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Una mujer trans se somete a la revolucionaria cirugía vaginal que ayudó a inventar

Miércoles, 20 de septiembre de 2017

vagionplastia-revolucion-lubricar-jess-ting-696x522Una mujer trans de Nueva York se convierte en la primer paciente en someterse a una nuevo tipo de vaginoplastia que ella misma ayudó a inventar.

El procedimiento utiliza tejido del peritoneo para crear una vagina capaz de lubricarse por si misma cuando hay excitación sexual. 

Hayley Anthony es una consultora de marketing de 30 años que se ha convertido en la primer mujer trans que se ha sometido a un nuevo tipo de cirugía vaginal que puede suponer una auténtica revolución para todas las mujeres trans que quieran reasignar sus órganos genitales. Y lo más increíble es que la propia Hayley ayudo a la creación de este nuevo procedimiento.

En otoño de 2015 Hayley estaba preparada para realizarse la vaginoplastia habitual en mujeres trans, la vaginoplastia por inversión peneana. ¿En qué consiste ese procedimiento? Pues como explica la web del doctor Iván Mañero, se trata de un procedimiento con el que “realizar una neovagina cutánea mediante la piel invertida del pene y del escroto. El objetivo es crear un complejo genital tan femenino como sea posible tanto desde un punto de vista anatómico como estético y funcional.

El doctor Jess Ting

Eso es lo que a Hayley le iba a practicar el doctor Jess Ting, director del departamento de cirugía del Centro de Medicina y Cirugía Transgénero del hospital Mount Sinai de Nueva York. El problema de ese tipo de vaginoplastia es que al darle la vuelta al pene (de dentro a afuera) para crear la vagina, el órgano resultante no lubrica con la excitación sexual y puede seguir creciendo vello incluso aunque se practique una depilación por electrólisis.

 Hayley estaba convencida de que se iba a practicar esa vaginoplastia. Como ha explicado a la revista Wired: “Me familiaricé con el proceso, con los ojos bien abiertos, entendiendo todo lo que comprometía y con voluntad de aceptarlo“. Pero Hayley no pudo evitar lo que todos hacemos cuando nos enfrentamos a algo de salid: buscar en Google.

Al hacerlo, Hayley descubrió una noticia sobre un grupo de doctores en la India que utilizaban tejido del peritoneo (la membrana que cubre la superficie interior del abdomen y forma varios pliegues que envuelven las vísceras) para operar a mujeres cisgénero cuyas vaginas se habían desarrollado demasiado o nada en absoluto. Así que Hayley acudió al Dr. Ting con el artículo impreso, y el Dr. Ting, que reconoce que llevaba años buscando la forma de mejorar las operaciones en mujeres trans, se mostró muy interesado en ese procedimiento: “No paraba de pensar que debía haber algo mejor. Pero ¿dónde íbamos a encontrar una gran cantidad de tejido interno, rosado, sin vello que secretara fluido?”.

Hayley recuerda que cuando le enseñó el artículo al Dr. Ting éste la miró con cara de no entender qué ocurría: “Al principio él estaba en plan: ‘¿Qué hace esta chica?’ No tengo conocimientos médicos. No soy científica. Pero cuando lo vio me dijo: ‘Oh, puede que aquí haya algo’“.

Durante los siguientes dos años el doctor Ting estuvo estudiando y perfeccionando el método que primero aplicó en Hayley y que, por ahora, y ha practicado en otras 22 mujeres trans. Las vaginas resultantes tienen un aspecto y tacto muy similiar al de las vaginas naturales, pero además lubrican cuando la mujer se excita. La operación de Hayley se llevó a cabo en abril y aún está en proceso de recuperación, pero está encantada con el resultado y explica que ha podido tener sexo (y llegar al orgasmo) sin necesidad de utilizar lubricante: “Sé que no siempre la he tenido. Pero la forma en que se siente… No puedo imaginar mi cuerpo siendo diferente.

Por el momento ya hay unas 100 mujeres en la lista de espera del doctor Ting para someterse a esta operación. Los resultados parecen ser tan prometedores que el hospital Mount Sinai ha decidido lanzar la primera beca médica de los Estados Unidos especializada en cirugía trans.

Fuente | Wired, vía EstoyBailando

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Daniel(a) es Daniela

Martes, 14 de octubre de 2014

libro-el-libro-daniela2Leemos en El Mundo el emotivo, duro pero esperanzador testimonio de la madre de una niña transexual.

Es la vida de una niña transexual de 8 años y su historia íntima contada por su madre

Su padre es médico y estudió en Harvard; su abuelo, militar…

Hay más de 100 casos en España

«El libro de Daniela», de África Pastor Espuch (Ed. Círculo Rojo)

MARTÍN MUCHA 21/09/2014 09:53 horas

 Había una vez una niña a quien nadie quería ver. Todos la veían como el niño que era biológicamente. Su familia estaba reunida. El padre, Javier, un respetado médico, uno de los mejores de su especialidad en el país, decidió explicar sobre la fecundación: «Esto es muy sencillo, todos somos chicas al principio, quiere decir que somos XX y cuando se cae el palito de la segunda X, quiere decir que somos chicos, y nos quedamos XY».

«Un grito de desesperación nos dejó a todos callados», explica la madre, África. «¡Papá, eso es lo que me ha pasado a mí! ¡Se me ha caído el palito, pero el mío no se tenía que caer! ¡Ahora qué hago!». Esta era la explicación sencilla y angustiada de la niña en cuerpo de niño. Pero «el argumento de Dani fue arrinconado». Lo relata África Pastor Espuch en primera persona del plural. Le da voz a Daniela, su hija transexual de ocho años. Ella, una mujer de piel bronceada, proveniente de una familia conservadora, dedicada a la moda, ha decidido contar su experiencia. Sus frustraciones.

Sus miedos. Cómo venció a la palabra más fuerte a la que se enfrentó. La palabra innombrable: transexual. Repita conmigo. Niña transexual. Niño transexual. Existen. Son más de un centenar, un centenar largo en España. «Nuestro hijo nació como niño, se le identificó por sus genitales. Desde que tenía dos años se identificó como una niña… el tiempo, los médicos y su valentía le han dado la razón… Recorrimos todo tipo de especialistas, pediatras, psicólogos, endocrinos, sociólogos, cirujanos. Todos y cada uno de ellos nos confirmaron lo que Daniela venía diciendo desde los dos años: es una niña». Hasta llegar a esta conclusión hubo mucho sufrimiento. Y tantas dudas.

«Recuerdo cuando Dani nos pidió unas alas. Tendría tres años, no hubo alas, pero le dio igual porque utilizaba sus brazos… Gritaba: “¡Soy un hada!”. Yo le decía a su padre que seguramente lo hacía por llamar la atención. A lo que él me respondía: “Pues joder con el niño, qué cabrón”. Dani siguió buscando hadas en el campo». A sus espaldas, muchos decían que era temporal. Que podrían dejarle «hecho un hombre». En ese tiempo Daniela aún no era Daniela. Aún faltaban muchos prejuicios que romper.

-¿Cuándo fue el momento clave, África? ¿Cuándo supo que tenía una hija más?

-Hay que entenderlo como un largo proceso. Pero hay un momento que recuerdo especialmente. Estaba sentada en una mecedora en mi casa. Veía todas las fotos de mis hijos. Apareció Daniela -le decían entonces Dani- tenía tres años. Se apareció con el dibujo de una niña y me pidió que la colocáramos junto a las fotos de la familia. «Esa niña no la conocemos de nada», le dije. «No me gusta cómo le quedan esas coletas». Tardé en entender que era una manera de decirme quién era. Le puse un marco de fotos de Ikea. Ni siquiera viendo ese dibujo durante años fui capaz de entender lo que nos decía a gritos…

Era el autorretrato de Daniela. Ysigue en esa misma estantería…

No podemos ser amigos

La presión social afectó a Dani. Los primeros rechazos… «Y como una ráfaga de viento nos encontramos empezando ya primaria, en el colegio que siempre había soñado, al que habían ido sus tres hermanos. Yo tenía la ilusión de que tuviera un mejor amigo y lo encontró, bueno… se encontraron, ¡estaba tan feliz! Hasta que a final de curso, de hecho el último día de colegio, su amigo le dijo: “No puedo ser tu amigo, si no cambias y eres más bruto, no podemos seguir siendo mejores amigos”. He visto llorar a muchos niños, pero nunca con esa pena tan profunda. La primera semana de vacaciones se la pasó jugando al baloncesto, intentando ser todo lo bruto que podía, pero… una semana después se dio por vencido».

Hay frases que África trae escritas en la mente, como un manual de estilo para proteger a su pequeña. Pasa de la serenidad al agobio. No sabe realmente cómo enfrentarse a mostrar su vida y la de su hija así. Cancela la entrevista. La retoma. Aspira aire profundamente… Es parte de su querer cambiar el mundo. Acabar con esa «perspectiva moral equivocada» que hace que Daniela sea discriminada. «Es lo que más me duele». Padeció «rechazo y acoso». Lo describe así:

«Dani siempre ha sido valiente… Valiente para bajar la cuesta de su colegio a pesar que tenía todos los días un niño que le gritaba: “¡Pareces una niña, maricón!”. No hay mediador o defensor del menor que pueda reaccionar mejor, ante un hecho así, como una hermana realmente enfadada… Al final, sus amigas lo acompañaban a la salida y su hermana a la entrada, hasta que llegaba a sitio seguro».

Durante la conversación, África se preocupa puntillosamente por los términos correctos para referirse a su hija. Una definición clave es «proceso de transición» desde que se descubre que es una niña con genitales masculinos y la aceptación total del hecho. Y pasa de no salir a la calle a desear vivir. Para eso han pasado múltiples dudas. Primero pensar que es gay, como su tío, el hermano de África.

Le contó a él lo que Dani estaba pasando. Y le dijo: «Yo nunca quise ser una chica, ni pensé en que se habían equivocado conmigo. Siempre quise ser lo que soy, un hombre. Creo que tendrías que informarte, hay asociaciones de…». No quiso escuchar más. El hermano le había dicho lo que pasaba en una palabra: transexual. «Pensé que si no hablaba de ello, desaparecería». Pero no.

Daniela seguía allí. Queriendo ser una estrella con labios pintados y rímel en los ojos, Alicia [en el País de las Maravillas], Blancanieves, la Bella Durmiente… Una princesa de cuento de hadas.

«Un día que fuimos su padre y yo juntos a recoger a Dani al cole, salía exultante, dando saltos de alegría. Tenía algo muy importante que decirnos. Nos metimos en el coche y no pudo aguantarse: “¡Va a ser la semana de los cuentos! ¡El nuestro es Alicia en el País de las Maravillas! ¡Hay que ir disfrazados, y yo voy a ser… Alicia!“. Su padre inmediatamente paró el coche, se giró hacia él y le dijo: “¡¡¡Dani tú no eres una niña y nunca lo serás. Tú siempre serás un niño!!!”. Un grito de dolor desgarrador inundó el coche y también nuestros corazones».

El padre de Daniela, un doctor con estudios en Harvard, tardó en aceptarlo como Daniela. «Su padre tenía el firme propósito de nunca comprar una Barbie, ni nada similar». Y se extrapolaba la idea a todos los juguetes orientados a chicas…

-Hasta que se encontraron en la misma juguetería…

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