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El presidente francés respalda a su ministro de Educación justo una semana antes de que se celebre una manifestación en contra de la ley de los matrimonios homosexuales en París, convocada por diferentes colectivos católicos
El ministro de Educación francés recuerda a los colegios católicos su obligación de luchar contra la homofobia
El presidente francés, François Hollande, ha entrado al trapo en la guerra dialéctica abierta entre su Gobierno y la Iglesia católica acerca de la celebración de debates en los colegios sobre la ley que regulará el matrimonio gay. Hollande defendió hoy la postura de su ministro de Educación, Vincent Peillon, que insta a las escuelas católicas, en las que estudian uno de cada cinco alumnos en todo el país, a que se mantengan neutrales en el debate. “La separación legal de Iglesia y Estado es un grito de guerra secular para Francia”, afirmó el jefe del ejecutivo.
Tras el envío por parte de la Secretaría General de la Educación Católica francesa de una circular en la que invitaba a los directores de los centros concertados católicos a plantear en las escuelas el debate sobre el matrimonio igualitario, el ministro de Educación ha recordado a los responsables escolares su obligación de luchar contra la homofobia en los centros de enseñanza. El presidente de la República, François Hollande, ha apoyado la intevención del ministro.
La Secretaría General para la Educación Católica es una organización cuyo objetivo es coordinar los planes administrativos y pastorales para promover la enseñanza católica. El responsable es nombrado por la Conferencia Episcopal Francesa, órgano de la que depende. El pasado mes de diciembre, su secretario general, Eric de Labarre, remitió una circular a los responsables de los 8300 centros católicos franceses de enseñanza concertada, que dan servicio a dos millones de estudiantes, aproximadamente un quinto de la población escolar. En ella les invita a tomar la iniciativa y abrir en las escuelas el debate sobre el proyecto de ley de matrimonio igualitario, en trámite en estos momentos en el vecino país. Como preámbulo, argumenta a los directores de los centros que “todas las opciones individuales no tienen por qué ser institucionalizadas, a riesgo de socavar referencias sociales tan fundamentales como el matrimonio entre un hombre y una mujer, o la familia, la unidad básica donde la responsabilidad educativa es ejercida por un padre y una madre”. Por ello, según De Labarre, el debate que les sugiere iniciar debería estar “suscitado por la búsqueda del bien común y vigilante de toda simplificación excesiva”.
La circular fue acogida con preocupación por defensores del proyecto de ley como la Inter-LGTB (la principal federación francesa de asociaciones LGTB). En un comunicado fechado el 29 de diciembre, acusaban a la Secretaría General para la Educación Católica de convocar a los directores de sus centros a debatir “un asunto sobre el que ya dan, a manera de introducción, sus conclusiones definitivas”. También preguntaban al ministro de Educación por las medidas que iba a tomar al respecto, al considerar que la circular vulnera el principio de igualdad “que debe regir tanto la enseñanza privada como la pública”. Por último, expresaban su preocupación por la estigmatización de la que podrían ser víctimas los adolescentes que descubren su homosexualidad o los niños que viven en familias homoparentales matriculados en alguno de esos centros, recordando que los adolescentes LGTB tienen un riesgo de tentativa de suicidio trece veces superior a la media.
Reacción del Ministerio de Educación
La respuesta de Vincent Peillon, ministro de Educación, llegó el pasado 4 de enero a través de otra circular remitida a los directores de los centros católicos. En ella les exhorta a que “vigilen que el debate en que se ve inmersa en estos momentos la sociedad francesa no se traduzca en los centros escolares en fenómenos de rechazo y estigmatización homófobos”. También les recuerda que “la lucha contra la homofobia en los centros escolares públicos y privados debe contar entre sus prioridades”, puesto que “el carácter propio de estos centros no les exime del respeto debido a los individuos y sus convicciones”.
En declaraciones a Le Monde, el ministro estima además que “no es oportuno llevar el debate sobre el matrimonio igualitario a los colegios” y que “dirigiendo una carta a los directores de los centros, el secretario general para la enseñanza católica ha incurrido en una falta”, puesto que ”esta enseñanza, que está concertada con el estado, debe respetar los principios de neutralidad y libertad de conciencia, de los que el estado es garante”.
Apoyo del presidente de la República
En declaraciones efectuadas a los medios durante una visita a las regiones del norte de Francia, el presidente de la República, François Hollande, ha expresado su apoyo al ministro de Educación, arguyendo que “la laicidad es un valor republicano. Tenemos que asegurarnos de que todas las formas de pensar son respetadas y velar por que todas las religiones puedan practicarse. Pero también tenemos que respetar la convivencia, y tanto el estado como las instituciones educativas, tanto públicas como privadas, están sometidos a un principio llamado neutralidad.”
Fuerte capacidad de movilización de la Iglesia
Las opiniones de los partidarios y detractores del ministro Peillon han dominado los titulares de las portadas del domingo en los medios franceses, justo una semana antes de que se produzca una manifestación en contra de la ley por parte de la Iglesia católica en París. Según los organizadores, un máximo de medio millón de personas respaldarían la manifestación y se oponen a cualquier cambio en el matrimonio tradicional. El escenario escogido para unir las protestas será la Torre Eiffel y se prevé que participarán personas llegadas desde diferentes puntos del país.
Pese a que son pocos los franceses católicos practicantes que tradicionalmente asisten a misa los domingos, la Iglesia todavía tiene gran capacidad de convocatoria de multitudes. Los datos muestran que incluso tiene mayor poder que las marchas de las protestas políticas cuando sus intereses fundamentales se ven amenazados.
Por su parte, los conservadores también han puesto el grito en el cielo tras hacerse públicas las grabaciones en las que la portavoz del Gobierno, Najat Vallaud-Belkacem, elogiaba en un colegio público la reforma del matrimonio como un avance hacia la mayor libertad.
La mayoría aprueba el matrimonio gay
Algunos sondeos muestran que el 60% de los franceses son favorables a la apertura del matrimonio a las parejas del mismo sexo, que el Gobierno planea legalizar en junio, pero poco menos del 50% son los partidarios de que se otorgue también el derecho a la adopción. Aunque una nueva encuesta refleja que el 69% quiere que la decisión sea refrendada, a lo que las religiones mayoritarias -católicos, musulmanes, protestantes, judíos y cristianos ortodoxos- se han opuesto.
Esta polémica llega en un momento en el que destaca la creciente impopularidad del presidente francés y su Gobierno. Las últimas encuestas apuntan a que el 75% de los votantes dudan de que Hollande pueda cumplir con sus promesas de Año Nuevo y creen que volverá a aumentar el desempleo en el país vecino.
Francia sería el duodécimo país del mundo en legalizar el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Argentina, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Islandia, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suráfrica, España y Suecia son el resto de naciones donde ya ha entrado en vigor.
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