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Dom 14.7.24. Marginar el «instrumento» sinodal, retomar el evangelio (Mc 6, 6-12)

domingo, 14 de julio de 2024
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IMG_6177Del blog de Xabier Pikaza:

Dije  hace dos días en RD y FB que el “instrumento de trabajo” para el Sínodo  «estaba algo vacío de evangelio«.

La fortuna litúrgica ha querido que este domingo (14.7.24, Dom 15 TO, Ciclo B) toque un evangelio clave (Mc 6, 6-12) para plantear desde otra perspectiva,  como haré en la reflexión que sigue.

Mc 6, 6b-12 (+ 6, 30)

  • (a. Envío) 6b. Y recorría las aldeas del entorno enseñando. 7 y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,
  • (b. Autoridad) dándoles poder sobre los espíritus impuros.
  • c. Equipamiento) 8 Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja. 9 Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas. 10 Les dijo además:
  • (c Programa de Misión) Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar. 11 Si en algún sitio no os reciben ni os escuchan, salid de allí y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies, como testimonio contra ellos.
  • (b’. Cumplimiento de la misión) 12 Y, saliendo predicaban para que se convirtieran. 13 Expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. (a’ Retorno) [en Mc 6, 30-32]

Introducción

  Éste pasaje ofrece unas líneas básicas de la sinodalidad para la nueva misión siglo XXI (Sínodo 2024), desde una perspectiva de recreación de iglesia. Hay en el NT otros pasajes importantes para replantear el tema, empezando por las cartas originales de Pablo, siguiendo por Juan, pasando por Hechos y culminando en cartas deutero-paulinas, pero Mc 6, 6-13 par es el más significativo.

  1. Los misioneros van “de dos en dos”. No hay autoridad de un hombre aislado (obispo, presbítero) porque el evangelio se propone y expande como testimonio de vida-amor de varias personas (hermanos, amigos, esposos…). Las iglesias modernas en general no han tenido en cuenta este principio.
  2. Los misioneros no llevan ninguna riqueza (ni alforja), ni libros de ley, ni documentos de acreditación, porque su misma es testimonio y tema de evangelio). Muchos misioneros han ido y siguen yendo de esa forma pero las iglesias han apelado en general a organizaciones piramidales de poder sagrado.
  3. Los misioneros de Marcos son emigrantes en camino, y van desamparados, sin dinero (alforja), sin poder (sin bastón) y sin más organización que su vida compartida, de dos en dos. Así llegan como pobres e indefensos, emigrantes de evangelio y se asientan por un tiempo entre las gentes del pueblo, viviendo quizá en carpas (no se dice), bajo un árbol o en un cobertizo abandonado, como rostro compartido suplicante de evangelio y, si al cabo de unos días nadie les acoge siguen caminando dejan el lugar y siguen caminando.
  4. De esa manera ofrecen con su humanidad compartida y amenazada un testimonio evangelio. Así viven y se muestran en profunda paz de Dios, como mendicantes que no piden, no molestan ni amenazan a nadie, limitándose a mostrar con el amor que se tienen sí y que irradian que ellos forman parte de un “planeta” llamado evangelio. Asi responden, si es que les preguntan…
  5. Si les expulsan o no les reciben se van sin protestar, en silencio bondadoso, como han venido, sacudiéndose hasta el polvo de los pies para no llevar consigo nada…. Si alguna casa les invitan y acogen en alguna casa entran en alla, y reciben lo que les dan y dan lo que ellos tienen…
  6. De esa manera dan el testimonio de Jesús y ofrecen un camino posible “conversión”, una vida diferente, vida liberada, sana, libre de demonios, en clave de Reino de Dios, no de imperio del mundo… Así lo dicen,, sin presumir de ello, actuando como “terapeutas” de la buena nueva: Descubren pronto si hay “demonios” en la casa, en el ambiente y, de un modo muy simple, sin imposiciones ni grandes ceremonias los expulsan, de forma que los habitantes de la casa quedar liberados para el amor mutuo, para la esperanza de la vida paz…

 IMG_6176He escrito sobre este pasaje (Mc 6, 6-13 y par) largo comentario en Evangelio de Marcos. La Buena Noticia de Jesús (Verbo Divino, Estella 2012, 456-469) y también en Historia de Jesús, VD,  Estella 2013. Acuda allí quien quiera seguir mejor el hilo de mi exposición. Aquí ofrezco sólo algunas ideas iníciales, situándome en el lugar donde había querido situarme hace dos días en mi comentario al Instrumentum Laboris del Sínodo 2024..

Esquema del texto.

(a) Envío (6, 6b-7a). Jesús comienza a enseñar de nuevo en la aldeas del entorno (6, 6b), y para ampliar su misión llama y comienza a enviar a los Doce, de dos en dos, dándoles su misma autoridad (6, 7a).

(b) Autoridad sobre los espíritus impuros (6, 7b). Los enviados son básicamente exorcistas, pues Jesús les ofrece su poder de expulsar demonios, haciendo así lo mismo que él hacia (cf. Mc 1, 27; 3, 22-30). Expulsar demonios no es hacer exorcismos de películacomo en las series de “exorcistas” que parecen hechas con mala idea, para impedir que se entienda el evangelio. Expulsar demonios significa lograr (procurar) que este mundo concreto no esté dominado por demonios de dinero, de violencia, de envidia, de sometimiento y expulsión, de mentira organizada, de autosuficiencia… Es como ir desactivando bombas para que la fuerte no estalle, como en la oración de Francisco:

Señor, haz de nosotros instrumento de tu paz. Que donde hay odio, pongamos amor. Que allá donde hay ofensa, pongamos perdón. Que donde hay discordia, pongamos concordia pongamos concordia…  Oh Señor, que no  busquemos  tanto ser consolados, cuanto consolar, ser comprendidos, cuanto   comprender, ser amados, cuanto amar. Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado,

(c) Equipamiento (6, 8-9). Más que lo que deben decir, Jesús les indica cómo deben “ser” (cómo deben), para realizar su misión: Sin llevar comida, ropa o dinero, en gesto de confianza mesiánica, pues ellos mismos son el evangelio, sin libros de ley, sin mandatos. En su mutuo amor, en su presencia generosa ellos son encarnación del evangelio.

(c’) Ser acogidos (6, 10-11). La misión no es lo que ellos hagan, sino lo que susciten y provoquen con su vida, con su ejemplo. Así van y se quedan, sobre el banco, en la ladera de parque, junto al río… sin pedir nada, pero ofreciendo todo, sino dispuestos a darse a sí mismo, como portadores compartidos de Jesús…Más que pregoneros de un mensaje externo, ellos mismos son mensaje, con su forma de estar ¿Cuánto tiempo pueden resistir así, en un pueblo, en una aldea…? Ellos mismos han de verlo, porque han sido templados al temple de Jesús, como germen de una vida liberada  sobre el mundo .

(b’): Acción (6, 12-13). Marcos resume al fin lo que han hecho en su tiempo lo que han hecho los discípulos, la forma en que han cumplido el envío de Jesús, incluyendo exorcismos (cf. 6, 7b), mensaje de conversión y curación de los enfermos.

(a’) Retorno (6,30-32). Los discípulos vuelven y cuentan a Jesús lo que han hecho, disponiéndose a pasar un tiempo de descanso juntos.

evangelio-de-marcos Marcos no ha concretado la relación que ha de existir entre los  dos o tres misioneros que formaban de cada grupo, ni cuántos grupos hubo,  aunque al formar los Doce, que según 3, 13-19 eran varones, se podría suponer que hubo al principio seis parejas de hombres/varones misioneros, pero no tenemos ninguna certeza de ellos, porque estos grupos de dos en dos no tienen por qué formar parte  de los representantes de las doce tribus de Israel

Donde dos o tres están o van en mi nombres estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20)

 Su misma relación es “evangelio”, testimonio y presencia del amor de Cristo. Las malas lenguas se preguntarán si  son hombre y mujer (¿qué hacen a oscuras?), o lo que es peor, dos hombres juntos… Jesús no dice aquí, no tiene que decir, si son varones o mujeres, si uno es superior a otros, si están bien ordenados… Dice simplemente que son dos testigos del evangelio con su misma vida de amor

Esta indicación (de dos en dos) puede entenderse de diversas maneras (pueden ser compañeros o hermanos, célibes o casados, varones o mujeres…), todas las variaciones posibles. La identidad sexual o individual de los misioneros es secundaria, Lo único definido es que vayan en pareja o en trío (dos o tres como en Mt 18, 20). No parece haber uno superior y otro inferior, uno que manda, otro que obedece, conforme al esquema jerárquico posterior de la Iglesia. Frente a la tendencia monárquica que ha triunfado después en algunas comunidades cristianas (quizá reforzada por personalidades como Pablo), aquí tenemos un modelo de ministerios duales, en la línea de lo que pudiera llamarse una “diarquía”.

Dándoles poder sobre los espíritus impuros. Estrictamente hablando, estos Doce enviados, de dos en dos, reciben y realizan su misión como exorcistas, pues el texto dice que Jesús les dio autoridad (exousia) sobre los espíritus impuros, de manera que así repiten y amplían la misma obra de Jesús, a quien el evangelio ha comenzado presentado  (Mc 1, 22-28), como alguien que tiene autoridad sobre los espíritus impuros.

Eso significa que estos dos o tres comparten su combate contra Satán, como Marcos ha desarrollado en 3, 22-30, en una línea solemnemente ratificada por Mt 18, 20: “donde estén dos o tres en mi nombre…”.Reciben la autoridad de Jesús y tienen poder sobre “aquello” que oprime y destruye a los hombres, pero caminando por doquier de dos en dos. No son exorcistas individuales, sino comunitarios… Son portadores de un amor mutuo que expulsa demonios, que vence opresiones, que supera depresiones, que anima caminos. Leer más…

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De discípulos a misioneros. Domingo 15. Ciclo B

domingo, 14 de julio de 2024
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jesus-marcos-6-7-13-aDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El fracaso en Nazaret no desanima a Jesús. Al contrario. Además de continuar predicando, como veíamos el domingo pasado, envía también a los discípulos a realizar su misma misión. Los profetas del Antiguo Testamento tenían a veces discípulos; pero, que sepamos, solo Eliseo encargó a uno de ellos realizar una misión concreta: ungir rey a Jehú (2 Re 9,1-10); la función del discípulo del profeta consiste en servirle de apoyo social y espiritual, memorizar sus palabras y transmitirlas a la posteridad. El enfoque que tiene Jesús de sus discípulos es distinto, más dinámico: no se limitan a aprender, deben también poner en práctica lo aprendido, y ampliar desde ahora la actividad de Jesús.

Las instrucciones a los discípulos (Marcos 6,7-13)

En aquel tiempo Jesús llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevaran sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y decía:

-Quedaos en la casa donde entréis hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

El texto de Marcos trata brevemente cinco puntos:

  1. La autoridad. Cualquier embajador o misionero debe estar investido de una autoridad. La que reciben los discípulos es sobre los espíritus inmundos. Esta idea, tan extraña a la cultura de nuestra época, debemos considerarla en el contexto del evangelio de Marcos. Jesús, desde el primer momento, en la sinagoga de Cafarnaúm, ha demostrado su autoridad sobre un espíritu inmundo. Sus discípulos reciben el mismo poder. Son embajadores plenipotenciarios.
  2. Equipaje y provisiones. Es interesante advertir lo que se permite y lo que se prohíbe: solo se permite llevar un bastón y sandalias; en cambio, se prohíbe llevar comida (ni pan, ni alforja) y túnica de repuesto. El permiso del bastón y las sandalias contrastan con lo que dice el evangelio de Mateo, donde se prohíben. Es un caso interesante de cómo los evangelistas adaptan el mensaje de Jesús a las circunstancias de su comunidad: Marcos tiene en cuenta el apostolado posterior de largos viajes, por terrenos difíciles, que requieren el bastón y las sandalias. En cambio, la prohibición de comida y vestido de repuesto demuestra la enorme preocupación de Jesús por dar ejemplo de pobreza en una época en la que los predicadores religiosos eran acusados con frecuencia de charlatanes en busca de dinero.
  3. Alojamiento. Para evitar tensiones y peleas entre las personas que quisieran acogerlos en sus casas, Jesús ordena que se alojen siempre en la misma.
  4. Rechazo. El apostolado no tendrá siempre éxito. Igual que Jesús fue rechazado en Nazaret, ellos pueden ser rechazados en cualquier lugar.
  5. La actividad. Curiosamente, lo que deben hacer los discípulos no aparece hasta el final: «Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.» Lo mismo que hacía Jesús, a excepción del uso de aceite para curar enfermos. Esta práctica parece haber entrado en la iglesia en un momento posterior y está atestiguada en la carta de Santiago: «¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del Señor.» (Snt 5,14).

El rechazo ((1ª lectura: Amós 7,12-15)

En las instrucciones de Jesús, este tema es el que ocupa menos espacio. Solo se menciona como posibilidad. En cambio, la primera lectura nos recuerda que esta posibilidad fue y sigue siendo muy real.

En aquellos días Amasías, sacerdote de Betel, dijo a Amós:

– Vidente, vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan y allí profetizarás. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino.

Pero Amós respondió a Amasías:

– Yo no soy profeta ni hijo de profeta; yo era un pastor y un cultivador de sicómoros. Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: «Ve, profetiza a mi pueblo Israel».

A mediados del siglo VIII a.C., el profeta Amós, originario del sur (Judá) fue enviado por Dios a predicar en el Reino Norte (Israel), para denunciar las injusticias terribles que se cometían, favorecidas por la corte y el clero. El enfrentamiento más fuerte tiene lugar en el santuario de Betel (= Casa de Dios), con el sumo sacerdote Amasías, que lo expulsa. En el fondo, Amós tuvo suerte. A otros les cortaron la cabeza.

Si el texto de Amós se hubiera leído completo (cosa que horroriza a los liturgistas), se habría advertido una diferencia capital entre la reacción del profeta y la que deben tener los discípulos de Jesús. Cuando el sacerdote Amasías expulsa a Amós de Betel, este le responde anunciándole que su mujer será violada, sus hijos e hijas morirán a espada, perderá sus tierras y será deportado. El discípulo de Jesús, si es rechazado, debe limitarse a sacudirse el polvo de los pies. Ni una palabra de amenaza o condena. El juicio corresponde a Dios.

Una síntesis del mensaje (Efesios 1,3-14)

 

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. Él nos ha elegido en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables a sus ojos. Por puro amor nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos, por medio de Jesucristo y conforme al beneplácito de su voluntad, para hacer resplandecer la gracia maravillosa que nos ha concedido por medio de su querido Hijo. Él nos ha obtenido con su sangre la redención, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que ha derramado sobre nosotros con una plenitud de sabiduría y de prudencia, dándonos a conocer el designio misterioso de su voluntad, según los planes que se propuso realizar por medio de Cristo cuando se cumpliera el tiempo: recapitular todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra. En Cristo también hemos sido hechos herederos, predestinados según el designio del que todo lo hace conforme a su libre voluntad, a fin de que nosotros, los que antes habíamos esperado en Cristo, seamos alabanza de su gloria; también vosotros los que habéis escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, en el que habéis creído, habéis sido sellados con el Espíritu Santo prometido, el cual es garantía de nuestra herencia, para la plena liberación del pueblo de Dios y alabanza de su gloria.

El evangelio no concreta lo que los discípulos deben predicar. Solo dice que «predicaban la conversión», igual que Jesús. Al pasar los años, especialmente después de su muerte y resurrección, el mensaje de los apóstoles se fue enriqueciendo con lo que Jesús hizo y dijo, y también con una elaboración teológica de lo que él supuso para nosotros.

La introducción de la carta a los Efesios es un excelente ejemplo de esto último. Pero su estilo tan denso, barroco y recargado se presta a que los asistentes a la misa no se enteren de nada. Una pena, porque las ideas son espléndidas.

Adviértase que el texto habla generalmente de «nosotros» («nos ha bendecido», «nos eligió», «nos ha destinado», «nos ha obtenido», «hemos heredado», «nosotros, los que ya esperábamos en Cristo»). Pero termina hablando de «vosotros»y también vosotros», «habéis escuchado», «habéis creído», «habéis sido sellados». Parece lógico aplicar el «nosotros» a los cristianos de origen judío; el «vosotros», a los efesios, de origen pagano.

Ante la persona y la obra de Jesús, la reacción de los primeros debe ser bendecir a Dios por todos los beneficios que nos ha concedido a través de Cristo, que se resumen en estos cinco puntos: nos eligió; nos destinó a ser hijos suyos; por su sangre, nos perdonó los pecados; nos dio a conocer su proyecto de recapitular en Cristo todas las cosas; nos convirtió en herederos.

¿Y los efesios? ¿Y nosotros? La carta toma un rumbo muy distinto. No comienza hablando de lo que Dios ha hecho por nosotros, sino de lo que nosotros hemos hecho al escuchar la extraordinaria noticia de que hemos sido salvados: «habéis creído». Y entonces, Cristo nos ha marcado con el Espíritu Santo, «prenda de nuestra herencia». Muy pocas palabras, en comparación con los párrafos dedicados al «nosotros», pero con la novedad de la acción de Cristo y el don del Espíritu.

En cualquier caso, al recapitular Dios todas las cosas en Cristo, todo lo que se dice es válido para todos. También nosotros podemos y debemos proclamar: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales».

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Domingo XV del Tiempo Ordinario. 15 de julio de 2024

domingo, 14 de julio de 2024
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Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón”

(Mc 6, 7-13)

Aquí estamos, en el domingo XV del tiempo ordinario que, además, coincide con el día 15 de julio: operación salida de vacaciones para unos, retorno para otros. ¿Es tu caso? Veamos, ¿a dónde te vas?, ¿en plan playa, monte, o tal vez algún circuito por Europa, Asia… al pueblo, o quizá a un monasterio? Mira tu maleta. Estas zapatillas para caminar, estas chanclas para la playa, la sombrilla…, este modelito para el paseo de la tarde, este otro para la terraza de la noche, esta chaqueta por si refresca, el chubasquero y el plegable por si llueve que con el cambio climático ya se sabe, crema solar, hidratante, repelente de mosquitos, el bastón de trecking, el portátil por si tienes asuntos pendientes del trabajo… Vuelve a mirar tu maleta. Si ya lo decía mi madre… “¡con el por si acaso se llena la maleta!”.

Resulta que hoy los discípulos de Jesús también están en operación salida. Párate a contemplarlos unos minutos. Observa sus maletas. ¿Qué ocurre?, ¿no las ves? ¡Ah! Es que Jesús les ha dicho que no lleven nada, solo un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja. Vaya tela, ¿te imaginas ir por ahí sin bolso, sin dinero, sin móvil…? También les ha dicho que calcen sandalias pero que no lleven dos túnicas. Vuelve a tu maleta y empieza a sacar la variedad de calzado que has metido, los modelitos de pasear, de la terraza de la noche… Vamos, quédate con lo puesto y el bastón de trecking. Entonces no necesitas maleta.

Como tampoco la necesitamos en el camino de la vida y sin embargo nos empeñamos en llevarla. Bien llena, hasta los topes, por si acaso: preocupaciones, miedos, ataduras, complejos, egoísmo, resentimientos, dudas, comparaciones… ¡Cuánto pesa y cuánto entorpece nuestra marcha!

Oración

Tú que también eres discípula del Maestro, escucha lo que te dice: “suelta todo eso, suelta, suelta… solamente un bastón”. ¿Quién es tu bastón?

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La misión no es una obligación añadida a la llamada.

domingo, 14 de julio de 2024
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discipulosDOMINGO 15º (B)

Mc 6,7-13

El párrafo que acabamos de leer es continuación del que leíamos el domingo pasado, pero con él comienza una nueva etapa en el evangelio de Marcos. Los discípulos van a tomar parte en la tarea que desarrolla el Maestro. Después de la experiencia de fracaso en su pueblo, Jesús no solo no deja de anunciar la “buena noticia” del Reino, sino que compromete a sus discípulos en esa tarea. El rechazo de los dirigentes y familiares le obliga a buscar otros interlocutores que no estén maleados por la enseñanza oficial. Las tres lecturas no hablan de la elección, pero la elección lleva implícita siempre la misión.

Es poco probable que Jesús enviara a los apóstoles a predicar. En primer lugar, mientras se sintieron judíos no fue necesaria la institución de los doce apóstoles. Solo cuando fueron rechazados por los dirigentes judíos sintieron la necesidad de otro fundamento paralelo a las doce tribus de Israel. En segundo lugar, los evangelios dejan claro que mientras vivieron con Jesús no entendieron nada de su mensaje; no podían comunicarlo a los demás. Solo cuando se adentraron en la experiencia pascual pudo empezar la misión. En tercer lugar, en los evangelios no se percibe una organización suficiente para esa misión.

Es Jesús quien toma la iniciativa. Les llamó y les envió”. Si hacía ya mucho tiempo que estaban con él, no necesitaba llamarlos, pero el poner los dos verbos juntos tiene una intención especial. La llamada y la misión están siempre unidas. No se precisa ni a dónde van ni cuánto va a durar la misión. Con ello está precisando las características de todas las llamadas y de todos los envíos. Todo los que vayan en nombre de Jesús deben ir en las mismas condiciones, en todos los tiempos. El evangelista está retrotrayendo al tiempo de Jesús una práctica que comenzó muy pronto en las primeras comunidades.

De dos en dos”, apunta al sentido comunitario de toda misión. No se trata de actuar como francotiradores, sino de ir en nombre de la comunidad. Así se evita, cualquier clase de superioridad de uno sobre otro. Con demasiada frecuencia olvidamos que todos somos enviados por y desde una comunidad. Tenemos que superar la tendencia a actuar por nuestra propia cuenta. Tiene también un aspecto legal. En un juicio solo se admitía el testimonio que fuera atestiguado por dos. No se espera que sean maestros, sino testigos.

Les da autoridad sobre los espíritus inmundos. Hay que tener mucho cuidado. El texto griego no dice “dynamis” sino “exousia”. No es fácil apreciar la diferencia entre ‘poder’ y ‘autoridad’. Está claro que no se trata de un poder mágico, sino de una superioridad sobre el mal. Se trata de una fuerza para superar, no solo los demonios de los demás, sino también sus propios demonios; es decir La superación personal de toda ideología que les impediría comunicar el verdadero mensaje. Esta lucha de los apóstoles contra sus propios prejuicios nacionalistas está presente en todo el evangelio de Marcos.

Les encargó...” El verbo griego significa ordenó. Es curioso que el texto hace más hincapié en lo que no deben llevar. Lo importante es el espíritu de los enviados. El bastón y las sandalias eran imprescindibles; el primero ayuda a caminar y puede ser muy útil contra las alimañas. Las sandalias eran el calzado de los pobres. El pan era signo de todo alimento. No van como mendigos, solo deben aceptar lo que necesitan en cada momento. La alforja era propia de los mendigos, que aseguraban así las próximas comidas. El dinero es símbolo de las seguridades. En griego no dice “túnica de repuesto”, sino “no llevéis puestas dos túnicas, que era característica de la gente rica.

Los judíos nunca se hospedaban en casa de paganos. Para Jesús cualquier casa es buena para hospedarse, y cualquier alimento digno de comerse. Para quedarse basta que les acoja una casa”,para marcharse tiene que existir rechazo de un lugar”. Lo importante es que les acepten y ellos acepten. En todo caso, deja clara la posibilidad de rechazo que acaba de sufrir el mismo Jesús en su tierra. El sacudir el polvo de los pies, era una costumbre de los judíos cuando salían de un lugar de paganos. No se trata de maldición alguna, sino de dar testimonio del hecho de que no querían llevarse nada de allí.

“Predicaban la conversión, echaban demonios y curaban”. Es curioso que ninguna de esas acciones fue descrita en el envío. La conversión de la que nos habla el evangelio, no debe entenderse desde el punto de vista moral. Se trata de “metanoia”. Un cambio de mentalidad que llevaría consigo un cambio en la manera de vivir. Sin emprender ese nuevo camino, de nada servirán los arrepentimientos y los propósitos. Seguimos sin entenderlo hoy. El echar demonios y curar son signos de la preocupación por los demás. El signo de que ha llegado el Reino es la ayuda incondicional a los demás.

La primera lectura nos pone ya en guardia. Los profetas de Betel quieren convertir a Amós en un profeta “al uso”: alguien que vive de un oficio siguiendo las directrices oficiales. Muy poco han cambiado las cosas. La Iglesia sigue siendo un santuario de Betel. Estar de parte de los poderosos, y no denunciar la injusticia ha sido una apostasía del cristianismo desde Constantino. A nadie entusiasma hoy nuestra predicación, mucho menos nuestra trayectoria vital. La misión no puede ser una programación venida de fuera, sino una exigencia vital, consecuencia de la llamada interna de Dios.

La clave está en que, al depender de los demás, se elimina toda tentación de superioridad. No son normas de ascetismo sino de confianza. Se trata de aprender a confiar en los demás, esperándolo todo de ellos. Saber dar eficazmente, supone haber aprendido antes a recibir con humildad. No hay nada más humillante para un ser humano que el tener que recibir de otro algo sin reciprocidad. La realidad que más une   a los hombres es el saber que tienen algo que dar y algo que recibir. En la gratuidad se alcanza el máximo de humanidad, tanto por parte del que da, como del que recibe.

La confianza de la misión debe apoyarse en el mensaje, no en los medios desplegados. Supone prescindir de lo superfluo y ni siquiera querer asegurar lo necesario. Jesús quiere que lleven el Reino de Dios a todos los hombres. No son dueños ni propietarios. Ese Reino es la “buena noticia” que todos deben descubrir. Jesús quería purificar toda religión. Jesús, ni dejó de pertenecer a la religión judía, ni fundó una nueva. Él reducir la predicación de Jesús a una religión más ha impedido que sea fermento para todas.

La misión no es tarea de unos pocos, sino la consecuencia inevitable de la adhesión a Jesús. La misión no consiste en predicar sino en hacer un mundo cada vez más humano. No se trata de salvaguardar, a toda costa, doctrinas trasnochadas o normas morales que no humanizan. Menos aún en conservar unos ritos fosilizados que ya no dicen nada a nadie. El mensaje de Jesús no se puede meter en fórmulas. Todo el que atiende a la llamada, y vive lo que vivió Jesús, está cumpliendo la misión de hacer presente el Reino.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Después de Jesús nosotros, la Iglesia.

domingo, 14 de julio de 2024
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Mc 6, 7-13

«Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos»

Enviados por Jesús con su misma misión; excelente definición de Iglesia. Jesús se siente enviado por el Padre para proclamar la buena Noticia y nos pide que le echemos una mano. Primero se lo pide a los doce, luego a los setenta y dos, y luego, tras su muerte, a los Testigos y, a través de ellos, a todos nosotros. Como decía Ruiz de Galarreta: «Después de Jesús, nosotros la Iglesia».

Al menos en teoría, todos los colectivos humanos —desde las órdenes religiosas a los partidos políticos— trabajan para mejorar la sociedad. Cada uno desde sus creencias, su ideología o su óptica, y cada uno esforzándose para que el mundo siga los derroteros que considera más adecuados. Unos lo hacen a través de la oración, otros promulgando leyes que fomenten la convivencia, otros promoviendo las artes y las letras, otros propiciando el desarrollo económico, otros trabajando en defensa de los más vulnerables o defendiendo los intereses de un determinado grupo social…

Y dentro de ese panorama general, los cristianos tenemos encomendada la misión de sembrar humanidad y hacerlo al estilo de Jesús, es decir, no por la fuerza del dinero ni el ejercicio del poder, sino desde dentro, como la semilla que en unos casos da abundante cosecha y en otros se convierte en árbol frondoso donde anidan las aves del cielo… o como la levadura que fermenta toda la masa.

Las parábolas vegetales nos muestran la fe que tenía Jesús en el poder de la semilla sembrada; su primacía sobre la ley. Si tratamos de lograr la convivencia a través de las leyes, fracasaremos, pero si la sembramos, dará el ciento por uno. Porque la Ley deja a la persona a sus fuerzas, le pone preceptos que ha de esforzarse en cumplir, le amenaza, le premia, le castiga… pero no cambia su corazón. El evangelio le coloca ante el don de Dios, le hace conocer a su Padre, le convierte en Hijo, lo cambia por dentro… y ya no tiene que mandarle nada.

La esencia de nuestra pertenencia a la Iglesia es aceptar la misión; considerar la vida como misión. Para eso sirve la vida, para eso fuimos engendrados por Dios, por eso cuenta con nosotros. Unos lo hacen de forma radical, dejándolo todo para dedicarse a los más necesitados allí donde se encuentren. Otros tenemos la oportunidad de hacerlo desde nuestras ocupaciones habituales, las de todos los días, sin necesidad de hacer cosas nuevas, pero esforzándonos en hacer bien lo que hacemos; tomando como guía de nuestra conducta los criterios de Jesús; sembrándolos en el mundo.

Jesús resumió la misión en una frase sencilla e interpelante: «Que los hombres vean en vuestras buenas obras el amor del Padre» … Y aunque parezca lo contrario, este tipo de comportamiento tiene un notable efecto contagioso (las primeras comunidades cristianas eran contagiosas y no dejaban de crecer), y Jesús contaba con ello para extender el Reino. Si una parte significativa de los cristianos nos tomásemos en serio la misión, la sociedad humana se convertiría, sin eufemismos, en el reino de Dios.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Autoridad, austeridad, audacia.

domingo, 14 de julio de 2024
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envio-misioneroCOMENTARIO AL EVANGELIO Mc 6, 7-13

14 de julio de 2024

El Evangelio de este domingo es uno de los relatos que más perplejidad nos deja por su claridad y pragmatismo. Jesús pretende que sus discípulos vuelen solos, sean continuadores de su misión y les da unos últimos consejos para ser coherentes con el proyecto de Dios; una nueva manera de vivir como personas y creyentes con autoridad, austeridad y audacia.

Lo primero que pide Jesús a sus discípulos, a cada persona que hemos decidido vivir conectados a su proyecto, no es el reconocimiento de las miserias, la culpa, las carencias, las debilidades; no parece ser el primer paso; lo primero, según este texto, es el regalo de la AUTORIDAD sobre los espíritus impuros y un poder sanador.  Supongo que no hay que explicar mucho que esta autoridad para sanar a la que se refiere Jesús trasciende la dimensión biológica. Una vez más, usando este lenguaje metafórico, nos recuerda que todos poseemos una fuerza sanadora que nace de nuestra naturaleza esencial.

Casi diríamos que lo natural en el ser humano no es hacer daño sino sanar, liberar, una potencia que nos hace vivir con fuerza, luz, empoderad@s, escuchados, con significado y con sentido. Una autoridad que pueda doblegar los espíritus impuros, es decir, la insolidaridad, el autoritarismo, la manipulación de las conciencias, la compraventa de dignidad. Jesús quiere que sanemos y dejemos que lo esencial que somos se encarne en cada ser y en nuestra comunidad humana.

Jesús parece hacer referencia a otro valor profundamente evangélico: AUSTERIDAD. Aconseja no llevar más que un bastón y sandalias, lo demás parece considerarlo innecesario. Realmente es lo que necesitamos para caminar por la vida: sandalias que nos ayuden a dar pasos con firmeza, frescura, agilidad, y un bastón para apoyarnos en los tramos más complejos y donde la ruta es imposible seguirla en soledad. Así es nuestra vida, somos seres interdependientes, aunque el paso posible nadie lo va a dar por nosotros.

Es lo ideal, lograr un equilibrio entre la consciencia de nuestra vulnerabilidad que necesita un bastón y la sana autonomía para tomar las mejores decisiones y avanzar en sandalias por la vida. Y para dar coherencia evangélica a nuestro camino creyente, también es necesaria la austeridad que va más allá de la pobreza; la austeridad nos introduce en la búsqueda de una vida con dignidad, con lo necesario para vivir y con la mirada puesta en que todos también lo tengan. Si la austeridad no va acompañada de generosidad, solidaridad, es tacañería y poco o nada constructiva.

Y, por último, Jesús nos pide AUDACIA, valentía para vivir en coherencia e irnos con determinación de aquellos lugares, espacios, situaciones, estructuras, donde no somos bien recibidos por nuestras opciones personales y creyentes.  Valentía para denunciar aquello que no está alineado con lo esencial del evangelio; y no arrugarse ante las personas que no aceptan nuestra forma de vivir nuestra dimensión espiritual.

Ser creyentes, tomarse en serio el camino del discipulado no es un camino de buenismo, silencio, resignación, sometimiento, en absoluto, se trata de avanzar en una autenticidad personal, empoderamiento, libertad, como reza el título de este comentario: con audacia, autoridad y austeridad.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Predicar la conversión.

domingo, 14 de julio de 2024
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IMG_6027Domingo XV del Tiempo Ordinario

14 julio 2024

Mc 6, 7-13

Es probable que para la gran mayoría de personas religiosas o que han crecido en ese espacio, tanto la palabra “predicar” como la de “conversión” evoquen significados concretos que prefieran olvidar.

Debido a la experiencia vivida durante muchas generaciones, el término “predicación” hace pensar en adoctrinamiento, proselitismo, imposición y sometimiento a una doctrina. Por su parte, “conversión” remite a pecado, culpa, confesión, sacrificio y reparación. En consecuencia, la unión de ambas palabras en una sola expresión reviste tonos sombríos, rutina y pesadumbre.

Tanto el abuso de esos términos, con una práctica abusivamente negativa asociada a los mismos, como la disonancia que provocan en una cultura moderna reacia a cualquier tipo de prédica y refractaria a cualquier idea de culpa, hace que sean irrecuperables.

Solo cabe, si acaso, rescatar el sentido original de “conversión”, traducción del griego “metanoia”. Ateniéndonos a la etimología, se habla aquí de “meta” (más allá) y “noia” (de “nous”: inteligencia, que podría traducirse por mente). De acuerdo con ese significado etimológico, convertirse es ir más allá de la mente. Un ir que supondrá siempre un cambio de dirección o de sentido, con respecto al camino que habíamos tomado con anterioridad.

Cada vez somos más conscientes de los límites de la mente y del peligro reduccionista y limitante que supone el hecho de absolutizarla. Si queremos avanzar en la verdad -única fuente de crecimiento, liberación y humanización-, es preciso trascenderla. Lo cual no significa en absoluto negar su lugar ni mucho menos sofocar su función crítica. Significa, sencillamente, reconocer su límite, advirtiendo que nunca puede ir más allá del mundo de los objetos. Por tanto, para avanzar en la verdad, necesitamos acallarla entrando en el silencio de los pensamientos y del yo, teniendo el coraje de integrar lo que ahí se nos revela. Eso es la “conversión”, no algo sombrío, sino fuente permanente de luz y despliegue.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Jesús no les da poder, sino autoridad sobre el mal

domingo, 14 de julio de 2024
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envio misioneroDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- El Señor nos llama para estar, para vivir con Él.

        El texto del evangelio que acabamos de escuchar viene precedido por unas palabras del mismo evangelista, Marcos, en las que dice cómo Jesús llamó a algunos para que estuvieran con Él, para que vivieran con Él.

Lo primero y más importante es estar con el Señor.

        En el ámbito de Jesús se está bien, se vive en paz: se tiene “la cabeza y el  pensamiento bien puestos”, “el corazón está en su sitio”, las grandes cuestiones de la vida tiene su sentido y orientación.

        San Juan de la Cruz (1542-1591) los dirá de otra manera: “estando ya mi casa sosegada”.

        Viviendo en el Señor se vive en calma, en paz. El cristianismo no son ansias ni ansiedades neuróticas de tipo religioso, moral, eclesiástico, que pueden terminar haciendo mucho daño.

        Incluso cuando el pecado nos pilla en la vida, no es causa de angustia, de culpabilidades malsanas. El buen ladrón, el hijo perdido, la mujer adúltera, Magdalena, Pedro, etc.  saben mucho de la paz que confiere el encuentro con el Señor…

        Una iglesia de “Belorados”, “Viganos”, “Beccius”, de enfrentamientos ideológicos y maniobras jerárquicas o de superiores déspotas de poder y sin autoridad, no tiene que ver nada con el estar con el Señor o con el venid a mí los que estáis cansados y agobiados, venid a descansar…

Jesús nos llama a vivir con él. Que no se turbe vuestra paz. No perdáis la calma.

02.- Les envía a la misión con autoridad sobre los espíritus inmundos

Poder y autoridad

        Viviendo en paz de Dios, estando con el Señor, les -nos- envía  a la misión.

Tienen una cierta solemnidad el envío de Jesús a los suyos. Jesús envía a la misión con autoridad sobre la enfermedad, sobre el mal, sobre los espíritus inmundos.

        El envío no se refiere a los curas, religiosos, obispos, etc., sino que la misión para sanar y expulsar los malos espíritus de la humanidad se dirige a todo creyente: Id y transmitid la buena noticia, la paz, las ganas de vivir, el aliento vital; sanad la psicología dañada (espíritus inmundos).

Poder y autoridad.

Jesús no les da poder, sino autoridad; que no es lo mismo poder que autoridad.

  • Poder

El poder es la potestad que una persona o institución pueden ostentar porque se lo han concedido las urnas, los votos, o porque tal persona ha sido instituida en determinado cargo o sede, escaño parlamentario, cátedra, etc. por quien puede hacerlo.

Sin duda que tal poder será legítimo.

Pero hoy en día “poder” significa casi siempre, «control», «gobierno», «imposición». Y esta es nuestra desgracia.

No pocos políticos, obispos, curas tienen poder, pero nula autoridad

  • Autoridad

Autoridad es otra cuestión mucho más noble. Proviene del latín «augere» (hacer crecer) e indica la capacidad que una persona tiene para hacer crecer a los demás.

Una persona tiene autoridad por su bondad, por su noble competencia, por su presencia sana y sanante en un grupo, en la familia, en la comunidad, pueblo, Iglesia…

Puede ser, -ocurre con frecuencia-, que una persona tenga poder legítimo, pero ninguna autoridad. Lo estamos viviendo y padeciendo todos los días en la sociedad, en las familias, en la vida política, en las diócesis, en los entramados eclesiásticos, etc.

Necesitamos personas con autoridad pero -casi- sólo contamos con personas poderosas.

03.- Ni pan ni alforja. Bastón y sandalias: vivid y evangeliza en pobreza

La Iglesia una vez que pasa a ser la religión oficial del Imperio romano  (a partir del siglo IV / Constantino) ha vivido en muchas etapas  al amparo y con el apoyo de algún poderpolítico, económico, ideológico o de su propio poder eclesiástico. El sistema eclesiástico está demasiado acostumbrado a vivir y actuar desde un nivel de superioridad poco -nada- evangélico.

Es cierto que en algunos momentos la Iglesia se ha tornado más sencilla: en tiempos de Juan XXIII, Pablo VI, ahora con el papa Francisco está recuperando el sentido de servicio. Su autoridad no es el poder temporal, sino la bondad, la misericordia.

Es bueno para la Iglesia ir perdiendo poder económico y político, pues ese despojamiento nos acerca al movimiento que puso en marcha Jesús cuando envió a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, sin dinero ni túnica de repuesto, y con una sola misión: sanar enfermos y expulsar demonios.

Para evangelizar y expulsar espíritus inmundos no hace falta alforja, ni dinero, ni tan siquiera la “x” de la declaración de hacienda. Para la misión hace falta estar con el Señor, fe y autoridad.

     Quizás tenemos poder, medios, pero escasea la autoridad y la fe.

04.- Curaban y echaban demonios

        Jesús no hace un envío a la misión de tipo cultual o religioso, Dicho coloquialmente, Jesús no  envía a los suyos a celebrar actos litúrgicos por los pueblos. El envío de Jesús es humanitario: curar enfermos y expulsar demonios

        Es lo mejor que podemos hacer en la vida: sanar, aliviar, que eso es ser cristiano.

        Llama la atención que la gran preocupación ante la escasez de clero sea que no falte la misa de 12 en tal pueblo / parroquia, y si falta, aunque sea que una religiosa o un laico, lea el evangelio y dé la comunión.

Al obispado no le preocupa si los ministros están bien, serenos en su misión. Al poder eclesiástico no le interesa si en esa comunidad hay enfermos, parados, encarcelados, personas en soledad, etc., le preocupan los ritos.

La preocupación de Jesús era otra: dar de comer, curar leprosos, reestructurar personas y personalidades  dañadas (endemoniados), devolver la vida, etc.

        Estamos llamados y enviados por el Señor a vivir con él en paz y serenidad y desde esa vivencia a hacer el bien, a aliviar, curar, expulsar demonios.

Sanemos corazones afligidos y curemos las enfermedades y los males que podamos.

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“Seguir a Jesús realizando la obra encomendada”, por Consuelo Vélez

domingo, 14 de julio de 2024
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IMG_6046De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio. Domingo XV del TO 14-07-2024

Jesús envía a sus discípulos y, él mismo, realizará con ellos, la obra encomendada

Los discípulos han de seguir adelante, realizando la misión encomendada, aunque sobrevenga la persecución y el rechazo

Seguir anunciando el reino hoy con obras de justicia y misericordia, de profecía y compromiso, sembrando la paz y cultivando la esperanza en ese mundo mejor que el anuncio del reino hace posible

Llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón, ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: “cálcense con sandalias y no vistan dos túnicas”. Y les dijo:

“Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no los recibe y no los escuchan, márchense de allí sacudiendo el polvo de la planta de sus pies, en testimonio contra ellos”.

Y yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (Mc 6, 7-13).

Hoy nos encontramos con un evangelio en el que los discípulos van a ser los protagonistas. En un pasaje anterior, Jesús había enviado a los suyos a predicar con el poder de expulsar demonios (Mc 3, 14-15). Ahora van a comenzar a realizar esa tarea. Son enviados por Jesús, “de dos en dos”, porque van a dar testimonio y para esto se necesitan dos personas según el Deuteronomio (19, 15) y han de ir con la confianza puesta en Dios y no en los apoyos materiales. De ahí las indicaciones de solo ir con un bastón -propio de los caminantes- pero sin nada más que garantice su sustento porque el envío es de Dios y él mismo realizará con ellos, la obra encomendada. También les da el poder o la autoridad de expulsar demonios.

Recodemos que al hablar de demonios estamos refiriéndonos a las fuerzas del anti reino que Jesús expulsa con la autoridad de su palabra. Donde se anuncia el reino, se expulsa el anti reino. Es la misma tarea que han de realizar los discípulos.

Como dijimos la semana pasada, la comunidad de Marcos sufre persecución. De ahí que el texto les advierte a los discípulos que es posible que en algún lugar no los reciban. Su reacción tiene que ser de seguir adelante, realizando la misión encomendada, sin temor a la persecución y el rechazo. Han de quitarse el polvo de los pies para que no quede memoria de aquellos que los han rechazado. El texto concluye mostrando el accionar de los discípulos, los que además de predicar y expulsar demonios, también curan enfermos, señal clara del reino que llega a las personas, liberándolas de toda dolencia.

Hoy también muchos siguen realizando la misión encomendada por Jesús, pero este pasaje puede servir de confrontación al cómo se realiza. Lo primero no olvidar que es una tarea que se ha confiado. Dios no la va a dejar de su mano. Por tanto, la confianza en el Señor, es imprescindible. Lo segundo son las obras que se realizan. No es hacer lo mismo a modo de copia de aquellos tiempos, sino ser profetas del reino en este tiempo actual, denunciando lo que es anti reino y haciendo posible la puesta en práctica de los valores del evangelio. Si en aquella época la expulsión de demonios y las curaciones podían comprenderse como la presencia de Dios actuando en esa situación, la pregunta que hay que hacerse hoy, es sobre qué obras realizar para que el reino de Dios se haga presente. No es realizando exorcismos -ahora tan de moda desde la misma institución vaticana-, no es sanando enfermedades con ceremonias de curación y algo de histeria colectiva como pretenden otros. Es acompañando el caminar actual para responder a los desafíos presentes con obras de justicia y misericordia, de profecía y compromiso, sembrando la paz y cultivando la esperanza en ese mundo mejor que el anuncio del reino hace posible.

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Encontrar regalos LGBTQ+ en “El Borde del Interior”

lunes, 8 de julio de 2024
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IMG_2981Hermana Donna McGartland

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland. Donna es una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religion publicado por New Ways Ministry.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el duodécimo domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

En el evangelio de hoy, Jesús visita su ciudad natal y los vecinos comenzaron a preguntar quién es, preguntando: “¿De dónde sacó este hombre todo esto? ¿Qué clase de sabiduría le ha sido dada? … ¿No es él el carpintero, hijo de María, y hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón?” El evangelio luego dice que “se ofendieron contra él”.

Jesús responde: “Un profeta no carece de honor excepto en su lugar natal, entre sus propios parientes y en su propia casa”. Estas mismas personas que presenciaron el crecimiento de Jesús no podían aceptar que él fuera capaz de tener mucha más sabiduría. ¿Podrían alguna vez estar abiertos a la posibilidad de que Jesús fuera un profeta?

P. Richard Rohr, OFM, a menudo describe a un profeta como “alguien que estructuralmente vive en el borde del interior”, que no vive ni totalmente dentro ni totalmente fuera de una sociedad establecida. ¡Cuán acertadamente describe esto la experiencia de Jesús! Esta era su ciudad natal y su familia y, sin embargo, las personas que deberían saber más sobre él claramente saben muy poco e incluso se sintieron ofendidas por su sabiduría y capacidad para sanar a otros. Su ceguera familiar impidió que Jesús pudiera transformar sus vidas.

¡Cuán a menudo podemos resonar con este sentimiento de vivir en el “borde del interior”! Como personas y aliados LGBTQIA+, hemos conocido a personas bien intencionadas que se han sentido ofendidas por su propia percepción de quiénes somos. Su ignorancia ha limitado nuestra capacidad de vivir plenamente y ser aceptados en la corriente principal de la sociedad. Cuán a menudo no se nos da el honor de ser aceptados tal como somos porque se nos juzga como algo menos. Somos los profetas que vivimos en los márgenes de la sociedad, en el “borde del interior”.

En la lectura de hoy de la Segunda Carta a los Corintios, Pablo escribe que le dieron “un aguijón en la carne… para evitar que me exalte demasiado”. En ninguna parte dice qué es este “aguijón” para él, pero finalmente reconoce, por la gracia de Dios, que “el poder se perfecciona en la debilidad”. Nosotros también tenemos espinas, debilidades que nos gustaría superar. Nuestras «espinas» cambian a medida que crecemos más plenamente en nosotros mismos.

IMG_5982Durante muchos años vi mi orientación sexual como una espina y le rogué a Dios que me librara de esta parte de mí. En mi momento más débil, cuando me di cuenta de que no tenía control sobre mi orientación, descubrí que estaba maravillosamente hecha tal como soy. ¡Soy un regalo! Al abrazar mi verdadero yo, permití que la gracia y el poder de Dios se perfeccionaran en mí y experimenté la fuerza de la imagen y semejanza expansivas de Dios reflejadas a través de mí.

Este regalo sólo puede experimentarse plenamente desde el “borde del interior”, desde los márgenes, porque, en verdad, cuanto más cerca estamos del centro, más nos aferramos a la ceguera causada por nuestra propia ortodoxia y control. Sin embargo, cuanto más nos acercamos al límite, más cambian nuestras percepciones a medida que nuestra visión creativa se vuelve mucho más amplia. La vida se vuelve algo más simple y dejamos de lado muchos de los “ismos” ideológicos que mantienen atados a los demás y a nosotros mismos. Desde el borde, encuentro que es mucho más fácil aceptar y amar a los demás tal como son y me regocijo en la imagen de Dios manifestada en la persona que encuentro.

En el límite, soy aceptado y amado y puedo responder de la misma manera a los demás. Sin embargo, cuando me acerco al centro, descubro que soy más cauteloso y busco controlar para proteger mi vulnerabilidad. Esto no me da vida.

Así, con Pablo: “De buena gana me gloriaré en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por tanto, me contento con las debilidades, los insultos, las penalidades, las persecuciones y las limitaciones, por causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

–Sr. Donna McGartland, 7 de julio de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Sabio y curador”, 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)

domingo, 7 de julio de 2024
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35_14_TO_B_1467539No tenía poder cultural como los escribas. No era un intelectual con estudios. Tampoco poseía el poder sagrado de los sacerdotes del templo. No era miembro de una familia honorable ni pertenecía a las élites urbanas de Séforis o Tiberíades. Jesús era un obrero de la construcción de una aldea desconocida de la Baja Galilea.

No había estudiado en ninguna escuela rabínica. No se dedicaba a explicar la ley. No le preocupaban las discusiones doctrinales. No se interesó nunca por los ritos del templo. La gente lo veía como un maestro que enseñaba a entender y vivir la vida de manera diferente.

Según Marcos, cuando Jesús llega a Nazaret acompañado por sus discípulos, sus vecinos quedan sorprendidos por dos cosas: la sabiduría de su corazón y la fuerza curadora de sus manos. Era lo que más atraía a la gente. Jesús no es un pensador que explica una doctrina, sino un sabio que comunica su experiencia de Dios y enseña a vivir bajo el signo del amor. No es un líder autoritario que impone su poder, sino un curador que sana la vida y alivia el sufrimiento.

Sin embargo, las gentes de Nazaret no lo aceptan. Neutralizan su presencia con toda clase de preguntas, sospechas y recelos. No se dejan enseñar por él ni se abren a su fuerza curadora. Jesús no logra acercarlos a Dios ni curar a todos, como hubiera deseado.

A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que nos enseñe cosas tan decisivas como la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo. Dejar que nos ayude a vivir en la presencia amistosa y cercana de Dios. Cuando uno se acerca a Jesús, no se siente atraído por una doctrina, sino invitado a vivir de manera nueva.

Por otra parte, para experimentar su fuerza salvadora es necesario dejarnos curar por él: recuperar poco a poco la libertad interior, liberarnos de miedos que nos paralizan, atrevernos a salir de la mediocridad. Jesús sigue hoy «imponiendo sus manos». Solo se curan quienes creen en él.

José Antonio Pagola

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“No desprecian a un profeta más que en su tierra”. Domingo 7 de julio de 2024. Domingo 14º de tiempo ordinario

domingo, 7 de julio de 2024
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39-ordinarioB14 cerezoDe Koinonia:

Ezequiel 2,2-5: Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.
Salmo responsorial: 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
2Corintios 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Marcos 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la “Confesión de Pedro”) se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado técnicamente “sumario”- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El “fracaso” de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la “derrota” del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el “escándalo” de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un “Mesías crucificado” que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el “Hijo de Dios”.

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? “Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela”. La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: “con lo que ellos conocen“. Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente “sabido”; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El “Dios siempre mayor” desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús “no podía hacer allí ningún milagro”; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque “nadie es profeta en su tierra“. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo? Leer más…

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7.7.24. DO 14B ¿No es ése el “técnico” (obrero), el Hijo de María…? (Mc 6, 1-6)

domingo, 7 de julio de 2024
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IMG_5981Del blog de Xabier Pikaza:

No estoy seguro de la traducción exacta, pero la que pongo (técnico-obrero) me parece mejor que  “carpintero”. He discutido sobre el tema en Historia de Jesús, en comentarios a Marcos y Mateo y en otros libros (cf. imágenes) He leído y discutido y no he llegado a una conclusión definitiva. Debemos seguir buscando

De todas formas, Jesús no era un rico propietario agrícola, ni sacerdotes, ni rabino de algurnua. Por otra parte, el hecho de ser tekton/técnico puede tener sentido sentido negativo o  positivo. Negativo: No es propietario, es pobre, trabaja por cuenta ajena….Positivo:  Debe Conocer técnicas valiosas (de albañil, carpintero, herrero  o  cantero) y relacionarse con gestes que piden, buscan y ofrecen trabajo. Antes que obrero de reino parece haber sido  técnico ambulante de construcciones varias.

El tema es importante para situar a Jesús en su mundo social y laboral y también  en el nuestro.  Los que hoy actúan como representantes suyos en la iglesia van en contra de su ejemplo , no son técnicos-obreros a cuenta propia o ajena. Dentro de dos días me ocupare de su familia y de su provocativo nombre metronimico. Buen domingo

Mc 6, 1-3

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero/técnico, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?

Contexto social: técnico/artesano para el Reino

Jesús no era propietario acomodado, en un entorno de campesinos autosuficientes, celosos de su identidad sagrada como pueblo. No era tampoco sacerdote, ni letrado, sino un trabajador manual.

Era un técnico, en griego tektôn…,  alguien que modela y construye con un tipo de “arte” (artesano). Puede ser carpintero, cantero, albañil… pero no agricultor ni pastor o pescador, que en aquel tiempo  no se consideraban trabajos de artesanos.  En hebreo/arameo un artesano es “jarash”, con sentido semejante al que tiene en griego.

Marcos escoge la palabra griega tektôn con gran precisión

El tektôn modela, construye…. con técnicas antiguas o nuevas como adelantados de un mundo técnico, que puede desembocar en la tecno-cracia (poder esclavizante de la técnica al servicio del dinero y del dominio de algunos) o en un tipo de tecno-sofía  o tecnología humanizadora, al servicio de la fraternidad universal.

En ciertos ambientes elitista… los artesanos se consideraban incapaces del estudio, del conocimiento de la sabiduría y la política social (como pone de relieve Eclo 38; los técnicos que trabajan con las manos son ciudadanos de segunda clase) pero en tiempos de Jesús estaba surgiendo una clase nueva de artesanos liberados para el estudio, como queda claro en Pablo (tejedor, talabartero, curtidor de pieles…).  Pienso que los teólogos y hombres de iglesia no hemos comparado a Jesús con Pablo, ambos obreros quizá de cierta técnica

Por eso, el hecho de que Jesús aparezca como tektôn se puede considerar como negativo, pero también como positivo.

Pero ese dato se puede tomar como negativo: Jesús no es rico, no es propietario, es un obrero a cuenta ajena… La mayoría de las visiones de Jesús y de José como carpinteros de taller rico están fuera de contexto. La mayoría de los “tektôn” malvivían  mendigando trabajo en el entorno de su ciudad o aldea.

Puede ser positivo… Los técnicos en piedra-madera-hierro pueden ser más sabios que los simples pastores/agricultores… Eran los “técnicos” del pueblo, sabían resolverlos problemas…Además, pueden formar parte de algún tipo de “agrupaciones” laborales, con ciertas privilegios. No sabemos si Jesús formaba parte de una “cofradía” de técnicos

Sea como fuere, Jesús formaba parte de un mundo emergente de oficios técnicos, en una línea que le capacita para relacionarse con más gente, para conocer mejor  los problemas del entorno… Y además, los creadores/rabinos del nuevo Israel (desde el siglo II d.C.. en adelante) serán todos, casi sin excepción trabajadores manuales..

El hecho de que la iglesia posterior se haya helenizado (hasta el día de hoy), convirtiendo a los “servidores” de la iglesia en “señores” (no en trabajadores manuales, no en técnicos auto-suficientes) ha sido y sigue siendo una desgracia y una rémora hasta el día de hoy.

Unos obispos, presbíteros etc. (sin trabajo manual, en contra del “orden” de los monjes…y de los rabinos judíos) ha influido muy negativamente en la iglesia.

Eso de querer imitar a Jesús….  pero sin ser trabajadores manuales, de oficio, de tekne o técnica como Jesús  quizá ha sido un engaño muy pagano, muy helenista, en iglesia.

Jesús, un proyecto social-económico y religioso desde la marginación.

 Pienso que era un campesino sin propiedades obligado a vender su trabajo para así vivir y/o mantener a su familia, y, de esa forma, cuando él hable de “pobreza” y llame bienaventurados a los ptôjoi (mendigos), Jesús evocará su situación de marginado económico, que conoce por dentro y comparte la suma pobreza de las gentes de su entorno.

No es un marginal por rareza u opción sacral, sino un marginado real que se enfrenta a los poderes causantes de la marginación y los rechaza, para superarlos de raíz, como iré indicando (y como había proclamado el Magníficat).

 No fue pensador de tiempo libre, ocupado en pequeñas mejoras, sino profeta en un mundo de opresión, decidido a proclamar e iniciar el camino del Reino, entre hombres y mujeres de un mercado de trabajo sin trabajo (cf. Mt 20, 1-16). Su mensaje no fue un lujo espiritual desconectado de la vida, sino una propuesta de transformación para la vida en un contexto de muerte, en el que resonaba la amenaza del Gen 2-3: El día en que comáis del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal moriréis…

Los poderosos de su tiempo (dueños del poder y del dinero, romanos invasores y judíos colaboradores…) estaban comiendo de ese fruto del árbol del “conocimiento” económico….(que Jesús condensará como Mammón: Mt 6, 24), mientras que el grueso de la población se hallaba amenazada por el hambre, la exclusión, la enfermedad… Esto es lo que él aprendió, trabajando quizá por un tiempo al servicio del rey Antipas, en sus nuevas capitales (Séforis, junto a Nazaret; o Tiberíades, sobre el lago), o de otros propietarios ricos. Ciertamente, pudo tener más movilidad y más conocimiento que un agricultor asentado en (atado a) su tierra, pero conoció la vida desde “el otro lado”, desde la pobreza, y a partir de ella (no desde los ricos, señores del pensamiento y del dinero) quiso cambiar la vida de los hombres y mujeres de su pueblo, en un gesto y camino abierto a todos los pobres del mundo[2].

Los artesanos de Galilea eran como hebreos en Egipto, sin seguridad material o social, pues habían perdido o estaban perdiendo la “herencia de Dios” (tierra). No tenían patrimonio (vinculado al patriarcado), ni tierras para herencia, pues carecían de herencia y de casa (estructura familiar). Desde ese fondo, planeó y desarrolló Jesús su propuesta de Reino. Posiblemente, como heredero de una familia que había emigrado de Belén cien años antes (tras la conquista de Galilea por Alejandro Janeo, el Macabeo, hacia el 100 a.C.), Jesús se sentía portador no sólo de la promesa de Abrahán (familia, tierra), sino de la esperanza de David, el betlemita, que incluye la posesión de una tierra, en la que todos han de ser propietarios, compartiendo el don del Reino. Pero, al mismo tiempo, él formaba parte de la gran masa de hombres y mujeres que habían perdido la tierra (hambrientos, enfermos…), y que parecían expulsados de la herencia de Dios[3].

Un cambio social de fondo.

Como he destacado ya, los campesinos y pastores del principio de Israel se habían unido formando una agricultura de comunicación y fraternidad, con intercambio directo de bienes; pero, en un momento dado, con el despliegue de la monarquía y el auge de poder económico-social del templo, había surgido una clase especial de burócratas mercantiles, al servicio de las élites político/religiosas, que controlaban la riqueza:

‒ Los mercaderes como “clasedependían del trabajo productor de agricultores, pastores y obreros, pero de tal forma lo controlaban que acabaron haciéndose dueños de sus beneficios. Frente al trabajo que produce bienes, surge y se desarrolla el dinero del mercado, de manera que el valor primario no es ya la persona o familia, ni las relaciones personales, sino el Capital Mammón, dios objetivado como diablo (cf. Mt 6, 24).‒ Los mercaderes ricos,con los “reyes” o funcionarios superiores y los sacerdotes (que sacralizan de algún modo ese dinero), se hacen árbitros de la sociedad, dirigiendo el proceso real de producción y distribución de bienes. Así se relacionan con un dinero que, por un lado “pertenece al César” (cf. Mc 12, 16-17), pero que, por otro (¿al mismo tiempo?), tiende a convertirse en Mammón sobre el mismo César (Mt 6, 24).

No parece que Jesús haya sido un purista anti-monetario, ni un reformador económico sin más, pues no ha condenado directamente a los comerciantes (en contra de EvTom 67), pero ha querido poner el comercio y dinero al servicio de la vida (de los pobres), de un modo gratuito (por comunicación directa), iniciando un cambio intenso, no una simple reforma, apelando para ello a la llegada del Reino de Dios, prometido por profetas y apocalípticos[4].

El ideal de Jesús era una sociedad igualitaria (no mercantil, no imperial), de agricultores, pastores (y pescadores), compartiendo bienes y trabajos.  Pero de hecho gran parte de los agricultores se habían ido vuelto campesinos sometidos, marginados, pobres, enfermos, al servicio de la estructura político-monetaria del Imperio (Roma), en un proceso que culminaba en aquel tiempo en Galilea [5].

Entre pobres y excluidos. Jesús compartió su mensaje y camino con esos campesinos sin campo, renteros, braceros o artesanos al margen de la sociedad, y en especial con los pobres (mendigos, enfermos, impuros…), que eran el equivalente de los huérfanos, viudas y extranjeros de la ley fundamental del Pentateuco[6]. Por eso es bueno precisar la situación que ellos tenían:

Podía haber artesanos asentados e incluso ricos, clientes del sistema político, económico y/o religioso al que sostenían, operarios al servicio de gobernantes, ciudades y/o templos, como el de Jerusalén, con miles de obreros privilegiados quienes, como es normal, no respaldarán a Jesús pues se encuentran bien con su trabajo.

‒ Pero muchos eran marginados sin más,itinerantes sin hogar fijo, eventuales al servicio de agricultores ricos o de comerciantes. Entre éstos parece hallarse Jesús, obrero eventual, dependiente de un “mercado” de trabajo inestable, sin medios de vida asegurada.

      En el último escalón había grupos y gentes que se hallaban fuera de todos los esquemas, que no podían llamarse ni siquiera pobres en el sentido de trabajadores con pocos recursos (penes, penetes), sino ptôjoi estrictamente dichos (por-dioseros), mendigos sin propiedad, extranjeros, enfermos, excluidos sociales, entre los que podemos distinguir tres grupos.

Esclavos. Eran abundantes en el Imperio, pero menos en el contexto rural de Galilea, de forma que Jesús no pudo iniciar una “rebelión de esclavos” (como Espartaco, el 71 a. C.), sino un movimiento de Reino, con un tipo más amplio de siervos y dependientes económicos: campesinos pobres, artesanos y mendigos.

Impuros, degradados…No parece que formaran una clase especial (como en la India), pero hallamos muchos en el evangelio, en la línea de los enfermos (leprosos) y en especial de los posesos o endemoniados, y quizá entre los publicanos y prostitutas, que forman el corazón del proyecto de Jesús, que (como he dicho) no buscaba la restauración de la pureza sacral del pueblo (como los fariseos y otros grupos, con el Benedictus de Zacarías), sino la liberación de los pobres y excluidos[7]

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El misterio de la incredulidad. Domingo 14. Ciclo B.

domingo, 7 de julio de 2024
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jesussinagoga1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 El domingo pasado nos recordaba el evangelio de Marcos dos ejemplos de fe: el de la mujer con flujo de sangre y el de Jairo. Hoy nos ofrece la postura opuesta de los nazarenos, que sorprenden a Jesús con su falta de fe.

 En aquel tiempo Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado se puso a enseñar en la sinagoga, y la gente, al oírlo, decía asombrada:

-«¿De dónde le viene a este todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?».

Y se escandalizaban de él.

Jesús les dijo:

-«Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe. Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Éxito en Cafarnaúm

            Resulta interesante comparar lo ocurrido en Nazaret con lo ocurrido al comienzo del evangelio: también un sábado, en Cafarnaúm, Jesús actúa en la sinagoga y la gente se pregunta, llena de estupor: «¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.» Enseñanza y milagros despiertan admiración y confianza en Jesús, que realiza esa misma tarde numerosos milagros (Mc 1,21-34).

Fracaso en Nazaret

            Otro sábado, en la sinagoga de Nazaret, la gente también se asombra. Pero la enseñanza de Jesús y sus milagros no suscitan fe, sino incredulidad. La apologética cristiana ha considerado muchas veces los milagros de Jesús como prueba de su divinidad. Este episodio demuestra que los milagros no sirven de nada cuando la gente se niega a creer. Al contrario, los lleva a la incredulidad.

            Los milagros de Jesús han representado un enigma para las autoridades teológicas de la época, los escribas, y ellos han concluido que: «Lleva dentro a Belcebú y expulsa los demonios por arte del jefe de los demonios» (Mc 3,22).

            Los nazarenos no llegan a tanto. Adoptan una extraña postura que no sabríamos cómo calificar hoy día: no niegan la sabiduría y los milagros de Jesús, pero, dado que lo conocen desde pequeño y conocen a su familia, no les encuentran explicación y se escandalizan de él.

Jesús, motivo de escándalo

            En griego, la palabra escándalo designa la trampa, lazo o cepo que se coloca para cazar animales. Metafóricamente, en el evangelio se refiere a veces a lo que obstaculiza el seguimiento de Jesús, algo que debe ser eliminado radicalmente («si tu mano, tu pie, tu ojo, te escandaliza… córtatelo, sácatelo»).

            Lo curioso del pasaje de hoy es que quien se convierte en obstáculo para seguir a Jesús es el mismo Jesús, no por lo que hace, sino por su origen. Cuando uno pretende conocer a Jesús, saber «de dónde viene», quiénes forman su familia, cuando lo interpreta de forma puramente humana, Jesús se convierte en un obstáculo para la fe. Desde el punto de vista de Marcos, los nazarenos son más lógicos que quienes dicen creer en Jesús, pero lo consideran un profeta como otro cualquiera.

Asombro e impotencia de Jesús

            A Marcos le gusta presentar a Jesús como Hijo de Dios, pero dejando muy clara su humanidad. Por eso no oculta su asombro ni su incapacidad de realizar en Nazaret grandes milagros a causa de la falta de fe. Adviértase la diferencia entre la formulación de Marcos: «no pudo hacer allí ningún milagro» y la de Mateo: «Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros».

Nazaret como símbolo

            Los tres evangelios sinópticos conceden mucha importancia al episodio de Nazaret, insistiendo en el fracaso de Jesús (la versión más dura es la de Lucas, en la que los nazarenos intentan despeñarlo). Se debe a que consideran lo ocurrido allí como un símbolo de lo que ocurrirá a Jesús con la mayor parte de los israelitas: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

El fracaso no lo desanima

            El evangelio de hoy termina con estas palabras: «Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.» Jesús ha fracasado en Nazaret, pero esto no le lleva al desánimo ni a interrumpir su actividad. Igual que Ezequiel (1ª lectura), le escuchen o no le escuchen, dejará claro testimonio de que en medio de Israel se encuentra un profeta.

Lectura del Profeta Ezequiel (1ª lectura: Ez 2,2-5).

En aquellos días, al decirme esto, el espíritu entró en mí, me hizo tenerme en pie y pude escuchar a aquel que me hablaba. Él me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí, ellos y sus padres, hasta este mismo día. Hijos de cara dura y corazón de piedra son aquellos a quienes yo te envío. Les dirás: Esto dice el Señor Dios. Escuchen o no escuchen -puesto que son una raza de rebeldes-, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta.

Un remedio contra la soberbia y el narcicismo (2ª lectura).

            Aunque sin relación con el evangelio, el texto de Pablo enseña algo muy útil para todos. Él es consciente de haber recibido unas revelaciones especiales de Dios. La más importante, después de la conversión, que Jesús vino a salvarnos a todos, no solo a los judíos, y que el evangelio debe proclamarse por igual a todas las personas, sin tener en cuenta su raza, género o condición social. Una revelación totalmente revolucionaria. Esto pudo provocar en él una reacción de orgullo y soberbia. Para contrarrestarla, Dios «le clava una espina en el cuerpo», que le humilla profundamente. No sabemos a qué se refiere. Se ha pensado en su enfermedad de la vista, de la que habla en la carta a los Gálatas, que coartaba su actividad misionera. Por lo que dice a continuación, le humillaban las propias flaquezas y las persecuciones, insultos y críticas procedentes de todas partes. Sin olvidar sus arrebatos de ira, que le llevaron a pelearse con Bernabé, su mejor amigo, al que tanto debía; o que le hacían escribir cosas terribles contra los judíos, e incluso contra los cristianos que no compartían sus puntos de vista, a los que llama «falsos hermanos». En cualquier caso, avergonzado de su conducta, pide a Dios que le saque esa espina. Quiere ser bueno y sentirse bueno. Sin fallo alguno. Narcisismo puro. Y Dios le responde: «Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la flaqueza».

            A ninguno de nosotros nos faltan espinas en el cuerpo y en el alma que nos gustaría arrancarnos; o, mejor, que Dios las arrancara para dejarnos vivir tranquilos, satisfechos de nosotros mismos. Pero nos dice como a Pablo: «Te basta mi gracia». Y nosotros debemos repetir como él: «Me alegro de mis flaquezas, de los insultos, de las dificultades, de las persecuciones, de todo lo que sufro por Cristo».

           Bastantes veces he oído decir: «Si fuésemos mejores, si la Iglesia fuera como la quería Jesús, si actuásemos como él, la gente aceptaría el mensaje del evangelio y no habría tanta incredulidad». Las lecturas de hoy demuestran que esta idea es ingenua. Nunca seremos mejores que Jesús, pero él también fracasó. No solo en Nazaret, sino en Corozaín, Betsaida, Cafarnaún, Jerusalén… Sin embargo, nunca renunció a cumplir la misión que el Padre le había confiado. Este es el gran ejemplo que nos da en el evangelio de hoy.

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Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 07 de julio de 2024

domingo, 7 de julio de 2024
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D-XIV

“La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía:
‘¿De dónde le viene esto? Y, ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada?’

(Mc 6,1-6)

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús volviendo a Nazaret por primera vez desde el comienzo de su predicación. Debió de alegrarse de volver a encontrarse con familiares, amigos y vecinos que le han visto crecer. Sin embargo, el Jesús que llega es un hombre diferente, transformado. Y esto es lo que hace que la gente conocida lo rechace, no quiera escucharle ni crea en él. Se pensaban que lo conocían, pero solo lo hacían externamente. Jesús tiene para ellos palabras de libertad, una Buena Noticia que llene sus vidas de esperanza y de consuelo, y las manos preparadas para sanar, para restablecer, para vivificar, para fortalecer. Pero la gente de Nazaret desconfía de alguien que, siendo tan parecido a ellos, les llega con un conocimiento nuevo: “¿De dónde le viene esto?”

La sabiduría que perciben en Jesús es incomprensible porque no le ha venido de fuera, no se ha convertido en un erudito a fuerza de estudiar. La transformación que la gente ve le viene de un conocimiento interior, profundo, íntimo, de su Padre del cielo y de la humanidad.

Sorprende que, a pesar de darse cuenta de la sabiduría de Jesús, lo rechacen, no le escuchen ni confíen en él. Quizás era porque sentían que su mirada y sus palabras les travesaban. Llegaban hasta su fondo, les revelaban su verdad, les incomodaban. Porque los conocía demasiado bien, sabía qué podía pedir a cada uno, sabía los puntos débiles de cada cual.

El caso es que si quien hubiera predicado en la sinagoga de Nazaret aquel sábado hubiese sido alguien desconocido, venido de lejos, sin ninguna relación con el pueblo, que no tuviera ni idea de sus relaciones y comportamientos, el éxito habría estaba asegurado.

Todo esto hace pensar en lo que nos cuesta escuchar palabras verdaderas sobre nosotras, palabras de quien nos conoce bien, de quien no podemos engañar con victimismos ni falsas imágenes. Palabras venidas de aquellas pocas personas que nos aceptan incondicionalmente, que solo quieren nuestro bien, que crezcamos y mejoremos. Que nos traen de vuelta a nuestra realidad.

Nos resulta más fácil seguir ensoñadas con espejos distorsionados. A menudo estamos dispuestas a escuchar aquello que viene de fuera, de cuanto más lejos mejor, cuanto más exótico mejor. Nos atraen las novedades, las soluciones instantáneas, las últimas tendencias. Buscamos consuelo y compañía a través de la pantalla, no lo pensamos mucho a la hora de contar nuestra vida a alguien desconocido.

Mucho menos dispuestas estamos, en cambio, a abrir el corazón a la gente con quien nos encontramos cada día. A hablarles de nuestros dolores, alegrías, deseos, sueños, vacíos y plenitudes. De lo que vivimos con ellos, lo que nos cuesta y lo que nos da gozo. Y es esta gente, sin embargo, la que nos puede hablar de nosotras mismas. Hacernos encontrar con quien somos y con el Dios que nos habita. Compartirnos, dejarnos mirar, escuchar serenamente lo que tienen que decir quienes nos conocen bien, es transformador y nos lleva hacia una vida plena. Igualmente, las profundidades de los demás, escucharles con oídos atentos y mirada limpia, nos hace crecer en sabiduría, en comunión, en alegría, en paz, en conocimiento de Dios.

Oración

Trinidad Santa, transfórmanos desde dentro, ayúdanos a dejarnos mirar hasta el fondo y a mirar a las demás personas con ternura y respeto, y a poner ante ti lo que simplemente somos.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Conocer demasiado a Jesús puede llevarnos a rechazarlo.

domingo, 7 de julio de 2024
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DOMINGO 14º (B)

Mc 6,1-6

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel, como Pablo, como Jesús, se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad que podemos alcanzar es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida. Seres humanos limitados y a la vez infinitos.

Con este texto concluye Marcos una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo de las tesis de los dirigentes, no vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes de la religión. Sigue enseñando y liberando al pueblo oprimido. Jesús ve que no hay nada que hacer con la institución, y se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, aunque con notables diferencias. Relatos paralelos encontramos en Jn y en otros textos sinópticos.

Marcos no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su “pueblo”. Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal, que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían jugado y trabajado con él, lo conocían perfectamente. Lo encuadran en una familia, (requisito indispensable para ser alguien). Hasta ese momento no habían visto nada anormal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario.

El texto griego no dice pueblo sino “patria”. Ni hace referencia al lugar geográfico, sino al ambiente social en que vivió. Llega con sus discípulos, convertido en un rabino que tiene seguidores. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto. Jesús por su cuenta, se pone a enseñarles. Marcos ya había advertido de la relación de Jesús con su familia. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que estaba loco. Quedan impresionados como en Cafarnaúm, pero con una actitud negativa.

En griego no dice: “desconfiaban de él” sino “se escandalizaban”, que indica una postura más radical. Ni siquiera pronuncian su nombre. Dicen despectivamente que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona. Es curioso que Mateo corrige el texto de Marcos y dice: “hijo del carpintero”. Pero Lucas va más lejos y dice: “el hijo de José”. Estos evangelistas, que copian de Marcos, intentan quitarle al texto la posible interpretación peyorativa. Para Marcos, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones.

Ese conocimiento total de Jesús les impide creer en él. Lo conocen muy bien, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan su enseñanza, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro. Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas que no estaban de acuerdo con la tradición. La religión judía estaba segura de sí misma y no admitía novedad. Los jefes religiosos no permitían admitir nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Al hacer Jesús alusión al rechazo del “profeta”, está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la característica de un profeta. El texto nos dice que, al no aceptarle, están rechazando a Dios. La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por aquellos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús tuvo que ser realmente muy fuerte.

Un detalle más interesante es que su desconfianza impide que Jesús pueda hacer milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: “tu fe te ha curado”; y a Jairo: “basta que tengas fe”. La fe o la falta de fe, son determinantes a la hora de producirse un “milagro”. ¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el “hacer” como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad en la manga ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

El relato nos habla de la humanidad de Jesús. Nos confirma que no tiene privilegios. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta. Siempre será difícil descubrir a Dios en aquel que se muestra como humano. Rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: “no nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?” Acostumbrados a oír siempre lo mismo, rechazamos lo nuevo, aunque esté más de acuerdo con el evangelio.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo negaron en aquella sociedad en la que vivió. Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos hemos hecho de él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos, lo descubriremos siempre diferente. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, nos engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas egoístas.

El verdadero profeta es el que habla del Dios desconcertante que puede salir en cualquier instante por peteneras. El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección a la que no podemos llegar. El auténtico profeta será siempre un inconformista, un indignado. Lo más antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

La trampa en que hemos caído es pensar que “todos” tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo, que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta hoy, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por “decreto”. La opción por el evangelio será siempre cuestión de minorías. Nos asusta un Jesús completamente normal porque hemos puesto la grandeza en lo extraordinario. Lo grande del ser humano no es lo que no tienen los demás, sino lo que todos tenemos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La incomprensión.

domingo, 7 de julio de 2024
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Mc 6, 1-6

¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón?

Tenemos tendencia a pensar que la vida pública de Jesús tuvo dos etapas distintas; la primera gloriosa en Galilea con multitudes que le seguían entusiasmadas, y la segunda dramática en Jerusalén, donde fue sometido a pasión y muerte.

Pero ésta es una percepción errónea, o al menos incompleta, porque la predicación de Jesús siempre estuvo marcada por la incomprensión. Ni sus amigos más cercanos le entendían, y aunque le seguían fascinados, tuvo que morir para que le entendiesen y creyesen en él (Jn 20,8).

¿Pero, por qué no le entendían?…

Pues porque eso era lo natural. Su misión era proclamar a Abbá —el Padre que nos ha engendrado por amor y nos perdona siempre y sin condiciones—, y precisamente en el origen de la misión estaba también el origen del problema; porque Abbá tenía poco que ver con el Dios que proclamaban los doctores y los santos de Israel.

Para cualquier israelita, la conversión a Abbá suponía abandonar al Dios de sus padres, renunciar a la tradición y lanzarse al vacío, y éste era un plato demasiado fuerte para el que no estaban preparados. Por eso, todo cuanto le escuchaban lo amoldaban a la horma de sus tradiciones y acababan interpretándolo en clave política. Les entusiasmaba lo de Jesús, pero no podían aceptar que aquello pudiese entrar en conflicto con sus creencias milenarias.

Los escribas y fariseos habían rechazado su mensaje desde el principio y le habían sometido a un permanente acoso. Primero le acusaron de blasfemo (Mc 2,7) y luego de actuar en nombre de Belcebú (Mt 12,24). Pero quizá lo más doloroso fue que sus familiares tampoco le entendiesen y fuesen a buscarle para llevarlo a casa porque pensaban que estaba loco (Mc 3,21). En Nazaret fue rechazado por sus antiguos vecinos (Mc 6,6), y tras la multiplicación de los panes y los peces, una muchedumbre quiso proclamarle rey (Jn 6,15), y al negarse, se produjo tal desbandada entre sus seguidores que tuvo que replantearse todos sus planes.

Pero su enfrentamiento con escribas y fariseos no se limitó a discusiones dialécticas, sino que en varias ocasiones corrió peligro su vida. Después de la curación en sábado del hombre de la mano paralizada, los fariseos se conjuraron con los herodianos para matarle (Mc 3,6). Cuando visitó Nazaret, sus vecinos no le admitieron como profeta y quisieron despeñarlo (Lc 4,29). En la fiesta de los Tabernáculos, los sacerdotes y los fariseos mandaron alguaciles para prenderle, pero volvieron con las manos vacías: «Jamás hombre alguno habló como éste» (Jn 7,47) …

Y así hasta la cruz. No, la vida de Jesús nunca fue un camino de rosas y podemos imaginar que en muchos momentos se habría sentido frustrado y fracasado, pero tuvo el coraje de mantener su compromiso hasta el final.

Fascinante, Jesús.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Portavoz de Dios.

domingo, 7 de julio de 2024
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comodejarteprofeta-despreciadoMc 6,1-6

Las lecturas de este domingo nos sitúan en unas categorías que nos resultan un tanto extrañas y sin embargo sus raíces bíblicas y su actualidad tienen una gran fuerza. Es el contraste Profeta-Rey.

A primera vista, tanto uno como otro, nos pueden parecer dos papeles desfasados que poco tienen que ver con nuestra realidad actual. Pero adentrémonos un poco en el concepto de Rey y comprenderemos que tiene que ver con el poder económico y político. Hoy, quizá como nunca antes, es evidente que el poder corrompe.

Profeta es quien anuncia la palabra de amor y quien denuncia la manipulación y la injusticia del poder, es decir, del Rey. No anuncia ni denuncia desde sí mismo sino desde la experiencia de miseria del pueblo y desde las exigencias de justicia de Dios.

El profeta saca a la luz aquello que oprime al pueblo pero no se calla frente a la introyección del pueblo queriendo imitar en todo a sus opresores. ¿Y qué es la introyección? Es un proceso psicológico por el cual una persona incorpora en su propio sistema interno y hace suyos los valores, las ideas, hábitos, creencias o patrones de otra persona o del contexto social.

Muchas veces nos situamos frente al poder opresor en actitud de protesta y desde el discurso teórico. Es fácil señalar la injusticia del otro sin mirarnos a nosotrxs mismxs. No nos resulta fácil aceptar que caemos en los mismos patrones aunque los critiquemos.

Llevo varias semanas traduciendo con Magda Bennásar, compañera de comunidad, los doce principios de la humildad de la regla de San Benito, descritos y actualizados por la benedictina Joan Chittister, autora norteamericana muy conocida.

Son esos 12 principios de vida —el reconocimiento de mi lugar en el universo, la necesidad de sabiduría más que de poder, la auto-revelación más que el engrandecimiento propio, y las relaciones correctas— los que se necesitan urgentemente ahora. Si queremos recuperarnos alguna vez de los sistemas retorcidos y deformados que actualmente se hacen pasar por Iglesia y Estado, debemos empezar a examinar los supuestos y actitudes que estamos permitiendo que se cuelen en nuestras instituciones y, lo que es peor, en nuestras propias almas.

El evangelio nos lo presenta muy claro: “¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María….? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros?” (Marcos 6: 1-6)

Cuando alguien despunta a nuestro lado en seguida ponemos en tela de juicio lo que hace, lo que dice, poniéndonos en evidencia a nosotros mismos. ¿Por qué nos cuesta tanto alegrarnos de la posibilidad de que Dios se esté manifestando a través de esa persona?

Desde el principio el cristianismo estuvo lleno de conflictos, provocados tanto desde fuera como desde dentro de las mismas comunidades cristianas.

La naturaleza humana “salta” rápidamente cuando siente que se le hace de menos, que se le trata de imponer algo, y luchamos con todas nuestras fuerzas por defender nuestra visión a costa de lo que haga falta. El amor propio es el que impera por encima de todo y de todos.

En la segunda lectura de este domingo, 2 Cor 12, 7-10, dice Pablo: “Para que no me engría”… ¿De qué se habría de engreír Pablo, por qué tendría que saltar la soberbia? “Por la grandeza de estas revelaciones” dice en el versículo 7. Esa tendencia tan humana que experimentamos todos de apropiarnos de lo que Dios nos concede gratuitamente sin necesidad de que hagamos nada para merecerlo.

Esas revelaciones, esas experiencias tienen sentido cuando las ponemos al servicio de la comunidad. No se nos regalan para nuestro propio beneficio y el peligro es creer que son nuestras.

Y mucho más quienes se otorgan la enseñanza de la fe cristiana por el título que se les ha concedido, sin respetar que los criterios se disciernen en comunidad y que nadie, absolutamente nadie tiene la exclusividad de la “inspiración divina”.

Me refiero sí, a obispos que en lugar de pastores parecen jueces, a sacerdotes que creen que el sacramento les convierte en personas con el poder de decidir sobre toda la comunidad. Y a cada uno y cada una de nosotras que en nuestra parcela nos creemos dueños y señores y también podemos actuar con un absolutismo que da miedo.

“Para que no tenga  soberbia me han metido una espina en la carne: un emisario de Satanás que me apalea para que no sea soberbio”.

¿A qué o a quién se está refiriendo? No lo sabemos pero si sabemos que hay circunstancias en nuestras vidas que nos colocan en nuestro sitio. Una enfermedad, una relación difícil, mi propio carácter…se pueden convertir en dificultades grandes para lo que yo creo que es el plan de Dios. Por eso solemos pedirle que nos libre de todo ello.

Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad”. Recuerdo en los principios de mi vida consagrada cómo acudía a esta Palabra intentando convencerme de ella aunque me parecía prácticamente imposible que fuera verdad. ¿Cómo es posible que algo que parece tan contradictorio sea efectivamente el camino del que Dios se sirve para nuestra transformación?

A fuerza de experiencias, duras muchas veces, de sentir no solo la debilidad sino también esa fuerza de Dios que no sabemos de dónde viene, aprendemos a retirarnos para dejar pasar al Espíritu.

Solo lo entiende quien ora; vivir desde esta dimensión solo es posible desde el corazón, no como algo opuesto a la razón sino como unificación de los dos, mente y corazón.

Nuestra Iglesia necesita un cambio radical, olvidarse del poder del “Rey” y entrar en la dimensión profética, entendida no como anuncio o denuncia desde sí mismo, sino como consecuencia de la escucha a Dios y al pueblo.

Este mensaje es para todos y todas. Abandonar el dominio y el poder opresivo a través de la conversión y la reconciliación y pasar a estar a la sombra del Espíritu.

Carmen Notario, SFCCespiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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El sabor de la sabiduría.

domingo, 7 de julio de 2024
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Sabiduria-640x427Domingo XIV del Tiempo Ordinario

7 julio 2024

Mc 6, 1-6

Ningún especialista duda de que los textos evangélicos son obra de las primeras comunidades cristianas que, en un proceso de elaboración nada sencillo, trataban de dar contenido y coherencia a la fe que empezaban a vivir. En ese sentido, los evangelios no son tanto crónicas, cuanto catequesis que buscan sostener, alimentar y difundir la fe en Jesús como Mesías (o Cristo).

Por ese motivo, no parece que podamos conocer nunca las palabras auténticas de Jesús, por más que haya sido este un intenso objeto de indagación por parte de biblistas y teólogos, que perseguían llegar a formular con precisión las “ipsissima verba Jesu” (las mismísimas palabras de Jesús).

Con todo, parece un dato histórico que la gente de Galilea lo reconocía como un “maestro de sabiduría”. Sin duda, porque hablaba desde la experiencia, la integridad, la coherencia y el amor.

La persona sabia no es la que repite discursos aprendidos de otros ni la que se conforma con creencias. No se acomoda resignada en un pensamiento perezoso que repite lo que le han enseñado, sino que cuestiona incansablemente el dogma y las creencias heredadas y consideradas intocables. Habla de lo que ha vivido y ha visto, ha sido transformada por ello y lo ofrece de manera desapropiada, no buscando la conformidad con lo que dice, sino como invitación para que cada cual indague y verifique por su cuenta la verdad de lo que escucha.

Las creencias son siempre un conocimiento de segunda mano y no aportan nada nuevo; simplemente, otorgan una falsa sensación de seguridad mientras se mantiene la adhesión o la fe, pero en realidad son incapaces de ofrecer consistencia. Se trata de ideas escuchadas a otros, por lo que, al repetirlas, suenan vacías de sabor. Y no solo no aportan nada nuevo, sino que, al prestarles adhesión y tomarlas como “verdaderas”, cierran el paso a la búsqueda e indagación de la verdad. En realidad, el dogma es la anti-comprensión.

Las palabras de sabiduría, por el contrario, aportan verdad y se hallan dotadas de sabor, novedad y frescor. No se trata de un sabor necesariamente “dulce” -con frecuencia, cuestionan, remueven y perturban- ni de una “novedad” esnobista, que buscara aplauso o admiración. Son palabras siempre nuevas, porque no nacen de la mente -de lo aprendido-, sino que expresan lo vivido y experimentado. Por eso resuenan con facilidad en quienes las escuchan, despertando, en esa resonancia, la sabiduría que habita en todo ser humano.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Más que funcionarios necesitamos profetas.

domingo, 7 de julio de 2024
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1535107871_3pY1k5vjDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Dos aspectos presiden la Palabra de este domingo:

  1. La dimensión humana de Jesús: Encarnación.
  2. Jesús como profeta: el profetismo en la vida de las comunidades cristiana

01.- Dimensión humana de Jesús

Las lecturas de hoy, especialmente la del evangelio, son una meditación sobre la dimensión humana de Jesús.

        La pregunta sobre quién era Jesús es frecuente en los evangelios, especialmente en el de Marcos. ¿Quién es éste? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven aquí con nosotros?»

Muchas personas pensamos que Jesús fue una especie de extraterrestre, algo así como un «niño prodigio» que vino a este mundo de manera casi “mágica”, entró en nuestra historia, pero en realidad lo humano y terrestre de Jesús tenía poco o ningún interés.

Pero JesuCristo no fue un «ovni» o un extraterrestre aterrizado de los cielos, del olimpo de los dioses., Jesús fue hombre, ser humano como nosotros. Jesús crecía entre nosotros en sabiduría, gracia…

Por eso, los treinta años de “vida oculta” de Jesús, la historia humana de Jesús no fue un pasar el tiempo, esperando lo realmente importante, que era su predicación, muerte, resurrección y la marcha de este mundo.

Esta visión de un Jesús celeste malamente podría ser  de la religión y filosofía griegas, pero no es una lectura cristiana de Jesús.

La imagen de  un Mesías celeste, angelical, puramente divino estuvo presente ya entre las primeras desviaciones del pensamiento cristiano. Se llamaba el gnosticismo: es algo que se dio especialmente en algunos cristianos de las comunidades de S Juan. Si Jesús era Dios, no podía ser hombre. Los dioses están con los dioses en el cielo, en el olimpo. Jesús tenía apariencia humana, pero no era humano.

Por esto el NT subraya la dimensión humana de Cristo: el Verbo se hizo carne (Juan 1). No se hizo ángel o un ser celeste, sino hombre.

Los paisanos de Jesús -lógicamente y por contraposición- le ven como el hijo del carpintero, el hijo de  María, hermano de sus hermanos y hermanas. Pero muchos de los parientes de Jesús no llegarán a ver en Jesús la expresión de Dios, el logos, el hijo de Dios.

Siempre la cuestión es ver en la materialidad de las personas y de la vida “algo más”: transcendencia, transfiguración…

        En el hijo del carpintero podemos ver a Cristo y lo que él significa. El hijo de Dios es el hijo del carpintero.

        Y a Jesús, a Dios, le vemos en el pobre, en el marginado, en los más débiles y sencillos de la vida.

02.- Hubo un profeta

En la lectura de Ezequiel nos dice que: el pueblo rebelde sabrá que hubo un profeta. Al mismo en el evangelio Jesús dice que es despreciado como profeta por su propio pueblo.

Profeta no es el que adivina el futuro: ese es un mago o vidente o agorero. Profeta es la persona lúcida y libre que sabe leer los acontecimientos de la historia desde la profundidad de la razón y de la fe. Profeta es el que hace de contrapunto del pueblo.

Cuando el pueblo se aleja de Dios, de la verdad, el profeta es el que le recrimina y le llama a la conversión. Por contra: cuando el pueblo se siente hundido, abandonado en el destierro, en la calamidad, el profeta es el que anima al pueblo… El profeta es el que anuncia y denuncia:denuncia las miserias, el pecado y anuncia un porvenir, un futuro mejor.

Por esto generalmente el profeta no está bien visto por el poder, por la jerarquía. El profeta siempre es incómodo, porque a las instituciones, a los sistemas y estructuras de poder les molesta mucho que les critiquen sus defectos y corrupciones. A todos nos gusta escuchar únicamente alabanzas y que nos rían “las gracias”. Por ello generalmente los profetas son perseguidos, aniquilados. Desde Juan Bautista, al que le cortaron la cabeza, hasta Oscar Romero, al que le dieron un tiro y sobre todo Cristo, al que el mundo religioso y político llevó también a la muerte en cruz, los profetas han sido y son marginados y eliminados.

03.- Profetismo en la Iglesia.

Entre los muchos servicios y ministerios que se dieron en la Iglesia naciente: maestros, doctores, misioneros, incluso mujeres diaconisas, etc., hubo profetas.

En las comunidades nacientes del NT, había profetas, pero pronto desaparecieron, porque los auténticos profetas son siempre incómodos.

Los profetas son incómodos pero necesarios.

Es abusivo y falso pensar que Dios habla y actúa únicamente por voz de la jerarquía, del poder y de los funcionarios. Dios también habla a su pueblo y a la humanidad por voz de los profetas.

Es importante que no olvidemos el profetismo en la Iglesia. Dios siempre promueve profetas en la historia y en su Iglesia.

¿Qué duda cabe de que Mons Oscar Romero y Helder Cámara fueron profetas en el continente sur de América?  S Francisco de Asís, algunos misioneros en África han sido auténticos profetas, como lo fueron aquellos jesuitas de los ss XVII y XVIII en las misiones de los guaraníes en el Paraguay.  Ignacio Ellacuría y los compañeros mártires fueron profetas mártires en el Salvador (1989). Juan XXIII tuvo aquel gesto profético de convocar el concilio frente a una iglesia asfixiada por la ley y los funcionarios curiales. Lo mismo Pablo VI, hombre profundamente religioso, respetuoso y profético que pacientemente -aún con sus dudas-  llevó adelante e introdujo el Vaticano II en las venas de las comunidades cristianas. El P Arrupe fue también profeta que vertió la  Compañía de Jesús a los moldes de la teología de la Liberación por lo que no fue bien tratado por la jerarquía.

Qué duda cabe que aquel grupo de excelentes teólogos del Vaticano II fue un grupo profético: recordemos entre otros muchos a Rahner y a Häring, padres de la teología y de la moral modernas

Nos hace bien que el profetismo siga vigente en las comunidades cristianas. Y es necesario que siga existiendo. Los servicios y ministerios en la Iglesia no se pueden reducir a un funcionariado… ¡No apaguéis el espíritu!  (1Tes 5,19-20)  dice San Pablo.

La sinodalidad en la que está inmersa la Iglesia desde hace algún tiempo, no puede quedarse reducida a “permitir y / o prohibir” algunos aspectos de tipo disciplinar-eclesiástico moral: el celibato, la homosexualidad, divorcios, liturgias, etc.

Si la sinodalidad no camina por cauces proféticos audaces no hará que el evangelio se abra a la “nueva gentilidad” postmoderna de nuestro tiempo,  como San Pablo llevó la buena nueva a la gentilidad de la cultura grecorromana.

Nos hacen falta profetas que vean y piensen la situación y los problemas de las comunidades cristianas y de la sociedad actual. Repetir y repetir no evangeliza. Hace falta lucidez, aliento vital, audacia profética para servir y ayudar a las comunidades cristianas.

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