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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Música interior

Jueves, 22 de junio de 2017

Del blog Nova Bella:

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“El hombre que en su interior no tiene música ni llega a conmoverse con acordes de armoniosos sonidos, es capaz de traición, de engaños y rapiñas; los instintos de su espíritu son lóbregos como la noche, y sus sentimientos, como el Érebo, oscuros. No os fiéis jamás de un hombre así. Y oíd la música.

*

William Shakespeare
El Mercader de Venecia
 (Acto V, escena I).

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Juan Pablo I: ¿Una vía de beatificación equivocada?

Jueves, 22 de junio de 2017

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Tres Cantos (Madrid).

ECLESALIA, 15/05/17.- “Pepe, ven enseguida aquí. Tienes que ir a Roma, al Vaticano. Tienes que llevar en persona esta carta a Albino Luciani. El Papa está en grave peligro”. El texto no está sacado de una película de ficción, ni de una novela de intrigas. Es la confesión de un octogenario, Giuseppe Pedullá, 85 años, quien durante décadas ha tenido que cargar con esa pesada losa por haberse negado a llevar, el 26 de septiembre de 1978, la carta de su amigo el Arzobispo Perantoni a Juan Pablo I que era amigo del arzobispo. “Te arrepentirás”, le reprochó el arzobispo al joven Giuseppe. Tres días después de aquella llamada telefónica de urgencia, el Papa Luciani era encontrado muerto en los aposentos papales en circunstancias extrañas.

Cada vez van quedando menos testigos de la línea caliente en torno a la enigmática muerte de Juan Pablo I, producida sólo 33 días después de ser nombrado Papa. Es como si el tiempo corriera a favor de la versión oficial. Decía Santa Teresa de Jesús que “la verdad padece pero no perece”. Y el testimonio de Giuseppe Pedullá, en el otoño de su vida, es como un milagro patente. Apesadumbrado durante décadas por no haber podido salvar a Juan Pablo I (“no me sentí con fuerzas para hacerme portador de un mensaje tan espantoso, tuve miedo y pensé que el arzobispo Perantoni exageraba”), un buen día decidió liberarse de ese peso que le oprime y le impide dormir, y no llevarse el secreto a la tumba. Su confesión pública fue mostrada a la luz justo hoy hace dos años, el 26 de abril de 2015. Fue ante el periodista Stéfano Lorenzetto, en una larga entrevista, publicada en ‘Il Giornale’. Un extracto de la misma se puede ver en el escrito del cura Jesús López Sáez Pudo avisar a Juan Pablo I, en la página web de la Comunidad de Ayala, de Madrid.

Meses después de aquella entrevista, Giuseppe Pedullá se presentó en Madrid, para dar testimonio, en una eucaristía en la Comunidad de Ayala, y conocer en vivo y en directo a la persona que más se ha implicado en hacer justicia a la figura de Juan Pablo I: el sacerdote Jesús López Sáez (abulense como Teresa de Jesús) que desde 1985 viene manifestando a través de sus libros, artículos, conferencias y en la página web de la Comunidad de Ayala -de la que es presidente y fundador- que Juan Pablo I (de quien se dijo que estaba enfermo y que murió abrumado por el peso del papado) fue un Papa mártir: que su muerte no fue natural sino provocada. Por hacer frente a los mercaderes del templo (a los escándalos vaticanos del Instituto para las Obras de Religión -IOR-), a la masonería y a la mafia. El cura Jesús López ha sufrido el calvario de la marginación eclesial por apostar, desde el Evangelio, que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Su viacrucis comenzó en 1985 cuando se publicó su Pliego “La incógnita Juan Pablo I” en la revista de información religiosa “Vida Nueva”, lo que provocó que el entonces Presidente de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, Elías Yanes, le conminara a callar: “Sobre eso, ni una palabra más”, si quieres conservar tu puesto. Poco después el cura Jesús sería despedido de su brillante puesto como Responsable de Catequesis de Adultos en el Secretariado homónimo de la CEE. Y, años después, tras escribir, en edición privada, su segundo libro sobre el asunto: “El día de la cuenta. Juan Pablo II a examen”, el que fuera obispo de Ávila, Adolfo González, le amenazó con retirarle las licencias ministeriales si salía publicado en edición pública. Sea por lo que fuere, monseñor Adolfo fue trasladado poco después a Almería.

Por la información de que disponemos a día de hoy, se sabe que el proceso de beatificación de Juan Pablo I está muy avanzado. Desconocemos si se habrá tenido en cuenta los testimonios de personas valiosas, ya fallecidas, que aparecen en el libro (Venecia en el Corazón) del periodista veneciano Camilo Bassotto, amigo de Albino Luciani, a quien el cardenal argentino Eduardo Pironio (la misteriosa Persona de Roma) hizo entrega de un documento (quizá el testimonio más importante en palabras del cura Jesús) para que lo publicara, pero sin firma, conteniendo las confidencias que le confió el papa Juan Pablo I sobre los cambios, arriesgados, que pensaba hacer.

Si la causa de la beatificación se fundamenta en que ‘era un Papa bueno’, o “por sus virtudes heroicas” será una beatificación viciada de raíz, denuncia el cura Jesús en un nuevo Pliego: Justicia para Juan Pablo I. Beatificación viciada de raíz.  Porque su heroicidad “está en otra parte: tomar hasta el último respiro las decisiones oportunas y arriesgadas, ser mártir de la purificación y renovación de la Iglesia. No hacen falta milagros. Se trata de hacerle justicia”. Es decir, en el proceso de beatificación de Juan Pablo I hay que cambiar de agujas e ir por otra vía.

Y es que en la causa de beatificación se mantiene la versión oficial: que Juan Pablo I no gozaba de buena salud y que murió por causas naturales. Incluso un alto eclesiástico llegó a decir que su nombramiento como Papa “fue un descuido del Espíritu Santo”. Algo que contradice la versión de personas cercanas, testigos calientes, algunos ya fallecidos, entre ellos su médico personal el Dr. Da Ros quien, tras años de silencio, declaró que “Juan Pablo I estaba bien de salud”. En la misma línea se manifestó quien durante siete años fuera secretario personal de Albino Luciani, Mario Senigaglia: “Todos los años íbamos a Pietralba, cerca de Bolzano, y subíamos al Corno Bianco, desde los 1.500 hasta los 2.400 metros, a buena velocidad”. Y añade: “Albino Luciani no estaba enfermo del corazón. Un enfermo del corazón no escala montañas, como hacía el patriarca conmigo todos los años”. Según una en cuesta publicada en Italia (Ya, 8-10-1987) más de quince millones de italianos, el 33 por ciento de la población, se mostraban convencidos de que la muerte de Juan Pablo I fue provocada. En 1998 el cardenal brasileño Aloisio Lorscheider, rompiendo el silencio oficial, declaró: “Las sospechas siguen en nuestro corazón como una sombra amarga, como una pregunta a la que no se ha dado respuesta”

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad, Iglesia Católica , , , , , , , , , , , ,

Respiración

Miércoles, 21 de junio de 2017

Del blog de la Communion Béthanie:

Humildad – dulzura de Cristo

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Los salmos son gritos de hombres y de mujeres, enfrentados a todo tipo de situaciones existenciales. Me hablan, me tocan. A lo largo del día brotan y me acompañan. Palabras fuertes que toman todo su sentido en mi vida. Exaltar, bendecir, alabar, aclamar, gritar… es relacional, afectivo.

“En mi desamparo llamé al Señor y grité hacia mi Dios … Oyó mi voz. ” (Salmo 17/18-7).

Cuento para él, con dulzura, ternura, “Él me llama por mi nombre “ (Isaías) soy colmada, Él el todo pequeño el servidor,  se abajó para hacer su morada en mi corazón, allí puedo decirle “Te amo Señor, mi fuerza” (Salmo 17/18-2).

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Élisabeth L.

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En estado puro.

Miércoles, 21 de junio de 2017

eucaristia_260x174Cualquiera puede tener un sueño. Yo he soñado hoy. Y me he imaginado viviendo al principio de la iglesia naciente. Aún sin más ley que el recuerdo de Jesús y la presencia viva de su memoria

No se sabe nada de palabras de poder, ni de leyes, ni de mandatos, ni de celebraciones. Únicamente nos juntamos al amanecer del día primero de la semana y recordamos al Señor. Con qué cariño, con qué entusiasmo bendecimos el pan y nos acordamos mucho de él. Y repetimos sus palabras. Y lo comemos entre todos. Y luego llevaremos comida a los pobres. La hemos traído entre todos.

Todo muy sencillo.

Me despisto un momento. Tengo la mesa llena de libros, papeles, bolis… hago una gran limpieza y dejo la mesa libre. La veo bien. Eso quiero hacer yo con Jesús. Verle, experimentarle sin tantas añadiduras, sin tantas leyes, sin tantos complementos… que casi me impiden ver a Jesús.

Nos entusiasmamos repitiendo palabras, parábolas, hechos de Él… Juan es el que mejor memoria guarda. Pero hacemos silencio cuando habla Maria. Todo lo que cuenta está pasado por su corazón de madre, por su recuerdo caliente y amoroso.

No nos ponemos ropas especiales. Solamente narrar, escuchar, acoger…

Nos reunimos en una casa, la que toca, y cuando nos juntamos se nota la presencia de Él, está con nosotros. Intentamos cada día narrar un dicho suyo y lo vamos comentando, saboreando, asimilando. Nos anima un montón. No hay normas, ni leyes, ni mandatos, ni ritos. Únicamente hablar y eso sí, de vez en cuando guardamos silencio.

Hoy han venido unas personas a las que hemos invitado. Han estado admiradas.

Y con la fuerza de esa Presencia de Jesús, hemos vuelto a la vida animados, decididos, impulsados a hablar de Él a la gente.

¡Ay! Es un sueño. Cuanto me gustaría que nuestras celebraciones fuesen algo así. Sin ritos, sin ropajes, sin normas. Solo con Él…

Pero no ha sido así. Yo estaba soñando y esperando a empezar en la iglesia una época nueva de verdad, en cuanto a la organización. Pensaba que ya no se nombrarían más cardenales. No es tan difícil. A la hora de consultar, de elegir papa, hay una forma fenomenal: que lo hagan los presidentes de las conferencias episcopales de cada país. Porque si no, puede ocurrir que cada papa nombre electores a los que él cree más oportunos. Y según los gustos y preferencias de cada papa, tendremos al papa siguiente.

No dejamos lugar a la aportación del Espíritu de la comunidad de base, a que vote primero a su obispo y luego al papa.

Veo el revuelo que se ha formado al nombrar a los últimos cardenales y los comentarios. Aún se sigue hablando de poderes, de príncipes de la iglesia, de tendencias, de fuerzas….Y creo que el Espíritu va por otro lado.

Siento que los nombramientos de esos servicios eclesiales debieran hacerse más desde la base, desde las comunidades eclesiales.

Me encantaría que tanto Roma como las demás diócesis fuesen el espejo donde mirarnos para animarnos a vivir el evangelio. Cada parroquia podría mirar a su catedral de turno, a la diócesis de Roma, y ver cómo funciona ahí la predicación, la catequesis, la economía, el servicio a los pobres. Y los demás aprenderíamos del modelo.

Y podríamos prescindir de todo lo que suene a trajes, poderes, cargos… Así canónigos, cardenales… son nombres que, por muy santos que sean y por muy bien que sirvan a la iglesia, siempre arrastran ya en su nombre, quizás por la historia, quizás por el fasto que le damos, a una organización con poderes muy fuertes. Y eso nos hace olvidar el evangelio.

Igual podemos llegar a que sea la comunidad cristiana de cada lugar quien elija a su animador en la fe. Y juntos elegimos al obispo. Y ellos al papa.

Ya sé que es un cambio fuerte, pero removería nuestra vivencia de iglesia, y nos dejaríamos impulsar por el Espíritu de Jesús. El concilio nos presenta un círculo y no una pirámide. Y dentro de ese círculo cada uno tenemos una misión que realizar, una tarea que hacer. Nadie es más importante que nadie. Únicamente el que sea más servidor de los pobres. ¿Qué te parece?

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General , ,

Delirio

Martes, 20 de junio de 2017

Del blog Nova Bella:

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“No confundamos el amor con el delirio de posesión, que causa los sufrimientos más atroces. Porque, al contrario de lo que se piensa, el amor no hace sufrir. Lo que hace sufrir es el instinto de propiedad, que es lo contrario del amor.”

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Antoine de Saint-Exupéry

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Hubo un profeta enviado por Dios: Gentileza.

Martes, 20 de junio de 2017

jose-de-trino-profeta-gentileza-redes-331x219Seguramente en Río de Janeiro muchos habrán conocido aquella figura singular de cabellos largos, barba blanca, vistiendo una bata albísima con apliques llenos de mensajes. Cargaba un estandarte en la mano con muchos dichos en rojo. Desde comienzos de 1970 hasta su muerte en 1996 recorría toda la ciudad, viajaba en las barcas Rio-Niterói, se subía a los trenes y autobuses para hacer su predicación.

A partir de 1980 llenó las pilastras del viaducto de Cajú, cerca de la estación de autobuses de Río, con inscripciones verdeamarillas haciendo su crítica del mundo actual y proponiendo su alternativa al malestar de nuestra civilización. No era un loco como parecía, sino un profeta del temple de los profetas bíblicos como Amós u Oseas.

Como todo profeta sintió también un llamamiento divino que vino a través de un acontecimiento de gran densidad trágica: el incendio del circo norteamericano en Niterói el 17 de diciembre de 1961 en el que murieron calcinadas unas 400 personas.

Era un pequeño empresario de transporte de carga en Guadalupe, barrio de la periferia del gran Río. Sabedor de aquella tragedia, se sintió llamado a ser el consolador de las familias de estas víctimas.

Dejó todo atrás, tomó uno de sus camiones, puso sobre él dos pipas de cien litros de vino y se fue junto a las barcas allí en Niterói. Distribuía el vino en pequeños vasos de plástico diciendo: “Quien quiera tomar vino no tiene que pagar nada, sólo pedirlo por gentileza, sólo decir agradecido”.

José de Trino, ese era su nombre, comenzó a llamarse José Agradecido o Profeta Gentileza. Interpretó la quema del circo como una metáfora de la quema del mundo tal como está organizado: es un circo montado por el diablo-capital… que vende todo, destruye todo, destruyendo la propia humanidad.

Hizo una pequeña miniatura del mundo-Gentileza transformando el lugar del incendio en un hermoso jardín, llamado Paraíso Gentileza.

El cuarto aplique de su bata decía: La Gentileza es el remedio de todos los males, amor y libertad. Y lo fundamentaba así: Dios-Padre es Gentileza que genera al Hijo por Gentileza… Por eso, Gentileza genera Gentileza.

Enseñaba con insistencia: “en lugar de muchas gracias deberíamos decir agradecido y en vez de por favor usar por gentileza, porque nadie está obligado a nada y debemos ser gentiles unos con otros y relacionarnos por amor y no por favor”.

Junto con el principio de geometría (Pascal), típico del pensamiento científico- técnico dominante, la Gentileza (espíritu de finura de Pascal) funda un principio alternativo de convivencia civilizada, principio descuidado por la modernidad y hoy de extrema importancia para humanizar las relaciones demasiado funcionales y frías y marcadas por la truculencia.

La crítica de la modernidad no es monopolio de los maestros de la Escuela de Fráncfort. El Profeta Gentileza, representante del pensamiento popular y sapiencial, llegó a la misma conclusión que aquellos maestros. Pero estuvo más acertado que ellos al proponer la alternativa: la Gentileza como irradiación del cuidado y de la ternura esencial hacia los demás y principalmente hacia la naturaleza.

Este paradigma tiene más posibilidades de humanizarnos y de garantizar la preservación de la vida amenazada del planeta que el que ardió en el circo de Niterói.

La cultura del capital es la principal, no la única, responsable del calentamiento global y de la insostenibilidad del sistema-Tierra y del sistema-vida.

O damos razón al Profeta Gentileza y asumimos su propuesta del paradigma de la Gentileza que supone una relación respetuosa y cuidadosa con la naturaleza, o podremos ir al encuentro de lo peor. El futuro de la vida y de nuestra civilización dependen de la Gentileza.

Podemos decir: hubo un hombre simple y pobre, ignorante de los saberes científicos de nuestro tiempo, pero portador de una sabiduría cordial y amiga de la vida, que nos fue enviado por Dios. Nos ofreció la clave para salir de nuestros impasses actuales: por el paradigma de la Gentileza.

¿Quién escuchó y siguió al Profeta Gentileza? Fue una voz proclamada en el desierto de la gran ciudad.

El Profeta Gentileza nos remite al relato triste del libro del Eclesiastés en el que se lee: “Había una pequeña ciudad de pocos habitantes: un rey poderoso marchó sobre ella, la rodeó y levantó contra ella grandes obras de asedio. En la ciudad había un hombre pobre, pero sabio, que podría haber salvado la ciudad con su sabiduría. Pero nadie se acordó de aquel hombre, porque era pobre. Y la ciudad fue tomada y destruida” (Ecl 9, 14-16).

Y comenta, apesadumbrado, el Eclesiastés: “Más vale la sabiduría que el poder, pero la sabiduría del pobre es menospreciada y sus palabras no se escuchan” (Ecl 9, 16).

Ojalá esta actitud de desvalorización de la sabiduría del pobre no se perpetúe. Ella posee una verdad escondida que, descubierta y acogida, nos puede proteger de catástrofes altamente destructivas.

Pero si cultivamos la Gentileza que genera Gentileza, como una relación alternativa hacia la naturaleza, con seguridad habremos escogido el comportamiento adecuado que nos podrá salvar.

Leonardo Boff

Fuente Koinonía

Espiritualidad

Simplemente Amor

Lunes, 19 de junio de 2017

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Del blog Amigos de Thomas Merton:

“Todas las cosas se aman. La naturaleza toda tiende hacia un tú. Todos los seres vivos están en comunión unos con otros. El fenómeno del mimetismo hermana a todas las plantas y animales y cosas: hay insectos que imitan a las flores y flores que imitan insectos, animales que imitan el agua o las rocas o la arena del desierto o la nieve o los bosques o a los otros animales. Y todos los seres vivos se aman y se comen unos a otros en ese vasto proceso del nacimiento y del crecimiento y de la reproducción y de la muerte.”

*

Ernesto Cardenal.
Vida en el amor.

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“En una época de conflicto, angustia, guerra, crueldad, confusión, el lector se podrá sorprender con este libro que es un himno al amor, y que nos dice que todos los seres se aman.

El psicoanálisis nos ha enseñado que muchos odios desconocidos y temores y aún enfermedades físicas con frecuencia no son sino amor que rehúsa reconocerse como tal, amor que se ha vuelto enfermo porque no reconoce su verdadera naturaleza y ha perdido de vista su objetivo.

Los conflictos en el mundo no se deben a la ausencia del amor, sino al amor que no se reconoce a sí mismo, que es infiel a su propia realidad. La crueldad es el amor sin dirección. El odio es el amor frustrado.

El amor no está sólo en la mente o el corazón, es más que el pensamiento y el deseo. El amor es acción: y solamente en el acto del amor alcanzamos la intuición contemplativa de la sabiduría amorosa. Esta intuición contemplativa es un acto de una especie más elevada, un amor más puro. El amor disuelve la aparente contradicción entre la acción y la contemplación.

Para alcanzar un maduro acto de amor, debemos primero experimentar contradicción y conflicto. El amor es una cima de libertad y de plena conciencia personal. El amor se encuentra a sí mismo solamente en el acto. El amor que actúa sin conocimiento, a pesar de él mismo y en contra de su misma naturaleza, no alcanza la plena conciencia de sí mismo. Queda escondido de sí mismo. También no logra actuar perfectamente como amor. Es visto como algo distinto del amor.

Todo amor que no es entrega de sí mismo totalmente libre y espontánea, tiene en sí mismo un sabor a muerte. Esto quiere decir que todo nuestro amor como hombres ordinarios que no somos santos ni místicos, está lleno de contradicción, conflicto, amargura. Y tiene ese sabor a muerte.

Y podríamos añadir que es en el conflicto y la contradicción del amor que no es todavía verdadero, donde podemos descubrir el camino del amor verdadero. Es aceptando en nuestra plena conciencia un amor imperfecto, cuando el amor llegará a su perfección.

El primer paso para alcanzar la verdad y pureza del amor es reconocer en nosotros ese amor que no es todavía puro, pero que sin embargo es amor, y que aspira por su misma naturaleza a ser puro.

Todas las virtudes son aspectos del amor, y todos los vicios son también aspectos del amor. Las virtudes son manifestaciones de un amor que está vivo y sano. Los vicios son síntomas de un amor enfermo porque rehúsa ser él mismo.

En realidad no hay más que amor. Pero este amor podría estar en contradicción consigo mismo. Puede ser al mismo tiempo amor y odio, amor y codicia, amor y miedo, amor y celos, amor y lujuria. Su destino es ser simplemente amor, sin ninguna otra cosa contradictoria. Pero no puede cumplir este destino si nosotros tratamos únicamente de suprimir el odio, la codicia, el miedo, los celos, la lujuria. Estas fuerzas malignas reciben su poder solamente del amor. Suprimirlas es suprimir el amor. Debieran más bien, por el contrario, ser conscientes de sí mismas como amor, y cuando lo sean, ya no desviarán la energía del amor para servir a lo que no es amor.”

*

Thomas Merton.

Fragmentos del prólogo al libro “Vida en el amor” de Ernesto Cardenal.

(citados en El Blog de Grego)

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Buscando tierra firme.

Lunes, 19 de junio de 2017

nadar-no-mar-gasta-calorias-e-mantem-a-forma-2-449-thumb-570En este cambio de época, hacia una nueva era axial, parece que el suelo se nos mueve bajo los pies y buscamos tierra firme donde asentarnos. Sabemos que las limitaciones de nuestra contingencia no nos permiten alcanzar plena seguridad, pero nuestro ser racional puede y debe elaborar unas razonables bases de comprensión y estabilidad. Lo requiere un Estado de derecho, y lo requieren la convivencia y el progreso científico y humanista. Estas son unas reflexiones previas dentro de mi limitado horizonte:

· La realidad nos trasciende y escapa a nuestras posibilidades actuales de conocimiento, tanto en lo físico (física cuántica) como en lo filosófico y en lo teológico (Dios es un misterio). Parodiando al Crisóstomo, interpretación de interpretaciones y todo interpretación.

· Nuestros conocimientos se realizan mediante: 1. Una percepción inmediata (sensible, intuitiva, o espiritual). 2. Una posterior explicación conceptual.

· Todas nuestras explicaciones son interpretaciones parciales y sesgadas de la realidad; son válidas dentro de ese sistema de representaciones, pero no son certezas absolutas sino aproximaciones a la realidad.

· Para no caer en arbitrariedades ni en esquizofrenia, necesitamos un sistema de conocimientos razonable, tanto conceptual como emocionalmente, consensuado por la mayoría de las culturas actuales (como es recibida la “ley de oro” de todas las religiones).

· “Los conceptos claros y bien diferenciados” son un ideal irrealizable, porque los conceptos son generalizaciones de nuestras experiencias, y éstas son parciales y muy condicionadas. Los conceptos  producen más impresión de certeza y seguridad que los mitos y los símbolos, pero probablemente transmiten peor que éstos la riqueza de la realidad. Nuestra interpretación razonable de la realidad debe basarse en ambos modos de conocimiento.

· En este conjunto de conocimientos podemos descubrir una razonable coherencia que denominamos paradigmas. Estos paradigmas pueden ser sectoriales (geográfica o culturalmente) o universales (más o menos universales); temporales o permanentes.

· El paradigma postreligional puede ser válido en la evolución de la cultura que solemos llamar occidental, pero ajeno a la cultura popular hispanoamericana, oriental, o africana.

(El P. Adolfo Nicolás decía, más o menos, que en Occidente prevalece la razón, en Oriente la armonía, en Hispanoamérica y en África los sentimientos).

· El paradigma cristiano (o jesuánico) por excelencia es la opción preferencial por los pobres.

A mi entender, este paradigma es (al menos) sectorial cristiano y permanente; aunque más bien sería propio de un determinado nivel de conciencia, sea religiosa o laica. Yo diría que precisamente es jesuánico porque Jesús alcanzó ese determinado nivel de conciencia.

· Por mi parte puedo decir que actualmente mi mayor certeza no consiste en la afirmación de determinados conceptos sino en una percepción inmediata de la conciencia, y consiste en la constatación del sufrimiento humano y la tendencia -o la obligación- de aliviarlo en lo posible. (Quizás sea una manifestación del imperativo categórico).

· En esta incertidumbre epistémica, es necesario adoptar algunas normas de discernimiento. Mi esquema interpretativo, más práctico que teórico, consiste en la interacción de tres elementos (he asumido en tres la innumerable cantidad de datos y experiencias que se combinan en nuestra conciencia). Expreso esta interacción en el siguiente esquema:

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· El Jesús transmitido por los sinópticos (a pesar de las diferencias en su interpretación), y leído a través de los actuales Signos de los tiempos, es la referencia humana que encuentra más eco en mi conciencia.

· Mi conciencia no reacciona igualmente ante todas las palabras o acciones de Jesús. Creo que esto depende por una parte de las circunstancias ambientales (signos de los tiempos) y personales del momento en que las recibo, y por otra de las disposiciones de la propia conciencia: ¡Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios! Como sucede en la refracción de la luz, la incidencia del mensaje recibido se desvía más o menos según la densidad (limpieza) del corazón que lo recibe.

· Los Signos de los tiempos (autonomía, igualdad de género, pluralismo religioso…) pueden considerarse como paradigmas interpretativos para comprender el mensaje/ejemplo de Jesús y el mensaje de la propia conciencia. A su vez, descubrimos y discernimos los signos de los tiempos por los mensajes del evangelio y por los mensajes de nuestra conciencia, porque pueden ser confundidos con nuestras tendencias ambiciosas (nacionalismo, progreso unilareal…). (Un grupo de la Universidad católica de Chile está desarrollando una Teología de los signos de los tiempos).

Jesús también vivió un tiempo de crisis. Mejor aún, Jesús provocó un momento de crisis respecto a la religión tradicional de su pueblo. Esta crisis ha sido reinterpretada a lo largo de los siglos, y no siempre en la dirección original. La mejor interpretación consiste en “Volver al Jesús de Galilea” leído con el lenguaje de los signos de los tiempos, en los que también está presente el Espíritu que Jesús nos dejó.

Siempre, pero especialmente en momentos de incertidumbre, tenemos que asumir nuestra responsabilidad. “Caminante no hay camino / se hace camino al andar”.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

Domingo, 18 de junio de 2017

Del desaparecido blog À Corps… À Coeur:

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[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

Louis Evely
*

Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

Brihadaranyaka Upanishad
*

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Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometennunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre ell valor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemosen absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. ¿ Incluso, cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía puede, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas delrelato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. “Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que lesdirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de estatotal  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostes, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

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Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

Disputaban los judíos entre sí:

“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Entonces Jesús les dijo:

– “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.”

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Juan 6,51-58

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , ,

“Estancados”. 18 de junio de 2017. Cuerpo y Sangre de Cristo. Juan 6, 51-58.

Domingo, 18 de junio de 2017

34-CorpuschristiAEl Papa Francisco está repitiendo que los miedos, las dudas, la falta de audacia… pueden impedir de raíz impulsar la renovación que necesita hoy la Iglesia. En su Exhortación “La alegría del Evangelio” llega a decir que, si quedamos paralizados por el miedo, una vez más podemos quedarnos simplemente en “espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia”.

Sus palabras hacen pensar. ¿Qué podemos percibir entre nosotros? ¿ Nos estamos movilizando para reavivar la fe de nuestras comunidades cristianas, o seguimos instalados en ese “estancamiento infecundo” del que habla Francisco? ¿Dónde podemos encontrar fuerzas para reaccionar?

Una de las grandes aportaciones del Concilio fue impulsar el paso desde la “misa”, entendida como una obligación individual para cumplir un precepto sagrado, hacia la “eucaristía” vivida como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo.

Sin duda, a lo largo de estos años, hemos dado pasos muy importantes. Quedan muy lejos aquellas misas celebradas en latín en las que el sacerdote “decía” la misa y el pueblo cristiano venía a “oír” la misa o “asistir” a la celebración. Pero, ¿no estamos celebrando la eucaristía de manera rutinaria y aburrida?

Hay un hecho innegable. La gente se está alejando de manera imparable de la práctica dominical porque no encuentra en nuestras celebraciones el clima, la palabra clara, el rito expresivo, la acogida estimulante que necesita para alimentar su fe débil y vacilante.

Sin duda, todos, pastores y creyentes, nos hemos de preguntar qué estamos haciendo para que la eucaristía sea, como quiere el Concilio, “centro y cumbre de toda la vida de la comunidad cristiana”. Pero, ¿basta la buena voluntad de las parroquias o la creatividad aislada de algunos, sin más criterios de renovación?

La Cena del Señor es demasiado importante para que dejemos que se siga “perdiendo”, como “espectadores de un estancamiento infecundo” ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana”. ¿Cómo permanece tan callada e inmóvil la jerarquía? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación y nuestro dolor con más fuerza?

El problema es grave. ¿Hemos de seguir “estancados” en un modo de celebración eucarística, tan poco atractivo para los hombres y mujeres de hoy? ¿Es esta liturgia que venimos repitiendo desde hace siglos la que mejor puede ayudarnos a actualizar aquella cena memorable de Jesús donde se concentra de modo admirable el núcleo de nuestra fe?

José Antonio Pagola

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“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Domingo 18 de junio de 2017. Cuerpo y Sangre de Cristo.

Domingo, 18 de junio de 2017

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Leído en Koinonia:

Deuteronomio 8,2-3.14b-16a: Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres
Salmo responsorial: 147:
Glorifica al Señor, Jerusalén.
1Corintios 10,16-17:
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo
Juan 6,51-58:
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

El Deuteronomio pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el “testamento de Moisés”, refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación. La primera palabra de nuestro texto es “recuerda”. Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: “no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios“. Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder…) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor… Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.

Pablo orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan… ¿no nos “une” a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común – unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan…expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación “el Pan es uno… nosotros somos muchos”… para concluir que al comulgar “formamos un solo cuerpo”. La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también “el cuerpo” expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.

El capítulo 6 del evangelio según San Juan está consagrado al llamado “discurso eucarístico”. Los versos del 51-59 revelan una unidad en la expresión: “vivirá para siempre“, con la que comienza y termina nuestro texto. Jesús mediante una fórmula de auto revelación se declara: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo“. Los judíos no entendían. Sucede lo mismo en nuestros días. Sin fe es imposible entender este gran misterio. Aunque lo explique el mismo Jesús, sin fe es imposible captar el sentido que encierran estas palabras y su alcance en la vida. Partiendo entonces de la fe, podemos afirmar con propiedad que Jesús es el Pan de Vida. Es decir, es aquel que ha venido, no de este mundo limitado e insaciable, sino de arriba, de Dios, para saciar definitivamente las hambrunas enraizadas en el corazón humano. Las profundas insatisfacciones, que son muchas, el cansancio de la vida, el sin sentido, los anhelos del corazón… encuentran en este Pan de vida un remedio saludable. La terrible soledad se transforma en habitación de comunión de vida. El creyente ya no vive para sí, es un consagrado, un poseído por una presencia transformadora que le eterniza y da pleno sentido a su existencia. Un dato interesante de este Evangelio es la relación que hace de esta comida (única y sin precedentes), con el sacrificio de Jesús: se trata de comer su cuerpo, beber su sangre. Al comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo el creyente no solo recibe, se identifica, se une a… sino que es capacitado para dar, ofrecer, entregar una vida digna… a semejanza de aquel a quien comulga.

 Mi Cuerpo es Comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

(Pedro CASALDÁLIGA)

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 058 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento». Leer más…

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Dios a cuerpo: Eucaristía

Domingo, 18 de junio de 2017

20140618114901Del blog de Xabier Pikaza:

En diversas ocasiones he tratado en este Blog de la Fiesta del Cuerpo de Cristo, como podrá ver quien se moleste manejando el buscador de RD, por estas fechas de Junio.

He insistido casi siempre en los tres momentos de la celebración:

— El Cuerpo de Cristo es Eucaristía que significa Acción de Gracias, reconocimiento del don de la vida como bendición.

— El Cuerpo de Cristo es Anámnesis, que significa presencia de de Dios, un Dios a Cuerpo, vida a vida, por Jesús, algo que la tradición latina ha consagrado con la palabra filosófica de trans-substanciación.

— El Cuerpo de Cristo es Epíclesis o invocación dirigida al Espíritu Santo, siempre con los signos del pan y de vida, que son vida compartida de Dios con los hombres.

Para insistir en la identidad cercana del cuerpo eucarístico (en línea de madre, enamorada,amigo, carne de Dios en Cristo…) quiero hoy comentar las palabras más significativas de la celebración, “ésto es mi cuerpo”, tomando como referencia unas páginas finales de mi libro Fiesta del pan, fiesta del vino (Verbo Divino, Estella 2006).

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Porque el tema de fondo es la Fiesta de Dios, como dicen los franceses (Fête-Dieu), el mismo Dios es Fiesta. No es que nosotros celebremos a Dios, sino que Dios nos celebra a nosotros. De esa forma quiero hoy ver a Jesús, viniendo él mismo como cuerpo, avanzando al frente de la Iglesia, somo signo y principio de nueva Humanidad, espiritual y carnal, de tierra y cielo.

Buena fiesta del Corpus a todos los amigos, con el gran signo del Cristo hecho cuerpo compartido y encarnado en el pan y el vino de la celebración de la vida,

Signo de pan. Esto es mi Cuerpo (Mc 14, 27b par).

La comida final de Jesús y su gesto y palabra sobre el pan asumen y culminan su acción en Galilea, y de un modo especial sus multiplicaciones (cf. Mc 6, 30-44; 8, 1-10). De esa forma, Jesús retoma las antiguas tradiciones de su pueblo, recreando desde el pan el sentido de su obra: lo que Jesús realiza es evangelio en acción, gesto profético fundante. El signo es antiguo: nos llega del fondo de los tiempos, desde el centro de una cultura que aprende a producir y compartir el pan (el maíz, el arroz), invocando en ese gesto a Dios. Pero Jesús lo ha renovado de forma escatológica, es decir, definitiva.

– Tomó pan (arton). No necesita un signo extraño: del origen de la historia de su pueblo (y de los pueblos de occidente) le ha llegado el pan, que ha estado siempre en el centro de sus gestos y mensaje (multiplicaciones, Padrenuestro, tentaciones….). Ha sido profeta del pan compartido. Con el pan en la mano le hallamos ahora, completando el gesto de la mujer del vaso de alabastro (que llevaba perfume en su mano). No necesita cordero pascual, no se dice tampoco que tome los ázimos “santos”. Como hemos indicado, pensamos que la Última Cena tuvo lugar la vigilia de Pascua, es decir, con panes normales (como ha visto la tradición de la iglesia oriental, que celebra la eucaristía con pan fermentado, en contra la iglesia occidental, que prefiere los ázimos). Jesús aparece, al fin de su vida: como mesías del pan en la mano, presidiendo una comida de amistad, que debe abrirse desde sus discípulos a todos los humanos.

– Pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Este signo (partir y dar el pan) es anterior a las palabras de “institución cristiana”; es un gesto universal de bendición divina y fraternidad, que hemos hallado en la multiplicación de los panes… (cf. Mc 6, 41; 8, 6). Jesús no tiene que inventarlo, pues el gesto existe ya y brota de la hondura de la fraternidad humana. Frente al signo de guerra (que es luchar para arrebatarse el pan), frente a la envidia y competencia que divide a los hermanos, se eleva aquí Jesús, realizando el signo mesiánico supremo: bendice, parte el pan, lo ofrece… Bendice a Dios, que se revela precisamente allí donde los humanos comparten el pan. De esa forma, abre un camino nuevo a los creyentes. Hasta ahora, los humanos, especialmente en occidente, hemos aprendido a producir, sabemos crear bienes; pero no hemos aprendido a compartir (partir y dar), en gesto de bendición, regalo de la vida. Esta es la enseñanza suprema del mesías, este su signo.

– Y dijo: ¡tomad! No les arroja el pan, no les obliga a comer en silencio, no se impone sobre ellos empleando el alimento (como quería el Diablo de Mt 4 y Lc 4). Por el contrario, al ofrecerles el pan, Jesús les habla, les invita de manera personal, dirigiéndose a ellos como personas capaces de entender y acoger su gesto. No empieza exigiéndoles un tipo de pureza, no les separa del mundo, para que así puedan comer el puro pan de las comidas sagradas del pueblo elegido (en la línea de muchos grupos esenios, especialmente de Qumrán). No les pone ninguna obligación, sino que quieran acoger, recibir con gozo y libertad, el pan, para así vincularse en fraternidad (alianza) de reino.

– Esto es mi cuerpo (sôma). La mujer del vaso de alabastro había perfumado a Jesús sin decir nada, pero su gesto resultaba suficientemente claro, de manera que él pudo definirlo diciendo: Ha ungido mi cuerpo para la sepultura, añadiendo que su cuerpo no queda allí encerrado, en recuerdo funerario, sino que se expande en todo el mundo, en forma de evangelio, vinculado a la memoria de lo que ha hecho esta mujer (14, 8). Pues bien, dando un paso más, podemos y debemos afirmar que la verdad de ese cuerpo de Jesús se expresa y actualiza en el pan que se parte (se entrega y comparte), para vincular en vida y esperanza a los humanos.

– ¿Dado por vosotros? La tradición de Marcos y Mateo no añade nada: el signo es claro; al decir cuerpo se está diciendo todo y quien no entienda no sabe escuchar y entender, descubrir y expresar los más hondos misterios de la vida. Cuerpo es la primera señal: señal de enamorada y madre que alimentan y dan vida, señal de padre, amigo, compañero… Jesús lo ha ofrecido, lo da en el pan compartido de la fiesta. No hace falta decir más. Los que añaden por vosotros (to hyper hymön: Pablo) o dado por vosotros (to hyper hymôn didomenon: Lucas) expresan algo que estaba incluído en el signo más amplio del cuerpo ofrecido y comido, compartido y gozado, en el borde de la muerte, como pan que funda la amistad y convivencia humana.

El pan, es amor hecho carne

Nos hemos acostumbrado al gesto de Jesús, de manera apenas nos causa extrañeza, porque lo entendemos en pura forma teológica, como palabra que el Hijo de Dios ha pronunciado, desde arriba, desde fuera de la trama de la vida. Pues bien, ahora descubrimos que esa palabra (este mi Cuerpo) y ese gesto (partir y compartir el pan) constituyen la esencia afectiva y social (de amor y justicia) del mesianismo cristiano, la verdad del evangelio. Ciertamente, respetamos el misterio y, en un nivel, podemos decir: Es así porque Dios lo ha querido. Pero en otra perspectiva, totalmente valiosa, podemos y debemos afirmar: Es así porque Jesús lo expresa y ratifica con su vida. En este gesto y palabra se anuda todo el evangelio, de manera que podemos tejer aquí su trama entera:

– El signo de Jesús es pan compartido. No el alimento de las purificaciones y los ázimos rituales (que comen separados los buenos judíos), sino el pan de cada día, al que alude el Padrenuestro: la comida que se ofrece a los pobres, se comparte con los pecadores y se expande en forma universal. Este es su signo: todo lo que ha dicho, todo lo que ha hecho se condensa y expresa en forma de alimento que sustenta y vincula a los humanos. Sin justicia social y comunicación económica no existe de verdad eucaristía.
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Corpus. Al atardecer nace la Vida

Domingo, 18 de junio de 2017

19145726_810409029136291_5676918852366981135_nDel blog de Xabier Pikaza:

Jesús no ha sido profeta de ayunos, sino de pan y vino compartindo con los marginados de su pueblo, de pan y de peces ofrecidos en el campo abierto a todos los que van y vienen, como han destacado los evangelios en los diversos relatos de las “multiplicaciones”, que debemos entender como comidas mesiánicas de Jesús, a cielo abierto, con todos los que vienen (cf. Mc 6,30-44; (, 1-10 par).

En ese fondo se sitúa su manera de asumir la muerte, conforme a la tradición antigua de la iglesia. Sintiéndose amenazado, Jesús quiso beber con sus amigos el vino de fiesta final, prometiendo que la próxima vez lo bebería con ellos en el Reino. De esa forma quiso despedirse de amigos y de amigas, con el fino de la promesa del Reino en la mano.

Por eso, es normal que las iglesias de Jerusalén y Antioquía (representadas por los textos de la institución eucarística) y luego todas las iglesias hayan recreado litúrgicamente las palabras de la última cena sobre el pan y el vino como expresión radical de la entrega y esperanza de Jesús (uniéndolas a la palabra sobre el pan), como seguiremos indicando.

04-los-discipulos-de-emaus-1989-carbon-sanguinea-y-pastelAl atardecer de su entrega por el Reino, desde el borde del fracaso, confiando en el Dios de la Vida, Jesús ofreció a los suyos su señal de vida: el pan y el vino, su mismo Cuerpo de amor y de entrega por todos. Buena fiesta de Corpus.


Elementos eucarísticos

a. Mc 14, 25a par. Voto de abstinencia: «En verdad os digo, que ya no volveré a beber del fruto de la vid…». Este pasaje vincula dos elementos:

(1) Voto de renuncia: Jesús recompromete a no tomar más vino mientras siga existiendo el mundo actual.

(2) Promesa de abundancia: Jesús anuncia a sus amigos el vino del Reino.

El texto comienza de un modo elevado (en verdad os digo…), y sigue con una triple negación (no, no, no: ouketi ou mê…), que debe interpretarse como juramento o voto sagrado, en el que el mismo Dios actúa como testigo, en fórmula que podría traducirse: «así me haga Dios en el caso de que…». En el momento más solemne de su vida, rodeado por sus discípulos, tomando con ellos la última copa, Jesús se compromete a no beber más hasta que llegue en plenitud el Reino que él ha prometido e iniciado (cf. Mc 9, 1; 13, 30). Este juramento puede interpretarse como voto de abstinencia escatológica, de tal manera que, de ahora en adelante, Jesús puede presentarse como nazareo del reino, renunciando al vino. Lógicamente, al acercarse el momento decisivo, Jesús proclama que ya no beberá más vino en este mundo viejo, en este orden de cosas, pero añade que llega (se está acercando de inmediato) el reino.

b. Mc 14, 25b. Vino nuevo del Reino. Jesús promete abstenerse de beber vino “hasta que beba (con vosotros) el vino nuevo del Reino”. Eso significa que ha puesto su destino al servicio de la viña de Dios, es decir, de la plenitud escatológica. Con el “vino de este mundo”, en la fiesta de su despedida (entrega), ha prometido a sus amigos el “vino nuevo” (es decir, el vino de la nueva cosecha del Reino). Este juramento escatológico deriva de todo su camino de evangelio: Jesús ha ofrecido su mesa (pan y peces) a los marginados y pobres, a los publicanos y multitudes. Ahora, en el momento final, asumiendo y recreando la mejor tradición israelita, él declara y proclama delante de sus amigos que ha cumplido su camino, ha terminado su tarea: sólo queda pendiente la respuesta de Dios, el vino del “año nuevo”, la fiesta del Reino.

Así pasa del “vino viejo” de esta fiesta de despedida (que el ritual de la institución eucarística interpreta como sangre de alianza: Mc 14, 23-24) al “vino nuevo” de la promesa de culminación mesiánica: al beber la última copa (copa vieja), en compañía de sus discípulos, Jesús les está invitando a tomar la “nueva copa” en el Reino, es decir, en la vida compartida para siempre. Entendido de esta forma, este logion desborda el nivel de los elementos centrales de la pascua judía (pan sin levadura, hierbas amargas o cordero sacrificado), abriéndose a la nueva tierra y vino del Reino.

2. Cena de Jesús. Fundación de la Eucaristía. Podemos recordar los datos básicos

(a) Los defensores del sistema han condenado a Jesús como socialmente peligroso. Los sanedritas pueden acusarle de blasfemo, diciendo que ha querido colocarse en el lugar más alto, como Dios para su pueblo (cf. Mc 14, 64); en realidad le han rechazado por a-social o antisocial: no encaja dentro del orden de su “templo” (cf. Mc 12, 10-11). Los romanos le condenan a muerte porque quiere hacerse Rey de los judíos (Mc 15, 12), ocupando así un lugar que estaba ya ocupado por el César, rey de Roma y portador de un “orden sagrado” sobre el mundo.

(b) Jesús ha muerto como representante mesiánico de Dios. Profundizando en esa experiencia, los cristianos han comprendido que la última razón de su condena no ha sido la dureza de aquellos sus jueces y verdugos, sino el modo de actuar del mismo Jesús. Su forma de vida, su proyecto de reino, le ha convertido en un hombre peligroso. Por portarse como se ha portado, por defender lo que ha defendido, ha tenido que estar dispuesto a morir.

Ciertamente, le han matado. Pero ha sido él quien ha dado la vida, la ha puesto en manos de Dios Padre. Pues bien, precisamente allí donde los poderes de este mundo le condenan como hombre peligroso, quitándole la vida, se eleva Jesús en la mesa de la despedida y ofrece a los suyos el pan y vino de su reino. Este recuerdo está en el fondo del relato litúrgico de la fundación de la eucaristía, que sirve para interpretar el sentido de la muerte de Jesús y de su presencia en la comida de la comunidad: «Y estando ellos comiendo, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. Tomó luego un cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y bebieron todo de él. Y les dijo: Ésta es la sangre de mi alianza que se derrama por muchos» (Mc 14, 24)

Así aparece Jesús como iniciador de estirpe, fundador de la nueva familia de aquellos que comparten su cuerpo y su forma de vida (sangre). El judaísmo era en aquel tiempo un grupo de solidaridad de sangre (descendencia, vida) y de cuerpo (vinculado en torno al pan y la casa). Pues bien, el mismo Jesús que ha superado (ha roto) la estructura de familia antigua, fundada en el poder del los padres y de una genealogía clasista, fundamenta en su entrega la nueva familia de los hijos de Dios, vinculados en carne y sangre. Desde aquí queremos evocar los dos signos.

(a) Esto es mi cuerpo (sôma), simbolizado en el pan que se parte (entrega y comparte) a fin de que todos se vinculen en una misma vida y comunión, rotas las barreras que dividen a varones y mujeres, puros e impuros, enfermos y sanos, judíos y gentiles. Éste es el sacramento mesiánico, el descubrimiento y despliegue de la vida, que Jesús ofrece, no por nacimiento biológico, solidaridad personal, entrega mutua y palabra compartida.

(b) Es la sangre de mi alianza... Esta sangre que vincula con Jesús (desde Jesús) a todos los hombres no es la fuerza biológica de generación (como la que buscan en ese tiempo los judíos), no es una sacralización de los aspectos nacionales o raciales de la vida; tampoco es la sangre ritual de los sacrificios compartidos, la violencia de los animales muertos, pues Jesús transciende el carácter sacral de las religiones de violencia, que identifican la presencia de Dios con un ritual de sacrificios, sino aquella que se expande y crea vida por medio de la entrega de la propia vida. Así aparece Jesús, como padre/madre de nueva humanidad, creador de una estirpe universal de hermanos, vinculados desde el Padre.

El cuerpo y la sangre de Jesús vinculan en alianza (comunión de solidaridad humana) a todos los que quieran asumir su proyecto, vivir su evangelio. Normalmente, los hombres transmiten su nombre y recuerdo a través de la generación física. Pues bien, Jesús transmite vida, crea familia, suscita la comunión de los hijos de Dios, entregando su propio ser, como verdadero padre/madre, hermano/compañero de la nueva humanidad. Así viene a presentarse como el hombre pleno, el ser humano, que engendra y sostiene la vida entregándose a sí mismo como principio de humanidad. Leer más…

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El maná y el pan de vida Fiesta del Corpus Christi. Ciclo A

Domingo, 18 de junio de 2017

corpus-christiDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

Esta fiesta comenzó a celebrarse en Bélgica en 1246, y adquirió su mayor difusión pública dos siglos más tarde, en 1447, cuando el Papa Nicolás V recorrió procesionalmente con la Sagrada Forma las calles de Roma. Dos cosas pretende: fomentar la devoción a la Eucaristía y confesar públicamente la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino.

            Sin embargo, las lecturas del ciclo A conceden más importancia al tema de la vida, con el que es fácil sintonizar en un mundo de guerras y atentados como el que vivimos. El evangelio de hoy comienza y termina con las mismas palabras: «el que coma de este pan vivirá para siempre». Y en medio: «el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día».

Sobrevivir y vivir eternamente

            El 1 de junio de 2009, el vuelo 447 de Air France entre Rio de Janeiro y París desapareció en mitad de la noche con 216 pasajeros y 12 tripulantes. Se salvó un matrimonio, no recuerdo si porque llegó tarde al embarque o por un cambio de última hora. Pero ese matrimonio se hizo famoso porque murió en un accidente de automóvil pocos días después. La supervivencia a un accidente, a un ataque terrorista, a una calamidad, no garantiza vivir eternamente.

            Mucha gente acepta la muerte con resignación o fatalismo. Otros se rebelan contra ella, como Unamuno: «Con razón, sin razón, o contra ella, no me da la gana de morirme». El cuarto evangelio también se rebela contra la muerte. Comienza afirmando que en la Palabra de Dios «había vida». Y ha venido al mundo para que nosotros participemos de esa vida eterna.

            Para expresar el contraste entre “supervivencia” y “vida eterna” las lecturas de hoy contrastan el maná con el alimento que nos ofrece Jesús. El Deuteronomio (1ª lectura) habla del maná como de un alimento sorprendente, novedoso, «que no conocías tú ni conocieron tus padres». Pero no se detiene, como hace el libro del Éxodo, en sus cualidades sorprendentes y su carácter milagroso. Es un alimento de pura supervivencia, que no garantiza la inmortalidad. En el evangelio, las palabras de Jesús subrayan este aspecto: el pan que comieron vuestros padres no los libró de la muerte. En cambio, el alimento que da Jesús, su cuerpo y su sangre, sí garantiza la vida eterna: «yo lo resucitaré en el último día».         Estas palabras, tomadas del largo discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, anticipan la resurrección de Lázaro y el destino de todos nosotros.

Inmortalidad y vida eterna

            Sin embargo, el alimento que ofrece Jesús no se limita a garantizar la inmortalidad. Tiene también valor para el presente. «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». Este es el sentido que tiene a veces el término «vida eterna» en el cuarto evangelio. No es vida de ultratumba, sino vida aquí y ahora, en una dimensión distinta, gracias al contacto íntimo, misterioso, con Jesús.

Unión con Jesús y unión con los hermanos

            La idea de que, al comulgar, Jesús habita en nosotros y nosotros en él, corre el peligro de interpretarse de forma muy individualista. La lectura de Pablo a los corintios ayuda a evitar ese error. La comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo no es algo que nos aísla. Al contrario, es precisamente lo que nos une, «porque comemos todos del mismo pan».

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16ª

Moisés habló al pueblo, diciendo: El camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17

Hermanos: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

―Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban los judíos entre sí:

―¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

―Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

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Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. 18 Junio, 2017

Domingo, 18 de junio de 2017

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“Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

(Jn 6, 51-58)

Jesús nos habla del pan vivo. Nos habla de un elemento material, que es el pan, y de  un verbo, que habla de dinamicidad y vida, es decir, habla del espíritu.

Nos sitúa en  la realidad total que somos y de cómo hemos de alimentarnos desde nuestra humanidad, para llenarnos de divinidad.

¿Cómo no comer y beber la vida de Jesús si es lo que me permite unificar mi vida? Nuestros cuerpos vibran  al llenarse de la energía que aportan el pan y el vino. Pero no es una energía cualquiera, es la que aporta el espíritu. Vivificando nuestras vidas. Llenándolas de esa vibración incontenible, de quién renueva haciendo novedad su vida todos los días, a través  de la  Eucaristía.

Jesús se nos entrega de una manera total. Entrega todo lo que es. Y eso nos  permite a nosotras entregarnos  también en todo lo que somos. Un entrega que se renueva todos los días, porque todos los días recibimos  lo que somos  y entregamos lo que somos.

Muchos hablan de la Eucaristía como un símbolo, y esta palabra, símbolo  significa reunir.  La reunificación de una materia llena de espíritu, puede ser un símbolo. Pero para mí es auténtica presencia de quién se deja comer para dar nueva vida.

Es cierto que hay muchas más presencias de Jesús en el mundo, porque todo lleva semillas de divinidad si lo sabemos “mirar” con los ojos de la transparencia. Pero la Eucarística es la que recibimos a través del saboreo, diluyéndose Dios en nosotras en una unidad llena de común –unión.

La Eucarístia es una Presencia viva que todos los días se quiebra para entregarse. Es una invitación a vivir en la plenitud que somos. En  totalidad. Porque sólo podemos  entregarnos cuando somos una con todo.  Entonces si, la parte es el todo y el todo, la parte.

Dejarnos amasar en las vulnerables semillas que se unifican para formar la masa y, posteriormente, llenas de ese fuego que impregna, entregarse sin miedo, en una donación confiada para ser parte y todo de la humanidad.

ORACIÓN

Gracias Jesús por entregar tu cuerpo y sangre todos los días, siendo alimento de Vida Nueva, que nutre, vivifica y nos hace comprender que nuestra vida, como la tuya, es un entrega sin medida ni tiempo.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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“Sin vuestro “Amén”, no puede haber Corpus Christi”, por Juan Masiá Clavel

Domingo, 18 de junio de 2017

CorpusADe su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

Sin “Amén”, no hay ”Corpus Christi”

Sin el “Amén” de la ofrenda, la fe y la praxis de la comunidad, no se realiza la transformación eucarística de la vida.

En las reuniones con los niños y niñas que se preparan para la Primera Comunión, dedicamos siempre los primeros diez minutos a repasar la lección primera: ¿Qué quiere decir “Amén”? ¿Qué estamos haciendo cuando contestamos diciendo “Amén” al sacerdote que nos muestra en alto la Eucaristía y dice: “Corpus Christi”?

Amén significa: dos cosas 1) “Así es”. 2) “Así sea”

Al contestar: “Así es” estamos haciendo un acto de fe, estamos reconociendo que “así es, como usted dice, que lo que voy a recibir es la vida de Cristo, para que esté El dentro de mí y yo dentro de Él, que Él viva en mí y yo en Él. Amén es la fórmula más corta del Credo, es el resumen, en una sola palabra, de nuestra fe.

Además, al contestar; “Amén”, estamos haciendo una oración, estamos expresando el deseo de “que así sea”, es decir, que yo me convierta en lo que recibo, que me convierta en Cristo y viva como Cristo para dar vida a otras personas. Eso es evangelizar, dice el Papa Francisco, dar vida.

Cuando esos niños y niñas presentan en la procesión de las ofrendas el pan y el vino, les recordamos: “Esto que traéis no es solo pan y vino, el pan y vino representan la vida diaria de vuestras familias, eso es lo que traéis a la misa para que le pidamos a Dios que envíe su Espíritu y lo consagre y transforme y convierta en vida de Cristo para la vida del mundo.

Cuando el sacerdote pronuncie las palabras de Jesús en la última cena, no dirá “Este pan es mi cuerpo”, sino que dirá en nombre de Cristo: “Esto es mi cuerpo”.

¿Por qué dice “esto”, y no solo “este pan”? Porque lo que consagra no es solamente este pan y este vino, sino todo lo que ese pan y ese vino representan, lo que habéis traído a la misa: vuestra vida (Venís a la misa, dice el Papa Francisco con vuestra vida a cuestas)…

La consagración es la consagración y transformación del pan, del vino, de la comunidad reunida, de sus vidas y trabajos, de sus penas y alegrías etc… Si no venís a misa trayendo y presentando todo eso para que el Espíritu lo consagre y transforme, no hay manera de celebrar efectivamente la Eucaristía (aunque haya pan y vino y sacerdote que pronuncie las palabras de Jesús).

Y si no decís de veras y con toda vuestra vida el “Amén” de la Comunión (Así es, así lo creo y pido que así sea, que me convierta en lo que recibo y que yo viva para dar vida), entonces la Eucaristía queda incompleta. Sin vuestra ofrenda y sin vuestro amén no hay Corpus Christi (porqe las palabras de la consagración no son magia de abracadabra).

Como tampoco hay Corpus Christi efectivo, sin el amén de una comunidad comprometida para transformar el mundo, desarraigar la corrupción, liberar a los oprimidos, acoger a los excluidos y trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de toda vida. Sin ese amén no hay Corpus Christi, aunque haya procesiones barrocas, custodias lujosas escandalizantes y políticos de nombre creyentes presidiéndolas con traje de gala.

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No obligar: Otro mandamiento

Sábado, 17 de junio de 2017

Del blog de Henri Nouwen:

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” Estoy convencido de que todo el que haya sido tocado profundamente por Jesús, descubrirá en sí mismo una llamada para compartir el amor de Jesús con los demás. No se trata de forzar a nadie a convertirse en cristiano o manipular a nadie para que se bautice, sino ser un signo viviente del amor que ha sido descubierto a través de Jesús y que necesita ser conocido.

El deseo de proclamar a Jesús forma parte de la esencia de conocerlo y amarlo. Esta proclamación puede realizarse de modos muy diferentes y de maneras muy diversas. No siempre tiene que ser con palabras… No todo el mundo es llamado a la misma tarea, y, una vez que conocemos a Jesús, vamos a ir descubriendo poco a poco cuál es nuestra forma particular de proclamar el evangelio. Pienso, sin embargo, que es un error creer que estamos llamados a salvar al mundo forzando a que otras personas acepten a Jesús o el bautismo. Eso sería apropiarse de un papel divino que no nos pertenece. Sólo Dios salva y el espíritu de Dios sopla donde quiere, incluso entre aquellos que no conocen a Jesús y nunca conocerán explícitamente nada sobre él. Creo que esto es un pensamiento bastante ortodoxo y no es en absoluto hereje o liberal.”

*

Henri Nouwen.
Love, Henri. Letters on spiritual life.

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(Traducción local. Este libro de unas 200 cartas de Nouwen sobre la vida espiritual todavía no ha sido publicado en español).

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Reflexión ética contra la corrupción.

Sábado, 17 de junio de 2017

imagesLo que estamos oyendo es bochornoso. Nos abruma moralmente lo que se ha destapado y lo que se sigue destapando. Los hechos de “supuesta” corrupción entre nosotros, con novedades casi día tras día, nos aturden. Vivimos en un ambiente indecente, escandaloso. Y luego, encima, ver que los “supuestos” corruptos son siempre gentes que están entre los que mejor viven, ver que no devuelven lo robado o lo dilapidado. Ello nos descubre hasta dónde puede llegar la desfachatez de los ladrones de lo público. No olvidemos todos los que sitúan sus caudales en paraísos fiscales, impunemente consentidos por los que tienen en sus manos el hacerlos desaparecer.

Todos ellos, los corrompidos y los que corrompen la misma sociedad, son personas que están cerca de donde hay más dinero, tanto porque están manejando las arcas públicas o porque son dueños de los grandes negocios. Sí, los hay, serán más o serán menos -a algunos nos parecen demasiados-, que van a la política para enriquecerse “como sea” o son negociantes sin escrúpulos que quieren enriquecerse a costa de lo que sea, incluso evadiendo sumas importantísimas de impuestos, necesarios para afrontar, entre otras cosas, los gastos sociales que se han visto afectados por recortes sustanciales, cuando ya antes eran insuficientes.

No es necesario poner ejemplos, pues con estar medianamente atentos a los medios de comunicación podemos estar bien informados de lo que está sucediendo. Lo importante es recordar que hay que tener siempre una actitud crítica social y una voluntad trasformadora de esta lamentable realidad político-económica-social. Todos los medios de información, incluidas las web en Internet debieran estar alertando y creando una actitud de rechazo de los responsables de esta degradada situación. La Iglesia, sobre todo sus jerarquías, está sobremanera obligada a ejercer la función profética de denuncia. Pero teniendo en cuenta que no valen mensajes sibilinos que sólo entienden unos pocos. Se necesita un lenguaje claro y directo, semejante a aquel del Papa Francisco cuando dijo que “el capitalismo mata”. Lo tienen que hacer de modo y manera que llamen la atención. Es que además, el no hacerlo, hace que parezcan cómplices al ver ir a comulgar a aquellos mismos que están llevando a prisión por robar a la sociedad. Algunos de ellos, de los supuestos y de los ya condenados, se les ve muy cercanos a la Iglesia. Si no denuncian abiertamente la corrupción, puede parecer que la situación “preferente”, algunos dirán que de privilegio, de la que goza en España la Iglesia católica es a cambio de su silencio.

Por otra parte, también se puede constatar que hay mucha gente del pueblo llano que vive en las nubes. Entre ellos la mayoría de quienes están sufriendo las consecuencias de los desfalcos. Los de abajo parece que están dormidos, atontados o distraídos. ¿Cómo es posible ese elevado porcentaje de abstención en las elecciones? Antes se decía que el opio del pueblo era la religión que “alienaba”. La gente con la religión andaba preocupada del cielo y descuidaban los asuntos de la tierra. Se predicaba la resignación ante el mal social y ello hacía que muchos invirtiesen sus esfuerzos en aguantar ante la adversidad en lugar de dirigirlos a transformar las condiciones insociales. Sí, es verdad que la religión aún sirve para entretener a algunos, cuando por el contrario todo en ella debiera ser liberador, favoreciendo el compromiso en el quehacer de un mundo mejor. Me explico.

Si por “religión” entendemos todas las formas y fórmulas litúrgicas utilizadas para expresar o vivir una fe, para nosotros los cristianos, su valor radicaría en la ayuda que nos prestase para “seguir a Cristo”, pues ese seguimiento es el contenido esencial de nuestra fe, es lo que nos hace “cristianos”. Uno no es cristiano por estar bautizado. El bautismo es un signo de la presencia en la persona de Cristo, que comienza a vivir en ella cuando decide “seguirle”. Seguir a Cristo consiste en un proceso de identificación con él, intentando conseguir cada vez más plenamente que la vida esté movida por los valores que movieron la suya, intentando tener sus mismas actitudes vitales, sus sentimientos y líneas de comportamientos fundamentales. Al acercarse a Jesús de Nazaret y conocerle el cristiano enseguida llega a saber que el núcleo de su fe, de su adhesión a Cristo, tiene que estar compactado por esa energía que llamamos “el amor-cristiano”, pues el amor ha sido el eje sobre el que giró la vida del nazareno. Esta fe en Cristo no nos apartará nunca del mundo. El peligro está en la religión.

No obstante creo que se puede decir que hoy la religión no es un peligro social, pues son, relativamente, pocos los que la practican. Y parece que cada vez menos. Ello ante la indiferencia de los jerarcas, que nada serio hacen por evitarlo. Además, entre los cristianos los hay comprometidos, inmersos en el mundo, como la levadura en la masa, para transformarlo. Pueden parecernos muchos los cristianos, pero se reduce a determinados momentos: procesiones de Semana Santa, peregrinaciones, las grandes concentraciones de jóvenes, masas en torno al Papa, etc. La religión puede distraer a algunos, pero no son muchos. Hay otras distracciones muchísimo más intensas y extensas. Algunos programas de televisión, algunas revistas, el futbol…; los entretenimientos de la era digital… También el egoísmo personal que hace que sólo nos preocupemos de lo que nos afecta. Sea lo que fuere, lo que sí es verdad es que la preocupación social, política, económica… no parece que abunde entre nosotros, más bien al contrario. Es la conclusión que hay que sacar del hecho de que a pesar de la llamativa corrupción que afecta a la clase política, todavía nos sigan gobernando los mismos en casi todas partes. España necesita una regeneración política integral que parece no son capaces de hacerla los políticos cuando tienen aún alguna cota de poder político. Necesitamos nuevos partidos políticos y nuevos políticos. De otro modo incluso pueden llegar a pensar que su conducta está refrendada por nosotros en las urnas.

Hay que insistir en la importancia tan decisiva que tienen las elecciones. Nuestro voto personal tiene un valor incalculable para posibilitar la regeneración ética de la sociedad. La abstención es una irresponsabilidad no sólo en las elecciones, sino en cada momento de la vida. Nadie responsable puede mirar para otro lado, nadie puede adoptar posturas derrotistas, porque, entre otras cosas, los más débiles de la sociedad son los que están siendo más perjudicados. Participar es clave. Desde el campo que sea hemos de luchar contra la indiferencia y poner en pie de compromiso a todos.

José Mª Álvarez

Todos en pie de lucha

Miembro del Foro Gaspar García Laviana

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Magnificat

Viernes, 16 de junio de 2017

Del blog Nova Bella:

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“…Muchas veces me pregunto

qué hacíamos tú y yo antes de querernos…”

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Carlos Sahagún

magnificat

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María, vecina de Nazaret (II)

Viernes, 16 de junio de 2017

4En esta segunda parte se analiza fundamentalmente el papel de María como educadora. Sin duda una mujer tuvo que influir en las enseñanzas de Jesús. Ningún rabino de la época expuso su pensamiento con ejemplos de la vida cotidiana y categorías femeninas como hizo el primogénito de María y José. Al final hay un interesante debate en el que se abordan algunos temas de la charla con gran naturalidad.

 

MARÍA, VECINA DE NAZARET

Recogemos por escrito la conferencia que se grabó en la Parroquia de San Félix, Villaverde Alto, el pasado 5 de mayo de 2017. En la Escuela está disponible en vídeo.

Estamos en Nazaret… Nos acercamos a María como vecinas suyas, porque es una mujer del pueblo, como nosotr@s, y queremos comprender su situación, sus dificultades, sus sentimientos y su respuesta de fe.

Nos imaginamos que viajamos a través del tiempo, para recordar la situación que vivió en su contexto histórico, político, económico, social y religioso. La situación era muy difícil, mucho más de lo que creemos, porque se ha idealizado la vida en Nazaret.

María, como la gente de su tiempo, vive esperando la llegada del Mesías, que debía nacer en Judea, anunciado por unas señales prodigiosas que deberían verse en el cielo (Mateo 16, 1-4). Pero esas señales no ocurren cuando nace Jesús.

Treinta años después, los saduceos y fariseos siguen pidiendo a Jesús esa señal del cielo, para poder reconocerlo como Mesías prometido, pero Jesús ofrece señales muy diferentes.

El pueblo lleva siglos bajo el dominio reiterado de pueblos extranjeros: Persia, Grecia, y Roma. Los conquistadores han impuesto al pueblo sus leyes y han gobernado a través de unos reyes crueles e inhumanos. Les obligan a pagar impuestos tan altos que muchos padres de familia deben venderse como esclavos para pagar las deudas; así evitan la prostitución a su mujer e hijas. La gente le pregunta a Jesús si deben pagar impuestos al César.

Muchos delitos pueden ser castigados con crueles penas de muerte, porque el pueblo está a merced de la injusticia de los políticos. María, como sus vecinos, siente miedo al ver los riesgos a los que se expone su hijo, porque muchos jóvenes galileos han sido crucificados.

Herodes (padre) y Herodes (hijo), reyes de Galilea, son un ejemplo típico de la crueldad de su tiempo. El propio emperador César Augusto dijo: “Es mejor ser un cerdo que ser un hijo de Herodes”.

Galilea es un nido de rebeldes, es “tierra de gentiles”, o sea, de gente que no es judía, que “no ha sido elegida por Yahvé”. En general es gente antimonárquica, porque creen que los males vienen de la monarquía, mientras que los habitantes de Judea son ultra monárquicos. Se les considera gente sin tradición, inmunda, que contamina a las personas piadosas; a sus mujeres no se les considera personas, sino “reptiles”.

La capital es Séforis, los romanos la destruyen totalmente, porque es refugio de galileos rebeldes, y creen que allí se esconde “Judas el Galileo”. Pensemos en el impacto que causan estos hechos en toda la población.

Jerusalén es considerada “el centro del mundo”, porque el templo alberga dos cosas fundamentales en su tiempo: la gloria de Yahvé y el “banco” más importante de entonces. Galilea es la zona más alejada de Jerusalén (en todo el sentido de la palabra alejamiento)

Nazaret es una aldea muy pobre, está en la ladera de una montaña, con cuevas en las que habita la gente. ¿De ahí puede salir algo bueno? (Juan 1, 46). De Galilea no salen profetas (Juan 7, 52). Con buena voluntad, los pintores se han encargado de ofrecernos unas imágenes idílicas de la casa de María, pero la realidad es que la gente vive en esas cuevas naturales de la ladera de la montaña y que es una aldea muy pequeña.

La sociedad, en tiempos de María, está dividida en clases sociales muy rígidas. Si la representamos en forma de pirámide, empezando por la cumbre y descendiendo, tenemos:

  • El sanedrín, con el sumo sacerdote que lo preside
  • Los saduceos, que sacan provecho de cualquier situación
  • Los fariseos
  • Los obreros –pueblo sencillo
  • Los extranjeros, pecadores y enfermos
  • Las mujeres y los niños

Desde el momento del nacimiento queda patente la marginación de las mujeres, por el modo de reaccionar los vecinos y el propio padre del bebé. Si ha nacido un niño hay cantos de júbilo y felicitaciones al padre. Si ha nacido una niña hay un silencio profundo, sólo se oye el llanto del bebé y la gente le desea al padre de familia: “Que el próximo sea varón”, pero no le felicitan por la niña que ha tenido.

¿Cuál es la clave de la desigualdad? Las mujeres no pueden ser circuncidadas, por eso no pueden recibir el signo de la Alianza con Dios (Génesis 17, 10-11). Después del exilio de Babilonia (siglo V a.C.), con la reforma de Esdras y Nehemías, comenzaron la intolerancia y el fanatismo religioso:

  1. La Torá se convirtió en la ley del estado.
  2. El pecado se castigaba con la muerte (Esdras 7, 26).
  3. A las mujeres se les privó de los derechos que tenían.
  4. Esdras decidió que se repudiara a todas las mujeres extranjeras, junto con sus hijos (Esdras 10, 1-3 y ss.)

El padre de familia reacciona como amo y señor de la vida. Cuando nace un bebé, la ley dice: “Si es un varón, tenlo, si es una niña, exponla”. Eso significa que pueden “exponer” a las niñas, o sea, sacarlas fuera de la población y dejarlas a la intemperie, a merced de cualquier animal que las devora o de alguna persona que quiera cogerlas, para bien o para mal.

Las niñas son casadas en la adolescencia. Son mayores de edad a los once años y un día, pero no se celebra ninguna fiesta. A los chicos, cuando cumplen trece años y un día, se les hace una gran fiesta y se les considera adultos a todos los efectos.

A la hora de buscarles marido, ellas son tasadas trozo a trozo, para pagar menos por ellas, y poder rebajar su valor ante cualquier pequeño defecto que tengan. Sin embargo la dote que deben llevar ellas al matrimonio se tasa al alza y la administra el varón.

El marido es el dueño y señor de la mujer. Es su ba’al (que significa: propietario, amo, señor, dios, dueño, marido) y la mujer es be’ulah (poseída). El matrimonio significa “hacer uso del recipiente”. Cuando Jesús quiere cambiar algunos aspectos del matrimonio le replican: “Así no trae cuenta casarse” (Mateo 19, 10). Lo que trae cuenta es que los varones gocen en el matrimonio de todos los privilegios que han adquirido a lo largo de siglos. Por ejemplo, las mujeres no pueden repudiarlos, ni siquiera cuando ellos son adúlteros o violentos.

Sin embargo, hay muchas causas (escritas en los comentarios a la ley) que permiten a los maridos repudiar a sus mujeres; se llega a considerar causa suficiente el que la mujer se entretenga a hablar junto a la fuente con otras mujeres, o que se les queme la comida.

Las mujeres deben ir cubiertas siempre con el velo, si se lo quitan para salir a la calle pueden ser repudiadas, sin devolverles la dote acordada para el repudio. Las prostitutas no llevan velo.

Para una mujer repudiada es tan difícil volver a casarse que suelen recurrir a la prostitución para sobrevivir. A las mujeres se les pide un comportamiento intachable, para que sus padres y esposos se sientan orgullosos de ellas. ¿Quién es la mujer perfecta? Podemos leer con ojos críticos el canto a este modelo de mujer (Proverbios 31, 13-ss) y la sobrecarga de trabajo al que estaban sometidas.

Si la novia se queda embarazada antes del matrimonio, una vez comprometida, el novio tiene varias opciones:

  • Si el hijo es del novio se adelanta la ceremonia de la boda
  • Si el novio afirma que el hijo no es suyo, la novia puede ser apedreada, lapidada. De nada sirve el testimonio de la mujer.
  • Si el novio no quiere que lapiden a su novia debe huir muy lejos, lo que supone una vergüenza pública para él y para toda la familia.
  • La posibilidad de que el novio acepte al niño como hijo, sin serlo, es algo absolutamente extraordinario.

El nacimiento de un hijo varón confiere su dignidad a las mujeres, que pasan a ser reconocidas y valoradas” porque han engrandecido al pueblo.

El nacimiento de una niña sólo es una pérdida, “una semilla desperdiciada”. Tener una hija es como recibir un castigo, porque hay que vigilarla: “es una secreta inquietud, la preocupación por ella aleja el sueño” (Eclesiástico 42,9). “El padre no está obligado a alimentar a su hija” (comentario a la Torá). “El mundo no podría existir sin varones y sin hembras, pero ¡feliz aquel cuyos hijos son varones! Y ¡ay de aquel cuya descendencia son hembras!”

Las impurezas de la sangre condicionan la vida de las mujeres. Si han dado a luz a un niño tienen que guardar 40 días de impureza tras el parto, si han tenido una niña la impureza dura 80 días, lo que condiciona mucho la vida familiar y social porque incluso rozarlas “contamina”; hay que hacer ritos y ceremonias para purificarse de nuevo (Levítico 12, 5)

En algunas etapas de la historia se cree que las mujeres son seres “pestilentes”, el padre las puede vender como esclavas, no tienen que decir “la gran oración”. No pueden llevar filacterias, ni recitar la bendición de la mesa. Pueden orar desde casa, en lugar de ir a la sinagoga.

Todo el pueblo tiene que ir al Templo de Jerusalén, excepto: “sordos, idiotas, niños, hombres con los órganos escondidos, andróginos, mujeres, esclavos, cojos, ciegos, viejos, enfermos y los que no pueden caminar”. Es decir, tienen que cumplir la ley, pero con muchos pretextos se les libera de algunos mandamientos que amplían su horizonte vital.

Se les prohíbe estudiar la Torá, porque se cree que las mujeres son incapaces de comprenderla. El Talmud (comentario de la Ley) dice: “Quien enseña a su hija la Torá es como si le enseñara obscenidades”;“Que las palabras de la Torá sean destruidas por el fuego, antes que enseñárselas a las mujeres”.

A diario, las mujeres oyen a los varones orar en voz alta tres veces al día, dando gracias a Yahvé, porque “me has hecho hebreo, no me has hecho mujer, no me has hecho ignorante”.

En el botín de la guerra, las mujeres aparecen después de los asnos (Números 31, 34-35.39-40).

No tienen derecho a la herencia. Si muere su marido deben casarse son su cuñado para darle descendencia al marido difunto. Si no tienen cuñado, deben volver con su familia, que a menudo no las acepta de nuevo porque se considera una vergüenza esta vuelta. A menudo tienen que dedicarse a la prostitución o se ven envueltas en la pobreza hasta la muerte.

Se les considera responsables del pecado de Adán (Génesis 3), de la muerte, del nacimiento de los demonios y del diluvio (Génesis 6, 5-ss). En caso de peligro de muerte, siempre hay que salvar primero al marido.

Las madres educan a los niños hasta los 7 años. La ley decía: “Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo, le dirás…” (Deuteronomio 6, 20- 25). Las palabras del Señor “las enseñaréis a vuestros hijos y se las repetiréis sin cesar…” (Deuteronomio 11, 19). Los rabinos decidieron que a las hijas no había que enseñárselas, bastaba con lo que buenamente oyeran en la familia o en la sinagoga (si iban algún día).

¿Qué huella dejó María en la formación religiosa de Jesús? ¿Cómo enseñaría María a orar a Jesús? Pensemos en el paralelismo entre el Magníficat y la exclamación de Jesús sobre lo que Dios revela a los pobres y sencillos (Lucas 10, 21) o en la importancia que le dan los dos a hacer la voluntad de Dios (Lucas 22, 42)

Ahora sabemos, gracias a la psicología, la importancia que tiene la educación en los niños y niñas, sobre todo en los primeros años de vida. Jesús, como varón judío, deja a un lado el sistema de reflexión sobre la Torá, que consiste en transmitir fielmente las enseñanzas recibidas, dándole mucha importancia a la casuística. En el Evangelio se ve claramente cómo varias veces los fariseos intentan envolverle en esa forma de razonar: por ejemplo, si una mujer se ha quedado viuda varias veces ¿quién será su marido tras la muerte?

Jesús centra su predicación en una Buena Noticia. El día que predica por primera vez en una sinagoga quieren despeñarlo (Lucas 4, 29-30) porque se atreve a anunciar un año de gracia, pero silencia “el día del desquite de nuestro Dios”.

Para que el mensaje lo comprenda la gente sencilla, pone ejemplos significativos en la vida diaria de las familias, especialmente las tareas que realizan las mujeres. Es un lenguaje que escandaliza a sus oyentes y expresa la densidad teológica que tiene la vida diaria. Por ejemplo:

  • El drama que le supone a una pobre vecina del pueblo el perder una monedita de su dote. Las mujeres suelen colgar algunas de esas monedas en los bordes del pañuelo que se ponen en la cabeza, y pueden utilizar esas monedas, en caso de ser repudiadas por su marido. La alegría que siente esa mujer le ayuda a Jesús a explicar una alegría más profunda.
  • A Jesús, siendo niño, le tuvo que asombrar el efecto que produce la levadura en la masa. No sabemos lo que le explicó María, pero cuando Jesús quiso hablarnos de la desmesura del Reino nos pone el ejemplo de una mujer que mete levadura ¡en 42 kilos de harina!
  • Todos los niños y niñas ven remendar a sus madres y abuelas. La túnica que los varones reciben a los 13 años, al celebrar su mayoría de edad, sirve para cubrirse, como manta por la noche, para cargar algunos productos… De tanto uso, se rompe a menudo y se remienda una y otra vez. Muchas personas no pueden permitirse el lujo de hacer o comprar otra y usan la misma túnica hasta que son enterrados con ella. Jesús nos habla de ese paño viejo que no admite remiendos de tela nueva, para que comprendamos la novedad de la Buena Noticia y del Reino y no intentemos poner remiendos a algo que se ha quedado viejo.
  • La túnica de Jesús la echan a suertes, antes de ejecutarlo, para no romperla en varios trozos, porque es una prenda valiosa.
  • En Israel se usa mucho la sal: a) sirve para frotar a los bebés recién nacidos y evitarles infecciones; b) da sabor a las comidas; c) se usa como moneda (el salario); d) conserva los alimentos en salazón y así es útil en los viajes (por ejemplo, el pescado); e) echando una capa de sal sobre los campos y huertas se destrozan los cultivos de los enemigos, etc. La sal se convierte para Jesús en un símbolo claro y significativo de lo que supone vivir siendo “sal de la tierra”
  • Es francamente revolucionario que un maestro (rabí) hable de los sentimientos de las mujeres que van a dar a luz.
  • Habla de Yahvé haciendo referencia a experiencias de la vida cotidiana: Un juez injusto, un banquete de bodas, etc.

María tiene que dar un paso de gigante: siente sobre ella el peso de la ley judía y, al mismo tiempo, va sintonizando con la Buena Noticia que predica su hijo. Va dando pasos, dejando lo viejo y entrando en lo nuevo; y no puede poner remiendos, como en una tela vieja, ni echar el vino nuevo en un odre viejo.

La actitud de María, en medio de las múltiples dificultades de su tiempo, puede ayudarnos a vivir hoy el discipulado y el paso de lo viejo a lo nuevo, personalmente y en la comunidad, parroquia, grupos, etc.

 MARÍA, MADRE DE UN HIJO DIFÍCIL

María es la madre de un varón judío; según lo que se considera valioso en su tiempo, no tiene motivos para sentirse orgullosa de él, al contrario, Jesús hace sufrir a su madre, por muchos motivos:

Jesús no tiene esposa. La ley dice que si a los 20 años no te has casado y no tienes hijos, tus vecinos deben maldecirte públicamente, porque no colaboras al engrandecimiento del pueblo. En caso de que fuera a causa de un defecto físico, había que demostrarlo. Leer más…

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Recordatorio

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