Inclinando la cabeza entregó su ESPÍRITU a la iglesia naciente: la madre y el Discípulo Amado

viernes, 18 de abril de 2025
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cristo_crucificadoDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

18.04.2025 Tomás Muro Ugalde

Inclinando la cabeza, entregó el espíritu. (Jn 19,30)

Al pie de la cruz de Jesús estaban su madre, algunas mujeres y el Discípulo Amado. Es la comunidad cristiana naciente, la iglesia.

Jesús inclinando la cabeza entregó su espíritu, que no es entregar el alma a Dios, sino que Jesús entrega su Espíritu a la comunidad cristiana.

Podemos pensar que Pentecostés en la tradición de S Juan acontece a la muerte de Jesús en la cruz, al pie de la cruz. Jesús nos entrega su aliento vital, su espíritu.

Es el mismo Espíritu Santo, espíritu bueno por el que nació de María. Es el mismo Espíritu que le impulsó al desierto de la vida a vencer las fuerzas del mal. El mismo Espíritu que le envió a la misión para sanar, curar, liberar: El Espíritu está sobre mí, (Lc 4). El mismo Espíritu en el que hay que adorar a Dios como le dijo a la mujer samaritana, (Jn 4): no en templos de piedra: Garizin o Jerusalén, sino en Espíritu y verdad. El mismo Espíritu presente en las bodas de Caná (Jn 2). El pueblo se había quedado sin vino, sin amor, solamente tenían agua y piedra (tinajas): las leyes de las piedras del Sinaí. Normas y ritos. Jesús transmite a su pueblo un nuevo vino de amor, un nuevo Espíritu. Agua (bautismo: nueva vida) y sangre (amor y redención)

 A la muerte de Jesús, de su costado brota agua y sangre, podemos ver el mismo simbolismo de las bodas de Caná: Jesús inclinando la cabeza, nos entrega su Espíritu.

¿Quién será el que condene, si Cristo Jesús ha muerto, más aún, ha resucitado y está a la derecha de  Dios intercediendo por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? (Rom 8).

Contemplemos al que traspasaron.

“Vía crucis de los pobres y migrantes”, por Juan Simarro Fernández

viernes, 18 de abril de 2025
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A man sleeps on a sculpture of a figure called 'Homeless Jesus' in front of the Archdiocese of Washington Catholic Charities offices in Washington, on September 16, 2015. Photo courtesy of REUTERS/Jonathan Ernst *Editors: This photo may only be republished with RNS-POPE-HOMELESS, originally transmitted on Sept. 24, 2015. Foto Jonathan Ernst

Inmigrantes: El multiforme rostro de Dios

Vivimos en un país en donde hay personas que, en esta Semana Santa, se van a centrar más en el dolor que en la alegría de la resurrección. Parece que a la gente le gusta en España la celebración del dolor y del sufrimiento. Muchos cofrades celebrarán en España las catorce estaciones del Vía Crucis. Pasean en procesión todo el sufrimiento de Jesús. Es más, muchos quieren participar de él: se dan latigazos, cargan cruces pesadas pero a veces se olvidan del dolor y sufrimiento del hermano.

Primera estación: Huerto de los Olivos. Ellos, los pobres, también se han angustiado en su Huerto de los Olivos, quizás muchos han tenido su alma triste hasta la muerte antes de tomar la decisión de subirse a una patera o a un cayuco… o a un avión. Es la primera estación del vía crucis de los pobres.

Segunda estación: El Beso de Judas. Muchos de los pobres del mundo aguantan su soledad al haber sido traicionado por el Judas de nuestro tiempo, adorador del dios Mammón, dios que acumula capitales desequilibrando el mundo. Seguidores de Mammón que, a veces, dicen que no se olvidan de los pobres y que rezan u oran en las iglesias. Rezan u oran también ante sus opulentas comidas diciendo que se acuerdan de los pobres. Es el Beso de Judas. La 2ª estación

Tercera estación: La condena del Sanedrín. Los pobres, tanto los países como las personas, han sido condenados por el Sanedrín acumulador contemporáneo de los países ricos. Estos usan sus materias primas, aseguran su bienestar con los cobros de la deuda externa. Los pobres han sido condenados a ser los excluidos de la tierra, un remanente sobrante que llega a estorbar a los que detentan el capital. La condena dictada por el Sanedrín opulento es la tercera estación de su vía crucis.

Cuarta estación: La negación del pobre. Cuando el hambre acucia, cuando no se tiene una vivienda digna, cuando no se tiene acceso a un trabajo capaz de sustentar a la familia, se sale de los países de origen y se emigra. Llegan a las sociedades ricas y éstas les reciben. Los necesitan, los usan… los explotan o se les rechaza con brotes xenófobos o racistas. Se les niega. Es la negación de Pedro, pero sin arrepentimiento. Es la cuarta estación de los sufrientes del mundo.

Quinta estación: El juicio. Los pobres son juzgados por los políticos, por los Pilatos de nuestro tiempo. Juzgan, condenan y, después, se lavan las manos. Hay políticos que hablan de los peligros de la inmigración, de la inseguridad, de expulsiones, de controles. Son los resultados de un juicio político… juzgados por el Pilatos de nuestro tiempo. Es la quinta estación. El juicio a los pobres y migrantes del mundo.

Sexta estación: La flagelación. Jesús fue flagelado, pero muchos pobres también. Apaleados y pateados en el Metro como vimos en los telediarios. ¡Cuántos apaleados que no graban las cámaras de seguridad! Flagelados de mil formas, con las miradas, con las palabras, con las exclusiones… Es la sexta estación del vía crucis de los pobres. Tienen que soportar durante esta estación, su pesada y dolorosa corona de espinas.

Séptima estación: Tienen que cargar con la cruz, con la pesada carga que no quieren llevar los ricos del mundo, con trabajos que ellos, los satisfechos y ahítos, no quieren hacer ni encuentran quienes los hagan. Hoy muchos pobres tienen que cargar con la cruz, por un poco de dinero y, quizás, sin seguridad social, ni vacaciones, ni pagas extra. Es la séptima estación del vía crucis de los pobres cargando con la pesada cruz. Espaldas cansadas, brazos agotados, cansancio, mala alimentación. Triste estación.

Octava estación: Cirineo. Un punto de descanso, de solidaridad. También hay Cirineos en el mundo que intentan ayudar a llevar la cruz. Las ONGs, algunas iglesias, algunos creyentes… algunos ateos y humanistas del mundo. Es la mano tendida en medio del vía crucis. Hoy también, afortunadamente, Cirineo se mueve por el mundo, siendo las manos del crucificado, siendo los pies del Siervo Sufriente. Es la octava y bendita estación dentro del vía crucis de los pobres.

Novena estación: El llanto. Las mujeres de Jerusalén llorando ante Jesús que carga con la cruz. Coro de mujeres que se lamentan y dejan correr sus lágrimas por sus mejillas. Yo no sé si hoy falta este coro de mujeres que lloren por el mundo. Necesitamos esta novena estación. Es la estación del llanto, la del grupo que une sus lágrimas a las de los sufrientes del mundo. No lloréis sólo por los sufrientes, llorad por vosotras mismas. Cuando un niño se muere de hambre en el mundo, algo de vuestros hijos perdéis. Llorad por vuestros propios hijos, los coetáneos de los que mueren por el hambre o la desnutrición. Que no falten las lágrimas de esta estación novena

Décima estación: Es el momento del Jesús crucificado. Jesús en su agonía. ¿Cuántos de los pobres del mundo estarán pasando ya por esta estación? Los clavos ya clavados, las manos y los pies ya sangrantes. ¡Cirineo, ayúdanos! Pero hasta ahí ya no puede llegar el Cirineo. Es la estación de la ejecución de la condena. La décima estación. El niño va a morir, el adulto no va a llegar a los cuarenta años, ha envejecido prematuramente y ya está en la cruz esperando la muerte. ¿Dónde está la justicia?

Décimo primera estación: El buen ladrón tiene premio. Apelemos a la conversión de los ladrones del mundo, que se conviertan y compartan.

Décimo segunda estación: A los pies de la cruz. La madre y el discípulo amado al pie de la cruz. La necesidad de los que aman. El discipulado, el seguimiento de Jesús. No dejemos solos a los que sufren. Pongámonos a los pies de su cruz particular.

Décimo tercera estación: La muerte. Jesús muere. Su figura crucificada nos anima a no permitir que mueran impunemente más inocentes. ¿Cuántos pobres y migrantes han muerto hoy? ¿A cuántos se les ha matado su dignidad o su autoestima en este día?

Décimo cuarta estación: La tumba. Jesús es depositado en un sepulcro nuevo. Con los ricos fue en su muerte. Muchos pobres no tienen ni siquiera esta estación. Son lanzados al mar desde las pateras o los cuervos se comen sus carnes. Hoy los abismos del mar sienten nauseas por tanta muerte. Fin del vía crucis.

¿Marca el fin este vía crucis? ¡No! El vía crucis no marca el fin. Sigamos andando hasta la resurrección. Sería un error quedarse ahí. ¡Hay esperanza! Jesús resucitó y nos llama a ser sus discípulos en medio de un mundo de dolor.

El vía crucis debe ser derrotado, el Reino de Dios ya está entre nosotros y puede tener su acción en el mundo a través de sus hijos solidarios, activos y comprometidos. Señor, ayúdanos a eliminar el vía crucis de los pobres del mundo. Lo queremos hacer por ti, Señor. Que la memoria del crucificado nos lance al amor y a la solidaridad, que nos sintamos movidos a misericordia. Estamos en tiempos de resurrección. Tu muerte es la que puede dar vida al mundo, pero mientras no terminemos con el vía crucis de los pobres, no seremos nosotros tampoco felices. La primavera no habrá llegado. Tendremos nuestro personal vía crucis ¡Ven, Señor Jesús!

Fuente Redes Cristianas

Viernes Santo. Oración universal.

viernes, 18 de abril de 2025
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cristo-crucificado-con-hombre-con-cruz-2Hermanos y hermanas, en Jesús crucificado queremos contemplar a todos y todas las crucificadas de nuestro mundo. Este día es para poner en el corazón del Padre y en nuestro corazón toda expresión de sufrimiento, injusticia y muerte. Respondemos:

Queremos ser misericordia, esperanza y vida

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

Nos ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre cuando preferimos vivir en nuestra zona de confort siendo cómplices del mal vivir de tantos y tantas. Cuando suplicamos tu perdón y no perdonamos a quienes necesitan o esperan una palabra o un gesto reconciliador por nuestra parte. Que la paz de nuestro Padre Madre llegue a cada corazón atormentado por la culpa, por las heridas en el alma… Que acertemos a reconciliarnos con nuestras torpezas, con nuestros intentos fallidos, con nuestro servicio interesado, con nuestro amor egoísta….

(Breve silencio)

Queremos ser misericordia, esperanza y vida

Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a todos los hombres y mujeres que están agonizando en un hospital, en una residencia, en su casa o en algún rincón sin techo en nuestro mundo. A cada uno y cada una que vive sin horizonte ni esperanza a causa del maltrato de su pareja; a los que arriesgan su vida subiéndose a un cayuco en busca de una vida un poco mejor; a quienes tienen por único cobijo el cielo en el campamento de refugiados; a los que padecen dolores insufribles por enfermedad; a los que no esperan ni tienen a nadie que esperar…

(Breve silencio)

Queremos ser misericordia, esperanza y vida

Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a todas las madres que sufre a causa de la enfermedad de sus hijos; a las que han hipotecado su vida para cuidar del hijo discapacitado; a las que ven morir a sus hijos sin poder amamantarles; a las que lloran sin consuelo porque sienten sus vidas injustamente sentenciadas. A las que pierden al esposo y se sienten perdidas sin saber cómo vivir. A las mujeres explotadas sexualmente, a las que luchan por salir del infierno del maltrato y a las que no se atreven a denunciar y siguen sufriendo en silencio. A cada mujer que ha perdido la vida en nombre del falso amor. A tantas mujeres invisibles en sus puestos de trabajo, a las no reconocidas en su entrega silenciosa y generosa en favor de los demás; a las mujeres apartadas de los cargos en la Iglesia; a las que no tienen ni voz, ni voto, ni derechos ni futuro.

(Breve silencio)

Queremos ser misericordia, esperanza y vida

Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?

Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a los hijos e hijas abandonadas a su suerte a causa de las adicciones de sus padres; a los niños y niñas abandonadas en los orfanatos de medio mundo; a los que son explotados sexualmente o terminan como mercancía en el oscuro comercio de órganos. A los hombres y mujeres abandonadas en las calles de nuestras ciudades, condenadas a la exclusión por falta de recursos económicos, intelectuales, afectivos o sociales. A los hombres y mujeres mayores abandonados en las residencias que esperan sin recibir la visita y el cariño de los suyos.

(Breve silencio)

Queremos ser misericordia, esperanza y vida

Tengo sed.

Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre esa parte de nuestro mundo que muere por falta de agua. También a aquellos que tienen sed de justicia mientras están privados de libertad en las cárceles; a los que tienen sed de igualdad porque sufren discriminación por sexo, religión o color de la piel. A los que tienen sed de amor porque nadie les ha amado y sueñan con sentirse alguien para alguien algún día. A los que tienen sed y necesidad de paz porque el ruido de la violencia es su música de fondo. A las víctimas de las guerras, a los que han muerto, a los que lloran su ausencia …

(Breve silencio)

Queremos ser misericordia, esperanza y vida

Todo está cumplido.

Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a cuantos necesitan experimentar la vida más allá del cumplir con la ley, con las normas o con lo considerado como correctamente establecido. También a todos y todas las que buscan en el cumplimiento su seguridad, la aprobación del otro. A los que anhelan una vida con anchura de mente y corazón, más allá de cualquier ley de orden social, político o religioso. A los que han entendido que la ley es para el ser humano y no el ser humano para la ley. A los que dictan y legislan las leyes que no buscan el bien de los más desfavorecidos.

(Breve silencio)

Queremos ser misericordia, esperanza y vida

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Ponemos en el corazón de nuestro Padre Madre a nuestra querida comunidad eclesial, en tantas ocasiones, atrapada en sus propias estructuras, rituales, lenguaje y formas. Al Papa Francisco en estos momentos de especial fragilidad. A cuantos anhelamos vivir bajo el soplo del Espíritu. A los que nos encomendamos con confianza al corazón de Dios. A los que hemos tenido la inmensa fortuna de conocer a Jesús y nos sentimos hoy desconcertados al verle en la Cruz. A los que día a día somos conscientes de nuestra fragilidad y buscamos la fuerza del soplo del Espíritu para crecer en humanidad.

(Breve silencio)

Queremos ser misericordia, esperanza y vid

Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

Insoportable: Asesinato de hombre gay en Chigorodó, Colombia, hace el número 30 en este año…

viernes, 18 de abril de 2025
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IMG_0950Caribe afirmativo comunica en su perfil de X :

Lamentamos profundamente el asesinato de Ángel Miro, un hombre gay, en Chigorodó, municipio ubicado en el Urabá Antioqueño. Autoridades confirman que su cuerpo fue hallado en su vivienda acompañado de una nota amenazante.

En la noche del martes 16 de abril fue asesinado un hombre gay identificado como Ángel Miró Guisao en el municipio de Chigorodó, Urabá antioqueño. De acuerdo con información preliminar, el crimen fue perpetrado con un arma punzante que fue encontrada en la escena, y las autoridades ya tendrían identificado al presunto agresor.

Desde el Observatorio de Derechos Humanos de Caribe Afirmativo hemos registrado 30 casos de asesinatos de personas LGBTIQ+ durante el 2025. De esa cifra, más de la mitad de crímenes han ocurrido en el departamento de #Antioquia.

Hacemos un llamado a la @GobAntioquia a poner en marcha acciones urgentes y contundentes de prevención de violencias contra personas LGBTIQ+, pues hay una alta ocurrencia de homicidios y feminicidios contra personas sexo-género diversas en el departamento.

Los hechos están siendo investigados por las autoridades locales y la Fiscalía, mientras defensores de derechos humanos insisten en la urgencia de proteger a liderazgos sociales y poblaciones en riesgo en Chigorodó y otros municipios en Urabá. Se exige que se realice la investigación aplicando los lineamientos de la directiva 006 de 2023, dónde se parte de la premisa que el crimen está motivado por violencia por prejuicio.

En este contexto, se hace necesaria una alerta temprana de la @DefensoriaCol que inste la activación de políticas nacionales y locales para prevenir las violencias contra personas LGBTIQ+ en el territorio nacional.

A pesar de que en febrero la Fiscalía General de la Nación expidió la Directiva 006 de 2024, que ordena a fiscales y personal investigador aplicar un enfoque diferencial en los casos de violencia por prejuicio contra personas LGBTIQ+, organizaciones sociales denuncian que persisten la impunidad, la falta de protección a personas amenazadas y la ausencia de medidas preventivas eficaces en territorios con alta conflictividad.

Hasta el momento, no se ha emitido un pronunciamiento oficial por parte de la Alcaldía de Chigorodó ni de la Gobernación de Antioquia. Pero evidentemente, se requiere que las entidades territoriales inicien acciones de prevención de violencias contra personas LGBTIQ+.

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Fuente Caribe Afirmativo

***

Getsemaní…

jueves, 17 de abril de 2025
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I
GETSEMANÍ
I
SOLEDAD EN GETSEMANÍ

Llegó Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
“Sentaos aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Y llevándose a Pedro
y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
(Mt. 26, 36-37)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y la noche de Jerusalén ya no escondía
la densidad del abandono.
El Maestro lo supo,
y no un presentimiento, una certeza
comenzó a golpearle contra la soledad.
Ahora la soledad no era
aquella extensión dulce donde encontrar al Padre,
ni era
el campo de batalla donde el Hijo
de Dios fuera tentado como Hijo
de Dios.
La soledad era una fuerza
incontenible: vaciaba de luz
todas las casas del espíritu, dolía
como el frío
cuando hiela la sangre.
La soledad mordiendo
el corazón del hombre,
la soledad poniendo al descubierto
al hombre, solo al hombre.
(La soledad es una calle larga
que lleva a la tristeza).
Quiso salir de la ciudad. Bajo la luna
la espalda de los que se volvían era un incendio
que le abrasaba la memoria.
Acaso
fueran piadosos los olivos con su óleo
de intimidad donde resuena
la palabra del Padre.
¡Oh paradoja del ascenso
donde los pies se hunden
en el lodo del hombre!
¡Oh paradoja del conocimiento
donde todo es maraña de raíces!
Getsemaní no es una zarza ardiendo,
es la espesura sin piedad
donde el hombre está solo,
desnudamente solo, sin asilo,
despojado del hombre,
despojado de Dios.
Getsemaní no es óleo, es agonía,
es otra vez un campo de batalla donde el Hijo
del Hombre ha de enfrentarse
con todos los demonios del hombre:
el tedio, la amargura, la angustia, los peldaños
que van a dar al morir.
Getsemaní no es óleo. Es agonía:
y en el centro del huerto queda solo
un verdadero hombre verdadero
abrazado al silencio de Dios, pero obediente.
Fiat, Señor, digo hoy contigo,
fiat, Señor, aunque me duela.

II

NO ERA EL SUEÑO, SEÑOR…

Bajo la luna llena encanecían los olivos.
La quietud era sólida y destilaba
un plomo ardiente que invadía los cuerpos.
El silencio
se había vuelto mineral
y en la sangre aún rompían las palabras
anunciadoras y terribles
que se habían mezclado con el vino.

Regresó y volvió a encontrarlos dormidos,
pues sus ojos estaban cargados
(Mt. 26, 43)

No era el sueño, Señor, era el espanto
lo que subía
río arriba del alma hasta los ojos:
era el espanto
de ver luchar a Dios y no hacer nada.

III

 EL BESO

Entonces todos los discípulos
lo abandonaron y huyeron.
(Mt. 26, 56)

En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y ahora
iban subiendo entre las luces,
ensayando
el más turbio, el más falso
de los besos.
¿Quién dijo que el amor era un abrazo?
Este beso no es beso, es un cuchillo
que asesina de lejos y empozoña
el corazón de muchos y lo cubre
de la callosidad del abandono.
En el puente del beso se ha cumplido
lo que dijeron los profetas, pero
Señor te pido ahora que me quites
esa suerte de puente y que me dejes
del lado del amor, en tus orillas.

IV

ORACIÓN PARA NO DORMIR

 Pedro lo siguió de lejos
(Mt., 26, 58)

Oh, Señor, en esta hora
en que también se confunde
la distancia con el miedo,
si Tú me ves que me aparto
de tu agonía y que duermo
para no ver al que sufre
ni ver mi interior desierto,
mírame, que yo te sigo,
aun como Pedro de lejos.
Mírame y en tu mirada
sostenme para que el fuego
de tanto amor me despierte
siempre que me venza el sueño.

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

El día de Jueves Santo se celebra la memoria de la primera vez que Nuestro Señor tomó el pan y lo convirtió en su cuerpo, tomó el vino y lo transformó en su sangre. Esta verdad requiere de nosotros una gran humildad, que sólo puede ser un don suyo. Me refiero a esa humildad de mente por la que conocemos la verdad de que lo que antes era pan ahora es su cuerpo y lo que antes era vino ahora es su sangre. Por eso nos arrodillamos para honrar a Jesús en el Santísimo Sacramento. Sucesivamente, cuando se ora ante el altar de la Reserva, nos damos cuenta de cómo estamos unidos a él en el sufrimiento del huerto de Getsemaní, tan cercanos a él como María Magdalena cuando lo encontró en el huerto el primer domingo de pascua: este hecho es el que nos causa más extrañeza.

El día de Jueves Santo […] evocamos también cómo nuestro Señor, durante la última cena, se levantó y se puso a lavar los pies de sus apóstoles y, con este gesto, nos mostró algo de la divina bondad.

Jesús nos revela en qué consiste lo divino. Jesús lavó los pies de sus discípulos para mostrar las atenciones y la gran bondad que Dios tiene con nosotros. Es un pensamiento maravilloso que podría ocupar nuestra mente y nuestras plegarias.

Si esta bondad divina puede manifestársenos, ¿qué podremos hacer nosotros a cambio? ¿No deberíamos igualar esta dulce bondad suya, que rebosa amor por nosotros, y brindar la misma bondad y el mismo amor? Esto demostraría que el amor, la caridad cristiana, no es sólo una palabra fácil, sino algo que nos lleva a la acción y al servicio, especialmente al de los pobres y al de cuantos pasan necesidad.

*
Basil Hume,
El Misterio y lo absurdo,,
Cásale Monf. 1999, 107s

***

***

«El lector de salmos», por Dolores Aleixandre

jueves, 17 de abril de 2025
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cda24_expo_musee_national_marc_chagall_chagall_politique_triptyque_resurrection-tt-width-653-height-999-fill-0-crop-0-bgcolor-eeeeeeCada judío nace con el libro de los salmos grabado en el corazón y sus palabras forman parte del tejido relacional que los vincula con su Dios. El judío Jesús pertenecía a ese pueblo de orantes que acudían a los salmos para expresar su alabanza, sus súplicas, sus temores, sus sufrimientos o sus alegrías.

Una breve frase al final del relato de la última cena, antes de salir hacia Getsemaní, es significativa: Cantaron el himno y salieron hacia el monte de los Olivos (Mt 26,30). Alude al salmo 136 con el que terminaba el ritual de la cena pascual y Jesús recitó (¿cantó?) aquella noche estas palabras: Me cercaban y me acorralaban, me rodeaban como avispas, empujaban para derribarme; (…) me envolvían redes de muerte, me alcanzaban los lazos del abismo….

Los escenarios que recreaban aquellas imágenes eran estremecedores y Jesús debió intuir oscuramente que también él iba a sentirse cercado, atacado por un enjambre peor que de avispas, atrapado entre redes, empujado y derribado por una muchedumbre hostil.

No es de extrañar que se identificara con la confesión del salmista: Caí en tristeza y angustia, pero que, al pronunciar la continuación del salmo, se contagiara también de la certidumbre de otras palabras: Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo, arrancó mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída…, el Señor fue mi auxilio…”.

También él se sentía habitado por una confianza que ni en los peores momentos iba a quebrarse, y aquella noche sintió que le alcanzaba la seguridad de una promesa: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.

Al terminar la oración en el huerto, dijo a sus discípulos: “Está hecho. Llega la hora” y esa expresión está hecho” anticipa el está consumado de la cruz. Es el anuncio del término de una carrera, de la rendición después de un combate, de un ceder, soltar, abandonar la resistencia, entregarse sin condiciones como exhortaba un salmo: Rendíos y reconoced que yo soy Dios (Sal 46,11).

En la cruz va a ser el rendido y su gesto de inclinar la cabezaevoca una actitud de consentimiento absoluto al Padre, el final coherente de su apuesta arriesgada de confiar por encima de todo. No se había protegido antes y tampoco podía hacerlo ahora, porque no hay nada tan vulnerable como el costado de un hombre crucificado.

Un salmista había dicho: “Al atravesar el valle de las lágrimas, alumbrarán un manantial” (Sal 84,7). Jesús había atravesado ese valle, confiando en que su muerte alumbraría un manantial. Había perdido su vida vaciándola como un cántaro, pero la había ganado y moría convertido en fuente.

DAleixandreDolores Aleixandre

Jubilada feliz. Encajando el envejecer con cierto garbo (de momento). Convencida de la fuerza de la Palabra y de la bondad última de las personas. Adicta a la Biblia y a contársela a otros. Agradecida a la vida, al cariño de tantos amigos y al sentido del humor. Aficionada al cine, a la música polifónica y a Gomaespuma. Lectora desordenada y escritora de vuelo corto. Orgullosa de ser columnista de alandar. Tratando de callarme más, rezar más y vivir más atenta al latido del corazón de Dios en el corazón del mundo.

Fuente Alandar

“A esta última cena los ha convocado”

jueves, 17 de abril de 2025
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«Última Cena» de Leonardo da Vinci

 La Última Cena

[Al ver la «Última Cena» de Leonardo da Vinci, Milán, 1904.]
de Rainer Maria Rilke

Se reúnen, asombrados y perturbados,
en torno a él, quien, como un sabio, resolvió su destino,
y ahora abandona a quienes más amaba,
dejándolos y pasándolos de largo como un extraño.
La antigua soledad le invade,
que le ayudó a madurar para sus actos más profundos;
ahora volverá a caminar por el olivar,
y quienes lo aman aún huirán ante su vista.

*
A esta última cena los ha convocado,
y (como un disparo que espanta a los pájaros de los árboles)
sus manos se apartan de alcanzar los panes
a su orden: vuelan hacia él;
revolotean, asustados, alrededor de la mesa,
buscando una salida. Pero él está presente
en todas partes como un crepúsculo que todo lo impregna.

***

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 17 de abril de 2025

Fuente New Ways Ministry

***

Nota: En el mural de 1498 de Leonardo da Vinci – como en la «copia» de 1520 de Gianpietrino – el pintor ha elegido de las escrituras bíblicas el momento inmediatamente después de que Jesús dice: “En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros, que está comiendo conmigo, me va a entregartraicionarme«]”. La pintura representa las reacciones de los discípulos a las palabras de Jesús.

Jueves Santo: “Los amó hasta el extremo”

jueves, 17 de abril de 2025
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(Robert Recker gay Passion of Christ)
***

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

“Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.“”

*

Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

*

1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

– “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.”

Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo:

“Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.”

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

*

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

“Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?”

Jesús le replicó:

“Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.”

Pedro le dijo:

“No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó:

“Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo:

“Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.”

Jesús le dijo:

“Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.”

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios.

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

“¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

***

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (23 de marzo de 1978)

***

Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. “Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua”. La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación. Leer más…

Jueves Santo. Todos sacerdotes con Jesús: Éste es mi Cuerpo, ésta es mi sangre

jueves, 17 de abril de 2025
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IMG_1775Del blog de Xabier Pikaza:

Todos, varones y mujeres, son  hoy “sacerdotes” de Jesús y así proclaman: ¡esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre!, pues Jesús les (nos) dijo: Haced esto en conmemoración mía.

Quizá nadie lo ha sabido y lo ha dicho como Teresa de Lisieux. Por eso quiero empezar recordando su oración sacerdotal ante la muerte.

En un segundo momento trataré de la última Cena de Jesús según el evangelio de Marcos. El sacerdocio del Jueves Santo no es de honor y ordenación clerical, sino de comunión de vida: Esto es mi cuerpo.

TERESA DE LISIEUX.  TODOS   SACERDOTES

 No sólo el dirigente litúrgico, sino todos los participantes de la eucaristía, mujeres y varones, comparten la Cena del Señor y dicen con Jesús (=han de decir) tomad, esto es mi cuerpo, tomad ésta es mi sangre, uniéndose a Jesús  que les dijo (nos dijo) “haced esto en memoria de mí”, haciéndose y siendo así carne y sangre de vida unos de otros,

Estas son palabras de Jesús, el Cristo, asumida por todos los cristianos, pues en ellos vive Cristo (Gal 2, 20) y viven ellos unos en los otros, como eucaristía. Por eso, una eucaristía que observamos desde lejos no es verdadera celebración del Señor, una eucaristía en la que no compartimos unos con los otros nuestro cuerpo y sangre, como cuerpo-sangre de Jesús,  no es celebración de su cena, no es fiesta de Jueves santo. Por eso, un celebrante aislado  no es tampoco eucaristía.

La palabra central de la celebración suena siempre así: ¡esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre!, un cuerpo y sangre que comparto con mis hermanos y que ofrezco a todos los hombres y mujeres, para que así todos podamos ser eucaristía, presencia de Dios en nuestra vida compartida, pues  Cristo, Hijo de Dios, se ha encarnado, para que seamos carne/sangre unos de otros, cuerpo mesiánico.

El pan es cuerpo porque se comparte; el vino es sangre porque todos beben de la misma copa. En esa línea, la memoria de Jesús, hecha la eucaristía, se convierte en eucaristía de todos los cristianos, en camino de entrega mutua y comunión  camino que conduce, por el don y entrega de vida, unos en otros, mutua, a la libertad y comunión de todos en Cristo.

 Éste es el más alto oficio, la tarea gozosa y salvadora de la historia: Aprender a ser y ser (hacerse) un cuerpo de amor en Cristo,  en comunión de vida, unos en otros, con el mismo Dios que por Jesús ha venido a convertirse en compañero nuestro, entregándonos su vida y sangre en el intento.

      Así lo vivió, de un modo intenso, Teresa de Lisieux, quizá la mayor cristiana de los dos últimos siglos. Por solidaridad personal y cuidado cristiana y por comunión de vida, con la humanidad entera, ella se sintió responsable de toda la iglesia, de la humanidad en su conjunto (incluso de los no creyentes, pues ella misma se siente con ellos no creyente, en la prueba fuerte de la noche y silencio de la fe).

Y de esa forma, como nuevo Cristo, se eleva al Padre, haciendo suyas las palabras sacerdotales de Jn 17, en un jueves santo, acercándose al Viernes Santo de su comunión completa en Cristo, con todos los seres humano:

Amado mío, yo no sé cuándo acabará mi destierro… Más de una noche me verá todavía cantar en el destierro tus misericordias. Pero, finalmente, también para mi llegará la última noche [Última cena de Jesús y de Teresa], y entonces quisiera poder decirte, Dios mío: «Yo te he glorificado en la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.  He dado a conocer tu nombre a los que me diste. Tuyos eran y tú me los diste. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de tí, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido y han creído que tú me has enviado. Te ruego por éstos que tú me diste y que son tuyos»….

«Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo y que el mundo sepa que tú los has amado como me has amado a mi».

Sí, Señor, esto es lo que yo quisiera repetir contigo [con Jesús] antes de volar a tus brazos. ¿Es tal vez una temeridad? No, no. Hace ya mucho tiempo que tú me has permitido ser audaz contigo. Como el Padre del Hijo Pródigo cando hablaba con su Hijo mayor, tú me dijiste: «Todo lo mío es tuyo» (Lc 15, 31). Por tanto, tus palabras son mías y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial… (Mc C, 34v y 35r, 323-324).

 Teresa de Lisieux se identifica con el Cristo del Jueves Santo, conforme a la oración sacerdotal de Jesús en Jn 17 La historia de la entrega de Jesús se vuelve así su historia, las palabras de Jesús son su palabra. Sin duda, ella se siente dentro de la iglesia católica y el acepta el ministerio parcial de sus sacerdotes. Pero, estrictamente hablando, ella actúa como Sacerdote de la humanidad entera. Por eso, asume la palabra de Jesús y, en una especie de Eucaristía universal,  ella se presenta en amor ante Dios Padre, llevando en sus manos y en su corazón el sufrimiento y búsqueda de todos los humanos.

Sus palabras son muy conocidas: las saben de memoria y las repiten muchísimos cristianos. Pero Teresa de Lisieux las hace suyas y las proclama de nuevo, en la noche de su vida (como  noche de  Jueves Santo de Jesús), sin comentario alguno, tal como son: palabras de entusiasmo amante y de amorosa entrega de la vida en favor de los demás.

Estas palabras de la gran Consagración Sacerdotal de Teresa pueden y deben conservarse en el centro de la iglesia, no como simple «intimidad privada«, exageración perdonable de un alma piadosa, sino como verdad profunda y sentido de la vida todos los creyentes,  todos sacerdotes cristianos unidos al Cristo del Jueves Santo que dice “esto es mi cuerpo, esta es mi sangre” de la gran misa de Semana Santa..

COMENTARIO. LA EUCARISTÍA EN  MARCOS 14, 18-21

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La investigación exegética ha discutido intensamente el tema, desde la perspectiva del judaísmo de su tiempo, fijándose especialmente en el día en que ella pudo celebrarse. De todas formas, pienso que, más que la fijación del día de su celebración, a Marcos le interesa el hecho de que Jesús ha pasado de la vieja pascua nacional (celebrada con cordero sacrificado en el templo) a la nueva experiencia de su muerte y de su pascua (celebrada con pan y vino). Pero ese tema sigue siendo discutido. Por eso, para situarlo mejor, podemos empezar distinguiendo tres opiniones:

– Cena pascual.  Algunos exegetas, tomando la anotación de Mc 14, 12 par en sentido historicista, suponen que la Última Cena tuvo lugar la misma Vigilia de Pascua, el día en que la celebraba los judíos en conjunto, con los corderos que habían sido sacrificados unas horas antes en el templo. Según eso, Jesús habría empezado comiendo la carne del cordero sacrificado por los sacerdotes, con el resto de los fieles judíos, pero después transformó de un modo significativo el rito antiguo, rechazando probablemente el cordero (¡no aceptaba los sacrificios del templo!) y poniendo en primer plano los signos del pan y del vino, a los que confirió un sentido nuevo, vinculado a su propia entrega por el reino.

Pero en ese caso habría que decir que (según el relato de Marcos) el juicio de Jesús ante Pilato y la crucifixión tuvo que realizarse la mañana siguiente, cosa bien extraña (y casi imposible) pues era el día de gran fiesta y en ella los judíos no podían realizar ningún trabajo (ni un juicio con condena a muerte) ( J. Jeremias, La última Cena. Palabras de Jesús, Cristiandad, Madrid 1980).

– Cena no pascual. Otros, siguiendo a Jn 19, 31-37, suponen que Jesús fue crucificado la víspera de pascua, por la tarde, es decir, en el momento en que se estaban matando en el templo los corderos, que se comerían unas horas después, esa misma noche, como alimento y signo de libertad para Israel. Conforme a esta visión, que parece hallarse al fondo de 1 Cor 5, 7b, Jesús habría muerto en el momento en que la mayoría del pueblo estaba preparando la pascua judía, de manera que su Última Cena aconteció la noche anterior (es decir, antes de la pascua judía).

De esa forma se podría decir que la muerte sería una especie de antítesis de la pascua tradicional judía. Lógicamente, la Última Cena tendría que haberse celebrado la noche anterior, de manera que no pudo ser cena pascual (en sentido judío), sino cena especial de despedida (sin cordero) (Cf. E. Nodet y J. Taylor, The Origins of Christianity, Liturgical Po, Collegeville MI 1998).

− ¿Una pascua heterodoxa… o menos ortodoxa, tipo esenio? Finalmente, otros investigadores piensan que en tiempo de Jesús había, al menos, dos fechas de celebración de la pascua, según las diferencias entre el calendario solar o el lunar, por el que se habían separado, por ejemplo, los esenios de Qumrán y algunos otros, entre los que se hallaría el grupo de Jesús. En esa línea, además, habría grupos de tendencia casi vegetariana que rechazaban no sólo la comida de carne (cf. Dan 1, 12.16), sino incluso los sacrificios de animales, de manera que celebraran su fiesta con pan y con vino (como hará Jesús) (El tema ha sido tratado ya en este blog por Ariel Álvarez. Cf. también su trabajo Cuándo fue la última cena, en Por qué murió Jesús, Paulinas, Buenos Aires 2010. Sigue siendo clásico el libro de. A. Jaubert, La date de la cène. Calendrier biblique et liturgique chrétienne, Aubert, Paris 1957.

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Yo me parto y me reparto, mi vida se derrama por todos

jueves, 17 de abril de 2025
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índiceJUEVES SANTO (C)

Jn 13,1-15

Repartir el pan y la copa de vino se hacía en todas las comidas importantes. Sabemos el sentido exacto que quiso dar Jesús a aquellos gestos y palabras. El mismo Jesús le dice a Pedro que no lo puede entender “por ahora”. Me mosquea que la Didaje, un escrito de finales del s. I no diga nada de la consagración. Dice: “después, los que entre nosotros se llaman diáconos reparten entres los asistentes el pan y el vino eucaristizados”. Y me mosquea aún más que Juan en el relato no diga nada de la institución de la eucaristía.

Creo firmemente que en la aparición de la eucaristía en la primera comunidad ha tenido mucha más influencia el recuerdo de las comidas de Jesús que la última cena. La eucaristía fue, en un principio, un hacer presente a Jesús en el compartir con los demás lo que cada uno tiene y es. En aquella sociedad lo más perentorio era la comida.

El relato de Juan muestra la importancia del lavado de los pies. “¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el “Maestro” y el “Señor”; y decís bien, porque lo soy. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. Aquí está la clave de la celebración de hoy.

En el gesto del lavatorio de los pies, Cristo está tan presente como en la celebración de la eucaristía. Si entendemos esta equiparación, estaremos en condiciones de ahondar en el significado de los dos hechos. Lavar los pies era un servicio de esclavos. Jesús manifiesta que él está entre ellos como el que sirve. Es lo que había hecho Jesús durante su vida.

Si yo os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Desde aquí debemos entender el final de relato del pan y el vino: haced esto recordándome a mí. No se refiere a partir el pan y pronunciar unas palabras mágicas sino a partirnos y repartirnos como él se partió en beneficio de todos.

Juan, el que más profundizó en la comprensión de Jesús, ni siquiera menciona la eucaristía. Esto debía hacernos pensar en la importancia del signo de lavar los pies. Sospecho que Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como servicio. La verdadera grandeza está en parecerse a Dios que se da sin reservas.

Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. Esta es la explicación que da Jesús a lo que acaba de hacer. Celebrar la eucaristía es aceptar el compromiso de darse totalmente. La eucaristía es signo de la entrega. Si solo es signo, se queda en garabato.

El lavatorio dice lo mismo que el partir el pan, pero evita el peligro de quedarnos en el aspecto ritual de la celebración. El signifi­cado de la eucaristía lo percibiremos mejor a la luz del lavatorio de los pies. Jesús toma un pan y, mientras lo parte y lo reparte, les dice: esto soy yo. Yo estoy aquí para partirme y repartirme, para dejarme comer.

Lo que los evangelios nos dicen con estos gestos es que Jesús era un ser para los demás, que el objetivo de su vida era darse; que había venido para servir. Muestra de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana solo la alcanzaría cuando se diera totalmente, cuando llegara al sacrificio total con la muerte asumida y aceptada. De ahí la profunda relación que tienen los acontecimientos del Jueves Santo con los del viernes.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Una iglesia que viva en dialéctica de poder no es la de Jesús

jueves, 17 de abril de 2025
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671DF691-AC2E-4492-8AE3-D0AD9229C170Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Decía el padre Arrupe que: Mientras exista hambre en el mundo, la Eucaristía no será plena

        Todo el evangelio de S Juan está atravesado por una tensión reflejada en la “hora:

  •  En las bodas de Caná todavía no había llegado su hora, (Jn 2,4).
  • Jesús se encuentra con la samaritana a la hora sexta (Jn 4,6) que es la misma hora de la muerte de Jesús.
  • Llegará la hora en que a Dios se le adorará en espíritu y en verdad (Jn 4, 21.23).
  • Está llegando la hora de la vida: quienes escuchen su voz vivirán (Jn 5,25-28).
  • Por más que procuraban detenerle no podían, porque no había llegado su hora, (Jn 7,30; 8,20).
  • En alguna ocasión Jesús les recuerda a los suyos que no ha llegado su hora (Jn 12,23).
  • En algún momento siente un cierto miedo y angustia ante la hora que se acerca, (Jn 12,27).
  • Ahora, antes de la fiesta de la Pascua de los judíos, Jesús sabe que ha llegado su hora (Jn 13,1).
  1. Ha llegado la hora (Jn 17,1). La hora es la hora sexta (crucifixión).

        En nuestra vida también hay muchas “horas”, momentos cruciales, “valles de tinieblas”.

        Desde el Jueves Santo, podemos pensar y vivir nuestra vida como un Éxodo libertador.

Jesús salió del Padre y vuelve a Él. También nosotros hemos sido creados por Dios Padre y volvemos a Él.

        La hora final, nuestra propia muerte vivida desde JesuCristo, se torna de gran esperanza.

02.- Jesús se reúne con los suyos.

        Los “suyos” somos todos: en la misma mesa están Jesús, los discípulos, Pedro: hombre de poder, Judas: traidor, el Discípulo Amado por Jesús…

        Probablemente también nosotros hemos vivido, vivimos, momentos de todos esos “personajes”. Como a Pedro, también a nosotros nos gusta el poder, tal vez hemos sido algo “Judas” en la vida, en todo caso, todos y siempre somos amados por JesuCristo, el Discípulo amado.

        Jesús se reúne siempre con los suyos, que somos nosotros.

Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios permanece en él. (Jn 4,8)

        Jesús es expresión (sacramento) del amor de Dios.

03.- Lavar los pies.

Con esa “ironía” que emplea el evangelista san Juan, enmarca de gran solemnidad un gesto tan pobre y cotidiano como lavar los pies de los suyos. Jesús se quita el manto de Señor… (Al día siguiente, el viernes, se lo pondrán tras la flagelación).

 El lavatorio no tiene lugar al comienzo de la Cena. No es un rito de purificación judío, sino que es un momento central en la cena. Es una actitud de servicio y ayuda para con los demás. El servicio es una actitud fundante de la Iglesia. Una iglesia que no sirva a la comunidad no es la iglesia de Jesús: no tenéis nada que ver conmigo

Una Iglesia que viva en una dialéctica de poder no es la Iglesia de Jesús.

“Extrañamente” en la Última Cena del evangelio de san Juan no hay Eucaristía. El pan de vida lo ha resuelto S Juan en el cp 6, en la multiplicación de los panes: Yo soy el pan de Vida.

Decía el padre Arrupe que: Mientras exista hambre en el mundo, la Eucaristía no será plena.

A lo largo del tiempo de su vida pública, Jesús había comido frecuente con pecadores y publicanos, que eran auténticas eucaristías, comidas, encuentros salvíficos.

La Eucaristía que hemos escuchado en la segunda lectura (1ª Corintios) no es una ceremonia plagada de ritos es una asamblea de creyentes en el servicio como pauta de vida.

En la última Cena del evangelio de San Juan, el centro lo ocupa Jesús servidor, esclavo, que lava los pies a los suyos y un Jesús que ama hasta el final: servicio y amor.

04.- Servicio en la iglesia.

Estamos viviendo la ancianidad y enfermedad del Papa.

Que sea lo que Dios quiera y cuando Dios quiera. Nosotros oramos por él, le respetamos y le queremos en su condición de anciano y enfermo.

Francisco ha vivido y ha predicado una iglesia de los pobres, una iglesia que fuese un “hospital de campaña”, una iglesia al estilo del “buen samaritano”.

 Sin embargo muchos eclesiásticos y laicos, no pocos movimientos religiosos siguen una línea más bien legalista, judaizante.

La Eucaristía tiene mucho que ver con los comedores sociales, con los bancos de alimentos, con las personas y movimientos que trabajan por la paz, con los voluntarios que ayudan a los ancianos, enfermos, a los niños, a los encarcelados…

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Os he dado ejemplo: haced vosotros lo mismo

 

La Cena del Señor. Ciclo C

jueves, 17 de abril de 2025
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“¿Comprendéis lo que acabo de hacer con vosotros?”

(Jn 13, 1-15)

Hemos visto muchas veces el gesto del lavatorio de los pies, a veces siendo sacerdotes quienes se ponen en el lugar de Jesús, otras veces personas consagradas o seglares. Pero… si nos preguntara Jesús, como hizo a sus discípulos: ¿comprendéis lo que acabo de hacer con vosotras?… ¿Qué responderíamos? Quizás que podemos describir lo que hemos visto, pero comprender su sentido…

¿Cómo vivir hoy en día ese quitarse el manto, tomar una toalla, ceñírsela a la cintura y lavar unos pies que han caminado descalzos o con sandalias? Hay que ser una persona muy libre para hacerlo.

Este es un símbolo de entrega muy concreto: hacer lo que nadie quiere hacer (por eso lo hacían los esclavos). Y de eso seguro que tenemos ejemplos que se nos vienen a la mente, vivamos solos, en familia o en comunidad. Ya trabajemos o estudiemos o en las diferentes actividades en las que participemos… Siempre hay cosas que nos cuestan más, que se dejan para el final para ver si las hace otra… Parece que es ahí donde nos jugamos la vida, donde el seguimiento a Cristo se hace realidad y no se queda en un ideal.

¿Y si nos cambiamos de rol y nos ponemos en la piel de Pedro y los demás discípulos? ¿Cómo aceptamos ser ayudadas? Más aún, ¿cómo acojo que otra persona a quien admiro, “gaste” su tiempo, se desgaste, se abaje haciendo algo por mí? ¿Me dejo? ¿Me abandono? La verdad es que nos llama más el hacer que el dejarnos hacer… El sabernos fuertes y capaces de dar, más que sencillas y humildes para recibir.

Jesús nos pide hacer lo mismo las unas por las otras: entregar la vida y aceptar ser sujetos receptores de esa vida entregada de otras personas.

Oración

Trinidad Santa, danos tu humildad para entregar la vida las unas por las otras.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Jueves Santo: Tres meditaciones sobre el Evangelio de San Juan 13, 1-15, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

jueves, 17 de abril de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

La fracción del pan: haced esto en memoria mía 

Con la Liturgia de la Cena del Señor intentamos, sólo podemos intentar, entrar en el misterio pascual, el misterio de nuestra salvación que revivimos en estos tres días santos de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Es sobre todo la escucha de la Palabra lo que nos permite participar en este misterio: lo que hemos escuchado como Ley en el libro del Éxodo (Ex 12,1-14), la memoria eucarística que Pablo da a los cristianos de Corinto (1 Cor 11,23-32) y el Evangelio del lavatorio de los pies (Jn 13,1-15) nos dicen algunos aspectos de la Pascua del Señor, y nosotros en nuestra pobreza de año en año tratamos de escrutarlos, de conocerlos un poco más, para poder pasar del conocimiento al amor del Señor, del conocimiento a la realización cotidiana de lo que se nos revela.

El Misterio Pascual nos parece cada vez más inagotable y somos cada vez más conscientes de nuestra insuficiencia para acoger y transmitir esta Palabra del Señor. Voy a intentar detenerme en el pasaje de San Pablo sobre la institución de la Eucaristía por Jesús. Me detengo solo en unas pocas palabras, sin pretender comentar el pasaje completo. Pero éstas son aclaraciones, las que nos da el mensaje de San Pablo, que son urgentes y decisivas para la vida cristiana de cada uno de nosotros y de cada comunidad.

Ante todo, el Apóstol recuerda a los cristianos que la acción que realizan en el seno de sus comunidades, especialmente en el Día del Señor, es una acción que recibió directamente del Señor, y que les transmitió a ellos, los cristianos de Corinto, anunciando la Buena Noticia del Evangelio. ¡San Pablo recibió una acción, un gesto, unas palabras que vienen del mismo Señor! La Eucaristía no es algo que la Iglesia se ha dado a sí misma o que alguien ha reglamentado: es simplemente una acción recibida del Señor y que debe ser transmitida siempre a los creyentes en Él en la plenitud del misterio que contiene.

Por eso San Pablo precisa ante todo: “La noche en que Jesús fue entregado”, es decir, en la noche de la traición, en la noche del no reconocimiento, en la noche del abandono por parte de todos los discípulos. Si hay una hora de negación de vínculos en la comunidad del Señor, es precisamente esa: y precisamente en esa situación Jesús entrega el gesto y las palabras eucarísticas.

Éste es ya un mensaje en sí mismo: “la noche en que fue entregado”, y significativamente la Iglesia en la liturgia occidental nos hace repetirlo en todas las oraciones eucarísticas. “La noche en que fue traicionado”, o se podría decir: “la noche en que fue abandonado”, “la noche en que fue negado por Pedro”.

Éste es verdaderamente el contexto en el que Jesús da el don de la Eucaristía, da el don de la alianza, pero precisamente cuando la alianza es existencialmente rota, destrozada por todos aquellos que pertenecían a la comunidad del Señor. En esa noche Jesús realiza gestos y palabras: ésta es la Eucaristía, memorial esencial de la vida de toda Iglesia.

En la noche en la que se niega la alianza, Jesús celebra su alianza con los suyos. Debemos acoger en toda su verdad escandalosa este contexto del don de la Eucaristía, que sucedió aquella noche no porque fuera la última noche antes del arresto, sino porque fue la noche en la que Jesús sufrió exactamente aquello de lo que somos capaces como hombres: traicionar, negar, abandonar.

De todos los Evangelios se desprende claramente que Jesús quiere tener una cena, una comida de alianza con sus discípulos. Él quiso, planeó esta comida, incluso envió algunos discípulos a prepararla, y cuando llegó la hora declaró: «He deseado ardientemente comer esta cena con vosotros» (cf. Lc 22,14).

Es significativo que el cuarto evangelio ni siquiera nos diga si se trataba de una comida pascual, como especifican los evangelios sinópticos: lo importante, según San Juan, es que se trataba de una comida de alianza. Si miramos lo que realmente hay detrás de esa velada, no es tanto la Pascua en sí, sino la alianza.

Por eso, toda esa comida se resume en el ritual del pan y en el ritual del vino, en un paralelismo que genera un gran significado. El pan y el vino, elementos esenciales de la comida judía, adquieren en esta cena un significado que transciende su materialidad: Jesús quiso que aquella comida no fuera sólo para comer y beber, siempre en un contexto de oración y de liturgia, sino que sobre todo quiso, a través de ese pan y de ese vino, celebrar la alianza.

Por eso San Pablo recuerda que «Jesús tomó el pan, dio gracias y lo partió»: Jesús da gracias, es decir, dice una palabra de bendición a Dios, y en la alabanza, en la bendición, en la acción de gracias a Dios parte el pan. Esto es lo esencial, y es algo de la Eucaristía que no meditamos lo suficiente, quizá también porque en nuestras Eucaristías la fracción del pan no recibe ningún significado por parte de quienes las celebran. Y en cambio la fracción del pan es importante, es esencial. Jesús toma en sus manos el pan, es decir, un pan que recibe y acoge de Dios; reconoce que es un don que viene de Dios. Luego lo parte, lo divide, lo comparte. Aquí está la fracción del pan.

La comida es una acción humana –ciertamente sólo los humanos saben hacerlo, no los animales–, pero en esa comida el creyente recibe, agradece y comparte. Se recibe el pan para compartirlo, para “partirlo”, para luego distribuirlo a todos los que están alrededor de la mesa, para que todos compartan el mismo pan.

Así Jesús constituye la comunidad de la mesa, de aquellos que comparten el mismo pan, que por tanto participan de la comunión, son koinonoí y forman una koinonía, una comunión (este es el lenguaje de San Pablo). La mesa eucarística de Jesús no se define por ser justa o injusta: no había personas dignas aquella noche, en aquella comida eucarística.

Pero en ese mismo contexto Jesús dio el pan diciendo: “Es mi cuerpo por vosotros”. Al comer este pan, al alimentarnos todos del mismo alimento, vivimos la misma vida que es la vida de Jesús, vida de la que su cuerpo fue la manifestación más real posible. Todo esto hasta que seamos un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, el cuerpo del cual Cristo es la cabeza y del cual nosotros somos los miembros, indignos pero miembros. Éste es el verdadero y profundo dinamismo eucarístico, ante el cual nuestras preocupaciones sobre la presencia real no sólo son inadecuadas, sino engañosas y sobre todo muy poco inteligentes.

Precisamente repitiendo este gesto y estas palabras, como gesto y palabras de Jesús, desde aquella tarde de la traición hasta el día de su regreso en la gloria, entramos en esta dinámica espiritual en la que nos convertimos en cuerpo de Cristo y Cristo se hace vida en nosotros.

¡La Eucaristía es esto y no es otra cosa! Es estar en la mesa del Señor, en la que Él parte su cuerpo, es decir, nos da su vida. No podemos olvidar que aquella tarde Jesús partió el pan para los doce apóstoles que lo abandonaron, lo negaron, lo traicionaron; como durante su vida había partido el pan con sus amigos en Betania; como había partido el pan mientras comía en las casas de los pecadores; mientras partía el pan con la multitud que había venido a Él y entendía poco de lo que decía y hacía. La verdad es que Jesús partió el pan con todo tipo de invitados, ¡todos pecadores!

Pero San Pablo, tras recordar este primer rito eucarístico, en el que la Eucaristía es comunión en Cristo de los hombres llamados a salir del pecado, de la condición de pecadores, nos recuerda en paralelo el segundo rito: «Del mismo modo… tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza en mi sangre. Haced esto, cuantas veces la bebáis, en memoria mía”».

Las palabras del cáliz profundizan aún más la vida comunitaria, la koinonía, indicada sobre todo por el pan partido, porque especifican que esta vida es vida en la alianza. Lo que atestigua la tradición de Jerusalén, según Marcos y Mateo: «Esta es mi sangre de la nueva alianza» (Mc 14,23; Mt 26,27), lo afirma claramente la tradición antioquena seguida por Lucas (Lc 22,25) y por Pablo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre».

He aquí el término calificativo: “nueva alianza”. El pacto entre Dios e Israel había sido roto: “¡Este pacto, mi pacto, lo habéis roto!” (cf. Jr 31,2) –, y por eso Dios había prometido una nueva (cf. Jr 31,31), que Jesús mismo inaugura: ese cáliz que Jesús tiene en sus manos es la nueva alianza en su sangre.

Ahora bien, para entrar en la alianza con Dios, es necesario formar parte de la nueva alianza, en el sentido de la alianza definitiva, la alianza sellada en la sangre de Jesús. Esa copa, gracias a la palabra eficaz de Jesús, contiene su sangre, y esa sangre es la nueva alianza, o, si se prefiere, la vida de Jesús es la nueva alianza.

Porque si el Siervo recibió la misión de ser «alianza para todos los pueblos» (cf. Is 42,6), Jesús tiene la misión de ser Él mismo la alianza nueva y definitiva, para siempre, que no podrá romperse jamás, una alianza eterna. Y así con esta segunda señal y con estas palabras vemos que lo que era una koinonía es también un pacto.

Podríamos decir, parafraseando el comentario de San Pablo a las palabras del pan: «Como hay una sola copa, participamos de la única vida que es Jesucristo, porque bebemos de una sola copa». 

La sangre es vida, y Jesús la gastó en un sacrificio existencial, no en un sacrificio ritual como los que tenían lugar en el Templo: en el sacrificio de Jesús no hay ningún rito, sino que está la ofrenda de su vida, de toda su existencia, a Dios y a los hermanos.

Ay de nosotros si en el cáliz viéramos sólo la sangre de la Pasión del Señor, sólo el acto preciso de su muerte: la sangre es toda la vida de Jesús, toda su vida humana que fue sacrificio existencial, vida de servicio, de cuidado, de «amor hasta el extremo» (cf. Jn 13,1) a los hermanos.

Jesús vivió así, leamos un poco mejor los Evangelios: a Él no le preocupaba mucho nuestro pecado, le preocupaba el sufrimiento que encontraba entre nosotros. Ésta es la verdad de Jesucristo, que debemos recordar nosotros que tantas veces hablamos en su nombre y somos capaces de ver más el pecado que el sufrimiento de los hombres.

No olvidemos cómo la Carta a los Hebreos reinterpretó el sacrificio de Cristo desde una perspectiva verdaderamente cristiana: «Al venir al mundo», es decir, al hacerse hombre, Jesús le dice a Dios, casi orando: «Sacrificios y ofrendas rituales no quisiste, holocaustos y ofrendas por el pecado no te agradaron, porque no te agradaron y fueron ineficaces. Entonces dije: He aquí que vengo… para hacer, oh Dios, tu voluntad» (cf. Hb 10,5-7; Sal 40,7-9).

Éste es el sacrificio existencial de Jesús: toda su vida, significada por la sangre que es la vida de todo hombre, fue entregada plena, totalmente a Dios y a los hombres.

Por eso la koinonía, que nos recuerda la fracción del pan, aparece en el signo del cáliz como alianza nueva y definitiva, “alianza eterna” – dirá también la Carta a los Hebreos (Hb 13,20) – que no falla nunca. San Pablo no especifica que esta sangre de la alianza es “derramada para remisión de los pecados” (Mt 26,27), “derramada por las multitudes” (Mc 14,24), “derramada por vosotros” (Lc 22,20), pero esto se entiende, porque donde hay alianza ya no hay pecado, los pecados son perdonados y se establece una comunión con Dios más fuerte que la separación del pecado.

La Eucaristía es pues esta comunión en alianza, en la que cada uno de nosotros permanece con su propia responsabilidad. El Señor se la ofreció a todos: a Judas que lo traicionó, a Pedro que lo negó, a aquellos discípulos insensatos y sin ninguna convicción valiente. Eran huéspedes de Jesús, igual que nosotros. Cada uno de nosotros puede preguntarse si no somos Judas, si no somos Pedro, si no somos uno de los discípulos que abandonaron a Jesús.

Lo que San Pablo nos pide es «reconocer el cuerpo de Cristo»: solo si reconocemos el cuerpo y la sangre de Cristo, es decir, su vida, no somos condenados; y sólo aquellos que no reconocen la vida de Cristo “comen y beben su propia condenación”, porque no ven el don que Dios les da.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Lavaos los pies unos a otros en memoria mía 

Comenzamos a revivir las acciones y palabras de Jesús, escuchándolas, acogiéndolas en nuestro corazón y meditándolas, porque esto es lo único que podemos hacer aquí y ahora, juntos. Todos estamos dispuestos a beber de la fuente del misterio, porque sostenidos por esta agua que brota en nosotros (cf. Jn 4,14), podemos vivir precisamente viviendo este misterio en nuestra carne y en nuestra mente.

Cada uno de nosotros tiene su propio peso sobre los hombros y sobre el corazón: sí, con el corazón agobiado por el peso del duro trabajo de vivir, agobiado por nuestros pecados, que no son otra cosa que contradicciones al amor, agobiado por la conciencia de nuestra incapacidad cada vez mayor para ser coherentes con lo que hemos aprendido y seguimos conociendo del mismo Jesús.  Leer más…

Reflexión de Jueves Santo

jueves, 17 de abril de 2025
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JuevesSanto2016

 

Eres la vida que das…

“No eres el miedo que queda, eres la vida que das”

La Pascua es un tiempo para la autenticidad, para lo coherente, para la verdad de nuestra propia vida.

Es un tiempo de silencio, de escucha atenta, escucha absorbente….

“Todo comienza en el silencio, este es el primer paso para hablar de Dios, este el momento de la escucha y la oración, luego vendrá el lenguaje engendrado en esa calma”. “Del silencio del Padre viene la Palabra del Hijo, decía Ireneo de Lyon. Desde el silencio, la oración y la contemplación se comienza a ver el mundo de un modo nuevo. Sin esto, la liberación puede terminar nublada por un frenético activismo o una enfurecida vocación por juzgar, de los cuales la gente también necesita liberación. Entrar en la tierra sagrada del Padre involucra purificación, especialmente respecto de dioses falsos y del orgullo egoísta que esclaviza. Es un llamado a elegir la vida en medio de las tinieblas de la sociedad humana, de los ídolos hechos por nosotros mismos y de las injusticias del mundo moderno.”

Muchos de vosotros estáis en un tiempo de incertidumbre, finalizando la carrera, o comenzando a trabajar, o tomando decisiones que influirán en vuestra vida de una forma tal vez definitiva, es decir, decisiones que definirán vuestra vida.

Soltemos los hilos que nos mueven desde lo exterior, desde lo inconsistente, desde la apariencia. Dejemos el afán de tener porque hoy Jesús nos pregunta: ¿quién es el mayor el que está a la mesa o el que sirve?” (Lc. 22, 27); el de hacer, seguir la corriente como autómatas porque nos pregunta: ¿Cómo es que estáis dormidos? (Lc., 22, 46); librémonos del miedo, solo genera violencia contra nosotros y contra los otros, porque Jesús nos pregunta: ¿Como a un salteador habéis venido a prenderme con palos y espadas? (Lc. 22, 52)

Y entonces ¿qué hilo nos mueve)

Muéveme mi Dios hacia Ti,

que no me muevan los hilos de este mundo. No.

Muéveme, atráeme hacia Ti, desde lo profundo.

 

Hay tres palabras que resuenen con fuerza en este día y tal vez nos ayuden realmente a encontrar una respuesta a las preguntas de Jesús: AMOR, SACRIFICIO Y ELECCIÓN

AMOR.

En este año 2019, el primer texto que proclamamos, que leímos en la Vigilia de Año Nuevo fue la carta de Pablo a la iglesia de Corinto, donde habla acerca del amor. Lo podéis encontrar en la primera carta, en el capítulo 13. (1Co. 13, 1-13)

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.  Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

Hoy, Jueves Santo, es el día del Amor Fraterno. Tal vez nos suena más aquello del 14 de febrero porque es más comercial, creo que hoy los grandes centros comerciales no venden figuritas de amigos, familias, o desconocidos abrazándose. Esto es una ventaja porque nos ayuda a sumergirnos de una forma más limpia y menos manipulada en su significado.

En el contexto de una cena de amigos hay un signo de entrega. No es una cena de empresa, ni de cumpleaños, ni una despedida de soltero…. Es  una cena de amigos creyentes, porque su vínculo es la fe. Aunque cada uno la vive de una manera, con sus torpezas, sus incoherencias y sus miedos. Pero la fe es más fuerte que todo eso. La fe en esas palabras del Maestro que resuenan hoy de forma especial: (Mt. 5, Lc. 6)

Si amáis solo a vuestros amigos….

Cuando te peguen, pon la otra mejilla…

A quien te pida, dale…

No juzguéis….

Hoy es un buen día para recapitular mi vida: ¿me creo estas palabras? ¿Dónde están, en mi cabeza, como una idea, o en mi corazón, donde nace la confianza? Es decir, ¿confío en estas palabras? ¿Son un ideal, o una realidad?

Y por el contrario ¿por qué no las pongo en práctica? ¿a qué tengo miedo?

SACRIFICIO

En nuestro lenguaje cotidiano, según los diccionarios:

  1. Ofrenda hecha a una divinidad en señal de reconocimiento u obediencia, o para pedir un favor. Seguramente comprendamos mejor aquello de hacer algo por Dios a modo comercial: yo hago tal cosa, y tú me das tal cosa. 
  1. Esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien.

En lenguaje de la Biblia, que es donde se inspira la liturgia, se refiere a una ofrenda ritual a Dios, con la intención de rendirle tributo. Con la intención de relacionarse con Él y darle gracias, o pedirle perdón, o hacerle presente en la vida. En estos casos, el sacrificio incluye dar muerte a un animal. (El pueblo hebreo realiza sacrificios de animales, nunca de seres humanos.)

En el Antiguo Testamento hay una evolución en cuanto a los sacrificios, porque el Antiguo Testamento relata la historia de relación del pueblo hebreo con su Dios, una larga historia que evoluciona. Igual que nosotros no nos relacionamos igual con nuestros padres, por ejemplo, cuando teníamos cinco años que ahora.

Se pasa de la sencillez original, rudimentaria, según las costumbres nómadas (erección de altares, invocación del nombre, ofrenda de animales o productos de la tierra), sin lugar fijo; a una complejidad mayor, con más variedad, y especialización, más importancia del sacerdote, de forma más sedentaria.

La Biblia atestigua desde los comienzos la coexistencia de diferentes tipos de sacrificios. Por un lado el holocausto, donde se quemaba enteramente una víctima (toro, cordero, cabrito, pájaro); y por otro, sacrificios que consistían en comidas sagradas, se llamaban banquetes, sacrificios, de comunión. Una parte de la víctima correspondía a Dios, señor de la vida, y por eso para Él es la sangre, símbolo de la vida, y las grasas. La carne correspondía a los invitados.

Hay un libro de la Biblia, el Levítico, donde se especifica y se concreta con lenguaje técnico los dones ofrecidos a Dios.

Hay una corriente que va atravesando estas acciones, el pecado y la necesidad de expiación. Ante la grandeza de Dios el ser humano se siente pecador, digamos sucio, pequeño, y necesita ser limpiado, y a esto se le llama expiación.

Un matiz importante. El Dios del que habla la Biblia no saca provecho de los sacrificios, no se considera a Yahveh como un deudor del ser humano (el ser humano me debe algo). Es el ser humano quien se gira hacia Dios. Los sacrificios son un rito que expresa algo más, un signo. Si no es así es pura hipocresía, y Dios se enfada con la falsedad. El sacrificio interior no es un sucedáneo sino lo esencial.

Junto a las leyes del libro del Levítico tan concretas, la Biblia ofrece otra manera a través del profeta Isaías (Is. 53). El siervo de Dios, que se ofrece a sí mismo como sacrificio.

Para expresar mi amor, mi reconocimiento a Dios, ofrezco un animal, el mejor que tengo, y se lo entrego a Dios. En el Génesis leemos cómo Abraham quiere hacer algo similar con su hijo, el único que tiene. Pero Isaías está hablando no de ofrecer la vida de otro ser humano, del vecino, sino de ofrecer la propia vida.

Jesús como buen judío conoce perfectamente la Torá, los cinco primeros libros de la biblia. También el resto. Habla en un lenguaje conocido por el profeta Isaías: “vine para servir”, “dar la vida”.

La última cena, que celebramos hoy está inmersa en el marco de una fiesta que celebraba, y celebra hoy día también, el pueblo judío: la Pascua judía. Una fiesta que rememora la liberación del pueblo de la esclavitud de Egipto. Es la fiesta de la libertad, cuando Dios saca al pueblo y lo guía por el desierto, y en el desierto hace una alianza, un pacto, un compromiso. Para celebrar esta fiesta el pueblo judío realiza un sacrificio, la víctima es un cordero, es un sacrificio de comunión, de banquete.

Los cristianos entendemos que la profecía de Isaías se cumple en Jesús, que con su entrega, inaugura un pueblo nuevo, un pueblo unido por la fe, no por la raza, por la manera de tratar a los demás, no por la manera de rezar. “No el que diga Señor, Señor, es el que entrará en el Reino de mi Padre, sino quien escucha y hace su voluntad” “Dichosos los uqe escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Quien se fía, quien confía….

ELECCIÓN

Y aquí enlazamos con la tercera palabra de hoy: la elección.

Toda la vida de Jesús fue una elección.

Nadie me quita la vida;

yo la entrego voluntariamente”         (Jn 10,18)

Toda nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, está realizada a base de elecciones, más o menos conscientemente, pero elecciones.

Y aquí también la Biblia es maestra:

Elige la vida y vivirás, elige la muerte y morirás. (Dt. 30)

Parece sencillo, ¿no?

Hoy se pone de manifiesto la verdad de Jesús, y también la nuestra. La confianza de Jesús, que, al menos, cuestiona la nuestra.

La palabra confianza tiene más que ver con las relaciones humanas. No hablaríamos en los mismos términos si nos referimos a ideas. Las ideas son buenas, pueden ayudar a caminar hacia un horizonte. Y pueden implicar todo una vida: creer en la libertad en un país bajo una dictadura implica toda la vida. Dan un sentido a la vida, y a la muerte. Mucha gente admirable ha muerto fiel a sus ideas.

A veces metemos la fe, me refiero a Dios, en el mismo saco que las ideas. De hecho utilizamos la palabra creer para referirnos a Dios, igual que una idea.  Para muchas personas es lo mismo decir creo en el amor que creo en Dios, porque ponen a Dios en la estantería de las ideas. Y no saben que eso ahí colocado no es Dios. El amor, la libertad son términos abstractos, inertes, que podemos definir. Pero Dios no entra en esas categorías humanas, va más allá, no se le puede simplemente definir.

Porque hay un matiz más allá, un matiz que lo transfigura todo; se da cuando conozco, sé, experimento, que Dios no es “algo”, es “Alguien”. Alguien que se relaciona conmigo, no forma parte del decorado de mi vida sino que empieza a tomar protagonismo.

Para intentar definir a Dios nos podemos acercar con las palabras Padre, o Madre, Amigo, Amante, Hermano… y aún así no llegamos, se nos quedan pequeñas las palabras.

Mejor que utilizar un sustantivo, utilicemos un verbo: confiar, que es de la familia de entregar, acoger, soltar, recibir, esperar, comprender, donar y perdonar….

Jesús elige confiar en Abba, no dejarse llevar por el miedo, por la angustia, que están, y muy presentes, pero no mueven su  vida, porque se sabe acompañado. No está solo, como no lo estamos ninguno de nosotros.

El Señor omnipotente me ha concedido
tener una lengua instruida,
para sostener con mi palabra al fatigado.
Todas las mañanas me despierta,
y también me despierta el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor omnipotente me ha abierto los oídos,
y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban,
mis mejillas a los que me arrancaban la barba;
ante las burlas y los escupitajos
no escondí mi rostro.
 Por cuanto el Señor omnipotente me ayuda,
no seré humillado.
Por eso endurecí mi rostro como el pedernal,
y sé que no seré avergonzado. (Is. 50, 4-7)

Para llegar a la celebración de esta tarde tenemos que dar unos cuanto pasos. Igual que Jesús había caminado muchos caminos antes de sentarse a la mesa con sus discípulos. Son imperfectos, fanfarrones, miedosos… Sólo el Maestro es consciente de lo que sucede y va a suceder. Los discípulos, no. Mientras Jesús dirige los ojos a la cruz, unos discuten y disputan, cegados por la ambición y el orgullo, por los primeros puestos en el Reino que el Maestro promete; otros se entregan nerviosos a la preparación de la cena; Judas ha urdido ya la traición.

Hoy Jesús recoge estas tres palabras en su mesa, elige entregar todo su amor fiado en su Padre, nuestro Padre.

“El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo que se da por vosotros”

Así mismo también el cáliz después de cenar diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre” (1Cor 11,24-25)

No temamos permanecer inmóviles, en silencio,

contemplando la acción de Dios en nuestros pies y

en nuestras manos manchadas;

dejemos que Él actúe,

que derrame el agua que purifica

y da VIDA.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Discurso de despedida de Jesús releído hoy

jueves, 17 de abril de 2025
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947954DD-F1F3-41D0-8778-CA14607CA9E2Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

Lo primero que se me ocurrió les rompió todos los esquemas. Lavar los pies a alguien solo lo hacen los esclavos, no quienes se consideraban maestros o profetas. Yo les quería mostrar otro camino: el del servicio que deberían ofrecerse unos a otros. Pero no lo entenderían hasta bastante más tarde.

Después les comuniqué el mandamiento que consideraba más importante, el que había intentado vivir cada día de mi vida: Amaos unos a otros. Pero con un detalle importante: como yo los había amado cada día de mi vida, desde que estaba a su lado, y de forma preferencial a las mujeres y a los más débiles, oprimidos y desfavorecidos de mi mundo.

Porque el amor que yo había gustado de mi Padre y Madre, por medio de los demás, solo se puede vivir desde el servicio, desde la humildad, desde la vulnerabilidad de la vida. Nadie en la comunidad debe creerse mayor que nadie, y el que lo sabe y lo pone en práctica es feliz.

Les quería decir muchas cosas como despedida, pero sabía que me quedaba poco tiempo. Todos estaban preocupados, porque me veían triste y me preguntaban qué es lo que me pasaba. Y yo les decía: No os angustiéis, confiad en el Dios de la Vida y también en mí.

He intentado caminar humildemente por el camino que me mostrado Dios.También ser testigo de su verdad en mi vida. Conocéis ahora a Dios Padre y Madre por mí, porque está en mí y yo en Él. Igual que vosotras y vosotros ya vivís en su seno maternal. He tratado que mis obras transparentaran lo que yo intuía que era el misterio de Amor, que me subyugaba y me invitaba a hacer presente la buena noticia de la liberación.

Yo sabía que había llegado el momento decisivo de mi existencia, pero deseaba que todo lo que yo había vivido permaneciera en ellos. Les dije que la Ruah, el Espíritu de Dios, que habitaba en ellos y ellas tanto como en mí, les iría diciendo lo que tenían que vivir y hacer en cada momento de su existencia, cuando yo no estuviera.

Comenté que les dejaba mi paz, que no era como la piensa el mundo en que vivían. Porque el shalom, la paz de Dios, solo será verdadera cuando esté basada en el perdón, en la reconciliación, la fraternidad y la justicia. Les recordé el salmo en que se decía: La paz y la justicia se besan.

También les aseguré que nada ni nadie nos podría separar, aunque no estuviéramos juntos físicamente. Si permanecían unidos, intentando vivir los valores y el compromiso que yo había tenido con los más empobrecidos y desfavorecidos, para gloria del Misterio de la Vida, estaríamos unidos siempre, entre ellos y ellas y conmigo.

Con una angustia terrible en la garganta que me impedía respirar, les dije que toda mi esperanza, mi alegría, mis ilusiones quedaban latiendo en sus corazones. En el cariño que se tuvieran estarían mis palabras, mi recuerdo, mis acciones, mi vida siempre presente.

También les aseguré que no sería fácil su camino en el futuro. Tendrían que pasar por muchas dificultades, luchas, desesperanzas, frustraciones, porque todos somos humanos. Pero que podrían continuar adelante si seguían el sendero de la confianza y el recuerdo vivo del amor de Dios que siempre está presente en cada uno y cada una.

Y por otra parte, aunque no quería irme ni dejar de estar a su lado, les era conveniente que me fuera, para que emprendieran sin ninguna atadura su propio camino. Cuando fueran libres la alegría inundaría su espíritu, el de cada uno y el de toda la comunidad.

Porque eso sí que les dejé claro, no podrían ser fuertes ni vivir la buena noticia del Reinado de Dios, si no permanecían unidos, en comunidad fraterna y sororal. Y pensando en lo que se me venía encima les confié: la vida eterna no es un más allá que nadie sabe cómo será. La vida eterna es vivir cada día unido al Eterno, a la Fuente de Vida, al Misterio de Bondad en quien vivimos, sentimos, gozamos y existimos. Así lo había vivido siempre yo y así se lo dije. La vida eterna se hace presente cada día, en cada gesto de bondad, justicia, cuidado y ternura, cuando el amor es real entre todos los miembros de la comunidad de seguidores del Evangelio.

Entonces hice una pausa, tomé el pan y dando gracias a nuestro Abbá, les dije:

+ Tomad y comed de este pan, partido y compartido, es mi cuerpo que os entrego y se ha entregado por todos, en especial por los más pobres y excluidos.

Después cogí una copa de vino, pronuncié la bendición, di gracias a nuestro buen Dios y les dije:

+ Tomad y bebed, es mi sangre que se derrama por todos, la que circula ya por vuestro cuerpo, porque estamos unidos por el amor que nos tenemos. Cada vez que hagáis este gesto de agradecimiento y entrega por el reinado de Dios, hacedlo acordándoos de mí.            

Sabía muy bien cuál había sido mi apuesta y a lo que me exponía. Ahora tenía que ser consecuente con mi opción de vida. Lo que me mantenía con fuerzas era el amor de Dios, que se me hacía presente a través de ellas y ellos, mis grandes amigas y amigos. Porque la amistad es el cariño y la compañía, que te sostiene en los mejores momentos pero, sobre todo, en las situaciones más difíciles de la vida.

También les pedí que no llamaran a nadie señor, maestro, excelencia… entre ellos y ellas. Ni a mí tampoco. Yo había intentado ser uno más a su lado, porque soy el hijo de un hombre y de una mujer, como cualquier otra persona. Por lo tanto, no eran mis discípulos, sino mis amigos y mis amigas: “Quien desee ser el mayor entre vosotros y vosotras que sea el menor, el más servicial, el más comprometido, el más humano”.

Queridas amigas y amigos de las comunidades cristianas, estoy muy feliz de seguir cada día a vuestro lado, y hoy en particular, en este Jueves Santo.

Seguid cuidando y dejándoos cuidar, comprometiéndoos por construir otro mundo posible, más fraterno y sororal, más justo, libre y en paz. Que las Bienaventuranzas leídas y, sobre todo, vividas con amor, sean vuestra única norma de vida.

Mi paz ya está en vuestros corazones. Mi mirada en vuestros ojos. Mi aliento en vuestro espíritu. Sed mis manos, mis oídos, mis pies. Mi ternura. Es la única forma que tenéis de poder humanizar, es decir, divinizar, esta tierra tan dolorida y tan hermosa a la vez.

Solo así podréis resucitar, realizando gestos concretos para que otras personas, las más olvidadas y ninguneadas, tengan vida y en abundancia, que recuperen la ilusión, la esperanza, la confianza en un nuevo mañana.

Mi amor late en cada uno, en cada una de vosotras. No me olvidéis. Yo os llevo tatuados en mi corazón. Vivid alegres, con confianza.

Recibid mi bendición: Que el Dios de la Vida, el Manantial de agua viva, el Seno materno de inmensa Bondad, os ilumine, entusiasme y acompañe siempre.

«El lavatorio de los pies será el signo profético de la entrega de Dios por la humanidad», por Consuelo Vélez

jueves, 17 de abril de 2025
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De su blog Fe y Vida:

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Jueves Santo (17-04-2025)

Después de su anuncio del reino se va a poner en juego el amor de Dios que Jesús ha testimoniado con sus palabras y obras

El lavatorio de los pies será el signo profético que así lo muestre

Lavar los pies es lo propio de los esclavos. En este gesto, Jesús asume este papel, mostrando que la comunidad que se ha formado en torno suyo tiene otros valores

El jueves santo se celebra la institución de la eucaristía. Ella es signo de comunión, del compartir el pan, del amor afectivo y efectivo hacia todos, amor que se entrega a los demás, comenzando por los últimos

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura. Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo:

-«Tú, Señor, ¿me vas a lavar los pies a mí?».

Jesús le respondió:

+ «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás».

– «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!».

Jesús le respondió:

+ «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte».

– «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!».

Jesús le dijo:

+ «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos». Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios».

Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo:

+ «¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes

(Juan 13, 1-15).

La lectura de hoy, corresponde al evangelio de Juan, evangelista que estructura su texto desde “la hora. Recordemos que en las bodas de Caná Jesús le dice a su madre que no ha llegado la hora (Jn 2, 4). Este texto empieza con la afirmación de que ha llegado su hora. Pero ¿en qué consiste la hora de Jesús? Después de su anuncio del reino se va a poner en juego el amor de Dios que Jesús ha testimoniado con sus palabras y obras. Llega el momento del amor en su expresión máxima y el lavatorio de los pies será el signo profético que así lo muestre. La cena de este evangelio no es la cena pascual, es un día antes. Pero en ella Jesús va a realizar con el gesto de lavar los pies a sus discípulos, el amor incondicional de Dios por su pueblo. Lavar los pies es lo propio de los esclavos. En este gesto, Jesús asume este papel, mostrando que la comunidad que se ha formado en torno suyo tiene otros valores a los aceptados comúnmente. La comunidad de Jesús no tiene superiores. Por el contrario, en ella, quien coordina se hace servidor los demás y todos entre sí han de ser servidores y esclavos unos de otros.

El texto muestra la incomprensión de los mismos discípulos expresada en el diálogo con Pedro. Él no quiere dejarse lavar los pies y Jesús es contundente: “si no te los lavo, no podrás compartir mi suerte”. O, dicho de otro modo, si no sigue la lógica del reino no puede compartir la mesa que Jesús instaura: la mesa de la inclusión, del servicio, de la solidaridad, de la justicia.

Está claro que otros no van a comprender y esto lo manifiesta la figura del demonio entrando en Judas quien ya ha decidido entregar a Jesús. La pregunta ¿comprenden lo que he hecho con ustedes? sigue vigente para todos los que hoy dicen seguir a Jesús. No basta afirmar que se le sigue, sino comprender hondamente la propuesta del Reino.

En el jueves santo también se conmemora la Institución de la Eucaristía. Pero no son dos celebraciones separadas. Por el contrario, el lavatorio de los pies devela el significado profundo de la Eucaristía. Esta no es para alimentar el alma de los fieles, como se dice comúnmente, de manera individual. La eucaristía es un signo de comunión, del compartir el pan “para que nadie pase necesidad” (Hc 4, 34-35), del amor afectivo y efectivo hacia todos, amor que se entrega a los demás, comenzando por los últimos.

Que este inicio del triduo pascual nos permita comprender a Jesús y el amor al extremo que nos ha manifestado. En tiempos de injusticia social, de exclusión de muchos, de la lógica del más fuerte y del marcado clericalismo eclesial, que este día nos permita recuperar la lógica del servicio de unos hacia los otros, para testimoniar el amor de Dios “hasta el extremo”, sin desvirtuarlo, sin rebajarlo.

(Foto tomada de: https://www.obramercedaria.org/el-significado-del-lavado-de-pies-a-los-presos-en-jueves-santo/)

El delantal

jueves, 17 de abril de 2025
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os_he_dado_ejemploTodos los cuadros que nos recuerdan la última cena de Jesús, lo ponen a Él en el centro. Y los apóstoles alrededor.

Pero quiero recordar aquellas palabras del evangelio de Lucas: “no es así con vosotros; antes, el mayor entre vosotros hágase como el menor, y el que dirige como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No lo es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, entre vosotros yo soy como el que sirve. Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas”.

Es cierto que Él se levanta y se pone un delantal para lavarles los pies. Luego se sienta a la mesa. Jesús vive en actitud de servicio, con el delantal puesto en toda su vida sirviendo a las personas.

En casi todas las misas de Jueves Santo, se hace el lavatorio de pies. Claro que previamente las personas se han lavado y ya van preparadas. Entiendo que eso es poco gesto. Es preciso recordar y revivir el gesto de Jesús: lavar los pies sucios y cansados de andar; Y a veces, llenos de heridas.

Si queremos acercarnos de verdad a los empobrecidos, es preciso hacernos como ellos, vestir austeramente, y sobre todo tener la postura y el sentimiento de servidores. Con un traje o con un vestido de boda es difícil ponerse a lavar los pies. Parece un tanto extraño ese cambio. ¿Así era Jesús en la última cena?

Me choca mucho que a los pocos minutos del lavatorio colocamos la Eucaristía en un trono de luces y flores, en una custodia de oro, bajo un palio. Sacamos en procesión unas magníficas imágenes… Lo de Jesús ¿fue un hecho aislado o era así su vida?…

Tanto es así su vida que Él mismo nos invita a servir constantemente “Felices vosotros si practicáis estas cosas” (Juan 13, 17).

Me duele que la Pasión de Jesús se vive como un acto de interés turístico. A veces hasta pienso que si Jesús lo llega a saber, nos hubiese preparado para que la vivencia de estos acontecimientos de su muerte y resurrección, los celebrásemos con total sencillez y austeridad. Como lo fueron en su realidad dura y traspasada de amor.

Bonito compromiso al ponerme este día mi delantal para que sea un recuerdo vivo y una actitud de vida.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Jueves Santo

jueves, 17 de abril de 2025
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icono-del-lavatorio-de-los-pies-40x60-cmJueves Santo – 2025

Juan 13, 1-15

Escuchando el relato de Juan sobre la Última cena de Jesús con sus discípulos y discípulas sorprende el símbolo que realiza para transmitir el legado teológico y existencial que supone ese día y esa cena para Jesús.

En medio de la cena Jesús se levanta de la mesa y sorprende a sus compañeros y compañeras de mesa con un gesto que nadie esperaría que Jesús hiciese. Se arrodilla para lavarles los pies. En aquella época lavar los pies era un gesto de acogida para un invitado o huésped. Era un acto que, aunque honraba a quien lo recibía, era humillante para quien lo realizaba, por eso, lo hacían los esclavos o sirvientes y a veces también las mujeres (1 Sam 25,41).

Los amó hasta el extremo

Jesús ocupa el lugar del que sirve (Lc 22,27) pero no para demostrar su humildad sino su amor. Él no quiere que nadie se humille para demostrar su valía espiritual, y menos que alguien se sienta inferior a los demás porque realiza un oficio invisible o no valorado.  Jesús lava los pies a sus compañeros y compañeras porque quien ama de verdad sabe que nadie es más que nadie, que todos y todas somos dignos/as de ser acogidos/as y cuidados/as y todos/as hemos de acoger y cuidar especialmente a quien vive arrodillado/a e invisibilizado/a por quienes se consideran superiores o mejores.

Jesús arrodillándose ante sus compañeros/as de camino les recuerda que Dios no ve la vida desde arriba sino desde abajo, por eso, quien cree en él ha de mirar como mira él. Al mirar así descubrimos los detalles, los pequeños gestos y desde ese lugar descubrimos que es más fácil entender y perdonar como lo hizo Jesús con Judas. Desde abajo podemos sentirnos a la misma altura y acercarnos unas/os a otras/os, escucharnos, valorarnos.

Por todo eso, lavarse los pies unas/os a otras/os es señal de amor y no de humildad, aunque se necesite para perdonar, reparar y liberar. Jesús lo sabía desde el corazón, por eso, amó hasta el extremo en esos momentos oscuros que tenía que atravesar.

Si yo, os he lavado los pies, también vosotr@s debéis lavaros los pies uno@s a otr@s

Jesús, al lavar los pies a aquellos hombres y mujeres que lo acompañaron desde Galilea a Jerusalén, que escucharon sus enseñanzas, acogieron sus gestos y se entusiasmaron por el Reino, les está también recordando todo lo vivido juntos y, sobre todo las consecuencias del proyecto que Dios había puesto en sus manos: “No he venido a ser servido sino a servir…Es el amor y no el poder lo que importa…

Arrodillado frente a cada uno de sus amigos y amigas Jesús sabe que es tiempo de decisiones, de entrega y también de fracaso, pero su Abba lo acompaña y confía en que al atravesar aquel trance todo adquirirá sentido. Por eso en aquella última cena, aunque no lo comprendieran, quiere dedicar tiempo al gesto sencillo y, a la vez, cargado de densidad de lavar los pies acogiendo a cada uno/a de sus discípulos y discípulas desde abajo y desde dentro. Solo así, podía expresarles su amor sin fisuras y convocarlos/as a comenzar de nuevo el camino cuando llegase el momento.

Aquel lugar, aquella hora y aquel gesto siguen formando parte de nuestra memoria, pero no han de quedarse en un recuerdo apacible o en la tradición de una liturgia. El mandato de Jesús de lavarnos los pies unas/os a otras/os es una llamada a la trasgresión profética, es decir, a subvertir los valores que no construyen sororidad ni fraternidad, a romper los esquemas jerárquicos de poder a los que tantas veces nos acomodamos, a denunciar los abusos en las relaciones y anunciar que Dios siempre está abajo acogiéndonos descalzos/as y vulnerables, confiando en nuestra bondad a pesar del barro, amándonos hasta el extremo.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

Jueves Santo

jueves, 17 de abril de 2025
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Hermanos y hermanas, con la narración del lavatorio de los pies Juan nos recuerda los tres pilares esenciales en la vida de Jesús: la importancia de los gestos pequeños; el servicio humilde y el amor a los hermanos y hermanas. Oremos.

Que nuestra vida sea servir y amar

• Que la Iglesia sea escuela de silencio, contemplación, meditación, servicio, relaciones que humanizan y dignifican.

Que nuestra vida sea servir y amar

• En este día que contemplamos a Jesús lavando los pies nos sintamos llamados a no buscar privilegios sino a vivir en clave de servicio.

Que nuestra vida sea servir y amar

• Que la radicalidad del amor de Jesús que le lleva a dar su vida sea invitación y motor en nuestro día a día, con los de cada día.

Que nuestra vida sea servir y amar

• Que no olvidemos que el amor y la entrega de Jesús, celebrado en la liturgia y hecha realidad en la vida, es la esencia de nuestra fe cristiana.

Que nuestra vida sea servir y amar

• En este día que celebramos el amor fraterno, nos comprometamos a vivir fraternalmente preocupados y ocupados los unos por los otros.

Que nuestra vida sea servir y amar

• En este día recordamos también a todos los sacerdotes, que sean humildes servidores, lejos de todo tipo de poder o dominio, y como dice Francisco: “que huelan a oveja”

Que nuestra vida sea servir y amar

Padre Madre buena, el lavatorio de los pies nos recuerda que el servicio a los más pobres es la piedra angular de todo discípulo o discípula de Jesús; que acertemos a ayudarnos a que así sea.

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Vicky Irigaray

Fuente Fe Adulta

Gabriel Mª Otalora: “Algo falla en las procesiones de Semana Santa”

jueves, 17 de abril de 2025
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Legionarios-Cristo“Las procesiones se quedan en el hecho mismo del dolorismo de Jesús y de María”

“La Semana Santa no termina el Viernes Santo como puede parecer a la vista del contexto procesional”

“Todo está centrado en los días más trágicos y amargos de Jesús cuando nuestra fe lo que celebra es la Pasión y Resurrección de Cristo. Sin la segunda, no tienen sentido la primera”

Fui cofrade en mis tiempos mozos y soy una persona que disfruta de la imaginería religiosa, como arte que es y que evoca a la mejor inteligencia espiritual del ser humano, en unas fechas de honda significación cristiana. Las procesiones pueden tener varias connotaciones -religiosa, turística, cultural, las tres a la vez- pero es innegable el sustrato básico religioso. Ojalá que la impresión que dejan cada año en cientos de miles de personas, sea más evangélica que artística o cultural.

Dicho lo preliminar, traigo a la consideración de los lectores una reflexión que lleva tiempo rondando por mi cabeza. Se trata del contexto procesional, precisamente a la luz de la Buena Noticia que vive en el mensaje evangélico. Si observamos la dinámica que siguen todas las cofradías, sin excepción, recrean de alguna manera la pasión y muerte de nuestro Señor Jesús. Pero yo me pregunto ahora cuál es el sentido de la Semana Santa procesional que se remonta al judaísmo anterior a Cristo en Pascua, Pentecostés y las Fiestas de los Tabernáculos. Más recientemente, tuvo un motivo penitencial de los penitentes que desfilan para limpiar sus pecados y mostrar su arrepentimiento.

Lo importante de verdad es enmarcar las procesiones en el contexto de la Semana Santa evangélica. Por una parte, nuestra sociedad sigue reproduciendo, en grado y condiciones diversas, la misa trama que en tiempo de Jesús y que hoy lo llevaría de nuevo a ser crucificado. La muerte violenta de Jesús, su crucifixión, es una consecuencia de su modo de vivir y quienes le asesinaron -nunca se utiliza esta palabra, ¿por qué?- lo hicieron calumniosamente bajo una capa hipócrita de piedad y respeto a la ley de Dios.

Las procesiones no tocan para nada este tema y se quedan en el hecho mismo del dolorismo de Jesús y de María. Por otra parte, la Semana Santa no termina el Viernes Santo como puede parecer a la vista del contexto procesional. Existen algunas procesiones minoritarias en la madrugada del Sábado Santo y desde hace poco tiempo se procesiona en algunos lugares el domingo de Resurrección. Pero todo está centrado en los días más trágicos y amargos de Jesús cuando nuestra fe lo que celebra es la Pasión y Resurrección de Cristo. Sin la segunda, no tienen sentido la primera.

Una Semana Santa de cofradías y pasos penitenciales que no remarcan nuestro compromiso por la unidad, la justicia, la fraternidad, el amor, el cuidado por los más pobres. Y, como digo, tampoco le dan la importancia troncal debida a lo más importante de la Santa Semana: la victoria de Cristo sobre la muerte, del amor sobre la maldad, de lo bueno frente a lo malo. Una Semana Santa procesional debiera equilibrar y compensar la importancia de la Resurrección respecto al resto de días previos; aquella da luz a estos. El sufrimiento y el fracaso de la cruz, como un apestado, tiene pleno sentido a la luz del Resucitado. Pero quienes asisten a los desfiles procesionales, sacarán una imagen muy poco en consonancia con la Buena Notica ni con el compromiso personas que ella encierra.

Qué oportunidad desperdiciada ante los miles de turistas y cristianos de bien que asisten cada año a la representación de los pasos de la Pasión para enfocar estas manifestaciones hacia la reflexión completa del misterio de la Muerte y la Resurrección de Cristo, el llamado Triduo Pascual, que mantiene en las procesiones el sábado como un día de luto y se conmemora también la Soledad de María después de llevar a Cristo al sepulcro, cuando la noche de Pascua de Resurrección –o el Domingo de Gloria- debiera ser la manifestación más importante del año cristiano. Sin embargo, en la Iglesia Ortodoxa, por ejemplo, se trata del Gran Sábado, conmemorando el descanso de Cristo.

Tanto esfuerzo y movilización para quedarnos con lo esencial en el tintero. Ciertamente que algo falta, algo esencial que desfigura el verdadero sentido de nuestra fe, esperanza y amor en un acontecimiento de masas que mostrará, otro año más, a la Semana Santa desenfocada en lo esencial.

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