“Raíces del pesimismo sexual”, por Raúl Lugo.
Interesante artículo que publica en su blog:
Escribo estas líneas desde san Luis Potosí. He venido invitado por la Dirección de Antropología Física del Instituto Nacional de Antropología e Historia para participar en la XII Semana Cultural de la Diversidad Sexual. En un esfuerzo sostenido a lo largo de doce años, el INAH conjunta anualmente a una serie de organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil para discutir problemas actuales sobre género y sexualidad. Comprometidos con la construcción de una convivencia social libre de violencia de género y homofobia, las organizaciones convocantes trabajan una semana completa para ofrecer conferencias, mesas de trabajo, talleres y actividades culturales de asistencia abierta y gratuita para todo público En esta edición 2013 hacen un énfasis especial en asuntos relacionados con el comercio, la explotación sexual y la trata de personas.
No es la primera vez que tengo el honor de ser invitado. Al menos los cuatro últimos años he participado como ponente. En esta ocasión participo con la ponencia “La sexualidad más allá de lo sagrado”. Intento abordar las raíces precristianas del pesimismo sexual. Me explico.
Las iglesias cristianas están sumergidas desde hace algunos años en un amplio debate acerca de la sexualidad, su práctica y su significado. Muchos acontecimientos han hecho que tal debate se profundice. Bastaría mencionar cuatro de ellos:
- El surgimiento de los métodos anticonceptivos, que traen consigo la posibilidad de que las parejas heterosexuales puedan decidir si tienen hijos/as o no y decidir voluntariamente el número y espaciamiento de los mismos/as.
- El cambio de conciencia, cada vez más grande y avasallador, respecto de la diversidad sexual, que ha llevado ya a más de 13 países a legislar a favor del matrimonio universal y en contra de la discriminación por orientación sexual.
- La revolución de género, que ha venido, no solamente a recuperar la igualdad fundamental entre hombres y mujeres, sino que también a mostrarnos cuánto de cultural hay en los roles que mantenemos para identificar a varones y mujeres (¡y cuánto hemos perdido muchas veces por no romper esos moldes ancestrales!)
- Los avances en las ciencias biológicas y sociales, que han hecho caer muchos mitos en torno al comportamiento sexual, y han reconocido y estudiado las conductas sexuales minoritarias presentes en todas las culturas y tiempos.
Que estos acontecimientos sean interpretados como “signos de los tiempos” o como señales de una degeneración cultural de la que somos víctimas, modelará las distintas respuestas que se dan dentro de las iglesias. La sexualidad es un campo en el que prácticamente todas las religiones tienen que enfrentar discursos disidentes.
Pero en nuestros discursos sobre la sexualidad asumimos sin cuestionar que el cristianismo (o la tradición judeo-cristiana) es la responsable de la visión tan negativa que tenemos de la sexualidad. Y esto es cierto solamente en parte. Una revaloración de la sexualidad, del placer, del goce de los sentidos, requiere desmantelar un sistema de pensamiento que no se reduce solamente a los mandamientos de las religiones, sino que impregna toda nuestra cultura.
Normalmente pensamos que es justamente la religión la que ha hecho que la identificación entre placer y pecado nos hiciera tanto daño. Puede ser que la difusión de esta mentalidad le deba mucho a la tarea de los predicadores religiosos. Pero basta revisar la historia para darnos cuenta de que más allá de la religión y los textos sagrados, hay una mentalidad que el cristianismo fue asumiendo y que no forma parte de sus propias raíces. La consideración del placer como ligado al pecado o al mal no es una aportación del cristianismo, sino proviene de muy otro origen. Lo que el cristianismo hizo fue recibir esa filosofía, potenciarla y universalizarla. Leer más…















Nota de Prensa




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