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Clérigos: ¿pocos o mal empleados?”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 21 de febrero de 2016

e537bbpadrechuchopEso de que son pocos los frailes, monjas y presbíteros es una cantinela que vengo oyendo desde hace cincuenta años. A veces pienso que sobran (me gustaría ser bien entendido), cuando veo la acumulación de clero en zonas determinadas o veo que hay presbíteros que se dedican a tares muy laudables, pero no directamente ministeriales. También pienso que sobran cuando veo que utilizan mucho tiempo en tareas que pueden y deben hacer los seglares. Los seglares o las monjas no son el recurso al que acudir para la catequesis, la formación, la animación de grupos, la visita a los enfermos, la atención a novios, el cuidado de la liturgia, y muchas cosas más. Son tareas que les corresponden directamente. En este sentido, una verdadera promoción del laicado, bien preparado, bien valorado y bien remunerado, solucionaría algunos problemas.

Necesitamos presbíteros y religiosos bien preparados, con una buena formación teológica, con ganas de ser pastores cercanos a las personas, con ilusión por buscar nuevos caminos, con capacidad de adaptación a nuevas necesidades, comprensivos con los alejados o los que se encuentran en situaciones irregulares. Pero sobre todo necesitamos comunidades cristianas adultas, capaces de vivir su fe cristiana y de organizarse por sí mismas. Esas comunidades, si están bien afincadas en Jesucristo, necesitarán de alguien que presida la Eucaristía. Como lo necesitarán, lo buscarán. Y si no lo encuentran, ellas mismas se plantearán quién de ellos puede prestar ese servicio a la comunidad. Y a ese le presentarán al Obispo y le rogarán que le imponga las manos. De hecho, eso es lo que teóricamente ocurre cuando el Obispo ordena un presbítero: se lo presenta el pueblo de Dios y, por eso, el pueblo de Dios es preguntado por la dignidad del candidato.

El presbítero no es un funcionario; es un animador de la fe y un coordinador de las distintas tareas eclesiales, aunque también haya en la parroquia otros animadores y coordinadores. Su labor no es administrativa aunque, a veces, tenga que firmar algún documento. El presbítero es el primer responsable de que las Eucaristías sean participadas, que es mucho más que “decir” y “oír” Misa. La Iglesia no necesita funcionarios, sino servidores del Pueblo de Dios; pastores cuya tarea principal es el anuncio de la buena noticia de Jesucristo y la implantación de su Reino. De este anuncio y de esta implantación se seguirá necesariamente una vida sacramental. Pero la inversa no es necesariamente verdad: de la sacramentalización no se sigue por arte de magia la evangelización. Por eso, sí, necesitamos presbíteros. Pero necesitamos comunidades cristianas convencidas, convincentes, misioneras, auténticas.

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