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Disidentes sexuales en el franquismo: “duele que la iglesia vuelva al discurso de la enfermedad” .

Martes, 4 de marzo de 2014
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Antonio-Gutierrez-Dorado-Sevilla-Serrano_EDIIMA20140228_0308_5Antonio Gutiérrez Dorado, frente a la antigua cárcel de Sevilla. / Foto: Luis Serrano.

Leemos en El Diario:

Arranca el proyecto de investigación La represión de la disidencia sexual en Andalucía durante el franquismo y la transición, coordinado desde la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

La homosexualidad sufrió persecución política y social durante décadas e, incluso, la aplicación de supuestos criterios médicos para facilitar su cura.

Testimonios traen un contexto marcado por la moral impuesta desde la iglesia católica, teorías nazis y condenas a prisión, torturas, violaciones, prostitución, electroshock, lobotomías… con nombres propios como Vallejo-Nájera, López Ibor y Carrero Blanco.

Detenciones, torturas, condenas a prisión, violaciones, trabajos forzados… La homosexualidad sumida en la discriminación política y social impulsada por el Estado. La memoria histórica de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB) tiene cicatrices que van de la violencia física al intento de cura de una supuesta enfermedad. Para recuperar la lucha y el padecimiento de la comunidad homosexual, arranca el proyecto de investigación La represión de la disidencia sexual en Andalucía durante el franquismo y la transición.

“A la mariquita se la detenía, se la humillaba, era un pogromo franquista”. Antonio Gutiérrez Dorado, vicepresidente de la asociación de Expresos Sociales, y José Antonio Campillo, presidente de la asociación Adriano Antinoo, aportan vivencias personales y el relato represivo. Historias de vida y entrevistas son la base de un estudio que coordinan los profesores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla María Marco y Rafael Cáceres y analizará documentación registrada en informes policiales, carcelarios y de centros psiquiátricos.

Ahí surgen, de manera recurrente, nombres asociados a siniestros estudios fundamentados en teorías médicas de carácter nazi: Juan José López Ibor y Antonio Vallejo-Nájera. Fundadores de la Sociedad Española de Psiquiatría, pretendían demostrar la degeneración de la “raza española” a resultas de la República y la tara mental que suponía el marxismo. Al más puro estilo de Heinrich Himmler y el nacionalsocialismo alemán.

“La normalización de la homosexualidad está lejos”

El proyecto, financiado por la dirección general de Memoria Democrática de la Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía, cuenta con un equipo integrado por investigadores del ámbito de la psicología, la antropología, el trabajo social y la sociología de las universidades de Sevilla y Barcelona, además de la UPO. Colabora, además, el Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA) de CGT.

Es, según María Marco, un estudio necesario que busca “voces para dignificar la memoria de quienes no están en muchos procesos de investigación ni de reparación”. Habrá, para ello, “revisión de los textos de López Ibor y Vallejo-Nájera y de todo lo que encontremos, que no será todo lo que debe haber”. Interesan, explica Rafael Cáceres de su parte, informes de “psiquiátricos o cuarteles, que eran lugares donde la virilidad se enfrentaba a comportamientos que se consideraban inmorales”. También el archivo de la cárcel de Huelva que, como la prisión de Badajoz (Extremadura), “se especializó en la recuperación de homosexuales”.

Presentacion-proyecto-Foto-Luis-Serrano_EDIIMA20140228_0309_6Presentación del proyecto. / Foto: Luis Serrano.

Un análisis, en suma, del contexto socio histórico de una represión –la ley de vagos y maleantes de 1933 fue modificada para incluir la homosexualidad en 1954 y se derogó en 1970– que continuó “tras la muerte de Franco”. “La normalización de la homosexualidad está muy lejos de llegar”, entiende Cáceres, que percibe una homofobia “fuertemente arraigada“. Aunque en 2014 se cumplen 35 años de la despenalización de la homosexualidad, como recuerda Gutiérrez Dorado, activista del movimiento LGTB desde los años 70 y que habla de la aplicación durante el franquismo de “una ideología justificadora del odio al homosexual” relacionada con el “control moral de la sociedad” impuesto por la iglesia.

“La iglesia católica tiene contraída una deuda con los colectivos homosexuales por su implicación directa en la represión”, por eso, prosigue, “nos duele que la iglesia vuelva ahora al discurso de la enfermedad”. La asociación de expresos no descarta, en este sentido, acudir “al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, como le estamos exponiendo al nuncio (representante del Vaticano en España)”, el italiano Renzo Fratini.

“La maricona mayor del reino”

Su testimonio trae escenas en que, “en los años 40 y 50, a los homosexuales se les rapaba, les daban aceite de ricino y los paseaban por el pueblo en carro”. No se detuvo ahí el castigo: “15 días de calabozo sólo por detenerte, condenas a trabajos forzados, torturas y violaciones en comisarías, terapias agresivas como electroshock, redes de prostitución, se hicieron lobotomías en Carabanchel…“. Relatos crudos y nombre propio de la ignominia a partir de los 60: Luis Carrero Blanco y la ley de Peligrosidad Social.

Usaban “conceptos seudocientíficos, nazis”. Clasificaban al homosexual en activos, pasivos, congénitos y no congénitos. Un peligro que no ha pasado. “Vemos el caso de Rusia, con ataques e incluso muertes, y cómo en Ucrania esto está pasando ahora también“. La homofobia no conoce fronteras, aunque en 2011 la Organización de las Naciones Unidas instó a la comunidad internacional a la despenalización de la homosexualidad y la Organización Mundial de la Salud la desclasificó como enfermedad en 1990.

Dice Dorado que España vive “una contrarreforma contra la libertad sexual” que casa luchas conjuntas: “la de LGTB y la de la mujer”. “Intentamos desmontar una sociedad patriarcal que quiere una mujer bajo el amparo del macho y que el homosexual vuelva al armario“. Es, en palabras de José Antonio Campillo, “la batalla por la igualdad y la no discriminación, por visualizar esta historia” y la “represión atroz” desde la infancia.

Narra Campillo cómo en su pueblo “había tres maricones oficiales, Manolito el del Carbón, un transexual que pintaba las fachadas con cal y una mujer que le decían Lola la Loca”. La exclusión social los marcó de por vida, una estigmatización que al propio presidente de Antinoo le llevó en un momento dado a buscar una solución: “Fui a ver a un cura que decían curaba con telepatía y le conté mi problema, que era un enfermo. Se levantó, me puso las manos en la cabeza, sudó, jadeó y al rato me dijo que me fuera, que ya estaba curado”. No fue así. Decidió proclamarse “la maricona mayor del reino” Juan Carlos de Borbón había sido coronado como rey de España. Poco después montó un bar de ambiente en la sevillana Alameda de Hércules que sufrió “denuncias y acoso de los fachas y de la policía“. Aún hoy sigue abierto.

Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Arranca el proyecto de investigación sobre la represión LGTB durante el franquismo y la transición en Andalucía.

Miércoles, 26 de febrero de 2014
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Homosexuais no carceréEl yugo contra la homosexualidad en la prisión de Huelva.

Averiguar cómo fue la represión del colectivo LGTB durante el franquismo en Andalucía. Este es el principal objetivo del proyecto de investigación puesto en marcha por un grupo de profesores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO), en colaboración con el Grupo de Memoria Histórica del sindicato CGT-A. “Pretendemos que esta investigación no se quede en el ámbito académico y sirva de denuncia y concienciación social de la violencia a la que se ha visto y se ve sometido el colectivo LGTBI. El reconocimiento de los derechos de ciudadanía de estos grupos pasa por la recuperación de su memoria“, sostiene Rafael Cáceres, uno de los profesores de la UPO implicados en la investigación, que lleva por nombre La represión de la disidencia sexual en Andalucía durante el Franquismo y la Transición.

El proyecto surgió hace un año dentro de un grupo de investigación interdisciplinar dedicado al estudio de las sexualidades en España y Latinoamérica (LIESS), en el que “convergen” investigadores interesados en el ámbito de las sexualidades y activistas del movimiento memorialista. “Nos dimos cuenta que existía una escasez de trabajos académicos sobre la memoria histórica de los castigados por su condición sexual durante el franquismo y la transición; y que el concepto represaliado se venía aplicando de forma exclusiva a militantes de organizaciones políticas, olvidando que la represión que se ejerció sobre los hombres y las mujeres que mantienen relaciones sexuales con personas del mismo sexo tiene un carácter netamente político, como también lo tiene su marginación y sus estrategias de resistencia, independientemente de su grado de conciencia“, explica Cáceres. Junto a él, participan en el proyecto los antropólogos Ángel del Río y José María Valcuende, la profesora de la Universidad de Sevilla Assumpta Sabuco, los psicólogos David Alarcón y María Marco, y los trabajadores sociales Juan Blanco y Nuria Cordero.

Aunque la investigación está aún en una fase inicial, sus responsables se han visto sorprendidos por la ”falta de concienciación de la ciudadanía” sobre el tema. “Puede ser que lo más visible de la represión franquista sobre los disidentes sexuales sean los encarcelamientos de homosexuales y transexuales pero resulta igualmente escalofriante la violencia ejercida sobre muchas mujeres en los psiquiátricos donde eran tratadas como enfermas mentales. Y que con frecuencia fuesen las propias familias las que las denunciaran“, manifiesta Cáceres.

Placa_homenaje_en_carcel_de_HuelvaCáceres señala que les está resultando “especialmente complicado” encontrar personas “dispuestas a sacar a la luz sus vivencias ya que el estigma que pesa todavía sobre la población homosexual es muy fuerte y muchos prefieren olvidar“. Sin embargo, apunta que “es aún más complicado tratar de encontrar testimonios de lesbianas por la invisibilidad que tenían y siguen teniendo“.

Sobre el momento que actualmente vive España en materia de derechos LGTB, Cáceres dice que “queda mucho camino por recorrer” y que “el matrimonio homosexual no es ningún punto final en el reconocimiento de los derechos LGTBI“. Por otro lado, hace hincapié en el papel de la educación como instrumento de normalización de la homosexualidad. “Continúa siendo un tema tabú en la educación de los padres y una asignatura pendiente en las escuelas“, recuerda.

El proyecto arrancará el próximo miércoles 26 de febrero con un acto de presentación que tendrá lugar en el Centro Cívico La Ranilla de Sevilla (antigua cárcel de Sevilla, C/Mariano Benlliure s/n). En él participarán Antonio Gutiérrez Dorado, vicepresidente de la asociación Ex-Presos Sociales, y  Antonio Campillo, presidente de la asociación Adriano Antinoo. El objetivo del evento es dar a conocer el proyecto y recoger todas las aportaciones y sugerencias de los participantes.

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