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Jon Sobrino jesuita y teólogo en El Salvador: “No me importa que el Papa sea negro o europeo, me importa que arriesgue por los pobres” .

Jueves, 7 de marzo de 2013

jon-sobrinoPublicado en Noticias de Navarra:

Visitó Pamplona en el ciclo de conferencias organizado por los Jesuitas por los 50 años del Concilio Vaticano II. No cabía un alfiler para ver a Jon Sobrino, que habló de ‘La Iglesia de los Pobres. El pacto de las catacumbas’, un título revelador de un hombre con roces frecuentes con la jerarquía eclesiástica
Jon Sobrino dice que lo importante no es por qué ha renunciado Ratzinger, del que ve normal que sintiera cierta “soledad ante Dios, porque no tenía otro Papa por encima al que pedir consejo” o quién va a ser su sucesor, sino que lo absoluto, lo relevante, es “Dios y el hambre”.

Habla cargado de ironía y dice que temía que en su discurso le cambiaran una letra y pensaran que en realidad quería hablar de Dios y el hombre. Porque precisamente cuando leía en 1966 en Francfort a Ra-tzinger, “que escribía muy bien”, pero que era “muy sensible a la deshumanización, a la producida por la desaparición de Dios pero no de los pobres. No parece que le haya entrado el hambre de la gente”. Además, tras tantos años con este discurso distinto, cristiano sin duda, aclara que “ya ni me pregunten qué es la Teología de la Liberación”. “Es Dios y el hambre”, se responde.

Ha dicho en alguna ocasión que la Iglesia, como Jesús en la cruz, tiene que empezar por los derrotados. Sin embargo, parece que en algún momento se torció esa senda.

Claro que se torció, como las democracias… Cuando leo los periódicos hay muchas verdades que en el fondo son en contra de lo que hacen los obispos, o sobre el Papa que acaba de renunciar, si lo hizo bien, lo hizo mal, pero sinceramente no me parece lo más importante. Lo más importante es qué podemos hacer nosotros como seres humanos. Yo hablaba aquí de construir una Iglesia de los pobres, donde los pobres se encuentren como en casa. Que ahora no se encuentren es otro asunto. Que los emigrantes, por ejemplo en EEUU, encuentren en los cristianos y en otros, algo que les ayuda de fondo, y que cuando son atacados que les defienda, y que los cristianos

y cristianas arriesguen.

¿Qué es lo que pueden arriesgar?

Tiempo, fama, dinero, incluso la vida, como los mártires que ha habido, como monseñor Romero en El Salvador. En el contexto actual del nuevo Papa sobre si será negro, europeo, lo que se lee en los periódicos todos los días, yo qué sé… A mí me importa que sea alguien que arriesgue por los pobres de este mundo y que en eso se parezca a Jesús y nosotros le ayudemos a parecerse a Jesús, más allá de lo que le critiquemos de vez en cuando. La Iglesia de los pobres suena raro y una Europa de los pobres suena peor, ¿verdad? No que haya pobres de Europa, que los hay, sino que Europa no se sienta que su futuro es la abundancia y tener más y no caer en las desgracias de África, que es la impresión que yo tengo.

Que Europa se sienta solidaria con los pobres de África, América Latina y Europa… Que se piense al mundo desde los pobres para disfrutar con ellos. El fútbol, la cantidad de bienes materiales que se invierte en el deporte de elite, que tiene todas las trazas de ser una industria multinacional con el que las mayorías se divierten y olvidan sus pesares… Pero que todos estos recursos de la humanidad, no es que haya un presidente que tenga muchos millones y él con sus millones paga tal o paga cual, no, esos millones son de todos.

En varias citas repite que la Iglesia debe estar en el Tercer Mundo.

En el Tercer Mundo geográfico que llamamos. Ciertamente allí debe estar y allí está. Lo que quiero decir es que aquí, en estos países, que no son el Tercer Mundo, aunque tienen sus crisis y dolores, la Iglesia debe ser solidaria con lo que hay de Tercer Mundo en estos países y luchar contra lo que hay de primer mundo en dichos países. El primer mundo, ¿qué hace? Oprimir al Tercer Mundo.

A su juicio, el nuevo Papa debería parecerse a Jesús de Nazaret…

Lea el Evangelio de Marcos. Ahí va apareciéndose Jesús de Nazaret, se junta con un profeta como San Juan Bautista, y comienza a anunciar una buena noticia. Dios está con los pobres, comienza a hacer milagros, que son mal comprendidos, a hacer el bien, a curar a los enfermos, a los poseídos por el demonio les anima, y a las multitudes pobres las defiende de los escribas, de los fariseos, de un sumo sacerdote, de los que tenían poder sagrado y político en Jerusalén en aquel tiempo. No digo que el Papa sea como este. Pero el Papa, y los obispos, y los curas y los teólogos, debemos ir por ese camino. Leer más…

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“Introducir la verdad”. 25 de noviembre de 2012. Fiesta de Cristo Rey (B). Juan 18, 32-37.

Domingo, 25 de noviembre de 2012

El juicio contra Jesús tuvo lugar probablemente en el palacio en el que residía Pilato cuando acudía a Jerusalén. Allí se encuentran una mañana de abril del año treinta un reo indefenso llamado Jesús y el representante del poderoso sistema imperial de Roma.

El evangelio de Juan relata el dialogo entre ambos. En realidad, más que un interrogatorio, parece un discurso de Jesús para esclarecer algunos temas que interesan mucho al evangelista. En un determinado momento Jesús hace esta solemne proclamación: “Yo para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

Esta afirmación recoge un rasgo básico que define la trayectoria profética de Jesús: su voluntad de vivir en la verdad de Dios. Jesús no solo dice la verdad, sino que busca la verdad y solo la verdad de un Dios que quiere un mundo más humano para todos sus hijos e hijas.

Por eso, Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios que la defienden por obligación aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad sino testigo.

Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en “voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz” (Jon Sobrino).

Esta voz es más necesaria que nunca en esta sociedad atrapada en una grave crisis económica. La ocultación de la verdad es uno de los más firmes presupuestos de la actuación de los grandes poderes financieros y de la gestión política sometida a sus exigencias. Se nos quiere hacer vivir la crisis en la mentira.

Se hace todo lo posible para ocultar la responsabilidad de los principales causantes de la crisis y se ignora de manera perversa el sufrimiento de las víctimas más débiles e indefensas. Es urgente humanizar la crisis poniendo en el centro de atención la verdad de los que sufren y la atención prioritaria a su situación cada vez más grave.

Es la primera verdad exigible a todos si no queremos ser inhumanos. El primer dato previo a todo. No nos podemos acostumbrar a la exclusión social y la desesperanza en que están cayendo los más débiles. Quienes seguimos a Jesús hemos de escuchar su voz y salir instintivamente en su defensa y ayuda. Quien es de la verdad escucha su voz.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Trabaja como testigo de la verdad. Pásalo.

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3 – Opción por los pobres y seguimiento de Jesús – Jon SOBRINO.

Jueves, 22 de noviembre de 2012

Del blog Diversidad Cristiana:

El amor y los pobres en la Iglesia.

Yo creo que es verdad que siempre se ha mantenido en la autocomprensión de la Iglesia que lo principal es el mandamiento del amor al prójimo y que normalmente este prójimo se ha tenido como el necesitado, y a veces explicitado como pobre. Que el mandamiento del amor es lo que da identidad al cristiano es claro desde Jesús, porque así lo dice explícitamente. También Pablo y su teología recalcan en el capítulo 13 de su primera carta a los corintios que en ese amor se juega la identidad cristiana.

Ciertamente la primera carta de Juan y la primera de Santiago, lo reafirman y lo concretan más entre los pobres. Esto es muy claro, desde el principio.

Es claro también que en diversas épocas de la historia de la Iglesia ese amor al prójimo se ha recalcado como amor a los pobres y a los débiles, y, como es sabido, hay al respecto innumerables textos de los Padres de la Iglesia. Es claro también que los santos importantes, renovadores, como por ejemplo un Francisco de Asís, han vuelto a ello.

Pero por otra parte creo que ha habido dos tipos de desarrollo en general en la historia de la Iglesia, que han tendido a relativizar lo que es la práctica del amor, y en concreto la práctica del amor al pobre, lo que hoy llamamos OP.

Un primer desarrollo sería la ortodoxia. En la necesidad de esclarecer quién es realmente Dios, quien es Jesucristo, etc., se puso el énfasis -sobre todo para distanciarse de las herejías- en formular la fe correctamente y en elevar esa correcta formulación a doctrina. De manera insensible, aunque nunca se negaba que la identidad cristiana viene de la práctica del amor, todos sabemos que se dio una importancia muy grande, yo diría excesiva, es decir, poco dialéctica, al aspecto doctrinal, con relación a la práctica del amor.

Y el otro desarrollo era el de constituirse como una Iglesia fuerte y poderosa, lo cual tiene su aspecto pecaminoso, como es obvio, pero también tiene su aspecto bueno, al menos en la intención.

Es decir, cómo constituir una Iglesia fuerte y poderosa para crear una cultura cristiana, un tipo de sociedad cristiana a través del cual la fe pudiese transmitirse con más facilidad. Para ello, a lo largo de la historia la Iglesia ha buscado tener, tener medios, y esto la introdujo -consciente o inconscientemente- en ese mundo del poder, de los medios poderosos, lo cual, objetivamente, la distanciaba de los pobres de este mundo. Indudablemente esto -que está dicho muy en generalexplica por qué poco a poco la práctica de la caridad y, más en concreto, la práctica de la caridad hacia el pobre, se ha ido devaluando, o a lo más se mantenía como problema concreto regional, ético, de la Iglesia, pero no como problema central, no como realidad teologal.

Entonces, en ese contexto, hay que valorar lo que hoy ocurre de volver a poner en primer plano la OP y de ir al origen para fundamentarla. Este origen está sin duda en Jesús de Nazaret.

Jesús, los pobres y Dios.

¿Cómo ver en Jesús de Nazaret la OP y cómo ver la centralidad de la OP en Jesús mismo? Yo creo que fundamentalmente no se trata de encontrar algunos textos, aunque ciertamente los hay, para ver si Jesús hizo la OP o no. Creo que la OP de Jesús está a un nivel mucho más hondo y fundante. En la propia visión de Dios que tiene Jesús aparece esa relación, esencial entre Dios y los pobres de este mundo. Como buen judío Jesús heredó lo mejor de las tradiciones del pueblo judío y ahí se pueden encontrar, como es de todos conocido, el acontecimiento fundante del éxodo, como revelación de Dios, de manera que Dios se revela no sólo con ocasión de, sino a través de un pueblo de pobres. En toda la tradición del Antiguo Testamento, ciertamente en los profetas, -incluso lingüísticamente, cuando a través de los profetas habla de «mi pueblo»-, no se refiere a todo el pueblo de Israel, sino a aquella parte del pueblo que son los pobres, los oprimidos, los huérfanos, las viudas…

Lo que quiero decir es que para Jesús los pobres están en su misma concepción de Dios. Y paralelamente a eso, los pobres están presentes en lo más fundamental de su misión.

Como es hoy de todos conocido y reconocido, la misión de Jesús fue anunciar e iniciar el Reino.

Ese Reino es proclamado por él como la Buena Noticia, como aparece sobre todo en Lucas. Y esa buena noticia se dirige claramente a los pobres de este mundo. Los textos están en Lucas: «he venido a anunciar la Buena Noticia a los pobres», en el discurso inaugural. En Lucas y en Mateo, cuando a los discípulos de Juan Bautista Jesús les dice: miren lo que está ocurriendo, a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. Y también bajo la formulación de Reino de Dios aparece esto claro en las bienaventuranzas, en Lucas: «dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios».

Entonces los pobres aparecen como los destinatarios primarios de la Buena Noticia de Jesús, como los destinatarios primarios de la misión de Jesús. En lenguaje sistemático puede decirse que existe una correlación trascendental entre Reino de Dios y pobres. Para ellos es el Reino de Dios.

¿Quiénes son los pobres?

Indudablemente suele surgir aquí la pregunta: ¿qué entendía Jesús por pobres cuando decía que para ellos es la Buena Noticia, cuando decía que para ellos es el Reino de Dios?

De esto hay muchos estudios, pero me parece que hoy, en la actualidad, la inmensa mayoría de los exegetas están de acuerdo en que los pobres a los que se refiere Jesús son ante todo -lo voy a decir con palabras actuales, que luego explicaré- los llamados pobres socio-económicos.

Antiguamente, y también recientemente, algunos exegetas quieren ver en esos pobres a los pobres espirituales, es decir, a aquellas personas abiertas a Dios. Que Jesús admire y alabe a este tipo de personas es evidente. Pero lo que se quiere recalcar aquí es que no se refiere a ellos cuando habla del Reino de Dios. Por eso yo los llamo pobres «socio-económicos», aunque sé que el lenguaje tiene dificultad.

¿Por qué los llamo en primer lugar pobres «económicos»? «Economía» viene de «oikos», la casa.

Es decir, pobres económicos son aquellos para quienes la casa, el hogar, el símbolo de lo que es el mínimo de vida, no está asegurado.
Pobres económicos son aquellos para quienes el hecho de vivir es una pesada carga. Para Jesús, ese tipo de pobres estaría significado en la viuda (en aquellos tiempos no había seguro social para las viudas), en los huérfanos (vivir es duro para ellos), los enfermos (que no tienen acceso a la salud)…

Pobre está simbolizado por el desnudo, el que está a la intemperie, etc. Todo esto es lo que quiero dar a entender al decir «pobre económico»: aquellos para quienes vivir es una pesada carga. Leer más…

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Gustavo Gutiérrez: “Hoy la mejor respuesta teológica que podemos dar a es la solidaridad con los pobres”.

Domingo, 14 de octubre de 2012

Leemos en Religión Digital:

El Congreso continental de Teología reafirma “la vigencia de la TL”

Queiruga: “La TL ha obligado a la teología a no olvidar a los pobres como una necesidad de la Iglesias”

Nuevas interpelaciones y preguntas a la Teología de la Liberación

Urge una teología viva para la liberación

Comienza una renovada etapa para las teologías de la liberación presentes en el continente latinoamericano y caribeño

Congreso Continental de Teología

América Latina se revela en el arte de Mino Cerezo

En el cuarto día del Congreso Continental de Teología de la Liberación, realizándose en la Universidad jesuita Unisinos, de San Leopoldo, Brasil, acontecieron las participaciones magistrales de otros tantos exponentes de la teología de la liberación, entre los que contamos a Leonardo Boff y Luis Carlos Susín, así como del teólogo vietnamita radicado en Estados Unidos Peter C. Phan y del reconocido teólogo español Andrés Torres Queiruga.

Para estos momentos, las y los participantes se sienten desbordados por tantas reflexiones y experiencias vertidas en este inédito encuentro, no sólo por la titánica síntesis de pasado y presente de la Teología de la Liberación (TL) que las conferencias magistrales han ofrecido, sino por su multiplicada de rostros, nuevos enfoques, nuevas preguntas y horizontes compartidos en un sinnúmero de talleres y paneles abiertos realizados de manera simultánea por las tardes de cada uno de los días del congreso: teología, economía y política; lectura popular de la Biblia, teología y sujetos emergentes, teología del buen vivir, espiritualidades liberadoras, teología y género, diálogo ecuménico e interreligioso, interculturalidad, teología de la liberación y posmodernidad, migración, mujeres, teología afro-americana; fueron algunos de los tantos temas abordados.

Las conferencias del día hicieron eco a los planteamientos del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, cuya vigencia y lucidez de pensamiento volvió a hacerse patente la noche anterior, en el siempre repleto anfiteatro P. Werner, sede de las principales conferencias del Congreso.

Este año Gustavo se encuentra Estados Unidos impartiendo teología en la Universidad de Notre Dame, y por razones de salud no pudo viajar a Brasil para encontrarse con sus amigos y contemporáneos teólogos de la liberación, pero ello no impidió a la asamblea mostrarle su afecto y recibirlo con un prolongado aplauso al inicio de su intervención por video conferencia desde su departamento en Indiana.

“Nosotros queremos decir que existimos” fueron algunas de las primeras palabras del considerado padre de la teología de la liberación, refiriendo a la voz de los pueblos oprimidos del continente y cuya irrupción en la historia durante las dictaduras militares latinoamericanas de la década de los sesenta, motivó el compromiso de muchos cristianos con los procesos humanizadores y liberadores, los hizo atentos a la dimensión social y política del mundo de los pobres y a reconocer mejor las causas de la pobreza.

También provocó el nacimiento de un histórico proceso eclesial, que partió de la afirmación de la iglesia de los pobres por parte de Juan XIII en el anuncio del Concilio Vaticano II y se concretó en la teología de la liberación, de cuyo transcurrir Gutiérrez hizo un análisis general.

Afirmó que en América Latina se dio la primera y más completa aplicación del Concilio Vaticano II por parte de las iglesias, sobre todo a partir de la segunda Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín en 1968.

La pobreza, reiteró el ahora fraile dominico, no es una desgracia, es una injusticia, es resultado de manos humanas y por consiguiente esas manos pueden terminar esa situación humana y antievangélica. Llamó a no ignorar las causas de la pobreza, a veces calladas, escondidas, pero que siguen siendo causa de la marginación de tantas personas en nuestro continente, haciéndolas insignificantes, no-personas. También enfatizó que injusticia y sufrimiento están enteramente vinculados, y no podemos dejar de lado este sufrimiento y las pobrezas ocultas.

Habló sobre el reto de hablar del Dios de la vida en una realidad marcada por la muerte, afirmando que esta pregunta supera nuestra capacidad de respuesta, que es una cuestión en la que no hay respuesta. Habló en cambio de la espiritualidad como una manera de vivir y de la pobreza como algo más que un elemento puesto en lo social, como aquello que afirma la inferioridad humana de otras personas, matándolas, e invitó a las y los cristianos a ser testigos de la resurrección mediante la afirmación de la vida y contra la pobreza causada por una forma de muerte que llamamos pecado. Leer más…

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Comienza el Congreso Continental de Teología de la Liberación.

Martes, 9 de octubre de 2012


Leemos en Religión Digital:

Congreso continental de Teología de la Liberación

¿Conserva alguna vigencia la Teología de la Liberación?

Urge una teología viva para la liberación

Homenajea a Samuel Ruiz, Sergio Méndez Arceo, Hélder Cámara, Gustavo Gutiérrez

Desbordando las expectativas en el número de participantes, el Congreso ha iniciado con gran ánimo, con voz profética, con hondura y mirada crítica

En un desbordado auditorio, en la Universidad de Unisinos, este domingo 7 dieron inicio los trabajos del Congreso Continental de Teología de la Liberación en Sao Leopoldo, Brasil, con una importante representación de la mayoría los países de América Latina y Caribeña, Estado Unidos y Europa. Más de 700 personas, revivieron el nacimiento y desarrollo de la teología de la liberación, acompañados de 7 obispos católicos y protestantes. Se han congregado las y los principales exponentes de la teología de la liberación del continente.

La apertura del Congreso Continental de Teología (CCT), inició con un momento de reflexión donde se invocó a la sabiduría del Espíritu Santo, para luego, el P. Marcelo Fernández de Aquino, rector de la Universidad de Unisinos dar la bienvenida a los congresistas, recordando que la teología de la liberación nos invita al diálogo, la polémica y a la reflexión, y señalando la necesidad de explorar nuevas hermenéuticas del Concilio Vaticano II.

Por su parte, Agenor Brighenti, presidente de Amerindia Continental, habló del contexto y pretexto que convocan al Congreso, desde la realidad actual de pobreza del continente, e hizo un homenaje a obispos católicos y no católicos, teólogos y teólogas, que han sido figuras proféticas del caminar eclesial latinoamericano y han abonado a una verdadera recepción del Vaticano II, entre los que destacó a Samuel Ruiz, Sergio Méndez Arceo, Hélder Cámara, Gustavo Gutiérrez, José María Pirres, Leonardo Boff, Jon Sobrino, entre otros. También hizo un reconocimiento a los conferencistas, talleristas y todas las personas participantes en el Congreso.

Para concluir la tarde, se realizó el Panel “Un nuevo congreso y un congreso nuevo”, con la participación de los teólogos Geraldina Céspedes y Jon Sobrino, destacando éste último por su sentido y sencillo testimonio de su caminar por la teología de la liberación, de sus nuevos desafíos, de sus urgencias. Mientras Geraldina Céspedes, señaló que es necesario seguir acompañando los procesos de lucha por la justicia que están tejidos en nuestra historia latinoamericana y caribeña con hilos rojos, por la sangre de las y los mártires, de quienes tenemos que seguir haciendo memoria, ya que nos alientan y nos ayudan a decir no a cualquier injusticia.

Desbordando las expectativas en el número de participantes, el Congreso ha iniciado con gran ánimo, con voz profética, con hondura y mirada crítica, con deseos de unir la teología con la vida de los pueblos del continente. En los días siguientes se espera la participación de Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez (por videoconferencia), entre otros y otras importantes exponentes de la teología de la liberación.

La transmisión en vivo de las principales conferencias del Congreso sigue día a día por: http://www.ustream.tv/channel/congresoteologicobrasil

Y la información relevante día a día (boletines de Prensa, entrevistas, fotos, textos y más) podrá consultarse en: http://www.unisinos.br/eventos/congresso-de-teologia/

y en: http://www.observatorioeclesial.org.mx/

Imagen de previsualización de YouTube

Programa para hoy

Hermenéutica Cristiana. Este es uno de los temas que tendrán especial relieve en la programación de mañana del Congreso Continental de Teología que va hasta el 11 de octubre en la Universidad Unisinos, Sao Leopoldo, Rio Grande do Sul, Brasil. Leer más…

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Domingo 23 de Septiembre de 2012. 25º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 23 de septiembre de 2012

Leído en Koinonia:

Sab 2,12.17-20: Lo condenaremos a una muerte ignominiosa
Salmo responsorial 53: Frase
Sant 3,16–4,3: El Señor sostiene mi vida
Mc 9,30-37: Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

El libro de la Sabiduría recoge la experiencia de los profetas de Israel y nos presenta a la persona «justa» como el modelo de sabiduría. El modelo de piedad no lo constituye la persona que hace sacrificios abundantes o que sigue con elegancia y delicadeza todos los pormenores de los ritos litúrgicos. La persona ideal es la que vive la justicia y muestra con sus obras que es posible realizar la voluntad de Dios en este mundo. Pero, aunque este es el camino auténtico y querido por Dios, no por ello, se puede realizar con simplicidad. La oposición no se hace esperar. Incluso, al interior de la familia o del círculo de amigos. El que tome el camino de la justicia, pronto se dará cuenta que hará el viaje en compañía de pocas personas.

La carta de Santiago nos da una explicación tan sencilla como eficaz de la causa de los conflictos en la comunidad cristiana: la ambición. En efecto, nadie roba, ni asesina ni arruina la vida ajena si no está movido por algún tipo de ambición. El deseo de ser más fuerte que los demás, de tener más capacidad económica, de asegurarse esta vida y la otra, no son sino manifestaciones de la ambición. El problema, es que las personas que piensan así, comienzan a ver al resto del mundo como un obstáculo a eliminar o como un puente sobre el cual pasar. Pero, el problema de tales conductas, animadas y patrocinadas por la sociedad, radica en que se constituyen en ideales de vida, incluso de personas que se proclaman como cristianos. La carta de Santiago nos invita a poner todas esas ideas a contraluz y a pasarlas por el inequívoco tamiz del evangelio. La codicia de dinero, prestigio y poder nos puede conducir por un camino sin regreso y nos puede alejar del cristianismo de manera irreversible, aunque nos sigamos considerando cristianos y vayamos a misa todos los días.

En el evangelio de Marcos, el «camino» representa el itinerario de formación de un buen discípulo. Jesús no quiere un grupo de fanáticos que le entonen vivas a su nombre, sino un grupo de personas responsables que sean capaces de asumir un proyecto. Por esta razón, sus esfuerzos se concentran en la enseñanza de sus seguidores. Pero, la instrucción parte de los desaciertos y de las respuestas erráticas que ellos van dando a lo largo del trayecto hacia Jerusalén.

Jesús debe superar el miedo cultural que invade a sus discípulos y que les impide dirigirse a su «Maestro» con toda confianza. Para esto utiliza una estrategia pedagógica muy ingeniosa. Retoma la discusión de los discípulos que estaban concentrados no en su enseñanza, sino en la repartición de los cargos burocráticos de un hipotético gobierno y reconduce la discusión mediante un ejemplo tomado de la vida diaria. El «niño» era una de las criaturas mas insignificantes de la cultura antigua. Por su estatura y edad no estaba en condiciones de participar en la guerra, ni en la política ni en la vida religiosa. Jesús coloca a uno de esos pequeños en medio de ellos y muestra cómo el presente y el futuro de la comunidad está en colocar en el centro no las propias ambiciones, sino las personas más postergadas y simples. Sólo así se revierte el sistema social de valores. Y sólo así, la comunidad es una alternativa ante el «mundo», que ya sabe poner en el centro a las personas adineradas. La novedad de Jesús consiste en hacer grande lo pequeño, lo doméstico e insignificante.

Eso que Jesús revelaba -con una paradoja- era muy serio: Jesús identificaba su propia suerte y la de Dios con la suerte de los niños, los que no tienen derechos ni quien mire por ellos, los últimos, los despreciados, los no tenidos en cuenta. Porque en realidad todo él se identificaba con ellos: se había puesto de su lado, había asumido su causa como propia. Por eso decía que todo servicio hecho a ellos se le hacía a él mismo y, en definitiva, al Padre. Nuevamente ponía la jerarquía de valores de la sociedad al revés o, mejor, al derecho. Una sociedad que mira sólo por los de arriba –o en la que las decisiones la toman los que están arriba o miran por los intereses de los de arriba- no garantiza ni el Reino ni la Vida; ésta sólo puede sobrevivir en un mundo que desde abajo mire por los de abajo, los que no tienen derechos.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 36, «Tan pequeño como Mingo», de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200036
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap36b.mp3

Para la revisión de vida

El afán de superación, el deseo de ser el primero, el anhelo de triunfo y éxito en la vida… parecen, en principio, aspiraciones legítimas del ser humano; el problema, normalmente, está en los medios que utilizamos para alcanzar esas metas. Jesús nunca dijo que no debamos aspirar a ser los primeros, antes al contrario: nos invita a serlo, pero nos señala el único camino humano y humanizador para lograrlo: el amor y el servicio a la Causa del Reino, que es también la Causa de los pobres. ¿Estoy atrapado en esa pseudomística de la competitividad, del arribismo a cualquier precio, de la búsqueda del éxito y del dinero a cualquier precio?

Para la reunión de grupo

- Léase la primera lectura en todo lo que es el capítulo 2 del libro de la Sabiduría, del que la lectura de hoy es sólo un mínimo extracto. Al “justo” lo persiguen sus coetáneos, no por capricho ni por odio irracional, sino porque les resulta incómodo y con su vida justa, simplemente con vivir como justo, echa en cara la maldad de sus enemigos. Al emparejar esta lectura con el evangelio del anuncio de la Pasión la liturgia está interpretando que en Jesús se cumple el caso del justo del libro de la sabiduría: Jesús fue asesinado porque molestaba a los poderosos, porque declaraba a Dios de parte de los pobres y evidenciaba la injusticia de los poderosos. Jon Sobrino habla de los mártires “jesuánicos” de estas últimas décadas en América Latina, muy distintos de los mártires de muchos otros siglos, y muy semejantes al mártir Jesús, y al justo del libro de la Sabiduría. Esa presencia martirial del justo, que molesta a los injustos, es tal vez (o debería ser) permanente. ¿Se da hoy en nuestra Iglesia? ¿Molesta nuestra Iglesia institucional a algún poderoso injusto? ¿Y nuestra comunidad local? Si no se da esa incomodidad, ¿a qué se debe?, ¿no hay en el mundo poderosos injustos?, ¿o no hay profecía en nuestras comunidades o en nuestra Iglesia?

Para la oración de los fieles

- Por toda la Iglesia, para que comprenda y acepte al Cristo del Evangelio y lo anuncie sin miedos. Oremos.

- Por todos los creyentes, para que se eliminen de nosotros todas las formas de dominio y poder sobre las personas. Oremos.

- Por todos los que queremos vivir como discípulos de Jesús, para que sepamos aceptarlo como el que no vino a ser servido sino a servir, y sepamos imitarlo. Oremos.

- Por cuantos nos sentamos a la mesa del Señor, para que hagamos de la Eucaristía signo de nuestra disponibilidad para servir y dar la vida por los pobres y los pequeños. Oremos.

- Por esta comunidad nuestra, para que brille por su afán de ser la última en honores y poderes, y así poder ser la primera en servir a los demás. Oremos.

Oración comunitaria

Dios, Padre nuestro, que enviaste a tu Hijo Jesús para mostrar al mundo “que no todo está permitido” y para mostrarnos el sentido de la vida humana en un mundo estructurado sobre la injusticia y el poder; enséñanos a seguir el camino de tu Hijo Jesús, el justo perseguido, para que tu Iglesia cumpla la misión que le diste. Por el mismo J.N.S.

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“Fuera de la Iglesia está la salvación”, por Carlos Osma.

Jueves, 20 de septiembre de 2012

Una interesantísima reflexión que hemos leído en Homoprotestantes:

Afirmaba Cipriano, allá por el siglo III d.C., aquello de “extra eclesiam nulla salus”. Para los que hemos olvidado las clases de latín, venía a decir que fuera de la Iglesia no hay salvación. Sin embargo, observo que muchas personas encuentran cada día la salvación fuera de sus iglesias, y descubren, que ésta no es posesión de una confesión religiosa determinada, ni siquiera de la religión; más aún, algunas personas se ven obligadas a salir fuera del ámbito religioso para no vivir humilladas, sometidas o simplemente para vivir en plenitud el mensaje del evangelio.

Con la palabra salvación, ocurre como con muchas otras palabras con las que nos llenamos la boca: que no sabemos exactamente lo que significan. Cuando promovemos o anunciamos la salvación, ¿de qué estamos hablando? Hace años pensaba que ser salvo significaba no ir al infierno. Pero pronto esta idea me resultó un poco absurda, demasiado abstracta, sin ninguna conexión con la vida real. Definitivamente tuve que abandonarla cuando mi creencia en el infierno se fue allí, al infierno.

Para aclarar a que me refiero al utilizar este termino, recurriré a una magnifica definición de Jon Sobrino: “salvación es vida (superación de las carencias básicas), en contra de la pobreza, enfermedad, muerte; es dignidad (respeto a las personas y sus derechos), en contra de irreconocimiento y desprecio; es libertad, en contra de la opresión; salvación es fraternidad entre los seres humanos, configurados como familia, lo que se opone a comprendernos, darvinistamente, como mera especie; salvación es aire puro, que pueda respirar el espíritu para moverse a lo que humaniza (honradez, compasión, solidaridad, apertura a alguna forma de trascendencia), en contra de lo que deshumaniza (egoísmo, crueldad, individualismo, arrogancia, romo positivismo)*.

Se que muchas comunidades cristianas promueven todos los días la salvación, y que multitud de personas viven y comparten la fe en ellas de forma viva y comprometida. Creo firmemente que dentro de las iglesias, Dios trae salvación, y que en muchos momentos ellas son portadoras de salvación a personas que viven en la más absoluta inhumanidad. Y no sólo lo creo, sino que he sido testigo de ello. Comunidades que con sus aciertos y sus fallos se han comprometido con su entorno, promoviendo la salvación que ellos mismos recibieron gratuitamente de Dios a través de otros seres humanos. Iglesias que no diferencian entre un “dentro” y “fuera” de ellas mismas, sino que han querido ser, junto a otros, sal del mundo. Comunidades que han entendido que es un error creerse capacitadas para separar, de forma precipitada, el trigo de la cizaña.

Pero por otro lado observo a menudo como una determinada forma de configuración y de comprensión de las iglesias se presenta como “la forma correcta” de ser de las iglesias. Si a esto se añade que otras visiones no son bien recibidas, entenderemos perfectamente que haya un número cada vez mayor de personas que: o son marginadas dentro de sus comunidades, o directamente son sacrificadas por el “bien” del cristianismo. Los primeros, los que han sido arrojados a los márgenes de la iglesia, intentan luchar desde allí para que otro mundo y otra iglesia sean posibles. Pero para muchas otras personas, que han puesto una parte de su vida en sus comunidades, ahora no queda otra salida que alejarse de ellas en busca de salvación.

Y es que sus comunidades, en ocasiones infantilizantes y alienantes, sólo les proponen una forma dualista de entender el mundo: los salvados, que son los que aceptan una determinada forma de entender la moral, al mundo y a Dios, y los perdidos, que son los que no se someten a esta comprensión tan estrecha del cristianismo. Se sienten estos últimos, coartados en su deseo de avanzar, de desarrollarse plenamente como seres humanos, condenados en su búsqueda de la felicidad y la alegría de la vida, limitados a la hora de hacer o responder las verdaderas preguntas que se hace el ser humano.

Es cierto que muchas personas viven con dolor esta situación, muchos, incluso años después de haber salido de sus comunidades, y sabiendo que lo hicieron en busca de una verdadera salvación, recuerdan con nostalgia los años pasados, las personas que dejaron atrás, y se preguntan lo que podría haber ocurrido si sus iglesias hubiesen sido distintas.

Pero algunos de estos exiliados de la religión, reconocen que fue lo mejor que les podía haber pasado. Que su marcha les ha supuesto una apertura de horizontes, un conocimiento mayor del mundo en el que viven, un encuentro con otros marginados, religiosos o no, que les enriquece. Incluso han descubierto la experiencia de que es posible dejarse evangelizar por el mundo. Muchos de ellos han hallado la salvación que Dios les proporciona incluso junto a aquellos que no creen en ningún Dios. Han descubierto que la búsqueda y la promoción de la salvación de los seres humanos no tiene nada que ver con una religión, sino con los hombres y mujeres que se implican en la consecución de un mundo más justo: el Reino de Dios.

No hay en ellos rechazo a sus raíces cristianas, sino la absoluta convicción de que el mensaje de Jesús y la intransigencia y sectarismo de sus iglesias les obligó a abandonarlas. Creo realmente que fuera de las iglesias no sólo está la salvación, sino que a veces, es a través de las personas sacrificadas por ellas que Dios lleva la salvación al mundo real. Son otros discípulos enviados por Jesús, que no son defendidos ni apoyados por ninguna iglesia, que no están acreditados por ninguna autoridad religiosa; sino por sus actos, su compromiso y su fe en el mundo que hay más allá de la iglesia.

Carlos Osma

(*) Sobrino, J. “Fuera de los pobres no hay salvación”. (Madrid; Editorial Trotta, 2007), p. 84.

Este artículo se publicó en la revista Lupa Protestante en Septiembre del 2007

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José Antonio Pagola: “Jesús estaría hoy con los que se están quedando sin nada”.

Lunes, 10 de septiembre de 2012

Una interesante conferencia que encandiló a todos  y todas las asistentes…

“Hemos logrado adorar la crucificado ignorando a los crucificados de hoy”

José Antonio Pagola: “Jesús estaría hoy con los que se están quedando sin nada”

“La jerarquía de la Iglesia nunca ha liderado movimientos de conversión”

“La jerarquía católica tendría que salir como por instinto a defender a los que sufren”, culmina el teólogo. “Pero para ello tendría que quererlos”

(Irene López Alonso).- “No han desaparecido los índices de libros prohibidos”, afirmaba esta misma mañana el teólogo Juan José Tamayo, en la última jornada del XXXII Congreso de Teología celebrado en el salón de actos de Comisiones Obreras. Y bromeaba: “Algunos tenemos el honor de tener varios entre ellos”. Es el caso de José Antonio Pagola, cuyo último libro está siendo investigado por la Santa Sede, y que ha suscitado en buena parte de la Iglesia lo que Tamayo ha calificado como un “excelente rechazo”.

El auditorio, a rebosar, reía con complicidad. “José Antonio Pagola no ha logrado convertir a nadie”, decía Tamayo en su presentación, “pero sí interesar a muchos por Jesús”. Además de denunciar una de las “patologías más graves de las religiones”: el fundamentalismo.

Pagola empieza su conferencia titulada “No podéis servir a Dios y al dinero” con tres gritos proféticos de Jesús: un rechazo tajante al capitalismo neoliberal que se ha convertido en una dictadura casi mundial, una llamada a la compasión, y el necesario recordatorio de que “los últimos tienen que ser los primeros“.

En realidad, toda su ponencia es un grito profético en sí misma, una acusación de las que no dudan en blandir el dedo índice, porque es necesario señalar la degradación “de nuestra tierra pequeña”, el concepto de bienestar “insensato y deshumanizador” que no nos hace vivir mejor sino perseguir cifras mejores, y las “falsas soluciones” que anulan toda posibilidad de cooperación y sólo pretenden salvar el sistema.

“Todo se sacrifica al mismo ídolo”, afirma Pagola. Y entonces uno piensa en el becerro de oro y en los mercaderes del templo, porque no parece que hayan cambiado tanto las cosas desde la Pax Romana y la aplastante tributación que imponía el Imperio a los campesinos de Judea coetáneos de Jesús; y el panorama desolador para nuestro país que Pagola muestra en su exposición: crecimiento severo de la pobreza, del paro y la desigualdad, disolución en la práctica del sistema parlamentario…

“Veremos cuánto aguante tenemos”, suspira Pagola. Pero a continuación recuerda que en la miserable Galilea de los impuestos y las sinagogas, un hombre “que caminaba como un indigente, libre“, apareció de pronto a romper los esquemas: “No es verdad que la historia tenga que discurrir inexorablemente por los caminos del sufrimiento que pretenden los poderosos”, afirma, y entonces, cuando los oyentes parecen haber recuperado la esperanza, Pagola anima a todos “los profetas del Reino, los centinelas incansables, los hombres y las mujeres indignados” a atreverse a actuar fuera del sistema. “De la religión del templo, de la ley del sábado”.

Aquel hombre de Nazaret insultó a los ricos de su tiempo por el ansia de acumular, que también es la misma desde entonces: “la lógica del capitalismo, seguir llenando graneros irracionalmente”. La misma riqueza inicua, el mismo dinero injusto, “que cada vez exige más víctimas”, que “sustituye a los seres humanos por cifras” y les hace pensar que todo es poco para estar satisfecho.

El discurso de Pagola va cobrando cada vez más intensidad. El escritor y teólogo habla sin descanso, entre la urgencia de comunicar su mensaje y el deseo de que cale profundo. Y propone medidas claras y concretas: “No hay salida a la crisis si no se controlan las finanzas mundiales, si no se acaba con los paraísos fiscales, si no se establece una tasa Tobin o un sistema de retribución parecido”.

A continuación, Pagola retoma el valor de la compasión, reducido, en su opinión, a una “concepción sentimental” que lo aparta de la praxis política. “El poder sólo tolera la compasión cuando se la reduce a la beneficencia”. Y Pagola está pensando en una compasión que nada tiene que ver con dádivas o remiendos, sino con la “dignidad indestructible de las víctimas, la autoridad de los que sufren”.

“La Iglesia ha dramatizado la culpa, se ha vuelto hipersensible al pecado y, sin embargo, ha relativizado el sufrimiento”, se queja Pagola, para luego criticar el “aislacionismo mental” que nos permite vivir “como mirones pasivos de la desnutrición del mundo“.

Pagola se hace estos reproches como ser humano, pero en particular como cristiano: “Hemos logrado adorar al crucificado ignorando a los crucificados de hoy”, resume, y a continuación entona un estribillo de alguna canción de misa, dando a entender un tanto socarronamente que en la Iglesia sobran cantos y faltan gritos.

Por último, Pagola encara la parte decisiva de la conferencia, en la que se ha comprometido a proponer salidas a la crisis más allá de este tipo de congresos. Habla sin tapujos de una vida más pobre, más sobria, de que es previsible el crecimiento del “egoísmo social”, pero que también es el momento de compartir, de ser responsables al consumir, de redefinir el bienestar. “No hace falta que venga la Merkel a recortar”, dice el teólogo, apelando a la responsabilidad civil de una sociedad que puede fiarse ya de pocas instituciones: “La jerarquía de la Iglesia nunca ha liderado movimientos de conversión”, recuerda. Será preferible contar sólo con los que estamos.

Y luego recuerda también la supresión de las prestaciones para dependientes, la exclusión de los inmigrantes sin papeles de la sanidad pública, la “amnistía a los defraudadores”… “Nos están cambiando el país en unos meses”, advierte Pagola, y cita declaraciones de miembros del gobierno actual (los pretendidos gestores de nuestra crisis) que, tras haber oído las cifras de pobreza “cada vez más extensa y más intensa” de España según Cáritas, suenan realmente macabras.

Frases como “No se atenderá ninguna razón, sólo las que vengan de la troika”, “Sabemos qué tenemos que hacer, y lo haremos”, o la rotunda declaración de Mariano Rajoy: “No disponemos de más ley ni más criterio que el que la necesidad impone”. Declaraciones fatalistas y amorales de quienes están gestionando la crisis a base de decreto ley (el número se eleva a 27 desde la investidura del gobierno del Partido Popular). Sólo falta el “¡Que se jodan!” de la diputada Andrea Fabra en la lista de perlas.

“Jesús estaría hoy con los que se están quedando sin nada”, afirma Pagola antes de despedirse, “con los ciudadanos de segunda categoría que a partir de ahora van a distinguirse porque no podrán pagar”. Y lamenta, como Jon Sobrino, que no haya en la Iglesia una voz para quienes se están quedando sin voz, ni tan siquiera una voz “contra los que tienen demasiada voz”.

“La jerarquía católica tendría que salir como por instinto a defender a los que sufren”, culmina el teólogo. “Pero para ello tendría que quererlos”.

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“Opción por los pobres”, por Jon Sobrino, teólogo.

Domingo, 8 de julio de 2012

Leído en Koinonía:

La opción por los pobres ha surgido en América Latina, continente mayoritariamente pobre y cristiano. Puebla la remite a Medellín, “que hizo una clara y profética opción preferencial y solidaria por los pobres”, (n. 1134) y consagra la expresión “opción preferencial por los pobres” en el contexto de la misión evangelizadora de la Iglesia. Con esa opción se quiere indicar tanto el destinatario como el contenido de la evangelización:

La opción preferencial por los pobres tiene como objetivo el anuncio de Cristo salvador que los iluminará sobre su dignidad, los ayudará en sus esfuerzos de liberación de todas las carencias y los llevará a la comunión con el Padre y los hermanos, mediante la vivencia de la pobreza evangélica (n. 1153).

La fundamentación de la opción está en la evangelización del mismo Jesús (n. 1141) y en la defensa y amor de Dios hacia ellos por el mero hecho de ser pobres (n. 1142); históricamente está exigida “por la realidad escandalosa de los desequilibrios económicos en América latina” (n. 1154). En cuanto opción pastoral, esta opción es preferencial, no excluyente; no significa, por tanto, desatender la evangelización de otros, aunque se insinúa que incluso para la evangelización de los que no son pobres esta opción es muy importante y necesaria:

El testimonio de una Iglesia pobre puede evangelizar a los ricos que tienen su corazón apegado a las riquezas, convirtiéndolos y liberándolos de esta esclavitud y de su egoísmo (n. 1156).

Esta opción, por último, aunque formulada por la Iglesia latinoamericana, ha alcanzado validez universal. Así se reconoce en el sínodo extraordinario de obispos en 1985 o en la Congregación General XXXIII de la Compañía de Jesús en 1983.

La opción por los pobres significa una importante novedad en la determinación de la misión de la Iglesia; su novedad e importancia, sin embargo, van más allá de lo misionero-pastoral. La determinación del destinatario preferencial de la misión de la Iglesia desencadena una lógica y un dinamismo que lo permea todo, de modo que la opción por los pobres no se reduce a determinar el destinatario de la misión, sino que configura todo el hacer y ser de la Iglesia, su fe, esperanza y caridad; se presenta incluso como una forma de vivir y actuar en este mundo y de ser simplemente un ser humano. Así se desprende ya del documento de Puebla.

Alrededor de la opción por los pobres, Puebla menciona cómo el destinatario hace repensar lo que es su evangelización, repensar la vida interna de la Iglesia y sus estructuras, repensar la dirección del proceso evangelizador, pues una Iglesia que evangeliza a los pobres se encuentra evangelizada por ellos. Al fundamentar su opción en Dios y en Cristo, se ve objetivamente forzada a repensar quién es ese Dios y ese Cristo.

La opción por los pobres es, pues, mucho más que la determinación del destinatario; tiene la virtualidad de hacer replantear la totalidad de lo eclesial, de la fe y de lo humano. La opción por los pobres es una opción por una vida y una fe. Y desde este punto de vista queremos enfocar estas páginas. Pero para ello hay que determinar qué se entiende por pobres, qué pobres reales son aquellos por los que hay que optar, de tal manera que optando por ellos se desencadena un proceso no sólo pastoral sino totalizante, jerarquizante y salvífico, un proceso que configura todo lo eclesial, toda la fe y todo lo humano. Y el presupuesto último de este enfoque es -digámoslo desde el principio- que esta opción por estos pobres es lo que tiene mayor capacidad de planificar al ser humano y de humanizar la historia.

I. LOS POBRES POR QUIENES HAY QUE HACER LA OPCION

En el lenguaje cristiano y teológico, también en el lenguaje de Puebla, el término “pobre” puede describir realidades muy diversas. Se puede hablar así, en positivo, de pobreza espiritual, de empobrecimiento para acompañar a los pobres. Ese significado de pobreza es real y es muy importantes que exista su realidad. Describe la subjetividad interior de los seres humanos que se abren a Dios o el proceso de intentar asemejarse a los pobres reales. Pero, siendo esto sumamente importante y necesario, esa pobreza no es aquella de que se habla en la opción por los pobres; y es peligroso si desde ella se quiere determinar a los pobres de la opción y a la opción por los pobres. Leer más…

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La Necesidad de Volver a la Iglesia de los Pobres”, por Jon Sobrino.

Domingo, 24 de junio de 2012

Leído en Reflexión y Liberación:

Dice Comblin: “La Iglesia, después de Aparecida y Puebla, empezó a no tener nada que decir”

Ver a la Iglesia “en pobreza y sin poder” nunca ha tenido mucho éxito, y si se hace de ello algo central ni siquiera en el Vaticano II, tan importante y decisivo en muchas otras cosas. Sí lo tuvo en Medellín, y en Puebla todavía pudo salir con bien ante graves maniobras en su contra.

Pero desde hace tres décadas el deterioro es inocultable. Dice Comblin: “Después de Puebla comenzó la Iglesia del silencio. La Iglesia empezó a no tener nada que decir”. Y aunque Aparecida ha supuesto un pequeño freno, en la Iglesia no ha ocurrido todavía aquel “revertir la historia” que exigía Ellacuría para sanar una sociedad gravemente enferma. La conclusión es que hay que volver a una Iglesia de los pobres, y trabajar por ello. En El Salvador, después de Monseñor Romero, el deterioro es claro, y de ahí la necesidad de recomposición eclesial`.

El Vaticano II. Juan XXIII deseaba que el Concilio reconociese que la Iglesia es “una Iglesia de los pobres”. El cardenal Lercaro tuvo un emotivo y lúcido discurso sobre ello al final de la primera sesión en 1962, y Monseñor Himmer pidió con toda claridad: “hay que reservar a los pobres el primer puesto en la Iglesia”. Pero ya en octubre de 1963 el obispo Gerlier se quejaba de la poca importancia que se estaba dando a los pobres en el esquema sobre la Iglesia. También los obispos latinoamericanos más lúcidos captaron pronto que a la inmensa mayoría del Concilio el tema les era muy lejano, aunque siempre se mantuvo un grupo que querían seguir la inspiración de Juan XXIII, entre ellos un buen número de latinoamericanos. Se reunieron confidencialmente y con regularidad en Domus Mariae, para tratar el tema “la pobreza de la Iglesia”.

El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, cerca de 40 padres conciliares celebraron una eucaristía en las catacumbas de santa Domitila. Pidieron “ser fieles al espíritu de Jesús”, y al terminar la celebración firmaron lo que llamaron “el pacto de las catacumbas”.

El “pacto” es un desafío a los “hermanos en el episcopado” a llevar una “vida de pobreza” y a ser una Iglesia “servidora y pobre” como lo quería Juan XXIII. Los signatarios -entre ellos muchos latinoamericanos y brasileños, a los que después se unieron otros- se comprometían a vivir en pobreza, a rechazar todos los símbolos o privilegios de poder y a colocar a los pobres en el centro de su ministerio pastoral. El texto tendría un fuerte influjo en la teología de la liberación que despuntaría pocos años después.

Uno de los propulsores del pacto fue Dom Helder Camara. Este año celebramos el centenario de su nacimiento, el 7 de febrero de 1909 en Fortaleza, Ceará, en el Nordeste de Brasil. Como homenaje a su persona y exigencia a nosotros, publicamos a continuación el texto.

“El pacto de las catacumbas: una Iglesia servidora y pobre”

Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:

1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Cfr. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.

2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Cfr. Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.

3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc, a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales o caritativas. Cfr. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s. Leer más…

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Otro Dios es posible – ¿Pobres de espíritu? (entrevista 25)

Sábado, 24 de marzo de 2012

Del blog Diversidad Cristiana:

Otro Dios es posible

ENTREVISTA 25

¿Pobres de espíritu?

RAQUEL Nuestra unidad móvil se encuentra hoy en el Monte de las Bienaventuranzas, a pocos kilómetros de Cafarnaum. Y con nosotros, Jesucristo, que nos concede una nueva entrevista para Emisoras Latinas, entrevistas que surcan el ciberespacio a través de nuestra página en Internet. ¿Cómo se siente usted aquí, donde pronunció uno de sus discursos más inolvidables?

JESÚS Muy emocionado, la verdad.

RAQUEL Según investigué, en este monte usted habló de la ley y los profetas, de ponernos en manos de la providencia, de la eficacia de la oración, de la regla de oro…

JESÚS No sé si hablé de tantas cosas… Pero sí recuerdo que dije el mensaje más importante del Reino de Dios.

RAQUEL Se referirá, sin duda, a las bienaventuranzas, porque este monte, precisamente, se llama así, el Monte de las Bienaventuranzas.

JESÚS Había llovido mucho la noche anterior, me acuerdo… Cayó granizo. Los campesinos perdieron la cosecha, lo habían perdido todo. Los terratenientes no querían abrir sus graneros, los usureros ya afilaban los colmillos.

RAQUEL Y en esa difícil coyuntura, usted reunió a la gente y les habló.

JESÚS Sí, éramos muchísimos, el pueblo estaba desesperado, los niños sin comer, las viudas pidiendo limosna…

RAQUEL Y fue entonces cuando usted les prometió el reino de los cielos.

JESÚS ¿Cómo que el reino de los cielos?

RAQUEL Es decir, usted les dijo que después de este valle de lágrimas entrarían en el reino de los cielos, ¿no fue así?

JESÚS No, yo no dije eso.

RAQUEL Usted dijo: Bienaventurados los pobres de espíritu porque…

JESÚS No, no, no. Yo dije los pobres. A secas. Los pobres-pobres.

RAQUEL Pero… pero en uno de los evangelios, creo que es en el de Mateo, usted se refiere a los pobres de espíritu…

JESÚS Pues me jugó una mala pasada mi amigo Mateo. Lo habrá hecho con buena intención. Pero se lo interpretaron torcidamente.

RAQUEL ¿Usted no se refería a las personas que tienen un corazón humilde?

JESÚS Yo me refería a los pobres. A los hambrientos. A las que lloran de frío. A los sin techo, sin tierra, sin trabajo. A los que no teníamos un pan que llevarnos a la boca.

RAQUEL ¿”No teníamos”?… ¿Usted también se incluía entre esos pobres?

JESÚS Sí, yo era uno de tantos. Yo también pasé hambre. Por eso me decían “médico, cúrate a ti mismo”. Porque yo era un pobre diablo sin un denario en la bolsa… ¡y hablaba de la liberación de los pobres!

RAQUEL La liberación en el reino de los cielos, en el más allá.

JESÚS No, Raquel. La liberación en la tierra, en el más acá.

RAQUEL ¿Puede explicarse mejor?

JESÚS Yo hablé del Reino de Dios y, por lo que veo, algunos entendieron Reino de los Cielos.

RAQUEL ¿Y cuál es la diferencia? No la agarro.

JESÚS Que los cielos están muy arriba y muy lejos. Que el Reino de los Cielos es una promesa para muy tarde, un consuelo para después de la muerte.

RAQUEL ¿Y no fue eso lo que usted tanto predicó?

JESÚS Todo lo contrario, Raquel. El Reino de Dios es para ahora. Para hoy. No es para la otra vida, sino para esta vida.

RAQUEL ¿Qué más dijo Jesucristo en este monte? ¿Qué significa el Reino de Dios? Una breve pausa comercial y continuamos en directo desde el Monte de las Bienaventuranzas. Raquel Pérez. Emisoras Latinas. ¡Adelante, estudios!

CONTROL CARACTERÍSTICA MUSICAL

LOCUTOR Otro Dios es Posible. Entrevistas exclusivas con Jesucristo en su segunda venida a la Tierra. Una producción de María y José Ignacio López Vigil con el apoyo de Forum Syd y Christian Aid.

MÁS DATOS SOBRE ESTE POLÉMICO TEMA…

Ni listado moral ni consuelo para el futuro

El Monte de las Bienaventuranzas es una colina situada a unos kilómetros de Cafarnaum. En su cima hay una iglesia de forma octogonal, en recuerdo de las ocho bienaventuranzas mencionadas en el evangelio de Mateo, al recoger uno de los mensajes más conocidos y famosos de Jesús de Nazaret, uno de los que mejor condensa lo esencial de su teología.

A veces se interpretan las “bienaventuranzas” como una lista de normas de conducta: “se debe” ser pobre, “se debe” ser misericordioso… Esta interpretación moralista falsea el contenido de esta “buena noticia” destinada a los pobres, a los perdedores, a los sin poder. Las bienaventuranzas no son normas morales ni mucho menos una fórmula de consuelo para aquellos y aquellas a quienes les va mal en este mundo para decirles que, a cambio, les irá bien en el “más allá”.

Dios toma partido por los pobres

Felices los pobres es la bienaventuranza que las resume todas. Jesús llamó felices a los pobres porque les anunciaba que Dios está de su parte y que, con esa convicción de que Dios no es neutral ante sus miserias, se unirían a otros pobres y dejarían de ser pobres. Jesús no llamó “felices” a los pobres porque se portaran bien, o porque aguantaran sin chistar sus miserias, sino porque eran pobres. La buena noticia que les anunció es que Dios los prefiere a ellos, y no porque sean buenos, sino porque son pobres. Dios, como justo que es, quiere que haya justicia y que los pobres dejen de serlo.

Pobres y pobres “de espíritu”

Se ha especulado y discutido mucho sobre quiénes son los pobres a los que se refirió Jesús en las bienaventuranzas. El texto de Lucas (Lucas 6,20-26) habla de “pobres” y el de Mateo (Mateo 5,1-12) de “pobres de espíritu”. La tradición de Lucas es la más primitiva. Los pobres a los que se dirigió Jesús son los que realmente no tienen nada, los que tienen hambre. El “espíritu” que más tarde añadió Mateo recoge las fórmulas empleadas por los profetas del Antiguo Testamento, que hablaron del espíritu humilde de los “anawim” (pobres).

La palabra hebrea “anawim” es sinónimo de desgraciados, indefensos, desesperanzados, hombres y mujeres que saben que están en manos de Dios porque son rechazados por los poderosos, gentes marginadas tanto por la religión del Templo como por el sistema político del Imperio. Lucas acentúa el aspecto de opresión exterior. Mateo, el aspecto de la necesidad interior de quienes padecen esa opresión exterior. Pero ninguno de los dos habla de “ricos que son pobres de espíritu”.

Mateo y Lucas escribieron para públicos distintos. Las comunidades para las que escribió Lucas estaban compuestas mayoritariamente por hombres y mujeres oprimidos dentro de la poderosa estructura del imperio romano: esclavos, habitantes de ciudades en las que existían enormes diferencias sociales, gente explotada por duras condiciones de vida. Mateo escribió para comunidades judías que tenían aún la tentación del fariseísmo: considerar buenos sólo a los decentes, a los que cumplen las leyes. Los “pobres de espíritu” de Mateo son el equivalente de los inmorales, los pecadores, los de mala fama.

A pesar de esta diferencia de matiz, ambos evangelistas quisieron dejar bien claro el sentido profético de las palabras de Jesús: Dios regala su Reino a los pobres del mundo. A los pobres-pobres. El mensaje de Jesús en las bienaventuranzas resultó revolucionario en la historia de las religiones. Además de expresar que la norma moral no contaba para nada como criterio de la benevolencia de Dios, anunció de qué lado estaba Dios en el conflicto histórico: del lado de los de abajo.

Uno de tantos pobres

Jesús fue pobre, tan pobre como sus vecinos a los que anunció las bienaventuranzas. Jesús no fue un maestro religioso que se “hizo pobre”, que se disfrazó de pobre, para que los pobres lo entendieran mejor, como un signo de la condescendencia divina con los miserables. Esta idea falsea la esencia misma del mensaje cristiano, que afirma que fue un campesino pobre de Nazaret quien nos habló de Dios con la voz más lúcida y más alta, que establece que sin hacer justicia a los pobres no se conoce a Dios, que nos enseña que no es “fuera de la Iglesia” ni “fuera del mundo”, sino “fuera de los pobres” donde “no hay salvación” (Ver el desarrollo de esta idea central en los evangelios en el texto “Fuera de los pobres no hay salvación” del teólogo salvadoreño Jon Sobrino en www.envio.org.ni)

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Obra de los hermanos Vigil

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“Con Medellín Dios pasó por América latina. ¿Con quién pasa ahora?”. Reflexión Cuaresma 2012., por Jon Sobrino, teólogo (San Salvador- El Salvador)

Martes, 28 de febrero de 2012

Leído en Eclesalia:

Los diez años de Medellín (1968) a Puebla (1979) fueron únicos en la época moderna de la Iglesia católica en América Latina. Después comenzó un declive al que Aparecida (2007) quiso poner freno, aunque hasta ahora queda mucho por hacer.

Al hacer este juicio, no nos fijarnos en la iglesia tal como la analizan los sociólogos, sino que nos fijamos en “el paso de Dios”. Sin duda es más difícil de calibrar, pero toca la dimensión más honda de la Iglesia, y al servicio de qué debe estar. En definitiva qué aporta a los seres humanos y al mundo como un todo. Y obviamente hay que preguntarse “qué Dios” es el que pasa por la historia en un momento dado.

Medellín

Fue un salto cualitativo. Irrumpieron los pobres, y en ellos irrumpió Dios. Fue un hecho fundante que penetró en la fe de muchos y configuró a la Iglesia.

Sorprendentemente, para la asamblea de obispos la prioridad no la tuvo la Iglesia en sí misma, sino el mundo de pobres y víctimas, es decir la creación de Dios. Sus primeras palabras proclaman la realidad del continente: “una pobreza masiva producto de la injusticia”. Los obispos actuaron, ante todo, como seres humanos, y dejaron hablar a la realidad que clamaba al cielo. Son los clamores que Dios escuchó en el éxodo, le hicieron salir de sí mismo y entró decididamente en la historia. De igual modo, con Medellín Dios entró en la historia latinoamericana.

Desde esa irrupción de los pobres, y de Dios en ellos, Medellín pensó qué es ser Iglesia, cuál es su identidad y misión fundamental, y cuál debe ser su modo de estar en un mundo de pobres. La respuesta fue “una iglesia de los pobres”, semejante a la ilusión que tuvo Juan XXIII y el cardenal Lercaro. En el concilio no prosperó, en Medellín sí. La Iglesia sintió compasión por los oprimidos y decidió trabajar por su liberación. Por muchos, con mayor o menor conciencia explícita, fue acogida como bendición. Por otros, fue percibida, con razón, como grave peligro.

Muy pronto reaccionó el poder. En 1968 Nelson Rockefeller escribió un informe sobre lo que estaba ocurriendo, y esa Iglesia, nueva y peligrosa, tenía que ser debilitada y frenada, y lo mismo ocurrió al comienzo de la administración Reagan. Oligarquías con el capital, ejércitos, escuadrones de la muerte, desencadenaron una persecución contra la Iglesia, desconocida en la historia de América Latina.

La persecución, y el mantenerse firme en ella, dejó en claro lo novedoso y evangélico que estaba ocurriendo: la Iglesia de Medellín estaba con el pueblo pobre y perseguido, y corrió su misma suerte. Miles fueron asesinados, entre ellos media docena de obispos, decenas de sacerotes, religiosos y religiosas, y multitud de laicos, mujeres y varones. Con limitaciones, errores y pecados, era una Iglesia mucho más casta que meretriz, mucho más evangélica que mundana.

Al interior de la Iglesia católica, Pablo VI propició y animó esta nueva Iglesia, pero altos personeros de la curia romana, y de otras curias locales, la descualificaron, trataron mal e injustamente a sus representantes señeros, también a obispos, y diseñaron una iglesia alternativa, diferente y aun contraria, más devocional, intimista, de movimientos, sumisos a y defensores de la jerarquía. Y lo que había que evitar era que la Iglesia volviese a entrar en conflicto con los poderosos. La iglesia popular, nacida alrededor de Medellín, creyente y lúcida, de comunidades de base, que vivía la pobreza del continente, sufrió la doble persecución del mundo opresor, y, con alguna frecuencia, de la propia iglesia. Leer más…

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“Navidad. Justicia, Consolación y Shalom”, por Jon Sobrino, teólogo.

Domingo, 25 de diciembre de 2011

Con nuestros mejores deseos de Paz y Justicia en esta Navidad, traemos esta meditación de Jon Sobrino publicada en Adital:

Meditación de Navidad

En nuestra sociedad, occidentalizada, cada vez más globalizada y aburguesada en su ideal de vida, las tradiciones navideñas tienen varios elementos muy conocidos: Santa Claus, luces, árboles, y sobre todo, consumo. No es que todo esté mal, pero esas tradiciones no tienen nada que ver con las tradiciones bíblicas sobre el nacimiento de Jesús de Nazaret.

Por otra parte las tradiciones bíblicas, la esperanza de justicia y reconciliación de los bellos relatos de Isaías, y la esperanza del shalom de las narraciones de san Lucas, tampoco tienen nada que ver con las tradiciones navideñas que hoy imperan.

Por decirlo en breves palabras, el comercio y el consumo navideño, el mundo de los negocios, no tienen nada que ver con la Biblia, que es palabra de Dios, y con la liturgia, que es la celebración de los cristianos.

Que estas cosas puedan cambiar, lo damos prácticamente por imposible y por eso no vamos a hablar más de ello. Pero siempre queda la esperanza de que la palabra de Dios y la celebración de los cristianos nos ilumine y anime.

Justicia. Es necesaria y está enterrada; es nítida y está maquillada. A veces con razones aparentemente buenas: “Hoy basta con hablar de solidaridad”, y a veces con razones claramente malas: “Hablar de injusticia es cosa del pasado”. Y sin embargo, no hay navidad cristiana sin hablar de la palabra de Dios, y no hay palabra de Dios sin hablar de justicia.

Los salmos nos recuerdan que “la paz y la justicia se besan”, que dejemos de hablar de paz, si no ponemos manos a la obra y construimos un país justo.

Las tradiciones mundanas no saben de estas cosas.

Comercio y mercado son dioses, y quiera Dios que no sean ídolos que producen víctimas, apoderándose del dinero de los pobres y adormeciendo a todos.

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“La fácil y difícil Navidad”, por Jon Sobrino.

Domingo, 25 de diciembre de 2011

Publicado en Antena Misionera:

La Navidad da que pensar. Puede ser algo muy hermoso y muy humano, pero puede ser también algo trivial y hasta inhumano. Y esa ambigüedad es más clara precisamente porque se recuerda no cualquier nacimiento, sino el de Jesús de Nazaret.

Es cosa buena celebrar la vida que comienza. Aun con todas las dudas que plantea al recién nacido y a la comunidad que lo acoge, la alegría está justificada. De ahí, la intuición certera de rodear de celebraciones el nacimiento de Jesús en la liturgia y en la vida real. Y por cierto, dicho con humor, por mucho que se empeñen los liturgistas, el nacimiento de Jesús es una fiesta más “naturalmente” alegre que su resurrección. Y es que la “resurrección” es plenitud de vida más allá de la historia, pero nadie la ha experimentado. La “navidad”, sin embargo, es, desde siempre, vida y ternura -dolor también a veces- que todos hemos experimentado.

Por eso el que a un tal José y a una tal María les naciera un niño no necesita explicación, provoca alegría y mueve a la celebración. Es el eterno milagro de la vida. Nace un ser humano, abierto a amar y a pensar, a comprometerse y a crear, a sufrir y a gozar.

Aunque también será tentado a cerrarse en sí mismo, y a renegar de lo humano. Todos entendemos esto.

Celebrar Navidad, celebrar la vida un 24 de diciembre debiera ser, pues, cosa fácil, pero no lo es sin más. Los seres humanos podemos estropearlo todo, aun lo más profundo y bello, y lo hacemos. Dos cosas estropean la navidad en nuestros días.

La primera es -como siempre- el dinero. El consumismo nos pone en el centro de la navidad el dinero, y eso genera un dinamismo que a lo largo de la historia ha ido cambiando las formas de celebración hasta degenerarlas. Ahora veneramos a un Santa Claus -bonachón, vendedor de ilusiones infantiles, todo hay que decirlo, que alguna necesidad llena-, pero al servicio del dinero. Queda para los templos, y algunos hogares, recordar una tradición más ancestral y más humana: el nacimiento, bella idea que se le ocurrió a Francisco de Asís, enamorado de lo humano y de la ternura primordial de la vida. Hoy, para el pobre José, la pobre María y el pobre Jesús no hay lugar en los supermercados. No sabrían qué hacer en ellos, pues, en definitiva, respiran negocio, ambición del dinero -y eso creó el consumismo. Y los supermercados tampoco sabrían qué hacer con ellos, pues no son símbolos que venden, no son buenos para el marketing. Y dígase algo parecido de la belleza de un árbol, su verde color, la esbeltez de su figura, atraen, pero han acabado convertidos -y a buen precio- en peana y estante para regalos, lo que no es una idea mala, pero sin llegar a los extremos actuales.

La segunda es más grave: la crueldad humana que perdura en navidad. Es la antinavidad. En la de este año, en estos mismos días se anuncia la existencia de 42 millones de enfermos de sida -el 60% en Africa subsahariana, de los cuales el 75% son mujeres- y solamente el 7% tiene acceso a tratamiento. Y nada se diga de la cruel hipocresía del árbol que se enciende en la Casa Blanca. Qué nobles sentimientos evocará, a qué nobles pensamientos dirigirá las mentes cuando en Irak han muerto decenas de miles de personas es pregunta más que cínica. Y entre nosotros, aquí en El Salvador, ¿qué dicen los árboles de navidad sobre los 300 homicidios al mes, y los 500 salvadoreños y salvadoreñas que cada día intentan abandonar el país, sobre la acumulación de más dinero cada vez más en menos manos? No es fácil celebrar navidad.

Lo dijo Monseñor Romero, en palabras memorables, en la última navidad que celebró: Es hora de mirar hoy al Niño Jesús no en las imágenes bonitas de nuestros pesebres. Hay que buscarlo entre los niños desnutridos que se han acostado esta noche sin tener que comer, entre los pobrecitos vendedores de periódicos que dormirán arropados de diarios allá en los portales. Entre el pobrecito lustrador que tal vez se ha ganado lo necesario para llevar un regalito a su mamá o, quién sabe, el vendedor de periódicos que no logró vender los periódicos y recibirá una tremenda reprimenda de su padrastro o madrastra. ¡Qué triste es la historia de nuestros niños! Todo eso lo asume Jesús esta noche! (24 de diciembre, 1979).

Y si ese niño llegó a ser el Jesús de Nazaret que recorrió Galilea y terminó mal en Jerusalén, ¿hace eso más fácil o más difícil celebrar la navidad? Aquí el problema es más hondo, pues, sepámoslo o no, encontrarnos con ese Jesús, es enfrentarnos con nosotros mismos, qué somos, qué queremos ser, qué debemos ser -preguntas esenciales ciertamente para un creyente. Y para todo el mundo. Si navidad es la aparición de lo humano de Jesús, de lo verdaderamente humano, significa enfrentarnos a nuestro mundo con honradez, alegrarnos con sencillez de lo bueno que tenemos y avergonzarnos sin disimulo de los males que hacemos. Jesús nos confronta con nosotros mismos. ¿Es eso fácil o difícil? Leer más…

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Domingo 18 de septiembre de 2011, 25 del Tiempo Ordinario

Domingo, 18 de septiembre de 2011

Leído en Koinonía:

Lecturas:

Is 55,6-9: Sus caminos no son mis caminos
Salmo responsorial 144: Cerca está el Señor de los que le invocan
Flp 1,20c-24.27a: Para mí la vida es Cristo
Mt 20,1-16: ¿Vas tener tú envidia porque soy bueno?

La gracia y la misericordia de Dios se contrapone a la mentalidad religiosa judía de los tiempos de Jesús. Frente a la teología del mérito del sistema religioso se opone la teología de la gracia predicada por Jesús. Desde esta perspectiva, la salvación no se alcanza solamente por méritos propios sino por la misericordia de Dios que nos la concede a pesar de que no la merezcamos.

El texto del segundo Isaías centra su actividad profética en el tema de la consolación del pueblo desterrado. Pero el destierro fue por la desobediencia del pueblo y de sus dirigentes que se apartaron de Dios y quebrantaron la alianza. Sin embargo, Dios no abandona a su pueblo. Si el pueblo es infiel a la alianza, Dios permanece siempre fiel. Los caminos del Señor son muy distintos de los caminos humanos. El profeta insiste en la invitación a buscar al Señor. Hace un llamado a la conversión y al arrepentimiento porque Dios es Clemente y misericordioso y siempre está dispuesto al perdón. Los planes de Dios no son tan limitados y mezquinos como los de nosotros.

Pablo, en la carta a los Filipenses, plantea una seria disyuntiva: o morir para estar con Cristo o quedarse en medio de ellos para ayudarles en sus dificultades. Pablo, prisionero por Cristo, presiente que sus días ya están llegando a su fin. Perseguido, calumniado, encarcelado, azotado y despreciado de muchos ha vivido en su propia persona la pasión de su Señor. Consecuente con su predicación, si se ha esforzado por vivir el evangelio de Jesús, entonces es normal que corra la misma suerte que su maestro. Pero también tiene la plena convicción de participar de la gloria de la resurrección. Tanto su vida como su muerte está en función de Cristo.

Si está vivo es para seguir anunciando el evangelio, si muere es para entrar en la plena comunión de los justificados por El. Así las cosas, Pablo siente que su misión ha llegado a su fin. Como Jesús, puede decir todo está cumplido. Pero a Pablo le queda la gran preocupación de la fragilidad de las comunidades, cuya fe está fuertemente amenazada por el ambiente cultural y religioso de las colonias del Imperio.

En la parábola de los trabajadores descontentos con la paga se refleja el modo de actuar de Dios contrario a nuestra mentalidad utilitarista. El contexto de la parábola debió se la controversia de Jesús con las autoridades judías por su continua relación con personas de dudosa reputación como publicados, pecadores, enfermos, niños, paganos y mujeres. Precisamente aquellos que estaba considerados impuros y, por tanto, excluidos del círculo de santidad.

Pero en el contexto de la comunidad mateana se percibe el conflicto producido entre los judeocristianos y paganos cristianos que confluyen en la misma comunidad. Era inaceptable que los recién conversos tuvieran el mismo trato de los que han pertenecido desde tiempos antiguos al pueblo elegido. Es claro que el encuentro entre judaísmo y cristianismo en el seno de una misma comunidad resultó bastante complicado. Así lo manifiestan otros escritos del nuevo testamento como la carta a los gálatas.

La parábola, narrada por Jesús, parte de un hecho real. El propietario representa a los terratenientes que a base de aranceles habían quitado las tierras a los campesinos. Así mismo, los desocupados eran los que lo habían perdido todo y se alquilaban por cualquier cosa para poder vivir. Por supuesto que había quienes siempre eran clientes fijos del propietario, es decir, aquellos a quienes siempre se les contrataba, y estaban los que iban apareciendo a última hora. La clave de la parábola no está en la actitud equitativa del patrón, pues el podría pagar como quisiera. Lo que llamó la atención a los oyentes es que haya preferido a los que no eran sus trabajadores (los de la última hora) sobre los que si lo eran (los de la primera hora). Situación incomprensible desde todo punto de vista.

El sistema religioso del tiempo de Jesús y de las primeras comunidades centraba la práctica religiosa en el mérito y la paga. La salvación se había convertido en un mercado de compra y venta. Jesús cuestiona a fondo esta mentalidad que tanto mal le ha hecho al pueblo. La salvación es don gratuito de Dios. Y la gracia tiene que ver con el amor misericordioso. Dios no maneja nuestros esquemas contables interesados y lucrativos. Para Dios, tanto los primeros como los últimos son objeto de su inmenso amor y misericordia.

Hoy tenemos que superar todo espíritu de competencia y codicia. Tenemos que superar sobre todo el «exclusivismo» que todavía late en el subconsciente cristiano: ya no lo decimos ni lo sostenemos, pero muchos lo siguen pensando: nosotros, nuestra religión, sería la única verdadera, y por tanto la superior, la definitiva, la insuperable, aquella a la que las demás religiones (¡y culturas!) deberán confluir…

Si ya muchos han abandonado aquella visión veterotestamentaria de que «las naciones y los pueblos vendrán a adorar a Dios en Sión» -porque sociológicamente ya no parece previsible ni viable que el mundo vaya un día a ser todo él cristiano-, no dejamos de tener esa conciencia de «exclusivismo» cuando nuestras autoridades y jerarquías condenan autoritariamente y sin diálogo alguno opiniones sociales, criterios éticos, que se dan en distintas sociedades, apoyados en el convencimiento de que nuestra verdad es incuestionablemente superior a la de los demás, por principio, y que tendríamos derecho a imponerla en la sociedad (laica, aconfesional) sin necesidad siquiera de dialogar y convencer a la población… Es una actitud de complejo de superioridad que no tiene ninguna justificación.

La apertura a todos, el reconocimiento sincero de que no tenemos un «gratuito e inmerecido derecho de primogenitura», que no somos «los (únicos) elegidos», que los que hemos considerado tradicionalmente «últimos» (o en todo caso, posteriores a nosotros) no lo son, que Dios es «gratuito» y sin favoritismos… son asignaturas pendientes todavía para las Iglesias cristianas…

No cabe duda de que aceptar en profundidad el mensaje evangélico de hoy de que «los primeros serán los últimos», nos exige un cambio de mentalidad a fondo. También el pluralismo religioso y el diálogo intercultural hay que elencarlos entre esos grandes desafíos generados por el descubrimiento más profundo de la «gratuidad de Dios» que la parábola del evangelio de hoy vuelve a poner ante nuestros ojos. Leer más…

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La obsesión del Gran Inquisidor fuerza a que Doctrina de la Fe corte el paso a la serie de Pagola sobre los cuatro evangelistas.

Martes, 28 de junio de 2011

Cuando un hombre de Iglesia se obsesiona con la ortodoxia y  con una persona, el resultado es peligroso y termina en el acoso, la persecución y el abuso de autoridad, como cuenta de forma rotunda Jesús Bastante en su Blog El Barón Rampante… Y como dice José Ignacio Calleja, “No todo lo que escribe Pagola es inapelable, pero sí profundamente cristiano”, por eso nos duele esta sangrienta persecución y el deseo de impedir que el pueblo fiel piense.

La comisión episcopal deniega el ‘nihil obstat’ al constatar una serie de “ambigüedades” y enseñanzas opuestas al magisterio de la Iglesia

La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe ha denegado el ‘nihil obstat’ (nada que objetar) al segundo libro de José Antonio Pagola sobre los evangelios, titulado ‘El camino abierto por Jesús. Marcos’, por considerar que en determinados puntos “la enseñanza del texto se opone a afirmaciones explícitas del magisterio de la Iglesia”, y por la acumulación de una serie de “ambigüedades”. Lo cuenta Pedro Ontoso en Diario Vasco.

El primer volumen superó el pasado mes de noviembre la barrera de la censura eclesiástica, lo que puso en guardia a los detractores de Pagola en espera de que llegara el segundo. El manuscrito ha acabado en la mesa de la secretaría general de la comisión, al mando de José Rico Pavés, un viejo conocido del teólogo vasco, al que ya desacreditó con la obra ‘Jesús. Aproximación histórica’.

Rico Pavés firmó en su día un duro artículo contra el ‘Jesús’ de Pagola, que luego se convirtió en una extensa nota de clarificación -no de condena- de Doctrina de la Fe sobre la obra de investigación histórica. Casi cinco años después el exvicario de San Sebastián vuelve a sufrir un calvario por parte del mismo órgano episcopal. Rico, que figura en muchas quinielas como candidato a la mitra, es el perito de la comisión que preside ahora el obispo de Almería, Adolfo González, y de la que son miembros Manuel Ureña, arzobispo de Zaragoza, Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, Juan Antonio Reíg Plá, titular de Alcalá de Henares, Luis Quinteiro, obispo de Tuy-Vigo y Enrique Benavent, prelado auxiliar de Valencia.

Pese al secretismo del ‘caso Pagola’, este periódico ha tenido acceso al informe doctrinal sobre el manuscrito del teólogo vasco, un duro alegato de 15 folios trufado de un lenguaje descalificador en el que se habla de formulaciones «poco afortunadas», afirmaciones «confusas» o «ambigüedad» constante. El informe apoya sus argumentos en textos recogidos de la propia Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe -como el documento Dominus Jesús sobre la unicidad de la Iglesia católica como religión verdadera-, el Catecismo de la Iglesia, la Dei Filius -constitución dogmática sobre la fe del Vaticano I-, el Credo del Pueblo de Dios, la encíclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II, e incluso se remonta al Concilio de Trento. También invoca pronunciamientos que han tenido lugar contra destacados teólogos a los que se ha castigado con el silencio, como Leonardo Boff, Roger Haight o Jon Sobrino, estos dos últimos jesuitas.

El dictamen apenas ofrece una concesión positiva a los «méritos indudables» del autor, como el haber conseguido una «exposición sencilla y cercana, que se lee con facilidad e invita a la reflexión». Desde el primer folio, los censores encuentran ya «una serie de ambigüedades respecto a enseñanzas básicas de la fe cristiana, e incluso afirmaciones que no se ve cómo puedan resultar compatibles con determinados pronunciamientos de la Iglesia».

En el análisis sobre ‘El seguimiento de Cristo, fe y religión’, el informe establece que el planteamiento de Pagola «es incompatible con la fe católica» cuando, entre otras afirmaciones, escribe que «la primera tarea de la Iglesia no es celebrar culto, elaborar teología, predicar moral, sino curar, liberar el mal, sacar del abatimiento, sanear la vida, ayudar a vivir de una manera saludable». El informe advierte sobre el peligro de reducción de la verdad a la praxis, que ya se recogía en el primer documento de Doctrina de la Fe sobre la teología de la liberación. Añade que «una consecuencia de lo que afirma Pagola al no subrayarse adecuadamente la confesión de fe en aras de la praxis, es el riesgo de deslizarse hacia planteamientos propios del pluralismo religioso».

En el apartado de ‘Identidad de Jesucristo y el misterio de Dios’, el informe constata la «relativización de fórmulas dogmáticas en razón de la praxis». Los censores relacionan la posición del autor con la que mantuvo J. Sobrino «donde la confesión de fe cristológica quedaba redimensionada por la praxis liberadora hasta el punto de considerarse ‘peligrosas’ las fórmulas dogmáticas. Sin llegar a esos extremos de J. Sobrino -prosiguen- para J. A. Pagola parece que la confesión de la verdad sobre Cristo resulta bastante irrelevante para la vida cristiana, en la que lo único importante es la actividad liberadora, que parece reducirse al mero alivio de las miserias terrenas».

Una cuestión que los censores esgrimen como «ejemplo de ambigüedad» es la afirmación de que en la Iglesia se debe superar la dominación masculina «sin especificar nunca en qué consiste». «En muchos lectores, dado el ambiente cultural, -escriben- se entenderá que la mayor ‘discriminación’ de la mujer en la Iglesia es que no pueda recibir el orden sacerdotal». «¿Pretende decir que se debe admitir a las mujeres al sacerdocio ministerial oponiéndose así a una enseñanza infalible?». El dictamen se refiere, por último, a la «permanente ambigüedad» sobre el pecado, así como a los textos en los que aparecen los posesos y los exorcismos para concluir que Pagola «silencia verdades de fe, como la existencia del demonio».

Según ha podido saber este periódico, Pagola ha respondido a todas las acusaciones de la comisión de la Doctrina de la Fe. Hastiado, pero en una situación anímica que no tiene nada que ver con la anterior, cuando somatizó un caso que cada vez tiene mucho que ver con una persecución personal. Mientras, los ejecutivos editoriales buscan un sello nodriza en el que pueda repostar el trabajo de Pagola, que se ha convertido ya, muy a su pesar, en un icono del pensamiento eclesial libre.

Los autores del informe creen significativo que Pagola presente una cita de Einstein que, a su juicio, puede ser «muy útil para ciertos campos de la Física» pero «no de la Fe cristiana», y cuya visión de Dios «era semejante a la de Spinoza», en referencia al filósofo cuya crítica racionalista de la Biblia motivó que fuera excomulgado por los rabinos. La cita dice: «Si se separan del judaísmo los profetas, y del cristianismo, tal como lo enseñó Jesucristo, todas las adiciones posteriores, en especial las del clero, nos quedaríamos con una doctrina capaz de curar a la humanidad de todos los males». Los censores creen que el sentido de ese texto es «separar lo que Jesús ha dicho de lo que la Iglesia ha explicado de Él, todo lo cual es inaceptable».

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“Monseñor Romero, ‘defensor’ de pobres y víctimas”, por Jon Sobrino.

Sábado, 16 de abril de 2011

Excelente artículo de Jon Sobrino que hemos leído en Eclesalia:

Puebla habla de la opción por los pobres con gran precisión: “por el hecho de ser pobres Dios los defiende y los ama”. Es decir, optar no es solo amar y, por ello, “ayudar”, sino es antes que nada “defender”. Y con esa precisión habló un campesino sobre Monseñor. “Monseñor Romero dijo la verdad. Nos defendió a nosotros de pobres. Y por eso lo mataron”. Sobre esta solemne sentencia del campesino queremos decir una palabra en este aniversario.

1. “Monseñor dijo la verdad”.

“El maligno es asesino y mentiroso”, dice el evangelio de Juan (8, 44). Primero da muerte y después la encubre. Monseñor Romero fue totalmente consciente de ello, y por eso para “defender” al pobre -y “luchar” contra los que lo empobrecen y asesinan-, “dijo la verdad”. Y por la hondura y magnitud de su defensa -no solo por razones éticas genéricas- Monseñor Romero dijo la verdad de forma nunca antes conocida.

La dijo “vigorosamente”, pues “nada hay tan importante como la vida humana. Sobre todo la persona de los pobres y oprimidos” (16 de marzo, 1980). Como es bien sabido, en sus homilías dijo la verdad “extensamente”, para poder decir “toda la verdad”. Y la dijo “públicamente”, “desde los tejados”, como pedía Jesús, en catedral, y a través de la YSAX. Dijo, la verdad “popularmente”, lo cual es mas novedoso, aprendiendo muchas cosas del pueblo, de modo que, sin saberlo, los pobres y los campesinos eran coautores de sus homilías y cartas pastorales.

“Entre ustedes y yo hacemos esta homilía” (16 de septiembre, 1979). Y fue también “popular” porque siempre respetó y apreció la “razón”, el discurrir del pueblo, de la gente sencilla, sin intentos de infantilización, lo cual no suele ser normal en discursos políticos ni muchas veces en la pastoral, ni en el transfondo de actividades académicas. En momentos cumbres dijo la verdad “solemnemente”. “Esto es el imperio del infierno” (1 de julio, 1979). Denuncia. “Sobre estas ruinas brillará la gloria del Señor” (7 de enero, 1979). Consuelo y esperanza. “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!” (23 de marzo, 1980). Exigencia sin condiciones.

Su modo de “decir la verdad” le llevó a ser pionero de lo que ahora se llama “la memoria histórica”. No es invento de ahora. Lo hacia con precisión escrupulosa, con el mejor sprit de geometrie de Pascal, mencionando todos y cada uno de los nombres de las victimas, familiares abandonados, victimarios, lugar y tiempo, circunstancias. Y lo hacia con total delicadeza y lleno de dolor. “Se me horrorizó el corazón cuando vi a la esposa con sus nueve niñitos pequeños, que venía a informarme. Según ella lo encontraron (al esposo) con señales de tortura y muerte.

Ahí está esa esposa con esos niños desamparados… Es necesario que tantos hogares que han quedado desamparados como este reciban la ayuda. El criminal que desampara un hogar tiene obligación en conciencia de ayudar a sostener ese hogar” (20 de noviembre de 1977). Es el sprit de finesse del que debe estar empapada toda memoria histórica. Y también fue memoria histórica, olvidada, el recuerdo de la bondad, la entrega de mártires por la justicia, su esperanza y su confianza en Dios.

Como Jesús, Monseñor habló “como quien tiene autoridad, no como los letrados”. Y “la gente quedaba asombrada de su doctrina”. La autoridad no le venía, como tampoco a Jesús, de su origen: “¿De Nazaret puede salir cosa buena?”. Ni de su condición de obispo –pues dicho con sencillez en su tiempo varios obispos del país eran muy poco respetados. La autoridad le provenía de su autenticidad y convicción, expresadas en su honradez con lo real y su coherencia entre decir y hacer. Crecía y se desbordaba en su hacer justicia y en el amor al pueblo. Y al final, con su entrega total.

Decir la verdad significó también “desenmascarar el encubrimiento”. “La ira de Dios se revela contra toda clase de hombres impíos e injustos que aprisionan la verdad con su injusticia” (Rom 1, 18).

Monseñor desenmascaró la riqueza. “Yo denuncio, sobre todo, la absolutización de la riqueza, ese es el gran mal de El Salvador: la riqueza, la propiedad privada, como un absoluto intocable. ¡Y ay del que toque ese alambre de alta tensión! Se quema” (12 de agosto, 1979). Desenmascaró la violación del séptimo mandamiento, el pecado originante.

Sus mayores diatribas fueron contra la muerte injusta y cruel. ”No me cansaré de denunciar el atropello por capturas arbitrarias, por desaparecimientos, por torturas” (24 de junio, 1979). “La violencia, el asesinato, la tortura donde se quedan tantos muertos, el machetear y tirar al mar, el botar gente: esto es el imperio del infierno” (1 de julio, 1979). Desenmascaró la violación del quinto mandamiento, cuando esta es necesaria para depredar o mantener lo depredado.

Clamó contra los medios de comunicación y discursos oficiales. “Falta en nuestro ambiente la verdad“. (12 de abril, 1979). “Sobra quienes tienen su pluma pagada y su palabra vendida” (18 de febrero, 1979). “Estamos en un mundo de mentiras donde nadie cree ya en nada” (19 de marzo, 1979). Desenmascaró la violación del octavo mandamiento, lo que ocurre para encubrir las dos anteriores. Escándalo y encubrimiento son correlativos.

Y por encima de todo decía la verdad abrumado y destrozado por el sufrimiento del pueblo. La víspera de su asesinato explicó, sereno y conmovido, cómo preparaba la homilía del domingo. “Le pido al Señor durante la semana, mientras voy recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanto crimen, la ignominia de tanta violencia, que me dé la palabra oportuna para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento” (23 de marzo de 1980).

2. “Monseñor nos defendió de pobres”.

Defendió la organización popular, apoyó el Socorro Jurídico para defender los derechos de las victimas. Y cuando arreció la represión abrió las puertas del seminario para acoger a los campesinos que huían de Chalatenango, lo que disgustó a otros jerarcas. Leer más…

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