin entender la parte más original y decisiva del mensaje.

¿De qué discutíais por el camino? Jesús quiere que saquen a la luz sus íntimos sentimientos, pero guardan silencio porque saben que no están de acuerdo con lo que Jesús viene enseñándoles. Entre ellos siguen en la dinámica de la búsqueda del dominio y del poder. Tenemos que recordar que en aquella cultura el rango de las personas se tomaba muy a pecho, y era la clave de todas las relaciones sociales.

Quien quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos”. El mismo mensaje del domingo pasado y en el episodio de la madre de los Zebedeo. No nos pide Jesús que no pretendamos ser más, al contrario, nos anima a ser el primero, pero por un camino muy distinto al que nosotros nos apuntamos. Debemos aspirar a ser todos, no sólo “primeros”, sino “únicos”. En esa posibilidad estriba la grandeza del ser humano.

Jesús dice: ¿Quieres ser el primero? Muy bien. ¡Ojalá todos estuvieran en esa dinámica! Pero no lo conseguirás machacando a los demás, sino poniéndote a su servicio. Cuanto más sirvas, más señor serás. Cuanto menos domines, mayor humanidad. El mensaje quiere hacernos ver que el bien espiritual está por encima del material. Si me pongo en esta perspectiva nunca haré daño al otro buscando un interés egoísta a costa de los demás.

Acercando a un niño lo abrazó y dijo. No es fácil descubrir la conexión con lo que antecede. En tiempos de Jesús, los niños eran utilizados como pequeños esclavos. La palabra griega “paidion” es un diminutivo de “pais, que ya significa niño y también criado y esclavo. Sería, el pequeño esclavo. En el contexto de la narración, sería el chico de los recados que el grupo tenía a su disposición. Aquí descubrimos la relación con el texto anterior. El niño estaría en la escala más baja de los que se dedican a servir.

El que acoge a un niño, me acoge a mí. No se trata de manifestar cariño o protección al débil sino de identificarse con él. Al abrazarle, está manifestando que los dos forman una unidad, y que, si quieren estar cerca de él, tienen que identificarse con el insignificante muchacho de los recados, es decir hacerse servidor de todos. Uno de los significados del verbo griego es preferir. Sería: el que prefiere ser como este niño me prefiere a mí. El que no cuenta, pero sirve a los demás, ese es el que ha entendido el mensaje de Jesús.

Y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Este paso es muy importante: acoger a Jesús es acoger al Padre. Identificarse con Jesús es identificarse con Dios. La esencia del mensaje de Jesús consiste en esta identificación. Repito, el mensaje no consiste en que debemos acoger y proteger a los débiles. Se trata de identificarnos con el más pequeño de los esclavos que sirven sin que se lo reconozcan ni le paguen por ello. Esa actitud es la que mantiene Jesús, reflejando la actitud de Dios para con todos.

Llevamos dos mil años sin enterarnos. Y, como los discípulos, preferimos que no nos aclaren las cosas; porque intuimos que no iban a responder a nuestras expectativas. Ni como individuos ni como grupo (comunidad o Iglesia) hemos aceptado el mensaje del evangelio. Ya los primeros seguidores discutían por el poder, pero después de veinte siglos seguimos haciendo lo mismo. No tenemos clara la distinción que se hace en los evangelios entre poder y autoridad. Ningún poder puede venir de Dios porque es nadapoderoso.

En cuanto Constantino abrió la mano, la Iglesia no hizo otra cosa que acrecentar su poder. Si en los últimos siglos perdió gran parte de él, no fue por propia voluntad sino porque se lo arrebataron, con gran disgusto de muchos jerarcas. Todavía seguimos utilizando el término jerarquía que significa ‘poder sagrado’. La mayoría de nosotros seguimos luchando por el poder que nos permita utilizar a los demás en beneficio propio. Siguen siendo inmensa minoría los que ponen su vida al servicio de los demás y les ayudan a vivir sin esperar nada a cambio. Esta sería la propuesta de Jesús que nos llevaría a la plenitud de humanidad.

Hay dos maneras de servir: una es la del que somete al poderoso para conseguir su favor y aprovecharse de su poderío. Esto no es servicio sino servidumbre, y lejos de hacer más humana a una persona la envilece. Esta actitud es muy criticada por Jesús. En torno a todo poder despótico pulula siempre una banda de aduladores que hacen posible el despotismo. La diaconía significaba “servir a la mesa”. En cristiano indicaba el servicio a los más necesitados, por los que no tenían obligación de hacerlo. Este servicio es el que humaniza.

Si es la esencia del mensaje ¿Por qué ha fracasado estrepitosamente? El domingo dijimos que no podía conocer a Jesús si no me conocía a mí mismo. Sin ese conocimiento, es imposible llegar a ser auténtico cristiano. Ahora bien, como llegar a conocerse a sí mismo es muy difícil, la iglesia trató de racionalizar el mensaje con propuestas externas: 1ª Es la voluntad de Dios. 2ª Si lo cumples, Dios te premiará, si no lo cumples, te castigará.

A la 1ª hay que decir: esa pretensión es tan etérea y difusa que con la mayor facilidad se puede tergiversar y deteriorar sin advertirlo. Por otra parte, ¿Quién me asegura que esas exigencias son la voluntad de Dios? La 2ª es aún más burda. Bastaría caer en la cuenta de que es la misma técnica que utilizamos los seres humanos para domesticar a los animales: palo o zanahoria. ¡Cómo podemos pensar que Dios nos trata como animales!

Haríamos bien en superar la idea de un Dios antropomórfico con motivaciones iguales a las nuestras. Ese Dios ha sido muy útil para justificar nuestra opresión a los débiles. Como no nos han conducido por el camino del conocimiento de nosotros mismos y el Dios que nos habían propuesto es absurdo, los cristianos nos hemos quedado en chasis. Ni somos capaces de descubrir las exigencias del evangelio en lo hondo de nuestro ser, ni encontramos razones externas que nos motiven. Hemos quedado en la inopia.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Amar y servir

domingo, 22 de septiembre de 2024
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542C6CBD-F87A-4C7A-B9C1-D3F771A2C3B3Mc 9, 30-37

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»

Los sinópticos muestran a Jesús como un líder carismático que arrastra tras de sí a las multitudes; un orador genial capaz de impresionar con su palabra hasta a los mismos guardias de Herodes: «Jamás hombre alguno habló como éste»; un hombre, a la par compasivo y valeroso que no dudó en llegar hasta el final; y un final en cruz… Diríamos que era un primero que poseía todos los talentos, pero, como decía Ruiz de Galarreta, «Jesús no es el primero por los talentos que había recibido, sino porque los puso al servicio de todos».

Es muy fácil ponerse al servicio de los poderosos, porque ellos suelen recompensar a los serviles; lo difícil es ponerse al servicio de los más necesitados sin esperar nada a cambio. Y Jesús se puso al servicio de los pobres, los marginados, los leprosos, los ciegos… y les dedicaba todo su tiempo, los sanaba, les enseñaba y les abría una puerta a la esperanza mostrándoles con su actitud que ellos eran los más importantes a los ojos de Dios… precisamente por ser los más necesitados.

Entre los necesitados incluyó a los pecadores, y comía con ellos demostrando que él no los despreciaba; que lo importante son las personas; que los tenidos por pecadores son en realidad los más necesitados. Y no dudó en jugarse el prestigio ofreciéndoles su amistad porque quería librarles de la vergüenza, la humillación y el sentido de culpa que con tanto ahínco fomentaban en ellos los tenidos por buenos…

Al ver que su tiempo se le acababa, su principal urgencia fue remachar la idea de servicio en la mente de quienes debían continuar su obra. Así, Mateo nos dice que en su último discurso —síntesis y compendio de su predicación— Jesús puso todo el énfasis en la necesidad de servir a quienes nos necesitan; de dar de comer al hambriento y de beber al sediento, de vestir al desnudo y visitar al enfermo y al encarcelado… y las otras cosas a las que nosotros damos tanta importancia, ni siquiera merecieron una simple mención por su parte… Según versión de Juan, al ver discutir a sus discípulos sobre el puesto a ocupar en la última cena, tomo una jofaina y una toalla, y se puso de rodillas a lavarles los pies.

Esta imagen de Jesús lavando los pies nos señala como ninguna otra la actitud del cristiano. Hay quien decide emplear la vida entera en lavar los pies de los necesitados, pero a los demás, a los que no tenemos su coraje, se nos invita a ir atentos por la vida y no pasar de largo cuando nos encontramos con la pobreza, la tristeza, la soledad, la enfermedad, la vejez… El hereje samaritano de la parábola puede ser un excelente guía que nos marque el camino.

Ignacio de Loyola —empapado hasta los tuétanos del espíritu de Jesús— nos propone un lema genial para vivir a lo cristiano: «En todo, amar y servir»… Amar y servir como respuesta al amor del Padre… y porque así seremos mucho más felices: «El ciento por uno en esta vida…»

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Resignificando las expectativas de poder y de éxito.

domingo, 22 de septiembre de 2024
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683f7dcfdf4f9ab12dd2d71f4614d7c7Marcos 9, 30-37

Marcos en la segunda parte de su evangelio muestra con claridad el horizonte vital de Jesús y su inquebrantable decisión de mantenerse fiel al anuncio de la Buena Noticia de un Dios siempre misericordia y perdón.

Jesús había experimentado la confrontación e incomprensión de su propuesta por parte de muchos dirigentes religiosos. Poco a poco comprueba, también, la dificultad de sus discípulos para reorientar sus expectativas triunfalistas y entender que solo el servicio y la entrega gratuita pueden hacer posible los espacios liberadores y sanadores que Dios necesita para que su salvación se haga sitio en la historia humana.

El mal amenaza, pero no anula el camino de la Buena Noticia

Después de constatar las expectativas que mucha gente, y también sus discípulos, tenía en relación a su Misión (Mc 8, 27-38), Jesús replantea su estrategia e intensifica la formación de su comunidad de seguidor@s (Mc 9,30).

En su enseñanza Jesús les recuerda que el camino del reino no es fácil ni exitoso. Su propuesta desafía los intereses religiosos de muchos y el mal amenaza no solo su proyecto sino su vida (Mc 8, 31; 9, 30-31; 10, 32-34). El evangelista va señalando progresivamente la incapacidad de sus seguidores de entender y aceptar esa amenaza.  Desde su comprensión de Dios siguen pensando que él, no solo no va a permitir el fracaso del proyecto del Reino, sino que va a asegúrales un lugar preeminente en el sueño salvador de Dios (Mc 8, 31-33; 9, 30-35; 10, 35-45).

A pesar de la claridad con que Jesús plantea el posible fracaso humano de su misión es difícil para sus seguidores, especialmente para los varones que lideraban el grupo, entender que ese fracaso, que ponía en el horizonte la muerte de Jesús, era en realidad el modo más fiel de cumplir la voluntad de Dios.

Dios no quería la muerte de Jesús, sino todo lo contrario, que lo escuchasen y acogiesen su oferta salvadora. Sin embargo, el mal parecía imponerse y Dios no dejó de acompañar y fortalecer a Jesús en su difícil subida a Jerusalén, afrontando con él la cruz como una la única manera de demostrar su amor incondicional a todo ser humano y su persistente voluntad salvadora. Una voluntad que ningún mal podía quebrar.

Jesús comprendió y aceptó también este modo nuevo de anuncio de la Buena Noticia del Reino que lo llevaba a afrontar el sufrimiento y la cruz. Una experiencia que él vivió, a pesar de los momentos de oscuridad, desde la esperanza y la certeza del amor con el que su Abba lo sostenía y acompañaba. Lo difícil en ese momento era transmitírselo a sus disicipul@s e invitarl@s a vivirse de esa manera.

En la comunidad del Reino lo más honorable es el servicio no el poder

En el mundo antiguo el honor y el estatus eran claves para entender el lugar y los roles a los que un individuo podía aspirar. Los discípulos de Jesús, especialmente los varones- hijos de aquel tiempo- necesitaban, para reconocerse dentro del grupo, definir el lugar que les correspondía a cada uno. Este contexto explica la discusión que, según el relato, habían tenido a lo largo del viaje hasta Cafarnaúm (Mc 9, 33-34).

Después de que Jesús, por segunda vez, les explique que su misión está amenazada pero que han de seguir confiando en que Dios la hará posible, aunque de una forma diferente (Mc 9, 31). L@s dicipul@s sentían miedo e incertidumbre.

Curiosamente, la respuesta a su miedo no la buscaron en la confianza en el Dios que el maestro les anunciaba sino en el poder y el honor. Su preocupación se centraba en determinar quién era el más importante en el grupo, quien podía liderar la respuesta ante las posibles amenazas. Jesús pacientemente les invita reimaginar el futuro de otra manera.

Jesús reúne a los líderes varones del grupo y les recuerda que la fuerza de la comunidad no estaba en el reconocimiento humano ni en su capacidad de influencia. La comunidad se definía por el servicio y la gratuidad de sus relaciones y de sus acciones. Jesús les invitaba así a reconfigurar sus vínculos internos y sus expectativas frente a la misión pues, su auténtica fortaleza frente a cualquier amenaza, por grande que fuese, solo podía sostenerse en la gratuidad y el servicio como él estaba decidido a hacer. Esto los discípulos tardaron en entenderlo. Tuvieron que vivir la experiencia de la Pascua para descubrir cómo seguir y anunciar la Buena Noticia del Reino.

No sabemos cómo vivieron este momento las mujeres que formaban parte de la comunidad de Jesús porque los Evangelios no hicieron memoria de ello. Probablemente se hicieron preguntas parecidas, vivieron el mismo miedo e incertidumbre, pero es fácil pensar que ellas no tuvieron la misma preocupación por el honor y el estatus que visibilizan sus compañeros varones. Ellas por la cultura en la que habían nacido y el lugar que su sociedad les asignaba estaban más familiarizadas con las experiencias de servicio y gratuidad y quizá vivieron con menos resistencia lo que proponía Jesús, aunque fueron conscientes, también, de lo contracultural que era entender el honor y el prestigio desde el servicio y la gratuidad. Por otro lado, priorizar esos valores las colocaba en un lugar diferente dentro de la comunidad y ponía en el centro experiencias habituales en su vida cotidiana.

Las mujeres estaban acostumbradas a no ser sujetos de poder, especialmente en los espacios públicos, pero no eran ajenas a las expectativas de poder y prestigio. Así lo visibiliza el relato de Mateo cuando la madre de los zebedeos pide a Jesús poder para sus hijos (Mt 20 20-28). Ella no está queriendo algo para ella sino para sus hijos, que son quienes socialmente pueden reclamarlo, pero al hacerlo se identifica con los valores y expectativas de su tiempo.  En el texto de Marcos quienes hacen la petición, sin embargo,  son directamente Santiago y Juan y no su madre (Mc 10, 35-45) lo que subraya más las expectativas de los varones y su estatus en el grupo.

Del servicio como estatus al estatus como servicio

La propuesta de Jesús, clave en la configuración y el estilo de la comunidad del Reino, va reinterpretándose, e incluso a veces ignorándose, en la medida en que las comunidades cristianas van insertándose y adquiriendo protagonismo social en los siglos siguientes.  La configuración de las estructuras de la iglesia, a partir del modelo del Imperio Romano, hizo que se distanciara de la propuesta que había hecho Jesús. El cambio supuso dejar de poner el servicio como clave del honor y del estatus identificándose con el lugar social de los niños a considerar el estatus como un servicio que otorgaba un lugar social preferencial en la comunidad y en la sociedad.

Hoy frente al desafío que suponen los abusos de todo tipo dentro de la iglesia no está de más recordar la invitación de Jesús y preguntarnos que lejos o cerca estamos de ella y que necesitamos cambiar para que sea de verdad visible que la Iglesia se funda en Jesús y su mensaje y no en otros criterios que la alejan de él.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Una sociedad que priorice a «los últimos».

domingo, 22 de septiembre de 2024
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Ninos-640x360Domingo XXV del Tiempo Ordinario

22 septiembre 2024

Mc 9, 30-37

Jesús fue crucificado por la misma razón por la que tantos hombres y mujeres han sido perseguidos de mil maneras a lo largo de la historia humana, porque su mensaje molestaba al poder, que buscó, prácticamente desde el principio de la actividad del Maestro de Galilea, eliminarlo. Aunque para ello hubiera tenido que producirse un pacto contra natura entre el poder teocrático judío (saduceos), los escribas o doctores y el mismo poder imperial del invasor romano.

Todos se sentían molestos con Jesús: el poder judío no podía tolerar ser cuestionado de manera radical en sus planteamientos religiosos; el romano castigaba con la crucifixión a todo provocador político, y así es como les fue presentado Jesús por las autoridades judías.

Si bien el procurador romano pudo errar en su apreciación de Jesús como peligro directo para el imperio, la autoridad judía no se equivocaba al verlo como un hombre subversivo, tanto en su enseñanza como en su práctica. Basta leer el evangelio de Marcos para captar los rasgos fundamentales de la novedad jesuánica.

En el texto que leemos hoy, Jesús da la vuelta al modo como se entiende y vive el poder, colocando a un niño justo “en medio”, en el centro mismo de todas las preocupaciones. En el arco mediterráneo del siglo I, la figura del niño no evocaba en absoluto lo que hoy nos resulta habitual. Representaba, más bien, a los últimos de la sociedad, a los que no cuentan en absoluto, a los que son marginados e incluso invisibilizados por sistema.

Pues bien, ante esa situación, Jesús se planta de manera tajante, haciendo una doble afirmación: el único poder legítimo es el que sirve y debe estar siempre al servicio de los últimos.

¿Cómo sonarían tales afirmaciones en los oídos de los judíos bienpensantes que ostentaban el poder de manera autoritaria y se consideraban a sí mismos como los únicos intérpretes de la voluntad divina? ¿Cómo tolerar a quien ponía en juego su propio estatus y, en último término, su misma seguridad?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El poder levanta la cruz, el carisma es crucificado en ella.

domingo, 22 de septiembre de 2024
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crucifijo-san-damiano-estampa-sobre-maderaDel blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01.- Una vez en casa…

      Tras  repetirles a los discípulos que el Mesías iba a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán, Jesús y los suyos vuelven a casa…

      La casa en el Evangelio de San Marcos es la comunidad cristiana, la iglesia.

      Una vez en casa, en la Iglesia, Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿De qué  veníais hablando por el camino?

      Si a nosotros nos preguntaran¿De qué vamos hablando por la vida? Seguramente que también nos callaríamos como los discípulos, pues también nuestro interés es quién es el primero, quién es el más importante, con quién importante trato y me codeo en la vida…

        ¿La mayor parte de nuestros temas y de nuestras actitudes son acerca del poder? Poder económico, político, religioso, prestigio social, religioso, etc. Hasta en el ámbito familiar las pequeñas cuestiones de poder juegan un papel  importante…

      También en la Iglesia -por desgracia- el poder tiene una gran vigencia. Muchas de las cuestiones aparentemente dogmáticas, litúrgicas, se sostienen por el humus de poder en el que se apoyan: ¿Quién puede -poder- presidir la Eucaristía? ¿Quién y cómo puede absolver de los pecados? ¿Quién puede -poder- nombrar obispos?, ¿Quién manda en una diócesis, parroquia, etc.?

      Por otra parte -y al mismo tiempo- está el “carrerismo” en la Iglesia. El papa Francisco (creo que con poco éxito) ha tratado y trata de paliar esta ansia de poder de muchos clérigos y jerarcas.

      El poder, el mando tiene un atractivo enorme. Hoy lo mismo que en tiempo de Jesús.

      Es nuestra mentalidad de poder. Estamos en un año olímpico (Paris). El “lema” de las olimpiadas es citius, altius, fortius: Es la manía de verlo todo desde “el más”: el más rápido, más alto, más fuerte,  el mejor, etc…

      La “casa”, la Iglesia es la comunidad de los más débiles, de los más sencillos.

02.- El poder / el carisma

El poder sirve para algunas cosas. Pero no sirve para que los hombres se vuelvan buenos.

El poder no sirve para liberar o sanar la libertad humana, sino sólo para suprimirla. La gracia, en cambio, hace buenos a los hombres y libera la libertad humana. El poder obliga, la gracia ayuda. El poder crea cuarteles o campos de concentración; el carisma edifica comunidad. El poder crea bancos de dinero, el carisma multiplica los panes. El poder impone silencio, el carisma habla hasta con su silencio. El poder sólo es capaz de preservar, el carisma es capaz de transmitir. El poder sospecha siempre, desconfía siempre; el carisma alienta siempre, apuesta siempre.

El poder da la seguridad de la instalación, el carisma se mantiene vivo en la inseguridad de Abrahán. El poder se ama sólo a sí mismo, la gracia ama a los seres humanos. El poder se atribuye carismas, el carisma no se atribuye poderes. El poder suplanta al Espíritu, el carisma transparenta al Espíritu. Y por eso, el poder acaba por levantar la cruz y el carisma acaba por morir en ella. En una palabra: el poder es de este mundo como todos los sanedrines: el carisma es del cielo como Jesús.

03.- El poder sagrado en la Iglesia es el servicio.

        Jesús llama a un niño (que bien podemos traducir por un criado). El niño es símbolo de debilidad, de dependencia. Jesús les dice a los discípulos: el que acoge a uno de estos pobres y sencillos, a mí me acoge.

        El camino para ser grande en la Iglesia no es el nombramiento  que pueda venir de Roma, la vestimenta de colorín, colorado, sino que el camino para vivir en “casa”, en la Iglesia, es la acogida de los más humildes, el servicio sobre todo a los débiles a coger a quien no tiene ni poder ni defensa. El poder en la Iglesia es el servicio.

        Una Iglesia que viva en una búsqueda y dialéctica del poder, no es, está muy lejos de ser la Iglesia de Jesús.

  • Una Iglesia que no escucha jamás a la mayor parte de sus miembros, es decir a los propios curas, a los laicos: catequistas, monitores, voluntarios, etc., es una iglesia totalitaria y está lejos, muy lejos de ser la Iglesia del lavatorio de los pies y se ha re-convertido en una “agencia de servicios religiosos”.
  • El clericalismo se pasa la vida discutiendo lo que puede o no puede (poder), se ha convertido en una clase dirigente, pero está muy lejos de la diaconía, el servicio de Jesús.

Como decía el papa Francisco bien estaría que la Iglesia se pareciese a un hospital de campaña donde se curan las heridas.

Termino con el texto eclesial programático de Jesús:

Los jefes de la tierra tiranizan y oprimen a los suyos … Entre vosotros no puede ser así.El que quiera ser el mayor, ha de ser vuestro servidor. (Mc 10)

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“Pidamos conversión de corazón para entender el camino de Jesús”, por Consuelo Vélez

domingo, 22 de septiembre de 2024
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IMG_7568De su blog Fe y Vida:

La persecución que Jesús les anuncia a sus discípulos es frutos de su fidelidad a la predicación que realiza

La predicación de Jesús no es aceptada porque los poderosos de nuestro mundo -de ayer y de hoy- no están dispuestos a renunciar a sus privilegios

Es vergonzoso pensar que mientras Jesús les comparte la dificultad que implica la misión, los discípulos están preocupados por quién será el mayor

En la comunidad no debe haber más que servidores, nade de jefes, padres o maestros

Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía:

+ El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.

Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba:

+ ¿De qué discutían por el camino?

Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quien era el mayor. Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

+ Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.

Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo:

+ El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe y el que me reciba a mí, no me recibe a mis sino a Aquel que me ha enviado. (Mc 9, 30-37)

Continua el evangelio de Marcos, con los anuncios de la pasión, en este caso diciéndoles que el Hijo del hombre será entregado, lo matarán, pero resucitará a los tres días. No quiere decir esto que la vida cristiana es una vida de sufrimiento, de dolor, de cruz, de aguante, como tantas veces se dice y se vive. El dolor por el dolor no es redentor, como tampoco lo es la pobreza por la pobreza. La persecución que Jesús les anuncia a sus discípulos es frutos de su fidelidad a la predicación que realiza. En un mundo de injusticia social, de muchas veces, opresión en nombre de la religión, de exclusiones y rechazo a los más necesitados, la predicación de Jesús no es aceptada porque los poderosos de nuestro mundo -de ayer y de hoy- no están dispuestos a renunciar a sus privilegios. De igual manera, porque el egoísmo del corazón humano no deja de hacerse presente y se necesita, la continua conversión, para transformarlo en amor y servicio a los demás.

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Ya en casa, que para Marcos es el lugar de la intimidad, de la enseñanza, de la catequesis, Jesús les pregunta sobre la discusión que los discípulos traían por el camino. Es vergonzoso pensar que mientras Jesús les comparte la dificultad que implica la misión, ellos están preocupados por quién será el mayor. Esta es una de las grandes tentaciones de las religiones. Todas ellas, llamadas al servicio, a la humildad, al desinterés, se ven convertidas, muchas veces, en lugares de ascenso social, de poder ejercido de muchas maneras, de privilegios, de riquezas y honores.

Conocemos toda la denuncia que el papa Francisco está haciendo en estos tiempos contra el clericalismo, contra los abusos no solo sexuales sino también de estructuras de poder que se gestan en los lugares eclesiales, produciendo tanto dolor y escándalo. Conocemos las riquezas que se van acumulando en obras de la Iglesia que dejan de ser de servicio y se convierten en empresas con los mismos criterios de la economía reinante. Sabemos de tantos títulos honoríficos que siguen utilizándose sin ningún pudor, como si no fuera fácil entender que en la Iglesia nada de eso debería existir.

La enseñanza de Jesús a sus discípulos no puede ser más sencilla y concreta: el que quiera ser el primero, sea el último y servidor de todos. Esta frase nos hace recordar el lavatorio de los pies relatado en el evangelio de Juan. En la comunidad no debe haber más que servidores, nade de jefes, padres o maestros. El hecho de que Jesús coloque a un niño entre ellos, no es por la inocencia de los niños sino por el poco valor que tenían en la sociedad judía hasta que no cumplieran la edad de 12 años para formar parte del pueblo de Dios. El reinado de Dios que Jesús anuncia tiene los valores contrarios a la sociedad de todos los tiempos -lo que no tiene valor, lo más insignificante, los últimos de cada tiempo, son los que han de estar en primer lugar, los que han de ocupar el centro, los que han de entrar primero a la mesa del banquete del reino.

Pidamos, entonces, conversión de corazón para entender el camino de Jesús de manera que nuestras obras den testimonio de ello.

(Foto tomada de: https://blogs.iadb.org/transporte/es/mujeres-inmoviles-y-cautivas-en-la-nueva-ruralidad/)

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Mateo, apóstol y evangelista.

sábado, 21 de septiembre de 2024
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Es él mismo quien nos cuenta su conversión empleando unos términos extremadamente sencillos (Mt 9,1-9). Por su parte, Lucas se complace en poner de relieve que, en aquella circunstancia, el banquete era signo del amor misericordioso de Jesús a todos los pecadores.

Mateo escribió un evangelio para la comunidad judeocristiana: esto se deduce de la estructura del mismo evangelio, que presenta a Jesús como el nuevo Moisés, como aquel que trae la ley del amor al nuevo pueblo de Dios. A continuación, Mateo pone una particular atención a la Iglesia, convocada, salvada e instituida por Jesús. Sólo él entre los evangelistas sinópticos conoce el término ‘Iglesia’, exactamente en dos lugares: 16,18 y 18,17.

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***

En aquel tiempo, cuando se marchaba de allí, vio Jesús a un hombre que se llamaba Mateo, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo:

+ Sígueme.

Él se levantó y lo siguió.

Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Mateo, muchos publícanos y pecadores vinieron y se sentaron con él y sus discípulos.

Al verlo los fariseos, preguntaban a sus discípulos:

¿Por qué come vuestro maestro con los publícanos y los pecadores?

Lo oyó Jesús y les dijo:

+  No necesitan médico los sanos, sino los enfermos.

Entended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios; yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

*

Mateo 9,9-13

***

Las palabras ‘quiero misericordia, no sacrificios’ (Mt 9,13) marcan un importante paso hacia adelante de la conciencia humana, pero, por desgracia, después de dos mil ańos, son muy pocos los que se han dado cuenta de esto: el paso de la religión del Padre a la del Hijo. El Padre experimentado como Soberano absoluto, como el Juez inapelable, que premia a los buenos y castiga a los pecadores; la conciencia necesitada de sacrificios expiatorios, de machos cabríos sobre los que depositar los pecados propios y los comunitarios. Por otra parte, la conciencia solar, creadora y portadora de vida. El árbol frutal da con arrebato sus frutos, y su alegría aumenta con el crecimiento de la abundancia de los frutos; no castiga a los animales y a los hombres que los comen; su tarea es sustentar a las criaturas que tienen necesidad de sus dones. Del mismo modo, el seguidor de la religión del Hijo vive para distribuir la misericordia, no para levantar altares sobre los que inmolar víctimas.

La experiencia cristiana se encuentra en el fatigoso y laborioso camino que va de la religión del Padre, del Rigor y del Juicio irreformable, a la religión del Hijo, que no juzga, no condena, no culpa a ninguna criatura, sino que con mano generosa distribuye amor y misericordia, no apaga el pábilo vacilante, no quiebra la cańa cascada. Moisés había declarado que el hombre es la imagen de Dios en la creación; Cristo nos dice que el Hijo y los hijos del hombre están llamados a despojarse del temor y del temblor de los siervos, y a abrirse a la alegría vital de sentirse hijos de Dios.

*

G. Vannucci

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En el sufrimiento nos pertenecemos unos a otros. En la solidaridad prevalecerá la paz.

lunes, 16 de septiembre de 2024
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IMG_7536La reflexión de hoy es de Michael Sennett, colaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el vigésimo cuarto domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

La lucha y el sufrimiento son partes inevitables de la experiencia humana, y las lecturas litúrgicas de hoy nos confrontan con estas realidades de frente. Desde el desafío de Isaías ante la persecución hasta el reconocimiento tajante de Jesús de su propio sufrimiento y muerte, se nos recuerda que el camino de la fe no está exento de dificultades.

Reflexionar sobre estas lecturas me ha llevado a darme cuenta de un mensaje más profundo: en el sufrimiento, nos pertenecemos unos a otros. Estamos llamados a estar presentes unos para otros, a llevar las cargas de los demás y a trabajar juntos por la liberación y la justicia en todas las tierras. Caminar unos junto a otros es donde nos encontramos con Dios.

En ningún otro lugar veo este espíritu de solidaridad con más claridad que en el pueblo de Palestina. Su camino hacia la liberación es una gran lucha: niños que crecen bajo asedio, familias destrozadas por bombas y balas, comunidades enteras que enfrentan la amenaza constante de muerte y desplazamiento. En medio de la violencia y la opresión, los palestinos siguen aferrándose unos a otros. Un compromiso feroz con la comunidad trasciende divisiones y diferencias.

Una amistad que comenzó en la universidad me ayuda a entender la profundidad del llamado a la solidaridad. Pasé mis años de estudiante en una universidad católica en el Medio Oeste de los Estados Unidos, un entorno no siempre acogedor para un estudiante transgénero. Uno de mis amigos, que es palestino, me acompañó en la navegación por los desafíos de la transfobia. A menudo era el primero en defenderme a mí y a otros estudiantes, y nunca dudó en hablar en contra de la injusticia.

Antes de que me cambiaran el nombre legalmente, me acercaba a mis profesores antes de que comenzaran las clases cada semestre para explicarles mi situación y pedirles que me llamaran «Michael«. Un profesor se negó y usó repetidamente mi nombre de nacimiento dentro y fuera de la clase. Mi amigo me acompañó en todas las discusiones con los administradores, aunque informar sobre la terrible experiencia resultó inútil. Cuando a los directivos de la escuela no les importaba, a él sí. Apoyó a los estudiantes en sus batallas contra los prejuicios raciales, las actitudes sexistas, los ataques homofóbicos y los sentimientos xenófobos.

Mi amigo enaltecía a la comunidad que lo rodeaba, pero muy pocos estudiantes lo defendieron cuando lo reprendieron una y otra vez después de pedir la liberación de Palestina. Me desilusiona admitir que antes me daba miedo solidarizarme con él. Temía que hablar abiertamente sobre el antisionismo se confundiera con el antisemitismo. Sin embargo, el silencio siempre favorece la opresión. Solo sirve para reforzar el sistema de ocupación israelí sobre la tierra palestina.

A pesar de la traición constante de nuestros compañeros, mi amigo siguió estando presente para los demás. Una vez, cuando me pregunté por qué era tan fiel a todos, me dijo: “Es porque todos estamos conectados. Mi liberación depende de la tuya y la tuya de la mía”. El Papa Francisco también ha dicho que “todo está conectado”. Pensar en su respuesta fortalece mi espíritu y da forma a mi propio compromiso con la comunidad.

Durante el Mes del Orgullo, los organizadores llamaron nuestra atención sobre las luchas de los palestinos y estadounidenses LGBTQ+, y cómo su camino hacia la justicia se cruza con el camino hacia una Palestina libre de ocupación.

La segunda lectura de hoy nos dice que la fe sin obras está muerta. La fe debe ser más que palabras; debe ser acción. Caminar con otros en su sufrimiento y crecer en comunidad es un movimiento hacia la justicia. Si no estamos dispuestos a arremangarnos y a involucrarnos en el caos del sufrimiento humano, nuestra fe está muerta al llegar. Estamos llamados a estar presentes, a darnos a nosotros mismos, a reconocer que nuestra propia libertad está entrelazada con la libertad de los demás. Mi amigo y la gente que he conocido en espacios de activismo palestino me inspiran a darle vida a mi fe.

La cruz de la que habla Jesús en la lectura del Evangelio no es un llamado al sufrimiento pasivo, sino un llamado a la solidaridad activa con los oprimidos. Tomar nuestra cruz significa oponernos a las estructuras violentas de opresión como la transfobia, la homofobia, la colonización y tantas otras, incluso cuando nos cuestan nuestra comodidad o seguridad. Significa perder nuestras vidas, nuestros privilegios, nuestra complacencia, por el bien de los demás, sabiendo que al hacerlo, prevalecen la paz y la liberación.

—Michael Sennett (él), 15 de septiembre de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“¿Qué nos puede aportar Jesús?”. 24 Tiempo Ordinario – B (Marcos 8,27-35)

domingo, 15 de septiembre de 2024
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IMG_7067¿Quién decís que soy yo?”. No sé exactamente cómo contestarán a esta pregunta de Jesús los cristianos de hoy, pero tal vez podemos intuir un poco lo que puede ser para nosotros en estos momentos si logramos encontrarnos con él con más hondura y verdad.

Jesús nos puede ayudar, antes que nada, a conocernos mejor. Su evangelio hace pensar y nos obliga a plantearnos las preguntas más importantes y decisivas de la vida. Su manera de sentir y de vivir la existencia, su modo de reaccionar ante el sufrimiento humano, su confianza indestructible en un Dios amigo de la vida es lo mejor que ha dado la historia humana.

Jesús nos puede enseñar sobre todo un estilo nuevo de vida. Quien se acerca a él no se siente tanto atraído por una nueva doctrina como invitado a vivir de una manera diferente, más arraigado en la verdad y con un horizonte más digno y más esperanzado.

Jesús nos puede liberar también de formas poco sanas de vivir la religión: fanatismos ciegos, desviaciones legalistas, miedos egoístas. Puede, sobre todo, introducir en nuestras vidas algo tan importante como la alegría de vivir, la mirada compasiva hacia las personas, la creatividad de quien vive amando.

Jesús nos puede redimir de imágenes enfermas de Dios que vamos arrastrando sin medir los efectos dañinos que tienen en nosotros. Nos puede enseñar a vivir a Dios como una presencia cercana y amistosa, fuente inagotable de vida y ternura. Dejarnos conducir por él nos llevará a encontrarnos con un Dios diferente, más grande y humano que todas nuestras teorías.

Eso sí. Para encontrarnos con Jesús en un nivel un poco auténtico hemos de atrevernos a salir de la inercia y del inmovilismo, recuperar la libertad interior y estar dispuestos a «nacer de nuevo», dejando atrás la observancia rutinaria y aburrida de una religión convencional.

Sé que Jesús puede ser el sanador y liberador de no pocas personas que viven atrapadas por la indiferencia, distraídas por la vida moderna, paralizadas por una religión vacía o seducidas por el bienestar material, pero sin camino, sin verdad y sin vida.

José Antonio Pagola

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