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Archivo para la categoría ‘Sexualidad’

El tabú de la sexualidad en las personas discapacitadas

Viernes, 19 de diciembre de 2014

discapacitados-sexoLos especialistas denuncian que a menudo la sociedad ve a los discapacitados como seres asexuados.

Norberto Butler era sólo un adolescente cuando una poliomielitis le postró en una cama. La enfermedad y su consecuente discapacidad aparecieron en su vida justo en el momento en que estaba descubriendo su sexualidad, algo que tuvo que vivir a escondidas. Por aquel entonces, se citaba clandestinamente con su novia para hacer, escondidos en una habitación de su escuela, lo que para el resto de jóvenes de su edad era lo más común. “Forzábamos la puerta y entrábamos, porque no había un solo lugar donde disfrutar de la intimidad”, recuerda.

Norberto tiene ahora 57 años y no está dispuesto a seguir viviendo su sexualidad a escondidas. Después de años de lucha logró que la casa-hospital donde vive le diera una habitación individual para, según cuenta, poder explorar el placer. Con su testimonio y su lucha tiene como objetivo ayudar a otras personas en su misma situación: “Conozco cientos de personas con discapacidad que no resuelven este tema, que no tienen relaciones de ningún tipo. Yo conozco la mortificación que sufren muchos, y este tema es una prioridad absoluta, porque se siente en el cuerpo el escozor por no poder canalizar esto, tener sexo con una chica“, lamenta. Norberto considera que en la sociedad, e incluso entre los propios discapacitados existe una asociación entre la discapacidad y la asexualidad.

En Argentina, la sexualidad de las personas con discapacidad está poco a poco dejando de ser un tema tabú. Recientemente, durante un encuentro en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, especialistas, trabajadoras sexuales y activistas plantearon la regulación de la figura de la “acompañante sexual”. “Se trata de una persona que, después de atravesar un proceso de capacitación, pueda acompañar a varones o mujeres con discapacidad, sexual, afectiva y eróticamente”, ha explicado Silvina Peirano, profesora de discapacidad mental y social y creadora de Sex Assistent, un servicio de formación de asistentes sexuales, asesoramiento y acompañamiento que nació hace años en Barcelona. Peirano ha matizado que este servicio no busca sólo que la persona discapacitada tenga sexo con quien contrata, sino que las acompañantes también asisten a las parejas de los discapacitados que quieren tener relaciones sexuales, enseñándoles a acomodar sus cuerpos y facilitando el encuentro físico, ayudándoles, por ejemplo a colocarse un preservativo.

“Nosotros no decimos que todas las personas con discapacidad deban tener una asistencia sexual, pero sí que puede ser una opción enriquecedora y válida para algunas”, ha explicado la profesora. La figura de la asistente sexual sería pionera en Latinoamérica, pero ya hay países como Suiza donde este ejercicio está regulado por el Estado y es considerado una terapia más.

Reticencias a la figura del acompañante sexual

Es precisamente en los países donde el trabajo de acompañante sexual está reconocido estatalmente donde han aparecido las mayores críticas al respecto, incluso de la mano de los propios discapacitados. Es el caso de Mik Scarlet, un escritor británico que considera que la existencia de la figura del acompañante sexual es “como si el mundo te dijera que las personas discapacitadas son tan poco atractivas que la única manera de tener sexo para ellas es pagando”. “No quiero un mundo donde sea más fácil para las personas discapacitadas visitar a trabajadores sexuales, quiero un mundo que vea a los discapacitados como seres sexuales y como parejas válidas“, sostiene Scarlet. Incluso el propio Norberto Butler tiene sus reparos: “la asistencia sexual podría llenar este huequito”, dice, para los discapacitados que no han podido desarrollar su sexualidad. Pero asegura que debería llegar acompañada de otras políticas de inserción laboral y social. El objetivo, según Butler, es que el discapacitado tenga las mismas oportunidades para conocer a una pareja en cualquier otro ámbito que no sea el del hospital o el del acompañante sexual.

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Si resides en España, puedes participar en encuesta sobre sexualidad y prevención de conductas de riesgo

Miércoles, 17 de diciembre de 2014

unisexsida_1Nota de Prensa:

El equipo de investigación UNISEXSIDA nos pide nuestra colaboración para dar a conocer un nuevo estudio sobre sexualidad y prevención de conductas sexuales de riesgo, en el que puedes participar a través de una encuesta anónima online…

En UNISEXSIDA participa el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Valencia y el Departamento de Psicología Básica, Clínica y Psicobiología de la Universidad Jaume I de Castellón. Cuenta con una trayectoria de más de diez años de estudio en diversos aspectos de la sexualidad y especialmente en la prevención de la infección por VIH/sida.

“En general, pretendemos obtener información actualizada de las características de personas con distintas opciones de género y orientación sexual que generalmente no han sido suficientemente atendidas por la investigación y el Plan Nacional Sobre Sida. Conocer cómo se relacionan estas variables puede ayudar a la elaboración de programas de prevención del VIH y otras ITS ajustados a las características de cada colectivo incrementando en esa medida su eficacia”, comentan desde UNISEXSIDA.

En palabras del equipo, “para nosotros/as sería muy importante poder contar con tu colaboración, ya que en la actualidad se aprecia un menor interés institucional por este tema a pesar de que en el año 2013 se registraron más de 3.000 nuevas infecciones por VIH”.

Si resides en España y quieres participar en la encuesta (las respuestas son anónimas y absolutamente confidenciales) puedes hacerlo pinchando aquí. Cumplimentarla lleva unos 15 minutos.

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“Religión y sexualidad”, por José Arregi

Lunes, 3 de noviembre de 2014

Dulce-Mortificacion-por Eny-Roland-Hernandez-gestas-el-ladron“¿Sexualidad y religión forman buena pareja?”. Así se anunciaba un debate en el que participé el pasado mes de agosto en Larzac, bellísimo altiplano de Occitania (Francia), donde pastan miles de ovejas y se fabrica queso Roquefort.

Podría decirse, siguiendo con el símil, que sexualidad y religión se llevaron bien al principio, durante mucho tiempo, hasta que la segunda quiso someter a la primera. La sexualidad se sentía habitada por el Misterio Sagrado: la presencia del otro, el placer del encuentro, el milagro de la nueva vida que nace. Pero también se sentía rodeada de amenazas: no hay relación sin conflictos ni hay vida sin muerte.

El conflicto y la muerte son el precio de ese maravilloso invento de la Vida –maravillosa aventura– que es la sexualidad en orden a crear nuevas formas y especies de vida cada vez más complejas; las células que se multiplican reproduciéndose a sí mismas son inmortales, pero nunca pasan de ser perpetua repetición de lo mismo. Y la Vida busca novedad y evolución, pero también desea la difícil armonía de las partes, y no quiere ser devorada por la muerte. Así pues, como la vida misma, la sexualidad está rodeada de misterio y de peligros. Y ambos la llevaron a acercarse a la religión.

¿Y la religión? La religión fue “al principio” una fuente de aliento, más que un sistema religioso. Un ámbito sagrado de comunión, un horizonte de confianza, un camino amplio y libre para acceder a los bienes más excelsos que la Vida intuía en el fondo de su aventura sexual: la dicha de la relación y la plenitud de la vida sin fin. Cuando digo “al principio”, no me refiero a un tiempo, sino a la hondura de la Vida.

La religión fue infiel a sí misma: se olvidó de ser atención, cuidado, aliento, y se volvió sistema. Las religiones se volvieron fortalezas de poder patriarcal, guardianas del orden, autoritarias y celosas. Quisieron controlar la sexualidad y someterla a sus creencias y supersticiones, a sus normas y tabúes, y reducirla a simple función de la reproducción, mirando con recelo, cuando no condenando, todo placer sexual que no se orientara a la reproducción. “Entonces”, la sexualidad rompió con la religión y la expulsó de su casa –su templo de carne–. Y así es en nuestros días. Todavía hoy, cuando la sexualidad se ha liberado incluso de la función reproductiva, las religiones se empeñan por todos los medios en seguir ejerciendo el control sobre ella, pero ya no lo consiguen más que en reductos marginales de un mundo pasado. La sexualidad ha roto con los sistemas religiosos, porque los sistemas religiosos han roto con la vida.

En el debate de Larzac se proyectó primero el film israelí Kadosh. Narra la tragedia de dos hermanas del barrio judío ultraortodoxo de Jerusalén. La mayor, Rivka, está casada con Meir, y no tienen hijos; el rabino decide que la Torah obliga a Meir a repudiar a su esposa, dando por sentado que la esterilidad es cosa de la mujer y que una mujer estéril es un cántaro rajado, inútil. La pequeña, Milka, está enamorada de Jakob, pero es obligada a casarse con Joseph, un joven rabino. Dos mujeres rotas. Solo podrá sobrevivir la que se rebele contra ese orden religioso fundamentalista, asfixiante.

“Me ahogo”, dice Milka. Deja la familia, sale de Jerusalén. Al fondo se divisa la conocida vista panorámica: la explanada del antiguo templo judío, la Cúpula Dorada y la mezquita Al-Aksa, las torres de las basílicas cristianas. ¿Qué es, pues, realmente Kadosh, santo? Es aquello que permite respirar. Es el amor, con transgresión incluida.

¿Pero cómo es que las religiones han acabado queriendo someter la sexualidad hasta asfixiarla, declarándola impura? “Al principio” no fue así, sobre todo en las grandes religiones monoteístas. ¿No leemos en la Biblia judía el Cantar de los Cantares, tan bello y desinhibido y tan poco “religioso”? ¿No ha reconocido el cristianismo en el amor carnal un sacramento de “Dios”? ¿No han exaltado los poetas musulmanes el erotismo más refinado en los tonos más líricos?

Pero no basta con apelar a los orígenes o a los textos sagrados, pues en los orígenes de todas las grandes religiones y en sus textos sagrados están presentes también el machismo, la homofobia y la repulsa del sexo. Las religiones deben eliminar esos y otros residuos de un mundo pasado, aunque “esté escritos” en sus textos sagrados. Solo así podrán volver a su verdadero “origen”, inspirarse en la Vida e inspirar vida.

José Arregi

Fotografía: Dulce Mortificacion, por Eny Roland Hernandez, Gestas el ladrón

Fuente Humus

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La homosexualidad está escrita en los genes

Jueves, 24 de julio de 2014

892-la-homosexualidad-esta-escrita-en-los-genesAsí concluye un estudio científico publicado recientemente y no exento de polémica, que sugiere que las preferencias sexuales de una persona tienen un origen biológico y no tanto psicológico, como sostienen los psicoanalistas. La investigación, a cargo de la Universidad de Chicago (EE.UU.), identificó en una amplia muestra de varones dos tramos del ADN vinculados a la homosexualidad, un hallazgo sin precedentes que pone en entredicho la influencia de las vivencias de la infancia ante la posible existencia de un componente genético, al tiempo que acalla las voces más detractoras de la libertad sexual.

A día de hoy no se tiene plena constancia de los factores que definen la identidad sexual de una persona, si bien es cierto que la comunidad científica se inclina hacia una explicación biológica frente a la puramente psíquica. Algunas hipótesis sostienen que la homosexualidad se gesta durante la etapa intrauterina, es decir, antes del nacimiento del bebé, y que está ligada a los cambios hormonales en el cuerpo de la madre, ya que los niveles de testosterona influyen en el desarrollo de ciertas áreas cerebrales implicadas parcialmente en la atracción sexual. Otras apuntan hacia una respuesta inmune del cuerpo de la madre hacia un feto de género masculino, que al experimentarse de forma reiterada tras varios embarazos de varones, aumenta las posibilidades de tener un benjamín homosexual. La gran mayoría parece coincidir en los condicionantes prenatales de la identidad sexual.

En este sentido, parecía descartada la existencia de un gen específico asociado a la homosexualidad, pero la nueva investigación ha reabierto el debate al sugerir que las regulaciones epigenéticas sí juegan un papel importante. El equipo de científicos analizó el ADN de más de 400 parejas de hermanos, ambos homosexuales, y encontró dos secuencias del mismo ligadas a la homosexualidad, en las que, posiblemente, estarían involucradas multitud de genes. No obstante, los autores del trabajo hablan de ‘predisposición genética’ y no de ‘determinismo’, ya que la expresión de los genotipos está sujeta a los factores ambientales, con lo que las experiencias personales también perfilarían en cierta medida las inclinaciones sexuales del individuo.

Aunque no resulte posible por el momento afirmar taxativamente el origen genético de la homosexualidad, los científicos continuarán especulando en la línea de la raíz biológica,rechazando de pleno que se trate de una mera elección inconsciente y por tanto, que se pueda revertir.

Fuente Revista Muy Interesante, Via InOutPost

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“La memoria sexual: base biológica de la sexualidad humana”, por Leonardo Boff, teólogo y escritor.

Lunes, 7 de julio de 2014

aajardiLeído en Koinonia:

Para comprender en profundidad la sexualidad humana, tenemos que entender que ella no existe aislada, sino que representa un momento de un proceso mayor: el biogénico.

La nueva cosmología nos habituó a considerar cada realidad singular dentro del todo que viene siendo urdido desde hace 13.700 millones de años y de la vida hace 3.800 millones de años. Las realidades singulares (elementos físico-químicos, microorganismos, rocas, plantas, animales y seres humanos) no se yuxtaponen, se entrelazan en redes interconectadas constituyendo una totalidad sistémica, compleja y diversa.

Así, la sexualidad emergió hace mil millones de años como un momento avanzado de la vida. Después que Crick y Dawson descifraran el código genético en los años 50 del siglo pasado, hoy sabemos sin lugar a dudas que existe la unidad de la cadena de la vida: bacterias, hongos, plantas, animales y humanos somos todos hermanos y hermanas porque descendemos de una única forma originaria de vida. Tenemos, por ejemplo, 2.758 genes iguales a los de la mosca y 2.031 idénticos a los del gusano.

Este dato se explica porque todos, sin excepción, somos construidos a partir de 20 proteínas básicas combinadas con cuatro ácidos nucleicos (adenina, timina, citosina y guanina). Todos descendemos de un antepasado común, a partir del cual se origina la ramificación progresiva del árbol de la vida. Cada célula de nuestro cuerpo, incluso la más epidérmica, contiene la información básica de toda la vida que conocemos. Hay, pues, una memoria biológica inscrita en el código genético de todo organismo vivo.

Así como existe la memoria genética, existe también la memoria sexual que se hace presente en nuestra sexualidad humana. Consideremos algunos pasos de ese complejo proceso. El antepasado común de todos los seres vivos fue, muy probablemente una bacteria, técnicamente llamada procarionte, un organismo unicelular, sin núcleo y con una organización interna rudimentaria. Al multiplicarse rápidamente por división celular (denominada mitosis: una célula-madre se divide en dos células-hijas idénticas) surgieron colonias de bacterias. Reinaron, ellas solas, durante casi dos mil millones de años. Teóricamente la reproducción por mitosis confiere inmortalidad a las células, pues sus descendientes son idénticos, sin mutaciones genéticas.

Hace unos dos mil millones de años ocurrió un fenómeno muy importante para la evolución posterior, solamente superado por la aparición de la propia vida: la irrupción de una célula con membrana y dos núcleos. Dentro de ellos se encuentran los cromosomas (material genético) en los cuales el DNA se combina con proteínas especiales. Técnicamente es conocida como eucarionte o también célula diploide, es decir, célula con doble núcleo.

La importancia de esta célula binucleada reside en que en ella se encuentra el origen del sexo. En su forma más primitiva, el sexo significaba el intercambio de núcleos enteros entre células binucleadas, llegando a fundirse en un único núcleo diploide, que contenía todos los cromosomas en pares. Hasta aquí las células se multiplicaban solas por mitosis (división) perpetuando el mismo genoma. La forma eucariota de sexo, que se da por el encuentro de dos células diferentes, permite un intercambio fantástico de informaciones contenidas en los respectivos núcleos. Eso origina una enorme biodiversidad.

Surge, pues, un nuevo ser vivo, la célula que se reproduce sexualmente a partir del encuentro con otra célula. Tal hecho apunta ya hacia el sentido profundo de toda sexualidad: el intercambio que enriquece y la fusión que crea paradójicamente la diversidad. Ese proceso envuelve imperfecciones, inexistentes en la mitosis, pero favorece mutaciones, adaptaciones y nuevas formas de vida.

La sexualidad revela la presencia de la simbiosis (composición de diferentes elementos) que, junto con la selección natural, representa la fuerza más importante de la evolución.

Tal hecho está cargado de consecuencias filosóficas. La vida está tejida de cooperación, de intercambios, de simbiosis, mucho más que de lucha competitiva por la supervivencia. La evolución ha llegado hasta la fase actual gracias a esa lógica cooperativa entre todos.

Dejando a un lado muchos otros datos y yendo directamente a la sexualidad humana, debemos reconocer que tiene su base en un millón de años de sexogénesis. Pero posee algo singular: el instinto se transforma en libertad, la sexualidad eclosiona en el amor. La sexualidad humana no está sujeta al ritmo biológico de la reproducción. El ser humano se encuentra siempre disponible para la relación sexual, porque esta no se ordena solamente a la reproducción de la especie sino también y principalmente a la manifestación del afecto entre la pareja. El amor reorienta la lógica natural de la sexualidad como instinto de reproducción; el amor hace que la sexualidad se descentre de sí para concentrarse en el otro. El amor hace a los dos preciosos al uno para el otro, únicos en el universo, fuente de admiración, de enamoramiento y de pasión. A causa de este aura el amor se revela como el ámbito de la suprema realización y felicidad humana o, en su fracaso, de la infelicidad y de la guerra de los sexos.

El ser humano necesita aprender a combinar instinto y amor. Siente en sí la necesidad de amar y de ser amado. No por imposición, sino por libertad y espontaneidad. Sin esa libertad de quien da y de quien recibe, no existe amor. La libertad y la capacidad de amorización construyen las formas de amor que humanizan al ser humano y le abren perspectivas espirituales, sobrepasando en mucho las demandas del instinto.

Leonardo Boff escribió con Rose Marie Muraro, recientemente fallecida, Femenino-masculino: un nuevo paradigma para una nueva relación, Record 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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Mark Regnerus, que quiso demostrar los males de la homoparentalidad, relaciona ahora matrimonio igualitario y sexo anal heterosexual.

Martes, 25 de febrero de 2014

regnerus_0Mark Regnerus, autor del estudio que pretendía demostrar los efectos negativos de la homoparentalidad, ha protagonizado una nueva anécdota chocante. En esta ocasión, Regnerus ha afirmado que la aceptación del matrimonio igualitario llevará a que los hombres heterosexuales reclamen más sexo anal.

El autor que publicó el estudio que supuestamente “demostraba” los efectos negativos de la homoparentalidad, ha hecho unas afirmaciones que pasan el límite de lo ridículo. En esta ocasión, ha aprovechado un programa de radio, Good as You de Jeremy Hooper, para decir que el matrimonio entre personas del mismo sexo favorecerá que los hombres heterosexuales pidan más a sus parejas tener relaciones abiertas y sexo anal. Según Mark Regnerus, “si el matrimonio gay es percibido como legítimo por mujeres heterosexuales, ello llevará al cabo de un tiempo a que novios de todas partes (y no solo algunos maridos) presionen para tener lo que los hombres históricamente siempre han querido, pero rara vez se les ha permitido: a la novedad sexual en forma de permiso para desviarse sin poner en riesgo su relación primaria”. Regnerus añadió que “la normalización del comportamiento sexual de los hombres gays” conduciría a un incremento de la “práctica del sexo anal heterosexual”.

No es la primera vez que Regnerus, profesor de Sociología en la Universidad de Texas, ocupa titulares por sus chocantes declaraciones. En diciembre de 2012 afirmó que el consumo de pornografía en hombres heterosexuales incrementaba el apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo. En realidad, la notoriedad de Regnerus procede de un estudio que pretendía demostrar que los hijos de familias homoparentales tenían un peor desarrollo psicológico. Dicho estudio presentaba muy serios defectos metodológicos, algunos bastante elementales como la falta de aislamiento de otros factores. Estos defectos le valieron en su momento numerosas críticas y un amplio descrédito. Sin embargo, ese estudio sigue siendo citado con frecuencia por grupos ultraconservadores para dar un barniz científico a sus afirmaciones. Es más, en Rusia ha sido citado como apoyo para las leyes en contra de la “propaganda homosexual”. Por esta razón afirmaciones como las suyas, que no deberían pasar de una antología del disparate, pueden tener una mayor repercusión y también un mayor peligro de ser tomadas en serio.

Fuente Dosmanzanas

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