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Amad a vuestros enemigos.

Domingo, 6 de abril de 2014

martin_luther_king_poster_by_supafly_01-d6ques5Aún recuerdo cómo mis ojos infantiles veían  la noticia en la recién estrenada televisión… en blanco y negro, por supuesto… Una noticia que me impactó de manera viva, tanto que aún no se me han borrado estas imágenes. Gracias a ICM por traernos el recuerdo de este gran hombre:

Hace 46 años, tal día como hoy (4 de abril), moría asesinado en Memphis el pastor bautista Martin Luther King. En su memoria compartimos uno de sus textos, que todavía sigue interpelando a mucha gente, entre ellas a muchas personas lgtb cristianas, que quieren seguir el camino de Jesús “a pesar de sus prójimos enemigos”.

Probablemente ningún consejo de Jesús ha sido tan difícil de seguir como el mandamiento de “amad a vuestros enemigos”. Algunos han considerado sinceramente que ponerlo en práctica no es posible. Es fácil, dicen, amar a los que os aman. Pero, ¿quién podría amar a quien abiertamente y con insidia buscan su perdición? Otros, como el filósofo Nietzsche, pretenden que la exhortación de Jesús al amor por los enemigos demuestra que la moral cristiana esta hecha para los débiles y cobardes, no para los fuertes y valientes. Jesús, dicen, era un idealista que carecía de sentido práctico.

A pesar de estas insistentes preguntas y persistentes objeciones, el mandamiento de Jesús nos desafía con una nueva exigencia. Sacudida tras sacudida, nos ha hecho presente que el hombre moderno camina sobre una vía llamada odio, en un viaje que nos conducirá a la destrucción y a la condenación. Lejos de ser la piadosa exhortación de un soñador utópico, el mandamiento del amor hacia nuestros enemigos es una necesidad irrenunciable si queremos sobrevivir. El amor incluso para los enemigos es la clave para resolver los problemas de nuestro mundo. Jesús no es un idealista sin sentido práctico; es el verdadero realista práctico. Estoy seguro que Jesús comprendía la dificultad inherente al acto de amar a nuestros enemigos. Nunca se unió a los que razonan con ligereza sobre la facilidad del camino moral. Sabía que toda manifestación auténtica de amor nace de un abandono definitivo y total en Dios. Cuando Jesús decía “amad a vuestros enemigos”, no ignoraba ninguna de las exigencias de este mandamiento. Nuestra responsabilidad como cristianos es descubrir el significado de este mandamiento y de intentar vivirlo con pasión y plenitud en nuestros caminos de cada día.

Seamos prácticos y preguntémonos: ¿Cómo podemos amar a nuestros enemigos?

En primer lugar tenemos que desarrollar y conservar nuestra capacidad de perdón. Quien es incapaz de perdonar, es incapaz de amar. Es imposible empezar a amar a nuestros enemigos sin haber aceptado antes la necesidad, renovada constantemente, de perdonar a quienes nos infringen el mal y la injusticia. Hace falta comprender también que el acto del perdón debe ser iniciado por la víctima de un engaño, de un insulto grave, de una injusticia tortuosa, de un acto terrible de opresión. El culpable puede pedir perdón. Puede arrepentirse y, como el hijo pródigo, volverse por un camino lleno de polvo, con el corazón latiendo por el deseo de ser perdonado. Pero sólo el prójimo maltratado, el padre que encontramos lleno de amor en casa, puede realmente derramar las lágrimas cálidas del perdón.

Perdonado no significa ignorar lo que se ha hecho o pegar una falsa etiqueta a una mala acción. Significa más bien, que la mala acción deja de ser obstáculo para las relaciones. El perdón es un catalizador que crea el ambiente necesario para comenzar de nuevo. Es deshacerse de un peso o cancelar una deuda. La palabras“ yo te perdono, pero nunca olvidaré lo que me has hecho” no manifiestan la verdadera naturaleza del perdón. Es cierto que no se olvida nunca, si eso quiere decir borrarlo totalmente del espíritu. Pero, cuando perdonamos, olvidamos en el sentido de que el mal ha dejado de ser un obstáculo mental que impide nuevas relaciones. Tampoco podemos decir: “te perdono, pero no quiero saber nada más de ti”. Perdonar significa reconciliación, reencuentro. Sin eso, nadie puede amar a sus enemigos. El grado hasta el cual somos capaces de perdonar determina el grado de nuestra capacidad de amor por nuestros enemigos.

En segundo lugar, hemos de reconocer que la mala acción de nuestro “prójimo enemigo”, aquello que nos ha herido, no define nunca de una manera adecuada lo que él es. En nuestro peor enemigo podemos descubrir cosas buenas. Cada uno de nosotros tiene algo parecido a una personalidad esquizofrénica, trágicamente dividida contra nosotros mismos. Una guerra civil endémica hace estragos en cada una de nuestras vidas. Algo dentro de nosotros nos hace proclamar como el poeta Ovidio este lamento: “Veo y apruebo el bien, pero hago el mal”. O bien estar de acuerdo con Platón para decir que la personalidad humana se parece a un carruaje con dos caballos potentes, cada uno de ellos va en sentido opuesto, o incluso repetir con el apóstol Pablo: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero”.

Todo esto quiere decir simplemente que algo de bueno hay en el peor de nosotros, y algo malo en el mejor. Cuando descubrimos esta verdad, nos inclinamos menos a odiar a nuestros enemigos. Si miramos bajo las apariencias, bajo el impulso malvado, encontraremos en nuestro “prójimo enemigo” lo que tiene de bueno y constataremos que la maldad y la malicia de sus acciones no eran una imagen adecuada de todo aquello que él es. Lo vemos bajo una nueva perspectiva. Nos damos cuenta que su odio ha nacido del miedo, del orgullo, de la ignorancia, del prejuicio, de la incomprensión; pero, incluso así, sabemos que la imagen de Dios está grabada de una manera inefable en su ser. Entonces amamos a nuestros enemigos porque comprendemos que no son del todo malo y que no están fuera del inmenso amor redentor de Dios.

En tercer lugar, hemos de evitar abatir y humillar al enemigo y, en cambio, hemos de mirar de ganar su amistad y comprensión. Llega un momento en el que podemos humillar a nuestros peor enemigo. Inevitablemente hay momentos de debilidad, y podríamos entonces clavar en su costado la lanza de batalla. Pero eso es precisamente lo que no se debe hacer. Cada palabra y cada acción han de contribuir a la comprensión del enemigo y a abrir estas grandes reservas de buena voluntad que han sido bloqueadas por las murallas impenetrables del odio.

Hace falta no confundir el amor con una cierta efusividad sentimental. El amor es algo más profundo que un toque emocional. Puede ser que la lengua griega nos pueda aclarar esta confusión. El Nuevo Testamento griego usa tres palabras para designar el amor. La palabra eros significa un tipo de amor estético y romántico. En los diálogos de Platón, el eros es un anhelo del alma hacia el dominio del ser divino. La segunda palabra es philia, un amor recíproco y una unión íntima entre amigos. Amamos a aquellos que nos aplauden y amamos porque somos amados. La tercera palabra es ágape, comprensión y buena voluntad creadora y redentora hacia todos los hombres. Amor desbordante que no espera nada a cambio, el ágape es el amor de Dios que actúa en el corazón del hombre. En este sentido, amamos a los hombre no porque nos aplaudan, ni porque sus características nos atraigan, ni porque posean algo de la gloria divina; amamos a toda persona porque Dios la ama. En este nivel, amamos a la persona que nos ha hecho daño, aunque odiemos el daño que nos hizo.

Podemos ver ahora lo que Jesús quería decir cuando decía: “amar a vuestros enemigos”. Deberíamos estar contentos de que no haya dicho: “Os tienen que gustar vuestros enemigos”. Porque es casi imposible que ciertas personas nos gusten. ¿Cómo nos podría gustar una persona que amenaza a nuestros hijos y pone bombas en nuestra casa? Es imposible. Pero Jesús reconoce que amar es más grande que gustar. Cuando Jesús nos pide amar a nuestros enemigos, no habla de eros ni de philia, sino de àgape, comprensión y buena voluntad creadora i redentora hacia todos. Sólo siguiendo este camino y abandonándonos a este tipo de amor, podremos ser hijos del Padre que está en el cielo.

Martin Luther King
15 de enero de 1929 – 4 de abril de 1968

Traducción libre de las páginas 53-56 de su libro “La fuerza de amar”.

 

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Fallece Fred Phelps, el patriarca de la familia ‘más odiada y homófoba’ de Norteamérica. Las víctimas del líder religioso homófobo Fred Phelps le ofrecen tras su muerte el respeto que él les negó.

Sábado, 22 de marzo de 2014

repositorio_obj_3233_1395058221Tras el fallecimiento de Fred Phelps, líder y fundador de la homófoba iglesia baptista de Westboro, se han producido reacciones de todo signo. Dados la profunda intolerancia y el absoluto desprecio por los sentimientos ajenos de que hacían gala tanto él como sus acólitos en las diversas acciones públicas que llevaban a cabo, muchos han deseado pagarles con la misma moneda. Sin embargo, son de destacar las reacciones llenas de decencia y humanidad de tres de sus principales víctimas: los padres de Matthew Sheppard y el padre de Matt Snyder, que tuvieron que soportar en su día cómo Phelps y sus gregarios celebraban la muerte de sus hijos y los insultaban en su propio funeral.

Os lo venimos contando desde hace unos días, Fred Phelps, fundador de Iglesia Baptista de Westboro, se encontraba al borde de la muerte y en la madrugada del pasado miércoles fallecía, a los 84 años de edad, en un hospicio de Kansas en el que se encontraba internado por su familia. Ya lo anunció hace unos días en su perfil del Facebook Nathan, el hijo desterrado del clan y activista LGTB en Canadá. Denunciaba que le habían impedido despedirse de su padre. A pesar de ser una de las familias más odiada y homófobas de Norteamérica, defensores de los derechos de los gays se han opuesto a organizar convocatorias de protesta en el funeral de Phelps. Petición que estamos seguros que desobedecerán los seguidores de Templo Satánico. Amenazan con celebrar una ‘Misa Rosa’ para convertir en gay el espíritu del anciano homófobo.

Como informábamos hace unos días, la familia de Fred Phelps había comunicado el precario estado de salud del líder de la iglesia baptista de Wetsboro. Según su hijo Nate, que rompió su relación con la iglesia hace 37 años, su padre se encontraba en un hospital de caridad ubicado en Topeka, su ciudad de residencia. Nate Phelps también informaba que desde el pasado agosto de 2013 el fundador de la secta de Wetsboro había sido expulsado de la misma.

 A pesar de las protestas de los actuales integrantes de la iglesia, que calificaban la información de rumor y a los periodistas que la difundían de “niñas de colegio a la espera de algún chisme”, finalmente se ha comunicado el fallecimiento del autoproclamado pastor religioso la noche del pasado miércoles.

Tanto Fred Phelps como su familia se dieron a conocer por campañas como “God Hate Fags” (Dios odia a los maricones), que incluían actos llenos de odio homófobo en funerales, donde insultaban a los fallecidos mientras agradecían a su Dios por su muerte. Por ello se esperaba una reacción semejante por parte de muchos a quienes estas acciones habían indignado.

 Sin embargo, desde organizaciones como la National Gay and Lesbian Task Force se lanzaba un mensaje conciliador: “Fred Phelps no será extrañado por la comunidad LGBT, las personas con VIH o por los millones de personas decentes en todo el mundo que han encontrado lo que él y sus seguidores hacen profundamente hiriente y ofensivo”, declaraba la directora ejecutiva Darlene Nipper, aseverando que a través de sus acciones, él trajo un innecesario dolor y sufrimiento a miles de familias, incluyendo a las familias de militares, en su momento de mayor dolor y duelo. Si bien es difícil encontrar algo bueno que decir de sus opiniones o acciones, ofrecemos nuestras condolencias a sus familiares en lo que debe ser un momento doloroso para ellos”.

Las palabras de sus víctimas

 Una de sus víctimas es Albert Snyder, padre de un soldado fallecido en combate, durante cuyo funeral Fred Phelps y sus acólitos se manifestaron dando “gracias a Dios” por su muerte, por considerar que era una señal del odio de Dios hacia los Estados Unidos por su tolerancia hacia la homosexualidad, entre otras “abominaciones”. Snyder mantuvo un largo proceso contra la iglesia baptista de Westboro por esta acción, aunque finalmente el Tribunal Supremo de los Estados Unidos denegó su demanda, considerando que este tipo de manifestaciones están amparadas por la Primera Enmienda.

 Tras haberle dado a conocer el estado terminal del pastor baptista, Albert Snyder era interrogado al respecto, declarando lo siguiente: “No me gusta la iglesia baptista de Westboro, no tengo nada bueno que decir de ellos, pero si en estos momentos, o cuando él muera, dijera algo malo sobre ellos, me pondría al mismo que él, y no quiero estar a su mismo nivel. No me gusta el odio”. Ante la idea de pagar con la misma moneda, Snyder consideraba que Fred Phelps “tiene el mismo derecho que todos deben tener a ser enterrado en paz. Dos errores no hacen un acierto.”

 Otras de sus víctimas son Dennis y Judy Shepard, cuyo hijo Matthew fue brutalmente torturado y asesinado por ser gay. El horror por aquella muerte terrible ocasionó la aprobación de la ley contra los crímenes de odio que lleva su hombre. Los miembros de la iglesia baptista de Westboro se presentaron en un acto en su homenaje con carteles en los que se podía leer “Matt Shepard se pudre en el infierno”, y “No a la leyes especiales para maricones”.

 Judy Shepard hablaba en estos términos sobre el fallecimiento del líder homófobo: “En cuanto a la muerte de Fred Phelps, Dennis y yo sabemos qué solemnes son estos momentos para cualquier persona que pierde a un ser querido. Por respeto a todas esas personas y por nuestro deseo de borrar el odio, hemos decidido no hacer más comentarios”.

De este modo, tanto Albert Snyder como Dennis y Judy Shepard han ofrecido a la familia del ahora fallecido la consideración, la humanidad y el respeto que en su momento muchos de ellos les negaron.

Su historia…

El Southern Poverty Law Center describe a la Iglesia Baptista de Westboro como posiblemente ‘el grupo de odio más detestable en América’. Su fundador, Fred Waldron Phelps, nació en Meridian, Misisipi, 13 de noviembre de 1929. Su padre fue un detective privado empleado por la línea de ferrocarriles cuyo su trabajo era prevenir que los pasajeros viajaran en los trenes ilegalmente. Fred recuerda que muchas veces su padre llegaba a casa “con sangre hasta los hombros”. La madre de Fred, Catherine Phelps, se quedaba en casa cuidando a los hijos. Todos en la familia eran miembros devotos de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur. Catherine murió de cáncer de la garganta a la edad de veintiocho, cuando Phelps tenía ocho años. Ésta fue su primera experiencia significativa y una que parece haberle afectado enormemente. Poco después de la muerte de su madre, su tía abuela materna, Irene Jordan, se mudó con la familia y llegó a ser como una segunda madre para Phelps; ella murió en un accidente automovilístico en 1950, poco antes del vigésimo primer cumpleaños de Fred.

Tanto amigos como enemigos recuerdan al joven Phelps como un muchacho astuto y callado que era popular en la escuela secundaria, a pesar de que no era muy sociable con una clara tendencia de ser prepotente y arrogante. Como el mismo confesó, nunca salió con chicas ni tuvo ningún interés en miembros del sexo opuesto. En el anuario escolar de su año de graduación, sus compañeros de clase escribieron que llegaría a ser boxeador profesional.

Durante su adolescencia, los padres de Phelps le habían criado para ingresarse en el servicio militar; al graduarse fue admitido en la academia militar West Point. Se hizo amigo de otro muchacho, John Capron, con quien pasó la mayoría del tiempo. Fred le presentó a su hermana Marta-Jean, con quien finalmente se casaría John.

En la primavera de 1946, Phelps y Capron asistieron a un oficio religioso en la Iglesia Metodista East End de Meridian y se emocionaron con el sermón. Joe Clay Hamilton, un compañero de la escuela de Fred, recordaría años después: “Los dos aprendieron teología. Phelps y Capron se emocionaron mucho con la religión, tanto que no podían distinguir la realidad del idealismo”.

Ese sermón es lo que Phelps calificó su “despertar” para la creación de su Iglesia pero enfocada desde el fanatismo religioso, cargado de odio apasionado y tendencias excéntricas. Hizo de su slogan ‘Dios odia a los maricas’ una religión confeccionada a su medida.

En enero de 1947, Phelps abandonó West Point sin asistir a una sola clase. Su padre volvió a casarse con una mujer divorciada de 39 años llamada Olive Briggs. El hijo rompió las relaciones con su padre, citando prohibiciones bíblicas sobre el matrimonio con divorciados.

Aproximadamente un año después del nacimiento de Fred hijo, en el 54, la familia Phelps se mudó a Topeka, Kansas, donde Fred había sido invitado por el pastor Leaford Cavin, para servir como copastor en la Iglesia Bautista Eastside, una congregación bautista tradicional y conservadora que sin embargo no compartía ninguna de las ideas o prácticas que luego caracterizarían a Phelps. Sus feligreses le recuerdan con el sobrenombre de ‘reverendo del Infierno. El espíritu de odio que caracterizaría la actitud de Fred se mostró en sus sermones casi inmediatamente. Por ejemplo, como una forma de animar a las esposas y a los niños a que se sometieran a la autoridad del padre en casa, Phelps sugirió que los padres los golpearan si fuera necesario; en otra ocasión fue obligado a pagar la fianza de un hombre al que había aconsejado golpear a su esposa en la cara hasta que “se sometiera”.

Los fundadores de la Iglesia Bautista Westboro estaban compuestos por miembros de la secta ‘Identidad Cristiana’ y del Ku Klux Klan. Una religión que ha evolucionado hasta transformarse en la fantochada que es hoy en día con apenas 100 seguidores, el 95% integrado por miembros del clan Phelps, que dedican su tiempo a manifestarse con total falta de respeto y del don de la oportunidad para culpar a los gays de todos los males que suceden en Norteamérica.

“Durante más de 20 años, Phelps y los miembros de su iglesia de Topeka han hostigado durante los duelos de personas gays fallecidas a sus familiares en cualquier punto de Kansas”, asegura Thomas Witt, director ejecutivo de la asociación Igualdad de Kansas. “Él y sus seguidores han mostrado un profundo desprecio por la intimidad y el dolor de los demás durante muchos años pero ahora es el momento de que nuestra comunidad supere la tristeza, la ira y los conflictos que esta familia sembró y demuestren al mundo que somos gente solidaria y compasiva que respeten la privacidad y la dignidad de todos“, concluyó el activista.

Por su parte, el actor y abogado gay, George Takei, cuando se enteró de la noticia del fallecimiento del patriarca de los Phelps dijo: “No siento ni consuelo, ni alegría por la muerte de este hombre. No vamos a bailar sobre su tumba, ni a llevar en su funeral carteles que digan “Dios odia a Fred”. Es tentador pero no puede ser. Fred era una alma atormentada que lo pagó con muchas personas. El odio nunca gana al final. En su lugar, va siempre un final solitario”.

Fuente Ragap y Dosmanzanas

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El fundador de la Iglesia que predica ‘Dios odia a los maricas’ al borde de la muerte.

Martes, 18 de marzo de 2014

repositorio_obj_3233_1395058221La iglesia baptista de Westboro es conocida por la feroz homofobia que despliegan sus miembros en campañas como “God Hate Fags” (Dios odia a los maricones). Parte de esas campañas son sus acciones en funerales, en los que o bien celebran la muerte de las personas LGTB o bien culpan a la tolerancia hacia la homosexualidad de la muerte de soldados en combate. Según informaciones, su líder y fundador Fred Phelps, de 84 años de edad, se encuentra actualmente en su lecho de muerte, y se ha despertado la polémica entre la comunidad LGTB sobre cuál debe ser la actitud del colectivo ante la proximidad de su propio funeral.

Según comunicaba Nate Phelps, hijo del fundador de la secta homófoba, el autoproclamado pastor Fred Phelps permanece ingresado en el Midland Hospice House de Topeka (Kansas), un hospital de caridad ubicado en su ciudad de residencia. Nate, que rompió su relación con la iglesia hace 37 años y se define como ateo, comunicaba también, sorprendentemente, que el fundador de la iglesia baptista de Westboro había sido excomulgado de la misma en agosto del pasado 2013.

Por último, el hijo de Phelps expresaba el conflicto de sentimientos que alberga en estos momentos: “No estoy seguro de cómo me siento al respecto”, confesaba, “es terriblemente irónico que su devoción a su dios termine de esta manera. Destruido por el monstruo que creó. Me siento triste por todo el daño que ha causado a tantas personas. Me siento triste por los que van a perder a su abuelo y a su querido padre. Y estoy amargamente furioso porque mi familia está impidiendo que los miembros de la familia que dejaron de verlo puedan despedirse de él”. Estas son las palabras de Nathan, el sexto de Fred Phelps, el fundador de la homófoba Iglesia Bautista de Westboro. Según sus últimas informaciones, el cabeza de familia se encuentra al borde de la muerte. En Cristianos Gays ya os hemos hablado de los métodos empleados por los creadores desde hace 30 años de una de las iglesias anti-gay más activa de los EE.UU cuyo lema es God Hate Fags (Dios odia a los maricas).

 Nathan Phelps tenía esperanzas en poder reconciliarse con su padre pero parece ser que no va a ser posible. Cuando esta familia comenzó su particular cruzada antigay, Nathan se opuso a sus métodos y con 18 años le expulsaron de su casa. Ahora promueve los derechos LGBT en Canadá. Cuando Nathan se enteró de que su padre estaba muy grave, le comentó a la prensa: ‘No estoy seguro de cómo me siento pero es terriblemente irónico que su devoción a su Dios termine de esta manera: destruido por el monstruo en el que se convirtió.

Fred Waldron Phelps, de 84 años de edad, es el líder de este grupo religioso formado por los miembros de su familia y un reducido número de seguidores, que tienen su sede en su propia casa, en Topeka, Kansas y que opera independientemente de cualquier organización religiosa, incluyendo la Iglesia Baptista. Phelps es conocido por su homofobia y por predicar que Dios odia a los homosexuales y que les castigará al igual que a cualquier persona que los apoye.

También contradictoria es la reacción que la noticia ha despertado en la comunidad LGTB, víctima principal del odio feroz del pastor y sus acólitos. Se han creado grupos en Facebook para festejar su deceso e incluso para planear acciones en un posible funeral, que miembros de la familia ya han comunicado que no tendrá lugar. Sin embargo, entre las organizaciones se pretende dar una lección de cómo deben ser respetadas las familias que han perdido a un ser querido. “Si los informes sobre el deterioro del estado de salud de Fred Phelps son exactos, entonces su familia y amigos estarán despidiéndose y preparándose para llorar su pérdida. Pedimos la comprensión de todos hacia la solemnidad de esta ocasión, y que honren el derecho de su familia y amigos para recordarle y llorar su pérdida en privado, sin interrupciones o celebraciones indecorosas”, declaraba Sandra Meade, presidenta de Equality Kansas.

Por su parte, Thomas Witt, director ejecutivo de la organización, añadía: “Durante más de 20 años, Phelps y los miembros de su iglesia ubicada en Topeka han hostigado a las familias en duelo de personas LGBT en Kansas y otros lugares. Él y sus seguidores han mostrado un profundo desprecio por la intimidad y el dolor de los demás durante muchos años. Este es nuestro momento como comunidad para superar el dolor, la ira y los conflictos que diseminó, y para mostrar al mundo que somos personas bondadosas y compasivas que respetan la privacidad y la dignidad de todos”.

Phelps y su familia han sido foco de atención por interrumpir funerales de militares que murieron en Irak, organizar protestas contra el gobierno estadounidense, los soldados fallecidos, y sus familias. Phelps afirma que tales muertes, igual que otros sucesos trágicos como los atentados del 11 de septiembre y el huracán Katrina son causados por Dios debido al odio que siente hacia los homosexuales y la tolerancia de los Estados Unidos con ellos. Además sus seguidores frecuentemente organizan protestas en diferentes actos, especialmente desfiles de orgullo gay o reuniones políticas.

Phelps se describe a sí mismo como un predicador tenaz que cree que la aceptación de la homosexualidad han condenado a la mayoría del mundo al castigo eterno. Su grupo consiste en poco menos de 100 miembros, 90 de los cuales son parientes de Phelps por consanguineidad o matrimonio. Activistas de derechos pro gay y cristianos de todas las confesiones les han denunciado por generar propaganda homófoba que incita al odio y la violencia.

Phelps también ha sido denunciado por la Liga Anti-difamación (Anti-Defamation League) por sus frecuentes comentarios contra los semitas y las personas de color. Tanto es el desprecio que ante la opinión pública despierta la Iglesia Bautista de Westboro que se han recogido firmas para que el Gobierno de EE.UU prohíba la existencia de una confesión religiosa cuya teología se basa en el odio y el desprecio hacia diferentes colectivos sociales.

Una larga historia de provocaciones

La familia Phelps tiene una larga historia de actos provocativos en funerales, como cuando acudieron al de una militar fallecida en Afganistán que estaba casada con otra mujer. Pero sobre todo se dieron a conocer por su presencia en las honras fúnebres de soldados estadounidenses fallecidos en misiones fuera del país, donde enarbolaban carteles donde culpaban de esas muertes a la tolerancia hacia la homosexualidad. Por ello incluso llegaron a ser demandados, aunque el Tribunal Supremo finalmente les exculpase al considerar que estaban amparados por el derecho a la libertad de expresión.

Tampoco han perdido ocasión de mostrar su odio hacia los homosexuales en cada tragedia que sucedía en territorio estadounidense. Cuando Jared Lee Loughner asesinó a seis personas e hirió a otras trece en Tucson (Arizona) a principios de 2011, la iglesia baptista de Westboro proclamó que la tragedia era fruto de la idolatría y la homosexualidad consentida en los Estados Unidos. La amenaza de presentarse en el funeral de las víctimas ocasionó que la administración de Arizona aprobase con carácter de urgencia una normativa para prohibir manifestarse a menos de 90 metros de los actos fúnebres.

En 2012, cuando tuvo lugar la matanza de la escuela de primaria Sandy Hook, donde fueron asesinados veinte niños y seis de sus profesoras, los miembros de la secta homófoba no dudaron en culpar de la masacre a la aprobación del matrimonio igualitario en Connecticut, estado donde se ubicaba el centro escolar. Incluso declararon su intención de acudir a los funerales de los niños para “cantar alabanzas a Dios por la gloria de su obra al ejecutar su sentencia”.

El pasado 2013, miembros de la secta se presentaron en el funeral en homenaje a los 15 años del asesinato de Matthew Shepard, el joven homosexual cuya brutal muerte ocasionó la aprobación de la ley contra los crímenes de odio que lleva su hombre. Los homófobos portaban carteles en los que se podía leer “Matt Shepard se pudre en el infierno”, y “No a la leyes especiales para maricones”.

Esta claro que personas como Fred Waldron Phelps y sus seguidores el único sentimiento que nos deben despertar es una profunda pena porque, en el fondo, son un grupo de enfermos que se alimentan de odio irracional. Si fallece el fundador, ¿la Iglesia continuará con sus estrafalarias protestas?. Personas que han estado cerca y conocen bien al patriarca aseguran que el propio Fred Phelps es un homosexual que está muy al fondo del armario.

Fuente Dosmanzanas y  Ragap:

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Un pastor bautista sale del armario a los 90 años -cinco meses antes de morir- ante su nieto gay.

Miércoles, 12 de marzo de 2014

James-Burton-RehnbergNunca es tarde para aceptarse y revelar a los tuyos quién eres realmente. Reconciliarse con la verdad, permitir que tus seres queridos te recuerden como eras y no como te obligaron a parecer que eras. Es lo que debió pensar James Burton Rehnberg, un anciano de 90 años que decidió salir del armario apenas cinco meses antes de su muerte. Lo hizo ante su nieto, el artista Grant Rehnberg, también gay, que ahora quiere rendirle homenaje.

“Hace cinco meses el abuelo Jim me dijo que era gay”, cuenta Rehnberg, apenas un mes después de la muerte de su abuelo. Al parecer el anciano, ya fallecida la que fue su esposa durante 65 años, encontró las fuerzas para abrirse a su nieto mientras ojeaban las fotos de boda de este, casado con otro hombre. En ese momento hizo alusión a “los cojones que hay que tener” para vivir abiertamente y “me habló sobre el amor de su vida, Warren Johnson, un chico junto al que tocaba música en la iglesia”, explica el artista (James Burton Rehnberg, veterano de la Segunda Guerra Mundial, fue pastor baptista). “Me dijo que Dios ama cada parte de lo que somos. Me dijo que si pudiera se cambiaría por mí. Me dijo que me quería”, añade, emocionado.

Grant Rehnberg quiere ahora rendir homenaje a su abuelo a través de una instalación artística, The Family Connection, para la que ha puesto en marcha una campaña de crowdfunding (a la que si lo deseas puedes contribuir aquí). El artista quiere examinar a través del arte la complejidad de sentimientos que le despertó la revelación de su abuelo. “¿Cómo procesar mis sentimientos hacia un hombre cuyo legado de vergüenza religiosa, represión sexual, y miedo de sí mismo moldeó mi propio camino? ¿Cómo reconciliar esto con mi propia experiencia como un joven abiertamente gay y privilegiado?”, se pregunta Rehnberg.

Os dejamos con el vídeo de presentación del proyecto, en el que ya Grant Rehnberg rinde un primer homenaje a su abuelo…

Imagen de previsualización de YouTube

Fuente Dosmanzanas

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