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Contra el homonacionalismo: solidaridad con Palestina

sábado, 13 de septiembre de 2025
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«Nunca dejaremos que nuestra historia y nuestro Orgullo sirvan para justificar el sufrimiento de otros«, escribe Raúl Caporal. A propósito de Palestina y desde la experiencia de Casa Frida con personas LGBTIQ refugiadas.

Fuente Agencia Presentes

9 de septiembre de 2025
Raúl Caporal
Ale Busso

CIUDAD DE MÉXICO. En 2007, la académica Jasbir K. Puar introdujo el concepto de homonacionalismo (acrónimo de homosexualidad y nacionalismo) en su libro Terrorist Assemblages: Homonationalism in QueerTimes. Lo usaba para explicar cómo algunos Estados integran de manera parcial a ciertos sectores de la comunidad LGBTIQ+ dentro de un proyecto nacional. Lo hacen presentándose como prueba de modernidad y democracia, frente a “otros” pueblos supuestamente “atrasados”, bárbaros o incompatibles con la diversidad sexual y de género.

Este mecanismo no es inocente: convierte nuestras identidades en herramientas para legitimar políticas racistas, militaristas y coloniales. Bajo esta lógica, se nos dice: “Eres bienvenido en la nación. Siempre y cuando adoptes sus enemigos como los tuyos”. Es un trato condicionado, que transforma nuestras luchas en propaganda. Y nos obliga a elegir entre nuestra propia dignidad o la solidaridad con otros pueblos oprimidos.

Si miramos con atención, el homo-nacionalismo no se limita al caso de Israel y Palestina, donde se ha utilizado el discurso de los derechos LGBTIQ+ para encubrir la violencia de la ocupación y el apartheid bajo la estrategia del pinkwashing. También en México lo vemos operar. En ambos países se nos repite la narrativa de que “ya hemos avanzado mucho” y que ahora nuestra tarea es cuidar ese supuesto progreso manteniendo la lealtad al proyecto nacional.

Se nos empuja a pensar que nuestra seguridad depende de reproducir fronteras, de desconfiar del extranjero, del migrante o del refugiado, incluso cuando esa persona también es LGBTIQ+ y huye precisamente de la violencia que conocemos en experiencia propia.

El ejemplo más claro de este uso lo vimos recientemente durante el mes del Orgullo. Israel, a través de sus representaciones diplomáticas en varios países, invitó a activistas LGBTIQ+ del mundo a visitar Tel Aviv y participar en la marcha. El objetivo era mostrar, mediante el prestigio y los capitales sociales de estas personas, que Israel es un Estado “amigable con la diversidad sexual”, buscando legitimarse así como bastión de democracia y libertad en la región arabe. En ésa ocasión no resultó su hazaña propagandística, pues ese día una gran ofensiva de Irán obligó a suspender actividades y mantener en estado de alerta a la población local y devolver a sus invitados a casa.

También se nos tachó de indeseables

En México, esta lógica ha servido para desanimar a nuestra propia comunidad de solidarizarse con personas LGBTIQ+ refugiadas. Se nos siembra la idea de que son “aprovechados”, que “no vienen a sumar”, o que “traen consigo culturas homofóbicas. Ese discurso busca hacernos olvidar que también a nosotres, en nuestra historia, se nos tachó de amenaza para la nación, de infiltrados, de indeseables. Es el mismo prejuicio con otro disfraz, incluso hoy aún son pocas las organizaciones que incluyen la defensa explícita de las personas LGBTIQ migrantes y desplazadas como parte de sus agendas. ¿Por qué?

El homo-nacionalismo no solo es una teoría: es una práctica concreta que amenaza con robarnos algo fundamental. Nos arrebata la empatía, nos aísla, nos convence de que la liberación es un asunto individual de “ganar derechos” en lugar de una tarea colectiva de construir comunidades seguras para todas las personas. Al hacerlo, erosiona la raíz misma de lo que ha sido nuestra fuerza: la solidaridad.

Nuestro Orgullo no fue un regalo del poder

Como población y comunidad LGBTIQ+ sabemos que nuestra historia dibujada de Orgullo no fue jamás un regalo del poder. Fue el resultado de organizarnos, de desobedecer, de tender la mano a quien más lo necesitaba. Nada de lo que hoy celebramos habría sido posible si hubiéramos aceptado la condición de callar frente a la violencia del Estado o si hubiéramos renunciado a la solidaridad entre nosotres. Por eso, afirmo: Nuestro Orgullo nunca será usado como bandera para justificar guerras, ocupaciones ni bloqueos. Nuestra bandera multicolor jamás podrá ondear sobre el sufrimiento y los escombros de otros pueblos.

Lo digo también desde la experiencia concreta. En Casa Frida, el refugio LGBTIQ+ que fundamos en 2020, hemos recibido a personas desplazadas internas, migrantes y refugiadas que llegan huyendo de violencias insoportables. Hemos escuchado sus historias de miedo, de exilio, de desarraigo. Y también hemos visto cómo, cuando se encuentran con solidaridad y cuidado, esas mismas personas recuperan su dignidad y su fuerza, dinamizando y contribuyendo a nuestra nación.

Otra forma de relacionarnos es posible

Casa Frida es la prueba de que otra forma de relacionarnos es posible: que lejos de cerrarnos en fronteras o reproducir narrativas de exclusión, podemos tejer comunidad desde el reconocimiento y la empatía.

Cuando defiendo la vida del pueblo palestino, no lo hago a pesar de ser gay o activista LGBTIQ+: lo hago precisamente porque lo soy. Porque mi identidad y mi historia me han enseñado a no aceptar narrativas que convierten el miedo en excusa para justificar violencia. Porque sé que nadie es libre si no lo somos todes.

Nuestro Orgullo está hecho de memoria, resistencia y ternura radical. Y no hay mayor traición a ese Orgullo que permitir que sea utilizado para legitimar guerras. Hoy, frente al dolor de Palestina y frente al dolor de cada persona LGBTIQ+ que se ve forzada a huir de su hogar, quiero reafirmarlo: Nunca dejaremos que nuestra historia y nuestro Orgullo sirvan para justificar el sufrimiento de otros. Nuestro Orgullo es, y siempre será, sinónimo de solidaridad y de libertad compartida.

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Raúl Caporal es presidente de Consejo para Casa Frida. Abogado y consultor en DDHH y protección a Defensores DDHH

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General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , ,

Murad Odeh, activista palestino LGTBIQ+: “Ser queer no puede desligarse de vivir bajo la opresión militar de Israel”

jueves, 12 de septiembre de 2024
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img2.rtve(Foto RTVE)

Murad Odeh salió del armario a los 14 años, pero la falta de referentes con quien identificarse le llevó a desvincularse de sus orígenes árabes. Veinte años más tarde, defiende que esta idea es consecuecia de la imposición occidental de lo que es “ser queer”

A pesar de los prejuicios, ¿ser queer y árabe es compatible?

“Considerar al islam la religión que más condena la homosexualidad es islamófobo”

Cuando el contexto sociocultural es primordial para entender las realidades LGTBIQ+

Maria d’Oultremont

Actualizado el 14/08/2024 11:18h

Con 14 años, Murad Odeh salió “del armario”. Entonces, el contexto social le obligaba a “ser gay, o ser palestino”, no podía ser ambas cosas. Nacido en el seno de una familia muy conservadora, Murad creció en Valencia. Sus padres y abuelos escaparon de la Guerra de los Seis Días de 1967 de su ciudad natal, Nablus, en la Cisjordania ocupada. “Permanecieron un tiempo en Libia hasta que llegaron a la capital valenciana”, cuenta mientras se ajusta la kufiya alrededor del cuello.

Con mucha incomprensión y convencido de que sería “imposible” reconciliarse con su familia, a los 21 años se mudó a Madrid. “Ese fue el inicio de una nueva etapa en la que me decía: ya no tengo familia; ya no soy árabe”.

En una entrevista con elDiario.es, el periodista y activista palestino que lucha por los derechos LGTBIQ+ reconoce todo el dolor que supuso renegar de su identidad: un árabe queer. “El problema del colectivo queer o LGTBIQ+ árabe es que no tiene modelos a los que asemejarse. Ni a nivel familiar, ni a nivel social. Al menos ese fue mi caso”, asegura el activista. “Es algo muy doloroso”.

Resistencia LGTBIQ+ en Palestina

La principal herramienta a la que Murad tuvo acceso para gestionar esa dualidad fue la terapia, “un privilegio” al que no todos los niños o adolescentes que se encuentran en una situación similar tienen acceso. La segunda, fue un viaje a sus orígenes.

En 2023, Murad viajó a Palestina por primera vez. “Me fui a Cisjordania porque tenía la sensación de que sólo conocía una parte de lo que era el mundo árabe, la que me habían contado mis padres”. “Sin la intención de encontrarme con nada, un día abrí Grindr [aplicación de citas LGTBI] y me encontré con muchos chicos israelíes y extranjeros”, relata el activista. “De repente me escribió una persona sin foto. Empezamos a hablar y me contó que era palestino”.

Murad recuerda este momento como el más sanador de su vida. “Me invitó a dar un paseo con un amigo suyo. Pasó algo que nunca me hubiera imaginado: tres palestinos gais conversando en árabe al lado del muro que rodea el casco antiguo de Jerusalén, como una situación cualquiera en España. Me explotó la cabeza”, recuerda.

Desde ese momento, el viaje de Murad cambió de rumbo y comenzó a ver y conocer los movimientos de resistencia LGTBIQ+ en la Cisjordania ocupada: “Fuimos a Ramala y me enseñaron los sitios donde se reunían y se conocían. Conocí a personas que trabajan con organismos europeos para la creación de redes clandestinas LGTBI” –unos espacios para que las personas del colectivo se conozcan y tengan apoyo psicológico, entre otros servicios–.

Actualmente existen dos organizaciones árabes de defensa de los derechos LGTBIQ+ muy importantes: Aswad y alQaws. La primera trabaja desde Haifa, en Israel. Aswad surgió en 2001 de la mano de mujeres palestinas. La segunda está en Palestina, pero “a veces es desmantelada y es muy complicado contactar con ellos”. Según IGLA World, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex, la homosexualidad no está prohibida explícitamente en Cisjordania, pero las autoridades pueden recurrir a la ley sobre delitos informáticos para perseguir, torturar y encarcelar a miembros del colectivo queer, asegura Murad. Por otra parte, en la Franja de Gaza la homosexualidad sigue sigue siendo ilegal como herencia al Código Penal aprobado por el Mandato Británico de Palestina en 1936.

Primero, la liberación de Palestina

Murad se enfrenta a diario a preguntas como: ¿Por qué la comunidad queer o LGTBI en Palestina no ha conseguido desarrollar sus derechos? Responderla implica conocer las raíces de fondo y violencias sistémicas a las que se enfrenta el colectivo en Palestina.

“Existen un montón de vertientes, pero la principal es el sistema heteropatriarcal que reside en Palestina, pero también en el resto del mundo árabe”, señala. “El matrimonio en Palestina es muy importante, no solamente como un paso hacia la adultez, sino también como una cuestión que alega al sentimiento nacional; porque cuando están borrando a una población, la procreación es vista como una forma de resistencia”.

La segunda de ellas es la opresión militar israelí: “No nos hacemos una idea de lo complicado que es ni de las consecuencias que tiene la [falta de] libertad de movimiento”, denuncia el activista haciendo referencia al aislamiento entre las poblaciones palestinas y los puestos de control israelíes en las carreteras de Cisjordania. El periodista explica que, cuando las fuerzas israelíes impiden que los palestinos circulen libremente, impiden también la libre “asociación, creación de redes de apoyo y de afecto dentro del colectivo”.

Tras experimentar ese control israelí en primera persona, Murad entendió la doble lucha de los queer palestinos: “Ser palestino y queer no puede desligarse del hecho de ser palestino y vivir bajo la opresión militar. Primero viene la liberación de Palestina y luego, cuando lo consigan, podrán empezar a pensar en la liberación del colectivo”, concluye finalmente. Llegar a esa reflexión fue el primer paso para emprender su lucha.

La homosexualidad “producto del colonialismo occidental”

Murad toma como referente a Jasbir K. Puar, una teórica queer y profesora del Departamento de Mujeres y Estudios de Género de la Universidad Rutgers, en Nueva Jersey (EEUU), para entender la problemática a la que se enfrenta el movimiento LGTBIQ+ a día de hoy. “Yo divulgo que la homosexualidad tal y como la entendemos hoy es un producto del colonialismo occidental”, dice.

En su opinión, existen “dos fuerzas contradictorias que perpetúan el estereotipo de lo que es y lo que tiene que ser LGTBIQ+”. La primera viene de “los países musulmanes que utilizan la homosexualidad para desviar la atención de sus crisis internas y asociarla con lo occidental”. La segunda, prosigue, “es la retórica de los países occidentales –dentro de los que se enmarca España– que dicen que el islam es incompatible con los sistemas democráticos y su pensamiento”.

Bajo este prisma, el activismo de Murad busca hacer hincapié en el “trasfondo muy racista” que va en sintonía con los programas electorales de la extrema derecha. “Si tú ves a las sociedades árabes como retrógradas, estás dando pie a la intervención occidental. Si tú pintas a la sociedad palestina como anacrónica, de homófobos y fundamentalistas religiosos, desde aquí [España] vamos a votar para que se intervenga en Palestina”. Pero no es así, sostiene el experto: “La heterogeneidad palestina existe”.

La “burbuja palestina” en la que creció Murad le impidió conocer otras realidades del mundo árabe que sí que hacían referencia a la homosexualidad. “Yo conozco a familias queer en Palestina”, asegura sin poder revelar sus identidades, a la vez que enfatiza las referencias homosexuales en la literatura árabe premoderna que se encuentran en las poesías de Abu Nuwas, del siglo XVIII, o en los cuentos de Las mil y una noches. “Fue la moral rígida victoriana la que trajo esa censura a los países que hoy denominamos árabes o de mayoría musulmana”, concluye haciendo referencia a la censura literaria impuesta durante el colonialismo británico.

Mediante la divulgación en redes sociales y conferencias públicas, como la que ofreció el pasado mes de julio en Casa Árabe en Madrid en motivo del Orgullo Crítico, Murad quiere rebatir “la representación de las sociedades árabes que no corresponde a la realidad”. “Compro el discurso de que la religión y la sociedad tienen un componente homófobo”, admite, “pero si sólo nos focalizamos en los mismos elementos, estamos obviando el resto. Y eso genera racismo, además de perpetuar el estigma”.

Fuente El Diario

General, Historia LGTBI, Homofobia/ Transfobia., Islam , , , , , , , ,

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