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“Mendigos en las puertas de las Iglesias”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 10 de mayo de 2015

mendigo 1De su blog Nihil Obstat:

Una pareja concierta con el párroco los detalles de su boda. En un momento dado el párroco pregunta: ¿quieren ustedes la boda con mendigo o sin mendigo? Ante la sorpresa de los novios, el párroco explica que el mendigo que habitualmente pide en la puerta de la Iglesia, si hay una boda deja de acudir previo pago de 50 euros. Ya nadie se sorprende de ver a los mendigos en las puertas de la Iglesia. Algunos feligreses les conocen y les saludan con simpatía. Esos mendigos no aceptan comida, solo quieren dinero. Los que buscan comida van a buscarla a las puertas de los conventos. Es posible hacer muchas valoraciones de este fenómeno. Cierto, hay mucha necesidad en esta sociedad nuestra y casi todas esas personas que piden en las puertas de las Iglesias han encontrado un medio de vida, en el que se gana bastante dinero que no hay que declarar al fisco.

En esta sociedad capitalista la gente va a buscar el dinero allí donde está. Si hay personas marginadas que buscan dinero en las puertas de la Iglesia es porque la gente que allí entra tiene dinero. Esta reflexión tan obvia debería hacernos pensar. También la gente que entra en los bancos tiene dinero. Curiosamente, en las puertas de los bancos no hay mendigos. También esto debe hacernos pensar. Probablemente algunos de los que entran en la Iglesia son personas dispuestas a desprenderse, al menos de unas monedas, aunque sólo sea para que les dejen en paz. Hay otros que se desprenden buscando realizar un acto de caridad y de solidaridad. Los que entran en los bancos no están dispuestos a desprenderse. Porque si así fuera, no me cabe la menor duda de que las puertas de los bancos estarían llenas de pedigüeños.

Es muy posible que bastantes de los que entran en las Iglesias también entren en los bancos. Este dato podría llevarnos a pensar que la presencia o ausencia de mendigos no se debe tanto a las personas que entran (en la Iglesia o en el banco), sino a la amenaza latente que representa el banco. Los jefes del banco no pueden consentir que haya mendigos en las puertas de su establecimiento, porque eso sería un desdoro para la entidad. Los bancos no pueden consentir que el cliente sea molestado. Y aunque hay Iglesias en las que también hay guardianes de la puerta, en general los responsables de la Iglesia no ponen demasiados inconvenientes a la presencia de mendigos.

La gente va allí donde el dinero está, pero no basta que haya dinero para que la gente vaya. Se necesita una segunda condición: que ese dinero sea fácil de conseguir. A partir de ahí se pueden sacar algunas conclusiones sobre la presencia de mendigos en las puertas de nuestras Iglesias, incluyendo alguna reflexión sobre si nuestras Iglesias son de los pobres y para los pobres.

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