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24.XI.18: Un Cristo‒Rey, más parecido a Constantino que a Jesús nazoreo

Domingo, 25 de noviembre de 2018

1caf2670-1782-44f0-a508-c9daf23df3a7Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo de Cristo Rey. Ciclo b. Jn 18, 33-37. A Jesús le condenaron, según el evangelio, por ser un anti‒rey, como proclama con burla el letrero de la Cruz: Jesús nazareno (nazoreo) rey de los judíos.

El gobernador romano se burla de él, llamándole “anti‒rey”, todo lo contrario a lo que puede y debe ser un rey del mundo (como Basileus‒Rey o Emperador de Roma). Y, sin embargo, en vez limitarse a reírse y expulsarle del tribunal, le mata. Ésa es la paradoja, el humor macabro, sangriento y bendito de Jesús que fue ante todo un anti-sistema, es decir un anti-rey, en la línea de Pilato de Jerusalén y de Tiberio de Roma.

En este contexto, quiero decir (diré mañana) que se trata de una Festividad muy moderna, instituída por el Papa Pío XI, el 1925,para celebrar los 1.600 años del concilio de Nicea, donde el Rey‒Emperador Constantino se presentó como heredero real de Jesús, como su representa en el mundo, reuniendo en su palacio y bajo su autoridad a los obispos, que dijeron que Jesús era Hijo de Dios.

Los Padres Conciliares dijeron que Jesús era Hijo de Dios, de la Naturaleza del Padre… pero ese tema le importaba a Constantino menos…, pues a él le bastaba con que fuera Rey… y que él, Constantino, pudiera ser su represente regio sobre el mundo.

Los temas de fondo en esta “fiesta” moderna (y a mi juicio ya “abortada”, en el sentido que quiso darle el Papa Pio XI, que quería seguir siendo “Rey” de Roma) podrían ser éstos:

a. ¿Cómo había cumplido Jesús su tarea de instaurar el Reino de Dios? ¿Cómo expresó y realizó su intento, siendo crucificado por el representante del rey de Roma como pretendiente falso?

b. ¿Cómo pudo pasarse del Jesús anti-rey del evangelio al Cristo rey de una piedad cristiana moderna, Rey de Reyes, con un reino que quiere expresarse en formas no sólo de poder político,sino también de guerra santa?

Desde ese fondo empezaré hoy presentando el título de Jesús como rey, es decir, el motivo de su “coronación” en la cruz, para sacar algunas consecuencias de ello, en línea de inversión “regia” del cristianismo. Mañana indicaré el sentido moderno de esta fiesta… y pasado leeré y comentaré el evangelio de Jn 18, 33‒37 (ser rey es ser testigo y portador de la verdad).

Imagen 1: Letrero de la Cruz, según evangelio de Juan, en las tres lenguas. El original evangélico es el griego. El texto hebreo y el latino son traducciones.
Imagen 2-3. Jesús como Cristo-Rey, que reina en España (y en otros lugares). La imagen 2 es de tipo “monarquico” con la flor de lis de los borbones y los escudos de las naciones-regiones de España en el entorno. La imagen 3 de tipo fascista.

El título de la cruz: INRI. Versión de Marcos y de Juan

La tradición ha conservado dos versiones de ese título o causa de la condena de Jesús, pero las dos concuerdan en un hecho: le han condenado por “hacerse” de forma intensa y clave “rey de los judíos”.

La versión de Marcos dice así: «había una inscripción de su condena, que decía: El rey de los judíos»; (Mc 15, 26). Esta versión ha sido aceptada y ligeramente modificada por Mt 27, 27 («éste es Jesús, el rey de los judíos») y por Lc 23, 38 («el rey de los judíos es éste»).

La otra es de Juan, quien afirma que el título estaba escrito en hebreo (arameo), latín y griego y decía: «Jesús el Nazoreo el Rey de los judíos» (Jn 19, 19). Es muy posible que Juan conserve aquí, como en otros casos, un recuerdo histórico más preciso que el de Marcos.

–Marcos: El Rey de los judíos (15, 26).

Este pasaje, más breve y conciso, recoge la acusación que los sacerdotes presentaron a Pilato contra Jesús, y que sirvió como causa y razón de su condena. Jesús había actuado como profeta del Reino de Dios en Galilea, pero se había presentado en Jerusalén como Mesías, término que, en lenguaje jurídico y político, podía traducirse como Rey de los judíos.

Es poco probable que Jesús se llamara sí mismo Rey (y menos “rey de los judíos”), pues el Reino era de Dios. Él se tomaba más bien como profeta, un tipo de mesías‒servidor, de o, quizá mejor, como pretendiente mesiánico en una línea no militar, de toma de poder, y en esa línea contesta al Sumo Sacerdote cuando le preguntaba si es el “Cristo, el Hijo del Altísimo”, y él responde: «yo soy» (Mc 14, 62).

Es evidente que a Pilato no le importa el término “mesías”, pues no entraba en cuestiones intrajudías, pero sí le preocupa que Jesús pueda presentarse como Rey de los Judíos (pues hacerse rey contra o al margen de Roma es un crimen digno de muerte).

juan: Jesús el Nazoreo el Rey de los judíos (Jn 19, 19).

El Cuarto Evangelio afirma que el letrero estaba escrito en tres lenguas y que presentaba a Jesús como el Nazoreo. Pero esos dos motivos pueden y deben distinguirse con cuidado.

(1) La escritura en tres lenguas resulta probablemente una ampliación del mismo evangelista, que quiere presentar a Jesús como mesías universal, no sólo en hebreo/arameo (la lengua de la zona), sino en latín y griego (las lenguas del imperio). Pero es difícil que Pilato estuviera interesado en ese tema, y que los soldados, que habrían escrito el letrero, pudieran hacerlo en tres lenguas.

(Normalmente, podemos suponer que lo escribieron en griego, la lengua más utilizada en la parte oriental del imperio (aunque pudieron hacerlo también en Latín), pero el evangelista quiso resaltar el carácter universal de la condena, añadiendo que estaba escrita también en latín y hebreo (o arameo), como algunas inscripciones imperiales, redactadas en varias lenguas. Cf. R. E. Brown, La muerte del Mesías II, Verbo Divino, Estella 2006, 1144-1151

El evangelio de Juan interpreta ese letrero (rey de los judíos) como una venganza irónica de Pilato sobre los sacerdotes: Ellos han acusado a Jesús de presentarse como “rey de los judíos” sin serlo en realidad (ellos no quieren un rey como Jesús, ni quieren que ese título aparezca como causa de su condena.

Jesús, el Nazoreo, Rey de los judíos

Mírense bien las palabras en la imagen 1:

El texto hebreo dice Yeshua ha-notsri, Melek… A Jesús se le llama el Notsri (nazoreo, no nazareno), y se le presenta como Melek, rey.

El texto griego dice Iesous ho Nadsôraios (también el Nazoreo), Basileus (=rey)

El texto latino dice Iesus Nazarenus...Ha perdido la diferencia entre nazoreo y nazareno (como he puesto de relieve en mi Historia de Jesús, VD, Estella 2016) Éste es el texto que ha dado lugar al “INRI”

(a) Sin duda, esa palabra (nazoreo) puede haber sido “creada” por el mismo evangelio de Juan, para presentar el “nombre completo” de Jesús, siguiendo el estilo solemne de los emperadores, que tenían tres nombres, como “Tiberio César Emperador” (de manera que siguiendo ese ejemplo algunos cristianos dirían: “Jesús Nazoreo Rey”).

(b) Pero esa razón no explica el uso concreto del nombre (Nazoreo, no Nazareno), que tiene un sentido regio y mesiánico (del nezer de David, como habría que indicar con más cuidado)… Parece evidente que Jesús se presentó como un “nazoreo mesiánico” (de la línea de David, pero invirtiendo el sentido de las esperanzas políticas nacionales). Fue nazoreo, pero no quiero tomar el poder político-social, sino superarlo.

(Nosotros solemos decir “Jesús Nazareno…”, pero el texto de Juan dice Jesús Nazoreo… Ciertamente, Nazoreo y Nazareno pueden significar lo mismo, como algunos suponen. Pero en principio son palabras distintas, con sentidos o matices distintos, que a veces no suelen percibirse)

La cuestión es saber si Marcos suprimió ese título (Nazoreo), porque no quería presentar a Jesús en la línea mesiánica davídica, o si Juan lo inventó o encontró, transmitiendo así una tradición antigua, que presentaba a Jesús como nazoreo, vinculado a la promesa de David.

A mi juicio, las cosas se explican mejor suponiendo que Marcos (para desvincular a Jesús del mesianismo davídico/nazoreo) abrevió el texto anterior, de forma que el título originario, sería Jesús Nazoreo Rey de los Judíos (palabras que, por sus iniciales, aparecen como INRI en las imágenes de la crucifixión). En ese fondo es también más verosímil la protesta de los sacerdotes de Jn 19, 19-24, que pueden reconocer a Jesús como nazoreo (pues lo es, por familia), pero que no quieren aceptarle como rey de los judíos.

Me inclino a pensar que Jesús ha sido un nazoreo mesiánico y que el título de la condena de Pilato refleja su identidad histórica, de manera que puede interpretarse como una “definición” de Jesús.

Pilatos condena a Jesús como pretendiente mesiánico peligroso para Roma (un nazoreo loco, pero peligrosos).Por su parte, los sacerdotes rechazan a Jesús porque no se pone al servicio de su templo, porque no acepta el orden sacerdotal, porque se presenta de un modo directo como enviado de Dios al servicio de los pobres, los impuros, los leprosos… sin necesidad de pasar por el templo ni de obedecer su autoridad.

Tres formas de entender a Jesús Rey

Jesús no era una nazireo armado (un nazir, consagrado asceta, en la línea de Sansón o de los soldados nazireos/consagrados de la guerra santa) y no subió a la ciudad para conquistarla, siendo ejecutado por ello, sino que era un nazoreo no violento (es decir, un davídico no militar, no político, al servicio de una mutación radical, desde los expulsados, enfermos, impuros y pobres…), aunque algunos de sus discípulos (quizá el conjunto de los Doce) tuvieran otros intereses.

1. Pilato condenó a Jesús por ser (querer hacerse) “rey de los judíos”,

es decir, porque pretendería tomar el poder contra Roma. Para Pilato, Jesús es un rey fracasado, uno más en la lista de pretendientes políticos vencidos. Jesús fue, según Pilato, un anti‒sistema burlesco y peligroso, alguien que no aceptaba el poder político‒militar sacral del emperador de Roma, pero que podía ser muy peligroso, porque introducía en el imperio un germen social y humano de transformación o, quizá mejor, de mutación humana.

No quería luchar contra Roma disputándole la corona, pero era mucho más peligroso. Roma podía vencer a los aspirantes reales “falsos” en el plano de las armas, pero no podía vencer a un hombre como Jesús que no entraba en su juicio político‒militar. Lo mejor era matarle y punto.

2. Para los sacerdotes Jesús era falso rey, un falso “nazareo”.

Conforme a la visión de los sacerdotes de Jerusalén podía y debía haber en Israel un verdadero rey, un “nazoreo” auténtico, de la línea de David, pero siempre el servicio del templo, es decir, de los intereses sacerdotales.

Los sacerdotes de Jerusalén habían instituido (según Flavio Josefo) la única y verdadera teo‒cracia, el poder de Dios, administrado por ellos, desde Jerusalén, con un posible rey davídico, pero al servicio del templo. No se trataba pues de dos poderes (el de Dios con los sacerdotes y el del Mesías rey con la espada), sino de un solo poder de fondo (el de Dios y los sacerdotes) con la espada del Mesías a su servicio.

3. Jesús fue un anti‒rey, humanamente fracasado. De nuevo ante la fiesta de Cristo‒Rey

Así le vieron Pilato (al condenarle a muerte) y los sacerdotes de Jerusalén al no aceptarle, al verle en el fondo como peligroso… Ésta fue la visión de Pablo, el fariseo, a quien Lucas presenta (en el libro de los Hchos) como aliado y servidor de los sacerdotes… Este es el Pablo que dice (en Rom 1, 3‒4) que Jesús fue “hijo de David” (es decir, pretendiente real…), pero hijo de David fracasado, según la carne.

Sobre este fracaso “real” de Jesús se funda todo el cristianismo… A veces, al menos desde Constantino, alguno lo han olvidado. Y de esa forma, él, Constantino, al presidir como Rey‒Emperador (gran Basileus) el concilio de Nicea quiso invertir el fracaso “regio” (es decir, la gran inversión) de Jesús, presentándose como representante de Jesús Rey.

Pienso que el papa Pio XI, al instaurar la fiesta de Cristo‒Rey, en conmemoración del Concilio de Nicea, se encontraba en una línea más cercana a la de Constantino que a la de Jesús. Sin duda, la fiesta de Cristo Rey se puede (y debe) formular según el evangelio. Pero mucho me temo que en los tiempos de Pío XI (y en los decenios sucesivos, especialmente desde el 1925 al 1964 , comienzo del Vaticano II) el Cristo Rey de esta fiesta se ha parecido más a Constantino que a Jesús de Nazaret.

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