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“Mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. Domingo 13 de agosto de 2017. 19º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 13 de agosto de 2017

42-OrdinarioA19Leído en Koinonia:

1Reyes 19,9a.11-13a: Ponte de pie en el monte ante el Señor.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Romanos 9,1-5: Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.
Mateo 14,22-33: Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que actuaron, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17,1 – 2R 2,1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16,31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos telúricos –en la tormenta imponente o en el fuego abrazador–, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la masacre del monte Carmelo (1R 18,20-40), Elías, sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21,1-29) y aberraciones (2R 1,1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2,1-12). Elías descubrió así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer el parecer de un grupo de personas, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Dom 13.8.17. Barca de Pedro, barca de María de Magdala. Un camino compartido

Domingo, 13 de agosto de 2017

magdalaDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 19, ciclo A. Mt 14, 22-33. En la imagen aparece la barca de Magdala, símbolo de Jesús: Barca de Pedro, de María Magdalena, de todos los creyentes….

— Jesús se ha ido y reza sobre la montaña (parece que no se ocupa de los suyos, de Pedro y de los otros, que reman, remamos en la noche)
— mientras tanto, la barca de la Iglesia se hunde en el temporal del siglo XXI. Si Dios no lo remedia, la barca naufraga y los sueños del largo cristianismo acaban.

En ese contexto, Jesús aparece como un fantasma, caminando sobre el abismo de las aguas… y Pedro le dice que él también quiere acompañarle sobre el agua y así empieza a caminar, pero tiene miedo.

Pedro se arriesgó con Jesús, pero la primera en arriesgarse con él fue María de Magdala…Y así he querido que su barca presida este evangelio.

Pedro y Magdalena salen al mar, con ellos salimos nosotros para iniciar una nueva travesía. ¿Por qué no vamos con él, con Pedro, y con María de Magdalana? ¿Por qué no decimos todos a Jesús: vamos contigo?

Quiero que cada uno lea el texto y lo interprete por sí mismo, parando después y sacando sus conclusiones. Si alguien tiene tiempo, si quiere entrar en temas eclesiales, puede seguir leyendo lo que digo, los trece puntos del poder del Pedro, que son los de María de Magdala y todos los cristianos

Así quiero pasar de los poderes de Pedro (sin negarlos) a los poderes de la Iglesia, para asumir la tarea de Pedro, todos sus poderes, que son nuestros, en la barca sobre el mar airado.

Buen domingo a todos
.

Introducción. Texto. Mateo 14,22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” Pedro le contestó: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.” Él le dijo: “Ven.” Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame.” En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?” En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios.”

LOS TRECE PODERES DE PEDRO, QUE SON DE LA IGLESIA

Según este pasaje, imaginaos al Papa que quiere caminar con Jesús sobre las aguas. Éste es el Papa de trece poderes… que corre el riesgo de hundirse. Por eso quiero que vuelva con Jesús a la barca de la comunidad. Así lo haré citando y evocando esos poderes, en dos partes:

a. Presento uno por uno los trece poderes actuales del Papa
b. Indico después que esos poderes, siendo del Papa, son de la Iglesia

Eso significa que debemos lanzarnos al agua, como él, como Pedro, para asumir y transformar su travesía.

1. Poder político, diplomacia Vaticana

a. Retomando una historia que había comenzado el año 756, los pactos de Letrán (1929) crearon el Estado de la Ciudad del Vaticano, con fines espirituales (no económicos, ni militares), pero con gran peso político, pues ellos convierten al Papa en Jefe de Estado, reconocido por casi todos los gobiernos. De esa forma, el Papa se sitúa entre los césares del mundo a quienes dice su palabra desde una situación de autoridad, como hizo León III con Carlomagno. Más que las dimensiones geográficas o el peso económico-militar del Estado Vaticano importa la visión del Papa como Jefe de Estado en clave de autoridad política.

b. Con María de Magdala. Muchos pensamos que el primer mensaje de la Iglesia Católica hade situarse en otro plano, de manera que ella debería renunciar unilateralmente a su estructura política como Estado, para así expresar y realizar mejor su misión cristiana, pues las condiciones políticas y sociales son hoy radicalmente distintas de lo que eran el año 756 (cuando se crearon los Estados Pontificios). En esa línea deberían suprimirse las nunciaturas (embajadas) permanentes del Papa ante los estados, lo mismo que los obispados y capellanías castrenses, que ratifican el pacto de la iglesia con los poderes militares.

2. Magisterio supremo, una palabra viva

a. El Papa, ayudado por sínodos, congregaciones y comisiones, siguiendo, en última instancia, sus opciones, promulga documentos oficiales (encíclicas, cartas pastorales, exhortaciones apostólicas) para todos los católicos, viniendo a presentarse de esa forma como el único Magisterio real de la Iglesia, y lo hace creando un círculo de verdades que corren el riesgo de cerrarse, alimentándose a sí mismas, sin diálogo efectivo con el mundo exterior, ni con los principios bíblicos del Evangelio, como parece haber sucedido en el Catecismo de la Iglesia Católica (1992).

b. Con María, la maestra de la barca de Magdala. Ciertamente, es necesaria la unidad del Magisterio, pero no en su forma actual, piramidal, de arriba abajo, sino en clave de comunión (comunidad de comunidades, diálogo constante de cristianos…). Conforme a esa visión, el Papa no debería ser alguien que habla desde arriba (como Uno sobre todos), sino que ha de hallarse en la misma comunión, recogiendo y formulando así la múltiple voz de las iglesias. Es necesaria la unidad, pero no como voz del Uno, sino como concierto y comunión de voces, vinculadas en conversación y diálogo evangélico, como supone el conjunto del NT.

3. Poder misionero, nuevas iglesias

a. La acción misionera (evangelizadora) pertenece al conjunto de la Iglesias, y ha sido realizada en la Edad Moderna por los reinos cristianos, pero en los últimos siglos ha quedado centrada en la Curia Vaticana, que es la única que puede crear nuevas iglesias, prelaturas y obispados, organizando desde arriba el despliegue de todas las comunidades cristinas. Conforme a esa visión, las comunidades nacen desde el vértice superior de la iglesia única, aceptando su modelo de unidad, sin verdadera autonomía. De esa forma, el centro papal quiere mantener todo el control sobre las iglesias. Conforme a la visión actual, hubiera sido imposible la misión de Pablo, lo mismo que los grandes desarrollos misioneros de las comunidades celtas, por poner dos ejemplos.

b. Con María de Magdala, que llego como misionera hasta Francia, en una barca. Ciertamente es buena y necesaria la conciencia de unidad, pero a modo de comunión, no de imposición del Uno; nos hallamos además en un tiempo privilegiado de comunicaciones, de forma que es fácil mantener el contacto entre todas las iglesias, a modo de red, sin un único centro dirigente superior. Eso significa que las mismas iglesias particulares pueden y deben abrir caminos de evangelio, como sucedió al principio de la cristiandad. No es que agua del Vaticano (del Papa de Roma) se haya secado, pero ella debe manar de otra manera, no desde arriba, ni como centro dirigente que todo lo decide, sino como referencia de unidad (retomando así las tareas que el NT atribuye a Pedro). En esa línea, surgirán, sin duda, nuevas misiones eclesiales, que no estarán ya impulsadas directamente por el Papa, aunque pueden y deben ser discernidas y animadas por el conjunto de la Iglesia, en la que el Papa es signo de unidad.

4. Poder teológico, interpretación de la Escritura

a. En principio, la teología tiene una función autónoma: no es un comentario de las declaraciones del magisterio, sino una actividad propia de las comunidades, llamadas a repensar el evangelio, con libertad creadora, en contacto con las fuentes (Escritura, Tradición), desde el mismo pueblo cristiano, en comunicación entre todas las iglesias. En esa línea, la teología es tarea de todos los creyentes, sin distinción de clero y laicado. Pues bien, desde hace varios siglos, el Vaticano ha querido dirigir e incluso controlar toda la teología católica, en vez de alegrarse de que surjan experiencias y formulaciones nuevas de evangelio, desde la misma vida de las comunidades, como había sido al comienzo de la Iglesia. Para superar ese centralismo teológico es bueno retomar el impulso de la Reforma Luterana, que quiso devolver a los cristianos el acceso a la Palabra de Dios, aunque haya podido conducir a veces a un tipo de fragmentación que debería superarse.

b. María fue la primera que confesó a Jesús resucitado. Nos fiamos de su experiencia, nos fundamos en su teología. Es necesario que los cristianos (y de un modo especial las iglesias) recuperen su libertad teológica, desde el evangelio, en comunión con la Iglesia universal, recordando que los teólogos no son simples delegados del magisterio vaticano. Muchos afirman que, en este momento, para elaborar una teología de base cristiana, en libertad, es preferible situarse fuera de las instituciones oficiales, pues la curia romana significaría un estorbo (impedimento) más que una ayuda para el desarrollo del pensamiento cristiano, como sucedió cuando Juan Pablo II quiso silenciar la teología de la liberación (1984 y 1986). Pienso que esa acusación resulta exagerada. No se trata de situarse fuera, o de actuar como pura oposición, sino de estar dentro, pero de otra manera, en comunión creadora con todas las iglesias, aceptando un Magisterio Papal, pero no como imposición o límite, sino referencia de unidad en comunión de búsqueda evangélica.

5. Poder sacramental, comunión de mesa.

a. Los católicos saben que los sacramentos provienen de Jesús: son signos de su acción y presencia poderosa (liberadora, sanadora). Pero, de hecho, los sacramentos oficiales parecen estar ritualizados, en sentido negativo y muchos piensan que el Vaticano, que regula todas las ceremonias, está más atento a la letra externa que al despliegue de la vida mesiánica de Cristo. Con la ayuda de la Sagrada Congregación para los Ritos, el Papa define y organiza la liturgia católica romana, fijando las formas, gestos y palabras básicas de todas las celebraciones del mundo de una forman que algunos juzgan reactiva (la Curia Vaticana estaría limitando de hecho la libertad que el Vaticano II ofreció a las iglesias). Muchos hablan de un retroceso litúrgico, con celebraciones bellas, pero fosilizadas. Leer más…

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Dom 10 8 14. Todo el que camina anda como Jesús sobre el mar

Lunes, 11 de agosto de 2014

frase-para-que-llamar-caminos-a-los-surcos-del-azar-todo-el-que-camina-anda-como-jesus-sobre-el-antonio-machado-142691Del blog de Xabier Pikaza:

(Continuación…)

Dom 19 Tiempo ordinario, ciclo A. Mt 14, 22-33. Presenté anteayer una postal sobre el tema evangélico del Cristo que camina sobre el mar, invitando también a Pedro, para que le siga. Pero introduje después una reflexión sobre Edith Stein, en el contexto del gran conflicto judeo-cristiano, con ocasiónd de la memoria de Edith Stein. Hoy vuelvo otra vez sobre el tema de Jesús y Pedro sobre el agua, retomando de esa forma el motivo del domingo.

Mantengo toda la reflexión anterior, que podrá ver quien siga leyendo. Pero la introduzco en un contexto nuevo, el que ofrece la Saeta de A. Machado, uno de los poemas castellanos más hondos del siglo XX, un tema sobre el que Machado ha ofrecida varias y ricas “variantes”:

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

A. Machado quiere superar la saeta del Cristo del Madero, que es la religión de la muerte, el culto del crucificado; quiere que la fe no sea un dolor hecho canto al Señor de la Agonía; quiere que Cristo no siga, siglo a siglo, atado siempre a la cruz, que baje y camino que los hombres.

También el evangelio quiere que pasemos de la Cruz de la Agonía al Cristo que abre caminos en el mar, como Pedro y con sus doce, con todos los cristianos… También el evangelio quiere que volvamos al mar fuerte de la vida, superando el miedo, abriendo un camino sobre las aguas amenazantes de una historia difícil.

Pero es muy posible que para caminar con Jesús y Pedro sobre el agua tengamos que estar dispuestos a pasar por la cruz… Quien no esté dispuesto a morir como Jesús no podrá caminar sobre las aguas. Estamos en un momento decisivo (2014). Un año, un tiempo duro. Tenemos que abrir nuevos caminos sobre el mar airado, como quería la saeta de Machado. Pero sólo podremos hacerlos si estamos dispuestos a dar la vida en la cruz, como hizo el Cristo.

¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?…
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar (Proverbios y cantares 2).

(Todo lo que sigue es como en la postal anterior). Buen domingo.

INTRODUCCIÓN, EL EVANGELIO

‒ Jesús reza sobre la montaña (parece despreocupado de los suyos) mientras la barca de la Iglesia se hunde en el temporal del siglo XXI. Si Dios no lo remedia, ella naufraga y los sueños del largo cristianismo acaban.

‒ Jesús se aparece como un fantasma a los que bregan sin rumbo ni esperanza, sobre el abismo de las aguas… Los suyos le ven, y Pedro le dice que él también quiere caminar y así empieza, queriendo sostenerse en el mar.

‒ Pero Pedro no puede, tiene miedo, grita, grita, y Jesús le agarra de la mano y le lleva de nuevo a la barca, para que se encuentre allí seguro, con el resto de la Iglesia.
Esta “escapada” de Pedro que ha querido salir de la barca, para andar como el Jesús glorioso, pero que se hunde en su miedo y grita… ha sido estudiada con nitidez por los exegetas. La mayor parte piensa que se trata de una escena simbólica, que evoca la valentía, pero también el deseo de mando y el terror de Pedro que quiere abrir un camino en el mar… Pero Jesús le ha tomado de la mano y le ha llevado de nuevo a la barca, con el resto de los discípulos, para retomar de esa manera la navegación del conjunto de la Iglesia.

En las reflexiones que siguen he querido aplicar este pasaje a la situación del Papa Francisco, que también parece aventurarse fuera de la Barca Resguardada, para caminar con Jesús sobre el mar airado, resolviendo los problemas de la Iglesia.

Muchos soñamos con un Papa/Pedro que sea capaz de decir a Jesús: ¡Quiero ir hacia a ti sobre el agua, quiero ir contigo hacia la vida! Pero eso que le pedimos al Papa tenemos que hacerlo todos nosotros, en la barca de la Iglesia, en la barca de la humanidad. Todos nos hallamos amenazados, todos somos Papa, es decir, «somos Pedro», como sabían y decían muchos Padres de la Iglesia.

Lea cada uno el texto, y aplíquelo a Pedro/Francisco, pero sobre todo a su propia vida.
Leer más…

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“Mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. Domingo 10 de agosto de 2014. 19º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 10 de agosto de 2014

284110_247490881939361_1333783_nLeído en Koinonia:

1Reyes 19,9a.11-13a: Ponte de pie en el monte ante el Señor.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Romanos 9,1-5: Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.
Mateo 14,22-33: Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que actuaron, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17,1 – 2R 2,1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16,31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos telúricos –en la tormenta imponente o en el fuego abrazador–, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la masacre del monte Carmelo (1R 18,20-40), Elías, sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21,1-29) y aberraciones (2R 1,1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2,1-12). Elías descubrió así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer el parecer de un grupo de personas, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino. Leer más…

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Dom 10. 8. 14. Mándame caminar sobre las aguas.

Domingo, 10 de agosto de 2014

walkingonwater_emailDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 19 Tiempo ordinario, ciclo A. Mt 14, 22-33. Que nos mande… y que luego nos acompaña sobre el mar, que lo necesitamos muchos.
El evangelio presenta un texto simbólico de gran calado.

‒ Jesús reza sobre la montaña (parece despreocupado de los suyos) mientras la barca de la Iglesia se hunde en el temporal del siglo XXI. Si Dios no lo remedia, ella naufraga y los sueños del largo cristianismo acaban.

‒ Jesús se aparece como un fantasma a los que bregan sin rumbo ni esperanza, sobre el abismo de las aguas… Los suyos le ven, y Pedro le dice que él también quiere caminar y así empieza, queriendo sostenerse en el mar.

‒ Pero Pedro no puede, tiene miedo, grita, grita, y Jesús le agarra de la mano y le lleva de nuevo a la barca, para que se encuentre allí seguro, con el resto de la Iglesia.
Esta “escapada” de Pedro que ha querido salir de la barca, para andar como el Jesús glorioso, pero que se hunde en su miedo y grita… ha sido estudiada con nitidez por los exegetas. La mayor parte piensa que se trata de una escena simbólica, que evoca la valentía, pero también el deseo de mando y el terror de Pedro que quiere abrir un camino en el mar… Pero Jesús le ha tomado de la mano y le ha llevado de nuevo a la barca, con el resto de los discípulos, para retomar de esa manera la navegación del conjunto de la Iglesia.

1254774440932_fEn las reflexiones que siguen he querido aplicar este pasaje a la situación del Papa Francisco, que también parece aventurarse fuera de la Barca Resguardada, para caminar con Jesús sobre el mar airado, resolviendo los problemas de la Iglesia.

Muchos soñamos con un Papa/Pedro que sea capaz de decir a Jesús: ¡Quiero ir hacia a ti sobre el agua, quiero ir contigo hacia la vida! Pero eso que le pedimos al Papa tenemos que hacerlo todos nosotros, en la barca de la Iglesia, en la barca de la humanidad. Todos nos hallamos amenazados, todos somos Papa, es decir, «somos Pedro», como sabían y decían muchos Padres de la Iglesia.

Lea cada uno el texto, y aplíquelo a Pedro/Francisco, pero sobre todo a su propia vida

Mateo 14,22-33

Quizá por vez primera, tras siglos de navegación asegurada en la Barca, los cristianos podemos recuperar el poder radical de la propuesta de Jesús. Ésta no es ocasión para pequeños retoques estéticos, sino para un cambio radical, en línea de evangelio y de modernidad, en clave católica, pero aceptando y compartiendo los retos e impulsos de otras tradiciones cristianas (ortodoxa, protestante), retomando un impulso religioso de trascendencia y encarnación que también puede encontrarse en otras religiones.

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!” Pedro le contestó: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.” Él le dijo: “Ven.”

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “Señor, sálvame.” En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?” En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios.” Leer más…

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