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Juventudes trans: militando el género en las escuelas

Jueves, 3 de octubre de 2019

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En septiembre de 2018, tres adolescentes de 16 y 17 años se reunieron con un objetivo común: crear el Movimiento de Juventudes Trans (MJT) para ofrecer acompañamiento y asesoría a jóvenes y adolescentes transgénero. A un año de ese primer encuentro, el sábado 28 de septiembre brindarán una charla abierta en el Conti sobre Identidades trans: nuevas miradas y conceptos en el marco del Festival Futuros. Hablamos con sus integrantes sobre sus vidas y militancias cotidianas. 

Por Alejandra Zani

El Movimiento de Juventudes Trans de Argentina se cuestiona el adultocentrismo y se plantea nuevas preguntas: las de su propia generación. Sus integrantes tienen una certeza: las respuestas solo pueden ser colectivas. “Queremos visibilizar que las infancias y adolescencias trans existimos y que los traumas no sean requisito excluyente para ser trans”, explica a Presentes Feliciano (17 años), uno de los miembros fundadores del Movimiento. “Nuestro objetivo es que, para las juventudes trans, el tránsito por la escolaridad, las relaciones familiares y la interacción con la sociedad se den de la mejor manera posible”.

La iniciativa surgió entre tres amigos, Feliciano, Félix y Giovanni, por la falta de espacios orientados hacia jóvenes y adolescentes dentro de la comunidad trans, y hoy ya suma once integrantes. “Las organizaciones más conocidas siempre estaban formadas por personas de más de 25 años. En ellas nunca se nos dio realmente un espacio. Éramos una especie de ‘anexo juventud’ y quisimos crear un lugar que sintiéramos nuestro”, cuenta Gio (17 años). Al final, continúa, “las diferencias entre une adulte trans y une adolescente trans son similares a las que diferencian a un adulte cis de un adolescente cis”.

Diversidades en plural

Es por esto que, a la hora de nombrarse, decidieron hacerlo en plural. “Hablamos de juventudes porque nuestras experiencias son diversas. No somos un movimiento homogéneo y menospreciar lo que tenemos para decir por ser juventudes no es solo una falta de respeto, sino que reproduce un estereotipo de personas trans que les adultes plantean”, explica Nehuén (17 años). “Los medios siempre reproducen ciertos estereotipos de la comunidad trans adolescente, la de les jóvenes que odian su cuerpo y quieren cambiarlo, que quieren ser ‘lo otro’, y solo muestran felicidad cuando llegan a ese ‘cispassing’, es decir, cuando por fin pueden pasar como una persona cis. Toda la transición anterior es tristeza y dolor. Hablar de juventudes en plural es poner sobre la mesa la idea de que no todas las experiencias son iguales”.

A Nehuén lo convocaron del MJT porque no veían que las identidades trans no binarias estuvieran representadas en los colegios. “Ni en ningún lado. Yo me reafirmo, además de como una identidad no binaria, como una persona afrodescendiente y descendiente de mapuches. Esa identidad cultural es inseparable de mi identidad de género. Si personas de la comunidad no binaria me invitan a leer a Judith Butler, yo la leo, pero desde un punto de vista de adolescente negre y no binarie. En el MJT entendemos esta heterogeneidad, y a pesar de eso, compartimos un eje y ciertos principios”.

A mediados de este año, el crecimiento en las redes sociales y la visibilización que obtuvo el MJT en medios de comunicación fue tal que los pedidos de asesoramiento y las invitaciones para dar talleres, charlas y capacitaciones en escuelas se multiplicaron. Por este motivo, decidieron que era hora de ampliarse y convocaron a Agustina (18 años). “Cuando me propusieron que militara en el transactivismo me emocioné un montón porque desde el momento cero la aparición de las juventudes me parecía algo muy necesario en la comunidad trans. Por ese entonces, yo ya tenía encaminado el trámite del DNI y ya estaba en hormonas, así que no necesitaba asesoramiento legal, sino un espacio donde hubiera gente como yo, trans de 17 años”.

juventudes-1-1024x768“Hay que recordar que las juventudes trans se vieron históricamente relegadas al silencio. Todavía hay mucha gente que tiene que vivir su transición en silencio, en discriminación y en sufrimiento por su propia familia o su propio colegio”, continúa Agustina. “Si habláramos de una juventud trans estaríamos dejando afuera a la cantidad tan grande de excepciones que hay a una vivencia digna de una juventud como la gente”.

Para ella, tampoco es posible hablar de la adultez trans como algo rígido. “Tengamos en cuenta que la expectativa de vida de una persona trans corta a los 35 años, y en el 80% de los casos, las mujeres trans son empujadas a la prostitución. Ni siquiera estamos seguras de si vamos a transitar nuestra adultez en su totalidad, no tenemos esa certeza, todavía, de que vamos a poder acceder y terminar una carrera, o acceder a un trabajo aun teniendo un título, porque todavía el ser trans “daña la imagen” de las empresas y prefieren no contratarnos independientemente de nuestra formación”.

El género en las aulas 

Militar la identidad de género siendo adolescente implica, para Gio, bastante valentía. “Cuando empecé a sentirme como me sentía y a identificarme como me identifico, nada estaba claro y todo me daba vergüenza, sentía que no era merecedor de nada. Y más allá de lo sentimental, que es un montón, está también la valentía burocrática. Hay que tener mucha fuerza para enfrentarse al sistema y a cómo está reglamentado, a cambiarse el DNI, a “salir del clóset” en un colegio, a hacer horas de cola para esperar un turno para dentro de tres meses para ver a un endocrinólogue o cirujane”.

Cuando tenía 15 años, Gio tuvo Educación Sexual Integral -ESI- en una materia llamada Salud y Adolescencia, pero no cumplió con sus expectativas. “La explicación fue súper básica y biologicista. Pene, vagina, preservativo, pastillas anticonceptivas. Por suerte, la profesora era flexible y presentamos un proyecto sobre diversidad identitaria y sexual, pero esa iniciativa salió de nosotres. Lastimosamente, muches profesionales no tienen idea de cómo funciona un cuerpo trans, de nuestras experiencias, o de cómo nos afectan los métodos anticonceptivos durante los procesos de hormonización. Es como si en ese momento te dijeran ‘enterate de que sos parte de un experimento’ porque no hay data de personas con 80 años que se hayan hormonado toda la vida”.

«Tengo que reafirmarme constantemente en mis pronombres»

En el caso de Nehuén, recorrer espacios de militancia adolescentes siendo una identidad no binaria resulta “sumamente estresante”. “No hay una forma de identificar que una persona es no binaria y tengo que reafirmarme constantemente en mis pronombres, mi identidad, en cualquier tipo de espacio”, explica. “Además, la mía es una identidad reafirmada en el contexto argentino y latinoamericano, no es la misma identidad no binaria que la de una persona estadounidense y europea. Tenemos que entender desde dónde pararnos porque nuestras necesidades son otras y eso es lo que me gustaría que entendiera la comunidad no binaria argentina”.

“Yo tuve que armar una reunión con una empleada del INADI para enterarme de cosas como que en el colegio tenían que registrarme y respetar mi nombre aunque no hubiera cambiado mi DNI”, cuenta, por su parte, Agustina. Por eso considera que encontrar al Movimiento fue fundamental para difundir y dar herramientas a los demás adolescentes para llevar adelante una escolaridad común y corriente. “A diferencia de lo que se cree, militar la identidad de género dentro del ámbito de las juventudes y el secundario es bastante gratificante porque, lento pero seguro, se está viendo un cambio en la respuesta que tiene la sociedad ante la presencia o posible presencia de personas trans en un secundario y ya se nota a les maestres como a les alumnes con una voluntad mucho más grande de informarse”.

“Eso es bastante esperanzador aunque todavía estamos al tanto de situaciones en las que gente actúa, ya ni siquiera por desinformación, sino en contra de lo que establece la Ley de identidad de género, y me parece que si bien se está logrando una apertura frente a los derechos de personas trans, se está empezando a formar una resistencia de ciertas personas a respetar esta ley”, comenta Agustina. Y agrega: “Me impresiona, en 2019, ver gente dispuesta a comerse una denuncia solo para ver revocado el nombre de une alumne”.

Una cita en el Conti 

El sábado 28 de septiembre, en el marco del Festival Futuros que se realiza durante todo el mes en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, el Movimiento de Juventudes Trans abrirá un espacio de encuentro y diálogo para abordar las diversas temáticas en torno a sus experiencias. “Vamos a repasar conceptos básicos, a discutir problemáticas y sobre todo generar un debate donde se puede llegar a una conclusión al respecto”, explica Feliciano.

El encuentro marcará una continuación con el ciclo sobre feminismos y cissexismo, abierto el 6 de septiembre durante la inauguración de la muestra colectiva Re-Existencia, y tendrá lugar a las 17 hs. “La propuesta es hacer un conversatorio completamente abierto a quienes quieran acercarse a tratar estas temáticas para allanar el camino a las generaciones trans por venir”, comenta Agustina.

“Vamos a hablar sobre nuevas masculinidades y sobre cómo abordar este tema que es tan difícil dentro del colectivo LGBT+ y de los feminismos, que nosotros creemos que no están separado, siempre fueron luchas muy compañeras, pero que de repente, ahora, con nuevas generaciones de la comunidad y de pibis feministas, se está generando una discusión bastante problemática acerca del separatismo”, enmarca Gio.

“La idea es preguntarnos cómo afecta eso a las personas trans, cómo juzgamos automáticamente lo que vemos con un rol asignado, un género asignado, cómo construir una transmasculinidad que realmente sea amigable, que no esté demonizada, no caracterizada como el enemigo, y qué hacer con todo esto”, continúa. “Nada de lo que vaya a suceder en el taller va a ser dar una respuesta, sino en plan debate, porque no tenemos una respuesta. La propuesta es pensarlo entre todes”.

Fuente Agencia Presentes

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Argentina: Cupo laboral trans: así le cambió la vida a Shazmin

Jueves, 12 de septiembre de 2019

shazmin_cupo_trans_santa_fe-1280x640Por Soledad Mizerniuk y Victoria Rodríguez, desde Santa Fe

Shazmin Ramos Moreira es una trans de 37 años. Hace cuatro meses, por primera vez en su vida, la llamaron para ofrecerle un trabajo. Fue después de una entrevista laboral. A partir de la aprobación de la ordenanza de cupo laboral trans, ella es una de las seis personas que ingresaron a la Municipalidad de Santa Fe.

“Si Dios o el Universo me hubiesen dado esta oportunidad antes, no hubiese asomado ni la cara a una esquina”, dice. Shazmin sobrevivió al promedio de expectativa de vida de una femineidad trans en América Latina: 35 años.  Sobrevivió a los riesgos del trabajo sexual que ejerció, por falta de otras opciones, durante 17 años, de lunes a lunes. Sobrevivió a la violencia de la Policía, a la de los clientes, a la del frío. “Estos días que pasaron con bajas temperaturas, yo no podía creer que no tenía que ir a la esquina. Que me podía quedar en casa calentita”, reflexiona.

«Necesitamos acceso a trabajo y salud»

Su testimonio cuenta una historia repetida para muchas de sus compañeras: “Todas las referentes de Santa Fe que hemos tenido pasajes con prostitución, sufrimos riñas en la calle porque el cliente no nos aceptaba o nos aceptaba como juego, o con la misma Policía. Esperamos que haya un cambio real que nos permita transformar la expectativa de vida que tenemos. Para eso necesitamos el acceso real al trabajo y a la salud.

Hoy su día de oficina está cargado de actividades, ya que es secretaria administrativa en el área del Programa de Género y Diversidad municipal. Ahí le toca hacer trámites dentro y fuera del edificio principal y colaborar algunas semanas en las Escuelas de Trabajo.

Sabe que su caso es la excepción. Por eso, está convencida de seguir impulsando políticas públicas que compensen de algún modo los años de abandono e invisibilización del colectivo trans y travesti. “Tengo 37 años. Cuando pasé los 35 años pensé: «Soy una sobreviviente». Pienso mucho sobre la expectativa de vida que tenemos las mujeres trans, no llegamos a los 40, dice.

Shazmin llegó al bar donde estaba acordada la entrevista con Presentes, empujó la puerta de vidrio e ingresó con una sonrisa gigante. Es luminosa. Rubia platinada, con el pelo recogido en una prolija cola de caballo llena de bucles, flequillo sobre el rostro peinado hacia la izquierda. Su presencia llama la atención, se impone. De jean, botas blancas y un saquito rosado, llegó impecable, preparada para hablar largo y tendido.

«El desafío es convocar a las mas jóvenes»

“Si bien con este proyecto de cupo trans pudimos lograr el ingreso de seis compañeras, la idea es no quedarnos atrancadas ahí. Se está haciendo muchísimo y buen trabajo de capacitación. Ahora el desafío es convocar a las más jóvenes, incentivarlas”.

La realidad con la que se cruza muchas veces al intentar llevar ayuda a las más chicas es muy cruda. “Hoy, en avenida Facundo Zuviría, que es la «zona roja» de la ciudad de Santa Fe, hay cinco o seis chicas trans paradas en cada esquina. Incluso, algunas menores de edad, de 13 o 14 años, porque cada vez salen más chiquitas. Las ves perdidas, muchas veces drogadas. No queremos darles un plato de comida o un bolsón de mercadería y nada más. El acceso al trabajo es central para poder cambiar esa expectativa de vida”, asegura.

Salir

Shazmin vive en el barrio Barranquitas, en el oeste de la capital santafesina, en la casa donde se crió y que ahora comparte con sus padres y otras dos hermanas. “Mi papá fue toda la vida vendedor ambulante y mi mamá, ama de casa”. A diferencia de otras chicas trans, ella pudo completar sus estudios secundarios: “Siempre fui a la escuela Raymundo Peña, en la avenida Blas Parera, porque tenía comedor escolar. Éramos muchos hermanos, entonces mi mamá nos mandaba ahí. Y la secundaria la hice en ese mismo edificio, se llamaba Patriarca de la Federación”.

Shazmin cuenta que comenzó a autopercibirse como mujer desde muy pequeña, alrededor de los seis años. Su hermana Rubí, cuatro años mayor, había dado los mismos pasos antes que ella, lo cual le facilitó el diálogo y entendimiento dentro de su hogar. Pero una vez finalizada la escuela secundaria, todo se complicó.

“Como cualquier ciudadana, tengo mis impuestos que pagar, por eso necesitaba ejercer el trabajo sexual. Las mujeres trans también pagamos luz, cable, teléfono, lo mismo que cualquiera. La diferencia es que muchas veces no tenemos el trabajo que merecemos”, dice.

Fueron varios los intentos por forjar un futuro diferente. “Entregué curriculums en todos lados y nunca tuve la oportunidad de tener otro trabajo. Íbamos siempre juntas en manada a entregar los curriculums, a hacer los cursos, siempre por miedo a andar solas”, relata.

Ella quería continuar sus estudios. Le gustaba la carrera de Enfermería. “Llegué a cursar un año y medio, pero me resultaba muy costoso. A eso se sumaba que ejercía el trabajo sexual de noche, entonces no llegaba a estudiar ni rendir los exámenes. Cada día abría los ojos y ya se hacía de noche”, recuerda. No se rindió. Decidió acercarse a una Escuela de Trabajo del Estado. Allí comenzó a adquirir nuevas herramientas, que le permitieron luego acceder a su empleo actual.

«Ahora buscamos el cupo laboral trans en la provincia»

Una de las claves para forjar las oportunidades que se le negaban fue la decisión de organizarse con otras compañeras trans. “Estamos organizadas y empoderadas. Así logramos conseguir el cupo laboral trans y es lo que intentamos trasladar a las nuevas generaciones”, resalta -Shazmin-. “Tuvimos también el apoyo de compañeras lesbianas, de compañeros gays. Y creo que en la lucha nunca se descansó. Ahora buscamos el cupo laboral trans en la provincia. Hay generaciones atrás y no queremos que pasen lo que nosotras pasamos”. “En lo individual, quiero apuntar a una jubilación, a tener una obra social”.

Ya camino a la plaza San Martín, para tomarse unas fotografías, Shazmin concluye: “Mi etapa más linda es hoy. Pienso y medito mucho. Una referente de la Asociación Travestis Transexuales Transgéneros de la Argentina en Santa Fe, mi compañera Marina Quinteros, siempre dice: «No me quiero morir sin ver que mis compañeras de atrás siguen». Y estamos apuntando a eso”.

Fuente Agencia Presentes

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Argentina: La Justicia ordenó reglamentar cupo laboral trans en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA)

Martes, 30 de abril de 2019

E115DD4C-30C6-4D5E-9B5A-A33BF6F3C3ADLa Justicia porteña ordenó al Consejo de la Magistratura de Ciudad de Buenos Aires que en 30 días corridos dicte la reglamentación pertinente para implementar en los sectores del Poder Judicial bajo su órbita el cupo laboral para el colectivo trans, establecido en la Ley 4376 de Política Pública para el reconocimiento y ejercicio pleno de la ciudadanía de las personas LGTBI.

El fallo es de la jueza titular del Juzgado Contencioso Administrativo y Tributario 21, María Soledad Larrea. Responde a la demanda de la abogada y activista trans Cristina Montserrat Hendrickse. “Cuando yo me presenté, me respondieron que esta ley no era de cumplimiento obligatorio. Entiendo que sí, por lo que inicié una acción colectiva en la justicia pidiendo la reglamentación y una medida cautelar, para que mientras se resuelva la cuestión de fondo, se contrate a personas trans. Este fallo va sobre la reglamentación y pone un plazo de 30 días”, explica la abogada, que también es querellante.

Además, resalta Hendrickse, la importancia del fallo también radica en que exhorta a los otros poderes al Jefe de Gobierno de la Ciudad, al Presidente de la Legislatura de la Ciudad, a la Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad y a cada uno de los titulares de las tres ramas del Ministerio Público de la Ciudad a dictar las reglamentaciones pertinentes a fin de dar cabal cumplimiento al cupo laboral trans. “Esto es muy importante porque la ley se incumple en los tres poderes y esto no es un privilegio: nuestro promedio de vida tiene que ver con la exclusión a las que nos someten en todos los ámbitos de la vida y, sobre todo, en el trabajo”, agrega la activista y abogada.

Garantizar oportunidades de trabajo digno

Aprobada en noviembre de 2012, mismo año de la Ley Nacional de Identidad de Género, la Ley 4376 en su artículo 5 establece que el Estado de la Ciudad garantiza la implementación de una política pública de “trabajo digno”. La define como: “estrategias para garantizar que las personas LGTBI accedan a oportunidades de trabajo digno y de generación de ingresos, integrando acciones que fomenten la formación para el empleo, promoviendo la articulación de actores para el apoyo al emprendimiento y la erradicación de las prácticas discriminatorias en el ámbito local”. Y “propone la incorporación, en una proporción no inferior al cinco (5) por ciento, de personas del colectivo trans en el sector público de la Ciudad”.

Según consta en la demanda, en respuestas a pedidos de informes de Ovistrans (Observatorio de Violencia Institucional y Social Trans) el Consejo de la Magistratura fue renuente a brindar información sobre el cumplimiento de la Ley 4376, alegando no registrar a sus empleados por su identidad de género.

Por datos particulares sabemos que sólo una empleada es trans, en el juzgado de la Doctora Elena Liberatori, desconociendo si pertenece a planta o a contratos precarios. Lo mismo sucede en el Poder Legislativo de la Ciudad, donde trabaja una sola persona trans. Y en la administración central, también por averiguaciones particulares, se sabe que trabajan 43 personas trans, desconociendo si en planta o contrato de locación de servicios. Estos datos están muy por debajo de los 6.928 puestos de empleo trans porque allí trabajan 138.567 personas”.

Entre sus argumentos, el fallo de la jueza Larrea considera que “en los fundamentos de la Ley 4376 se estableció la necesidad de intervención directa del estado destacando que casi el 39 % del colectivo trans padece de discriminación laboral por no acceder a un trabajo o ser objeto de exclusión del mismo por su identificación”. Y luego agrega: “Es evidente que ello repercute además en otros aspectos inherentes a los demás derechos esenciales, por caso vivienda o salud. De esta forma se verifica que lleva a condiciones de exclusión o marginalidad que requieren acciones positivas para la efectiva constitución de la igualdad garantizada”. “La falta de trabajo digno para las personas trans es una violencia estructural”

Consultada por Presentes, la abogada y activista Greta Pena, presidenta de 100% Diversidad y Derechos, celebró el fallo: “Confirma que la falta de reglamentación de una ley no es excusa válida para incumplirla. Los derechos son operativos, principalmente los derechos humanos, y esta decisión judicial puso las cosas en su lugar al remover los obstáculos que los distintos poderes ejecutivos colocan al retrasar o impedir el pleno acceso de las personas trans al trabajo digno”, dijo.

Además, consideró “lamentable que el Estado siga fallando y que las personas trans deban acudir a la justicia para lograr que se cumplan las leyes protectorias”. Y concluyó: “la falta de trabajo digno para las personas trans es una violencia estructural. No solamente las legislaciones de cupo laboral atacan esa problemática, sino que la propia Ley de Identidad de Género garantiza el libre desarrollo de la persona acorde a su identidad autopercibida y eso claramente comprende el acceso al ámbito laboral”

Fuente Agencia Presentes, vía SentidoG

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