Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Ciclo C’

“Romper la indiferencia”. 26 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,19-31)

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en “Romper la indiferencia”. 26 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,19-31)

26-TO-C-600x400Según Lucas, cuando Jesús gritó: «no podéis servir a Dios y al dinero», algunos fariseos que le estaban oyendo y eran amigos del dinero «se reían de él». Jesús no se echa atrás. Al poco tiempo, narra una parábola desgarradora para que los que viven esclavos de la riqueza abran los ojos.

Jesús describe en pocas palabras una situación sangrante. Un hombre rico y un mendigo pobre que viven próximos el uno del otro, están separados por el abismo que hay entre la vida de opulencia insultante del rico y la miseria extrema del pobre.

El relato describe a los dos personajes destacando fuertemente el contraste entre ambos. El rico va vestido de púrpura y de lino finísimo, el cuerpo del pobre está cubierto de llagas. El rico banquetea espléndidamente no solo los días de fiesta sino a diario; el pobre está tirado en su portal, sin poder llevarse a la boca lo que cae de la mesa del rico. Solo se acercan a lamer sus llagas los perros que vienen a buscar algo en la basura.

No se habla en ningún momento de que el rico ha explotado al pobre o que lo ha maltratado o despreciado. Se diría que no ha hecho nada malo. Sin embargo, su vida entera es inhumana, pues solo vive para su propio bienestar. Su corazón es de piedra. Ignora totalmente al pobre. Lo tiene delante pero no lo ve. Está ahí mismo, enfermo, hambriento y abandonado, pero no es capaz de cruzar la puerta para hacerse cargo de él.

No nos engañemos. Jesús no está denunciando solo la situación de la Galilea de los años treinta. Está tratando de sacudir la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia teniendo junto a nuestro portal, a solo unas horas de vuelo, a pueblos enteros viviendo y muriendo en la miseria más absoluta.

Es inhumano encerrarnos en nuestra «sociedad del bienestar» ignorando totalmente esa otra «sociedad del malestar». Es cruel seguir alimentando esa «secreta ilusión de inocencia» que nos permite vivir con la conciencia tranquila pensando que la culpa es de todos y de nadie.

Nuestra primera tarea es romper la indiferencia. Resistirnos a seguir disfrutando de un bienestar vacío de compasión. No continuar aislándonos mentalmente para desplazar la miseria y el hambre que hay en el mundo hacia una lejanía abstracta, para poder así vivir sin oír ningún clamor, gemido o llanto.

El Evangelio nos puede ayudar a vivir vigilantes, sin volvernos cada vez más insensibles a los sufrimientos de los abandonados, sin perder el sentido de la responsabilidad fraterna y sin permanecer pasivos cuando podemos actuar.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

“Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces”. Domingo 29 de septiembre de 2019. 26º Ordinario

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en “Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces”. Domingo 29 de septiembre de 2019. 26º Ordinario

51-ordinarioc26-cerezoLeído en Koinonia:

Amós 6, 1a. 4-7: Los disolutos encabezarán la cuerda de cautivos.
Salmo responsorial: 145: Alaba, alma mía, al Señor.
1Timoteo 6, 11-16: Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor.
Lucas 16, 19-31: Recibiste bienes y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

El profeta Amós denuncia las injusticias de los poderosos que vivían en lujos y en banquetes y no se afligían por el desastre o ruina «de José». Esta es una denominación de las tribus del Norte (Israel). Tal indiferencia denota una vez más la ceguera de los que se sienten seguros, sin tener en cuenta las advertencias que les hacía el profeta. En el camino al exilio, estos notables irán al frente de los deportados. (No fueron los pobres los que fueron deportados, sino las élites de la clase media y alta).

Pablo exhorta a su amigo Timoteo a que permanezca siempre firme en su fe, en busca de la justicia, la piedad, la caridad. Teniendo en cuenta el llamado de atención que hace Pablo en el versículo 10, donde afirma que la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar por él, se extraviaron de la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos, enseguida viene la otra exhortación al discípulo que huya de estas cosas y el llamado a vivir de los valores del Reino. Pablo invita a Timoteo a que conserve el mandato del Señor, a que se mantenga firme en su compromiso y busque siempre la vida eterna a la que ha sido llamado y a la que ha hecho profesión solemne delante de muchos testigos.

Leemos hoy una parábola del evangelio de Lucas. Se llamaba Lázaro (nombre derivado del hebreo el’azar que significa “Dios ayuda”), aunque en vida no gozó, al parecer, de la ayuda divina. Le tocó en desgracia ser mendigo, como a tantos millones de seres humanos hoy, estar postrado en el portal de la casa de un rico sin nombre, uno de tantos, al que tradicionalmente se le ha calificado de “epulón”, banqueteador.

Lázaro o “Dios ayuda” tenía en realidad pocas aspiraciones: se contentaba con llenarse el estómago con lo que tiraban de la mesa del rico, las migajas de pan en las que los señores se limpiaban las manos a modo de servilletas. Pero ni siquiera esto pudo conseguirlo, pues nadie le hizo entrar a la sala del banquete. Para colmo, unos perros callejeros, animales considerados impuros y en estado semisalvaje, tan comunes en la antigüedad, se le acercaban para lamerle las llagas. Imposible mayor marginación: pobreza e impureza de la mano. Nada dice el evangelio de las creencias religiosas de este hombre, con razones sobradas para dudar seriamente de la reconocida compasión divina para con el pobre y el oprimido. Tal vez ni siquiera tuviese tiempo ni ganas de pararse a pensar en semejantes disquisiciones teológicas.

Tanto al rico como al pobre les llegó la hora de la muerte, a partir de la cual se cambiarían en el más allá las tornas, como pensaban los fariseos. Aunque, dicho sea de paso, con esto del “más allá”, quienes hacían de la religión baluarte de conservadurismo e inmovilismo han invitado mil veces a la resignación, tildada de “cristiana”, a la paciencia y al mantenimiento de situaciones injustas a los que las sufrían; en el más allá -se decía- Dios dará a cada uno su merecido. Aunque siempre cabe pensar: ¿y por qué no ya desde el más acá?

Para muchos predicadores, satisfechos con la imagen de un Dios que “premia a los buenos y castiga a los malos”, como el dios que profesaban los fariseos, la parábola terminaba en el más allá contemplando el triunfo del pobre y la caída del rico. Apenas se comentaba la última escena, clave importante para comprender su mensaje. De ser así, esta parábola sería una invitación a aceptar cada uno su situación, a resignarse, a cargar con su cruz, a no rebelarse contra la injusticia, a esperar un más allá en el que Dios arregle todos los desarreglos y desmesuras humanas. Entendido así, el mensaje evangélico se hermanaría con un conformismo a ultranza que ayuda a mantener el desorden establecido, la injusticia humana y las clases sociales enfrentadas.

Pero esta parábola no es una promesa para el futuro. Mira a la vida presente y va dirigida a los cinco hermanos del rico, que continuaban –después de la muerte de su hermano y de Lázaro– en la abundancia y el despilfarro. Por eso, el rico, alarmado por lo que espera a sus hermanos si siguen viviendo de espaldas a los pobres, pide a Abrahán que envíe a Lázaro a su casa, a sus hermanos, para que los prevenga, no sea que acaben en el mismo lugar de tormento. Para cambiar la situación en que viven sus hermanos, el rico epulón piensa que hace falta un milagro: que un muerto vaya a verlos. Crudo realismo de quien conoce la dinámica del dinero, que cierra el corazón humano a la evidencia de la palabra profética, al dolor y al sufrimiento del pobre, a la exigencia de justicia, al amor e incluso a la voz de Dios. El dinero deshumaniza. Me remito a la experiencia de cada uno.

Bien lo sabía el profeta Amós cuando amenazaba a los ricos que se acostaban en lechos de marfil, arrellanados en divanes y se daban a la gran vida entre comilonas, música, vino abundante y perfumes exquisitos, sin dolerse del sufrimiento de los pobres (Am 6,1a.4-7). Aquellos fingían devoción a Dios y veneración hacia la ciudad santa y el templo, creyendo de este modo contentar a Dios y quedar justificados. Pero el verdadero Dios no es amigo de una religión que separa el culto de la vida, el incienso de la práctica del amor al prójimo. Este Dios, según el libro del Deuteronomio, comparte suerte con el pobre, el huérfano, la viuda y el extranjero; con todos aquellos a quienes los poderosos les han arrebatado el derecho a una vida vivida con dignidad.

La parábola no puede tener más actualidad en este año 2016, año en que las estadísticas dicen que va a producirse un fenómeno estadístico importante: el 1% más rico de la población del mundo va a superar su propio récord patrimonial, que estaba en el 49% de la riqueza del mundo, y va a pasar a ser el 50%; ya se han hecho con la riqueza de medio mundo. El actual sistema mundial privilegia la desigualdad. El mundo actual no es bueno para los muchos Lázaros. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

29.09.18. Domingo 16, ciclo C. Lc 16, 19-31. Lázaro puede ayudar al epulón (pero aquí, ahora mismo…)

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en 29.09.18. Domingo 16, ciclo C. Lc 16, 19-31. Lázaro puede ayudar al epulón (pero aquí, ahora mismo…)

Del blog de Xabier Pikaza:

En un mundo de epulones ciegos, suicidas y asesinos

71179920_1329572250553297_4019117708539854848_n

(Imágenes 1:Lázaro recibe a los «epulones», de  A. y O. 2. San Lázaro de Verín recibe  a los que vienen… 3. Una ciudad con muro entre lazaros y epulones. 4. Jerusalén ¿una ciudad para todos?)

Ésta es quizá la parábola más “escandalosa”  y verdadera del evangelio.Estoy convencido de que el 80 por ciento de la clase acomodada piensa que es inmoral y falsa… Algo parecido piensa, a mi entender, un 50 por ciento de la iglesia (aunque no se atreva a decirlo en alto). Ciertamente, el contenido de esta parábola de Lucas 16 es fuerte, pues va en contra del orden establecido… y muchos no loa aceptan.

El orden establecido está hecho para que los ricos puedan comer en sus casas, disfrutando de aquello que han ganado, sin abrir su puerta  (en USA o España, GB o Italia…) a los pobres Lázaros del mundo entero, del Sahel o de Indostania, del Cercano Oriente o de algún tipo de Lazaria de su misma tierra (en USA, España…).

10123Hay incluso partidos políticos y gobiernos que van directamente en contra de esta parábola… porque a su juicio destruye el buen orden de la tierra, es decir, del orden establecido. Pues bien, la parábola dice que los «epulones» se destruyen a sí mismo, y destruyen el mundo, mientras los los Lázaros tienen asegurado un camino de vida y de futuro, en el “seno de Abraham”, que no es el cielo sin más (en el ultramundo), sino la vida de la promesa que Dios hizo al patriarca de los pobres.

El epulón no tiene nombre… El pobre se llama Lázaro

El rico no tiene nombre personal, ni identidad propia. El evangelio le llama simplemente “el plousios, es decir, el rico (adjetivo sustantivado, no nombre). La tradición latina posterior le llamará epulón (de epulare,  que significa “banquetear”), esto es, aquel que no hace más que consumir. En la antigua Roma había un “colegio sacerdotal” de “epulones” (los comedores, es decir, los que comen mucho y dirigen los banquetes de los ricos).

El pobre tiene en cambio un nombre, le llama Lázaro (del hebreo Eleazar, aquel que ha sido compadecido por Dios). Es, por tanto, una persona ante Dios y debe serlo ante los hombres, a quienes pide ayuda con su necesidad (hambre, heridas…). Este evangelio nos sitúa ante la ruina de “epulonia” (la tierra o colegio sacerdotal de los ricos epulones, que consumen todos los recursos de la tierra), dejando morir a los Lazaros de hambre, a la puerta de su casa o tierra.

Epulonia y Lazaria

Favela de ParaisÛpolis (swimming pools). This favela (shanti town) on the left is ironically called ParaisÛpolis (Paradise city). Photo: Tuca Vieira Los epulones y Lázaros  forman según eso dos tipos de seres humanos: los anti‒personas (ricos sin nombre) y lase personas (los lázaros con nombre). Son “figuras humana”: Una es la “clase” de los parásitos epulones (que todo lo consumen banqueteando) y otra la clase de la humanidad de los “Lázaros”, compadecidos de Dios.

Sería hermoso trazar un mapa de las dos tierras, la Epulonia de los que todo lo consumen, hasta morir sin remedio y matar la misma tierra, y la Lazaria, que constituye el gran “lazareto” de la humanidad enferma, expulsada, dominada. Antiguamente, Lazaria o tierra de los “lazaretos” solía ser una ermita‒hospital (o un tipo de cárcel) donde se expulsaba a los enfermos‒pobres, porque “contaminaban” la ciudad…, una ermita‒hospital donde tenían que pasar “cuarenta días” (cuarentena de vigilancia) cuando venían de viajes de tierras de peste, hasta mostrar que no tenían enfermedades.

Tema de sermón, la parábola del Santo de los Lazaretos

jeru6al destruccionConozco bien la ermita del Lázaro de Verín (Ourense), a las afueras de la villa, donde en otro tiempo se expulsaba o tenía en cuarentena a los hermanos, antes de cruzar el río y pasar a la ciudad. Si mal no recuerdo, celebré el año 1986 el solemne triduo del San Lázaro (fiesta: el 28 de junio). Como se sabe, hay dos Lázaros en el Nuevo Testamento, uno más histórico (el hermano de Marta y María, el resucitado, cf. Jn 11‒12) y este más alegórico, de la parábola de Lc 16. Prediqué tres días sobre este Lázaro de alegoría, creo que con provecho del pueblo; algunos se acordarán, sin duda del evento.

Con esto podemos pasar a la parábola‒alegoría, una de las más fuertes del evangelio, una parábola absolutamente actual, cuyos rasgos están tomados del judaísmo anterior (los personajes son judíos, el “cielo” se identifica con la “casa” o morada de Abraham…), que divide la humanidad en dos “clases”: La clase de los epulones‒parásitos que lo consumen todo y que se condenan a sí mismos a la muerte… Y la “comunidad” de los Lázaros (preferidos de Dios), expulsados de la tierra, a la puerta de la Casa‒Epulonia (la casa del rico y sus hermanos‒mafia destructora), sin más riqueza que su necesidad.

children-look-through-a-hole-of-the-former-berlin-wall-border-at-the-memorial-site-in-bernauer-strasse-in-berlin

La parábola es “escandalosa” y muchas quisieran arrancarla del evangelio (empezando por particos políticos con nombre latinos como VOX), pues los epulones se condenan, simplemente por ser ricos‒tragones (que todo lo consumen); no se dice si son buenos o manos en otros rasgos de moral, no se añade cómo han conseguido las riquezas, sin son del Banco Central o de la OMC. Su capital es un gran “vientre”, y con el vientre se consumen, destruyendo el mundo, y destruyéndose a sí mismo; sin dejar que pasen o lleguen a su puerta los “Lázaros” (de quienes tampoco se dice que tengan virtudes especiales, sino sólo que son pobres, que no comen, que necesitan cuidados médicos…).

Les ha tocado mala suerte a los epulones, que son los que viven para organizar su fiesta y comer/consumir las riquezas (minerales, energía, buenas comidas…) del mundo. Ellos mueren y pasan sin más, sin que Abraham, el Padre, pueda hacer algo por ellos.

5774abcac3618845488b459e

Los Lázaros, en cambio,  tienen la suerte Dios que es la Vida… Ciertamente, morirán al fin (lo mismo que los epulones, quizá antes), pero su vida ha merecido la pena, y los ángeles de Abraham les reciben su en casa, la casa donde todo se comparte…

Desde el fondo anterior se comprende la historia mundialmente famosa de un rico (=epulón, un hombre centrado en la buena comida), que comía y gastaba sin preocuparse de nadie, mientras moría a su puerta de hambre y de llagas un mendigo (=lázaro, de donde viene lazareto). Pero el rico también murió, y así la historia pudo contarse también desde el otro lado[1]:

Parábola, texto

  16, 19-21 Primera escena. A la puerta de la casa del rico, en este mundo: Había un hombre rico (=Epulón) , que se vestía de púrpura y de lino finísimo, y celebraba cada día banquetes espléndidos. Y cierto pobre, llamado Lázaro, estaba echado a su puerta, lleno de llagas, y deseaba saciarse con las migajas que caían de la mesa de Epulón, pero no podía; y los perros venían y le lamían las llagas.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Los zapatos de Susana. Domingo 26. Ciclo C

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Los zapatos de Susana. Domingo 26. Ciclo C

zapatos de lujoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

‒ Judas, se me han roto los zapatos. Tienes que darme dinero para comprarme unos nuevos.

            ‒ ¿Cuánto necesitas? ‒ pregunta Judas sin entusiasmo.

            ‒ He visto unos muy sencillos. Sólo cuestan seiscientos veinticinco euros.

            Judas pega un salto.

            ‒ ¡Seiscientos veinticinco euros! ¿Estás loca, Susana? ¡Estos que llevo puestos me costaron treinta!

            ‒ Pues el bolso que hace juego con los zapatos cuesta mil cuatrocientos cincuenta.

            Bartolomé sonríe contemplando la escena. Susana es la gran bienhechora del grupo, ha entregado todo su dinero, sin reservarse nada, y ahora está poniendo en un aprieto a Judas. “Judas no tiene sentido del humor”, piensa Bartolomé. “Se cree que Susana va en serio”.

            ‒ A mí no me parecen caros esos zapatos ‒comenta para incordiar‒. Yo creo que deberías darle el dinero.

            ‒ No tenemos ni trescientos euros, estúpido.

            ‒ Entonces no podré alquilar la suite de lujo que cuesta veinte mil euros la noche.

            ‒ ¿No tenéis cosas más serias de las que hablar? ‒interviene Jesús‒.

            ‒ Esto es muy serio, maestro. ¿Sabes cómo tira el dinero la gente, el lujo con que viven algunos?

            ‒ Claro que lo sé. Basta ver la televisión.

            ‒ Tú estás muy atrasado, maestro. Tienes que meterte en Internet. Buscar en Google. Casas de lujo, relojes de lujo, coches de lujo, zapatos de lujo… No te imaginas la sorpresa que te ibas a llevar.

            ‒ Sorpresa, no. Indignación. Prefiero no mirar.

            ‒ Y los cabrones que gastan el dinero de esa forma, ¿se salvarán? ‒pregunta Tomás con deseo de provocar a Jesús.

            ‒ Ya deberías saber la respuesta. Os conté una historia sobre ese tema.

            ‒ Yo no la recuerdo.

            ‒ Estarías fuera, como siempre.

            ‒ Cuéntala otra vez, maestro ‒pide Pedro‒.

            Jesús se sienta, se concentra un momento y comienza:

            ‒ Había un hombre rico que se vestía en los mejores sastres de Nueva York, viajaba en su avión particular, miraba la hora en un reloj de oro con brillantes, comía en los restaurantes más lujosos y habitaba en un palacete de cuarenta habitaciones en medio de un bosque inmenso. ¿Sabéis cuánto gastó un día en una comida en un restaurante del sur de Francia?

            Rebuscó en la mochila y finalmente consiguió encontrar una factura que enseñó a todos.

            ‒ Ciento siete mil quinientos veinticuatro francos. Hice una fotocopia del periódico porque no me lo podía creer.

         banquete  ‒ Y eso en euros, ¿cuánto es? ‒ pregunta Judas.

            ‒ Mas de dieciséis mil euros, bastante más.

            ‒ ¡Por una sola comida!

            ‒ Cuando iba a la ciudad en su deportivo ‒continuó Jesús‒, el rico pasaba delante de un mendigo sentado a la entrada de una pobre choza, fabricada con cartones y cubierta con una chapa de uralita. El mendigo lo miraba con envidia y el rico apartaba la mirada. El mendigo acudió una vez a la mansión del rico para pedir algo de comer. Pero encontró la verja cerrada y el guardia de seguridad lo despidió con malos modos. Al cabo del tiempo murió el mendigo y fue al paraíso. Poco después, el rico se estrelló con su deportivo a doscientos por hora, murió, lo enterraron, y fue a parar al infierno. Estando allí, achicharrándose vivo, levantando los ojos, vio a lo lejos al mendigo, y le grito: “Por favor, tráeme un vaso de agua, aunque sólo sea un vasito; me muero de sed y me torturan estas llamas.” Pero el mendigo le contestó: “Lo siento, tío. Recuerda que tú tuviste de todo en la otra vida mientras yo me moría de hambre. Ahora se han cambiado las tornas. Además, aunque te parezca que estoy cerca, entre nosotros hay un abismo que nadie puede cruzar.” El rico guardó silencio un momento y luego preguntó: “¿Cómo te llamas?” El mendigo le contestó: “Si me hubieras preguntado mi nombre en la otra vida, también me habrías dado de comer. Pero tú siempre apartabas la mirada. Por eso estás ahora al otro lado del abismo”.

            Menos Tomás, todos recordaban la historia, que siempre les impresionaba. Fue Susana quien rompió el encanto.

            ‒ Cuando yo enseñaba catequesis, contaba una historia parecida que me habían enseñado las monjas de pequeña. ¿Os la cuento?

            Y la contó sin esperar permiso de nadie:

      – Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. (El seno de Abrahán es como el paraíso, explicó Susana, y Abrahán es el que se encarga de organizarlo todo allí.) Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.” Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.

            ‒ Se parece mucho, pero a mí me gusta más lo de los aviones y el deportivo ‒opinó Leví.

            ‒ Todavía no he terminado ‒lo cortó Susana‒. Mi historia sigue diciendo que el rico le insistió a Abrahán: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.” Abraham le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.” El rico contestó: “No, padre Abraham. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.” Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”

            Cuando Susana calló, Bartolomé comentó irónico:

            ‒ El problema es que hoy día nadie cree en el infierno. Habría que cambiar la historia. Por ejemplo, que al mendigo le toque la primitiva y el rico se arruine.

            ‒ No seas tonto, Bartolomé ‒lo cortó María‒. Eso sí que no se lo cree nadie.

¿Dónde se basa esta historia?

            La parábola del rico y Lázaro, exclusiva del evangelio de Lucas, se inspira en un texto del profeta Amós, elegido este domingo como primera lectura. Este profeta del siglo VIII a.C. vivió una situación muy parecida, en ciertos aspectos, a la de hoy: gente millonaria, que puede permitirse toda clase de lujos, y gente que llega a duras penas a fin de mes o incluso pasa hambre.

            El profeta se dirige a la clase alta de las dos capitales, Jerusalén (Sión) y Samaria, y denuncia su forma de vida: «Os acostáis en lechos de marfil, os arrellanáis en divanes, coméis carneros del rebaño y terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos y no os doléis del desastre de José».

            El lujo se extiende a todos los ámbitos: al mobiliario, con lechos y divanes de marfil, mientras la inmensa mayoría de la gente duerme en el suelo; a la comida, a base de carne de carnero y de ternera, cuando los pobres se contentan con pan y agua, unas uvas y un poco de queso; a la bebida en copas refinadas o de gran tamaño (el término hebreo puede interpretarse de ambos modos); a los perfumes carísimos, mientras los pobres sólo huelen a sudor.

            Y esta gente que se permite toda clase de lujos “no se duele del desastre de José”. José no es una persona concreta sino todo el país, conocido entonces como Casa de José porque sus tribus principales eran Efraín y Manasés, los dos hijos del patriarca José.

            Lo que dice el profeta es que esa gente que vive con toda clase de lujos no se preocupa lo más mínimo del sufrimiento de millones de personas que lo pasan mal. Como castigo, les anuncia la invasión de un ejército extranjero que pondrá fin a sus orgías y los deportará.

El cambio que introduce la parábola

            La parábola cambia radicalmente el tema del castigo. Mientras Amós piensa qué ocurrirá en esta vida, mediante la invasión de los asirios, Jesús lo desplaza a la otra vida. Él no se hace ilusiones; en esta vida, el rico seguirá disfrutando, y el pobre pasando hambre. Este cambio radical en el punto de vista ayuda a entender otras afirmaciones del evangelio de Lucas.

            En el Magnificat, María pronuncia unas palabras que, aplicadas a nuestro mundo, resultan estúpidas o de un cinismo blasfemo cuando dice que Dios “a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. A la luz de la parábola del rico y Lázaro queda claro cuándo tendrá lugar esa revolución.

            Lo mismo afirma el comienzo del Discurso en la llanura (equivalente en Lucas al Sermón del monte de Mateo), que contrasta la situación presente (ahora) con la futura. “Dichosos los pobres, porque el reinado de Dios les pertenece. Dichosos los que ahora pasáis hambre, porque seréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis… Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya recibís vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque pasaréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque lloraréis y haréis duelo” (Lc 6,20-25).

El rico no era un criminal

            Lo que más debe intranquilizarnos (porque la parábola pretende sacudir la conciencia) es que el rico no es un explotador ni un criminal, no se dice que pagara un salario de miseria a sus obreros ni que se hubiera enriquecido con el narcotráfico. Lo que denuncia la parábola es su forma exquisita de vestir (púrpura y lino) y de comer (banqueteaba espléndidamente todos los días), sin fijarse en el pobre que está tendido a su puerta. Es la injusticia indirecta causada por el egoísmo.

¿Dos textos trasnochados?

         africa_pobreza   Tanto Amós como Jesús viven en una sociedad muy distinta de la nuestra (al menos de la del Primer Mundo). Entonces no existía la clase media. La riqueza se acumulaba en pocas manos, mientras la mayor parte del pueblo vivía en circunstancias muy duras. Aplicar la parábola a los multimillonarios de hoy día, jeques árabes, grandes industriales, artistas de cine, deportistas de élite… supondría dejar con la conciencia tranquila a los millones de personas que vivimos en circunstancias infinitamente mejores que la inmensa mayoría de la población mundial. Si ahora mismo resulta difícil resistir su mirada, mucho más difícil será cuando nos mire Dios.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. 29 septiembre, 2019

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. 29 septiembre, 2019

7ABD7EF4-D29F-4C71-8B45-3F72C687F2D3

 

 

“-Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.”

(Lc 16, 19-31)

“…manda a Lázaro…” Incluso estando en el mismísimo infierno este rico sigue sintiéndose superior a Lázaro y sin ningún reparo reclama que le sirva.

Y ese debe ser precisamente el infierno: pensar que las demás personas están para satisfacer mis propias necesidades y las de mi gente. Ver a la otra persona “de segunda clase”, inferior ya sea por su condición económica, social, por sus capacidades diferentes o por su orientación sexual…

Siempre podemos encontrar un motivo, una justificación para desplegar nuestras ansias de dominio. Nuestro lado más oscuro y dejar de ver en la otra persona a alguien exactamente igual que yo.

Ese es el problema de la riqueza en cualquier aspecto de la vida. En cuanto nos sentimos “ricos”, nos creemos “mejores” y se estropea la comunión de la que deberíamos ser imagen.

La violencia que sacude nuestro mundo nace de la rivalidad. Nace cuando nuestra mirada se enferma y vemos a las demás personas como “mejores” o “peores” que nosotras mismas. Cuando en lugar de colocarnos “al lado” de las demás nos inventamos toda una jerarquía de valores o virtudes que nos hacen olvidar el gran valor de la dignidad humana que TODA personas posee porque le ha sido dada.

Las primeras páginas del Génesis nos advierten de este peligro, Dios le dice a Caín: “-¿Por qué te enfureces? ¿Por qué andas cabizbajo? Si obraras bien, llevarías bien alta la cabeza; pero si obras mal, el pecado acecha a tu puerta y te acosa, aunque tú puedes dominarlo.” (Gn 4, 6-7)

Si el pecado original daña la relación de la humanidad con Dios al querer ocupar su lugar, este segundo pecado nos llama la atención sobre aquello que daña las relaciones humanas.

En el fondo los dos pecados son muy similares. Ambos tienen que ver con el ansia de poder y dominio que llevamos en el corazón: la envidia, la codicia, el egoísmo… Todo aquello que nos hace creer que los demás son rivales, enemigos. Todo aquello que nos hace olvidar que somos comunión y nos necesitamos, y es precisamente en nuestras buenas relaciones donde crecemos y nos asemejamos a Dios Trinidad.

Oración

Haznos reconocer, Trinidad Santa, el valor de nuestra propia dignidad para que desde la humildad que da ese conocimiento nos abramos a la dignidad de las demás.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Siempre habrá un Lázaro a tu puerta.

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Siempre habrá un Lázaro a tu puerta.

lazarus-2Lc 16, 19-31

Por última vez, después de una insistencia machacona, nos habla Lc de la riqueza. Yo también tengo claro que en materia de riqueza no haremos caso ni aunque resucite un muerto. La parábola va dirigida a los fariseos. Acaba de decir el evangelista: “Oyeron esto (no podéis servir a dos amos) los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él”. Jesús apoyándose en las creencias que ellos aceptaban, quiere hacerles ver que, si de verdad creyeran lo que predican, no estarían tan pegados a las riquezas.

Esta parábola es clave para entender algo de lo mucho que nos dice el evangelio sobre las riquezas. No se puede hablar de ellas en abstracto y la parábola nos obliga a pisar tierra. El rico no tiene en cuenta al pobre y sin esa toma de conciencia nada tiene sentido. Lo único negativo de la parábola es que, mal interpretada, nos ha permitido utilizarla como opio para el pobre. Aguanta un poco, hombre, que aunque te parezca que el rico disfruta, espera al más allá y le verás freírse en el infierno, mientras tú encontrarás la dicha más completa.

Esta parábola nos dice lo mismo que (Mt 25,34-46) “Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber…” Las dos hay que entenderlas dentro de una visión mitológica del más allá: premio y el castigo más allá, como solución de las injusticias del más acá. Utilizar estos textos para seguir hablando de un premio para los pobres y un castigo para los ricos en el más allá, no tiene sentido alguno; a no ser que se busque la resignación de los pobres para que los ricos puedan seguir disfrutando de sus privilegios.

Para comprender por qué el rico, que comía y vestía de lo suyo, es lanzado al “hades”, debemos explicar el concepto de rico y pobre en la Biblia. Para nosotros “rico” y “pobre” son conceptos que hacen referencia a una situación social. Rico es el que tiene más de lo necesario para vivir y puede acumular bienes. Pobre es el que no tiene lo necesario para vivir y pasa necesidades vitales. En el AT la perspectiva es siempre religiosa. Fueron los profetas, sobre todo Amós, los que levantaron la liebre y denunciaron la maldad de la riqueza. Su razonamiento es simple: la riqueza se amasa siempre a costa del pobre.

Pobres, en el AT, sobre todo a partir del destierro, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. Se trataba de los desheredados de este mundo que no tenía nada en qué apoyar su existencia; no tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. Esta confianza era lo que les hacía agradables a Dios, que no les podía fallar (Lázaro, Eleazar -´el ´azar en hebreo- significa Dios ayuda). No existe en el AT concepto puramente sociológico de rico y pobre, porque nada se podía desligar del aspecto religioso.

Ahora comprenderéis por qué el evangelio da por supuesto que las riquezas son malas sin más matizaciones. No se dice que fueran adquiridas injustamente ni que el rico hiciera mal uso de ellas, simplemente las utilizaba a su antojo. Si Lázaro no hubiera estado a la puerta, no habría nada que objetar. Pero es precisamente el pobre, el que con su sola presencia, llena de maldad el lujo y los banquetes del rico. Tampoco Lázaro se propone como ejemplo moral de pobre, sino como contrapunto a la opulencia del rico.

Para comprender, que no es fácil, el mensaje del evangelio, basta ver el comportamiento de Jesús. Manifiesta una predilección por todos los que necesitaban liberación, entre ellos los pobres; pero también admitió la visita de Nicodemo, era amigo de Lázaro, aceptó la invitación de Mateo, acogió con simpatía a Zaqueo, fue a comer a casa de un fariseo rico, etc. No es fácil descubrir las motivaciones profundas de la manera de actuar de Jesús. Jesús descubrió que la riqueza, acumulada y no compartida, impide entrar en el Reino. Pero su actitud no fue excluyente, sino abierta y de acogida para los ricos.

El mensaje del evangelio no pretende solucionar un problema social sino denunciar una falsa actitud religiosa. Una correcta actitud religiosa solucionaría la injusticia social. El evangelio está a años luz del capitalismo, pero también del comunismo. Jesús predica el “Reino de Dios”, que consiste en hacer de todos los hombres una comunidad de hermanos. La diferencia es sutil, pero sustancial. El comunismo reparte los bienes, pero mantiene al pobre en su pobreza para seguir justificándose. Jesús propone compartir como fruto del amor que nos une. La consecuencia sería la misma, que los ricos dejarían de acaparar y los pobres dejarían de serlo, pero el camino recorrido humanizaría tanto al rico como al pobre.

Seguramente que el rico de hoy hacía favores e invitaría a comer a sus hermanos y a los amigos ricos como él. Esa actitud no garantiza humanidad alguna. El amor cristiano solo está garantizado cuando hago algo por aquel que no va a poder pagármelo de ninguna manera. El amor que pide Jesús nunca se puede desligar de la compasión. Amor sin compasión es interés. Un niño no tiene compasión por su madre, por eso lo que siente por ella no es “amor” sino interés. La mayoría de las relaciones que calificamos de amor, no son más que egoísmo.

Ahora podemos entender por qué refugiarse en la incapacidad de cada uno para solucionar el hambre del mundo no puede ser excusa para no hacer nada. Recordad, la denuncia no es de un problema social, sino religioso. Nuestra pasividad está demostrando que la religión no es más que una tapadera que intenta sumar seguridad espiritual a las seguridades materiales que tenemos. Jesús no está pidiendo que soluciones el hambre del mundo, sino que salgas de tu error al confiar en la riqueza. No se te pide que salves el mundo, sino que te salves tú. Si los ricos dejásemos de acaparar bienes, inmediatamente llegarían a los pobres.

Me daría por satisfecho si todos nosotros saliéramos de aquí convencidos de que la pobreza no es un problema que alguien tiene que solucionar, sino un escándalo en el que todos participa­mos y del que tenemos la obligación de salir. No es suficiente que aceptemos teóricamente el planteamiento y nos dediquemos a criticar las injusticias que se están cometiendo hoy en el mundo. Debemos descubrir que aunque yo esté dentro de la legalidad cuando acumulo bienes materiales, eso no garantiza que mi relación con Dios sea la correcta.

No basta despojar a los ricos de su riqueza, porque los ahora pobres ocuparían su lugar. Eso ha pasado en todas las revoluciones sociales. La única solución pasa por superar todo egoísmo para hacer un mundo de hermanos. Es verdad que los ricos no se consideran hermanos de los pobres, pero tampoco los pobres se consideran hermanos de los ricos. El evangelio va mucho más allá de la solución de unas desigualdades sociales, pero también esas injusticias quedarían superadas con un verdadero amor-compasión.

No podemos desarrollar una auténtica religiosidad sin contar con el pobre. Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha desarrollado un individualismo absoluto. Lo que cada uno debe procurar es una relación intachable con Dios. La moral católica está encaminada a perfeccionar esta relación con Él. Pecado es ofender a Dios y punto. El evangelio nos dice algo muy distinto. El único pecado que existe es olvidarse del hombre que me necesita. Mi grado de acercamiento a Dios es el grado de acercamiento al otro. Todo lo demás es idolatría.

Meditación-contemplación

Satisfacer las necesidades biológicas no es malo, pero es insuficiente.
Solo las exigencias de tu verdadero ser te llevarán a la plenitud.
No debes renunciar a nada sino elegir lo mejor para ti, aquí y ahora.
Dios te está dando siempre una posibilidad de plenitud.
No desarrollar esa potencialidad es la verdadera condenación.
Tú solito estás malogrado tu existencia.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Mammón y las riquezas.

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Mammón y las riquezas.

plotino1La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad (Martin Lutero)

29 de septiembre 2019. DOMINGO XXVI DEL TO

Lc 16, 18-31

Le dice Abrahán: Tienen a Moisés y los Profetas, que los escuchen (v 29)

Este Evangelio, propone la incompatibilidad entre seguimiento de Jesús y servicio al dinero Mammón, que en arameo significa riqueza y bienes materiales. Lucas presenta esta parábola, que muestra algún aspecto de lo que Jesús recibe como realidad del Reino, poniendo énfasis obre la imposibilidad de servir a Dios, a su reino, y al dinero.

Consecuencia más inmediata: el olvido de las más mínimas relaciones de justicia y de la finalidad de la misma existencia humana, pues los textos evangélicos, no son letra muerta sino viva, donde los pensamientos rolan conmigo y yo con mis pensamientos hasta vehiculizarse en exquisito manjar del paraíso, siendo necesariamente preciso para ello, aderezarlo con copiosas especias orientales.

La mente teje constantemente ideas, despintándonos con su desordenado tejer, y dificultándonos la traducción los textos evangélicos, aunque, como dice Willigis Jäger en Sabiduría Eterna: “Lo que se exige es aceptar la situación que no podemos transformar. En la aceptación de lo que no podemos cambiar se cifra el auténtico proceso de transformación”, transformación imprescindible y necesaria.

Decía Amós, 6, 6: “Bebéis en copas vino, os ungís con perfumes exquisitos, no os doléis del desastre de José, en Salmo 37, 11 se les otorga el disfrute de la prosperidad en la tierra, y en el Deuteronomio 15, 8, a que les abramos la mano y les prestemos a la medida de su necesidad.

La pobreza más ofensiva es la del ser humano, como la que atacó el profesor indio Amartya Sen, (1993), sobre el Premio Nobel de Economía en 1998, “por su contribución al análisis del bienestar económico”.

“No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita”, decía Fray Marcos en la misa del pasado domingo.

Como dice Plotino en su Libro I de la Eneida a través de uno de sus personajes más famosos, a los menesterosos le ocurrirá lo que a Eneas, que subió hasta las estrellas del cielo:

 “Deja ese miedo, Citerea, que intacto permanece para ti el sino de los tuyos, verás la ciudad y las prometidas murallas de Lavinio y llevarás, sublime, hasta las estrellas del cielo al magnífico Eneas”.

Lucas ha escrito en su evangelio, 16, 29, Abrahán dice que tienen a Moisés y los Profetas, que los escuchen, pero en cambio, a nosotros, ¿nos escucha alguien?

 Posiblemente tenía razón Martín Lutero cuando escribió esta frase: La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad”, voluntad que nos invita a la conmiseración y compasión de los necesitados.

Poema de Leonard Cohen escribió un hermoso poema en el que modula:

Los pájaros cantan al hacerse de día:
“Empieza de nuevo”
oí que decían.

No pierdas el tiempo
Pensando en lo que ya pasó
o en lo que aún no ha pasado.

Tañe las campanas que aún pueden repicar,
olvídate de tu ofrecimiento perfecto.

Todo tiene una grieta:
así es como entra la luz.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Misericordia comunicativa versus inhumanidad.

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Misericordia comunicativa versus inhumanidad.

26_Ord_CLucas 16,19-31

Existe una crítica generalizada a la tradición interpretativa de este texto. Esta consiste en que refuerza la idea de que el sufrimiento es un medio para la salvación y de que hemos apagado el disfrute de la vida advirtiendo que todo placer vivido en el presente traerá sufrimiento en el futuro. Como si se tratara de una especie de equilibrio o justicia retributiva: si sufres ahora, disfrutarás después y si disfrutas ahora sufrirás en el futuro. Además, aquí, en el mejor de los casos, nos mantendríamos en un “valle de lágrimas” mientras que la alegría y la justicia se demoran a un “más allá” que está por venir. Y viceversa: sumamos aquí el miedo por el infierno, lleno de tormentos, para quienes tienen momentos de abundancia y satisfacción.

Hay que tener entonces mucho cuidado al leer este texto para no caer en este estereotipo, que ciertamente ha sido muy dañino y perjudicial para la salud espiritual de muchos creyentes.

El problema de fondo que plantea el texto parece ser, por el contrario, la distancia insalvable, la incomunicación, la falta de cuidado. El rico vive en la opulencia; el pobre se parece más a los perros que a un ser humano: come las migajas que caen de la mesa y los perros le curan las heridas como si fuera de su manada. Entre el rico y el pobre no hay comunicación. Esta distancia será la misma que se planteará, a continuación en el relato, en la imagen del abismo: “entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso”. Es decir, la distancia se vuelve insalvable con el tiempo.

Hay dos cuestiones entonces sobre las que el texto llama la atención:

  1. Jesús apunta con energía que no pueden existir estos desequilibrios económicos que rebajen la dignidad de las personas. Invita a renovar la mirada, el contacto y el cuidado hacia quienes pasan necesidad.
  2. Se señala la necesidad de maleabilidad del pensamiento y cambio de actitud en relación con los textos bíblicos. Este aspecto está intrínsecamente vinculado al anterior. La misericordia abre una hermenéutica particular que, de la mano de los profetas, llama al cuidado y a defender la justicia. Y con esta práctica se dilata la comprensión de los textos antiguos.

La dureza de entendimiento es así la culpa más grave de los fariseos y ahí está su lucha. Tal es su cerrazón que no cambiarían de opinión ni siquiera si un muerto resucitara.

El texto hace un fuerte llamado a escuchar las escrituras al decir que “si no escuchan a Moisés y a los profetas” nada los convencerá. Pero si ellos son los expertos en Escrituras. ¿Qué pasa entonces? Lo que pasa es que no la comprenden. Y no pueden comprender porque la misericordia en la práctica es un ejercicio que abre el entendimiento y permite interpretar y entender los mensajes de Moisés y los profetas; mensajes de liberación de esclavitudes y de corazones convertidos. Si no llevan a la práctica lo que leen no pueden seguir comprendiendo.

Jesús les está diciendo, justamente a los fariseos expertos en Escritura a quienes va dirigido este pasaje, que pueden ver toda clase de milagros, incluso la resurrección de un muerto, pero que ni siquiera así serían capaces de convencerse. Porque no pasan por la conversión que vincula y restablece vínculos de fraternidad y dignidad humanas.

También a nosotros, los lectores y oyentes de este texto, se nos invita a tener un espíritu atento y moldeable a lo que dicen los profetas y Moisés. Pero la posibilidad de esta hermenéutica y transformación intelectual y espiritual radica en la práctica de vínculos de cuidado y de solidaridad. Si no nos convertimos leyendo los textos sagrados, tampoco nos convenceremos, aunque abunden los signos.

También para nosotros la misericordia comunicativa es esencial si no queremos caer en la distancia brutal que nos vuelve inhumanos.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

La indiferencia como defensa

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en La indiferencia como defensa

Compasión.2-234x300Domingo XXVI del Tiempo Ordinario
29 septiembre 2019
Lc 16, 19-31

“Ojos que no ven, corazón que no siente”, afirma con perspicacia el refrán popular. La indiferencia consiste justamente en eso: en no querer ver, como una forma de blindarse frente a aquello que podría amenazar nuestra zona de confort, los intereses y expectativas de nuestro ego.

          La indiferencia, por tanto, es lo opuesto a la compasión, en cuanto capacidad de sentir y vibrar con el otro, particularmente en su dimensión de necesidad y vulnerabilidad. La compasión –en el sentido etimológico del término griego que aparece en el texto evangélico: “splagchnizomai”– nos remueve en las entrañas, nos ablanda y nos mueve a actuar en beneficio de la persona; la indiferencia nos ciega y endurece, nos paraliza y nos encierra.

          Si tenemos en cuenta que la compasión constituye uno –si no el primero– de los ejes centrales del evangelio de Jesús, no es extraño que la indiferencia –junto con la hipocresía (mentira) de quienes se consideraban superiores a los demás o utilizaban la religión en beneficio propio (el fariseo, como arquetipo)– sea la actitud denunciada con más dureza.

          En esa denuncia se inscribe precisamente la parábola que estamos comentando, junto con otras dos bien conocidas: la que denuncia la indiferencia del sacerdote y del levita que no auxiliaron al hombre malherido (Lc 10, 25-37) y la del “juicio universal” que deja al descubierto a quienes no supieron ver al Señor en quien tenía hambre, estaba desnudo, enfermo o preso (Mt 25, 31-46).

          La parábola rezuma sabiduría por los cuatro costados, mostrando con precisión lo que es la indiferencia. En ningún momento se dice que el “hombre rico” –innominado, es decir, es alguien que “no existe”– agrediera o cometiera algún acto positivo contra Lázaro –el pobre existe, tiene un nombre que significa: “Dios ayuda”–; simplemente no lo vio.

          La indiferencia produce un “abismo inmenso”. En lugar de ver al otro como no-separado de mí –“carne de mi carne”, como dice el mito de la creación (Gen 2,23); “no te cierres a tu propia carne”, clamaba el profeta Isaías (58,7)–, la indiferencia lo ignora por completo, creando una separación tan abismal como errónea.

¿Qué signos de indiferencia percibo en mí?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Lázaro es calladamente pobre, no dice ni palabra. Al rico se le llena «la boca de cantares»

domingo, 29 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Lázaro es calladamente pobre, no dice ni palabra. Al rico se le llena «la boca de cantares»

031617-Lc-16-19-31Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Una aclaración previa: Jesús riqueza y sexualidad.

En continuidad con el tema del domingo pasado, también hoy se nos plantea la cuestión de la riqueza, el dinero y la miseria humanas.

Jesús habló -predicó y vivió- pobremente. Jesús no fue rico ni amó la riqueza. Jesús fue pobre: nació en un establo, no tuvo dónde reclinar su cabeza y murió como un marginado, fuera de la ciudad. Al mismo tiempo, las palabras-predicación de Jesús sobre la riqueza-pobreza fueron abundantes y enérgicas. ¡Ay de vosotros los ricos! ¡No podéis servir a Dios y al dinero! El joven rico no siguió a Jesús no porque fuese malo, sino porque era rico: una cosa te falta, vende lo que tienes y dalo a los pobres, luego sígueme. ¡Qué difícil es que un rico entre en el Reino de los cielos! Jesús elogia y propone con “hoja de ruta cristiana”: Bienaventurados los pobres.

Por contraposición, las palabras de Jesús sobre la sexualidad son muy escasas y todas comprensivas: De Magdalena se dice que salieron siete demonios (o lo que fuere, la mujer adúltera: Yo no te condeno, y poco más

Sin embargo en la moral legalista en la que hemos sido educados y a la que se quiere volver, ocurre exactamente al revés. Conforme a esa moral de Derecho Canónico todo lo sexual es pecado y se solía decir que pecado grave. Sin embargo en los asuntos de dinero, apenas había unos criterios de moralidad económico-cristiana.

Dicho de otro modo más sencillo y familiar. En la moral católica recibida se puede ser rico, pero no se puede ser divorciado, o todo lo sexual es pecado…

  1. Lo que no quiere decir esta parábola.
  • o Esta parábola no es una descripción de cómo se desarrollará la vida después de la muerte. Es una parábola, no una topografía de ningún lugar.
  • o Tampoco es una promesa a los pobres de un final feliz en compensación por lo mal que lo han pasado antes en esta vida. No es una invitación a la resignación de los pobres en beneficio del status quo de los ricos.
  • o Tampoco se trata de una “escatología tarifada”: ¿Cuánto dinero me está permitido tener y almacenar de modo que Dios no me pueda echar nada en cara al final de los tiempos?
  1. No perdamos de vista la misericordia de Dios.

En la vida nos salvamos no por nuestros méritos, por lo bien que hemos cumplido con la normativa eclesiástica. Nos salvamos por JesuCristo y porque para Dios no hay nada imposible.

  1. Algunos significados de esta parábola. Breves notas
  • o Esta parábola es la reafirmación dicha poco antes en el evangelio de San Lucas (Lc 16.9.13): El dinero hace perder la cabeza al ser humano, nos vuelve locos. El dinero rompe toda posibilidad de comunicación con Dios e impide una solidaridad y convivencia en paz entre los hombres y pueblos. Los ricos son los que impiden que los barcos de rescate: “open arms”, “aita Mari”, etc. lleguen a los puertos con los migrantes: sea Salvini, otros estados europeos, Trump o quien fuere.
  • o En el dinero pretendemos hallar seguridad: tengo que ahorrar por si me sobreviene una enfermedad, que no me falte en la ancianidad, hay que dejar alguna herencia a los hijos, etc. En el dinero buscamos la seguridad porque no confiamos en Dios y en los demás
  • o El dinero es el que crea los abismos (hades) y los sufrimientos, las diferencias de clases sociales, las miserias humanas, las llagas y la tristeza
  • o San Lucas es muy sutil y dice que solamente los perros se compadecían de Lázaro. Los dueños, no; son los perros los que se compadecen y alivian el dolor de Lázaro lamiéndole las llagas. (Perro, en el mundo bíblico significaba extranjero-pagano. Los judíos, los religiosos no tenían misericordia. Son los paganos: los samaritanos, etc., quienes tienen compasión y sienten misericordia).
  1. Los que “montan la película” son los “religiosos”, no los que sufren, ni los cristianos.
  • o Llama poderosamente la atención en esta parábola que ni Dios, ni Jesús ni Lázaro dicen ni palabra. Por ello, “me da” que todo el tinglado del infierno, la condenación, el fuego, la gota de agua, “te pido que”, etc. lo montan los “judíos”, es decir: los “hombres religiosos” de turno.
  • o El pobre Lázaro está medio muerto, dormitando en cualquier cajero automático, enfermo, lleno de llagas y moscas, como los niños africanos que vemos en el telediario… Pero Lázaro, el pobre hombre, no dice nada, se calla.
  • o Extrañamente el rico se dirige no a Dios Padre, ni a Lázaro, ni a Jesús (como el buen ladrón), sino a Abrahán. El rico, incluso en el “más allá”, no siente misericordia, no se acerca a Dios Padre, como el hijo pródigo,. El rico epulón busca una especie de “tráfico de influencias”·y apela a Abrahán, el padre de Israel, personaje más que importante. Como Abrán es importante “me podrá echar una mano”.
  • o Los infiernos, los purgatorios y las diferencias abismales (abismos) están en este mundo, En el “otro mundo”, las cosas serán muy de otra manera y para todos, gracias a Dios.
  • o Y “en el más allá” no parece que las cosas vayan tampoco por el lado del poder y las influencias. Cuando estamos cegados por el dinero “no nos enteramos” ni con Abrahán, ni con Moisés, ni aunque resucite un muerto.
  • o Dios, que se supone está en el cielo, tampoco dice nada en la parábola, ni tan siquiera se le menciona. Dios no hace discursos, Dios hace, Dios salva callada y discretamente.
  1. Dios no ha creado el infierno (el abismo: sheol) “ni aquí ni allá”.
  • o Dios no ha creado dos estaciones “Termini” para la vida humana: si haces esto o lo otro, terminarás en el cielo; si “comes de la manzana” terminarás en “la caldera de pedro botero”. El infierno no es obra ni cosa de Dios. En el Génesis no aparece la creación del infierno, ni en el Credo decimos: “Creo en el infierno”. Dios sufre cuando nos ve cómo andamos a veces por la vida.
  • o Dios solamente quiere la vida y la salvación para los suyos, que somos toda la humanidad. El Dios de Jesús es un Dios de la vida, de la misericordia y quiere que todos nos salvemos, sea lo que fuere la salvación: el encuentro universal o la visio beatifica. No hay más que una historia y esta es de salvación.
  • o No hay más que un Padre que aguarda que volvamos, que lleguemos los hijos a casa.
  1. El problema está en la libertad humana.

         La parábola se inserta en el contexto del pensamiento y actitud de Jesús ante el dinero. No podéis servir a Dios y al dinero, (Lc 16,13), que leíamos el domingo pasado. Jesús piensa, vive y predica que el dinero no es bueno y no es bueno porque no realiza, no construye personas. Bienaventurados los pobres en Mateo, y ¡ay de vosotros los ricos! en Lucas. La riqueza despista mucho en la vida.

  • o La riqueza no salva, y cuando nuestras opciones (libertad) hacen presa en el dinero o en otras realidades, (la dichosa manzana), podemos hacer y hacernos daño, nos podemos equivocar de medio en medio.
  • o Y ahí está el problema. El hijo mayor de la parábola no quería entrar en la fiesta. Si uno no quiere entrar en la fiesta universal, ¿qué se puede hacer?
  • o Pero también cabe preguntarse si una libertad limitada y pobre, dañada, como todo lo humano, una libertad así, ¿puede optar por el mal absoluto? ¿podemos ofender tan brutalmente a Dios?

O dicho de un modo más amable, un poco infantil si se quiere, pero no lleno de verdad: un niño de dos años ¿puede ofender a su ama, a su aitona? Y nosotros ¿qué somos para Dios?

  1. Valles de tinieblas atrios de verdes praderas del Reino
  • o ¿Qué pasa y cómo cuando atravesamos las cañadas oscuras de la vida y de la muerte? No lo sabemos, pero creemos (fe) que en ese tránsito que es la muerte, Jesús (el crucificado) nos acompaña como a hijos pródigos y el Padre nos abraza.

Dios tiene en su infinita misericordia “los medios que fueren” para que ese encuentro sea un crisol donde

Lava quod est sordidum,               Limpia lo que está sucio

Riga quod est aridum,                   riega la aridez de nuestra vida

Sana quod est saucium.                 Sana lo herido

Dios con su infinita bondad puede “tocar” nuestro corazón y “sellar” los abismos e infiernos creados en esta vida: puede ayudarnos a allanar las profundidades de dolor, de malos tratos, de racismos, guerras, pobreza y miserias.

  • o Incluso entre el mal uso de la libertad y el final del ser humano y de la humanidad media siempre la misericordia de Dios, y ello es motivo de esperanza y fuente de paz.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

“No sólo crisis económica”. 25 Tiempo ordinario – C (Lucas 16, 1-13)

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en “No sólo crisis económica”. 25 Tiempo ordinario – C (Lucas 16, 1-13)

25-TO-C-600x399«No podéis servir a Dios y al dinero». Estas palabras de Jesús no pueden ser olvidadas en estos momentos por quienes nos sentimos sus seguidores, pues encierran la advertencia más grave que ha dejado Jesús a la Humanidad. El dinero, convertido en ídolo absoluto, es el gran enemigo para construir ese mundo más justo y fraterno, querido por Dios.

Desgraciadamente, la riqueza se ha convertido en nuestro mundo globalizado en un ídolo de inmenso poder que, para subsistir, exige cada vez más víctimas y deshumaniza y empobrece cada vez más la historia humana. En estos momentos nos encontramos atrapados por una crisis generada en gran parte por el ansia de acumular.

Prácticamente, todo se organiza, se mueve y dinamiza desde esa lógica: buscar más productividad, más consumo, más bienestar, más energía, más poder sobre los demás. Esta lógica es imperialista. Si no la detenemos, puede poner en peligro al ser humano y al mismo Planeta.

Tal vez, lo primero es tomar conciencia de lo que está pasando. Esta no es solo una crisis económica. Es una crisis social y humana. En estos momentos tenemos ya datos suficientes en nuestro entorno y en el horizonte del mundo para percibir el drama humano en el que vivimos inmersos.

Cada vez es más patente ver que un sistema que conduce a una minoría de ricos a acumular cada vez más poder, abandonando en el hambre y la miseria a millones de seres humanos, es una insensatez insoportable. Inútil mirar a otra parte.

Ya ni las sociedades más progresistas son capaces de asegurar un trabajo digno a millones de ciudadanos. ¿Qué progreso es este que, lanzándonos a todos hacia el bienestar, deja a tantas familias sin recursos para vivir con dignidad?

La crisis está arruinando el sistema democrático. Presionados por las exigencias del Dinero, los gobernantes no pueden atender a las verdaderas necesidades de sus pueblos. ¿Qué es la política si ya no está al servicio del bien común?

La disminución de los gastos sociales en los diversos campos y la privatización interesada e indigna de servicios públicos como la sanidad seguirán golpeando a los más indefensos generando cada vez más exclusión, desigualdad vergonzosa y fractura social.

Los seguidores de Jesús no podemos vivir encerrados en una religión aislada de este drama humano. Las comunidades cristianas deben ser en estos momentos un espacio de concienciación, discernimiento y compromiso. Nos hemos de ayudar a vivir con lucidez y responsabilidad. La crisis nos ha de hacer más humanos y más cristianos.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“No podéis servir a Dios y al dinero”. Domingo 22 de septiembre de 2019. 25º Ordinario

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en “No podéis servir a Dios y al dinero”. Domingo 22 de septiembre de 2019. 25º Ordinario

50-ordinarioc25-cerezoLeído en Koinonia:

Amós 8, 4-7: Contra los que “compran por dinero al pobre”.
Salmo responsorial: 112: Alabad al Señor, que alza al pobre.
1Timoteo 2, 1-8: Que se hagan oraciones por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven.
Lucas 16, 1-13: No podéis servir a Dios y al dinero.

El profeta Amós nos ubica en el contexto de la cuarta visión y su interpretación, que va contra los defraudadores y explotadores. El profeta, en todo su libro, nos presenta cinco visiones sobre el destino del pueblo de Israel (7,1 – 9,10). El mensaje de Amós estaba dirigido principalmente al reino del norte, Israel, pero también menciona a Judá (el reino del sur) y a las naciones vecinas de Israel (sus enemigas): Siria, Filistea, Tiro, Edom, Amón, Moab. La razón del juicio: la codicia de los ricos. Amós grita y denuncia: Escuchen esto los que pisotean al pobre y quieren arruinar a los humildes de la tierra (v. 4). El profeta, al hacer sus juicios y lanzar sus amenazas, da los motivos y hace las denuncias por las cuales serán castigados y corregidos. Denuncias contra las casas ostentosas, fruto de la opresión a los pobres y débiles. Y esto por no cumplir con la justicia en el trabajo y en el comercio. Engañan y roban en las balanzas fraudulentas, en los precios y salarios. También hay juicios contra un culto exterior que quiere encubrir toda esa injusticia con sacrificios, ofrendas y cantos, que así no son gratos a Dios. Al tema del fraude, tan presente en esta cuarta visión, le sigue el juramento divino y el castigo

En el siglo XXI, esta invectiva profética de Amós contra la explotación humana necesitamos ampliarla a la explotación de la naturaleza. Hace casi 3000 años, metidos ya como estaban en plena época de la agricultura y de la explotación de la tierra, y una vez que, a partir del IVº-Vº milenios, tras la invasiones indoeuropeas, ya la divinidad había sido separada de la naturaleza (desacralización de la Pachamama), no podían percibir la perspectiva ecológica. Casi sólo prestaron oídos a la explotación interhumana. También es verdad que entonces no se escuchaba tan fuerte como hoy «el grito de la Tierra», los síntomas de la crisis ecológica, y se pensaba que el grito sólo era de los pobres… Hoy necesitamos ampliar esa queja profética; queremos abarcar en ella no sólo la explotación de los pobres, sino también la explotación de la naturaleza, las selvas mutiladas, los bosques calcinados, los ríos contaminados, las montañas horadadas, los animales acorralados en su hábitat invadido, la Pachamama profanada… No es una ampliación indebida; prolonga simplemente los mismos argumentos de justicia y de utopía del profeta. Hoy Amós se sumaría al reconocimiento del grito de la Tierra, desde su misma conciencia profética.

Pablo exhorta a que se ore por todo el mundo y de manera especial por los encargados de dirigir política y religiosamente al pueblo, porque la intención de Dios es salvar a todo el ser humano, y que estos lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Esa verdad se nos fue revelada por su Hijo Jesús, donde Él mismo se presentó como el Camino, la Verdad y la Vida. Es la verdad que nos hará libre. Pablo coloca a Jesús como el único mediador entre Dios y el ser humano: porque hay un solo Dios y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. Es la universalidad de Cristo en el acontecimiento salvífico de la humanidad, que con su muerte se entregó a sí mismo como rescate por todos.

Esta parábola –no siempre bien interpretada– va dirigida a los fariseos que son amigos del dinero, su verdadero Dios. Representa, como tantas otras, un caso extremo: un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo y que necesita actuar urgentemente para garantizarse el futuro, antes de quedarse sin empleo. Para ello plantea una estrategia. Acusado de derrochar los bienes de su amo (16,1), causa por la que se va a quedar sin trabajo, decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la comisión que le pertenece como administrador. Es sabido que los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión, sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo con frecuencia intereses desorbitados a los acreedores. La actuación de administrador debe entenderse así: el que debía cien barriles de aceite había recibido prestados cincuenta nada más, los otros cincuenta eran la comisión correspondiente a la que el administrador renuncia con tal de granjearse amigos para el futuro. Renunciando a su comisión, el administrador no lesiona en nada los intereses de su amo. De ahí que el amo lo felicite por saber garantizarse el futuro dando el “injusto dinero” a sus acreedores.

El amo alaba la estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero, pues, en cuanto acumulado, procede de injusticia o lleva a ella.

Para Lucas, todo dinero es injusto. Ahora bien: si uno lo usa –desprendiéndose de él– para “ganarse amigos”, hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en términos humanos cristianos. El injusto dinero, como encarnación de la escala de valores de la sociedad civil, sirve de piedra de toque para ensayar la disponibilidad del discípulo a poner al servicio de los demás lo que de hecho no es suyo, sino que se lo ha apropiado en detrimento de los desposeídos y marginados.

El “injusto dinero” es calificado en la conclusión de la parábola como “lo de nada” y “lo ajeno”, en cuanto opuesto a “lo que vale de veras, lo importante, lo vuestro”. Y “lo que vale de veras” no es el don del dinero, sino el del Espíritu de Dios que comunica vida a los suyos (“cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu Santo a los que se lo piden”, cf. Lc 11,13). Eso sí, para recibir el Espíritu (que es comunicación de la vida de Dios que potencia al hombre) se requiere el desprendimiento y la generosidad hacia los demás (11,34-36).

La parábola termina con esta frase lapidaria: “No pueden servir a Dios y al dinero”. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia al dinero. El amor al dinero es una idolatría. Hay que optar entre dos señores: no hay término medio. El campo de entrenamiento de esta opción es el mundo, la sociedad, donde los discípulos de Jesús tienen que compartir lo que poseen con los que no lo tienen, con los oprimidos y desposeídos, los desheredados de la tierra.

El afán de dinero es la frontera que divide el mundo en dos; es la barrera que nos separa de los otros y hace que el mundo esté organizado en clases antagónicas: ricos y pobres, opresores y oprimidos; el ansia de dinero es el enemigo número uno que imposibilita que el mundo sea una familia unida donde todos se sienten a la mesa de la vida. Por eso el discípulo, para garantizarse el futuro, debe estar dispuesto en el presente a renunciar al dinero que lleva a la injusticia y hace imposible la fraternidad. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dom 25 ciclo C. 22. IX. 2019. «Y felicitó el Señor al administrador corrupto…» (Lc 16, 1-13)

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Dom 25 ciclo C. 22. IX. 2019. «Y felicitó el Señor al administrador corrupto…» (Lc 16, 1-13)

Administrador-astuto2Del blog de Xabier Pikaza:

Millones de veces han protestado oyentes y lectores  de la Biblia ante este  pasaje de Jesús: Y el amo, dueño de la inmensa hacienda, felicitó al administrador injusto porque, en la última noche de su administración, falsificó las cuentas,  al servicio de sus «amigos».

Este pasaje (Lc 16, 1-13 condensa el programa económico de Jesús según el evangelio de Lucas. Consta de tres partes:

  1. Parábola enigmática (Lc 16, 1-7):  Un «administrador corrupto» utiliza el dinero del dueño para sobornar a unos «amigos»,completando así el círculo de su corrupción económico-social.
  2. Reflexiones «teológicas»  y desenfadadas sobre la corrupción  (16, 8-12),  que concluyen en un programa general de inversión de la corrupción: Se trata de poner el dinero «injusto» al servicio de la fraternidad universal: El dinero está para ganar amigos (=para que los hombres sean todos amigos).
  3. Sentencia fundamental (16, 13), con la oposición, ya conocida, entre Dios y Mamó: No podéis servir a Dios y al dinero.

Éste es uno de los textos más elaborados y complejos no sólo de Lucas, sino de todo el NT… Un texto que  lleva en sí las huellas de una transmisión compleja y abierta del tema radical de la riqueza y la amistad según el evangelio de Jesús.

20190110-Dios-o-el-dinero-mockup-final.1jpgHe dedicado al tema un capítulo central de mi libro  No podéis servir a Dios y al dinero. Teología y economía. Nadie como  el Evangelista Lucas ha reflexionado sobre el tema. Su reflexión, hiriente, desenfadada, llena de sorpresas ofrece todo un programa de transformación social, pasando de un régimen general de corrupción (todo es Mammón) a un camino e ideal de fraternidad: No podéis servir a Dios y a Mammón…Lo que importa es que ganéis (seáis) amigos, desde el servicio y solidaridad con los pobres.

 Enigmática parábola (Lc 16, 1-7)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.» El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. » Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi amo?» Éste respondió: «Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo.» Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe ochenta (Lc 16, 1-7)[1].

           Normalmente se piensa que el rico es Dios, pero el texto le presenta sólo como dueño de una gran hacienda, con un administrador a su servicio. Normalmente tendemos a pensar que era justo y tenía razón, pues su riqueza era buena, de manera que tenía derecho a mantener asegurado su capital. Pero, el contexto de Lucas (con la parábola siguiente de Epulón y Lázaro: Lc 16, 19-31), puede hacernos pensar que es, más bien, injusto, digno de reprobación, porque no pone su riqueza al servicio de los lázaros hambrientos:

‒ Un hombre rico tenía un administrador al que denunciaron… No sabemos si la denuncia se funda en hechos reales o falsos, pues el acusado podía tener enemigos, que le envidiaban y querían quitarle su puesto. No sabemos, pues, si era corrupto o si ha empezado a portarse así (de un modo astuto) cuando sabe que su amo va a expulsarle, y él cambia la documentación mercantil de la empresa, a favor de los deudores del amo, para que le ayuden cuando caiga en desgracia.

La parábola nos pone ante un caso normal de corrupción, tanto en los tiempos antiguos como en los modernos, con un hombre a quien el mismo dueño de la empresa alaba por su sabiduría, por la forma en que le engaña, para asegurar de esa manera su futuro. Pero Jesús no alaba la “moral”, sino la astucia, del administrador, por la forma en que resuelve para su provecho una situación de crisis, poniéndole como ejemplo paradójico de una manera muy distinta de portarse ante los valores de la vida.

            Este administrador utiliza a su favor las normas del sistema, que posiblemente son también injustas, de manera que podríamos preguntarnos: ¿Quién es más corrupto, el dueño del negocio, que quizá está robando desde el principio, o su administrador sagaz que le roba al fin?  Sea como fuere, el tema no es que el administrador sea justo o injusto, sino que haya logrado romper (rasgar, superar) un sistema de dinero cerrado en sí mismo, de manera que pueda sirvir para crear redes de solidaridad entre los deudores del amo. Dentro de su espacio de trabajo “legal”, como dependiente (criado) del sistema, en el último momento en que ejerce su cargo, el administrador (a quien el amo elogiará) utiliza el dinero injusto para crear espacios de ayuda subversiva (a su servicio), poniendo sus propios intereses y los de los acreedores de su amor encima de los intereses del capital acumulado[2].

 Felicitación, aplicación y reflexión (Lc 16, 8-12)

Felicitación. “Y felicitó el dueño al administrador  corrupto…»(injusto, de injusticia: tês adikias), porque había actuado de un modo astuto (inteligente) porque los hijos de este siglo son más astutos que los hijos de la luz para sus cosas” (Lc 16, 8). De esa forma reconoce y ensalza la astucia de su administrador (sin decir si lo que ha hecho es bueno o malo), pues esa astucia le capacitaba para resolver a su favor problemas de este mundo.

imagesEl señor no se hace ilusiones, pues sabe que el administrador podía engañarle y le ha engañado. A pesar de eso, o quizá por eso mismo, él no ha creado un sistema “blindado” de seguridad económica (¡para que no puedan robarle jamás!), porque sabe bien que allí donde hay tesoros habrá ladrones (cf. Lc 12, 34: Mt 6, 19), y donde hay formas de riqueza injusta (como la suya) surgirán “corruptos” como este administrador, que le está robando/engañando al servicio de sí mismo (o de otros). Por más astuta e inteligente que sea la ley del señor, siempre podrá haber administradores que le engañen, y que lo hagan con más inteligencia.

Aplicación. “Y yo os digo: Ganaos amigos con el Mammón (dinero) de injusticia, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas” (Lc 16, 9). Esta sentencia nos hace subir de nivel. Aquí no estamos ya ante la palabra del dueño engañado, como en el caso anterior, sino que quien habla es el mismo Jesús, que nos invita a situarnos en un nivel de Reino, enseñándonos a engañar al sistema económico (a superar su malicia), para poner su riqueza (bienes), es decir, el dinero que antes teníamos (Mamôna tês adikias, de injusticia) al servicio de las personas concretas, que son lo que importa, para crear con el mismo dinero malo, una fraternidad de amigos fieles.

En ese sentido, Jesús quiere que, ante los ojos de este mundo, ante el dinero injusto, seamos administradores injustos, para que así podamos volvernos justos en un plano más alto. Es decir, él quiere que, formando parte del sistema económico, no estemos servicio del sistema, sino que le engañemos (que busquemos su mal), para así destruirlo (=superarlo), creando un orden económico al servicio de los hombres concretos (=de los pobres), en la línea de Jn 15, 19-21: “Estáis en el mundo, pero no sois del mundo…”.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

La ventaja de robarle a Dios

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en La ventaja de robarle a Dios

27940442853_0d00789dc1_oDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Jesús cerró el periódico y miró al grupo:

‒ Voy a contaros una historia. Un partido político tenía un administrador que aprovechaba las donaciones para aumentar su cuenta personal en Suiza. Enterado de que sospechaban de su gestión, se dijo: “Me van a echar del partido, incluso es posible que me denuncien. En la oposición no me darán trabajo, los bancos tampoco. ¿Qué puedo hacer? Iré anotando en una libreta todos los datos que puedan inculpar a los jefes del partido, amenazaré con publicarlos en la prensa, y ante el miedo de que se conozcan me dejarán tranquilo. Luego me iré a una isla del Caribe a disfrutar el resto de mi vida.

Se les quedó mirando y les preguntó.

‒ ¿Qué os parece ese administrador?

‒ Que es un…

Pedro se cortó a tiempo, pero era claro lo que seguía.

‒ Depende del partido al que robase ‒ comentó irónico Bartolomé.

‒ Eso lo hacen casi todos ‒ opinó Tomás.

‒ ¿Alguien está a favor del administrador?

Ninguno parecía de acuerdo y Jesús continuó.

‒ Voy a contaros ahora otra historia, pero esta vez de un terrateniente.

Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: «¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.» El administrador se puso a echar sus cálculos: «¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.» Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi amo?» Éste respondió: «Cien barriles de aceite.» Él le dijo: «Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?» Él contestó: «Cien fanegas de trigo.» Le dijo: «Aquí está tu recibo, escribe ochenta.»

Jesús hizo una pausa y les preguntó:

‒ ¿Sabéis cuál fue la reacción del terrateniente?

‒ Lo denunció para que lo metieran en la cárcel. Los ricos son unos…

‒ Te equivocas, Felipe. Alabó lo astuto que había sido.

Felipe lo miró incrédulo.

‒ ¿Y a ti te parece bien?

‒ Me parece estupendamente. Es un ejemplo para todos.

Pedro se rascó la cabeza y comentó escéptico.

‒ ¿Quieres que nos dediquemos a robar?

‒ Quiero que os dediquéis a utilizar el dinero con astucia. ¿Por qué hizo el administrador esas trampas? ¿Qué pretendía?

‒ Encontrar trabajo cuando lo echaran ‒ sugirió Sara.

‒ Algo parecido ‒ respondió Jesús‒. Cuando os conté la historia usé una expresión distinta: lo que quiere es que alguien me reciba en su casa. ¿Os dais cuenta de por dónde voy?

‒ No.

Jesús suspiró hondo. No acababa de acostumbrarse a la poca inteligencia de sus discípulos.

‒ Vosotros sois como el administrador. Más pronto o más tarde, tendréis que dar cuenta de cómo habéis administrado el dinero.

‒ El dinero, no. Nuestro dinero ‒ se atrevió a corregir Leví.

‒ Vuestro dinero, no. El dinero de Dios. Todo lo que tenemos es de Dios, y nos lo confía para que lo administremos. Podemos derrocharlo alegremente, y nos pedirá cuentas por ello. Y podemos darlo a otros, como el administrador del terrateniente, y nos ganaremos amigos que nos paguen un viaje al Caribe.

‒ El Caribe es el cielo, ¿verdad? ‒ bromeó María.

‒ Efectivamente. Y para pagar ese viaje no se puede ahorrar. Al contrario, hay que gastarse el dinero entregándolo al que lo necesita.

‒ Yo prefiero pagarme el viaje por mi cuenta.

‒ Imposible. Son otros los que tienen que pagar por ti.

‒ Lo que yo no entiendo ‒cortó Felipe‒ es eso de que el dinero no es mío. La panadería le costó a mi padre muchos años de trabajo y sacrificio.

‒ La panadería de tu padre, la furgoneta de Judas, todo, son cosas pequeñas, sin valor. Lo verdaderamente valioso es disfrutar de una habitación en el hotel del Caribe. Pero si no administras bien los bienes que te encomiendan en esta vida, no se fiarán de ti, y no te permitirán entrar en el hotel.

Pedro se acarició la barba.

‒ Muy complicado todo eso, maestro.

‒ ¿Es que no lo entiendes, o que no quieres entenderlo?

La ironía de la parábola

La segunda de las dos parábolas anteriores, en azul, que reproduce literalmente el texto del evangelio de Lucas, escandaliza a mucha gente porque Jesús termina alabando al administrador sinvergüenza. Pero las dificultades para entenderla parten de otros presupuestos en los que se basa Jesús, y que van en contra de nuestra forma de ver:

  1. Nosotros no somos propietarios sino administradores. Todo lo que poseemos, por herencia o por el fruto de nuestro trabajo, no es propiedad personal sino algo que Dios nos entrega para que lo usemos rectamente.
  2. Esos bienes materiales, por grandes y maravillosos que parezcan, son nada en comparación con el bien supremo de “ser recibido en las moradas eternas” (el hotel del Caribe).
  3. Para conseguir ese bien supremo, lo mejor no es aumentar el capital recibido sino dilapidarlo en beneficio de los necesitados.

La ironía de la parábola radica en decirnos: cuando das dinero al que lo necesita, tú crees que estás desprendiéndote de algo que es tuyo. En realidad, le estás robando a Dios su dinero para ganarte un amigo que interceda por ti en el momento decisivo.

La idolatría del dinero

El evangelio de este domingo termina con unas palabras muy famosas:

Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Jesús no parte de la experiencia del pluriempleo, donde a una persona le puede ir bien en dos empresas distintas, sino de la experiencia del que sirve a dos amos con pretensiones y actitudes radicalmente opuestas. Es imposible encontrarse a gusto con los dos. Y eso es lo que ocurre entre Dios y el dinero.

Estas palabras de Jesús se insertan en la línea de la lucha contra la idolatría y defensa del primer mandamiento («no tendrás otros dioses frente a mí»). El AT es en gran parte una condena de los dioses paganos y de los ídolos, que aparecían como rivales del único Dios verdadero. Al principio, los israelitas pensaban que los únicos rivales de Dios eran los dioses de los pueblos vecinos (Baal, Astarté, Marduk, etc.). Pero los profetas les hicieron caer en la cuenta de que los rivales de Dios pueden darse en cualquier terreno, incluido el económico. Para Jesús, la riqueza puede convertirse en un dios al que damos culto y nos hace caer en la idolatría.

Naturalmente, ninguno de nosotros acude a un banco o una caja de ahorros a rezarle al dios del dinero, ni hace novenas a los banqueros. Pero, en el fondo, podemos estar cayendo en la idola­tría del dinero. Según el Antiguo y el Nuevo Testamentos, al dinero se le da culto de tres formas:

1) mediante la injusticia directa (robo, fraude, asesinato, para tener más). El dinero se convierte en el bien absoluto, por encima de Dios, del prójimo, y de uno mismo. Este tema lo encontramos en la primera lectura, tomada del profeta Amós.

2) mediante la injusticia indirecta, el egoísmo, que no hace daño directo al prójimo, pero hace que nos despreocupemos de sus necesidades. El ejemplo clásico es la parábola del rico y Lázaro, que leeremos el próximo domingo.

3) mediante el agobio por los bienes de este mundo, que nos hacen perder la fe en la Providencia.

Unos casos de injusticia directa: Amós 8, 4-7

Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo:
«¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.

Amós, profeta judío del siglo VIII a.C. criticó duramente las injusticias sociales de su época. Aquí condena a los comerciantes que explotan a la gente más humilde. Les acusa de tres cosas:

1) Aborrecen las fiestas religiosas (el sábado, equivalente a nuestro domingo, y la luna nueva, cada 28 días) porque les impiden abrir sus tiendas y comerciar. Es un ejemplo claro de que “no se puede servir a Dios y al dinero”.

2) Recurren a trampas para enriquecerse: disminuyen la medida (el kilo de 800 gr), aumentan el precio (el paso de la peseta al euro fue un ejemplo que pasará a la historia) y falsean la balanza.

3) El comercio humano, reflejado en la compra de esclavos, que se pueden conseguir a un precio ridículo, “por un par de sandalias”. Hoy se dan casos de auténtica esclavitud (como los chinos traídos para trabajar a escondidas en fábricas de sus compatriotas) y casos de esclavitud encubierta (invernaderos de Almería; salarios de miseria aprovechando la coyuntura económica, etc.).

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 22 septiembre, 2019

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 22 septiembre, 2019

F86C3B3C-B291-4D5A-9A9E-E5B59F45C1B3

 

Quien es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; quien no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.”

(Lc 16, 1-13) 

De buenas a primeras parece que Jesús hace una interesante “apología de la corrupción”. Como si nos invitara, como si nos abriera la puerta grande del engaño, la picaresca, la astucia y la doblez. Algunas traducciones dice literalmente: “Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”.

Visto así parece que el mensaje de Jesús es que “nos curemos en salud”, “que no pongamos toda la carne en el asador” o que “nos guardemos un as debajo de la manga”. Pero lo que hará el propio Jesús no tiene nada que ver con todo esto…

Esta otra traducción puede darnos otra perspectiva: “Haceos amigos con los bienes de este mundo. Así, cuando tengáis que dejarlos, os recibirán en las moradas eternas”. Aquí parece decirnos que pongamos nuestros bienes al servicio de los demás. Que no nos apeguemos tanto a las cosas y a las realidades que lucen como imprescindibles y nos vayamos despojando, poco a poco, y libremente. Porque una cosa es cierta: al morir no nos vamos a llevar nada material. Aquí se quedarán nuestras riquezas, nuestro dinero, todo lo que hayamos  acumulado.

Así tiene más sentido que a renglón seguido nos diga: “Quien es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; quien no es honrada en lo menudo, tampoco en lo importante es honrada.” Si no sabemos poner nuestros bienes pasajeros al servicio de las demás no estamos haciendo una buena inversión a los ojos del Reino. Según esta lógica quien pierde o fracasa a los ojos del mundo es quien gana el Reino.

Jesús se queda solo, desnudo y humillado hasta el último aliento en la tortura de la cruz. Y es ese condenado a muerte el que resucita glorioso, lleno de dignidad y VIDA.

¿Para qué atarnos a lo menudo?

Oración

Ven, Trinidad Santa,
y pon “patas arriba” nuestra lógica
para que se parezca a la de tu Reino.

Amén.

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Servir a Dios es siempre idolatría.

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Servir a Dios es siempre idolatría.

14704237977416Lc 16, 1-13

Comienza indicando que la parábola va dirigida a los discípulos; pero al final dice: “estaban oyendo esto los fariseos que son amantes del dinero”. Esta frase nos indica la falta de precisión a la hora de determinar los destinatarios de esta parábola y la del rico Epulón, que leeremos el domingo que viene. Debemos tener en cuenta que a las primeras comunidades cristianas solo pertenecieron pobres. Solamente a principios del s. II se empezaron a incorporar personas importantes de la sociedad. Si los evangelios se hubieran escrito en esa época se hubiera matizado más.

Jesús hablaba para que le entendiera la gente sencilla. Hay explicaciones demasiado rebuscadas. Por ejemplo: Que el administrador, cambiando los recibos, no defrauda al amo, sino que renuncia a su propia comisión. No parece verosímil que el administrador se embolsara el 50% de los recibos de su señor. Otra explicación demasiado alambicada es que el administrador hizo lo que tenía que hacer, es decir, ceder sus bienes a los que no pueden pagar su deuda. Por eso es alabado el administrador. En este caso perderían sentido las últimas palabras del relato.

Seguramente Lc ya modifica el relato original, añadiendo el adjetivo de “injusto”, tanto para el administrador, como para el dinero. Este añadido dificulta la interpretación de la parábola. En primer lugar porque no se entiende que se alabe al administrador injusto. En segundo lugar porque podemos devaluar el mensaje al pensar que se trata de desautorizar solo la riqueza conseguida injustamente. La riqueza injusta se descalifica por sí misma, no es el tema de la parábola. En el relato, se trata de la riqueza que, aunque sea “justa”, puede convertirse en dios.

Debemos evitar toda demagogia. Pero no podemos ignorar el mensaje evangélico. En este tema, ni siquiera la teoría está muy clara. Hoy, menos que nunca, podemos responder con recetas a las exigencias del evangelio. Cada uno tiene que encontrar la manera de actuar con sagacidad para conseguir el mayor beneficio, no para su falso yo sino para su verdadero ser. Si somos sinceros, descubriremos que en nuestra vida, confiamos demasiado en las cosas externas, y demasiado poco en lo que realmente somos. Con frecuencia, servimos al dinero y nos servimos de Dios.

“Los hijos de este mundo son más sagaces con su gente que los hijos de la luz”. Esta frase explica el sentido de la parábola. No nos invita a imitar la injusticia que el administrador está cometiendo, sino a utilizar la astucia y prontitud con que actúa. Él fue sagaz, porque supo aprovecharse materialmente de la situación. A nosotros se nos pide ser sabios para aprovecharnos en el orden espiritual. Hoy la diferencia no está entre los hijos del mundo y los hijos de la luz sino en la manera que todos los cristianos tenemos de tratar los asuntos mundanos y los asuntos religiosos.

No podéis servir a Dios y al dinero. No está bien traducido. El texto griego dice mamwna.  Mammón era un dios cananeo, el dios dinero. No se trata, pues, de la oposición entre Dios y un objeto material, sino de la incompatibilidad entre dos dioses. Servir al dinero significaría que toda mi existencia está orientada a los bienes materiales. Sería tener como objetivo buscar por encima de todo el placer sensorial y las seguridades que proporcionan las riquezas. Significaría que he puesto en el centro de mi vida el falso yo y buscar la potenciación y seguridades de ese yo.

Podemos dar un paso más. A Dios no le servimos para nada. Si algo dejó claro Jesús fue que Dios no quiere siervos sino personas libres. No se trata de doblegarse con sumisión externa a lo que mande desde fuera un señor poderoso. Se trata de ser fiel al creador, respondiendo a las exigencias de mi ser. Servir a un dios externo, que puede premiarme o castigarme, es idolatría y, en el fondo, egoísmo. Hoy podemos decir que no debemos servir a ningún “dios”. Al verdadero Dios solo se le puede servir sirviendo al hombre. Aquí está la originalidad del mensaje cristiano.

Es curioso que ni siquiera cuestionemos que lo que es legal puede no ser justo. El dinero es injusto, no solo por la manera de conseguirlo, sino por la manera de gastarlo. Las leyes que rigen la economía están hechas por los ricos para defender sus intereses. No pueden ser consideradas justas por parte de aquellos que están excluidos de los beneficios del progreso. Unas leyes económicas que potencian la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos, mientras grandes sectores de la población viven en la miseria, no podemos considerarla justa.

Lo que nos dice el evangelio es una cosa obvia. Nuestra vida no puede tener dos fines últimos, solo podemos tener un “fin último”. Todos los demás objetivos tienen que ser penúltimos, es decir, orientados al último (haceros amigos con el dinero injusto). No se trata de rechazar esos fines intermedios, sino de orientarlos todos a la última meta. La meta debe ser “Dios”. Entre comillas por lo que decíamos más arriba. La meta es la plenitud, que para el hombre solo puede estar en lo trascendente, en lo divino que hay en él.

“Ganaros amigos con el dinero injusto”. Es una invitación a poner todo lo que tenemos al servicio de lo que vale de veras. Utilizamos con sabiduría el dinero injusto cuando compartimos con el que pasa necesidad. Lo empleamos sagazmente, pero en contra nuestra, cuando acumulamos riquezas a costa de los demás. Nunca podremos actuar como dueños absolutos de lo que poseemos. Somos simples administradores. Hace poco tiempo oí a De Lapierre decir: Lo único que se conserva es lo que se da. Lo que no se da, se pierde.

El tema de las riquezas, planteado desde la pura renuncia, no tiene solución. La programación lleva siempre a posturas artificiales que no puede cambiar mi actitud fundamental. Si de verdad quieres ser rico no te afanes en aumentar tus bienes sino en disminuir tus necesidades. Con demasiada frecuencia compramos el dinero demasiado caro. Esto quiere decir que no seguimos el consejo del evangelio que nos invita a ser sagaces. Descubre que lo que ya tienes es tu mayor riqueza.

Meditación-contemplación

No podéis servir al Dios de Jesús y al dios dinero
Jesús no dice que no “debéis”, sino que no “podéis”
Lo que “tenemos” debemos subordinarlo a lo que “somos”.
Si he descubierto el “tesoro” escondido en lo hondo de mi ser,
el resto quedará iluminado por su brillo.

Fray Marcos

Fuente: Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Vago por naturaleza.

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Vago por naturaleza.

homer-duffNo, no diga eso; yo no desprecio a nadie, las prostitutas y los actores somos todos iguales (Película Adiós a mi concubina, dirigida por Chen Kaige)

22 de septiembre 2019. DOMINGO XXV DEL TO

Lc 16, 1-13

El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el amo me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, para pedir limosna me da vergüenza (v 3)

Mohandas K. Gandhi, llamado Mahatma, alma grande, por Rabindranath Tagore, hombre frágil y enjuto que encarnó durante medio siglo la santidad de la acción política a través de su doctrina de la no-violencia, logrando que los ingleses se retiraran de la India no como enemigos sino estrechándoles la mano. Su vida consistió en la búsqueda de la verdad y se vertió en compasión por los más pobres. “Mi mensaje es mi mensaje”, dijo en una ocasión”.

La familia Simpson fue concebida por Groening, con los protagonistas Homer Simpson, Marget, Lisa y Bart en dibujos animados. Si Homer hubiera conocido a nuestro vago, le hubiera regalado una Coca-Cola 0, para dormir la siesta. A Simpson, que también era atrevido, jamás se le cayó la cara de vergüenza por tener que pedir limosna.

En la película Adiós a mi concubina, dirigida por Chen Kaige, dice uno de los personajes: “No, no diga eso; yo no desprecio a nadie, las prostitutas y los actores somos todos iguales”, porque es evidente que, tanto para Dios como para Jesús, lázaros, zaqueos, prostitutas y publicanos, somos todos iguales.

 Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), un poeta, dramaturgo y periodista español, y gran figura del “costumbrismo” del siglo XIX, al que aportó varias parodias en las que criticaba a la clase media.

Este Soneto a la Pereza es perfecto en su estructura y con el bello final conque se cierra.

SONETO A LA PEREZA

¡Qué dulce es una cama regalada!
¡Qué necio, el que madruga con la aurora,
Aunque las musas digan que enamora
Oír cantar un ave la alborada!

¡Oh, qué lindo en poltrona dilatada
Reposar una hora y otra hora!
Comer, holgar… ¡qué vida encantadora!
Sin ser de nadie y sin pensar en nada!

¡Salve, oh Pereza! En tu macizo templo
Ya, tendido a la larga, me acomodo.
De tus graves alumnos el ejemplo

Arrastro, bostezando; y, de tal modo
Tu estúpida modorra a entrar empieza,
Que no acabo el soneto… de… pere… za.

Vicente Martínez

Fuente: Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Astutos en el uso del dinero.

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Astutos en el uso del dinero.

25-toc-ev1Lc 16, 1-13 – Amós 8, 4-7

El hecho de que Jesús considerara la astucia del administrador corrupto como una cualidad que echaba de menos en los hijos de la luz, produce cierta sensación de extrañeza.

El administrador era un genuino ladrón de guante blanco que cuando se vio descubierto ni se arrugó ni se vino abajo. Actuó pensando exclusivamente en él, procurando abrirse camino en el futuro inmediato para seguir haciendo más de lo mismo.

Pero Jesús reconoce la astucia de los hijos de este mundo utilizada para cometer delitos, engañar, robar o llevar una vida corrupta, y pone delante de quienes le siguen la necesidad de ser astutos para hacer el bien y luchar por la justicia.

Quiere que los hijos de la luz sean astutos en positivo: estén atentos, sean hábiles y permanezcan despiertos y activos para librar el complicado y sutil combate contra los mecanismos del Mal. En este caso, el que genera la ambición del dinero, que en este tiempo es una complicada ingeniería financiera muy difícil de comprender, salvo por los entendidos que la generan. Pero sí en los resultados que produce:

‘Pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo: ‘¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal –reduciendo el peso y aumentando el precios, y modificando las balanzas con engaños. Para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano”. Así de claro lo dice el profeta Amós (8,4-7) y vale igual para este momento de la historia de la humanidad.

Cuando el dinero se convierte en el dios al que adorar, el ser humano se deprecia: derechos humanos a la baja, educación, sanidad, vivienda… los mínimos para una vida digna caen en picado.

El dinero es importante pero es necesario pero también lo es poner señales de alerta antes de atravesar esa sutil frontera que lleva a la ambición, la codicia y la avaricia (me doy cuenta que estas palabras casi no se usan hoy día), hasta transformar a la persona en un ser que ya no sabe valorar lo que le pasa por dentro, lo ve normal, se siente distinto y distante del resto de la humanidad.

El dinero es una droga muy poderosa. Produce una ambición que no tiene límites. Es una espiral infinita: siempre más con la ansiedad de conseguir todo, despojando a quienes tiene menos o nada.

¿Por qué es tan poderoso el efecto de droga del dinero? Porque lo que yace en fondo de la persona es el deseo de Poder. ¿Y qué hay tras ese deseo? La ambición primera, la del inicio de los tiempos: ser como Dios.

Seamos astutos en el uso del dinero, también los que no sabemos de ingeniería financiera. La ambición vive dentro del ser humano y el miedo también. Y una cosa y otra se expanden por todos lados: personas, instituciones, empresas, organismos internacionales, gobiernos, y la propia Iglesia.

Además, en este tiempo con tantos medios de difusión, estamos expuestos a multitud de estímulos exteriores que nos dicen que la felicidad se encuentra en poseer cosas materiales que se consiguen con dinero… ¡Peligro y frustración!

Dice el Papa Francisco (*): “Animaos a no sucumbir a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad, que sólo toma en cuenta el beneficio inmediato en detrimento de la protección de los más pobres, de nuestro medio ambiente y sus recursos”. (Del discurso a las autoridades en el viaje a Islas Mauricio, 9 septiembre 2019)

Gracias, Jesús, por hablar claro, ayudarnos a abrir los ojos y espabilarnos esa insana ingenuidad psicológica que no nos deja ver.

Gracias, Jesús, por hablar del dinero. Es un tema que o se oculta sibilinamente, o se comunica de forma que nadie, de los de abajo, pueda entender.

Gracias, muchas gracias, por poner el tema encima de la mesa con pocas palabras y para la posteridad: “Ningún siervo puede servir a dos señores” (…) “No podéis servir a Dios y al dinero”. ¡Está claro… es incompatible!

Dios es Amor gratuito y el dinero lo quiere todo… hasta el alma.

 

Mari Paz López Santos

FEADULTA 22 septiembre 2019

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

La verdadera astucia

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en La verdadera astucia

Parábola del administrador astutoDomingo XXV del Tiempo Ordinario
22 septiembre 2019
Lc 16, 1-13

Parece que el autor del evangelio engarzó aquí diferentes dichos que, de un modo u otro, tienen en común el tema del dinero.

La parábola inicial, sin embargo, y a pesar de las apariencias, no pone el acento en él, sino en la “astucia” del administrador. El amo no lo felicita, obviamente, por el engaño que urdió en beneficio propio, sino por la astucia –es decir, la inteligencia– con la que actuó.

Y es ahí cuando la parábola da el salto de “los hijos de las tinieblas” a los “hijos de la luz”, tomando forma de denuncia o alerta: todos somos “astutos” para manejarnos en los asuntos del ego, en aquello que tiene que ver con sus intereses. ¿Aplicamos la misma inteligencia para aquello que tiene que ver con nuestra verdad profunda? No nos cuesta ver nuestro interés inmediato; ¿estamos así de atentos para vivir en coherencia con lo que realmente somos? En una palabra: ¿vivimos en las “tinieblas” o en la “luz”?

Vivimos en las “tinieblas” cuando nos perdemos en el mundo de las formas, reduciéndonos a él. Vivimos en la luz cuando nos abrimos a la comprensión que nos libera de la estrecha “jaula” mental y nos mantiene en conexión consciente con lo que somos.

Al hilo de la parábola, el texto concluye con una afirmación que no deja lugar a las “medias tintas”: “No podéis servir a Dios y al dinero”. O se vive en el engaño mental o en la luz de la comprensión.

¿Qué quiero vivir?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Es imposible amar a Dios y vivir conforme al dinero

domingo, 22 de septiembre de 2019
Comentarios desactivados en Es imposible amar a Dios y vivir conforme al dinero

índiceDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Hoy no soy capaz de hacer una homilía sobre el texto evangélico. Vamos a dejarlo en unos comentarios para pensar un poco las cosas. El texto ahí está para todos y todos podemos volver sobre él.

  1. Texto harto difícil.

Si hoy no me siento capaz de hacer una homilía es porque el texto del evangelio de hoy es realmente difícil, al menos se me hace arduo y delicado. Por otra parte -me parece- que no se ha dado una interpretación ni definitiva, ni tampoco excesivamente valiosa. Al menos no las he hallado.

         El tema de fondo de esta parábola de hoy parece ser el problema moral del dinero, la posesión y utilización del dinero, que a su vez tiene como transfondo un problema de fe: no podéis servir a Dios y al dinero. ¿En quién confío, en Dios o en el dinero?

  1. cuestiones no sencillas.

Hay unas cuantas realidades en la vida que, siendo buenas, hemos de gestionarlas con limpieza y honradez en la vida, porque de otro modo nos pueden arrastrar y hacernos daño a nosotros mismos o, también podemos hacer daño a los demás:

  • o La fuerza física, la potencia intelectual son capacidades valiosas, pero mejor “que no se nos vayan de las manos”, ni de la cabeza.
  • o La sexualidad y afectividad son dimensiones fascinantes y realizadoras, pero disfrutándolas y viviéndolas cordial (kardias) y razonablemente.
  • o La comida y la bebida son buenas, pero como no sepamos controlarlas, “vamos dados en la vida”.
  • o Las etnias y razas provienen de Dios y son una riqueza plural de la humanidad, pero pongamos atención para no ver la vida desde el prisma de blancos y negros, hutus y tutsis, del norte y del sur. Lo más importante y decisivo del ser humano no es ser vasco, ario o negro.
  • o El poder es necesario en la vida, pero cuidado con los “duces, Führer, caudillos y algunos obispos” de todo tipo que hemos conocido y conocemos, sobre todo en el orden político, económico y eclesiástico.
  • o El dinero es preciso para vivir, pero “nunca el dinero es bastante” y, porque los gestionamos interesada e injustamente mal, estamos como estamos.
  1. Dios y el dinero son dos amos mal avenidos.

         Dios -y si no somos muy creyentes: el humanismo- se llevan muy mal con el dinero.

         Dios y el dinero son dos principios que ven la vida de modo antitético y son como dos motores que encauzan la vida por derroteros opuestos

         En esto nos pasa como en otras cuestiones. No es lo mismo ver la vida desde el humanismo cristiano (o humanismo no cristiano), que desde el dinero, o desde la patria o desde el placer o desde el fanatismo religioso o desde el dinero.

         Si mi finalidad en la vida es ser rico, entonces la justicia, la paz, los pobres y el hambre saltan por los aires. Me llevo tus materias primas y te vendo armas químicas o no químicas y a correr. Si mi etnia es mejor, más fuerte y más rubia que la tuya, tú no serás sino un ser inferior a mi servicio, etc.

         Esto tiene poco que ver con: todos vosotros sois hermanos, dad el dinero a los pobres, seréis felices en la pobreza, etc.

  1. algunas cuestiones de fondo dan que pensar.

         No soy ni moralista, ni economista, ni político-politólogo, pero hay cosas que uno pone en tela juicio al menos en su interior, incluso con la conciencia de que no van a servir más que para tomar conciencia.

Recuerdo que en los años jóvenes de estudiantes en el seminario, Dn Ricardo Alberdi, sabio y santo profesor, nos explicaba el séptimo mandamiento: “no robar”, y nos ponía algunos ejemplos: tal empresa lleva 25 ó 40 años produciendo. El beneficio obtenido ¿es del capital, de la sociedad anónima, etc.? Y respondía: sí, pero también es de los miles de obreros que han pasado por las naves de esa fábrica.

         Sé que es delicado, pero tengo y pongo en crisis el concepto de “propiedad privada”. Hoy en día en España -en el mundo- ¿el dinero, los sueldos inmorales, la propiedad de las fincas sean ranchos o cortijos o latifundios, los grandes patrimonios que algunos dicen poseer son realmente suyos? Y no digamos nada ya de la corrupción …

Mientras haya un parado y un hambriento en el mundo me cuesta creer que “la propiedad privada” sea moral humana y cristiana.

         Esto está en la carta del apóstol Santiago (St 2,2-6):

Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido espléndido; y entra también un pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva el vestido espléndido y le decís: «Tú, siéntate aquí, en un buen lugar»; y en cambio al pobre le decís: «Tú, quédate ahí de pie», o «Siéntate a mis pies». ¿No sería esto hacer distinciones entre vosotros y ser jueces con criterios malos? Escuchad, hermanos míos queridos: ¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y  herederos del Reino que prometió a los que le aman? ¡En cambio vosotros habéis menospreciado al pobre! ¿No son acaso los ricos los que os oprimen y os arrastran a los tribunales?

         Es cierto que no podemos vivir en la ley de la selva o la ley del más fuerte y resolver las cosas a bofetadas, pero cuando menos, veamos y digamos las cosas como creemos que son desde el humanismo y desde JesuCristo.

  1. No todo lo legal (ley) es ético, humanista y cristiano.

         En la vida cotidiana hay muchas cosas que son legales, es decir que ante la ley se pueden realizar o que la ley las ampara. El despido, los millones de parados en España son algo legal, los desahucios son perfectamente reglamentarios para la banca. Soy consciente de que el problema es más complejo. El copago está legislado, ¿pero es honesto? Vender armas es legal, pero ¿es honrado? Que una persona gane más de 14 millones de euros al año es legal, pero ¿es ético? La pena de muerte es legal en muchas partes del mundo ¿pero es sana?

         Nuestras sociedades viven conforme a esquemas legales que causan y justifican profundas injusticias, malestares, miserias físicas, morales.

  1. No podéis servir a Dios y al dinero.

         La afirmación final del texto evangélico es nítida. No podemos vivir conforme a Dios y ordenar nuestras vidas desde el dinero. Y no porque esté permitido o prohibido (ley), sino porque si pensamos y vivimos desde Dios (o desde el humanismo) resultará un tipo de persona, de sociedad. Si configuramos nuestra existencia desde el dinero, el tipo de sociedad en el que estamos insertos será muy diferente.

         El problema es social y político, sin duda. Pero también es personal. La sociedad en abstracto no es honrada, somos las personas las que somos honestas o deshonestas, si bien es cierto que las instituciones y estructuras propician o no sociedades más justas, más libres y pacíficas o al revés, más injustas.

         En el fondo es un problema de fe. El dinero no cree ni en Dios ni en el hombre. Creer en el ser humano cambiaría muchas situaciones en la vida, en la sociedad, en la convivencia.

Es cierto que hay hombres y mujeres con los criterios más variopintos: pensemos en políticos, economistas, eclesiásticos, etc. Pero tal y como ha ido y va la historia de la humanidad, me aplico lo que dice el salmo: Mejor es fiarse de Dios que fiarse de los hombres, dice un salmo (Sal 117,8).

De las legislaciones y esquema humanos brota lo que brota. Pero sabemos y creemos que del Evangelio de JesuCristo brota fraternidad, justicia y libertad.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.