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¿Cómo decir a mis padres que soy gay?

Lunes, 18 de mayo de 2015

noticias_file_foto_979763_1427890188Por Rocío López, Orientadora familiar en Sevilla y on line

A menudo vienen a consulta personas que no saben como abordar el tema con sus padres. “Salir del armario” todavía en la actualidad no siempre es un proceso fácil, y uno de los dilemas que suelen aparecer es ¿Cómo se lo digo a mis padres?

Alrededor de esta pregunta veo casos con angustia, ansiedad, miedos…

Lo primero que quiero decirte es QUE ES POSIBLE. Y en un porcentaje muy alto es más traumático pensarlo que hacerlo, te cuento algunos consejos y maneras sobre cómo abordarlo, basados en mi experiencia en consulta.

Deseo que puedan ayudarte, ahí van:

1º Piensa los motivos por los que quieres comunicárselo

¿Para que no se enteren por otras vías?
¿Para mejorar mi relación con ellos?
¿Para quedarme tranquilo?
¿Para empezar a ser feliz?
¿Para poder llevar pareja a casa, o en la próxima reunión familiar?

Hay miles de razones por las que tú quieras o necesites contarlo a tus padres, si me quieres contar tu motivo, puedes hacerlo en mi Facebook Ro Lopez Orientadora familiar y personal. Te recomiendo que reflexiones sobre los motivos, es decir, ¿para que quiero contarlo? Saberlo te dirá cual es la necesidad que cubres cuando lo hagas.

2º Saber que no es una catástrofe lo que te espera

Los sexólogos denominamos “pensamiento catastrófico” a aquellas “intuiciones y pensamientos en futuro sobre los acontecimientos. La persona piensa que decirlo en casa va a tener consecuencias espantosas, el pensamiento se centra siempre en lo peor de lo peor, se anticipa y se espera la catástrofe”. La realidad es que es más que posible que tus padres ya lo sepan, (porque recuerda, te conocen desde pequeño, quizá sólo están esperando a que se lo digas…)

Las personas muchas veces sorprenden: puede que se encuentre enfadada o avergonzada, pero también caben reacciones de sorpresa, de orgullo por tener un hijo, gay o lesbiana, e incluso el alivio de que por fin los hagas partícipes de algo que intuían…

3º No te quedes con la primera reacción, después la vida sigue…

Éste es mi tercer consejo, la primera reacción es un momento, unos minutos, después pasa, y podrán tardar más o menos tiempo, finalmente lo aceptarán (en voz alta, o en su interior, pero lo harán…)

4º Cuando lo digas, no olvides pedirles su apoyo

No pienses sólo en el mensaje que vas a dar, organiza bien tu discurso, es un momento importante y si vas bien preparado te podrás mostrar más tranquilo.

Te pongo un ejemplo: “Mamá, llevo varios meses preocupado, quizá me lo has notado, y es que estoy dando vueltas a la cabeza, quería decirte que soy gay, igual ya lo sabías, pero quería comunicártelo, voy a necesitar vuestro apoyo, ¿es posible mamá?

Cada caso, cada relación padre, madre, hijo e hija es diferente, si necesitarás preparar tu discurso, prepáralo con un amigo, con un profesional, osea con alguien de tu confianza.

5º Tómate tu tiempo

Sólo tú sabes cuando es el momento más adecuado, (vacaciones, Navidad, después de cenar, por e-mail, etc…).

Puedes decidir no hacerlo sólo, puede estar un amigo ó amiga, puedes hacerlo con el terapeúta, y así “amortiguar” la situación que en principio tanto te angustia.

Mis experiencias anteriores en casos en los que he reunido a padres e hijo en consulta, la primera reacción es sorpresa ó tensión, una vez pasado ese momento, sólo es resolver las dudas que aparecen respecto a la homosexualidad.

Algunas dudas de padres y madres son:

¿La homosexualidad es genética?
¿Puede coger el sida?
¿Cómo podemos apoyarlo para que no sufra?
¿Cómo se lo decimos al resto de la familia?
Somos una familia religiosa, ¿Cómo podemos abordarlo?

6º Si no lo aceptan…

Dedícate a demostrarles poco a poco que existen muchos gays famosos, muchas lesbianas con situaciones normales, y muchos homosexuales en tu barrio.

Aceptarlo es cosa suya, pero te digo, más tarde ó mas temprano lo harán.

¡Ánimo! Si quieres dejar tu comentario, estaré encantada de leerlo y responderte.

Sobre todo TÓMATE TU TIEMPO. Supongo que has esperado mucho hasta llegar a esta situación. A todo gay le llega antes o después ‘esa necesidad’ de tener que agarrar su vida por los cuernos y hacer algo en lo que respecta a su sexualidad. No pasa nada por esperar unos días, unas semanas o incluso algunos meses más, pensando acerca de uno mismo y acerca de todos los riesgos, pros y contras que puede conllevar el adoptar determinadas decisiones. Sobre todo es importante que te sientes a pensar acerca de lo que puede ocurrir llegada la situación, a fin de estar ‘preparado’ (para lo bueno y para lo malo) teniendo presente que es absurdo e inútil preocuparse por las cosas que no puedes controlar (como el comportamiento que vayan a tener los demás).

Más información
Rocío López.
Orientadora personal y familiar.
Sexóloga y terapeuta de pareja.

Sesiones presenciales en Sevilla (España)
Sesiones on line (Skype: Rocío de Dios López)

www.centrodepedagogiatangram.es

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La Homosexualidad a lo largo del ciclo vital: retos y singularidades (I), por Carmen Paniagua

Martes, 3 de febrero de 2015

66841_630588500314321_534261659_nCon motivo del Orgullo, en Psicomemorias hicieron un interesante post sobre los retos y singularidades que se puede encontrar el colectivo en el desarrollo de su vida.

A lo largo de esta semana, se celebran en Madrid los actos estatales del Orgullo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales). Aunque el 28 de Junio es el día internacional del Orgullo LGTB, del 2 al 6 de julio habrá diferentes actividades reivindicativas bajo el eslogan “Nos manifestamos por quienes no pueden”, en alusión a aquellos países cuyas legislaciones prohíben y/o persiguen la homosexualidad.

 Con motivo de esta fecha, en Psicomemorias queremos hacer una exposición sobre los retos y singularidades que se puede encontrar este colectivo en el desarrollo normal de su vida, desde la infancia hasta la vejez.

 A pesar de las circunstancias negativas que se van a plantear como determinantes del desarrollo de homosexuales y bisexuales, no nos tornemos pesimistas. La mayoría de las personas homosexuales o bisexuales viven su orientación sexual con normalidad, con apoyo por parte de su entorno, sin sufrir discriminación y desarrollando una vida afectiva satisfactoria y visible.

 Aunque hay países que están aprobando leyes homófobas, cada vez son más los que se suman a legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo o a controlar la discriminación que pueda sufrir este colectivo. Estos cambios legislativos van de la mano de la acción social de las asociaciones LGTB y pro-derechos humanos, que van transformando y ampliando la visión que se tiene de la homosexualidad y la bisexualidad. Poco a poco se va aceptando (que no tolerando) la existencia de personas con orientaciones sexuales diferentes, nuevos tipos de familia y nuevas formas de vivir los afectos.

 Presentaremos toda esta información en dos entradas: la primera parte el 30 de Junio (Infancia y Adolescencia) y la segunda el 3 de Julio (Adultez, Familia y Vejez).

 Infancia y Adolescencia

 Ya hablamos en Psicomemorias de las hipótesis que baraja la ciencia sobre el origen y las causas de la homosexualidad, y dejamos claro el punto de vista desde el que debe partir la Psicología al respecto.

 Partimos, por ejemplo, de la existencia de un niño, Pablo, que, por los motivos anteriormente mencionados, es homosexual (o bisexual), sea ya consciente de ello o no. Entre todos los factores que van a actuar en la vida de Pablo, son unos cuantos los que, de forma muy interrelacionada, van a influir en mayor o menor medida en su camino hacia la asunción de su homosexualidad:

 1) Heterosexismo.

 Es la presunción de heterosexualidad que ejerce la sociedad sobre sus miembros. Desde todos los estamentos sociales (familia, escuela, trabajo, cultura, instituciones, etc.) se da por sentado la heterosexualidad y por consiguiente, se invisibiliza otras orientaciones sexuales existente.

 Con suerte Pablo tendrá a alguien que le explique que hay otras formas de amar, pero en el peor de los casos, crecerá sin encontrar un referente con quien sentirse identificado, lo que le llevará a intentar sentir y comportarse de la forma “normal” que es la única que conocería.

 Esto también implicaría la incertidumbre sobre cómo será el futuro para alguien como él o qué tipo de vida y de familia podría llevar. Todo quedaría muy claro si alguien le explica a Pablo o lo ve por sus propios ojos, que hay muchos tipos de familia y que en formar alguna de ellas puede estar su felicidad.

 Ante tal forma de entender la sexualidad, es normal que su familia le pregunte: “¿Pablo, hay alguna chica que te guste?”, sin llegar a hacer nunca la pregunta complementaria “¿Y algún chico?”, que daría a Pablo la libertad de responder en función de lo que realmente siente o podrá sentir cuando crezca. El pobre Pablo interiorizará desde su infancia que aquello por lo que no se le pregunta “no existe” y tendrá que ser él mismo el que desenmarañe esa mezcla de deseos y prejuicios, que le permitirán diferenciar poco a poco qué es lo que siente y qué es lo que quiere sentir, con el objetivo de que algún día ambas cosas sean lo mismo.

 2) Homofobia.

 Es un rechazo, discriminación o aversión hacia las personas homosexuales por el mero hecho de serlo. Es posible que alguna persona cercana a Pablo haya dicho alguna vez eso de: “Prefiero que mi hijo sea drogadicto a maricón”. Si encima esa frase la dice su padre o su madre, es muy probable que el camino hacia la asunción de su propia orientación sexual no vaya a ser fácil. Al menos no tan fácil que si fuera heterosexual o si, siendo homosexual, tuviera unos padres comprensivos que le permitieran expresar sus sentimientos y anhelos con total libertad y naturalidad.

 Sin embargo, esta forma abierta y directa no es la única que tiene la homofobia para hacer daño. Al igual que ocurre con otros tipos de discriminación (machismo, xenofobia, racismo…), puede hacerse más daño con el comportamiento sutil que con el comentario directo y evidente. Puede que la madre de Pablo le diga cuando sea más mayor: “Yo acepto tu vida, pero que no se entere tu abuela”. O el simple hecho de no preguntar por su vida sentimental o no poner el mismo esmero en la boda de Pablo que en la de su hija heterosexual. La homofobia sutil se convierte en un “perdonavidas”, en una “tolerancia” mal entendida, en una forma de resignarse a la situación que tenemos delante, sin llegar a aceptarla.

 Este conjunto de actitudes no sólo dificultará la vida del Pablo adolescente que ya haya salido del armario, sino que lo alejará de su familia y creará un pacto de silencio donde ni él querrá hacer partícipes a sus padres de su vida, ni ellos querrán serlo.

 Aunque nos hemos centrado en la homofobia en la familia, estas mismas formas directas o indirectas de discriminación podemos encontrarlas (o no) en todos los ámbitos de la sociedad.

 3) Homofobia interiorizada.

 Es un rechazo, discriminación o aversión que la persona homosexual tiene hacia los homosexuales (y por tanto hacia sí mismo). Gabriel J. Martín es un psicólogo especializado en el hombre homosexual y ha definido este concepto como: un entramado de representaciones mentales, presente en una persona homosexual, según la cual la homosexualidad se valora sistemáticamente en inferioridad respecto de la heterosexualidad. La homofobia interiorizada se manifiesta en sentimientos de vergüenza y culpa así como en una respuesta de ansiedad ante situaciones en las que la persona deba manifestar directa o indirectamente su homosexualidad.

 La homofobia que ataca desde dentro es tan peligrosa (o más) que la que lo hace desde fuera. La gran tiranía de una sociedad homófoba es hacer creer a los homosexuales que son ellos los que tienen un problema que tienen que ocultar o “curar”. Es posible que, en función de la homofobia que haya vivido Pablo en su infancia o adolescencia, interiorice mensajes (creencias irracionales, que se creen sin más) que permanecen latentes hasta el momento en que la propia homosexualidad se hace presente. Este conflicto podrá generar en Pablo vergüenza, culpa, frustración, conductas desadaptativas… ¡e incluso homofobia! Pues no hay que olvidar que el rechazo hacia la propia orientación sexual también se manifiesta hacia esos comportamientos o manifestaciones que se consideren “homosexuales” por parte de otras personas (también conocido en el argot popular como “Plumofobia”).

 Salida del armario

 El proceso que llevará a Pablo a aceptar su propia homosexualidad y sentirse identificado con ella, será completamente personal e idiosincrática. Es difícil hablar de etapas o fases que toda persona debe pasar, pues el contexto en el que cada uno crece es determinante en este sentido.

 Sin embargo, es muy probable que en torno a la pubertad, con el desarrollo de la sexualidad, las primeras atracciones y amores, se produzca un punto de inflexión. Pablo se empezará a dar cuenta no sólo de qué es lo que le gusta, sino que por mucho que intente fijarse en chicas de su edad, lo que le atrae son los chicos. Esta verdad sobre sí mismo que acaba de descubrir se llevará mejor o peor en base a como hayan influido e influyan en Pablo los tres conceptos descritos anteriormente: heterosexismo, homofobia y homofobia interiorizada.

 Si todo sale bien, y Pablo le echa valor al asunto, es posible que se produzca la salida del armario. Este concepto hace referencia a la comunicación abierta y visible de la propia homosexualidad a los otros. Hay quien la hace extensible a todo el mundo, quien sólo lo comunica a un círculo íntimo, o quien no lo dice a nadie nunca (ni siquiera a sí mismo). A medida que los tiempos cambian, las nuevas generaciones cada vez son más conscientes y cada vez se abren a más personas y de forma más precoz (es la ventaja que tiene crecer y desarrollarse ahora, y no hace 50 años, por ejemplo).

 El área joven de la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) ha formulado diferentes materiales que pueden ser de utilidad para los jóvenes que están en proceso de visibilizarse y contar a quienes les rodean cuál es su orientación sexual. Dan pautas generales a tener en cuenta antes de decidirse a contarlo, qué respuestas son normales recibir, y cómo tratar a aquellos que no reaccionan como esperan. Leer más…

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Adolescencia, homosexualidad e inmigración en ‘A escondidas’.

Viernes, 28 de marzo de 2014

13954888176321El director Mikel Rueda (de pie a la derecha) y los actores Álex Angulo, Germán Alcarazu y Adil Koukouh. JESÚS DOMÍNGUEZ

Mikel Rueda: “No quería que ‘A escondidas’ fuese una película sobre homosexualidad traumática”

La adolescencia. Esa etapa difícil del despertar de la sexualidad, que habitualmente se pinta siempre en el cine llena de líos amorosos entre chicos y chicas. Se echan en falta más películas que se atrevan a mostrar la realidad de los adolescentes gays, que por lo general suman a los problemas propios de la edad los de la inseguridad por su sexualidad y el miedo a verse rechazados por su familia y amigos. Una de las cintas presentadas a concurso en el Festival de Málaga-Cine Español apuesta precisamente por una relación de este tipo. Se a trata de ‘A escondidas’, una cinta de Mikel Urbano ambientada en Bilbao, donde un adolescente marroquí de 14 años, Ibrahim, que se encuentra solo conoce a un chico bilbaíno de clase media de la misma edad, Rafa, que está saliendo con una chica, aunque esa relación le ponga más nervioso que otra cosa. Ambos tendrán que descubrir juntos sus sentimientos.

El largometraje A escondidas, de temática gay y dirigido por el vasco Mikel Rueda, está teniendo una buena acogida en el XVII Festival de Cine Español de Málaga. En  la cinta, un drama romántico protagonizado por los jóvenes actores Germán  Alcarazu y Adil Koukouh, así como por los veteranos Álex Angulo y Ana Wagener,  se abordan temas como la  homosexualidad, el amor adolescente, la inmigración o  la  necesidad de  encontrarse a uno mismo. El director de la película asegura que ha  necesitado siete  años para poder sacarla adelante, ya que ese es el tiempo que tardó  en conseguir la  financiación necesaria para su rodaje. “Aunque haya sido una montaña emocional, tirar la toalla no ha estado en mente“, comenta Rueda.

La película cuenta la historia de Ibrahim, un joven marroquí de 16 años que vive en un centro de menores para inmigrantes y al que comunican desde Extranjería que debe abandonar el país en el plazo de dos días, y de Rafa, de 15 años, que empieza a cansarse de la presión a la que se ve sometido por su grupo de amigos del colegio, con los que siente que cada vez tiene menos en común. Las vidas de ambos se cruzarán sin esperarlo, y de ahí nacerá una relación que pondrá a prueba su capacidad de lealtad hacia los demás, pero también hacia ellos mismos.

El destino es más que caprichoso. Al tiempo que se estrena “La partida” llega al Festival de Málaga, “A escondidas”, también una película española que enfoca a adolescentes gays, pero la primera está rodada en Cuba y la segunda en el País Vasco, y eso, evidentemente marca, aunque los cuatro protagonistas deben vivir su amor en la trastienda.

Cuenta Cristóbal G. Montilla en El Mundo que el descubrimiento de la homosexualidad, el complejo tránsito por la adolescencia y el laberinto de la inmigración convergen en la segunda película a concurso del Festival de Málaga. ‘A escondidas’, el segundo largometraje dirigido por el vasco Mikel Rueda, se adentra en la atracción amorosa de dos muchachos de 14 años, y la presión que puede llegar a ejercer sobre una relación de este tipo los prejuicios de una pandilla de adolescentes.

El director cuenta que para la elección de los protagonistas adolescentes se convocó un casting para localizar en multitud de institutos “del País Vasco, e incluso por Barcelona y Madrid” actores de 15 años. El resultado fue mejor de lo esperado y “más de 3.500 chavales” se presentaron al proceso de selección. Lo curioso es que solo se le facilitó el guión a los dos protagonistas cuando fueron escogidos. “De primeras no podemos hacer un casting diciendo que la película va de esto porque entonces de 3.000 personas, se presentan 100“, dice Rueda tratando de mostrar el importante papel que aún juega la presión de grupo, especialmente a ciertas edades. Les han metido tanto ruido en sus cabezas unos y otros que son incapaces de darse un beso”, afirma en relación a los personajes protagonistas y su miedo a reconocer sus propios sentimientos. Rueda admite que su pretensión no era otra que hacer una película que mostrase “los primeros pasos del amor, las primeras señales, en lugar de reflejar el sexo”, de ahí la contención narrativa de la cinta. Se trata, en sus propias palabras, de una película “tierna, a base de amor inocente, en un momento en el que todo queda por delante pues eso es algo que cuando tenga que llegar llegará”. Cabe destacar la frescura y veracidad que transmiten los jóvenes protagonistas, el acierto en la elección de la música o la ausencia de grandilocuencia, entre otros.

El relato cinematográfico de esta historia de la atracción entre un adolescente vasco y otro magrebí también implica una defensa de la amistad, los principios y la lealtad, en contraste con el retrato de situaciones en las que queda patente el rechazo que sigue existiendo en la sociedad actual. Tanto en ciertos clichés homófobos como en el trato que recibe la inmigración. Y, para ilustrarlo, ha bastado el testimonio, a su paso por el festival malagueño, del actor que encarna al marroquí de 14 años que comparte el protagonismo con Germán Alcarazu: “En España sigue habiendo mucho rechazo, espero que algún día cambie, pero la policía te para por la calle por el simple hecho de ser marroquí, a mí me ha pasado”, señaló Adil Koukouh.

Aunque el peso de la interpretación recae sobre Koukouh y Alcarazu, a su alrededor hay un nutrido círculo de adolescentes, lo que requirió la realización de un laborioso casting, según recordó el director Mikel Rueda: “Necesitábamos actores de 15 años que, encima, no eran conocidos, y fuimos buscándolos uno a uno por institutos del País Vasco, e incluso por Barcelona y Madrid; hicimos un casting de más de 3.500 chavales”.

La acogida del largometraje por parte del público, a juzgar por sus aplausos a la conclusión del visionado en los principales pases de la película durante el Festival, parece augurarle un buen futuro de cara a su próximo estreno en salas comerciales. A falta de conocer el nombre de los premiados, el trabajo de Rueda podría dar la sorpresa y hacerse con alguno de los galardones.

Asimismo, en la rueda de prensa de presentación de la película, una de las periodistas consiguió emocionar a Rueda, al darle las gracias por su valentía a la hora de abordar en su trabajo un tema siempre polémico como es el de la homosexualidad adolescente. Sin duda, su determinación contribuirá a normalizar este tipo de cuestiones y a que se traten sin tapujos tanto en el cine como en el resto de ámbitos.

Eso sí, este predominio de intépretes noveles tiene su contrapunto en esas ráfagas en las que aparecen como solventes secundarios los curtidos Álex Angulo y Ana Wagener, en escenas en las que se emprende un acercamiento al incierto ambiente de los centros de menores para inmigrantes.

Leemos en Ociogay que el director, Mikel Rueda, que rompió a llorar en la rueda de prensa después de que alguien le dijera que la cinta va a sacar del hoyo a muchos menores gays, realiza una propuesta nada lineal en su segundo largo, con una mirada nada convencional sobre lo más habitual del mundo: el primer amor. Pero antes de dejar a los dos protagonistas frente a lo inevitable se toma un tiempo en husmear qué es hoy una cuadrilla de amigos en el norte y cómo viven los inmigrantes en un centro de acogida (sin dramatismos exagerados).

A-escondidas-en-Malaga1-300x148El director y los protagonistas del film, en Málaga

Rueda tiene vocación de autor, pero no es, en absoluto manierista y domina el arte del diálogo, y, sobre todo, de la comunicación no verbal. Refleja con esos detalles que uno olvida lo qué es crecer, como, por ejemplo, los días de desvelos que puede generar saber que el sábado próximo, casi con toda seguridad, darás el primer beso.

El puzle, desordenado temporal y especialmente, empieza a cuadrar para el espectador cuando Rafa ( Germán Alcarazu) se admite a sí mismo que prefiere pasar la tarde con Ibrahim (Adil Koukouh) que con su cuadrilla, con lo que eso supone de conflicto. Arranca así una historia de amor a escondidas que, además de la dificultad que supone comunicárselo al otro, cuando apenas tienes 14 años, son del mismo sexo y en una ciudad de provincias, debe luchar con la amenaza constante de ser un sin papeles.

Rueda sortea la mayor parte de los tópicos de estas historias iniciáticas y sabe hacer transmitir a sus actores el deseo sin que haya una línea de diálogo que lo explicite ni nada más que un casto beso; todo lo contrario que los chicos de “La partida”, pero ni Cuba es Euskadi, ni a los 14 se sabe qué hacer con el cuerpo propio y ajeno como a los 17.

Fuente El Mundo, Ociogay , Dosmanzanas y Ragap

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