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Entrevista del Jornal do Brasil a Leonardo Boff sobre la encícica “Laudato Si”

Domingo, 28 de junio de 2015

codigonuevoart1Leído en la página web de Redes Cristianas

Entrevista del Jornal do Brasil a Leonardo Boff el 21 de junio de 2015.

El teólogo y ecólogo Leonardo Boff, columnista del Jornal do Brasil, es una de las voces que ayudaron a elaborar la encíclica del Papa Francisco dedicada al medio ambiente.

“Veo pocos avances porque los intereses económicos se superponen a la preocupación por salvaguardar la única casa común que tenemos para vivir. Hay una inconsciencia irresponsable y culposa acerca de las amenazas que pesan sobre nuestro futuro. Si se escuchase lo que la comunidad científica mundial dice, otros serían los resultados de los encuentros organizados por la ONU sobre el calentamiento global y la creciente erosión de la biodiversidad”, alertó Boff. “Mi sentimiento oscila entre la catástrofe y la crisis”, continuó.

El Papa Francisco ha establecido una “relación íntima entre los pobres y la fragilidad del planeta” en la encíclica Laudato Si [Alabado sea] sobre el cuidado de la casa común, divulgada este viernes 18 y publicada por la editorial san Pablo. En enero, durante su visita a Filipinas, Francisco demostró su preocupación por la ecología, afirmando la “necesidad de ver con los ojos de la fe la belleza del plan de salvación de Dios, la ligazón entre el ambiente natural y la dignidad de la persona humana”.

Para Boff, “el escándalo de la pobreza mundial en un mundo de altísimo consumo, la devastación de los ecosistemas y las amenazas que pesan sobre la casa común, descuidada y maltratada” preocupan permanentemente al papa Francisco.

Lea la entrevista completa a Leonardo Boff:

JORNAL DO BRASIL – ¿Cómo han sido sus conversaciones con el Papa durante la elaboración de la encíclica? ¿Hubo un encuentro personal?

Leonardo Boff.- Respondo con cierta contención a las preguntas de esta entrevista, para no dar la impresión de atribuirme una importancia que no tengo. Si me preguntasen: ¿usted ayudó a escribir la encíclica? Tengo que decir: no. Solamente ofrecí unos ladrillos, con los cuales, si él quería, podría construir algo. Nunca tuve un encuentro personal con el Papa Francisco, solamente indirecto. Primero a través de una amiga común, Clélia Luro, a la cual él llamaba desde Roma todos los domingos hacia las 10 h.

A través de ella él me mandaba los recados y me pedía textos. Primeramente, me pidió un texto que el ex-Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas (gestión 2008-2009), Miguel d’Escoto y yo habíamos elaborado como marco teórico de la nueva ONU que está siendo pensada: “Declaración Universal del Bien Común de la Madre Tierra y de la Humanidad”. El texto está elaborado dentro del nuevo paradigma según el cual todas las cosas están interconectadas, formando un inconmensurable sistema en evolución. En ese texto usábamos mucho el término “casa común” para referirnos a la Tierra.

Después, cuando el Papa estuvo en Brasil, nuevamente por mediación de una persona, don Demétrio Valentini, obispo de Jales (SP), le pedí que le entregase el libro que había escrito con motivo de su venida a Brasil: Francisco de Asís – Francisco de Roma: una nueva primavera para la Iglesia. Le pedí además que le entregase en español Francisco de Asís: ternura y vigor, en el cual abordaba ampliamente la cuestión ecológica, pues él lo había solicitado a través de Clélia Luro. Junto con ellos le mandé en español la “Carta de la Tierra”, con recomendaciones mías para que la utilizase, pues me parecía el documento sobre ecología más importante de principios del siglo XXI, fruto de una vasta consulta a más de doscientas mil personas de todas las orientaciones, bajo la dirección de Mijaíl Gorbachov. Yo había participado en su redacción y había conseguido incluir el tema del cuidado, “el lazo de parentesco con toda la vida” y la espiritualidad.

Escribí al Papa que la Carta de la Tierra afirmaba la interdependencia entre todos los seres y el valor intrínseco de cada uno, en contra del antropocentrismo tradicional. En otra ocasión le hice un envío a través del obispo de Altamira en Xingú, don Erwin Kräutler, que ganó en 2014 el premio Nobel alternativo de la Paz del Parlamento sueco, y que al pasar por Roma fue invitado por el Papa a redactar algo sobre la Amazonia. Con él le mandé en español mi libro más completo sobre ecología, Ecología: grito de la Tierra-grito de los pobres, expresión asumida por la encíclica. Le mandé también otro libro en español, Cuidar la Tierra: hacia una ética universal, publicado en México.

Lo principal fue un libreto con un DVD sobre las cuatro ecologías, con bellísimas imágenes donde abordo también la ecología integral. Otros materiales fueron enviados al embajador argentino en la Santa Sede, Eduardo Valdés, amigo de Bergoglio, pues enviando directamente al Vaticano nunca se tiene la seguridad de que las cosas lleguen a las manos del papa. A través de él le envié un libro que consideraba importante: Proteger la Tierra – cuidar la vida: cómo evitar el fin del mundo.

Por medio del mismo embajador le mandé varios artículos en español sobre cuestiones ecológicas publicados en el Jornal do Brasil online, donde colaboro desde hace varios años. Recuerdo que escribí una nota para entregar al Papa donde decía que había una cita de la Carta de la Tierra que consideraba que debía constar en la encíclica, como de hecho consta en el número 207: “Como nunca antes en la historia, el destino común nos obliga a buscar un nuevo comienzo… que nuestro tiempo se recuerde por despertar a una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por acelerar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida” (palabras finales de la Carta de la Tierra).

Ni el embajador ni yo recibimos respuesta alguna. Cual no sería la sorpresa del embajador cuando el 17 de junio, el día anterior a la publicación de la encíclica, Monseñor Fernández del Vaticano se comunicó con él para agradecerle todos los materiales míos que había hecho llegar al Papa Francisco. Para terminar: hice lo que el Papa Francisco me pedía sin la menor pretensión de influenciarlo. La encíclica es de él, él es su autor. Habitualmente el Papa trabaja con un cuerpo de peritos y con otros especialistas invitados. Lo que puedo decir es que siento resonancias de mis pensamientos y modos de decir en la encíclica que no son solo míos, sino de cuantos trabajan a partir del nuevo paradigma de una ecología integral. Yo he sido solo un simple siervo, como se dice en el Evangelio.

Jornal do Brasil – ¿Qué podría usted decir respecto al Papa y a la forma como está llevando cuestiones delicadas en la Iglesia?

Considero al Papa Francisco uno de los mayores líderes mundiales, ya sea en el campo religioso o en el campo político. En el campo religioso usa la ternura de San Francisco para tratar a las personas, particularmente a los más pobres. Pero ha tratado con la firmeza de un jesuita a quienes macharon la imagen de la Iglesia cristiana con abusos sexuales y crímenes financieros. En este punto, ha actuado como un médico. Ha limpiado el Vaticano y tal vez tenga mucho que limpiar todavía.

El hecho más visible es que ha traído una primavera a la Iglesia después de tiempos de regreso a la grande y vieja disciplina. Los cristianos sienten la Iglesia como un hogar espiritual y no como una pesadilla a ser soportada con desaliento. Políticamente ha promovido el diálogo entre los pueblos, aproximado Cuba a los Estados Unidos y viceversa y ha predicado insistentemente el encuentro como forma de superar prejuicios y fundamentalismos y de crear espacio para la paz. Y lo hace con tanta dulzura y convicción que difícilmente alguien puede dejar de prestarle atención.

El escándalo de la pobreza mundial en un mundo de altísimo consumo, la devastación de los ecosistemas y las amenazas que pesan sobre la casa común, descuidada y maltratada lo preocupan permanentemente, pues presiente situaciones de trazos apocalípticos, si no hacemos nada serio para contener el calentamiento global. Creo que la encíclica va a reforzar una visión más amplia, sistémica, integral de la ecología, al incluir especialmente la cuestión social, mental y profunda. Espero que la discusión resulte ahora más enriquecida y no solo reducida al ambientalismo.

JB – ¿En esta cuestión ha visto usted avances significativos entre las principales potencias mundiales?

Hay una inconsciencia irresponsable y culposa acerca de las amenazas que pesan sobre nuestro futuro.

Si lo que la comunidad científica mundial dice fuese escuchado, otros serían los resultados de los encuentros organizados por la ONU sobre el calentamiento global y la creciente erosión de la biodiversidad”, que, según el conocido biólogo Edward O. Wilson, oscila de 27 a 100 mil especies que desaparecen definitivamente de la evolución cada año.

Vivimos como en los tiempos de Noé: las personas comen y beben, se casan y se dan en casamiento sin darse cuenta del anuncio de un tsunami. Y esta vez será diferente. No habrá un Arca de Noé que salve a algunos y deje perecer a los demás. Todos podremos tener el mismo destino trágico. El Papa habla de estas cuestiones, pero como hombre de fe recuerda que Dios es “el Señor amante de la vida”, texto que usa más de una vez y que concede la última palabra a la esperanza y no al desastre.

JB – ¿Cómo ve usted el futuro de la Tierra? ¿Hay esperanza?

Mi sentimiento oscila entre la catástrofe y la crisis. Como estudioso del tema desde hace ya más de 30 años y leyendo los últimos datos científicos tengo la impresión de que nuestro turno ha llegado. Hemos hecho tantas y tan graves agresiones contra la madre Tierra que ya no merecemos vivir sobre ella. Además, cada año son más de tres mil las especies que llegan a su clímax y naturalmente desaparecen del proceso de la evolución. ¿No podría haber llegado nuestro turno? Por otro lado la crisis conserva, siempre purifica y hace crecer.

Desde otra perspectiva, como hombre de fe, sé que el designio del Creador, inscrito en las circunvoluciones del proceso cosmogénico, puede llevar nuestra pequeña nave a puerto teniendo incluso vientos contrarios. Aunque ocurra una catástrofe que liquide la vida visible de nuestro planeta (sólo el 5% es visible, el 95% restante es invisible, como las bacterias, virus y hongos) creo que la última palabra la tendrá la vida. Como no sé, hago una apuesta positiva: creo y espero.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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“Laudato si”… Cántico de Francisco de Asís, encíclica del Papa.

Miércoles, 17 de junio de 2015

canticosolEl próximo 18 se presentará oficialmente la nueva encíclica de Francisco, firmada el día de Pentecostés (24.5.2015) sobre la ecología y el cuidado de las creaturas (es decir, del mundo), como gesto religioso (de alabanza a Dios) y exigencia de justicia social (que todos los hombres y mujeres puedan compartir y gozar los dones de la tierra).

Como es lógico, los medios vaticanos han querido mantenerla en secreto hasta su presentación, pero Infovaticana ha filtrado el texto, que cualquier internauta encontrará en la red sin dificultad; no publico aquí el link por cortesía al Vaticano, pero adelanto la vinculación de le Encíclica con el Cántico de Francisco de Asís, cosa que por lo demás ya se sabía

Éste es el comienzo de la encíclica (en italiano):

1. Laudato si’, mi’ Signore, cantava san Francesco d’Assisi. In questo bel cantico ci ricordava che la nostra casa comune è anche come una sorella, con la quale condividiamo l’esistenza, e come una madre bella che ci accoglie tra le sue braccia: Laudato si’, mi’ Signore, per sora nostra matre Terra, la quale ne sustenta et governa, et produce diversi fructi con coloriti flori et herba.

Traducción:

((Loado seas, mi Señor”, cantaba San Francisco de Asís. En este bello canto nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la que compartimos la existencia, y como una bella madre, que nos acoge entre sus brazos: Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana madre tierra que nos sustenta, la cual nos sustenta y gobierna, y ella produce diferentes frutos, con flores de colores y con hierbas”)).

Así comienza el Cántico de Francisco I (Asís) y la Encíclica de Francisco II (Papa). Comentaré el texto del Papa cuando se publique. Hoy presento y comento de nuevo el Cántico de Francisco de Asís, adaptando para ello unas páginas que publiqué en La oración cristiana (VD, Estella 2000; cf. blog el 13, 07, 10). Buen día a todos.

FRANCISCO DE ASÍS. EL CÁNTICO DE LAS CREATURAS

Estrofa 1: Introducción: Dios, el buen Señor

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloría y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, se pueden dirigir
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

Estas palabras encierran la más honda paradoja de toda la experiencia religiosa. Por un lado, el orante se levanta, eleva manos y mirada y tiende en movimiento irresistible hacia la altura de Dios que se desvela como Altísimo. Ciertamente, Dios es también omnipotente y buen Señor: es el poder que guía cuidadosamente la existencia de los hombres. Pero su atributo original, repetido por la estrofa, es Altísimo: elevado, grande, lleno de sentido. Ante ese Dios, en paradoja primigenia, el hombre siente la necesidad de la palabra y el silencio. Surge por un lado la palabra, en forma de alabanza, gloria, honor y bendición: la palabra desbordante del que ha visto la presencia de Dios y le responde con la voz gozosa, creadora, de su canto. Pero, al mismo tiempo, esa palabra conduce hacia el silencio: pues no hay hombre que pueda hacer de ti mención .

Este silencio, cuajado de deseos de alabanza, es primigenio en la experiencia religiosa y constituye el centro de eso que se suele llamar la teología negativa: conocemos aquello que no es Dios; a Dios mismo le ignoramos. Por eso guardamos silencio en su presencia, a fin de mirar siempre en más hondura. El hombre de la praxis y a veces también el de la estética parece que le tiene pavor a los silencios: debe hablar, llenarlo todo con sus voces, ahuyentar de esa manera el espejismo de su miedo. Pues bien, en contra de eso, Francisco nos invita primero al silencio. Por eso, en gesto de increíble respeto, no se atreve ni siquiera a dar a Dios el nombre de Padre: le ofrece su alabanza-gloria-honor-bendición y queda silencioso ante sus manos de Altísimo-omnipotente-buen-Señor.

Estrofa 2: Hermano sol, hermana luna

Loado seas con toda creatura, mi Señor,
y en especial loado por mosén hermano sol,
el cual es día y por el cual nos iluminas;
él es bello y radiante, con gran esplendor,
y lleva la noticia de ti, que eres Altísimo.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas;
en el cielo las formaste luminosas, preciosas y bellas.

El silencio ante Dios se vuelve alabanza por las creaturas. De esa forma, la teología negativa se convierte en la más positiva y expresa de todas las teologías. Para alabar a Dios, en la línea del AT, pero sostenido ya por Cristo, el orante va nombrando y descubriendo cada una de las cosas que aparecen primero condensadas en su propia condición de creaturas: no son Dios, pero reflejan su misterio, como revelación pascual del Altísimo presente en todo el mundo.

En el principio de ese todo, formando la pareja primigenia y sustentante de este cosmos, visto en perspectiva humana, están hermano-sol y hermana-luna, con su séquito de estrellas. Son hermanos del orante, pertenecen a su misma condición de creatura. Este parentesco del hombre con el cosmos no es producto de especulación intelectual, no es signo de algún tipo de panteísmo físico. Es consecuencia de la misma creación, pues como dice Gn 1, Dios nos hizo a todos con su misma palabra y con su espíritu de vida. Esta es una fraternidad gloriosa que vincula nuestra vida a los poderes más altos del cosmos (sol, luna-estrellas). Pero es también fraternidad humilde que confirma nuestra condición de creaturas de Dios sobre la tierra.

El canto nos hace hermanos del sol que nos alumbra en su belleza. El sol es día y nosotros somos día: formamos parte de su luz, en gesto de belleza luminosa. Por eso, porque estamos en el día, recibimos por el sol noticia del Altísimo. En actitud de gozo conmovido, Francisco ha personificado al sol, llamándole “messor lo fratre sole”, que hemos traducido por “mosén hermano sol”. Es como hermano mayor, signo del Padre Dios, que, unido con la hermana madre tierra de la última estrofa cósmica del himno, constituye el espacio de totalidad (amor y bodas) en que Dios ha querido sustentarnos.

Al mismo tiempo somos hermanos de la luna que, simbólicamente, aparece en su rostro femenino, presidiendo el orden de la noche. Nuestra vida es también noche junto al día; es tiniebla y mutación frente al claror y permanencia de la luz. Con gran profundidad, Francisco nos enseña a mirar en la noche, descubriendo en ella un signo de la propia realidad humana: somos cambiantes como la luna, amenazados por la muerte que llevamos dentro; moramos en el centro de una oscuridad donde las cosas pierden sus contornos y se difuminan, de manera que sólo podemos caminar si mantenemos la vista en las estrellas. Leer más…

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