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Teresa de Calcuta, condecoraciones frente a persecuciones», por Juan José Tamayo

domingo, 2 de octubre de 2016
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teresa_de_calcuta_2A lo largo de su dilatada vida, la madre Teresa de Calcuta ha sido objeto -o mejor, sujeto- de las más altas condecoraciones que un ser humano puede recibir de parte de los poderosos de este mundo. Los dirigentes políticos de las más diferentes ideologías la han agasajado con todo tipo de gestos de acogida. Los Estados y los Gobiernos han brindado apoyo a sus iniciativas. Los poderes económicos han prestado ayuda a sus obras sociales. Las autoridades de la Iglesia católica han bendecido su actividad caritativa poniéndola como ejemplo de amor no conflictivo a Cristo, a la Iglesia y a los pobres. Hasta los dictadores la han honrado con su amistad, y ella ha respondido con su reconocimiento y respeto hacia ellos. Su sintonía con el papa Juan-Pablo II y la de éste con la madre Teresa de Calcuta han sido totales y sin fisuras. Los pobres y olvidados de la tierra la veneran y recuerdan porque ella ha sido de las pocas personas que se ha acordado de ellos y ha aliviado sus sufrimientos. En sus funerales se le han rendido honores de jefe de Estado.

Los poderosos la admiran y agasajan, la quieren con locura y le conceden el título de bienhechora de la humanidad. Ninguno de ellos se ha atrevido a criticarla, como tampoco la madre Teresa ha osado dirigirse a los jefes del mundo críticamente. La sintonía es tan fuerte que mucha gente ve en tal actitud una extraña complicidad.

Estamos, ciertamente, ante una mujer admirable, ante una cristiana ejemplar que, a su paso por la historia, ha dejado una huella imborrable. Pero la ejemplaridad cristiana de la madre Teresa no es única. Hay también católicos contemporáneos suyos que han hecho una opción incondicional por los pobres y marginados, y se han jugado la vida luchando por su liberación. He aquí algunos nombres: Helder Cámara, monseñor Romero, I. Ellacuría y compañeros mártires, P. Casaldáliga, S. Ruiz, L. Boff, E. Cardenal, etc.

Y, sin embargo, ninguno de ellos ha recibido condecoraciones de los poderosos de este mundo. Todo lo contrario: han sido acusados de subversivos, revolucionarios e instigadores de la violencia popular. Las autoridades católicas han mostrado todo tipo de sospechas sobre ellos, los han acusado de heterodoxos e insumisos, los han amonestado, sancionado e incluso excluido de la comunidad eclesial. ¿Quién no recuerda el dedo acusador de Juan-Pablo II, durante su viaje a Nicaragua, contra un humilde Ernesto Cardenal postrado de hinojos ante el papa? Los han convertido en presa fácil de los poderes militares y de los escuadrones de la muerte, que han asesinado a cristianos inconformistas como monseñor Romero y Ellacuría.

Las preguntas se agolpan y brotan espontáneamente ¿Por qué una monja tan humilde y abnegada, tan entregada a los pobres, ha concitado el reconocimiento unánime de los poderosos hacia su persona y sus obras de caridad, mientras que los citados profetas coetáneos y correligionarios suyos se han visto sometidos a condenas y asesinatos por parte de los poderes políticos, militares y paramilitares, y a persecución y control por parte de las autoridades católicas?

¿No será porque la madre Teresa se dedicó a los pobres, pero no denunció a los causantes de la pobreza? ¿No será porque los premios recibidos impedían criticar a sus “concesionarios”? ¿No será porque se limitó a hacer simples revoques de fachada en la derruida casa de los pobres, pero dejó intactas sus maderas carcomidas y no se ocupó de la infraestuctura -económica- endeble en que se sustentaba la casa? ¿No será porque, lejos de incordiar a los poderosos, les hizo el trabajo sucio de limpiar las heces que el capitalismo salvaje arroja a los arrabales de tantas Calcutas como hay en el mundo? ¿No será porque prefirió el asistencialismo a la transformación de las estructuras? ¿No será, en fin, porque el Jesús al que entregó su vida Teresa de Calcuta era el Cristo paciente y sacrificial que aceptó sumisamente la voluntad de Dios y se sometió fatalistamente a la muerte sin abrir la boca, en vez de el Jesús de Nazaret subversivo que optó por los pobres, denunció a los poderosos como causantes de la pobreza y, por eso, lo mataron?

Jesús dijo, señalando con el dedo acusador a los poderosos y dictadores de su tiempo: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de la naciones, las gobiernan como señores absolutos y los grandes los oprimen con su poder” (Marcos 10, 42). ¿Cómo pueden agasajar tanto a la madre Teresa los poderosos de este mundo cuando “los que gobiernan como señores absolutos y los grandes que oprimen con su poder” ejecutaron a Jesús?

Juan José Tamayo

Redacción de RR.CC

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«La misa prohibida», por Mónica García Peralta

domingo, 12 de julio de 2015
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19671075Una de mis más felices experiencias fue poder orar en la iglesia de Nuestra Señora de Solentiname, en el lago Nicaragua/Cocibolca donde se cantó por primera vez, respirar el aire del archipiélago, hablar con Ernesto Cardenal… y ver cómo un colibrí aleteaba…

Hace cuarenta años, sobre piso de tierra y entre paredes de adobe, sonó por primera vez la Misa Campesina nicaragüense. La Iglesia y el Gobierno la consideraron herética, blasfema y peligrosa. Ambos la prohibieron. Ahora Carlos Mejía Godoy, su autor, pedirá al papa Francisco que levante ese veto

Y ahí estaban todos. Un sacerdote cabello blanco y barba tupida oficiaba la misa. Los campesinos anclaron sus botes y pangas alrededor de la isla. Resonaban los ritmos mazurcas, son nica, son de toros, el “miskitu” y cantaban cinco músicos al iniciar el rito: Vos sos el Dios de los pobres/ El Dios humano y sencillo/ El Dios que sufre en la calle/ El Dios del rostro curtido…

90-Recien-llegando-Pinita-y-yo-nos-fuimos-a-visitar-la-iglesia-jueves-19Una avioneta volaba sobre la iglesia de tejas, pero adentro no cesaba la Misa Campesina. Fue un domingo de Semana Santa, dice el poeta y escultor Ernesto Cardenal. En 1974 o 1975, recuerda impreciso Carlos Mejía Godoy, compositor y cantante de esta, junto al el grupo de músicos Los de Palacagüina. “Llegaron también espías del gobierno de Somoza y la avioneta seguía ahí, amenazándonos desde el aire, casi a punto de caer sobre nosotros”, evoca Ernesto Cardenal, el entonces cura que incluso asesoró junto con su hermano Fernando Cardenal, la creación de los versos para esta misa.

Llegó mucha gente ese día, dice Cardenal, de distintos lugares, pero en especial de San Carlos, “sobre todo los jóvenes”. “Estaban ahí todos los muchachos. Los futuros combatientes que se tomarían el cuartel de San Carlos más tarde: Felipe Peña, Alejandro Guevara, Laureano Mairena, Elvis Chavarría”.

Mejía Godoy terminó de dar forma a los estribillos en ese pedazo de tierra sobre las aguas del Gran Lago. “Solentiname fue el pequeño laboratorio donde fuimos armando este rompecabezas, ahí se cantó por vez primera la Misa Campesina”.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua, presidida en ese entonces por monseñor Manuel Salazar y Espinoza, reaccionó contra los cantos. El 9 de noviembre de 1976 decretó “la no aprobación de la Misa Campesina por considerarla un canto no litúrgico”, publicó la Iglesia en un comunicado, según se relata en la investigación Canto Popular de Nicaragua, de Francisco “Pancho” Cedeño, de pronta publicación, dice Roberto Sánchez, editor del texto.

El gran “pecado” de la Misa Campesina fue la osadía que Carlos Mejía Godoy imprimió en las letras, a juicio de Cardenal. “Parecía herética”, asegura, por poner a Dios como un trabajador de la calle. “Un Dios que suda, un Dios que es el Cristo trabajador. Y ese es el mismo Cristo, es el Jesús bíblico. Parece que fuera una extravagancia o una blasfemia, pero no, se habla del mismo Dios encarnado en hombre”, explica el poeta, quien en ese entonces escribió un texto explicativo para la Conferencia Episcopal defendiendo los textos. Nunca llegó una respuesta.

410-DOM-REPORTAJE1Ernesto Cardenal mientras oficiaba una de las misas en la iglesia de Solentiname. Foto: Cortesía archivo personal de Ernesto Cardenal.

Aun así, la prohibición permaneció. Carlos Mejía Godoy recuerda que el mismo Vaticano extendió un veto y también lo prohibió el Estado. De acuerdo con Ernesto Cardenal, también lo prohibió el arzobispo Miguel Obando y Bravo. “Y sigue prohibida hasta hoy”, reitera. Y aunque esos conflictos no detuvieron la expansión de los cantos que sonaron más tarde en Bolivia, Guatemala, Perú, España, Estados Unidos y muchos otros países, este año, Carlos Mejía, en el 40 aniversario de su creación, solicitará al papa Francisco una audiencia para que la Misa Campesina nicaragüense vuelva a sonar bajo los atrios de las iglesias.

PURO CORAZÓN NICA

En ese tiempo Carlos Mejía Godoy era ya un treintañero. Ya había grabado dos discos: Cantos a Flor de Pueblo y La Calle de en Medio . Ya había estudiado tres años para ser sacerdote en el Seminario Nacional. Y ya se había desencantado del cristianismo por la formación “monástica” con que se le había instruido desde niño.

El padre español José de la Jara, su profesor de Música en el seminario, le insistió para que participara en la creación de una misa popular nicaragüense al salir del seminario. “Por aquel tiempo se estaban haciendo misas nacionales en todas partes. Había salvadoreña, hondureña y el padre de la Jara creó la nicaragüense”, comenta Ernesto Cardenal. Esa misa no contó con la participación de Mejía Godoy, porque “en la conciencia aún no me sentía muy claro sobre mi posición como cristiano”, explica. “Yo solo le dije más adelantito, sin imaginarme que realmente así sería”.

32-575x431La misa popular nicaragüense se empezó a cantar en todas las iglesias nicaragüenses desde el año 1968, apunta Roberto Sánchez, historiador. “El padre de la Jara había dejado su papel como docente para fundar la parroquia San Pablo Apóstol, de la Colonia 14 de Septiembre y se sacó un disco con estos cantos que contenían a un lado la misa y al otro lado los salmos de Ernesto Cardenal, cantados por William Agudelo”, dice el historiador.

“Él (padre José de la Jara) dio nacimiento a iglesias populares nicaragüenses y esa es la experiencia sobre la que trabajo yo, más tarde”, cuenta Godoy, quien vio un potencial movimiento de lucha por los pobres, que tuvo origen en los barrios orientales de Managua “y así sí me entusiasmo, esa misa me sirve de parámetro y empiezo a planear algo distinto, un poco más profundo”.

“Ese fue el principal antecedente de la Misa Campesina nicaragüense. La misa popular era tradicional, pero aun así, apuntaba a la identidad de Nicaragua”, explica Wilmor López, periodista e investigador de cultura, quien considera esa fue la base en que Carlos Mejía inició la composición y arreglo de 11 cantos destinados a acompañar la liturgia eclesial de Nicaragua.

“La diferencia con la misa popular quizás estaba en sus ritmos musicales y las letras de sus cantos. Esta incorporaba los instrumentos y los ritmos de las mazurcas, sones de toros, son nica, canciones con armonía de los cantos miskitos y nuevas creaciones, como el canto de meditación, conocido como Canto de los Pájaros , del leonés Pablo Martínez Téllez”, relata López. Pero el “salto de la liebre” que tuvo esta creación “fue tomar la palabra viva del evangelio en boca de campesinos y obreros”, afirma Mejía Godoy, quien se dio a la tarea de recopilar por más de un año, grabadora en mano por los cuatro puntos cardinales, lo que la gente entendía del evangelio.

26354462a8bd44f4555d9fffe8dedde6“Cuando usted dice Cristo ten piedad, Cristo apiádate de nosotros, ¿qué piensa?”, le preguntaba Mejía Godoy a la gente. Cuenta que así, con esa curiosidad, se fue a la pastoral del norte, donde el párroco Gregorio Smutko, conocido de cariño como “Goyito”, le asignó a Anselmo Nixon, un seminarista de la zona para que cantara el Miskitu Lawana, un himno anónimo de la Iglesia morava. “Porque yo no quería que la misa fuera solo del Pacífico, sino que quería que fuera de toda Nicaragua, el muchacho se vino a Managua para cantarla, como yo quería que estuviese, en la lengua original”, relata el cantautor, quien también anduvo en la costa Atlántica y el Pacífico, para más tarde parar en Solentiname.

Lo más importante que tiene esta misa, dice Carlos Mejía, es que no solo contiene los ritmos que ya sonaban de punta a punta en Nicaragua, sino también las palabras. “Las del obrero, las del campesino. Está argot, el escaliche, las palabras derivadas del Náhualt. Van las frutas, van los pájaros, las flores. Está la Nicaragua viva ahí”.

RELIGIÓN, PERSECUCIÓN Y CONFLICTO

Aquella avioneta que estuvo volando muy bajo en la iglesia de Solentiname el primer día que se cantó esta misa en ese archipiélago, fue solamente un aviso. Los que participaron de la celebración escuchaban un ruido enorme, pero el asedio iría más allá de un documento emitido por la Conferencia Episcopal y ese ruido en contra de la música se escucharía muchas otras veces.

Se planeó una gran misa de inauguración a la que asistieron más de mil personas y sería en Managua. Escogieron para celebrar la Plaza de los Cabros en el barrio Open Tres, hoy Ciudad Sandino, pero no había iniciado la celebración cuando la Guardia Nacional hizo un masivo desalojo. “A culatazos, disparos y bombas lacrimógenas sacaron a todos. El mismo Carlos Mejía fue montado en un vehículo militar”, narra Roberto Sánchez. Todo por una la letra distinta: “Una letra que llama a la liberación y Somoza no iba a admitir esas expresiones, todo lo que sonara a libertad chocaba con la dictadura y la Misa Campesina es un canto liberador”, dice el historiador.

(foto de archivo, jv) Carlos Mejia Godoy y los de Palacaguina cantando la misa campesina, durante un acto sandinista, enero 12 de 1980. La Prensa/cruz fllores

(foto de archivo, jv) Carlos Mejia Godoy y los de Palacaguina cantando la misa campesina, durante un acto sandinista, enero 12 de 1980. La Prensa/cruz fllores

Al día siguiente de ese estreno frustrado, ya la misa se estaba cantando por los cuatro puntos cardinales de la patria, asegura Mejía Godoy, que aquella “fue una onda expansiva de espiritualidad y de amor a Nicaragua”. Sánchez comenta que fue la música misma la que se ganó el amor del pueblo y se impuso sobre las medidas de la Iglesia. “Se convirtió en religiosidad popular, aun cuando oficialmente no se podía celebrar en ninguna iglesia”.

El vicario judicial de la Arquidiócesis de Managua, Julio Arana, recuerda la situación bastante distinta en cuanto a la Misa Campesina. Según él, hubo nada más un conflicto en los barrios orientales de Managua, en una capilla donde “algunas personas querían que se cantara la Misa Campesina todos los domingos, en todas las misas”. En algunos años se permitía que se cantara, dice el cura, y esto sirvió para atraer al pueblo a una vivencia de la eucaristía “como una cuestión folclórica, pero hay que entender que los cantos de la misa de Carlos Mejía Godoy respondieron a una realidad propia de la época, una situación política específica y en el marco de la Teología de la Liberación. Pero la Iglesia jamás ha prohibido que se cante la Misa Campesina. No existe documento alguno que la haya prohibido de forma expresa”, asegura Arana.

Aun así los recuerdos entre quienes participaron aseguran que solo algunos sacerdotes “progresistas” permitían esta misa. Hoy se cantan piezas en algunas iglesias, pero hay sectores que aún no la admiten, dice Sánchez. “Yo considero que si Carlos Mejía Godoy quiere hacer esa solicitud al papa Francisco, está en su derecho. Creo que el Vaticano le va a decir que hay que dirigirse a la comisión de la Conferencia Episcopal y en este caso a la comisión litúrgica para que se evalúe cualquier tipo de errores teológicos que puedan contener esos cantos”, apunta por su parte el padre Arana.

(foto de archivo, jv) Carlos Mejia Godoy y los de Palacaguina, cantando la misa campesina en memoria de cinco martires de  El Calvario en Leon.  febrero 16 de 1980.  La Prensa/mauricio orozco

(foto de archivo, jv) Carlos Mejia Godoy y los de Palacaguina, cantando la misa campesina en memoria de cinco martires de El Calvario en Leon. febrero 16 de 1980. La Prensa/mauricio orozco

“ANTES QUE NAZCA EL DÍA…”

Carlos Mejía Godoy es el principal autor, pero otros músicos también colaboraron. Esta es la estructura y los aportes que se le hicieron:

Canto de entrada: Recopilaciones de Carlos Mejía en Talleres de Sonido Popular.

Kyrie: es una palabra griega que significa piedad. El canto es una mazurca segoviana combinada con la música jinotegana de La Perra Renca.

El Gloria: contiene el son de toros conocido como La Mama Ramona, la música fue tocada por la banda popular del Diriá a cargo del profesor Teodoro Ríos.

El Credo: fue compuesto con partes de los testimonios que se daban después del evangelio que oficiaba Ernesto Cardenal y era una especie de diálogo con los campesinos.

Ofertorio: Tiene partes de una mazurca segoviana: La Chancha Flaca.

Miskitu Lawana. Es un canto anónimo de la Iglesia morava, fue interpretado por Anselmo Nixon.

El canto de meditación: conocido como El Canto de los Pájaros, es una creación de Carlos Martínez Téllez, El Guadalupano.

El santo: la música es una versión tomada de los músicos llamados Los Soñadores de Saraguasca, de la comarca de Tomatoya, de Jinotega.

Canto de despedida. Fue la última canción en componerse en los talleres de sonido popular.

https://www.youtube.com/watch?v=BHDs2D5yDi0

SOBRE LA MISA

La Misa Campesina fue evaluada por teólogos nicaragüenses y extranjeros y de diferentes denominaciones religiosas, entre ellos católicos, evangélicos y bautistas.

Carlos Mejía Godoy, según el padre Julio Arana, siguió la estructura que propone el misal romano, después del Concilio Vaticano II.

Fue traducida a seis idiomas y se sigue cantando en muchas partes del mundo.

El padre Arana define esta composición como “una cuestión que no era contraria, pero no son cantos litúrgicos propiamente”.

Fuente CCP de Granada

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Ernesto Cardenal rechaza pedir indulgencia a Francisco

domingo, 10 de agosto de 2014
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Ernesto-Cardenal-300x326Fue suspendido junto a Miguel D’Escoto por Juan Pablo II en 1985

«Mi vocación no es administrar los sacramentos: mi sacerdocio es de otro tipo»

El sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal descartó la idea de pedir indulgencia al Papa Francisco para que le sea levantada la suspensión a divinis que le fue impuesta por Juan Pablo II cuando era Ministro de Cultura de la Revolución Sandinista, como ha hecho Miguel D’Escoto.

Ernesto Cardenal, de 89 años de edad, declaró al periódico La Prensa que no considera necesario regresar a su antiguo oficio, ya que su vida religiosa posee un carácter «meramente contemplativo».

«Mi vocación no es esa: de administrar los sacramentos, mi sacerdocio es de otro tipo, por eso es que yo no necesito gestionar el levantamiento de la sanción», aseguró Ernesto Cardenal, explicando que su vida se encuentra dedicada a la oración aislada.

Su castigo, impuesto por el Papa Juan Pablo II en 1985, se extendió a otros cuatro sacerdotes de Nicaragua que ocupaban cargos ministeriales dentro de la Revolución Sandinista.

Recientemente, el indulto que otorgó el Papa Francisco al ex Canciller Miguel D’Escoto le permitió a éste oficiar misa y administrar los sacramentos; el perdón le fue entregado en respuesta a una solicitud que realizó el actual asesor en Asuntos Internacionales del gobierno de Daniel Ortega.

https://www.youtube.com/watch?v=fniODtU9Kl8

Por su parte, el cardenal Leopoldo José Brenes dijo el martes 5 de agosto que las penas en el Derecho Canónico son para reflexionar y cuando se supera la falla, la pena bien puede ser suspendida, porque no son permanentes. «Todas las penas en el derecho canónico no son para mortificar a la gente, sino que son penas medicinales para cambiar de acuerdo a las observaciones«, explicó el cardenal.

Fuente Religión Digital

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Nuevo gesto de Francisco en favor de la Teología de la Liberación: Levanta el castigo de Juan Pablo II al sacerdote y ministro sandinista Miguel D’Escoto.

miércoles, 6 de agosto de 2014
Comentarios desactivados en Nuevo gesto de Francisco en favor de la Teología de la Liberación: Levanta el castigo de Juan Pablo II al sacerdote y ministro sandinista Miguel D’Escoto.

1407181648_906668_1407215068_noticia_normalMiguel D’Escoto, este lunes en Managua. / J. Cajina (EFE)

Leemos en El País:

Juan G. Bedoya, 4 AGO 2014

El Papa levanta el castigo de Juan Pablo II al sacerdote y ministro sandinista Miguel D’Escoto

«Miguel D’Escoto: ‘Mi condena fue un abuso de autoridad’

«Pueblo de Nicaragua: mi sacerdocio es de ustedes»

D’Escoto, sacerdote y ex canciller de Nicaragua, presidirá la Asamblea General de la ONU

La Teología de la Liberación respira

¿Se acerca el Vaticano a la teología de la liberación?

 Se sabía que el papa Francisco no es muy amigo de los teólogos y sacerdotes de la liberación, tachados tantas veces de comunistas, pero está dando pasos inequívocos de querer rehabilitarlos o, al menos, de librarles de pasadas execraciones o excomuniones. Se nota que convivió con muchos de ellos en su Argentina natal, cuando era el general de los Jesuitas y vivió la experiencia de que su propia congregación era el gran vivero de esa corriente teológica y pastoral en toda Latinoamérica. Algunos sacerdotes que estaban bajo su mando sufrieron entonces la brutal persecución de la dictadura militar, con secuestros, torturas e incluso muertes.

Radio Vaticano ha dado noticia, este lunes, de un nuevo episodio de comprensión o, al menos, de misericordia hacia uno de los teólogos castigados. Se trata del sacerdote y ex ministro de Exteriores de Nicaragua Miguel d’Escoto, de 81 años. Suspendido en 1984 ‘a divinis’ sin contemplaciones por Juan Pablo II, Francisco ha ordenado ahora que se le levante el castigo, es decir, podrá volver a tener trabajo pastoral, sobre todo la celebración de la Eucaristía y la confesión de fieles.

D’Escoto pertenece a la Congregación misionera Maryknoll y escribió la primavera pasada una carta al Papa para expresarle su deseo de volver a celebrar la Eucaristía “antes de morir”. El pontífice argentino no ha tardado en contestar. Además de aceptar la revocación de la “suspensión a divinis”, ha pedido al superior general de la congregación que inicie cuanto antes el proceso de reintegración del sacerdote nicaragüense, informa la agencia EFE.

Miguel D’Escoto Brockmann nació el 5 de febrero de 1933 en Los Ángeles (EEUU). Ordenado sacerdote en Nueva York en 1961, pronto se convirtió en uno de los exponentes de la teología de la liberación. Su colaboración con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) comenzó en 1975 a través del Comité de Solidaridad en los Estados Unidos. Tras el triunfo de la revolución sandinista, fue llamado por la Junta de Reconstrucción Nacional para ser ministro de Exteriores, con Daniel Ortega en la presidencia de Gobierno. Lo fue durante todo el primer mandato del polémico grupo guerrillero. Tras el regreso al poder del presidente Ortega en enero de 2007, fue nombrado asesor para asuntos limítrofes y de relaciones internacionales, función de la que ya está retirado.

¿Habrá más rehabilitaciones de teólogos de la liberación o de sacerdotes metidos en política en contra de los deseos (o las órdenes) del Vaticano? Es muy probable. El paso de este lunes es un precedente poco habitual en una confesión religiosa nada amiga de rectificarse a sí misma, o que lo hace, si no tiene más remedio, dejando pasar antes incluso siglos. Con razón suele decirse que cuando Roma habla sobre un tema, el caso está cerrado para siempre (‘Roma locuta est, causa finita est’)

Fueron el papa polaco Juan Pablo II y su ‘policía’ de la fe, el cardenal Joseph Ratzinger, ahora emérito Benedicto XVI, quienes emitieron una severa condena de la Teología de la Liberación, echando de sus cargos docentes y del ministerio ordenado a miles de sacerdotes de todo el mundo, algunos también en España. Los casos más sonados, sin embargo, ocurrieron en la Nicaragua de la revolución sandinista, sobre todo cuando el Gobierno de ese país, tras derrocar a una brutal dictadura apoyada por Estados Unidos, entró en guerra no declarada con la gran potencia, con el presidente Ronald Reagan empeñado en desalojarlos del poder.

cardenalJuan Pablo II echó paladas de arena en aquel conflicto, sobre todo durante su viaje a Managua, la capital de Nicaragua, el 14 de marzo de 1983. Pese a ser tachado de anticlerical y comunista, el Gobierno en pleno acudió al aeropuerto a recibir al pontífice romano. Había dos sacerdotes en aquel Ejecutivo: D’Escoto y Ernesto Cardenal, éste como ministro de Cultura. Otro sacerdote, Fernando Cardenal, jesuita y hermano del anterior, dirigía el programa sandinista de alfabetización. Tras un discurso de bienvenida, el presidente Ortega llevó al Papa hacia los miembros del Gobierno. Juan Pablo II quiso saludarlos uno a uno. Cuando llegó delante de Ernesto Cardenal, el monje trapense y ministro se quitó su famosa boina y se arrodilló. Con enérgicos gestos de su mano derecha, el Papa le dijo: “Regulariza tu posición con la Iglesia. Regulariza tu posición con la Iglesia.” La fotografía de aquella reprimenda recorrió el mundo.

Pero Ernesto Cardenal, poeta de fama universal ya entonces, no hizo caso a aquel gesto de desaprobación papal. Tampoco tomó medidas contra él su congregación. Poco después, su hermano Fernando, el jesuita, aceptó el cargo de ministro de Educación. Tuvo peor suerte. Inmediatamente, la Compañía de Jesús, muy presionada por Juan Pablo II, (incluso con amenazas nada veladas de suspenderla, como había ocurrido en el pasado), le comunicó que no podía seguir en la política como jesuita. “Es posible que me equivoque siendo jesuita y ministro, pero déjenme equivocarme en favor de los pobres, porque la Iglesia se ha equivocado durante muchos siglos en favor de los ricos”, respondió a sus superiores.

Como señala el profesor Juan José Tamayo, también miembro de la teología de la liberación, también castigado por Roma, “la presencia de obispos, teólogos, sacerdotes y religiosos en la vida política es una constante en América Latina desde los inicios de la conquista hasta nuestros días. Y no sólo ni siempre del lado de los colonizadores, sino con frecuencia del lado de los sectores marginados”. Casos emblemáticos de compromiso político liberador son el obispo Bartolomé de Las Casas y el dominico Antonio Montesinos.

Pero el compromiso político de teólogos y sacerdotes se intensifica en la década de los sesenta del siglo pasado, incluso con un cristianismo revolucionario que tiene en Camilo Torres un mito tan arraigado, casi, como el del Ché Guevara. Ejemplos de ese activismo, que no siempre acabó bien, hay también en la actualidad. Es el caso de Fernando Lugo (San Pedro del Paraná, 1951), que accedió a la presidencia del Paraguay tras su triunfo electoral en abril de 2008. Era el candidato de la Alianza Patriótica para el Cambio y logró derrotar al Partido Colorado, que llevaba más de sesenta años en el poder. Así resumió resumía su programa de gobierno, nada más ser elegido: «A partir de hoy, mi gran catedral será todo mi país. Hasta ahora estuve en una catedral enseñando, compartiendo, sufriendo, construyendo”.

Había sido maestro. También fue misionero en una de las zonas más depauperadas de Ecuador y después estudiante de sociología en Roma. El Vaticano lo hizo finalmente obispo de la diócesis de San Pedro. Cuando renunció al episcopado, el Vaticano le suspendió a divinis pese a que inicialmente le había dado permiso para retirarse y dedicarse a la política. La dispensa se la concedió en junio de 2008 Benedicto XVI. Es decir, la Santa Sede le permitía su retorno al estado laical, que le da derecho a recibir los sacramentos como católico, pero con pérdida de su estado clerical. Entonces se comunicó, además, que si Lugo, desalojado ya de la presidencia tras un polémico proceso, volviese a pedir su incorporación a la Iglesia católica como obispo, el caso sería “analizado por la Santa Sede”.

Otro caso de compromiso político, también muy polémico, lo protagonizó el salesiano haitiano Jean Bertrand d’Aristide, también en sintonía con la teología de la liberación. Sacerdote en una parroquia pobre de Puerto Príncipe, había participado activamente en el derrocamiento de la dictadura de Duvalier y en diciembre de 1990 fue elegido presidente de Haití con el 67% de los votos. Entre sus prioridades colocó la erradicación de la pobreza y la dignificación de los sectores populares con las que estaba comprometido desde su época de sacerdote. Fue derrocado por un golpe militar y posteriormente rehabilitado. Poco a poco cambió de estilo de vida y se distanció de las opciones liberadoras del comienzo.

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