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Archivo para la categoría ‘Poesía’

No te detengas

Viernes, 9 de diciembre de 2016

Walt Whitman fue un maestro de la lírica de verso libre, polémico y con una intensa vida a sus espaldas en la que trabajó como poeta, enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista estadounidense. Además de ser considerado uno de los escritores más influyentes de Estados Unidos, el autor sufrió censura y fue criticado en su tiempo por la abierta sexualidad que desprendían los contenidos de su libro Hojas de hierba, calificado en su época como obsceno y pornográfico por contener referencias explícitas a la homosexualidad o bisexualidad del escritor.

La poesía de Whitman está encarnada por los elementos cotidianos como una expresión de lo eterno. Entre sus versos se cuelan el hombre, el cuerpo, el sexo, la religión, los animales o la geografía. La actitud predominante en su obra es de euforia y alegría. Su objetivo era dar dignidad a todas las cosas, por lo que se opuso firmemente a la pena de muerte y la esclavitud. Sin él, la poesía moderna estaría huérfana y carente de vivacidad. Por eso compartimos “No te detengas“, una bellísima obra para mejor conocer a este hombre genial:

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No te detengas
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

*

Walt Whitman
(1819-1892)

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***

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‘Erómenos’, 18 poemas sobre la belleza del amor juvenil

Sábado, 7 de mayo de 2016

eromenosLa editorial Amistades Particulares presenta su nuevo proyecto, un conjunto de poemas que, en su mayor parte, celebran de algún modo la belleza y el amor juvenil y la tragedia inevitable de su pérdida.  Se trata de ‘Erómenos’ una colección poética firmada por Luis Antonio de Villena en la que se canta al amor juvenil y a la fugacidad de la belleza como elementos de máximo gozo y disfrute.

Luis Antonio de Villena es uno de los escritores en castellano más importantes de la segunda mitad del siglo XX. A los 19 años publicó su primer libro y desde entonces, tanto en prosa como en verso, ha dado muestras constantes de tener una voz propia dentro de la literatura.

Se trata de  un conjunto de 18 poemas de este autor que, en su mayor parte, celebran de algún modo la belleza y el amor juvenil y la tragedia inevitable de su pérdida. Son poemas que hablan pues de belleza y de caducidad, pero también (y por ello mismo) de gozo y esplendor. Cosas transitorias, como todo en un mundo caedizo, sometido al tiempo.

Desde la editorial afirman que “este libro nace con vocación de minorías, por ello se ha realizado una tirada inicial de solo 65 ejemplares. En caso de agotarse podrían hacerse reimpresiones de pequeñas cantidades adicionales, hasta alcanzar un máximo de 150 ejemplares, momento en que cesarán definitivamente las mismas”. Pero aclaran que no habrá una segunda edición de esta obra ni se comercializará por internet.

Tiene diecinueve años. Moreno, alto, muy grandes
los ojos. Después de la ducha, apenas envuelto
en una toalla azul, se dejó caer en el sillón del estudio.
Estiró los brazos a lo alto, como si se mirara
las velludas axilas, y las piernas hacia el suelo,
haciendo deslizarse, como un paño, la gran toalla.
El cuerpo brillaba largo, con el cabello revuelto
y tanto invisible fuego tan joven… Pensó:
¿cómo describiría él esta postura, que no he buscado?
Era verdad que no había intentado pose ninguna,
pero la respuesta sería: Una melancolía fuertemente
sensual. Seguro. Pues lo cierto era que pese al fulgor
del cuerpo húmedo, de los lánguidos ojos y del pubis
exacto y entrevisto, lo que sentía en ese momento
en su interior era solamente el pasar del tiempo…

De Cármides

***

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“Estos días azules y este sol de la infancia”

Martes, 8 de septiembre de 2015

refugiados-navarra--644x362Aunque nunca ha llegado a ser uno de mis poetas favoritos y considero que, como sucede con Miguel Hernández, la visibilidad que dieron a sus obras sendos discos de Joan Manuel Serrat ha propiciado el desconocimiento de escritores contemporáneos de mayor calidad como Luis Cernuda, no dejo de pensar en ese último verso escrito por Antonio Machado en sus últimos días.

Puede que, cansado después de atravesar a pie la frontera junto a su madre anciana, el poeta se detuviera un momento en Colliure para disfrutar de un cielo especialmente azul, a pesar del frío del comienzo del año, y que ese sol que calentaba levemente su piel le recordara el sol sevillano de “un huerto claro donde madura el limonero”, y comparase la inocente felicidad de aquellos años y la que era su situación de refugiado en Francia casi al término de la Guerra de España.

Y esta semana, mientras recibimos de manera incesante noticias de los refugiados de Siria, una sola fotografía da la vuelta al mundo exhibiendo, de manera tan impúdica pero quizá necesaria para revolver conciencias, un niño echado boca abajo, muerto en una playa de Turquía. Sus días ya no serán azules, ni quedará sol alguno para su infancia.

Un niño echado boca abajo, muerto en una playa de Turquía. Sus días ya no serán azules, ni quedará sol alguno para su infancia.

Hace unos días leí un librito de Chamamanda Ngozi Adichie, Todos deberíamos ser feministas, y en él, como dice incansablemente el Feminismo, denunciaba su autora esa pregunta clásica de por qué es preciso hablar como mujer y no como ser humano cuando reivindicamos Derechos Humanos. Idéntica cuestión se nos presenta cuando hablamos como lesbianas, gais, transexuales y bisexuales y utilizamos estas voces nuestras para insistir en la especificidad de nuestras vivencias, que añaden un matiz de diversidad a otras vivencias generales y precisamente por ello deben ser narradas.

Pero ¿cómo reivindicar lo específico cuando la tragedia es general y una imagen nos recuerda que los niños están muriendo independientemente de la que vaya a ser su orientación sexual o su identidad de género?

Es posible responder cantando: a partir de un poema de James Oppenheim nació Bread and roses, que acompañó a las mujeres obreras del sector textil en Lawrence, Massachussetts, durante la “huelga de pan y rosas” de 1912, con que reivindicaban sus derechos como trabajadoras además de hacerlo como mujeres. Ahora que ya somos tantas personas pidiendo el pan para los refugiados, sean nuestras voces diversas las que además pidan las rosas. Nuestra obligación debiera ser demandar los Derechos Humanos en general como seres humanos que somos, y exigir de manera específica la debida atención a nuestros derechos igualmente humanos como las personas lesbianas, gais, transexuales y bisexuales que también somos de manera inseparable.

Que España acoja a cuantos refugiados y refugiadas sea necesario, y que no se olvide ni en éstos ni en otros muchos casos de que hay cientos de miles de personas en el mundo pidiendo asilo para mejorar su situación respecto a la que viven en sus países de origen precisamente por ser como nosotros somos. Reivindicar también los días azules, el sol de la infancia; reivindicar también las rosas. Aunque ya sólo sirvan para adornar la tumba de un niño.

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Sábado Santo… en silencio ante el Señor.

Sábado, 4 de abril de 2015

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y muerte hasta que después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de su Resurrección se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.

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 El Cristo de Velázquez
(Fragmentos)

IV
¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?
¿Por qué ese velo de cerrada noche
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno cae sobre tu frente?
Miras dentro de Ti, donde está el reino
de Dios, dentro de Ti, donde alborea
el sol eterno de las almas vivas.
Blanco tu cuerpo está como el espejo
del padre de la luz, del sol vivífico;
blanco tu cuerpo al modo de la luna
que muerta ronda en torno de su madre
nuestra cansada vagabunda tierra;
blanco tu cuerpo está como la hostia
del cielo de la noche soberana,
de ese cielo tan negro como el velo
de tu abundosa cabellera negra
de nazareno.
Que eres Cristo, el único
Hombre que sucumbió de pleno grado,
triunfador de la muerte, que a la vida
por Ti quedó encumbrada. Desde entonces
por Ti nos vivifica esta tu muerte,
por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,
por Ti la muerte es el amparo dulce
que azucara amargores de la vida;
por Ti, el Hombre mu
erto que no muere,
blanco cual luna de la noche. Es sueño,
Cristo, la vida, y es la muerte vela.
Mientras la tierra sueña solitaria,
vela la blanca luna; vela el Hombre
desde su cruz, mientras los hombres sueñan;
vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco
como la luna de la noche negra;
vela el Hombre que dio toda su sangre
porque las gentes sepan que son hombres.
Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos
a la noche, que es negra y muy hermosa,

porque el sol de la vida la ha mirado

con sus ojos de fuego: que a la noche
morena la hizo el sol y tan hermosa.
Y es hermosa la luna solitaria,
la blanca luna en la estrellada noche
negra cual la abundosa cabellera
negra del nazareno. Blanca luna
como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de la vida, del que nunca muere.
Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
nos guían en la noche de este mundo,
ungiéndonos con la esperanza recia
de un día eterno. Noche cariñosa
¡oh noche, madre de los blandos sueños,
madre de la esperanza, dulce Noche,
noche oscura del alma, eres nodriza
de la esperanza en Cristo Salvador!
*
Soledad
Abandonado de tu Dios y Padre,
que con sus manos recogió tu espíritu,
Te alzas en ese trono congojoso
de soledad, sobre la escueta cumbre
del teso de la calavera, encima
del bosque de almas muertas que esperaban
tu muerte, que es su vida. ¡Duro trono
de soledad! Tú, sólo, abandonado
de Dios y de los hombres y los ángeles,
eslabón entre cielo y tierra, mueres,
¡oh León de Judá, Rey del desierto
y de la soledad! Las soledades
hinches del alma, y haces de los hombres
solitarios un hombre; Tú nos juntas,
y a tu soplo las almas van rodando
en una misma ola. Pues moriste,
Cristo Jesús, para juntar en uno
a los hijos de Dios que andan dispersos,
solo un rebaño bajo de un pastor
*
La vida es sueño
¿Estás muerto, Maestro, o bien tranquilo
durmiendo estás el sueño de los justos?
Tu muerte de tres días fue un desmayo,
sueño más largo que los otros tuyos;
pues tú dormías, Cristo, sueños de Hombre,
mientras velaba el corazón. Posábase,
ángel, sobre tu sien esa primicia
del descanso mortal, ese pregusto
del sosiego final de aqueste tráfago;
cual pabellón las blandas alas negras
del ángel del silencio y del olvido
sobre tus párpados; lecho de sábana
pardo la tierra nuestra madre; al borde,
con los brazos cruzados, meditando
sobre sí mismo el Verbo. Y di, ¿soñabas?
¿Soñaste, Hermano, el reino de tu Padre?
¿Tu vida acaso fue, como la nuestra,
sueño? ¿De tu alma fue en el alma quieta
fiel trasunto del sueño de la vida
de nuestro Padre? Di, ¿de qué vivimos
sino del sueño de tu vida, Hermano?
¡No es la sustancia de lo que esperamos,
nuestra fe, nada más que de tus obras
el sueño, Cristo! ¡Nos pusiste el cielo,
ramillete de estrellas de venturas;
hicístenos la noche para el alma
cual manto regio de ilusión eterna!
Por ti los brazos del Señor nos brizan
al vaivén de los cielos y al arrullo
del silencio que tupe por las noches
la bóveda de luces tachonada
¡Y tu sueño es la paz que da la guerra,
y es tu vida la guerra que da paz!
*
Miguel de Unamuno
 ***
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El Cristo yacente de Santa Clara (Iglesia de la Cruz) de Palencia

Éste es aquel convento de franciscas,
de la antigua leyenda;
aquí es donde la Virgen toda cielo
hizo por largos años de tornera,
cuando la pobre Margarita, loca,
de eterno amor sedienta,
lo iba a buscar donde el amor no vive,
en el seco destierro de esta tierra.
Éste es aquel convento de las Claras,
las hijas de la dulce compañera
del Serafín de Asís que desde Italia
sembró estas flores en la España nuestra,
blancos lirios del páramo sediento
que en aroma conviértennos la queja.

Las pobres en el claustro que un tenorio
deslumbró con la luz de la tragedia,
llevándose a la pobre Margarita,
con su sed de ser madre, la tornera,
mientras la dulce lámpara brillaba
que ante la Madre Virgen encendiera,
cunan, vírgenes madres, como a un niño,
al Cristo formidable de esta tierra.

Este Cristo, inmortal como la muerte,
no resucita; ¿para qué?, no espera
sino la muerte misma.
De su boca entreabierta,
negra como el misterio indescifrable,
fluye hacia la nada,
a la que nunca llega,
disolvimiento.
Porque este Cristo de mi tierra es tierra.

Dormir, dormir, dormir…, es el descanso
de la fatiga eterna,
y del trabajo del vivir que mata
es la trágica siesta.
No la quietud de paz en el ensueño,
sino profunda inercia,
y cual doliente humanidad, en la sima
de sus entrañas negras,
en silencio montones de gusanos
le verbenean.

Cristo que, siendo polvo, al polvo ha vuelto;
Cristo que, pues que duerme, nada espera.
Del polvo prehumano con que luego
nuestro Padre del cielo a Adán hiciera
se nos formó este Cristo tras-humano,
sin más cruz que la tierra;
de polvo eterno de antes de la vida
se hizo este Cristo,
tierra de después de la muerte;
porque este Cristo de mi tierra es tierra.

“No hay nada más eterno que la muerte;
todo se acaba —dice a nuestras penas—;
no es ni sueño la vida;
todo no es más que tierra;
todo no es sino nada, nada, nada…
y hedionda nada que al soñarla apesta.
Es lo que dice el Cristo pesadilla;
porque este Cristo de mi tierra es tierra.

Cierra los dulces ojos con que el otro
desnudó el corazón a Magdalena,
y hacia dentro de sí mirando, ciego,
ve las negruras de su gusanera.

Este Cristo cadáver, que como tal no piensa,
libre está del dolor del pensamiento,
de la congoja atroz que allá en la huerta
del olivar al otro
—con el alma colmada de tristeza—
le hizo pedir al Padre que le ahorrara
el cáliz de la pena.
Cuajarones de sangre
sus cabellos prenden,
cuajada sangre negra,
que en el Calvario le regó la carne
pero esa sangre no es ya sino tierra;
grumos de sangre del dolor del cuerpo,
grumos de sangre seca.
Más del sudor de angustia
de la recia batalla del espíritu,
de aquel sudor con que la seca tierra
regó, de aquellos densos goterones,
rastro alguno le queda.
Evaporóse aquel sudor llevando
el dolor de pensar a las esferas
en que sufriendo el pobre pensamiento,
buscando a Dios sin encontrarlo, vuela.
¿Y cómo ha de dolerle el pensamiento
si es sólo carne muerta,
mojama recostrada con la sangre,
cuajada sangre negra?
Ese dolor espíritu no habita
en carne, sangre y tierra.

No es este Cristo el Verbo que encarnara
en carne vividera;
este Cristo es la Gana, la real Gana,
que se ha enterrado en tierra;
la pura voluntad que se destruye
muriendo en la materia;
una escurraja de hombre trogloditico
con la desnuda voluntad que, ciega,
escapando a la vida,
se eterniza hecha tierra.

Este Cristo español que no ha vivido,
negro como el mantillo de la tierra,
yace cual la llanura,
horizontal, tendido,
sin alma y sin espera.
Con los ojos cerrados cara al cielo
avaro en lluvia y que los panes quema.
Y aún con sus negros pies de garra de águila
querer parece aprisionar la tierra.

O es que Dios penitente acaso quiso
para purgar de culpa su conciencia
por haber hecho al hombre,
y con el hombre la maldad y la pena,
vestido de este andrajo miserable
gustar muerte terrena.

La piedad popular ve que las uñas
y el cabello le medran,
de la vida lo córneo, lo duro, supersticiones secas,
lo que araña
y aquello de que se ase la segada cabeza.

La piedad maternal de aquellas pobres
hijas de Santa Clara
le cubriera con faldillas
de blanca seda y oro
las hediondas vergüenzas,
aunque el zurrón de huesos y de podre
no es ni varón ni hembra;
que este Cristo español, sin sexo alguno,
más allá yace de esa diferencia
que es el trágico nudo de la historia,
pues este Cristo de mi tierra es tierra.

¡Oh Cristo pre-cristiano y post-cristiano.
Cristo todo materia,
Cristo árida carroña recostrada
con cuajarones de la sangre seca;
el cristo de mi pueblo es este Cristo:
carne y sangre hechos tierra, tierra, tierra!

Y las pobres franciscas del convento
en que la Virgen Madre fue tornera
—la Virgen toda cielo y toda vida,
sin pasar por la muerte al cielo vuelta—
cunan la muerte del terrible Cristo
que no despertará sobre la tierra,
porque él, el Cristo de mi tierra,
es sólo tierra, tierra, tierra, tierra…
carne que no palpita,
tierra, tierra, tierra, tierra…
cuajarones de sangre que no fluye,
tierra, tierra, tierra, tierra…

¡Y tú, Cristo del cielo,
redímenos del Cristo de la tierra!

*

Miguel de Unamuno

Poema en audio: El Cristo yacente de Santa Clara (Iglesia de la Cruz) de Palencia de Miguel de Unamuno por Fernando Fernán Gómez

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Cristo muerto de Holbein*

Cristo muerto de Holbein

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Cristo Yacente

Viernes, 3 de abril de 2015

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Oh Cristo yacente

Subes por mi calle

tu bello dolor

de golpeada carne de madera

Y cómo la oreas

de claveles

de alas de requiebros

de goterones de lágrimas

en ese íntimo escalofrío

de la emoción

profunda

de un barrio

Al pararse el paso

el arrebato

de una mano

vuela

a taponarte

un instante sólo

la herida abierta

del costado

como si aún te manase

sangre limpia

Oh Cristo yacente

Qué importa

que no crea

que anduvieras en la mar

que del lodo

de tu saliva

dieras la luz

a unos ojos ciegos

que sacaras

de un cesto

el ágape

de una multitud

Qué importa

Subes por mi calle

la lírica parábola

de la pureza

de una vida en un cuerpo

que me estremece

como si te viera

en el regazo de mirra

de tu madre

muerto

y ensangrentado

*

©Rubén Lapuente

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“Hay que nacer de nuevo, hermanos Nicodemos”: Casaldáliga felicita las Navidades

Sábado, 27 de diciembre de 2014

“De esperanza en esperanza, de pesebre en pesebre, todavía hay Navidad”

“Con los pobres de la tierra, confesamos que Él nos ha amado hasta el extremo de entregarnos su propio Hijo”

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Sube a nacer conmigo,
dice el poeta Neruda.
Baja a nacer conmigo,
dice el Dios de Jesús.
Hay que nacer de nuevo,
hermanos Nicodemos
y hay que nacer subiendo desde abajo.

De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
todavía hay Navidad.
Desconcertados por el viento del desierto
que no sabemos de donde viene
ni adonde va.
Encharcados en sangre y en codicia,
prohibidos de vivir
con dignidad,
sólo este Niño puede salvarnos.

De esperanza en esperanza,
de pesebre en pesebre,
de Navidad en Navidad.
Siempre de noche
naciendo de nuevo,
Nicodemos.

“Desde las periferias existenciales;”
con la fe de Maria
y los silencios de José
y todo el Misterio del Niño,
hay Navidad.

Con los pobres de la tierra,
confesamos
que Él nos ha amado hasta el extremo
de entregarnos su propio Hijo,
hecho Dios venido a menos,
en una Kenosis total.
Y es Navidad.
Y es Tiempo Nuevo.

Y la consigna es
que todo es Gracia,
todo es Pascua,
todo es Reino.

*

Pedro Casaldàliga

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Walt Whitman y sus ‘Hojas de hierba’ para el siglo XXI

Sábado, 29 de noviembre de 2014

1416511469_945725_1416511762_noticia_normalEl poeta Walt Whitman (1819 – 1892). / Stock Montage (Getty Images)

Una excelente noticia que hemos leído en El País:

La obra maestra del poeta estadounidense se edita íntegra en una nueva traducción, en edición bilingüe y junto a una selección de su prosa y de sus diarios de guerra

Pongámonos de pie. Por JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS

Un poeta histórico. Por ANTONIO GAMONEDA

Winston Manrique Sabogal

“Yo me celebro, 

y cuanto hago mío será tuyo también,

porque no hay átomo en mí que no te pertenezca”.

Y un nuevo mundo se abrió con estos versos de Canto de mí mismo. Ciento cincuenta y nueve años separan este comienzo del libro Hojas de hierba, que Walt Whitman terminaría en 1892, tras nueve ediciones y un total de 389 poemas, de esta época que no cesa de ser polinizada por su voz y sus ideas sublimes. Una obra maestra que ahora se puede leer íntegra en un lenguaje actualizado, en edición bilingüe y traducida, por primera vez, por un autor español (las conocidas son de latinoamericanos), que incluye los prólogos o textos introductorios que escribiera Whitman en todas sus ediciones, más una selección de sus prosas y del diario que llevaba como enfermero de campaña durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Todo ello presidido por un texto que funde la biografía del poeta estadounidense con su clásico universal y con la de este mismo volumen. El encargado de este trabajo monumental ha sido del poeta y filólogo Eduardo Moga (Barcelona, 1962), bajo el sello de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

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Walt Whitman y su pareja Peter Doyle

Treinta y tres años tardó Whitman (1819-1892) en completar la “autobiografía de todo el mundo”, como dijera Gertrude Stein. Una epopeya norteamericana y de la vida, íntima, soñada y pública, que resuena llena de realidad y promesa.

Llevó a la gente a reencontrarse consigo misma. Y se convirtió en un guía que abriría insospechadas rutas literarias.

Autoproclamado “Soy poeta del Cuerpo y soy poeta del Alma”, su obra empezó a ser conocida en 1855 con doce poemas sin título, y terminó en 1892, con 389, pocos meses antes de su muerte. “Un crecimiento orgánico, mediante oleadas sucesivas o estratos superpuestos, que era coherente con el crecimiento personal del autor y con el histórico de la nación, y que condecía con la naturaleza dispersa, orbicular, del proyecto whitmaniano”, escribe Eduardo Moga en el volumen.

1416511469_945725_1416512947_sumario_normalPortada de la nueva edición de ‘Hojas de hierba’.

Dos años y medio tardó el escritor español en traducir este clásico. Las anteriores ediciones completas son de escritores latinoamericanos, y otras parciales entre las que brilla la de Jorge Luis Borges. Enfrentarse a Whitman y a ilustres traductores, reconoce Mogan, ha sido un proyecto colosal y arriesgado, “un trabajo muy duro por la complejidad del pensamiento del poeta, su sintaxis y que genera unos poemas, no todos, extensos”.

Un poeta que crea un nuevo vocabulario, que se inventa cosas, neologismos, ideas filosóficas o religiosas, cuya correspondencia para dar en español no es fácil, confiesa Moga. “Por otra parte”, agrega el traductor, “es un poeta oratorio y enumerativo que, a menudo, entra en sucesiones de imágenes que se van engarzando, y esas cláusulas, a su vez, se ramifican y se subdividen. Todo ese trabajo hay que traducirlo sin que se pierda el sentido y mantener la coherencia global y sintáctica”.

La originalidad de Walt Whitman, escribió Harold Bloom en El canon occidental, “tiene menos que ver con su verso supuestamente libre que con su inventiva mitológica y su dominio de las figuras retóricas. Sus metáforas y sus razonamientos rítmicos abren un nuevo camino de una manera aún más eficaz que sus innovaciones métricas”.

Poeta del Yo y del Nosotros. Poeta que invoca y recuerda la dualidad, el binomio del ser humano: hombre y Dios; cielo y tierra; inmortalidad y mortalidad; ternura y erotismo; alegría y tristeza; realidad y sueño; pasión y serenidad; rostro y máscara; prosaico y sublime; dionisíaco y apolíneo; luz y oscuridad; difícil y sutil; carnal y platónico; antiguo y presente; milagro y naturaleza…

Una voz que no ha dejado de sonar. Una voz que renació cuando el 5 de marzo de 1842 asistió como periodista de la revista Aurora a una conferencia de Ralph Waldo Emerson en Nueva York titulada El poeta, donde, palabras más, ideas menos, venía a decir que los poetas son quienes dicen, nombran y representan la belleza como “dioses liberadores”, y que él ha buscado en vano en su país.

1416511469_945725_1416513343_sumario_normalPrimera edición de ‘Hojas de hierba’, de 1855.

Ese primer soplo inspirador quedó en Whitman dando vueltas, creciendo, hasta que en 1850 empezaría a escribir sus poemas bajo la búsqueda de ese nuevo edén, cuyo primer libro financió él mismo, cinco años después.

Poeta que canta a la democracia, que crece con su país, que canta a las necesidades del nuevo mundo. Su voz corrió como el viento que lo removió todo. Reflexivo y cautivador. Que cantó a la libertad, a lo íntimo, a los deseos, a la desgracia de la guerra, a los hombres y a las mujeres, aunque, escribe Bloom en su famoso libro del canon, “su impulso más profundo fue el homoerótico“. Pero su poesía, “rehúsa reconocer cualquier demarcación sexual, al igual que rehúsa aceptar cualquier línea fortificada que divida lo humano y lo divino”.

Whitman dijo que era un libro eminentemente religioso pero no entendido como propio de los credos cristianos sino por la relación que espera establecer por la divinidad, recuerda su traductor: “Esa figura del dios supremo que no se identifica pero representa el espíritu del universo, su viaje a la naturaleza, al ánima de la naturaleza es a lo que pretende llegar”.

Whitman es poeta de todos los tiempos y tradiciones. Para la colombiana María Gómez Lara, reciente ganadora del Premio Loewe de Poesía Joven, el trabajo de Whitman “ha construido paradigmas de innovación y expresión poética en todas partes del mundo, ha abierto múltiples caminos dentro de un espectro muy amplio, similares y también muy distintos de su propia búsqueda, de su voz han salido tantas voces. Whitman intuía en sus versos que su yo contenía multitudes, tenía una visión cósmica, abarcadora, una identidad que viajaba del universo a la tierra en los zapatos. Y entre los muchos Whitmans a mí me arrastró ese yo que se encontraba en la tierra: pensé en la materialidad que la poesía podía lograr. Tal vez, justamente en la era de la imagen, sea cuando más valga la pena recordar que el lenguaje llega todavía más allá, hasta la piel. Pensé en lo táctiles que son a veces las palabras, casi pude tocar esa voz de largo aliento, sensorial, consciente de su respiración. Como lectora quise perseguir ese tacto“.

Hasta ella, y a millones de personas, llegó 159 años después de ser escrito aquel canto con el que Whitman cierra su primer gran poema:

“Si no das conmigo al principio, no te desanimes.

Si no me encuentras en un lugar, busca en otro. 

En algún sitio te estaré esperando”.

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Otoño

Lunes, 29 de septiembre de 2014

Como siempre, el hermano Dorian nos regala en el Foro con esta poesía  de nuestro nunca suficientemente leído y recordado Federico… Disfrutemos de ella rumiándola y haciéndola vida… Podemos hacerlo escuchando al gran “cura rojoVivaldi.

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CANCION OTOÑAL

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.

¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?
¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?

¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del Bien que quizá no exista,
y del Mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas?

¿Y si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

*

Federico_Garcia_lorca_alumno

Granada; Noviembre de 1918

*

https://www.youtube.com/watch?v=U8v12M2mRVM

***

Nota: Quien no tenga sus obras en papel, puede leerlas pinchando aquí, o visitar la página de su Fundación.

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‘Poemas de la Vega’, antología del Lorca más campesino

Miércoles, 24 de septiembre de 2014

federico_garcia_lorcaJon Kortajarena: Homenaje a Federico García Lorca

El Federico García Lorca que deslumbró con Poeta en Nueva York nunca se desprendió de su infancia campesina en la Vega de Granada, de sus olores y sus “sentires”; es más, este paisaje fue “fundamental” en la vida y obra del poeta, como se recoge en el volumen Poemas de la Vega.

“La imagen de Lorca como creador del significado poético de la metrópolis y su crítica a sus formas de vida ha dejado a la sombra su origen campesino, que tiene mucho que ver con el desarrollo de su obra”, ha explicado hoy en la presentación de “Poemas de la Vega” (Galaxia Gutenberg) el poeta Luis García Montero, quien prologa la obra y ha participado en la selección de textos.

La antología reúne prosas, poemas, fragmentos teatrales, cartas y la famosa Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, donde nació el 5 de junio de 1898 el poeta, hijo de un labrador rico que vivió largas temporadas en la localidad de Asquerosa (hoy llamado Valderrubio), también en la comarca de la Vega y donde tuvo su “primer ensueño de lejanías”, como dejó dicho el autor de Bodas de sangre.

Laura García Lorca, sobrina del poeta y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, ha dicho hoy que el paisaje de la Vega fue “fundamental” en la vida y obra del poeta, con “ramificaciones variadas y profundas” que se inician en una lírica adolescente más intensa, hasta llegar a un trasfondo “abstracto” en obras como Yerma.

El volumen Poemas de la Vega está ilustrado con un dibujo del propio García Lorca de 1925, en el que se ve una casa con la palabra “Amor” pintada en su fachada y en medio de una huerta idílica, “un campo de la felicidad” que dará paso después al del “aislamiento y el silenciamiento”, ha dicho la sobrina del poeta.

 

 También en el pueblo de La Huerta de San Vicente vivió el “dolor lírico de cabeza” que le producían a Lorca la fragancia y los jazmines y las damas de noche, y fue lugar también de sus primeros contactos con la literatura romántica a través de su abuela Isabel, lectora de Víctor Hugo, Zorilla, Bécquer y Dumas, ha recordado el también poeta granadino García Montero.

La “cultura rural” de García Lorca se observa primeramente en su forma de mostrar la “inocencia” de ese entorno frente a las tensiones de la vida urbana y después en “dejar claro” que las conexiones entre la poesía culta y popular “tenían mucho que ver con las canciones que oyó en su infancia, las que cantaba con su familia”, ha añadido García Montero.

Por sus primeros poemas juveniles pupulan el caracol, la hormiga o la cigarra, las espigas y el chopo muerto, temas propios de quien “escribe delante de los cultivos”.

Un gran bagaje sensorial y humano, que le sirve después para “configurar toda una teoría del sur y de Andalucía” en Romancero gitano, ha explicado García Montero.

lorca61En La Barraca, el grupo universitario que dirigió Federico García Lorca en los años 30, quedó también el rastro de la influencia no sólo de la cultura popular, sino “de la distinta visión que el público rural tenía del teatro frente al de la ciudad“, ha añadido el prologuista.

Así hasta Poeta en Nueva York, donde el poso campesino de Lorca vehicula el “sentimiento de nostalgia” y la idea de “la vida inocente, más cercana al ser humano, frente a la mercantilizada que ve en la gran urbe“.

Finalmente, en el poemario Diván del Tamarit lo rural le sirve a Lorca para “una elaboración formal que tiene que ver con la propia identidad”, ha apuntado García Montero, profesor de Literatura.

De hecho, la iniciativa de Poemas de la Vega partió de un grupo de profesores de secundaria de la asociación Vega Educa, que trabaja para proteger el entorno cultural de la zona, dos de cuyos asociados, Javier Alonso Magaz y Andrea Villarrubia, han participado también en la selección de los textos.

“Lorca confesaba que todo lo aprendió de la tierra, que escribía con la tierra en la yema de los dedos“, concluye García Montero, y la sobrina del poeta deja la imagen con la que le recuerda: “Una acequia, con el agua libre corriendo por los campos de la Vega”.

Fuente Cáscara Amarga

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Faubourg.

Jueves, 18 de septiembre de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

faubourg

 

Las cosas que ignoras
atestan sin embargo tus sueños
y algunas veces se desbordan
en el gran día indeciso
tú no puedes jamás ser
absolutamente tú mismo,
ni como tú lo esperas,
absolutamente otro,
estás a medio camino
entre el alma y la carne,
la tortura y la paz
no sabes a quién tender
la mano, hermano o mendigo
*
Jean-Claude Pirotte – Faubourg
(1997)
(Fuente A D-V)
Del mismo autor, leer también …
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Un poemario gay de 1898, a la venta por 15.000 euros.

Martes, 20 de mayo de 2014

aleister-crowley-poethcjpollitt4Herbert Jerome Pollitt

Aleister Crowley

Se exhibirá en la Feria del Libro de Londres

Aleister Crowley  (fotografía izda) era uno de los ocultistas más famosos de Inglaterra a principios del siglo XX.. Se hacía llamar  la Gran Bestia 666 y fue apodado el hombre más malvado del mundo. Uno de sus seguidores le acusó, entre otras cosas, de que tanto él como su mujer le habían obligado a beber sangre de un gato sacrificado.

Pero uno de los mayores secretos de este pérfido, que trató de ocultar, es que había sufrido por amor, exactamente, por otro hombre: concretamente por Herbert Jerome Pollitt (fotografía Dcha), su compañero en Cambridge. Ahora lo sabemos porque en la Feria del Libro Antiguo de Londres se exhibirá un poemario suyo escrito a mano dedicado a su amor.

Precisamente, su bisexualidad propició que le expulsaran de la Orden Hermética de la Golden Dawn, una sociedad dedicada al ritual y la magia arcana que floreció en Europa durante el siglo XIX. En 1898, tenía 22 años, y se enamoró de Pollitt, un estudiante y compañero suyo en el Trinity College de Cambridge, que era conocido en los círculos estudiantiles como un transformista, bajo el nombre de Diana de Rougy. Se conocieron en octubre de 1897, pasaron las vacaciones de Navidad separados, momento en el que escribieron cartas anhelantes el uno al otro, y se convirtieron en amantes en la víspera de Año Nuevo. Unos meses más tarde, todo había terminado.

great best poetry goes on showLos versos son explícitamente homoeróticos y,a menudo, sadomasoquistas:

“El beso de un marinero es dejarte una marca en la garganta
Donde sus dientes infames muerden duramente la piel”.

Pero también han confesiones románticas:  

”Él, que me sedujo primero” y “Yo, que estoy muriendo por un beso tuyo”.

“Destruyó gran parte de su poesía porque era sacerdote, maestro, líder y esos versos no se adaptaban a la imagen que quería proyectar pues se mostraba débil y vulnerable. Sin embargo conservó este pequeño libro toda su vida”, asegura Neil Pearson, que ahora lo pone a la venta por más de 12.000 libras.

Fuente The Guardian, vía  Ociogay

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Hombre libre, siempre amarás el mar.

Sábado, 1 de marzo de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

homme-libre1

¡Hombre libre, siempre amarás el mar!
El mar es tu espejo; tú contemplas tu alma
En el desenvolverse infinito de su ola
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo
Tú gozas sumergiéndote en el seno de tu imagen
Tú abrazas sus ojos y sus brazos, y tu corazón
Se distrae a veces de su propio murmullo
En el ruido de este lamento indomable y salvaje.
Son, los dos, tenebrosos y discretos
Hombre, nadie a sondeado tus abismo hasta el fondo
Oh, mar, nadie conoce tus íntimas riquezas
¡Qué celosos ambos en guardar sus secretos!
Y sin embargo, he ahí los innumerables siglos
Combatiendo los dos sin piedad ni remordimientos,
¡Tanto aman ambos la carnada y la muerte
Oh, luchadores eternos, oh, hermanos implacables!

*
Charles Baudelaire, Las flores del mal

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