Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Increencia’

“La increencia nos obliga a purificar nuestra imagen de Dios”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 21 de febrero de 2018

altar-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

Y esto en un doble sentido. Por una parte la increencia obliga al creyente a criticar toda representación utilitaria de Dios. Dios es siempre gratuito. No tiene ninguna función utilitaria, no es el garante de ningún orden social o político. No es la proyección de nuestros complejos ni la compensación de nuestras frustraciones. Tampoco es un Dios que resuelve nuestros problemas, ante el que todo está claro y prefijado, o que tiene respuestas para todo. El cristiano, en el terreno mundano, no tiene ventajas sobre los otros seres humanos. Debe buscar soluciones a los problemas como cualquier otro. Soluciones que el cristiano busca desde su fe y que, en ocasiones, coincidirán con las que puedan darse desde otros puntos de referencia. El Dios cristiano no es necesario, es gratuito y más que necesario. El Dios de Jesús desborda toda proyección y toda previsión. No es tal como lo hubiéramos podido soñar. Es imprevisible.

En otro sentido la increencia nos insta a purificar nuestra imagen de Dios: obligándonos a aprender, para posteriormente enseñar a la gente de nuestra época, los “otros nombres de Dios”, tales como libertad, justicia, gracia, antidestino; nombres de Dios que se oponen a los dioses de este mundo: poder, riqueza, prestigio, sexo, fuerza, eficacia… Este mundo incrédulo tiene muchos dioses que le seducen. Al oponernos a ellos indicamos, al menos, dónde no está el verdadero Dios (cf. Gal 4,8).

Posiblemente hoy la cuestión no sea tanto: Dios sí, Dios no, cuanto: ¿qué Dios?. ¿ante qué Dios nos movemos, qué Dios nos seduce? Es interesante notar que la Escritura rechaza con más fuerza la idolatría que el ateísmo, quizá porque ahí está el verdadero problema. No es posible servir a dos señores. ¿A qué Dios servimos, de qué Dios hablamos los cristianos? ¿Qué dioses rechazamos, cuáles son los que no nos satisfacen? Y sobre todo, ¿qué entiende la gente cuando decimos Dios? Los no cristianos, ¿entienden al menos cuáles no son nuestros dioses?

Espiritualidad , ,

“La increencia enseña que Dios no es una evidencia”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 17 de febrero de 2018

cieloazul-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

La increencia nos enseña que Dios no es una evidencia, sino un Misterio, el misterio por excelencia, que nunca acabamos de comprender y que no podemos manipular. Cierto, la fe es asentir al Dios que se revela. Pero, y eso se olvida con frecuencia, es también y al mismo tiempo, una búsqueda y una constante interrogación. La fe es simultáneamente asentimiento y búsqueda, decía Tomás de Aquino. Los creyentes olvidamos, a veces, la ansiedad que caracteriza al acto de creer, pues el objeto de la fe, Dios mismo, carece de evidencia objetiva. De ahí la insatisfacción de la inteligencia humana al acogerlo cuando se revela, pues la inteligencia busca claridad. En la fe no hay nada completamente claro: la imperfección en el conocer es constitutivo de la fe; la fe no puede ser un conocimiento perfecto, decía Tomás de Aquino. El creyente es un inquieto, un insatisfecho, porque cree sin tenerlo claro. La falta de claridad no es un motivo para glorificar la obediencia, sino más bien un acicate que impulsa a buscar la verdad.

La inevidencia no es ni una prueba que Dios nos envía, ni es manifestación de pobreza de fe. Tomás de Aquino dice expresamente que en la fe hay un aspecto equiparable a la duda, a la sospecha y a la opinión. El preguntar y el dudar no demuestra necesariamente falta de fe. Pudiera demostrar madurez en la fe. Las preguntas pueden ayudar a encontrar respuestas que ayuden a profundizar en la fe, a mejorar sus expresiones, a corregir sus formulaciones inauténticas, a buscar nuevos motivos y razones para creer.

Cierto: la fe no es fruto de la razón, pero tampoco es contra ella. De ahí que la fe se opone a la ligereza de la credulidad (cf. Eclo 19,4). El creyente realiza un acto humano y, por tanto, justificable. Pero también sabe que este acto, que tiene su racionabilidad, no es evidente ni demostrable. Se trata de un acto racionalmente posible que no es racionalmente concluyente. Por eso no puede imponerse, sino tan solo proponerse. Pues el creyente es muy consciente de que siempre caben argumentaciones y explicaciones coherentes de su vivir y su obrar, distintas de las que él da en nombre de su fe. Esto explica que la fe sea siempre libre y, por eso, tolerante.

Ante las otras opciones, el creyente no debe esconder su fe. Debe situarse inteligentemente en una postura de búsqueda y pregunta. Pues el creyente, más que poseer la verdad, camina hacia ella y la busca con pasión. Así puede caminar de la mano con todos aquellos que también buscan la verdad y el sentido de la vida.

Espiritualidad , , ,

Recordatorio

Las imágenes y fotografías presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Yo, por supuesto, a petición de los autores, eliminaré el contenido en cuestión inmediatamente o añadiré un enlace. Este sitio es gratuito y no genera ingresos.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un lugar de entretenimiento. La información puede contener errores e imprecisiones.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.