18.5.24. Pentecostés, Carne y Espíritu de Dios: Profetas, reyes, sacerdotes
Del blog de Xabier Pikaza:
Jesús ha dado por amor su vida (pascua) y a los «cincuenta días» (=Pentecostés) nace la Iglesia como presencia de Dios en todos los hombres y mujeres que comparten su vida como profetas (palabra), reyes (gestión social) y sacerdotes (celebración de amor, comida-bebida de fiesta).
En el fondo de esa tríada (palabra, camino, fiesta) está el orden de poderes «romanos» que estudió G. Dumézil, convertidos en principios de vida/amor.
Así lo razonó Pablo (1 Cor 12-14) y lo ha justificó el Vaticano II (1962-1965), con el Catecismo de la Iglesia (1992), declarando que todos los cristianos son profetas-reyes-sacerdotes de Dios en Cristo, por medio del Espíritu Santo (como he puesto de relieve en Sistema-Iglesia, imagen 3).
Sobre esa base del profetismo, reino y sacerdocio, siguiendo en la línea de los poderes sociales, ha instituido más tarde unos ministros con autoridad especial (no superior) de manera que se ha podido pensar que ellos forman un “orden” divino de diáconos, presbíteros y obispos/pastores.
Pero, como dice la palabra, esos ·ministros” son minus/menos, siendo servidores (estando al servicio) del conjunto de la iglesia, pueblo profético, real y sacerdotal, como celebramos este día Pentecostés 2024.
| Xabier Pikaza
TRIA MUNERA, TRES SERVICIOS UNIVERSALES. VOLVER AL CATECISMO
La iglesia tiene tres “autoridades” que equivalen de algún modo a los poderes de la sociedad civil (legislativo, ejecutivo, judicial). Esas autoridades (profética, sacerdotal y regia) vienen de Dios por Cristo y se identifican con el Espíritu Santo que actúa y vive en todos los creyentes . El Concilio Vaticano II aceptó en varios documentos ese esquema de las “tria munera” (tres autoridades) que proviene de la Biblia y de la primera iglesia y así lo confirmó el Catecismo del año 1992
- El poder legislativo se puede vincular con la función profética. La normas de vida del judaísmo y de la Iglesia provienen de los “profetas”, que proclaman y codifican la Palabra de Dios. El Cristo profeta, todos los cristianos son profetas, «legisladores» de sí mismos y del conjunto de la iglesia.
- El poder ejecutivo se puede comparar con la función “real” (regia) de los gobernantes y, en especial, con la función de, Cristo, Rey-Mesías. Cristo es Rey, en él son reyes todos los cristianos, señores de sí mismo, hermanos de los demás, sin estar sometidos a nadie.
- Finalmente, en el lugar del poder judicial puede situarse en la Iglesia la función santificadora o sacerdotal. En Cristo-Sacerdote, todos los cristianos son por esencial (ontológicamente) sacerdotes.
CATECISMO. UN PUEBLO SACERDOTAL, PROFÉTICO Y REAL
Num. 783 Jesucristo es Aquél a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido «Sacerdote, Profeta y Rey». Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas (cf . Redemptor Hominis 18-21).
784 Al entrar en el Pueblo de Dios por la fe y el Bautismo se participa en la vocación única de este Pueblo: en su vocación sacerdotal: «Cristo el Señor, Pontífice tomado de entre los hombres, ha hecho del nuevo pueblo «un reino de sacerdotes para Dios, su Padre». Los bautizados, en efecto, por el nuevo nacimiento y por la unción del Espíritu Santo, quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo»(LG 10).
785 «El pueblo santo de Dios participa también del carácter profético de Cristo». Lo es sobre todo por el sentido sobrenatural de la fe que es el de todo el pueblo, laicos y jerarquía, cuando «se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los santos de una vez para siempre» (LG 12) y profundiza en su comprensión y se hace testigo de Cristo en medio de este mundo.
786 El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (cf. Jn 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28). Para el cristiano, «servir a Cristo es reinar» (LG 36), particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente» (LG 8). El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.
«La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos debe saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón?» (San León Magno, Sermo 4, 1).

POR CRISTO, EN EL ESPÍRITU
Cristo es profeta, rey y sacerdote, en plenitud, como enviado-presencia (Hijo) de Dios de Dios y plenitud de la vida humana. En ese sentido, no hay en la iglesia otro profeta-rey-sacerdote que Cristo, la humanidad de Dios Unidos a Cristo, todos los bautizados son profetas, reyes y sacerdotes, con su misma palabra profética, su mismo poder real y su misma capacidad sagrada. Ésta es la novedad de Jesús. En ese sentido se habla del sacerdocio-realeza «común» de los fieles, en sentido ontológico, real. El bautismo (como principio y sentido de todos los sacramentos) les «consagra» profetas, reyes y sacerdotes. Así lo puse de relieve en mi libro sobre Sistema, Libertad, Iglesia
Todos los bautizados son profetas (es decir, legisladores, en el sentido pleno de la palabra… No reciben su doctrina de otros maestros exteriores, no son puros “dependientes” de un magisterio externo, sino portadores y testigos de la palabra de Dios que son “maestros”, en una línea que han puesto de relieve las Cartas de Juan: Cada cristiano recibe y despliega desde el fondo de sí mismo la palabra de Dos, cada uno «se es ley para sí mismo», en comunión con otros (Juan de la Cruz, Subida).
Todos los bautizados son reyes en Cristo. No son esclavos de nadie ni de Cristo, sino que son el m mismo Cristo. Nadie puede imponerles su dictado y mandar sobre ellos. Son reyes, responsables de sí mismos, capaces de realizar la obra de Cristo, en él y con él. En Cristo no hay reyes y súbditos, señores y esclavos, sino que todos son «uno» en Cristo, con su mismo poder de amor y servicio mutuo
Todos son, finalmente sacerdotes… en el sentido radical de la palabra. Éste es el sacerdocio verdadero, el más profundo, ése que suele llamarse “sacerdocio común de los fieles” (que es el sacerdocio «ontológico», si es que puede utilizarse esa palabra helenista). No hay una «tribu sacerdotal», como la de Leví-Aarón en el AT, sino un sacerdocio único, simbolizado por Melquisedec, que es Cristo (hebreos). La santidad de Cristo y su obra santificadora, representada y celebrada por la eucaristía, es por tanto un “carisma” de todos los bautizados, que se identifican con Cristo, varones o mujeres
ÉSTE ES EL PUNTO DE PARTIDA DE LA IGLESIA.
Ella es en cristo un “cuerpo” de profetas (palabra), reyes (poder de organizar em amor el mundo) y sacerdotes (capacidad de santificar la vida de los hombres. Ésta es la más alta profecía, reinado y sacerdocio de la Iglesia. No hay en ella como he dicho una tribu sacerdotal (Leví/Aarón)… No hay una dinastía regia como la de Judá/David en el Antiguo Testamento. Ni hay un clan especial de profetas… , Pues la palabra de la profecía (la palabra que se hace ley de vida) es de todos los creyentes.
Conforme a la experiencia de Pablo, proclamada en Gal 3, 28 (y en el conjunto de su epistolario) no hay en la iglesia distinción básica entre judíos y gentiles, varones y mujeres, reyes y no reyes, profetas y no profetas, sacerdotes y no sacerdotes, pues todos son (somos) uno en Cristo, todos profetas, todos reyes, todos sacerdotes.
MINISTERIOS SACERDOTALES.
SOLO EN UN SEGUNDO MOMENTO SE PUEDE HABLAR EN LA IGLESIA DE PROFETAS MINISTERIALES, REYES/GOBERNANTES MINISTERIALES Y SACERDOTES MINISTERIALES… que forman parte del «ordo», es decir, del ordenamiento social. La profecía-realeza-sacerdocio «ontológico» (bautismal, fundante) es la de todos los bautizados. Esta es la primera, la definitiva… y al servicio de ella es bueno que se instaure, en un segundo momento, un «orden/ordenamiento funcional» de profetas-sacerdotes-reyes.
Por eso, los profetas (maestros, catequistas), los «ministros» (obispos, presbíteros) y los «sacerdotes presidentes de la celebración» no son más profetas, reyes o sacerdotes que el resto de los cristianos, sino igual que todos los demás, pero sl servicio del «ordenamiento» de la unidad y crecimiento de la Iglesia, tal como ha puesto de relieve Pablo en 1 Cor y Rom.
Estos profetas, reyes/animadores y sacerdotes ministeriales no tienen una profecía, reino y sacerdocio distinto, ni tienen más autoridad que el resto de los cristianos, sino la que en Cristo tienen todos los cristianos, aunque su «función» es importantísima como testimonio tarea de unidad para toda la Iglesia.
Del blog 
PENTECOSTÉS (B)
Juan 20, 19-23
Fiesta de Pentecostés
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
De su blog Fe y Vida:
La publicación de hoy es del colaborador de Bondings 2.0 
Leído en Koinonia:
Del Blog de Xabier Pikaza:
El evangelio es sólo salvación, el don de la vida, una esperanza de transformación… Pero si quedamos encerrados en nosotros mismos corremos el riesgo de perdernos, de condenarnos.
Del blog de Xabier Pikaza:
Del blog 
Mc 16, 15-20
COMENTARIO AL EVANGELIO Mc 16, 15-20
Fiesta de la Ascensión
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