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“Un profeta que llora”. 6 de abril de 2014. 5 Cuaresma (A). Juan 11, 1- 45.

Domingo, 6 de abril de 2014

img_men_1024_2011-4-10_1Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, “tu amigo”, está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.

Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él “se echa a llorar” junto a ellos. La gente comenta: “¡Cómo lo quería!“.

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?

El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?

Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y “seguir tirando”. Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo a nuestro final hemos de acercarnos de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?

Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: “De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada”.

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”. Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la esperanza cristiana en la resurrección. Pásalo.

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“Yo soy la resurrección y la vida”. Domingo 6 de abril de 2014. Domingo 5º de Cuaresma.

Domingo, 6 de abril de 2014

RESURRECCION_DE_LAZAROLeído en Koinonia:

Ez 37,12-14: Les infundiré, mi espíritu, y vivirán
Salmo responsorial 129: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa
Rom 8,8-11: El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes
Jn 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida

El pueblo, desterrado en Babilonia (su tumba), es llamado a una existencia totalmente nueva. El Espíritu del Señor se posa sobre su realidad (huesos secos) y les reviste de carne, es decir, de vida. Un pueblo nuevo se pone en pie. Dios puede abrir los sepulcros de Israel y darle una nueva vida. Es una “resurrección” que marca el final del destierro y el regreso de la esperanza al pueblo, con el retorno a su tierra. Este es el mensaje que nos regala hoy la profecía de Ezequiel.

El evangelio nos presenta el último de los signos realizados por Jesús, que insiste en que su finalidad es “manifestar la gloria de Dios”. Por su vida y obras, Jesús revela al Padre, y a ello deben corresponder los discípulos confesando su fe en él. En el relato, esta fe de los discípulos, pasa por un proceso de crecimiento, que se deja ver claramente en los diálogos que tienen los doce y las hermanas con Jesús. El gran gestor de este proceso en los discípulos es Jesús, que por su palabra y su propia fe en el Padre, va conduciéndolos de una fe imperfecta a una fe más sólida. La fe de Jesús es confiada, y lo manifiesta en la oración que dirige al Padre: “Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas”. Jesús sabe que el Padre está con él y no le defraudará, y manifiesta esta confianza aun antes de que suceda el signo.

Las hermanas, en cambio, manifiestan una fe limitada y se lamentan de lo mismo. Partiendo de esta fe deficiente, Jesús les conduce a una fe mayor. Cuando le dice a Marta que su hermano resucitará, ella, según el sentir común, piensa en algo que sucederá al final de los tiempos, pero Jesús le rompe todas sus creencias revelándole que ésta es una experiencia ya presente y actuante en él: “Yo soy la resurrección y la vida”. Le revela además que esta resurrección, está ya presente y actuante en todos aquellos que crean en él: “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Entonces la obliga a dar un paso adelante en su fe: “¿Crees esto?”. Ella asiente positivamente: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Al resucitar a Lázaro, Jesús revela que “el don de Dios” desborda los cálculos humanos (se esperaba que lo curara, no que lo resucitara), incluso cuando ya no hay esperanza (“Señor, huele mal, ya lleva cuatro días muerto”), y anticipa el signo por excelencia de la resurrección de Jesús. A todo el que confié en él, “Dios le ayuda” (esto es lo que significa el nombre Lázaro). A todo discípulo que cree en Jesús, le sucede lo que a Lázaro, no hay que esperar al final de los tiempos para resucitar. La fe cristiana es un camino de vida y de esperanza en el que el Espíritu Santo, desde el bautismo, nos identifica con Cristo que nos ha sacado de nuestras tumbas para que vivamos ya ahora como resucitados.


Muchos pueblos de la tierra, en el pasado y en el presente, se han visto forzados a abandonar su tierra, a marchar al exilio. Sus habitantes forman las legiones de desplazados y refugiados que, hoy por hoy, las Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR), se esfuerzan por atender. Para un desplazado no hay peor desgracia que morir lejos del paisaje familiar, de la tierra nutricia, del suelo patrio. El profeta Ezequiel, en la primera lectura, afronta esta situación viviéndola con su pueblo de Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los patriarcas, la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara Josué. Al dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños.

Pero la voz del profeta se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo, abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Su pueblo conocerá que Dios es el Señor cuando Él derrame en abundancia su Espíritu sobre los sobrevivientes.

En el Antiguo Testamento no aparece claramente una expectativa de vida eterna, de vida más allá de la muerte. Los israelitas esperaban las bendiciones divinas para este tiempo de la vida terrena: larga vida, numerosa descendencia, habitar en la tierra que Dios donó a su pueblo, riquezas suficientes para vivir holgadamente. Más allá de la muerte sólo quedaba acostarse y «dormir» con los padres, con los antepasados; las almas de los muertos habitaban en el “sheol”, el abismo subterráneo en donde ni si gozaba, ni se sufría.

Sólo en los últimos libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en Daniel, en Sabiduría y en Macabeos, encontramos textos que hablan más o menos confusamente de una esperanza de vida más allá de la muerte, de una posibilidad de volver a vivir por voluntad de Dios, de resucitar. Esta esperanza tímida surge en el contexto de la pregunta por la retribución y el ejercicio de la justicia divina: ¿Cuándo premiará Dios al justo, al mártir de la fe, por ejemplo, o castigará al impío perseguidor de su pueblo, si la muerte se los ha llevado? ¿Cuándo realizará Dios plenamente las promesas a favor de su pueblo elegido? Algunas corrientes del judaísmo contemporáneo de Jesús, como el fariseísmo, creían firmemente en la resurrección de los muertos como un acontecimiento escatológico, de los últimos tiempos, un acontecimiento que haría brillar la insobornable justicia de Dios sobre justos y pecadores. Los saduceos por el contrario, se atenían a la doctrina tradicional, les bastaba esta vida de privilegios para los de su casta, y consideraban cumplida la justicia divina en el “status quo” que ellos defendían: el mundo estaba bien como estaba, en manos de los dominadores romanos que respetaban su poder religioso y sacerdotal sobre el pueblo.

La segunda lectura está tomada de la carta de Pablo a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que nos inducen fácilmente a confusión. El fragmento de hoy está escogido para hacer referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del exilio, no estamos ya en la “carne”, es decir -en el lenguaje de Pablo-: no estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada. Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.

El pasaje evangélico que leemos hoy, la «reviviscencia» de Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el armazón del cuarto evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre….

Bonita la escena, bien construido el relato, tremendas y lapidarias las palabras de Jesús, rico en simbolismo el conjunto… pero difícil el texto para nosotros hoy, cuando nos movemos en una mentalidad tan alejada de la de Juan y su comunidad. A nosotros no nos llaman tanto la atención los milagros de Jesús como sus actitudes y su praxis ordinaria. Preferimos mirarlo en su lado imitable más que en su aspecto simplemente admirable que no podemos imitar. No somos tampoco muy dados a creer fácilmente en la posibilidad de los milagros. Para la mentalidad adulta y crítica de una persona de hoy, una persona de la calle, este texto no es fácil. (Puede ser más fácil para unas religiosas de clausura, o para los niños de la catequesis infantil).

En la muy sofisticada elaboración del evangelio de Juan, éste es el «signo» culminante de Jesús, no sólo por ser mucho más llamativo que los otros (nada menos que una reviviscencia) sino porque está presentado como el que derrama la gota que rompe la paciencia de los enemigos de Jesús, que por este milagro decidirán matar a Jesús. Quizá por eso ha sido elegido para este último domingo antes de la semana santa. Estamos acercándonos al climax del drama de la vida de Jesús, y este hecho de su vida es presentado por Juan como el que provoca el desenlace final.

La causa de la muerte de Jesús fue mucho más que la decisión de unos enemigos temerosos del crecimiento de la popularidad de un Jesús taumaturgo, como aquí lo presenta Juan. Este puede ser un filón de la reflexión de hoy: «Por qué muere Jesús y por qué le matan» (remitimos para ello a un artículo clásico de Ignacio Ellacuría, en http://servicioskoinonia.org/relat/125.htm). El episodio 102 de la famosa serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus) también interpreta este pasaje de Juan en relación con la «clandestinidad» a la que Jesús tendría que someterse sin duda en el último período de su vida.

Otro tema puede ser el de la fe o del creer en Jesús, con tal de que no identificar la «fe» en «creer que Jesús puede hacer milagros» o «creer en los milagros de Jesús». La fe es algo mucho más serio y profundo. Podría uno creer en Jesús y creer que el Jesús histórico probablemente no hizo ningún milagro… No podemos plantear la fe como si un «Dios allá arriba» jugase a ver si allá abajo los humanos dan crédito o no a las tradiciones que les cuentan sus mayores referentes a los milagros que hizo un tal Jesús… La fe cristiana tiene que ser algo mucho más serio.

Y un tercer tema, todavía más complejo para nuestra reflexión, puede ser el de la resurrección. Precisamente porque, la de Lázaro no fue una resurrección. Lógicamente, a Lázaro simplemente se le dio una prórroga, una «propina», un suplemento… de esta misma vida. Un «más de lo mismo». Y el Lázaro «resucitado» -como tantas veces se lo mal llamó- tenía que volver a morir. Porque para nosotros «vivir es morir». Cada día que vivimos es un día que morimos, un día menos que nos queda de vida, un día más que hemos gastado de nuestra vida… Pero «resucitar»… es otra cosa.

Aquí habría que subrayar que es bien probable que en la cabeza de la mayor parte de nosotros, la idea de «resurrección» que hay es una idea equivocada, por esta misma razón por la que decimos que Lázaro era «mal llamado resucitado»: porque pensamos, o mejor dicho, «imaginamos» la vida resucitada un poco como «prolongación, suplemento, continuación…» de ésta de ahora. Y no. No es sólo que la diferencia será que «aquella vida no se acaba», o que «no tiene necesidades materiales» porque «allí serán como los ángeles del cielo»… No. Es que se trata realmente de otra cosa. Es un misterio. Nuestra llamada «fe en la resurrección» no es un creer que hay un «segundo piso» al que subimos tras la muerte y que allí «continuaremos viviendo»… Podríamos decir que todas esas «imágenes» no corresponden al «misterio» en el que creemos, y como tales, pueden ser dejadas de lado. También aquí, yo puedo creer en lo que denominamos «resurrección» sin aceptar la interpretación facilona de que Dios nos creó aquí primero para luego llevarnos a un lugar definitivo… Muchos pueblos primitivos han pensado esto, que fue una forma plausible de interpretación de la vida humana en unos determinados contextos culturales de tiempos pasados. Pero hoy, si no queremos seguir anclados en las «creencias» típicas de las religiones de la edad agraria… es necesario hacer un esfuerzo de purificación, y quizá también haga falta aceptar la ascesis de un «no saber/no poder» expresar bien aquello en lo que «creemos»…

Es un tema demasiado importante y demasiado sutil como para llegar, y ponernos directamente a hablar de la resurrección de Lázaro y de la nuestra, sin necesidad de más preámbulos… Es más complejo el problema. Sobre la transformación de las condiciones de credibilidad de las religiones en este nuevo tiempo sugerimos la lectura de los artículos 352 (http://servicioskoinonia.org/relat/352.htm), de Mariano CORBÍ, y 344, de Amando ROBLES (http://servicioskoinonia.org/relat/344.htm). Sobre la necesidad de «despedirse del piso de arriba», recomendamos la lectura del capitulo de igual título del libro de Roger LENAERS «Otro Dios es posible [http://tiempoaxial.org/#10]. Y sobre la resurrección, en un plan más netamente teológico, recomendamos la lectura de TORRES QUEIRUGA, «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003). Hay también un reciente número de la revista CONCILIUM dedicado a la resurrección (noviembre 2006). La Agenda Latinoamericana’2011 [htp://latinoamericana.org/digital] trae un artículo titulado «¿Pero hay o no hay otro mundo ahí arriba?»[ http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo/obra.php?ncodigo=729] accesible en su archivo digital [http://servicioskoinonia.org/agenda/archivo]. La serie «Otro Dios es posible, de los hermanos LÓPEZ VIGIL aborda el tema de la resurrección en la entrevista 98 [http://radialistas.net/article/98-resucito/], titulada «¿Resucitó?». Leer más…

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Dom 6.4.14. “Lázaro ¡sal fuera! En contra del negocio de la muerte”

Domingo, 6 de abril de 2014

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 5 de cuaresma. Ciclo A. Jn 11, 1-46. El evangelio ofrece hoy una catequesis de la resurrección, elaborada por la comunidad del Discípulo amado, desde un fondo de recuerdos y tradiciones históricas (cercanas a las de Lucas: Marta y María, Lázaro el mendigo…).

Empecemos leyendo el texto, un prodigio de emociones, de compromisos y esperanzas, de retos y tareas… en silencio, sabiendo que Lázaro somos todos; todos somos sus hermanas y amigos.

Jesús parece ausente y lloramos, hoy de un modo especial por todos los que mueren sin sentido, al parecer antes de tiempo como si Dios no existiera.
Pero el llanto se puede convertir en gozo y compromiso a favor de la vida. En ese sentido quiero hablar al fin de tres resurrecciones. Dejemos que el texto nos hable. Su historia es la nuestra.

Texto: Jn 11, 1-46

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.]. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: “Señor, tu amigo está enfermo.” Jesús, al oírlo, dijo…

DibujosBiblicosJesucristoLaResurreccion((… y así sigue el texto, casi todo el capítulo 11 de Juan. Vaya cada uno a su Biblia y lea con calma. Es probable que le baste lo leído. Si es así, olvídese de mi comentario. Pero, si aún le quedan ganas de sentir y de pensar… puede seguir leyendo mi reflexión)).

Éste es el texto para meditar, una baile de vida (en contra del baile de la muerte de la primera imagen).

Éste es un texto para caminar, levantarse y comenzar una vida solidaria, en comunión de amor y de esperanza.

Buen domingo a todos. Buena lectura para los que continúen con mi texto.

Un comienzo

¿Qué se puede hacer? Llorar por los muertos, consolar a los que quedan, esperar la resurrección… y comprometerse a favor de la vida, aunque ello resulte peligroso apostar por ella, como Jesús, subiendo a los lugares conflictivos (¡Vayamos, y muramos con él, como dice Tomás).

Jesús es Hijo de Dios, pero no puede impedir que su amigo muera, porque la muerte pertenece a la ley de la vida. Por eso llora, porque su amigo muere…

Lázaro murió de muerte natural, pero a muchos, en cambio, les matan, de muerte violenta, los diversos tipos de asesinos, traficantes de la vida, precisamente aquellos que no quieren que Jesús resucite… pensando que así pueden obtener ventajas de este desorden del mundo que es el nuestro.

El texto no acaba con la resurrección de Lázaro, sino con la decisión de Caifás y de los sumos sacerdotes, que deciden matar a Jesús porque da la vida, porque resucita a los muertos.

El texto debe acabar con nuestra decisión intensa a favor de la vida, en contra de todos los traficantes de la muerte que dominan en los lúgubres tugurios del poder y del dinero (mientras sigue y avanza el hambre, crecen las vallas, aumentas las opresiones)

Jesús no impidió la muerte de Lázaro.

Esperó tres días antes de venir y Lázaro murió… Son los días de la vida y de muerte en este mundo, son los días de la dura realidad de la historia. Después vino, en el día de la resurrección que es tercer día (como dicen los judíos y decimos los cristianos: Resucitó, resucitará al tercer día, que es el tiempo de la culminación).

¿Por qué no vino antes para impedir que Lázaro? Se lo preguntaron las hermanas y lloró. No pudo venir antes, pero lloró. No puede impedir un tipo de muerte en este mundo, pero sufre. También llora aquí, en nuestro día, en todos los hospitales y casas de difuntos, en los campos de concentración y en las cárceles, en los lugares donde siguen reinando las bombas y el hambre…

¿Por qué no impidió que muriera Lázaro?
¿Por qué no detuvo la mano asesina?
¿Por qué no impide que las balas alcancen el cuerpo querido?
¿Por qué no derriba del trono a los poderosos, como quería María, la Madre de Jesús?
¿Por que no despide vacíos-desnudos a los ricos, como sigue diciendo la misma María?
¿Por qué no para la mano al terremoto, al tsunami, al incendio?

Jesús lloró con sus amigas. Hay acontecimientos ante los que sólo tenemos el llanto y la condena y la promesa de cambio… con la oración y la solidaridad.Oración por los muertos… pues la oración vincula a los vivos con los muertos. Una oración con voces y en silencio, porque creemos en la resurrección, como Jesús creía en la resurrección de Lázaro.

Una oración que acepta la muerte (sin entenderla), una oración que condena a los que trafican con la guerra y el hambre, con la injusticia y la opresión. Una oración de cercanía, con las hermanos y hermanos de los muertos. Una oración en solidaridad con los amigos y compañeros.

Muchas veces no se entiende. Tampoco Jesús entendía. No hizo un sermón explicando las razones de la muerte de Lázaro. Simplemente lloró.

Lázaro ¡Sal fuera!

Jesús lloró, pero creía (porque creía) en la resurrección. Y de esa forma habló, llegado el tercer día, culminado el tiempo del llanto (que es el tiempo de muerte de este mundo, un tiempo del que nadie vuelve a la historia anterior).

¡Lázaro sal fuera! Esta palabra hay que decirla desde ahora, con Jesús. ¡Salgamos fuera todos, de manera que no vivamos más de muertes, que no sigamos más aletargados, envueltos en sudarios y vendas, pactando con la violencia y la injusticia, dando cobertura a los que matan.

Esta palabra ¡sal fuera! es para todos. Tenemos que salir de un mundo en el que, de un modo o de otro, nos hemos acostumbrado a la muerte, de manera que muchos viven (vivimos) de la muerte de los demás.

Salir fuera de la tumba significa vivir para la vida, en justicia y solidaridad. Que los educadores eduquen para la paz, que los políticos gobiernen para la justicia, que los trabajadores trabajen para el bien de todos… que todos podamos vivir para la concordia, condenando la violencia de un modo radical, total…

El riesgo de los optan por la vida

El camino de la vida empieza por el llanto y la conversión. Es un camino en el que intervienen muchos factores y donde tienen responsabilidad muchas personas, empezando por los políticos y los educadores, por los dueños de la economía y los creadores de opinión, por los dirigentes de las iglesias etc.

Este camino por la vida es hermoso, pero muy arriesgado. Los que trabajan sin más por la vida, los que sacan a los hombres y mujeres de sus tumbas suelen ser perseguidos, porque hay intereses creados y muchos prefieren que las cosas sigan así. Así lo dice el evangelio:

Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho [resucitando a Lázaro]. los principales sacerdotes y los fariseos reunieron al Sanedrín y decían:
–¿Qué hacemos? Pues este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación.
Entonces uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote en aquel año, les dijo:
–Vosotros no sabéis nada; ni consideráis que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que perezca toda la nación (Jn 11, 46-50).

Que muera uno (Jesús) para que el “buen” sistema siga… Que mueran muchos, millones, para que el sistema siga viviendo. De ese rechazo, de esa muerte de los otros vivimos…

Es peligroso optar por la vida en este mundo de muerte. Hay muchos (personas e instituciones) que prefieren mantener las cosas así, traficando con la muerte. El evangelio supone que los primeros traficantes de la muerte (¡que Lázaro se pudra!) son los dirigentes religiosos y políticos que controlan el poder desde la muerte.

Jesús protesta contra el “negocio” de la muerte

No quiero condenar en exclusiva a los políticos, ni acusar a los dirigentes religiosos (a los que acusa este evangelio), ni siquiera a los traficantes de la muerte (vendedores de armas, promotores de una economía que mata….), pues de alguna forma todos nosotros, los ricos del mundo, vivimos de una economía que crece (¡como la de España!) vendiendo más armas a los “pobres”, para que se maten…

Pero debo añadir que nadie, nunca, debería aprovecharse de la muerte de los demás para medrar, para manteniendo ningún tipo de injusticia; que nadie se aproveche de la injusticia para justificar ningún tipo de acción opresora, con el argumento de Caifás (¡matemos a Jesús para vivir todos más tranquilos).

El único valor es la vida, cada vida, por encima de la “santa nación” a la que apelaba Caifás (en pacto con el Santo Imperio de Roma)… Por eso, el evangelio sigue comentando que, en un sentido, Caifás tenía razón, porque Jesús “murió no solamente por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban esparcidos” (Jn 11, 51). Pero esa es la “razón de la muerte”, no el principio de la vida, que es la “resurrección”, en sus tres formas:

Tres resurrecciones

(a) La primera resurrección es aquella en la que creen algunos judíos y la mayor parte de los cristianos (si creen) (como Marta): “Mi hermano resucitará en la resurrección del último día”. Pero, mientras tanto ¡dejemos que la muerte siga reinando sobre el mundo! ¡Vivamos de la muerte de los otros! Leer más…

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Receta para conseguir la inmortalidad. Domingo 5º de Cuaresma. Ciclo A

Domingo, 6 de abril de 2014

18-CuaresmaA5Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Imagen de José Luis Cortés

(La escena tiene lugar al otro lado del Jordán, donde Jesús ha tenido que huir con sus discípulos para que no lo apedreen en Jerusalén por blasfemo. El grupo está sentado a la orilla del río. Caras serias. Unos preocupados, otros irritados. La aparición de un muchacho que llega corriendo y sudoroso los pone alerta. Se dirige directamente a Jesús.)

Te traigo un recado de Marta y María. Me han dicho que te diga: «Señor, tu amigo está enfermo».

(Ninguno de los discípulos pregunta de qué amigo se trata. Saben que es Lázaro, el de Betania, el hermano de María y Marta. Jesús mira al mensajero, luego afirma.)

Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

(No entienden muy bien qué quiere decir, pero prefieren no preguntar. Jesús permanece sentado junto a la orilla, como si la noticia no le hubiera afectado. Pedro le comenta a Juan: “Seguro que mañana salimos para Betania”. Pero al día siguiente Jesús sigue inmóvil y no dice nada. Pasa otro día, igual silencio. Al tercero, en cuanto comienza a clarear, despierta a los discípulos.)

Vamos otra vez a Judea.

(Las caras reflejan sueño, temor y preocupación)

Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos. ¿Vas a volver allí?

― ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.

(Advierte que no han entendido nada y añade:)

― Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.

― Señor, si duerme, se salvará.

(Ha sido Pedro quien ha hablado en nombre de todos. Jesús los mira con gesto de cansancio).

― No me refiero al sueño natural, me refiero al sueño de la muerte. Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. ¡Vamos a su casa!

(Se miran con miedo, indecisos. Tomás anima a los demás.)

― Vamos también nosotros y muramos con él.

(Las escenas siguientes tienen lugar en Betania, pueblecito a unos tres kilómetros de Jerusalén. La cámara comienza enfocando la casa de la familia, donde se han reunidos numerosos judíos para dar el pésame. Una muchacha se acerca a Marta y le dice algo al oído. Se levanta de prisa y sale de la casa. La cámara la sigue hasta las afueras del pueblo, donde encuentra a Jesús. No se postra ante él. Le habla con una mezcla de reproche y confianza.)

― Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

― Tu hermano resucitará.

― Sé que resucitará en la resurrección del último día.

― Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

― Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

― Llama a María. Dile que venga.

(Marta entra en el pueblo, se dirige a la casa y habla en voz baja a María.)

― El Maestro está ahí y te llama.

(Marta se levanta y sale a toda prisa. Los visitantes la siguen pensando que va al sepulcro a llorar. Cuando llega adonde está Jesús se echa a sus pies y le dice llorando).

― Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.

(Jesús, viéndola llorar a ella y a los judíos que la acompañan, se estremece y pregunta muy conmovido.)

― ¿Dónde lo habéis enterrado?

― Señor, ven a verlo.

(Jesús se echa a llorar. Algunos de los presentes comentan: «¡Cómo lo quería!» Uno se les queda mirando irónicamente y dice: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, si ha oído algo, no se da por enterado. Solloza de nuevo. Finalmente llegan al sepulcro, una cavidad cubierta con una losa.)

(Jesús) ― Quitad la losa.

(Marta) ― Señor, ya huele mal, lleva cuatro días muerto.

(Jesús) ― ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

(Se acercan unos hombres y hacen rodar la losa dejando visible la entrada del sepulcro.)

(Jesús, levantando los ojos al cielo) ― Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

(Echa una mirada en torno a los presentes. Luego, mirando a la tumba, grita)

Lázaro, ven afuera.

(La cámara permanece fija en la entrada de la tumba, por la que aparece poco a poco Lázaro. Un sudario le cubre la cara y lleva los pies y las manos atados con vendas. Estupor y miedo entre la gente. Jesús, en cambio, sereno, casi indiferente, da una breve orden.)

Desatadlo y dejadlo andar.

(Voz en off)

Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

COMENTARIO

28 de abril 2014. Dominic, un niño de dos años, hijo de una familia gitana, encuentra un boquete en la alambrada que separa el campamento de la línea férrea Robigo-Verona. Un tren lo arrolla y muere poco después en el hospital de Legnano.

29 de abril 2014. Guglielmo di Maggio (44 años) ha conseguido un nuevo empleo en unos grandes almacenes. Con su mujer, Nunziatina (40) y sus dos hijos (7 y 5) decide ir a celebrarlo. En un túnel de la autopista Palermo – Messina se estrella contra un camión que ha derrapado e invadido la calzada contraria. Sólo se salva el niño de 5 años.

Son dos casos de los últimos días (italianos, porque me encuentro en Roma), a los que podrían añadirse muchos miles. Y vienen a la memoria las palabras de Miguel de Unamuno: «Con razón, sin razón, o contra ella, lo que pasa es que no me da la gana de morirme». Palabras que estaría dispuesta a firmar la inmensa mayoría de la gente. Y también el cuarto evangelio, aunque a su autor no le obsesiona la muerte sino la vida.

En el prólogo ha presentado a Jesús, Palabra de Dios, como poseedor de la vida. En un discurso programático afirma Jesús, anticipando la resurrección de Lázaro: «Os aseguro que llega la hora, ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán» (Juan 5,25). Y el evangelio termina: «Estas cosas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él» (Juan 20,31). Esta obsesión por la vida encuentra su punto culminante en la resurrección de Lázaro, que se encuentra en mitad del evangelio (cap. 11 de 21).

La idea de resucitar a otra vida no estaba muy extendida entre los judíos. En algunos salmos y textos proféticos se afirma claramente que, después de la muerte, el individuo baja al Abismo (sheol), donde sobrevive como una sombra, sin relación con Dios ni gozo de ningún tipo. Será en el siglo II a.C., con motivo de las persecuciones religiosas llevadas a cabo por el rey sirio Antíoco IV Epífanes, cuando comience a difundirse la esperanza de una recompensa futura, maravillosa, para quienes han dado su vida por la fe. En esta línea se orientan los fariseos, con la oposición radical de los saduceos (sacerdotes de clase alta). El pueblo, como los discípulos, cuando oyen hablar de la resurrección no entiende nada, y se pregunta qué es eso de resucitar de entre los muertos.

Los cristianos compartirán con los fariseos la certeza de la resurrección. Pero no todos. En la comunidad de Corinto, aunque parezca raro (y san Pablo se admiraba de ello) algunos la negaban. Por eso no extraña que el evangelio de Juan insista en este tema. Aunque lo típico de él no es la simple afirmación de una vida futura, sino el que esa vida la conseguimos gracias a la fe en Jesús. «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.»

Pero el tema de la vida en el cuarto evangelio requiere una aclaración. La «vida eterna» no se refiere sólo a la vida después de la muerte. Es algo que ya se da ahora, en toda su plenitud. Porque, como dice Jesús en su discurso de despedida, «en esto consiste la vida eterna: en conocerte a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesús, el Mesías» (Juan 17,3).

Nota: dice el relato que Jesús, al ver llorar a María y a los presentes, se estremeció, se conmovió y lloró. Sorprende esta atención a los sentimientos de Jesús, porque los evangelios suelen ser muy sobrios en este sentido. Generalmente se explica como reacción a las tendencias gnósticas que comenzaban a difundirse en la Iglesia antigua, según las cuales Jesús era exclusivamente Dios y no tenía sentimientos humanos. Por eso el cuarto evangelio insiste en que Jesús, con poder absoluto sobre la muerte, es al mismo tiempo auténtico hombre que sufre con el dolor humano. Jesús, al llorar por Lázaro, llora por todos los que no podrá resucitar en esta vida. Al mismo tiempo, les ofrece el consuelo de participar en la vida futura.

La primera lectura, tomada del libro de Ezequiel, ha sido elegida por la estrecha relación entre la promesa de Dios de abrir los sepulcros del pueblo y volver a darle la vida, y Jesús mandando abrir el sepulcro de Lázaro y dándole de nuevo la vida. Ambos relatos terminan con un acto de fe en Dios (Ezequiel) y en Jesús (Juan).

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Así dice el Señor:

-«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.»

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“Cuidar de la Madre Tierra y amar a todos los seres”,por Leonardo Boff, teólogo y escritor.

Domingo, 6 de abril de 2014

aaplac_2Leído en la página web de Redes Cristianas:

El amor es la mayor fuerza que existe en el universo, en los seres vivos y en nosotros los humanos. Porque el amor es una fuerza de atracción, de unión y de transformación. Ya el antiguo mito griego lo formulaba con elegancia: «Eros, el dios del amor, se irguió para crear la Tierra. Antes, todo era silencio, vacío e inmóvil. Ahora todo es vida, alegría, movimiento». El amor es la expresión más alta de la vida que siempre irradia y pide cuidado, porque sin cuidado languidece, enferma y muere.

Humberto Maturana, chileno, uno de los mayores exponentes de la biología contemporánea, mostró en sus estudios sobre la autopoiesis, es decir, sobre la autoorganización de la materia de la cual resulta la vida, cómo el amor surge desde dentro del proceso evolutivo. En la naturaleza, afirma Maturana, se verifican dos tipos de conexiones (él las llama acoplamientos) de los seres con el medio y entre sí: una necesaria, ligada a la propia subsistencia, y otra espontánea, vinculada a relaciones gratuitas, por afinidades electivas y por puro placer, en el fluir del propio vivir.

Cuando esta última ocurre, incluso en estadios primitivos de la evolución hace miles de millones de años, surge ahí la primera manifestación del amor como fenómeno cósmico y biológico. En la medida en que el universo se inflaciona y se vuelve complejo, esa conexión espontánea y amorosa tiende a incrementarse. A nivel humano, gana fuerza y se vuelve el móvil principal de las acciones humanas.

El amor se orienta siempre por el otro. Significa una aventura abrahámica, la de dejar su propia realidad e ir al encuentro del diferente y establecer una relación de alianza, de amistad y de amor con él.

El límite más desastroso del paradigma occidental tiene que ver con el otro, pues lo ve antes como obstáculo que como oportunidad de encuentro. La estrategia ha sido y sigue siendo esta: incorporarlo o someterlo o eliminarlo como hizo con las culturas de África y de América Latina. Esto se aplica también a la naturaleza. La relación no es de mutua pertenencia y de inclusión sino de explotación y de sometimiento. Negando al otro, se pierde la oportunidad de alianza, de diálogo y de mutuo aprendizaje. En la cultura occidental ha triunfado el paradigma de la identidad, con exclusión de la diferencia. Esto ha generado arrogancia y mucha violencia.

El otro goza de un privilegio: permite surgir el ethos que ama. Fue vivido por el Jesús histórico y por el paleocristianismo antes de constituirse en institución con doctrinas y ritos. La ética cristiana estuvo más influenciada por los maestros griegos que por el sermón de la montaña y la práctica de Jesús. El paleocristianismo, por el contrario, da absoluta centralidad al amor al otro, que para Jesús es idéntico al amor a Dios. El amor es tan central que quien tiene amor lo tiene todo. Testimonia esta sagrada convicción de que Dios es amor (1 Jn 4,8), que el amor viene de Dios (1 Jn 4,7), y que el amor no morirá jamás (1Cor 13,8). Ese amor incondicional y universal incluye también al enemigo (Lc 6,35). El ethos que ama se expresa en la ley áurea, presente en todas las tradiciones de la humanidad: «ama al prójimo como a ti mismo»; «no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti». El Papa Francisco está rescatando al Jesús histórico: para él es más importante el amor y la misericordia que la doctrina y la disciplina.

Para el cristianismo, Dios mismo se hizo otro por la encarnación. Sin pasar por el otro, sin el otro más otro, que es el hambriento, el pobre, el peregrino y el desnudo, no se puede encontrar a Dios ni alcanzar la plenitud de la vida (Mt 25,31-46). Esta salida de sí hacia el otro a fin de amarlo en sí mismo, amarlo sin retorno, de forma incondicional, funda el ethos más inclusivo posible, el más humanizador que se pueda imaginar. Ese amor es un solo movimiento, va al otro, a todas las cosas y a Dios.

En Occidente fue Francisco de Asís quien mejor expresó esta ética amorosa y cordial. Él unía las dos ecologías, la interior, integrando sus emociones y deseos, y la exterior, hermanándose con todos los seres. Comenta Eloi Leclerc, uno de los mejores pensadores franciscanos de nuestro tiempo, sobreviviente de los campos de exterminio nazi de Buchenwald:

«En vez de hacerse rígido y cerrarse en un soberbio aislamiento, Francisco se dejó despojar de todo, se hizo pequeño. Se situó con gran humildad en medio de las criaturas, próximo y hermano de las más humildes entre ellas. Confraternizó con la propia Tierra, como su humus original, con sus raíces oscuras. Y he aquí que “nuestra hermana y Madre-Tierra” abrió ante sus ojos maravillados el camino de una hermandad sin límites, sin fronteras. Una hermandad que abarcaba a toda la creación. El humilde Francisco se hizo hermano del Sol, de las estrellas, del viento, de las nubes, del agua, del fuego, de todo lo que vive, y hasta de la muerte».

Ese es el resultado de un amor esencial que abraza a todos los seres, vivos e inertes, con cariño, ternura y amor. El ethos que ama funda un nuevo sentido de vivir. Amar al otro, sea el ser humano, sea cada representante de la comunidad de vida, es darle razón de existir. No hay razón para existir. El existir es pura gratuidad. Amar al otro es querer que él exista porque el amor hace al otro importante. «Amar a una persona es decirle: tú no podrás morir jamás» (G.Marcel); “tú debes existir, tú no puedes irte».

Cuando alguien o alguna cosa se hacen importantes para el otro, nace un valor que moviliza todas las energías vitales. Por eso cuando alguien ama, rejuvenece y tiene la sensación de comenzar la vida de nuevo. El amor es fuente de suprema alegría.

Solamente ese ethos que ama está a la altura de los desafíos de la Madre Tierra devastada y amenazada en su futuro. Ese amor nos podrá salvar a todos, porque nos abraza y hace de los distantes, próximos y de los próximos, hermanos y hermanas.

Leonardo Boff es autor de El cuidado necesario, Vozes 2013.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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Aparte…

Martes, 1 de abril de 2014

Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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“¿Estás dispuesto a aceptar ser puesto aparte?

En el mundo,

y sin embargo,

aparte  Conmigo? “

*

29 marzo, Dios llama.

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Para excluídos”. 30 de marzo de 2014. 4 Cuaresma (A). Juan 9,1- 41.

Domingo, 30 de marzo de 2014

17-CuaresmaA4Es ciego de nacimiento. Ni él ni sus padres tienen culpa alguna, pero su destino quedará marcado para siempre. La gente lo mira como un pecador castigado por Dios. Los discípulos de Jesús le preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres.

Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto, solo piensa en rescatarlo de aquella vida desgraciada de mendigo, despreciado por todos como pecador. Él se siente llamado por Dios a defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.

Después de una curación trabajosa en la que también él ha tenido que colaborar con Jesús, el ciego descubre por vez primera la luz. El encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.

Se equivoca. Los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos saben quién no es pecador y quién está en pecado. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa.

El mendigo curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y lo ha curado, pero los fariseos lo rechazan irritados: “Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”. El hombre insiste en defender a Jesús: es un profeta, viene de Dios. Los fariseos no lo pueden aguantar: “Empecatado naciste de pies a cabeza y, ¿tú nos vas a dar lecciones a nosotros?”.

El evangelista dice que, “cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a encontrarse con él”. El diálogo es breve. Cuando Jesús le pregunta si cree en el Mesías, el expulsado dice: “Y, ¿quién es, Señor, para que crea en él?”. Jesús le responde conmovido: No esta lejos de ti. “Lo estás viendo; el que te está hablando, ese es”. El mendigo le dice: “Creo, Señor”.

Así es Jesús. Él viene siempre al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en su corazón.

¿Quien llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas de dirigentes religiosos ciegos; que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos; que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina? Amigos y amigas desconocidos, no lo olvidéis: cuando los cristianos os rechazamos, Jesús os está acogiendo.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Jesús es también para los excluidos. Pásalo.

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“Fue, se lavó, y volvió con vista”. Domingo 30 de marzo de 2014. Domingo 4º de Cuaresma, ciclo A.

Domingo, 30 de marzo de 2014

timthumb.phpLeído en Koinonia:

1Sm 16,1b.6-7.10-13ª: David es ungido rey de Israel
Salmo responsorial 22: El señor es mi pastor, nada me falta
Ef 5,8-14: Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz
Jn 9,1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista

El pueblo de Dios se planteó desde antiguo un gran problema: ¿cómo saber quién es el enviado de Dios? Muchos aparecían haciendo alarde de sus habilidades físicas, de su astucia, de su sabiduría, incluso, de su profunda religiosidad, pero era muy difícil saber quien procedía de acuerdo con la voluntad del Señor y quien quería ser líder únicamente para obtener el poder.

En la época de Samuel la situación era realmente complicada. El profeta, movido por el Espíritu de Dios, buscó un líder que sacara al pueblo del difícil atolladero de la crisis interna de las instituciones tribales y de la amenaza de los filisteos. Surgió Saúl, un muchacho distinguido, de buena familia y de extraordinaria complexión física. Los hebreos más pudientes lo apoyaron de inmediato, esperando que el nuevo rey lograra controlar el avance de los filisteos. Sin embargo, el nuevo rey en poco tiempo se convirtió en un tirano insoportable que agravó el conflicto interno y que, por sus constantes cambios de comportamiento, comprometió seriamente la seguridad de las tierras cultivables. Samuel, entonces, pensó que la solución era ungir un nuevo rey, una persona que se pudiera hacer cargo de la situación. La unción profética se convirtió, en aquel momento, en el medio por el cual se legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo. Siglos más tarde, los profetas se dieron cuenta de que no bastaba cambiar el rey para cambiar la situación, sino que era necesario buscar un sistema social que respetara los ideales tribales, lo que luego se llamo ‘el derecho divino’. Sin embargo, subsistió la idea de que el ‘líder salvador’ tenía que ser designado por un profeta reconocido. De este modo, la unción de los caudillos de Israel pasó a ser un símbolo de esperanza en un futuro mejor, más acorde con los planes de Dios.

En la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios que habitaba en Palestina enfrentó un gran reto: ¿cómo hacer reconocer a Jesús como ungido del Señor? Aunque Jesús había conocido a Juan Bautista y, luego, había retomado su predicación, se cernía aún sobre él la duda, debido a su origen humilde, a la manera tan diferente de interpretar la ley y a su poca vinculación con el templo y sus rituales. Muchos se oponían a reconocer que él era un profeta ungido por el Señor, movidos simplemente por prejuicios culturales y sociales. La comunidad cristiana tuvo que abrirse paso en medio de estos obstáculos y proclamar la legitimidad de la misión de Jesús. Solamente quien conociera la obra del Nazareno, su entrañable amor a la vida, su dedicación a los pobres, su predicación del reinado de Dios, podía reconocer que él era el “ungido”, el “Mesías” (como se dice en hebreo), o el “Cristo” (como se dice en griego).

Las ‘señales y prodigios’ que Jesús actuó en medio de la gente pobre causaron gran impacto y, por esto, fueron motivo de controversia. Los opositores del cristianismo veían en las sanaciones que Jesús obraba, simplemente la labor de un curandero. Sus discípulos, por el contrario, comprendían todo su valor liberador y salvífico. Pues, no se trataba sólo de poner remedio a las limitaciones humanas, sino de devolverle toda la dignidad al ser humano. La persona que recuperaba la visión podía descubrir que su problema no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una terrible prueba del destino. Era una persona que pasana de la desesperación a la fe y descubría en Jesús al profeta, al ungido del Señor. Su problema, una limitación física, se le había convertido en una terrible marca social y religiosa. Pero, el problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le había impuesto. Jesús lo libera del insufrible peso de la marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por lo que él es, sin importar las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

En el evangelio se nos relata una especie de drama entre los vecinos del lugar donde el ciego solía pedir limosna, los fariseos que eran un grupo de judíos piadosos y cumplidores de la ley y los “judíos” en general, una expresión genérica con la que el evangelista designa a las altas autoridades religiosas del pueblo judío de la época de Jesús. Hasta los padres del ciego son involucrados en el drama.

Se trata de un verdadero «drama teológico», simbólico, de una gran belleza literaria. De ninguna manera se trata de una narración cuasiperiodística de unos hechos históricos, o de un relato que nos describa ingenuamente cómo sucedieron las cosas. No olvidemos que es Juan quien escribe, y que su evangelio se mueve siempre en un alto nivel de sofisticación, de recurso al símbolo y a la insinuación indirecta. Si tenemos que dirigir la palabra en la homilía, conviene no «contar» las cosas como quien cuenta hechos históricos tal cual, como si estuviera entreteniendo a unos niños. Los oyentes son adultos y agradecen que se les trate como a tales, sin abusar de que se tiene la palabra en un ámbito litúrgico donde por respeto nadie va a levantar la mano ni menos a contradecir, y que por eso se puede decir cualquier cosa, que «todo cuela» en ese ambiente.

En el «drama teológico» que hoy leemos, de Juan, el ciego se convierte en el centro. Todos se preguntan cómo es posible que un ciego de nacimiento sea ahora capaz de ver. Sospechan que algo grande ha sucedido, preguntan por el que ha hecho ver al ciego, pero no llegan a creer que Jesús sea la causa de la luz de los ojos del ciego. Un simple hombre como Jesús no les parece capaz de obrar tales maravillas. Menos aún habiéndolas obrado en sábado, día sagrado de descanso que los fariseos se empeñaban en guardar de manera escrupulosa. Y menos aún siendo el ciego un pobretón que pedía limosna al pie de una de las puertas de la ciudad. Todos interrogan al pobre ciego que ahora ve: los vecinos, los fariseos, los jefes del templo. Jesús se hace encontradizo con él, solidariamente, al enterarse de que lo han expulsado de la sinagoga. Y en este nuevo encuentro con Jesús el ciego llega a «ver plenamente», a «ver» no sólo la luz, sino la «gloria» de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo de Dios, el Hijo del hombre escatológico, el Señor digno de ser adorado… Es el mensaje que Juan nos quiere transmitir narrando un drama teológico -como es su estilo- más que afirmando proposiciones abstractas -como hubiera hecho si hubiera sido de formación filosófica griega-.

Al final del texto las palabras que Juan pone en labios de Jesús hacen explotar el mensaje teológico del drama: Jesús es un juicio, es el juicio del mundo, que viene a poner al mundo patas arriba: los que veían no ven, y los que no veían consiguen ver. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

No haría falta echarle metafísica y ontología griega a este drama… Es un lenguaje de «confesión de fe». La comunidad de Juan está «entusiasmada», llena de gozo y de amor, poseída realmente por el descubrimiento que ha hecho en Jesús. Sienten que Él les cambia el mundo, que ven las cosas al revés que antes, y que es en Él en quien Dios se les ha hecho patente. Y así lo confiesan. No hace falta más. La ontología de los siglos subsiguientes es cultural, occidental, griega. Para el caso, sobra.

¿Qué significa hoy para nosotros? Lo mismo, sólo que a 20 siglos de distancia. Con más perspectiva, con más sentido crítico, con más conciencia de la relatividad (no digamos “relativismo”) de nuestras afirmaciones, sin fanatismos ni exclusivismos, sabiendo que la misma manifestación de Dios se ha dado en tantos otros lugares, en tantas otras religiones, a través de tantos otros mediadores. Pero con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento. Leer más…

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Dom 30.3.14. “El ciego de la piscina. Un texto de rebeldía”

Domingo, 30 de marzo de 2014

01Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 4º Cuaresma. Ciclo A. Jn 9, 1-41. Los domingos de cuaresma van ofreciendo una preciosa catequesis.

– El anterior fue del agua (Samaritana),
– el siguiente será de la vida (Lázaro);
– hoy toca la luz (ciego de nacimiento: Jn 9).

A partir de la catequesis de fondo del evangelio de hoy pueden distinguirse dos actitudes fundamentales ante la vida:

– La de aquellos que alumbran a los otros
(como Jesús, “curando” al ciego), la de aquellos que les ayudan a ver, les acompañan y se alegran de que vean.
y la de aquellos parásitos que controlan e impiden que los otros vean (como los fariseos del pasaje); quieren controlar la luz, para su servicio, impidiendo a los demás que vean.

En ese contexto se puede hablar también de dos tipos de religión:

‒ Una religión que crea y alumbra, que da luz a los ciegos, que ensancha la ida y libera como la de Jesús y otros muchos judíos, cristianos, budistas, musulmanes…;

‒ y una religión explotadora que vive de controlar e impedir que los otros vean por sí mismos, como los fariseos de este pasaje de Juan, y como muchos otros cristianos, judíos, no judíos, no cristiano… etc etc.

Hoy es el día de la buena religión, hoy es el día de la luz, como indica este pasaje prodigioso de catequesis del evangelio de Juan.

Texto. Juan 9,1-41

(Es un texto largo, una larga catequesis. Léase con calma, responda cada uno a su “palabra”):

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. [Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús contestó: "Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo."

Dicho esto,] escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado.” Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: “¿No es ése el que se sentaba a pedir?” Unos decían: “El mismo.”
Otros decían: “No es él, pero se le parece.” Él respondía: “Soy yo.”

[Y le preguntaban: "¿Y cómo se te han abierto los ojos?" Él contestó: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver." Le preguntaron: "¿Dónde está él?" Contestó: "No sé."]

Llevaron ante LOS FARISEOS al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.” Algunos de los FARISEOS comentaban: “Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.” Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?” Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?” Él contestó: “Que es un profeta.”

[Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse." Sus padres respondieron así porque tenían miedo los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es mayor, preguntádselo a él."

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador." Contestó él: "Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo." Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?" Les contestó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?" Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: "Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.

Replicó el ciego: "Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder."]
Le replicaron: “Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?” Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?” Jesús les dijo: “Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.” Él dijo: “Creo, señor.” Y se postró ante él.

[JESÚS añadió: "Para un juicio he venido ya a este mundo; para que los que no ve vean, y los que ven queden ciegos."
LOS FARISEOS que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: "¿También nosotros estamos ciegos?"
JESÚS les contestó: "Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste."]

Texto encuadrado en la liturgia
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Fue desde el principio un texto de “liturgia”, una catequesis que la Iglesia vuelve a presentar en la cuaresma, entre el pasaje del agua (3ª Semana, Samaritana: Jn 4, 5-42) y el de la vida (5ª semana, de Lázaro: Jn 11,1-45).

Este “milagro” no tiene equivalente en los sinópticos. Eso no quiere decir que el evangelista Juan lo haya inventada. Posiblemente ha tomado una historia que corría en la tradición, una historia parecida a otros milagros de ciegos (cf. Mc 8, 22-26 y 10, 46-52: ciego de Betsaida, ciego de Jericó), y la ha adaptado y recreado, en el escenario más solemne de Jerusalén, con la aguas de Siloé (bajo el templo), con Jesús como luz, en el contexto de las disputas de algunos cristianos con otros grupos de judíos sobre la luz verdadera (en el trasfondo del sábado judío y de la obra de Dios).

Quiero ofrecer un recuerdo

El curso 1967/1968, el prof. Ignace de la Potterie nos ofreció todo un semestre (cuatro lecciones por semana) sobre este pasaje de Jn, en el Bíblico de Roma. No dijo todo lo que se puede decir, ni yo recuerdo ahora todo lo que dijo, pero nos ayudó a descubrir la luz y la verdad y la libertad, en el mismo entorno de Jerusalén, en el camino que va de la ciudad alta y del templo a la baja, con el agua… en el camino que va de la ley a la libertad, en con contexto más solemne de la transformación mesiánica. En otros temas no era tan luminoso el prof. De la Potterie, hubo cosas que no nos enseñó a ver; pero el curso sobre el ciego fue bueno).

Volvamos a los tres domingo de este ciclo de cuaresma

La Samaritana era el signo de la mujer/pueblo que busca la vida del agua, la vida en libertad, sin estar esclavizada por maridos y maridos que pasan sin quedar, junto al pozo de Jacob, sin Sicar/Samaría. Se supone que es “pecadora”, pero no ella como persona, sino por toda la historia que lleva detrás y que le arrastra. Leer más…

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“Una historia en siete escenas y quince preguntas”. Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo A.

Domingo, 30 de marzo de 2014

ciego_03Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

  1ª escena: Los discípulos y Jesús. 1ª pregunta

(La escena tiene lugar al comienzo de las escaleras que conducen al templo de Jerusalén. Un hombre de unos veinte años, ciego, está sentado pidiendo limosna. Jesús y sus discípulos se aproximan a él entrando por la izquierda. Felipe mira al ciego con detenimiento y comienza a discutir con Bartolomé. Luego se acercan a Jesús.)

Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron:
-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»
Jesús contestó:
-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

2ª escena: Jesús y el ciego

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista.

3ª escena: Los vecinos y el ciego. 2ª – 4ª preguntas

(Una calle de Jerusalén. Un grupo de personas rodea al ciego. Otros comentan entre ellos a corta distancia.)

Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
-¿No es ése el que se sentaba a pedir?
Unos decían:
-«El mismo.»
Otros decían:
-«No es él, pero se le parece.»
Él respondía:
-«Soy yo.»
Y le preguntaban:
¿Y cómo se te han abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »
Le preguntaron:
-«¿Dónde está él?»
Contestó:
-«No sé.»

4ª escena: Los fariseos y el ciego. 5ª y 6ª preguntas

(Amplia sala de reunión, con asientos en semicírculo. Al fondo, una ventana ilumina la escena, sin restarle cierto aire tétrico a la sala. A la derecha, una puerta. Los fariseos están sentados y el ciego de pie en el centro. Dos guardias también de pie junto a la puerta.)

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó:
-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban:
-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban:
¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos.
Y volvieron a preguntarle al ciego:
-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó:
-«Que es un profeta.»

5ª escena: Los fariseos y los padres. 7ª y 8ª preguntas

(A una señal del presidente, los guardias se llevan al ciego por la puerta de la derecha. Vuelven poco después con un matrimonio de entre cuarenta y cincuenta años. Se les nota nerviosos y con miedo).

Los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres contestaron:
-«Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. »
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

6ª escena: Los fariseos y el ciego. 9ª-12ª preguntas

(Los guardias sacan fuera al matrimonio. Tras una acalorada discusión, el tribunal decide llamar por segunda vez al ciego. Entra escoltado por los dos guardias.)

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:
-«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. »
Contestó él:
-« Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.»
Le preguntan de nuevo:
-¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»
Les contestó:
-«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? »
Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
-«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.»
Replicó él:
-«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»
Le replicaron:
-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.

7ª escena: Jesús, el ciego y los fariseos. 13ª-15ª preguntas

(La escena tiene lugar en la escalera de acceso al templo, como la escena primera.)

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó:
¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo:
-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo:
-«Creo, Señor.»
Y se postró ante él.
Jesús añadió:
-«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:
¿También nosotros estamos ciegos?»
Jesús les contestó:
-«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»

COMENTARIO

«A mi hijo lo citaron como testigo, lo estuvieron interrogando más de dos horas y al final lo condenaron como culpable.» De esto podrían haberse quejado los padres del ciego de nacimiento, en voz baja, por miedo a los fariseos. Pero sería erróneo limitarse a la queja de los padres, porque el ciego terminó muy contento.

Una discusión absurda

Todo empezó por una discusión absurda entre los discípulos cuando se cruzaron con el ciego: ¿quién tenía la culpa de su ceguera?, ¿él o sus padres? Si hubieran leído al profeta Ezequiel, sabrían que nadie paga por la culpa de sus padres. Y si supieran que el ciego lo era de nacimiento, no podrían haberlo culpado a él. Jesús zanja rápido el problema: ni él ni sus padres. Su ceguera servirá para poner de manifiesto la acción de Dios y que Jesús es la luz del mundo.

Una forma extraña de curar

En el evangelio de Juan, igual que en los Sinópticos, la palabra de Jesús es poderosa. Lo demostrará poco más tarde resucitando a Lázaro con la simple orden: «sal fuera». Sin embargo, para curar al ciego adopta un método muy distinto y complicado. Forma barro con la saliva, le unta los ojos y lo envía a la piscina de Siloé. Un volteriano podría decir que no cabe más mala idea: le tapa los ojos con barro para que vea menos todavía, y lo manda cuesta abajo; más que curarse podría matarse.

¿Qué pretende enseñarnos el evangelista? No es fácil saberlo. San Ireneo, en el siglo II, fijándose en la primera parte, relacionaba el barro con la creación de Adán: Dios crea al primer hombre y Jesús crea a un cristiano; pero esto no explica el uso de la saliva ni el envío a la piscina de Siloé. San Agustín, fijándose en el final, relacionaba el lavarse en la piscina con el bautismo; tampoco esto explica todos los detalles.

Una cosa al menos queda clara: la obediencia del ciego. No entiende lo que hace Jesús, pero cumple de inmediato la orden que le da. No se comporta como el sirio Naamán, que se rebeló contra la orden de Eliseo de lavarse siete veces en el río Jordán. Como Abrahán, por la fe sale de su mundo conocido para marchar hacia un mundo nuevo.

Un anacronismo intencionado

La antítesis del ciego la representan los fariseos. El evangelista deforma la realidad histórica para acomodarla a la situación de su tiempo. En la época de Jesús los fariseos no podían expulsar de la sinagoga; ese poder lo consiguieron después de la caída de Jerusalén en manos de los romanos (año 70), cuando el sacerdocio perdió fuerza y ellos se hicieron con la autoridad religiosa. A finales del siglo I, bastante después de la muerte de Jesús, es cuando comenzaron a enfrentarse decididamente a los cristianos, acusándolos de herejes y expulsándolos de la sinagoga.

El miedo y la osadía

El relato de Juan refleja muy bien, a través de los padres del ciego, el pánico que sentían muchos judíos piadosos a ser declarados herejes, impidiéndoles hacerse cristianos.

El hijo, en cambio, se muestra cada vez más osado. Tras la curación se forma de Jesús la misma idea que la samaritana: «es un profeta»; porque el profeta no es sólo el que sabe cosas ocultas, sino también el que realiza prodigios sorprendentes. Ante la acusación de que es un pecador, no lo defiende con argumentos teológicos sino de orden práctico: «Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Luego no teme recurrir a la ironía, cuando pregunta a los fariseos si también ellos quieren hacerse discípulos de Jesús. Y termina haciendo una apasionada defensa de Jesús: «si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»

La verdadera visión y la verdadera luz

Hasta ahora, el ciego sólo sabe que la persona que lo ha curado se llama Jesús. Lo considera un profeta, está convencido de que no es un pecador y de que debe venir de Dios. El ciego ha empezado a ver. Pero la verdadera visión la adquiere en la última escena, cuando se encuentra de nuevo con Jesús, cree en él y se postra a sus pies. Lo importante no es ver personas, árboles, nubes, muros, casas, el sol y la luna… La verdadera visión consiste en descubrir a Jesús y creer en él. Y para ello es preciso que Jesús, luz del mundo, ilumine al ciego poniéndose delante, proyectando una luz intensa, que deslumbra y oculta los demás objetos, para que toda la atención se centre en ella, en Jesús.

No hay peor ciego que quien no quiere ver

Los fariseos representan el polo opuesto. Para ellos, el único enviado de Dios es Moisés. Con respecto a Jesús, a lo sumo podrían considerarlo un israelita piadoso, incluso un buen maestro, si observa estrictamente la Ley de Moisés. Pero está claro que a él no le importa la Ley, ni siquiera un precepto tan santo como el del sábado. Además, nadie sabe de dónde viene. Resuena aquí un tema típico del cuarto evangelio: ¿de dónde viene Jesús? Pregunta ambigua, porque no se refiere a un lugar físico (Nazaret, de donde no puede salir nada bueno, según Natanael; Belén, de donde algunos esperan al Mesías) sino a Dios. Jesús es el enviado de Dios, el que ha salido de Dios. Y esto los fariseos no pueden aceptarlo. Por eso lo consideran un pecador, aunque realice un signo sorprendente. Dios no puede salirse de los estrictos cánones que ellos le imponen. Ellos tienen la luz, están convencidos de que ven lo correcto. Y este convencimiento, como les dice Jesús al final, hace que permanezcan en su pecado.

La samaritana y el ciego

Hay un gran parecido entre estas dos historias tan distintas del evangelio de Juan. En ambas, el protagonista va descubriendo cada vez más la persona de Jesús. Y en ambos casos el descubrimiento les lleva a la acción. La samaritana difunde la noticia en su pueblo. El ciego, entre sus conocidos y, sobre todo, ante los fariseos. En este caso, no se trata de una propagación serena y alegre de la fe sino de una defensa apasionada frente a quienes acusan a Jesús de pecador por no observar el sábado.

* * *

En el evangelio dice Jesús a los discípulos: « Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado». La primera lectura de este domingo concreta algunos aspectos de estas obras de la luz.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14

Hermanos:
En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas.
Pues hasta da vergüenza mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas.
Pero la luz, denunciándolas, las pone al descubierto, y todo lo descubierto es luz. Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

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“Tiempo de la travesía del desierto”, por Oscar Fortín, Quebec- Canadá.

Domingo, 30 de marzo de 2014

148746_10150960948513489_335581523488_9994318_1916648739_nLeído en la página web de Redes Cristianas

En la tradición cristiana, la cuaresma recuerda este momento de la travesía del desierto del pueblo hebreo, así como los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto después de su bautismo. En el primer caso, la marcha conducía a una “tierra prometida”. En el segundo caso, esta marcha conducía a las tres grandes tentaciones (Lc. 4,1-13) que amenazan a la humanidad en su marcha hacia la tierra prometida: el tener como ídolo, el parecer como fuerza de encubrimiento y engaño, el poder como potencia de dominación absoluta.

Según este simbolismo, no podría existir una tierra prometida sin sustraerse al predominio de estas tres fuerzas destructivas de la humanidad. Este fue el reto que asumió Jesús de Nazaret al decir un NO sin ambigüedades a cada una de estas tres tentaciones. El reino de su Padre que venía inaugurar tenía otros fundamentos incompatibles con ellas. Así tuvo que pagar de su vida esta elección a favor de los fundamentos del Reino de su Padre, la única permitiendo la abertura del camino hacia la tierra prometida.

Como creyente, pero también y sobre todo, como ser humano, experimento esta travesía del desierto mirando al mundo en el cual estoy. Los países más desarrollados, en términos de riquezas y poder militar, se unen en una coalición para luchar contra muchos pueblos con el fin de esclavizarlos y tomar sus riquezas. Dicen que es para salvar a vidas civiles, para hacer respetar los derechos humanos, restaurar la democracia, etc. Sin embargo, muchas vidas civiles están en riesgo en Palestina, en Yemen, en Bahréin, así como en muchas otras partes del mundo y allí no hay ninguna coalición para proteger esas vidas humanas. Por otro lado, atacan a menudo a las democracias vivas, mientras se acomodan fácilmente con los dictadores y regímenes autoritarios que los sirven muy bien.

Hace unos años, la red francesa de Radio-Canadá presentó dos informes sobre los efectos colaterales, en Irak, de los bombardeos portadores de uranio enriquecido. Podemos ver imágenes de niños nacidos totalmente deformados, caras con un sólo ojo, cuerpos con dos cabezas, etc. Sin embargo, esta guerra anunciada con gran despliegue por los medios occidentales, pretendía ser una lucha contra las armas de destrucción masiva que se juraba estar en la posesión de Saddam Hussein. La historia nos ha revelado que no había nada de eso y, además, que esa mentira había sido un total montaje cinematográfico. ¡Qué cosa no se ha dicho acerca de Saddam Hussein! Suficientemente para que la gente ordinaria que se alimenta de los medios de comunicación dominantes tenga el gusto de matarlo para liberar a su pueblo de un tal monstruo.

¿Quién, en efecto, puede permanecer insensible frente a estas imágenes donde se derrama la sangre y donde las madres lloran a sus hijos? En efecto y en varias veces, estas noticias con tales imágenes sensacionales fueron inventadas para crear estas emociones y para ganar el apoyo de estas buenas personas. Ahora los casos de Libia, Siria, Ucrania y Venezuela están llenos de estas mentiras de los medios de comunicación oficiales.

En esta marcha del desierto, he descubierto que las tres tentaciones, arriba mencionadas, atraen a muchas personas interesadas ante todo por el Tener, el Poder y el Parecer. Les apasiona la conquista de todas las riquezas que los pueblos puedan tener en su suelo y en sus tierras. Se trata del petróleo para algunos, de las minas para otros, del control del agua de unos y otros, etc. El Tener, convertido en “interés nacional”, justifica la corrupción, la violencia, el engaño, la tortura bajo todas sus formas.

Asimismo, debajo el manto del Parecer muy humano, del protector de la viuda, del huérfano, del defensor de las vidas civiles, como lo afirman, se dedican a guerras de conquista, de dominación que revelan la hipocresía en todo su esplendor. Tanto el mensaje, preparado por los especialistas de la desinformación, alimenta el odio en el espíritu y en el corazón de la gente contra los adversarios, convertidos, bajo su pluma, en verdaderos monstruos a hacer desaparecer de la faz de la tierra, al igual este mismo mensaje transforma al mismo tiempo todas las iniciativas guerreras en reales cruzadas al servicio de la humanidad y a los asesinos de estos opositores en auténticos misioneros.Todo ello es posible mediante un Poder central controlador de todas las fuerzas políticas, económicas, mediáticas y religiosas para convertirse en el “imperio del mundo”. Esta ahí la tercera gran tentación que acecha al futuro de la humanidad: la total dominación de los pueblos y naciones por minorías ricas y bien protegidas.

Presos de tantas mentiras y secretos, usted, yo y otros de buena voluntad nos convertimos, por nuestro silencio, en cómplices de todos estos crímenes, de todos estos engaños, de todas estas conquistas, ignorando los derechos más fundamentales de los pueblos. Obviamente, hay brechas que comienzan a hacer estremecer la broma de estos conquistadores, llegados maestros en el arte de la manipulación y del engaño.

Julian Assange con WikiLeaks, Edward Snowden con sus revelaciones sobre estas prácticas secretas violando la intimidad de las personas, son buenos ejemplos y no es por nada que aquellos y aquellas que están apuntados buscan por todos los medios a silenciarlos y a desacreditar sus acciones. Se añade también a esta ofensiva contra la desinformación todos estos sitios Web que se otorgan la misión de decodificar la información errónea que se transmite por estos maestros cantores, para dar una versión más cerca de la realidad y por el mismo hecho de la verdad.

Este vasto movimiento de información alternativa hace daño a los periodistas cómplices “de los intereses” del imperio. Según algunas fuentes, periodistas asqueados por las directrices impuestas por los patrones, serviles de las directrices editoriales de los propietarios que exigen la distorsión de la verdad, se hubieran transformado en colaboradores anónimos para obrar con esta red de información alternativa.

Esta situación dio lugar a la emergencia de una información alternativa, llevada por profesionales de la información, pero también por muchas personas interesadas por la verdad, cuyo objetivo es contrarrestar esta desinformación sistemática, utilizada desde el momento que se trata de justificar una guerra ignorando el derecho internacional y los derechos humanos. En suma, lo que Greenpeace es por el medio ambiente, la información alternativa lo es por el derecho a la verdad.

Existen sitios en el Internet, en distintos idiomas, cuya reputación no está más por hacer. En la red española no les conozco todos. Me permito unas sugerencias como la de la Red Voltaire que edita en varios idiomas, igual con el sitio Mondialisation. Muchos conocen el sitio Rebelión así que Redes cristianas, Cristianismos i Justicia. Yo invito a los lectores a proponer en sus comentarios a otros sitios de información alternativa a la que nos transmiten los medios oficiales de información.

Estas redes de información alternativa encuentran aún más su sentido desde que la Organización de las Naciones Unidas ha decretado , en diciembre de 2010, que el 24 de Marzo será consagrado Día internacional por el derecho a la verdad . La primera inspiración de esta iniciativa proviene del testimonio de este obispo del Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980, por haber continuado, contra viento y marea, a denunciar los crímenes cometidos por los gobiernos hipócritas, imponiendo sus leyes por la fuerza de las armas, asesinando, torturando, encarcelando a inocentes víctimas.

Un despertar de la conciencia se convierte cada vez más contagioso en todos los ambientes, disipando el humo de las mentiras como lo hace el sol naciente con la niebla de la mañana. Así minan las acciones engañosas de estos poderes de conquista y dominación. ¿Estaría ahí la verdadera vía hacia la tierra prometida: personas cuya conciencia no tiene otro premio que la verdad, la transparencia y la honestidad?

Como creyente, me permito recordar a los líderes de varias iglesias, reclamándose de Jesús de Nazaret, que los tiempos han llegado para ellos de romper los lazos de complicidad y complacencia que tienen con estos imperios que desde Constantino se alimentan del Tener, del Poder y del Parecer para esclavizar a los pueblos de la tierra. El papa Francisco, al acercarse a los pobres indica que quiere tomar sus distancias de los potentes. En las actuales circunstancias, todo gesto de su parte no puede ser otra cosa que ser radical y sin retorno. No hay más espacio para las medias medidas. Eso fue el gesto de Jesús de Nazaret ante el Emperador Supremo, simbolizado por el “Tentador”.

Ojalá que esta travesía del desierto nos permita superar esas tentaciones para llegar a este Reino de Dios de que nos habla el Evangelista San Juan en el Apocalipsis, capitulo 21.

19 de marzo de 2014

http://Humanisme.blogspot.com

traductor: Marius Morin

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El pastor James David Manning afirma que “Jesús apedrearía a los homosexuales”

Miércoles, 26 de marzo de 2014

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Cartel de la iglesia donde se lee: “Jesús apedrearía a los homosexuales” y “La lapidación es todavía la ley”

James David Manning colgó a principios de este mes un cartel en Harlem, Nueva York, que decía “Jesús apedrearía a los homosexuales” y “La lapidación es todavía la ley”. Manning justifica estos lemas con el pasaje del Levítico que dice: “Si un hombre tiene relaciones sexuales con un hombre como se hace con una mujer, ambos cometen una cosa abominable. Han de ser muertos; su sangre caerá sobre sus cabezas”, declara.

El sacerdote también afirma que “los activistas homosexuales son lisa y llanamente unos mentirosos sobre lo que haría Jesús con respecto a la abominable y detestable práctica enferma de la homosexualidad. Han estado mintiendo y diciendo que a Jesús simplemente le encantaría”.

En un vídeo publicado por Manning, que ya ha sido retirado de Youtube por contravenir sus normas contra incitación al odio, el pastor sostenía que los cristianos que se niegan a apedrear a los gays están “abogando por la anarquía”.

Fuente Cáscara amarga

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Alfonso Ropero, editor del Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia (Editorial Clie): “Hay un nuevo politeísmo, del poder económico, financiero y armamentístico”

Lunes, 24 de marzo de 2014

ropero1_560x280Leemos en Religión Digital esta entrevista de Jesús bastante a Alfonso Ropero:

“Jesús fue un profeta, el sacerdocio vino después”

Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia

Compra on line el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia

El Diccionario tiene muchos autores no creyentes para que no se pueda pensar que en la obra hay un vicio, un sesgo de querer llevar a nuestro terreno estos temas

(Jesús Bastante).- Alfonso Ropero es el responsable de la editorial Clie, y viene a presentarnos el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, del que cuenta que “tiene muchos autores no creyentes para que no se pueda pensar que en la obra hay un vicio, un sesgo de querer llevar a nuestro terreno estos temas”. A este respecto, lamenta que “las editoriales evangélicas a veces tenemos fama de tergiversar la Biblia, de que la leemos para nuestra propia conveniencia“, y afirma, por el contrario, que “la Biblia tiene que ser estudiada con integridad, no sólo desde nuestras convicciones”.

En cuanto a nuestra sociedad actual, Ropero opina que “hoy hay un nuevo politeísmo, pero no es la gran asamblea de los dioses, sino de los poderes económicos, financieros y armamentísticos”. Y piensa que Jesús, ante todo, fue un profeta: “El sacerdocio vino después”, concluye.

 ¿Qué es Clie?

Es la editorial evangélica más antigua en lengua española. Va a cumplir pronto cien años. La comenzó un pastor llamado Eliseo Vila, y nosotros seguimos esa línea editorial que él inició.

“Clie” significa Calidad en Literatura Evangélica. No sé si puede sonar pretencioso… Pero bueno, tratamos de hacer buenas obras.

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Vienes a presentarnos el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, un diccionario en el que participa una ingente cantidad de expertos, pero no todos creyentes.

Creo que es una obra de referencia, hoy por hoy la más completa que hay, para saber todo lo que cualquier cristiano o estudioso debería saber sobre la Biblia. Aspectos teológicos, históricos, geográficos, de culturas antiguas… Como has dicho, hay profesores y estudiosos de universidades seculares que no son creyentes pero que han participado en la elaboración del Diccionario. Algunos de ellos son expertos en las culturas antiguas (asirios, babilonios, caldeos…). Yo no quería hacer un libro de parroquia, sino un libro que haga justicia a la Biblia, que no sólo es un clásico universal, sino que menciona y está relacionada con una gran cantidad de pueblos hoy desaparecidos. Y lo cierto es que hay gente fuera de la Iglesia más preparada que nosotros para hablarnos de sus culturas, sus historias y sus divinidades.

 ¿El pueblo hebreo fue el más relevante de su época, o uno más entre muchos otros que se mencionan en la Biblia?

Bueno, los propios profetas se encargaron de crear conciencia en cuanto a la indignidad del pueblo hebreo. Esto es, de que Dios eligió al pueblo hebreo no por ser el mejor ética o espiritualmente, sino por pura gracia. “Tu pueblo era un pueblo errante, y aún así Dios lo eligió” dice la Biblia. Una línea que recorre la Biblia es, por tanto, la prioridad de lo divino, la gracia que tuvo Dios al elegir. Porque el pueblo hebreo no era el más poderoso (constantemente se recuerda que en su infancia fueron esclavos en Egipto), pero fue el pueblo elegido. Ahi empezó el pueblo de Israel: Moisés los saca de la esclavitud y los asienta, después de muchas vicisitudes, en Canáan. El recuerdo de la esclavitud estará presente: los hebreos saben que no fueron elegidos por ser los mejores, sino por gracia divina. Porque Dios es soberano.

Lo que no dice la Escritura son las razones que Dios tuvo. Es decir, porqué el pueblo hebreo fue elegido teológicamente, con una meta y un propósito para ser luz de las naciones, para dar testimonio de la revelación monoteísta y de una ética reflejada en el decálogo de los Mandamientos, que mostrara a los demás pueblos (la mayoría de ellos, idólatras), la visión degradada del ser humano que conllevaba la creencia en una multiplicidad de dioses. La relación entre la divinidad y el hombre estaba muy mediada, y el hombre muy subordinado a los poderes de la divinidad representados en los sacerdotes locales.

En Israel, por primera vez en la historia, apareció un pueblo de sacerdotes (no sólo tenían responsabilidad ministerial los de la descendencia de Aarón). Y todo eso tiene implicaciones importantísimas que llegan hasta hoy. Leer más…

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“A gusto con Dios”. 23 de marzo de 2014. 3 Cuaresma(A). Juan 4, 5-42.

Domingo, 23 de marzo de 2014

16-CuaresmaA3La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. “Mujer, dame de beber”.

La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida?. Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría del agua de la vida”.

Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios, sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un “ser extraño”. Todo lo que está relacionado con él, les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil, cada vez más lejano.

Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel “Dios de mi infancia” que despertaba dentro de mí tantos miedos desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre.

Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años.

No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta.

Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una “presencia salvadora”. Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Invita a buscar la experiencia de un Dios Bueno. Pásalo

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“Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Domingo 23 de marzo de 2014. Domingo 3º de Cuaresma, ciclo A.

Domingo, 23 de marzo de 2014

La-bona-samaritanaLeído en Koinonia:

Ex 17,3-7: Danos agua de beber
Salmo responsorial 94: Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: “No endurezcan el corazón”
Rom 5,1-2.5-8: El amor ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que se nos ha dado
Jn 4,5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

 Recordemos el carácter más o menos aleatorio que tiene la distribución de los textos bíblicos en la liturgia católica. No existe ninguna explicación de cómo se ha hecho tal distribución, ni de por qué tal texto en tal fecha. Una comisión lo decidió así, y no se conocen los criterios que siguió. Quien quiera puede conjeturar sobre ellos. Se observa una “asociación de ideas” o de imágenes entre la primera y la tercera lecturas, mientras la segunda con frecuencia va por sus caminos propios, sin ninguna relación a las otras. La sucesión de los domingos tampoco muestra un criterio claro (como podría ser el de dar pie a un proceso sistematizado de formación teológica o bíblica), ni se da oficialmente la libertad para que al menos algunas comunidades especiales (jóvenes, grupos de formación, ambientes especiales…) pudieran hacer su propio «calendario litúrgico»… Son temas que quedan pendientes para una próxima reforma litúrgica…

 Por lo demás, es claro que los textos propuestos en la liturgia están siempre a disposición de una interpretación libre. Son como una poesía o una imagen simbólica: cada comunidad es libre de abordarlos desde el punto de vista que prefiera, y es casi imposible que dos cristianos, dos biblistas o agentes de pastoral encuentren la misma resonancia ante un mismo texto: a cada uno le evocará recuerdos y sugerencias de acción distintos. «Lo que se recibe, se recibe según el modo de ser de quien recibe», dice el adagio clásico. Aquí también.

 Nuestro Servicio Bíblico Latinoamericano ofrece estos comentarios teológico-pastorales a los textos bíblicos de la liturgia (católica) también desde una sensibilidad propia, con un transfondo de opciones, de visión del mundo y de vivencia de la fe, propios. Y los ofrece con humildad, sabiendo que no son los únicos, ni los mejores; son simplemente los nuestros, los que podemos compartir con quienes sintonizan con esta espiritualidad que con frecuencia llamamos «latinoamericana», no necesariamente de un modo geográfico-material, sino en referencia a una «geografía espiritual»…

 Después de esta introducción que no es “propia de este domingo”, entremos de lleno al comentario de los textos.

 El texto estrella es el de la samaritana. Prácticamente, el capítulo cuarto entero del evangelio de Juan. El famoso episodio del encuentro de Jesús con la samaritana.

 Algo que nos parece importante siempre que se comenta un texto del evangelio de Juan, es la apelación a su carácter simbólico peculiar. Juan no es un evangelio sinóptico, no es un texto narrativo, ni lo que nos cuenta es probablemente histórico. Juan es un evangelio enteramente simbólico, en el que los símbolos han sido extrapolados hasta desplazar a la realidad. En Juan no hay símiles, sino identificaciones: «Yo soy la vid», le hará decir Juan a Jesús; no “yo soy como la vid”. Más aún: “yo soy la vid verdadera”, las demás vides -las de la realidad- no son verdaderas. “Yo soy el Pan verdadero”: el resto de los panes serían… sucedáneos. Yo tengo el agua verdadera, la que “salta hasta la vida eterna”; la otra, la del H2O, tal vez no quita la sed…

 Al comenzar a comentar cualquier texto del evangelio de Juan es bueno recordar este estilo literario y simbólico enteramente peculiar de Jesús. Por respeto al público oyente sencillo, es conveniente recordar muy claramente que no estamos escuchando sencillamente la narración de una conversación tal como fue, sino que se trata de una sofisticada composición teológica, con intenciones muy profundas y nada fáciles de detectar. Y que, claro está, se inscribe en el mundo mental e ideológico peculiar de Juan, enormemente alejado del nuestro; y que esta barrera cultural que nos separa del autor exige prudencia para no dar por válida cualquier conclusión.

 De entre las muchas interpretaciones de que este texto puede ser objeto, nos vamos a fijar en dos dimensiones menos acostumbradas, y muy elocuentes para hoy: la de la superación de la religión y, consecuentemente, la apertura al diálogo interreligioso.

 Está de moda el diálogo interreligioso en la teología y en el cristianismo en general. La situación del mundo actual no sólo lo posibilita sino que lo hace inevitable. El mundo actual está “barajado’ religiosamente. A diferencia del pasado, en el mundo actual las sociedades son plurales, cultural y religiosamente. Las migraciones, los intercambios de todo tipo, y la misma «mundialización», hacen que todas las religiones se encuentran hoy diariamente con las demás, mientras que durante milenios vivieron prácticamente aisladas, tan distantes, que cómodamente podían pensarse a sí mismas como únicas.

 Jesús no vivió en un contexto religiosamente plural, como el nuestro, pero sí tenía que pasar por Samaria en sus viajes entre Galilea y Jerusalén. Este episodio simbólico del evangelio de Juan nos permite representarnos el comportamiento de Jesús respecto a este pueblo que, si bien no era propiamente de “otra religión”, era considerado incluso como más distante, por ser tenido como hereje, o cismático.

 Jesús dialoga con la samaritana, incluso por propia iniciativa. Juan no nos lo presenta como a la defensiva o sólo respondiendo. La iniciativa original, el acercamiento al diálogo es de Jesús.

 Puede ser importante destacar que Jesús dialoga interreligiosamente porque tiene un transfondo de «teología pluralista de las religiones», como podríamos decir en lenguaje actual, con evidente anacronismo. No es primero el diálogo, y después la teología de las religiones, sino al revés: porque se tiene una visión abierta de la relación entre las religiones, es por eso por lo que se puede dialogar interreligiosamente.

 «¿Dónde hay que adorar, en Jerusalén o en Garitzín?», le pregunta la samaritana. O sea, más claramente, ¿cuál es la religión verdadera? Y Jesús tiene una respuesta verdaderamente revolucionaria, que todavía no han asimilado los teólogos del pluralismo religioso. Jesús no dice que Jerusalén o Gartizín resulten opciones inválidas (religiones falsas), pero sí dice que quien quiera ir más al fondo («los verdaderos adoradores») no va a tener que ir ni a un lugar ni a otro, no van a tener que vivir con una u otra religión, sino «en espíritu y en verdad», es decir, adentrándose verdaderamente en la «religación» profunda.

 Es una respuesta revolucionaria: las religiones son relativas, hay algo más allá de ellas, a cuyo servicio están todas –o debieran estarlo–. No hay «una religión absoluta», a la que todas las demás deban ceder el paso. La única religiosidad absoluta (la “única religación verdadera”) es la «adoración en espíritu y en verdad», más allá de una u otra religión.

 Un autor como Thomas Sheehan (The First Coming: How the Kingdom of God Became Christianity, Random House 1986), sostiene que la novedad de Jesús consiste en la abolición de todas las religiones, de forma que podamos redescubrir nuestra relación con Dios («religación») en el mismo proceso de la creación y de la vida, en la historia. Puede asustar semejante afirmación, pero sólo de entrada. Pensándolo bien, recordaremos que Jesús no «fundó» la Iglesia (es ésta la que se fundó después, y se fundó en Jesús). Jesús siempre se mantuvo judío, y nunca pensó en fundar otra religión, sino en todo caso en superarla. ¿Habrá sido el cristianismo una dimidiada inteligencia de lo que Jesús quería, aquello que luego cristalizó en el siglo IV en medio de los enormes condicionamientos históricos de aquella época marcada por un imperio en decadencia? ¿Será que hoy, en medio de una grave crisis de las religiones y particularmente de las instituciones religiosas, se nos presenta una nueva y mejor oportunidad de entender y poner en práctica el mensaje de Jesús? No sabemos, pero la vuelta a Jesús nos invita a reflexionar y discernir con humildad, y a buscar con paciencia.

 Se extiende y se cita cada día más la distinción entre «religión y religación»… y aparece como más importante la segunda, la «religación» -sin atarse demasiado a su etimología-, mientras que la religión, las religiones, no serían más que formas concretas diferentes que esa dimensión profunda del ser humano ha adoptado en una determinada época de la historia. Lo importante -es obvio- no son las formas, sino el contenido que vehiculan, la dimensión profunda a la que responden. ¿Y quién nos dice que esa dimensión profunda de «religación» no puede asumir otras formas diferentes, o que no las está asumiendo ya, y que eso que llamamos «crisis de la religión» no sea más que una transformación hacia las formas que la religación va a adoptar en el próximo futuro? Probablmente la crisis de la religión va a ser -o está siendo ya- la mejor oportunidad de la religación. Leer más…

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Dom 23.3.14. “Dame de beber. Agua, el futuro de la vida”.

Domingo, 23 de marzo de 2014

Jesús-enseña-a-una-mujer-Samaritana1Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 3. cuaresma Ciclo A. Juan 4,5-42. El evangelio de este domingo es un prodigio de evocaciones. Lo cito después, léase por favor. Meditemos ahora:

1. El futuro de la vida humana sobre el mundo está vinculado al agua conservada y compartida, al agua limpia, no contamina, para todos los hombres y mujeres de la tierra. Las “guerras” o paces del futuro (en especial en Palestina, tierra de la Biblia) se harán en torno al agua, agua de Dios, agua de todos, como supone el evangelio de hoy.

2. Estamos ante un “pozo” donde buscan agua para saciar la sed hombres y mujeres que vienen de muy lejos;
cientos de millones de mujeres, de hombres y niños viven todavía sin agua corriente, sin agua potable, condenados a la sed y a las enfermedades que nacen de las aguas corrompidas. Jesús dice con ellos: ¡Tengo sed, dame de beber! Hay agua para todos, pero algunos la manipulan.

3. En un pozo como éste se juntan y se dan de beber los enamorados (según un tema clásico de la Biblia, que aparecen en las historias de Raquel y de Moisés). En ese contexto se sitúa el evangelio; una mujer da de beber a Jesús del agua que ella tiene, Jesús le ofrece el agua que el tiene… Estamos en el pozo de Jacob, donde se centra la historia de Israel, el pozo donde empieza la nueva historia cristiana.

4. Éste es un pasaje clave de mística y de historia cristiana, un pasaje que nos abre al infinito de la Vida. Teresa de Jesús reflexionó sobre las formas de sacar agua del pozo de Dios y de la vida. Gustavo Gutiérrez ha escrito un libro precioso titulado: “Beber del propio pozo”. Yo poco puedo aportar, a no ser mi pequeña experiencia bíblica.

Texto, Juan 4,5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber.” Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.” La mujer le dice: “Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.” La mujer le dice: “Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.”

[Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve." La mujer le contesta: "No tengo marido." Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad."

La mujer le dice: "Señor,] veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.” Jesús le dice: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.” La mujer le dice: “Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.” Jesús le dice: “Soy yo, el que habla contigo.”

[En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?" Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían: "Maestro, come." Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis." Los discípulos comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?" Jesús les dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores."]

En aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho."] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.”

PRIMERA NECESIDAD

He estudiado el tema del agua en mi Diccionario de la Biblia (Verbo Divino, Estella 2009). Para aquellos que no lo tengan a mano puedo ofrecer aquí las reflexiones básicas que allí he condensado.

Las primeras necesidades del hombre son la comida y bebida (sólo después viene el vestido y la casa, la salud y libertad). Ciertamente, hay otras carencias dolorosas (de cariño, cultura, palabra…; cf. Mt 4, 4). Pero la más honda, la más dura, es la falta de comida y bebida.

Allí donde este mundo lleno de riquezas condena al hambre y sed (pan tasado y agua contaminada) a millones de personas (o las pone en situación de inseguridad permanente) no sólo se vuelve injusto, sino contrario a la voluntad de Dios. Pues bien, en este contexto Jesús viene a presentarse como Mesías de los hambrientos y sedientos. Es Mesías porque comparte el hambre y sed de los hombres. Es Mesías porque inicia un movimiento de liberación que empieza dando de comer y de beber a los hambrientos y sedientos.

El hambre y sed son la primera de las necesidades y deberían ser fáciles de remediar, pues la tierra puede ofrecer alimento y agua suficiente para todos. Más todavía, el capitalismo moderno sabe producir, de manera que hay (puede haber) comida y agua sufriente para remediar el hambre y sed universal. Pero el capitalismo no sabe compartir: no quiere que todos los hombres se sienten a la mesa de la palabra (diálogo gratuito) y de la “bendición” del pan y del agua, para comer y beber y para ofrecerse dignidad unos a otros, cultivando el misterio de la vida, en amistad y de confianza. Por eso, mientras haya división en el mundo, mientras unos acaparen y posean a costa de los otros seguirá habiendo hambre y sed, no habrá justicia, ni se cumplirá la voluntad de Dios en la tierra.

Hambre y sed tienen múltiples raíces (la relativa escasez de recursos, la falta de desarrollo de determinados colectivos nacionales o sociales…), pero en sentido más profundo, ellas tiene dos causas principales:

1. El egoísmo de muchos individuos y grupos, que no quieren compartir los bienes de ese mundo que ellos acaparen y producen (hacen producir a otros) para sí mismos.

2. La injusticia del sistema
, que pone un tipo de desarrollo económico por encima de la vida humana. Ciertamente, el hambre-sed es un problema físico (proviene de la carencia de bienes), pero está vinculado al egoísmo de alguno y a la violencia del sistema. Para superar el hambre es necesario un sistema distinto (no capitalista) y para ello tiene que cambiar la manera de entender y vivir los valores de la vida.

Esta palabra de Jesús (¡tuve sed y me disteis de beber!) es principio de interpretación del evangelio. Es una palabra que no se puede espiritualizad: aquí se trata de la sed material, de la necesidad de aquellos que carecen de agua para beber y vivir en libertad. Sólo allí donde todos los hombres y mujeres tierra pueden comer y beber con dignidad e higiene puede hablarse de un comienzo de Reino. Ciertamente, el agua tiene otros sentidos, como hemos podido señalar en todo lo anterior. Pero el agua primera, agua de Dios (bendita o sagrada) es aquella que debemos dar a los pobres.

AGUA ESPIRITUAL (DAME DE BEBER). EVANGELIO DE JUAN

1. Agua de Caná. Nuevo Israel

Ante el ruego de su Madre (¡María, la buena aguadora!) Jesús convierte el agua de las seis tinajas de las purificaciones (seis es siempre el número imperfecto de este mundo que no alcanza la plenitud) en vino de bodas, es decir, de alegría mesiánica (cf. Jn 2, 1-11). Sin ese paso del agua de la purificación al vino de la vida no existe evangelio.

2. Agua de Nicodemo. Nueva Creación

“En verdad, en verdad te digo que a menos que uno nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede nacer un hombre si ya es viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo que a menos que uno nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn 3, 3-5).

3. Agua del pozo de Siquem. Agua del templo espiritual

Todo el que bebe del agua de ese pozo (de Siquem) volverá a tener sed. Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna (cf. Jn 4, 13-14). Leer más…

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“Jesús era gay-friendly, y yo sigo el ejemplo de mi maestro”. Entrevista a la teóloga Cristina Conti

Lunes, 17 de marzo de 2014
CrisConti2Desde Homoprotestantes hemos querido hablar con Cristina Conti, teóloga protestante de origen Uruguayo que vive actualmente en Buenos Aires. Pensamos que podía ser interesante escuchar las reflexiones de esta militante feminista y defensora de los derechos de las personas lgtb, que se declara seguidora de Jesús. Cristiana Conti accedió gustosamente a nuestra propuesta. Ha sido un placer dialogar con ella por la cercanía y empatía que transmite en todo momento. Le agradecemos sinceramente que haya colaborado en la entrevista que a continuación os ofrecemos.

Teóloga protestante y militante feminista…. Se mueve usted en la frontera. ¿Cómo ha llegado hasta aquí?

Soy feminista desde que tengo memoria. Aunque de niña no conocía lo que era el feminismo, siempre me rebelé ante los límites de género, y más adelante, ante los estereotipos de género. Cuando descubrí lo que era el feminismo, me identifiqué totalmente con ese movimiento. Al empezar a estudiar teología, creo que fue natural que mi feminismo informara y moldeara mi teología.

Al hablar de feminismo podemos perdernos, ¿cómo entiende usted el feminismo?

No hay un solo feminismo, sino una enorme variedad de feminismos, saludablemente muy diversos. Básicamente se puede decir que todos buscan la equidad de derechos para las mujeres y el fin de la opresión patriarcal. Creo que es importante dejar en claro que el feminismo no busca la supremacía sobre otros grupos, sino la igualdad de derechos para todos y todas. Una vez que nos damos cuenta de que el patriarcado no solo oprime a las mujeres, sino a todos los grupos sin poder, entendemos que debemos unirnos para defendernos unos a otros.

Según su experiencia, ¿que puede aportar la teología al feminismo para enriquecerlo?

Creo que es más bien al revés. El feminismo puede aportar muchísimo a la teología, que en general ha estado presa del sistema patriarcal. Lo que es peor, ha sido funcional a ese sistema, incluso fundamentando ideológicamente la opresión de las mujeres y otros grupos sin poder. Lo único que se me ocurre que puede aportar la teología al feminismo es todo lo que tiene que ver con la forma en que Jesús se relacionaba con las mujeres. En Jesús vemos a un varón claramente feminista. La voz de las mujeres en la teología (salvo unas pocas excepciones) recién comenzó a escucharse a mediados del siglo XX, así que todavía hay mucho por hacer.

La suya es para muchas personas una de esas voces. En su artículo “Hermeneútica feminista” hablaba usted de la necesidad de que las personas oprimidas por el patriarcado tengan “intuiciones inéditas” que pongan en tela de juicio las interpretaciones bíblicas que refuerzan el patriarcado. Puede compartir, ponernos algún ejemplo, de algunas de esas “intuiciones” que usted ha tenido.

Creo que la intuición que ha sido más significativa para mí, como teóloga feminista, fue el darme cuenta de que todos los oprimidos por el sistema patriarcal estamos en el mismo bote. Así, de mi feminismo surgió mi militancia a favor de otros grupos, como los LGBT. Creo que las personas que han sufrido discriminación no pueden ser indiferentes al sufrimiento de otras personas discriminadas. No debemos defender sólo lo que nos beneficia personalmente, sino solidarizarnos con otros grupos vulnerables y luchar también por otras causas justas.

¿Pero qué ha supuesto para usted descubrir un cristianismo que en vez de liberarla como mujer ha intentado someterla a un sistema opresivo como el patriarcado? No han sido pocas las mujeres que han acabado desistiendo y han abandonado la iglesia o incluso la fe.

Uruguay, mi país natal, tiene uno de los más altos porcentajes de ateísmo del mundo occidental. Creo que no es casual que las mujeres uruguayas hayamos sido bastante libres desde hace décadas. El lugar donde encontré más exigencias de sumisión fue precisamente en las iglesias cristianas. Como mi familia era atea y yo entré al cristianismo ya de adulta, me rebelé contra esas imposiciones. Lo que impidió que abandonara todo fue el ejemplo de Jesús y su trato con las mujeres. Eso me dio la pauta de que debía haber algo mal en los textos bíblicos que supuestamente ordenaban la sumisión de las mujeres. Y me quedé, para estudiar teología y así luchar contra esas teologías patriarcales.

Actualmente en España el Ministro de Justicia Alberto Ruíz Gallardón está intentando hacer una contrarreforma en la ley de interrupción del embarazo para impedir que millones de mujeres puedan decidir sobre si quieren, pueden o están preparadas para ser madres. ¿Cómo ve una mujer cristiana feminista esa tutela del cuerpo de las mujeres embarazadas?

Controlar el cuerpo de las mujeres es la vieja costumbre del sistema patriarcal. Y parte de ese sistema es la religión. El papel de las religiones es doblemente condenable, puesto que le proveen al patriarcado la justificación ideológica (y peor aún, supuestamente “divina”) de su dominio sobre los grupos sin poder. Por eso, las feministas cristianas tenemos la obligación de denunciar la complicidad de la religión con el patriarcado, y luchar por el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.

La monja Teresa Forcades defiende que si Dios ha puesto la vida en manos de la mujer, ella es la que debe decidir sobre si puede o no tenerla. ¿Opina usted lo mismo o cree que los gobiernos deben regular la interrupción del embarazo?

Estoy de acuerdo con Forcades. Su argumento de que Dios ha puesto la vida (y la decisión) en manos de las mujeres me parece una de esas grandes intuiciones inéditas de las que hablábamos antes. Los gobiernos deben promulgar leyes que aseguren a las mujeres todos los derechos, incluso el de tomar las decisiones sobre la maternidad. Digámoslo con todas las letras: afirmar que el aborto debe ser legal no significa estar a favor del aborto mismo, sino a favor del derecho de las mujeres a decidir y, eventualmente, a abortar en condiciones seguras. En Uruguay, desde que se legalizó el aborto, no han muerto más mujeres por esta causa. Eso muestra la importancia de la legalización.

Muchas veces uno se pregunta que tendrá el cristianismo para que tan fácilmente pueda dar cobertura y justificación al racismo, machismo, homofobia, a la muerte… incluso cuando son parte de tu comunidad o incluso de tu familia. ¿Tiene alguna respuesta para esto?

No creo que el problema esté en el cristianismo mismo, sino en las interpretaciones y las doctrinas de las iglesias. Si como cristianismo entendemos lo que nos dejó Jesús, no hay justificaciones posibles para ninguna forma de discriminación. Así que el problema no viene de Jesús sino de sus seguidores. No olvidemos el dato de que TODOS los teólogos de los primeros siglos –conocidos como Padres de la Iglesia–eran hombres de clase alta. Las únicas excepciones fueron Atanasio y Agustín, que eran de clase media. No es extraño que la teología que hicieron esos Padres respondiera a los valores de la clase social a la que pertenecían. Desde sus comienzos, las iglesias se han aliado con el poder y han sido funcionales al sistema patriarcal.

El respeto por la diversidad, la Palabra de Dios dirigida a todas las mujeres y todos los hombres sin distinción, el amor al prójimo; se sustentan principalmente en el cristianismo en la persona y el mensaje de Jesús. En una de sus respuestas ha unido las palabras Jesús y feminista, algo que en algunos entornos puede levantar ampollas todavía. ¿Se atreve a unir también las palabras Jesús y gay? ¿Cree que esta identificación puede ayudar a la liberación de muchas personas oprimidas por su orientación sexual?

En los evangelios, no encuentro ningún dato que me permita afirmar que Jesús fuera gay. Si lo hubiera, no tendría problema en unir esas dos palabras, tal como no lo tengo para afirmar –junto con muchos otros teólogos y teólogas– que Jesús era un feminista. Lo que sí encuentro en los evangelios de Mateo y Lucas es la historia del siervo del centurión y su joven esclavo, que obviamente tenían una relación homosexual. Jesús no dijo nada al respecto, sino que se limitó a cumplir la petición del centurión y a alabar su gran fe. En vista de esta actitud de Jesús ante una relación homosexual, creo que se caen todos y cada uno de los 6 textos que se usan contra las personas LGBT. Esta es una verdad comprobable exegéticamente, así que puede ayudar a las personas que han sido oprimidas por su orientación sexual. Jesús tal vez no era gay, pero ciertamente era gay-friendly… y yo sigo el ejemplo de mi Maestro.

Sin embargo muchas mujeres y hombres lgtb forman parte de iglesias cristianas que hablan de amor y liberación pero aceptan que su amor no sea reconocido y sus experiencias de fe como personas lgtb no sean tenidas en cuenta. ¿Son estas comunidades positivas para ellas? ¿Están sin quererlo colaborando con la homofobia? ¿Qué opina usted que deberían hacer?

Una iglesia que hable de amor y liberación sin aplicarlos a todos sus miembros, independientemente de su orientación sexual o cualquier otra característica, simplemente es una comunidad hipócrita y mentirosa. Tales iglesias no son positivas para nadie y cualquier persona pensante (no necesariamente LGBT) debería huir de allí como de la peste. Siempre he dicho que Cristo es uno, pero iglesias hay muchas, así que cada uno puede asistir a la que le parezca la más apropiada. Las personas LGBT son tal vez las más perjudicadas por las iglesias conservadoras. Pero existen iglesias inclusivas y teológicamente progresistas. Mi consejo es que se informen con organizaciones LGBT cuáles son las iglesias inclusivas en su vecindad y que se cambien de inmediato.

Hace casi cinco años el expresidente americano Jimmy Carter abandonó la Convención Bautista del Sur porque discriminaba a la mujer. Algunas voces le animaban a intentar cambiar las cosas desde dentro. ¿Cuál debería ser la respuesta de las personas heterosexuales cristianas que quieren ser fieles a la llamada de Jesús y que ven como son discriminadas sus hermanas y hermanos homosexuales en su propia comunidad?

Cuando supe que Jimmy Carter había abandonado a los bautistas del sur por su misoginia, me alegré y me sentí muy identificada. A fines de 1991, yo me fui de los bautistas del sur por ser una iglesia misógina, dogmática y demasiado conservadora. Incluso para una persona influyente, como Carter, cambiar las cosas desde adentro en iglesias monolíticas es muy difícil. A veces, tiene más efecto abandonar públicamente la organización, explicando las razones. Si decidimos quedarnos a luchar desde adentro, es más eficaz hacerlo desde la iglesia local y no desde la organización a nivel nacional, donde la burocracia, los intereses y las luchas de poder complican los cambios. De todos modos, se puede hacer mucho creando conciencia desde la escuela dominical, las clases del seminario, las reuniones caseras y hasta el Facebook.

Hace un mes, cuando desde el Blog Homoprotestantes recogíamos candidaturas para el Premio Homoprotestante 2013, rápidamente desde Argentina nos propusieron su nombre. La razón, que muchas personas lgtb de ese país reconocían en usted a una persona que ha sabido ponerse en el lugar “del otro” y “de la otra” para trabajar por su liberación. Para finalizar, y agradeciéndole su amabilidad, su tiempo y sus palabras, me gustaría preguntarle qué es lo que usted ha aprendido trabajando por, para y junto a estas personas.

Creo que lo más importante que he aprendido es la forma en que las personas que han sufrido discriminación se cuidan unas a otras, como nunca lo había visto en otros grupos. Otro ejemplo que me han dado es la paciencia. Los he visto hacer un trabajo como de hormiga y esperar pacientemente por los cambios. Me siento honrada de luchar junto a ellos, aprendiendo en el camino a ser más paciente. Y el amor que me han dado mis hermanos y hermanas LGBT es mucho mayor que cualquier cosa que yo pueda haber hecho por ellos y ellas.

Muchas gracias Cristina.

Entrevista realizada por Carlos Osma

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“Escuchar a Jesús”. 16 de marzo de 2014. 2. Cuaresma (A). Mateo 17, 1-9.

Domingo, 16 de marzo de 2014

15-CuaresmaA2El centro de ese relato complejo, llamado tradicionalmente “La transfiguración de Jesús”, lo ocupa una Voz que viene de una extraña “nube luminosa”, símbolo que se emplea en la Biblia para hablar de la presencia siempre misteriosa de Dios que se nos manifiesta y, al mismo tiempo, se nos oculta.

La Voz dice estas palabras: “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Los discípulos no han de confundir a Jesús con nadie, ni siquiera con Moisés y Elías, representantes y testigos del Antiguo Testamento. Solo Jesús es el Hijo querido de Dios, el que tiene su rostro “resplandeciente como el sol”.

Pero la Voz añade algo más: “Escuchadlo”. En otros tiempos, Dios había revelado su voluntad por medio de los “diez mandatos” de la Ley. Ahora la voluntad de Dios se resume y concreta en un solo mandato: escuchad a Jesús. La escucha establece la verdadera relación entre los seguidores y Jesús.

Al oír esto, los discípulos caen por los suelos “llenos de espanto”. Están sobrecogidos por aquella experiencia tan cercana de Dios, pero también asustados por lo que han oído: ¿podrán vivir escuchando solo a Jesús, reconociendo solo en él la presencia misteriosa de Dios?

Entonces, Jesús “se acerca y, tocándolos, les dice: Levantaos. No tengáis miedo”. Sabe que necesitan experimentar su cercanía humana: el contacto de su mano, no solo el resplandor divino de su rostro. Siempre que escuchamos a Jesús en el silencio de nuestro ser, sus primeras palabras nos dicen: Levántate, no tengas miedo.

Muchas personas solo conocen a Jesús de oídas. Su nombre les resulta, tal vez, familiar, pero lo que saben de él no va más allá de algunos recuerdos e impresiones de la infancia. Incluso, aunque se llamen cristianos, viven sin escuchar en su interior a Jesús. Y, sin esa experiencia, no es posible conocer su paz inconfundible ni su fuerza para alentar y sostener nuestra vida.

Cuando un creyente se detiene a escuchar en silencio a Jesús, en el interior de su conciencia, escucha siempre algo como esto: “No tengas miedo. Abandónate con toda sencillez en el misterio de Dios. Tu poca fe basta. No te inquietes. Si me escuchas, descubrirás que el amor de Dios consiste en estar siempre perdonándote. Y, si crees esto, tu vida cambiará. Conocerás la paz del corazón”.

En el libro del Apocalipsis se puede leer así: “Mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa”. Jesús llama a la puerta de cristianos y no cristianos. Le podemos abrir la puerta o lo podemos rechazar. Pero no es lo mismo vivir con Jesús que sin él.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Anuncia Jesús. Pásalo.

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” Su rostro resplandecía como el sol”. Domingo 16 de marzo de 2014. Domingo 2º de Cuaresma.

Domingo, 16 de marzo de 2014

je2Leído en Koinonia:

Gn 12,1-4ª: Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
2Ti 1, 8b-10: Dios nos llama y nos ilumina
Mt 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol

Abraham y Sara pertenecían a un clan de pastores seminómadas, de los muchos que buscaban pastos para sus rebaños lejos de las ciudades-estado que, por los años 1800 a.C. se estaban organizando en Mesopotamia y a lo largo de las costas del Mediterráneo. Abraham fue uno de los muchos grupos que emigraban, lo mismo que hoy, «buscando la vida». En ese andar luchando por la vida descubrieron el llamado de Dios a dejarlo todo y fiarse de su promesa de vida. Dios promete a Abraham que será padre de un pueblo numeroso y que tendrá una tierra, la “tierra prometida”. Es lo que anhelan sus corazones, lo que necesitan para vivir una vida humana y digna. Hoy son muchas las “minorías abrahámicas” que siguen escuchando el llamado de Dios, que les invita a buscar nuevas formas de “vida prometida” para todos los hijos de Dios. Hoy también hay muchísimos desplazados por el sistema neoliberal globalizado, que crea marginación y expulsa a los más débiles de sus tierras. Y millones de desplazados por efecto de las guerras y los problemas políticos. Son los nuevos Abrahán y Sara, que se ven forzados a dejarlo todo en busca de la vida digna que la realidad les niega en su lugar de origen.

La Biblia pone el origen de Israel en esta mitológica «migración» desde Oriente Próximo, «justificándolo» en la voluntad de Dios de elegirse un pueblo… Así, en unos textos que son «Palabra de Dios» y que hablan de Dios… en realidad es el pueblo judío el que habla de sí mismo, y se da una identidad a sí mismo, que consiste en la voluntad del Dios altísimo de crearse un pueblo eligiendo a la persona de cuyas entrañas lo haría nacer. Además de padre «biológico» de Israel, a Abraham la Biblia le atribuye el ser «padre en la fe» de Israel, y por tanto de las tres religiones en que derivó la fe de Israel: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Como el problema de la historicidad de los «mitos» bíblicos de la creación, de la primera pareja humana, y del pecado original que abordábamos en el domingo pasado, También los Patriarcas y los orígenes de Israel hoy están sometidos a un nuevo abordaje. Es algo muy nuevo. Hoy en Biblia se habla de un «nuevo paradigma arqueológico», una generación de arqueólogos desprendida de las adherencias y condicionamientos teológicos clásicos, que cree hallar en el subsuelo israelita un nuevo libro que nos habla fehacientemente de los demás libros que componen la Biblia. Israel Finkelstein es el nombre abanderado de este nuevo paradigma bíblico. «La Biblia desenterrada» (editorial Siglo XXI, Madrid 2003, original: The Bible Unearthed. Archeology’s New Vision of Ancient and the Origin of its Sacred Texts). Han aparecido también investigaciones importantes sobre el papel que la creación de la Biblia tuvo respecto a la construcción de la identidad de Israel; así por ejemplo, el libro de Shlomon SAND, Comment le peuple juïf fut inventé (Fayard, Paris 2008, original en hebreo). La visión que actualmente se está imponiendo desde un plano científico respecto al mundo de los patriarcas bíblicos significa una verdadera revolución, un conjunto de descubrimientos muy importantes que transforman el contexto en el que deben ser interpretados. No se trata de una intuición vaga o una primer anticipo, sino de una corriente fundamentada que merece más respecto incluso que las simples «hipótesis» sobre las que hasta ahora estaba basada la ciencia bíblica. Es urgente para los biblistas, los predicadores y todos los agentes de pastoral asomarse cuanto antes a este nuevo panorama, para no ser sorprendidos cualquier día proponiendo interpretaciones que hoy, a estas alturas del desarrollo de las ciencias, no tienen razón de ser.

La segunda carta de Timoteo nos asegura que la Palabra de Dios no está encadenada. Ella hace su propio camino en medio de los muchos caminos del pueblo. Aunque hagamos muchas lecturas interesadas de ella, el Espíritu siempre encontrará las formas de echarla a volar, sobre todo en manos de los que buscan mejores situaciones de vida en dignidad y justicia, como Abrahán y Sara, o como los desplazados de hoy. Todos ellos, minorías abrahámicas o mayorías desplazadas, están pronunciando con su vida el rechazo a este sistema excluyente que ha perdido la brújula, y que podría encontrarla con la Buena Noticia de Jesucristo.

La escena de la transfiguración que nos relatan los evangelios es, obviamente, otro símbolo. No tiene sentido hablar de ella con un «realismo ingenuo», como si la entendiéramos literalmente y a juzgáramos rigurosamente histórica. Escribieron el relato con mucha libertad –o a partir de un relato oral recontado y reelaborado en su transmisión– y hoy nosotros lo podemos interpretar también «de un modo puramente simbólico». En efecto: esa transfiguración de Jesús que el evangelio de Mateo nos cuenta es un símbolo de esas otras muchas «experiencias de transfiguración» que todos experimentamos. La vida diaria tiende a hacerse gris, monótona, cansada, y a dejarnos desanimados, sin fuerzas para caminar. Pero he aquí que hay momentos especiales, con frecuencia inesperados, en que una luz prende en nuestro corazón, y los ojos mismos del corazón nos permiten ver mucho más lejos y mucho más hondo de lo que estábamos mirando hasta ese momento. La realidad es la misma, pero nos aparece transfigurada, con otra figura, mostrando su dimensión interior, esa en la que habíamos creído, pero que con el cansancio del caminar habíamos olvidado. Esas experiencias, verdaderamente místicas, nos permiten renovar nuestras energías, e incluso entusiasmarnos para continuar marchando luego, ya sin visiones, pero «como si viéramos al Invisible».

Todos necesitamos esas experiencias, como los discípulos de Jesús la necesitaron. Nosotros no podemos encontrarnos con Jesús en el Tabor de Galilea. Necesitamos buscar nuestro Tabor particular, las fuentes que nos dan fuerzas, las formas con las que nos arreglamos para lograr renovar nuestro compromiso primero, siendo la oración, sin duda, el más importante Leer más…

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Dom 16.3.3. Transfiguración (con F. M. Fresneda)

Domingo, 16 de marzo de 2014

transfiguration1Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 2 Cuaresma, Mt 17, 1-9. En el camino cuaresmal que lleva a la pascua de Jesús resulta básica la escena de la transfiguración. Jesús nos sube a la montaña de su revelación, para que aprendamos a ver… y Dios nos revela su identidad como Hijo.

Podremos así caminar con Jesús, subir a su monte, descubrir su rostro, escuchar la voz de que le le llama “Hijo querido”, para bajar luego on él al valle de este mundo y “transfigurar” nuestra realidad, cambiarla por dentro, con nuestra propia vida, unida a la de Jesús.

Tengo el gusto de unir en esta postal mis palabras a las palabras de amigo Francisco Martínez Fresneda, profesor de cristología de la Facultad de Teología Franciscana de Murcia, invitando a mis lectores a que vayan de un modo directo a su blog y lo visiten con frecuencia y provecho, con gran gozo http://fresnedaofm.blogspot.com.es/2014/03/ii-domingo-cuaresma-este-es-mi-hijo.html). Allí conocerán a Paco Fresneda, desde allí podrán seguir semana a semana su “clara y honda” lección de teología y pastoral.

Quien quiera descubrir mejor su palabra y escucharle directamente puede disfrutar y aprender con su magnífica conferencia en las Jornadas de Teología de Murcia (4.3.14): http://www.itmfranciscano.org/actos-academicos/xxvii-jornadas-de-teologia/conf-martinez-fresneda/

Tiene pues esta postal según eso dos parte. (1) El comentario de F. M. Fresneda. (2) Mi ampliación teológica. Buen domingo a todos.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 17,1-9.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: ―Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: ―Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: ―Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: ―No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Comentario de P. Martínez Fresneda

1.- Los discípulos saben que el mesianismo de Jesús no es un camino triunfante avalado por su todopoderosa filiación divina.

Poco antes de su transfiguración, en la confesión de Pedro, le dice a los discípulos que el Hijo de hombre tiene que padecer y morir (cf. Mt 16,21). Para reforzar su fe, se lleva a su círculo íntimo a orar al monte. Transfigurado Jesús por la presencia divina, el Padre comunica su identidad y función fundamental a Pedro, Santiago y Juan: es el Hijo amado; es la Palabra que revela la auténtica voluntad del Padre; es el que completa y resume la ley y los profetas. Con él, como ya lo indicó con Juan Bautista (cf. Mt 11,7), comienza un mundo nuevo, una vida nueva.

2.- Pero el estilo de vida de Jesús es el de un siervo, obediente a Dios, obediente al servicio de los hombres, como antes el Padre le reveló en el Bautismo (cf. Mt 3,17).

Forma de siervo que le lleva al extremo de morir por amor en la cruz: «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Pedro, Juan y Santiago lo van a contemplar muy pronto en la oración del huerto, cuando suda sangre y se rompe interiormente al contemplar la inutilidad de su ministerio y al presentir su camino de cruz (cf. Mc 14,32-42par). Por ello, los discípulos necesitan saber que la cruz no puede esconder, y menos negar, la vocación divina de Jesús, la revelación definitiva de la voluntad salvadora del Señor a todos sus hijos. Y tal experiencia se les presenta con la glorificación de Jesús, aquel que la cruz no podrá con él, porque Dios, desde siempre, le ha sido fiel.


3.- La pasión y la cruz es un camino que termina en la resurrección.

Es la vía que ha recorrido Jesús. Nuestra vida también entraña las experiencias de felicidad y tristeza, de gloria y de muerte, de gracia y desgracia, etc., en su caminar lento o rápido hacia el encuentro con el Señor. Nuestra existencia no es toda gloria, como si fuéramos ángeles, ni es toda desgracia, como si fuéramos diablos. Nuestra historia es un cúmulo de experiencias buenas y malas, de tabores y de cruces que se entrecruzan continuamente, o por fases y tiempos determinados. Debemos convencernos que al final está la resurrección; que al final sólo quedará lo que hayamos amado, es decir, la dimensión de Dios hecha realidad en nuestros actos y actitudes (cf. 1Jn 4,16). No necesitamos ni la venganza, ni la violencia, ni el poder para solapar la desesperanza o las frustraciones. Simplemente ser fiel, como Jesús, al Padre, que tiene la última palabra sobre nosotros, y nos lo demuestra, de vez en cuando, en los momentos de felicidad que disfrutamos a lo largo de nuestra vida.

Reflexión exegético-teológica (Pikaza)

Ésta es una escena de contraste. Jesús ha dicho que las autoridades oficiales y sagradas de Jerusalén (escribas-sacerdotes-ancianos) van a condenarle, en nombre de Dios ( ), pero él sabe que Dios le avala llamándole su Hijo, ante sus tres discípulos centrales, acompañado por representantes del Israel de la fe (Elías y Moisés), que aparecen a su lado. Por eso, la Iglesia de Jesús, que ha escrito y que acoge este pasaje, viene a presentarse como auténtico Israel, asumiendo las palabras de la profecía y de la ley (Elías y Moisés), frente a los judíos no cristianos que, conforme a esta visión, habrían rechazado (o no habrían entendido bien) a los creadores de su religión. Desde ese fondo comentamos, paso a paso, las palabras de la escena.

−Tiempo, personas y lugar: “Y seis días después…” (Mt 17, 1). Ha pasado una semana desde la escena anterior, de Cesárea de Felipe, con la “confesión” de Pedro y la revelación de Jesús (dar la vida por el Reino). Posiblemente, el texto evoca además el tema de fondo de Gen 1, 1−2, 4: Después de seis días de “trabajo” de Dios llega el “sábado” del descanso. También aquí, después de los “seis días” de trabajo, llega el momento de su descanso, en la gloria de la Montaña de Dios (en la pascua final).

“Tomó a Pedro, Jacob y Juan…”. Estos tres discípulos remiten a la historia de Jesús y al comienzo de la Iglesia. Son su grupo de intimidad, siendo, al mismo tiempo, de los primeros testigos de la iglesia pascual, de manera que ellos deben (deberían) actuar como mensajeros de la experiencia de la resurrección (abierta a todos los que aceptan el evangelio). Ellos, los tres de la montaña de Jesús, son un símbolo parcial, pero importante, de la totalidad de la Iglesia.

“Les subió a un monte muy alto…”. Es como si les hiciera “ascender” con él (anapherei autous), a un monte (horos, sin artículo). Tomando como referencia la zona de Cesárea de Felipo, este monte tiene que ser el Hermón, el más alto de la gran cordillera, entre Galilea, Fenicia y Siria. Pero, desde la perspectiva de Galilea (donde parece que nos encontramos ya, por lo que sigue), puede y debe tratarse, simbólicamente, del Tabor, que además es famoso en la historia del Antiguo Testamento, porque allí se fraguó la victoria decisiva de Israel (en tiempos de Débora y Barac) sobre los cananeos (Jc 4, 1). Así hablaremos aquí de la experiencia del Tabor.

−Transfiguración: “Y fue transfigurado ante ellos”. La palabra clave del relato es metemorphôze (fue transfigurado o metamorfoseado, en pasivo divino). Se trata de un término que es casi técnico en griego (e incluso en latín) y que evoca las transfiguraciones o cambios de figura que asumen (padecen) los dioses y seres divinos, tomando así formas diversas para presentarse y actuar. En esa línea resulta significativo el libro de Ovidio (Las Metamorfosis), escrita el año 7 d.C., donde se narran, partiendo de la mitología de Grecia y Roma, los cambios o “transfiguraciones” de dioses y héroes, desde el principio del tiempo hasta el tiempo de Julio César (unos decenios antes de Jesús). La misma realidad aparece así como una “metamorfosis” incesante de todo lo que existe, dentro de un “continuo” sagrado, donde dioses y hombres se vinculan (sin diferencia esencial).

“Y su rostro brillo
como el son y sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrante…”. Jesús aparece así como signo de Dios, expresión del mismo sol…con vestidos blanso, de color de cielo (cf. Ap 3, 18; 19, 14). Leer más…

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