«Los telefoneantes andantes», por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.
De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):
Esos dos o tres de cada cuarenta mil que se obstinan en no querer poseer el simpático juguete, tendrían la tentación, muy fuerte, de tirar al suelo a la horda que avanza con una sola mano, porque la otra (mano) está ocupada por el aparato, la horda sin ojos, porque están hipnotizados por el aparato.
Pero, ¿cómo pueden seguir adelante estos tipos?, nos preguntamos, ¿acaso se guían por el olfato? ¿Como los perros? Estos caminantes-telefónicos, cuya proliferación es imparable, constituyen un auténtico problema.
En muchas ciudades civilizadas, su comportamiento es sancionable. Se les llama jaywalkers. Según el diccionario, jay walk significa cruzar una calle ilegalmente o de forma imprudente. Teniendo en cuenta que jay, a su vez, indica la llamada inexperienced person, es decir, la persona inexperta, torpe o desastrosa, una buena traducción de jay walk podría ser: cruzar como un tocapelotas.
Es realmente un equivalente plástico del modo de andar de los que caminan hablando por teléfono. Por lo tanto, aunque quizás «cruzar con la cabeza en las nubes» o «descuidadamente» o «de manera irresponsable» hubieran sido expresiones más elegantes o agradables, la expresión vulgar da en el clavo.
Una de las manifestaciones más típicas del jaywalker o caminante imprudente es el texting, es decir, el idiota con el móvil en la mano escribe sus jodidos mensajes inútiles y, al mismo tiempo, pretende cruzar la calle, sin dignarse a mirarla, claro está. ¡Pero qué idiota! ¡Ni siquiera sabes caminar por la acera! ¡Con tu mierda de aparato en la mano! ¡Y los ojos pegados a él! ¡En esas cuatro letras, llenas de errores, que escribes!
En Nueva York, por ejemplo, enviar mensajes de texto está severamente castigado. Con multas muy elevadas. En China te ponen en la picota si cruzas con el semáforo en rojo o enviando mensajes. Sin metáforas, te obligan a llevar una camiseta de cartón verde con la inscripción «wo chengunuo buchuang hongdeng», equivalente a «juro que nunca más cruzaré con el semáforo en rojo».
Pero no hay que hacerse ilusiones. La dictadura del móvil no retrocede. Todo el planeta está cubierto por la red móvil. El territorio (todo territorio) está dividido en áreas llamadas precisamente células. Cada célula, o unidad elemental de transmisión y recepción, tiene su propia estación de radio. El teléfono móvil, el llamado celular, se conecta a la celda; si uno se desplaza, se conecta a la celda contigua. La representación gráfica ideal de este estado de cosas es una red continua de celdas hexagonales, como una enorme colmena de recepción y transmisión de comunicaciones, que en su mayoría son inútiles, irrelevantes, fútiles.
Pero la verdadera cobertura móvil total, la que no deja desprotegida ninguna zona, ni siquiera marginal, desértica o inundable del mundo, la que nunca abandona sin cobertura a ningún miembro del género humano, la red infinita de mallas interrumpidas es, en realidad, la de la conexión. Siempre hay que estar activamente conectado, día y noche, invierno y verano, así como en primavera, otoño y estaciones intermedias aún sin nombre.
Y dicen que si estamos conectados estamos vivos… que existimos mientras estamos en cobertura… que somos alguien en tanto en cuanto estamos en red… que importamos cuando nos movemos y existimos pero en cobertura… Y a eso le llamamos civilización y progreso…
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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