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“Cuerpo y sangre de María”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 2 de abril de 2016

2006_the_nativity_story_0045De su blog Nihil Obstat:

Tuve la oportunidad de participar en un Congreso (en una ciudad americana) con un marcado talante ecuménico. Uno de los participantes fue un Obispo ortodoxo que recalcó con fuerza que no podía comprenderse a Cristo sin María. Efectivamente, si el Hijo de Dios no nace de una mujer (Gal 4,4) se vacía de contenido la verdad de la Encarnación. Desde esta perspectiva el Obispo ortodoxo afirmaba que María era el criterio de la verdad o falsedad de la fe cristiana, pues allí donde estaba Cristo estaba María, hasta el punto de que en el sacramento de la Eucaristía los fieles recibían también el cuerpo y la sangre de María. Al llegar a este punto confieso que me quedé perplejo.

A mi modo de ver lo que separa a la Iglesia católica romana de la Iglesia ortodoxa no es la fe, sino la teología. Ahora bien, la comprensión teológica de los misterios de la fe influye en la vivencia de la fe. Por eso, lo que decía el representante de la ortodoxia sólo puede sustentarse en una peculiar (no sé si también insuficiente) teología de los sacramentos. A propósito de esta relación entre el cuerpo y la sangre de Cristo con el cuerpo y la sangre de María me gustaría hacer dos reflexiones. Una, cuando se habla de “cuerpo y sangre” presentes en el sacramento eucarístico no se pueden entender como si fueran dos realidades separables, por una parte el cuerpo y por otra la sangre. Pues en cada una de las especies sacramentales se contiene la totalidad de Cristo. “Cuerpo y sangre” es un binomio que indica totalidad, como suele ocurrir con otro tipo de binomios. Para designar a todos los seres humanos se habla de altos y bajos, hombres y mujeres, blancos y negros.

En la eucaristía, cuerpo y sangre no puedan tomarse de forma independiente precisamente porque no son realidades materiales, sino sacramentales. El pan y el vino son materiales. Pero la presencia de Cristo en el pan y el vino eucarísticos es una presencia en virtud del Espíritu Santo, que hace a Cristo presente en la apariencia del pan y del vino. Por eso, la teología distingue la realidad invisible (con los ojos corporales) contenida en el sacramento, de la materia (visible) que hace posible el sacramento. La realidad contenida es Cristo resucitado; la materia es el pan y el vino. Un sacramento es una materia de este mundo, que por una parte significa, señala, una realidad divina; y, por otra, realiza aquello que significa, o sea, en la materia (elemento accidental) se hace realmente presente Cristo (elemento sustancial), con una presencia sacramental. Por eso se habla de transustanciación. De modo que al manipular el sacramento no dañamos su sustancia, aunque sí realizamos una ofensa y una profanación, porque destrozamos una materia en la que Dios se hace presente.

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