Marco.

miércoles, 26 de marzo de 2014
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  • #344398
    xune mountain
    Miembro

    Tendría yo nueve o diez años. En aquella aldea sólo había tres niños, mi prima, Cris y René. Con René no jugábamos, en su casa se llevaban mal con la nuestra.

    Cuando el tiempo estaba bueno, venían hasta el cruce otros niños de diferentes edades del resto de la parroquia y, entonces, lo pasábamos muy bien jugando a muchas cosas y con las bicis. Marco, aunque de edad es menor que yo, iba a clase particular de inglés, creo, a casa Dovies. Marco era de una parroquia vecina. Según mi tía Gela, Marco hablaba como una muyer, andaba como una muyer y era, en definitiva, como una muyer, siempre según mi tía. Marco, a veces, de vuelta a casa iba cantando la canción esa que dice » un rallo de sol huo o o» de una manera que a mi, entonces, me parecía embarazosa.

    Una mañana de verano, estando los rapacinos en el cruce, pasó Marco de regreso de clase. El camino en el cruce se encajona y había un senderito que subía a una finca. Allí estaba yo. Pude contemplar, con perspectiva, la escena que se iba a representar. No sé por qué, los niños comenzaron a tirarle piedras, le rompieron la bici. Marco primero no se movía del sitio. Luego se marchó llorando, restregándose la cara y con la bicicleta a rastro, cogida por un manguito del manillar. Lo veo ahora, en mi cabeza, tan claramente como entonces.

    Cuando regresamos a casa de mi prima, su madre, mi tía Maruja, que yo tanto he querido, estaba lavando algo en el pozo. Marta y Cris contaron la hazaña. Mientras la contaban yo temía la reacción de Maruja, la riña que nos iba a caer por haber hecho aquella barrabasada. Pero no. Maruja comenzó a reír y a bromear con ellas y a burlarse de Marco… por maricón. Marco tendría entonces ocho o nueve años. Yo me callé. Me callé, pero debió de ser la primera vez en la que me di cuenta del lugar que ocupábamos Marco y yo en el mundo, en aquel mundo.

    Me indigné porque en nuestra familia «éramos cristianos», porque Jesus no veía aquello nada bien, porque aquello estaba fatal de mal, porque los mayores tenían que defender a Marco… yo era inocente entonces. Supongo que en aquel momento comencé a dejar de serlo.

    X.M. Asturias

    #349612
    Risco
    Miembro

    …¡cómo cura narrar lo vivido, poner nombre a cada cosa y caminar!… un abrazo

    #349613
    Bernardo Yoel
    Miembro

    Xume: Me has puesto el alma en un puño.

    Malditos sean los que disfrutan con el dolor de un niño.

    Siento rabia y cuando cuentan hechos como el tuyo no quieras saber como reacciono. ¡No hay que callar, No seamos miedosos, no nos dejemos machacar.!

    YOEL. Valencia

    #349615
    En arje
    Miembro

    En aquel momento, Xune, yo no sé si los demás eran cristianos u otra cosa. Lo que sí parece leerse en el relato es que tú si lo eras. Y lo eres.

    Lo de ser cristiano, no sólo se lleva en el nombre. Se lleva en la vida. Ahí es donde verdaderamente podemos decir o ver si somos cristianos. Hay muchos que hemos sido bautizados, y no dudo de la Gracia santificante, pero de qué nos sirve si con nuestras acciones insultamos a Cristo y despreciamos nuestro «título» de cristianos.

    Por otro lado, no te quepa la menor duda de que si en aquel momento llegaste a pensar aquello de: «éramos cristianos», y «Jesús no veía aquello nada bien»; ya hiciste algo bueno a temprana edad. Con pocos años de edad, y la relativa inocencia de la que nos hablas, tuviste una experiencia religiosa de discernimiento que, según leo, no todo adulto de tu entorno llegaba a alcanzar. Esa semilla que sembraste un día, estará dando sus frutos.

    Me gusta esa expresión de Thomas Merton, donde dice: «Cada momento y cada acontecimiento de la vida de todas y cada una de las personas sobre la tierra siembra algo en su alma. (…) La mayoría de estas innumerables semillas perecen y se pierden, porque los hombres no están preparados para recibirlas, pues tales semillas sólo pueden brotar en la tierra buena de la libertad, la espontaneidad y el amor».

    #349617
    xune mountain
    Miembro

    Al releer el pasaje anterior esta mañana, se me vino a la mente un sueño repetitivo que tuve por aquella época. Pensé en escribirlo a continuación, por tener un fondo muy positivo que quita el mal sabor de boca. Es currioso pero, después de tanto tiempo, reparé en que pudieran tener relación las dos cosas y descubrí, en un recodo de la memoria, que el pozo del sueño era con certeza el mismo pozo que el de casa Maruja.

    Por aquella época yo soñaba insistentemente que estaba sumergido en un pozo muy oscuro y sucio, y que me ahogaba. Lo pasaba fatal, se me repetía la pesadilla muchas veces. No recuerdo el haberlo comentado con mis padres. Seguramente que no.

    Pero una noche, dentro del sueño me dije: esto no puede ser posible, yo no hago mal a nadie, Dios defiende al bueno y al verdadero, yo no me ahogo. El pozo se iluminó en una luz verde claro y azulada y se convirtió en una columna de luz que me elevaba y yo ya no me ahogaba… sueños de niño, claro.

    #349618
    xune mountain
    Miembro

    Pero hoy, no me ha parecido cosa sin sentido. En el fondo ese sueño ha sido una metáfora de lo que me sucedió entonces cuando me asomaba a la pubertad.

    Compañeros, muchos días me levanto agnóstico y algunos francamente avinagradamente ateo, pero estoy seguro de que Dios me salvó entonces, porque en aquel mundo adverso yo me agarré a él, a Jesús. Y Él me ayudó y yo le he sido fiel. Imcluso cuando amanezco ateo, yo soy cristiano. Os parecerá paradójico, pero es así. Jesús es para mí quien me dijo que los débiles, los diferentes, los pobres, los desafortunados, los abusados, los oprimidos… esos son los elegidos, la sal de la tierra. Y que el ejemplo de su amor hace que sean conocidos como sus discípulos.

    Esta temporada en la que la ‘negra sombra’ de nuevo me visita, vuelvo a asirme a Jesús. Pero hoy, además de pensar estas cosas en soledad puedo también compartirlas con vosotros.

    Dios nos ayude. Abrazos a todos.

    #349619
    xune mountain
    Miembro

    La cita de Merton es preciosa.

    #349620
    En arje
    Miembro

    Pues si te gusta leer, el libro es este:

    «Nuevas semillas de contemplación». Thomas Merton. Editorial Sal Terrae. Santander 2003.

    http://www.casadellibro.com/libro-nuevas-semillas-de-contemplacion/9788429314861/888597

    No tiene desperdicio.

    #349621
    Risco
    Miembro

    …y ahora has hecho que nos sentemos contigo en el brocal del pozo, compartiendo todo lo vivido y soñando juntos lo que está por vivir, «cada momento y cada acontecimiento de la vida» llenos de gratitud y esperanza… gracias, hermano, por regalarnos este momento de autenticidad… un abrazo

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