Tres actitudes para el nuevo año. Fiesta de Santa María, Madre de Dios

Lunes, 1 de enero de 2018

0704131434_21Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un extraño cambio en 1970

Cualquier judío sabe que a un niño hay que circuncidarlo a los ocho días de nacer. Así lo ordenó Dios a Abrahán: “A los ocho días de nacer, todos vuestros varones de cada generación serán circuncidados” (Génesis 17,12). Por consiguiente, cuando la iglesia adoptó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, el 1 de enero pasó a celebrarse la fiesta de la circuncisión e imposición del nombre de Jesús.

            Existía también una fiesta de Santa María, Madre de Dios, solemnidad que se había introducido en las iglesias orientales hacia el año 500 y que la iglesia católica romana terminó celebrando el 11 de octubre. Parecía lógico relacionar más estrechamente esta fiesta de la maternidad de María con el nacimiento de Jesús. Por eso, a partir de 1970 se trasladó la fiesta al 1 de enero.

            Esto implicó unir dos celebraciones importantes el mismo día: nombre de Jesús y Maternidad divina de María. Por si fuera poco, a Pablo VI se le ocurrió celebrar también el 1 de enero la Jornada Mundial por la Paz.

            Dado que incluso los cristianos más piadosos celebran el Fin de Año y no están al día siguiente con la cabeza demasiado despejada, se ha decidido aligerar un poco de celebraciones el 1 de enero.

            Y lo ha pagado quien menos se podía imaginar. La fiesta del Nombre de Jesús ha perdido la categoría de fiesta y pasa este año 2016 a celebrarse el día 3 de enero, aunque se mantiene en la misa del día 1 la referencia a la circuncisión e imposición del nombre.

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

El Señor habló a Moisés: Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.” Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

            Muchas personas piensan que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

            En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

            Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

            María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

            Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

            Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes:

  • ü Empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios. Los pastores simbolizan la “política incorrecta” de Dios. El gran anuncio del nacimiento del Mesías no se comunica al Sumo Sacerdote de Jerusalén, ni a los sacerdotes y levitas, ni a los estudiosos escribas, ni a los piadosos fariseos. Se comunica a unos pastores que, en la escala social de aquel tiempo, ocupan el penúltimo lugar, el de las clases impuras, porque su oficio se equipara al de los ladrones. Sin embargo, esta gente tan poco digna socialmente, corre hacia Jesús, cree que un niño envuelto en pañales y en un pesebre puede ser el futuro salvador, aunque ellos no se beneficiarán de nada, porque, cuando ese niño crezca, ellos ya habrán muerto. La visita de los pastores simboliza lo que dirá Jesús más tarde: “Te alabo Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.”
  • ü Está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores.
  • ü Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello. En los relatos de la infancia, Lucas ofrece dos imágenes muy distintas de María. En la anunciación, Gabriel le comunica que será la madre del Mesías, y ella termina alabando en el Magnificat las maravillas que Dios ha hecho en ella. Pero, cuando Jesús nace, Lucas habla de María de forma muy distinta. A partir de ese momento, todo lo relacionado con Jesús le resulta nuevo y desconcertante: lo que dicen los pastores, lo que dirá Simeón, lo que le dirá Jesús a los doce años cuando se quede en Jerusalén. En esas circunstancias, María no repite “proclama mi alma la grandeza del Señor”. Se limita a callar y meditar, igual que hará a lo largo de toda la vida pública de Jesús.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor. La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

Fray Marcos: Todo pasa pero Algo permanece.

Lunes, 1 de enero de 2018

10606318_617273248399111_8746883897478240454_nLc 2, 16-21

El texto de Lc que acabamos de leer está en línea con lo que venimos diciendo estos días: total inserción de Jesús en las tradiciones judías. Al decirnos que María rumiaba todo esto, está apuntando a la importancia de lo que estaba pasando dentro de ella y de los demás protagonistas. Importante el nombre: Jesús=Dios salva, lo dice todo.

El tema de María Madre merecería más aclaración de la que permite este pequeño comentario. ¡Claro que la maternidad de María es un dogma! Pero no se discutió en el concilio como un tema mariológico, sino cristológico. Fue definido en Éfeso en el 431. Inmediatamente fue mal entendido (hay que tener en cuenta que, en aquella ciudad, se veneraba a la “Magna Mater”, diosa virgen Artemisa o Diana) y tuvo que ser aclarado veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) matizando lo formulado en Éfeso, concretando que María era madre de Dios “en cuanto a su humanidad”.

Debemos tener en cuenta el contexto en que fue formulado este dogma. Se definió como un intento de confirmar, contra la herejía nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús, que el fruto del parto de María fue una única persona. No olvidemos que el concilio de Éfeso lo promovió Nestóreo para condenar como hereje a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo; y por lo tanto que María era con pleno sentido, madre de Dios. A Nestóreo le salió el tiro por la culata, pero faltó el canto de un duro para que se condenara como herejía lo que se definió como dogma.

En efecto, en una primera sesión, sin la asistencia de Nestóreo, que no quería que se celebrara antes de que llegara su amigo el patriarca de Antioquia, se definió el dogma condenando a Nestóreo. Cuando a los pocos días llegó su amigo Juan de Antioquia, se celebró una sesión paralela y definieron lo contrario, condenando como hereje a Cirilo. Visto lo cual, el Emperador Teodosio depone a los dos, (Cirilo y Nestóreo) y los encarcela. Unos días más tarde, cuando llegan los delegados del Papa, convencen al emperador para que acepte lo definido en la primera sesión y libere a Cirilo. A Nestóreo le obligó a retirarse a un monasterio. Teodosio decidió qué era dogma y qué era herejía.

Este dogma es el mejor ejemplo de cómo conservando las palabras, tergiversamos el sentido. Cuando se definió el dogma, se tenía una idea completamente distinta de la maternidad. Se creía entonces que la madre era solo el recipiente donde el varón depositaba la semilla del nuevo ser, en el que la madre no tenía más misión que la de acogerle y alimentarle. De hecho la traducción correcta del termino griego “theotokos”, sería “la que pare a Dios”. Solo desde esa concepción de la maternidad, se pudieron desarrollar las mitologías sobre seres humanos que se consideraron hijos de Dios.

Lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios alumbrando a Jesús. S. Agustín dice que María fue madre de Dios, no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. El evangelio deja bien claro lo que es importante en María. Cuando le dicen a Jesús, que su Madre y sus hermanos están fuera, contesta: ¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Año Nuevo.- Estamos en el tiempo para darme cuenta de mi verdadero ser y descubrir que estoy ya en la eternidad, que mi verdadero ser no está en el chronos sino en el kairos. Seré cada año más joven si soy cada día más libre. Mi verdadero ser lo constituye lo que de divino hay en mí, y eso es eterno. No tengo que esperar nada. Soy ya la plenitud y estoy en lo eterno. Mi singularidad e individualidad es apariencia. No debemos empeñarnos en meter a Dios en el tiempo, sino en salir nosotros de él. Soy la ola que aun no se ha dado cuenta de que es océano. El océano aun no se ha reflejado en mí. Tengo que darme cuenta de que soy océano y entonces el océano me dirá que él es ola. Cuando Jesús dice: “Yo y el padre somos uno”, no lo dice desde el falso yo, sino desde su verdadero ser. Es lo que hay en mí de Dios quien dice: Yo y Dios somos uno.

El tiempo en el que se desarrolla nuestra existencia tiene mucha importancia, pero solo como medio para conseguir esa toma de conciencia que me hará trascender. Nuestra reflexión de hoy tiene que estar encaminada a descubrir qué estoy haciendo yo con mi tiempo. Puedo estar malgastando o perdiendo lo que se me ha dado para que lo aproveche. Van pasando mis años y con ellos las oportunidades de dar verdadero sentido a mi vida. Esta tiene que ser mi preocupación cuando estamos pasando de un año a otro.

Día de la paz.- Creo que merece la pena hacer una denuncia de las circunstancias en las que nos encontramos y tratar de poner un poco de luz en la maraña de informaciones e intereses que nos envuelven. En nombre de la libertad, no se puede defender todo. En nombre de la libertad religiosa no se puede propugnar ideas que vayan contra los más elementales derechos de las personas ni siquiera de una sola persona. En nombre de la libertad política no se pueden defender ideas que no respeten los derechos fundamentales de los demás. Tengo la obligación de defender mis derechos; pero mis derechos terminan donde empiezan los derechos del otro, que se convierte en obligaciones para mí.

Debemos desenmascarar el fariseísmo de nuestro mundo occidental, que se atreve a celebrar un día mundial de la paz, mientras está sosteniendo, por acción o por omisión, situaciones de injusticia que claman al cielo. Nos hemos arrogado el derecho de decidir quién es el bueno y quien es el malo. Nos hemos colocado en estadios éticos anteriores a la ley del talión. En ella se decía que si te rompen un diente, tienes derecho a romperle un diente al agresor, no más. Hoy estamos oyendo todos los días, que hay que romperle todos los dientes al otro, porque si no, el día de mañana me puede morder.

No es deseable la paz a cualquier precio. A nadie le interesa la paz de los cementerios. Tampoco debía interesarnos la paz sobre la que se fundaron todos los imperios, desde el egipcio hasta el que padecemos hoy. La paz que se basa en la fuerza no es verdadera paz. No se trata solo de la fuerza física; también la fuerza de una legalidad que hemos construido los poderosos basados en la ley del embudo. La norma debe ser la verdadera justicia. Hemos pasado milenios predicando la guerra justa. No he encontrado esa idea en ninguna parte del evangelio. Toda violencia es inhumana.

La paz no se puede conseguir directamente. Es un fruto y, como tal, si quiero recogerlo, tengo que plantar primero el árbol y cuidarlo. El mínimo indispensable para que surja la paz es la justicia. La paz para el que tiene el poder, es que nadie se mueva. Para el que está sometido a la injusticia será algo muy distinto. Si nos interesa la paz, debemos luchar cada día por abandonar toda opresión (el pecado del mundo) y entrar en la dinámica del amor. Si de verdad queremos la paz, tendremos que dar voz a los que sufren la violencia injustificada. Ellos nos indicarían como alcanzar la verdadera justicia.

Meditación

María no entiende nada de lo que está pasando,
pero hace un esfuerzo de penetración del misterio.
Tanto las cosas como los acontecimientos tienen varias lecturas.
Podemos quedarnos en una comprensión superficial,
o podemos profundizar en el mensaje que toda realidad
aporta, más allá de si misma.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Ante el cambio de año: Navidad Judía, Navidad Cristiana (con Hannah Arendt)

Lunes, 1 de enero de 2018

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

— Todo nacimiento humano es Navidad, presencia y promesa de Dios, en la fragilidad y riqueza de la vida, abierta al futuro de una esperanza que nos sobrepasa.

-No hay nacimiento sin promesa de los padres y/o educadores, esto es sin compromiso de asistencia y de futuro. Sólo se nace por otros, es decir, donde hay personas (madre, padre, sociedad…) que dicen al niño “tú serás”, con comprometemos a que vivas, te daremos cuidado, palabra y asistencia, para que tú seas.

Todo nacimiento es finalmente perdón, esto es, gratuidad, por encima de los mecanismos de violencia y de ira, de la lucha mutua y la venganza… Nacer humanamente es recibir vida gratuita, por encima de todos los “pecados”, los errores, las venganzas, poner en marcha una existencia nueva, una “ventana” de Dios en la tierra.

Así pueden resumirse los tres momentos principales del pensamiento maduro de Hanna Arendt (1906-1975), filósofa y antropóloga judía, que ha marcado el pensamiento del siglo XX, en torno al holocausto nazi (la anti-navidad) y a su superación, más allá de la pura justicia retributiva (vindicativa).

De esa forma, ella ha trazado, desde su tradición judía, de una manera básicamente laica, pero abierta al misterio de la Vida universal, los tres elementos básicos que la Navidad Cristiana ha desarrollado desde el mismo judaísmo, en clave religiosa.

Pienso que ella puede y debe presentarse como testigo privilegiado de la Navidad cristiana, repensada desde la más honda tradición judía, de un modo universal…como esperanza y tarea de Navidad, que es nacer, perdonar, pactar:

26167593_910087169168476_3037925899468190298_n1. Ser hombre es nacer, ser hombre es Navidad (es decir, que te nazcan), en gratuidad, para iniciar un nuevo camino de vida, como Dios ha querido hacerse nueva vida humana en Jesús.

2. Ser hombre es prometer, esto es, que prometan darte vida: es pactar, recibiendo y dando la palabra… Ser hombre es palabra hecha carne, como dice Jn 1, 14, ofreciendo a cada niño que nace un espacio en la gran alianza de la vida.

3. Ser hombre es,finalmente perdonar…, no hallarse atado al pasado, comenzar de nuevo, cada vez, en cada nueva historia… superando incluso el holocausto nazi (nacimiento), esperando encontrar nuevos caminos de vida.

Éstos son los tres momentos de la “navidad” universal, tal como los ha puesto de relieve H. Arendt, judía ejemplar, en clave antropológica. Con ellos quiero evocar la Navidad Judía, en línea antropológica.

Hay cientos de libros sobre la “infancia judía” de Jesús, casi siempre en clave de piedad intimista y folclórica (cf. imagen 3: Presentación de Jesús en el templo, como aténtico israelita, navidad judía). Pero entre ellos (sobre ellos) destaca esta fuerte Navidad Israelita universal de H. Harendt.

 

die_darbringung_im_tempelCiertamente, los judíos “ortodoxos” pueden sentirse a veces molestos por la Navidad cristianano creen en la “encarnación” radical de la Palabra de Dios en Jesús, ni creen en la “intimidad vital” de Dios (como Padre/Hijo en el Espíritu), y según ellos la verdadera Navidad prometida por Isaías no ha llegado aún.

— Y porque sienten que los defensores de la Navidad cristiana han sido a veces anti-semitas, han utilizado el nacimiento de Jesús-judíos para oponerse a los judíos..

Sea como fuere, los judíos más tradicionales siguen a la espera de la verdadera Navidad, admirados, emocionados… ante lo que será la Futura Presencia Universal de Dios, como cumplimiento del mesianismo del AT.

En esa línea, no en contra de los judíos, sino aprendiendo de ellos lo que nos parece “mejor” (su gran herencia mesiánica) y creyendo humilde pero intensamente que su esperanza ha empezado a cumplirse en Jesús de Nazaret, los cristianos celebramos la Navidad de Dios (y de los hombres) en Jesús de Nazaret.

En esa línea, entre los judíos que nos enseña mejor a celebrar la Navidad quiero citar a H. Aredt, discípula de Heidegger,perseguida por el nazismo, quizá la mejor antropóloga del siglo XX. Ella nos dice que la Navidad no es un fiesta particular de algunos cristianos, sino fiesta y tarea universal de todos los hombres y mujeres del siglo XXI

Un camino universal de Navidad.

Estos días he venido tratando de la Navidad, entendida en sentido cristiano y de esa forma he presentado a Jesús como Hijo de Dios, nacido de María, a partir de Gal 4, 4 y Jn 1, 13. Desde ese fondo se entienden y avanzan algunas observaciones y propuestas de Hanna Arendt, filósofa e historiadora judía, experta en violencias y totalitarismos.

Nadie ha trazado como ella, que yo sepa, una teoría personal y social del ser humano como nacimiento, promesa y alianza, esto es, del hombre como ser que puede y debe nacer de nuevo, pues no está condenado a repetir siempre lo anterior.

Hanna Aredt es radicalmente judía, pero desde sus bases judíos (que nosotros, los cristianos, entendemos como primer testamento y camino) ha trazado una experiencia clave de la navidad cristiana. Por eso he querido hablar hoy, en el paso entre el 2017 el 2018, en un tiempo de grandes riesgos y deseos de paz, los tres rasgos principales de eso que he llamado la Navidad Judía.

Sí, ya sé que los judíos “tradicionales” (rabínicos, nacionales…) no celebran la Navidad Cristiana, pues dicen que ella va en contra de la pura trascendencia y separación del Dios Uno, de Yahvé, Dios de Israel. Pero eso no quita que la Navidad Cristiana sea la más honda experiencia y culminación del camino judío, tal como lo ha formulado H. Arendt.


Sólo podemos recuperar la Navidad volviendo a su fondo judío,
volviendo a los tres rasgos que H. Arendt ha destacado: La Natalidad, el Perdón y la Promesa

El judaísmo tradicional sigue centrado en la promesa (testimonio y esperanza de futuro). Los cristianos, partiendo del judaísmo, hemos destacado de un modo especial los otros dos elementos judíos de la vida, que son el perdón y la natalidad.

Quiero unir aquí esas tres actitudes, culminando en la Natalidad (que se expresa de un modo especial en la Navidad cristiana). Que estas palabras sirvan de homenaje a todos los judíos de paz que han existido y siguen existiendo, que ellas sirvan de testimonio de eso que quiero llamar la Navidad Judía, tiempo de perdón y de promesa de la vida

1. Perdón.

El primer requisito para alcanzar la paz, en las condiciones actuales de la humanidad, dividida por la imposición de unos, el deseo de revancha de otros y el odio de todos, es el perdón, que viene a revelarse como el único poder que rompe el círculo del eterno retorno del pasado (con su ley de acción y reacción) que encierra a los hombres en su destino de violencia. Dios mismo ha roto ese eterno retorno de la violencia, naciendo entre los hombres (según los cristianos, que culminan y recrean así una profunda tradición judía). En esa línea dice H. Arendt (sin dejar de ser judía):

El descubridor del papel del perdón en la esfera de los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret. El hecho de que hiciera este descubrimiento en un contexto religioso y lo articulara en un lenguaje religioso no es razón para tomarlo con menos seriedad en un sentido estrictamente secular (H. Arendt, La condición humana, Paidós, Barcelona 1993, 258.)

El perdón rompe la “lógica” de la venganza (del talión que siempre se repite: ojo por ojo, diente por diente); de esa forma libera al hombre del automatismo de la violencia y permite que su vida trascienda el nivel de la ley, donde nada se crea ni destruye, sino que sólo se transforma. Sólo el perdón nos sitúa en un nivel de gratuidad creadora. El perdón es gracia; de esa forma supera el pasado y abre un comienzo de vida allí donde la vida se cerraba en sus contradicciones y luchas de poder .

H. Arendt contrapone el perdón al castigo (que actúa según ley), añadiendo que los hombres sólo pueden perdonar aquello que son capaces de castigar. La ley tiene un valor, pero el perdón lo sobrepasa. Hay, sin embargo, un “mal radical” que los hombres no pueden castigar ni perdonar, pues se sitúa más allá de sus potencialidades.

“Aquí, donde el propio acto nos desposee de todo poder, lo único que cabe es repetir con Jesús «Mejor le fuera que le atasen al cuello una rueda de molino y le arrojasen al mar»” (Ibid 260). La cita está tomada de Mc 9, 42 par. En esa línea se sitúan las reflexiones de otro pensador judío muy significativo: V. JANKÉLÉVITCH, El Perdón, Seix Barral, Barcelona 1999.

Encerrados en su círculo de acción y reacción eterna, los hombres no podían perdonar… Pero, naciendo en el mundo, Dios puede hacerlo. De esa forma, antes de la muerte en cruz, el nacimiento de Jesús es ya testimonio y promesa de un perdón posible, en línea de humanidad de Dios.

2. La facultad de prometer.

En ese sentido, como he dicho, nacer es prometer…abriendo un camino de perdón (de reconciliación) sobre la tierra. Todo nacimiento es una promesa de vida: Los padres y la sociedad dicen al niño “tú serás”, podrás vivir, te lo prometemos.

La promesa puede entenderse en sentido individual (¡yo prometo!) o sentido dialogal (¡nosotros nos com-prometemos y pactamos!). En un caso y en otro, ella capacita a los hombres para superar la fatalidad de aquello que vuelve siempre de forma necesaria (como puro destino), haciéndoles responsables y creadores de un futuro que, por un lado, les desborda (es don de Dios) y que, por otro, ellos mismos puedan realizar de una manera humana, renunciando a la imposición y a la arbitrariedad.

Nietzsche entendió la capacidad de prometer como el carácter específico del hombre, que (en contra del animal, prendido a un antes y después que no son suyos), puede asumir de manera personal su futuro, dándole un sentido; pero él no supo sacar las consecuencias. En contra de eso, H. Arendt ha mostrado que, más que voluntad de poder y eterno retorno de lo mismo, el hombre es persona porque puede prometer y pactar, trazando de esa forma un futuro nuevo y propio, que puede ser futuro de paz . Ibid 262-264.

Eso significa que la paz no es algo previo, dado ya, sino que puede y debe entenderse como un don, vinculado a la promesa. En esta línea viene avanzando, de un moco consecuente, el pensamiento de J. MOLTMANN, a partir de su Teología de la esperanza, Sígueme, Salamanca 2002 (original de 1964).

Así, cada niño que nace, es una promesa de ida, como ha dicho de forma impresionante el mayor de todos los profetas de la Navidad, que fue Isaías, en el Libro y Pacto del Emmanuel (Is 7-12), en medio de la gran “guerra mundial” del Oriente antiguo, entre Egipcios y Mesopotamios: Una mujer ha concebido y dará a luz y cuidará a su hijo… Esa es la promesa y garantía de la Navidad, perdón y vida, en medio de la guerra.

En ese contexto ha prometido Isaías la llegada del gran pacto ecológico (morarán juntos el lobo y el cordero, la víbora y el niño…) y político: Un niño nos ha nacido, un niño que será el “gran soberano”. Esta es la promesa de crear un reino nuevo para que los niños vivan y crezcan en paz, en Navidad.

3. Natalidad.

Los hombres pueden liberarse de la esclavitud del pasado (perdón) y del futuro (promesa, pacto) porque son cada vez, cada uno, una nueva creación y así nacen: no están hechos desde siempre o fabricados (como cosas), definidos de antemano. Ellos se definan, más bien, a sí mismos como seres natales, que no están fijados de antemano, sino que pueden trazar su trayectoria y ser distintos, lo que ellos mismos quieran:

Sin la articulación de la natalidad estaríamos condenados a girar para siempre en el repetido ciclo del llegar a ser, sin la facultad para deshacer lo que hemos hechos y controlar parcialmente los procesos que hemos desencadenado (H. Aredt, Ibid 265).

La mayor parte de la filosofía y sociología moderna supone que los hombres están hechos, como realidades que en el fondo pudieran intercambiarse. En contra de eso, H. Arendt, lo mismo que H. JONAS, otro testigo y promotor judío de la paz (cf. El principio de la responsabilidad, Herder, Barcelona 1995) ha fundado la paz futura sobre la fragilidad y grandeza del hombre, como ser que nace del cuidado de los otros, para iniciar una existencia cualitativamente nueva.

Nacer significa ser creado y vivir sobre una ley que nos ata a lo que ha sido y debe ser, definiéndonos desde fuera, en un todo que nos determina. Todo nacimiento se define como creación: Es el surgimiento de un ser autónomo, que puede asumir su propia realidad (su destino) y realizarse de esa forma, de manera distinta, autónoma. Por eso, cada nacimiento es una promesa de vida

Ampliación: Un nuevo Nacimiento

H. Arendt ha conducido así las tradiciones de Israel hasta el lugar donde ellas pueden volverse más fecundas, de un modo mesiánico, vinculadas de manera intensa con la raíz del cristianismo (que es, ante todo, mesianismo). No existirá paz sin Navidad, es decir, sin nuevo nacimiento, como aquel que los cristianos celebran en Jesús.

H. Arendt piensa que el futuro de la paz, es decir, de vida humana (porque una nueva guerra mundial puede llevarnos a la destrucción de todos), sólo es posible en coordenadas de gracia, esto es, allí donde los hombres superan el nivel de la pura ley y de la guerra del sistema, abriéndose al milagro de una vida que es don de Dios y que puede ser distinta de aquello que ha sido previamente. La paz es posible si brota, según eso, del milagro del perdón y de la palabra de promesa de los hombres, que sitúan su vida en un nivel donde los gestos primordiales son la fe y la esperanza. Sólo será posible la paz si hay un nuevo nacimiento

–La razón es necesaria, en plano de sistema. Ella funciona en un nivel organización económica y social, pero en sí misma resulta insuficiente. La pura razón cierra a los hombres en aquello que siempre es lo mismo, en la batalla incesantemente repetida por los poderes de la vida, dentro de un todo de violencia. Esto significa que los hombres no viven sólo de pan, ni pueden resolver sus problemas en un plano de argumentación y de poder.

– Más allá de la razón del sistema se extiende un espacio de racionalidad humana más profunda, vinculada al perdón, a la palabra de promesa, a la natalidad. Estos rasgos nos sitúan en un plano más hondo de humanidad. Ellos no niegan el valor de la Ilustración, ni se oponen en modo alguno a los principios de la ciencia y de sus leyes. Pero nos muestran que en un plano de pura ciencia y sistema la vida de los hombres se destruye. O se despliegan como gracia o mueren.

Por eso, para que sea posible la vida de los hombres como tales, para que exista un futuro para ellos, tenemos que pasar del plano de la pura ciencia y ley (que se encarna en forma de sistema) al plano de la comunión en libertad, donde la vida del hombre se define como fe y como esperanza. Sólo en ese contexto (de fe y esperanza personal), es posible el despliegue del perdón, que capacita a los hombres para regalarse gratuitamente la vida, superando el orden del destino, abriéndose a la promesa de la vida que no está fijada de antemano.

Nacer como Jesús. Os ha nacido hoy un salvador

Esto significa que el hombre es más que elemento de un “todo” que se organiza de un modo legal. Los viejos y los nuevos imperios corren el riesgo de encerrar al hombre en el nivel de sus conquistas sociales y económicas, que acaban destruyendo su existencia. Pues bien, la esperanza mesiánica, que nos abre a la paz de la vida compartida (del don de la vida) se expresa y despliega en un nivel más alto, por encima de los cálculos legales y de las coordenadas de un sistema que se impone sobre todos.

Esa paz mesiánica no puede establecerse ni asentarse sobre bases de imposición, sobre un tipo de racionalismo ontológico, como el que ha venido dominando en Occidente a partir de los griegos. Esa paz sólo es posible allí donde los hombres, superando la racionalidad instrumental del sistema, con la pura ley de acción y reacción, dejan que su vida se ilumine y se vuelva creadora en claves de perdón y de promesa, es decir, de fe y de esperanza.

Esta fe y esperanza en el mundo encontró tal vez su más gloriosa y sucinta expresión en las pocas palabras que en los evangelios anuncian la gran alegría: «Os ha nacido hoy un Salvador» (H. Arendt, 266). Las palabras del evangelio (Lc 2, 11) recogen la proclamación mesiánica de Israel, sobre todo la que aparece vinculada al Libro del Emmanuel (Is 7-11) y al Segundo Isaías (Is 40-55).

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“¿Sabes cuándo se montó el primer belén o por qué se llaman ‘villancicos’?”, por Saturnino Rodríguez

Lunes, 1 de enero de 2018

opus-dei-d1c66d11a21e8a08a0532e32821c86a8Comenzamos con una curiosidad sobre el Adviento que prepara la Navidad. El Adviento, como tal, se ‘inventó’ en España, en pleno siglo IV.

En el año 380, todos los obispos de Hispania se reunieron en Zaragoza y hablaron de una preparación para el nacimiento de Jesús, que en los primeros siglos se celebraba el 6 de enero, nuestros actuales “Reyes”. En ese momento, se decidió animar a los cristianos a juntarse en las iglesias a partir del 17 de diciembre, para preparar la “venida del Mesías”. Cuando la Navidad pasó al 25 de diciembre, se crearon los cuatro domingos previos, cada uno con su lectura, su significado y sus propósitos.

El día de Navidad fue oficialmente reconocido en el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Cristo. Pero algunas de las costumbres tradicionales de la Navidad llegaron más tarde, como la de cantar villancicos que no se agregó hasta la Edad Media.

El solsticio de invierno en el origen de la Navidad

En realidad todos sabemos que ni el 25 de diciembre es la fecha del nacimiento de Jesús ni el 6 de enero la fecha de Epifanía (Reyes Magos), aunque el acontecimiento como tal está perfectamente relatado en el Nuevo Testamento.

Los angloparlantes utilizan el término Christmas, cuyo significado es ‘misa (mass) de Cristo’. En algunas lenguas germánicas, como el alemán, la fiesta se denomina Weihnachten, que significa ‘noche de bendición’. Para los latinos las fiestas de la Navidad, como su nombre indica la Natividad es el Nacimiento de Jesús de Nazaret.

El 25 de diciembre los pueblos de la antigüedad celebraban el solsticio de invierno en el hemisferio norte (desde el 21 de diciembre). La adopción a esa fecha se realizó siglos después, empezando por el testimonio del historiador afro-cristiano Sexto Julio Africano en el año 221 acerca de la fecha de nacimiento en Judea y la Cronología litúrgica Filocaliana del año 336 en Roma, fiesta del nuevo sol, o sea la Natalis Invicti, como se decía entonces. San Cipriano de Cartago (s.III) se inclinaba por el nacimiento de Jesús y el sol del solsticio cuando escribía: “¡Oh, qué maravillosamente actuó la Providencia, que en el día en el que nació el Sol, Cristo debía nacer!”.

lgunas festividades que coinciden con ese periodo del solsticio de invierno (diciembre) de culturas paganas mencionan en sus rituales astrológicos a algún dios sol; tales como Apolo y Helios (en Roma y Grecia), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en Tenochtitlán), entre otros. Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del Natalis Solis Invicti o Nacimiento del Sol invicto, asociada al nacimiento de Apolo. Algunas culturas creían que el dios del sol nació el 21 de diciembre, el día más corto del año.

En la actualidad, prácticamente todas las Iglesias cristianas históricas (Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana, diversas Iglesias protestantes, etc.) otorgan a la solemnidad de la Natividad o Navidad una importancia tal que se la antecede de un tiempo de preparación, el Adviento, de la misma forma que la Cuaresma constituye el tiempo de preparación para la Pascua.

La “Misa del gallo”, la noche del 24 diciembre

Fue el Papa Sixto III (siglo V d.C.) quien introdujo en Roma la costumbre de celebrar en Navidad una vigilia nocturna, a medianoche, “en seguida de cantar el gallo” (como decían los romanos) en un pequeño oratorio, llamado “ad praesepium”, (ante pesebre), situado tras el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. La palabra pesebre se deriva del latín praesepem que significaba “cajón para la comida de los animales”. Queda pues claro que lo del “gallo” no tiene nada que ver con la costumbre de algunos lugares de comer gallo al horno en la cena de “Nochebuena“.

Por Navidad, los cristianos africanos se reúnen y leen pasajes de la Biblia. Posteriormente realizan bailes y cantos al aire libre. En Etiopía realizan una ceremonia bañándose en los ríos. Y tas esta curiosidad vamos con otras más sobre costumbres navideñas muy arraigadas popularmente.

El “Nacimiento”, “Portal de Belén” o “Pesebre”

La tradición de instalar el Belén en el mundo se remonta al año 1223, en una Navidad de la villa italiana de Greccio. En esta localidad, San Francisco de Asís reunió a los vecinos de Greccio para celebrar la misa de medianoche.

Al rededor de un pesebre, con la figura del Niño Jesús, moldeado por las manos de San Francisco, se cantaron alabanzas al “misterio del Nacimiento”; en el momento más solemne de la misa, según la tradición, aquella figura inmóvil adquirió vida, sonrió y extendió sus brazos hacia el Santo de Asís.

El milagro se había producido ante la vista de todos, y desde entonces la fama de los “Nacimientos” y su costumbre se extendió por todo el mundo. El Papa Juan Pablo II, en 1986, a petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, proclamó a San Francisco de Asís Patrón Universal del “belenismo“.

La tradición italiana fue pasando al resto de Europa, al principio como práctica eclesiástica, después aristocrática y finalmente popular. Así ocurrió en España cuando en el s.XVIII el rey Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España y promovió la difusión de los nacimientos entre la aristocracia española, llegando posteriormente a la práctica popular en la toda España y en América, en iglesias, comercios y casas. Las “Asociaciones de “belenistas” en bastantes países son toda una escuela de arte, ornamentación y diseño.

Es frecuente instalar solamente el “Misterio”, que es la escena fundamental de El Niño, María, José y el buey, símbolo del evangelista Lucas que simboliza la paciencia y el trabajo y el asno, que acompaña símbolo de humildad. ¡Ah!… y los pastores y Reyes.

Es interesante destacar, que en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna en la isla de Tenerife en España, que es Patrimonio de la Humanidad, es el primer lugar del que se tiene constancia en este país, de que se expuso de forma pública en una casa particular y fuera de lo que es un templo, un “Portal de Belén” para disfrute de todos los vecinos.

Ocurrió en el siglo XVII en el domicilio de la familia Lercaro que hoy alberga el Museo de Historia de Tenerife en el que se conserva este precioso Belén procedente de Génova en Italia. Y fue el santo tinerfeño Pedro de San José Betancur, franciscano y fundador de la Orden Betlemita y también en el siglo XVII, uno de los principales precursores del belenismo en las tierras americanas descubiertas por los españoles.

Los “villancicos”

Los villancicos son una forma musical y poética, tradicional de España y Portugal y América latina, muy popular entre los siglos XV y finales del siglo XVII para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. La costumbre quiere recordar a los muchos profetas que anunciaban el nacimiento del Salvador.

Se llaman villancicos por ser la gente de la villa, los villanos, quienes adaptaron los antiguos himnos y cantos en latín con los que la Iglesia recordaba la llegada de Jesús, transformándolos en canciones muy dulces. Los primeros se originaron, según se cree, en Inglaterra, en la época de Enrique I en que los cantos en latín amenizaban las fiestas de la Corte. “El Canto del Jabalí”, era llamado canto del villano, y una especie de diminutivo se transformó en villancico para designar estos coros o estribillos.

El villancico “Noche de paz, noche de amor”

Cada 24 de diciembre, miles de turistas se trasladan a Oberndorf, cerca de Salzburgo (Austria), donde hace casi 200 años fue compuesta la canción “Noche de Paz“, quizá el villancico más conocido del mundo.

Fue traducida a 330 idiomas y fue creada casi por casualidad, porque en 1818- dos días antes de Navidad -se había estropeado el órgano de la iglesia de san Nicolás la parroquia del padre Joseph Mohr. Para no decepcionar a sus feligreses, el sacerdote pidió a su amigo Franz Xaver Gruber, maestro y organista del vecino pueblo de Arnsdorf, que compusiera una melodía para un texto de Navidad.

En la “Misa del gallo” de ese 24 de diciembre, Joseph Mohr, cura con voz de tenor y que tocaba la guitarra, y Gruber, que poseía una bella voz de bajo, interpretaron por vez primera en alemán “Noche de Paz”. Hecho inhabitual en la época, cuando los textos religiosos se redactaban sólo en latín. Pero Mohr consideraba que una letra simple y comprensiva era lo más adecuado para sus feligreses.

En 1831, un coro que se dedicaba a cantar aires populares del Tirol incorporó el villancico del padre Mohr a su repertorio durante una gira por Prusia. De allí, la canción viajó a Nueva York, donde fue interpretada por un coro tirolés en 1839 pero donde sus autores y su origen permanecieron desconocidos.

Treinta y seis años más tarde, la corte real de Prusia, que buscaba el original de la partitura, consultó al párroco de San Pedro de Salzburgo, quien para sorpresa general respondió que Mohr y Gruber, muertos en el anonimato respectivamente en 1848 y 1863, eran los autores del villancico que se había atribuido al compositor austríaco Michael Haydn.

La Novena de Aguinaldos y las Posadas

La Novena de Aguinaldos” es una costumbre católica, arraigada en Colombia, Venezuela y Ecuador, análoga a las Posadas que se celebran en México y Centroamérica (Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá). Las Posadas las crearon los primeros evangelizadores con el fraile agustino Diego Soria (1587), que obtuvo del papa Sixto V indulgencias para la realización de las nueve misas de aguinaldo en los días anteriores a la Navidad.

La “Novena de Aguinaldos” fue creada por el franciscano ecuatoriano Fernando de Jesús Larrea que en 1725 fue predicador en Ecuador y Colombia. Se trata de una oración rezada durante nueve días (novena) en la época previa a la Navidad (época de aguinaldos).

Con el tiempo y más ampliamente se ha convertido en un evento social, en el que en torno a la “novena” se reúnen los miembros de la familia en los hogares, los trabajadores en sus compañías y las comunidades en los parques o en los centros comerciales con fiestas varias.

El árbol de Navidad

El árbol de Navidad decorado, se cree que apareció a principios del siglo XVII, en Alemania. En 1605, un árbol fue decorado para ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo el mundo.

El primer árbol de Navidad iluminado con lámparas eléctricas se instaló en casa de Edward Johnson. Debió de ser una mañana invernal de 1882 cuando Edward Johnson, asistente de Edison, iluminó por primera vez el árbol de Navidad. Medio siglo después el Rockefeller Center de Nueva York hacía lo propio con su descomunal abeto, y antes del nuevo milenio los arbolitos de todo el mundo lucían las guirnaldas luminosas de Johnson. La comida típica de Navidad es cordero, pato, pescado, salchichas o ensalada de papas o de fideos.

Desde 1931, cuando los contratistas de este legendario edificio levantaron un abeto en los terrenos aledaños, una personalidad estadounidense rinde su particular tributo a Johnson encendiendo las cinco mil luces del árbol navideño más famoso de América. Barack Obama fue el encargado de ‘encender’ Nueva York en 2012, un privilegio que recaerá este año sobre Lady Gaga y Tony Bennett.

El árbol de Navidad llegó a Finlandia en el año de 1800, que lo acogió rápidamente por la cantidad de bosques que tiene. Finlandia además tiene algo que los demás no tienen: Papá Noel vive allí. También se le puede ir a visitar en muchas de sus atracciones y hay algunos arreglos de decoracióon navideña que son muy finlandeses. De allí se extendió por el resto de países nórdicos. Llegó a Inglaterra en 1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, quien ordenó adornar el castillo de Windsor con un árbol navideño en 1841. En Suecia, mantienen el árbol adornado y con sus luces hasta 20 días después de la Navidad.

Colocan estrellas y manzanas por todo el árbol, que simbolizan a Adán y Eva (ya que es el santo que se celebra ese día: todos los Adán y Eva de Finlandia celebran también su santo el 24 de diciembre). Por supuesto, las bolas de colores también están allí.

En Suecia se mantiene el arbolito adornado y con luces hasta 20 días después de la celebración de Navidad.

Finalmente, los finlandeses decoran sus puertas y estancias en muchas ocasiones con ramilletes de flores y ramas navideñas, normalmente con un ribete rojo. Si quieren hacer que la entrada a sus casas sea más hogareña estos días, probablemente se hagan ellos mismos linternas de hielo.

El acebo y el muérdago

El muérdago (o acebo) representa en Navidad una demanda a la divinidad de prosperidad. Fue objeto de gran veneración por parte de los galos que se reunían en torno de las encinas cargadas de muérdago para hacer sus oraciones bajo el sacerdocio de los druidas.

La estrella de Navidad es originaria de Filipinas: allí se hacen antorchas en forma de estrellas de 5 puntas, que iluminan la entrada de las casas. Suele colocarse en la parte superior del árbol de Navidad.

Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás

Papá Noel, Santa Claus y San Nicolás (o Sanctus Nicolaus, nombre del que Claus es una contracción) son los nombres con los cuales se conoce universalmente al personaje legendario que según la cultura occidental trae regalos a los niños por Navidad (la noche del 24 al 25 de diciembre).

Todo deriva del mismo personaje mítico del solsticio de invierno que el cristianismo sincretízó en el misionero de origen griego llamado Nicolás, que vivió en el siglo II en los valles de Licia, Anatolia (actual Turquía) llegando a ser obispos de Myra. Murió un 6 de diciembre y fue proclamado santo e inspiró la figura de Papá Noel en los Estados Unidos.

Era una de las personas más veneradas por los cristianos de la Edad Media por su gran bondad y protección de pobres y niños. Tal fue la admiración que sintieron por él que se convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía, Rusia y Lorena (Francia). Sus reliquias se conservan en la basílica de San Nicolás de Bari en Italia a donde las trasladaron los cristianos -antes griegos- las llevaron en secreto en 1087 cuando los musulmanes invadieron el territorio que hoy es Turquía, los cristianos lograron sacar en secreto sus reliquias (1087).

La transformación: De “San Nicolás” a Santa Claus y Papá Noel se cree que sucedió alrededor del año 1624 cuando los inmigrantes holandeses fundaron la ciudad de Nueva Ámsterdam, más tarde llamada Nueva York. Obviamente llevaron sus costumbres y mitos, entre ellos el de Sinterklaas (San Nicolás en neerlandés), su patrono (cuya festividad en Holanda es entre el 5 y el 6 de diciembre). En 1809 el escritor Washington Irving en Estados Unidos escribió la sátira Historia de Nueva York, en la que deformó al santo holandés, Sinterklaas, en la burda pronunciación angloparlante Santa Claus.

Saturnino Rodríguez

Fuente Religión Digital

“Entregamos 2017… ¡Acogemos 2018! “, por Marifé Ramos.

Lunes, 1 de enero de 2018

1-eneroSilenciamos lo que nos rodea y lo que bulle en nuestro interior, para conectar mejor con el espacio sagrado que hay en lo más profundo de nuestro ser. Nos ayudarán también la postura corporal, la respiración, un símbolo, una sencilla oración y alguna Palabra.

Empezamos por recordar los encuentros con Dios que nos han ido configurando y transformando a lo largo del año. Los recordamos, recreándonos en cada uno de ellos. El Señor está conmigo, con nosotros, como está con María y con cada personaje de la Biblia. En muchos momentos su presencia ha sido ligera, como la brisa, en otros ha sido fuerte. Agradecemos cada huella, cada encuentro, como un regalo de incalculable valor.

¿Qué personas han sido don de Dios este año? Recordamos sus nombres, sus rostros y lo que nos han aportado. Con un gesto, vamos entregando al Abbá a estas personas, pidiendo su bendición sobre cada una de ellas.

También tomamos conciencia de las relaciones que nos han atrapado como en una red y oramos para recuperar la libertad y cortar los sutiles hilos emocionales que nos impiden vivir, con toda libertad, al soplo del Espíritu.

¿Qué Palabras de la Biblia nos han despertado vida, nos han consolado y ayudado? ¿Cuáles nos han sacudido e impulsado? Repetimos esas palabras o frases como si fuera la última vez que podemos hacerlo, o como si las pronunciáramos delante de Dios, en su presencia. ¿Qué llamadas percibimos para acoger mejor la Palabra en 2018?

Recordamos experiencias gozosas que hemos vivido en la liturgia. Hemos podido celebrar la vida y la muerte, cantar, orar, interceder, alabar… ¿Cómo agradecemos al final del año tanta riqueza? ¿Cómo podríamos celebrar la vida el próximo año?

Paseamos por la naturaleza, reconociendo la presencia de Dios en las flores, las plantas y los árboles. Agradecemos el oxígeno, la lluvia, el sol, la belleza… y los alimentos que nos ha dado la naturaleza. ¿Cómo hemos vivido en armonía con la madre tierra? ¿Qué errores hemos cometido? ¿Qué llamadas descubrimos?

Observamos nuestro frigorífico y los armarios de la cocina o la despensa. Tomamos conciencia de cómo hemos adquirido y comido el pan de cada día. ¿Somos conscientes de que vivimos en un mundo en el que millones de personas pasan hambre y sed a diario? ¿Cómo transformamos nuestro bienestar en trabajo por la justicia? Si nuestro compromiso con los más pobres del Reino ha sido deficiente ¿cuáles han sido las raíces de nuestra falta de compromiso? ¿Qué podemos hacer el año que empieza para compensarlo?

El Evangelio nos invita a vivir el kairós, el tiempo oportuno, la hora de Dios. ¿Vivimos enredados en el “cronos”, corriendo de un sitio a otro, como si fuéramos galgos y ejecutivos del Reino? ¿Nos hemos parado, de vez en cuando, a ajustar nuestro hacer con el ritmo de Dios, con su kairós?

Recordamos aquellos espacios en los que durante este año hemos tenido experiencias fundantes en la fe. ¿Cómo hemos cuidado esos espacios y las experiencias? ¿Con qué gesto entregamos todo lo que nos ha enredado en la superficialidad o la inconsciencia?

Nuestro ego es insaciable en su voracidad y se manifiesta a través de continuos “brotes” de egoísmo. ¿Cómo hemos alimentado el ego este año? ¿En qué fuentes tóxicas hemos bebido? ¿Hemos sido conscientes de que el seguimiento de Jesús implica caminar hacia la muerte del ego? Recordemos las frases, gestos y actitudes en las que el ego ha salido triunfador en los enfrentamientos con otras personas y las entregamos al buen Dios. Aprendemos de los errores que hemos cometido.

Jesús ha venido “a salvar lo que estaba perdido”. En este año que acaba ¿qué hemos creído que estaba perdido en nosotros mismos o en nuestra familia, comunidad, grupo, etc.? ¿Qué hemos dejado perder en la misión, por falta de esperanza? ¿Qué ponemos en las manos del Abbá, para que sea sanado y salvado? ¿Esperamos pocas novedades porque ya estamos cansados o tenemos miedo de las novedades de Dios? ¿Cómo hemos vivido la esperanza y la desesperanza este año? ¿Qué llamadas descubrimos para 2018?

Dios nos sueña santos y santas. Nos sueña tan originales, únicos e irrepetibles que no tenemos ningún modelo delante para copiarlo. No podemos darnos cuenta de dónde estamos ni como avanzamos o retrocedemos. Nuestro camino es único y lo roturamos cada día. Es un camino de confianza y fidelidad diarias. ¿Creemos que “El que ha empezado su obra en vosotros la llevará a término”? (Filipenses 1, 4-ss) ¿Cómo hemos vivido este año la llamada a la santidad? ¿Hemos conectado con el sueño de Dios y su utopía?

Cada mañana, el Maestro nos ha enviado a sembrar en su Reino, con los bolsillos repletos de semillas; nos ha señalado la parcela que convenía sembrar ese día y el talante con el que debíamos hacerlo. Al despertarnos cada día ¿hemos sido conscientes del don y la misión que hemos recibido?

Al caer la noche, el Maestro nos ha animado, motivado, corregido, impulsado, abrazado, perdonado… ¿le hemos entregado la basura del día, para acoger a la mañana siguiente nuevas semillas, con las manos abiertas y el corazón disponible?

¿Qué túneles hemos atravesado este año?: ¿Noche oscura? ¿Enfermedad? ¿Sufrimiento? ¿Soledad? ¿Miedos?… En medio de lo que hemos considerado desgracia, ¿cómo hemos percibido la Gracia? ¿Qué hemos aprendido en esas travesías?

¿Cómo nos preparamos para acoger el Año Nuevo?

Cerramos el año 2017 transformando en sabiduría los errores que hemos cometido; guardaremos esa sabiduría como un tesoro. Entregamos este año que hemos vivido, a través del sacramento del perdón o con el gesto que nos parezca más apropiado.

Recordamos que Jesús “tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras debilidades” (Mt 8, 17). Al entregarle la basura del año que acaba, dejamos espacio vital para acoger lo que necesitaremos el nuevo año. Nos ayudarán las palabras de san Pablo a los Colosenses:

“Como pueblo elegido de Dios… sea vuestro uniforme la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión… El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo, el amor… Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón… La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza… Cantad a Dios, dadle gracias de corazón… Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesúsdando gracias a Dios Padre por medio de él” (3, 12-17)

Es un texto muy claro. No necesita explicación. Lo que hace falta es que entrelacemos estas palabras con nuestra realidad cotidiana, para acoger cada día con un corazón pacificado… y para vivirlo ajustándonos a la realidad, no desde nuestros deseos, añoranzas o miedos.

¡Os deseo que 2018 sea un año lleno de Gracia!

Marifé Ramos González

Fuente Fe Adulta

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas (CAFA)

Lunes, 1 de enero de 2018

La Comunidad Apostólica Fronteras (CAFA) nos envía su felicitación:

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El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz.
(Nm 6, 24-26)

Al comenzar este año, te pedimos Señor que estés presente en nuestra vida para que todos los días estén llenos de tu luz y puedan verla quienes nos contemplan.

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas te desea un feliz año nuevo 2018.

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Navidad… hagamos Familia, vivamos “todas” las familias…

Domingo, 31 de diciembre de 2017

En este fin de año y a las puertas del nuevo que comienza…

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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, [de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor“, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:

“Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.]

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

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Lucas 2,22-40

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Todas las Familias

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El niño iba creciendo, lleno de sabiduría
(Lc 2, 22-40)

La familia la hacen las personas que la forman, su capacidad de quererse, de amarse, de perdonarse, de reconciliarse, de estar abiertas a compartir la vida con otros familias. La familia está cambiando. Es normal. Pueden cambiar las formas de establecerse los vínculos entre las personas. Puede cambiar el hecho de que todos vivan en la misma casa o que vivan separados. Pero al final, hay un vínculo clave en la familia: el amor. Ése es el vínculo que mantiene y mantendrá viva a la familia. Ése fue el vínculo que Jesús aprendió a valorar en su familia. Allí descubrió que es más fuerte incluso que los lazos de la sangre. Por eso, luego, más tarde, habló de Dios como el Padre, el Abbá que reúne a todos sus hijos en torno a la mesa común. Y para que entendiésemos la relación que nos une a Dios nos dijo que éramos sus hijos y él nuestro Padre.

Hoy nos toca a nosotros asumir la realidad concreta de nuestras familias, con sus luces y sus sombras, y seguir partiendo de ellas para construir el reino, la gran familia de Dios. Es nuestra responsabilidad fortalecer todo lo que podamos el vínculo del amor, que rompe las barreras de la sangre, de la raza, etc. y nos une a todos en una única familia. Hoy, como a Jesús, nos toca a nosotros encarnarnos en nuestra realidad concreta y construir la familia de Dios aquí y ahora.

Comunidad Anawin de Zaragoza

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“Hogares cristianos”. Sagrada Familia – B (Lucas 2,22-40)

Domingo, 31 de diciembre de 2017

JESÚS ADOLESCENTE EN EL TALLER DE JOSÉ.-John Everett Millais

Hoy se habla mucho de la crisis de la institución familiar. Ciertamente, la crisis es grave. Sin embargo, aunque estamos siendo testigos de una verdadera revolución en la conducta familiar, y muchos han predicado la muerte de diversas formas tradicionales de familia, nadie anuncia hoy seriamente la desaparición de la familia.

Al contrario, la historia parece enseñarnos que en los tiempos difíciles se estrechan más los vínculos familiares. La abundancia separa a los hombres. La crisis y la penuria los unen. Ante el presentimiento de que vamos a vivir tiempos difíciles, son bastantes los que presagian un nuevo renacer de la familia.

Con frecuencia, el deseo sincero de muchos cristianos de imitar a la Familia de Nazaret ha favorecido el ideal de una familia cimentada en la armonía y la felicidad del propio hogar. Sin duda es necesario también hoy promover la autoridad y responsabilidad de los padres, la obediencia de los hijos, el diálogo y la solidaridad familiar. Sin estos valores, la familia fracasará.

Pero no cualquier familia responde a las exigencias del reino de Dios planteadas por Jesús. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad y familias egoístas, replegadas sobre sí mismas. Familias autoritarias y familias donde se aprende a dialogar. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad.

Concretamente, en el contexto de la grave crisis económica que estamos padeciendo, la familia puede ser una escuela de insolidaridad en la que el egoísmo familiar se convierte en criterio de actuación que configurará el comportamiento social de los hijos. Y puede ser, por el contrario, un lugar en el que el hijo puede recordar que tenemos un Padre común, y que el mundo no se acaba en las paredes de la propia casa.

Por eso no podemos celebrar la fiesta de la Familia de Nazaret sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Serán nuestros hogares un lugar donde las nuevas generaciones podrán escuchar la llamada del Evangelio a la fraternidad universal, la defensa de los abandonados y la búsqueda de una sociedad más justa, o se convertirán en la escuela más eficaz de indiferencia, inhibición y pasividad egoísta ante los problemas ajenos?

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

“El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría”. Domingo 31 de diciembre de 2017. La Sagrada Familia de Nazaret.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

06-familia (B) cerezoLeído en Koinonia:

Eclesiástico 3,2-6.12.14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127: Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
Hebreos 11,8.11-12.17-19: Fe de Abrahán, de Sara y de Isaac.
Lucas 2,22-40 El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todo estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas que hoy proclamamos nos cuenta –dentro del género de los «relatos de la infancia»- el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente» clásica se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente, eran metáforas, porque Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», ya que era perfecto… La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría» e incluso «en gracia».

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a desvincularnos de los planteamientos metafísicos griegos fixistas. La «encarnación» no sería un chispazo de conexión instantánea entre dos «naturalezas», sino todo un proceso histórico.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

31.12.17 ¡Corre, corre José, que no cojan a Jesús y María! Domingo de la familia.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

26001093_909140222596504_7701184174724347274_nDel blog de Xabier Pikaza:

Se junta el 31 la fiesta de fin de año (San Silvestre) con la Sagrada familia. Es por un lado la fiesta de las grandes carreras de fondo, con el despilfarro de la Nochevieja (gastar y gastar), y, por otro, la fiesta (!) de los que huyen perseguidos, buscando libertad, como José y María, con Jesús, solos en la noche, con un pobre asno (imagen 1: cuadro de Rembrandt, no necesita comentario).

Acaba así el año con la “navidad” de la Sagrada Familia, formada por José, con María y Jesús, una banda “ejemplar” de emigrantes peligrosos, que deben huir de su patria (donde les persiguen), buscando otra tierra también rica en opresiones (Egipto).

Tomo como evangelio de este día el de Mt 2, que es una continuación del ayer (los Inocentes), un reflejo impresionante de la “fiesta de la vida”, mientras Jesús huye, en un mundo dividido:

— Unos niños mueren en Belén, sin más pecado que el haber nacido en un mundo ocupado por otros, como signo de Jesús, que morirá en la Cruz, ya de mayor, con y a favor de esos niños, y de todos los perseguidos y asesinados de la historia.
— Pero Jesús logra escapar, porque José y María le llevan a Egipto… llevando en el alma la historia de los niños muertos, para vivir y proclamar por ellos (para ellos) el reino de la libertad completa.

26167722_909183089258884_7052104130616249236_nSobre la “huida” y estancia de la familia sagrada en Egipto se han escrito mil historias, y algunos añaden que Jesús habría aprendido allí las artes antiguas del país de las pirámides, haciéndose mago etc. Pero el texto del evangelio, de tipo simbólico, sólo trata de la huida y la persecución sin más, una historia desnuda, pero llena del milagro de la libertad en medio de la persecución.

No sabemos si los padres de Jesús tuvieron que saltar algún muro, cruzar empalizadas, burlar policías con perros adiestrados. Algunos dicen que siguen por ahí, en una patera (imagen 2, tampoco necesita comentario), que aún no ha llegado a las islas de la libertad, otros afirman que intentan salir de Belén, pero que el muro actual es mucho más alto que el de Herodes, otros dicen que siguen buscando coyotes buenos para cruzar la raya de Nueva México o Azizona…

Según el Evangelio, José, con María y Jesús, lograron escapar y huir al exilio, volviendo después, bajo peligros de su tierra. Así aparecen como patronos de emigrantes, fugitivos, ilegales.. Ellos tuvieron suerte, logran escapar; muchos no lo consiguieron entonces, ni lo consiguen ahora. Pero no se escaparon para desentenderse de los otros, sino para ayudarles mejor.

la-familia-en-la-bibliaMientras tanto, muchos de nosotros podemos seguir celebrando la fiesta de la Familia Vacía (vacía de Dios, carente de solidaridad humana…), con mucha cava, perfumes caros y vestidos de diseño,… con regalos inútiles para nuestros niños… corre, corre, familia de Jesús, como una banda célula de exiliados peligrosos, buscados por la policía…

Sigue, sigue la familia de Jesús, como recuerda hoy la liturgia, para que nosotros no olvidemos que Dios nace en una “cuadra” o una “cueva”, en las pateras, en los caminos del exilio, en medio de la noche.

Sigue, sigue, familia de Jesús, tenemos que decir nosotros, no sólo con palabras, sino con hechos, con un gesto de acogida social y familiar, personal y universal, abierta a todos los niños, a todos los mayores fugitivos, errantes, sin tierra, en una tierra que sigue “manando leche y miel” para los privilegiados de la historia.

Ha nacido Dios en una familia de “fugitivos”, emigrantes perseguidos por un tipo de ley que aquí en España, como en la Mesopotamia de Abrahán y en la Judea de Jesús sigue estando al servicio de los “propietarios” de turno, que sirven a sus “dioses”, según la ley inventada por ellos.

Así lo quiere indicar la imagen 3, con Abrahán, que huye también de la alta Mesopotamia, buscando libertad, con sus mujeres e hijos, como digo en ese libro… Su huida fue signo de la huida de los hebreos de Egipto, de la huida de José y María, con Jesús (con un pobre asno, sin camellos)..

Desde Abrahan e Isaac/Ismael, hasta María y José con Jesús, ésta es nuestra verdadera historia, la historia de la familia humana, que ha existido y existe por el tesón de fugitivos como estos. Esto somos, hijos de fugitivos, por ellos existimos. Nuestro Dios es también un fugitivo (Vino a los suyos y los suyos no le recibieron, como dice el relato fundante de la Navidad: Jn 1).

Texto.

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.” José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: “Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto”.

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: “Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.” Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno. Mateo 2,13-15.19-23.

Temas principales

Sería bueno leer el texto completo tiene dos partes: huida a Egipto, con la muerte de los Inocentes (Mt 2, 13-114), y vuelta a Nazaret (2, 19-23). Aquí queremos exponer sólo la primera, insistiendo en su importancia social, en su actualidad.

xxa-112-indio-fugida-02b-xEs difícil que alguien pudiera haber escrito escenas más bellamente duras y sangrantes. Ellas son como el espejo de nuestra historia asesina, que avanza sobre cadáveres de niños sacrificados, de inocentes fugitivos, de varones y mujeres errantes, perseguidos, en busca de patria. Nuestra historia de la falsa navidad avanza sobre la Navidad verdadera que se sigue escribiendo y cumpliendo en los caminos de los fugitivos, en las cárceles del mundo (porque no todos logran liberarse, como la familia de Jesús). Quien quiera precisar los detalles del texto que busque y lea un buen comentario. Aquí sólo podemos destacar los rasgos más significativos en nuestro contexto:

– Rey miedoso, rey asesino.

Parece que lo puede todo, así le llaman Herodes el Grande; y sin embargo está atrapado entre las mallas de su envidia y miedo que le vuelven impotente y duro. Para asegurar su reino tiene que matar a todos los posibles competidores, sentándose en un trono de sangre. Para mantenerse a sí mismo, un tipo de capitalismo o dictadura económica tiene que matar a todos los opositores…

– Dios salvador oculto, Dios escondido ¿Dios impotente?.

Deja que Herodes se imponga con armas de muerte; parece escondido, incapaz de actuar, pero él es quien dirige lo que existe; así protege al niño y a su madre, guiando su camino en medio de las pruebas y peligros de la historia. Es un Dios misterioso: ¿por qué salva a Jesús y no a los niños inocentes de Belén? ¿por qué salva a Jesús y siguen muriendo millones y millones de inocentes? ¡Quizá para que Jesús pueda abrirnos a todo un camino de salvación!

– Familias, sagradas, niños inocentes.

Allí donde el rey (o la política y economía de turno) persigue a los pobres… las familiar pobres y perseguidas son las familias sagradas. Los primeros mártires cristianos son los niños inocentes que mueren “por política”. Sólo se puede celebrar hoy la fiesta de la “buena familia” (con papa, mamá y niños ricos: ¡que Dios los bendiga!), si descubrimos que las familias más sagradas, las que debemos respetar, proteger y potenciar (las familias de Dios) son las que no tienen casa ni patria, ni medios de vida… y sin embargo siguen y siguen caminando

– Jesús Niño.

Herodes le quiere matar, pero no puede pues Dios mismo protege su camino, le libera. Mueren los niños en su lugar, perecen los millones de inocentes, pero él no les olvida ni abandona: crecerá para anunciarles luego el reino y morir por todos ellos, ofreciéndoles la gloria de su pascua.

– La madre.

Comparte la suerte del niño, vive para él, con él asume los peligros de evasión y exilio. Sigue pareciendo pasiva (se le dice a José: toma al niño y a su madre: Mt 2, 14.20) y, sin embargo, en su pasividad ella es la más activa: cuida, protege, educa al niño entre persecuciones y exilio. Mientras haya madre que protege al niño, como la de Is 7, 14… habrá Navidad.

– José.

Vuelve a cumplir, en medio de la persecución, aquella misma tarea de fe que está en el fondo de Mt 1, 18-25: cree en María, acoge, dirige, libera a la madre con el niño, poniéndose al servicio del Dios fugitivo, expulsado, exilado en el mundo. Mientras haya padres como José que se arriesgan por la mujer y por el niño…que son su riqueza, el don de Dios…, mientras haya padres que estén dispuestos a sufrir en el exilio o en la pobreza por sus hijos y por la madre de sus hijos… habrá Navidad.

-Todos los perseguidos del mundo…

En el tema central de esta día católico de la Sagrada Familia quedan todos los niños perseguidos del mundo, todas las “sagradas familias” de los que tienen que huir, emigrar, esconderse…

Reflexión de fondo

Jesús nace sobre un mundo de envidias, violencias y opresiones. Evidentemente asume la suerte de los perseguidos y exilados: como un simple ilegal, “indocumentado” peligroso, se esconde el Mesías. Su madre ha cometido el gran “delito” de dar a luz a un hijo que puede ser liberador; pues bien, persistiendo en el delito, ella esconde y cuida al niño peligroso, por encima (en contra) de la ley de estado que refleja o representa Herodes. No están solos: hijo y madre cuentan con la ayuda de un varón amigo, del fuerte José que les guía escondidos a Egipto y que después les devuelve con prudencia al pueblo de su origen (Nazaret). Leer más…

Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo B. “Donde la familia no es lo importante”

Domingo, 31 de diciembre de 2017

circuncisionDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

La carta a los Colosenses ha sido elegida por los consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres. En la cultura del siglo I debían resultar muy “progresistas”. Hoy día, el primero de ellos provoca la indignación de muchas personas: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.” Cuando se conoce la historia de aquella época resulta más fácil comprender al autor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Un evangelio atípico

presentacion-del-nino-jesus-en-el-temploSi san Lucas hubiera sabido que, siglos más tarde, iban a inventar la Fiesta de la Sagrada Familia, probablemente habría alargado la frase final de su evangelio de hoy: “El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.” Pero no habría escrito la típica escena en la que san José trabaja con el serrucho y María cose sentada mientras el niño ayuda a su padre. A Lucas no le gustan las escenas románticas que se limitan a dejar buen sabor de boca.

Como no escribió esa hipotética escena, la liturgia ha tenido que elegir un evangelio bastante extraño. Porque, en la fiesta de la Sagrada Familia, los personajes principales son dos desconocidos: Simeón y Ana. A José ni siquiera se lo menciona por su nombre (sólo se habla de “los padres de Jesús” y, más tarde, de “su padre y su madre”). El niño, de sólo cuarenta días, no dice ni hace nada, ni siquiera llora. Sólo María adquiere un relieve especial en la bendición que le dirige Simeón, que más que bendición parece una maldición gitana.

Sin embargo, en medio de la escasez de datos sobre la familia, hay un detalle que Lucas subraya hasta la saciedad: cuatro veces repite que es un matrimonio preocupado con cumplir lo prescrito en la Ley del Señor. Este dato tiene enorme importancia. Jesús, al que muchos acusarán de ser mal judío, enemigo de la Ley de Moisés, nació y creció en una familia piadosa y ejemplar. El Antiguo y el Nuevo Testamento se funden en esa casa en la que el niño crece y se robustece.

La misma función cumplen las figuras de Simeón y Ana. Ambos son israelitas de pura cepa, modelos de la piedad más tradicional y auténtica. Y ambos ven cumplidas en Jesús sus mayores esperanzas.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Simeón

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: – «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: – «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Sorpresa final

Las lecturas de hoy, que comenzaron tan centradas en el tema familiar, terminan centrando la atención en Jesús. Con dos detalles fundamentales:

  1. Jesús es el importante. La escena de Simeón lo presenta como el Mesías, el salvador, luz de las naciones, gloria de Israel. Ana deposita en él la esperanza de que liberará a Jerusalén. José y María son importantes, pero secundarios.

2. Jesús es motivo de desconcierto y angustia. Lo que Simeón dice de él desconcierta y admira a José y María. Pero a ésta se le anuncia lo más duro. Cualquier madre desea que su hijo sea querido y respetado, motivo de alegría para ella. En cambio, Jesús será un personaje discutido, aceptado por unos, rechazado por otros; y a ella, una espada le atravesará el alma. Lucas está anticipando lo que será la vida de María, no sólo en la cruz, sino a lo largo de toda su existencia.

“Segundo Domingo de Navidad”. Ciclo B. 31 Diciembre, 2017

Domingo, 31 de diciembre de 2017

sagrada-familia

“Una profetisa, Ana, se presentó en ese mismo momento y daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban que Jerusalén sería liberada.”

(Lc 2, 22-40)

En el evangelio de hoy nos encontramos a Jesús todavía como un bebé. A sus pocas semanas aún no puede explicar quién es, pero ya hay quienes lo reconocen.

En la escena, María y José suben al templo de Jerusalén para presentar a su hijo al Señor. Están cumpliendo con la Ley judía y con la costumbre. Pero lo que podría haber sido un simple trámito se convierte en una fiesta de alabanza a Dios. En la entrada del templo se encuentran con Simeón, “un hombre justo y piadoso”, y con Ana, una profetisa. Las dos son personas mayores y mantienen una relación muy cercana con Dios: Simeón “tenía el don del Espíritu Santo”, y Ana “daba culto a Dios noche y día”.

Donde la mayoría solo verían a una familia más, Ana y Simeón reconocen al Mesías, quien liberaría a su pueblo. Si son capaces de verlo en un bebé, su mirada tiene que ser necesariamente especial: miran desde sus esperanzas más antiguas y profundas, desde la gratuidad, con unos ojos limpios de expectativas y pretensiones. Reconocen porque su corazón está lleno de Dios. Así, no dudan ni por un momento de quién es ese niño. Bendicen y dan gracias a Dios llenos de alegría y con naturalidad: la experiencia de su larga vida les dice que Dios está especialmente en lo humilde, por eso no se extrañan ante tal Mesías.

Ana y Simeón reconocen la maravilla delante de ellos, el tesoro que Dios les regala y pone en sus manos, y lo aceptan dando gracias y bendiciendo.

Oración

“Enséñanos, Trinidad Santa, a reconocerte en los acontecimientos más sencillos. Concédenos una mirada capaz de asombrarse ante la maravilla. Y que no nos olvidemos nunca de alabarte y agradecerte.”

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Toda familia es divina si es verdaderamente humana.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

medjugorje-junio-2014-pentecostes-078Lc 2, 22-40

Debemos aclarar que el modelo de familia de aquella época tenía muy poco que ver con el nuestro. Los estudios sociológicos que se han hecho sobre la familia en tiempo de Jesús, no dejan lugar a duda. Si no tenemos en cuenta los resultados de esos estudios será imposible entender nada del ambiente en que se desarrolla la infancia de Jesús. El tipo de familia de Nazaret que se nos ha propuesto durante siglos, no ha existido nunca. El modelo de familia del tiempo de Jesús, era el patriarcal. La familia molecular era completamente inviable, tanto por motivos sociológicos como económicos. ¿Qué podían hacer dos jóvenes de 13 y 14 años con un recién nacido en los brazos?

Cuando el evangelio nos dice que José recibió en su casa a María, no quiere decir que fueran a vivir a una nueva casa. María dejó de vivir en la casa de su padre y pasó a integrarse en la familia de José. Esto no quiere decir que no tuvieran su intimidad y sus relaciones más estrechas los tres. El relato de la pérdida del Niño en Jerusalén es impensable en una familia de tres. Pero cobra su verosimilitud si tenemos en cuenta que es todo el clan el que hace la peregrinación y vuelven a casa todos juntos.

El relato evangélico que acabamos de leer, es muy rico en enseñanzas teológicas. Está escrito sesenta o setenta años después de morir Jesús. Lc quiere dejar claro, desde el principio de su evangelio, que la vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradiciones judías. Su persona y su mensaje no son realidades caídas del cielo, sino surgidas desde el fondo más genuino del judaísmo tradicional.

Debemos buscar la ejemplaridad de la familia de Nazaret donde realmente está, huyendo de toda idealización que lo único que consigue es meternos en un ambiente irreal que no conduce a ninguna parte. Sus relaciones, aunque se hayan desarrollado en un marco familiar distinto, pueden servirnos como ejemplo de valores humanos que debemos desarrollar, cualquiera que sea el modelo donde tenemos que vivirlos. Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, es decir, la entrega, el servicio, la solicitud por el otro, quiere decir que primero lo vivió él. Todo ser humano nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la vida con la ayuda de los demás.

Debemos tener mucho cuidado de no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona que es el valor supremo. Las instituciones no son santas ni sagradas. Nunca debemos poner a las personas al servicio de la institución, sino al contrario. Con demasiada frecuencia se abusa de las instituciones para conseguir fines ajenos al bien del hombre. Entonces tenemos la obligación de defendernos de ellas con uñas y dientes. Claro que no son las instituciones las que tienen la culpa. Son algunos seres humanos que se aprovechan de ellas para conseguir sus propios intereses a costa de los demás.

No debemos echar por la borda una institución porque me exija esfuerzo. Todo lo que me ayude a crecer en mi verdadero ser, me exigirá esfuerzo. Pero nunca puedo permitir que la institución me exija nada que me deteriore como ser humano; ni siquiera cuando me reporte ventajas o seguridades egoístas. La familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana, pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento durante todas las etapas de nuestra vida. El ser humano solo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás.

La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o madre, como abuelo. En cada una de esas situaciones, la calidad de la relación nos irá acercando a la plenitud humana. Los lazos de sangre o de amor natural debían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigir cada día menos y darse cada día más.

No tenemos que asustarnos de que la familia esté en crisis. El ser humano está siempre en constante evolución, si no fuera así, hubiera desaparecido hace mucho tiempo. En el evangelio no encontramos un modelo de familia. Se dio siempre por bueno el existente. Más tarde se adoptó el modelo romano, que tenía muchas ventajas, pues desde el punto de vista legal era muy avanzado. Los cristianos de los primeros siglos hicieron muy bien en adoptar ese modelo. Lo malo es que se sacralizó y se vendió después como modelo cristiano, sin hacer la más mínima crítica a los defectos que conllevaba.

Con el evangelio en la mano, debemos intentar dar respuesta a los problemas que plantea la familia hoy. La Iglesia no debe esconder la cabeza debajo del ala e ignorarlos o seguir creyendo que se deben a la mala voluntad de las personas. No conseguiremos nada si nos limitamos a decir: el matrimonio indisoluble, indisoluble, indisoluble, aunque la estadística nos diga que el 50 % se disuelven. No se trata de que las personas sean peores que hace cincuenta años. Hoy, para mantener un matrimonio, se necesita una madurez mayor.

Al no darse esa madurez, los matrimonios fracasan. Dos razones de esta mayor exigencia son: a) La estructura nuclear de la familia. Antes las relaciones familiares eran entre un número de personas mucho más amplio. Hoy, al estar constituidas por tres o cuatro miembros, la posibilidad de armonía es mucho menor, porque los egoísmos se diluyen menos. b) La mayor duración de la relación. Hoy es normal que una pareja se pase sesenta años juntos. Es más fácil que en algún momento, surjan dificultades.

Como cristianos tenemos la obligación de hacer una seria autocrítica sobre el modelo de familia que proponemos. Jesús no sancionó ningún modelo, como no determinó ningún modelo de religión u organización política. Lo que Jesús predicó no hace referencia a las instituciones, sino a las actitudes que debían tener los seres humanos en sus relaciones con los demás. Jesús enseñó que todo ser humano debía relacionarse con los demás como exige su verdadero ser, a esta exigencia le llamaba voluntad de Dios. Cualquier tipo de institución que permita esta relación plenamente humana, puede ser cristiana.

No solo no es malo que se separen dos personas que no se aman. Es completamente necesario que se separen, porque no hay cosa más inhumana que obligar, por decreto, a vivir juntas a dos personas que no se aman. Esto no contradice en nada la indisolubilidad del matrimonio, porque lo único que demostraría es a la falta de amor que ha hecho nulo, de todo derecho, lo que hemos llamado matrimonio. Si hay sacramento ciertamente es indestructible. Pero para que haya sacramento, no es suficiente que hagamos el signo. Es imprescindible que se dé la realidad significada, el amor.

Meditación

Éste es el Jesús que nos interesa de verdad.
Un ser humano que recorre nuestro propio camino.
Solo así nos puede indicarnos la verdadera dirección.
En nuestra vida espiritual
lo importante es no instalarse ni apoltronarse.
Paso a paso debemos avanzar, aunque sea en la oscuridad.
Mientras sigas dando pasos, estás en el buen camino.

Fray Marcos

 Fuente Fe Adulta

Un Dios más allá de Dios.

Domingo, 31 de diciembre de 2017

Sagrada_Familia_iconoLa vida de calidad es un proceso, no un estado del ser. Es una dirección, no un destino (Carl Rogers)

31 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia

Lc 2, 22-40

El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría (v 40)

En la película Sonata de Otoño (1978), del sueco Ingmar Bergman (1886-1970), la protagonista Eva, dice a Charlotte: “Cuando interpretas el movimiento lento de Beethoven en la Sonata para piano, debes sentir que vives en un mundo sin ninguna limitación, que estás ante un hecho que averiguas sin descanso, y que nunca comprenderás”.

¿Eran realmente tres los miembros que integraban la tradicionalmente llamada “Sagrada Familia” por la literatura y por el arte? Los teólogos e investigadores de la vida de Jesús no estás de acuerdo con esta visión, y defienden su punto de vista en su obra Otro Dios es posible, Parte I, que acaba de publicar Colección Exégesis Fe Adulta. María y José Ignacio López Vigil, ex jesuita, lo avalan con estos datos: “Los cuatro evangelios hablan en varias ocasiones de los “hermanos de Jesús, utilizando siempre la palabra griega “adelphos” que etimológicamente significa “de un mismo vientre” (Mateo 12, 46-47; Marcos 3, 31-32; Lucas 8, 19-21; Juan 2, 2) En el evangelio de Mateo (13,53-58) se mencionan incluso los nombres de los cuatro hermanos varones de Jesús: Santiago (Jacobo), José, Judas y Simón y se habla también de sus hermanas. En Lucas 2, 7 se lee que Jesús fue un hijo “primogénito” de María, no el hijo “unigénito”, lo que sugiere que María tuvo otros hijos”.

El calendario gregoriano señala la noche del 31 de diciembre como la última del año. En Roma, existe la tradición de arrojar los objetos viejos de la casa por las ventanas antes de las 12. Su significado es el de iniciar el año desprendiéndonos de todo lo que no nos sirve. (¿Se arrojarán, también, las viejas ideas por las del Vaticano?).

“Sabiduría es saber qué tienes que hacer, habilidad es saber cómo hacerlo, y virtud es hacerlo”, decía el naturalista americano David Starr Jordán. El Diccionario de la Real Academia Española la define en términos de conocimiento. Pablo la menciona en 1 Corintios 1, 20, y en Efesios la atribuye la función de impulsarnos “hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, y seamos hombres cabales y alcanzamos la edad de una madurez cristiana” (Ef 4, 13).

En el Antiguo Testamento nos encontramos con una especie de “Pentateuco Sapiencial” –Proverbios, Job, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría– del que dice Shökel en su Biblia del Peregrino, que su propósito “no es la enseñanza intelectual, ni proponer una especie de catecismo ético, ni indagar el puesto de la vida humana en el orden cósmico. Más bien sería como una ‘oferta de sensatez’, que no imposición, como guía para todo ser humano”.

Y no sólo para todo ser humano, sino también para cada una de sus criaturas. Cuando Dios creó el mundo y dijo: “Creced, multiplicaos y llenad la tierra” (Gn 1, 28), les propuso alcanzar su plenitud, a cada uno según su especie y naturaleza. En la Grecia antigua se la personificaba como Σοφία (Sofia), y en los iconos rusos aparece como Sabiduría Santa.

En ese mandato universal podríamos encontrar los protagonistas a que se refirió el novelista húngaro Sándor Márai en El último Encuentro, cuando escribió este sugerente texto: Estuvieron largo rato sentados así al pie de la higuera. Escuchaban el mar: su rumor les era conocido. Murmuraba como murmuran los bosques de su patria. El niño y la nodriza pensaron que todo estaba conectado con el mundo”.

Carl Rogers, el fundador de la Escuela Humanista de Psicología, dijo en una ocasión: La vida de calidad es un proceso, no un estado del ser. Es una dirección, no un destino. Y esto es lo que se cumplen Jesús cuando de él escribe Lucas en 2, 40 que El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría”.

En la ópera El castillo de Barba Azul, del también húngaro Béla Bartók, la protagonista Judith, canta de su jardín secreto: “¡Ah, delicadas flores! / ¡Lirios gigantes, altos como hombres! / ¡Rosas frescas, sedosas, exquisitas! / ¡Rojos claveles que brillan a la luz! / ¡Nunca he contemplado belleza tal!”.  Jesús la alcanzó, y ojalá nosotros la logremos. La siguiente historia puede orientarnos en cómo hacerlo.

UN RELOJ EN EL GRANERO

Una vez un campesino descubrió que había perdido su reloj en el granero. No era un reloj cualquiera porque tenía un valor sentimental para él. Después de buscar en todo el heno durante bastante tiempo, se rindió y buscó con la ayuda de un grupo de niños que jugaban fuera del granero. Les prometió que el que lo encontrara sería muy bien recompensado.

Al oír esto, los niños corrieron dentro del granero, buscaron en todo el pajar y alrededor de él, pero ellos tampoco pudieron encontrar el reloj. Cuando el granjero estaba a punto de dejar de buscar, un niño se le acercó y le pidió otra oportunidad.

El granjero le miró y pensó: “¿Por qué no? Después de todo, este niño parece bastante sincero”.

Así el granjero envió al niño otra vez al granero. Pasado un rato, ¡el niño salió con el reloj en la mano! El granjero se sintió feliz y, sorprendido, le preguntó cómo él tuvo éxito cuando los demás habían fracasado.

Y creo que este es un problema que hay que resolver. El niño le respondió: “No hice nada, solo me senté en el suelo y escuché. En el silencio, oí el tictac del reloj y fui a buscarlo en esa dirección”.

Una mente tranquila puede pensar mejor que una mente alterada. ¡Déjale unos minutos de silencio a tu mente todos los días y te ayudará a dirigir tu vida en la manera que lo esperas!

Cuento popular

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

La familia de Jesús, esa gran desconocida

Domingo, 31 de diciembre de 2017

familia-jesus_560x280De sus abuelos no sabemos nada y de su padre, José, casi nada

¿Tuvo Jesús hermanos y la virginidad de María hay que entenderla simbólicamente?

(José M. Vidal).- ¿Qué sabemos hoy, a ciencia cierta, de José, María y Jesús? ¿Qué opinan los exegetas católicos más serios sobre los hermanos y hermanas de Jesús? ¿Es creíble que en la cultura judaica de su tiempo no hubiese formado una familia propia? ¿Cómo vivió su sexualidad? ¿Sintió tentaciones? ¿Pudo enamorarse? ¿Qué relación mantuvo con María Magdalena?

A pesar de ser el personaje más estudiado y analizado por la cultura occidental, Jesús sigue siendo uno de los más desconocidos. Poco se sabe con exactitud del hombre al que 1.000 millones de personas veneran como el “Hijo de Dios”. Siglos de manipulaciones borraron las escasas pistas sobre su realidad. ¿Y los Evangelios?

Tradicionalmente se nos han presentado como textos históricos. Hoy, todos los teólogos reconocen que no se puede escribir con ellos una biografía de Jesús. “El Evangelio es un testimonio de los creyentes. Lo que los evangelistas cuentan no es historia, sino expresión de su fe en Jesucristo”, explica en sus obras el prestigioso teólogo holandés Edward Schillebeck.

Y si de su vida sabemos poco, de su infancia casi nada. Y de su familia, menos. Los abuelos maternos de Jesús no aparecen para nada en los Evangelios. Pero la tradición cristiana no podía dejar al Gran Niño sin abuelos maternos. Sería un pecado contra la ternura. Ese hueco se reconstruye piadosamente a través del “Protoevangelio de Santiago”, un apócrifo escrito en el siglo II, en el que aparecen Joaquín y Ana como padres de María. De la abuela paterna, ni rastro. El abuelo paterno, en cambio, sí figura en los Evangelios de Mateo y Lucas, pero con distinto nombre: Jacob y Helí.

De José, el padre de Jesús, también sabemos muy poco. Era un “tekton” (obrero de la construcción) y los propios Evangelios lo presentan poco más que como una sombra. El teólogo y periodista Juan Arias sostiene en su reciente obra “María, esa desconocida” (Maeva) que José era “un joven de unos 16 a 18 años, que se casó con María cuando ésta tenía entre los 12 y los 16, y no un anciano viudo con seis hijos de un matrimonio anterior, como sostienen los apócrifos”.

“¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Jacobo, José, Simeón y Judas? ¿No están sus hermanas entre nosotros?” (Marcos 6, 2-5), se preguntan extrañados los vecinos de Nazaret al ver a Jesús convertido en un predicador de campanillas. Referencias como ésta a los hermanos de Jesús hay varias en los Evangelios canónicos. Por ejemplo, Lucas (2,7) le llama “el primogénito“. ¿Tuvo Jesús hermanos carnales y, por consiguiente, la virginidad de María hay que entenderla en sentido simbólico?.

Durante siglos se discutió el asunto. Para los ortodoxos, se trata de hermanastros, hijos de un anterior matrimonio de José. Para la mayoría de los protestantes son hermanos de carne y sangre y, en cambio, para los católicos son primos. La interpretación católica pretende salvaguardar la creencia eclesial de que María fue virgen “antes, durante y después del parto”.

Hoy, la mayoría de los exegetas, incluso católicos, sostiene que Jesús fue el hijo primogénito de María, que tuvo más hijos y que su virginidad hay que entenderla de forma simbólica y, por supuesto, no perpetua. En contra del viejo aforismo de que fue virgen “antes, durante y después del parto”.

Porque es sería tanto como obligar a José a una castidad perpetua, que atentaba contra las leyes judías, donde los hijos eran el mayor bien y la actividad sexual algo noble. Para María, como para toda mujer judía, lo más importante era ser madre y no virgen.

En su voluminosa obra “Un judío marginal” (Verbo Divino), el teólogo jesuita John P. Meier sostiene que Jesús tuvo hermanos de sangre. “La mayoría de los exegetas e historiadores ya no creen (no creemos) en milagros de tipo material, que antes solían emplearse para fundar ‘mejor’ la fe: no creemos que Jesús naciera biológicamente de una virgen, rompiendo las leyes del proceso de la vida. Me parece que lo más probable es que Jesús naciese de la relación carnal de María y José, porque virginidad significa que Jesús nace del misterio de Dios”, explica el teólogo Xavier Pikaza.

Y es que, como sostiene Antonio Piñero, catedrático de Filología del Nuevo Testamento de la Complutense, “en la iglesia primitiva nadie defendía la virginidad absoluta de María. Sólo a partir de San Jerónimo, en el siglo IV, se postula la virginidad física y total de María”. Y de hecho, la virginidad de María no es un dogma. Pertenece a la fe de la Iglesia, pero no alcanza el valor del dogma de la Inmaculada, por ejemplo.

¿Y Jesús se enamoró, estuvo casado? De acuerdo con la más estricta ortodoxia católica, Jesús era un hombre completo, de cuerpo entero y, consiguientemente, sexuado. Dios se hizo hombre, y dentro de esa condición está la sexualidad. ¿Cómo la ejerció? ¿Qué relación mantuvo con las mujeres?

Los grandes exegetas coinciden en negar que Jesús se hubiese casado. Y eso que el celibato contravenía las leyes religiosas de su época. “Quien no tiene mujer es un ser sin alegría, sin bendición, sin felicidad, sin defensas contra la concupiscencia, sin paz; un hombre sin mujer no es un hombre“, dice el Talmud. Y menos, si ése hombre era un rabbí, un intérprete de la Ley que, por lo tanto, no podía oponerse al Talmud.

Y sin embargo, a los teólogos les parece un “disparate” la tesis del Código Da Vinci de que Jesús estuviese casado con María Magdalena. “No hay ningún dato para afirmarlo. Si hubiera estado casado, los Evangelios lo mencionarían. Además, es plausible que Cristo optase por ser célibe, como los esenios de su época”, explica el teólogo Rafael Aguirre. O como dice Meier, “Jesús nunca se casó, lo cual lo convierte en un ser atípico y, por extensión, marginal en la sociedad judía convencional”.

Eso sí, todos los exegetas coinciden también en señalar el papel “especial” de la Magdalena en la vida de Jesús. No fue su mujer, pero estuvo muy cerca de él. En el grupo de mujeres que acompañaban a Jesús y a sus discípulos, ella nunca falla. Es la primera receptora de los acontecimientos pascuales. Por eso se la llama “la apóstol de los apóstoles”. “Pero casarla con Cristo es un disparate”, asegura el teólogo jesuita Juan Antonio Estrada.

Fuente Religión Digital

Somos en Familia

Domingo, 31 de diciembre de 2017

vidriera04Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01. UNA FAMILIA IDEALIZADA.

Dentro de las fiestas de Navidad celebramos hoy la fiesta de la familia de Jesús, la Sagrada familia.

A la mayoría de los creyentes (y también no creyentes) la palabra “familia” nos sugiere la idea de un remanso de paz, un lugar-comunidad idealizada de color de rosa. Sin embargo no es la experiencia más común de la vida familiar.

La educación y la misma Iglesia “han internalizado” unas formas ideales de un hogar cálido, acogedor y sin conflictos. Lo mismo pensamos de la familia de Jesús.

La familia así entendida conlleva una gran carga de ideologización. En el fondo pensamos en una familia de clase media alta, más bien intimista, sin problemas de ningún tipo, cerrada en su vida privada.

02. LA REALIDAD ES OTRA.

La realidad de la familia nos habla de una manera muy distinta: en las personas y, por tanto en las familias, hay diferencias, modos de pensar y vivir, hay conflictos y discusiones.

En el matrimonio, en cuanto matrimonio hay divergencias y también como padres, se dan infidelidades de todo tipo, rupturas, abandono de los niños, rivalidades fraternas, crisis afectivas, crisis de crecimiento de los hijos, distintas concepciones de la sexualidad y de la vida en pareja, etc… La adolescencia no es un mal, pero sí una crisis. La crisis de los “diez años” de vida matrimonial no es un mal, pero sí una crisis. La tan estudiada crisis de los “40 años” no es un mal, pero sí una dura etapa de la vida

La fiesta de la Sagrada Familia pretende recordar y recuperar los valores humanos y cristianos de la familia. Pero el camino no es el de pensar con nostalgia en un nido protector, una especie de “eterna incubadora”, sino más bien el camino de la familia, como el personal y como la vida misma es el de un largo y difícil aprendizaje del amor en medio de los conflictos. No creo que sea exagerado decir que toda familia crece resolviendo conflictos pequeños o grandes.

Ello supone un saber asumir al “otro” y discutir-dialogar con el “otro”. Supone también saber respetar las identidades, diferencias y opciones.

Construir una familia no es tarea sencilla es vivir y crecer amablemente en medio de pequeños o grandes conflictos.

La familia no es una cuestión fácil.

03. NUESTRA FAMILIA

Ojalá hayamos tenido la gran suerte de nacer y crecer en una familia sana y hayamos podido abrirnos a la vida no digo desde una infancia feliz, pero sí en una familia de una experiencia confiada en el amor incondicional de los nuestros.

Pero aunque hayamos nacido y crecido en una familia acogedora y amable, siempre quedan carencias, recuerdos dolorosos, “asignaturas pendientes”, encontronazos y algunas situaciones traumáticas quedan para siempre.

Desde la Encarnación familiar de Jesús, que asume nuestra condición humana, por tanto también familiar, hemos de intentar un proceso de reconciliación con nuestro pasado, asumir, dejar de lado, olvidar muchas cosas forman parte también de la vida familiar.

04. NO HAY LIBERTAD ADULTA SIN RUPTURAS FAMILIARES.

No se llega a una libertad adulta, no llegamos a ser personas adultas sin rupturas familiares.

No siempre las rupturas son negativas. Hay veces que hay que cortar el cordón umbilical y dejará el hombre a su padre y a su madre y correrá los caminos personales de la vida, del matrimonio u otras opciones vocacionales, de estudios, opciones culturales, políticas, etc.

Otras rupturas pueden ser más traumáticas, pero también estas hay que saber asumir: rupturas o “llegada a punto muerto” matrimoniales; enfrentamientos por diferencias de tipo religioso, político, por cuestiones económicas.

Asumir las rupturas es crecer en libertad personal y familiar.

CONCLUSIÓN

Ser niño no es vivir siempre la mañana del día de Reyes, ni el matrimonio es el día festivo de la boda. La familia tiene un principio de realidad, que es la diversidad humana, la libertad vivida comunitariamente en respeto y amor, lo cual nos abre a todos hacia el futuro.

“Una gran familia”, por Gema Juan OCD

Domingo, 31 de diciembre de 2017

15873186599_4a47509696_mEchando una vista atrás, hacia lo acontecido en este año que hoy acaba y mirando hacia el nuevo que comienza… Un sugerente artículo que hemos leído en su blog Juntos Andemos:

Los evangelios fueron escritos para transmitir una buena noticia y –como diría Juan en el suyo– para despertar la fe y dar vida. Pero, a veces, inquietan profundamente. Nada que ver con la angustia o la tristeza, sino con el impulso y la fuerza que da descubrir las huellas de Jesús.

Son textos capaces de despertar los sentimientos más profundos del ser humano y hacerle mover en la dirección de la luz. Teresa de Jesús decía que siempre los había preferido a otras lecturas espirituales y, consciente de la alegría y el valor que de ahí venía, exclamó: «¡Bendito sea el que nos convida que vamos a beber en su Evangelio!».

El relato evangélico que cuenta que María y José, con un niño recién nacido, tuvieron que huir a Egipto –un texto muy dado a las leyendas y a la imaginación– despierta algo de inquietud. Egipto era la tierra donde solían refugiarse quienes huían de la tiranía en Palestina… era lo que hoy son los países del primer mundo, adonde huyen quienes se refugian de las innumerables tiranías del siglo presente.

Teresa de Jesús se hacía eco del sufrimiento que había vivido la familia de Jesús, recordando la casi invisible presencia de José, que sostenía a la familia. Y Teresa de Lisieux se preguntaba: «¿Por qué no fueron transportados a Egipto en virtud de un milagro?… ¡cuántas penas, cuántas decepciones! ¡Cuántas veces se le habrán hecho reproches al bueno de san José!».

Al volver a este evangelio es casi imposible no pensar en lo que sucede en la actualidad… o bien, al ver lo que sucede en este siglo XXI, es inevitable volverse al evangelio a buscar luz. Porque la desazón que suscita el presente puede apagar su malestar en la inquietud que despierta el evangelio.

Teresa había comprendido que los evangelios muestran quién es Jesús y que con Él se puede dar una respuesta a los males del mundo: «Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes. Él le enseñará. Mirando su vida, es el mejor dechado». La vida de Jesús es un pozo de bondad, sabiduría y esperanza.

Y en un poemita, Teresa había escrito: «Vino del cielo a la tierra para quitar nuestra guerra». El camino de vida que abre Jesús es un cambio de dirección hacia lo más humano, es creer que las cosas pueden cambiar, si no se sofoca el Espíritu que Dios da, que no es «un Espíritu cobarde, sino un Espíritu de energía, amor y buen juicio» —como decía Pablo.

La vida de Jesús estuvo llena de inconvenientes y dificultades desde el principio, como la de tantísimos seres humanos. Por eso, la Buena Noticia que Él es, se agranda al comprender su proximidad, su identificación con los menos favorecidos en el mundo. Y desvela cómo se deshace cualquier distancia con Dios.

Teresa de Jesús percibió esa proximidad y se sintió sacudida, dándose cuenta de que ella no se hacía tan «próxima», como Jesús. Decía: «No hace Él diferencia de Él a nosotros; mas hacémosla nosotros, para no nos dar cada día por Él».

Y entendió que lo que borraba las distancias con Dios era el amor: «Si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo, sí. Y estad ciertas que mientras más en éste os viereis aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios».

La huida de Egipto evoca las innumerables huidas que causan las opresiones de este mundo, donde los que tienen –decía Teresa– sucumben a la tentación de «procurar más y más». Y aún añadió: «Así es este mundo, que él nos da bien a entender sus desvaríos si no estuviésemos ciegos».

Y la estremecedora imagen de unos inmigrantes intentando saltar la valla de Melilla, mientras algunas personas juegan en un campo de golf, evoca otra imagen impresionante: aquella en la que Jesús, colgado ya de la cruz, veía cómo se repartían sus cosas o se reían de Él, los que estaban por allí.

Ni los golfistas ni los transeúntes del Gólgota tienen mayor responsabilidad que quienes no aparecen en esas escenas. Unos y otros son como los personajes de una escena evangélica, al término de la cual reaparece la pregunta fundamental: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?».

El Jesús del Gólgota es aquel niño que tuvo que emigrar con sus padres a Egipto, pero también un hombre tierno que despertó la alegría de los más sencillos y la esperanza de tantos desechados en el Israel del siglo I. Su vida no fue fácil, pero lo que aviva todo eso no es dolor y, menos aún culpa, sino una gran esperanza: la confianza de que Él alienta otra vida posible.

El gran reto que plantea Teresa de Jesús es: «¿Cómo haré mi condición que conforme con la suya?». La condición de Jesús es la que «no hace diferencia», la que no excluye, ni rechaza… ni deporta a los huidos, ni tasa su número por conveniencias económicas*. La condición de Jesús es la acogida, la disponibilidad y la fraternidad.

Nadie ha dicho que todo eso sea sencillo, ni personal ni socialmente, pero como decía Teresa: «La medida del poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor… si le tenéis, procurad no sean palabras de cumplimiento las que decís a tan gran Señor, sino esforzaos a pasar lo que su Majestad quisiere». Y lo que Dios quiere es una gran familia, una fraternidad sin fronteras.

Y la carne se hace verbo

Sábado, 30 de diciembre de 2017

Del blog de Henri Nouwen:

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“La palabra, el Verbo, debe hacerse carne, pero la carne también debe hacerse Verbo.

No nos basta, como seres humanos que somos, simplemente vivir. También debemos expresar lo que vivimos. Si no expresamos lo que vivimos, nuestras vidas pierden vitalidad y creatividad. Cuando contemplamos una bonita vista, tratamos de expresar lo que vemos. Cuando nos encontramos con una persona humanitaria, nos gusta hablar de dicho encuentro. Cuando estamos tristes o sufrimos un gran dolor, necesitamos hablar de ello. ¡Cuando nos sorprende la alegría, queremos anunciarlo!.

Por medio de la palabra hacemos nuestro e interiorizamos lo que estamos viviendo.

La palabra hace nuestra experiencia realmente humana.”

*

Henri Nouwen

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***

A propósito del capítulo 1 del evangelio de Juan, que nos nutre en estos días de Navidad, viene bien asociar a su lectura esta reflexión que nos presenta Nouwen en su libro Pan para el Viaje.

“Belén: parada sin fonda”, por Dolores Aleixandre

Sábado, 30 de diciembre de 2017

39300434082_2ded065f96_zDe su blog Un grano de Mostaza:

Belén fue solo un lugar de tránsito, una parada imprevista en el itinerario de los dos forasteros que buscaron refugio en una de sus cuevas. No lo habían elegido: se lo impusieron unas circunstancias inesperadas y no sabían que aquel lugar de estancia breve sellaría para siempre al que venía a estar entre nosotros como uno de tantos.

Y es que si iba a vivir sin tener donde reclinar la cabeza, más valía que se fuera acostumbrando. Si iba a moverse entre los que no tenían nada seguro, mejor que se hiciera pronto aprendiz de intemperies. Si iba a caminar expuesto y sin defensas, una cuadra era un buen lugar para ensayar esa extraña manera de vivir sin abrigo.

Si venía a buscar a los más olvidados, mejor que estuviera al alcance de los que se parecían tanto a la gente de los que se iba a rodear después. Si iba a poner del revés el lenguaje de la ganancia y de la pérdida, convenía que supiera por experiencia lo que decía. Si iba a confiar perdidamente en Dios, que supiera pronto que eso no le eximía de probar el desamparo.

Si iba a morir desnudo en una cruz, estaba bien que tiritara antes como recién nacido en una noche con frío. Si cuando muriera iban a envolver su cuerpo en un lienzo, mejor que probara antes el roce de unos pañales. Si iba a hacerse él mismo banquete, Belén anticipaba el sabor del pan en la alegría de la mesa compartida.

Recién llegado a nuestra humanidad y portador ya para siempre de las marcas que deja un nacimiento intempestivo. Si de adulto un quiromante le hubiera leído la palma de la mano, le habría augurado: “La línea de la vida, corta; la de la suerte, aventurada y peligrosa; la del corazón, desmesurada”.

A la larga, fue una buena ventura no encontrar sitio en la posada. Qué feliz culpa la de aquel posadero: les cerró la entrada para impedir que entraran y no sabía que estaba abriendo para nosotros las puertas de tanta dicha.

La Comunidad de Taizé busca “encontrar un nuevo impulso de solidaridad en Europa”

Sábado, 30 de diciembre de 2017

taize-basilea_560x28040 Encuentro de jóvenes en Basilea, Lörrach y Saint-Louis

A la cita, que durará hasta el 1 de enero, asisten casi 20.000 personas de 45 países

(C. Doody/Aica).- “Apoyarse en la oración”, “ir a las fuentes de la fe y de la fraternidad” y “reunirse con personas que a través de su compromiso con el Evangelio afrontan los desafíos de hoy”. Son los grandes propósitos que se han fijado los organizadores del Encuentro de jóvenes de la Comunidad de Taizé que arranca este jueves y que busca “encontrar un nuevo impulso de solidaridad en Europa”.

Desde hoy y hasta el 1 de enero se celebra la 40 edición de este Encuentro que esta vez se lleva a cabo en forma simultánea en tres ciudades: Basilea (Suiza), Lörrach (Alemania) y Saint-Louis (Francia).

Los organizadores en los tres países destacaron que participan casi 20.000 personas procedentes de 45 países y que el objetivo será dar continuidad a la “Peregrinación de confianza sobre la Tierra”, que comenzó el hermano Roger a fines de la década del 60.

“La región de Basilea y la comunidad de Taizé han tenido durante mucho tiempo una estrecha relación. Las iglesias y las comunidades cristianas de la región de Basilea se identifican con el objetivo de Taizé de acompañar y apoyar a los jóvenes en su camino personal de fe”, subrayaron.

Comunidad de Taizé

La historia de la Comunidad de Taizé comenzó en 1940 cuando, a la edad de veinticinco años, el hermano Roger deja su país natal, Suiza, para ir a vivir a Francia, el país de su madre.

Inmovilizado durante años por una tuberculosis pulmonar, fue en el curso de esta enfermedad cuando maduró en él la llamada a crear una comunidad. En el momento en que comienza la Segunda Guerra Mundial, tuvo la certeza de que, al igual que su abuela había hecho durante la Primera Guerra Mundial, tenía que ir sin demora a ayudar a las personas que atravesaban esta dura prueba.

La aldea de Taizé donde se estableció se encontraba muy cerca de la línea de demarcación que dividía a Francia en dos: una buena situación para acoger a refugiados que escapaban de la guerra.

Algunos amigos de Lyón comenzaron a dar la dirección de Taizé a aquellos que necesitaban refugio. En Taizé, gracias a un módico préstamo, el hermano Roger compró una casa abandonada desde hacía años y sus dependencias. Propuso a una de sus hermanas, Geneviève, que viniera a ayudarle en su trabajo de acogida.

Hoy la comunidad de Taizé reúne a unos cien hermanos, católicos y de diversos orígenes protestantes, procedentes de más de treinta naciones. Por su existencia misma, la comunidad es un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados.

Los hermanos viven de su propio trabajo. No aceptan ningún donativo. Tampoco aceptan para sí mismos sus propias herencias, sino que la comunidad hace donación de ellas a los más pobres.

Fuente Religión Digital

 

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