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Los fue enviando

Domingo, 15 de julio de 2018

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YO, PECADOR Y OBISPO, ME CONFIESO

Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber llegado a Roma con un bordón agreste;
de sorprender el Viento entre las columnatas
y de ensayar la quena a las barbas del órgano;
de haber llegado a Asís,
cercado de amapolas.

Yo, pecador y obispo, me confieso
de soñar con la Iglesia
vestida solamente de Evangelio y sandalias,
de creer en la Iglesia,
a pesar de la Iglesia, algunas veces;
de creer en el Reino, en todo caso
-caminando en Iglesia-.

Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber visto a Jesús de Nazaret
anunciando también la Buena Nueva
a los pobres de América Latina;
de decirle a María: «¡Comadre nuestra, salve!»;
de celebrar la sangre de los que han sido fieles;
de andar de romerías…

Yo, pecador y obispo, me confieso
de amar a Nicaragua, la niña de la honda.
Yo, pecador y obispo, me confieso
de abrir cada mañana la ventana del Tiempo;
de hablar como un hermano a otro hermano;
de no perder el sueño, ni el canto, ni la risa;

de cultivar la flor de la Esperanza
entre las llagas del Resucitado.

*

Pedro Casaldáliga,
Todavía estas palabras. 1994

*

 

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:

– “Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.”

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

*

Marcos 6, 7-13

***

El mensaje y la actividad de los mensajeros no se distinguen en nada de la de Jesucristo. Han participado de su poder. Jesús ordena la predicación de la cercanía del Reino de los Cielos y dispone las señales que confirmarán este mensaje. Jesús manda curar a los heridos, limpiar a los leprosos, resucitar a los muertos, expulsar los demonios. La predicación se convierte en acontecimiento, y el acontecimiento da testimonio de la predicación.

Reino de Dios, Jesucristo, perdón de los pecados, justificación del pecador por la fe, todo esto no significa sino aniquilamiento del poder diabólico, curación, resurrección de los muertos. La Palabra del Dios todopoderoso es acción, suceso, milagro. El único Cristo marcha en sus doce mensajeros a través del país y hace su obra. La gracia real que se ha concedido a los discípulos es la Palabra creadora y redentora de Dios.

        Puesto que la misión y la fuerza de los mensajeros sólo radican en la Palabra de Jesús, no debe observarse en ellos nada que oscurezca o reste crédito a la misión regia. Con su grandiosa pobreza, los mensajeros deben dar testimonio de la riqueza de su Señor. Lo que han recibido de Jesús no constituye algo propio con lo que pueden ganarse otros beneficios. «Gratuitamente lo habéis recibido». Ser mensajeros de Jesús no proporciona ningún derecho personal, ningún fundamento de honra o poder. Aunque el mensajero libre de Jesús se haya convertido en párroco, esto no cambia las cosas. Los derechos de un hombre de estudios, las reivindicaciones de una clase social, no tienen valor para el que se ha convertido en mensajero de Jesús. «Gratuitamente lo habéis recibido». ¿No fue sólo el llamamiento de Jesús el que nos atrajo a su servicio sin que nosotros lo mereciéramos? «Dadlo gratuitamente». Dejad claro que con toda la riqueza que habéis recibido no buscáis nada para  vosotros mismos, ni posesiones, ni apariencia, ni reconocimiento, ni siquiera que os den las gracias. Además, ¿cómo podríais exigirlo? Toda la honra que recaiga sobre nosotros se la robamos al que en verdad le pertenece, al Señor que nos ha enviado. La libertad de los mensajeros de Jesús debe mostrarse en su pobreza.

El que Marcos y Lucas se diferencien de Mateo en la enumeración de las cosas que están prohibidas o permitidas llevar a los discípulos no permite sacar distintas conclusiones.

Jesús manda pobreza a los que parten confiados en el poder pleno de su Palabra. Conviene no olvidar que aquí se trata de un precepto. Las cosas que deben poseer los discípulos son reguladas hasta lo más concreto. No deben presentarse como mendigos, con los trajes destrozados, ni ser unos parásitos que constituyan una carga para los demás. Pero deben andar con el vestido de la pobreza. Deben tener tan pocas cosas como el que marcha por el campo y está cierto de que al anochecer encontrará una casa amiga, donde le proporcionarán techo y el alimento necesario.

Naturalmente, esta confianza no deben ponerla en los hombres, sino en el que los ha enviado y en el Padre celestial, que cuidará de ellos. De este modo conseguirán hacer digno de crédito el mensaje que predican sobre la inminencia del dominio de Dios en la tierra. Con la misma libertad con que realizan su servicio deben aceptar también el aposento y la comida, no como un pan que se mendiga, sino como el alimento que merece un obrero. Jesús llama «obreros» a sus apóstoles. El perezoso no merece ser alimentado. Pero ¿qué es el trabajo sino la lucha contra el poderío de Satanás, la lucha por conquistar los corazones de los hombres, la renuncia a la propia gloria, a los bienes y alegrías del mundo, para poder servir con amor a los pobres, los maltratados y los miserables? Dios mismo ha trabajado y se ha cansado con los hombres (Is 43, 24), el alma de Jesús trabajó hasta la muerte en la cruz por nuestra salvación (Is 53,11).

Los mensajeros participan de este trabajo en la predicación, en la superación de Satanás y en ¡a oración suplicante. Quien no acepta este trabajo, no ha comprendido aún el servicio del mensajero fiel de Jesús. Pueden aceptar sin avergonzarse la recompensa diaria de su trabajo, pero también sin avergonzarse deben permanecer pobres, por amor a su servicio.

*

Dietrich Bonhoeffer,
El precio de la gracia. El seguimiento,
Sígueme, Salamanca 1999, pp. 136-138.

*

***

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“Nueva etapa evangelizadora”. 15 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,7-13)

Domingo, 15 de julio de 2018

discipulo

El papa Francisco nos está llamando a una «nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría de Jesús». ¿En qué puede consistir? ¿Dónde puede estar su novedad? ¿Qué hemos de cambiar? ¿Cuál fue realmente la intención de Jesús al enviar a sus discípulos a prolongar su tarea evangelizadora?

El relato de Marcos deja claro que solo Jesús es la fuente, el inspirador y el modelo de la acción evangelizadora de sus seguidores. No harán nada en nombre propio. Son «enviados» de Jesús. No se predicarán a sí mismos: solo anunciarán su Evangelio. No tendrán otros intereses: solo se dedicarán a abrir caminos al reino de Dios.

La única manera de impulsar una «nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría de Jesús» es purificar e intensificar esta vinculación con Jesús. No habrá nueva evangelización si no hay nuevos evangelizadores, y no habrá nuevos evangelizadores si no hay un contacto más vivo, lúcido y apasionado con Jesús. Sin él haremos todo menos introducir su Espíritu en el mundo.

Al enviarlos, Jesús no deja a sus discípulos abandonados a sus fuerzas. Les da su «poder», que no es un poder para controlar, gobernar o dominar a los demás, sino su fuerza para «expulsar espíritus inmundos», liberando a las personas de lo que las esclaviza, oprime y deshumaniza.

Los discípulos saben muy bien qué les encarga Jesús. Nunca lo han visto gobernando a nadie. Siempre lo han conocido curando heridas, aliviando el sufrimiento, regenerando vidas, liberando de miedos, contagiando confianza en Dios. «Curar» y «liberar» son tareas prioritarias en la actuación de Jesús. Darían un rostro radicalmente diferente a nuestra evangelización.

Jesús los envía con lo necesario para caminar. Según Marcos, solo llevarán bastón, sandalias y una túnica. No necesitan de más para ser testigos de lo esencial. Jesús los quiere ver libres y sin ataduras; siempre disponibles, sin instalarse en el bienestar; confiando en la fuerza del Evangelio.

Sin recuperar este estilo evangélico no hay «nueva etapa evangelizadora». Lo importante no es poner en marcha nuevas actividades y estrategias, sino desprendernos de costumbres, estructuras y servidumbres que nos están impidiendo ser libres para contagiar lo esencial del Evangelio con verdad y sencillez.

En la Iglesia hemos perdido ese estilo itinerante que sugiere Jesús. Su caminar es lento y pesado. No sabemos acompañar a la humanidad. No tenemos agilidad para pasar de una cultura ya pasada a la cultura actual. Nos agarramos al poder que hemos tenido. Nos enredamos en intereses que no coinciden con el reino de Dios. Necesitamos conversión.

José Antonio Pagola

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“Los fue enviando”. Domingo 15 de julio de 2018. Domingo 15º de tiempo ordinario

Domingo, 15 de julio de 2018

40-ordinarioB15 cerezoLeído en Koinonia

Amós 7,12-15: Ve y profetiza a mi pueblo.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Efesios 1,3-14: Nos eligió en la persona de Cristo, antes de Crear el mundo.
Marcos 6,7-13: Los fue enviando.

El santuario de Betel tenía también su significación política para el Reino del Norte. Por eso el sacerdote Amasías tiene que cuidar su puesto defendiendo los intereses del rey. Amós, en el comienzo de su misión profética, encuentra rechazo de parte de la estructura religiosa, esto le augura problemas y dificultades pero está dispuesto a enfrentarlos. Vive de lo que hace, su vida no depende de su labor profética, de ahí que puede actuar con libertad tanto frente a la estructura religiosa como a la estructura política. Yahvé mismo le ha pedido que vaya a profetizar a Betel, así que Amasías va a tener que escucharlo aunque se incomode y aunque él no sea del Reino del Norte.

El papel político e «ideológico» (justificativo) que toda religión juega –en un sentido o en otro- en el contexto sociológico en el que se mueve, es ya un descubrimiento de la conciencia moderna que a nadie se le escapa. Ya nadie es tan ingenuo como para pretender que su discurso o su práctica religiosa no hagan ninguna referencia a lo social, a lo político o a lo económico. El apoliticismo de la religión es simplemente imposible, o bien ilusorio o ingenuo. La religión hace política de alguna manera, inevitablemente, como Jesús asumió definidamente su postura social y política frente a la realidad de su momento. No se trata de negar las implicaciones sociales y políticas de nuestra práctica cristiana: lo que es necesario es que esa política sea secundum Marcum, secundum Matheum, secundum Lucam. O sea, «según el Evangelio». Es el Evangelio mismo el que nos obliga a hacer política. Pero no una política según los intereses del rey, o los intereses de los poderosos, o los intereses del sistema, o nuestros propios intereses, sino según el interés del amor, de la fraternidad, de la justicia, de la opción por los pobres, de la Utopía (del Reino, del «otro mundo posible» del Evangelio).

Aparte de los casos individuales locales (cada templo, cada comunidad cristiana…) ¿qué papel ideológico-político está jugando el cristianismo respecto al capitalismo occidental y su sistema explotador? La visión de «otros» puede ayudarnos: el mundo musulmán, por ejemplo, mira al sistema económico occidental como capitalista, explotador, invasor, imperialísticamente globalizador, fuera de todo derecho internacional y del mínimo respeto a la convivencia entre los pueblos, y como «el sistema cristiano», el de los actuales «cruzados»… Para muchos pensadores musulmanes, el cristianismo es el sistema religioso ideológico justificador del capitalismo mundial. El cristianismo como conjunto hace política y economía, y no precisamente «según el Evangelio».

Por su parte, los movimientos populares emancipatorios, la izquierda mundial, sabe que, excepto la gloriosa excepción de la teología de la liberación y sus comunidades eclesiales y sus mártires, en la gran mayoría de los casos el cristianismo ha «justificado» a -y se ha identificado con- la derecha, el capital, el patriarcalismo, el «orden», el poder… como sucesor del imperio romano, que es. Lo contrario ha sido –y sigue siendo- minoritario y excepcional dentro del cristianismo. Veinte siglos de historia están ahí para demostrarlo. El cristianismo como conjunto es un «santuario de Betel», en el que Amasías tiene como punto de referencia al Rey, y Amós no es acogido en él. Amós –que no era sacerdote, que ni siquiera era «profeta profesional»- es la personificación de los cristianos individuales y grupos de base de corazón sencillo, que sienten la exigencia de la Justicia de Yahvé y denuncian la complicidad del Santuario. Los representados aquí por Amós no son sólo los teólogos críticos, ni los obispos proféticos, sino todos los cristianos de a pie de corazón limpio de intereses y sensibles a las exigencias del Evangelio.

Ef 3, 1-14: El misterio que no fue dado a conocer en tiempos pasados…

Para Pablo es claro que no sólo los judíos sino también los gentiles están ahora en Cristo y participan de la bendición de Dios que tiene lugar también en Cristo.

La gran dificultad en el comienzo de la Iglesia fue aceptar a los gentiles. Pablo se esfuerza en esta alabanza de bendición a Dios por mostrar que quien se bautiza participa también de la elección, de la gracia o remisión de los pecados y de la iniciación en el misterio de Dios. Los miembros de la Iglesia somos, según el apóstol, los que hemos recibido la bendición: elegidos desde siempre y antes de todas las cosas, elegidos y destinados por Cristo para la condición santa de hijos y para que lleguemos a la plenitud de nuestro ser al transformarnos en imágenes de su Hijo, gracias a la acción del Espíritu y al haber sido agraciados en el Amado con el perdón de los pecados mediante la sangre de Cristo, elegidos para que mediante la sabiduría y la prudencia que, proceden del mismo Espíritu, penetremos en el misterio de Dios.

En el misterio de la voluntad de Dios, de su propósito y realización en Cristo, nos hallamos incluidos también nosotros los cristianos procedentes tanto del judaísmo como de la gentilidad, porque en él está definida nuestra esencia, en él experimentamos el perdón de los pecados.

Pablo siente que esta realidad terrena tiene que evolucionar, que el plan de Dios es recapitular todas las cosas en Cristo y que los cristianos no debemos permanecer al margen de las transformaciones sociales. Hemos sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo para ser sensibles a la acción transformadora de Dios, acción transformadora que tampoco es exclusiva de los cristianos. El compromiso del cristiano es hacer que este mundo de injusticia se transforme en una sociedad de hermanos pues se supone que entendemos cuál es la voluntad y el plan de Dios sobre la humanidad y el cosmos. Esta tarea no es fácil, porque no vivimos aislados de los demás y porque el mal ha sido institucionalizado por el ser humano.

Mc 6, 7-13: Jesús envía a los doce.

Comienza una nueva etapa en el proceso del seguimiento, la etapa de la misión. Ahora les corresponde a los Doce proclamar lo que han visto y oído. Jesús es consciente de que tendrán que enfrentar el mal en todas sus dimensiones por eso les da poder para hacerlo y les da algunas recomendaciones, les indica que es necesario un cierto estilo de pobreza, tener capacidad para acomodarse a las circunstancias y saber que van a ser aceptados o rechazados. La proclamación de la Buena Nueva debe hacerse en libertad, a nadie se puede obligar a aceptarla. Jesús les está hablando desde su propia vida, les está aportando desde su práctica pastoral.

Todos los comienzos tienen sus dificultades -así lo vemos también en la experiencia de Amós-, pero además están llenos de esperanza y de alegría porque se tiene la motivación de sacar a adelante un proceso. Jesús les advierte a los discípulos cómo son las cosas, para que nada los tome por sorpresa. Sin embargo, la experiencia para cada evangelizador será siempre diferente y a veces donde creemos que nos va a ir bien quizá no logramos nada. Quien evangeliza debe tener presente que es Dios quien hace que surja el fruto, pero también debe disponerse para que el mensaje que transmita motive, inquiete y sea más creíble.

Jesús sabe lo que les espera a los Doce. Los envía de dos en dos. La compañía es apoyo, fuerza y motivación para cumplir mejor con la misión y para resistir a las dificultades. La tarea que van a realizar es una tarea liberadora pero, ¿están capacitados para hacerla? Al final del texto se nos dice cómo los discípulos expulsaron muchos demonios y curaron muchos enfermos. De esta forma los Doce van adquiriendo autonomía y confianza en sí mismos, se dan cuenta de que son capaces de hacer lo mismo que hace Jesús.

El que es enviado sabe que debe permanecer en el lugar hasta que cumpla con su misión, así lo vemos en Amós y en las indicaciones que Jesús les da a los Doce. El enviado no va a nombre personal, va en nombre de quien lo envió. Además Jesús cuenta con la buena voluntad de muchos hombres y mujeres que son solidarios, que abren la puerta de su casa para compartir, de ahí que se atreva a decirles que se queden en la casa donde entren hasta que vayan a otro lugar. Pero también les dice que donde no los reciban ni los escuchen, al marcharse sacudan el polvo de los pies. El gesto de sacudir los pies se hacía públicamente y expresaba condena y separación. Este gesto lo podemos leer también como señal de intolerancia de parte del evangelizador que no soporta que lo rechacen y que no lo reciban. No se puede obligar al otro a que reciba la Buena Nueva, también los demás tienen derecho a disentir, a manifestar que no están de acuerdo y el evangelizador debe tener una actitud más tolerante y comprensiva, debe esperar una nueva oportunidad.

Contrariamente a lo que fue la práctica de Jesús, el anuncio del Evangelio, en la mayoría de los casos y de los tiempos, se ha impuesto a los demás, unas veces en forma violenta empleando la fuerza del poder o de las armas, otras veces con las leyes o con la presión social o la presión psicológica, manejando el miedo por la amenaza de la condenación. También ejercemos una cierta violencia cuando insistimos en la costumbre de bautizar a los niños en vez de arriesgarnos a que sean ellos quienes elijan hacerse cristianos libremente cuando sean adultos. Entre las grandes religiones, el cristianismo por lo menos tiene una historia que desacredita mucho la supremacía numérica mundial de la que está tan orgulloso. Su gran magnitud cuantitativa deja mucho que desear y suscita muchas dudas sobre su futuro en un mundo cada vez menos susceptible de coerción religiosa. Se adivina un futuro –que ya es presente en regiones de vieja cristiandad- de disminución y abandono, una situación que no debería interpretarse catastróficamente, sino como la oportunidad de recuperar la calidad que se sacrificó a la cantidad.

Jesús dice a sus enviados que si no es recibido el mensaje, sacudan el polvo de sus pies y se vayan, y es claro que no quiere que obliguen a nadie a aceptar el mensaje. Es más coherente con la «política de Dios» ser menos en número -por ser celosamente respetuosos de la libertad religiosa-, que ser más cuantitativamente a base de bajar el nivel de la calidad evangélica de los métodos evangelizadores. Leer más…

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Dom 15.7.18 Empezar en Galilea. Nueva misión cristiana

Domingo, 15 de julio de 2018

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 15. Tiempo Ordinario. Ciclo B, Mc 6, 7-13. La Gran Misión Moderna de la iglesia occidental, que empezó con la Reforma Gregoriana del siglo X-XI y se ratificó en la Contra-Reforma del XVI-XVII, está terminando ya

Por eso, conforme al mandato de Jesús en Marcos (16, 7-8) y Mateo (28, 16-20), debemos volver y empezar en Galilea, en la línea de la primera misión cristiana, recogida no sólo por Mc 6, 7-13 y Mt 10, 5-12 (que aquí comentaremos), sino también por Lc 9, 1-5; Lc 10, 1-9.

En sentido estricto, los primeros cristianos misioneros no quisieron formar (ni formaron) una iglesia organizada al modo posterior (con jerarquía y dogma propio), sino un movimiento mesiánico dentro del judaísmo. No tuvieron que crear un pueblo nuevo: el pueblo existía, eran los hombres y mujeres del entorno, especialmente los pobres y enfermos.

Jesús había proclamado el Reino, éstos siguieron haciendo lo mismo; Jesús había sido un judío mesiánico, éstos lo siguen siendo.De un modo semejante, muchos cristianos actuales (año 2018) sienten la necesidad de superar un tipo de iglesia “romana”, para reiniciar desde Galilea el camino que lleva a la verdadera Roma, es decir, a la Iglesia universal .

37035549_1023019017875290_6665105265555144704_nPara ello, hay superar un tipo de “iglesia establecida” (centrada en sí misma), para retomar la experiencia y tarea de los testigos itinerantes del evangelio, desde Galilea, como profetas carismáticos, cercanos a la historia de Jesús.

Esos profetas fueron fundadores de la Iglesia. Otros como ellas han de ser sus refundadores actuales

Ellos fueron por igual mujeres y varones, y asírepresentan la primera autoridad de la iglesia, y se encuentran en el fondo del envío misionero recogido por Marcos y Mateo (y por Lucas), como indicaremos en la postal que sigue
Buen finde, buen verano a todos
.

Texto:
Mc 6, 7-11

[1. Identidad, misión] 7 Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,
[2. Autoridad] dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos;
[3. Posesión, titulación] 8 y les ordenó no llevar nada para el camino, sino sólo un bastón; ni pan, alforja o dinero en el cinto; 9 sino calzar sandalias y no llevar dos túnicas.
[4. Iglesia-casa] 10 Y les dijo: dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta que salgáis del lugar.
[5. Iglesia-provisional] 11 Y donde no os reciban ni os escuchen, al salir de allí, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.

Cf. Mt 10, 5-12

5 A estos doce los envió diciendo… 6. No vayáis a los gentiles, sino a las ovejas perdidas de Israel…
7 Decid: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; gratis recibisteis, dadlo gratis.
9 No toméis oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos, 10 ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón [porque el obrero es digno de su sustento].
11 Y en cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién es digno en ella, y quedaos allí hasta que marchéis.
12 Al entrar en la casa saludadla 13 Y si la casa es digna, que vuestra paz venga sobre ella; pero si no es digna, que vuestra paz vuelva a vosotros.

1. Identidad y misión: profetas.

La autoridad y tarea posterior de todas las iglesias se funda en este envío de Jesús, que ha querido expandir su tarea de reino, a través de discípulos-profetas. Ellos, los Doce (o los Setenta y dos), son signo de todos los mensajeros (apóstoles) y profetas (testigos) que Jesús irá enviando a lo largo de la iglesia. La memoria del Jesús histórico (cf. Mc 1, 16-20; 3,7-19 par) se expresa en este envío: el fue profeta mesiánico, y profetas serán sus primeros enviados .

−Marcos identifica implícitamente a los enviados (apóstoles: cf. 3, 14) con los Doce, a quienes presenta como símbolo y compendio de los misioneros de la iglesia, que al fin (16, 7) no aparecen ya centrada en los Doce, sino como grupo de mujeres que descubren la tumba abierta con María Magdalena y de discípulos que tienen que ir con Pedro a Galilea, para ver a Jesús. Este evangelio ha trazado así una línea que va de los itinerantes carismáticos del tiempo de Jesús a los misioneros de su propio tiempo; a todos les une la experiencia y tarea profética.

−Mateo restringe expresamente esta primera misión (de los Doce) a las ovejas perdidas de la Casa de Israel, evocando así el valor y fracaso de la misión israelita de Jesús. Por eso, tiene que repetir el mandato misionero de Jesús de forma nueva, tras la pascua, dirigiéndolo a los once, que signo y compendio de todos los misioneros eclesiales, enviados a todos los pueblos (cf. 28, 16-20). Evidentemente, los temas y modos del primer envío (todo Mt 10) siguen siendo modelo para el segundo y definitivo.

De esa forma han trazado los evangelios sinópticos la identidad y diferencia entre la primera y la segunda misión de Jesús, antes y después de su pascua. En el principio está Jesús, y con él siguen estando sus Doce compañeros, misioneros de (y con) Jesús antes y después de Pascua; pero su tarea se ha expandido y se ha expresado a través de otros testigos eclesiales, a quienes los evangelios presentan como profetas itinerantes que dan testimonio de Jesús, profeta y Cristo, a lo largo de la historia (hasta el día de hoy, 2019).

2. Autoridad.

Jesús les hace ante todo exorcistas (menos en Lc 10, que refleja una situación eclesial posterior), ofreciéndoles su autoridad salvadora para enfrentarse a los espíritus impuros. Exorcista fue Jesús (cf. Mt 12, 28 par) y lo serán sus discípulos, con una autoridad de curación que no se puede reglamentar por leyes, ni fundar en sacrificios religiosos, ni en victorias militares. Leer más…

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De discípulos a misioneros. Domingo 15. Ciclo B

Domingo, 15 de julio de 2018

jesus-marcos-6-7-13-aDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El fracaso en Nazaret no desanima a Jesús. Al contrario. Además de continuar misionando, como veíamos el domingo pasado, envía también a sus discípulos a misionar. Los profetas del Antiguo Testamento tienen a veces discípulos; pero, que sepamos, nunca los envían de misión; la labor del discípulo consiste en servir de apoyo social y espiritual al profeta, memorizar sus palabras y transmitirlas a la posteridad. El enfoque que tiene Jesús de sus discípulos es distinto, más dinámico: no se limitan a aprender, deben también poner en práctica lo aprendido, y ampliar desde ahora la actividad de Jesús.

Las instrucciones a los discípulos (Marcos 6,7-13)

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:

̶  Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

            El texto de Marcos trata brevemente cinco puntos:

  1. La autoridad. Cualquier embajador o misionero debe estar investido de una autoridad. La que reciben los discípulos es sobre los espíritus inmundos. Esta idea, tan extraña a la cultura de nuestra época, debemos considerarla en el contexto del evangelio de Marcos. Jesús, desde el primer momento, en la sinagoga de Cafarnaúm, ha demostrado su autoridad sobre un espíritu inmundo. Sus discípulos reciben el mismo poder. Son embajadores plenipotenciarios.
  2. Equipaje y provisiones. Es interesante advertir lo que se permite y lo que se prohíbe: sólo se permite llevar un bastón y sandalias; en cambio, se prohíbe llevar comida (ni pan, ni alforja) y túnica de repuesto. El permiso del bastón y las sandalias contrastan con lo que dice el evangelio de Mateo, donde se prohíben. Es un caso interesante de cómo los evangelistas adaptan el mensaje de Jesús a las circunstancias de su comunidad: Marcos tienen en cuenta el apostolado posterior de largos viajes, por terrenos difíciles, que requieren el bastón y las sandalias. En cambio, la prohibición de comida y vestido de repuesto, demuestra la enorme preocupación de Jesús por dar ejemplo de pobreza en una época en que los predicadores religiosos eran acusados con frecuencia de charlatanes en busca de dinero.
  3. Alojamiento. Para evitar tensiones y peleas entre las personas que quisieran acogerlas en sus casas, Jesús ordena que se alojen siempre en la misma.
  4. Rechazo. El apostolado no tendrá siempre éxito. Igual que Jesús fue rechazado en Nazaret, ellos pueden ser rechazados en cualquier lugar.
  5. La actividad. Curiosamente, lo que deben hacer los discípulos no aparece hasta el final: «Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.» Lo mismo que hacía Jesús, a excepción del uso de aceite para curar enfermos. Esta práctica parece haber entrado en la iglesia en un momento posterior y está atestiguada en la carta de Santiago: « ¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del Señor.» (Snt 5,14).

El rechazo (1ª lectura: Amós 7,12-15)

            En las instrucciones de Jesús, este tema es el que ocupa menos espacio. Sólo se menciona como posibilidad. En cambio, la primera lectura nos recuerda que esta posibilidad fue y sigue siendo muy real.

En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa-de-Dios, a Amos:

– Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa-de-Dios, porque es el santuario real, el templo del país.

Respondió Amos: No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo de Israel”.

            A mediados del siglo VIII a.C., el profeta Amós, originario del sur (Judá) fue enviado por Dios a predicar en el Reino Norte (Israel), para denunciar las injusticias terribles que se cometían, favorecidas por la corte y el clero. El enfrentamiento más fuerte tiene lugar en el santuario de Betel (= Casa de Dios), con el sumo sacerdote Amasías, que lo expulsa. En el fondo, Amós tuvo suerte. A otros les cortaron la cabeza.

Si el texto de Amós se hubiera leído completo (cosa que horroriza a los liturgistas), se habría advertido una diferencia capital entre la reacción del profeta y la que deben tener los discípulos de Jesús. Cuando el sacerdote Amasías expulsa a Amós de Betel, este le responde anunciándole que su mujer será violada, sus hijos e hijas morirán a espada, perderá sus tierras y será deportado. El discípulo de Jesús, si es rechazado, debe limitarse a sacudirse el polvo de los pies. Ni una palabra de amenaza o condena. El juicio corresponde a Dios.

Una síntesis del mensaje (2ª lectura: Efesios 1,3-14)

efesoÉfeso

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. Él nos ha elegido en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables a sus ojos. Por puro amor nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos, por medio de Jesucristo y conforme al beneplácito de su voluntad, para hacer resplandecer la gracia maravillosa que nos ha concedido por medio de su querido Hijo. Él nos ha obtenido con su sangre la redención, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que ha derramado sobre nosotros con una plenitud de sabiduría y de prudencia, dándonos a conocer el designio misterioso de su voluntad, según los planes que se propuso realizar por medio de Cristo cuando se cumpliera el tiempo: recapitular todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra. En Cristo también hemos sido hechos herederos, predestinados según el designio del que todo lo hace conforme a su libre voluntad, a fin de que nosotros, los que antes habíamos esperado en Cristo, seamos alabanza de su gloria; también vosotros los que habéis escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, en el que habéis creídohabéis sido sellados con el Espíritu Santoprometido, el cual es garantía de nuestra herencia, para la plena liberación del pueblo de Dios y alabanza de su gloria.

El evangelio no concreta lo que los discípulos deben predicar. Sólo dice que«predicaban la conversión», igual que Jesús. Al pasar los años, especialmente después de su muerte y resurrección, el mensaje de los apóstoles se fue enriqueciendo con lo que Jesús hizo y dijo, y también con una elaboración teológica de lo que él supuso para nosotros.

            La introducción de la carta a los Efesios es un excelente ejemplo de esto último. Pero su estilo tan denso, barroco y recargado se presta a que los asistentes a la misa no se enteren de nada. Una pena, porque las ideas son espléndidas.

Adviértase que el texto habla generalmente de «nosotros» («nos ha bendecido», «nos eligió», «nos ha destinado», «nos ha obtenido», «hemos heredado»,«nosotros, los que ya esperábamos en Cristo»). Pero termina hablando de «vosotros»(«y también vosotros», «habéis escuchado», «habéis creído», «habéis sido sellados». Parece lógico aplicar el «nosotros» a los cristianos de origen judío; el «vosotros», a los efesios, de origen pagano.

            Ante la persona y la obra de Jesús, la reacción de los primeros debe ser bendecir a Dios por todos los beneficios que nos ha concedido a través de Cristo, que se resumen en estos cinco puntos: nos eligió; nos destinó a ser hijos suyos; por su sangre, nos perdonó los pecados; nos dio a conocer su proyecto de recapitular en Cristo todas las cosas; nos convirtió en herederos.

            ¿Y los efesios? ¿Y nosotros? La carta toma un rumbo muy distinto. No comienza hablando de lo que Dios ha hecho por nosotros, sino de lo que nosotros hemos hecho al escuchar la extraordinaria noticia de que hemos sido salvados:«habéis creído». Y entonces, Cristo nos ha marcado con el Espíritu Santo, «prenda de nuestra herencia». Muy pocas palabras, en comparación con los párrafos dedicados al «nosotros», pero con la novedad de la acción de Cristo y el don del Espíritu.

            En cualquier caso, al recapitular Dios todas las cosas en Cristo, todo lo que se dice es válido para todos. También nosotros podemos y debemos proclamar:«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales».

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Domingo XV del Tiempo Ordinario. 15 de julio de 2018

Domingo, 15 de julio de 2018

d-xv

“Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón”

(Mc 6, 7-13)

Aquí estamos, en el domingo XV del tiempo ordinario que, además, coincide con el día 15 de julio: operación salida de vacaciones para unos, retorno para otros. ¿Es tu caso? Veamos, ¿a dónde te vas?, ¿en plan playa, monte, o tal vez algún circuito por Europa, Asia… al pueblo, o quizá a un monasterio? Mira tu maleta. Estas zapatillas para caminar, estas chanclas para la playa, la sombrilla…, este modelito para el paseo de la tarde, este otro para la terraza de la noche, esta chaqueta por si refresca, el chubasquero y el plegable por si llueve que con el cambio climático ya se sabe, crema solar, hidratante, repelente de mosquitos, el bastón de trecking, el portátil por si tienes asuntos pendientes del trabajo… Vuelve a mirar tu maleta. Si ya lo decía mi madre… “¡con el por si acaso se llena la maleta!”.

Resulta que hoy los discípulos de Jesús también están en operación salida. Párate a contemplarlos unos minutos. Observa sus maletas. ¿Qué ocurre?, ¿no las ves? ¡Ah! Es que Jesús les ha dicho que no lleven nada, solo un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja. Vaya tela, ¿te imaginas ir por ahí sin bolso, sin dinero, sin móvil…? También les ha dicho que calcen sandalias pero que no lleven dos túnicas. Vuelve a tu maleta y empieza a sacar la variedad de calzado que has metido, los modelitos de pasear, de la terraza de la noche… Vamos, quédate con lo puesto y el bastón de trecking. Entonces no necesitas maleta.

Como tampoco la necesitamos en el camino de la vida y sin embargo nos empeñamos en llevarla. Bien llena, hasta los topes, por si acaso: preocupaciones, miedos, ataduras, complejos, egoísmo, resentimientos, dudas, comparaciones… ¡Cuánto pesa y cuánto entorpece nuestra marcha!

Oración

Tú que también eres discípula del Maestro, escucha lo que te dice: “suelta todo eso, suelta, suelta… solamente un bastón”. ¿Quién es tu bastón?

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Si necesitas seguridades externas, no confías en lo interno.

Domingo, 15 de julio de 2018

discipulosMc 6, 7-13

El párrafo que acabamos de leer es continuación del que leíamos el domingo pasado, pero con él comienza una nueva etapa en el evangelio de Mc. Los discípulos van a tomar parte en la tarea que, hasta ahora, desarrollaba solo el Maestro. Después de la experiencia de fracaso en la sinagoga de su pueblo, Jesús no solo no deja de anunciar la “buena noticia” del Reino, sino que compromete a sus discípulos en esa tarea. El rechazo de los dirigentes y de los más cercanos, le obligan a buscar otros interlocutores que no estén maleados por la enseñanza oficial. Las tres lecturas no hablan de la elección, pero esa elección lleva implícita la misión.

Es Jesús el que toma la iniciativa. “Les llamó y les envió”. En el c. 1, ya había relatado la llamada de dos parejas de hermanos. En el c. 3, había narrado la llamada de los doce. Si hacía ya mucho tiempo que estaban con él, no necesitaba llamarlos, pero el poner los dos verbos juntos tiene una intención especial. La llamada y la misión están siempre unidas. Todo el que es llamado es para ser enviado. No se precisa ni a donde van ni cuanto va a durar la misión. Con ello nos está diciendo que está precisando las características de todas las llamadas y de todos los envíos. Todo los que vayan en nombre de Jesús deben ir en las mismas condiciones, en todos los tiempos. El evangelista está retrotrayendo al tiempo de Jesús una práctica que comenzó muy pronto en las primeras comunidades.

De dos en dos”apunta al sentido comunitario de toda misión. No se trata de actuar como francotiradores, sino de ir en nombre de la comunidad y con el mensaje comunitario. De esta forma, se  evita además, cualquier clase de jerarquía o superioridad de uno sobre otro. Con demasiada frecuencia olvidamos que todos somos enviados por y desde una comunidad. Tenemos que superar la tendencia a actuar por nuestra propia cuenta. Tiene también un aspecto legal. En un juicio, solo se admitía el testimonio que fuera atestiguado por dos testigos. Recordemos que no se les pide que sean maestros, sino testigos.

“Les da autoridad sobre los espíritus inmundos”. Hay que tener mucho cuidado. El texto griego no dice “dynamis” sino “exousia”. No es fácil apreciar la diferencia entre los dos conceptos, pero es claro que no se trata de un poder mágico, sino de una superioridad sobre el mal; lo cual nos indica que se trata de una fuerza para superar, no solo los demonios de los demás, sino también sus propios demonios; es decir: La superación personal de toda ideología que les impediría comunicar el verdadero mensaje. Esta lucha de los apóstoles contra sus propios prejuicios nacionalistas, está presente en todo el evangelio de Mc.

“Les encargó…” El verbo Griego significa en primer término ordenó. Se trata de una severa amonestación. Es curioso que el texto hace más hincapié en lo que no deben llevar. Ni siquiera nos habla del mensaje que deben trasmitir. Lo importante es el espíritu de los que van a desempeñar la misión. El bastón y las sandalias eran imprescindibles en los viajes; el primero ayuda a caminar y puede ser muy útil contra las alimañas que no eran raras en terrenos desérticos. Las sandalias eran el calzado de los pobres. El pan era signo de todo alimento. No van como mendigos, “no llevéis bolsa”, sólo deben aceptar lo que necesitan en cada momento. La alforja era propia de los mendigos, que metían en ella lo que les daban para asegurarse, al menos, las próximas comidas. El dinero (de poco valor) es el símbolo de las seguridades. En griego no dice “túnica de repuesto”, sino “no llevéis puestas dos túnicas, que era característica de la gente rica.

Los judíos nunca se hospedaban en casa de paganos. La comunidad ha descubierto que cualquier casa es buena para hospedarse, y cualquier alimento digno de comerse. Para quedarse basta que les acoja una “casa”. Para marcharse tiene que existir rechazo de un lugar”. Lo importante es que les acepten y ellos acepten. En todo caso, deja clara la posibilidad de rechazo que acaba de sufrir el mismo Jesús en su tierra. El sacudir el polvo de los pies, era una costumbre de los judíos cuando salían de un lugar de paganismo. No se trata de maldición alguna, sino de dar testimonio de un hecho. En adelante, los paganos no son los “no judíos”, sino los que rechazan la oferta de salvación de Jesús.

“Predicaban la conversión, echaban demonios y curaban”. Es curioso, que ninguna de esas acciones fue descrita en el envío. La conversión de la que nos habla el evangelio, no debe entenderse desde el punto de vista moral. Se trata de “metanoia”, que es un cambio de mentalidad que llevaría consigo un cambio en la manera de vivir. Se trata un camino nuevo. Sin emprender ese nuevo camino, de nada servirán los arrepentimientos y los propósitos. Seguimos sin entenderlo hoy. El echar demonios y curar son signos de la preocupación por los demás. El signo de que ha llegado el Reino es la ayuda a los demás.

La  primera lectura nos pone ya en guardia. Los profetas de Betel quieren convertir a Amós en un profeta “al uso”: alguien que vive de un oficio siguiendo las directrices oficiales. Muy poco han cambiado las cosas. La Iglesia sigue siendo un santuario de Betel. Estar de parte de los poderosos, y no denunciar la injusticia ha sido una apostasía del cristianismo desde Constantino. A nadie entusiasma hoy nuestra predicación, mucho menos nuestra trayectoria vital. La misión no puede ser acomodación a una programación venida de fuera, sino una exigencia vital, consecuencia de la llamada interna de Dios.

La clave está en que, al depender de los demás, se elimina toda tentación de superioridad. No son normas de ascetismo sino de confianza. Se trata de aprender a confiar en los demás, esperándolo todo de ellos. Saber dar eficazmente supone haber aprendido antes a recibir con humildad. No hay nada más humillante para un ser humano que el tener que recibir de otro algo sin reciprocidad. La realidad que más une y humaniza a los hombres es el saber que tienen algo que dar y algo que recibir. En la gratuidad, se alcanza el máximo de humanidad, tanto por parte del que da, como del que recibe.

La confianza de toda misión evangélica debe centrarse en el mensaje, no en los medios desplegados para conseguir la adhesión. Para ello no hay más remedio que prescindir de lo superfluo, y ni siquiera querer asegurar lo necesario. Cuando Jesús envía a los doce, está diciendo que lleven el Reino de Dios a todos los hombres. Él no es su dueño ni ellos sus propietarios. Ese Reino es la “buena noticia” que todos deben descubrir. El Reino predicado por Jesús está más allá de la religión. Trata de purificar toda religión. Jesús no creó una nueva religión ni dejó de pertenecer a su tradición religiosa. Él haber hecho de la predicación de Jesús una religión más ha impedido que sea fermento para todas.

La misión no es tarea de unos pocos, sino la consecuencia inevitable de la adhesión a Jesús. La misión no consiste en predicar sino en hacer un mundo cada vez más humano en todos los órdenes. No se trata de salvaguardar a toda costa, doctrinas trasnochadas o normas morales que no humanizan. Menos aún en conservar unos ritos fosilizados que ya no dicen nada a nadie. El mensaje de Jesús no se puede meter en fórmulas ni en una programación. Es una manera de vivir. Ser cristiano es una manera de ser más humano.

Meditación

Si confías en Dios, confiarás también en el hombre.
Pero también potenciarás la confianza en ti mismo.
Si has superado el afán de seguridades, surgirá la gratuidad.
Precisamente hoy, que por todo hay que pagar un precio,
es más necesario que nunca el dar sin esperar nada.
Darse, sin esperar nada a cambio, es hacer presente a Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Escuchar.

Domingo, 15 de julio de 2018

saber-escuchar-719x300Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar (Epicteto)

15 de julio 2018. Domingo XV del TO

Mc 6, 7-13

Si en un lugar no os reciben ni os escuchan, salid de allí y sacudíos el polvo de los pies como protesta contra ellos.

Jesús trató de ofrecer a sus discípulos un camino adecuado para alcanzar la felicidad personal. Nos lo reafirma esta frase de Juan Donoso Cortés (1809-1853), ensayista, filósofo y parlamentario: “Solamente si hacemos lo correcto se puede alcanzar una vida plena y feliz”. El hijo de José y María logró esa vida feliz y plena, pues cumplía muy bien el consejo que unos años más tarde daría también a sus seguidores Epicteto de Frigia (50-135): Así como hay un arte de bien hablar, existe un arte de bien escuchar”. El Papa Gregorio I Magno (540-604) escribió en ‘Moralia in Job 20’ que “Scriptura sacra (…) aliquo modo cum legentibus crescit”. Es decir, que La Escritura santa, en cierta manera, crece con los que la leen; lo que casa muy bien con el pensamiento de ambos filósofos citados. Todo lo cual nos permite concluir que, correctamente practicado, dicha lectura de las Escrituras, junto con el bien hablar y escuchar, nos ayudan a conseguir la meta de un desarrollo plenamente humano y una vida plena. Magia de la lectura, de textos y personas que hacen crecer al lector, a los interlocutores y cuantos nos escuchan y escuchamos.

Pero es importante escuchar no solo a los demás y los libros, sino también escucharse a sí mismo y a todas las criaturas: al león que muge y nos asusta, al jilguero que halaga nuestros oídos, al cedro que agradece los abrazos, al viento que acaricia nuestros rostros en el calor veraniego, y a las hierbecillas del campo que humildemente murmuran sus quejas con voz queda cuando la pisamos. Seamos sentidos, como todos ellos, a los sentimientos que en todos por igual laten y crecen con la vida. En el requerimiento de Pilatos y ante su ausencia de escucha -no le importa nada lo que diga-, Jesús molesto le contesta: “Yo he hablado públicamente al mundo; siempre enseñé en sinagogas o en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hecho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas? Interroga a los que me han oído hablar, ellos saben lo que dije” (Jn 18, 20-21).

En Cántico Espiritual Juan de la Cruz suplica a las criaturas del reino vegetal que le digan si han visto al Amado: “¡O bosques y espesuras, / plantadas por la mano del Amado!, / ¡o prado de verduras, / de flores esmaltado!, / dezid si por vosotros ha pasado”.

Y las criaturas -lección magistral para nosotros- le responden con voces de gratitud: “Mil gracias derramando / pasó por esos sotos con presura, / y yéndolos mirando, / con sola su figura / prendados los dejó de su hermosura”.

Dijo Plutarco: “Para saber hablar es preciso saber escuchar”. Y es evidente lo que el proverbio oriental dice: “Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido”Porque la escucha es una habilidad que exige transparencia, apertura, ganas de comprender y sumo respeto a los demásLa escucha activa es una forma de comunicación que se focaliza en la persona o personas que nos están hablando. Aclaraba Martin Luther King: “Tu verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de los otros”.

En su obra Libro de las horas, Rainer María Rilke, uno de los poetas más importantes en alemán y de literatura universal, escribe estos versos:

“La casa del pobre es como un sagrario / En su interior lo eterno se cambia en alimento, / y al anochecer regresa suave / hacia sí, en un anchuroso círculo, / y se acoge en sí, lento, pleno de resonancias”. En ellos nos invita a regresar hacia nosotros mismos, y escuchar en plenitud las voces serenas que llevamos dentro: dimensión humana y mística del sonoro silencio.

“Si en un lugar no os reciben ni os escuchan, salid de allí y sacudíos el polvo de los pies como protesta contra ellos”, dicen los Evangelios en Mc 6, 11, donde Jesús deja claro que poco o nada cabe esperar de quienes no saben o no quieren escuchar. Con sus mentes cerradas, reflejo fiel de su voluntaria sordera, andan por la vida como trágicos zombies convertidos en estatuas de sal, como Sara, la mujer de Lot, por mirar siempre hacia atrás.

En nuestro Poema de hoy, inspirado en la novela Amarse con los ojos abiertos, de Jorge Bucay y Silvia Salinas, resaltamos las excelencias del bien hablar y escuchar, ya que, sin estos dos verbos, tan repetidos en la lengua española, resulta imposible la buena comunicación. En cuyo caso “el diálogo real muere de infarto, esculpido en monólogo de piedra.

TANGO DE AMOR

En el tango, como en la vida,
si no escucho, presupongo
lo que me van a decir
y no contestaré
a lo que el otro me dijo.

Responderé, si acaso, a mis suposiciones,
pero jamás al otro.

Así el diálogo real muere de infarto,
esculpido en monólogo de piedra.

Pero esto no es bailar el tango, que es de dos,
una danza en la que cada cual inventa
e improvisa,
de acuerdo al movimiento que el otro le sugiere.

Bailar y conversar, dos situaciones
donde los cuerpos de los protagonistas
tienen que armar
un circuito de tensiones encontradas.
Con un brazo se rodean la cintura,
mientras que con el otro se mantienen
suficientemente alejados,
al compás del calor y del deseo.

En este baile el equilibrio
no está en cada uno, sino en el centro de los dos.
No entenderse conduce a la desestabilización.

………………….

-“No está bien que el hombre esté solo”,
dijo Yahveh besando el barro.

Adán y Eva se escucharon,
y el tango terminó en entendimiento.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿El paso del tiempo ha contaminado la misión?

Domingo, 15 de julio de 2018

envio-misioneroMarcos 6, 7-13

En aquel tiempo, un día Jesús decidió que era hora de compartir su misión con quienes convivía. Marcos dice que llamó a los doce. Hoy podemos preguntarnos: ¿no envió también a las mujeres que le acompañaban y sostenían con sus bienes? ¿Llamó a los hombres, porque ir a predicar era una tarea peligrosa que requería la fuerza física de los pescadores? ¿O estamos ante el símbolo de las doce tribus, y se nota la huella patriarcal en el texto?

Los envió “de dos en dos”. En el judaísmo esta expresión era semejante a un refrán;  indicaba el espíritu de concordia y unión que debía animarles.

Ha pasado mucho tiempo…, el espíritu de concordia se fue olvidando y predominó el cumplimiento a la letra: en la vida religiosa femenina tenían que ir de dos en dos, aun para realizar tareas y recados insignificantes. Las matemáticas (1+1) prevalecieron sobre el talante evangélico. Se nos ha olvidado que en la misión es fundamental el espíritu de colaboración, el “buen espíritu”.

Jesús les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.

Pasó el tiempo…, y muchos hombres de Iglesia se creyeron que Jesús les había dado AUTORIDAD. Con mayúscula, para todo tiempo y lugar. Sin cortapisas. La ejercieron, y muchos la siguen ejerciendo cual señores feudales en su castillo. Desde allí deciden los cambios pastorales que se hacen, o se dejan de hacer, sin tener en cuenta a la comunidad. Los espíritus inmundos se reproducen con facilidad en este caldo de cultivo. Francisco, papa y hermano, combate esos espíritus, pero desde Roma no llega a todos los rincones y rendijas de la Iglesia, donde se han hecho fuertes. Hay que combatirlos en cada comunidad. La misión también incluye este trabajo, duro y constante, dentro de la Iglesia y de cada iglesia.

Jesús les encargó que solo llevaran un bastón, sandalias y una túnica para el camino. El resto quedaba en manos de la providencia.

Con el paso del tiempo, el bastón se convirtió en báculo de plata con cruz de oro. Las túnicas se empezaron a tejer con terciopelo y  armiño. Un grupo de secretarios, chóferes y afines cargan con las pesadas maletas de sus eminencias y sus ilustrísimas. La misión implica un proceso de despojamiento que nos afecta a CADA persona bautizada.

Jesús les dijo que no llevaran pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja.

Ha pasado el tiempo…, y la tarjeta de crédito hace innecesarios esos pequeños detalles en los que se fijó el Maestro. La misión implica recuperar la confianza en la providencia, que sólo puede manifestarse si tiene espacio para hacerlo.

El paso del tiempo ha llenado la Iglesia de chapapote y nadie estamos “sin mancha”.  Los santos y santas, como locos que van contracorriente, nos van recordando la utopía y el talante misionero, pero hace falta más locura y más atrevimiento para encarnar el talante misionero de Jesús.

Amós sintió que el Señor le sacó de junto al rebaño, donde el olor de los animales apestaba y vivía entre pulgas y garrapatas. Y le envió a profetizar. Los pescadores dejaron las redes, porque con Jesús podían ir mar adentro, sin límites. Las mujeres supieron por primera vez que también ellas eran “hijas de Abraham”, y con este dinamismo acompañaron a Jesús, compartiendo su misión.

Ellos y ellas se liberaron de los “demonios” de su época. Y su liberación desencadenó la libertad de muchas otras personas. Algunas eran ungidas con aceite y con amor. Y esa unción desencadenaba procesos de sanación muy profundos.

Pero la misión se va a pique cuando nos da por meternos en cuevas oscuras y peligrosas (como el grupo de niños de Tailandia). Jesús, nuestro rescatador y redentor, se adentra en la cueva y baja hasta lo más profundo.

Nos encuentra aterid@s y acurrucad@s. En medio de la oscuridad, la soledad y el miedo, nos ofrece su mano y una bombona de oxígeno y nos invita a salir a la superficie para experimentar que estamos salvad@s.

Cuando nos reponemos nos dice: “Vete, y haz tú lo mismo”. Esa es la misión.

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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No es lo mismo autoridad que poder

Domingo, 15 de julio de 2018

imagesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. PODER Y AUTORIDAD

Tienen una cierta solemnidad el envío de Jesús a los suyos. Jesús envía a los suyos dándoles autoridad sobre el mal, sobre los espíritus inmundos.

Jesús no les da poder, sino autoridad.

PODER

El poder es la potestad que una persona o institución pueden ostentar porque se lo han concedido las urnas, los votos, o porque tal persona ha sido instituida en determinado cargo o sede, escaño parlamentario, cátedra, etc.
Sin duda que tal poder será legítimo.

Pero hoy en día “poder” significa casi siempre, «control», «gobierno», «imposición». Y esta es nuestra desgracia.

No pocos políticos, obispos, curas tienen poder, pero nula autoridad

AUTORIDAD

Autoridad es otra cuestión mucho más noble. Proviene del latín «augere» (hacer crecer) e indica la capacidad que una persona tiene para hacer crecer a los demás, para hacerlos más adultos y más capaces de una vida digna. Una persona tiene autoridad por su bondad y sana presencia en un grupo, en la familia, en la comunidad, pueblo, Iglesia…

Pueda ser que una persona tenga poder legítimo y ninguna autoridad. Lo estamos viendo y viviendo todos los días en la sociedad, en las familias, en la vida política en los entramados eclesiásticos, etc.

Jesús no gobernó sobre nadie. No impuso nada por la fuerza. Nunca utilizó el poder para controlar o dominar a sus discípulos. Jamás excluyó a nadie. Fue libre y liberador. Escuchaba a los mendigos ciegos y a los soldados extranjeros, se negó a condenar a la adúltera y pedía a Pedro «perdonar hasta setenta veces siete». Ponía vida en las personas, sensatez y justicia en la sociedad. No ostentó ningún poder oficial pero, según las gentes, actuaba como quien tiene autoridad.

Por eso, cuando envía a sus discípulos a evangelizar, «les dio autoridad sobre los espíritus inmundos», es decir, les dio poder para liberar del mal, no para dominar y controlar a las personas.

Necesitamos personas con autoridad y -casi- sólo contamos con personas poderosas.

NI PAN NI ALFORJA. BASTÓN Y SANDALIAS
LA POBREZA E INSEGURIDAD DE LOS DÉBILES.

La Iglesia después de haber sido la religión oficial del Imperio romano y haber ejercido durante siglos un poder hegemónico -al menos- en occidente. En muchas etapas la Iglesia no ha sabido caminar sin el apoyo de algún poder político, económico, ideológico o de su propio poder eclesiástico. Está demasiado acostumbrada a vivir y actuar desde un nivel de superioridad poco –nada- evangélico.

Gracias a Dios que en estos momentos el papa Francisco está recuperando el sentido de servicio, su autoridad no es el castigo, sino la bondad, la misericordia.

Sin embargo, es bueno para la Iglesia ir perdiendo poder económico y político, pues ese despojamiento acerca a la Iglesia al movimiento que puso en marcha Jesús cuando envió a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, sin dinero ni túnica de repuesto, y con una sola misión: «predicar la conversión».

Jesús no necesita de poderosos ni de ricos que sostengan el evangelio. La Iglesia es de y para la gente sencilla que sabe vivir la fe con pocas cosas y trata de vivir sanando y curando enfermos y sufrimientos.

Jesús no puso el Evangelio en manos del poder y del dinero. No acumuléis tesoros en la tierra, no busquéis el poder. El dinero se convierte en signo de poder, de seguridad, de ambición y dominio sobre los demás. El dinero le resta credibilidad al evangelio. Desde el poder económico no se puede predicar la conversión que necesita nuestra sociedad ni crear un espacio de solidaridad para todos.

CURABAN Y ECHABAN DEMONIOS

Jesús envía a sus discípulos y a los cristianos a expulsar demonios y a curar.

Es lo mejor que podemos hacer en la vida: sanar, aliviar, que eso es ser cristiano.

Llama la atención que la gran preocupación ante la escasez de sacerdotes es que no falte la misa de 12 en tal pueblo / parroquia, y si falta, aunque sea que una religiosa o un laico, lea el evangelio y dé la comunión. Al obispado no le interesa tanto si en esa parroquia hay enfermos, parados, encarcelados, personas en soledad, etc., le preocupan los ritos.

La preocupación de Jesús era otra: dar de comer, curar leprosos, reestructuras personalidades rotas (endemoniados), devolver la vida, etc.

Estamos llamados y enviados por el Señor a hacer el bien, a aliviar, curar, expulsar demonios. Sanemos corazones afligidos y curemos las enfermedades y los males que podamos.

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Profeta

Domingo, 8 de julio de 2018

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JESÚS DE NAZARET

¿Cómo dejarTe ser sólo Tú mismo,
sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el Cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,
debelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz, desnudas,
contradicción y paz, ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,
viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada,

Libertador total de nuestras vidas
que vienes, junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

*

Pedro Casaldáliga. El Tiempo y la Espera. 1986

*

A los que conmigo dicen de rodillas la Palabra,

a cuantos gritan conmigo -quizá contra los que callan, siempre contra los que mienten-,

a los que conmigo emplazan la lenta aurora del Reino,

… todavía estas palabras.

*

Pedro Casaldáliga. Todavía estas palabras. 1994

***

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

– “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?”

Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía:

– “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.”

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

*

Marcos 6,1-6

***

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¿Quién es más frágil de los dos? ¿El que recibo en la comunión? […] ¿El pequeño ser al que querían degollar para quitarlo de en medio, sin ninguna protección que no fuera la de María y la de José y, en la eucaristía, la de la Iglesia? Cuando encuentres a un emigrante, ¿sentirás deseos de entrar en comunicación con él o le tendrás miedo?

¿El que recibo en la comunión? […] ¿El que carece de morada fija y para el que hasta una piedra hubiera sido una blanda almohada, que te pide alimento y cobijo en la eucaristía? ¿Por qué no invitas a tu casa a esta o aquella familia de gitanos a la que se hace acampar desde hace ya mucho tiempo detrás de la empalizada? ¡O es que tienes miedo? […].

¿El que recibo en la comunión? ¿Un hombre que en la cruz no puede mover ni siquiera un dedo, que casi no puede hablar, que respira con esfuerzos sobrehumanos, herido por la misma impotencia como en la eucaristía? ¿Y tú? ¿Amas a este hombre ante un poliomielítico? ¿O le tendrás miedo?

Pero si es a él a quien amas, no tendrás miedo de nada. Te atreverás a decirle: «Jesús, en su santa eucaristía, es más pobre que tú, más impotente que tú»

*

D. Ange,
Le nozze di Dio aove ¡I povero é re,
Milán 1985, pp. 241 ss).

***

*

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Rechazado entre los suyos”, 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)

Domingo, 8 de julio de 2018

14-852852-300x300Jesús no es un sacerdote del Templo, ocupado en cuidar y promover la religión. Tampoco lo confunde nadie con un maestro de la Ley, dedicado a defender la Torá de Moisés. Los campesinos de Galilea ven en sus gestos curadores y en sus palabras de fuego la actuación de un profeta movido por el Espíritu de Dios.

Jesús sabe que le espera una vida difícil y conflictiva. Los dirigentes religiosos se le enfrentarán. Es el destino de todo profeta. No sospecha todavía que será rechazado precisamente entre los suyos, los que mejor lo conocen desde niño.

Al parecer, el rechazo de Jesús en su pueblo de Nazaret era muy comentado entre los primeros cristianos. Tres evangelistas recogen el episodio con todo detalle. Según Marcos, Jesús llega a Nazaret acompañado de discípulos y con fama de profeta curador. Sus vecinos no saben qué pensar.

Al llegar el sábado, Jesús entra en la pequeña sinagoga del pueblo y «empieza a enseñar». Sus vecinos y familiares apenas le escuchan. Entre ellos nacen toda clase de preguntas. Conocen a Jesús desde niño: es un vecino más. ¿Dónde ha aprendido ese mensaje sorprendente del reino de Dios? ¿De quién ha recibido esa fuerza para curar? Marcos dice que Jesús «los tenía desconcertados». ¿Por qué?

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niño. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.

Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.

Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con la que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús?

¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos?

¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un profeta?

¿Intuimos tal vez que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente nuestras comunidades y nuestra vida?

José Antonio Pagola

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“No desprecian a un profeta más que en su tierra”. Domingo 8 de julio de 2018. Domingo 14º de tiempo ordinario

Domingo, 8 de julio de 2018

39-ordinarioB14 cerezoDe Koinonia:

Ezequiel 2,2-5: Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.
Salmo responsorial: 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
2Corintios 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Marcos 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la “Confesión de Pedro”) se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado técnicamente “sumario”- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El “fracaso” de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la “derrota” del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el “escándalo” de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un “Mesías crucificado” que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el “Hijo de Dios”.

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? “Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela”. La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: “con lo que ellos conocen“. Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente “sabido”; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El “Dios siempre mayor” desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús “no podía hacer allí ningún milagro”; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque “nadie es profeta en su tierra“. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo? Leer más…

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Dom 8.7.18. Nazaret. Currículum de Jesús

Domingo, 8 de julio de 2018

native10Leído en Koinonia:

Dom 14. Ciclo b. Mc 6,1-6. Este evangelio presenta el “viernes santo” de Jesús en Nazaret, su patria, donde los paisanos le desprecian y rechazan.

Las biografías helenistas solían presentar primero la familia y educación del protagonista. El evangelio de Marcos, en cambio, había comenzado con una referencia a Juan Bautista, para contar después, en varios capítulos, lo que ha empezado haciendo Jesús.

Únicamente ahora, después que ha presentado básicamente el mensaje de Jesús, habla Marcos de su patria y de la relación que él tiene con sus familiares y paisanos. Sabíamos algo de su familia por una escena anterior (Mc 3, 20-35: ¿quiénes son mi madre y mis hermanos…?), pero sólo ahora recibimos una información más detallada del tema, desde una perspectiva polémica.

Con esta ocasión presenta Marcos lo que pudiéramos llamar el currículum de Jesús:

curriculum-vitae-1-728(a En la sinagoga) 1 Y salió de allí y llegó a su patria, y sus discípulos le seguían 2 y cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga

(b. Admiración y escándalo)
y muchos, escuchándole, se admiraban y decían: ¿De dónde le vienen tales cosas¿ ¿y qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿y que son esos milagros hechos por sus manos?

3 ¿No es éste el artesano, el hijo de María y hermano de Jacob, de José, de Judas y de Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él

Imagen 1. Nazaret a principios del siglo XX, casi como en tiempos de Jesús
Imagen 2: Currículo “convencional” de Jesús.


El curriculum de Jesús

Todo el cristianismo posterior depende de algún modo de este “curriculum” de Jesús, que aparece como artesano (obrero eventual), no como maestro, y también como descendiente, al parecer “irregular”, de una mujer llamada María, dentro de una familia conocida (y de poco valor). Los datos del texto podrían emplearse para despreciar a Jesús (como ha sucedido). Pero Marcos los entiende como fuente de honor, conforme a un proceso de “inversión” muy significativo.

La patria evocada (patrida, 6, 1), es, sin duda, Nazaret (cf. Mc 1, 9). Pero ese nombre podría tener otras connotaciones, vinculadas con el nombre los “nazoreos” (quizá un grupo especial de judíos), de los que solo tenemos informaciones confusas por la tradición cristiana.

Sean quienes fueren, esos nazarenos (naz0reos o nazaretanos) rechazan el tipo de mesianismo de Jesús (que rompe con la tradición antigua y venerable de su gente) y le “expulsan” de su familia-comunidad, de manera que él ha de seguir realizando su misión como un apátrida (un expulsado), un hombre que no cuenta con el apoyo “natural” de su gente .

6, 1-2a. En la sinagoga

1 Y salió de allí y llegó a su patria, y sus discípulos le seguían 2 y cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga

Culmina aquí la sección comenzada en Mc 3, 7: Jesús viene a proclamar el Reino, y sus paisanos, vinculados a un tipo de tradición judía, no le aceptan . El mismo Jesús parece causa del enfrentamiento: ha venido de manera pública, con un grupo de discípulos que le siguen (y que, según 3, 31-35, son verdaderos sus hermanos/as y madre) para exponer en su patria (que según 1, 9 es Nazaret) el sentido y condiciones de su nueva familia mesiánica, ante los representantes de su familia carnal antigua. Así podemos hablar de dos grupos.

(a) Jesús y sus discípulos (6, 1) vienen de fuera, con otra identidad social y una nueva forma de comunicación y relaciones personales, apareciendo como un reto en Nazaret, pues su mensaje y estilo de vida pueden tomarse como subversivos, contrarios a la tradición de su pueblo.

(b) Los nazarenos, entre los que se cuenta la familia carnal de Jesús (6, 2-3), representan la identidad patriarcal de la aldea israelita (y quizá del grupo de los nazoreos) a la que ha pertenecido Jesús.

Marcos sabe que Jesús proviene de Nazaret de Galilea (1, 9) y en cuatro lugares fundamentales le llama el nazareno, es decir, el de Nazaret: en la “confesión” del endemoniado de la sinagoga (1, 24), en la invocación del ciego de Jericó (10, 47), en el juicio ante el consejo judío (14, 67) y, finalmente, en las palabras del joven de pascua (16, 6).

Parece claro que él no ha insistido en la importancia teológica de ese término (nazareno) y de esa procedencia (Nazaret), aunque el ciego de Jericó (10, 47) podría haber vinculado el origen nazareno de Jesús con su posible ascendencia davídica (cf. comentario a 19, 47-48; 11, 10 y 12, 35-37).

Estrictamente hablando, para Marcos (cf. 12, 35-37), Jesús no se define como Hijo de David, en sentido mesiánico-político, sino que es Mesías por ser Hijo de Dios (cf. también 1, 1); según eso, parece que su venida a Nazaret ha de entenderse desde su oposición a un mesianismo nazoreo, de carácter político/sacral, que defenderían sus paisanos y sus familiares. En ese contexto podría entenderse mejor la dureza de este pasaje, que Marcos ha redactado para recordar que Jesús es de Nazaret (nazareno, por su nacimiento), pero no nazareo o nazireo (en línea político-sacral) .

6, 2b-3. Admiración y escándalo

… 2 y muchos, escuchándole, se admiraban y decían: ¿De dónde le vienen tales cosas¿ ¿y qué sabiduría es ésa que le ha sido dada? ¿y qué son esos milagros hechos por sus manos? 3 ¿No es éste el artesano, el hijo de María y hermano de Jacob, de José, de Judas y de Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él.

Jesús había empezado a enseñar en la sinagoga (6, 2a), como lo había hecho en Cafarnaúm (1, 21-28 y 3, 1-6), suscitando admiración, pero causando también escándalo, por su mensaje y su práctica de reino. Significativamente, como dirá después el texto, en contra de lo que sucedió en la sinagoga de Cafarnaúm (donde curó al poseso y al manco), Jesús no hizo aquí ningún milagro “importante”, no sólo por la falta de fe de los nazarenos, como supone 6, 5-6, sino también porque no ha venido a “sanar” la sinagoga, sino a presentar en ella su mensaje, confrontándolo así con el de sus paisanos.

6, 2b. Cuestión de sabiduría y milagros

Pues bien, en este contexto, da la impresión de que el protagonismo de la escena no lo tiene Jesús, sino sus paisanos, que se admiran y escandalizan (6, 2-3), sin que parezcan haber cambio de un caso al otro, pues ambas actitudes se vinculan, de manera que el mismo asombro lleva en sí un tipo de rechazo.

Nos movemos, sin duda, en la línea del argumento de los escribas de 3, 21-30, que pueden “admirarse” de las cosas que hace Jesús, pero las atribuyan a Satanás, y por eso le condenan. En este contexto se plantea la pregunta por el origen de los milagros que Jesús realiza y por su sabiduría.

— Importancia de las obras de Jesús. Ellas son las que primero preocupan a los nazarenos: ¿De dónde (pothen) le vienen tales cosas (tauta)? (6, 2). Más que lo que hace interesa aquí el lugar del que proviene. La procedencia determina, según eso, el valor de las cosas que un hombre realiza. Los escribas de 3, 22 creían conocer el origen más profundo de las obras de Jesús, al llamarle endemoniado (=hijo del diablo), rechazando desde ese fondo aquello que él hacía.

De un modo semejante, sus paisanos conocen a un nivel su procedencia y piensan que con ello deberían poder conocerle, controlarle. Pero Jesús ha roto sus esquemas. Por eso preguntan: ¿pothen, de dónde? Es evidente que muchos responderían con los escribas: ¡Actúa con el poder del Príncipe de los demonios… o dirán quizá está loco, como pensaban sus familiares en Cafarnaúm! (3, 21-22).

— Un problema de conocimiento. En el contexto anterior importaban las obras (milagros). Aquí importa la “sabiduría”. Los nazarenos vinculan de esta forma las dos grandes “facultades” que Pablo había separado, al menos metodológicamente: los judíos buscan obras, los griegos sabiduría (cf. 1 Cor 1, 22. Leer más…

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El misterio de la incredulidad. Domingo 14. Ciclo B.

Domingo, 8 de julio de 2018

jesussinagoga1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

      El domingo pasado nos recordaba el evangelio de Marcos dos ejemplos de fe: el de la mujer con flujo de sangre y el de Jairo. Hoy nos ofrece la postura opuesta de los nazarenos, que sorprenden a Jesús con su falta de fe.

En aquel tiempo Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado se puso a enseñar en la sinagoga, y la gente, al oírlo, decía asombrada: «¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?». Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta». Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe. Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Éxito en Cafarnaúm

            Resulta interesante comparar lo ocurrido en Nazaret con lo ocurrido al comienzo del evangelio: también un sábado, en Cafarnaúm, Jesús actúa en la sinagoga y la gente se pregunta, llena de estupor: «¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.» Enseñanza y milagros despiertan admiración y confianza en Jesús, que realiza esa misma tarde numerosos milagros (Mc 1,21-34).

Fracaso en Nazaret

            Otro sábado, en la sinagoga de Nazaret, la gente también se asombra. Pero la enseñanza de Jesús y sus milagros no suscitan fe, sino incredulidad. La apologética cristiana ha considerado muchas veces los milagros de Jesús como prueba de su divinidad. Este episodio demuestra que los milagros no sirven de nada cuando la gente se niega a creer. Al contrario, los lleva a la incredulidad.

                Los milagros de Jesús han re representado un enigma para las autoridades teológicas de la época, los escribas, y ellos han concluido que: «Lleva dentro a Belcebú y expulsa los demonios por arte del jefe de los demonios» (Mc 3,22).

               Los nazarenos no llegan a tanto. Adoptan una extraña postura que no sabríamos cómo calificar hoy día: no niegan la sabiduría y los milagros de Jesús, pero, dado que lo conocen desde pequeño y conocen a su familia, no les encuentran explicación y se escandalizan de él.

Jesús, motivo de escándalo

              En griego, la palabra escándalo designa la trampa, lazo o cepo que se coloca para cazar animales. Metafóricamente, en el evangelio se refiere a veces a lo que obstaculiza el seguimiento de Jesús, algo que debe ser eliminado radicalmente («si tu mano, tu pie, tu ojo, te escandaliza… córtatelo, sácatelo»).

         Lo curioso del pasaje de hoy es que quien se convierte en obstáculo para seguir a Jesús es el mismo Jesús, no por lo que hace, sino por su origen. Cuando uno pretende conocer a Jesús, saber «de dónde viene», quién es su familia; cuando lo interpreta de forma puramente humana, Jesús se convierte en un obstáculo para la fe. Desde el punto de vista de Marcos, los nazarenos son más lógicos que quienes dicen creer en Jesús aunque lo consideran un profeta como otro cualquiera.

Asombro e impotencia de Jesús

            A Marcos le gusta presentar a Jesús como Hijo de Dios, pero dejando muy clara su humanidad. Por eso no oculta su asombro ni su incapacidad de realizar en Nazaret grandes milagros a causa de la falta de fe. Adviértase la diferencia entre la formulación de Marcos: «no pudo hacer allí ningún milagro» y la de Mateo: «Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros».

Nazaret como símbolo

           Los tres evangelios sinópticos conceden mucha importancia al episodio de Nazaret, insistiendo en el fracaso de Jesús (la versión más dura es la de Lucas, en la que los nazarenos intentan despeñarlo). Se debe a que consideran lo ocurrido allí como un símbolo de lo que ocurrirá a Jesús con la mayor parte de los israelitas: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

El fracaso no lo desanima

            El evangelio de hoy termina con estas palabras: «Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.» Jesús ha fracasado en Nazaret, pero esto no le lleva al desánimo ni a interrumpir su actividad. Igual que Ezequiel (1ª lectura), le escuchen o no le escuchen, dejará claro testimonio de que en medio de Israel se encuentra un profeta.

Lectura del Profeta Ezequiel (Ez 2,2-5).

En aquellos días, al decirme esto, el espíritu entró en mí, me hizo tenerme en pie y pude escuchar a aquel que me hablaba. Él me dijo: «Hijo de hombre, yo te  envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí, ellos y sus padres, hasta este mismo día. Hijos de cara dura y corazón de piedra son aquellos a quienes yo te envío. Les dirás: Esto dice el Señor Dios. Escuchen o no escuchen -puesto que son una raza de rebeldes-, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta.

Un remedio contra la soberbia y el narcicismo (2ª lectura).

            Aunque sin relación con el evangelio, el texto de Pablo enseña algo muy útil para todos. Él es consciente de haber recibido unas revelaciones especiales de Dios. La más importante, después de la conversión, que Jesús vino a salvarnos a todos, no solo a los judíos, y que el evangelio debe proclamarse por igual a todas las personas, sin tener en cuenta su raza, género o condición social. Una revelación totalmente revolucionaria. Esto pudo provocar en él una reacción de orgullo y soberbia. Para contrarrestarla, Dios «le clava una espina en el cuerpo», que le humilla profundamente. No sabemos a qué se refiere. Se ha pensado en su enfermedad de la vista, de la que habla en la carta a los Gálatas, que coartaba su actividad misionera. Por lo que dice a continuación, le humillaban las propias flaquezas y las persecuciones, insultos y críticas procedentes de todas partes. Sin olvidar sus arrebatos de ira, que le llevaron a pelearse con Bernabé, su mejor amigo, al que tanto debía; o que le hacían escribir cosas terribles contra los judíos, e incluso contra los cristianos que no compartían sus puntos de vista, a los que llama «falsos hermanos». En cualquier caso, avergonzado de su conducta, pide a Dios que le saque esa espina. Quiere ser bueno y sentirse bueno. Sin fallo alguno. Narcisismo puro. Y Dios le responde: «Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la flaqueza».

            A ninguno de nosotros nos faltan espinas en el cuerpo y en el alma que nos gustaría arrancarnos; o, mejor, que Dios las arrancara para dejarnos vivir tranquilos, satisfechos de nosotros mismos. Pero nos dice como a Pablo: «Te basta mi gracia». Y nosotros debemos repetir como él: «Me alegro de mis flaquezas, de los insultos, de las dificultades, de las persecuciones, de todo lo que sufro por Cristo».

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Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 08 de julio de 2018

Domingo, 8 de julio de 2018

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“La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía:

‘¿De dónde le viene esto? Y, ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada?’

(Mc 6,1-6)

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús volviendo a Nazaret por primera vez desde el comienzo de su predicación. Debió de alegrarse de volver a encontrarse con familiares, amigos y vecinos que le han visto crecer. Sin embargo, el Jesús que llega es un hombre diferente, transformado. Y esto es lo que hace que la gente conocida lo rechace, no quiera escucharle ni crea en él. Se pensaban que lo conocían, pero solo lo hacían externamente. Jesús tiene para ellos palabras de libertad, una Buena Noticia que llene sus vidas de esperanza y de consuelo, y las manos preparadas para sanar, para restablecer, para vivificar, para fortalecer. Pero la gente de Nazaret desconfía de alguien que, siendo tan parecido a ellos, les llega con un conocimiento nuevo: “¿De dónde le viene esto?”

La sabiduría que perciben en Jesús es incomprensible porque no le ha venido de fuera, no se ha convertido en un erudito a fuerza de estudiar. La transformación que la gente ve le viene de un conocimiento interior, profundo, íntimo, de su Padre del cielo y de la humanidad.

Sorprende que, a pesar de darse cuenta de la sabiduría de Jesús, lo rechacen, no le escuchen ni confíen en él. Quizás era porque sentían que su mirada y sus palabras les travesaban. Llegaban hasta su fondo, les revelaban su verdad, les incomodaban. Porque los conocía demasiado bien, sabía qué podía pedir a cada uno, sabía los puntos débiles de cada cual.

El caso es que si quien hubiera predicado en la sinagoga de Nazaret aquel sábado hubiese sido alguien desconocido, venido de lejos, sin ninguna relación con el pueblo, que no tuviera ni idea de sus relaciones y comportamientos, el éxito habría estaba asegurado.

Todo esto hace pensar en lo que nos cuesta escuchar palabras verdaderas sobre nosotras, palabras de quien nos conoce bien, de quien no podemos engañar con victimismos ni falsas imágenes. Palabras venidas de aquellas pocas personas que nos aceptan incondicionalmente, que solo quieren nuestro bien, que crezcamos y mejoremos. Que nos traen de vuelta a nuestra realidad.

Nos resulta más fácil seguir ensoñadas con espejos distorsionados. A menudo estamos dispuestas a escuchar aquello que viene de fuera, de cuanto más lejos mejor, cuanto más exótico mejor. Nos atraen las novedades, las soluciones instantáneas, las últimas tendencias. Buscamos consuelo y compañía a través de la pantalla, no lo pensamos mucho a la hora de contar nuestra vida a alguien desconocido.

Mucho menos dispuestas estamos, en cambio, a abrir el corazón a la gente con quien nos encontramos cada día. A hablarles de nuestros dolores, alegrías, deseos, sueños, vacíos y plenitudes. De lo que vivimos con ellos, lo que nos cuesta y lo que nos da gozo. Y es esta gente, sin embargo, la que nos puede hablar de nosotras mismas. Hacernos encontrar con quien somos y con el Dios que nos habita. Compartirnos, dejarnos mirar, escuchar serenamente lo que tienen que decir quienes nos conocen bien, es transformador y nos lleva hacia una vida plena. Igualmente, las profundidades de los demás, escucharles con oídos atentos y mirada limpia, nos hace crecer en sabiduría, en comunión, en alegría, en paz, en conocimiento de Dios.

Oración

Trinidad Santa, transfórmanos desde dentro, ayúdanos a dejarnos mirar hasta el fondo y a mirar a las demás personas con ternura y respeto, y a poner ante ti lo que simplemente somos.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Porque le conocían, lo rechazan.

Domingo, 8 de julio de 2018

unnamedMc 6, 1-6

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que el don absoluto de Dios hace posible en ellos. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida.

Con este texto concluye Mc una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación, por el pueblo, de las tesis de los dirigentes, no vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando, pero al pueblo oprimido, que quiere liberarse. Jesús ve que no hay nada que hacer con la institución, y en adelante se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, pero relatos paralelos se pueden encontrar en Jn y en otros lugares de los mismos sinópticos.

Mc no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su “pueblo”. Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían jugado y trabajado con él, lo conocían perfectamente. Lo encuadraban en una familia, (requisito indispensable para ser alguien). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario.

El texto griego no habla de pueblo sino de “patria”. Ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto. Jesús por su cuenta, se pone a enseñarles. Mc ya había advertido de la relación de Jesús con su familia. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que estaba loco. Quedan impresionados como en Cafarnaúm.

El texto griego no dice: “desconfiaban de él” sino “se escandalizaban”, que indica una postura más radical. Ni siquiera pronuncian su nombre. Le dicen que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona. Es curioso que Mt corrige el texto de Mc y dice: “hijo del carpintero”. Pero Lc va más lejos y dice: “el hijo de José”. Estos evangelistas, que copian de Mc, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Mc, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación.

Ese conocimiento excesivo de Jesús, es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro. Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas. La religión judía estaba segura de sí misma y no admitía novedad. Los jefes religiosos no permitían admitir nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Al hacer Jesús alusión al rechazo del “profeta”, está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. Al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo. La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado, sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús fue realmente muy fuerte.

Un detalle muy interesante es que su desconfianza impide que Jesús pueda hacer milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: “tu fe te ha curado”; y a Jairo: “basta que tengas fe”. La fe o la falta de fe son determinantes a la hora de producirse un milagro. ¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios y que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el “hacer” como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

El relato de hoy nos habla de la humanidad de Jesús. Nos está confirmando que no tiene privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta enviado de Dios. Siempre será difícil descubrir a Dios en aquel que se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: “no nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?” Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo niegan. Como no responde a las expectativas, no existe. Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos podemos hacer sobre él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, no engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada, será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas.

El profeta es el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras. El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista, un indignado. Lo más “antiprofético” y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

El gran espejismo, en que hemos caído en el pasado, fue pensar que “todos” tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta hoy, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por “decreto”. La opción por el evangelio será siempre cuestión de minorías. Nos asusta un Jesús completamente normal porque hemos puesto la grandeza en lo extraordinario. Pero resulta que lo más grande de todo ser humano no es lo que no tienen los demás, sino precisamente lo que todos tenemos por igual.

Meditación-contemplación

El demasiado conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.
Lo que es y significa Jesús, no se puede meter en doctrinas.
A Dios solo se llega viviendo su presencia en nosotros.
Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.
El conocimiento de Jesús y de Dios me viene de fuera.
La experiencia de Dios y de Jesús me llegará de dentro.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Un sabio con “autoritas”.

Domingo, 8 de julio de 2018

oggi-si-e-compiuta“Expón con sinceridad y sencillez tu sentir, y deja que la verdad obre por sí sobre la mente de tu hermano”  (Miguel de Unamuno)

8 de Julio. Domingo XIV del TO

Mc 6, 1-6

Y muchos comentaban asombrados: ¿De dónde saca este todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado?

La fuerza de la autoridad de sus palabras se funda en sus acciones. Los romanos hacían una distinción entre ‘autoritas’ y la ‘potestas’, alabando la primera por encima de la segunda. La autoritas se conquista mediante la adhesión, la persuasión y la convicción del buen ejemplo dado. Jesús nos invita a sacarla, como Fray Luis de León (Oda I. Vida retirada), siguiendo en este caso la senda escondida que él, uno de “los pocos sabios que en el mundo han sido”, nos ha enseñado en su evangelio. Él hablaba con autoridad porque hablaba de lo que había encontrado dentro de él. Me ha sorprendido siempre la consideración de este dato: permaneció treinta años preparándose, y tres predicando. ¿Fue ésta, acaso, la raíz profunda de tú profunda sabiduría?

Esta fue, y también la de la relación particularmente humana que establecía con los que se relacionaba, en particular los necesitados. De dicha relación han sabido siempre mucho los médicos. Hipócrates indica como uno de los cuatro principios fundamentales el: “Estudiar más al paciente que a la enfermedad”. Para Platón el enfermo es amigo del médico a causa de su enfermedad. La relación entre médico y enfermo es de amistad y, en ella, es fundamental la confianza del enfermo en la medicina y en el médico que le trata. Con el cristianismo, las Órdenes Religiosas se hacen cargo de la asistencia sanitaria que es un acto religioso y moral. Se crean los primeros hospitales cristianos, la asistencia sanitaria es gratuita para los enfermos sin recursos y se atiende también a los enfermos incurables y moribundos. El fundamento de la relación médico-enfermo en el cristianismo es una modalidad de la amistad cristiana entre los hombres. El médico medieval le da importancia a la comunicación verbal con el enfermo con el objetivo de darle consuelo, de aliviarle. Sigmund Freud supone un cambio muy importante en la relación médico-enfermo al introducir al sujeto en medicina. Considera que en el acto clínico, la relación médico-paciente es fundamental, y la historia clínica es un instrumento imprescindible que permite al paciente contar su experiencia vital en ese momento.

Modernamente la relación que establecen el médico y el enfermo, durante el proceso de enfermedad, es de extremada importancia. Es una relación rica y compleja que influye en el curso de la enfermedad, en la eficacia del tratamiento, y que tiene por sí misma un importante valor curativo. Para Gregorio Marañón, por ejemplo, “lo más importante en medicina es la relación entre médico y enfermo”, dice. Y Pedro Laín Entralgo señala rotundamente que se trata de una la relación que vincula mutuamente a dos hombres, que está formada por dos personas, y el vínculo entre ella es la palabra”.

Los que te escuchaban, dice en 6, 2 Marcos, comentaban asombrados: ¿De dónde saca este todo eso? ¿Que clase de sabiduría se le ha dado? Y yo también, Jesús maestro sabio, me asombro de tu sabiduría, y cada vez que profundizo un poco más en tu Evangelio, descubro más y mejor la increíble riqueza humana del mensaje. La del διακόνεο, al que el NT le atribuye el significado de “servir a la mesa” (L 10, 40, 17, 8; Jn 12,1) y que Marcos, si ha de ser comprendido desde la enseñanza de Jesús sobre el discipulado, presenta el sentido más amplio de “ser servicial”, “estar a disposición de”. Un servicio que implica autodonación y disponibilidad, presentado por Jesús como núcleo de su seguimiento y signo de distinción de sus discípulos, sean estos varones o mujeres. Todos ellos han de hacer lo que han visto realizar al mismo Jesús. Han de adoptar las mismas aptitudes: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10, 40)

Decía en su Diario íntimo don Miguel de Unamuno, “Expón con sinceridad y sencillez tu sentir, y deja que la verdad obre por sí sobre la mente de tu hermano”, añadiendo al servir la sugerencia de respetar en el que sirve su manera personal de hacerlo.

En su obra La cuisinne retrouvée, el ilustre literato -y también sabio en su poético quehacer- Marcel Proust, gran amante de la buena cocina como buen francés, hace una loa del bon manger diciendo que “En el tiempo que sigue a una comida copiosa, existe una especie de momentos de reposo saturados de bienestar, de inteligencia y de energía donde permanecer ociosos, que nos otorgan el sentimiento de plenitud de vida”. La dimensión poética de Proust hace resaltar la trascendencia del acto de servir, en otras partes de su obra, aunque poniendo particular énfasis en el de disfrutar de los manjares servidos.

“El efecto de la sabiduría es una alegría continua”, decía Lucio Anneo Seneca en Cartas a Lucilio. Alegría por el buen servir, el buen comer, las buenas relaciones que otorgan salud, y que ponen barro frente a la hermosura, como canta nuestro Poema de hoy, le da Nueva Vida.

INSPIRA ME D0MINE

“Formavit igitur Dominus Deus hominem de limo terrae et inspiravit…”  (Génesis 1, 7)

Me formaste, Señor, del barro puro;
soplaste con amor la blanca arcilla;
dejaste eternidad de tu semilla
en la arista sin faz de un canto duro; 

color pusiste en tu pincel seguro;
le diste ardor a la letal mantilla;
llegó el aliento a la fetal papilla,
blando barrizal de humus inseguro.

Y en el resplandor de tu llama pura,
Todo se hizo amor, masa redimida.
¡Sopla, Señor, y deja tu hermosura

en el lodazal de esta carne hundida;
y poniendo el barro junto a tu hermosura,
sóplalo otra vez, dale Nueva Vida.

(José Paz. Poemas en Tiempo)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Profetas en nuestra tierra.

Domingo, 8 de julio de 2018

comodejarteprofeta-despreciadoMc 6,1-6

Jesús, nos dice el evangelio de Lucas, creció en “edad, sabiduría y gracia” (Lc 2,52). Sus paisanos le vieron dar sus primeros pasos, correr, jugar y trabajar, conocieron a José y a María y fueron testigos de cómo su vida transcurría como la de cualquier otra familia de Nazaret. Quienes conocieron a Jesús como niño hoy le ven convertido en un hombre que lidera un pequeño grupo, que enseña en la sinagoga y obra milagros.

El don de la vida lleva consigo la capacidad de crecer. Como seres humanos podemos ampliar nuestros conocimientos y habilidades, aprender con la experiencia y cambiar con el transcurrir de los años. No somos los mismos que éramos hace un tiempo y, con la gracia de Dios y nuestro propio trabajo personal, este continuo proceso posibilita la transformación para llegar a ser lo que estamos llamados a ser. Aquello que nos hace más felices. Aquello que, intuimos como creyentes, es la voluntad de Dios para nosotros.

Sin embargo, aunque podemos constatar esta experiencia humana en nosotros mismos, ¡qué difícil se nos hace muchas veces reconocer los cambios y el crecimiento de los demás! Resulta sencillo “poner etiquetas” a los otros, pero ¡cuánto nos cuesta quitarlas! Cuesta confiar en la posibilidad de transformación de las personas y surge con facilidad la desconfianza.

“Y desconfiaban de él”, nos dice el texto. La realidad indiscutible de lo que ven en Jesús: su sabiduría y sus milagros, no consigue vencer la sospecha y la incredulidad de quienes le conocieron como un sencillo carpintero, procedente de una humilde familia.

El evangelio de hoy cuestiona esta actitud. Podemos preguntarnos si concedemos la oportunidad de crecimiento y de cambio a quienes son compañeros de camino en la vida cotidiana, cuando nos sobreviene la sospecha antes sus logros y avances. A lo largo de la historia, personas audaces y adelantadas a su tiempo han sido cuestionadas, quizás porque sus vidas han cuestionado a los demás. Oscar Romero, Mahatma Gandhi… o Teresa de Jesús, Joaquina de Vedruna y tantas otras fundadoras y fundadores de instituciones o movimientos religiosos padecieron también la incomprensión y el rechazo de sus contemporáneos. El evangelio de hoy nos pone en alerta y nos invita a revisar nuestras actitudes hacia aquellas personas con las que compartimos trabajo o vida.

Pero también nos cuestiona nuestra propia relación con Jesús. Puede pasarnos como a sus paisanos. Lo hemos conocido tanto desde pequeños que ahora, ¿qué nos puede decir que no sepamos ya? Podemos caer en el peligro de amaestrar su Palabra y no permitir que su poder renovador atraviese nuestras vidas y las transforme.

Nos dice el evangelio que Jesús “no pudo hacer allí ningún milagro”. Porque Jesús no hace nada sin contar con nosotros, con nuestra disposición y fe, con nuestra confianza. Aprovechemos para revisar las “etiquetas” que colocamos, incluso a él, y que impide, de algún modo, que haga milagros en cada uno de nosotros, en nuestra tierra personal, familiar, comunitaria, social, mundial…

Cada día, una nueva oportunidad para creer. Cada día, una nueva oportunidad para crecer.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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¡Ay Jesús, Jesús!

Domingo, 8 de julio de 2018

14_to_bDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01 JESÚS VUELVE A SU PUEBLO.

Jesús vuelve a Nazaret, donde había vivido treinta años y era muy conocido.

Jesús tenía ya una fama importante en su pueblo y entre las gentes de Galilea, incluso en el sur, en Judea se miraba ya a Jesús con recelo y odio:

o Bien por las expectativas políticas (zelotismo) que había despertado en algunos sectores del pueblo y a las que Jesús no dio pábulo.

o Y sobre todo por su distancia de los poderosos del Templo, de la sinagoga, de la política, así como por su cercanía a los pobres y enfermos, porque hablaba de la misericordia de Dios.

02. JESÚS “NO ES UN BUEN HIJO” DE JOSÉ, DE MARÍA.

Los paisanos de Jesús veían en Jesús a un nazareno, a un paisano, al hijo de María, hermano de sus hermanos, etc. Pero ni tan siquiera Jesús respondía a las expectativas de ser hijo de José, nazareno, galileo.

Jesús, hijo de José, debía ser expresión de sus parientes, del movimiento socio-cultural-político de aquella Galilea anti-romana, zelota. Pero Jesús no siguió ese camino.
Pero Jesús va a resultar despreciado y no bien acogido porque no fue fiel a lo que se esperaba en Nazaret – Galilea en esos momentos.

Jesús curaba enfermos, hacía milagros, acogía a mujeres, trataba con publicanos y pecadores, perdonaba, levantaba de la muerte.

Jesús estaba del lado del ser humano, no de la Ley, ni de los esquemas religiosos del Templo, de la sinagoga.

“Los lugares sagrados” fueron los más peligrosos para Jesús. Tres veces intentó Jesús enseñar en las Sinagogas. En la primera le interrumpieron de mala manera (Mc 1,21), en la segunda y tercera vez decidieron e intentaron asesinarle además de decir de él que “estaba loco” (Mc 3,1; Lc 4,16-30).

La “zona roja” de máximo peligro para Jesús fue el Templo. La “casa de Dios” fue el sitio más peligroso para Jesús. De las doce veces que aparece en el evangelio de Juan la expresión “asesinar” a Jesús, seis veces se encuentran en el Templo, (Jn 7, 19.20.25; 8,22.37.40). Igualmente S Juan emplea ocho veces el término “arrestar” a Jesús, cuatro son en el Templo: (Jn 7,30.32.33; 8,20).

(J. MATEO – J, BARRETO, El Evangelio de Juan. Análisis lingüístico y comentario exegético, Madrid, Ed Cristiandad, 1979, 399-400).

03. JESÚS SIENDO PROFUNDAMENTE HUMANO, FUE HIJO DE DIOS.

catedral-de-leon-vidrierasNosotros, como los paisanos de Jesús, como los judíos creemos en el Dios de la Ley, de la prepotencia, de los ritos. Pero Jesús fue hijo de Dios en la humanidad, en la debilidad.

Siempre la cuestión es ver en la materialidad de las personas y de la vida “algo más.

En el hijo del carpintero podemos ver a Cristo y lo que él significa.

Y a Jesús, a Dios, le vemos en el pobre, en el marginado, en los más débiles y sencillos de la vida.

04. SE EXTRAÑÓ DE SU FALTA DE FE.

Para sus convecinos, Jesús era un humano y nada más que un humano: el hijo de María.

Sin terreno preparado no hay cosecha. “No pudo hacer allí ningún milagro, salvo curar a unos pocos enfermos”. La palabra de vida de Jesús es viable únicamente en un ámbito de fe, de apertura a Dios.

Lo que les pasó a los convecinos de Jesús puede pasarnos también a nosotros: encerrarnos en valoraciones puramente humanas de Jesús (maestro de sabiduría y de ética) y no descubrir el verdadero “ser” de Jesús (transparencia de Dios). Jesús es bastante más que un gran o un pobre hombre. El “ser” de Jesús no se agota en su “ser” de hombre.
Sin ninguna pretensión por nuestra parte, Dios hace milagros cuando nosotros creemos y tenemos fe en Él.

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