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La homosexualidad está escrita en los genes

Jueves, 24 de julio de 2014

892-la-homosexualidad-esta-escrita-en-los-genesAsí concluye un estudio científico publicado recientemente y no exento de polémica, que sugiere que las preferencias sexuales de una persona tienen un origen biológico y no tanto psicológico, como sostienen los psicoanalistas. La investigación, a cargo de la Universidad de Chicago (EE.UU.), identificó en una amplia muestra de varones dos tramos del ADN vinculados a la homosexualidad, un hallazgo sin precedentes que pone en entredicho la influencia de las vivencias de la infancia ante la posible existencia de un componente genético, al tiempo que acalla las voces más detractoras de la libertad sexual.

A día de hoy no se tiene plena constancia de los factores que definen la identidad sexual de una persona, si bien es cierto que la comunidad científica se inclina hacia una explicación biológica frente a la puramente psíquica. Algunas hipótesis sostienen que la homosexualidad se gesta durante la etapa intrauterina, es decir, antes del nacimiento del bebé, y que está ligada a los cambios hormonales en el cuerpo de la madre, ya que los niveles de testosterona influyen en el desarrollo de ciertas áreas cerebrales implicadas parcialmente en la atracción sexual. Otras apuntan hacia una respuesta inmune del cuerpo de la madre hacia un feto de género masculino, que al experimentarse de forma reiterada tras varios embarazos de varones, aumenta las posibilidades de tener un benjamín homosexual. La gran mayoría parece coincidir en los condicionantes prenatales de la identidad sexual.

En este sentido, parecía descartada la existencia de un gen específico asociado a la homosexualidad, pero la nueva investigación ha reabierto el debate al sugerir que las regulaciones epigenéticas sí juegan un papel importante. El equipo de científicos analizó el ADN de más de 400 parejas de hermanos, ambos homosexuales, y encontró dos secuencias del mismo ligadas a la homosexualidad, en las que, posiblemente, estarían involucradas multitud de genes. No obstante, los autores del trabajo hablan de ‘predisposición genética’ y no de ‘determinismo’, ya que la expresión de los genotipos está sujeta a los factores ambientales, con lo que las experiencias personales también perfilarían en cierta medida las inclinaciones sexuales del individuo.

Aunque no resulte posible por el momento afirmar taxativamente el origen genético de la homosexualidad, los científicos continuarán especulando en la línea de la raíz biológica,rechazando de pleno que se trate de una mera elección inconsciente y por tanto, que se pueda revertir.

Fuente Revista Muy Interesante, Via InOutPost

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“La memoria sexual: base biológica de la sexualidad humana”, por Leonardo Boff, teólogo y escritor.

Lunes, 7 de julio de 2014

aajardiLeído en Koinonia:

Para comprender en profundidad la sexualidad humana, tenemos que entender que ella no existe aislada, sino que representa un momento de un proceso mayor: el biogénico.

La nueva cosmología nos habituó a considerar cada realidad singular dentro del todo que viene siendo urdido desde hace 13.700 millones de años y de la vida hace 3.800 millones de años. Las realidades singulares (elementos físico-químicos, microorganismos, rocas, plantas, animales y seres humanos) no se yuxtaponen, se entrelazan en redes interconectadas constituyendo una totalidad sistémica, compleja y diversa.

Así, la sexualidad emergió hace mil millones de años como un momento avanzado de la vida. Después que Crick y Dawson descifraran el código genético en los años 50 del siglo pasado, hoy sabemos sin lugar a dudas que existe la unidad de la cadena de la vida: bacterias, hongos, plantas, animales y humanos somos todos hermanos y hermanas porque descendemos de una única forma originaria de vida. Tenemos, por ejemplo, 2.758 genes iguales a los de la mosca y 2.031 idénticos a los del gusano.

Este dato se explica porque todos, sin excepción, somos construidos a partir de 20 proteínas básicas combinadas con cuatro ácidos nucleicos (adenina, timina, citosina y guanina). Todos descendemos de un antepasado común, a partir del cual se origina la ramificación progresiva del árbol de la vida. Cada célula de nuestro cuerpo, incluso la más epidérmica, contiene la información básica de toda la vida que conocemos. Hay, pues, una memoria biológica inscrita en el código genético de todo organismo vivo.

Así como existe la memoria genética, existe también la memoria sexual que se hace presente en nuestra sexualidad humana. Consideremos algunos pasos de ese complejo proceso. El antepasado común de todos los seres vivos fue, muy probablemente una bacteria, técnicamente llamada procarionte, un organismo unicelular, sin núcleo y con una organización interna rudimentaria. Al multiplicarse rápidamente por división celular (denominada mitosis: una célula-madre se divide en dos células-hijas idénticas) surgieron colonias de bacterias. Reinaron, ellas solas, durante casi dos mil millones de años. Teóricamente la reproducción por mitosis confiere inmortalidad a las células, pues sus descendientes son idénticos, sin mutaciones genéticas.

Hace unos dos mil millones de años ocurrió un fenómeno muy importante para la evolución posterior, solamente superado por la aparición de la propia vida: la irrupción de una célula con membrana y dos núcleos. Dentro de ellos se encuentran los cromosomas (material genético) en los cuales el DNA se combina con proteínas especiales. Técnicamente es conocida como eucarionte o también célula diploide, es decir, célula con doble núcleo.

La importancia de esta célula binucleada reside en que en ella se encuentra el origen del sexo. En su forma más primitiva, el sexo significaba el intercambio de núcleos enteros entre células binucleadas, llegando a fundirse en un único núcleo diploide, que contenía todos los cromosomas en pares. Hasta aquí las células se multiplicaban solas por mitosis (división) perpetuando el mismo genoma. La forma eucariota de sexo, que se da por el encuentro de dos células diferentes, permite un intercambio fantástico de informaciones contenidas en los respectivos núcleos. Eso origina una enorme biodiversidad.

Surge, pues, un nuevo ser vivo, la célula que se reproduce sexualmente a partir del encuentro con otra célula. Tal hecho apunta ya hacia el sentido profundo de toda sexualidad: el intercambio que enriquece y la fusión que crea paradójicamente la diversidad. Ese proceso envuelve imperfecciones, inexistentes en la mitosis, pero favorece mutaciones, adaptaciones y nuevas formas de vida.

La sexualidad revela la presencia de la simbiosis (composición de diferentes elementos) que, junto con la selección natural, representa la fuerza más importante de la evolución.

Tal hecho está cargado de consecuencias filosóficas. La vida está tejida de cooperación, de intercambios, de simbiosis, mucho más que de lucha competitiva por la supervivencia. La evolución ha llegado hasta la fase actual gracias a esa lógica cooperativa entre todos.

Dejando a un lado muchos otros datos y yendo directamente a la sexualidad humana, debemos reconocer que tiene su base en un millón de años de sexogénesis. Pero posee algo singular: el instinto se transforma en libertad, la sexualidad eclosiona en el amor. La sexualidad humana no está sujeta al ritmo biológico de la reproducción. El ser humano se encuentra siempre disponible para la relación sexual, porque esta no se ordena solamente a la reproducción de la especie sino también y principalmente a la manifestación del afecto entre la pareja. El amor reorienta la lógica natural de la sexualidad como instinto de reproducción; el amor hace que la sexualidad se descentre de sí para concentrarse en el otro. El amor hace a los dos preciosos al uno para el otro, únicos en el universo, fuente de admiración, de enamoramiento y de pasión. A causa de este aura el amor se revela como el ámbito de la suprema realización y felicidad humana o, en su fracaso, de la infelicidad y de la guerra de los sexos.

El ser humano necesita aprender a combinar instinto y amor. Siente en sí la necesidad de amar y de ser amado. No por imposición, sino por libertad y espontaneidad. Sin esa libertad de quien da y de quien recibe, no existe amor. La libertad y la capacidad de amorización construyen las formas de amor que humanizan al ser humano y le abren perspectivas espirituales, sobrepasando en mucho las demandas del instinto.

Leonardo Boff escribió con Rose Marie Muraro, recientemente fallecida, Femenino-masculino: un nuevo paradigma para una nueva relación, Record 2010.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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Mark Regnerus, que quiso demostrar los males de la homoparentalidad, relaciona ahora matrimonio igualitario y sexo anal heterosexual.

Martes, 25 de febrero de 2014

regnerus_0Mark Regnerus, autor del estudio que pretendía demostrar los efectos negativos de la homoparentalidad, ha protagonizado una nueva anécdota chocante. En esta ocasión, Regnerus ha afirmado que la aceptación del matrimonio igualitario llevará a que los hombres heterosexuales reclamen más sexo anal.

El autor que publicó el estudio que supuestamente “demostraba” los efectos negativos de la homoparentalidad, ha hecho unas afirmaciones que pasan el límite de lo ridículo. En esta ocasión, ha aprovechado un programa de radio, Good as You de Jeremy Hooper, para decir que el matrimonio entre personas del mismo sexo favorecerá que los hombres heterosexuales pidan más a sus parejas tener relaciones abiertas y sexo anal. Según Mark Regnerus, “si el matrimonio gay es percibido como legítimo por mujeres heterosexuales, ello llevará al cabo de un tiempo a que novios de todas partes (y no solo algunos maridos) presionen para tener lo que los hombres históricamente siempre han querido, pero rara vez se les ha permitido: a la novedad sexual en forma de permiso para desviarse sin poner en riesgo su relación primaria”. Regnerus añadió que “la normalización del comportamiento sexual de los hombres gays” conduciría a un incremento de la “práctica del sexo anal heterosexual”.

No es la primera vez que Regnerus, profesor de Sociología en la Universidad de Texas, ocupa titulares por sus chocantes declaraciones. En diciembre de 2012 afirmó que el consumo de pornografía en hombres heterosexuales incrementaba el apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo. En realidad, la notoriedad de Regnerus procede de un estudio que pretendía demostrar que los hijos de familias homoparentales tenían un peor desarrollo psicológico. Dicho estudio presentaba muy serios defectos metodológicos, algunos bastante elementales como la falta de aislamiento de otros factores. Estos defectos le valieron en su momento numerosas críticas y un amplio descrédito. Sin embargo, ese estudio sigue siendo citado con frecuencia por grupos ultraconservadores para dar un barniz científico a sus afirmaciones. Es más, en Rusia ha sido citado como apoyo para las leyes en contra de la “propaganda homosexual”. Por esta razón afirmaciones como las suyas, que no deberían pasar de una antología del disparate, pueden tener una mayor repercusión y también un mayor peligro de ser tomadas en serio.

Fuente Dosmanzanas

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