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“Juntos andemos, Señor”… de la mano de Teresa de Jesús

Domingo, 15 de octubre de 2017

Hoy, el Carmelo Teresiano, la Iglesia Católica y muchos creyentes del mundo entero, recordaremos a esta genial mística castellana y española, Teresa de Jesús… Yo os recomiendo vivamente leer sus Obras completas, acercarse a alguna de las buenas biografías que hay en el mercado. Caminemos de la mano de esta mística de la Humanidad de Cristo, maestra de oración que en el capítulo ocho de su autobiografía nos recuerda que, “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5).

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“Estando en la Encarnación el segundo año que tenía el priorato, octava de San Martín, estando comulgando, partió la Forma el Padre fray Juan de la Cruz, que me daba el Santísimo Sacramento, para otra hermana. Yo pensé que no era falta de Forma, sino que me quería mortificar, porque yo le había dicho que gustaba mucho cuando eran grandes las Formas (no porque no entendía no importaba para dejar de estar el Señor entero, aunque fuese muy pequeño pedacico). Díjome Su Majestad: «No hayas miedo, hija, que nadie sea parte para quitarte de Mí»; dándome a entender que no importaba. Entonces representóseme por visión imaginaria, como otras veces, muy en lo interior, y dióme su mano derecha, y díjome: «Mira este clavo, que es señal que serás mi esposa desde hoy. Hasta ahora no lo habías merecido; de aquí adelante, no sólo como Criador y como Rey y tu Dios mirarás mi honra, sino como verdadera esposa mía: mi honra es ya tuya y la tuya mía». Hízome tanta operación esta merced, que no podía caber en mí, y quedé como desatinada, y dije al Señor que o ensanchase mi bajeza o no me hiciese tanta merced; porque, cierto, no me parecía lo podía sufrir el natural. Estuve así todo el día muy embebida. He sentido después gran provecho, y mayor confusión y afligimiento de ver que no sirvo en nada tan grandes mercedes.”

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Rel 35;Cfr 7M 2, 1).

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“Lo que pasa en la unión del matrimonio espiritual es muy diferente: aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual, aunque más delicada que las dichas , como se apareció a los Apóstoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo: «Pax vobis»“. Continúa diciendo sobre esta unión de Dios y el alma: “Es un secreto tan grande y una merced tan subida lo que comunica Dios allí al alma en un instante, y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo comparar, sino a que quiere el Señor manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual“. *

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 Moradas. 7, capítulo 2, núm 2,3

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Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.”

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(Libro de la Vida, capítulo 9,1)

“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejara yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo, que no me tornase a levantar, con darme Vos siempre la mano; y muchas veces, Señor, no la quería, ni quería entender cómo muchas veces me llamabais de nuevo.

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(Libro de la Vida, capítulo 6,9)

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“Juntos andemos Señor.

Por donde vayas tengo que ir,

por donde pases tengo que pasar.”

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(Camino de Perfección 21, 26)

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En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

“El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:

-“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.”

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.”

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.”

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Mateo 22,1-14

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Pedro, portavoz de Satanás, y la parábola del maletín y el joyero. Domingo 22. Ciclo A

Domingo, 3 de septiembre de 2017

el-joyero-y-el-maletin-domingo-22-ciclo-amaletinDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En el evangelio del domingo anterior, Pedro, inspirado por Dios, confiesa a Jesús como Mesías. Inmediatamente después, dejándose llevar por su propia inspiración, intenta apartarlo del plan que Dios le ha encomendado. El relato lo podemos dividir en tres escenas.

1ª escena: Jesús y los discípulos (primer anuncio de la pasión y resurrección)

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro acaba de confesar a Jesús como Mesías. Él piensa en un Mesías glorioso, triunfante. Por eso, Jesús considera esencial aclarar las ideas a sus discípulos. Se dirigen a Jerusalén, pero él no será bien recibido. Al contrario, todas las personas importantes, los políticos (“ancianos”), el clero alto (“sumos sacerdotes”) y los teólogos (“escribas”) se pondrán en contra suya, le harán sufrir mucho, y lo matarán. Es difícil poner de acuerdo a estas tres clases sociales. Sin embargo, aquí coinciden en el deseo de hacer sufrir y eliminar a Jesús. Pero todo esto, que parece una simple conjura humana, Jesús lo interpreta como parte del plan de Dios. Por eso, no dice a los discípulos: «Vamos a Jerusalén, y allí una panda de canallas me va a perseguir y matar», sino «tengo que ir» a Jerusalén a cumplir la misión que Dios me encomienda, que implicará el sufrimiento y la muerte, pero que terminará en la resurrección.

Para la concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto resulta inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. La expresó un profeta anónimo, y su mensaje ha quedado en el c.53 de Isaías sobre el Siervo de Dios.

2ª escena: Pedro y Jesús (vuelven las tentaciones)

Jesús termina hablando de resurrección, pero lo que llama la atención a Pedro es el «padecer mucho» y el «ser ejecutado». Según Mc 8,32, Pedro se puso entonces a reprender a Jesús, pero no se recogen las palabras que dijo. Mateo describe su reacción con más crudeza:

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

― ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

― Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

         Ahora no es Dios quien habla a través de Pedro, es Pedro quien se deja llevar por su propio impulso. Está dispuesto a aceptar a Jesús como Mesías victorioso, no como Siervo de Dios. Y Jesús, que un momento antes lo ha llamado «bienaventurado», le responde con enorme dureza: «¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar!»

Estas palabras traen a la memoria el episodio de las tentaciones a las que Satanás sometió a Jesús después del bautismo. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Y Jesús, que no vio especial peligro en las tentaciones de Satanás, ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, como ante el demonio; no aduce tranquilamente argumentos de Escritura para rechazar al tentador, sino que está llena de violencia: «tú piensas como los hombres, no como Dios.» Los hombres tendemos a rechazar el sufrimiento y la muerte, no los vemos espontáneamente como algo de lo que se pueda sacar algún bien. Dios, en cambio, sabe que eso tan negativo puede producir gran fruto.

Esta función de tentador que desempeña Pedro en el pasaje y la reacción tan enérgica de Jesús nos recuerdan que las mayores tentaciones para nuestra vida cristiana no proceden del demonio, sino de las personas que están a nuestro lado y nos quieren. Frente a una mentalidad que mitifica y exagera el peligro del demonio en nuestra vida, es interesante recordar este episodio evangélico y unas palabras de santa Teresa que van en la misma línea. Después de contar las dudas e incerti­dumbres por las que atravesó en muchos momentos de su vida, causadas a veces por confesores que le hacían ver el demonio en todas partes, resume su experiencia final: «…tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo; porque él no me puede hacer nada, y estotros, en especial si son confe­sores, inquietan mucho, y he pasado algunos años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir» (Vida, cap. 25, nn.20-22).

3ª escena: Jesús y los discípulos (parábola del maletín y el joyero)

Entonces dijo Jesús a sus discípulos:

― El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

            No se conocían de nada, sólo les unió compartir dos asientos de primera clase. Ella colocó en el compartimento un elegante estuche con sus joyas. Él, un pesado maletín con su portátil y documentos de sumo interés. El pánico fue común al cabo de unas horas, cuando vieron arder uno de los motores y oyeron el aviso de prepararse para un aterrizaje de emergencia. Tras el terrible impacto contra el suelo, ella renunció a sus joyas y corrió hacia la salida. Él se retrasó intentando salvar sus documentos. El cadáver y el maletín los encontraron al día siguiente, cuando los bomberos consiguieron apagar el incendio. Extrañamente, ella recuperó intacto el estuche de sus joyas.

En tiempos de Jesús no había aviones, y él no pudo contar esta parábola. Pero le habría servido para explicar la enseñanza final de este evangelio. Para entender esta tercera parte conviene comenzar por el final, el momento en el que el Hijo del Hombre vendrá a pagar a cada uno según su conducta. En realidad, sólo hay dos conductas: seguir a Jesús (salvar la vida, renunciando al joyero) o seguirse a uno mismo (salvar el maletín a costa de la vida). Seguir a Jesús supone un gran sacrificio, incluso se puede tener la impresión de que uno pierde lo que más quiere. Seguirse a uno mismo resulta más importante, salvar la vida y el maletín. Pero el avión está ya ardiendo y no caben dilaciones. El que quiera salvar el maletín, perderá la vida. Paradójicamente, el que renuncia al joyero salva la vida y recupera las joyas.

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“Juntos andemos, Señor”… de la mano de Teresa de Jesús

Sábado, 15 de octubre de 2016

Hoy, es la Festividad de Santa Teresa de Jesús,  Ya pasó la celebración del Vº Centenario de su nacimiento. El Carmelo Teresiano, la Iglesia Católica y muchos creyentes del mundo entero, seguimos recordando a esta genial mística castellana y española a lo largo del año… Yo os recomiendo vivamente leer sus Obras completas, acercarse a alguna de las buenas biografías que hay en el mercado y, como no podía ser menos, nosotros también procuramos traer al blog algunos textos que nos ayuden a orar, de la mano de esta mística de la Humanidad de Cristo, maestra de oración que en el capítulo ocho de su autobiografía nos recuerda que, “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5). Si sirve para estar horas y horas con el Amado, nos sentiremos satisfechos. Hoy comenzamos con ese deseo de “andar juntos“.

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Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.”

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(Libro de la Vida, capítulo 9,1)

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“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejara yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo, que no me tornase a levantar, con darme Vos siempre la mano; y muchas veces, Señor, no la quería, ni quería entender cómo muchas veces me llamabais de nuevo.

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(Libro de la Vida, capítulo 6,9)

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“Juntos andemos Señor.

Por donde vayas tengo que ir,

por donde pases tengo que pasar.”

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(Camino de Perfección 21, 26)

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Arcópoli celebra el Día del Libro recordando a Cervantes, bisexual

Sábado, 23 de abril de 2016

CartelCervantesBisexualFELGTBPequeñoLa asociación de la Comunidad de Madrid reivindica este 23 de abril al autor de El Quijote destacando sus relaciones con hombres y mujeres.

Este año de 2016 el movimiento LGTB celebra el Año por la visibilidad Bisexual, y desde la Comunidad de Madrid la asociación Arcópoli quiere celebrar el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes reivindicándolo como referente bisexual. Si bien es cierto que la etiqueta identitaria no es aplicable a la época del autor de las Novelas ejemplares, sí es posible encontrar pruebas suficientes de que a lo largo de su vida mantuvo relaciones tanto con hombres como con mujeres.

Aunque se menciona habitualmente su matrimonio con Catalina de Salazar como prueba irrefutable de su heterosexualidad, lo cierto es que la pareja sólo convivió entre 1586 y 1588; y que don Miguel tuvo algunos escarceos con otras personas. El primer varón posiblemente fuera el cardenal Acquaviva, que se prendó de él al conocerlo en Madrid en 1568 y lo contrató como paje en Roma a lo largo de 1570. Después, en su prisión en Argel, la Sodoma de la época, entre 1575 y 1580 el mismo autor nos dice haber cometido “cosas viciosas, feas y deshonestas”, señalando en otra parte que “entre aquellos bárbaros turcos en más se tiene y estima un mochacho o mancebo hermoso que una mujer”. Aunque desde Arcópoli sabemos que resulta imposible demostrar de forma inequívoca la bisexualidad de Cervantes, reivindicamos que tampoco puede comprobarse la heterosexualidad comúnmente aceptada de otros autores y autoras. Si para afirmar que el autor de los Ocho comedias y ocho entremeses era bisexual son necesarias tantas pruebas históricas, exigimos que se ofrezcan las mismas de que personajes como fray Luis, san Juan o santa Teresa eran perfectamente heterosexuales.

Yago Blando, Coordinador de Arcópoli, comenta que “es necesario reivindicar a los grandes escritores y escritoras mencionando todos los aspectos de su realidad. Que Cervantes fuera bisexual es tan relevante como que Lope fuera un hombre muy mujeriego, pero al explicar en los institutos la literatura española sólo se comentan las peripecias heterosexuales de algunos autores. Resultó muy difícil revindicar a Lorca como autor visiblemente gay, y hoy, Día del Libro, en el Año de la Bisexualidad, es importante empezar a rescatar la realidad vital de Cervantes y poder afirmar sin ningún problema que mantuvo relaciones con hombres y mujeres. Nuestra juventud bisexual merece crecer pudiendo reconocerse en el autor de El Quijote. No podemos dejar a Cervantes en un lugar del armario de cuyo nombre no queremos acordarnos“.

Fuente Arcópoli

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El corazón transverberado: “Mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado”…

Miércoles, 26 de agosto de 2015

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Hoy, el Carmelo Teresiano celebra la Festividad de la Transverberación de Teresa de Jesús. Traemos uno de los textos que quizá mejor reflejan ese ansia de lo divino que mueve a Teresa y que encuentra en la  Humanidad de Jesús… No es necesario añadir nada, ella misma nos relata este místico acontecimiento:

“Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan.

Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento” (Vida 29,13)

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También lo plasmó en poesía:

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“Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.”

*

Teresa de Jesús

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Inaugurada en Ávila la edición de las Edades del Hombre dedicada a Santa Teresa en su Vº Centenario.

Miércoles, 25 de marzo de 2015

Cartel_TJMO_webLa reina inauguró Las Edades del Hombre en Ávila y Alba de Tormes

Doña Sofía: “Santa Teresa se lo merece”

La 19ª edición de esta macroexposición está dedicada al Centenario de la Doctora de la Iglesia

Ávila es la única sede que repite una exposición de Las Edades del Hombre

Las Edades del Hombre unen Ávila y Alba de Tormes en torno a Teresa

Más de 10,5 millones de visitantes han acudido a contemplar las más de 4.000 piezas expuestas, lo que ha constituido a su vez, una ocasión propicia para reforzar su preservación, pues se han llegado a restaurar más de 2.000 obras de arte

La reina Sofía inauguró este lunes la exposición de Las Edades del Hombre visitando en Ávila las sedes de la capilla de Mosén Rubí y la iglesia de San Juan. En un acto en el que estuvo acompañada de numerosas autoridades, entre ellos el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, la reina destacó a la salida que, aunque no había visto toda la exposición, “vale la pena de verdad”, y reseñó el “esfuerzo muy grande” realizado aunque Santa Teresa “se lo merece”, concluyó.

Antes había visitado dos de las sedes abulenses donde, acompañada por uno de los comisarios de la muestra, Juan Dobado, se pudo acercar a las obras expuestas de los capítulos segundo, tercero y cuarto que contienen un acercamiento al Carmelo, el contexto en el que vivió La Santa, el origen de su fundación y el capítulo central donde se hablar del acercamiento a Cristo a través de la oración.

Tras la última edición en Aranda de Duero, en Burgos, son ya 19 las exposiciones realizadas en estos 26 años, que no solo han recorrido los lugares y monumentos más emblemáticos de la Comunidad, sino que se han abierto al exterior, con citas significativas en Amberes y Nueva York.

Más de 10,5 millones de visitantes han acudido a contemplar las más de 4.000 piezas expuestas, lo que ha constituido a su vez, una ocasión propicia para reforzar su preservación, pues se han llegado a restaurar más de 2.000 obras de arte, además de haber rehabilitado y puesto en valor una veintena de templos.

Las cuatro sedes en las que tiene lugar la exposición son el Convento de Nuestra Señora de Gracia, la Capilla de Mosén Rubí y la iglesia de San Juan Bautista -estas tres, en la ciudad de Ávila- y la Basílica de Santa Teresa, en Alba de Tormes. Todos estos espacios estuvieron ligados de una u otra forma a la Santa y a la época en la que vivía.

Este año la temática de la exposición y su carácter conmemorativo ha hecho que las más de 200 obras que forman parte de esta nueva edición de Las Edades del Hombre provengan de todos los rincones de nuestra geografía española (Andalucía, Galicia, Castilla la Mancha, País Vasco, La Rioja, Madrid…). Obras de una calidad excepcional y ejecutadas por artistas de fama universal como Zurbarán, Martínez Montañés, Salzillo, Juan de Juni, Alonso Cano, Lucas Jordán, Ribera, Gregorio Fernández, Luis Salvador Carmona y Goya, entre otros.

La exposición está dividida en cinco capítulos: Capítulo I, ´Os conduje a la tierra del Carmelo´; Capítulo II, ´En la España de la contrarreforma´; Capítulo III, ´Las pobres descalzas de Teresa´; Capítulo IV, ´Maestra de Oración y Capítulo V, Hija de la Iglesia´. El primer capítulo hace referencia a los orígenes de la Orden en la que Teresa de Jesús entró en el año 1535. El capítulo segundo hace énfasis en el momento histórico religioso contemporáneo de la Santa con especial atención a la contrarreforma. El capítulo tercero nos acerca a la orden que ella fundó y a sus hermanas de hábito. El capítulo cuarto nos habla de la meditación, de la oración, de la búsqueda incansable de Cristo a través del Evangelio. El capítulo quinto la presenta como lo que fue, una santa para la Iglesia y para la humanidad.

El capítulo primero se desarrolla en el Convento de Nuestra Señora de Gracia, los capítulos segundo y tercero en la Capilla de Mosén Rubí, el capítulo IV en la iglesia de San Juan Bautista -todos ellos, en Ávila- y el capítulo quinto, en la Basílica de Santa Teresa de Alba de Tormes.

El escapulario que un día recibió San Simón Stock de manos de la Virgen del Carmen, el hábito de descalza, es el símbolo que se ha elegido como imagen de esta exposición. Esta pieza simboliza la fuerza de la reforma emprendida por Santa Teresa, así como un ofrecimiento a la vida religiosa; ideas que el artista Eduardo Palacios ha querido expresar en el dibujo que da origen al cartel anunciador de la exposición.

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“Teresa de Jesús y los dineros”, por José Centeno

Viernes, 26 de diciembre de 2014

Teresa_andariegaLeído en la página web de Moceop

“Siempre he miedo a estos muchos dineros”

Santa, pero mujer. El aspecto más humano de Teresa, la mujer del día a día no se ha dado a conocer a pesar de la abundante información. Es conocida como La Santa, que dicen en Ávila. Sus arrobamientos místicos han obscurecido su gran personalidad humana.

Cualquier santo es tanto más admirado y sugerente cuanto más se le conoce como ser humano. Historiadores, artistas, escritores, pensadores, filósofos, antropólogos, etc. Muchas personalidades, no solo creyentes, también ateos o agnósticos o indiferentes se ha interesado por esta mujer.

Casi siempre se nos ha trasmitido la espiritualidad de los santos desencarnada de su vida diaria y del contexto histórico imprescindible para comprenderles. Cómo son las relaciones de Teresa con su familia, su descendencia judeoconversa, pertenencia a una clase social media acomodada de hijosdalgo, sus relaciones con la aristocracia y altas jerarquías de la Iglesia y del Reino, los libros que leía, su vida juvenil de chica presumida, habladora, que la gustaba ser agradable y relacionarse.

Aunque a algunos no les agrada la palabra, era feminista; protesta en sus escritos contra la baja estima o desprecio que eclesiásticos y civiles tenían de las mujeres, que las sometían a criar hijos, y a la monjas a hilar y a recitar de memoria las oraciones y no a pensar. Abundaron sus quejas contra los inquisidores que prohibieron la lectura no solo de la Biblia, sino también de muchos libros espirituales. Son numerosas sus críticas sociales a la “honra” y a la “casta de los cristianos viejos” y a las apariencias sociales. Para ella no hay ninguna otra honra que las virtudes y ser hija de Dios. Rompe con la costumbre de no admitir monjas que no sean de sangre limpia; de hecho gran parte de las que entraron en sus monasterios eran de familias judeoconversas.

Los dineros están presentes en todos sus escritos. ¿Qué lugar ocupa en la vida de Teresa de Jesús? El dinero, los bienes, las riquezas, las necesidades materiales, la comida, los quehaceres de cada día, están a la orden del día en sus escritos. Teresa de Jesús al ser descendiente de judeoconversos, aunque nunca lo dice abiertamente, está habituada a la mentalidad mercantil propios de los judíos. Pertenece la clase media acomodada. El primer escrito que se conserva de Teresa, cuando tiene 31 años, es una carta al rentero que se hizo cargo del palomar de los Ahumada para decirle hágame merced de pagar el trigo, porque yo no lo tengo, porque el señor Martín de Guzmán (cuñado de Teresa) holgará de ello y lo pagará que ansí se suele hacer. En la última carta escribe también entre otras cosas sobre los dineros.

En sus escritos de todo tipo, no solo en las cartas, también en los más místicos, alude con frecuencia al dinero, a las riquezas, al oro, los diamantes, los bienes, etc. Por ejemplo, dice que el alma es todo un diamante realizado por el Vidriero Divino y con oro de lo más subido. Afirma que las obras divinas son oro, joyas, piedras preciosas. Las obras humanas son “el carnado de cobre”, moneda de ínfimo valor que estaba fuera de curso legal. En las Moradas del Castillo Interior hay una transposición descriptiva de la grandezas y riquezas de los castillos al Castillo o Morada donde habita el Señor Dios Nuestro.

Los dineros saltan en cada página aunque lo grandioso de ella es la profunda o alta espiritualidad de la unión con Dios tal y como escribe en sus libros sobre los distintos grados de la oración, de la unión mística con Dios bajo las palabra de Desposorios y del Matrimonio espiritual con Dios. Sin embargo los dineros o las riquezas son siempre un tema recurrente en su vida y escritos.

Pequeños monasterios de pobreza o de limosna El destino de la mujer era ser esposa, servir al marido y a los hijos o soltera cuidando a los padres o al convento a sirviendo a Dios bajo la vigilancia de los clérigos. No se concebía una mujer sola en la vida. En 1536 con 21 años, Teresa, contra la voluntad de su padre que la buscaba un esposo de su rango, se escapó de casa para ingresar en el convento de la Encarnación. De acuerdo con un hermano “concertamos entrambos de irnos un día, muy de mañana, al monasterio a donde estaba aquella mi amiga que era al que yo tenía mucha afición.

El monasterio de la Encarnación había más de ciento cincuenta mujeres, no todas monjas, porque algunas de familias ricas entraban con sus criadas, recibían visitas de todo tipo en sus celdas que a veces tenían cocina. Otras dormían en pequeñas celdas o dormitorios corridos. La clausura se infringía por cualquier excusa. Había dentro las diferencia de clases de la sociedad. Las “freiras” eran en la práctica sirvientas. Unas vivían muy bien, otras pasando hambre y frío. Más que conventos, eran similares a beaterios donde ingresaban mujeres que se quedaban solteras, o que no querían casarse como le sucedió a Teresa. La vida era muy relajada como en la mayoría de los conventos. Teresa que es muy profunda y radical aspiraba con otras a otro tipo de vida más auténtico. Deciden salirse con algunas y fundar un monasterio que sea casa de oración, contemplación, pobreza y recogimiento.

Una casa para una comunidad de doce o trece monjas, como Jesús y los discípulos. La primera fundación es el monasterio de San José de Ávila en 1562. Quiso que fuera un monasterio en que viviesen de limosnas o de pobreza como le llamaba ella. Tuvo una muy fuerte oposición de la Encarnación y también de ciudad. Estamos en 1562, Teresa tenía 45 años y llevaba 27 años en la Encarnación. Debía obtener un permiso civil y otro del obispo. En aquella segunda mitad del siglo XVI había en el Reino una gran crisis económica por los muchos gastos que ocasionaban las guerras del rey Felipe II. Las autoridades y los demás conventos se resistían a permitir un convento más al que había que sufragar con más limosnas con los muchos que ya había. Las limosnas fueron disminuyendo como veremos más adelante.

Su intención es fundar conventos de pobreza, sin dote, y vivir de limosnas, para evitar la desigualdad que producen las dotes entre las hermanas, Para ello establece sus monasterios en las ciudades más importantes y, salvo alguna excepción, no se plantea fundar en los pueblos. Pero las dificultades económicas atemperó el principio de conventos de pobreza, sin dotes, tenía el peligro de convertirse en albergues de menesterosas. Sus conventos se nutrieron principalmente de mujeres de extracción burguesa. No admitía a analfabetas que no supiesen rezar el oficio divino. Leer más…

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¡Ah pastores que veláis!

Jueves, 25 de diciembre de 2014

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¡Ah, pastores que veláis,
por guardar vuestro rebaño,
mirad que os nace un Cordero,
Hijo de Dios Soberano!

Viene pobre y despreciado,
comenzadle ya a guardar,
que el lobo os le ha de llevar,
sin que le hayamos gozado.
Gil, dame acá aquel cayado
que no me saldrá de mano,
no nos lleven al Cordero:
¿no ves que es Dios Soberano?

Hoy nos viene a redimir
un Zagal, nuestro pariente,
Gil, que es Dios omnipotente.

Mi fe, yo lo vi nacido
de una muy linda Zagala.
Pues si es Dios ¿cómo ha querido
estar con tan pobre gente?
¿No ves, que es omnipotente?

Pues el amor
nos ha dado Dios,
ya no hay que temer,
muramos los dos.

Danos el Padre
a su único Hijo:
hoy viene al mundo
en pobre cortijo.
¡Oh gran regocijo,
que ya el hombre es Dios!
no hay que temer,
muramos los dos.

Mira, Llorente
qué fuerte amorío,
viene el inocente
a padecer frío;
deja un señorío
en fin, como Dios,
ya no hay que temer,
muramos los dos.

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Santa Teresa de Jesús

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“Desprecintar el alma”, por Gema Juan, OCD.

Viernes, 14 de noviembre de 2014

15530507996_6211e372ee_mDe su blog Juntos Andemos:

A Teresa de Jesús le preocupaban los excesos de cordura. Y eso, a pesar de que apreciaba la sensatez y el buen entendimiento, hasta el punto de pensar que si la persona tiene esas cualidades, aunque no «aproveche para mucho espíritu, aprovechará para buen consejo y para hartas cosas, sin cansar a nadie».

Teniendo en cuenta esto, resulta mucho más valiosa su apasionada personalidad. Y tal vez sea por cómo se conjugaban en ella la sensatez y la pasión, por lo que contagiaba a los demás, con tanta fuerza, el amor que ardía en su interior.

Teresa no tuvo miedo a sentir —ese miedo tan frecuente. La escritora Edith Wharton ponía palabra a lo que muchos podrían confesar: «Descubrí en mí tales posibilidades de sentir que temí…». La forma del miedo puede variar, pero aparece en muchas ocasiones, porque sentir es una aventura y nunca se sabe a dónde puede llevar.

El cansancio y la alegría, la decepción y el coraje, la ternura y la desolación… todo lo pudo sentir Teresa. Amó, sufrió y gozó, y lo hizo intensamente, porque era ajena a la indolencia. Pero eso no le iba a bastar: quería sentir a Dios. Y cuando Él la cercó con su amor, se dejó inundar. Así se abrieron todos los poros de su ser. Teresa soltó el corazón, desprecintó su alma y dejó de vivir a resguardo del viento, consciente de que este la podía abrasar.

«Hablar desatinos… ser locos de amor… deleite, suavidad, regalo… gustar». Son incontables las expresiones que emplea para hablar de su vivencia, de la fuerza que tiene en ella la presencia de Dios y de cómo participa todo el ser: «¡Qué metida está el alma y abrasada en el mismo sol», que es Dios. Así siente y así vive Teresa.

«El alma es capaz para gozar del mismo Dios» —escribió. Cuando comprendió esa verdad, cuando se dio cuenta que nadie debía quedar excluido de esta alegría, exclamó: «No querría ver sino enfermos de este mal que estoy yo ahora. Suplico a vuestra merced (P. García de Toledo) seamos todos locos por amor de quien por nosotros se lo llamaron».

«Locos por amor». Por eso escribía sin ningún encogimiento: «El amor es el que habla, y está el alma tan enajenada, que no miro la diferencia que haya de ella a Dios. Porque el amor que conoce que la tiene Su Majestad, la olvida de sí y le parece está en Él y, como una cosa propia sin división, habla desatinos».

Anima a gustar a Dios y saborear sus palabras. Cuando comenta el Cantar de los cantares, dice: «¡Gustad de todas estas palabras». Sentidlas, llevadlas al corazón. Y aún dirá que no habla de «unas devocioncitas del alma, de lágrimas y otros sentimientos pequeños» que por cualquier cosa se desvanecen, sino de un amor verdadero e intenso: «De veras digo gustos, una recreación suave, fuerte, impresa, deleitosa, quieta».

Abrir la puerta entraña un riesgo… el de ser arrebatado. ¿A dónde se puede llegar cuando se permite a Dios desabrochar los corsés íntimos? San Bernardo ya había advertido de lo que puede pasar: «Es un amor violento, devorador, impetuoso… solo se satisface consigo. Confunde los grados, desafía las costumbres, no conoce mesura». De ese amor «tan grande… y ternísimo», habla Teresa: «Es un glorioso desatino, una celestial locura, adonde se deprende la verdadera sabiduría, y es deleitosísima manera de gozar el alma».

Es un amor que no soporta la ausencia ni la separación: «¡Oh, mi suave descanso de los amadores de mi Dios! No faltéis a quien os ama, pues por Vos ha de crecer y mitigarse el tormento que causa el Amado al alma que le desea». Atrevida, y con inmensa ternura a la vez, Teresa dirá a su Señor: «Creo yo, Señor, que si fuera posible poderme esconder yo de Vos, como Vos de mí, que pienso y creo del amor que me tenéis que no lo sufrierais».

Hay más, siempre hay más en Dios. Lo que se sabe, lo que se siente y se dice de Él, apenas es nada. Teresa escribirá: «No os espantéis de lo que está dicho y se dijere, porque es una cifra de lo que hay que contar de Dios».

Por eso, deseaba encontrarse con muchos «locos de amor». Necesitaba compartir la abundancia de su corazón y contagiarla. «¡Oh, qué buena locura, hermanas, si nos la diese Dios a todas!».

Se lamentaba a veces: «Parece se acabaron los que las gentes tenían por locos, de verlos hacer obras heroicas de verdaderos amadores de Cristo». Era esa cordura que tanto temía ella. Una cordura que cortaba las alas, que impedía el bien, el mayor bien: el de unirse a Cristo. Y por eso, no se callaba: «Querémonos mucho; hay muy mucha cordura para no perder de nuestro derecho». Y «derecho» solo hay cuando no se percibe el amor inmenso, el mar desbordado en el que todo está sumergido, para quien de verdad ama.

Teresa decía que «querría dar voces y dar a entender a todos lo que les va en no se contentar con cosas pocas y cuánto bien hay que nos dará Dios en disponiéndonos nosotros». Dios está deseando hacer arder todas las vidas.

Con ese fuego en las entrañas, Teresa quería incendiar todo lo que tocaba. Por eso escribió: «Si pudiese, abrasaría todo el mundo».

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¿Quién vigila y controla a los obispos?

Martes, 11 de noviembre de 2014

Valladolid-0020-Medina-del-Campo.Centro-Cultural-S.Vicente-Ferrer.-Cristo-en-brazos-de-la-Muerte-“Cristo en brazos de la muerte”, de Ricardo Flecha

El problema es que todos los aspectos humanos de Munilla, “siendo importantes y, siendo también parte del rostro de la figura de Munilla, son superficiales y no se adentran en la profundidad del misterio de Munilla“…. Y de esos polvos… estos lodos…

Munilla ideologiza el Evangelio

¿Cómo y por qué fiarse de este obispo?

“Constatamos continuamente que tiene graves deficiencias en su formación teológica y comete frecuentes errores doctrinales”

La Diócesis de Donostia se adentra en el curso 2014-2015 con el Programa Pastoral titulado ‘Dejarnos conducir por Él’, firmado por el obispo José Ignacio Munilla.

(Xabier Larramendi, Noticias de Guipúzcoa).-  Lo tomamos en una parroquia de Gipuzkoa y vemos que previo a los objetivos y acciones hay un capítulo relacionado con la visita Ad Limina en febrero pasado, la visita que los obispos realizan periódicamente al Vaticano para informar de la situación diocesana. Me detendré en un aspecto que, a mi juicio, reviste una especial gravedad.

En la primera parte del documento, José Ignacio Munilla ofrece un resumen de las orientaciones recibidas en Roma. En la descripción y desarrollo de estas “orientaciones recibidas” dedica el último apartado a la Integridad y vivencia de la fe. El obispo transcribe las indicaciones textuales del Cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, en un Memorándum enviado por él, que, entre otras cosas, dice lo siguiente: “Esta Congregación ha animado a los Prelados a ejercitar una constante vigilancia para que los contenidos de la doctrina de la fe sean presentados íntegramente, sobre todo en los Centros Universitarios y en las facultades de Teología”.

Sin duda, Munilla muestra un gran celo al ejercer su “constante vigilancia” en lo que se refiere a los contenidos de la doctrina de la fe, pero muchos albergamos dudas mayores, muy fundadas, de que lo haga por la “integridad” de la fe. En la Diócesis de Donostia se ha extendido la convicción de que su vigilancia es una excusa y ocasión para realizar una limpieza ideológica y purga de quienes no piensan como él. El despido de profesores del Instituto de Ciencias Religiosas es un ejemplo de ello.

La integridad de la fe no es ciertamente el aspecto en el que más acierta el obispo Munilla. Él mismo cae con frecuencia en un adoctrinamiento absolutamente escorado, rayando, dicho con palabras suaves y moderadas, en una parcialización de la fe y, por lo tanto, en una ideologización del Evangelio. El mismo mal del que acusa a otros. He aquí un botón de muestra.

Es el 29 de junio, día de los Apóstoles san Pedro y San Pablo. En la catedral del Buen Pastor tiene lugar la celebración de acción de gracias al finalizar el curso pastoral donde, al mismo tiempo, son ordenados un sacerdote y un diácono. Localizamos en Internet el vídeo donde se ve a Munilla, muy en su estilo, improvisar la homilía con el recurso a algunos apuntes. El obispo sienta desde el comienzo la base de su formulación de la fe. Afirma que todos los aspectos humanos de Jesús “siendo importantes y, siendo también parte del rostro de la figura de Jesucristo, son superficiales y no se adentran en la profundidad del misterio de Jesucristo“.

La primera reacción es de perplejidad, pero no tardamos en pasar al escándalo. Quien haya realizado unos mínimos estudios de Teología se preguntará si esa afirmación no pervierte la fe que confiesa la Iglesia desde sus inicios, Concilio de Calcedonia, y si no niega el contenido del hecho central del cristianismo, que es la Encarnación del Hijo de Dios en la naturaleza humana de Jesús. Es decir, si superficializamos al Jesús humano, estamos superficializando nuestro conocimiento de Dios revelado en Jesús.

Veamos:

1- Los aspectos humanos de Jesús no son “superficiales” sino fundamentales, absolutamente necesarios, pues el Hijo de Dios no se encarna en una idea o concepto abstracto, sino en la humanidad concreta de Jesús.

2- Estos aspectos humanos no son solo “parte del retrato de la figura de Jesús” sino que son precisamente los rasgos en los que se nos revela el Hijo de Dios. Sin esos rasgos humanos, no acontece la revelación de Dios que confiesa la fe cristiana.

3- Frente a la afirmación del obispo Munilla de que los rasgos humanos de Jesús no se adentran en la profundidad del Misterio, hay que decir que son esos aspectos humanos los que nos adentran en la profundidad del Misterio de Dios, de tal modo que si ignoramos al Jesús humano, ignoramos la única vía de conocimiento de Dios que la fe cristiana confiesa como camino al Padre.

4- Por otro lado, si ignoramos al Jesús humano, no podemos seguir a Jesús ni conocer cuál es la misión de la Iglesia en el mundo. Si lo superficializamos estamos afirmando que nuestro seguimiento a Jesús es superficial y también el conocimiento que podemos tener de la misión de la Iglesia.

5- A pesar de la frecuencia con la que Munilla cita al papa Francisco, contradice su mensaje: “La Iglesia ha de llevar a Jesús: este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”, dice en una homilía el papa Bergoglio.

Por todas estas razones el mensaje del obispo Munilla, como tantas otras veces, corre el riesgo de confundir gravemente la fe de los cristianos y cristianas. Por ello, me pregunto, y pregunto a los responsables de la Iglesia: ¿quién tiene la responsabilidad de vigilar las palabras de los obispos y de éste en concreto? No creo que este prelado sea un modelo en la exposición integral de los contenidos de la fe. Al contrario, constatamos continuamente que tiene graves deficiencias en su formación teológica y comete frecuentes errores doctrinales.

De modo que, ¿cómo y por qué fiarse de este obispo? Cuando la fe se ideologiza, en el sentido de convertirse en un sistema cerrado de pensamiento, el adoctrinamiento ideologizado se pone por encima de la integridad y fidelidad a la fe, tergiversando su contenido. Este es un problema permanente en la historia de la Iglesia.

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He aquí dos ejemplos.

Ireneo de Lyon (s. II) se vio obligado a defender la fidelidad a la fe recibida contra los gnósticos, que defendían los errores de los “docetas”, quienes afirmaban sobre Jesucristo “que solo en apariencia se manifestó, no naciendo en la carne ni haciéndose verdaderamente hombre”. Ireneo sostuvo, con la fe de la Iglesia, que la encarnación del Verbo en Jesús fue real y esencial, no superficial.

Santa Teresa (siglo XVI), frente a quienes pensaban que se podía prescindir de la humanidad de Jesús, afirmará que a medida que el creyente va escalando las más encumbradas etapas de su desarrollo espiritual, la presencia de lo humano del Señor se intensifica, su “Sacratísima Humanidad”.

Creo que el obispo Munilla, sin llegar a afirmar que es un “docetista”, minimiza la humanidad de Jesús y difunde la fe con un discurso en el que no se siente la Buena Noticia, sino la dureza y aridez de una doctrina ideologizada, dogmática y cerrada. Es difícil tomarse en serio lo que dice este obispo. Por ello, ante Munilla va creciendo una objeción de conciencia con la que cada vez más cristianos viven la fe, cosa que a algunos y algunas les está costando muy caro.

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Palabras de Pablo VI sobre Santa Teresa de Jesús

Jueves, 30 de octubre de 2014

luz-de-cristoInteresante información del Papa que nombró a Teresa Doctora de la Iglesia. Podéis oir al papa Pablo VI en español pinchando en “ir a descargar“:

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Ir a descargar

Radio Vaticana emitió ayer este programa en el que se recoge la grabación en español de las palabras de Pablo VI sobre Teresa de Jesús en la ceremonia de proclamación de la santa como doctora de la Iglesia, el 27 de septiembre de 1970.

Pablo VI proclamó a Santa Teresa de Jesús Doctora de la Iglesia, destacando que era la primera mujer en recibir este título, que incidía en la historia de la Iglesia y que las mujeres, están llamadas a «reconciliar a los hombres con la vida», «a salvar la paz del mundo» (VAT. II, Mensaje a las Mujeres). «Santa Teresa era española, y con razón España la considera una de sus grandes glorias». Mujer excepcional, gran carmelita, fundadora, reformadora, escritora genialísima y fecunda, resplandor de sabiduría en la santidad, madre y maestra espiritual, contemplativa y activa en la oración, con todas sus fuerzas para llegar a Dios, por encima de todo obstáculo. Son algunas de las magníficas características que recordó el Papa Montini en su intensa y emocionada homilía, pronunciada también en español ese histórico 27 de septiembre de 1970:

«Debemos añadir dos observaciones que Nos parecen importantes. En primer lugar hay que notar que Santa Teresa de Ávila es la primera mujer a quien la Iglesia confiere el título de Doctora; y esto no sin recordar las severas palabras de San Pablo: «La mujeres cállense en las Iglesias» (1 Cor. 14. 34); lo cual quiere decir todavía hoy que la mujer no está destinada a tener en la Iglesia funciones jerárquicas de magisterio y de ministerio. ¿Se habrá violado entonces el precepto apostólico?

Podemos responder con claridad: no. Realmente no se trata de un título que comparte funciones jerárquicas de magisterio, pero a la vez debemos señalar que este hecho no supone en ningún modo un menosprecio de la sublime misión de la mujer en el seno del Pueblo de Dios. 

Por el contrario ella, al ser incorporada a la Iglesia por el Bautismo, participa de ese sacerdocio común de los fieles, que la capacita y la obliga a «confesar delante de los hombres la fe que recibió de Dios mediante la Iglesia» (Lumen gentium, c 2, 11).
Y en esa confesión de la fe tantas mujeres han llegado a las cimas más elevadas, hasta el punto de que su palabra y sus escritos han sido luz y guía de sus hermanos. Luz alimentada cada día en el contacto íntimo con Dios, aún en las formas más elevadas de la oración mística, para la cual San Francisco de Sales llega a decir que poseen una especial capacidad. Luz hecha vida de manera sublime para el bien y el servicio de los hombres.  Por eso el Concilio ha querido reconocer la preciosa colaboración con la gracia divina que las mujeres están llamadas a ejercer, para instaurar el reino de Dios en la tierra, y al exaltar la grandeza de su misión, no duda en invitarlas igualmente a ayudar «a que la humanidad no decaiga», a «reconciliar a los hombres con la vida», «a salvar la paz del mundo» (VAT. II, Mensaje a las Mujeres). 

En segundo lugar, no queremos pasar por alto el hecho de que Santa Teresa era española, y con razón España la considera una de sus grandes glorias. En su personalidad se aprecian los rasgos de su patria: la reciedumbre de espíritu, la profundidad de sentimientos, la sinceridad de alma, el amor a la Iglesia. Su figura se centra en una época gloriosa de santos y de maestros que marcan su siglo con el florecimiento de la espiritualidad. Los escucha con la humildad de la discípula, a la vez que sabe juzgarlos con la perspicacia de una gran maestra de vida espiritual, y como tal la consideran ellos.
  Por otra parte, dentro y fuera de las fronteras patrias, se agitaban violentos los aires de la Reforma, enfrentando entre sí a los hijos de la Iglesia. Ella por su amor a la verdad y por el trato íntimo con el Maestro, hubo de afrontar sinsabores e incomprensiones de toda índole y no sabía cómo dar paz a su espíritu ante la rotura de la unidad: «Fatiguéme mucho – escribe – y como si yo pudiera algo o fuera algo lloraba con el Señor y le suplicaba remediase tanto mal» (Camino de perfección, c. 1, n. 2; BAC, 1962, 185). 
Este su sentir con la Iglesia, probado en dolor que dispersaba fuerzas, la llevó a reaccionar con toda la entereza de su espíritu castellano en un afán de edificar el reino de Dios; ella decidió penetrar en el mundo que la rodeaba con una visión reformadora para darle un sentido, una armonía, una alma cristiana. 

A distancia de cinco siglos, Santa Teresa de Ávila sigue marcando las huellas de su misión espiritual, de la nobleza de su corazón sediento de catolicidad, de su amor despojado de todo apego terreno para entregarse totalmente a la Iglesia. Bien pudo decir, antes de su último suspiro, como resumen de su vida: «En fin, soy hija de la Iglesia». 

En esta expresión, presagio y gusto ya de la gloria de los bienaventurados para Teresa de Jesús, queremos adivinar la herencia espiritual por ella legada a España entera. Debemos ver asimismo una llamada dirigida a todos a hacernos eco de su voz, convirtiéndola en lema de nuestra vida para poder repetir con ella: ¡Somos hijos de la Iglesia!»

Fuente: Radio Vaticana , vía De la Rueca a la Pluma

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“Juntos andemos, Señor”… de la mano de Teresa de Jesús

Miércoles, 15 de octubre de 2014

Hoy, Festividad de Santa Teresa de Jesús, comienza la celebración del Vº Centenario de su nacimiento. El Carmelo Teresiano, la Iglesia Católica y muchos creyentes del mundo entero, recordaremos a esta genial mística castellana y española a lo largo del año… Yo os recomiendo vivamente leer sus Obras completas, acercarse a alguna de las buenas biografías que hay en el mercado y, como no podía ser menos, nosotros también la recordaremos procurando traer al blog todas las semanas un pequeño texto que nos ayude a orar, de la mano de esta mística de la Humanidad de Cristo, maestra de oración que en el capítulo ocho de su autobiografía nos recuerda que, “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5). Si sirve para estar horas y horas con el Amado, nos sentiremos satisfechos. Hoy comenzamos con ese deseo de “andar juntos“.

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Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.”

*

(Libro de la Vida, capítulo 9,1)

*

“Juntos andemos Señor.

Por donde vayas tengo que ir,

por donde pases tengo que pasar.”

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(Camino de Perfección 21, 26)

 

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C: Camino de Perfección

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Pedro, portavoz de Satanás, y la parábola del maletín y el joyero. Domingo 22. Ciclo A

Domingo, 31 de agosto de 2014

22-TOA-evDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En el evangelio del domingo anterior, Pedro, inspirado por Dios, confiesa a Jesús como Mesías. Inmediatamente después, dejándose llevar por su propia inspiración, intenta apartarlo del plan que Dios le ha encomendado. El relato lo podemos dividir en tres escenas.

1ª escena: Jesús y los discípulos (primer anuncio de la pasión y resurrección)

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro acaba de confesar a Jesús como Mesías. Él piensa en un Mesías glorioso, triunfante. Por eso, Jesús considera esencial aclarar las ideas a sus discípulos. Se dirigen a Jerusalén, pero él no será bien recibido. Al contrario, todas las personas importantes, los políticos (“ancianos”), el clero alto (“sumos sacerdotes”) y los teólogos (“escribas”) se pondrán en contra suya, le harán sufrir mucho, y lo matarán. Es difícil poner de acuerdo a estas tres clases sociales. Sin embargo, aquí coinciden en el deseo de hacer sufrir y eliminar a Jesús. Pero todo esto, que parece una simple conjura humana, Jesús lo interpreta como parte del plan de Dios. Por eso, no dice a los discípulos: «Vamos a Jerusalén, y allí una panda de canallas me va a perseguir y matar», sino «tengo que ir» a Jerusalén a cumplir la misión que Dios me encomienda, que implicará el sufrimiento y la muerte, pero que terminará en la resurrección.

Para la concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto resulta inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. La expresó un profeta anónimo, y su mensaje ha quedado en el c.53 de Isaías sobre el Siervo de Dios.

2ª escena: Pedro y Jesús (vuelven las tentaciones)

Jesús termina hablando de resurrección, pero lo que llama la atención a Pedro es el «padecer mucho» y el «ser ejecutado». Según Mc 8,32, Pedro se puso entonces a reprender a Jesús, pero no se recogen las palabras que dijo. Mateo describe su reacción con más crudeza:

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

― ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

― Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

         Ahora no es Dios quien habla a través de Pedro, es Pedro quien se deja llevar por su propio impulso. Está dispuesto a aceptar a Jesús como Mesías victorioso, no como Siervo de Dios. Y Jesús, que un momento antes lo ha llamado «bienaventurado», le responde con enorme dureza: «¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar!»

Estas palabras traen a la memoria el episodio de las tentaciones a las que Satanás sometió a Jesús después del bautismo. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Y Jesús, que no vio especial peligro en las tentaciones de Satanás, ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, como ante el demonio; no aduce tranquilamente argumentos de Escritura para rechazar al tentador, sino que está llena de violencia: «tú piensas como los hombres, no como Dios.» Los hombres tendemos a rechazar el sufrimiento y la muerte, no los vemos espontáneamente como algo de lo que se pueda sacar algún bien. Dios, en cambio, sabe que eso tan negativo puede producir gran fruto.

Esta función de tentador que desempeña Pedro en el pasaje y la reacción tan enérgica de Jesús nos recuerdan que las mayores tentaciones para nuestra vida cristiana no proceden del demonio, sino de las personas que están a nuestro lado y nos quieren. Frente a una mentalidad que mitifica y exagera el peligro del demonio en nuestra vida, es interesante recordar este episodio evangélico y unas palabras de santa Teresa que van en la misma línea. Después de contar las dudas e incerti­dumbres por las que atravesó en muchos momentos de su vida, causadas a veces por confesores que le hacían ver el demonio en todas partes, resume su experiencia final: «…tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo; porque él no me puede hacer nada, y estotros, en especial si son confe­sores, inquietan mucho, y he pasado algunos años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir» (Vida, cap. 25, nn.20-22).

3ª escena: Jesús y los discípulos (parábola del maletín y el joyero)

Entonces dijo Jesús a sus discípulos:

― El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

            No se conocían de nada, sólo les unió compartir dos asientos de primera clase. Ella colocó en el compartimento un elegante estuche con sus joyas. Él, un pesado maletín con su portátil y documentos de sumo interés. El pánico fue común al cabo de unas horas, cuando vieron arder uno de los motores y oyeron el aviso de prepararse para un aterrizaje de emergencia. Tras el terrible impacto contra el suelo, ella renunció a sus joyas y corrió hacia la salida. Él se retrasó intentando salvar sus documentos. El cadáver y el maletín los encontraron al día siguiente, cuando los bomberos consiguieron apagar el incendio. Extrañamente, ella recuperó intacto el estuche de sus joyas.

En tiempos de Jesús no había aviones, y él no pudo contar esta parábola. Pero le habría servido para explicar la enseñanza final de este evangelio. Para entender esta tercera parte conviene comenzar por el final, el momento en el que el Hijo del Hombre vendrá a pagar a cada uno según su conducta. En realidad, sólo hay dos conductas: seguir a Jesús (salvar la vida, renunciando al joyero) o seguirse a uno mismo (salvar el maletín a costa de la vida). Seguir a Jesús supone un gran sacrificio, incluso se puede tener la impresión de que uno pierde lo que más quiere. Seguirse a uno mismo resulta más importante, salvar la vida y el maletín. Pero el avión está ya ardiendo y no caben dilaciones. El que quiera salvar el maletín, perderá la vida. Paradójicamente, el que renuncia al joyero salva la vida y recupera las joyas.

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“La oración teresiana como paradigma para la superación de la discriminación”, por Ulrich Dobhan OCD.

Jueves, 13 de febrero de 2014

teresaavilaUn interesante audio que podemos publicar gracias a la generosidad de CRISMHOM:

Esta sesión de formación ha tenido lugar el domingo 19 de enero de 2014 a las 19h en la sede de CRISMHOM en Barbieri 18. Se abordó la descripción de la experiencia de discriminación  que experimentó Santa Teresa de Jesús en las dimensiones de mujer, mujer conversa y mujer orante para preguntarse cómo fue capaz de superarlas a través de la oración. Se realizó una reflexión sobre cómo aplicar esta manera específica de orar de Santa Teresa, desde el conocimiento de la situación personal, para superar y vencer la experiencia de discriminación en un ámbito más amplio como el colectivo homosexual.

 Estuvo a cargo de Ulrich Dobhan que es carmelita teresiano desde 1963, especialista en la figura de Santa Teresa de Jesús.
Ulrich estudió en Roma y se doctoró por la universidad de Würzburg (Alemania). Fue formador y definidor General en su orden y actualmente es provincial de su orden en Alemania. Es autor de diversos libros y desde el año 2001, ha colaborado con una monja Carmelita en la traducción de las obras de Santa Teresa al alemán (pulsa este enlace para ver algunas de sus obras). Es profesor en los cursos de la Fundación CITeS de Ávila.

 

 Esta charla ha sido una rara oportunidad de contar con la presencia de Ulrich, aprovechando su venida a España para participar en los cursos de la Fundación CITeS de Ávila. Para más información sobre esta charla, pulse AQUÍ.

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