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¿Quién fue Ignacio de Loyola? … (cf P. Quirino J. Weber SJ)

Viernes, 31 de julio de 2015

Ignacio-Loyola-61Del blog en portugués Tierra Boa de José Ramón F. de la Cigoña:

 Ambicioso de la corte de entonces Ignacio parecía saber lo que quería. Así que en 1506, cuando tenía unos 15 años, se puso al servicio de Juan Velázquez de Cuéllar, Secretario de la Real Hacienda durante el reinado de Fernando de Aragón. Al cuidado de su protector, Ignacio recibió un cuidadoso entrenamiento, mejoró su cultura y se convirtió en un experto jinete, mostrando inclinación por las aventuras militares.

Ignacio relata que a la edad de 26 años, “era un hombre dado a las vanidades del mundo.” Esto nos lleva a 1517, cuando Juan Velázquez cae en desgracia e Ignacio va a servir al Duque Duque de Nájera y virrey de Navarra, Antonio Manrique, participando en varios enfrentamientos militares.

El 20 de mayo de 1521, al intentar, sin éxito, proteger Pamplona (capital Navarra) de los invasores franceses, Ignacio es herido por una bala de cañón que, además de quebrar su pierna derecha, le dejó la izquierda con lesiones. La lesión fue sin duda un momento y una condición para que Ignacio diese un salto cualitativo en su vida. El hecho fue causado por los hombres, pero la fuerza interior fue la gracia que le iluminó y fortaleció para cambiar radicalmente el curso de su vida. Ignacio era una persona de fe, recibida en el seno de su familia.

El punto clave para la conversión de Ignacio fue la lectura de la vida de Jesucristo, escrito por Ludolfo de Sajonia, y una colección de vidas de los santos. Como en el castillo de Loyola, donde se recuperó, no había libros de caballerías, para ocuparse, Ignacio leía todo lo que le ofrecían. Fue después del contacto con estos libros religiosos que comenzó a darse cuenta, con atención y paciencia, las diferentes resonancias en su corazón.

A través de la observación de sí mísmo, pasó adarse cuenta de que las ambiciones mundanas le causaban alegrías efímeras, meros deleites temporales, mientras que la entrega a Jesucristo llenaba su corazón con una alegría duradera. Este consuelo interior fue, para Ignacio, una señal de Dios.

Ya recuperado y con un fuerte deseo de cambio en su vida, Ignacio decidió ir a Jerusalén. Partiendo de Loyola, fue en peregrinación a Montserrat. En el camino, donó sus ropas  de hidalgo a un pobre, pasando a vestirse como un mendigo. Dejó también la espada en el altar de la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat después de una noche de oración.

En Manresa, Ignacio se refugió en una cueva. Viviendo como un ermitaño y mendigo.

Lo que sentía lo escribía en un cuaderno que más tarde se convertiría en el libro de los Ejercicios Espirituales. Ignacio estaba aprendiendo, como un colegial, las lecciones que Dios le enseñaba. Observaba y registraba lo que estaba experimentando. Fue un proceso de discernimiento espiritual. Asumido generosamente todas las consecuencias de su nueva vida.

Después de dejar la vida de ermitaño en Manresa, Ignacio siguió en su larga peregrinación a Jerusalén, donde permaneció por un corto tiempo. De vuelta a Europa, sufrió persecuciones y calumnias. Estas experiencias le hacen darse cuenta de que era necesario estudiar para ayudar mejor a los demás.

La ciudad elegida para dedicarse a los estudios de filosofía y teología fue París (Francia), donde dirigió los colegas del grupo que pasó a llamar “compañeros” o “amigos en el Señor”.

Este fue el primer esbozo de lo que sería la Compañía de Jesús.

El 15 de agosto de 1534 en la capilla de Montmartre en París, Ignacio y seis compañeros universitarios – Francisco Javier, Pedro Fabro, Alfonso Bobadilla, Diego Lainez, Alfonso Salmerón y Simón Rodrigues – hacen voto de vivir según el Evangelio y ayudar a los más necesitados.

Un año más tarde, otros tres compañeros – Claudio Jaio, Jean Codure, Pascasio Broet se unieron al grupo. Así nació la Compañía de Jesús, u  Orden de los Jesuitas.

Por medio de la Bula Regimini militantes Ecclesiae, la Compañía de Jesús fue aprobada oficialmente por el Papa Pablo III, el 27 / SEP / 1540.

El mayor y más eficaz legado Ignacio fueron los Ejercicios Espirituales (EE), que él supo muy bien proponer al grupo de los primeros jesuitas. Hastahoy, la EE son parte del largo proceso de formación de los jóvenes antes de ser aceptados definitivamente en la Orden.

En 1541, Ignacio fue elegido el primer Superior General de la Orden, va a vivir en Roma (Italia). Se dedicó afunción preparando y envando jesuitas a todo el mundo: Xavier  a la India, Fabro a Europa, Nóbrega y Anchieta a Brasil.

El 31 / JUL / 1556, Ignacio murió silenciosamente en Roma.

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Recomiendo retomar el artículo de Xabier Pikaza que publicábamos hace un año.

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