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“Vivir a Dios desde dentro”. 4 de junio de 2017. Pentecostés (A). Juan 20, 19-23.

domingo, 4 de junio de 2017
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resucitoHace algunos años, el gran teólogo alemán, Karl Rahner, se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos es su “mediocridad espiritual”. Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es “seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual”.

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

La sociedad moderna ha apostado por “lo exterior”. Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando lo que es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad.

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios, mientras nuestro corazón está ausente.

En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿ Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?

Acoger al Espíritu de Dios quiere decir dejar de hablar solo con un Dios al que casi siempre colocamos lejos y fuera de nosotros, y aprender a escucharlo en el silencio del corazón. Dejar de pensar a Dios solo con la cabeza, y aprender a percibirlo en los más íntimo de nuestro ser.

Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, transforma nuestra fe. Uno se sorprende de cómo ha podido vivir sin descubrirla antes. Ahora sabe por qué es posible creer incluso en una cultura secularizada. Ahora conoce una alegría interior nueva y diferente. Me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna, sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios.

José Antonio Pagola

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“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”. Domingo 4 de junio de 2017. Pentecostés

domingo, 4 de junio de 2017
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31-PentecostesA cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Salmo responsorial: 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
1Corintios 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

El relato de Hechos que leemos en la primera lectura es una construcción del escritor lucano. Su finalidad es eminentemente teológica. No es un acontecimiento cronológico sino kairótico en la misma línea de la fiesta de la ascensión que celebramos y comentamos el domingo pasado. Lucas recoge la «fiesta de las semanas» del antiguo Israel. Esta fiesta se celebraba para conmemorar la llegada del pueblo al Sinaí. La entrega de las tablas de la Ley a Moisés en medio de truenos relámpagos y viento huracanado.

El redactor de Hechos toma los elementos simbólicos de resonancia cósmica para manifestar que es una intervención de Dios. Quiere significar la irrupción del Espíritu Santo en la historia humana. Es el comienzo de la etapa definitiva en la historia de la salvación. Es el comienzo de la predicación del evangelio por parte de la Iglesia apostólica. Estos elementos también recuerdan el anuncio profético del «Día del Señor». Este pasaje entrelaza elementos históricos y escatológicos. El Espíritu empuja a la Iglesia más allá de las fronteras geográficas y culturales. Por eso todos entienden el mensaje en su propia lengua. Allí se han dado cita todos los pueblos hasta entonces conocidos indicando la universalidad del mensaje evangélico. Otro elemento importante es el aspecto comunitario: los discípulos están reunidos en comunidad y el anuncio inaugura una nueva comunidad.

En la primera de Corintios Pablo enfatiza la acción del Espíritu en la vida de los creyentes y en la construcción de la Comunidad eclesial. Conciente de las divisiones que se vivían al interior de esta comunidad insiste en que los dones, los carismas, los ministerios y los servicios proceden de un mismo Espíritu. Por lo tanto todos los carismas, dones y ministerios están en función del crecimiento de la Iglesia. La acción del Espíritu cualifica la misión de la Iglesia en el mundo y no sólo para la santificación individual. El Espíritu articula interiormente la misión de Jesús y la misión de la Iglesia.

El cuarto evangelio presenta dos escenas contrastantes. En primer lugar, los discípulos encerrados en una casa, llenos de miedo y al anochecer. En segundo lugar, la presencia de Jesús que les comunica la paz, les muestra sus heridas como signo de su presencia real, se llenan de alegría y Jesús les comunica el Espíritu que los cualifica para la misión. El miedo, la oscuridad y el encerramiento de «la casa interior» se transforman ahora con la presencia de Jesús en paz, alegría y envío misionero. Son signos tangibles de la acción misteriosa y transformante del Espíritu en el interior del creyente y de la comunidad. Resurrección, ascensión, irrupción del Espíritu y misión eclesial aparecen aquí íntimamente articuladas. No son momentos aislados sino simultáneos, progresivos y dinamizadores en la comunidad creyente.

Jesús cumple sus promesas. Les ha prometido a sus discípulos que pronto regresará, que nos les dejará solos. Les ha dicho que el Espíritu Santo de Dios les asistirá para que entiendan todo lo que él les ha anunciado. Así lo hace. Ahora les comunica el Espíritu que todo lo crea y lo hace nuevo. Jesús sopla sobre ellos como Dios sopló para crear al ser humano. Ellos son las personas nuevas de la creación restaurada por la entrega amorosa de Jesús.

La violencia, la injusticia, la miseria y la corrupción en todos los ámbitos de la sociedad nos llenan de miedo, desaliento y desesperanza. No vemos salidas y preferimos encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros asuntos individuales y olvidarnos del gran asunto de Jesús. Entonces es cuando él irrumpe en nuestro interior, traspasa las puertas del corazón e ilumina el entendimiento para que comprendamos que no nos ha abandonado. El sigue presente en la vida del creyente y en el seno de la comunidad. Sigue actuando a través de muchas personas y organizaciones que se comprometen a cabalidad para seguir luchando contra todas las formas de pecado que deshumanizan y alienan al ser humano. El Espíritu de Dios sigue actuando en la historia aunque aparentemente no lo percibamos. No es necesario hacer tanta bulla para decir que el Espíritu está actuando. Muchas veces no lo sentimos porque actúa en forma muy sencilla a través de gestos que pueden pasar desapercibidos.

¿Qué signos de la presencia dinamizadora del Espíritu de Dios podemos percibir en nuestra vida personal, familiar y comunitaria? ¿Conocemos personas que actúan bajo la acción del Espíritu? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para descubrir y potenciar los dones y ministerios que el Espíritu sigue suscitando en personas y comunidades?

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4.6.17 Pentecostés, patria de todos los pueblos: Persas, medos, elamitas…

domingo, 4 de junio de 2017
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18740773_802662909910903_9147528731762557607_nDel blog de Xabier Pikaza:

En este Pentecostés, fiesta del Espíritu de Cristo que alienta en nuestra vida, quiero destacar el comienzo múltiple del cristianismo, en la Plaza del Espíritu Santo de Jerusalén, donde había perss/partos, medos, elamitas, gentes de todas las tribus, lenguas y naciones, empezando por Oriente, conforme al relato “oficial” y litúrgico de Hch 2, 1-13, que anticipa el carácter multiforme de las iglesias posteriores.

Según ese relato, en el comienzo está el único Espíritu de Dios, que, siendo uno mismo (como Dios), alienta a modo de viento huracanado y arde en forma de múltiples llamas/lenguas de fuego, que se posan sobre los discípulos, varones y mujeres (unos ciento veinte, dice el texto anterior Hch 1, 15), haciéndoles capaces de hablar en muchas formas, según los «idiomas» y culturas de todos los pueblos reunidos en la “babel” de aquel momento.

Este Espíritu de Dios es la misma fuerza sagrada del Comos, que mantiene vinculado en amor el universo infinito de estrellas…, todo Dios hecho presencia y vida entre nosotros (con, por nosotros) en Cristo.

18835863_802662523244275_124519029786382471_nEl relato es conocido, no hace falta comentarlo por extenso, pero hay unos motivos que conviene recordar, conforme a la liturgia de este día, empezando por el tema intrigante y fecundo de la Plaza de Todos los Pueblos, un lugar que sustituye al viejo Templo de Jerusalén, una plaza abiertas (pura calle) donde vienen a juntarse gentes de muchas naciones y nacionalidades, de pueblos y autonomías, pero de manera que todos se entendieron, sin que unos dominaran a los otros.

Éste es el día de la comunión por el Espíritu de Dios, es decir, por el amor y la palabra, no por el puro dinero, ni por poderío militar, ni por el engaño… El mismo Espíritu de Dios, encarnado por Cristo en la historia de los hombres, es principio de unidad y comunión en la diferencia.

Por eso, Pentecostés es el día de la comunión de amor, como una luz que arde en la vida de los hombres y les hace comprenderse, una luz en miles y miles de luces, de manera que unos y otros se dan la mano y pueden caminar juntos, sin luchar unos contra otros…

Este es el día de la comunión, que según ese pasaje empieza de algún modo en oriente, con los partos-medos-elamitas, que según la «mitología» de algunos dirigentes del mundo occidental son el mismo demonio en persona (el eje del mal…). Allí tenemos que empezar precisamente, según este relato.

imagesEs el día de la comunión concreta de los pueblos de la tierra, que Lucas, el autor del libro de los Hechos, ha vuelto a contar y presentar, como al principio de la historia israelita, abierta a todas las naciones (cf. Gen 11). No hay un pueblo superior, ni Roma ni Grecia, ni Israel ni Egipto… Todos los pueblos aparecen en línea de igualdad, empezando por oriente (partos/persas, medos/iranios…), recorriendo el mundo entero, como círculo y espiral de vida, en torno al Espíritu, sin un pueblo sobre otros, sin guerra de conquista, ni dominio, sin más principio de unidad que el amor de Dios, revelado en Cristo.

Éste es el día de la comunión de las iglesias de Oriente y Occidente, que aparecen ahora en la mañana de Pentecostés, a eso de las nueve, al soplo (a la intemperie) del Espíritu de dios en Jerusalén. Desde allí, desde la Plaza Jesús por el Espíritu, salimos en esperanza de amor al mundo entero.

uncionPor eso, siendo un don de amor y de concordia, Pentecostés viene a presentarse en forma de Tarea, de Misión Universal de vida. Ésta es la verdadera globalización del amor y de la vida, sin dinero en medio, si armas por arriba, mano a mano, palabra a palabra, corazón a corazón, en apertura al Universo Entero, pues el Espíritu de Dios sigue planeando sobre el abismo del caos, para que todo sea y tenga vida, pues en el amor de Jesús somos, nos vemos y existimos.

Buen día del Espíritu a todos.

La Iglesia es una plaza abierta al viento y al fuego de Dios:

Ésta es la primera Plaza de la Iglesia, que Plaza del Sol/Fuego, que alumbra a todos, como había dicho el Cristo, Plaza de todas las Lenguas,que son riqueza de vida, para dialogar y comprenderse. Juntarse en la plaza, recibir el fuego, levantar la mano, par comprometerse todos con la vida. Aquí esta Pentecostés, con sus varios motivos:

a) Primero es el motivo de Babel, recogido de Gen 11. Por ansia posesiva y por envidia se enfrentaron y se dividieron hombres y mujeres del principio, enfrentándose entre sí, incapaces de entenderse.

Muchos han vuelto, hemos vuelto a juntarnos en ciudades que son como «babel», lugares donde hablamos lenguas diferentes y nos enfrentamos con violencia y miedo, sin querer ni poder entendernos. Pues bien, en aquella babel de Jerusalén se juntaron gentes de todos los pueblos… pero llegó el Espíritu del Cristo y se comprendieron.

b) Segundo es el motivo de fuerte huracán y del fuego que debe sacudirnos por dentro, Espíritu del Cristo, mensajero del Reino de Dios, asesinado por sacerdotes y gobernadores, Espíritu que arranca y que descuaja, que enciende y transforma, convirtiéndose en palabra (lenguas de fuego).

Cristo se introduce así en el babel de confusión y enfrentamiento,
de manera que todos pueden entenderse, por la palabra, por el fuego de la vida

c) Tercer motivo es la palabra que vincula. Hablan los galileos de Jesús, sorprendidos y recreados por su Espíritu. Hablan como saben, con el amor que Jesús les ha dejado, con el fuego de pasión que han recibido. Hablan de Dios y sus grandezas, de las maravillas de una vida que puede convertirse en comunión… y cada uno de los hombres y mujeres que han llegado a las fiestas confusas de la vieja Jerusalén (la gran Babel) les comprende en su propia lengua.

d) Así nace la Iglesia, una comunión de amor donde se juntan y comprenden gentes de lenguas diferentes: partos, medos, elamitas… A nadie se le fuerza, a nadie se le impone una lengua o cultura diferente. Cada uno escucha y atiende en su lengua, y todos en la Dios (el Dios de Jesús) que habla en muchas lenguas, para que todos se entiendan, cada uno en la suya, y aprendan todos a dialogar.

Éste es un tema de fondo de este domingo del Espíritu Santo, con la gente entusiasmada de la Plaza del Viento y del Fuego de Dios en Jerusalén, un lugar abierto a todas las dificultades y esperanzas de las gentes. (a) Empezaré presentando el texto, en su versión oficial. (b) Lo comentaré después, pero sólo fijándome en los muchos pueblos, que forman una Iglesia. Leer más…

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Nos ha parecido al Espíritu Santo y a Nosotros. Democracia eclesial

domingo, 4 de junio de 2017
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18814373_802514953259032_2957395311252763666_nDel blog de Xabier Pikaza:

Están todos reunidos: los cuatro líderes en primera fila (Santiago y Pedro a un lado, Pablo y Bernabé al otro), todo el pueblo cristiano en torno a ellos, escuchando para decidir. Ése es el tema de las dos primeras imágenes, el Pentecostés de la democracia cristiana del Espíritu Santo:

La comunidad entera debate sobre el problema (quiénes forman la verdadera iglesia, cuáles son sus compromisos). Han subido algunos de Antioquía (Pablo y Santiago) y se reúnen en Jerusalén, con Santiago y Pedro, y con todos. Hay un problema, deben resolverlo.

Los líderes aportan sus argumentos, aduciendo a la Biblia y a la propia experiencia de Jesús , expresando las diversas tendencias y visiones de las iglesias. Sin unos líderes buenos, capaces de defender sus posturas, pero dialogando en medio del pueblo no puede haber decisión cristiana.

Oran juntos, y deciden todos, líderes y comunidad en su conjunto, pues la palabra y la vida es de todos, de manera que la decisión surge de la búsqueda conjunta, de la oración y la conversación.

Al fin, todos ellos declaran, diciendo: Nos ha parecido al Espíritu Santo y a Nosotros… Seguirá habiendo problemas: Santiago será siempre Santiago, y Pablo será Pablo… y Pedro deberá asumir su tarea y decir su palabra entre todos… para que al final decida «todo el pueblo» (nosotros…) y no sólo los tres líderes.

18765875_802513103259217_3080303065364721342_nEsta es la palabra clave de Pentecostés, según el relato del «primer concilio», donde Pedro es Pedro por estar junto a otros, en medio de la Iglesia

Pedro es uno de los que hablan y votan, pero a su lado hay otros líderes (Santiago, Pablo…). Tienen ideas y prácticas muy distintas, pero se escuchan unos a otros, de manera que todos (ellos, todo el pueblo…) pueden entender, decidir y asumir el compromiso mutuo, en lo esencial (pues sigue habiendo entre ellos muchas diferencias).

No hay una iglesia jerárquica (no deciden nos por otros), sino una iglesia fraterna, donde dialogan y deciden todos…animados por unos líderes distintos entre sí, pero fraternos…

Sin duda, la iglesia tiene otros problemas vinculadas a su encarnación en el mundo de los pobres y a su apertura misionera a las naciones, como signo y sentido de Pentecostés. Pero sin esta democracia del Espíritu ella pierde su sentido y fundamento.
Por eso es importante volver a este Pentecostés del primer Concilio del Espíritu Santo, el año 49 d. C. Buen día a todos.

Nos ha parecido al Espíritu Santo y a Nosotros… El Espíritu es siempre Nosotros:

18881798_803893249787869_678267458961174625_nÉsta es la democracia del Espíritu Santo, que se expresa allí donde la comunidad reunida

Quiero precisar la función del Espíritu Santo en el conjunto de la Iglesia, a partir de la versión lucana del «concilio» de Jerusalén (Hech 15; cf. Gal 2, 1-10), donde la iglesia acepta como seguidores mesiánicos de Jesús (herederos de las promesas de Israel) a los cristianos de la gentilidad, aunque no sean judíos, ni se circunciden, ni cumplan gran parte de la ley nacional. Por su parte, las iglesias de la gentilidad aceptan la raíz judía de su fe, manteniendo la comunión con Jerusalén.

Este es el centro de Hech y del cristianismo: aquí se anudan y separan los hilos de la vida y ministerio de la iglesia, donde el Espíritu Santo de Pentecostés se revela a través del diálogo y decisión de toda la iglesia que dice: Nos ha parecido al Espíritu Santo y a Nosotros. El Espíritu Santo habla así a través de toda la iglesia, con los apóstoles que dialogan/discuten, llegando a un acuerdo con toda la comunidad que asume y confirma su compromiso, a favor de la extensión universal de la Iglesia.

18767603_802510446592816_4589964107468717215_nTema: La Iglesia de Jerusalén, representada por Apóstoles y Presbíteros (15, 2.4.6.22.23), con todos los creyentes reunidos, decide que los cristianos gentiles no han de ser circuncidados, ratificando la conducta de Pablo y Bernabé, aunque les imponen ciertas condiciones (15, 22-35).

Protagonistas son los delegados de la misión gentil (Pablo y Bernabé), los cristianos fariseos (exigen circuncisión: 15, 5) y algunos mediadores como Pedro y Santiago (cf. 15, 7-21).

La presencia de Pedro, que ha salido de Jerusalén hacia el 43 (cf. Hech 12, 17), está atestiguada por Gal 2, 1-10 y por todo el texto de Hch 15. Pero Pablo y Hech 15 suponen que Pedro no pertenece ya a esa comunidad (presidida por Santiago), sino que actúa como misionero.

En el centro de la iglesia de Jerusalén (representante de todas las iglesias) está Santiago. Pedro y Pablo acuden al «concilio» como misioneros de tendencias distintas, para recibir la aprobación de Jerusalén.

La decisión de admitir a los gentiles en la comunión mesiánica, sin exigir que se circunciden parte de Pablo y en algún sentido de Pedro, pero la ha tomado la iglesia judía, que se sitúa así en una postura delicada ante el resto del pueblo… Leer más…

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Santa María de Pentecostés

domingo, 4 de junio de 2017
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18814315_804420529735141_6824165819432081546_nDel blog de Xabier Pikaza:

María, la Madre de Jesús, aparece vinculada en Hech 1, 13-14 y Hch 2 con la venida y presencia del Espíritu Santo, de forma que Dios ratifica en el gesto y camino de la Anunciación:

En la Anunciación (Lc 1, 26-38) ella sola recibe (aunque como representante de todas las mujeres) el Espíritu de Dios, para así ser Madre de Jesús.

En Pentecostés (Hch 1-2) ella lo recibe con todos los creyentes, en el principio de la iglesia. De esa forma culmina el camino iniciado en la Anunciación, pasando de la promesa de Israel a la experiencia y plenitud de la iglesia. Así dice el texto:

«Subieron a la sala superior donde se alojaban. Eran Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el celota y Judas el de Santiago. Todos estos perseveraban con un mismo interés en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y sus hermanos» (Hch 1,13-14).

18813198_804421206401740_8703562313808729578_nEn ese contexto quiero evocar de un modo sencillo (sin un estudio crítico de los hechos en su aspecto externo) el sentido alcance de la presencia de María en Pentecostés (como persona individual y como representante de toda la Iglesia), partiendo de reflexiones extendidas en varias entradas del Gran Diccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2015)

— María está presente en el comienzo de la Iglesia: ella ha realizado el camino de la fe y, unida a unos grupos especiales de seguidores de Jesús, forma parte de la Iglesia originaria.

— María ha recibido el Espíritu de Pentecostés, culminando de esa forma el camino que había comenzado con la anunciación.

— Ya no recibe el Espíritu de maternidad para engendrar al Cristo sino que recibe y comparte con los restantes cristianos el Espíritu Pascual de libertad y unión fraterna que le ofrece el mismo Jesús resucitado.

Estos son los temas que ahora trataremos, para terminar uniendo en perspectiva pneumatológica y mariana los motivos de la anunciación y pentecostés. Buen día a todos.
— En la imagen 1 (de El Greco), María aparece como receptora privilegiada (central) del Espíritu Santo, entre los «apóstoles» (con otra mujer, que debe ser Magdalena). Significativamente no aparecen los hermanos de Jesús.
— En la imagen 2 María se identifica (al menos virtualmente) con el Espíritu Santo (una tesis defendida, al menos en principio, por L. Boff, Urs von Balthasar y otros teólogos).
— En la imagen final… una visión de oriente. En vez de María aparece la llama de Dios.

1. Entre los apóstoles, las mujeres y los parientes de Jesús

18838995_804420856401775_2297157124192027352_nAlgunos consideran la presencia de María en el comienzo de la Iglesia como un dato sin valor histórico. Así ha dicho M. Goguel: «no hay ningún indicio válido que nos permita suponer que María ha formado nunca parte de la Iglesia» (La Naissance du Christianisme, Paris 1955, 141).

Pues bien, en contra de eso, debemos afirmar que hay no solamente indicios sino también certezas fundantes que nos llevan a descubrir la presencia de María en la Iglesia primitiva. Sólo así se explica no sólo Hch 1,14 sino también Jn 19,25-27 que nos habla de María como miembro de la comunidad del discípulo amado. Sólo así se explica la existencia de una intensa veneración mariana que encontramos en el fondo de Lc 1,48 y en todo el evangelio de la infancia.

La simple afirmación de la presencia de María en el comienzo pascual y pentecostal de la Iglesia suscita una serie de certezas que son determinantes para comprender el sentido de su vida y el sentido de todo el cristianismo primitivo. María nos conduce del encuentro individual con Dios, que se explicita en Lc 1,26-38, al encuentro comunitario de Hch 1,14. Así universaliza el valor de su experiencia y expande, en ámbito de unión fraterna, la misma realidad de su persona.

Por la pascua de Jesús, ella ha renacido dentro de la Iglesia o, mejor dicho, ha renacido como Iglesia, en unión con sus hermanos. De esa forma ha culminado la presencia del Espíritu en su vida: podía parecer en Lc 1,35 que el Espíritu se daba sólo a su persona, de una forma individual, aislada y ya perfecta. Pues bien, ahora descubrimos que aquello fue un primer momento en el camino; por el don pentecostal de Jesús, el Espíritu de María se convierte en Espíritu de todos, como misterio de amor que unifica a la comunidad de los creyentes.

Pero con esto podemos volver hacia los textos. Hch 1,14 nos ofrece una lista fundacional de los miembros primitivos de la Iglesia. Ellos forman el ejemplo, concreción y signo de todos los creyentes posteriores. Cada uno de los grupos tiene su propio sentido, una razón de ser y una función que cumplir dentro de la primitiva comunidad.

Primero están los once cuyos nombres se citan expresamente (cf. también Lc 6,14-16). Ellos reciben el nombre de «apóstoles» (Hch 1,2) y se definen como acompañantes de Jesús en el camino de su vida y testigos de su resurrección (Hch 1,21-22). Dentro de la Iglesia primitiva ellos garantizan y atestiguan la continuidad entre el mensaje histórico de Jesús y la experiencia pascual. Son intérpretes de la fe y garantía de la unidad originaria de la Iglesia.

Junto a los apóstoles están las mujeres. El texto (syn gynaixin) resulta indeterminado y podría referirse a diferentes tipos de personas (por ejemplo a las esposas de los apóstoles). Pero es evidente que en el fondo de Lc-Hch ellas son, al menos, las mujeres que acompañaron a Jesús desde el principio: María Magdalena, Juana, la mujer del funcionario Cuza, Susana y muchas otras (cf Lc 8,3). Han servido a Jesús, le han visto morir (Lc 23,49); son testigos de su entierro (Lc 23,55-56) y, sobre todo, testifican el misterio de su tumba abierta (Lc 23,56-24,11)14. Sin su presencia en la primera comunidad la Iglesia hubiera perdido un elemento fundante de la historia y plenitud del Cristo.

Están, al mismo tiempo, los hermanos de Jesús que forman un grupo bien determinado, como en 1 Cor 9,5 (tois adelphois autou). Pertenecen a la vieja familia del Señor, interpretada en un sentido extenso, como entonces se entendía en el oriente 15: Ellos ofrecen el testimonio de la humanidad de Jesús, de su familia, tan insignificante, perdida y poco culta, en Nazaret de Galilea (cf. Mc 6,1-6). Han sido en un principio adversarios de Jesús y han rechazado su camino mesiánico (cf. Mc 3,20-21.31-35; Jn 7,3.5.10).

Pues bien, en un momento determinado, quizá a partir de la experiencia pas-cual de Santiago (cf. 1 Cor 15,7), que aparece como portavoz de todos ellos, estos familiares se han convertido (cf. 1 Cor 9,5; Gál 1,19), formando con apóstoles y mujeres el principio de la nueva Iglesia 16. Ellos aportan la prueba de los orígenes de Jesús, el re-cuerdo de su familia concreta entre los hombres. Un Jesús sin hermanos, sin crecimiento compartido, sin tradición asumida crítica-mente no sería verdaderamente humano.

Finalmente, como distinguiéndose de todos los grupos, está María, la madre de Jesús. Literariamente (si el kai tiene sentido conjuntivo respecto a lo anterior) se podría suponer que ella está integrada en el grupo de mujeres. Habría, según esto, tres grandes componentes de la Iglesia: apóstoles, mujeres y parientes. Sin embargo, es mucho más probable que ese kai (y) que le vincula a mujeres-parientes sea disyuntivo, de modo que ella forme grupo aparte.

18814271_804435479733646_477184484759729291_nMaría tiene su propia personalidad, aporta una experiencia irrepetible y diferente en el conjunto de la Iglesia17. Así lo suponemos en las notas que ahora siguen.
Para entender lo que implica el surgimiento de esta primera comunidad donde se encuentra María como miembro distinguido, es conveniente que tracemos, al menos de manera hipotética, el transcurso de los hechos 18. Los apóstoles, impactados por el juicio-cruz, se han dispersado, volviendo a Galilea, donde el mismo Jesús vuelve a su encuentro (cf. Mc 16,7; Mt 28,7.10).

Parece seguro que en esta conversión pascual ha intervenido poderosamente Simón (cf. Lc 22,32; 24,34; 1 Cor 15,5), que ahora confirma su nombre de Cefas-Pedro, fundamento de la Iglesia. Evidentemente, la experiencia pascual les lleva a Jerusalén, donde esperan la revelación definitiva de Jesús, Mesías de Israel, Hijo de Hombre escatológico. Las mujeres han quedado desde el principio en Jerusalén, donde han encontrado el sepulcro abierto. No sabemos lo que han hecho después. ¿Han corrido a Galilea para comunicar su experiencia a los apóstoles? (cf. Mc 16,7; Mt 28,10). No podemos precisarlo.

Lo cierto es que las hallamos luego en Jerusalén, formando la primera Iglesia, con los apóstoles (Hch 1,13-14) 21. Sobre los parientes no sabemos nada, a no ser que asumamos la hipótesis de un duelo transformado en experiencia pascual de resurrección. Según la costumbre judía, la madre y hermanos se habrían reunido una semana y luego un mes en llanto riguroso y luto por Jesús, el muerto. En un momento determinado, quizá por el testimonio de las mujeres y/o los apóstoles el duelo se habría convertido en gozo y canto, en experiencia de nuevo nacimiento. 22 Leer más…

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Solemnidad de Pentecostes. 4 Junio, 2017

domingo, 4 de junio de 2017
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pentecostes

“-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado,
así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-Recibid el Espíritu Santo.”

(Jn 20, 19-23)

Tú nos dejas tu Espíritu Santo, nosotras te abríamos pedido un manual de instrucciones. Suerte que no nos preguntaste.

Pero otros poderes que buscan manejarnos saben que, mezclada con nuestra ansia de libertad, llevamos una buena dosis de inseguridad. El miedo es la puerta ancha por la que desde siempre han entrado los dominadores de todos los tiempos.

Hoy se nos hace creer que somos libres si nos ponemos bajo el yugo del consumo. La publicidad es el manual de instrucciones. Ella nos explica cómo triunfar, cómo ser feliz, cómo tener éxito.

Alguien ha diseñado minuciosamente cómo debemos comportarnos, qué debe preocuparnos y también nos suministran los entretenimientos oportunos para que no pensemos demasiado.

Lo de la compensación- insatisfacción funciona a la perfección. Se crea una necesidad, un deseo. Se ofrece algo para satisfacer ese deseo. Pero solo de una manera parcial. Así de la compensación lo que recibimos es insatisfacción. Es el mecanismo del consumismo.

Sin embargo este sistema no genera gente feliz. Poco a poco vamos descubriendo sus engaños y resulta que solo la libertad que viene del Espíritu es la que le da sentido a la vida.

Esa falta de “manual de instrucciones” es lo que nos hace crecer en responsabilidad. Vencer nuestros miedos y hacer opciones valientes.

Jesús resucitado nos vuelve a recrear. Como al principio del Génesis (Gn 2, 7), sopla su aliento de vida y el Espíritu se une a nuestra humanidad, se hace compañía y fuerza trasformadora.

El Espíritu en su incansable labor nos despierta, generación tras generación. Nos libera de todos aquellos poderes engañosos. Y nos hace crecer en lo que somos: Hijas amadas.

Oración

A modo de oración te invito a escuchar esta canción con el hermoso texto de la secuencia del Espíritu (Solo haz clic aquí).

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios es todo Espíritu y solo Espíritu.

domingo, 4 de junio de 2017
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lengua-de-fuegoJn 20, 19-23

Los textos que leemos este domingo hacen referencia al Espíritu, pero de muy diversa manera. Ninguno se puede entender al pie de la letra. Es teología que debemos descubrir más allá de la literalidad del discurso. Las referencias al Espíritu, tanto en el AT (377 veces) como en el NT no podemos entenderlas de una manera unívoca. Apenas podremos encontrar dos pasajes en los que tengan el mismo significado. Algo está claro: en ningún caso en toda la Biblia podemos entenderlo como una entidad personal.

Pablo aporta una idea genial al hablar de los distintos órganos. Hoy podemos apreciar mejor la profundidad del ejemplo porque sabemos que el cuerpo mantiene unidas a billones de células que vibran con la misma vida. Todos formamos una unidad mayor y más fuerte aún que la que expresa en la vida biológica. El evangelio de Jn escenifica también otra venida del Espíritu, pero mucho más sencilla que la de Lc. Esas distintas “venidas” nos advierte de que Dios-Espíritu-Vida no tiene que venir de ninguna parte.

No estamos celebrando una fiesta en honor del Espíritu Santo ni recordando un hecho que aconteció en el pasado. Estamos tratando de descubrir y vivir una realidad que está tan presente hoy como hace dos mil años. La fiesta de Pentecostés es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra del Espíritu-Jesús-Dios. Vivieron la presencia de Jesús de una manera más real que su presencia física. Ahora, era cuando Jesús estaba de verdad realizando su obra de salvación en cada uno de los fieles y en la comunidad.

Sin el Espíritu no podríamos decir: Jesús es el Señor (1 Cor 12,3)”. Ni decir: “Abba”, sin el Espíritu de Jesús (Gal 4,6). Pero con la misma rotundidad hay que decir que nunca podrá faltarnos el Espíritu, porque no puede faltarnos Dios en ningún momento. El Espíritu no es un privilegio, ni siquiera para los que creen. Todos tenemos como fundamento de nuestro ser a Dios-Espíritu, aunque no seamos conscientes de ello. El Espíritu no tiene dones que darme. Es Dios mismo el que se da, para que yo pueda ser.

Cada uno de los fieles está impregnado de ese Espíritu-Dios que Jesús prometió a los discípulos. Solo cada persona es sujeto de inhabitación. Los entes de razón como instituciones y comunidades, participan del Espíritu en la medida en que lo tienen los seres humanos que las forman. Por eso vamos a tratar de esa presencia del Espíritu en las personas. Por fortuna estamos volviendo a descubrir la presencia del Espíritu en todos y cada uno de los cristianos. Somos conscientes de que, sin él, nada somos.

Ser cristiano consiste en alcanzar una vivencia personal de la realidad de Dios-Espíritu que nos empuja desde dentro a la plenitud de ser. Es lo que Jesús vivió. El evangelio no deja ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios-Espíritu: fue una relación “personal”; Se atreve a llamarlo papá, cosa inusitada en su época y aún en la nuestra; hace su voluntad; le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar esa experiencia de Dios, para que nosotros lleguemos a la misma experiencia.

El Espíritu nos hace libres. “No habéis recibido un espíritu de esclavos, sino de hijos que os hace clamar Abba, Padre”. El Espíritu tiene como misión hacernos ser nosotros mismos. Eso supone el no dejarnos atrapar por cualquier clase de esclavitud alienante. El Espíritu es la energía que tiene que luchar contra las fuerzas desintegradoras de la persona humana: “demonios”, pecado, ley, ritos, teologías, intereses, miedos. El Espíritu es la energía integradora de cada persona y también la integradora de la comunidad.

A veces hemos pretendido que el Espíritu nos lleve en volandas desde fuera. Otras veces hemos entendido la acción del Espíritu como coacción externa que podría privarnos de libertad. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de Dios que obra desde lo hondo del ser y acomodán­dose totalmente a la manera de ser de cada uno, por lo tanto esa acción no se puede equiparar ni sumar ni contraponer a nuestra acción, ser trata de una moción que en ningún caso violenta ni el ser ni la voluntad del hombre.

Si Dios-Espíritu está en lo más íntimo de todos y cada uno de nosotros, no puede haber privilegiados en la donación del Espíritu. Dios no se parte. Si tenemos claro que todos los miembros de la comunidad son una cosa con Dios-Espíritu, ninguna estructura de poder o dominio puede justificarse apelando a Él. Por el contrario, Jesús dijo que la única autoridad que quedaba sancionada por él, era la de servicio. «El que quiera ser primero sea el servidor de todos.» O, «no llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie Señor, no llaméis a nadie maestro, porque uno sólo es vuestro Padre, Maestro y Señor

El Espíritu es la fuerza de unión de la comunidad. En el relato, las personas de distinta lengua se entienden, porque la lengua del Espíritu es el amor, que todos entienden; lo contrario de lo que pasó en Babel. Este es el mensaje teológico. Dios-Jesús-Espíritu hace de todos los pueblos uno, “destruyendo el muro que los separaba, el odio”. Durante los primeros siglos fue el alma de la comunidad. Se sentían guiados por él y se daba por supuesto que todo el mundo tenía experiencia de su acción.

Jesús promueve una fraternidad cuyo lazo de unidad es el Espíritu-Dios. Para las primeras comunidades, Pentecostés es el fundamento de la Iglesia naciente. Está claro que para ellas la única fuerza de cohesión era la fe en Jesús, que seguía presente en ellos por el Espíritu. No duró mucho esa vivencia generalizada y pronto dejó de ser comunidad de Espíritu para convertirse en estructura jurídica. Cuando faltó la cohesión interna, hubo necesidad de buscar la fuerza de la ley para subsistir como comunidad.

“Obediencia” fue la palabra escogida por la primera comunidad para caracterizar la vida y obra de Jesús en su totalidad. Pero cuando nos acercamos a la persona de Jesús con el concepto equivocado de obediencia, quedamos desconcertados, porque descubrimos que no fue obediente en absoluto, ni a sus familias, ni a los sacerdotes, ni a la Ley, ni a las autoridades civiles. Pero se atrevió a decir: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”. La voluntad de Dios no viene de fuera, sino que es nuestro verdadero ser.

Para salir de una falsa obediencia, entremos en la dinámica de la escucha del Espíritu que todos poseemos y nos posee por igual. Tanto el superior como el inferior, tiene que abrirse al Espíritu y dejarse guiar por él. Conscientes de nuestras limitaciones, no solo debemos experimentar la presencia de Espíritu, sino que tenemos que estar también atentos a las experiencias de los demás. Creernos privilegiados con relación a los demás, anulará una verdadera escucha del Espíritu.

Meditación

Dios-Espíritu en nosotros, es la base de toda contemplación.
El místico lo único que hace es descubrir y vivir esa presencia.
La experiencia mística es conciencia de unidad.
No porque se han sumado mi yo y Dios,
sino porque mi yo se ha fundido en el YO.
Todos los místicos llegan a la misma conclusión que Jesús:
“yo y el Padre somos uno”
No te esfuerces en encontrar a Dios ni fuera ni dentro.
Deja que Él te encuentre a ti y te transforme.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Pentecostés

domingo, 4 de junio de 2017
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pentecostesHay más verdad en todas las religiones que en una sola (Schillebeeckx)

4 de junio. Domingo de Pentecostés

Jn 20, 19-23

Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros

Celebramos el nacimiento de la Iglesia, el pueblo de la Alianza nueva y eterna, no escrita en tablas de piedra, sino en nuestros corazones. Un pueblo del que están llamados a formar parte gentes de toda raza y condición para formar un solo cuerpo. Un pueblo diverso, pero con un lenguaje común -el amor de Dios derramado en nosotros- y no aquel en el que la autoridad religiosa actúa como el pastor de Jesús Carrasco en su libro Intemperie: silba, y el perro se levanta, corre hacia las ovejas díscolas que buscan nuevas hierbas y las atemoriza con sus ladridos para que regresen al redil. De esta manera la vida del rebaño queda paralizada para siempre bajo la férrea vigilancia del ojo acusador de perros y pastores, dispuestos siempre a dar la amedrentante voz de alarma. En tales condiciones, los discípulos no podrán nunca empezar a hablar en lenguas extranjeras como se apunta en Hechos 2, ni se podrá renovar la faz de la tierra, según reza el Salmo 104.

El historiador Flavio Josefo asegura a mediados del siglo I en Antigüedades de los judíos (16, 3,3) que Jesús “atrajo a muchos judíos y también a muchos de origen griego”.

El compositor ruso Stravinsky (1882-1971) fue un joven rebelde que a los 15 años abandonó la fe y la recuperó a los 45. En una confesión personal manifestó que no podía valorar los hechos que le habían llevado a descubrir la necesidad de la fe religiosa y que no obedeció a una decisión razonada. El recado recibido de la Iglesia de Pentecostés fueron para él los hechos. Le llegaron en formato de partitura del siglo XX, desnuda de abalorios rituales y de dogmas: “La música alaba a Dios. Lo hace de manera mejor que el propio templo y su decoración. Es el mayor ornamento que tiene la Iglesia”.

El mayor y el más eficaz en su labor de evangelización para extender los valores cristianos, profundamente humanos. Un ornamento inconsútil, el manto de Jesús, que los soldados romanos echaron a suertes, y que hoy siguen vistiendo cuantos se sienten comprometidos con ellos. Una preciosa leyenda cuenta que fue tejida por su Madre a los doce años, y que él usó durante su vida en la tierra. Quizás lo más interesante del relato sea que la túnica sin costuras, crecía con él, al margen de si la prenda guardada en Argenteuil (Francia) tenga escasos visos de veracidad. Cada uno de nosotros la llevamos puesta, y lo único que cabe es preguntarse: ¿Crecemos también nosotros cada día con ella?

Es una túnica que nos envuelve a todos, que crece, se detiene o disminuye a ritmo de coro. Así lo expresa en positivo Thich Nhat Hanh cuando en Un canto de amor a la Tierra dice que “Si bien la energía de nuestros pensamientos, palabras y acciones es poderosa, todavía lo es más cuando nos reunimos con otras personas. Cuando formamos un grupo con el objetivo y el compromiso común de llevar a cabo una acción, generamos colectivamente una energía muy superior a la que lograríamos individualmente”.

El polémico y heterodoxo teólogo belga Edward Schillebeeckx (1914-2009) concretó la universalidad de ese Evangelio que Jesús nos propuso expandir, en esta frase: “Hay más verdad en todas las religiones que en una sola”.

José Antonio Pagola nos manifiesta este deseo imperativo de lo que él anhela sea esta Iglesia Apostólica, en su obra “Jesús. Aproximación histórica”, publicada por PPC.

AMAR A LA IGLESIA

Amo a la Iglesia tal como es, con sus virtudes y su pecado, pero ahora, cada vez más, la amo porque amo el proyecto de Jesús para el mundo: el reino de Dios. Por eso quiero verla cada vez más convertida a Jesús. No veo una forma más auténtica de amar a la Iglesia que trabajar por su conversión al Evangelio.

Quiero vivir en la Iglesia convirtiéndome a Jesús. Esa ha de ser mi primera contribución. Quiero trabajar por una Iglesia a la que la gente sienta como “amiga de pecadores”. Una Iglesia que busca a los “perdidos”, descuidando tal vez otros aspectos que pudieran parecer más importantes. Una Iglesia donde la mujer ocupe el lugar realmente querido por Jesús. Una Iglesia preocupada por la felicidad de las personas, que acoge, escucha y acompaña a cuantos sufren. Quiero una Iglesia de corazón grande en la que cada mañana nos pongamos a trabajar por el reino, sabiendo que Dios ha hecho salir su sol sobre buenos y malos.

Sé que no basta con hablar de la “conversión de la Iglesia a Jesús”, aunque pienso que es necesario y urgente proclamarlo una y otra vez. La única forma de vivir en proceso de conversión permanente es que las comunidades cristianas y cada uno de los creyentes nos atreviéramos a vivir más abiertos al Espíritu de Jesús.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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«Pentecostés: Libres como el viento», José Mª Castillo

domingo, 4 de junio de 2017
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imagesDe su blog Teología sin Censura:

Pentecostés es, para los cristianos, la fiesta del Espíritu. Y, como es sabido, la palabra “espíritu” es la traducción del griego “pneuma” (de ahí, “neumático”), que significa, a la vez, “espíritu” y “viento” (R. E. Brown).

Por eso, sin duda, Jesús le dijo a Nicodemo: “El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 5). ¿Qué significa “nacer del agua y del Espíritu”? Jesús lo explica enseguida: “El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a donde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (Jn 3, 8).

El viento es libre. Y tiene tanta libertad, que nadie puede encadenarlo. Por eso dice Jesús que no se sabe ni de dónde viene, ni a dónde va. Es el símbolo perfecto de la libertad indomable. Una libertad que está allí donde está el Espíritu, el “pneuma”, o sea: el “espíritu”. Teniendo en cuenta que Jesús no destaca la “fuerza” del viento, que puede llegar a ser un huracán. Lo que Jesús destaca es la “libertad” del viento, que no se deja esclavizar, someter o dominar.

En esta sociedad en que vivimos, cuando nos imaginamos que somos más libres que nunca, ahora –precisamente ahora– es cuando estamos más controlados, más sumisos y además encantados con esta atractiva esclavitud que nos han impuesto.

La particular eficacia de este sistema consiste en que “no actúa a través de la prohibición y la sustracción, sino de complacer y colmar. En lugar de hacer a los hombres sumisos, intenta hacerlos dependientes” (Byung-Chul Han). Porque la fuerza, que nos somete, no es el “poder opresor”, sino el “poder seductor”. No le faltaba razón a El Roto cuando, no hace mucho, puso en una de sus mordaces viñetas la figura de un gran mandatario, que le estaba diciendo a la gente: Las dictaduras son innecesarias: ya nadie desobedece.

Por más que nos quejemos de los corruptos y los violentos, cuando veo en el autobús, por la calle o en la sala de espera, a la mayoría de la gente, sobre todo si es gente joven, enganchada al móvil, un móvil que está perfectamente controlado, no se sabe dónde, ni por quién, ni para qué, entonces pienso, con pena y rabia, que “el poder adquiere cada vez más una forma permisiva. Y su permisividad, incluso en su amabilidad, esconde su negatividad y se ofrece como libertad”.

El día que la fiesta de Pentecostés sea, de verdad, la fiesta de los hombres y mujeres libres como el viento, ese día habremos nacido de nuevo. Y en este mundo empezará a ser posible superar la contradicción que hoy nos parece insuperable: armonizar la libertad con la igualdad. ¿Una utopía? Sí. Por la fuerza del Espíritu.

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El lenguaje del amor

domingo, 4 de junio de 2017
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pentecostes-espiritu-santo-y-fuegoJuan Zapatero Ballesteros, sacerdote
Sant Feliú de Llobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 02/06/17.- Siempre me ha llamado la atención de manera muy especial la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, correspondiente al capítulo 2, versículos 1-11, que se leen la misa de la fiesta de Pentecostés. Se trata del pasaje donde se dice que “Estando reunidos los Apóstoles en un mismo lugar, se oyó como una gran ventada apareciendo de inmediato una especie de lenguas de fuego que se pusieron encima de la cabeza de cada uno de ellos”. La gente que había llegado a Jerusalén a celebrar la fiesta, procedente de lugares diversos -continúa relatando el mismo libro- comprendían todo lo que los Apóstoles decían, a pesar de que venían de zonas y lugares donde se hablaban lenguas diferentes.

Dejando de lado la relación que pueda tener este hecho, en sentido contrario, claro está, con el de la Torre de Babel que narra el libro del Génesis, diferentes biblistas y estudiosos de las Sagradas Escrituras han intentado interpretar lo que este hecho puede encerrar. Una de estas interpretaciones consiste precisamente en afirmar que los Apóstoles recibieron a partir de aquel momento el don de la glosolalia, según la cual recibieron la capacidad de hablar idiomas desconocidos por ellos, pero que, a su vez, correspondían a las lenguas diversas de quienes se encontraban allí presentes, razón por la cual estos entendían perfectamente lo que aquellos hablaban.

Siempre he creído que semejante interpretación suponía rizar demasiado el rizo. En todo caso me quedo con la alocución italiana “Si non e vero es ben trobato”; pero sin pretender llegar más allá, ¡solo faltaba! Eso sí, no he dejado de dar vueltas intentando buscar una explicación que satisficiera mi inquietud respecto a lo que en este texto se dice. “Todos comprendían lo que decían los Apóstoles, a pesar de proceder de diferentes lugares y ser diferentes sus lenguas”. Llegados a este punto, podríamos decir que es el lenguaje de los signos el que todo el mundo entendemos por lo que a la hora de expresarnos se refiere. Pero no es aquí donde quiero llegar; para mí existe un lenguaje mucho más universal y que además resulta totalmente irrefutable. Dicho lenguaje no es otro que el del amor manifestado a través de las buenas obras. No en vano, el pueblo lo expresa de manera muy sencilla, pero plenamente inteligible “Obras son amores y no buenas razones”.

Por tanto, si nos ceñimos a Pentecostés, fuera bueno que dejásemos de lado todo lo que se refiere a la mente, a la ciencia, al intelecto, para centrarnos totalmente en el corazón como símbolo del amor, de donde procede toda obra buena. Así pues, en Pentecostés no hay que buscar sabiduría, ni cosas por el estilo, sino transformación profunda del corazón, dejando de ser de piedra para convertirse en un corazón de carne, tal y como dice el profeta (EZ 11,19). Dicho esto, Pentecostés significa para mí que los Apóstoles pasaron a convertirse en personas comprometidas con el bien hacia toda persona; lenguaje irrefutable y a la vez inteligible por todos hombres y mujeres. De tal manera que caen por tierra todas las demás realidades que no hacen más que dividirnos y separarnos, como son entre otras, las ideologías, las creencias, las razas, las culturas, las formas de pensar, etc.

Por ello, a pesar de que pueda ser un tanto osado, me atrevería añadir a las palabras de san Pablo “El amor no pasa nunca”, otras que dijeran “Y además transciende tiempo y espacio”, razón por la cual toda persona lo comprende y comprenderá siempre.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Su aliento: antídoto para los des-alentados

domingo, 4 de junio de 2017
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pentecostes-8Leo el texto con vosotr@s: Juan 20,19-23. Os invito a sentaros tranquilamente con la Palabra en las manos y hacer espacio interior para acogerla. Ayuda un ambiente de silencio como ausencia de ruidos y un silencio ausencia de otras voces interiores que reclaman atención, compromisos, eficacias… Para conseguirlo te puede ayudar una respiración consciente y sosegada, y así, despacio y con cariño ir leyendo, como si recibieras una carta de alguien a quien amas y tardaba en llegar.

Leemos el texto y tratamos de comprenderlo.

Ya anochecido: los discípulos y discípulas “están en la noche” a oscuras, no ven claro el siguiente paso como comunidad incipiente.

Aquel día primero de la semana: el mismo día en que comienza la nueva creación

Estando atrancadas las puertas: el miedo por la hostilidad que sienten a su alrededor les hace sentir a la intemperie, desamparados, por ello se encierran y protegen de “los otros”.

Jesús se hace presente en el centro: que significa punto de referencia, factor de unidad, fuente de vida.

Paz con vosotros: es el Shalom que Él ya experimenta porque ha vencido al mundo y a la muerte. Es el Shalom que les desea para que vivan en plenitud.

Les mostró las manos y el costado: la permanencia de estas señales indica la permanencia de su amor.

La repetición del saludo introduce la misión que ha de ser cumplida como Él la cumplió.

Sopló y les dijo: Recibid Espíritu Santo…: Jesús les infunde ahora su propio aliento, el Espíritu, que crea la nueva humanidad.

Pecado: según el texto supresión de la vida que impide la realización del proyecto creador.

Me impacta enormemente la actualidad del texto en cuanto a la necesidad de Shalom, de luz, de su presencia en nuestro centro. La necesidad de saber que permanece con nosotros, viendo sus señales hoy.

Me pregunto ¿De verdad envía su aliento? ¿Qué hacemos con el Aliento Creador que infunde la Vida de Dios?

Su soplo, como en Génesis, hace posible la nueva creación: la nueva humanidad o comunidad, la del Espíritu.

Se nos invita a pasar al paradigma del Espíritu. A dejar que su aliento haga emerger la comunidad que sea icono del Dios de Jesús en el mundo de hoy.

Pentecostés no ocurre en el Templo sino en las personas. Si hemos dejado entrar la noche su presencia en nuestro centro irá acercando el crepúsculo.

Si necesitamos evidencias, la experiencia de Resurrección nos acercará a sus manos que expresan su manera de hacer y a su costado, su manera de sentir.

Pero lo más importante es que Jesús Resucitado “sopló y les dijo: Recibid Espíritu Santo. A quienes dejéis libres de los pecados, quedarán libres de ellos”.

Entiendo que se nos invita a ser comadronas de la vida del Espíritu en las personas y en las comunidades. Somos enviados y enviadas a liberar la Vida que tiene que continuar el proyecto creador en nosotros, en nuestras comunidades y en nuestro cosmos.

“Liberar la Vida”, ser co-creadores, crear espacios nuevos, como vino nuevo en odres nuevos. Salir de la teoría y aceptar que la Palabra nos llene de su aliento, quitando el des-aliento y podamos gestar esa Vida, y colaboremos con los y las gestantes, como dice Francisco: sin envidias, sin calumnias…con corazones de niñas.

Ahora, después de todo el proceso, dejo que mi espíritu creador y creativo emerja y descubra a otros emergentes espíritus creativos y nos pongamos “manos a la obra”.

Como tarea práctica te invito a que localices en tu vida las etapas de cambio a las que te atreves a llamar “pentecostés” porque te han hecho descubrir su Presencia en ti de un modo nuevo, más vivo y vigoroso. Porque te han hecho ver a las personas y al mundo con reverencia, porque te han liberado de estrecheces y opresiones patriarcales, porque te han convertido en comadrona…

Feliz Pentecostés. ¡Feliz Espíritu Emergente!

Magdalena Bennásar Oliver

Fuente Fe Adulta

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Festividad de Pentecostés.

domingo, 4 de junio de 2017
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comentarios_desglose_ilustComentarios a las dos primeras lecturas

Pentecostés cierra el ciclo Pascual y el año litúrgico. Pentecostés abre nuestro tiempo, el tiempo que se vive en la fe y para la Misión, en el Espíritu de Jesús, esperando la plenitud.

Es la celebración de algo muy íntimo de nuestra fe: la fe en la presencia del Viento de Dios, que transforma la vida de los humanos, para hacer de la humanidad EL REINO.

Hechos 2, 1-11

Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del cielo como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Enormemente sorprendidos, preguntaban:

– ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.

El ruido de un viento recio, llamaradas sobre cada uno, hablar en diversas lenguas. Todo esto son hermosos símbolos de la presencia del Espíritu, que es un viento de Dios, un fuego de Dios, una Palabra universal. La comunidad de los que siguen a Jesús, la comunidad entera, hombres y mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea al Calvario, llena del Espíritu de Jesús.

Lucas ha mostrado en el capítulo 1º que Jesús «no está». El capítulo 2º corrige la afirmación: Jesús «está», porque está su Espíritu. Y este va a ser el argumento profundo de todo el libro: la presencia del Espíritu de Jesús en la comunidad de los que han creído en Él.

Corintios 12, 3b-7. 12-13

Nadie puede decir «Jesús es Señor» si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor. Y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Texto sencillo y denso: la fe en Jesús es ya un trabajo del Espíritu, ese viento de Dios que actúa en nosotros. Luego, todos los dones de cada uno, sus carismas al servicio de la comunidad… Pero el alma de todo eso es el Espíritu de Jesús, el Espíritu de hijos, el viento del Padre, el que actuó en Jesús y actúa ahora en la comunidad de los creyentes. Y no importa que sean judíos o no: el Espíritu ha soplado en todos, de esa Agua hemos bebido todos.

En la comparación de Pablo, la Iglesia es como un cuerpo: todos somos miembros, todos tenemos una función: Jesús es la Cabeza (o el corazón, sería lo mismo). Y en cada miembro actúa el Espíritu para bien del Cuerpo entero. El Espíritu de Dios es en la Iglesia como el alma en un cuerpo: lo anima, lo hace vivo. La Iglesia tiene una vida nueva, la que le da la nueva alma, el Espíritu de Jesús.

Esta es, por tanto, la Nueva Creación. Pablo presenta a Jesús como «el hombre nuevo», el Primogénito de los Hijos. Ese es nuestro Espíritu. Ese es el «hombre nuevo», re-creado a imagen del Hijo. Esa es la vocación de todo ser humano.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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“El Espíritu de la Verdad”. 21 de mayo de 2017. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

domingo, 21 de mayo de 2017
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1398445799_315714_1398446224_album_normalJesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

José Antonio Pagola

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“Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor”. Domingo 21 de mayo de 2017. 6º Domingo de Pascua.

domingo, 21 de mayo de 2017
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28-PascuaA6 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
1Pedro 3,15-18: Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida
Juan 14,15-21: Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

La palabra de Felipe, un misionero que lleva el mensaje de Jesús a nuevas fronteras, es escuchada con atención porque hay coherencia entre lo que dice y lo que hace. La palabra y el poder sanador de Felipe son motivo de alegría para la comunidad samaritana. Para que una comunidad se mantenga firme en el evangelio es necesario tener la fuerza y la gracia del Espíritu Santo, algo que solo se logra con la oración, la imposición de las manos como signo de herencia fraterna y el bautismo comprometido con la misión de Jesús. Los discípulos y discípulas de ayer y de hoy tenemos la gracia de haber recibido el Espíritu Santo a través del Bautismo y la imposición de las manos. El Espíritu Santo es el único que puede garantizar el éxito y la eficacia de la misión. Discipulado, Espíritu y misión son las marcas que identifican al misionero de Jesús.

El pasaje de la carta de Pedro insta a la comunidad a ser santos. Una santidad que está siempre ligada al seguimiento y a las consecuencias que esta opción misionera imponga en nuestras vidas.

El Evangelio de Juan nos da la clave del verdadero seguimiento: AMAR. Este amor es el mandamiento que Jesús da a quienes quieran seguirlo. Ser discípulos o discípulas de Jesús implica tener como norma de vida el amor, un amor activo, liberador y eficaz. Ésta es la esencia del Evangelio, éste es el corazón de la vida y la práctica de Jesús, esto es lo que identifica a todos aquellos y aquellas que han asumido su misión.

Jesús teme por el futuro de sus discípulos. Sabe que las fuerzas del mal son poderosas y no escatiman esfuerzos para eliminar a las fuerzas del bien. Reconoce que sus discípulos no tienen todavía la formación y la convicción necesaria para enfrentar estas fuerzas malignas. Por esto, en un gesto de amor profundo, Jesús le pide al Padre que derrame el Espíritu sobre los discípulos de ayer y de hoy, para no dejarnos huérfanos, para que permanezca siempre con nosotros en la continuidad de la misión. Mientras el mundo permanece ciego, el Espíritu permite a los discípulos de Jesús reconocerlo en los hermanos. En el amor a los demás se reconoce el verdadero rostro de Jesús. Sólo el amor, al que somos llamados, es garantía de la presencia de Dios en nosotros y en nuestras comunidades. Si el amor es la clave del seguimiento de Jesús, tendremos que preguntarnos que estamos haciendo en nuestra vida y en nuestras comunidades para impregnar el mundo de amor, un amor que con la fuerza del Espíritu, permita que la verdad, la justicia y la fraternidad sean las huellas del Reino en el mundo de hoy.


La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos en su capital. Es una noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48). Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (cfr. 2Re 17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley, no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras normas que las contenidas en el Pentateuco. Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garitzín. Por todo esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, y con tanto éxito como sugiere el pasaje que hemos leído, hasta concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, “se llenó de alegría”.

Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia de los creyentes, es obra del Espíritu Santo, como comprueban los apóstoles Pedro y Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu Santo sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu divino, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.

La 2ª lectura sigue siendo, como en los domingos anteriores, un pasaje de la 1ª carta de Pedro. Escuchamos una exhortación que con frecuencia se nos repite y recuerda: que los cristianos debemos estar dispuestos a «dar razón de nuestra esperanza» a todo el que nos la pida. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué nos empeñamos en confiar en la bondad de Dios en medio de los sufrimientos de la existencia, las injusticias y opresiones de la historia? Porque hemos experimentado el amor del Padre, y porque Jesucristo ha padecido por nosotros y por todos, para darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios. Por esta misma razón el apóstol nos exhorta a mostrarnos pacientes en los sufrimientos, contemplando al que es modelo perfecto para nosotros, a Jesucristo, el justo, el inocente, que en medio del suplicio oraba por sus verdugos y los perdonaba. La breve lectura termina con la mención del Espíritu Santo por cuyo poder Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.

A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un “Paráclito”, un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.

Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.

El «mundo» (en el lenguaje de Juan) no puede recibir el Espíritu divino. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores, esos son los discípulos de Jesús.

Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de San Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico. Leer más…

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Dom 21.5.17. Se acerca Pentecostés. Experiencia y teología del Espíritu Santo

domingo, 21 de mayo de 2017
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 6º de Pascua. Juan 14,15-21. El evangelio de hoy presenta la Pascua de Jesús como promesa y Esperanza del Espíritu Santo:

Yo rogaré al Padre y os enviará otro Defensor”, es decir, el “paráclito de Dios”, Dios mismo como Amado compañero, Consolador y defensor de los hombres.

Nos acercamos a la Ascensión del Señor, nos acercamos a Pentecostés. En esa línea quiero presentar mi reflexión dominical…que en este día tendrá dos partes bien diferenciadas:

(1) Un comentario exegético del evangelio, centrado como he dicho en la promesa del Espíritu Santo, analizando las palabras del evangelio, con la promesa del Paráclito, desde sus diversas perspectivas Puede servir de meditación personal o de guión para una predicación dominical.

La Pascua viene a presentarse en este contexto como experiencia de intimidad orante, Dios en nosotros. Ésta es la promesa que sostiene el camino de la historia tantas veces oscura y angustiosa de los hombres: Llega el Espíritu de Dios, la verdad auténtica, la nueva humanidad

(2) En la segunda parte quiero presentar una teología del Espíritu Santo, comentando dos obras fundamentales de H. Mühlen, que fue a finales del siglo XX el gran pensador alemán que renovó el estudio de la «Vida de Dios», hecha fuente de vida en la existencia de los hombres.

H. Mühlen fue un gran teólogo… un carismático. De esa forma pasó de la cátedra (sin dejarla) a las comunidades pentecostales católica, apostando por una renovación vivencial de la Iglesia.

Las dos partes (experiencia y teología) se vinculan. Las dos nos ayudan a pentrar en la vida de Dios que es su Espíritu. Buen domingo a todos.

Imagen 1. Un signo del Espíritu Santo. El fuego de Dios, hecho paloma…
Imagen 2. El lugar tradicional del Cenáculo y de Pentecostés en Jerusalén…

b2ed404cd66d00ae6bf0e3c40c635b81_lEs una estancia gótica del siglo XIV, un lugar entrañable, signo del Espíritu Dios, en la Jerusalén dividida: Al lado está el gran templo cristiano de Sión, debajo el «cenotafio» de David, revestido de negro y copado por nacionalistas judíos… y este salón del Cenáculo (construído por los franciscanos el año 1342, es ahora propiedad de un musulmán, que deja entrar a los devotos y rezar en privado, pero no celebrar liturgias…).

Buen domingo, buena espera del Espíritu Santo a todos, que buena falta nos hace.
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Texto:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor (=Paráclito), que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él (Juan 14,15-21).

EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU SANTO. COMENTARIO EXEGÉTICO

Introducción.
Evangelio de Juan: Catequesis del Espíritu

jednosc-wiara7(Traducción polaca de un libro sobre el Espíritu Santo, que publiqué el año 2002)

El evangelio de Juan puede entenderse como una catequesis del Espíritu, como dice el mismo Jesús a Nicodemo, maestro de Israel: «En verdad te digo, si alguien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 2, 5). El evangelio es experiencia de nacimiento: nos hace ver que somos hijos de Dios, con Jesús, en el Espíritu. La religión anterior ha pasado, los montes sagrados y templos, los cultos antiguos. Llega en Jesús la novedad de una adoración gratuita, abierta a todos:

«Créeme, mujer: viene la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero llega la hora y es ésta en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; estos son los adoradores que Dios busca: Dios es Espíritu, y quienes le adoran deben adorarle en Espíritu y Verdad» (Jn 4, 21-24).

Los hombres estaban divididos por sacralidades. Ahora han de unirse en el Espíritu y Verdad universal. Eso lo sabían los judíos helenistas (Filón y Sabiduría), pero no habían podido concretarlo. Muchos cristianos posteriores han seguido encerrados en una cultura o ciudad (nación) particular. En contra de eso, Jesús quiere que todos se vinculen por el Espíritu, que brota como río de su seno:

«Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él; pues todavía no había Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado» (Jn 7, 39).

Jesús resucitado es manantial del Espíritu, que mana hacia todos los humanos (como las aguas del paraíso: Gen 2, 10-14; Ap 22, 1-2).

Jesús pascual, los textos del Paráclito:

En ese fondo se sitúan los textos del Espíritu-Paráclito, como abogado, defensor de los fieles en la prueba (cf. Mc 13, 11 par), intérprete y autoridad de Jesús en la iglesia.

images1(1) Rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Ésta es la palabra clave del evangelio de hoy. Jesús mismo había sido el Paráclito, defensor de sus discípulos. Pero ahora que se va y les deja en plano físico, pide al Padre otro, que sea presencia interior y compañía (no os dejaré huérfanos: 14, 18).

Los hombres que están cerrados en el “mundo” viven en un plano de carne, de lucha mutua, mentira. La misma vida se les cierra y aparece como círculo de muerte. Por el contrario, aquellos que viven iluminados por Jesús (desde la presencia de Dios) reciben la promesa del el Espíritu. Están acompañados. Esta experiencia del Dios-Compañía es la clave de pascua cristiana.

(2) El Paráclito… os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os dije, como Maestro interior divino (Jn 14, 26). La iglesia ha corrido a veces el riesgo de entender la verdad como algo impuesto por fuera, resuelto y enseñado desde arriba. Pero Jesús promete a los suyos un magisterio interior: los cristianos sólo conocen la autoridad del Espíritu-Paráclito, que interpreta y actualiza a Cristo. Leer más…

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Alegría, esperanza, amor. Domingo 6º de Pascua.

domingo, 21 de mayo de 2017
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jsalvDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las lecturas continúan las tres situaciones de la iglesia que comenté el domingo pasado.

Iglesia naciente: modelo de una nueva comunidad (Hechos de los apóstoles)

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Tras la institución de los diáconos, Lucas nos cuenta la actividad de uno de ellos, Felipe, en la fundación de la comunidad de Samaria. Esto le sirve para indicar las características que debería tener cualquier nueva comunidad.

1) No debe excluir a nadie. Felipe se dirige a Samaria, la región más despreciada y odiada por un judío.

2) Felipe predica a Cristo. Los misioneros no proponen una filosofía moral ni una ética; su intención primordial no es reformar las costumbres sino dar a conocer a Jesús.

3) La palabra va acompañada de la acción. Lucas la concreta en signos y prodigios semejantes a los que realizaron Jesús y los apóstoles: curación de todo tipo de enfermos.

4) El fruto de esta actividad es que «la ciudad se llenó de alegría». El evangelio no es un mensaje triste.

5) Sólo falta algo que el diácono Felipe no puede dar: el Espíritu Santo. Eso lo concede la oración de los apóstoles Pedro y Juan, que simbolizan al mismo tiempo con su presencia la unión entre la nueva comunidad y la iglesia madre de Jerusalén.

Iglesia sufriente: calumnias y esperanza (1 de Pedro)

Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

La carta de Pedro menciona el tema de las calumnias que sufrían los primeros cristianos. Recuerdo dos de ellas, tomadas de textos de Tertuliano y Minucio Félix.

Se decía que cuando uno iba a incorporarse a la comunidad e iniciarse en los misterios, se tomaba a un niño muy pequeño, se lo recubría por completo de harina y se lo colocaba sobre una mesa. Cuando el neófito entraba en la sala, le ordenaban golpear con fuerza aquella masa. Él lo hacía, pensando que no se trataba de nada grave. Y golpeaba una y otra vez hasta matar al niño. Entonces, todos se lanzaban sobre el niño muerto para lamer su sangre y repartirse sus miembros, sellando de ese modo la alianza con Dios.

Otra acusación era la del incesto. Según ella, los cristianos se reúnen en sus días de fiesta para celebrar un gran banquete. Acuden con sus hijos, hermanas, madres, personas de todo sexo y edad. La sala está iluminada sólo por un candelabro, al que se encuentra atado un perro. Cuando han comido y bebido abundantemente, ya medio borrachos, excitan al perro tirándole trozos de carne a un sitio al que no puede llegar, hasta que el perro tira el candelabro, se apaga la luz, y todos se abrazan al azar y se entregan a la mayor orgía entre hermanos y hermanas.

En este contexto, la carta de Pedro recomienda:

1) Saber dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre y respeto. Es decir, saber explicar qué creemos y esperamos, pero sin usar condenas y descalificaciones.

2) Es mejor padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal.

Esta conducta, humanamente tan difícil, sólo se puede conseguir recordando el ejemplo de Jesús que, siendo inocente, murió por los culpables. E igual que él resucitó, también nosotros recibiremos el premio de nuestra paciencia.

Iglesia creyente: «obras son amores» (evangelio de Juan)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»

El evangelio, en pocas palabras, reúne temas tan distintos que resulta difícil encontrar un elemento común. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir. Destaco tres temas.

1) Este breve fragmento comienza y termina con palabras muy parecidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.» «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama». Como dice el refrán: «Obras son amores, y no buenas razones».

La relación entre el amor y la observancia de los mandamientos es muy antigua en Israel: se remonta al Deuteronomio, donde amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, se concreta en la observancia de sus leyes, mandatos y decretos. En el caso de Jesús hay una gran diferencia, sus mandamientos se resumen en uno solo: «Esto os mando: que os améis los unos a los otros como yo os he amado».

2) Teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta de Pentecostés, son importantes las palabras: «Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.» Parece una contradicción manifiesta pedir al Padre que nos dé algo que ya vive en nosotros. Son los dos tiempos en los que se mueven a menudo estos discursos: el de Jesús, que mira al futuro y pide al Padre que nos dé un defensor; y el nuestro, que ya hemos recibido el Espíritu y vive en nosotros.

3) La unión plena del cristiano con el Padre y con Jesús. «No os dejaré huérfanos, volveré.» «Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros

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Sexto Domingo de Pascua.

domingo, 21 de mayo de 2017
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pascua

Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos pasean por nuestro interior a modo de guías turísticas para despertarnos a lo esencial, que, como decía El Principito, es invisible a los ojos. Nos llevan hacia lo que habita dentro, nuestros amores, lo que escuchamos, lo que vemos y conocemos y, muy importante, nuestros descubrimientos. Esas experiencias que anclan la existencia en Dios.

Felipe en Samaría es capaz de alegrar a toda la ciudad hablando de Jesús, de Cristo. Contando que vive y que su presencia es sanadora, liberadora, permite volar al viento del Espíritu. Durante toda la Pascua afirmamos en la Eucaristía que la efusión del gozo pascual desborda el mundo de alegría.

Así que la primera parada en nuestra ruta turística interior, es la calle de la alegría. Aquella que descubrimos cuando Dios se hizo presente en nuestra vida, o nos dimos cuenta de que siempre había estado ahí, acompañándonos con su mirada enamorada. ¿Cómo andamos de alegría? Atención, cuidado con desviarse por la calle de la amargura porque se nos avinagra la sonrisa.

Si pasamos a la segunda lectura, nos encontramos con una carta de Pedro. Nos anima a ser valientes y explicar abiertamente a quien nos lo pregunte, sin pudor, qué es lo que llena nuestra vida de esperanza, de confianza, de serenidad. Nos invita a hablar de Dios a quien nos quiera escuchar… pero nos pide que lo hagamos con delicadeza y respeto. Nada de caer en la tentación de imponer nuestra experiencia a otras personas, o despreciarlas y sentirnos por encima.

Nuestra guía interior después de mostrarnos la calle de la alegría nos para frente a la fuente de la esperanza… Agua fresca y gratuita, para todas las personas que se quieran acercar. Y digo que nos para porque es precisamente lo que se necesita, parar. Parar para comprender y contemplar cuál es nuestra verdadera fuente, qué aguas bebemos que a veces nos arrugan la mirada y nos decoloran la sonrisa.

Para escuchar las palabras de Jesús la Iglesia durante la Pascua nos acerca al Evangelio de Juan, que para algunas personas es belleza y poesía y para otras es más bien enigmático y filosófico. Este domingo, igual es porque escribimos desde una monasterio trinitario, lo que más resuena en el corazón es la presencia de las Tres Divinas Personas a lo largo del texto. Y, como no puede ser de otra manera, para hablar de Dios Trinidad habla de amar, del amor que damos, del que recibimos, del Amor. Y lo hace como simulando una danza de entrega y acogida.

El Espíritu mora en vosotros”… “yo estoy en mi Padre, vosotros en mí, yo en vosotros”… “quien me ama, será amado por mi Padre, y yo también lo amaré”

Si leemos el texto con serenidad nos está invitando a participar en la danza del Amor, con Jesús, con Abba, con el Espíritu Santo. Así que, para nuestras sorpresa, esta ruta por nuestro interior no nos lleva a una clase teórica de dogmática cristiana sino a un taller de danza. La torpeza no es una excusa, porque el taller está preparado para quien se decida a dejar a un lado el pequeño mundo de los razonamientos y dejarse llevar por el ritmo trinitario del Amor. El Amor que habita en ti. Tan solo escucha, y que el latir del corazón se acompase con el latir de Dios. ¡A danzar!

Oración.

Tus palabras refrescan nuestra alma,
todo se hace posible,
envueltas y a la vez habitadas por Ti,
nos hacemos música para Ti.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El único amor es el que se manifiesta en obras.

domingo, 21 de mayo de 2017
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enfants1Se habla de la presencia de Dios de Jesús y del Espíritu en la primera comunidad. Se trata de hacer ver a los cristianos de finales del s. I, que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante este tema, también para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo, que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía antes y después de su muerte; y que ahora se manifiesta de una manera nueva. Se trata de la misma Vida de Dios (Zoe). Esto explica que entre en juego un nuevo protagonista: el Espíritu.

No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, Dios y el Espíritu por aquellos cristianos de finales del s. I. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas. Si uno se fija bien en el lenguaje, descubrirá que se habla de la misma realidad con nombres distintos. Una y otra vez insisten los textos en la identidad de los tres. Después de morir, el Jesús que vivió en Galilea, se identificó absolutamente con Dios que es Espíritu. Ahora los tres son indistinguibles.

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Mandamientos que en el capítulo anterior quedaron reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios. Los mandamientos son exigencia del amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera, sino la exigencia de amar, que viene del interior y que se debe manifestar en cada circunstancia concreta. Para Jn, “el pecado del mundo” era la opresión, que se manifiesta en toda clase de injusticias. El “amor” es también único, que se despliega en toda clase de solidaridad y entrega a los demás.

Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre.Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de una realidad distinta de lo que él es o de lo que es Dios. Está hablando de una nueva manera de experimentar el amor, que será mucho más cercana y efectiva que su presencia física durante la vida terrena. Primero dice que mandará al Espíritu, después que él volverá para estar con ellos, y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Esto significa que se trata de una realidad múltiple y a la vez única, Dios.

“Defensor” (paraklêtos) = el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor cuando se trata de un juicio. Se trata de una expresión metafórica. La defensa a la que se refiere, no va a venir de otra entidad, sino que será la fuerza de Dios-Espíritu que actuará desde dentro de cada uno. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. El Espíritu será otrovaledor. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Cuando él se vaya, será el Espíritu el único defensor, pero será mucho más eficaz, porque defenderá desde dentro.

“El Espíritu de la verdad”. La ambivalencia del término griego (alêtheia) = verdad y lealtad, pone la verdad en conexión con la fidelidad, es decir con el amor. “De la verdad” es genitivo epexegético; quiere decir, El Espíritu que es la verdad. Jesús acaba de decir que él era la verdad. “El mundo” es aquí el orden injusto que profesa la mentira, la falsedad. El mundo propone como valor lo que merma o suprime la Vida del hombre. Lo contrario de Dios. Los discípulos tienen ya experiencia del Espíritu, pero será mucho mayor cuando esté en ellos como único principio dinámico interno.

No os voy a dejar desamparados. En griego órfanoús = huérfanos se usa muchas veces en sentido figurado. En 13,33 había dicho Jesús: hijitos míos. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Pero esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al que sufre la agresión, de tal forma que la supere sin que le afecte lo más mínimo.

El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo vida y también vosotros la tendréis. La profundidad del mensaje puede dejarnos en lo superficial de la letra. “Dejará de verme” y “me veréis”, no hace referencia a la visión física. No se trata de verlo resucitado, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. Esta idea es clave para entender bien la resurrección. El mundo dejará de verlo, porque solo es capaz de verlo corporalmente. Ellos, que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, externamente, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la misma Vida de Dios, de la que el mismo Jesús participa, experimentarán la unidad con Jesús y con Dios. Es una experiencia de unidad e identificación tan viva que nadie podrá arrancársela. Es una comunión de ser absoluta entre Dios y el hombre. Por eso, al amar ellos, es el mismo Dios quien ama. El amor-Dios se manifiesta en ellos como se manifestó en Jesús.

“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; a quien me ama le amará mi Padre y le amaré yo y yo mismo me manifestaré a él”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. En (14,2) Jesús iba a preparar sitio a los suyos en el “hogar”, familia del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo. En el AT la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo, ahora cada miembro de la comunidad será morada de Dios. No será sólo una experiencia interior; el amor manifestado hará visible esa presencia.

Un versículo después de lo que hemos leído dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Los discípulos tienen garantizada la presencia del Padre y la de Jesus. Esa presencia no será puntual, sino continuada. Una vez más se utiliza el verbo “permanecer” que expresa una actitud decidida de Dios con el hombre. También queda una vez más confirmada la identidad del Jesús con Dios, una vez que ha terminado su trayectoria terrena.

Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. “Yo y el Padre somos uno.” A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí. Esa presencia de Dios en mí no altera para nada mi individualidad. Yo soy totalmente humano y totalmente divino. El vivir esta realidad es lo que constituye la plenitud del hombre.

Meditación

Nos empeñamos en meter en conceptos lo indecible.
Solo la vivencia puede saciar el ansia de conocer y amar.
Lo que te empeñas en buscar fuera, no existe más que dentro.
El ojo ya no existe, ni hay nada que mirar.

Vete al centro de ti y descubre tu esencia.
Ese descubrimiento colmará tus anhelos.
Descubre que la Vida, desde el centro de ti,
ha transformado todo tu ser en Luz.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Otro Paráclito

domingo, 21 de mayo de 2017
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766c2beac81bb1ac7b41ec146ec21e38He tenido la cabeza inclinada hacia las estrellas desde que puedo recordar. Pero, ¿sabes lo que me sorprendió? No les estaba mirando a ellas. Te estaba encontrando a ti. (Película “Arrival” 2017)

19 de mayo. Domingo IV de Pascua

Jn 14, 15-21

Le pediré al Padre que os envíe otro Valedor que esté siempre con vosotros.

Al otro Paráclito que Jesús pide al Padre para que esté siempre con nosotros podríamos liberarle de la esclerotización en que la teología y los ritos arcaicos le han hecho prisionero, y lanzarle a volar por el mundo en plenitud de alas sobre los horizontes de la realidad humana como apunta Leonardo Boff en Los Sacramentos de la vida“Este espíritu vive hoy en los manantiales de nuestra experiencia cultural. Es como un río subterráneo que alimenta las fuentes, y éstas a los ríos de superficie. No lo vemos, pero es lo más importante, porque hominiza las cosas y humaniza nuestras relaciones con ellas. Detecta el sentido secreto en ellas inscrito”.

Los Hechos de los Apóstoles nos dicen que esa era la labor de sus discípulos cuando después de dar testimonio, anunciaban la Buena Nueva por las aldeas de Samaria (Hch 8, 25). Esta es la manera más acorde de hacer realidad la Pascua cada día. Y en este caso sí que la vemos, porque se hace evidente en la tarea de atención humanitaria en que tantos están comprometidos, pues como dice San Pablo en Rom 1, 19, lo que se puede conocer de Dios lo tenemos a la vista.Y ésta era también la del señor Mansueto, profesor de Boff. “Para quienes le conocimos y fuimos sus alumnos, dice, representó el símbolo fundamental de los valores de la existencia, tales como el idealismo, la abnegación, la humildad, el amor al prójimo, la sabiduría de la vida. Valores que no se comunican en abstracto sino proclamándolos o defendiéndolos. Y más en concreto, viviéndolos y refiriéndolos a personas que los encarnan con sus vidas”.

Quien mejor supo hacerlo fue nuestro Maestro siendo sacramento de aquellos valores que vivió hasta su máxima radicalidad y encarnó en la más cristalina limpidez. En él, como relata el NT, apareció la benignidad y el amor humanitario de Dios, nuestro salvador (Ti 3,4; 2 Tim 1,10). Era la forma visible del Dios invisible (Col 1,15), la irrupción epifánica de la divinidad en la diafanía de la carne visible y palpable (Col 2,9). «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre», dice a Felipe (Jn 14, 9).

En la película estadounidense Arrival (2017), de ciencia ficción y drama, el director Denis Villeneuve pone en boca de Ian Donnelly estas palabras dirigidas a Louise Banks: “He tenido la cabeza inclinada hacia las estrellas desde que puedo recordar. Pero, ¿sabes lo que me sorprendió? No les estaba mirando a ellas. Te estaba encontrando a ti”. A las que le respondió Louise: “Olvidé lo bien que se sentía el ser sostenida por ti”. Referencias que con toda propiedad nosotros podemos aplicar a la didascálica figura del Espíritu y de Jesús.

Figuras que no sería descabellado sospechar ocultas en estos versos del poema El aire, de Jorge Guillén:

Aquellos días de entonces
vagan ahora disueltos
en este esplendor que impulsa
lo más leve hacia lo eterno.

En Mírame, del vate mexicano Antonio Torres Villén (1760-1812), se resaltan la ansias que el poeta tiene -y nosotros con él- de que la luz que nos viene de Jesús nos ilumine y penetre en el alma.

MÍRAME (Fragmento)

Sólo me basta Señor
Tu Gracia en mí derramada,
como un perfume preciado
que por amor tú me has dado
y así, mi vida inundada…
…se siente cuando yo miro
Tu gloria cada mañana,
y en la noche cuando el Sol
se ha puesto, sigue tu amor
iluminando mi cama.

Me basta que tú me mires
al levantarme en el alba,
y que tu gloria me llene
de esa luz, que de ti viene
y que penetra en mi alma.

(…………)

En esta noche, y a solas,
quiero venir ante ti,
y mañana al despertarme
quiero en tus ojos mirarme
y que te fijes en mí.

 Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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La Vida en nosotros

domingo, 21 de mayo de 2017
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holy-spirit-3Jn 14, 15-21

La dimensión escatológica de este texto es sorprendente. A partir del capítulo 13 nos enfrentamos a un extenso discurso de despedida: El evangelista nos presenta a un Jesús consciente de que va a morir. Los discípulos son como sus hijos; él los ha cuidado y protegido, y no quiere que ahora estén desconsolados. Por eso les dice: “No los dejará huérfanos”. La muerte se acerca, pero Jesús les promete: “Regresaré con ustedes”. Los discípulos sienten miedo a quedarse solos, al abandono. Pero Jesús los consuela y les explica que la muerte no tiene la última palabra y que volverá porque, dice, “yo vivo” y “ustedes vivirán”.

Los verbos “vive”, “está en”, “está con” que aparecen en este evangelio en el capítulo 14 llaman la atención sobre todo porque parecen referirse no solo a los discípulos sino a todo creyente, a cada lector u oyente de esta palabra. ¿Quién o quiénes viven?

La respuesta es pluriforme y vincular. Los que “viven” son el Espíritu consolador en nosotros (v. 17); el Padre y Jesús en quienes amen a Jesús (v. 23) y Jesús y los creyentes mutuamente relacionados “porque yo vivo y ustedes vivirán” (v. 19). Las comunidades de los orígenes comprendían que ser cristiano era dejarse llevar por el Espíritu que consuela, el espíritu del Resucitado. Comprendían que Jesús estaba vivo en ellos, y que ellos vivían un vida nueva en esta dinámica de la vida que no tiene fin.

Este texto no permite interpretaciones morales relacionadas con el cumplimiento de los mandamientos, y, sin embargo, apunta a ellas. La única tarea que deja a los discípulos consiste en amar; y ese amor desencadena la acción de cumplir los mandamientos. Recordemos a Agustín de Hipona en su clásico “Ama y haz lo que quieras”, o a Teresa de Jesús “El amor, cuando es crecido, no puede estar sin obrar”. El amor en el centro y como condición imprescindible y, a partir de allí, la acción.

Los cristianos de las comunidades joánicas pasaban momentos difíciles y sus vidas corrían peligro. Tal vez por ello el evangelista dedica tantos capítulos a los discursos de despedida: para ofrecer sentido a situaciones difíciles, para brindar plenitud de vida incluso ante la muerte. Y para poder encontrar en Jesús una propuesta de una vida con sentido. Un sentido y un estilo de vida en plenitud, que se vuelven más importantes y significativos que la misma muerte.

En conclusión, la vida, para el cuarto evangelista, consiste en esta continuidad propia del amor, de la justicia, de la reciprocidad y de la trascendencia. La vida que ofrece el Jesús joánico es vida en abundancia, vida que no se acaba, vida compartida, vida en comunión, vida en relación, vida propia de la justicia, vida para quien ama y vida para quien cree. Es presente y plenitud de ser.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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