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“Nuestra incapacidad para adorar”. Epifanía del Señor – B (Mateo 2,1-12)

miércoles, 6 de enero de 2021
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epifania6-1024x785El hombre actual ha quedado en gran medida atrofiado para descubrir a Dios. No es que sea ateo. Es que se ha hecho «incapaz de Dios». Cuando un hombre o una mujer solo busca o conoce el amor bajo formas decadentes, cuando su vida está movida exclusivamente por intereses egoístas de beneficio o ganancia, algo se seca en su corazón.

Muchos viven hoy un estilo de vida que los abruma y empobrece. Envejecidos prematuramente, endurecidos por dentro, sin capacidad de abrirse a Dios por ningún resquicio de su existencia, caminan por la vida sin la compañía interior de nadie.

El teólogo Alfred Delp, ejecutado por los nazis, veía en este «endurecimiento interior» el mayor peligro para el hombre moderno: «Así el hombre deja de alzar hacia las estrellas las manos de su ser. La incapacidad del hombre actual para adorar, amar y venerar tiene su causa en su desmedida ambición y en el endurecimiento de su existencia».

Esta incapacidad para adorar a Dios se ha apoderado también de muchos creyentes, que solo buscan un «Dios útil». Solo les interesa un Dios que sirva para sus proyectos individualistas. Dios queda así convertido en un «artículo de consumo» del que disponer según nuestras conveniencias e intereses. Pero Dios es otra cosa. Dios es Amor infinito, encarnado en nuestra propia existencia. Y, ante ese Dios, lo primero es la adoración, el júbilo, la acción de gracias.

Cuando se olvida esto, el cristianismo corre el peligro de convertirse en un esfuerzo gigantesco de humanización, y la Iglesia en una institución siempre tensa, siempre agobiada, siempre con la sensación de no lograr el éxito moral por el que lucha y se esfuerza.

Sin embargo, la fe cristiana es, antes que nada, descubrimiento de la bondad de Dios, experiencia agradecida de que solo él salva: el gesto de los magos ante el Niño de Belén expresa la actitud primera de todo creyente ante Dios hecho hombre.

Dios existe. Está ahí, en el fondo de nuestra vida. Somos acogidos por él. No estamos perdidos en medio del universo. Podemos vivir con confianza. Ante un Dios del que solo sabemos que es Amor no cabe sino el gozo, la adoración y la acción de gracias. Por eso, «cuando un cristiano piensa que ya ni siquiera es capaz de orar, debería tener al menos alegría» (Ladislao Boros).

José Antonio Pagola

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”Venimos de Oriente para adorar al Rey”. Miércoles 6 de enero de 2021

miércoles, 6 de enero de 2021
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08-epifania (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti.
Salmo responsorial: 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
Efesios 3, 2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos.
Mateo 2, 1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey

Hoy la Iglesia católica celebra con gozo desbordante la fiesta de los reyes magos. Litúrgicamente se denomina “epifanía” que significa manifestación de la salvación de Dios. Con esta fiesta vamos concluyendo el ciclo de navidad que nos permitirá contemplar a Jesús pequeño, humilde y pobre… niño que, a su vez, revela la grandeza del amor de Dios.

El profeta Isaías exalta la grandeza de la ciudad de Jerusalén porque se convertirá en luz para todos los pueblos. Es la luz para toda la humanidad, es la esperanza para los pobres. La oscuridad de la injusticia y la violencia, la opresión y la marginación será vencida definitivamente por la presencia luminosa de Dios manifestada en el niño de Belén. El salmo 71 también canta las maravillas que hace Dios en medio de su pueblo. Manifiesta la esperanza que todos los reyes y poderosos se abajen y se postren ante la pequeñez y la humildad. Los motivos de la alabanza es la justicia de Dios que derrota a los opresores y defiende a los pobres y oprimidos. La justicia de Dios a favor de lo empobrecidos y excluidos de todos los tiempos se hace motivo de regocijo y alabanza para el salmista.

 La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (Tercer Isaías) corresponde a la restauración, es decir, al regreso a Jerusalén de los exiliados en Babilonia, regreso a la gran ciudad de Dios. Cuando este grupo de exiliados llegó a Israel encontró sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o apropiados por otras familias, las murallas derruidas y el templo, el lugar donde Yahvé habitaba, incendiado. Esta dramática realidad los desanimó completamente, centrando sus esperanzas y sus motivaciones únicamente en la reconstrucción de sus viviendas y sus campos, dejando de lado la restauración del templo y, con ello, la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, quien traería para Israel la salvación plena en la misma historia. Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, por ello Jerusalén será una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.

Esta visión profética posee una comprensión muy reducida de la acción salvífica de Dios, ya que es asumida como una promesa que se cumplirá en beneficio única y exclusivamente del pueblo de Israel y no de toda la tierra.

En la carta de Pablo a la comunidad de Éfeso hace caer en cuenta a todos los creyentes que las promesas hechas al pueblo de la ley y la alianza ahora se extienden a los gentiles, es decir, a toda la humanidad. De tal manera que la salvación no será propiedad exclusiva de un pueblo sino de todos los pueblos, del gran pueblo de Dios, es decir, de todos los seres humanos que se abren a la buena noticia de la salvación.

Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción.

Dos actitudes totalmente opuestas se reflejan en el relato de la visita de los reyes, sabios o magos de oriente que presenta el evangelista Mateo. Más allá de si es o no es un acontecimiento histórico, lo hermoso de este texto es hacer ver al lector cómo el corazón de los poderosos de Israel se cierra ante la presencia de la pequeñez del niño de Belén. En cambio los gentiles, los paganos o extranjeros se abajan de su realeza para reconocer en la pobreza, humildad y pequeñez de aquel niño la revelación de la propuesta salvífica de Dios ofrecida a toda la humanidad que le busca con sincero corazón. ¿En qué personas y situaciones de la vida reconoces a Jesús?

El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la «Epi-fanía», confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista insiste en nombrar con exactitud el lugar donde nació Jesús y en confirmar, a través del Antiguo Testamento, que con su presencia en la historia se da cumplimiento a las palabras de los profetas. Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de Oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su vinculación a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas, que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.

En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, de «convertir al cristianismo» a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era entendida desde la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos… Tarde o temprano el mundo llegaría a su destino: a ser «un sólo rebaño, con un solo pastor»…

Hoy todo esto ha cambiado, aunque muchos cristianos (incluidos muchos de sus pastores) todavía siguen en la visión tradicional. Buen día hoy, pues, para presentar estos desafíos y para profundizarlos. No desaprovechemos la oportunidad para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas. En la RELaT (servicioskoinonia.org/relat) hay muchos materiales para estudiar el tema, así como para debatirlo en grupos de estudio o de catequesis.

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. Hoy ya sabemos que Jesús nació probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una afirmación con intenció teológica.

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Es decir, los «reyes magos» no fueron ni reyes ni magos en el sentido actual de estas palabras; habrían sido astrólogos o estudiosos del cielo. Fue el teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) quien aseguró que los magos serían reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia vieron simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo. Leer más…

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Epifanía. La fiesta de los niños es la Vida Pregón de Reyes: Vosotros, Padres, sois Magos, fuego y vacuna de Vida

miércoles, 6 de enero de 2021
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DSC_0636Del blog de Xabier Pikaza:

Presenté el uno de Enero dos deseos (nacer de nuevo y perdonar) con Hanna Arendt, para superar el Holocausto antiguo del siglo XX; para superar el nuevo, la Pandemia del siglo XXI será necesaria la vacuna de los padres.

No se trata de negar las vacunas de la ciencia, pues Dios nos ha dado el poder para inventarlas, pero la principal es el hogar, la casa donde según el evangelio de Epifanía los magos encontraron por la Estrella al niño con sus padres (Mt 2), en Belén de Judá.

Los magos supieron así que la vacuna esencial de la vida son los padres, hogar de  para el niño Jesús y para todos  los niños del mundo.  Así lo ha descubierto y proclamado el Papa Francisco, decretando para el 2021, un año de familia, centrado en San José, a partir del 19 de Marzo.

Como descubren los niños muy pronto, los magos de verdad (y la vacuna más eficaz de la vida, Epifanía o revelación de Dios),  son unos padre que acogen, aman y educan al Hijo de Dios (a cada niño-Dios), en medio del riesgo y pandemia del mundo.

H. Aredt decía que necesitamos una «catarsis» paterna (materna), para el siglo XXI; de lo contrario, sin padres que nos enseñen a vivir en perdón y gratuidad,  acabaremos matándonos todos, tras haber matado primero a los niños, como quería el antiguo rey Herodes, el hombre más rico de oriente.

Éste es el tema de fondo de la Fiesta de los Magos (=creadores de la gran vacuna de la vida), que Mt 2 ha narrado en su estilo simbólico (oriente y estrella, magos y niño en la cuna, madre que llena la casa, padre-José que escucha a los ángeles y se arriesga en un camino de reyes bandidos, camino de Egipto etc.).

En esa línea, los «magos» (reyes-creadores) de la nueva humanidad buscada por los magos de la estrella son los padres con el niño; ellos son la vacuna verdadera, volver a la casa, con madre y con padre… Así culminan las fiestas de Navidad.No busquemos reyes del dinero o de las armas, ni magos de finanzas especiales,

En ese contexto, en un mundo de esperanza, apto para niños, que puedan crecer en amor y libertad (en un mundo donde caben todos), quiero revelaros el gran secreto que fue para muchos de nosotros, hoy mayores, el descubrimiento de que los Reyes Magos eran los padres.

Éste fue nuestro aprendizaje en la infancia: Habíamos creído que había unos Reyes Magos que venían de fuera, para arreglar por magia nuestros problemas. Pero luego descubrimos que los verdaderos reyes  y magos de la vida son los padres. Pueden traernos quizá algunos regalos más o menos significativos, pero el verdadero regalo son ellos: De su regalo nacemos, en su amor amamos, de su vida vivimos.

Epifanía es la fiesta de los «padres magos»: Dios se revela en unos padres con cada de amor para el niño,  con estrella de vida, en la noche del riesgo de muerte de Herodes, que trata a sus hijos como cerdos (no  hyos, sino  hys, como decía F. Josefo) ). La gran política del siglo XXI es política de cerdos, esto es, de «dinero» de muerte, no de hijos… La fiesta de la Epifanía, culmen de la Navidad, nos lleva a la experiencia de los niños como presencia de Dios, no como cerdos de matanza y dinero.

  Desde ese fondo quiero evocar y comentar, primero brevemente  y luego con más extensión el relato de la Epifanía de Dios, que se revela en Jesús (niño con estrella, en la casa de sus padres, que son sus verdaderos «magos»).

1. COMENTARIO BREVE. LECTURA FUNDAMENTAL

Epifanía es la «fiesta» de la revelación de Dios que enciende su estrella en Oriente (=donde nace el sol), para que todos los pueblos puedan contemplar y aceptar el misterio de la Vida . La estrella  nos lleva hasta un Niño que sólo podrá vivir si le acogemos y cuidamos, como María y José cuidaron al Niño de Belén. Ella nos dice que los «magos», creadores de religión y futuro, son los padres.

Texto. Mt 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
— ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
— En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: “Y tú. Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; Pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles:
— Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que había visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron: después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Un niño, Rey de los judíos

Los magos vienen a Jerusalén porque han visto en oriente la estrella del Rey de los judíos… Ese tema nos sitúa en el centro de una extensa tradición astro-lógica y asto-nómica que vincula al ser humano (y especialmente al Salvador) con/como Astro del cielo. Esa luz atrae a los “magos”, que vienen hacia Jerusalén, iniciando la marcha de los pueblos hacia el futuro de su plena humanidad. Por eso, como venimos suponiendo, este pasaje debe interpretarse en la línea que lleva al mesianismo universal de Mt 28, 16-20.

Los magos preguntan por el Mesías en Jerusalén, pero no lo encuentran allí (en la ciudad del templo, donde habita un rey de este mundo), sino en Belén, capital donde se centran y cumplen las promesas. De esa forma, este segundo capítulo de Mt, con su procesión de pueblos buscando al Mesías, puede entenderse ya como anuncio de la culminación pascual del evangelio: una prolepsis de lo que será la misión final cristiana, interpretada aquí en forma centrípeta (desde el modelo de la gran peregrinación de pueblos hacia el centro de la tierra, que es Jerusalén). Esta es la salvación: buscar la presencia de Dios en un niño, en todos los niños del mundo.

De la Epifania de Jesús niño a la misión universal de la Iglesia

– Los magos son signo de todos los pueblos paganos de Oriente que vienen hacia Jerusalén, para adorar al Rey de los judíos, que ha nacido ya, pues ha surgido su Estrella. Ellos, los magos, marcan un camino de búsqueda y fe universal, que desborda el nivel israelita, tanto por su origen como por su meta.

Por su origen: la fuerza que les lleva hacia Jesús no es la ley de Israel, sino la luz o estrella de su propia religión (de su paganismo).

Por su meta: tras adorar a Jesús no quedan allí, para formar parte del pueblo judío, sino que vuelven a sus tierras, como indicando que el camino y luz del Rey israelita ha de interpretarse desde sus propias tradiciones religiosas y culturales. Ellos conocen la nueva verdad: Dios está en un niño, en todos los niños necesitados.

– Al final del evangelio de Mateo (Mt 28, 16-20), los cristianos tienen que salir de Belén y Galilea (como verdaderos padres-magos), para llevar a todos los pueblos el nuevo mensaje, propio de los Magos (que son judíos o cristianos, musulmanes o hindúes… o gentes que no tienen religión externa). Dios se ha hecho niño, Dios se encuentra y vive (alienta, espera) en todos los niños del mundo. Siendo religión del nacimiento, el cristianismo es religión de amor ofrecido a todos los necesitados de la tierra, empezando por los más necesitados de todos, que son los niños. Los discípulos de Jesús deben llevar ese mensaje, pero no desde Jerusalén (pues los sacerdotes no quieren ir), sino desde la montaña de la pascua.

Expertos en buscar y cuidar a los niños. Conclusiones

En este blog se habla con frecuencia de papas y obispos, de ceremonias y mandos. Pues bien, en este día de los Magos de Oriente (reyes, sacerdotes), tenemos que decir que ellos (los reyes, los magos, los pontífices y sacerdotes…) deben ser ante todo unos expertos en paternidad: en buscar y acoger a los niños, en darles regalos y en jugar con ellos. Leer más…

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Epifanía del Señor. Ciclo B

miércoles, 6 de enero de 2021
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9FA81411-5090-454E-B9B3-E254B0896C3DDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La fiesta de hoy, una de las más populares, es de las más difíciles de entender y valorar. Sería importantísima para los paganos de los primeros siglos que se convertían. Ahora, cuando, sociológicamente, la mayoría es cristiana y a los judíos no los vemos como superiores a nosotros desde el punto de vista religioso, el mensaje de la fiesta obliga a un cambio de mentalidad.

Los textos ofrecen tres puntos de vista. Isaías piensa que los importantes son los judíos, y los paganos estarán a su servicio. Pablo nos habla de un misterio que le ha sido revelado: para Dios, los paganos son iguales que los judíos. Mateo, rizando el rizo, presenta a los paganos como mejores que los judíos.

Una profecía: los paganos servirán al Señor en Jerusalén (Isaías 60,1-6)

Después de la caída de Jerusalén en manos de los babilonios (año 586 a.C.), la ciudad estuvo despoblada y en ruinas durante siglo y medio. A lo sumo, un templo modesto, reconstruido a finales del siglo VI. La reconstrucción comienza con Nehemías, en la segunda mitad del siglo V a.C. y alcanzará su máximo esplendor con Herodes el Grande. Esa gloria la anuncia un poeta-profeta, que habla a la ciudad de la vuelta de sus hijos e hijas, traídos por los reyes paganos, y de la riqueza que los pueblos derramarán sobre ella.

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz;

la gloria del Señor amanece sobre ti!

Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos,

pero sobre ti amanecerá el Señor, y su gloria se verá sobre ti.

Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen hacia ti;

llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás y estarás radiante;

tu corazón se asombrará, se ensanchará,

porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti,

y a ti llegan las riquezas de los pueblos.

Te cubrirá una multitud de camellos,

dromedarios de Madián y de Efá.

Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso,

y proclaman las alabanzas del Señor.

Una revelación: los paganos son iguales que los judíos (Efesios 3,2-3a.5-6)

Cuenta Pablo en su carta a los Gálatas que, después de su conversión, se retiró a Arabia, sin consultar a hombre alguno, ni siquiera a los apóstoles de Jerusalén, y que allí Jesús le reveló la buena noticia, el evangelio, que debía predicar: que judíos y gentiles son iguales para Dios. Algo que, después de veinte siglos nos resulta normal, pero que entonces resultaba casi blasfemo. Israel era el pueblo elegido, la raza santa. El pagano podía salvarse si se circuncidaba y observaba la Ley de Moisés. Pero siempre sería inferior al judío. En el caso de los cristianos ocurre lo mismo: los de origen judío se consideraba superiores a los de origen pagano, y algunos incluso exigían que se circuncidasen y cumplieran la ley judía. Pablo propone algo muy distinto.

Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado a favor de vosotros, los gentiles. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Los paganos son mejores que los judíos (Mateo 2,1-12)

El autor del primer evangelio, que probablemente reside en Antioquía de Siria, lleva años viviendo una experiencia muy especial: aunque Jesús fue judío, la mayoría de los judíos no lo aceptan como Mesías, mientras que cada vez es mayor el número de paganos que se incorporan a la comunidad cristiana. Algunos podrían interpretar este extraño hecho de forma puramente humana: los paganos que se convierten son personas piadosas, muy vinculadas a la sinagoga judía, pero no se animan a dar el paso definitivo de la circuncisión; los cristianos, en cambio, no les exigen circuncidarse para incorporarse a la iglesia.

Mateo interpreta este hecho como una revelación de Dios a los paganos. Para expresarlo, se le ocurre una idea genial: anticipar esa revelación a la infancia de Jesús, usando un tipo de relato, el midrash hagádico: un cuento precioso y de gran hondura teológica. Y que nadie se escandalice de esto. Las parábolas del hijo pródigo y del buen samaritano son también cuentecitos, pero han cambiado más vidas que infinidad de historias reales.

La estrella

Los antiguos estaban convencidos de que el nacimiento de un gran personaje, o un cambio importante en el mundo, era anunciado por la aparición de una estrella. Orígenes escribía en el siglo III:

«Se ha podido observar que en los grandes acontecimientos y en los grandes cambios que han ocurrido sobre la tierra siempre han aparecido astros de este tipo que presagiaban revoluciones en el imperio, guerras u otros accidentes capaces de trastornar el mundo. Yo mismo he podido leer en el Tratado de los Cometas, del estoico Queremón, que han aparecido a veces en vísperas de algún aconteci­miento favorable; de lo que nos proporciona numerosos ejemplos» (Contra Celso I, 58ss).

Sin necesidad de recurrir a lo que pensasen otros pueblos, la Biblia anuncia que saldrá la estrella de Jacob como símbolo de su poder (Nm 24,17). Este pasaje era relacionado con la aparición del Mesías.

Los buenos: los magos

De acuerdo con lo anterior, nadie en Israel se habría extrañado de que una estrella anunciase el nacimiento del Mesías. La originalidad de Mt radica en que la estrella que anuncia el nacimiento del Mesías se deja ver lejos de Judá. Pero la gente normal no se pasa las noches mirando al cielo, ni entiende mucho de astronomía. ¿Quién podrá distinguirla? Unos astrónomos de la época, los magos de oriente.

La palabra «mago» se aplicaba en el siglo I a personajes muy distin­tos: a los sacerdotes persas, a quienes tenían poderes sobrenaturales, a propagandis­tas de religiones nuevas, y a charlatanes. En nuestro texto se refiere a astrólogos de oriente, con conocimientos profundos de la historia judía. No son reyes. Este dato pertenece a la leyenda posterior, como luego veremos.

Los malos: Herodes, los sumos sacerdotes y los escribas

La narración, muy sencilla, es una auténtica joya literaria. El arran­que, para un lector judío, resulta dramático. «Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes». Cuando Mt escribe su evangelio han pasado ya unos ochenta años desde la muerte de este rey. Pero sigue vivo en el recuerdo de los judíos por sus construcciones, su miedo y su crueldad. Es un caso patológico de apego al poder y miedo a perderlo, que le llevó incluso a asesi­nar a sus hijos y a su esposa Marianne. Si se entera del nacimiento de Jesús, ¿cómo reaccionará ante este competidor? Si se entera, lo mata.

Un cortocircuito providencial

Y se va a enterar de la manera más inesperada, no por delación de la policía secreta, sino por unos personajes inocentes. Mt escribe con asombrosa habili­dad narrativa. No nos presenta a los magos cuando están en Oriente, observando el cielo y las estre­llas. Omite su descubrimiento y su largo viaje.

La estrella podría haberlos guiado directamente a Belén, pero entonces no se advertiría el contraste entre los magos y las autoridades políticas y religiosas judías. La solución es fácil. La estrella desaparece en el momento más inoportuno, cuando sólo faltan nueve kilómetros para llegar, y los magos se ven obligados a entrar en Jerusalén.

Nada más llegar formulan, con toda ingenuidad, la pregunta más compromete­do­ra: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella y venimos a adorarlo». Una bomba para Herodes.

El contraste

Y así nace la escena central, importantísima para Mt: el sobresalto de Herodes y la consulta a sacerdotes y escribas. La respuesta es inmediata: «En Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas». Herodes informa a los magos y éstos parten. Pero van solos. Esto es lo que Mt quiere subrayar. Entre las autori­dades políticas y religiosas judías nadie se preocupa por rendir homenaje a Jesús. Conocen la Biblia, saben las respuestas a todos los proble­mas divinos, pero carecen de fe. Mientras los magos han realizado un largo e incómodo viaje, ellos son incapa­ces de dar un paseo de nueve kilómetros. El Mesías es rechazado desde el principio por su propio pueblo, anunciando lo que ocurrirá años más tarde.

Los magos no se extrañan ni desaniman. Emprenden el camino, y la reapari­ción de la estrella los llena de alegría. Llegan a la casa, rinden homenaje y ofrecen sus dones. Estos regalos se han interpretado desde antiguo de manera simbólica: realeza (oro), divinidad (incienso), sepultura (mirra). Es probable que Mt piense sólo en ofrendas de gran valor dentro del antiguo Oriente. Un sueño impide que caigan en la trampa de Herodes.

Mateo e Isaías: Belén frente a Jerusalén

Mateo se inspira en el texto de Isaías, pero la relación es de contraste. En Isaías, la protagonista es Jerusalén, la gloria de Dios resplandece sobre ella y los pueblos paganos le traen a sus hijos (los judíos desterrados), la inundan con sus riquezas, su incienso y su oro. En el evangelio, Jerusalén no es la protagonista; la gloria de Dios, el Mesías, se revela en Belén, y es a ella adonde terminan encaminándose los magos. Jerusalén es simple lugar de paso, y lugar de residencia de la oposición al Mesías: de Herodes, que desea matarlo, y de los escribas y sacerdotes, que se desinteresan de él.

Los Reyes magos no son los padres, somos nosotros

A alguno, el recurso al midrash quizá le resulte una interpretación muy racionalista del episodio, y puede sentirse como el niño que se entera de que los reyes magos no existen. Podemos sentir pena, pero hay que aceptar la realidad. De todos modos, quien lo desee puede interpretar el relato históricamente, con la condición de que no pierda de vista el sentido teológico de Mt. Desde el primer momento, el Mesías fue rechazado por gran parte de su pueblo y aceptado por los paganos. La comunidad no debe extrañarse de que las autoridades judías la sigan rechazando, mientras los paganos se convierten.

La mitificación de la estrella

La estrella ha atraído siempre la atención, y sigue ocupando un puesto capital en nuestros naci­mientos. Mt, al principio, la presenta de forma muy sencilla, cuando los magos afirman: «hemos visto salir su estrella». Sin embargo, ya en el siglo II, el Protoevangelio de Santiago la aumenta de tamaño y de capacidad lumínica: «Hemos visto la estrella de un resplandor tan vivo en medio de todos los astros que eclipsaba a todos hasta el punto de dejarlos invisibles». Y el Libro armenio de la infancia dice que acompañó a los magos durante los nueve meses del viaje.

En tiempos modernos incluso se la ha intentado explicar por la conjunción de dos astros (Júpiter y Saturno, ocurrida tres veces en 7/6 a.C.), o la aparición de un cometa (detectado por los astrónomos chinos en 5/4 a.C.). Esto es absurdo e ingenuo. Basta advertir lo que hace la estrella. Se deja ver en oriente, y reaparece a la salida de Jerusalén hasta pararse encima de donde está el niño. Puesta a guiarlos, ¿por qué no lo hace todo el camino, como dice el Libro armenio de la infancia? ¿Y cómo va a pararse una estre­lla encima de una cuna? Para Dios «nada hay imposible», pero dentro de ciertos límites.

Número, nombres y procedencia de los magos

En el Libro armenio de la infancia (de finales del siglo IV) se dice: «Al punto, un ángel del Señor se fue apresurada­mente al país de los persas a avisar a los reyes magos para que fueran a adorar al niño recién nacido. Y éstos, después de haber sido guiados por una estrella durante nueve meses, llegaron a su destino en el momento en que la Virgen daba a luz… Y los reyes magos eran tres hermanos: el primero Melkon (Melchor), que reinó sobre los persas; el segundo, Baltasar, que reinó sobre los indios, y el tercero, Gaspar, que tuvo en posesión los países de los árabes”.

Para Mt, el dato esencial es que no son judíos, sino extranjeros. Según Justino proceden de Arabia. Luego se impuso que venían de Persia. En cuanto al número, la iglesia siria habla de doce.

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06 Enero. Epifanía del Señor. Ciclo B.

miércoles, 6 de enero de 2021
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6-Epifania

“¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir en Oriente su estrella, y venimos a adorarle.”

(Mt 2,1-12)

Hoy recordamos la visita de unos sabios extranjeros a Jesús acabado de nacer. La historia es como un juego de reyes muy diferentes entre ellos: en primer lugar, para entrar en el espíritu del Evangelio, podemos olvidarnos de todas las ideas sobre Melchor, Gaspar y Baltasar que pueblan nuestro imaginario. El segundo rey es Herodes, el rey de Judea. Y el tercer rey es Jesús, el Mesías judío que ya desde el comienzo atrae a gente de otras naciones.

En la escena, los sabios son quienes van de acá para allá. Vienen de lejos siguiendo una estrella que les ha de llevar hasta el rey de los judíos, a pesar de que ellos no lo son. Mirándoles sentimos el sabor que nos dejan las personas libres: lo que les guía es una estrella del cielo, están en movimiento, les llena la alegría. Van sin expectativas, prejuicios ni intereses, saben reconocer a Jesús. Y, lo más importante saben adorarle.

Esto es lo que la liturgia nos invita a hacer en este tiempo: como los sabios, ponernos delante de Jesús vacías de nosotras mismas, sin pedir, sin querer comprender, sin esperar nada. Solo permanecer en silencio.

La actitud de Herodes es completamente diferente. Quiere saber dónde está el Mesías, pero tiene miedo. Teme por su propio poder. Pretende encontrar a Jesús sin moverse de su palacio. Ahora diríamos que convoca a los expertos y quiere pruebas y evidencias científicas de lo que está sucediendo fuera de su control. Actúa con secretismo y engaño, con cálculo e interés.

Y Jesús, tan pequeñín, ya mueve a tanta gente. Este tiempo nos ayuda tal vez a acercarnos a él con más sencillez, confianza, silencio. Cuando crece, a veces sentimos que no le comprendemos, que le pedimos demasiado y hacemos demasiado poco, que no tenemos ganas de acercarnos a él por miedo a que la vida se nos complique más de lo que ya está… Hoy se nos regala una buena ocasión para estar, para poner el corazón, sin más propósito, delante del Señor de nuestra vida.

Oración

Padre, que tu Santa Ruah nos vaya transformando en personas sabias y libres, capaces de cruzar oasis y desiertos buscando a tu Hijo en nuestro mundo y adorarle.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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En Jesús se manifestó Dios, pero a Él nunca lo podremos ver.

miércoles, 6 de enero de 2021
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1_epifaniaMt 2, 1-12

Esta fiesta es la más antigua que se conoce. Fue la única fiesta de Navidad que se celebró en toda la Iglesia, hasta que en Occidente se empezó a celebrar el 25 de Diciembre la Natividad. La palabra “Epifanía” significa en griego «manifestación», sobre todo la aparición de la primera claridad de la mañana, antes de verse el sol. Siguió celebrándose la fiesta de Epifanía, pero con otros significados. Durante mucho tiempo se celebraban en ella tres “epifanías”: la adoración de los Magos, el bautismo de Jesús y las bodas de Caná. El 6 de Enero se celebraba en Roma el triple triunfo de Augusto César.

Empezábamos el tiempo de Navidad con un relato del evangelista Lucas que hablaba de pastores, ángeles y el niño en el pesebre. Hoy terminamos con otro relato no menos fantástico de Mateo, sobre unos magos que vienen a adorar a Jesús. En esta “historia” está recogida la tradición del AT y la experiencia de los primeros cristianos. Se intenta expresar una cristología ya avanzada. Debemos recordar que el título de Rey no se le dio a Jesús hasta después de su muerte. También debemos tener presente que los tres títulos que en el relato se sobreentienden (Rey, Hijo de Dios y Mesías) se implican unos en otros.

La apertura a los paganos fue un salto cualitativo en la manera que tenía el pueblo judío de interpretar sus relaciones con Dios. Este cambio de perspectiva no se llevó a cabo sin traumas. Los escritos del NT dejan bien claro que solo se consiguió después de muchas discusiones y mucha reflexión. No nos debe extrañar esta dificultad. Los judíos se consideraban el pueblo elegido. Creían que Dios había hecho por ellos prodigios que no había hecho con ningún otro pueblo. Todavía nos cuesta mucho a nosotros aceptar que Dios no puede tener privilegios con nadie, sea persona, pueblo o religión.

Esta universalidad del mensaje es el tema de las tres lecturas. Desde distintos ángulos, todas nos hablan de una novedad en la relación de Dios con los hombres. Dios se manifiesta siempre a todos, aunque solo le descubre el que le busca. La originalidad de la experiencia religiosa del pueblo judío, es obra de un pueblo, capaz de interpretar los acontecimientos como manifestación del amor de Dios hacia ellos. En realidad, Dios no puede hacer por uno lo que no hace por otro. Dios es AMOR absoluto. El amor es su esencia, no una cualidad, que podría tener o no tener, como en nosotros.

Dios se está manifestan­do constantemente en su creación, para todo aquel que está atento. Esa atención no se refiere a los sentidos sino al ser. Muchas veces os he dicho que Dios no actúa desde fuera como las causas segundas, sino desde el ser de cada criatura y acomodándose a la manera de ser de cada una; por lo tanto, será inútil todo intento de percibir esas acciones con nuestros sentidos o con nuestra razón. Para descubrir a Dios hay que desplegar una especial atención, dirigida al centro de nuestro propio ser.

El relato de los Magos va en esta dirección. Ellos descubrie­ron la estrella, porque se dedicaban a escudriñar el cielo; fueron capaces de levantar los ojos de la tierra… Ellos, a pesar de estar lejos, vieron la estrella; la inmensa mayoría de los que estaban alrededor del recién nacido ni se enteraron. Nuestra religiosidad no consigue su objetivo, porque nos empeñamos en encontrar a Dios donde no está. Porque nos empeñamos en descubrir, no al verdadero Dios, sino al ídolo que nos hemos fabricado.

Dios no está en los fenómenos que percibimos por los sentidos. Mejor dicho, Dios está en todos los fenómenos, aunque no de una manera especial en los que nosotros percibimos como maravillosos. Nosotros nos empeñamos en descubrirlo solo en lo extraordina­rio, pero la verdad es que Dios se manifiesta exactamente igual en los acontecimientos más sencillos y cotidianos. Hay que aprender a descubrir esa presencia. En la fragancia de una flor, en una puesta de sol, en la sonrisa de un niño, en el sufrimiento de un enfermo, etc.

La experiencia de todos los místicos les llevó a concluir que Dios es siempre el escondido. S. Juan de la Cruz: ¿Adónde te escondiste, Amado y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eras ido. Y el místico sufí persa Edwin Rumi dice: Calla mi labio carnal. Habla en mi interior la calma, voz sonora de mi alma, que es el alma de otra Alma eterna y universal. ¿Dónde tu rostro reposa, Alma que a mi alma da vida? Nacen sin cesar las cosas, mil y mil veces ansiosas de ver tu faz escondida. Y Pascal: Toda religión que no predique un Dios escondido es falsa.

Me preocupa que los católicos estemos convencidos de que no hay nada que aprender sobre Dios, porque ya lo sabemos todo. Sea en cuanto a las verdades, sea en cuanto a las normas morales, sea en cuanto a las celebraciones litúrgicas, el hecho de que no haya capacidad de innovación es la mejor prueba de que estamos en una religión sin vivencia, es decir, en una religión muerta. Dios se manifiesta siempre como absoluta novedad. Si encontramos dos veces el mismo dios, podemos estar seguros de que es un ídolo.

La clave de esta celebración es la universalidad del mensaje. En Navidad veíamos a Dios encarnado. Hoy celebramos a Dios manifestado. La manifestación de Dios es universal, en cuanto al tiempo y en cuanto a espacio; es decir, se está siempre manifestando y se manifiesta en todo lo creado. Esto no lo hemos asumido del todo, los cristianos. Seguimos creyéndonos unos privilegiados por conocer a Jesús. Seguimos lamentando la situación de los que no creen en él, porque no podrán participar de su salvación. Desde el Vaticano II, hemos avanzado mucho en esta materia, pero no hemos dado el paso definitivo.

Hoy debíamos tener ya muy claro que Jesús no vino a fundar una religión frente a la religión judía; ni una Iglesia frente a otras Iglesias. Jesús predicó el Reino de Dios. Jesús nos trajo un evangelio (buena noticia) para todas las religiones, para todas las Iglesias, para todos los pueblos, para todos y cada uno de los seres humanos. Nuestra religión tiene que estar abierta a la buena noticia. No debemos dar por supuesto que somos portadores de esa buena noticia; mucho menos que somos los únicos depositarios de ella.

Es curioso que el término “católica” que significa universal, haya terminado significando solamente una parte de los seguidores de Jesús. Claro que el término universal se puede entender de dos maneras. Universal porque todos pertenezcan a ella. Universal por el objetivo de nuestra preocupación y nuestra entrega. Para mí, este segundo aspecto sería mucho más evangélico que el primero. Que el objeto de la preocupación, del cariño –en una palabra, del amor–, fueran todos los seres humanos sin excepción.

El relato era completamente verosímil en aquel tiempo. Todos, incluidos los más ilustrados, creían que el nacimiento de grandes personajes estaba precedido de fenómenos astrológicos. La aparición de una nueva estrella era el más común. El hecho de que fuera verosímil no quiere decir que el relato sea histórico. Los cristianos tenían motivos para apoyarse en tales relatos, una convencidos del significado Jesús.

Meditación

Al ver la claridad de la mañana
Sabemos que el sol está allí.
En Jesús vemos su resplandor
Y estamos seguros de que está en él.
También está en mí aunque no lo refleje

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Llegaron los Reyes Magos.

miércoles, 6 de enero de 2021
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reyes-magos2«Si encontramos nuestra alma, encontramos el centro del universo» (Joan Mascaró, Lámparas de fuego)

6 de enero. EPIFANÍA

Mt 2, 1-12

Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

La Epifanía, como manifestación de la presencia de Dios en el mundo, desborda toda frontera de mapas y calendarios anegando de luz, de verdad y de vida cuanto existe en todo tiempo y espacio.

Relatos religiosos como el de los Magos, profundamente inscritos en la consciencia mítica de diversas culturas, no dejan de ser símbolos en los que lo más importante es lo significado. Un Dios eternamente desplegado en cada una de sus criaturas, de cuya presencia el hombre necesita ser consciente para poder alcanzar su desarrollo y plenitud. A la conmemoración puntual de todo esto, llamamos Fiesta de la Epifanía.

 

Nadie lo han entendido mejor que los místicos, los artistas y los poetas. Todos han abordado estos hechos más por vía de la intuición –corazón– que por la razón –cabeza– propio de los eruditos. Aunque más ajustado sería considerarlos complementarios. No olvidemos que lo SENTImental engloba ambas dimensiones.

Esta fiesta nos invita a descubrir la epifanía, no solo en nosotros sino en todo y en todos los demás. A ofrecer, como hicieron los Magos, el oro de la aceptación de sus cualidades y defectos, el incienso de la tolerancia y aprecio de sus creencias, su cultura y su color. E igualmente -¿cómo no?- la mirra del respeto amoroso a nuestras raíces y ancestros, los reinos animal, vegetal y mineral.

Una vez sucedido esto, llegaron los pastores, y unos ángeles del cielo para cantarle al recién nacido el ¡Gloria in excelsis Deo!

Cuando los Reyes Magos regresaron a Mesopotamia pudieron escuchar el eco de este hermoso villancico que los ángeles cantaban en los campos de Belén:

Noche de paz, noche de amor, / Todo duerme en derredor / entre sus astros que esparcen su luz, bella / anunciando al niñito Jesús / brilla la estrella de paz, noche de paz, noche de amor.

Todo duerme en derredor / solo velan en la oscuridad / los pastores que en el campo están; y la estrella de Belén.

A todos un cordial y regio abrazo cargado de regalos, epifanía incluida. Termino con un poema de Góngora:

Al tramontar del sol la ninfa mía,
de flores despojando el verde llano,
cuantas troncaba la hermosa mano,
tantas el blanco pie crecer hacía.

Ondeábale, el viento que corría,
el oro fino con error galano,
cual verde hoja de álamo lozano
se mueve al rojo despuntar del día;

mas luego que ciñó sus sienes bellas
de los varios despojos de su falda
(término puesto al oro y a la nieve),

juraré que lució más su guirnalda,
con ser de flores, la otra ser de estrellas,
que la que ilustra el cielo en luces nueve

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Magda Bennásar: ¿Por qué revelación?

miércoles, 6 de enero de 2021
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estrella-belenDespués de que todo el montaje navideño termina es, tal vez, el momento de recuperar el sentido de lo que hemos celebrado y de lo que se nos ha comunicado.

Es muy propio de nuestra cultura griega buscar en el léxico algún término para explicar o describir lo vivido. Y muchas veces decimos: no encuentro la palabra, no sé cómo explicarlo… y no coincide siempre con grandes experiencias pero sí con experiencias reveladoras que quiere decir desveladoras de algo que antes estaba velado u opaco y que despacio se me presenta más claro o más diáfano.

Todo eso se resume en el corazón creyente, buscador, con un término proveniente del griego “epifanía”: revelación, manifestación. Navidad no es una fiesta familiar, así la hemos convertido quitándole mucho de su sentido propio y profundo en detrimento de nuestra fe. No porque una celebración familiar sea mala, Dios me libre, sino porque no es el significado propio y todo el montaje alrededor de familia, regalos, comidas, de encuentros y desencuentros muchas veces vela más que desvelar su sentido auténtico.

Y digo en detrimento de nuestra fe porque la comunidad cristiana nos pone delante de nuestros sentidos un montaje si queréis, muy distinto, y al no tener tiempo ni tal vez herramientas para desbrozarlo, se pasa, una vez más y seguimos corriendo buscando sentido, dejando atrás un reguero de contenidos, de manifestaciones, de epifanías sin recoger. Eran, son, el regalo del mismísimo Dios a ti, a tu familia, a la comunidad, al Universo.

En lenguaje simbólico bíblico una revelación es una estrella, es decir, una manifestación de Dios, es como una luz sesgada o indirecta que pasa a través de lo común y ordinario de nuestra vida.

Navidad, epifanía son momentos en nuestra vida en que se nos hace un poco de luz sobre el significado de todo, que tal vez seguimos sin entender pero empezamos a comprender a intuir a acoger en nuestro interior.

Puede ocurrir a través de alguien que “me escucha” o alguien que nos valora y acompaña, o alguien que con su vida, con su proyecto trae esperanza a la mía. Tal vez una circunstancia no buscada… Puede ser un encuentro con el Dios del silencio que nos habita y acompaña en la noche y de pronto su Palabra, su Presencia tenue me regala paz, renueva mi confianza, aunque siga sin entender en la noche. Es algo así eso de la estrella, como decimos “estrella fugaz”…sólo quien está atento y despierto la percibe, la siente, la ve.

Es propia en este momento de la reflexión la pregunta ¿quién o qué ha sido estrella, revelación en mi vida, en este año que estamos despidiendo, mientras el otro empuja con ganas y con vida nueva para los despiertos?

La conclusión sería, si algo, alguien…ha traído luz, es Dios quien te habla a través de ello o ell@s. No dejes que sea fugaz. Es la ruta que te indica por donde ir, por donde llegar.

Nuestra historia de salvación está llena de personas que a la luz de lo normal son diferentes. Son mujeres y hombres que acogen en sueños o despiertos esas delicadas luces que sólo el Dios del amor puede regalar con esa delicadeza. Ella no busca deslumbrar ni interferir en tus grandes planes y proyectos. Por eso luz sesgada, tímida e indirecta porque respeta que nosotros decidamos. El amor no impone, espera.

Eso sí, si algo o alguien ha sido luz, prioriza, no lo dejes, es tu luz para tu camino. Este es el regalo de Reyes y también el nuestro, de nuestra pequeña comunidad.

Si te sirve nosotras intentamos ese camino y no digo que sea fácil pero es liberador y gozoso, acompañado de nubarrones pero siempre, siempre hay experiencias, personas, que son lámpara, por lo menos para ese tramo del camino de nuestra vida.

No se trata de propósitos, se trata de seguir la luz que el corazón inteligente te insinúa.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

 Fuente Fe Adulta

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Seguir la estela de la estrella

miércoles, 6 de enero de 2021
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estrella_belenDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Hemos visto salir su estrella.Un breve encuadre:
  •  Los del partido y los que no lo son”:

Los magos –paganos-extranjeros- han visto brillar la luz de la estrella en la noche de la vida. Los gramáticos -que esa es la palabra que usa el evangelio, para designar a los “ingenieros del Obispado” de Jerusalén- también llegaron a la misma conclusión de que la estrella había de aparecer en Belén. Pero la lectura del mismo hecho es bien diferente.

El relato tiene un doble movimiento:

  •  Amar la verdad (Luz) o el poder (Herodes).

Los magos y Herodes buscan al niño, ¿dónde está el rey de los judíos? / Id y averiguad qué hay del niño. Pero las intenciones y los motivos por los que buscan al niño no son los mismos

  •  Entre cristianos de toda la vida y los advenedizos.

Los judíos -el pueblo- no se han percatado del nacimiento de la Luz, en cambio los paganos, magos, sí. Los paganos le buscan y le acogen, los judíos, no.

  •  Caminos hay muchos.

El camino de los magos es completamente diverso al camino de Herodes. La intencionalidad a la hora de escoger un camino puede ser muy distinta.

  1. Dónde estás y dónde está Dios (la salvación)?

Para quien vive medianamente consciente, la vida hace una pregunta potente y a dos tiempos.

         ¿Dónde estás? ¿dónde está Dios? Hoy la escuchábamos en el relato de los magos, ¿dónde está el rey de los judíos?

         Esta cuestión aparece muchas veces en la Biblia y en la vida. Hago alusión a dos momentos clave.

El Señor Dios llamó al hombre (Adán) diciendo ¿dónde estás? (Gn 3,9)

Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. Soy yo acaso guardián de mi hermano? (Gn 4,9)

         ¿Dónde estás?

         Cuando Dios, la profundidad de la vida, le pregunta a Adán, al ser humano: ¿dónde estás? no le está preguntando si ha salido a dar una vuelta por los jardines de Alderdi eder (paraíso terrenal), sino que en ciertos momentos de la vida universal (el homo sapiens) y de nuestra vida personal, la existencia, Dios, los problemas, las adiciones, las crisis nos preguntan: ¿Dónde estás? ¿En qué situación, en qué momento de la vida me encuentro?

         ¿Dónde y cómo estoy en la vida?

         El lugar del hombre es Dios.

         ¿Dónde está tu hermano?

         Antes de nosotros, alguien fue el primer Caín. Cuando en la larga evolución surge la libertad, surge el mal, Caín. Alguien fue también Abel. Dios le pregunta a Caín, (que somos nosotros): ¿dónde está tu hermano?

         ¿Dónde están nuestros hermanos y si nos importan. Nosotros no somos con Caín que mató a su hermano de un golpe de quijada, pero en el mundo islámico están matando a no pocos cristianos, ¡cuántos niños (y no niños) mueren de paludismo y de hambre! ¡Cuántas mujeres maltratadas! ¡Cuántas familias y hermanos que no se hablan ni se tratan, pateras, cuánto paro mientras las -los-multinacionales siguen llevándose el dinero a espuertas! ¿Habrá negocio e intereses en las mismas vacunas actuales?

¿Dónde está tu hermano?

Dice el papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti:

 Miremos finalmente al hombre herido. A veces nos sentimos como él, malheridos y tirados al costado del camino. Nos sentimos también desamparados por nuestras instituciones desarmadas y desprovistas, o dirigidas al servicio de los intereses de unos pocos, de afuera y de adentro. Porque «en la sociedad globalizada, existe un estilo elegante de mirar para otro lado que se practica recurrentemente: bajo el ropaje de lo políticamente correcto o las modas ideológicas, se mira al que sufre sin tocarlo, se lo televisa en directo, incluso se adopta un discurso en apariencia tolerante y repleto de eufemismos, (FT 76)

  1. ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?

         La pregunta nos lleva también a buscar a Dios. ¿Dónde está el Rey que nos ha nacido? También en la Biblia aparece frecuentemente formulada esta cuestión:

¿Dónde está el camino a la morada de la Luz? (Job 38,19.24)

¿Toda la vida me echan en cara: Dónde está tu Dios? (Salmo 42, 3.10)

         Todo ser humano busca a Dios aún de modo “inconsciente” e incluso equivocado. Decían san Agustín que, quien busca el placer y la felicidad, en el fondo está buscando a Dios.

         Yo creo que esta búsqueda es motivo de alegría y serenidad.

  • ü Alegría porque nuestra vida es un caminar hacia Dios (moralinas de segunda división aparte).
  • ü Serenidad porque muchas veces nos “desesperamos” ante la situación de descristianización, de ocaso cultural, y pensamos que todo se viene abajo. También hay búsquedas en las corrientes de agua de nuestro tiempo, de nuestras gentes y jóvenes.
  1. Mira la estrellas.
  •  Dios le mandó a Abraham: Mira las estrellas. (Gn 15,5). En aquel contexto de transhumancia, pastoreo, etc., no había templos, ni la religión estaba instalada. Por eso Dios, el horizonte y la esperanza estaba en las estrellas. Las estrellas eran (ya no sé si lo son) un poco de luz, orientación en la noche, división del tiempo: invierno, verano, etc. Mira las estrellas.

Es lo que hacen los Magos: siguen la estrella, siguen la estela de la estrella.

  •  Y llegan a Jerusalén. Pero en Jerusalén nadie ha visto la estrella, posiblemente con la excepción de unos pastores.
  •  Hoy en día, como Abraham, vivimos en transhumancia, a descampado. ¿Quién lo sabe todo, quién tiene la palabra mágica que soluciona las cosas? En muchos asuntos y problemas apenas sabemos decir una palabra. (Buen ejemplo de ello es la pandemia que estamos viviendo). Mira las estrellas y camina, que parece que es “por allá”

¿Miro las estrellas, los signos y acontecimientos que hablan y abren hacia la Luz?

Un momento de oración, una lectura, un logro de la ciencia, un diálogo familiar o político por la paz son pequeñas estrellas, quizás solamente fragmentos de luz, pero valiosos.

  1. Adoraron al niño y se volvieron a casa por otro camino.

         “Estrellas y figuras” hay muchas, más bien ídolos, y en todos los campos: política, espectáculo, deporte, eclesiásticos, etc. Pero a esos no hay que adorar: solamente adorarás al Señor tu Dios.

         Los cristianos adoramos a un pobre niño, no a Herodes y a los muchos Herodes que pululan por la historia.

Vamos a darle al “intro” personal y a pensar en las diferencia que hay entre el niño de Belén y Herodes, o, lo que es lo mismo, pensemos en las diferencias que hay en el niño que viene en el vientre de su madre en una patera y los jefes de gobierno europeos, pongamos por caso.

Nosotros adoramos al niño de Belén, al de la patera, es decir: la sencillez, la pobreza, la libertad, la vida, la humildad.

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En el principio…

domingo, 3 de enero de 2021
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médium_TracyAlexander_1


La Palabra

En el principio
–antes del espacio-tiempo–
era la Palabra
Todo lo que es pues es verdad.
Poema.
Las cosas existen en forma de palabra.
Todo era noche, etc.
No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas.
Era la palabra. (Palabra amorosa.)
Misterio y a la vez expresión de ese misterio.
El que es y a la vez expresa lo que es.
«Cuando en el principio no había todavía nadie
él creó las palabras (naikino)
y nos las dio, así como la yuca»
en aquella traducción amarillenta anónima del alemán
de una parte del gran librón de Presuss
que yo encontré en el Museo Etnográfico de Bogotá
traducción al español de Presuss traduciendo del uitoto al alemán:
La palabra de sus cantos, que él les dio, dicen ellos,
es la misma con que hizo la lluvia
(hizo llover con su palabra y un tambor),
los muertos van a una región donde «hablan bien las palabras»;
río abajo: el río es muy grande
(lo que han oído del Amazonas según Presuss)
allí no han muerto de nuevo
y se encuentran bien río abajo sin morir.
Día llegará en que iremos río abajo nosotros.
En el principio pues era la palabra.
El que es y comunica lo que es.
Esto es:
el que totalmente se expresa.
Secreto que se da. Un sí.
Él en sí mismo es un sí.
Realidad revelada.
Realidad eterna que eternamente se revela.
Al principio…
Antes del espacio-tiempo,
antes que hubiera antes,
al principio, cuando ni siquiera había principio,
al principio,
era la realidad de la palabra.
Cuando todo era noche, cuando
todos los seres estaban aún oscuros, antes de ser seres,
existía una voz, una palabra clara,
un canto en la noche.
En el principio era el Canto.
Al cosmos él lo creó cantando.
Y por eso todas las cosas cantan.
No danzan sino por las palabras (por las que fue creado el mundo)
dicen los uitotos. «Sin razón no danzamos».
Y nacieron los grandes árboles de la selva,
la palma canaguche, con sus frutos para que bebiéramos,
además el mono-choruco para que comiera los árboles,
el tapir que come en el suelo los frutos,
el guara, el borugo para comer la selva,
él creó a todos los animales como la nutria, que come pescado,
y a la nutria pequeña,
él hizo todos los animales como el ciervo y el chonta-ciervo,
en el aire al águila real que come a los chorucos,
creó al sidyi, al picón, al papagayo kuyodo,
los pavos eifoke y forebeke, al bakital, al chilanga, el hokomaike,
el patilico, el papagayo sarok,
el kuikudyo, el fuikango, el siva y el tudyagi,
el pato hediondo, la mariana que ahora sabe comer peces,
el dyivuise, el siada, el hirina y los himegisinyos
y sigue el poema uitoto
en la anónima traducción al español de
la de Presuss del uitoto al alemán
engavetada en el Museo.
«Aunque digan: ellos danzan sin motivo. Nosotros
en nuestras fiestas narramos las narraciones.»
Que Presuss recogió pacientemente en un gramófono hace años
y tradujo al alemán.
Los muertos: ellos han retomado a la palabra creadora
de la que brotaron con la lluvia, los frutos y los cantos.
«Si nuestras tradiciones fueran solamente absurdas,
estaríamos tristes en nuestras fiestas.»
Y la lluvia una palabra de su boca.
Él creó el mundo mediante un sueño.
y él mismo es algo así como un sueño. Un sueño que sueña.
Le llaman Nainuema, según Presuss:
«El que es (o tiene) algo no existente.»
O como un sueño que se hizo real sin perder su misterio de sueño.
Nainuema: «El que es ALGO muy real no-existente.»
Y la tierra es Nicarani, «lo soñado», o «la visión soñada»:
lo nacido de la nada como un sueño del Padre.
El Génesis según los Witotos o Huitotos o Uitotos.
En el principio
antes del Big Bang
era la Palabra.
No había luz
la luz estaba dentro de las tinieblas
y sacó la luz de las tinieblas
las apartó a las dos
y ese fue el Big Bang
o la primera Revolución.
Palabra que nunca pasa
el cielo y la tierra pasarán…»)
Ha quedado un lejano rumor en el universo
de aquella explosión
como estática de radio.
Y empezó la danza dialéctica celeste.
«El yang llama;
el yin responde.»
Él es en el que toda cosa es.
Y en el que toda cosa goza.
Toda cosa coito.
Todo el cosmos cópula.
Todas las cosas aman, y él es el amor con que aman.
«El yang llama;
el yin responde.»
Son los dos coros.
Son los dos coros que se alternan cantando.
Y Pitágoras descubrió la armonía del universo
oyendo el martillar de un herrero.
Esto es: el movimiento isotrópico –uniforme y armonioso–
del universo.
La Creación es poema.
Poema, que es «creación» en griego y así
llama S. Pablo a la Creación de Dios, POIEMA,
como un poema de Homero decía el Padre Ángel.
Cada cosa es como un «como».
Como un «como» en un poema de Huidobro.
Todo el cosmos cópula.
Y toda cosa es palabra,
palabra de amor.
Sólo el amor revela
pero vela lo que revela,
a solas revela,
a solas la amada y el amado
en soledad iluminada,
la noche de los amantes,
palabra que nunca pasa
mientras el agua pasa bajo los puentes
y la luna despacio sobre las casas pasa.
El cosmos
palabra secreta en la cámara nupcial.
Toda cosa que es verbal.
Mentira es lo que no es.
Y toda cosa es secreto.
Oye el susurro de las cosas…
Lo dicen, pero dicen en secreto.
Sólo a solas se revela.
Sólo de noche en lugar secreto se desnuda.
El cósmico rubor.
La naturaleza: tímida, vergonzosa.
Toda cosa te baja los ojos.
-Mi secreto es sólo para mi amado.
Y no es el espacio, mudo.
Quien tiene oídos para oír oiga.
Estamos rodeados de sonido.
Todo lo existente unido por el ritmo.
Jazz cósmico no caótico o cacofónico.
Armónico. Todo lo hizo cantando y el cosmos canta.
Cosmos como un disco oscuro que gira y canta
en la alta noche
o radio romántico que nos viene en el viento.
Toda cosa canta.
Las cosas, no creadas por cálculo
sino por la poesía.
Por el Poeta («Creador» =POIÊTÉS)
Creador del POIEMA.
Con palabras finitas un sentido infinito.
Las cosas son palabras para quien las entienda.
Como si todo fuera teléfono o radio o t.v.
Palabras a un oído.
¿Oís esas ranas?
¿y sabés qué quieren decirnos?
¿Oís esas estrellas? Algo tienen que decirnos.
El coro de las cosas.
Melodía secreta de la noche.
Arpa eolia que suena sola al sólo roce del aire.
El cosmos canta.
Los dos coros.
«El yang llama;
el yin responde.»
Dialécticamente.
¿Oís esas estrellas? Es el amor que canta.
La música callada.
La soledad sonora.
«La música en silencio de la luna», loco Cortés.
La materia son ondas.
¿Y las ondas? Preguntas.
Un yo hacia un tú.
Que busca un tú.
Y esto es por ser palabra todo ser.
Por haber hecho al mundo la palabra
podemos comunicarnos en el mundo.
–Su palabra y un tambor…
Somos palabra
en un mundo nacido de la palabra
y que existe sólo como hablado.
Un secreto de dos amantes en la noche.
El firmamento lo anuncia como con letras de neón.
Cada noche secreteándose con otra noche.
Las personas son palabras.
Y así uno no es si no es diálogo.
Y así pues todo uno es dos
o no es.
Toda persona es para otra persona.
¡Yo no soy yo sino tú eres yo!
Uno es el yo de un tú
o no es nada.
¡Yo no soy sino tú o si no no soy!
Soy Sí. Soy Sí a un tú, a un tú para mí,
a un tú para mí.
Las personas son diálogo, digo,
si no sus palabras no tocarían nada
como ondas en el cosmos no captadas por ningún radio,
como comunicaciones a planetas deshabitados,
o gritar en el vacío lunar
o llamar por teléfono a una casa sin nadie.
(La persona sola no existe.)
Te repito, mi amor:
Yo soy tú y tú eres yo.
Yo soy: amor.

*

Ernesto Cardenal
Cántico cósmico, 1992
Editorial Trotta, Madrid 1992

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Iglesia de Nuestra Señora de Solentiname
Archipiélago de Solentiname
Nicaragua

***

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz, sino testigo de la luz.

La palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.

Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:
-“Este es de quien dije: el que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”.

Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

*

Jn 1, 1-18

***

 

Amad sobre todo a los pobres, los pequeños, los pecadores, los despreciados que son a su vez la más viva encarnación de Cristo, las ovejas más amadas y predilectas de su grey. Amadlos como son, con su aspecto de miseria y de pecado. Este es su mayor título para vuestro amor. El Salvador no ha venido por los justos, sino por los pecadores. “Hacerse uno de ellos” es enriquecerse con su contacto, despojándose de la ilusión de deber llevarles siempre alguna cosa. Esto requiere un alma totalmente abierta y disponible.

El amor, el auténtico amor, es muy exigente: amar como ama Cristo Jesús; estar dispuestos a dar la propia vida como Jesús por los pequeños, los más miserables de nuestros hermanos. Es por esto, y sólo por esto, que seréis reconocidos como sus discípulos y sus amigos.

Preferid siempre a los más pequeños de entre los pobres, los que el mundo rechaza, los que no encuentran otro lugar donde refugiarse que bajo los arcos del acueducto o los fosos de las ruinas romanas (…). Id en busca del miserable, del condenado, del culpable que se esconde y tiene vergüenza, preguntándose quién podrá amarlo aún como amigo. Por esto buscamos aproximarnos a los encarcelados en la miseria moral de sus prisiones:

*

Magdeleine de Jesús,
Cartas a las hermanitas, inédito.

19302643647

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

“Vivir sin acoger la Luz”. 2 Domingo de Navidad – B (Juan 1,1-18)

domingo, 3 de enero de 2021
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FB2F5F63-ABF6-4C3C-8E3E-9BECA0E38005Todos vamos cometiendo a lo largo de la vida errores y desaciertos. Calculamos mal las cosas. No medimos bien las consecuencias de nuestros actos. Nos dejamos llevar por el apasionamiento o la insensatez. Somos así. Sin embargo, no son esos los errores más graves. Lo peor es tener planteada la vida de manera errónea. Pongamos un ejemplo.

Todos sabemos que la vida es un regalo. No soy yo quien he decidido nacer. No me he escogido a mí mismo. No he elegido a mis padres ni mi pueblo. Todo me ha sido dado. Vivir es ya, desde su origen, recibir. La única manera de vivir sensatamente es acoger de manera responsable lo que se me da.

Sin embargo, no siempre pensamos así. Nos creemos que la vida es algo que se nos debe. Nos sentimos propietarios de nosotros mismos. Pensamos que la manera más acertada de vivir es organizarlo todo en función de nosotros mismos. Yo soy lo único importante. ¿Qué importan los demás?

Algunos no saben vivir sino exigiendo. Exigen y exigen siempre más. Tienen la impresión de no recibir nunca lo que se les debe. Son como niños insaciables, que nunca están contentos con lo que tienen. No hacen sino pedir, reivindicar, lamentarse. Sin apenas darse cuenta se convierten poco a poco en el centro de todo. Ellos son la fuente y la norma. Todo lo han de subordinar a su ego. Todo ha de quedar instrumentalizado para su provecho.

La vida de la persona se cierra entonces sobre sí misma. Ya no se acoge el regalo de cada día. Desaparece el reconocimiento y la gratitud. No es posible vivir con el corazón dilatado. Se sigue hablando de amor, pero «amar» significa ahora poseer, desear al otro, ponerlo a mi servicio.

Esta manera de enfocar la vida conduce a vivir cerrados a Dios. La persona se incapacita para acoger. No cree en la gracia, no se abre a nada nuevo, no escucha ninguna voz, no sospecha en su vida presencia alguna. Es el individuo quien lo llena todo. Por eso es tan grave la advertencia del evangelio de Juan: «La Palabra era luz verdadera que alumbra a todo hombre. Vino al mundo… y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron». Nuestro gran pecado es vivir sin acoger la luz.

José Antonio Pagola

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“La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”. 2º Domingo después de Navidad. 03 de enero de 2021.

domingo, 3 de enero de 2021
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BB2DD6FD-AE48-43A5-9E16-193986032301De Koinonia:

Eclesiástico 24. 1-4. 12-16: La sabiduría de Dios habitó en el pueblo escogido.
Salmo Responsorial 147La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
Efesios 1, 3-6. 15-18: Nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Juan 1, 1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

  (Jn.1,1-18)  La Iglesia en este domingo en el que seguimos reviviendo el tiempo de la encarnación de Dios, nos ofrece la oportunidad de profundizar en el misterio del Niño nacido en Belén: “Hay mucho que ahondar en Cristo, –escribió san Juan de la Cruz– porque es como una abundante mina con muchos tesoros, que, por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término”.

Por eso hoy oramos con el autor de la carta a los Efesios, que Dios nos “conceda un espíritu de sabiduría y una revelación que nos permita conocerlo plenamente”. El texto evangélico de hoy es un canto al misterio de la Palabra que está en el seno del Padre dirigiéndose a él desde toda la eternidad. Esta Palabra ha puesto su tienda en medio de nosotros, llevando a cumplimiento aquella misericordia de Dios, que existe ya en el Antiguo Testamento en las intervenciones de Dios en favor de su pueblo y en el don de su Palabra.

La Palabra se ha hecho carne; ha querido hacerse uno de nosotros; y a veces este hecho lo tomamos como algo tan natural que no llega a sorprendernos; ¡claro que es sorprendente que Dios haya querido hacerse uno de nosotros, que haya querido morar entre nosotros y vivir entre los hombres! Debe sobrecoger nuestro corazón el conocer que el Dios en el que creemos, el Creador de todo…quiso enviar a su Hijo, a su único Hijo para que pusiera su morada entre nosotros.

Ha acampado para siempre entre nosotros Jesucristo. Creyentes y no creyentes podemos redescubrir en Él valores perdidos, despertar sentimientos positivos, recuperar la alegría de vivir.

Dios está entre nosotros: Se ha hecho hombre, semejante en todo a nosotros menos en el pecado. Hagamos nuestras las palabras del profeta Isaías: Regocíjate, Jerusalem, rompe a cantar a coro, que el Señor consuela a su pueblo y viene a visitarnos.

Cómo no amar y seguir a Dios hecho hombre…si creemos lo que no vemos…cuánto más amar y decidir nuestra vida por el que ha vivido entre nosotros; la Palabra se ha hecho carne; el Verbo eterno de Dios, el que vivía antes de la creación del mundo…se ha bajado y se ha hecho uno de nosotros…para hacer de nosotros hijos de Dios.

Hemos de sorprendernos cada día con este hecho tan admirable…con la encarnación verdadera de Dios; por eso celebramos durante estos 8 días el mismo acontecimiento: Que Dios se ha hecho uno de nosotros, que Dios nos mira con ojos de niño, con la mirada tierna y dulce de un bebé recogido en los brazos de una Madre que nos lo ofrece con todo su amor.

Recibamos a la Palabra con mayúscula, vivamos de verdad su evangelio, su buena noticia y dejémonos amar por El.

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3 Enero 2021. Dom 2 después de Navidad. «El Principio es la Palabra, Luz de futuro sobre la cueva de la nada»

domingo, 3 de enero de 2021
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Del blog de Xabier Pikaza:

El 3 de enero 2021 (donde no se celebra la Fiesta de Reyes o Epifanía), la liturgia católica retoma y reelabora el motivo central de la Navidad, y lo hace con el Evangelio de Juan 1, 1-18, que no repito aquí por bien conocida.

Cada nacimiento es ya una «resurrección», despliegue y presencia de Dios en forma humana. En un plano somos para «morir», pero en otro nacemos para «resucitar», empezando a recorrer el camino de Dios que es la Vida en cada uno y en todos. Somos Palabra encarnada,  Llamada de eternidad, Luz de futuro sobre el vacío de la cueva de Nada, y así nos elevamos, para Ser en Plenitud, es decir, en Dios, siendo así nosotros mismos, en Amor.

En este contexto quiero ofrecer  unas páginas finales de la Teología de la Biblia, donde he vinculado la Navidad con la Resurrección,  según el evangelio. Son páginas algo técnicas, pero pueden ayudarnos a entender el contenido y meta de la novedad cristiana de la Vida.

| X. Pikaza

Primera y segunda humanización

La primera se dio cuando el proceso biológico, propio del despliegue de la vida, se abrió por dentro a fin de que surgieran seres conscientes de sí mismos, es decir, personas capaces de escuchar, responder y dialogar, acogiendo y dando vida. Los códigos genéticos siguieron actuando, con su pequeño campo de variantes, pero el genoma se estabilizó de un modo distinto, fuerte,y selectivo. Quedaron marginadas en la rueda de la historia otras formas de humanidad, quizá destruidas por nuestros antepasados. Triunfó el sapiens sapiens que nosotros somos: un animal abierto al pensamiento, enfermizo y genial, violento y capaz de abrirse en formas de comunicación gratuita, un ser cuya evolución no es ya genética sino cultural, pues se realiza a través de la Palabra.

La misma constitución biológica nos impulsó a vivir en un nivel de libertad y palabra personal, de manera que sin ella seríamos inviables como humanos. De aquella ruptura y de aquel nacimiento a la Palabra provenimos, en ella nos mantenemos, como habitantes de dos mundos: somos cuerpo-genoma y persona-libertad, biología y palabra, un haz de deseos violentos y una palabra abierta a la comunicación universal y a la vida compartida. De aquella ruptura provienen las sociedades de la historia, que ahora (año 2021) están en crisis, de manera que el ser humano corre el riesgo de expirar, a no ser que “resucitamos” de un modo distinto, en la Palabra, renaciendo a través del mensaje y camino personal de Dios, como se expresa en el bautismo de Jesús (de los cristianos).

Esta segunda hominización está fundada en la primera y debe conducirnos del plano biológico‒legal en que hemos vivido, superando los riesgos del sistema actual (bajo dominio de Mammón), para pasar a un nivel más alto de comunicación y libertad (en la línea de la pascua y nacimiento de Jesús, Hijo de Dios), a través de la palabra recibida, compartida, regalada[2]. En esa línea, los cristianos afirman que los hombres nuevos han comenzado a realizarse ya en la Pascua de Jesús, actualizada en el bautismo, que hace a los hombre hijos de Dios, presencia suya, portadores de su Gracia, capaces de poner los instrumentos y medios del sistema al servicio del amor personal, es decir, de la Palabra de comunicación en gratuidad, como resucitados.

B6B1E668-6361-421A-AB20-83F7B7D4A3E8La humanización mesiánica de Jesús podrá tener momentos traumáticos, como los tuvo la primera, pero el mismo Dios de Cristo la impulsa y sostiene. Ciertamente, la podemos y debemos preparar, pero no planificar técnicamente, pues ella sólo puede avanzar (expresarse, revelarse) por caminos de libertad gratuita, que no están dispuestos de antemano, en la línea de la resurrección de Cristo. Sin duda, esta segunda humanización, centrada en el «gen mesiánico» (que es Cristo), corre el riesgo de quedar aplastada por la opresión de un sistema de violencia económica, social y personal. Pero estamos convencidos de que ella avanzará y será más creadora que la anterior, bajo el impulso de unos hombres y mujeres que se descubren hijos de Dios, portadores de su vida, en Cristo[3].

La primera humanización se dio en forma de paso de la pura biología a la conciencia y pensamiento y de ella emergió lo que hemos sido y todavía somos. La segunda, que se apoya en la primera, pero que la desborda, nos ha de elevar sobre el nivel del pensamiento racional y del sistema económico‒social de violencia, que hemos ido creando en el tiempo, para así recuperar (acoger) el don de la Palabra gratuita de vida que se ofrece y comparte. Sin duda, los poderes culturales que el hombre ha desarrollado (en la línea de Belcebú y Mammón) son importantes. Pero si avanza sólo en esa línea de dominio y esclavitud del sistema económico‒social, el hombre acabará destruyéndose a sí mismo.El modo de vida actual ofrece al hombre grandes posibilidades, pero cerrado en sí, en un plano de ley de poder económico‒social (en línea Mammón), nos acabaría destruyendo[4].

Nuevo nacimiento, es decir: resurrección. 

La misión cristiana, centrada en el Nacimiento y Resurrección de Jesús, no quiere convertir simplemente a los no cristianos en cristianos en su forma actual, ni imponer su credo (pues si lo impusiera dejaría de ser credo), sino abrir caminos de comunicación gratuita y donación de vida, en la línea de los hebreos del Éxodo y de los primeros cristianos, renacidos por la resurrección de Jesús. Ese modelo ofrece una propuesta de humanización pascual, fundada en el Cristo, que resucita y vive en los creyentes (formando con ellos un “cuerpo”).

Resurrección y encarnación cristiana. En un sentido, la muerte ha sido un momento esencial del proceso biológico, pues sólo a través del tanteo-error, vinculado a la destrucción de los individuos, ha podido avanzar la humanidad como especie. Ese aspecto de muerte a favor de la especie ha sido recogido en la experiencia sacrificial de muchas religiones en las que el grupo sacrifica y ofrece a Dios la vida de algunos de sus miembros (o unos animales sustitutivos) para expresar y fomentar el bien del conjunto (un tipo de paz dentro del grupo). En esa perspectiva, pero en un nivel más alto, podemos entender la muerte de Jesús, que ha entregado su vida al servicio del Reino, pero no como sacrificio fundado en la violencia de Dios, sino, al contrario, como expresión de la gracia de Dios, que libera a los hombres de la fatalidad del destino y de la muerte, haciéndoles capaces de vivir en amor, dando así vida a los otros.

Esta experiencia nos sitúa ante el Sermón de la Montaña, que interpretamos como mensaje para resucitados mesiánicos. Ciertamente, hay otros rasgos valiosos del evangelio, pero pueden quedar en un segundo plano. En el principio se encuentra la experiencia del amor gratuito que los cristianos han de ofrecer y compartir con todo los hombres y mujeres del mundo, antes de preguntarles por su religión, pues la Biblia no es un libro de imposición eclesial, sino de diálogo y comunicación para los cristianos, en apertura de gracia a todos los hombres y a todos los pueblos[6].

Sólo allí donde la vida se regala (muriendo por los otros) puede surgir una experiencia superior de resurrección, esto es, de nueva y más alta humanidad. Dentro del proceso biológico, las plantas y animales que mueren por la evolución desaparecen y no existen más, pues no tienen individualidad, sólo perduran en sus descendientes. De un modo distinto, en la línea del mensaje y pascua de Jesús, los hombres que entregan o regalan la vida por los otros no mueren (de forma que se acaba lo que han sido), sino que resucitan, porque tienen individualidad, son personas concretas, en Cristo, y de esa forma viven precisamente en aquellos a quienes dan la vida, viviendo en el Dios que les acoge, porque él es, por Jesús, Presencia de Vida, resurrección de los muertos.

Entendida así, la resurrección no es algo del fin de los tiempos, cuando se ratifique la justicia escatológica (como pretendían muchos apocalípticos), sino que empieza en esta misma historia, en gesto de comunicación personal. Desde ese fondo se ilumina un elemento clave del mensaje de Jesús, conforme al cual la ofrenda de la vida a los demás (morir por ellos) significa renacer en Dios, en un nivel más alto, para una forma de vida compartida, resucitando al mismo tiempo en los hombres por quienes y para quienes se ha vivido (cf Mt 16, 25; Jn 12, 25).

En este contexto venimos hablando de una nueva humanización, en la que culmina la primera, para añadir que, invirtiendo el modelo de imposición del sistema dominante (que destruye y mata a los excluidos), el evangelio de Jesús sitúa a los hombres (empezando por los pobres y excluidos), en el comienzo de una nueva humanidad, de forma que la vida de los que mueren renace en la de aquellos que siguen viviendo (y en la de todos los resucitados en Cristo). Teniendo esto en cuenta, los cristianos han podido celebrar el Nacimiento de Jesús (Navidad) como fiesta de la Encarnación de Dios, que se introduce en la trama de la historia humana, pero no para seguir estando arriba, como han supuesto algunos, sino para formar parte del mismo despliegue humano, de manera que todo nacimiento personal es Nacimiento-Presencia de Dios (Navidad, encarnación) y toda muerte en unión con los demás es Pascua de Dios (Resurrección, en Cristo y como Cristo).

Muerte y nuevo nacimiento se vinculan, de tal forma que el proceso de evolución de las especies (que podía interpretarse como voluntad de poder) se traduce como despliegue gratuito y creador de vida, como resurrección en medio de la historia. Frente al sistema que se impone por presión, marginando de manera intolerable a los menos afortunados, el camino de encuentro o comunión en gratuidad se abre a todos los hombres y, de un modo especial, a los pequeños y expulsados.

En la evolución de las especies, la correlación entre vivientes está marcada por la ley selección y victoria de los más fuertes o adaptados, en línea de azar y necesidad. Por el contrario, en este contexto de resurrección, la relación entre los hombres y mujeres se define en términos de comunicación gratuita, con el “triunfo” y resurrección de los marginados, las víctimas del sistema (pero no para imponerse por venganza sobre los dominadores, sino para ofrecer a todos vida). Cada uno existe en la medida en que acoge a los demás y se entrega a ellos, en comunión de vida[7].

Una conclusión abierta. Como vengo diciendo, hemos surgido por evolución biológica. En ese nivel vivimos y en ese seguimos naciendo y muriendo, como seres personales, llamados por Dios a ser en y como él, en un mundo del que no podemos salir, pues somos mundo y como individuos nos hallamos inmersos dentro de un breve proceso vital, que empieza con el nacimiento y termina con la muerte. Pero tampoco nos podemos salvar únicamente en este mundo, en su forma actual, si rompemos de raíz nuestra relación con Dios, que es la Vida total de la Realidad, ni tampoco si empleamos métodos de manipulación y dominio, sin abrirnos a la gratuidad originaria de la Vida de Dios (que es raíz de toda vida). Los proyectos de organización puramente eu-genética y técnica que quieren definir al hombre solamente con métodos de ciencia, acaban siendo destructores, pues borran la Presencia del misterio y se oponen la libertad dialogal y creadora de los hombres[8].

Sin duda, las ciencias genéticas pueden y deben ayudar en un plano exterior, de condicionamientos biológicos, pero ellas resultan incapaces de «crear», pues el hombre no es un artificio que se pueda construir y programar técnicamente(como un PC o computadora), sino un viviente que surge en un proceso de engendramiento personal, por la palabra de otras personas que le llaman a la vida, en gesto de comunicación y afecto donde viene a desvelarse la Palabra‒Presencia suprema, pues de la Palabra de Dios nacemos, y en ella nos movemos y existimos.

Hemos nacido así por la Palabra, como seres racionales, capaces de comunicarnos en un plano simbólico, creando redes objetivas de relación familiar y social, económica y administrativa, que pueden precisarse y culminar en forma de sistema. Significativamente, la organización técnica del sistema (con sus planificaciones económicas y administrativas) se ha olvidado o ha dejado muchas veces en un segundo plano este «mundo de la vida», fundado en la Palabra personal y en la libertad de amor, convirtiendo al hombre en pura máquina.

Pues bien, allí donde los hombres nos cerramos en ese nivel de sistema, como piezas de un gran todo, organizado desde fuera, destruimos nuestro ser más hondo, poniendo nuestra esencia (libertad personal) en manos de algo que nosotros mismos fabricamos, para acabar así muriendo. Aquí no es posible la neutralidad: o nos abrimos a un nivel de gracia superior (de comunicación personal, en libertad) o nos destruimos a nosotros mismos. Quizá pudiéramos formularlo de otra manera: o nos dejamos transformar por la Palabra de Dios que es Cristo, revelación de su Presencia, o acabamos en manos de la Bestia o Diablo que nosotros mismos vamos segregando, como parásito que al fin nos devora.

1.- Debemos renacer en gracia, por amor de (y a) los demás. Por eso, si queremos vivir en plenitud debemos retornar en gesto de fe (reconocimiento agradecido) al lugar del nacimiento, esto es decir, al tiempo y lugar en que surgimos como seres personales. Ésta es nuestra tarea, éste el reto de la antropología bíblica: retornar humildemente con nuestro inmenso saber técnico, con las potencialidades del sistema, al lugar del surgimiento y despliegue humano, al mundo de la vida de Dios, que se expresa en cada uno de los seres personales que nacen y crecen en el mundo. Si el sistema triunfara del todo, logrando imponerse desde arriba y fabricar a los hombres como artefactos, el hombre se destruiría, en la línea de condena a muerte anunciada en Gen 2‒3: “El día en que comáis del fruto del árbol de conocimiento del bien y del mal moriréis…”. No es que nos mate o destruya un Dios, sino que nos destruimos nosotros mismos, a pesar y en contra de Dios[9].

2.- Muerte y nacimiento aparecen así vinculadas, como dos momentos esenciales del mismo proceso humano, desbordando el nivel del puro engendramiento biológico, superando el plano de un sistema de pura fabricación. En sentido estricto, los restantes vivientes y animales no nacen ni mueren, pues carecen de autonomía personal, de forma que no son más que partes o momentos de un único proceso genético. Sólo los hombres nacen de verdad, como Presencia personal de Dios, brotando de su Vida a través de la vida y amor de unos padres (de un entorno social, de una iglesia). Por eso, sólo ellos, los hombres pueden morir realmente, pues de verdad han nacido, y en esa línea debemos añadir que la muerte de aquellos que van dando la vida por los otros es muerte pascual, principio de nuevo nacimiento (morimos dando vida a otros y resucitando en ellos, como Jesús, culminando así como personas en la “memoria” de Dios)[10].

Notas

[1] Las propuesta de Jesús pertenecían a la historia del judaísmo, pero, llevadas hasta el límite e interpretadas de un modo universal, como lo hizo la Iglesia, al menos desde Pablo, ellas rompieron los límites y seguridades del judaísmo nacional, de manera que su antropología (su forma de entender al hombre) terminó apareciendo como peligrosa y contraria al imperio de Roma que respondió crucificándole. En esa línea, el Dios de Jesús no es simplemente aquel que crea y resucita a los hombres al fin de los tiempos (conforme a la experiencia de Abraham), sino aquel que ha resucitado ya a Jesús (cf Rom 4, 17.24), iniciando en la misma historia un camino de Reino.

[2] F. Nietzsche (1844‒1900) quiso anunciar la llegada de un hombre nuevo, que no fuera Jesús, un hombre que sería producto de la gran Naturaleza, en una línea de Voluntad de Poder. Un tipo de sistema económico y científico de la actualidad quiere fabricar esa humanidad con la ayuda de su propaganda, en línea de mercado. La genética intenta suscitarlo con sus poderes técnicos…

[3] Sólo así, desarrollando de un modo gratuito su libertad creadora, como resucitados, los hombres podrán superar el riesgo de encerrarse en una cárcel o jaula de hierro que les esclaviza (M. Weber), sin volverse animales de un parque genético donde un club de nuevos sabios decida lo que han de ser y hacer todos. Los hombres no somos esclavos de cárcel, ni animales de parque, sino vivientes libres, por don de Dios, buscando caminos que conducen al jardín de la vida verdadera, en gratuidad y comunicación universal, como resucitados, en Jesús (cf Gen 2-3; Ap 21-22).

[4] En sí mismo, el sistema se extiende por planificación objetiva, en una línea de poder. En contra de eso, la vida personal sólo se expande y logra mantenerse (resucita) en claves de gratuidad, de donación generosa y vida compartida, que se expresa, desde una perspectiva cristiana, en el nacimiento y pascua de Cristo.

[5] Muchos objetan que la oportunidad de los cristianos ha terminado: ellos han tenido XX siglos para expresar su aportación evangélica, configurando la sociedad al modo de Jesús. ¿Por qué no lo han hecho? ¿Por qué han terminado muchas veces defendiendo con su nueva violencia un sistema sacral de violencia? Ciertamente, han existido fallos, y todo parece indicar que un ciclo del cristianismo ha terminado. Pero en otra perspectiva podemos y debemos afirmar que el despliegue cristiano de los siglos precedentes ha sido fructuoso, aunque no ha logrado expresar plenamente el evangelio, pues ha preparado el terreno, ha creado condiciones para que ahora (en el tercer milenio) pueda expresarse la más honda humanización cristiana.

[6] Si empezamos por un tipo de dogmas o estructuras posteriores no podremos dialogar en fraternidad. En esa línea, las religiones monoteístas, podemos volver a nuestro principio (Éxodo judío, Hégira musulmana, Pascua de Jesús), pero sabiendo que cada religión ha de superar todo privilegio propio, buscando el bien de los demás más que el suyo. En esa línea, los cristianos podrían hablar de una “ventaja” cristiana, pero no como ventaja de superioridad, sino de renuncia creadora, pues ellos han de buscar el bien de los demás (como personas y/o grupos) antes que el propio.

[7] El cristianismo celebra ciertamente esta vida en común y lo hace en sus sacramentos (bautismo, eucaristía), pero sabiendo que no está la vida al servicio de los sacramentos, en cuanto separados, sino al contrario: están los sacramentos al servicio de la vida, que aparece así como experiencia de comunicación que supera las fronteras de la muerte, de manera tolerante y creadora. Me he tomado la libertad de desarrollar algunos pensamiento de G. Theissen, La fe bíblica.Una perspectiva evolucionista Verbo Divino, Estella 2002.

[8] Retomo la lectura bíblica de F. Rosenzweig, La Estrella de la redención, Sígueme, Salamanca 1987, y de mi libro Dios o el dinero. La economía bíblica, Sal Terrae, Santander 2018.

[9] En ese aspecto venimos suponiendo que cada nacimiento humano es una Creación, un momento de la Generación divina. Llegados aquí, debemos reformular la declaración básica del Credo de Constantinopla (año 381 d.C.), diciendo que somos “engendrados, no creados desde fuera”; no somos fabricados como una cosa más, sino que nacemos de Dios como don o regalo único de vida de otros hombres, igual que Jesucristo, es decir, por él.

[10] De esa forma se vinculan nacimiento y muerte, pero de tal forma que la muerte no es un simple retorno al nacimiento, sino resultado de un proceso de generación creadora por el que nos hemos introducido, de un modo personal, en la Vida que es Dios. No volvemos pues al principio, como si nada hubiera sucedido; no podemos olvidar lo que hemos hecho, ni abandonar las experiencias del camino, ni perder nuestra identidad personal, es decir, cristiana. La muerte del creyente no es un simple (vuelve el polvo al polvo, sube el alma al cielo…), sino plenitud del camino realizado en Dios, es decir, resurrección, de forma que por ella llegamos a ser lo que somos: Personas que vienen de Dios y en Dios pueden culminar, alcanzando forma su existencia verdadera, en relación con los demás.

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La Sabiduría y el Verbo. Segundo Domingo después de Navidad.

domingo, 3 de enero de 2021
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la-palabraDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Tener una homilía sobre la Sabiduría de Dios y el Verbo de Dios constituye siempre un gran desafío.

 Una buena escapatoria (Efesios 1,3-6.15-18)

El sacerdote puede refugiarse en la segunda lectura. Aunque tampoco es demasiado fácil, contiene ideas importantes, fáciles de entender y que debemos poner en práctica: bendecir a Dios por todos los bienes que nos ha concedido, especialmente por ser sus hijos; darle graciaspor todas las personas buenas que nos han ayudado y siguen ayudando con su ejemplo y su fe; pedirle conocer cada día más y mejor a su hijo Jesucristo, para amarlo y seguirlo. Con esto podrían volver los fieles a sus casas más que satisfechos.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.

Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

La visión optimista sobre la Sabiduría (Eclesiástico 24,1-4.12-16)

Las conquistas de Alejandro Magno, a finales del siglo IV a.C., supusieron una gran difusión de la cultura griega. En Judea, como en todas partes, los griegos ejercían un influjo enorme: cada vez se hablaba más su lengua, se imitaban sus costumbres, se construían edificios siguiendo su estilo, se abrían gimnasios, se enseñaba la doctrina de sus filósofos. Los judíos, al menos la clase alta, estaban encandilados con la sabiduría de Grecia. Sin embargo, algunos autores no compartían ese entusiasmo. Para ellos, la sabiduría griega era un producto reciente, obra del ingenio humano, y tenía su templo en un lugar pagano: Atenas. La verdadera sabiduría es eterna, procede de Dios, y reside en Jerusalén. Esto es lo que dice Jesús ben Sira, autor del libro del Eclesiástico, con un optimismo fuera de lo común.

La Sabiduría existe desde el principio, creada por Dios antes de los siglos; reside en la asamblea del Altísimo, donde es alabada, admirada y bendecida por todos. Entonces Dios decide que traslade su morada a Jerusalén, la ciudad santa y amada, y echa raíces en la porción del Señor. Ni una nube ensombrece el horizonte. La relación entre la Sabiduría eterna y el pueblo de Israel es perfecta.

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo. En la asamblea del Altísimo abre la boca y se gloría ante el Poderoso.

El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: «Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel». Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca jamás dejaré de existir. Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sión. En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder. Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad.

La visión pesimista/optimista sobre el Verbo de Dios (Juan 1,1-18)

Aunque en la Iglesia primitiva se identificó a Jesús con la Sabiduría De Dios, el autor del cuarto evangelio prefiere el término lógos, que a veces se traduce por «Palabra» (término muy frecuente en la teología judía de la época, con claras referencias a los antiguos profetas que recibían la palabra del Señor y la proclamaban) y otras veces por Verbo, como prefiere la última revisión litúrgica.

El Prólogo comienza hablando de ese Verbo con el mismo optimismo que el Eclesiástico: existía desde el principio, estaba junto a Dios, era Dios, todo fue hecho por medio de él, en él había vida y era luz de los hombres.

Pero, cuando Dios decide que el Verbo venga al mundo, «el mundo no lo conoció». Ni siquiera Israel, su propio pueblo. «Vino a su casa y los suyos no lo recibieron». Estamos en las antípodas de esa Sabiduría acogida y alabada de la que hablaba el libro del Eclesiástico.

¿Fracaso total? No. Algunos están dispuestos a recibirlo, se convierten en hijos de Dios y contemplan su gloria, lleno de gracia y de verdad.

Jesús es el mayor regalo de Dios, idea que encaja muy bien uno o dos días antes de la fiesta de los Reyes. Por desgracia, muchos no aprecian ese regalo y lo rechazan. Quienes lo acogemos tenemos motivos de sobra para agradecer la venida de «este Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad».

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Apéndice: La historia de la Sabiduría de Dios

 1ª etapa: la Sabiduría junto a Dios desde el comienzo (Proverbios 8,22-36).

El Señor me estableció al principio de sus tareas,

al comienzo de sus obras antiquísimas.

En un tiempo remotísimo fui formada,

antes de comenzar la tierra.

Antes de los océanos fui engendrada,

antes de los manantiales de las aguas.

Todavía no estaban encajados los montes,

antes de las montañas fui engendrada.

No había hecho aún la tierra y la hierba

ni los primeros terrones del orbe.

2ª etapa: la Sabiduría y la creación

 Cuando colocaba el cielo, allí estaba yo;

cuando trazaba la bóveda sobre la faz del océano;

cuando sujetaba las nubes en la altura

y fijaba las fuentes abismales.

Cuando ponía un límite al mar,

y las aguas no traspasaban su mandato;

cuando asentaba los cimientos de la tierra,

yo estaba junto a Él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano,

todo el tiempo jugaba en su presencia;

jugaba con la bola de la tierra

disfrutaba con los hombres.

Tercera etapa: la Sabiduría se instala en Jerusalén (Eclesiástico, 24).

Por todas partes busqué descanso

y una heredad donde habitar.

Entonces el creador del universo me ordenó,

el creador estableció mi morada:

Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.

En la santa morada, en su presencia ofrecí culto

y en Sión me establecí;

en la ciudad escogida me hizo descansar,

en Jerusalén reside mi poder.

Eché raíces entre un pueblo glorioso,

en la porción del Señor, en su heredad.

Sin embargo, cabe la posibilidad de que algunos rechacen los consejos de la sabiduría. De hecho, muchos judíos no aceptaban este mensaje. Otro autor presenta a la Sabiduría como una mujer que se queja de no ser escuchada (Proverbios 1,22-25).

Os llamé, y rehusasteis;

extendí mi mano, y no hicisteis caso;

rechazasteis mis consejos,

no aceptasteis mi reprensión.

En resumen: la sabiduría de Dios está junto a él desde el principio, lo acompaña en el momento de la creación, disfruta con los hombres, se establece en Israel. Pero muchos no disfrutan con ella. Prefieren seguir otro camino, no le hacen caso.

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03 de Enero. Segundo Domingo despues de Navidad. Ciclo B

domingo, 3 de enero de 2021
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El Verbo se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros.”

(Jn 1,1-18)

Muy a menudo Dios se nos presenta con una sencillez que nosotros hacemos complicada. Oímos que el Verbo se hizo carne. Y, aunque sepamos qué son los verbos y qué es la carne, la verdad es que parece un misterio bien complicado.

Quizás podemos pararnos a mirar a Jesús como una palabra de Dios. La palabra que pronuncia Dios Padre con su propia voz, se hace real y existe para otros.

Todas las personas que hablamos una lengua no lo hacemos de la misma manera. Hablamos un dialecto (según la zona geográfica), un sociolecto (según la clase social o la edad, por ejemplo), utilizamos un registro más formal o más coloquial. Pero a parte de estas características, hay una manera propia de hablar de cada uno: cada persona usa más unas expresiones y menos otras, repite mucho un término, tiene muletillas… sin ninguna razón. A esto le llamamos “idiolecto”. Es lo más propio de nosotros.

En Jesús escuchamos el idiolecto de Dios. Jesús es la palabra gestada en el interior de Dios, es el deseo de expresión y de comunicación de Dios, el sonido pronunciado por la misma voz de Dios. Es la palabra que queda entre nosotros, que a nuestra vez podemos escuchar, acoger, dejar que haga efecto, que nos impregne, nos despierte, nos remueva, que resuene.

Sabemos bien que las palabras pueden ser dichas sin pensar o salir con la forma que les ha dado pasar un tiempo largo en el corazón. Que pueden alentar o aplastar, humillar o amar, ser dichas para demostrar o para compartir, hacer transparente u ocultar.

La Palabra de Dios, Jesús, es luz, es vida, es gracia, es plenitud para la humanidad.

Oración

Padre, que sepamos pronunciar las palabras de vida que tu Espíritu Santo gesta en nosotras, que sepamos escucharte en la Palabra que has pronunciado en tu Hijo Jesús.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Antes del tiempo existías, eras Palabra de Dios.

domingo, 3 de enero de 2021
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123116-Jn-1-1-18-660x330Jn 1,1-18

El misterio de la encarnación no es cosa de niños sino algo muy serio. Tan serio que en él nos va la Vida. Retomamos la idea central de la Navidad: La palabra se hizo carne, se hizo vida, se hizo luz. La encarnación es la verdad fundamental del cristianismo, pero no siempre la hemos entendido bien. Estamos sin duda ante la página más sublime de toda la literatura universal que yo conozco. Se trata de himno cristológico anterior a la redacción del evangelio, fruto de la experiencia de una comunidad eminentemente mística. Es una condensación de todo el evangelio. Es prólogo pero podía ser epílogo.

Me parece una osadía atreverme a comentar este texto. Ni tengo la preparación filosófica y teológica suficiente ni la experiencia mística requerida para hincarle el diente. El único consuelo es saber que lo que yo digo no es palabra de Dios, sino solamente un apunte provisional que pueda ayudar a alguno a encontrar la dirección de su propia búsqueda. Querer expresar una experiencia mística con palabras es sencillamente imposible, por eso se recurre a un lenguaje simbólico, poético que violenta el sentido normal de las palabras.

El primer versículo nos dice ya tres cosas sobre Dios y el Logos: Que el Logos está en el origen (en el principio ya existía la Palabra). Que los dos estaban volcados el uno sobre el otro (la Palabra estaba junto a Dios). Que aunque distintos uno y otro eran lo mismo (la Palabra era Dios). No se trata de conceptos trinitarios posniceanos. Al comenzar con la misma palabra que el Génesis, nos está diciendo que la encarnación no es el comienzo de algo nuevo, sino la culminación de la creación. El Logos no comenzó, porque es el origen de todo. Luego se hace carne (comienza a ser en el tiempo) para terminar la creación del hombre. Arch no significa principio de tiempo sino origen, fundamento.

La traducción de Logos por Palabra no creo que sea la más adecuada, porque se pierde la originalidad del concepto que quiere trasmitir el texto. La palabra Logos ya existía, pero el concepto al que quiere aludir es nuevo. Esta palabra se encuentra por primera vez en Heráclito. s. VI a C, (precisamente en Éfeso, donde parece que se escribió este evangelio) y significaba la realidad permanente dentro del devenir de la realidad material (panta rei). La utilizan los estoicos, Platón, y Filón de Alejandría que la emplea 1.200 veces en sus escritos. En el NT tiene un amplísimo significado; desde palabra engañosa hasta el sentido cristológico único del prólogo que estamos comentando.

Repito que aquí el concepto es original; no deducible de las distintas tradiciones. Ese concepto no se vuelve a repetir ni siquiera en Juan. El concepto es incomprensible sin la experiencia pascual. Sin una experiencia mística no se puede acceder al significado que se quiere expresar. Podíamos decir que es el Proyecto eterno que en un momento dado se ejecuta. Dios crea por medio de su Palabra. También nos puede ayudar a comprender lo que quiere decir la idea de Sabiduría preexistente de los libros sapienciales.

Es muy interesante la expresión: «junto a Dios« (pros ton qeon)= vuelto hacia, volcado sobre. Expresa proximidad pero también distinción. Está en íntima unión por relación pero que no se confunda con Dios. Se deja un margen para el misterio. Este dato no siempre lo hemos tenido en cuenta… En griego (Kai qeos en o Logos) y en latín (et Deus erat Verbum), no se dice sólo que la Palabra era Dios, sino también que Dios era la palabra. qeos está aquí sin artículo. Podíamos traducir: lo que era Dios, lo era la Palabra. Para los judíos, Dios era el totalmente trascendente; no podía haber otro. Para los helenistas, el peligro era el politeísmo. Por eso nos dice que ni es una “mónada” ni son dos seres.

“Por medio de la Palabra se hizo todo”. En el AT Dios crea siempre por su Palabra. No se trata de un sonido que emite Dios. Otra vez tenemos que ir más allá del concepto primero. Nos está diciendo que el Logos es origen de todo. Con una redundancia, intenta llevarnos más allá de la misma palabra. Al margen de Dios y del Logos, no existe nada. No se trata solo de lo que existe en el tiempo, sino de todo lo que existe en absoluto.

“En la Palabra había Vida, y la Vida era la luz de los hombres”. No llegamos a la Vida a través de la luz, sino al revés. Aquí Jesús no es un Maestro que nos trae salvación con su enseñanza (como se da a entender en otras cristologías) sino Vida que nos lleva a la comprensión total viviéndola. Para nuestra Vida espiritual, este concepto es clave. Vivir es anterior a comprender. Sin vivencia no se puede comprender nada de Dios.

“Y la tiniebla no la recibió. El mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron”. Esta insistencia tiene que hacernos reflexionar. En Jn se percibe esa lucha incesante entre la luz y la tiniebla. Era una idea que flotaba en el ambiente de la época. En un escrito de Qumrán se dice: Que la luz no sea vencida por las tinieblas. Ni siquiera los suyos fueron capaces de descubrirla. Tenemos aquí el primer reproche al pueblo judío que no fue capaz de ver en Jesús la Vida que podía llevarle a la comprensión de la ley.

Pero a cuantos la recibieron… Vemos que lo anterior era una exageración. Unos no la recibieron pero otros sí la recibieron. Se habla aquí de creer en sentido bíblico. No se trata de la aceptación de verdades sino de la aceptación de su persona. Sería: A los que confían en lo que significa Jesús, les da poder para ser hijos de Dios. Tenemos aquí la buena noticia. El que cree es engendrado como hijo de Dios. En Juan, se advierte una diferencia clara en el concepto de hijo cuando se dice de Jesús y cuando se dice de otros. Para designar a Jesús dice uios y tekna para designar a otros, se emplea aquí y en Jn 11,52.

Es muy importante aclarar, en lo posible, este concepto. En AT se usa la expresión “hijo de Dios” para referirse a los ángeles, al rey y al pueblo. Estos conceptos no sirven ni para aplicarlos a Jesús ni a los demás hombres. Nos dan una pista para poder comprender lo que quiere decir Juan. En el AT, el término hijo, se empleaba con sentido mesiánico. Se decía del enviado a cumplir una tarea de salvación en nombre de Dios. Esta idea, unida a la de la Sabiduría, pudo dar origen al concepto de “Hijo”, ser preexistente vuelto al Padre.

Para los semitas «ser hijo» es, sobre todo, reproducir lo que es el padre, imitar, salir al padre, obedecer. En Jn 5,19 se dice: “Un hijo no puede hacer nada que no vea hacer al padre”. Se descubre que Jesús es Hijo porque actúa como Dios, no porque conozcamos su naturaleza. De ahí que todo el que se adhiere a Jesús y actúa como él, se hace hijo. En contra de lo que se ha intentado tantas veces, no podemos llegar por razonamiento al conocimiento de Jesús como hijo de Dios. Jesús no es hijo de Dios como yo soy hijo de mi padre. Lo importante no es nacer de la carne y de la sangre, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne. Meta de todo lo anterior. Se trata de una nueva presencia de Dios. Dios no está ya en el templo, ni en la tienda del encuentro. Ahora está en Jesús. No se identifica Palabra y Jesús. Se deja un margen para el misterio. Para la antropología semita hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu, son aspectos de una solo realidad, el hombre. Se hizo hombre-carne; limitado pero susceptible de Espíritu. Se hizo carne, sin dejar de ser Logos, sin dejar de estar volcado sobre Dios.

“Y habitó entre nosotros». “eskenosen» significa plantar una tienda para vivir en ella. Hace referencia a la presencia de Dios entre pueblo (tienda del encuen­tro). También de la Sabiduría se dice: “Habita en Jacob, pon tu tienda en Israel”. Siendo uno de nosotros, levantando su tienda en nuestro propio campamento, hizo presente y visible a Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Jesús no es un apátrida.

domingo, 3 de enero de 2021
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c24c1aa2d7ae65992e3d5029343f03a6Quien a mí me hace Dios,
la santa voluntad de Dios traiciona (Goethe)

Domingo II después de Navidad

Jn 1, 1-18.

La Palabra se hizo hombre y acampó entre nosotros.

La Liturgia acaba de inaugurar el añonuevo con la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. En Gálatas 4, 4, Pablo nos recuerda que «Dios envió a su hijo, nacido de mujer». Theotokos –la Deípara- es el título que el Concilio de Éfeso (431) dio María en referenia a su maternidad divina. Un grave error teológico, que habría que corregir borrándola del calendario.

Casaldáliga nos dice de ella que el Verbo se hace carne en el vientre de su fe, y entonces sí podemos considerar que en su seno se engendra algo divino. Su mejor título, como el de toda mujer madre sin duda, el de haber dado a luz un ser humano. Todo lo demás, tinieblas de misterio.

Si Juan Evangelista hubiera conocido al toledano Rafael Morales (1918-2005), posiblemente nos hubiera puntualizado su «se hizo hombre» apostillándolo con esta estrofa de un Soneto al Jesús consustanciado por elementos terrenales en el vientre de su madre. De los mismos que hemos sido hechos el resto de los mortales:

El alba tomó cuerpo en tu figura,
el aire se hizo carne, los rosales
para crear tu piel silente y pura.

Y entonces, como dioses que somos, habremos nacido en nuestra paria, no en el exilio, como reza la novela del rumano Vintila Horia. Una tierra de esperanza que se abre a un horizonte de perspectivas infinitas. Aquí ninguna criatura es apátrida. Todas son terrenales. Sólo las celestiales, si existieran, pudieran considerarse como extrañas.

Quiero ser como él, hombre y sólo hombre, sin ribetes divinos. Pues considero con Goethe que

Quien a mí me hace Dios,
la santa voluntad de Dios traiciona.

De todas las nominaciones de Dios, la más notable y sustanciosa es la de Palabra. Sólo ella se hizo encarnación en las entrañas de María. Siento la mía Dios por endiosarse en carne. Por hacerse hijo de él e hijo de María.

Permite Madre que repose mi cabeza en tu seno, y sienta dentro de él lo que con tanta claridad perennemente siento fuera. A Jesús, con el que siempre me encuentro en todas partes cuando recorro todos los caminos de la vida. Déjame que escuche el amor expresado en sus latidos. Quiero sintonizar con ellos y luego hacer que suenen en el bosque del Universo entero los suyos, los tuyos –y por qué no-, los míos.

En su primera intervención navideña, el rey Felipe VI pronuncia un discurso cuyas constreñidas fronteras peninsulares me permito transpasar y elevar algunos de sus contenidos a tono universal. Cualquier religión podría hacerlos suyos y reconocer como propia la resonancia espiritual que los impregna: «Es evidente –ha dicho- que todos nos necesitamos. Formamos parte de un tronco común del que somos complementarios los unos de los otros pero imprescindibles para el progreso de cada uno en particular y de todos en conjunto.

¿No es ésta, acaso, ecuménica música de Evangelio dirigida a todos los que quieren escucharla? ¿O quizás a ninguno?

QUIEN ME HACE DIOS, A DIOS TRAICIONA

¿Un Dios aquí en la Tierra?
Lo dijeron los hombres
y huyeron las montañas y los bosques.
Las aves emprendieron fugaz vuelo
y este Globo quedó yermo de vida
poblado de desiertos.

La propia raza humana en desvarío,
lo reencarnó en uno de los suyos,
y todos menos él se lo creyeron.

Un Dios aquí en la Tierra: ¡qué locura!

La vida andaba triste en aquel tiempo
buscando por el mundo cementerios.

-«¡Un Dios humano!» lamentaba.

…………………………….

Regresaron las aves.
Los bosques y montañas repoblaron
de vida los desiertos
cuando Jesús pensando en el silencio,
como de él cantó Goethe,
alzó la voz y dijo:

-«Quien a mí me hace Dios,
la santa voluntad de Dios traiciona».

*

(SOLILOQUIOS, Edicciones Feadulta)

***

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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El poder de ser hij@s de Dios.

domingo, 3 de enero de 2021
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mano-extendida-de-jesc3bas-ft-imgJn 1,1-18

El prólogo del evangelio de Juan nos invita experimentar desde la hondura del corazón el misterio de la iniciativa divina de crear, sostener y acompañar al ser humano. Una iniciativa que se hace Palabra en la vida de Jesús de Nazaret. Una Palabra que se hace frágil y vulnerable a la espera de quien se atreva escucharla, a creer en ella.

El evangelista se aventura en la difícil tarea de expresar una certeza difícil de comunicar: Dios busca el encuentro con el ser humano desafiando cualquier obstáculo, resistiendo cualquier tormenta, afrontando el desafío de mostrarse humano.

En la Palabra está la Vida

Nombrar a alguien es reconocer que existe, que está ahí y su presencia es importante. La palabra que Dios pronuncia en nuestra vida, en la de cada una o cada uno, nos hace singularmente valiosas/os porque es gratuita y profundamente amorosa. En Jesús esa palabra se escribe con mayúscula, pero no por su excepcionalidad o su perfección sino porque la calidad y hondura de su humanidad transparenta lo que es Dios.

En su itinerario vital se fueron tejiendo juntos el misterio y lo cotidiano porque, como dice A. Torres Queiruga “Jesús vivió la filiación tentado, encarnada en la conducta, presentida en la misión y experimentada en la oración”. Así pudo dejar a Dios ser Dios en él. Así pudo ser Palabra de Vida en sus encuentros, en sus gestos y palabras. Y así, hoy podemos acoger en la fragilidad de nuestra existencia el Misterio como lo hizo Nicodemo, como lo hizo la mujer samaritana (Jn 3, 1-21; Jn 41-42), recibiendo las preguntas y construyendo poco a poco las respuestas.

La Palabra es la luz

La luz no tiene fronteras, no se deja atrapar, permanece ahí, aunque la ignores. La luz permite ver, reconocer y encontrar, por eso, Juan afirma que Jesús es la luz porque a pesar de las tinieblas que muchas veces nos rodean, en él podemos vernos, reconocernos, encontrarnos (Jn 8, 12).

La luz es también un símbolo que nos permite intuir el abrazo amoroso de Dios a cada ser humano porque la luz al existir rodea y calienta el mundo. Como la suavidad de una vela encendida, como la fuerza de un fuego reconfortante en la oscuridad de la noche, como la fecundidad del rayo de sol que nutre los campos así es el Dios de la vida, el Dios que crea por amor, el Dios que se hace en Jesús salud, misericordia y perdón. Así, lo experimentaron quienes se acercaron a él para liberar su vida del sufrimiento y la debilidad como el paralitico o la mujer adúltera (Jn 5, 1-9; Jn 8, 1-11).

Cada amanecer vemos llegar la luz como testigo de una promesa, de la posibilidad que ofrece el nuevo día. Cada atardecer se esconde llena de colores y formas dejando un recuerdo único de su presencia. Ese dinamismo de la luz del día es como el de nuestra propia vida que cada mañana se hace promesa, para recogerse en la noche como memoria agradecida de la existencia.

Así también Jesús se hace luz del mundo invitándonos, a confiar, a permanecer en el amor de Dios Padre/Madre como él lo hizo incluso en los momentos oscuros (Jn 15, 1-8). Un amor que no nos adormece con bellas palabras sino un amor que se enraíza en nuestra fragilidad, que nos hace fuertes, que nos hace mejores, porque ilumina lo que somos y nos recuerda que en Dios tenemos siempre un hogar.

La palabra habita entre nosotr@s

Acoger la Palabra que habita entre nosotras/os es, por tanto, consentir en ser hijas e hijos de Dios, reconocernos hermanas y hermanos, ser familia de fe y de destino. Pero esa filiación es un don y una tarea que nos compromete desde la libertad única que nos constituye.

Cuando Jesús anuncia el Reino es a eso a lo que invita, a hacer posible un mundo nuevo creado lazos, sanando corazones, acompañando sueños, posibilitando vidas. Porque ese es el deseo de Dios cuando decidió poner su tienda entre los seres humanos. No es cuestión de propósitos sino de hacer de la vida un propósito. No se trata de alcanzar perfecciones imposibles, sino de hacernos a nosotras/os posibles y accesibles para los/as demás (Jn 1, 16).

Por eso, cumplir la voluntad de Dios o ver su gloria (Jn 1, 14) no es otra cosa que descalzarnos ante un pesebre y disponernos a ser lo mejor de nosotros/as mismos/as para salir al encuentro del otro. El camino no será fácil, pero no caminaremos a oscuras porque confiamos en ese Amor con mayúsculas que aquella primera Navidad se hizo visible entre el llanto y la sonrisa de un niño.

Nuestro poder es sabernos hij@s de un Dios así (Jn 1, 12). A Dios nadie lo ha visto pero siguiendo a Jesús de Nazaret, acogiendo su Palabra y su propuesta podemos encontrarlo pues, parafraseando a L. Boff, sabemos desde el corazón que alguien tan humano solo puede ser Dios.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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No- Nacidos y en-cargados a la vez.

domingo, 3 de enero de 2021
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2627D530-867D-479F-961A-20A3FFDB4A44Domingo II después de Navidad. 

3 enero 2021

Jn 1, 1-18

El “prólogo” del cuarto evangelio parece recoger un himno comunitario de algunos de los primeros grupos cristianos, en el que expresaban dos núcleos centrales de su fe: la preexistencia del Logos (Verbo, Palabra, “Hijo de Dios”) y la encarnación.

  Tal fe afirma que Jesús es el “Hijo eterno y único de Dios” que, en un momento histórico, “acampó entre nosotros” para revelarnos el misterio de Dios.

 Tales afirmaciones, absolutamente nucleares, incuestionables e incluso entrañables para quienes profesan ese credo, resultan extrañas, lejanas e incluso artificiales para quienes las escuchan desde una cierta distancia cultural. Tan extrañas, al menos, como suenan a los oídos de un occidental moderno todas las mitologías orientales.

   Sin embargo, entre ambas posturas –de adhesión literal o de rechazo displicente–, se abre paso una actitud de comprensión que lee ese texto como una metáfora de lo que somos: no-nacidos y encarnados, a la vez.

 Habitualmente, nuestros antepasados fueron proyectando fuera –en un Dios y un cielo separados– lo que intuían como Verdad, Bondad y Belleza. En ese proceso, se crea una realidad “paralela” a la vez que se reduce el ser humano a su personalidad separada. Todo lo demás surge como consecuencia de ese paradigma concreto.

 Sin embargo, tal modo de ver es solo eso: un paradigma nacido en un momento de la historia humana, un “mapa” para tratar de balizar el “territorio” que escapa a nuestra mente.

 La comprensión no-dual –más allá de la propia experiencia de quien la ha experimentado– constituye otro paradigma bien diferente, otro “mapa” que parece más ajustado para dar razón de lo real.

 Desde él, preexistencia y encarnación se aplican a nuestra realidad “completa” en su doble dimensión: consciencia ilimitada que “toma cuerpo” en una persona concreta: no-nacidos y encarnados, a la vez.

 Tal lectura no nace ahora, sino que se halla presente en diferentes tradiciones sapienciales desde tiempos muy remotos. Si acaso, en la actualidad, está cobrando mayor atención y espacio en la propia auto-comprensión humana.

 Con esta clave, se puede releer el “prólogo” en cuestión, refiriéndolo a todos nosotros. En nuestra verdadera identidad, somos Vida y Luz –todo es Vida– y somos, a la vez, seres encarnados y, por tanto, frágiles, vulnerables e impermanentes.

 ¿Cómo articular esa doble dimensión en nuestra vida cotidiana? Ahí radica el secreto de la sabiduría y eso es lo que marca el camino del aprendizaje: vivir el día a día desde la comprensión de lo que somos en profundidad.

¿Qué lectura hago de nuestra realidad? ¿Qué “paradigma” me resulta más adecuado?


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Dios crea para salvarnos

domingo, 3 de enero de 2021
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4E843CB0-6CB7-4716-97D0-AC8767FFFD53Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Prólogo de san Juan.

         Por segunda vez en Navidad escuchamos el comienzo del evangelio de san Juan: en el principio existía la Palabra y la Palabra era luz, vida y creación.

         Este prólogo de San Juan es un himno solemne en el que se encuentran ya los temas -la cristología- que el evangelio va a desarrollar: luz – tinieblas, vida, creación…

Esta es una de las páginas más profundas que se hayan escrito para decir algo de lo que es Dios, de lo que es Jesucristo, y de lo que es el hecho de la Encarnación, en esa expresión: el “Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

  1. Conocer la Palabra no coincide con estudiar la Biblia.

         Conocer la Palabra no es ser un experto en Biblia o conocer de memoria textos de la Biblia. Conocer tiene implicaciones más personales: sobre todo ser creyente. Conocer la Palabra es conocer a Cristo.

Todos conocemos intelectualmente cosas, ideologías, personas, actitudes con las que no comulgamos, no porque sean malas, sino porque no van con nuestra mentalidad o esquema de vida.

         Conocer la Palabra, conocer a Cristo significa que a mí ese “asunto” me dice, me llena y quiero vivir en el tono vital cristiano, con mis tinieblas y mi pecado a cuestas. La Palabra se conoce y se acoge en la fe.

Hay personas que están convencidas de la nada: no existe Dios, no hay valores. Eso es también fe, fe en la nada. El nihilismo y pasotismo son también una fe: estar convencido firmemente de la nada.

Conocer la Palabra es acoger a Cristo como piedra angular y sentido de nuestra vida.

  1. A quienes conocen y asumen la Palabra Dios da la capacidad de ser hijos de Dios.

Es decir, pensar y vivir conforme a la Palabra posibilita vivir humanamente, que significa vivir como seres humanos, y si vivimos como personas humanas no estamos lejos de vivir como hijos de Dios.

La Palabra de Dios, que es JesuCristo, es decir: la Luz, la Vida y la creatividad, suponen una llamada a crear personas y comunidades.

La Palabra, lo razonable, la cultura, la Luz, el diálogo en la vida encaminan hacia ser hijos de Dios. La irracionalidad, el vivir en la mera biología, en la pulsionalidad, en la carne y en la sangre, eso no crea humanismo, ni hijos de Dios.

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. ¿No será que no acogemos la Palabra, el diálogo y la sensatez y por ello la historia de la humanidad es una historia de guerras, odios, enfrentamientos, etc.? ¿No viviremos en tinieblas, porque hemos descartado la luz?

Cuando en la vida personal, profesional, eclesiástica, política no se admite la Palabra, -la luz y la vida, el pensamiento y el diálogo-, significa que no hemos acogido la Palabra y hemos renunciado a ser y vivir como personas y como hijos de Dios.

Por ejemplo: cuando nace un niño, ha nacido -alguien- muy valioso, pero hasta ese momento ha nacido conforme a carne y sangre. Nadie nace cristiano, ni sabio, ni probablemente bueno: queda un largo camino para construir una persona: educación, valores. Y ese camino lo hemos de estructurar con la Palabra. ¿Qué otra cosa es acoger la Palabra sino un largo proceso de educación personal, familiar, escolar, universitaria, social, política?

El ser humano vive de carne y sangre (de pan vive el hombre), pero si vivimos solamente de carne y sangre, morimos.

La Ilustración y la Revolución francesa tuvieron otros graves defectos y tienen grandes lagunas, pero abrieron al ser humano hacia la palabra y hacia la razón.

Quizás el encuentro entre razón y fe, ciencia y fe, Iglesia y mundo, progreso humano y escatología no se ha producido o se ha producido muy esporádicamente y en muchos casos a regañadientes. Pero guste o no guste a políticos y eclesiásticos, es verdad aquello que dijo santo Tomás: la verdad venga de donde venga, viene del Espíritu Santo. Si nacemos de carne y sangre y renacemos de agua y Espíritu, estaremos en camino de ser hijos de Dios, es decir: personas humanas. Él, la palabra nos bautizará en Espíritu.

  1. La Palabra, la fe capacita al ser humano para ser hijos de Dios.

Cuando se acoge la Palabra, ésta cambia el modo de ver y entender la complejidad de la vida. Cuando uno está convencido de un pensamiento, de una ideología, de la fe, esos convencimientos cambian la forma de vivir. No es lo mismo vivir la sexualidad, el trabajo, la raza, la economía-dinero, el poder, las ansias de dominio, la enfermedad, la muerte, etc. siendo cristiano-creyente, que no siéndolo.

La persona razonable, la persona creyente hace y vive las mismas realidades que los demás, lo que ocurre es que las vive de una manera y con un sentido diferentes.

El perdón, la igualdad de hombre y mujer, el respeto a las personas y los pueblos, la no explotación de los más débiles, la generosidad, son valores que no han nacido de la biología (de la carne y de la sangre), sino de la Palabra.

Estas cosas no van ni por votos, ni por poder, ni por nombramientos, ni por ordenamientos jurídicos, sino por acogida de la Palabra, por convencimiento y acogida personal. Cuando la Palabra se encarna en nosotros, entonces comienza a atisbarse un rayo luz, de esperanza de humanismo y de vida.

         Que la Palabra, la razón vaya haciéndose un poco carne en nuestra historia por medio de nuestras vidas.

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Recordatorio

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