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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

El Amor

Sábado, 21 de octubre de 2017

Del blog Nova Bella:

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El amor es nuestro verdadero destino.

No encontramos el sentido de la vida por nuestra cuenta,

lo encontramos junto a alguien.

*

(Los hombres no son islas)

***

El amor es una escuela donde se descubren los amantes

y con sumo cuidado se modelan.

*

(Seis cartas nocturnas)

*

Thomas Merton,

***

 

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Las huellas

Sábado, 21 de octubre de 2017

huellas-de-camelloUn gran amigo es Hermanito de Foucault. Desde los dieciocho años va contemplando y buscando a Dios. Su primer trabajo fue cuidar camellos en el desierto. Y para ello, se especializó en conocer y buscar huelas de camello en la arena. Me quedé impresionado. ¿Cómo se pueden conocer las huellas de cada camello…? Esto viene muy bien. Muchas veces me lamento de que es muy difícil ver las huellas de Dios en la vida.

Todo es cuestión de entrenamiento. Conocer cómo se manifiesta Dios, cómo deja sus huellas y luego… a buscar.

Dios nos dice Jesús que se manifiesta especialmente en las personas. Y entre ellas, en las más pobres. Cómo verle en el preso, en el hambriento, en el enfermo, en el ignorante… Vista y acción. Sin duda yo creo que lo primero es conocerle dentro de mí, en mis pobrezas y miserias.

Es curioso, nunca lo había pensado. Las huellas son el casco del pie al revés. Igual es cuestión de ver la parte positiva al ver las señales. Puede parecer feo, pero le doy la vuelta y siempre veo lo positivo: los animales, o las personas, que han pasado por ahí me hacen pensar en las maravillas que soportan esos pies, en el peso, el cuerpo, la inteligencia….

Dios se hace presente, deja su marca, en la belleza de la naturaleza. Y también en lo que no vemos pero se revela… Ahora me toca jubilarme. Es la parte inversa de la vida. Ya no son ilusiones, actividades, fuerza, coraje… Es ver los resultados de toda una vida. Y las huellas son cansancio, dolores, disminuciones… ¿Y si me fijo y recuerdo lo que ha producido esas huellas que ahora tengo? Una mano de labrador está llena de callos. ¡Qué hermosura, qué grandeza, qué obra de arte!

Cada vez que vea alguna carencia en las personas, algún detalle de fracaso, dolor, marginalidad, voy a pensar en quienes produjeron esas huellas. Quizás otras personas con su trato, con su estilo de vida, con su riqueza produjeron esa marginación. Para que unas personas vayan corriendo a 120 por hora, muchas tienen que ir a pie, en autobús, en animal, o a velocidades cortas.

Me resulta más difícil ver las intenciones de las personas, que las huellas de los camellos.

Es cuestión de mirar siempre las huellas. Detrás hay toda una vida, una intencionalidad. Y sobre todo, una persona. Por eso es tan importante llegar a la persona, a quiénes produjeron esos frutos.

Y por supuesto, voy a intentar ver lo bonito en todo porque “mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura y yéndolas mirando, vestidas las dejó de su hermosura”.

Necesito tiempo para aprender a conocer las huellas del camello, para reconocer la presencia de Dios que está en todas las cosas y personas.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , , ,

Amabilidad

Viernes, 20 de octubre de 2017

Del blog Lo que me gusta y no me gusta:

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Mejor echar algo de menos

que acabar echándolo de más;

llegar al punto en que la ternura

se convierte en amabilidad.

*

Lucía Etxebarria

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“La mente y la realidad”, por Enrique Martínez Lozano.

Viernes, 20 de octubre de 2017

1_mente-alberoI. EL MUNDO QUE TOMAMOS POR REAL ES UNA CREACIÓN DE LA MENTE

La mente no puede captar lo real, porque la trasciende por completo. Lo más que puede hacer es elaborar sistemas de creencias a partir de lo que constituye su primer postulado: la idea del propio yo.

El resultado es que todas las personas creen estar en la verdad. Y en cierto modo es así: cada una tiene la suya. Sin embargo, ninguna “verdad” sustentada por la mente es real. Es solo una construcción mental, que proyecta “fuera” lo que ella percibe. Y de esa manera crea un mundo acorde con sus propias creencias, juicios, preferencias…, para terminar concluyendo que eso es verdad. Y ciertamente lo es para quien se halla en ese nivel, pero no tiene nada que ver con lo real.

Del mismo modo que el inconsciente crea todo un mundo onírico que, mientras dormimos, tomamos como verdadero –el único verdadero en ese momento–, la mente crea el mundo de vigilia que, mientras permanecemos en el nivel mental, se nos antoja completamente objetivo. Sin embargo, ambos son solo apariencia. De hecho, basta simplemente despertar para percibir su inconsistencia. Eran “verdaderos” en su nivel, pero no reales, sino meras construcciones mentales.

Decía que esa construcción gira en torno a un eje central: la creencia de que somos el yo individual que nuestra mente piensa. Eso explica que nos tomemos todo personalmente, y que vivamos preocupados por la suerte que pueda correr ese yo.

Tan asumida tenemos esa creencia que vivimos en la idea de que yo soy el centro del universo, la persona más real e importante que existe. Un egocentrismo de ese calibre nos resulta socialmente repulsivo y por eso no presumimos de él. Pero eso no niega que la mente nos configure de esa manera. Incluso quien se rebele contra esta afirmación convendrá en que no ha tenido ninguna experiencia de la que no haya sido el centro absoluto. Es así: todo lo demás –lo que llamamos el “mundo”, en el sentido más amplio del término- se encuentra “fuera”; lo que vivimos nosotros viene revestido de una impresión de certeza inmediata e irrevocable. ¿Cómo no habríamos de considerarnos el “sujeto” de todo el universo?

Sin embargo, esa misma idea del yo –y nuestra identificación con él- es ya una construcción mental, la primera. Porque lo que llamamos “yo” no es sino un pensamiento más, creado por la mente –que se apropia de sus contenidos, identificándose con ellos- y sostenido por la memoria.

II. LO REAL ES LO QUE ES

La simple constatación de que el yo es solo un pensamiento más, el primero de todos, tendría que ayudarnos a aflojar la identificación egoica. Entonces seríamos capaces de tomarnos con humor, reírnos de nosotros mismos y aceptar con sencillez que también nuestro ego, como todos los humanos, puede sentir frustración, decepción, fracaso, dolor… y muerte. Dejaríamos de tomarnos todo personalmente y, en paralelo, soltaríamos la pretensión (inconsciente) que nos situaba en el ombligo del cosmos. El alivio que ello produce no es menor, ya que aprendemos a mirar todo lo que nos sucede como si no nos sucediera a nosotros.

Y en realidad es rigurosamente así: porque no somos ese yo al que le ocurren todo tipo de cosas. Al descubrir su carácter de constructo mental, advertimos que el yo es solo “una ilusión óptica de la consciencia” (Einstein). Es “verdadero” para quien permanece en el nivel mental, pero no es real.

Desenmascarado el sueño del yo, queda al descubierto también la irrealidad del nivel aparente (mental). Quien se halla en él no podrá advertirlo, del mismo modo que quien duerme no alcanza a ver la irrealidad de su sueño. Por eso, se afanará en aquello en lo que considera que le va la vida. Y será esa misma ignorancia la que se convierta en fuente constante de sufrimiento y de alienación, tal como expresaba el sabio Nisargadatta: “Compare usted la conciencia y su contenido con una nube. Usted está dentro de la nube, mientras que yo la miro. Está usted perdido en ella, casi incapaz de ver la punta de sus dedos, mientras que yo veo la nube y otras muchas nubes y también el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas. La realidad es una para nosotros dos, pero para usted es una prisión y para mí un hogar”.

Si el mundo que pensamos es solo una construcción mental, verdadero en esa dimensión, pero carente de realidad, ¿qué es entonces lo real? La respuesta, de tan simple, parece infantil: Lo real es lo que es. La vida sin más añadidos, que se despliega constantemente dando lugar a infinitas formas. Del mismo modo que la materia es, en último término energía, y esta a su vez es solo información (consciencia), todas las formas que perciben nuestros órganos neurobiológicos y que nuestra mente conceptualiza o modula, no son sino Vida (pura consciencia de ser).

A partir de esta comprensión, cae el yo y todos sus sistemas de creencias. Dejas de vivir en la mente y de girar alocado en torno a los intereses del ego, para anclarte en la consciencia de ser. Importa poco cómo le vaya a tu yo. Lo que eres –la Vida- se halla siempre a salvo.

No solo aprendes a fluir con la Vida, rindiéndote a su Sabiduría, sino que sabes que tú eres la Vida misma. Todo es como tiene que ser –algo que en el nivel mental suena escandaloso- y tú también.

Ahora bien, descubrir que el mundo mental es irreal, no significa negarlo ni desinteresarse. Tales actitudes serían igualmente “mentales”, nacidas de un ego más o menos decepcionado. La sabiduría consiste en reconocerse en el plano profundo –en la certeza de que nuestra identidad es la Vida misma- y, desde ahí, vivir el despliegue del mundo aparente, en un sí constante a la Vida, en un “vivir viviendo” que no necesita aferrarse a ningún sistema de creencias, porque reconoce que la Vida no las necesita.

Enrique Martínez Lozano

Boletín Semanal

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad ,

Hablemos, Parlem

Jueves, 19 de octubre de 2017

Del blog Nova Bella:

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Primo Levi nos ha recordado, al inicio de su obra “Si esto es un hombre”, que cuando la intolerancia hacia el “otro” o el “diverso” se transforma en un diseño político estamos, todos, amenazados de muerte. Por eso hace falta no bajar la guardia, no infravalorar palabras o gestos que contribuyen a fomentar el odio o la violencia.

*

Nuncio Ordine,
Corriere della Sera, 23 gennaio 2015

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Foto Shangay

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“Mesa compartida, sí. Ni sacrificio, ni sacerdocio”, por José María García-Mauriño.

Jueves, 19 de octubre de 2017

eucaristia0Todas las culturas tienen su religión. Todas las religiones tienen su sacerdocio. Esta institución, la religión, tiene la tarea de mediación entre los dioses y el pueblo. Los dioses imponen su voluntad a la gente, tienen que cumplir las normas que provienen del Olimpo. Y el que no las cumpla es objeto de castigo, personal o socialmente. Se castiga a los individuos y al pueblo entero que no cumplen sus mandatos. Las enfermedades son un “castigo” divino, personal. Las tormentas, la sequía, son un castigo colectivo. Así, Júpiter, el rey de los dioses, se “enfada” enviando rayos y truenos, al territorio de un pueblo que no obedece sus órdenes. Entonces, el sacerdote ofrece sacrificios para aplacar la ira de los dioses. El sacerdote es un ser especial, apartado de la gente, una persona sagrada y consagrada para ejercer un culto a los dioses. Es una persona que tiene poder para tener propicios a los dioses, celebrando cultos, sacrificios, ritos expiatorios, como la inmolación del cordero pascual. Se le da carácter divino, como personas escogidas por dios. Existe, pues, una relación entre el sacerdote, el sacrificio y el pueblo. El acceso al dios se realiza mediante los ritos que el sacerdote ofrece a los dioses, en reparación por los pecados. El sacerdote está más cerca del dios que el resto de la gente. Por eso, se acude a él y le ofrecen dones, animales, dinero, etc. para estar a buenas con dios.

Esta mentalidad ancestral es la que se ha trasladado al cristianismo. El sacerdocio hace de mediación entre Dios y la comunidad cristiana. El sacerdocio de Cristo es el único mediador entre el Padre y los fieles. Los fieles han pecado, han desobedecido órdenes, mandatos, (los 10 mandamientos), y necesitan una reparación para no cargar con la ira de Dios (“ab ira tua, libera nos, Domine”. “De tu ira líbranos Señor”, ¿recuerdan?) La muerte de Cristo, dicen algunos teólogos, es una reparación sacrificial por nuestros pecados. Esto es lo que dice la teología tradicional. “Dios no perdona ni a su propio Hijo y lo entrega por todos nosotros”. La idea de que Dios necesita del sacrificio y muerte, para perdonar los pecados, es sencillamente repugnante. ¿Qué clase de Dios es éste? ¿Acaso la muerte de Cristo fue un sacrificio sacerdotal? Recuerdo la grandiosa afirmación del profeta Oseas (6, 6): “Misericordia quiero y no sacrificios”.

Las primeras comunidades judeocristianas asocian la celebración eucarística con los sacrificios del AT que están muy presentes en su cultura religiosa. Eran práctica habitual en el templo de Jerusalén. No podía ser de otro modo. Seguían lo ritos propios de las religiones antiguas. Durante mucho tiempo se decía, y todavía se sigue repitiendo, que Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Todo esto se ha ido fraguando en el cristianismo, y surge la imagen de la Eucaristía como sacrificio. Se repite el tema de las religiones: la liberación del pecado por medio del rito de la muerte. Se ha dicho con machacona insistencia por teólogos, pastores y el pueblo cristiano que el culto al que hay que asistir los domingos y fiestas de guardar, le llamen el “santo sacrifico de la Misa”. Resulta sorprendente la cantidad de veces que se emplea la palabra sacrificio en los textos de la Misa.

Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso. El Señor reciba de tus manos este sacrificio

En la Plegaria Eucarística II, se dice textualmente:

“Así, pues, Padre, 
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo, 
de su admirable resurrección y ascensión al cielo, 
mientras esperamos su venida gloriosa, 
te ofrecemos, en esta acción de gracias, 
el sacrificio vivo y santo.

De nuevo, el sacrificio. Pero continúa la Plegaria

“Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, 
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación 
quisiste devolvernos tu amistad,…”

Estas frases suenan a blasfemia: Dios nos devuelve su amistad gracias a la inmolación de una víctima que es su Hijo… El Hijo es sustituido por el Cordero. Y el cordero hay que inmolarlo en el altar de los sacrificios para aplacar al Dios que está enojado con su pueblo por sus pecados ¿Tan cruel es Dios? ¿Necesita la sangre y la sangre de su Hijo, para recuperar la amistad con los seres humanos (SH)? El Dios de Jesús no necesita sangre para perdonar los pecados. Jesús fue ejecutado, no “sacrificado”. Se ha sustituido el altar por la mesa. El sacrificio, por el disfrute de la mesa compartida, es decir, por la comensalía, en la que se comparte la comida para todos, que nadie pase hambre en el mundo, se comparte la vida, para todos los seres humanos, porque todos son hijos de Dios.

El rito, el culto religioso, que se realiza es para establecer o restablecer, la comunicación con Dios. Cristo estableció una comunicación perfecta, directa y definitiva entre el SH y Dios. No necesita de mediaciones. Jesús, al morir como murió, no ofreció a Dios, ni un rito religioso, ni una ceremonia sagrada, ni un culto reparador, sino que se ofreció a sí mismo. No ofreció sangre de animales, ni pan ni vino, sino que ofreció su vida, su propia sangre. Su ofrenda consistió en ofrecer su propia humanidad. Jesús rompió con las normas y prácticas religiosas, porque para él lo importante no son los ritos sagrados que le relacionan con Dios, sino la relación humana solidaria entre todos los seres humanos en la realidad de la vida, la fraternidad universal. Lo importante en cualquier religión, no es Dios, sino la gente, las personas. Dios no necesita nuestra adoración, ni nuestra alabanza ni nuestro servicio, ni nuestros ritos. Para muchos jerarcas, sacerdotes y teólogos, el culto es el centro de la religión. Es lo que pasa en muchas religiones que el culto lo es todo. En la iglesia católica actual el culto tiende a ser casi la única expresión de la iglesia.

La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los seres humanos otro camino de relación con Dios, distinta del culto, de lo sagrado, distinta de los ritos y ceremonias religiosas. Es decir, el camino sencillo de la relación con el prójimo que no pasa por la Ley. Y la relación ética, no religiosa, vivida como servicio al prójimo y llevada hasta el sacrificio de uno mismo. Jesús abrió otra vía de acceso a Dios a través de su propia persona, aceptando pagar con su vida al combatir esa creencia de que el culto religioso de los sacerdotes tenía el monopolio de la salvación. La salvación venía de otra parte. Jesús denunció los abusos del poder religioso y del poder político. “Jesús dejó sentado que el camino hacia Dios no pasa por el Poder, ni por el Templo, ni por el Sacerdocio, ni por la Ley. Pasa por los excluidos de la historia.” (González Faus) En adelante ya no hay sacerdocio que valga. La comunicación con Dios es una relación filial, de Padre a Hijos, no de mediación sacerdotal. Ni el sacerdocio personal, ni el llamado sacerdocio de los fieles.

Sacerdocio, propiamente tal, no existe ninguno en la Iglesia. En todo el N.T. sólo se habla de sacerdocio cristiano aplicándolo a Cristo, pero en el sentido de una transformación revolucionaria en el concepto mismo de sacerdocio. Porque el sacerdocio de Cristo no es un sacerdocio ritual, sino existencial. Es decir, se trata del sacerdocio que se realiza y se vive en la existencia entera. No limitado a los ritos y ceremonias del Templo y del culto sagrado.

En la Iglesia se empezó a hablar de sacerdocio en el s. III, aplicado a los dirigentes (presbíteros) de las comunidades. Hay una alusión en la 1 Carta de Pedro donde se habla de un “pueblo sacerdotal”, pero eso no pasa de ser una pura denominación. Y además una usurpación que hizo la Iglesia de algo que correspondía, más bien, al judaísmo.

El sacerdocio de los fieles, del pueblo de Dios, es una de tantas interpretaciones, bonita, pero innecesaria. ¿Qué intermediación o qué sacrificio ofrecen? La comunidad como tal no es tampoco mediadora entre Dios-Padre y los creyentes. Son los creyentes mismos los que se relacionan directamente con Dios. La religión que Dios quiere, la comunicación con Dios que nos ha dejado Jesús como horizonte, es el culto, personal y comunitario de la propia vida, la vida honrada, honesta, bondadosa, compasiva, servicial y solidaria.

José María García-Mauriño

Enero de 201

Fuente Fe Adulta

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , ,

Oh Mi Amor

Miércoles, 18 de octubre de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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En la serie de canciones más bellas que la humanidad ha producido …

Cuando el amor es descrito de tal modo que casi se da a ver para comprender, a coger. Pero es justo para invitarnos a ir más lejos porque ya, más lejos, él nos precede. Pero, todo es claro en nuestro mundo por primera vez en mi vida, puedo ver, puedo sentir, … Todo está ya ahí, nada hay que conquistar. Justo aceptar y abandonarse. Todo es claro en mi corazón …

 

Oh Mi Amor

Oh my love for the first time in my life
My eyes are wide open
Oh my lover for the first time in my life
My eyes can see

Oh mi amor por primera vez en mi vida
Mis ojos están muy abiertos
Oh mi amor por primera vez en mi vida
Mis ojos pueden ver

I see the wind, oh I see the trees
Everything is clear in my heart
I see the clouds, oh I see the sky
Everything is clear in our world

Veo el viento, oh veo los árboles
Todo es claro en mi corazón
Veo las nubes , oh veo el cielo
Todo es claro en nuestro mundo

Oh my love for the first time in my life
My mind is wide open
Oh my lover for the first time in my life
My mind can feel

Oh mi amor por primera vez en mi vida
Mi mente está muy abierta
Oh mi amor por primera vez en mi vida
Mi mente puede sentir

I feel the sorrow, oh I feel the dreams
Everything is clear in my heart
I feel life, oh I feel love
Everything is clear in our world

Siento el dolor, oh siento los sueños
Todo es claro en mi corazón
Siento vida, oh siento amor
Todo es claro en nuestro mundo

*

John Lennon

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“Biblia e ideología de género”, por Carlos Osma

Miércoles, 18 de octubre de 2017

holi-2460509_960_720De su blog Homoprotestantes:

En la inmensa mayoría de las lecturas que se hacen del texto bíblico encontramos lo que nosotras llamaríamos una ideología heterocentrada. Digo nosotras llamaríamos, porque por mucho que nuestras hermanas y hermanos en la fe estén cada vez más obligadas a definirse como heterosexuales, lo hacen por la presión que realizamos. Si no fuera por nuestra pesadez, no serían hetero nada, ni defenderían ideología alguna, porque lo suyo lo definen como naturaleza, biología, y no sé cuantas absurdeces más. Pero nosotras ponemos al descubierto que hay una ideología tras sus planteamientos que se puede resumir con las dos afirmaciones siguientes: Si una persona nace con un pene, es un hombre, y se siente atraído por las mujeres; y si por el contrario nace con una vulva, es una mujer, y se siente atraída por los hombres. Cierto es que esta ideología no niega que existan otras posibilidades, pero como cualquier otro sistema represivo, quienes no encajan son considerados enfermas, pecadores, pervertidas, peligrosos, y se toman medidas contra ellas.

Creo que el texto bíblico debería leerse desde otras ideologías más liberadoras que no creen víctimas, ya que no entiendo cómo se puede afirmar que la Biblia es un texto liberador, y al mismo tiempo utilizar una ideología opresora para interpretarlo. La ideología es un medio del que por una parte no podemos escapar, ya que siempre reflexionamos desde una de ellas, pero que no limita completamente, ya que podemos cambiar de ideología si esta se revela como opresora y tenemos otras a nuestro alcance que no lo son, o al menos, no lo son tanto.

Mucho se comenta en los entornos cristianos sobre la peligrosísima y diabólica ideología de género, sin embargo, a uno le da un poquito de vergüenza escuchar a sus representantes en entrevistas o artículos hacerse las víctimas y llamando al Armagedón con un discurso que deja claro que no saben de lo que están hablando. Por esa razón he pensado (imagino que lo de haber sido profesor de escuela dominical te marca para toda la vida) que podría hacer una pequeña introducción para que por lo menos cuando nos insulten (eso lo van ha hacer de todas formas), si leen este artículo, lo hagan con el vocabulario adecuado. Así que, para no hacer este artículo interminable, me voy a centrar en los conceptos más básicos que utilizan los estudios de género, y los voy a relacionar también de una manera sencilla con una lectura no heteronormativa del texto bíblico.

Distinguimos cuatro ejes, el primero de ellos sería el sexo biológico y se refiere a nuestras características físicas-biológicas, es decir que tiene que ver con nuestros órganos, hormonas, cromosomas… Así que en cuanto al sexo biológico si por ejemplo el apóstol Pablo nació con pene, y supiésemos con seguridad que sus cromosomas eran XY, podríamos decir que Pablo era macho. Pero si por una de esas casualidades a pesar de tener un pene, sus cromosomas eran XX, estaríamos ante una persona intersexual1 en el Nuevo Testamento. Así que para empezar la única herramienta hermenéutica que justificaría dar por hecho que Pablo era macho, sería un análisis cromosómico, lamentablemente (o afortunadamente) no tenemos sus restos mortales y en el siglo primero no se realizaban estudios cromosómicos. De todas formas, creo que en el caso de que Pablo fuera intersexual (algo que deberíamos dar por hecho quienes apostamos por hacer de la Biblia un lugar liberador para todas, sobre todo para las minorías que padecen discriminación), no creo que añadiese o quitase valor alguno a sus afirmaciones más controvertidas, o a su visión sobre la justificación por la fe, a menos que los análisis cromosómicos se conviertan ahora en legitimadores de teologías (tiempo al tiempo). Reconozco que puede parecer poco verosímil que Pablo naciera con vulva y cromosomas XX, es decir, que fuese una hembra. El entorno judío (y no judío) no era nada propicio en estas situaciones, aunque a quienes nos encanta Barbra Streisand su película Yentl nos haga creer que todo es posible. Quizás Pablo fue una Yentl desde que nació, y sus textos más misóginos tengan un origen en la autonegación. Sé que es una propuesta arriesgada, pero no me negarán que si hubiera sido así, sus palabras en la carta a los Gálatas: “No hay macho ni hembra porque todos sois uno en Cristo Jesús”, alcanzarían todo su sentido. Para quienes en este momento se estén rasgando las vestiduras, les diré que se pregunten si cuando ellas dan por sentado que Pablo era un macho, no introducen en el apóstol ideas y categorías actuales que nada tienen que ver con la autocomprensión del propio Pablo. Al menos en mi reflexión la teología ficción no pretende engañar a nadie, y su única voluntad es muy evangélica: la liberación.

El segundo eje es el género, y tiene que ver con la manera con la que nos sentimos, la forma en la que nuestro cerebro interpreta quienes somos dentro de las propuestas que nos son dadas. Así por ejemplo la reina Esther podía ser una mujer, pero no porque tuviera una vulva, dicho de otra forma, la reina Esther no tenía que pararse a pensar que tenía entre las piernas para saber que era una mujer (imagino que mis lectoras tampoco lo harán), sino que su cerebro se entendía de esa manera. De la misma manera quizás podríamos entender que Ruth era un hombre, pero por haber nacido hembra fue obligado a asumir las obligaciones sociales que le fueron impuestas. ¿Quién puede demostrar que no fue así? ¿Quién necesita que Ruth fuera una mujer para que su historia y su ejemplo puedan considerarse dignos de estar recogidos en el Canon? El texto bíblico, a diferencia de la mayoría de sus intérpretes, no se introduce en el cerebro de Ruth para aclararnos cuál era su género. Pero para nosotros Ruth por él mismo y por su ejemplo, era divino, y si se percibía a sí mismo como un hombre, pues estaría dando voz a tantos y tantos de ellos que a lo largo de la historia han tenido que luchar como él para sobrevivir. Para simplificar las cosas, acabaré este segundo eje explicando que nada nos impide pensar que José, el hijo de Jacob, era genderqueer, es decir, que no se sentía del todo cómodo con los conceptos hombre/mujer que había a su alrededor. Quizás fue esa la razón por la que era capaz de soñar e interpretar imposibles. Quizás por eso despertó la envidia de sus hermanos, que necesitaban que José fuera un hombre como ellos. La túnica de colores con la que se vestía era un reflejo de la diversidad que era capaz de albergar, así lo entendió su padre cuando se la regaló, o el Faraón cuando al nombrarlo gobernador de Egipto, le hizo vestir con ropas de lino fino y puso un collar en su cuello. Ninguno de los hombres que lo rodearon al nacer, era como José, ni tampoco las mujeres. Él fue sin embargo el escogido de Dios, porque Dios no necesita un género determinado para manifestarse.

El tercer eje es la expresión de género y tiene que ver con los roles tradicionales que expresan el género. Según estos roles, nosotras podríamos entender que el Dios de Jesús es femenino, ya que se comporta con los roles que en nuestra sociedad (hoy y a esta hora) se asocian con la feminidad: amor, cuidado, protección, perdón, debilidad, tolerancia, etc. De aquí podríamos inferir que los roles masculinos tan presentes hoy en el cristianismo, quizás no tiene mucho que ver con el Dios Padre de Jesús, y que lo que se demanda de cristianos y cristianas es que nos feminicemos para parecernos más a ese Dios que el Jesús crucificado nos revela. Por otro lado también podríamos decir que Débora, jueza de Israel, era masculina, una líder del pueblo que impartía justicia, que llamaba a la guerra en nombre de Dios, y que tomó a diez mil hombres bajo su mando para luchar y vencer a los cananeos. Personalmente creo que muchas personas, independientemente de si son hombres, mujeres o genderqueer, cuando llegan a lugares de responsabilidad dentro de las comunidades cristianas, lo hacen con una expresión de género masculina. El llamado a la guerra contra las personas lgtbi nace también de esta manera masculina de entender el cristianismo, cuando lo que urge para seguir al Dios de Jesús, es feminizarlo. No tenemos demasiados indicios en los evangelios sobre la expresión de género de María Magdalena, aunque todo el mundo da por hecho que era femenina (incluso los más literalistas), sin embargo nada nos impide pensar al leerlos que fuera una persona andrógina, es decir que se comportaba indistintamente, o según el contexto, de manera masculina o femenina. Y es que al final, cuando de la necesidad se hace virtud, muchas personas son capaces de sentirse cómodas en los roles que supuestamente no les corresponderían. Y el valor que tiene el testimonio de María Magdalena, no reside en si era fiel a la expresión de género que se le imponía, sino en su voluntad de seguimiento de Jesús hasta la cruz. Demostrando valor, empatía, fuerza, o cuidado.

En último lugar, el cuarto eje es la orientación sexual, en este caso todo gira alrededor de las personas por las que sentimos atracción sexual. Si suponemos que el rey David era bisexual (porque nos da la gana y porque lo único que nos diferencia de quienes utilizan las lecturas heteronormativas es que nosotras explicitamos que estamos proyectando nuestra ideología), significaría que se sentía atraído tanto por hombres como por mujeres, lo cual explicaría su amor por Jonathan y su relación con otras mujeres. Tampoco hay nada que nos impida creer que la hospitalaria Lidia que encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles era heterosexual, es decir, que se sentía atraída exclusivamente por hombres. Aunque estaría bien recordar que, si suponemos era mujer, la atracción que ella podía sentir no le importaba a nadie. Como tampoco importaba quien le gustaba a María, la madre de Jesús, una joven obligada a casarse mediante un matrimonio concertado con un hombre mayor que ella. Aunque si hay un lugar en la Biblia donde la vemos reflejando amor y cariño por alguien, es cuando visita a su prima Elisabet. Por eso estamos convencidos que si Jesús saltó en su vientre cuando estas se encontraron, es porque fue capaz de conocer el amor sincero, aunque al parecer oculto, entre ambas. No hay ni una sola palabra en el evangelio que nos impida creer que María era lesbiana, es decir: que se sentía atraída por personas de su mismo sexo. Lo mismo podemos decir de su hijo Jesús, (a quienes entendemos) nos resulta más que evidente que era gay, que le atraían los hombres. De hecho, el Evangelio de Juan repite constantemente que Juan era el discípulo al que Jesús amaba (y de una manera diferente al resto). Por tanto afirmar que María y Jesús necesariamente eran heterosexuales, es dejarse llevar por una ideología heteronormativa que pretende borrar de la historia a mujeres y hombres que amaron y gozaron con personas de su mismo sexo. Me podría extender, pero para no aburrir a nadie, y porque mi única intención es animar a mis lectores y lectoras a abrirse a otras lecturas y a ser más libres a la hora de aproximarse a los textos bíblicos (no hay lecturas o aproximaciones opresivas que puedan liberar a nadie), acabaré diciendo que Abel era asexual, una persona que no sentía atracción sexual por nadie, no sabemos si era una fase, si estaba rodeado de tan poca gente que ninguna le“hacia tilín”, o si simplemente el joven no estaba por la labor. Sin embargo, y eso es lo importante, Dios sentía un aprecio especial por él (algo que no soportó Caín ¿cuál sería su orientación sexual?).

Sé que me he dejado muchas posibilidades, pero lo más relevante de la llamada “ideología de género” es que invita a todas aquellas personas que no encajan del todo en ninguno de sus modelos, a sumarse, a añadir experiencias, no hay nadie excluido, no hay nadie al que se le pueda decir que está enfermo, o perdida, o que es un depravado. Su voluntad es la liberación, y por eso creo que esta ideología es más útil para las personas que seguimos a Jesús, que la ideología heteronormativa. Esa que excluye y que convierte al cristianismo en algo que nada tiene que ver con el Jesús que nos llamó a todas y todos para construir el Reino, para sumar por la liberación, para amar a quienes son como nosotros, y a quienes son distintas. Así que, si no te has sentido reflejado o reflejada del todo en alguno de los cuatro ejes que he expuesto, o incluso si quieres añadir un eje más, no tienes más que compartir aquí mismo tu experiencia. Seguro que más de una te lo agradecerá.

Carlos Osma
Notas:
1El caso que describo es sólo una posibilidad de intersexualidad. El término en general se utiliza para indicar una variedad de situaciones en las que una persona nace con unas características físico-biológicas que no encajan en los conceptos macho/hembra.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Locutor de silencios

Martes, 17 de octubre de 2017

Del blog Nova Bella:

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Aquellas palabras en el silencio oscuro de la noche brillaban como ascuas celestes, eran pura magia. En aquella voz cada palabra era sagrada. Y también lo eran las pausas, aquél silencio dentro del silencio, como una joya deslumbrante en sus estuche.

*

Luis Landero

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Silencio, por favor

Martes, 17 de octubre de 2017

silencioMariPaz López Santos
Madrid.

ECLESALIA, 09/10/17.- El reloj marcaba las cinco y media de la madrugada. Asomada a la ventada de la cocina con un vaso de agua en la mano, contemplé la luna llena en todo su esplendor, al tiempo que escuchaba el sonido del silencio en la gran ciudad.

De vuelta a la cama pensé: “¡Qué bien vendría un gran espacio de silencio para serenar los ánimos y que pudieran abrirse cauces de diálogo, de palabra serena!”

Necesitamos silencio. Digerir lo que se nos vino encima. Un silencio reparador del que no pueden estar exentos ni los políticos ni los medios de comunicación.

No pude volver a dormir… así que me puse a escribir. En mi ayuda vino William Shakespeare: “Aprender a descifrar lo que escribe el silencio, escuchar con los ojos, es la inteligencia del corazón”. Necesitamos este silencio que dices, William, pero no sabemos lo que es.

“Deja hablar a tu corazón, interroga los rostros, no escuches las lenguas…”, ahora era Umberto Eco el que intentaba espabilar mi ánimo. Pero resonaban dentro de mí palabras, gritos, discursos, proclamas, abucheos, sirenas, desprecios, amenazas… Gracias, Umberto, por tu consejo.

Mi corazón dijo: ¡Silencio, por favor!  Imaginé plazas y calles llenas de gentes en silencio, atentos a la escucha sanadora de las no-palabras, no-gritos, no-discursos, no-proclamas, no-abucheos, no-sirenas, no-desprecios, no amenazas…

El silencio mantenido durante un corto espacio de tiempo me provocó un hondo e  intenso bostezo reparador.

“Mantener el silencio, ¡qué extraña palabra! Es el silencio es que nos mantiene”, susurró Georges Bernanos cuando pasé al lado de un libro y ojeé al azar unas páginas.

Diste en la clave, Bernanos: es el silencio el que nos mantenía desde el origen de la humanidad, dando vigor y permanencia, conservando nuestro ser esencial. El silencio ha desaparecido de nuestras vidas y andamos encorvados y cayendo en los precipicios que vamos creando.

“Nada ha cambiado tanto la naturaleza del hombre como la pérdida del silencio”, aportó Max Picard a esta extraña conversación.

“Sólo el silencio hace posible la escucha, es decir, la recepción en sí no sólo de la Palabra sino también de Aquel que habla” nos vino a compartir Enzo Bianchi. Traducido para todos, creyentes y no creyentes, nos dice que sólo el silencio hace  posible la escucha, es decir, recibir y acoger, dentro de uno mismo, la palabra y a quien la está emitiendo; esperando que el que habló, escuche después la que recibirá de quien le ha escuchado.

Recuperemos el silencio en este tiempo convulso, que sea el primer movimiento que lleve a recuperar el diálogo desde una base sana y pacificadora.

¡Tomen asiento, mírense a la cara y resuelvan la maraña que envuelve a los de siempre: la gente, todos! 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Citas:
Shakespeare, Eco, Bernanos y Bianchi (“ESPERANZAS”, Ed. Lunwerg).
Max Picard (“Le monde du silence”).

Espiritualidad

Héroes

Lunes, 16 de octubre de 2017

Del blog de la Comunidad Anawin de Zaragoza:

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Nuestros héroes no son especiales, son personas como nosotros intentan sobrevivir. Intentan ser felices, hacer las cosas mejor, ser mejores, sentirse mejor. Los héroes no son más especiales ni más valientes que el resto, a fin de cuentas son humanos. Sufren, se rompen, sangran. Pero a veces, de vez en cuando, cuando importa, lo hacen bien y todo cambia. Un héroe también es humano, si ellos pueden hacerlo tú también. Así que sigues adelante, no te rindes, aguantas y luchas. Acudes para salvarlos a todos.

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Anatomía de Grey T13 Ep.11

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“El aprendizaje democrático de las religiones”, por José Ignacio Calleja

Lunes, 16 de octubre de 2017

20131031_011553_1103lipcolCada vez que un atentado yihadista golpea a la vieja Europa, las religiones vuelven a estar en la picota, suscitándose un debate interminable. En absoluto creo que la solución es fácil, pero hay conceptos que, una vez asimilados, ayudan mucho a aclarar la diferencia entre lo legítimo en libertad para cada uno y lo abusivo en particularismos de grupo.

Está de más decir que en el terrorismo yihadista la religión juega un papel subordinado a una estrategia de lucha por el poder político y económico, en el inmenso mundo árabe y musulmán y en el mundo capitalista en cuanto tal. El cruce de intereses geoestratégicos y económicos en la zona es proverbial; las guerras de Afganistán, Irak, Siria, Yemen y, a su modo, Libia y Egipto lo ponen bien a las claras.

Por eso digo que el reclamo sobre la religión, y el muy complejo Islam en particular, juega un papel tan destacado en el imaginario popular como subordinado en la realidad. A mi juicio –y creo mucho en el condicionamiento de las creencias e ideales sobre las reacciones humanas–, la religión desempeña en este caso un papel instrumentalizado por factores materiales mucho más determinantes.

Dicho esto, vuelvo a la vieja y benéfica idea de que hay conceptos éticos y políticos que ayudan a encarar con garantía el lugar de las religiones en las culturas particulares y, a la vez, globalizadas. Tales son los de secularización del mundo y laicidad de la política. Son de origen occidental, es cierto, pero equivocarlos con un nuevo modo de colonialismo de la cultura grecolatina sobre todas las demás, y en particular, sobre la musulmana, es un inmenso error.

Cualquier sistema de creencias religiosas y cualquier cosmovisión no religiosa tienen que confrontarse con esta doble idea. La secularización reconoce que el mundo en todas sus expresiones es mayor de edad y goza de autonomía propia. La ciencia, la política, las artes y la ética, participan de esa mayoría de edad y tienen autonomía. No están sometidas a la tutela de autoridades ajenas que les dictan desde fuera lo que es verdad, lo que es bello, lo que es justo y bueno. No hay religiones que se encarguen por revelación divina de conocer para el mundo de los creyentes o no creyentes, de manera universal, todo eso que llamamos verdad, bondad y belleza. Nadie puede reclamar que –en su cultura–, una religión o una nación definen para todos lo que hemos de saber, lo que hemos de creer, lo que hemos de valorar. El mundo es mayor de edad y autónomo, y lo es a la medida de los humanos. No somos dioses.

Una autonomía que no es absoluta, sino relativa, pero relativa a la dignidad humana que entre todos vamos desvelando en su significado, y así la vamos haciendo ley común. Es el marco de los derechos humanos, cuya interpretación es discutida en no pocos casos, pero de esa discusión sólo se sale por la argumentación filosófica, experiencial y religiosa, por la democracia y, a veces, la objeción de conciencia. Evidentemente, una religión puede pedir de los suyos esta o aquella exigencia más precisa sobre el pensar, el votar o el obrar moral, pero eso, para los suyos, por causa de su fe. A los demás, se lo propone. Alguna vez, la contradicción reclamará la objeción de conciencia, pero nunca el terror y la violencia para imponer el bien según una concepción religiosa o nacional. Ni en la propia cultura ni en la ajena, la religión puede ignorar este proceder. Y si desde dentro de ella, esta idea es inaceptable, el problema es de la religión no de la cultura democrática. (Ahora no hablo de los lastres de ésta).

Y lo mismo viene avalado por el otro gran concepto ético en política, la laicidad. La laicidad de la política como condición formal del procedimiento democrático. Por esta condición, el Estado no tiene una religión propia, ni una cosmovisión no religiosa y alternativa a las religiones. No, el Estado tiene una ley común que se atiene a los derechos humanos y que respeta el libre juego de las concepciones culturales de sus ciudadanos, ¡religiosas o no!, exigiendo de todas argumentos, tolerancia y cumplimiento de la ley democrática.

No hace falta que las religiones o las cosmovisiones no religiosas se escondan, para evitar el conflicto. No sería justo con la libertad. Lo que se requiere es gente –religiosa o no, cristiana o musulmana, agnóstica o atea–, que respeta al mundo en su autonomía o mayoría de edad, ¡el mundo de los iguales en derechos y deberes!, convive y debate en el campo de juego de las leyes comunes, y, si es preciso oponerse al fondo moral de alguna de ellas, lo hace en cauces democráticos y con razones éticas que los demás pueden entender.

No se trata, en suma, de arrinconar las religiones en la conciencia de las personas, o en el pueblo de origen de los refugiados y migrantes, sino de reconocer lo dicho: vienes a un mundo donde la religión es particular y, su traducción a la vida pública, un derecho democrático ejercido en igualdad a los demás ciudadanos; y traducido de un modo que respete la mayoría de edad del mundo, la laicidad del Estado y los derechos humanos fundamentales de todos (y todas). La religión, la nación, la cultura propia y cualquier concepción del mundo, ¡ajena o del lugar!, no conservan derechos que puedan quebrar este doble principió que he querido presentar. Con esto, la religión, cualquier religión y concepción de la vida, está pertrechada para caminar en el laos, el pueblo de los iguales en derechos y deberes, y evitar toda tentación de terror y violencia.

José Ignacio Calleja

Fuente El Correo, vía Fe Adulta

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“Juntos andemos, Señor”… de la mano de Teresa de Jesús

Domingo, 15 de octubre de 2017

Hoy, el Carmelo Teresiano, la Iglesia Católica y muchos creyentes del mundo entero, recordaremos a esta genial mística castellana y española, Teresa de Jesús… Yo os recomiendo vivamente leer sus Obras completas, acercarse a alguna de las buenas biografías que hay en el mercado. Caminemos de la mano de esta mística de la Humanidad de Cristo, maestra de oración que en el capítulo ocho de su autobiografía nos recuerda que, “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5).

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“Estando en la Encarnación el segundo año que tenía el priorato, octava de San Martín, estando comulgando, partió la Forma el Padre fray Juan de la Cruz, que me daba el Santísimo Sacramento, para otra hermana. Yo pensé que no era falta de Forma, sino que me quería mortificar, porque yo le había dicho que gustaba mucho cuando eran grandes las Formas (no porque no entendía no importaba para dejar de estar el Señor entero, aunque fuese muy pequeño pedacico). Díjome Su Majestad: «No hayas miedo, hija, que nadie sea parte para quitarte de Mí»; dándome a entender que no importaba. Entonces representóseme por visión imaginaria, como otras veces, muy en lo interior, y dióme su mano derecha, y díjome: «Mira este clavo, que es señal que serás mi esposa desde hoy. Hasta ahora no lo habías merecido; de aquí adelante, no sólo como Criador y como Rey y tu Dios mirarás mi honra, sino como verdadera esposa mía: mi honra es ya tuya y la tuya mía». Hízome tanta operación esta merced, que no podía caber en mí, y quedé como desatinada, y dije al Señor que o ensanchase mi bajeza o no me hiciese tanta merced; porque, cierto, no me parecía lo podía sufrir el natural. Estuve así todo el día muy embebida. He sentido después gran provecho, y mayor confusión y afligimiento de ver que no sirvo en nada tan grandes mercedes.”

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Rel 35;Cfr 7M 2, 1).

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“Lo que pasa en la unión del matrimonio espiritual es muy diferente: aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual, aunque más delicada que las dichas , como se apareció a los Apóstoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo: «Pax vobis»“. Continúa diciendo sobre esta unión de Dios y el alma: “Es un secreto tan grande y una merced tan subida lo que comunica Dios allí al alma en un instante, y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo comparar, sino a que quiere el Señor manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual“. *

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 Moradas. 7, capítulo 2, núm 2,3

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Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.”

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(Libro de la Vida, capítulo 9,1)

“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejara yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo, que no me tornase a levantar, con darme Vos siempre la mano; y muchas veces, Señor, no la quería, ni quería entender cómo muchas veces me llamabais de nuevo.

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(Libro de la Vida, capítulo 6,9)

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“Juntos andemos Señor.

Por donde vayas tengo que ir,

por donde pases tengo que pasar.”

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(Camino de Perfección 21, 26)

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En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

“El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:

-“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.”

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.”

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.”

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Mateo 22,1-14

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“Invitación”. 15 de octubre de 2017. 28 Tiempo ordinario. Mateo 22, 1-14

Domingo, 15 de octubre de 2017

matrimoniogay1Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?

Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?

Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.

Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.

El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.

José Antonio Pagola

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“A todos los que encontréis, convidadlos a la boda”. Domingo 15 de octubre de 2017. 28º domingo de tiempo ordinario

Domingo, 15 de octubre de 2017

51-OrdinarioA28Leído en Koinonia:

Isaías 25,6-10a: El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros.
Salmo responsorial: 22: Habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Filipenses 4,12-14.19-20: Todo lo puedo en aquel que me conforta.
Mateo 22,1-14: A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.” Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. [Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.”]

El Salmo interleccional y la epístola de Pablo a los cristianos de Filipos ponen de relieve el cuidado y protección de Dios. El primero recurre a las imágenes de pastor y anfitrión señalando el significado del “tú conmigo” (v. 4) en el camino y en el descanso. Por su parte la epístola señala la compañía divina en la vida del apóstol y la seguridad que ella se hará extensiva a los cristianos de la comunidad.

El pasaje del evangelio recurre a la misma imagen y comparte el horizonte universalista. En él podemos distinguir dos partes. En la primera, se presenta el Reino de Dios con ayuda de las acciones de un rey que quiere celebrar la boda de su hijo. Los símbolos de autoridad están expresamente seleccionados ya que esta sección, que tiene lugar en Jerusalén, gira en torno de la autoridad de Jesús.

Para la celebración el rey envía a sus “sirvientes”, en dos oportunidades, a notificar a los que han sido previamente invitados que el banquete está pronto. La reacción es de una violencia creciente.

Ante este fracaso, el rey ordena a los sirvientes de extender la invitación a la gente que está “al extremo de la calle” sin distinción de comportamiento ético, ya que entran al banquete “malos y buenos” (v. 10). La invitación ahora surte efecto ya que la sala se llena de invitados. Se trata de una llamada universal que supera todas las diferencias humanas y que reúne a todos en un mismo banquete.

Esta perspectiva universal, aunque ocasionada por el rechazo de los invitados, va mucho más allá de lo que puede, en el rey, motivar ese rechazo. Se trata de una voluntad salvífica sin límites que aprovecha un momento de hostilidad para manifestarse.

Los vv. 11-14 cambian bruscamente la perspectiva: viene la segunda parte. Aquí se trata de un caso particular de la participación al banquete. El ámbito universal continúa estando presente, pero se subraya la reacción de uno de los comensales.

El cambio de perspectiva toma su punto de partida en la entrada del rey en la sala del banquete. Con esa entrada se señala un acontecimiento decisivo, un juicio que se opera en cada uno de los invitados.

Haber entrado no da derecho automático a permanecer. Para participar plenamente al banquete es necesario haber aceptado el “vestido de fiesta”, el don de la fe. Uno de los presentes, aunque también llamado, no ha endosado el ropaje adecuado, no ha sido capaz del compromiso ético que acompaña a la llamada.

La mudez ante la pregunta del rey, indica la ineficacia de la llamada en tal convidado y motiva la sentencia condenatoria que el rey pronuncia en un juicio instantáneo y decisivo que lo arroja a las tinieblas exteriores, donde reinan el llanto y el rechinar de dientes (v. 13). La tristeza ante Israel por no haber aceptado la invitación puede transferirse a los miembros de la comunidad eclesial que no sean capaces de las exigencias que dimanan de la fiesta. Este destino reservado a los miembros “mudos” de la comunidad, incapaces de producir fruto coherente con su confesión de fe, pretende hacer un llamado concreto a cada uno de los integrantes comunitarios a tomar en serio la invitación que en principio han aceptado.

La advertencia se hace más urgente gracias a la mención del mayor número de los llamados que de los escogidos (v. 14) que no busca determinar número sino fundamentar la seriedad con que se debe tomar la decisión frente al Reino.

El banquete del Reino es un don gratuito de Dios pero exige que cada hombre sea capaz de aceptar la invitación que se le dirige y, llevar una vida coherente con el significado de la invitación. Sólo con esas dos actitudes es posible mantenerse en el ámbito de la gracia divina que aunque ilimitada jamás avasalla la libertad humana.

A pesar de todo lo dicho, no podemos menos de hacernos cargo de la «objeción a la totalidad» que muchos oyentes, personas cultas y con verdadera sensibilidad de hoy, van a sentir ante este texto del evangelio y toda la cosmovisión teológica a la que echamos mano para tratar de explicarla y aplicarla. La sensación cierta, aun en muchos que no acaban de poder expresarla con nitidez, es que este tipo de metáforas globales son profundamente inadecuadas, están gastadas y sobrepasadas, y no sólo no dicen ya nada (por eso necesitan de tanta explicación), sino que resultan ininteligibles, y hasta producen rechazo. Como afirma la teóloga Sally McFague, son metáforas no sólo obsoletas, sino dañinas. Con toda probabilidad Jesús ya no las usaría hoy, y se pasmaría de vernos muchos domingos dando vueltas en torno a ellas, queriendo dar vida a una simbología y una doctrina que está muerta. Es otro tema, muy importante, que tenemos que acostumbrarnos a plantear más y más. Cfr «Hacen falta nuevas imágenes religiosas», Agenda Latinoamericana’2011, p. 228, accesible también en el Archivo digital de la Agenda: servicioskoinonia.org/agenda/archivo Leer más…

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Dom 15.10.17. Al banquete nos llama Jesús. Podemos estropear el banquete

Domingo, 15 de octubre de 2017

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Dom 28, tiempo ordinario. Mt 22, 1-14. Esta parábola viene después de la de los viñadores y, conforme a la visión crítica de P.Meier, de la que hablé el domingo pasado, es una de las cuatro que pertenece a la historia de Jesús, que así aparece como enviado de Dios para anunciar y preparar su banquete de Reino.

Jesús no actúa simplemente por impulso propio, sino que “responde” (22, 1) a la provocación de los que quieren prenderle con una nueva provocación, contando precisamente ahora la historia de un Rey que ofrece el banquete por las bodas de su Hijo, convidando primero a los invitados oficiales, pero llamando después, al ver que ésos le rechazan, a los pobres y perdidos de los campos y caminos (22,1-10).
Esa “historia” (tomada del Q: Lc 14, 16-24) ha sido adaptada por Mateo y colocada en este contexto,
 tras la parábola de los dos hijos (21, 28-32) y de los agricultores (21, 33-44), cuyo argumento retoma y concretiza, añadiendo al fin algunas advertencias contra los nuevos invitados (de su tiempo e iglesia) que no guardan (mantienen) el traje de bodas (22, 11-14).

Es una parábola luminosa e inquietante… Hay un banquete para todos, el banquete de la fraternidad, de la vida compartida, del mundo convertido en Reino. Pero muchos quieren su comida propia, en “pesebre aparte”, para no mezclarse con los otros, para no apestarse.

Es una parábola propia de este tiempo (año 2017), cuando el mundo se divide en banquetes de algunos y miserias de otros, en lucha por un pan que crea guerras en vez de alimentar abrazos y mesas compartidas. Buen domingo a todos.

1. Parábola (22 1-10).

Como he dicho, ella proviene probablemente del Q, pero las variaciones son muchas, no sólo entre Mt y Lc (algunos niegan que haya al fondo un mismo texto), sino entre ellos y Ev.Tom 64, que ofrece una versión alternativa, como iré indicando.

22 1 Y respondiendo Jesús de nuevo, les habló en parábolas diciendo: 2 El reino de los cielos se parece a un hombre rey que hizo las bodas para su hijo. 3 Y mandó a sus siervos para que llamaran a los invitados a las bodas, pero no quisieron venir. 4 Volvió a mandar otros siervos, encargándoles que les dijeran: He aquí que tengo el banquete preparado, he matado terneros y reses cebadas, y todo está dispuesto. Venid a las bodas. 5 Pero ellos, no haciendo caso, se fueron: uno a su propio campo; otro a su negocio; 6 y los restantes, echando mano a los siervos, les maltrataron hasta matarles.‒ 7 Pero el rey montó en cólera, y, enviando a su ejército, destruyó a aquellos asesinos y prendió fuego a su ciudad. 8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas están preparada, pero los convidados no eran dignos. 9 Id pues a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda. 10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y la sala de bodas se llenó de comensales .

El banquete como signo del Reino de Dios o de la culminación escatológica aparece en varios lugares del Antiguo Testamento y de la tradición apocalíptica. Un texto a menudo evocado es Is 25, 5-10, donde se dice que el Señor de los ejércitos prepara en el Monte Sión un festín de manjares suculentos, aniquilando allí a la muerte. En ese contexto suelen citarse también unas palabras de Zac 9, 16: ¡Qué espléndido será, qué hermoso! El trigo hará florecer a los jóvenes, el mosto a las doncellas! (Zac 9, 17) .

Ese banquete se sitúa sobre el Monte Sión, que Is 2, 1-5 presentaba como centro de reconciliación universal (¡de las espadas forjarán arados!). En esa línea avanzan las Parábolas de Henoc (1 Hen 37-71), del tiempo de Jesús, hablando de un banquete del Hijo del Hombre como salvador escatológico: «Dios habitará con ellos; morarán y comerán con este Hijo del hombre, se acostarán y se levantarán por los siglos» (1 Hen 62, 7-14). También los libros tardíos de la apocalíptica (Ap. de Baruc, 4º Esdras), escritos a finales del I dC, siguen destacando la abundancia del banquee final (cf. ApBar 29, 5-8) .

((El símbolo del banquete mesiánico/escatológico está en el centro del mensaje y vida de Jesús, como he destacado al comentar las multiplicaciones (14, 15-21; 15, 32-38; cf. Jn 6, 1-5), que la tradición cristiana ha presentado con rasgos pascuales y eclesiales, aunque es evidente que en su fondo late un recuerdo histórico, vinculado a las comidas de Jesús con pecadores y excluidos, invitándoles al Reino (cf. 11, 19). Mateo sabe que ese Banquete ha de ser universal, abierto a la muchedumbre, superando los sacrificios del templo de Jerusalén, y los convites rituales (puros) de los grupos separados, como los fariseos (haburot) y esenios de Qumrán (cf. 8, 11-12). ))

Evangelio de Tomás

Esta parábola contiene un recuerdo original de Jesús, que puede y debe situarse en el contexto de su misión final, quizá durante su ascenso a Jerusalén, tras la culminación (¿fracaso?) de su mensaje en Galilea, con el recuerdo de la misión y llamada de Dios por los profetas. Así lo ha destacado EvTom 64, que entiende este motivo de manera más intimista, aunque al fin añade, de modo sorprendente, el logion de los mercaderes y compradores que no entrarán en el Reino de mi Padre .

Dijo Jesús: «Un hombre tenía invitados. Y cuando hubo preparado la cena, envió a su criado a avisar a los huéspedes. Fue (éste) al primero y le dijo: Mi amo te invita. Él respondió: Tengo (asuntos de) dinero con unos mercaderes; éstos vendrán a mí por la tarde y yo habré de ir y darles instrucciones; pido excusas por la cena. Fuese a otro y le dijo: Estás invitado por mi amo. Él le dijo: He comprado una casa y me requieren por un día; no tengo tiempo. Y fue a otro y le dijo: Mi amo te invita. Y él le dijo: Un amigo mío se va a casar y tendré que organizar el festín. No voy a poder ir; me excuso por lo de la cena. Fuese a otro y le dijo: Mi amo te invita. Éste replicó: Acabo de comprar una hacienda (y) me voy a cobrar la renta; no podré ir, presento mis excusas. Fuese el criado (y) dijo a su amo: Los que invitaste a la cena se han excusado. Dijo el amo a su criado: Sal a la calle (y) tráete a todos los que encuentres para que participen en mi festín; los mercaderes y hombres de negocios [no entrarán] en los lugares de mi Padre» (EvTom 64).

Tomás haevangelio ha interpretado la parábola de un modo intimista, sin relación a la historia de Jesús y al despliegue de su reino. De esa forma opone la llamada de Dios (banquete) y las preocupaciones exteriores: negocios, compra de una casa, matrimonio de un amigo, trabajo en una hacienda… Ciertamente, esos rasgos pertenecen al mensaje de Jesús (cf. Lc 14, 13-20), donde las excusas de los invitados son las mismas (campo, bueyes, boda…). Mateo sólo pone dos excusas (campos, negocios), insistiendo en la historia de la salvación, con la apertura de la Iglesia a los gentiles)) .

Lucas ha situado esta parábola en el contexto general de la llamada de Jesús (Lc 14, 16-24), en el principio del camino que va a Jerusalén (cf 13, 22. 31-35), sin referencia al rechazo de los sacerdotes y escribas, y sin juicio sobre Jerusalén. Mateo, en cambio, la presenta como alegoría de la llamada al Reino, dirigida primero a los invitados (judíos) y luego a todos (en la línea de EvTom 64), dándole al mismo tiempo un tinte apocalíptico: destrucción para aquellos que rehúsan la llamada (22, 7) y para aquellos que aceptándola no se mantienen fieles (añadido de 22, 11-14).

‒ Primera parte: una misión judía (22, 1-5).

Evoca la llamada de Jesús a los invitados (keklhme,nouj: 22, 3; cf. 14, 17) israelitas, a quienes Dios había preparado como pueblo, a través de los profetas. Esta invitación se formula en dos fases: La primera responde de tipo genérico (22, 3), rechazada por los invitados, y otra más concreta (22, 4) e insistente, que ellos rechazan también.

La primera invitación (22, 3) tiene un sentido amplio y, en la perspectiva de Mateo, puede referirse a los profetas, y de un modo más concreto a Jesús y a los primeros ministros del evangelio, que anuncian la pascua, es decir, el banquete del Hijo del Rey a los judíos. En ese contexto se supone que los invitados debían hallarse dispuestos, para compartir el gozo del rey en la boda de su hijo. La segunda (22, 4) puede referirse, ya de un modo más preciso, a los profetas, sabios y escribas que el mismo Jesús pascual sigue enviando a Israel, y que están siendo rechazados por los escribas y fariseos del nuevo judaísmo (cf. 23, 34-35). Leer más…

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Un banquete que termina mal. Domingo 28. Ciclo A

Domingo, 15 de octubre de 2017

banquete-de-bodaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo anterior, la parábola de los viñadores homicidas terminaba diciendo que la viña sería consignada «a un pueblo que produzca sus frutos» (v.43). Algo parecido afirma la parábola de hoy, la de los invitados al banquete, que nos ha llegado a través de Mateo y Lucas. Para comprender el enfoque de Mateo considero esencial tener en cuenta no sólo el texto de Isaías sino también el de Lucas.

El punto de partida: un festín de manjares suculentos (1ª lectura)

La parábola de los invitados a la boda se inspira en un poema del libro de Isaías a propósito del gran banquete que Dios organizará “en este monte”, Jerusalén, que supondrá la alegría, la salvación y la victoria sobre la muerte para todos los pueblos.

            Aquel día,

            el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos,  en este monte,

            un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;

            manjares enjundiosos, vinos generosos.

            Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos,

            el paño que tapa a todas las naciones. 

            Aniquilará la muerte para siempre.

            El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros,

            y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país.

            Aquel día se dirá:

            «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara;

            celebremos y gocemos con su salvación.

            La mano del Señor se posará sobre este monte.»

La reinterpretación irónica de Lucas (Lc 14,15-24)

El texto de Isaías podía provocar en cualquiera el sentimiento que pone Lucas en boca de un oyente de Jesús: «¡Dichoso el que coma en el Reino de Dios!». Entonces Jesús, con gran dosis de ironía y realismo, cuenta una parábola que podemos dividir en dos actos:

Acto I:

un hombre organiza un gran banquete;

envía a un criado a llamar a los invitados;

los invitados se excusan de buena manera.

Acto II:

El hombre, irritado, manda al criado a invitar al banquete a pobres, lisiados, ciegos y cojos;

el criado obedece, pero todavía sobra sitio;

el hombre vuelve a enviarlo «hasta que se llene la casa».

Moraleja:

«Ninguno de aquellos invitados probará mi banquete».

En la versión de Lucas, la parábola contada por Jesús explica por qué en la comunidad cristiana (el banquete) no están los que cabría esperar (los judíos), sino otros (los paganos). Del optimismo exagerado de Isaías pasamos al terrible realismo con que Jesús enfoca siempre las cuestiones.

La reinterpretación más dura y crítica de Mateo

La versión de Lucas podía suscitar en las comunidades cristianas un sentimiento de satisfacción y de falsa seguridad. Para evitarlo, Mateo añade una última escena e introduce también interesantes cambios; los dos actos se convierten cuatro:

            «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda. ” Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

            Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?” El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Acto I:

  Un rey invita a la boda de su hijo;

envía criados (en plural);

los invitados no quieren ir.

Acto II:

El rey vuelve a enviar criados;

los invitados no hacen caso a los criados e incluso matan a algunos de ellos;

el rey mata a los asesinos y prende fuego a su ciudad.

Acto III:

El rey manda a recoger a por las calles a todo, malos y buenos;

La sala se llena de comensales.

Acto IV:

El rey descubre a un comensal sin traje de fiesta;

manda expulsarlo del banquete.

Moraleja:

«Hay más llamados que escogidos».

Mateo ha reinterpretado la parábola a la luz de los acontecimientos posteriores y en clara polémica con las autoridades religiosas judías.

En el Acto I, el protagonista no es un hombre cualquiera, sino un rey (Dios), que celebra la boda de su hijo (Jesús). Y no envía a un solo criado, sino a muchos (referencia a los antiguos profetas y a los misioneros cristianos). Los invitados, en vez de excusarse de buena manera, como en Lucas, simplemente no quieren ir.

Entonces introduce Mateo un acto nuevo (II), donde la invitación del rey encuentra una oposición mucho mayor (incluso llegan a matar a algunos criados) y la reacción del monarca es terrible, porque manda su ejército a acabar con los asesinos y a prender fuego a la ciudad (destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70).

El Acto III también representa una novedad con respecto a Lucas: no se invita a pobres, lisiados, ciegos y cojos, sino a todos, buenos y malos. El enfoque socio-económico de Lucas (en el banquete entran los marginados sociales) lo sustituye Mateo por el moral (todo tipo de personas).

Pero Mateo añade un nuevo Acto, el IV, que es la que más le interesa: un invitado se presenta sin vestido de boda y es echado fuera.

Con estos cambios, la parábola explica por qué la comunidad cristiana está compuesta de personas tan imprevisibles y, al mismo tiempo, contiene un toque de atención para todas ellas. En el Reino de Dios puede entrar cualquiera, bueno o malo. Pero, si se acepta la invitación, hay que presen­tarse dignamente vestido.

Ni frac ni maxifalda

Para entrar en una mezquita hay que descalzarse. Para entrar en una sinagoga hay que cubrirse la cabeza. Para entrar en cualquier iglesia se aconseja o exige un vestido digno. Pero el vestido del que habla la parábola no se mide en centímetros ni se debe caracterizar por su elegancia. Es una forma de comportarse con Dios y con el prójimo. O, utilizando una metáfora de san Pablo, hay que vestirse de nuestro Señor Jesucristo. No es un disfraz. Es un modo de vivir y de actuar que recuerde a los demás, dentro de lo posible, como él vivió y actuó.

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Domingo XXVIII. 15 OCTUBRE, 2017

Domingo, 15 de octubre de 2017

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“Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis convidadlos a la boda. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.”

(Mt 22, 1-14)

Leyendo este evangelio surge una pregunta: ¿no le pasa lo mismo a nuestras eucaristías dominicales? ¡Nuestras fiestas están vacías! Los invitados no quieren venir, pero de momento no nos hemos atrevido a salir a los caminos y llenar nuestras iglesias de “malos y buenos”.

Todo está preparado, pero sin invitados no hay fiesta. Los invitados no quieren venir y demasiadas veces simplemente nos quedamos cada vez más solos con nuestras tristes quejas.

No, las cosas ya no son como eran. La sociedad cristiana del siglo pasado pasó. Y no volverá. Ahora hay que buscar nuevos invitados que harán nueva nuestra fiesta. Hay que salir a los caminos y a las plazas. Es urgente saber de qué tiene hambre y sed nuestra sociedad de hoy.

El cristianismo. El seguimiento de Jesús es mucho más versátil de lo que nos quieren hacer creer. Hay infinidad de maneras de vivirlo con fidelidad y coherencia. Y ha sido precisamente su capacidad de adaptación la que le ha permitido atravesar siglos de historia y fronteras culturales. La esencia de nuestro mensaje cristiano todavía tiene algo que decir. Pero para proclamarlo primero tendremos que sentarnos a escucharlo pacientemente. Para contagiar a otras gentes primero tendremos que estar convencidas.

Tendremos que habernos implicado con esfuerzo en la preparación de esa fiesta para poder salir al camino y convencer a otros para que vengan. Cuando de verdad veamos que hay comida, bebida y espacio para todos, nuestros pies nos conducirán a quienes tiene hambre, sed y soledad. Quien tiene un porqué en la vida siempre encuentra un cómo.

Oración

Trinidad Santa, esperanza activa, despierta nuestra ilusión. Haznos conectar con el amor primero. Que nuestra mirada diga aquello que ninguna palabra puede pronunciar: Que el amor nos mueve.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Todos invitados, solo quedará fuera quien se niegue a entrar.

Domingo, 15 de octubre de 2017

banquete-de-bodas-brueghelMt 22, 1-14

El domingo pasado el simbolismo se tomaba de la viña, hoy la imagen es el banquete. También es un relato polémico que acusa a los dirigentes judíos de haber rechazado la oferta de salvación que Dios les hace por medio de Jesús. Mt se dirige a una comunidad que tenía que superar el trauma de la separación de la religión judía, y el peligro de repetir los mismos errores. Insiste en el tema de la universalidad, que tantos quebraderos de cabeza produjo a las primeras comunidades. No es fácil renunciar a los privilegios.

El texto de Is es una joya. El profeta tiene que hablar a un pueblo que atraviesa la peor crisis de su historia. Lo hace con una visión de futuro muy lúcida. Creo que hoy el texto del AT supera al evangelio, en belleza formal y en mensaje teológico. Naturalmente que es un lenguaje simbólico. Habla de manjares enjundiosos y vinos generosos, de quitar el luto de todos los pueblos, de alejar el oprobio y enjugar las lágrimas de todos los rostros, de aniquilar la muerte para siempre. Bella oferta para el pueblo hundido en la miseria.

Se trata de una salvación total por parte de un Dios, en quien confía el profeta a pesar de las circunstancias adversas. El intento de Is es que todo el pueblo soporte la dura prueba, confiando en su Dios, en cuyas manos está su futuro. Lo verdaderamente importante del relato de Is; el chispazo apuntado que tenemos que descubrir, es éste: Dios salva a todos. Y digo apuntado, porque también allí se ponen condiciones: los que no son judíos, se ven obligados a venir a “este” monte (Jerusalén) para encontrar salvación.

En el AT, el banquete designa los tiempos mesiánicos. Para Jesús significa el Reino de Dios. Para los que pasan hambre diariamente, el banquete puede ser una ocasión única para quitar las penas. En concreto, el banquete de boda era la única ocasión que tenía el pueblo sencillo de celebrar una fiesta y olvidarse de la dura realidad de una vida cuyo primer objetivo era llenar el estómago. Naturalmente no se trata más que de una metáfora para indicar que Dios está dispuesto a saciar los anhelos del ser humano.

También hoy, Mt alegoriza el relato y lo completa con la segunda parte (ausencia del vestido de boda) que no está en Lc. Es el Padre el que invita a la boda de su Hijo. Los primeros invitados son los jefes religiosos judíos que se negaron a aceptar el mensaje de Jesús. El prender fuego a la ciudad hace una alusión clara a la destrucción de Jerusalén. Los nuevos invitados son todos los seres humanos, sin importar ni raza ni condición social y, lo que es más escandaloso, sin importar si son buenos o malos.

Podemos pensar que en el relato, leído literalmente, existe una distorsión del mensaje de Jesús. El Dios de Jesús no es un señor que monta en cólera y manda acabar con aquellos asesinos. Esto no tiene nada que ver con la idea que Jesús tiene de Dios, pero responde muy bien al Dios del AT que a su vez refleja la manera de ser del hombre, proyectada sobre Dios. Es una pena que sigamos insistiendo hoy en esa idea de Dios.

Tampoco el añadido del individuo que no llevaba traje de fiesta, tiene mucho que ver con el evangelio. Si salen a los cruces de los caminos para llamar a toda la gente que encuentren, ¿Qué sentido tiene que se le exija un vestido de boda? ¿Es que la gente va por los caminos vestidos de boda? Puede hacer referencia a la túnica blanca que se entregaba a los recién bautizados. Claro que la intención del evangelista es buena, pero se ha entendido literalmente y nos ha metido por callejones sin salida.

El texto quiere evitar malas interpretaciones de la pertenencia a la comunidad. Era muy fácil entrar a formar parte de la comunidad y aprovechar todas las ventajas sin vivir de acuerdo con el evangelio. Es fácil confesarse creyente, pero nada más difícil que entrar en la dinámica del evangelio. No basta pertenecer a una comunidad. Solo el que de verdad se revista de Cristo (Pablo) puede estar seguro de entrar en el Reino. Dios no toma represalias contra nadie. Solo se queda fuera el que se niega a entrar.

El mensaje de las lecturas de hoy tiene una acuciante actualidad. Dios llama a todos, hoy como ayer. La respuesta de cada uno puede ser un sí o un no. Esa respuesta es la que marca la diferencia entre unos y otros. Si preferimos las tierras o los negocios, quiere decir que es eso lo que de verdead nos interesa. El banquete es el mismo para todos, pero unos valoran más sus fincas y sus negocios y no les interesa. Todo el evangelio es una invitación; si no respondemos que sí con nuestra vida, estamos diciendo que no.

Cuando el texto dice que los primeros invitados no se lo merecían, tiene razón, pero existe el peligro de creer que los llamados en segunda convocatoria son los que lo merecían. El centro del mensaje del evangelio está en que invitan a todos: malos y buenos. Esto es lo que no terminamos de aceptar. Seguimos creyéndonos los elegidos, los privilegiados, los buenos con derecho a excluir: “fuera de la Iglesia no hay salvación”.

Como parábola, el punto de inflexión está en rechazar la oferta. Nadie rechaza un banquete. Ojo a los motivos de los primeros invitados para rechazar la oferta. La llamada a una vida en profundidad queda ofuscada, entonces y ahora, por el hedonismo superficial. El peligro está en tener oídos para los cantos de sirenas, y no para la invitación que viene de lo hondo de nuestro ser que nos invita a una plenitud humana. La clave está en descubrir lo que es bueno y separarlo de lo que es aparentemente bueno.

No puede haber banquete, no puede haber alegría, si alguno de los invitados tiene motivos para llorar. Solamente cuando hayan desaparecido las lágrimas de todos los rostros, podremos sentarnos a celebrar la gran fiesta. La realidad de nuestro mundo nos muestra muchas lágrimas y sufrimiento causados por nuestro egoísmo. Seguimos empeñados en el pequeño negocio de nuestra salvación individual, sin darnos cuenta de que una salvación que no incorpora la salvación del otro, no es cristiana ni humana.

Dios no nos puede dar ni prometer nada, porque ya nos lo ha dado todo. Nuestra propia existencia es ya el primer don. Ese regalo está demasiado envuelto, podemos pasar toda la vida sin descubrirlo. Esta es la cuestión que tenemos que dilucidar como cristianos. El problema de los creyentes es que presentamos un regalo excelente en una envoltura que da asco. No presentamos a la juventud un cristianismo que lleve a la felicidad humana, más allá de las trampas en las que hoy caen precisamente la mayoría de los jóvenes.

Efectivamente, es la mejor noticia: Dios me invita a su mesa. Pero el no invitar a mi propia mesa a los que pasan hambre, es la prueba de que no he aceptado su invitación. La invitación no aceptada se volverá contra mí. Sigue siendo una trampa el proyectar la fiesta, la alegría, la felicidad para el más allá. Nuestra obligación es hacer de la vida, aquí y ahora, una fiesta para todos. Si no es para todos, ¿quién puede alegrarse de verdad?

Meditación

He aceptado la invitación de Dios cuando invito a los demás.
Mientras haya una sola persona que no come,
el banquete del Reino estará incompleto.
Yo tengo que trabajar para que todos puedan disfrutar de la fiesta.
Soy yo el que tengo que eliminar todas las lágrimas
Yo tengo que desvelar la verdad para que llegue a todos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Boda

Domingo, 15 de octubre de 2017

maxresdefaultEste amor nuestro es sencillo como una canción (R. Tagore)

15 de octubre. Domingo XXVIII del TO

Mt 22, 1-14

Por tanto, id a los cruces de caminos y a cuantos encontréis invitadlos a la boda

En la primera lectura de este domingo, encontramos la más grande promesa a Israel en el AT: Dios salvará a su pueblo: “celebremos y festejemos su salvación”, canta el profeta. En el Nuevo, la oferta se extiende al mundo entero“Id por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad” (Mc 16, 15). Proclamación que debe hacerse principalmente con nuestro modo de vivir. Una manifestación festiva y atrayente de nuestras creencias y un mensaje del Creador para que vivamos alegres, como dicen José Enrique Galarreta y Pedro Olalde.

Pero para entrar en este banquete de bodas, que es el reino, Shökel nos dice al comentar esta parábola que: “es necesario un estilo de vida que ponga en práctica las enseñanzas de Jesús”.  En la película sueca (2004) Tierra de ángeles del director Kay Pollak, dice Daniel al Coro: “Está todo dentro. Encontrad vuestra voz verdadera, la que vibra en vuestro interior. Encontrad el tono”. El protagonista es un músico de prestigio internacional que se hace cargo de dirigir el Coro de la iglesia local, lo que desata cambios emocionales en él, en todos los miembros del coro, en los habitantes del lugar e incluso en el ministro de la parroquia.

El Bhagavad Guita -la más querida de las escrituras de la India-  es un profundo tratado acerca de la unión con Dios y, al mismo tiempo, una receta imperecedera cuya finalidad es alcanzar el éxito equilibrado y la felicidad en la vida cotidiana”.

Esta vertiente gozosa de todo acontecimiento nupcial los expresa divinamente la canción La Paloma, escrita por el compositor español Sebastián de Iradier (1809-1865):

“Si a tu ventana llega / una Paloma, / trátala con cariño / que es mi persona. / Cuéntale tus amores, / bien de mi vida, / corónala de flores / que es cosa mía”.

Dios ha engendrado a Israel a través de un proceso de elección y llamada, en línea de Amor: “Me casaré contigo para siempre”, dijo Dios a Israel en Oseas Cap. 2. Y yo me atrevo a transferir sus palabras a Jesús, y haré mía la canción “Nada hará cambiar mi amor por ti”, de Sergio Dennis. Y con él le diré que

“Tal vez nuestro camino no sea fácil
pero estaremos juntos, tu luz me guiará.
Y donde yo esté serás mi estrella, mi calor,
mi buen amor; sé que tu luz me guiará”.

Rabindranath Tagore escribió este verso en uno de los poemas de El Jardinero: “Este amor nuestro es sencillo como una canción”.

En todos estos textos se pretende esa situación de la Iglesia que el teólogo alemán Bernhart Häring (1912-1998) calificó de patológica, y con el que yo tuve el privilegio de compartir estancia en Roma durante la celebración del Concilio Vaticano II. Su currículum avala sus palabras: profesor de moral en las mejores universidades católicas y protestantes del mundo, consultor de papas, de episcopados y centros médicos católicos, catedrático eximio y pastor incansable, hombre de altísima espiritualidad, a quien Pablo VI, después del concilio, invitó a predicarle a él y a toda la Curia unos ejercicios espirituales.

Uno de los protagonistas -un chino- de la ópera La Reina de las Hadas, del compositor inglés Henry Purcell (1659- 1695) la belleza y alegría que pueden cautivar los sentidos, aunque solo la bondad gana el corazón.

“Sí, Dafne, en tus facciones encuentro

los encantos que han cautivado mi corazón.

Que tu desdén no deje en libertad al cautivo

que tus ojos han hecho.

La que en amor se defiende,

se protege de la flecha más segura.

La belleza puede cautivar los sentidos,

pero sólo la bondad gana el corazón”.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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